A/N: Bueno, fueron solo poco más de dos meses y no tres en esta ocasión. ¿Algo es algo? Por muy frustrante que fuese, he de admitir que este capítulo fue demasiado difícil de escribir más allá de estar ocupado, en serio. Muchas de las escenas fueron auténticas pesadillas, hasta el punto en que me rendí por completo con una y la diseminé por ahí; entenderán cuando lo vean. Será la primera y última vez que hago algo así, lo aseguro. Pero Dios sabe que era necesario, de lo contrario este capítulo lo hubieran visto ser publicado en medio del jodido Verano. Igual, les traigo un monstruo de más de 30,000 palabras, espero sea suficiente compensación por el tiempo de espera.

Pasemos a contestar reviews:

- faertios040: China es una entidad masiva. En un mundo como este, donde recalco constantemente lo vasto que es seria muy raro que no involucrara elementos de esta por ahi.

- Mr - Pxndx: Gracias por tu comentario. Si, tiene su primer tropiezo. Y vaya, esa idea es algo que me han preguntado varias veces. Aunque no puedo por el momento comentar si será tomada en cuenta o no. Y sobre tus preguntas.

El Clan Sajyou no participó formalmente en la Cuarta Guerra del Grial de Fuyuki en esta historia. El misterio que envuelve esa tríada es algo muy interesante que será revelado a su tiempo, y este incluye todo lo que mencionaste… Aunque he de decir que algunas partes tomarán su tiempo.

- GustavoIVS: Gracias, gracias. En este capítulo, tendrás un regalo.

- orocontra2012: Misaya llegará a su tiempo. Aunque ten por seguro que a partir de este arco comenzará a tener un rol más prominente.

- NERO1002: Hola, hola. Por orden:

1) No puedo confirmar esto, aun. Pero muchas cosas pueden cambiar en el futuro.

2) Campos delimitantes simples y un tanto más complejos en el siguiente arco, que es donde vamos a pulir toda la taumaturgia de Shirou. ¿Sobre el resto?

Solo diré que en determinado tiempo y bajo ciertas condiciones, Shirou llegará hasta un punto donde casi cualquier misterio que evoque de alguna forma el concepto de [Espada] podrá ser ejecutado, replicado u alterado por el. Pero eso será en un futuro muy distante.

3) El Flash Air tendrá mecánicas más complejas aquí que en Canon; además de que se trata de un tipo de taumaturgia que será completamente endémica al Clan Ainsworth, mucho me temo.

4) Shirou aprendio Alteración en el capitulo 12, de hecho. La ha estado usando desde entonces para su Prototipo de Rastreo (Tracing) al combinar sus propiedades con Proyección y Reforzamiento.

5) Tsukumogami, si. Y de hecho nos tocará ver alguno pronto.

- Shinji Ikari: Me alegra mucho que te hayan gustado!

- khronus8091: No, no realmente. Si aprendera algo de Respiración, pero no lo suficiente como para convertir su cuerpo en un circuito entero, o yendo más lejos… Realizar lo mismo que Kuzuki y Shizuki.

- Guest: Well, that's certainly an interesting hack. Kudos to the author! Sadly though, it wouldn't work here I'm afraid. And even if it could… Paracelsus here is nothing more than a bunch of thoughts from the original organized into the frame of an AI. He lacks all the abilities of his Servant self.

Bueno, terminado con eso, pasemos al capítulo.

Recuerden, hay otra nota del autor hasta el final.


AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.


Clave:

'Pensamientos.'

"Diálogo."

Especial

"Voz sobrenatural/Resaltado"

"Taumaturgia."

Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ


Konton no Tatakai

Capítulo Veintitrés

"Tria Prima"

Primaria Municipal de Misaki.

7 de Abril de 1997, 8:12 AM…

Después de pasar dos semanas en las montañas, regresar a la jungla de concreto aun si no era la monstruosidad de vidrio que era Tokyo supuso un cambio un tanto brusco para Shirou. Curioso, tiempo antes había comentado para sí mismo que se había sentido nervioso al acercarse a la residencia de los Tokitou en Azumi de una forma no muy diferente a lo que había sentido cuando 'regreso' a clases en Enero, luego de alrededor de dos meses de ausencia debido a lo sucedido en Fuyuki y en la Academia Reian. Estaba seguro de que su expresión era de mala leche, por lo que la contuvo lo mejor que pudo antes de finalmente pasar por las puertas de la escuela, uniéndose al cardumen de niños que se dirigían a sus nuevos salones. Una rápida ojeada al tablón estratégicamente colocado en una pared cercana le ayudó a recordar el suyo, y se dispuso a caminar hacia dicha dirección en el segundo piso.

Mientras lo hacía, no pudo evitar escuchar a su alrededor a otros niños hablando ocasionalmente.

"Ken. ¿Cómo estás?"

"¿Que hiciste en las vacaciones?"

"¿Viste el nuevo programa que salió?"

"Mi hermano se fue a la universidad."

Inconscientemente, apresuro un poco el paso no deseando verse abrumado por el mar de voces que rápidamente parecía estar condensandose en una vorágine delirante en su cabeza. Para distraerse, imagino lo que podría decir si las cosas fueran diferentes y el mundo en el que residía junto con su padre adoptivo y conocidos cercanos no tuviera que mantenerse oculto.

"Pase las vacaciones en una aldea mágica en las montañas intentando aprender magia que te ayuda a hablar con hombres cuervos mágicos pero resulta que soy muy malo en esta."

Un magnífico comienzo para una conversación, estaba seguro. Casi puso los ojos en blanco ante dicho prospecto, antes de notar que de haberse distraído hubiera tropezado con alguien a un par de metros de distancia.

"Con permiso." Dijo casi automáticamente, evadiendo la silueta un tanto robusta de un niño que había estado mordisqueando algo. Un aroma a chocolate le permitió identificar al instante de que se trataba.

"Ah, disculpa." Se trataba justamente de uno de sus compañeros de pupitre en las clases pasadas. Si no le fallaba la memoria, Youchi Takada. Aun con su apariencia, Shirou agradecia que el que hubiera mencionado múltiples veces lo mucho que le apasionaban las motocicletas, ya que de lo contrario no hubiera memorizado su nombre. "... Amiya?"

Aunque tal parecía que mucha suerte no hubo del otro lado.

"Emiya." Corrigió con calma Shirou mientras asentía, provocando que Youchi se ruborizara un poco antes de disculparse, y acto seguido preguntar cómo habían estado sus vacaciones.

"Muy bien. ¿Y las tuyas?" Había respondido de regreso Shirou, solo para que acto seguido Youchi comenzara a hablar de una exhibición de motociclistas acróbatas en algún lugar de Kobe con una emoción bastante distinguida, todo mientras acompañaba a Shirou dentro del salón marcado. Una vez dentro, fue fácil notar como varios de los asientos habían sido ocupados ya, lo que forzó la separación de los dos niños a extremos opuestos. Parpadeando, Shirou caminó hacia uno de los últimos lugares disponibles, en el fondo de la clase y finalmente se sentó.

Pasaron varios minutos hasta que el salón terminara de llenarse, y el profesor finalmente diera arribo. Kazuki Yamashiro se introdujo, tratándose de un hombre cerca de la mediana edad con cabello lacio y oscuro, gafas cuadradas y una sonrisa bastante amable. Después de presentarse y dar una breve exposición de lo que enseñaría a lo largo del resto del curso, finalmente dio comienzo a sus planes.

Pero Shirou andaba poniendo todo, menos atención.

La semana pasó demasiado rápido y en definitiva, no como a Shirou le hubiera gustado.

"Y eso es todo." Shirou jamás había tenido problemas en el colegio; pero por alguna extraña razón, sentía que esto era lo más cercano a experimentar el que tus padres fueran citados a la oficina del director, estando él también presente. Yoshinori Tokitou ciertamente no despedia ningún aura atemorizante, pero la forma en la cual se semblante paso de confundido a serio tras verse revelado el tema de sus atributos alineados había sido curiosa. Tras terminar, el hombre se había limitado a reflexionar por unos momentos detrás de su escritorio, hasta finalmente dirigirles la palabra nuevamente.

"Esto es... Inesperado, ciertamente." Su maestro de Shugendou comentó tras una larga pausa. "Por favor. Tráigalo mañana nuevamente a la misma hora, esto es algo que debo de pensar muy bien." Pidió el hombre, dirigiéndose a Kiritsugu. Shirou tuvo que esperar hasta el siguiente día para poder entender las razones del porqué.

"Toma un asiento, Shirou-kun." Le pidió Yoshinori antes de juntar ambas manos sobre la superficie de su escritorio. "Antes que nada. Dejaré una cosa en claro..."

Lo que había seguido consistió en una de las conversaciones más incómodas que el pelirrojo había podido recordar. En los puntos buenos, Yoshinori le había asegurado que dado el caso de que había logrado conectarse a la fundación y tomando tan solo una semana, estaba asegurado el hecho de que que podria usar shugendou aun con el tema de sus atributos sirviendo de estorbo; sin embargo dicho estorbo era problemático. El hombre había ajustado los circuitos de su Cresta mediante una técnica suya para permitirle el emplearlos a manera de sustituto... Teniendo resultados igual de pobres en el ámbito. El resto de la semana lo había visto teniendo que practicar la secuencia incontables de veces, hasta que finalmente Yoshinori había querido utilizar un ángulo opuesto. Una sorpresa terminó por resurgir cuando justamente la llamada Hihatsuhou habia resultado ser algo que él podría emplear en su forma más básica sin problemas. Recordaba aún la expresión incrédula de Jiroubou al ver aquello. Despedirse de sus nuevos... ¿Amigos? no había sido difícil, y más sabiendo que los vería en unos tres meses, durante el Verano. Pero él estaba ahí ahora, y la distancia se le figuraba eterna.

Su mente divagaba en algo más a la par que sus manos se movían debajo de la mesa, formando ciertos patrones específicos.

Juntó ambas manos asegurándose de que los dedos meñique y anular quedarán entrelazados mientras que los índice y pulgar eran presionados juntos, causando que los del medio se cruzarán con los primeros y sus puntas se doblaran hacia atrás, alcanzando a las de los pulgares.

"Pyou." Murmuró, mientras en su mente divisaba la imagen de un río desbordándose a través de un canal.

"¿Alguien puede decirme el nombre de los samurai que establecieron Misaki?" La gentil voz de Yamashiro-sensei se podía escuchar en el fondo.

Sus manos se volvieron a juntar, pero esta vez sus dedos índices se cruzaron para tocar los dedos anulares opuestos mientras que los dedos de en medio se cruzaban sobre ellos. Los anulares y meñiques quedaban completamente rectos, pero las puntas de ambos quedaban presionadas juntas a la par que ambos pares de dedos eran separados en una forma que recordaba al pico de un ave.

"Tou." Murmuró nuevamente Shirou, pensando en un campo floreciente debajo del sol.

"Exactamente. ¿Y alguien sabe como se le llama a quien le otorgó a los Tsukihime el permiso de levantar un predio en estas montañas?"

El siguiente gesto fue casi instantáneo, pues solo consistio en Shirou extendiendo ambas manos al frente, con los pulgares y los índices tocándose.

"Zai." Esta vez en su mente se encargó de imaginar un montículo de tierra con más de una piedra en medio, acompañado de una llama tímida, un charco de agua y una brisa de aire encima de los tres.

"No sería hasta la Restauración Meiji que..." La voz del profesor continuaba sonando de fondo, como una televisión prendida. Pero en el caso de Shirou, no había nadie disponible mirando el programa.

Finalmente, sus dos manos unidas tan solo por los pulgares e índices opuestos rápidamente se juntaron como si estuviera jugando piedra, papel o tijeras consigo mismo, habiéndose decantado por los dos primeros.

"Zen." No teniendo una mejor imagen que una luz repentina en la oscuridad, Shirou abandonó el mudra con un suspiro inaudible, sin retirar sus manos de debajo de la mesa.

"El Kuuji-in es tu mejor amigo como Shugenja." Le había dicho Yoshinori antes de partir finalmente de Azumi. "Practícalo cada vez que puedas, sin falta. Puede que incluso te de la concentración suficiente que necesitas."

Shirou no planeaba dejar algo así al azar, motivo por el cual se disponía a aprovechar cuanto pudiera. Aun así, se tomó un ligero respiro antes de disponerse a acomodar nuevamente sus manos en la primera de las formaciones.

"Pyou." Murmuró apenas terminó de entrelazar sus dedos en la posición indicada, antes de comenzar a ir a por la otra.

"Muy bien. Comenzare a hacer algunas preguntas..." Sus ojos apenas se entornaron al no haber escuchado lo anterior, estando más ocupados en inspeccionar que el movimiento de sus dedos fuera de lo más fluido. Si titubeara, tendría que comenzar de nuevo y sus esfuerzos en dicha racha serían en vano. "Tou."

Estaba por continuar al siguiente mudra, cuando una voz distinta le detuvo en seco.

"¿Qué estás haciendo?"

Una estatua de bronce no hubiera tenido nada que envidiarle a la postura que Shirou había adoptado de repente. Por el rabillo del ojo, distinguió como alguien del pupitre contiguo al suyo le estaba mirando con cierta curiosidad; cabello pálido oscuro recogido en una coleta de caballo y ojos castaños. Vagamente le parecía recordar su apellido... ¿Yamase, era? Pero de su nombre, ni idea.

Y eso no era lo único vergonzoso, teniendo en cuenta de que le había descubierto con las manos en la masa practicando.

"Oh." Algo que no supo identificar brillo levemente en sus ojos antes de que su expresión se tornara un tanto familiar, como si hubiera reconocido algo. "Kuuji-In. No pensé que nadie más de aquí lo usara."

La forma en la que lo dijo provocó un escalofrío interno en Shirou, quien agradeció a su interior el que hubiera logrado permanecer calmado por fuera. Ni siquiera se atrevió a olfatear usando su sentido especial, aunque sabia que seria inutil a menos que la niña estuviera usando sus circuitos mágicos... Y aun si lo hubiera hecho cierto tiempo atrás, le hubiera sido imposible no detectarlo apenas se sentó.

"Sirve para relajarme antes de mis prácticas de karate. ¿Tú qué haces?"

Esas nueve palabras hicieron que Shirou sintiera como la tensión abandonaba su cuerpo, al mismo tiempo que recordaba como Yoshinori Tokitou bien le había dicho que el Kuuji-In era usado por personas normales también, no era algo exclusivo de practicantes de taumaturgia. Y ahora que recordaba, Yamase era medio conocida por estar metida en artes marciales aparentemente.

Aliviado, cayó en cuenta de que necesitaba responder lo antes posible con el fin de no armar una escena.

"Ah... Kendou." Menos mal sí que tenía una por la punta de la lengua, pero desgraciadamente la niña no parecía tener ganas de soltar la conservación pronto.

"¿En serio? ¿En que dojou?" Continuó preguntandole animadamente, muy para algo que identificó rápidamente como molestia. Y se le debió de notar en el rostro porque terminó por hacer una pausa y cambiar su semblante a uno confundido. "Eres raro. ¿Sabes?"

'¿Ah?' Ladeo su cabeza hacia un costado ante aquella declaración.

"Nunca te veo hablar con nadie de aqui." Siguió diciendo Maiko, pero antes de que pudiera continuar, una voz que había estado sonando durante los últimos minutos en el fondo terminó por interceder.

"Quienes estén hablando en el fondo. ¿Podrian por favor repetir lo que acabo de decir?"

Si el profesor hubiera insistido en ponerle un reporte, Shirou estaba seguro de que hubiera muerto de vergüenza ahí mismo. La sensación no desapareció ni siquiera cuando llego a la casa y se dispuso a preparar la comida. Tras recoger la mesa y encargarse de dejar bien limpios los trastes, esta logró desvanecerse un poco a la par que dejaba escapar un suspiro.

"Eres raro. ¿Sabes?"

Hizo una mueca al recordar esas palabras, antes de agitar su cabeza. No, no era importante. Claro que hablaba, solo que con otras personas... Que ninguna de ellas fuera precisamente normal, era otra cosa. Y ya que lo mencionaba, sus ojos primero reposaron en el cajón donde guardaba el cristal de Paracelsus y lo hubiera abierto de no ser porque terminaron por notar el sobre de una carta abierta sobre su escritorio... Una carta que llevaba ya más de dos semanas sin ser respondida.

"Hmmm." La semana recién había comenzado, por lo que esperar hasta el sábado para poder hablar con su mejor amiga se le haría eterno. Pero por otro lado, le remordia la conciencia ignorar algo así.

Suspirando, tomó una hoja en blanco y un lápiz antes de comenzar a escribir una respuesta. Su conversaciones con la única hija de los Tohno que conocía eran extrañas, y no precisamente dentro del mismo rango de peculiaridad que envolvía su convivencia con Kohaku. No, cualquier excentricidad que notara ya le era bastante familiar, y los dos pelirrojos se entendían entre sí a su manera. ¿Pero con Akiha Tohno?

No había nada que los uniera más allá de pasar por la misma desgraciada experiencia en la Academia Reian del año pasado... Y el hecho de que sus padres se conocieran. Claro, todo ello ignorando al contrato que los ataba tanto a Kiritsugu como el al servicio de los Tohno. Eso lleva a intercambios un tanto incómodos, donde ambos relataban de una forma u otra que hacían en sus vidas.

Al cabo de una media hora, Shirou contempló satisfecho como la hoja se encontraba llena, y procedió a doblarla cuidadosamente antes de introducirla en el sobre. Ya encontraría la manera de enviarla... Eventualmente.

Y ahora, había otra cosa que hacer. Agarrando otra hoja en blanco, soltó un nuevo suspiro antes de intentar concentrarse en redactar el cómo podría explicarle a Waver lo que había pasado. Estaría así durante una buena parte de la tarde.

xXx

Residencia Emiya - Misaki.

8 de Abril de 1997, 12: 57 PM…

No le gustaba para nada que hubiera encontrado más pistas durante los últimos meses del año pasado, que todos los del actual. Una de dos; o estaba ya oxidado para un trabajo así por dos años de inactividad certera o el rastro había quedado nuevamente frío. Pero sabía muy adentro que la segunda opción no podía ser verdad, ya que el rastro seguía perfectamente ahí, atrapado en medio de una nueva maraña de intrigas conocidas y desconocidas que parecian susurrarle con burla, incitandole a intentar desenredarlas hasta llegar a la verdad desnuda, donde seguramente se encontraría con un callejón sin salida y la realización de que la respuesta yacia en uno de los hilos que había desechados desmedidamente antes. El último viaje a Shinjuku había tenido también el propósito de permitirle realizar una investigación un tanto más corta sobre el predio del traficante, ahora en manos de alguien más. Irónicamente la nueva instrucción ascética que Shirou estaba recibiendo servían como un excelente distractor para permitirle lidiar con sus sospechas mientras observaba los factores recolectados. Mismos que seguía viendo en una pizarra con contenidos transportados desde Fuyuki, con todo y notas. Muchas de ellas viejas, pero siendo acompañadas por otras que habían sido añadidas lentamente al cabo de los meses.

Saitou Reiroukan. Cabeza del Clan Reiroukan, aparentemente la familia de magi representantes de la Asociación de Magos en el país, administrador de esta en Tokyo y ciertas zonas aledañas. Master del Servant Caster durante la Cuarta Guerra del Santo Grial de Fuyuki, donde terminaría por ser asesinado.

'Y por supuesto, conocido de Makihisa, quien le confió la información del elixir que aspira obtener para finalmente deshacerse de la condición que afecta a su familia.' Recordó Kiritsugu, entornando los ojos al unir los nombres de ambos hombres con una línea roja.

Su Taller, ubicado en el sótano de una de las mansiones Edelfelt abandonadas en Fuyuki había sido saqueado antes por otro magus, mismo que al parecer le había dado la información sobre la localización al traficante Kaburagi, y presumiblemente se trataba de quien había amenazado a Makihisa con no interferir en sus asuntos. Posteriormente, aquel traficante había estado conectado a un nexo que extraia Ojos Místicos y los mantenía en una colección para quedar supuestamente a la venta, incluso participaba directamente en la atroz operación, a juzgar por lo que Shirou había mencionado sobre el incidente en la Academia Reian.

Pero ahora Kaburagi estaba muerto. El hechizo que había intentado emplear contra Shirou, uno que le permitia generar de algún modo una serie de proyectiles altamente corrosivos había reaccionado de la peor manera con su Bala de Origen. Sus últimos momentos deberían de haber sido agonía pura, de eso estaba seguro. Y en lo personal, comparado a lo que había querido hacerle a su hijo adoptivo, fue terriblemente apropiado. Pero abría el problema de impedirle realizar una interrogación, dejándolo con otras cosas.

'En el mercado, el predio de Kaburagi fue tomado por alguien más. Un hombre llamado Wu.' Su expresión no cambió mientras enlazaba dicho nombre rodeado por signos de interrogación con un logo que rezaba Marble Trading Company, mismo que estaba encerrado en un círculo concéntrico. La compañía con base en Singapur que se dedicaba a exportar e importar ciertos productos en la superficie... Teniendo un largo historial de estar involucrados en actividades turbias, y no necesariamente mundanas. El barco que había transportado el cargamento que Kaburagi esperaba en Fuyuki, uno siendo rastreado por Waver desde Londres había venido de esa ciudad-estado, por ejemplo.

La mayor interrogante para él no había cambiado. ¿La persona que buscaba tenía un lazo directo con Kaburagi o se trataba de alguien que vendría de dicha compañía? De ser asi, tendria que acercarse a estos para poder averiguar más, pero un breve recordatorio de que había sido descubierto la vez anterior porque daba la casualidad que una familia asociada con Kaburagi habían sido unos enemistados con él por unas acciones en el pasado le hacía titubear.

De igual manera, antes de adentrarse más en la vorágine, así como tomar en cuenta las consideraciones que habrían de realizarse si planeaba tomar ese nuevo paso... Primero tendría que descartar una vía más de sacar posibles indicios, misma que paradójicamente no hubiera obtenido sin la tendencia de Shirou de encontrarse en el lugar equivocado durante el momento equivocado.

Observó el cristal semi-roto sobre su mesa y suspiró, recordando las instrucciones que Shirou le había dado para activarlo. Bien, era hora de tener una plática con cierto Servant.

No pasó ni un minuto, hasta que la imagen de Paracelsus alcanzó a proyectarse sobre una de las caras del prisma.

"Emiya-san." Saludo el remanente del Padre de la Alquimia Moderna. "Shirou-kun había mencionado que necesitaba hablar conmigo. Estoy a su disposición." Mencionó el holograma, mientras realizaba una leve reverencia.

"Caster." Respondió cortésmente Kiritsugu. "Shirou logró decirte lo que pedí, supongo."

"Lo hizo, Emiya-san." El holograma ni siquiera parpadeo. "Sin embargo, he de advertirle que fui desactivado de forma temprana en algo que me imagino fue la mitad del conflicto de hace tres años. La última actualización que tengo registrada es sobre un informe sobre la tregua acordada por el Supervisor de la Iglesia para darle caza al hórrido monstruo que logró manifestarse a consecuencia de las continuas manipulaciones al Sistema. Y tengo entendido que hubo otras grabadas justo después de la confrontación en el Rio Mion que aparentemente terminó con la Espada de la Victoria Prometida encargándose de reducir a dicha abominación a nada. Lastimosamente, el daño que sufrió el cristal pareció cobrarse esa información, junto a otras cosas."

El mensaje era casi tan claro como el agua. La Inteligencia Artificial no tendría los medios para poder proporcionarle tanta información como pensaba, pero Kiritsugu se mentiría a sí mismo si dijera que no se esperaba algo así.

"Lo entiendo." Finalmente respondió. "Esperaba algo así, de igual manera, agradecería si pudieras responder al menos unas cosas."

"Lo intentare, Emiya-san." Respondió cordialmente Paracelsus, indicandole que podía iniciar.

"Necesito armar una mejor escena de lo más cercano a los últimos días de Saitou Reiroukan entre los vivos. ¿Mencionó algo cuando te comentó sobre la comision a la cual le sujeto Makihisa Tohno?"

"No puedo evitar sentir un fuerte pésame por su muerte. Se trataba de un hombre bastante respetable." Admitió el holograma con un dejo de luto en su tono antes de parpadear. "Lo único que comento es que se trataba de una ventura que debía de pagar cuanto antes en agradecimiento por la ayuda de Tohno-dono. Fuera de ello, no mencionó nada del encargo más allá de pedir informes durante las ocasiones en las que reportaba mi trabajo."

Quizás ese no era el ángulo correcto. ¿Debería de intentar algo que apuntara hacia una mejor ruta?

"Sobre los demás Masters presentes en la Guerra. ¿Escuchaste alguna vez su opinión sobre ellos? ¿Alguna en específico?"

"Raras veces, el maestre Reiroukan optaba por salir afuera de su garita. Le escuché decirle a Misaya-chan una vez sobre 'el pretencioso de Tohsaka' y a juzgar por cómo se referia al que portaba el dominio sobre la anomalía de la octava Clase, no parecía tener una buena impresión del administrador de esa tierra espiritual." Admitió Paracelsus, casi encogiéndose de hombros. "No escuche que dijera nada sobre el resto, incluido usted, Emiya-san. Sin embargo siempre he sospechado que no le emocionaba la idea de medirse contra el Lord de los Archibald."

El holograma realizó una nueva pausa, escogiendo mejor sus siguientes palabras. "No podría culparlo. Los Archibald eran tan fuertes como orgullosos en mi tiempo, y eso fue casi medio milenio atrás. Fieles seguidores de los Barthomeloi, que les acompañaron durante la incursión desde Normandia y terminaron por conquistar y tomar para ellos el linaje de los El-Melloi. Cualquier cabeza producida luego de incontables generaciones ciertamente sería un monstruo incluso en estos tiempos de deterioro."

Kiritsugu naturalmente omitio que quien se había encargado de derribar a Kayneth Archibald había sido él al final por medio de las tácticas más sucias y una excelente ventaja conceptual. De haber enfrentado al Lord de la Torre del Reloj en otra forma y teniendo este acceso a sus vastos recursos... El resultado hubiera sido de lo más distinto a decir verdad.

"Ya veo." De igual manera, nada de lo que le había dicho le servía por ahora. Si tan solo hubiera mencionado a alguien más, tendría una mejor pista, sin embargo Tokiomi Tohsaka había muerto alrededor de un día antes de que Saitou Reiroukan encontrara el mismo destino, mientras que...

"Los magi no tienden a ser los mejores padres." Comento de la nada Paracelsus, interrumpiendo la línea de pensamiento de Kiritsugu. "El maestre Reiroukan por otra parte, verdaderamente consideraba a su querida hija como lo más preciado en su vida, más allá de ser solo su heredera." La Inteligencia Artificial realizó una pausa al caer en cuenta de algo. "De pura casualidad, Emiya-san. ¿Sabe si...?"

"Hasta donde tengo entendido, Misaya Reiroukan parece vivir con su madre." Le respondió rápidamente Kiritsugu, habiendo logrado deducir el alcance de dicha pregunta. "Makihisa Tohno intentó sugerir una vez que fuera a interrogarla, sin embargo..."

"Me alegra saber que es así. Mi contraparte original realmente le había tomado algo de cariño. Ignoro cómo terminó siendo su relación, pero de lo poco que alcance a recordar se trataba de una niña bastante risueña y curiosa. Con una buena mente, encima. ¡No podría haber tenido más de siete años y ya era capaz de reparar un campo delimitante sin ayuda!"

A decir verdad, a Kiritsugu no le podía importar menos la relación que el remanente del Servant Caster había tenido con la hija superviviente de los Reiroukan. Una pena el hecho de que no pudiera extraer mayor información de él, pero lo hecho, hecho estaba. Estaba a punto de agradecer los comentarios del alquimista, hasta que un par de palabras más de parte de Paracelsus lo detuvieron en seco.

"Tenía las marcas para poder ser una excelente alquimista en el futuro. Fue realmente una pena que no dispusiera de tiempo suficiente para poder instruirla directamente, hmm." La proyección acomodo la larga trenza que llevaba hacia un costado, mientras que su expresión se tornaba un tanto entretenida. "Por el otro lado, es un tanto paradójico el hecho de que ahora que tengo tiempo de sobra, me encuentro enormemente limitado en cómo instruir a Shirou-kun."

'¿Enseñarle?' Un toque de confusión logró afectarlo por unos momentos, antes de que pudiera decirlo en voz alta. "¿Enseñarle? Creía entender que mencionó que su propio conocimiento se encuentra severamente drenado, además de que en su estado actual..." Kiritsugu tenía todo menos el ánimo de comentar que la forma en la cual el Servant había logrado preservar una parte de el fuera de la Cuarta Guerra le recordaba perturbadoramente a un dispositivo alienígena de una tira cómica que había leído hace años, cuando se encontraba vigilando a un objetivo dentro de una peluquería.

"Ciertamente mi estado actual no es muy impresionante." Dedujo rápidamente el alquimista mientras se cruzaba de brazos. "Soy poco más de una sombra de mi contraparte que alcanzó a ser invocado bajo el contenedor Caster, además de que buena parte de mi conocimiento no se encuentra disponible, pero mi intelecto permanece casi igual de afilado y seria una deshonra para los Espiritus Heroicos que califican para la clase de los Sirvientes del Hechizo si no pudiera velar por los objetivos de mi Master. Mi ayuda, por muy limitada que sea, bien podría representar una diferencia entre que sean cumplidos."

"Master." Kiritsugu entorno ligeramente sus ojos ante el título. Viendo como se había encargado de alegremente invertir todos los materiales explosivos que había logrado conservar hace ya tres años en un sitio cercano a las Lineas de Ley de Fuyuki, logrando asi provocar una disrupción que se encargará de sepultar definitivamente ese sistema después de que Saber hubiera desintegrado la vasija, lo último que hubiera esperado fuera que Shirou terminara atado a uno de los familiares que eran los Servants. Pero nuevamente, la vida demostraba tener demasiadas puertas. "¿Y su deseo para el Grial? Esa es la condición del pacto para aceptar ser atado a un Master."

"Bajo el sistema teorizado y establecido por Zolgen y la Santa del Invierno, quizás." Negó con la cabeza Paracelsus mientras alzaba el índice de la mano derecha. "Pactos entre los moradores del Reino de las Leyendas y practicantes de taumaturgia los hay de varios tipos. El establecido por Shirou-kun puede parecer difícilmente ortodoxo comparado con el de la Guerra del Santo Grial, pero no tiene nada que envidiarle a otros existentes."

"¿Y es por pura lealtad que lo estás ayudando o acaso te lo ordeno?" Pregunto entonces Kiritsugu, teniendo la particular sospecha de que Shirou había encontrado algún tipo de autoridad un tanto más funcional entre los privilegios que le había otorgado la Inteligencia Artificial en Noviembre.

"Los niños siempre han sido muy preciados para mí. Ver a uno decidido a llevar la carga de ser un magus por un propósito tan noble es algo que no puedo evitar que me conmueva." Confesó tranquilamente lo contrario a la par que sus ojos se entornaban ligeramente. "Emiya-san. A estas alturas y a juzgar por sus palabras, dudo mucho que hasta la Interferencia Mental sea necesaria para que logre saber lo que no dice. No es raro que haya padres con pocas expectativas de los objetivos de sus hijos, pero sí que lo es cuando estos les afectan directamente."

El tono era todo menos acusatorio, pero difícilmente ayudó a que Kiritsugu no demostrara abiertamente su irritación ante este. Era difícil que el hombre expresara un enojo de tal grado, y estuvo a casi nada de manifestarlo de una forma que pocos habían experimentado, de no ser porque la proyección del alquimista no había terminado aún.

"Paz, Emiya-san." Le pidió de una manera algo más conciliadora. "Disculpe el atrevimiento. Estuvo fuera de mis límites." Concedió finalmente Paracelsus.

Si bien aquello no eliminó por completo la cólera de Kiritsugu, alcanzó a apaciguarlo levemente. Durante cerca de tres minutos, ninguno de los dos dijo nada, contentandose con observar al otro a la espera del primer movimiento.

"Había mencionado algo sobre tener tiempo de sobra." Comenzó a hablar nuevamente Kiritsugu. "Pero me temo que algo así no aplica conmigo. Dos años como máximo es lo que me queda. ¿Que Shirou consiga elaborar el Elixir antes de que ese plazo se venza? No necesito creerlo. Lo siento ya en mis huesos."

Paracelsus asintió levemente a modo de señal de que estaba escuchando. Señal que Kiritsugu tomó como una indicación de que podía continuar.

"Hasta hace más de una semana, es que Shirou se enteró de más detalles alrededor de esta. Ni siquiera sé con certeza si son así. " Kiritsugu suspiro, encontrando un mejor respaldo en la silla donde estaba sentado. "Me criaron soldados de la fortuna. Aprendí a morir hace ya mucho tiempo. Temo más por lo que voy a dejar atrás."

"Esta... Maldición. Debo confesar que ignoro mucho de ella." Comentó entonces Paracelsus, con un interés algo más clínico. "¿Me permitiría observarla, de ser posible?"

Recibió una ceja alzada como respuesta. Un gesto que prácticamente indicaba que no sabía cómo realizar aquello. Al advertirlo, Parecelsus separó ambos brazos al extenderlos y dijo. "Canalice energía mágica tras colocar su mano sobre el cristal."

"¿Puede realizar análisis así?" Kiritsugu no tardó en preguntar. "¿No pudo hacer uno con la Cresta Mágica de Shirou?"

"No." Secamente declaró el alquimista. "Intervenciones de ese tipo requeriría que tuviera acceso a mis circuitos mágicos. El atisbar estructuras como Crestas requiere de una habilidad más específica. ¿Maldiciones? Si son tan prominentes como la suya, no es necesario algo tan sofisticado."

Algo satisfecho por la respuesta, Kiritsugu procedió a encender sus circuitos mágicos después de haber bebido un sorbo del vial por si las dudas. Sintiéndose listo, colocó entonces su mano sobre el cristal y se dispuso a dirigir un ligero pulso de su od hacia este.

"¡¿?!" Solo para terminar separando su mano cuando el prisma medio roto vibro como el cascabel de una serpiente; noto por el rabillo del ojo como la expresión de la Inteligencia Artificial palidecía a la par que ocultaba un rictus doloroso.

"... Por los siete cielos." Titubeo Paracelsus, sacudiendo su cabeza. "Ni siquiera tuve que buscar a fondo. Estaba justamente ahí, adosada como un monstruoso percebe ponzoñoso. ¿Tres años ha soportado esa aberración, Emiya-san?"

"Sigo aquí." Fue lo único que respondió Kiritsugu, mientras le colocaba su tapa al termo que contenía la solución que servía para mantener a raya los peores efectos superficiales de esta. "¿Qué opina?"

"He estudiado y visto toda clase de maleficios y maldiciones con efectos viles. Algunas siendo increíblemente complejas, tanto, que terminaron por consumir a sus propios creadores debido a las condiciones que cargaban. ¿Pero la suya, Emiya-san?" Paracelsus negó con la cabeza. "Observar una así en mi vida la hubiera grabado como hierro al rojo vivo en mi mente. Jamás había visto algo tan grotescamente... Simple, y aterrador."

"¿Simple?" Kiritsugu no pudo evitar encontrar el término curioso, especialmente cuando estaba siendo aplicado a la cosa que lo estaba matando poco a poco.

"La maldición a simple vista no tiene mucha sustancia. No veo ningún parámetro o fórmula lógica como las que tendrían las más sofisticadas... Pero los efectos que conlleva superan con creces a los de estas." Se notaba de lejos como la proyección estaba asqueada. "Es una masa de energía mágica teñida con tanta... Maldad. Me atrevería a decir que aun si el hombre más depravado sobre la faz de la tierra untara hasta el último de sus pensamientos tan atroces durante toda su vida a un cúmulo equivalente... No lograría ni producir la milésima parte de esa cosa. La forma primitiva de una maldición, llevada a su extremo. ¿Qué clase de Daimon fue el artífice de algo así? De no ser el caso, temo por quienes se encuentren en los alrededores de quien fuera el hechicero tan pérfido como para lograr conjurar esto."

'¿Daimon?' Kiritsugu meneó ligeramente la cabeza, dispuesto a soltar la última bomba. Al parecer, Shirou no había tenido la oportunidad de contarle a su 'Servant' la raíz de lo que le afectaba. Pero ya que estaban.

"Se sentía como un demonio. No, mas bien era un demonio real." Advirtió esta vez teniendo el tono seco de entre ambos. "Rechace lo que me ofreció y me dejo eso en recompensa."

"Un demonio entonces." Repite Paracelsus, adoptando una expresión que variaba entre el fastidio y la repugnancia. "La evocación de entidades cuyo poder puede llegar a ser así de perverso siempre será un error fatal. La búsqueda del conocimiento tiene sus riesgos, pero lidiar directamente con seres en un grado superior que nacieron de leyes de la naturaleza retorcidas es un error fatal... ¿Que o quien fue, Emiya-san?"

Y, aquí venía la hora de la verdad.

"Se presentó como Angra Mainyu. Y estaba descansando dentro del Grial de Fuyuki."

Lo primero causó que los ojos de Paracelsus se abrieran ligeramente mientras murmuraba. "Arimanio... El nemesis de Oromazdes. El Diablo de Zarathustra... ¡¿Un momento?!" Apenas reparó en lo segundo, su expresión pasó de incrédula a horrorizada. "¿En el Grial?"

Kiritsugu soltó un suspiro, antes de ponerse cómodo nuevamente, y relatarle a la proyección del alquimista una historia que pocos conocían.Y apenas la terminó, fue difícil no notar la miríada de emociones reflejadas en las expresiones de la proyección. La incredulidad y el horror dieron paso a una angustia y conmoción sumamente marcadas. Estaba claro que el alquimista había recibido de golpe una serie de revelaciones sumamente desagradables.

"... Esto es..." Se atrevió a hablar con un toque inyectado de indignación. "Inaudito. ¿Cómo es posible que semejante ente hubiera logrado ir a parar ahí? ¿Fue acaso un castigo del propio Grial por las perversiones que el que se atrevió a invocar al Rey de los Héroes sujeto al sistema? ¿Como es posible semejante negligencia?"

Incluso Kiritsugu encontró incómoda la manera en la cual el remanente de Caster manifestaba su opinión sobre la situación.

"Los fenómenos irregulares de la Guerra tienen explicación ahora." Sentenció severamente Paracelsus mientras llevaba su mano derecha hacia su mentón. "¿De qué otra forma una efigie del vicioso Barón de Rais hubiera logrado manifestarse de la nada?"

Su semblante entonces pareció ablandarse mientras hacía una pausa. Realizando una leve reverencia, habló de nuevo. "Mis disculpas, Emiya-san. Lo que me acaba de decir me resulta sumamente perturbador. No es ningún semillero de intrigas que mi deseo para el Santo Grial sería el mismo compartido por miles de magi en todo el mundo. ¿Una forma de encontrar un camino más a la raíz? Naturalmente no lo hubiera desaprovechado. Ser invocado en una competencia con valerosos Espiritus Heroicos hubiera sido también una experiencia fascinante..."

La expresión se endureció un tanto más a la par que apretaba uno de sus puños. "Y sin embargo, resulta que la llamada Copa del Cielo prometida se trataba de un cáliz envenenado. Y solo pensar si las circunstancias hubieran sido distintas, teniendo al maestre Reiroukan y a mi siendo los que tomarán el Grial... Forzados a encarar al espiritu mas negro, y este realizando una oferta asi de diabolica. Me estremezco al imaginar que clase de horrores innombrables hubiera mostrado al distorsionar el deseo de un camino a Akasha, como lo hizo con el deseo que realizó."

Era extraño. Kiritsugu nunca hubiera creído encontrar a alguien que pudiera mirar a los ojos y contemplar como entendió perfectamente la noción de lo que el presunto Angra Mainyu había colgado frente a él. Y mucho menos, a la sombra de uno de los Espiritus Heroicos que había intentado eliminar.

"Lo entiendo, Caster." Respondió mientras asentía.

La proyección no respondió al instante. Ni siquiera le miró directamente; el alquimista parecía estar sumamente inmerso en sus pensamientos, seguramente procesando toda la información nueva.

"Una de mis piedras filosofales hubiera podido... No, contrarrestar los efectos ligeramente a cambio de..." Negó con la cabeza Paracelsus, no pareciendo estar satisfecho con lo que teorizaba. "Si se tratara de la original por otro lado, hmmm."

"¿Caster?" Kiritsugu alzó una ceja.

"Emiya-san. Tal parece que el Elixir de Acala es por el momento, la única solución que veo disponible. Su esencia ciertamente sería capaz de extirpar la maldición, especialmente viendo su origen." Declaró el alquimista, antes de añadir. "Hay algo más que se podría hacer. Pero tendría que comprobar una teoría mía acerca de Shirou-kun y sus atributos alineados."

Kiritsugu solamente le miró, como si hubiera hablado en otro idioma.

xXx

Clínica Jinan - Misaki

12 de Abril de 1997, 2: 18 PM…

"Me preguntaba cuando visitarias uno de los enclaves." Si bien Shirou se había acostumbrado desde hace meses al timbre claro que era la voz de Kohaku, así como tomado un tiempo para aprender a leer mejor las expresiones o al menos los fantasmas de estas en el rostro de su amiga, no podía evitar sentir que su visaje se complicaba más conforme seguía hablando con ella. Como intentando adentrarse en un paraje desconocido teniendo un mapa en las manos, salvo que sus alrededores cambiaban a un ritmo lo suficientemente sutil como para convencerlo de que nada había ocurrido.

El fin de semana había llegado afortunadamente rápido, permitiéndole a Shirou reunirse con Kohaku y platicarle sobre sus experiencias en el pueblo escondido entre las montañas durante las dos semanas que habían conformado sus vacaciones de primavera. La aprendiz de curandera se había limitado a escucharle en el comedor de la pequeña casa aledaña a la clínica sin pronunciar ni una sola palabra hasta que terminara su relato.

"¿Conoces Azumi?" Le preguntó Shirou entonces, provocando que Kohaku negara con la cabeza rápidamente.

"Nunca he puesto un pie ahi. Conozco otro, donde vivíamos con nuestra madre, se llama Naori." Respondió, inclinando levemente su rostro hacia un costado tras mirarle fijamente y de inmediato añadir. "Está más al sur. Hisui-chan no recuerda mucho de este. ¿Azumi no Sato? Jamas, solo lo reconocí por dos cosas."

Shirou parpadeo, casi tragando saliva al ver como Kohaku prácticamente le había leído la mente con su siguiente pregunta. Si no la conociera ya desde hace más de medio año, se habría sentido un tanto inquieto. "Oh. ¿Por?"

"Un primo de los Tohno vive cerca. Varios de las familias han mencionado que contactarlo suele ser difícil por eso." Respondió Kohaku mientras juntaba ambas manos sobre la mesa. "Mi madre me contó una vez que los Fujou visitaron el pueblo algunas veces antes para ver a amigos que vivían ahí."

Shirou se forzó así mismo a parpadear para disimular mejor la súbita incomodidad que le provocó aquella mención. Nuevamente la idea que había estado siendo incubada en su mente desde hace meses volvió a manifestarse, reptando de forma traicionera hacia su garganta. "Oh... Ahora que lo pienso, no sé mucho sobre las familias de magi que hay aquí." Esperaba que Kohaku no se diera cuenta de lo que sentía, ya que ahora pendía de una cuerda de lo más incómoda.

"Hmmm." Kohaku imitó su gesto antes de ladear un poco su cabeza de un modo que le recordó extremadamente a un gato. "Solo se lo básico. Pero es mejor que nada." Finalmente respondió, antes de comenzar a trazar tres círculos en la superficie de la mesa con algo de sal que había quedado desperdigada sobre esta.

"¿Conoces el Buró del Onmyou?" Le pregunto, y tras ver como Shirou asentía, señalo a los círculos. "Hay tres clanes que lo dirigen. Se les conoce como las Tres Regalías."

'Lo mismo que escuche en Azumi.' Pensó Shirou, frunciendo el ceño. "¿Regalías?" Lo único que obtuvo de ello fue a Kohaku encogiéndose de hombros.

"Son las tres más importantes de todo el lado del país, puedes hasta considerarlas como nobleza." Continuó explicando la aprendiz de curandera, antes de acomodar algo de la sal debajo de los círculos para incluir a varios de menor tamaño. "Después vienen todas las demás familias, de las cuales las más importantes son los administradores espirituales de varios sitios y bajo ellas responden todas las demás que vivan en ellos."

"Si no mal recuerdo, los Aozaki son los de aquí. ¿No?" Dijo Shirou tras mirar los puntos de sal.

"Si, pero no son del Burro. Son de la Asociación de Europa." Le recordó Kohaku con calma antes de que su semblante se tensara por un segundo. "Los Tohno no están con ninguno ya que no son una de esas familias. Lo mejor es no preguntar sobre como es eso aquí."

"Ya veo." Asintió Shirou mientras le echaba un nuevo vistazo a los puntos. "¿Los Fujou fueron administradores alguna vez?"

"No que yo sepa." Era el turno de Kohaku de fruncir el ceño. "Eran importantes junto con otra familia, los Asakami hace tiempo, pero ninguna de las dos tenía ese honor. Tampoco están en la lista de los que lo perdieron... Ajima, Yakou, Sakagami."

Esta vez no se le escapó para nada su reacción al último nombre y de inmediato entorno sus ojos.

"¿Por que?" Primero preguntar antes de parpadear, comenzando a unir los hilos en su cabeza. "Azumi, es verdad. ¿Conociste a alguien de ese clan ahi, verdad?"

'¿Cuando te volviste detective?' Quiso preguntar Shirou un tanto exasperado, pensando ya en qué responder, mientras que un par de ojos color ámbar le fulminaban expectantes. Derrotado, terminó por suspirar y contarlo.

Alrededor de cinco minutos después, sus reflejos le advirtieron del súbito movimiento de la mano derecha de Kohaku, permitiéndole evadir el golpe de gatillo con su índice a su frente. Pero no hicieron nada para bloquear la mirada juzgadora de esta.

"A veces pienso que haces estas cosas a propósito." Suspiró Kohaku mientras agitaba levemente su cabeza, siendo imitada en lo primero por Shirou, quien entrecerró los ojos.

"No soy tan malo." Protesto con una mueca. No era como si hubiera buscado pelear con ese niño, había sido mala suerte... Pero en vista al historial que llevaba recorrido ya, no podía culpar a su amiga por asumir lo peor. Esa línea de pensamiento le obligó a soltar otro suspiro en lo que dirigía su mirada hacia sus manos. "De todas formas, no importa. Mi elemento, por otro lado..."

"¿Hmm?" Kohaku lado su cabeza. "¿Sucede algo con este?"

"Si... Al parecer, al ser demasiado raro, no me permite poder usar taumaturgia normal." Reveló Shirou amargamente antes de unir ambas manos. "Espada y espada. ¿Porque a mi?"

"Creí que te ayudaba con las cosas que proyectas." El timbre suave de Kohaku argumento, esperando que su amigo elaborará aún más, solo para adquirir una expresión complicada tras entender a lo que se refería. "Oh."

"Si, se supone que me ha ayudado con eso... ¿Pero para algo que de verdad necesito?" El resoplido estaba marcado por una molestia que raras veces expresaba de manera directa el pelirrojo. "Hace meses, cuando me preguntaba que significaba, nunca imagine que tendria algo asi." Era difícil no notar la frustración que le envolvía.

"Y yo siento que estás siendo algo duro contigo mismo." Señaló Kohaku tras unos momentos. Una vez que los ojos de ambos se encontraron, ella prosiguió. "Tu elemento es muy extraño, es normal que no conozcas lo que puedes hacer con él. No puedes esperar saberlo todo cuando no parece que alguien más lo hubiera tenido antes o dejara escrito en algún lugar lo que supo."

Shirou hizo otra mueca. "Hmm, es verdad. Pero viendo que no me ayuda para nada, desearía tener algo más normal. Como tu agua."

"¿Mi agua?" Ella parpadeó ante aquello antes de negar con la cabeza. "Shirou, no creo que a ti te quede algo normal. Además de que tu elemento no es sólo raro, es también especial."

"¿Hmm? ¿Especial?" Le tocó ahora el turno a Shirou de parpadear ante el término utilizado.

"Si." Kohaku asintió antes de trazar con su mano la figura de una especie de pentagrama en cuya cada punta colocó una esfera. "Cinco elementos normales, el Godai... Fuego, Tierra, Agua, Aire y Vacío. Sougen-sensei me dice que el orden que utilizas tú es idéntico. ¿No?"

Apenas vio como Shirou lo confirmaba, señaló a dos de los círculos imaginarios. "En China existe otro llamado Wuxing. Vacío y Viento son Madera y Metal ahí. ¿Ves todo esto? Ninguno de ellos es como el tuyo, Espada."

Shirou asintió de nuevo, mientras Kohaku juntaba ambas manos. "Bueno, quizás Metal un poco. Te quedaría, ya que al menos podría explicar porque tienes la cabeza tan dura."

"..." El niño tomó un par de segundos en captarlo, y cuando quiso abrir su boca para comentar apenas pudo carraspear. "... ¿Acabas de bromear?"

"No." El tono repentinamente apagado de Kohaku no hizo nada por disimular el brillo en sus ojos. "Lo que tu tienes es algo realmente especial, además de que siento que te queda..." Añadió lo último en un murmullo.

"¿Hmm?" Shirou no había alcanzado a escucharlo del todo, muy para el alivio de la criada, quien se apresuró a disimular con otra cosa. "Disculpa, no sé lo que estoy diciendo. Solo que estoy segura de que podrás resolver de alguna manera tu problema. ¿Cómo ha ido tu práctica?"

A modo de respuesta, Shirou comenzó a realizar una corta cadena de sellos de mano teniendo especial cuidado de mantener a sus circuitos mágicos desactivados. Después de alrededor de tres semanas siguiendo las secuencias, podía crear al menos a cinco de los nueve sellos sin que se cruzaran los dedos por error. Naturalmente, no a una velocidad tan envidiable como los Tokitou (Y Nagisa), pero algo era algo. Y viendo los resultados lamentables de lo que más le interesaba, aquello servía bien como ancla.

"¿Vas a necesitar una pomada para tus dedos?" Pregunto Kohaku, alzando una ceja tras ver la secuencia de mudra.

"Solo esto, y una técnica que las usa, sin embargo..." Shirou reprimió las ganas de dejar caer su rostro contra la mesa. "Lo que yo puedo hacer sin ellas es mucho mejor." Comento, antes de murmurar rápidamente.

"Trace on, Phantom Bullet."

El proyectil fantasmal rápidamente se manifestó encima de él, pero en lugar de salir disparado de la nada, comenzó a zumbar por la habitación durante varios segundos antes de que finalmente alcanzará a deshacerse debido a la pobre proyección que lo conformaba, ante la mirada atónita de Kohaku.

"Nunca me podré acostumbrar a eso." Comento la pelirroja, antes de fruncir el ceño. "Por cierto... Sobre los tengu. No son lo mismo que los oni, pero ten cuidado."

"Kiritsugu me lo dijo ya, Kohaku. Descuida." Si bien Shirou agradecía la preocupación, no podía negar que se le hacía un tanto exasperante que fueran ya dos personas quienes le soltaran la advertencia. '¿Fuji-nee se enterara también y me dirá lo mismo?' "Me puedo cuidar."

Que Kohaku no respondiera de inmediato y en su lugar le dedicara una expresión para nada impresionada le hizo tragar saliva.

"Tu mano, por favor." A pesar de pedirlo, se notaba a leguas que Kohaku lo estaba exigiendo, por lo que se apresuró a extender su mano derecha, misma que fue volteada para exponer la palma, donde la criada de los Tohno señaló con su índice las tenues marcas rojizas de la quemadura, todo ello sin dejar de mirarlo.

"Ah." Cualquier cosa que Shirou pudiera decir en su defensa, se vio interrumpida cuando su amiga empuje de la nada la mano con tal de que se estrellara contra su propio rostro.

"Auch."

xXx

Residencia Emiya - Misaki.

22 de Abril de 1997, 5: 37 PM…

Tuvo que pasar más de una semana para que pudiera tener la oportunidad de discutir tales asuntos a fondo con alguien de confianza en el tema.

"Trace on."

Una tabla de madera estratégicamente colocada permitió que la katana recién proyectada pudiera aterrizar de punta sin dañar el suelo. Un caso similar a la del kunai que descansaba a un lado, junto con un cuchillo de cocina un tanto grande.

Shirou se frotó las manos, antes de mirar expectante a la proyección de Paracelsus, encima de la mesa quien había servido de testigo para la creación de los tres implementos. "¿Y bien?"

"Hmm, una combinación burda de la escuela de transmutación material." Observó el alquimista mientras se llevaba la mano derecha hacia su mentón. "Siglos, posiblemente milenios antes de mi ya hubo ejemplos de magi combinando dos de los hechizos para producir resultados diferentes. Estuvieron aquellos que reforzaban meramente las cosas que habían alterado con anterioridad, los que reforzaban las tenues imágenes que producían con tal de que fueran un tanto más duraderas y los que las alteraban para simples trucos de prestidigitadores. ¿Pero alguien que fuera un paso más allá y juntará los tres hechizos seguidos en un solo producto? No creo recordar un ejemplo así a decir verdad."

"¿Qué? ¿En serio?" Shirou parpadeo. "Eso es mucho tiempo. ¿De verdad nadie mas lo había hecho?"

"Si es que alguien lo hizo, no creyó pertinente compartir dicho conocimiento o por lo menos proclamarse como su descubridor." Se encogió de hombros Paracelsus antes de continuar. "Pero en cierta forma, no es inverosímil que se trate de algo nuevo. La transmutación material en su estado más puro no se trata de un campo donde haya eruditos ahondando en búsqueda de misterios más profundos."

"¿Ah? ¿Y eso?" Shirou lucio perplejo al abrir la boca.

"Esa rama de la taumaturgia es la más básica entre la básica. Mucho antes de que la Asociación de Magos fuera fundada, existía ya. Era menester aprenderla tan solo para tener una familiarización con el empleo de la taumaturgia, y después se convirtió en ejercicios simples para que los niños y aprendices pudieran controlar mejor el flujo de energía mágica. Pero hasta en mis tiempos, era una tradición agonizante, en camino a ser suplantada por otros métodos más novedosos y únicos."

Shirou, quien literalmente había aprendido Gradación de Aire para poder aprender a controlar mejor cómo canalizaba energía mágica usando Reforzamiento, permaneció callado por varios segundos mientras procesaba lo que acababa de escuchar. "En ese caso, lo mio es... Hmmm." El recuerdo de una plática la misma tarde donde había producido por primera vez el ejemplo original de su... Hechizo, por así decirlo le asaltó de la nada.

"Waver-sensei me dijo que lo mío era raro. Primero me regañó, y después señalo que solo se pudo lograr por un atributo especial... Justo antes de que se diera cuenta de que mi elemento era el mismo que mi origen." Comentó, esperando que le sirviera a la inteligencia artificial.

"El que portaba los derechos sobre el Rey de los Conquistadores, hmm." La proyección de Paracelsus entorno los ojos al considerar la nueva información. "Es curioso... ¿Dijo algo más?"

Frunciendo un poco el ceño, Shirou logró rescatar un mejor fragmento. "Que según, solo había salido tan bien por ser una cuchilla. Y que quizás mis atributos alineados me daban un pase por lo que representan."

"Ya veo. Una hipótesis razonable, pero tengo mis dudas." Paracelsus entorno su mirada mientras reflexionaba por un momento antes de preguntar. "Shirou-kun. ¿Tienes algún objeto en mente que recuerdes bien? De ser así, proyectalo de la misma forma que estas cuchillas. Hay algo que debo comprobar."

"Oh, está bien." Shirou se pasó por su memoria considerando una que otra cosa que tenía almacenada por ahí. Por un momento pensó en uno de los dardos, pero terminó por decantarse en la esfera de cristal que Kiritsugu le había enseñado el año pasado durante una de sus lecciones. Visualizarla no le fue difícil, y no tardó en activar nuevamente sus circuitos mágicos.

"Trace on."

Una esfera fantasmagórica comenzó a abultarse encima de su mano acompañada de pequeñas centellas antes de que pasara su segunda mano encima, logrando que se solidificara. Y en un último destello, una copia casi idéntica a la esfera que recordaba estaba presente en su mano. Pero para sorpresa de Shirou, la sensación que esta emitía era una de...

"¿Qué rayos?"

"Se siente exactamente a una de tus proyecciones mejoradas, me imagino." La voz de Paracelsus se le adelantó con lo que iba a decir. "Es solo la primera parte de mi teoría, ahora viene lo complicado. Por favor quiero que proyectes una espada... Pero no una que recuerdes, cualquiera. ¿Podrías hacerlo?"

"¿Ah?" Shirou parpadeo, un tanto más perplejo ante la extraña petición pero se encogió de hombros antes de intentar cumplir con ello. "Trace on."

Solo para toparse con una penumbra fuera de sus circuitos mágicos brillando a la distancia, como los indicadores de un aparato electrónico avisando que estaban listos para cumplir sus funciones, pero sin recibir una orden aun.

'Ah, claro. Lo que necesito es una espada nueva.' Pensó, antes de volver a concentrarse en una imagen que no había registrado antes. Optó por descartar cualquier katana, al no querer terminar por replicar a Juunijirou Touzaki por error. Eso dejaba otro diseño y al final se decantó por lo más parecido a una espada de caballero medieval que pudo ver. Se imaginó una guarda en forma de cruz, una hoja más elaborada y un pomo más grande que los que estaba acostumbrado a ver.

Apretando un poco sus dientes, arrastró por la fuerza dicha imagen fuera de su mente con tal de que pudiera alterarla y reforzarla, entonces se concentró en darle mejor forma y endurecerla, solo para realizar una mueca cuando vio el resultado.

Era como una espada de plástico que había sido dejada bajo el sol por horas y una parte de este se hubiera fundido hasta el punto de tener la apariencia de una cuchara enorme y retorcida.

"¿Que demonios?" Casi protesto al observar a la abominación que encima comenzó a deshacerse lentamente en motas de luz, teniendo una estructura tan pobre que no podía ni siquiera mantenerla por mucho.

"Hmm, tal y como lo sospechaba." Advirtió el alquimista, sin haberle perdido en algún instante la mirada a la proyección fallida. "No empleas tres hechizos. Usas cuatro en realidad." Le informo Paracelsus, habiendo logrado resolver el enigma. "La verdadera razón por la cual tus proyecciones tienden a ser un tanto más reales radica no realmente en el empleo de la transmutación material. Lo hace en que usaste Análisis Estructural anteriormente en dicho objeto y por ende adquiriste de manera indirecta información que no podrías sacar de la nada. Ignoro totalmente cómo es que funciona, pero eso explicaría cómo es que ha ido más allá de intentos y experimentos anteriores. Nadie antes había tenido esa idea."

"¿Ah? ¿Como?" Shirou parpadeo, al no haber logrado procesar rápidamente lo que le había dicho el holograma, causando que este soltara un suspiro tras tener la realización de que tendría que moderar mejor sus palabras.

"Me imagino que cuando aprendiste a usar Gradación de Aire se te informo que tener un mayor conocimiento de la imagen que buscas crear ayuda a que permanezca un poco más antes de desvanecerse. ¿No?" Una vez que vio a Shirou asentir, continuó con lo que decía. "Utilizando Análisis Estructural en un objeto, inconscientemente transmites la información que obtuviste en el proceso de proyección. Eso sumado a tu uso de Alteración y Reforzamiento es lo que te permite realizar proyecciones así de peculiares."

"... ¿Osea que mis atributos alineados nada tienen que ver entonces con esto?" 'Tengo que decírselo a Waver-sensei cuanto antes... Ah, pero no le he dicho nada de Caster. ¿Cómo se lo podría informar?' Pensó para así antes de sacudir la cabeza, tenía algo más importante con lo que lidiar primero para empezar.

"No me arriesgaría a afirmar que no juegan un rol. Pero todo parece indicar que el hechizo que has creado no parece depender de estos." Los ojos del alquimista se entornaron un poco al considerar algo más. "Y hablando de ello, luce un tanto incompleto por cómo lo manejas. Y sobre tus Atributos, es algo más complejo."

"¿Incompleto?" Shirou no pudo evitar ladear su cabeza hacia un costado al escuchar aquello. "¿A qué te refieres?"

"Recuerdame hablarte de la Fuerza Odica y cómo se relaciona con la Taumaturgia, hmm." Paracelsus agitó su cabeza antes de concentrarse en la pregunta. "Sobre tus atributos, te seré honesto Shirou-kun. Las Encarnaciones son fenómenos extremadamente raros en el mundo de la taumaturgia, hablo de raros por el hecho de que hayan sido estudiados directamente o que algún magus lo haya desarrollado."

"¿Alguna vez conociste a uno?" La pregunta era perfectamente inocente, pero el alquimista negó con la cabeza.

"Me temo que no. Recuerdo un caso específico de al menos un siglo anterior a mi. Una mujer cuyo Origen de "Fragmentación" se había apoderado de su anterior elemento de Tierra. Creo recordar que aquello le permitió desarrollar cierto misterio con la capacidad de quebrar casi cualquier fórmula taumatúrgica que pudiera estudiar, pero fuera de ese solo conozco de ejemplos mencionados tan solo por los alineamientos que se registraron." Paracelsus adoptó una pose pensativa. "Me parece que también estaba el caso de alguien también con Elemento Tierra, que fue sobreescrito por su Origen de Reclamación. Y hasta una curiosa anécdota de un magus de Verona que afirmaba sobre... No, eso no."

El remanente de Caster se detuvo, intentando recuperar su concentración, hasta preguntarle de repente. "¿Notas algo en particular de los tres ejemplos que cité comparados con el tuyo?"

Le tocó a Shirou el entornar sus ojos, hasta caer en cuenta de algo también. "¿Espada es un objeto y esos tres no?" Se atrevió a decir, sintiendo un vuelco en su interior cuando Paracelsus asintió.

"Es correcto. Con algunas excepciones bastante marcadas, los Orígenes tienden a manifestarse normalmente en forma de acciones. ¿Objetos o conceptos más tangibles?" Negó con la cabeza el alquimista.

"¿Y eso porque es?"

"Si es que hay estudios más detallados al respecto, se realizaron más allá de mi tiempo. Los Orígenes son un tema que ha fascinado a cientos, pero pocos han sido los que han osado adentrarse en lo más profundo del esoterismo en torno a ellos." Explicó Paracelsus mientras fruncía el ceño. "No es realmente un tema prohibido, pero se trata de un secreto abierto que no es algo animado a ser revisado. Los magi que lo llegan a tocar se limitan a aprender del suyo de modo que puedan saber detalles específicos en su manipulación de taumaturgia. ¿Despertarlo? Estoy seguro de que te habrán dicho de que se trata de una espada de doble filo... Si me disculpas el juego de palabras accidental."

Shirou realizó un gesto de mano para indicar que no le molestaba. "Entonces... ¿Tienes alguna idea que que podrían hacer mis atributos?"

"Estaría navegando en aguas desconocidas. Si se tratara de solamente tu Origen sería difícil discernirlo dado el concepto. ¿Pero como Elemento también? No sabría darte una respuesta concreta pero..." El alquimista acomodo con cuidado sus palabras. "Encima algo como Espada. Esta suele ser un símbolo de muchas cosas; autoridad, coraje, poder. Dentro de la taumaturgia también tiene de lo suyo... En la Alquimia, simboliza incluso algo como purificación. Y por supuesto, está todo el tema de las múltiples leyendas en torno a estas."

Algo brilló en los ojos de Caster, antes de que este volteara a ver fijamente a Shirou. "Y hablando de estas. La posible solución de la cual te había comentado tiene mucho que ver con una en específico. Dime. ¿Has oído hablar sobre una Espada Azoth?"

xXx

Residencia Emiya - Misaki.

23 de Abril de 1997, 6: 48 PM…

"Una Espada Azoth." El tono de Kiritsugu no lucía para nada impresionado, y mucho menos cuando pregunto lo siguiente. "Tu eres el inventor de estas. ¿Cómo es posible que hasta ahora hayas caído en cuenta de una idea así?" Era bastante obvio que el Emiya quería añadir 'Encima con Waver Velvet comentándolo desde antes'.

"Como he mencionado anteriormente." La inteligencia artificial no parecía devolver con rencor lo que decía. "Esta proyección es tan solo un remanente del original, y un remanente tullido. Fuera de que este roto, tuve que eliminar más que un pensamiento de la maraña implantada a través del original. Mi contraparte completa copio tan solo una parte de su Origen Espiritual en el cristal fotónico, mucho me temo que buena parte de mis conocimientos e incluso algo de mi raciocinio no se encuentran a mi disposición."

Para Shirou, la pregunta bien podría haber estado en otro idioma. La segunda palabra del término fue suficiente para que alzara una ceja mientras inclinaba su cabeza hacia un costado. "¿Una que?"

"¿No? En ese caso, supongo que estaría mejor ir por algo más general." Dijo Paracelsus mientras se llevaba la mano derecha hacia su mentón, hasta que una bombilla metafórica alcanzó a encenderse en su cabeza. "Oh, ya lo tengo. ¿Sabes algo sobre las varitas mágicas?"

"¿Queeeee?" Ahora la confusión de Shirou daba paso a la incredulidad; incluso su rostro se transformó a una máscara perpleja al escuchar ese término que estaba seguro que conocía incluso antes de saber que existía la taumaturgia. "¿Esas que tienen los magos de las fiestas? ¿Apoco existen de verdad?"

De haber tenido más emociones; o un orgullo más marcado como un magus de elite, el remanente del Caster de la Cuarta Guerra podría hasta verse indignado ante el prospecto de alguien comparando simple parafernalia de un prestidigitador con un código místico hecho y derecho. Pero el alquimista solamente pudo tomárselo con humor.

"Hmmm, pensándolo mejor. Quizás sea buena idea un acercamiento mucho más general. Se que guardas tu pequeña libreta por aquí. ¿Te importaría sacarla y tomar notas?"

Shirou no tardó nada en tomarla del escritorio junto con una pluma. Abriendo el cuaderno en una página limpia, escribio rápidamente la fecha, antes de mirar hacia la proyección, esperando.

"Hace poco comente que debería de hablarte de la Fuerza Odica. Me parece que ahora es el momento apropiado." Sentenció Paracelsus antes de realizar una pausa tras observar como Shirou intentaba escribir el término en caracteres, solo para decantarse al final por el otro alfabeto al no tener idea de cuales usar. Una vez que vio aquello, el alquimista finalmente optó por continuar.

"La Fuerza Odica es en palabras simples, la manipulación de energía mágica. Puedes considerarla en cierta forma la predecesora de la taumaturgia o su origen, como lo prefieras." Cerrando sus ojos por un momento, busco mejores formas de poder explicarlo. "Eres joven, muy joven aun. Y hay mucho conocimiento considerado general que deberías tener, no solo intrínseco con la taumaturgia. De tenerlo conmigo ahora lo compartiria, pero por ahora tendremos que compensar con esto. Por favor intenta imaginar lo siguiente: Hombres y mujeres descubriendo de una forma u otra sus circuitos mágicos y cómo podían hacer fluir su fuerza vital a través de ellos y lograr proezas que iban desde lo sorprendente hasta lo milagroso. Aumentar su fuerza y velocidad a niveles prodigiosos, curar a alguien de una dolencia nefasta, encender una hoguera con tan solo una mirada, someter una fiera salvaje a voluntad... Tiempo después descubrirían incluso que podían extraer energía del ambiente mismo. Pero todo esto que te estoy contando tenía un detalle más."

"¿Cual era?" Pregunto Shirou, mientras que notaba que hasta ahora nunca se había preguntado exactamente la historia de todo ello. ¿Quién había inventado la taumaturgia? ¿Cuándo había sido todo eso? Hace miles de años de seguro, pero que él recordara Japón solo tenía como unos dos mil o más de historia. No, tenía que ser obviamente mucho antes.

"Todas esas acciones. Manipular los elementos, someter criaturas vivas, aumentar la fuerza de uno u otros, la que tu nombres eran logradas gastando lo que llamamos energía mágica por la fuerza por medio de voluntad pura y dura. Y no siempre se tenía éxito en lograrlas aún si se llegaba a agotar todo el Od. Naturalmente cuando aprendieron a llenar sus circuitos con el Maná de la naturaleza tendrían mayores oportunidades de que les pudiera salir bien. ¿Pero tú dirías que algo así era eficaz?" Le pregunto Paracelsus, a lo que Shirou negó con la cabeza antes de que pudiera continuar. "Claro que no. Manipular energía mágica de esa manera es difícil, muy difícil. Es casi como querer sujetar una corriente de agua con tus manos y aun si a través de los circuitos la puedes guiar de manera que jamás podrías de cualquier otra forma."

De repente, el holograma se quedó absorto en el lápiz que sostenía Shirou y dijo. "Ese lápiz. ¿Podrías intentar levitarlo con tan solo energía mágica? No lo vayas a tocar. Imagina que lo haces con tu mente."

"Trace on." Shirou activo sus circuitos, antes de mirar fijamente el lápiz y enviar energía mágica hacia su dirección por medio de su mano derecha. Logro ver como las puntas de sus dedos en ella emitían un brillo azulado y al mismo tiempo alcanzó a "olfatear" como una serie de zarcillos compuestos de esta intentaban extenderse hacia el lapiz sin mucho exito, desvaneciendose a menos que enviara mas energia en su dirección. Soltando casi un gruñido, uno de ellos pareció alcanzar la punta de este solo para atravesarlo como si no estuviera ahí.

"Hmm." Shirou intentó de nuevo, concentrandose aun más en que los zarcillos lograran llegar hasta el lápiz, pero siguieron sin poder tocarlo.

"Detente, por favor." Le indicó entonces Paracelsus, habiendo probado ya lo que quería demostrar. "Incluso con años y años de práctica, lo que obtenían a partir de la Fuerza Odica no era suficiente. Así que sus practicantes cambiaron su enfoque a otras maneras... Conectaron el manejo de la energía para activarlo por medio de símbolos y palabras. La ataron con principios y sistemas de reglas basadas en sus creencias. La definieron en la forma de rituales, encantamientos y demás. Ese fue el origen de la Taumaturgia."

"¿Hacer todo eso hizo más... Fácil manipular las cosas con energía mágica entonces?" Pregunto Shirou tras haber apuntado un par de cosas. "¿Cómo es eso?"

"El poder de la creencia colectiva junto con un orden que se grabó por generaciones. Todo eso se creó para poder dirigir de mejor manera la energia magica de acuerdo a ordenes. No solo se consiguió mayor éxito en usarla, sino que también aumentó el poder de los llamados hechizos." Paracelsus sacudió entonces su cabeza. "Divagaremos mucho en este tema a este paso, vayamos a lo que nos atañe. Aun con el establecimiento de todo lo anterior, y de los Sistemas Taumatúrgicos naturalmente siempre ha habido magi que han buscado otras formas de ampliar y mejorar el control sobre sus hechizos. El medio del que vamos a hablar consiste en códigos míticos — herramientas creadas o alteradas con taumaturgia que cumplen diversos fines — con una función especial; el ayudarles a cumplir dicho propósito. Estos tomaron muchas formas; desde joyería fastuosa como anillos, pendientes y collares para los más vanidosos, hasta poderosos y ornamentados bastones, báculos y cetros para aquellos de mayor conocimiento y poder. Fue en estas últimas formas que encontraron herramientas ideales para canalizar lo último."

"Oh... ¿Entonces bastones así si existieron? Oh, bueno. ¿Existen aun?" Pregunto Shirou.

"Lo hacen aún, pero son raros de ver hoy en día." Le confirmo el alquimista, antes de añadir. "Y justamente fue por una razón. Los tiempos cambiaron, y si bien los báculos eran razonablemente poderosos debido a su tamaño, permitiendo que numerosos hechizos pudieran ser grabados en este, y que encima presentasen una imagen imponente de sus maestros... Estorbaban de igual manera, lo que llevó a que comenzaran a ver su longitud reducirse hasta ser reemplazados primero por cetros y más adelante por las llamadas varitas mágicas." Paracelsus sonrió ante algún recuerdo en la memoria del remanente. "Estas últimas fueron consideradas una novedad. Elegantes, finas y si bien no podían compararse en términos de poder de fuego con sus antecesores, cumplían un buen cometido. Al dia de hoy, aparecen ocasionalmente."

Tras haber anotado algunas cosas más, Shirou soltó otra pregunta. "¿Tu creaste alguna?"

"Oh, varias. Justamente vamos a eso. Una varita mágica en esencia no es algo complicado; consiste en una pértiga corta de madera con el interior hasta cierto punto hueco para tener un núcleo compuesto por ciertos ingredientes que actúan como catalizadores mágicos. A partir de ahí, es que un magus puede encontrar mucho más sencillo el emplear un hechizo o hasta ahorrar energía mágica al usar menos de la que este requiere. Naturalmente hay docenas de detalles más, pero pasariamos toda la tarde hablando de ello." Paracelsus meneo su cabeza para no distraerse. "Sin embargo no estaba satisfecho con ninguna de ellas. En mi juventud fui bastante arrogante, he de admitirlo. Pero esa arrogancia me dio alas para desafiar convenciones de hace tiempo y buscar cosas nuevas, de las que estaba seguro que podrían ser mejores. Un código místico que alcanzara a superar al bastón de antaño a la par que repetía lo mismo con la varita fue uno de mis objetivos."

Shirou escuchó con singular atención, mientras el alquimista se preparaba para exponer algo más, con gestos dramáticos empleando ambas manos y todo.

"La madera que proviene de algunos árboles en específico tiene ciertas propiedades mágicas. Esto, la razón del porque eran el material predilecto para los dos códigos místicos anteriores. Era obvio que tendría que usarla, pero no era suficiente con eso, tenía que intentar desde otro ángulo. Fue entonces que considere el metal, un tema repleto de dudas. Este como la madera, tiene ciertos tipos que cuentan con algunas propiedades mágicas, pero es extremadamente difícil de manejar de modo que las logre conservar y no causen problemas con otros misterios. Debido a mi especialidad, estaba seguro de que podría manipularlo de manera en que no hubiera problemas... Pero necesitaba una forma estable con que trabajarlo todo. Fue en eso que puse particular atención a las espadas legendarias de los mitos y caí en cuenta de lo que necesitaba. Fabricar una corta, más parecida a una daga que a su homónimo no fue difícil, mucho menos el asegurarme de que estuviera hueca para introducir un núcleo especial. Por último, coloque uno de los mejores catalizadores naturales en el pomo y obtuve mi propio código místico personal, el cual corone bajo un solo nombre: Azoth. La Alquimia como taumaturgia tiene entre sus objetivos el alcanzar a recrear sustancias milagrosas, y esta es solo una de ellas. Aplicando todo mi conocimiento en ello, cree algo que los magi hasta el día de hoy utilizan como una herramienta confiable… Incluso mi insignia como Espiritu Heroico es representada con esta."

"Por lo que me dijo una de estas cosas me podría ayudar en general." Finalmente intercedió Shirou, cansado de permanecer en silencio sobre la silla, con la pantalla de la computadora mostrando el correo de Waver en el fondo. "Una varita mágica con forma de espada que me ayude a concentrar mejor el flujo de mi energía mágica y convertirla a la de otros elementos gracias a los componentes de su núcleo."

"Solo hay un problema." Kiritsugu se cruzó de brazos. "¿De dónde piensas sacar un herrero que trabaje en temas así de esotéricos? Lo hubieras mencionado ya si supieras de uno en Azumi."

Para su sorpresa, Shirou lucía de lo más despreocupado por ello. "¿Eso era todo? Conozco uno. ¿Recuerdas una visita que hice con Jinan-san y Kohaku a unos parientes de los Tohno? Resulta que los Touzaki son básicamente herreros mágicos."

A decir verdad, Kiritsugu no había recordado dicho detalle. "En ese caso, lo primero que se tendría que hacer es preguntarselo directamente al propio Makihisa y ver si él no tendría algún inconveniente con esto."

Al cabo de unos días, el mayor había cedido a la llamada y muy para su sorpresa, la petición no representó ningún problema.

"Shirou-kun requiriendo los servicios de mis primos. Vaya, eso suena interesante." Había comentando el magnate en una, procediendo a añadir. "En tanto se pague el respectivo peaje que se demande, nada tengo que ver en esto." Solo para dejar a un lado el tema y comenzar a hostigar a Kiritsugu con otras preguntas que Shirou no había tenido permitido escuchar.

Tuvieron que pasar hasta dos semanas para que el pelirrojo pudiera visitar después de varios meses a la residencia de los Touzaki justo como la vez anterior. Mientras que por una parte Sougen, a quien difícilmente le había molestado el trayecto, se disponía junto a Kohaku a realizar la sesión de acupuntura demandada por la hija mayor de la familia, Shirou había quedado con reunirse con el patriarca, teniendo una compañía un tanto inesperada.

"Recuerdo que podías crear espadas con tu magia." Comentó Hisui, un tanto extrañada mientras le acompañaba hacia la sala donde sería la reunión acordada. La menor de las dos gemelas se había ofrecido a seguirle en lugar de permanecer sentada en la sala de espera, y Shirou no había podido negarse. Había aprovechado de paso para poder pasarle la última carta que había escrito, misma que Hisui se apresuró a guardar. "¿Porque necesitas que te fabriquen una?" Le había preguntado.

Shirou frunció el ceño, intentando encontrar alguna forma de poder explicarle sin confundirla. Una proeza titánica teniendo en cuenta que de las dos hermanas, pese a tener conocimiento sobre lo sobrenatural, Hisui era plácidamente ignorante sobre todo detalle específico.

"Esta espada es algo que me va a ayudar con mi magia..." Respondió finalmente, antes de doblar la esquina, pudiendo reconocer ya a donde iba. "Tengo problemas controlando algunas cosas, pero usándola mientras las intento hacer puede que me ayude a que salgan mejor."

"Ohhhh." Hisui asintió, dando a entender que ya comprendía un poco más. "¿Como una varita mágica?"

Shirou imitó su gesto, mientras divisaba ya la puerta prometida.

"Una varita mágica, con forma de espada. ¿Estas seguro de que no es porque quieres otra para tu coleccion?" Comento esta vez con una risita la ojiverde, causando que Shirou sonriera por lo bajo. '¿Colección? ¿Desde cuándo ando juntando espadas?'

La reunión con Amakuni, no tomó realmente mucho. El hombre había mirado el plano de garabatos que Shirou había preparado con anterioridad durante las semanas pasadas bajo la instrucción de Paracelsus, y rápidamente soltó preguntas.

"El molde de una Espada Azoth, si. Me ha tocado hacerlo antes, una vez." Comento mientras atusaba su barba, antes de señalar la forma del plano mostrado. "¿Algo así? Hmm, un tantou seria lo mas apropiado, ya que no debería de ser algo tan grande. Volvería un poco difícil trabajar las dos mitades, eso sí."

"Si, es más bien una daga. Lo único importante es que esté hueca para que se le pueda insertar el núcleo. Y los demás grabados, eso sí." Recordó Shirou, orgulloso de que se hubiera aprendido de memoria detalles así.

"Ya veo." Amakuni enrollo el plano antes de guardarlo en su bolsillo. "Preparar las dos mitades tomará hasta eso de Junio, quizás un poco más. Pero puedo prometer que antes de la segunda semana de Julio estará más que listo."

"¿Ah? ¿Tanto tiempo?" Pregunto primero Shirou, algo extrañado, solo para ruborizarse al caer en cuenta de lo desconsiderado que pudo haber sonado. Menos mal Hisui no estaba presente, aquello lo hubiera hecho sentir peor.

Afortunadamente, Amakuni no pareció tomárselo a mal a juzgar por la sonrisa amena que ofreció antes de levantarse y tomar una pequeña cazuela de barro, misma que colocó en el espacio entre ambos antes de retirarle la tapa de manera que pudiera ver el interior.

"¿Eso es?" Shirou alzó una ceja al ver lo que parecía ser una especie de polvo grisáceo.

"Satetsu, arena de hierro. Es la cuna del acero que los que nos dedicamos aún a este arte usamos. Extraerlo no es difícil, pero sí tedioso. Toma tiempo juntar una cantidad enorme, y todavía más trabajarlo por medio del horno para eliminar cuánta impureza se pueda de este." Le explico mientras paseaba su índice sobre el polvo grisáceo. "Después de tener el acero sería moldearlo de manera adecuada, y hay un detalle adicional en vista de lo que estás pidiendo. ¿Puedes notarlo?"

El parpadeo de Shirou fue la única respuesta que alcanzó a recibir, provocando que Amakuni riera por lo bajo antes de sacudir ligeramente su cabeza. "Los secretos de la herrería tradicional deberían de permanecer ocultos a los no iniciados. Pero ese indulgente una vez más. Preparar una cuchilla mundana tiene su talento, pero una para propósitos más especiales requiere medios más...Curiosos."

Comentarios enigmáticos aparte, Amakuni terminó por aceptar la comisión tras comentar que anunciaria una fecha concreta para la entrega de los materiales para el núcleo. Fuera de ello, el costo será sufragado por su padre. Tras agradecerle y desearle un buen día, Shirou salió de la estancia,topándose no solo con Hisui, sino que también con Kohaku. La forma en cómo las dos gemelas se encontraban apostadas lado a lado contra la puerta ayudaba a notar el enorme contraste entre ambas pese a su apariencia idéntica.

Donde Hisui era toda sonrisa, su hermana mayor parecía querer tomar el lugar de uno de los tapices en las paredes.

"¿Cómo te fue?" Preguntó inmediatamente la ojiverde. Shirou apenas miró por el rabillo de su ojo como la misma pregunta se podía ver reflejada en el visaje de su amiga, antes de responder.

"Bastante bien. Touzaki-san dice que llamará para cuando tenga que entregar unas cosas que necesita." Comento, mientras se rascaba la nuca. Hisui pareció querer preguntar más cosas, hasta que una mirada tentativa a su hermana hicieron que algo brillara en su rostro y asintiera.

"Me alegra eso. Oh, hay algo que debo hacer." Dijo antes de caminar a un ritmo un tanto acelerado, dejando a los dos solos en el pasillo. Hasta Shirou podía notar como era una forma de permitirles hablar discretamente.

"¿Pasa algo?" Le pregunto.

"Necesito que me hagas un favor." Pidió Kohaku, sorprendiendole enormemente. Era la primera vez que escuchaba como le pedía algo así. Intrigado, levantó una ceja antes de asentir.

"Claro. ¿Qué necesitas?" Le pregunto.

"Si vas al mercado de Shinjuku. ¿Podrías comprar algo para mí?" Más raro era aún ver como Kohaku lucía hasta ansiosa pese a no mostrarlo abiertamente. Él asintió nuevamente tras preguntarle qué cosa.

"No creo que sea difícil de encontrar. Te lo compensare." Finalmente, reveló el dichoso artículo. "Pregunta por una piedrasangre."

xXx

Subterráneo de Shinjuku - Tokyo.

14 de Mayo de 1997, 2: 27 PM…

Más de dos semanas exactamente, fue el tiempo que tomó para que pudieran realizar el viaje hacia Shinjuku de acuerdo a Kiritsugu. Durante ese tiempo, Shirou había hecho de todo menos descuidar la única práctica que podía realizar con resultados medio destacables. Muy raras eran las ocasiones donde no se encontraba en el patio trasero concentrándose en arrojar continuamente el platillo que había adquirido para ese propósito, todo mientras ejecutaba rápidamente la corta cadena de sellos de mano que le permitia rápidamente conectarse con el platillo y dirigirlo nuevamente hacia su mano una y otra vez. El proceso era tedioso, y por no decir aburrido. Más de una vez Shirou de la pura molestia había aprovechado para proyectar una copia del boomerang y manipularla por medio del enlace psíquico que compartía con esta.

Si tuviera que describir ambas experiencias fuera de la facilidad respectiva de cada una, Shirou diría que mientras que controlar su proyección se sentía como si estuviera hundiendo su mano en un guante bien usado al que estuviera acostumbrado, mientras que el Hihatsuhou era como haberla metido adentro de una bolsa de hule e intentará sostener un objeto firmemente con esta a la par que se le resbalaba de los dedos.

Por otro lado, usar los circuitos mágicos de su Cresta en lugar de sus naturales para poder ejecutar forzosamente la otra técnica que Yoshinori le había enseñado no había tenido resultados muy optimistas. La primera vez que Shirou lo había intentado, había comenzado despacio por los tres circuitos salidos desde la Cresta para poder conectar con el resto, y una vez que los anillos giraron sobre sí para indicar que se encontraban activados, ejecutó el pequeño ritual.

Fuera de un cosquilleo extremadamente leve cuando utilizo el sello de mano que hasta ahora no había producido reacción alguna, cualquier señal de energía mágica alineada con el viento prácticamente brillo por su ausencia.

"Es de esperarse." Le había dicho Paracelsus, quien servía de testigo. "Esos circuitos mágicos no son suyos, nunca podrás conectar de una manera perfecta con ellos de manera natural. Necesitarías un medio ajustador para lograrlo y aun así tampoco sería al instante."

La paciencia si que no era lo suyo. Pero eso lo llevaba a repetir continuamente el ciclo con la esperanza de que a fuerza de voluntad pura y esfuerzo se manifestara el cambio. Aunque si algo bueno resultó de todo ello, es que le ayudó a pasar el tiempo hasta que llegó la mitad de Mayo, y con ello la esperada visita al mercado de Shinjuku.

El viaje de Misaki a Tokyo no había durado tanto, pero el tráfico de la capital seguía siendo de lo más monstruoso y logró cobrarse un par de horas antes de que pudieran encontrar un estacionamiento lo suficientemente cercano a la entrada conocida por ambos. En su cabeza, Shirou se prometió así mismo el encontrar eventualmente otra para futuras secuelas de viajes así. Cualquier cosa debía de ser mejor que el laberinto entre cloacas con toda clase de olores que desearía no haber detectado, junto con las cosas que se movían entre las aguas negras.

'Si resulta que aquí hay cosas como esas cosas hechas de tierra que enfrente en el bosque, no me sorprendería.' Pensó Shirou al poder percibir claramente como algo parecía estar 'flotando' debajo del último puente que debían cruzar para llegar a la entrada del mercado. Una vez ahí, descendieron por las escaleras y se internaron en el corredor principal entre los puestos.

La vez pasada, Shirou había echado un vistazo ocasional a sus alrededores debido a la curiosidad que sentía, pero había entendido que estaban ahí para poder consultar a la persona que Sougen había recomendado, no para visitar los puestos. Tampoco había sido como si hubieran tenido tanto tiempo, ya que ese día al cabo de menos de un cuarto de hora recordaba como Kiritsugu le había pedido que le esperaba en un puesto de libros viejos mientras él iba a otra parte.

Negro y amarillo ocuparon un poco su vision por el rabillo del ojo, y no tardo en divisar a un uniformado con un casco extraño que cargaba un arma de fuego y parecia estar patrullando los alrededores. Interesantemente, Shirou logró sentir por medio de la mano de Kiritsugu que sujetaba como su padre adoptivo parecía tensarse.

'Curioso.' Pensó Shirou ante esa reacción. '¿Que no habíamos visto a uno de esos justo la otra vez? Me pregunto qué hay con eso.'

"¿Sabes exactamente qué es lo que vas a querer comprar?" Pregunto de la nada Kiritsugu, ajeno a los pensamientos de su hijo. El hombre había fruncido el ceño mientras miraba los puestos más cercanos. Por su parte, Shirou acarició el bolsillo dentro de su chamarra donde yacía el cristal de Paracelsus, recordando lo que le había dicho.

"Dijo que lo importante de la Espada de Azoth fuera del hechizo que va a ser grabado después en esta, son dos cosas. Una tiene que ser una gema que va a ir a parar en el pomo y lo demas tienen que ser ingredientes mágicos para el núcleo de la cuchilla."

"¿Y hay algo que se tiene que seguir con estos?" Continuó preguntando Kiritsugu, a lo que Shirou pudo responder con facilidad.

"Cinco de ellos. Uno por cada uno de los elementos normales." 'Sin contar lo que Kohaku pidió, piedrasangre.' Shirou frunció el ceño mientras observaba los puestos. "¿Habrá algun sitio aqui que lidie con cosas de alquimia? Volveria mas facil la busqueda."

A decir verdad, Kiritsugu recordaba un nombre mencionado por Sagara durante la primera vez que había estado en el sitio. Parecería un buen lugar para empezar. "Me parece que hay uno."

Varios minutos después, tras pedir unas direcciones, los dos Emiya se encontraron en el puesto que Kiritsugu recordaba, atendido y todo por el mismo joven. La carpa no era muy grande, por lo que el espacio en su interior se notaba escaso, y fuera de un cuadrado no mayor a dos metros en el medio, uno creería que el ocupante se sentiria asfixiado por los estantes con toda clase de pociones e implementos que escapaban el conocimiento de Shirou.

"¿Jinga-san?" Escucho a Kiritsugu preguntar.

Este levantó su rostro de un recipiente de cristal que contenía una sustancia rojiza y parpadeo antes de terminar por incorporarse. "Si, ese soy yo. ¿Que se le ofrece?" Pregunto, antes de notar a Shirou y corregirse. "Digo. ¿Que se les ofrece?"

Kiritsugu colocó su mano derecha sobre el hombro de Shirou a modo de indicarle que podía hablar, y este carraspeo un poco antes de hacerlo. "Algunos ingredientes para el núcleo de una Espada Azoth."

"¿Oh?" El joven alzó una ceja ante la petición. "Ya veo. ¿Tiene preferencias, jovencito? Tengo aquí bastantes materiales para los dos segmentos más importantes de los cinco."

"El mejor de cada uno." Pidió Shirou, tras dirigirle una mirada a Kiritsugu que preguntaba por su aprobación, misma que el hombre dio sin problemas.

"Permítame un segundo." Fue el turno del joven de pedir, antes de dar la vuelta y dirigirse hacia uno de los muebles, compuesto por múltiples cajones con etiquetas llamativas grabadas en símbolos confusos. Tras unos breves instantes de titubeos, Seiji finalmente se decantó por el de en medio del cual extrajo una caja de madera pintada en verde que fue a parar a una plataforma encima del mueble mientras que el alquimista abría un segundo cajón, sacando de este una similar de un color completamente opaco.

Una vez con ambas a su alcance, Seiji las tomo de regreso al mostrador donde las deposito antes de abrir la primera de ellas, agarrando algo del interior solo para colocarlo frente a Shirou, quien parpadeó al ver a la curiosa piedra sobre la superficie de madera. Un guijarro de forma ligeramente ovalada y textura lisa con un color enebro un tanto opaco.

Sniff, sniff.

Olerla le provocó una sensación un tanto similar a la de una charca con lodo. Al lado de él, Kiritsugu reconoció de inmediato lo que era.

"Bufonita."

"Correcto." Seiji sonrió, antes de colocar el índice de su mano derecha sobre la piedra. "Esto de aquí solo necesita ser triturado para convertirse en el componente tierra de tu núcleo. Es una piedra especial que solo se obtiene del interior del cráneo de un sapo mágico."

"¿Del interior del cráneo de un sapo?" Shirou no pudo evitar imaginarse a Paracelsus usando un taladro primitivo para abrirle la cabeza a uno de esos animales antes de sacar una piedra así y colocarla en un frasco, junto con otras manos.

"Bueno, tan solo sostenerla ayudará a repeler cosas que atenten contra tu salud, solo que no recomiendo comerla... Puede hacerle cosas muy interesantes a tu estómago." Se encogió de hombros Seiji antes de elaborar un poco más. "Tienen otros usos como ingredientes para ciertas pociones."

"Ya veo." Los ojos de Shirou se posaron en la otra caja. "¿Y qué hay ahí?"

Seiji abrió la siguiente caja, y de esta manifestó un trozo de... ¿Piedra?. Se trataba de una que Shirou no creía haber visto antes. Una lámina retorcida con más de un borde afilado y lo suficientemente oscura como para confundirse con el recipiente que la contenía.

"Obsidiana." Presentó Seiji, casi acariciando el enorme trozo del mineral. "Vidrio volcánico, común en muchas partes del mundo y contradictoriamente valioso. Esta belleza de aquí no es local, lo compre en Filipinas a alguien de América Central."

"Tengo entendido que los Cimientos del Cielo son los que controlan el mercado de dicho material." Intercedio Kiritsugu, observando el trozo de vidrio oscuro con cierto interés. "Las piezas más grandes y de mayor calidad cuando no van para ellos, son vendidas a quienes tengan el dinero para pagarlas."

"Los tlatoque adoran su dinero, si." Asintió Seiji mientras le propinaba una palmada a la obsidiana. "Es básicamente, lo más cercano que encontrarás a fuego de forma sólida. Este sería el componente de dicho elemento... Para los otros dos, veré que puedo hacer." Añadió con una expresión un tanto insatisfecha.

"¿Dos? ¿No serían tres?" Shirou preguntó, un tanto confundido. "Agua, Aire y Vacío."

"El agua no es importante." Reveló entonces Seiji. "Para el núcleo de igual forma tienes que derramar tu propia sangre cargada con energía mágica, aquello es más que suficiente para el componente del agua. Eso deja solamente a Aire y Vacío."

Lo de la sangre lo recordaba ya, pero el hecho de que sustituyeran al mismo tiempo el agua tenía sentido, si lo pensaba bien. "¿Y qué hay con ellos dos?"

"El aire tiene pocos objetos asociados con este a diferencia del resto de los elementos. Eso hace que muchos utilicen su aliento cargado con energía mágica para no complicarse la vida. Y después están los que usan partes del cuerpo de algún pájaro, normalmente debería de ser cualquiera que pueda volar." El alquimista casi parece reír al recordar alguna anécdota. "Aunque hubo alguien que usó las plumas de una gallina que justamente acababa de sacrificar, le salió bien."

'Entonces usaré las plumas de un cuervo... De donde sea que pueda conseguir unas.' Pensó Shirou mientras asentía antes de enfocarse en el último. "¿Y Vacío?"

Ahora le tocaba a la expresión insatisfecha de Seiji regresar con algo más de fuerza mientras que el joven soltaba un suspiro. "Mucho me temo que ya no tengo cúmulos de éter, que es lo que mejor sirve. Ni siquiera lo suelo fabricar a propósito, recolecto lo que sale de algunos de mis experimentos y lo vendo por ahí. Pero justamente el último bote de arcilla líquida fue vendido ayer a un caballero que venía de paso."

"Oh." Shirou no pudo evitar sentirse un tanto decepcionado, pero supuso que dos de los componentes a la mano no era mala cosa. Pero el alquimista no parecía haber terminado aún.

"Aunque, tengo un amigo que realiza exorcismos en un puesto no muy lejos de aquí que quizás tenga un par de frascos, eso o ectoplasma que también puede servir." Sugirió Senji, causando que Shirou se animara un poco al ver que aún podía conseguir algo más. "¿Esto sería todo, entonces?"

Muy para la sorpresa de Kiritsugu, que ya se estaba preparando para extraer el dinero que habría de exigir el alquimista, Shirou realizó otra pregunta. "Ah, espere. ¿De pura casualidad tiene una piedrasangre?"

"¿Piedrasangre?" Seiji lo miró confundido. "Raro, jamas habia escuchado de alguien queriendo usar una para una Espada Azoth."

"Ah, no. No es para eso..." Corrigió Shirou, antes de añadir. "Es otro pedido."

"Iré a revisar." Le respondió el alquimista antes de dar la vuelta en dirección hacia otro de los muebles a sus espaldas. Mientras tanto, Shirou noto la mirada expectante de su padre adoptivo. "¿Para qué necesitas una piedrasangre?"

"No es para mi. Kohaku me preguntó si podía conseguirle una viendo que iba a estar aquí." Le reveló Shirou, sin llegar a ver como una expresión de realización se manifestaba ligeramente en el rostro de Kiritsugu. 'Así empiezan.'

Casi al mismo tiempo, Seiji regresó mientras depositaba un frasco en cuyo interior yacía algo que a Shirou se le figuró como una gota enorme de un carmesí profundo con un patrón amarillento en el centro que emitía un leve brillo opaco. La gota en sí, no parecía ser completamente sólida, casi como una gelatina atrapada en un estado de derretimiento permanente. "Están de suerte. Quedaba solamente una, la arranque de uno de los Gazers que deambulan por estas cloacas."

'¿Gazers?' "Oh, gracias. ¿Cuanto seria?" Pregunto Shirou, no creyendo que tomaría tanto.

"Un momento." Pidió Seiji antes de guardar el enorme trozo de obsidiana de regreso en la caja y extraer uno más pequeño, mismo que junto con la bufonita que había mostrado primero fueron a parar al lado del frasco. "Serian unos 6700 yenes."

Una vez que Kiritsugu pago dicha cantidad, Seiji les indico que camino seguir hasta el siguiente puesto que había recomendado. Tras agradecerle, padre e hijo partieron en aquella dirección, teniendo una mejor oportunidad de poder verlos alrededores del mercado hasta encontrar un trayecto un tanto familiar para ambos; el camino que bordeaba el enorme puesto de libros por un lado y toda una serie de tiendas que vendían desde telas de todo tipo, hasta lo que parecía ser la extraña mezcla entre un vivero y legumbreria. Kiritsugu noto casi con humor como cierto árbol carnívoro que había visto durante su primera visita se hallaba ahí.

"¿Crees que algun dia podremos visitar otros mercados así?" Le pregunto Shirou de la nada, provocando que Kiritsugu reprimiera un resoplido un tanto exasperado. Tres años, quizás dos era su esperanza de vida de acuerdo a Sougen, pese a que muy en el fondo quisiera compartir la convicción de su hijo adoptivo, toda una vida marcada por decepciones crueles le habían dejado de lo más cínico, y la última vez que se había atrevido a arriesgarse con una esperanza así lo había condenado. Sin embargo... Si deseaba al menos que Shirou pudiera cumplir la otra parte de su promesa, aquella al respecto de Illya, era inevitable que tuviera que guiarlo fuera de Japón. El campo de juego en Europa era mucho más complejo y vasto que en el pequeño país del sol naciente, después de todo. "Quizás podríamos conocer otros que hay en Japón, y luego al más grande que existe, en China." Le ofreció casi distraídamente.

'¿Que estoy haciendo?' Y ahí estaba, casi el reproche de su yo más pragmático. 'De no ser por el contrato que nos ata con los Tohno, lo habría llevado ya lejos de aquí en dirección hacia el continente. Usando los contactos de Natalia, habría asegurado de una forma u otra que pudiera ser alistado por mi y quizás establecerse como alguien de seguridad privada. Lidiar con los Einzbern es lo difícil de todas formas.' Pensó, aguantando las ganas de sacudir su cabeza. 'Pero no. Esta servidumbre nueva, lo peor que puede ocurrir es que se trate de un trabajo que tome más de una vida, y aquello llevaría a Shirou a repetir el ciclo cuando sea un adulto a menos de que los hijos de Makihisa consideren anularlo.'

Ahí estaba una idea, pero a esas alturas se trataba de una fantasía más irreal que de costumbre. Pero por otra parte, lo que no lo era se trataba del borde del cuchillo metafórico donde se sentía respecto a Shirou y el trato que sentía que debía de darle contrario al que sabía que debía de darle.

'Diez años tiene, no tendrá más de doce cuando yo me vaya. Más que yo cuando ocurrió lo de Alimango... ¿De verdad debería de desaprovechar sus últimos años conmigo aun si se trata de prepararlo para lo que viene?'

Una voz un tanto burlona y seca, aderezada con el hedor a tabaco de una marca horrenda que hace tiempo que no escuchaba le respondió.

"Se terminó el recreo, niño. No soy ninguna niñera y esto no va a ser un patio de juegos. Si estorbas, te mueres. Ya sea porque un chupasangre decide sorberte como un cuenco de Borscht o porque un buen día te abandone en medio de la multitud sin mirar atrás."

Natalia no hubiera estado nada impresionada con su situación actual. Y en cuanto a cómo trataría a Shirou, por otro lado... Si es que no ponía de inmediato una pistola en sus manos y le enseñaba a disparar o miraría peligrosamente su peculiar afinidad hacia objetos punzocortantes, solo para instruirlo en módicas formas de emplearlo para asesinatos.

"China, huh." La voz de Shirou sirvió para afortunadamente sacarlo de esos pensamientos. "Me pregunto como seran allá."

"Estoy seguro de que algun dia podras averiguarlo." Ofreció Kiritsugu, recordando algunas de sus experiencias ahí. 'La Mansion Espiral... ¿Qué tan difícil sería para Shirou el poder entrar ahí? El ambiente no es muy distinto al de la Torre del Reloj, pero hay ciertas distinciones que le quedarían mejor que lo que hay en Inglaterra."

"Sería la primera vez que me muestres un lugar a donde hayas ido antes." Continuó Shirou, ajeno a la mirada cansada de Kiritsugu al escuchar aquello. "Oh, creo que ya llegamos."

Efectivamente, el sitio era tal y como Seiji Jinga lo había descrito. Ni siquiera se trataba de una carpa, más bien una especie de parapeto con un techo de lamina decorado con una que otra teja de estilo tradicional con el fin de disimular la cutrería. Como cereza en el pastel, un cartel en el cual estaba sujeto por medio de un clavo atravesando su cuerpo, la silueta recortada de cartón de un fantasma de rostro alargado con ojeras enormes y labios gruesos, mostraba una boca abierta con una lengua desproporcionada. Cualquiera que lo viera hubiera creído que la imagen del pobre espectro estaba sufriendo una indigestión.

El cartel rezaba: "Exorcismos y Maldiciones" en conjunto con el símbolo del Yin-Yang mal pintado.

"¿Entramos?" Pregunto Shirou, a lo que Kiritsugu asintió. Sin embargo, apenas pusieron un pie adentro de la tienda, ambos se quedaron atónitos tras contemplar lo que yacía en medio de esta.

"¿Que?" Shirou definió perfectamente lo que los dos pensaron tras ver una inmensa jaula de cristal con las esquinas ornamentadas, en cuyo interior se encontraba una especie de cosa.

"Awooooo."

Una membrana gelatinosa se agitó contra una de las paredes antes de desvanecerse mientras que el resto del cuerpo se abultaba continuamente antes de disparar uno que otro zarcillo contra el resto de estas. Todo ello, mientras que una serie de descargas conectaban con el cristal dando la imagen de una gigantesca lámpara de plasma. La criatura en sí no tenía colores, era como un voluminoso trozo de carne transparente inquieto que se abultaba constantemente, hasta que logró revelar una figura un tanto más definida en la forma de un rostro con tres ojos desproporcionados y verduzcos, el tercero en medio de ambos en un estilo vertical, una nariz gruesa como una manzana y tan solo dos colmillos curvos colgando desde su boca, que había sido desprovista de una quijada. Para terminar, un par de orejas que parecían ser de elefante adornaban los costados del rostro.

Era como si un bulldog hubiera sido cruzado con una medusa en medio de un frenesí, y el odio entre ambas partes hubiera quedado forrado en todo el ser de la cosa esa.

"Quieto." Gruñó un hombre detrás de la jaula, mientras agitaba continuamente un vistoso collar de cuencas con ciertos caracteres especiales grabados en medio de estas. "Condenado demonio." Se le escuchó farfullar antes de bajar el tono de su voz para poder recitar algo que ninguno de los dos alcanzó a entender. Lo que fuera ese hechizo, pareció funcionar porque de inmediato una luz amarillenta envolvió tenuemente las paredes, causando que la criatura detuviera su frenesí antes de tornarse nuevamente transparente con la excepción de cierta distorsión en medio de la celda, desde donde se podía ver a uno de los ojos mirando con un marcado recelo al hombre, quien soltó un suspiro de alivio mientras se llevaba una mano a la frente.

"Uno de estos días lo arrojaré a la bahia." Sentenció.

"Eh, disculpe." Shirou levantó su mano derecha, sin perder de vista a la jaula. "¿Que se supone que es esta cosa?"

"Un error, eso es lo que es." Respondió el hombre sin tanta mala gana mientras meneaba su cabeza de un costado a otro a la par que le daba una palmada por encima de la jaula. "La barrera de una casa fue corrompida por algo, y este Nurikabe salió de ahí cuando el dueño olvidó hacerle mantenimiento. No se dio cuenta de que estaba ahí hasta que la mascota de sus vecinos terminó por ser atrapada dentro de su cuerpo. Un par de talismanes y esta jaula fueron suficientes para encerrarlo aquí. Pensé que sería un buen adorno, pero hace un escándalo a cada rato."

"¿De una barrera?" Shirou olfateó casi instintivamente el aire para intentar atisbar una muestra de la criatura, parpadeando una vez que logró detectar algo familiar. "¿Esta cosa era un Campo Delimitante? ¿Que rayos?"

Inmediatamente, Shirou miró a su padre adoptivo con un semblante un tanto preocupado. "Dime por favor que le das mantenimiento a los que tenemos en la casa."

Por su parte, Kiritsugu tomó una bocanada de aire mientras ponía los ojos en blanco, y se dirigía hacia la otra persona adulta. "Yanagita-san, supongo."

"Ese soy yo." Respondió el hombre, alzando una ceja. "¿Se les ofrece algo?"

"Ah, Jinga-san nos comentó que aquí podríamos comprar algunos cúmulos de éter o ectoplasma. Se le acabaron los primeros a él y nos recomendó este sitio." Le informo Shirou.

"Arcilla liquida." Yanagita frunció un poco el ceño antes de encogerse de hombros y dirigirse hacia lo que parecía ser una especie de ropero, el cual abrió y donde anduvo buscando por unos instantes antes de regresar con un recipiente semi-transparente repleto de una especie de arcilla grisácea.

Sniff, sniff.

Si bien olía un poco a lo que Shirou había detectado el año pasado en la ropa de Kiritsugu durante su exploración de la mansión abandonada en Fuyuki, había otras cosas ahí que le hacían dudar del material. Y algo debió de haberse notado en su rostro, porque Yanagita al instante agregó.

"No es arcilla líquida pura." Advirtió mientras abría el recipiente, permitiendo así que se pudiera notar como la textura estaba llena de grumos y arrugas que recordaban a ratos a la piel de un elefante. "Esta viene de un cúmulo grande que alguien usó para manifestar un Slime bastante agresivo. Un conocido lo mató hace meses, y me quede con lo que quedó después de eso."

'¿Qué es un Slime?' Quiso preguntar Shirou, optando por inspeccionar nuevamente los grumos y negar con la cabeza. Algo le decía que eso no serviría, pero afortunadamente estaba la otra opción. "¿Tendrá ectoplasma, entonces?"

"Oh, si. Mucha." Asintió Yanagita antes de ladear un poco su cabeza hacia un costado. "Pero. ¿Para que la necesitan?"

"Oh, solo como componente para el núcleo de una Espada Azoth." Le informo Shirou, esperando que el hombre tuviera una idea de ello. Con Seiji Jinga viendo que era un alquimista, no había problema. ¿Pero el tendero actual? Shirou ya había experimentado de primera mano en Azumi cómo era que los magi tradicionalistas no parecían estar tan al tanto de cosas que eran occidentales.

"Un componente, ah." Yanagita meneo con la cabeza. "Ectoplasma serviria, pero tengo algo mucho mejor." Comentó antes de dirigirse nuevamente hacia el ropero y esta vez demorarse un rato más en lo que padre e hijo compartían una mirada solo para encogerse de hombros posteriormente. "Lo tengo."

Yanagita regresó con otro frasco, notablemente más grande y lleno hasta el borde con algo que de inmediato paralizó a Shirou; se trataba de una especie de polvo de una coloración púrpura profundo que se le figuraba como algo que se oscurecía entre más lo miraba. Olerlo le produjo de golpe una sensación medio opresiva que le recordó al papel viejo, más específico a algunos de los libros más antiguos que había leído durante sus estudios.

"¿Qué es esto?" Pregunto.

"Polvo de Vacío." Sonrió Yanagita mientras tocaba la tapa del frasco con su dedo índice. "Muchos magi suelen comunicar con espíritus y buscan invocar la presencia de varios tipos de estos, ya sean de la naturaleza o no, pero entre ellos hay quienes quieren traerlos de una mejor forma. Hace unos meses, alguien intentó ver si era posible invocar al fantasma de cierto sicario de Tosa, pero terminó por traer a algo más. Una sombra vacía y negra bastante violenta que creía estar sosteniendo una espada, porque intentó cortarle los dedos al invocador al instante. Este polvo es lo que dejan estas sombras una vez que dejan de materializarse."

Shirou no lo noto, pero Kiritsugu se había tensado ligeramente por la forma en la cual se había referido Yanagita a la entidad, una forma que había despertado la semilla de cierta sospecha en su interior, que si bien no se trataba de algo que le incumbia realmente, el haber participado en una guerra que empleaba a la mejor forma de los llamados Ghost Liners dejaba sus secuelas.

"Wow." Shirou miró con cierta apreciacion el frasco, antes de preguntar. "¿Cuanto seria?"

La sonrisa de Yanagita fue más brillante que la imitación de lampara de plasma que era la jaula con la criatura fantasmal en medio de su tienda.

Minutos después, Shirou procedía a guardar el frasco dentro del bolsillo opuesto de su chamarra mientras Kiritsugu meneaba la cabeza.

"¿Conseguimos ya todo?" Le preguntó su padre adoptivo, a lo que Shirou asintió, presintiendo que seguramente era hora de irse ya. Distraídamente, alcanzó a notar por el rabillo del ojo algo que casi le hizo paralizarse.

El cabello era común, eso lo concedia. Pero combinado con esos ojos color granate fue suficiente para que Shirou pudiera unir los puntos en su cabeza a modo de recuerdo. El vestido era identico al anterior que habia usado, sustituyendo lo negro por blanco y con un moño de un violeta palido en medio de este.

"Grabatelo muy bien, mi nombre es Misaya Reiroukan. Y yo voy a ser la magus más poderosa de todo Tokyo."

Alcanzó a notar apresuradamente que no venía sola. A un lado, un hombre alto cuyo cabello castaño oscuro de tamaño mediano se dividía en múltiples flequillos, y que llevaba unas curiosas gafas de sol medio rojizas sobre sus ojos. El semblante de éste era sumamente serio.

Shirou de la nada sintió ganas de ir en la dirección opuesta para no toparselos y afortunadamente, una idea le llegó rápidamente. "Ah. ¿Crees que podríamos pasar por el puesto de libros antes de irnos?"Dijo mientras señalaba al pasillo que conducía hacia ese lugar.

Kiritsugu alzó una ceja ante la petición, pero no pareció oponerse. "Quédate un rato ahí. Iré a ver si puedo conseguir unas cosas mías."

Eso le parecia hasta mejor al pelirrojo, quien rápidamente asintió antes de que ambos se pusieran en marcha. Una vez en el sitio, Kiritsugu se encargó de pedirle que mantuviera un perfil bajo, antes de internarse en otro pasillo.

"Hah..." Shirou suspiro, entrando a un andel entre dos estantes donde no había nadie más. Tras comprobar que ningún otro de los ocupantes del enorme puesto estuviera merodeando cerca, extrajo de su bolsillo el cristal y lo activó.

Esta vez, la imagen de Paracelsus no se proyectó fuera del cristal sino que dentro de este, usando una de las caras del prisma a modo de pantalla. "Buenas tardes, Shirou-kun. ¿Has regresado ya de tu viaje?"

"No, aún no. De hecho, estamos en el mercado de Shinjuku aún." Shirou paseó el cristal ante los estantes a modo de poder mostrárselo. "Este es el puesto de libros."

"Ya veo." El alquimista parpadeo mientras le echaba un vistazo a sus alrededores. "¿Y tu búsqueda ha dado frutos?"

Si hubiera un espacio libre donde poder acomodar el cristal que no fuera el suelo, Shirou lo habría hecho para poder enseñarle los materiales. "Pues, conseguimos los componentes de tierra, fuego y vacío. Son una bufonita, un trozo de obsidiana y polvo de vacío."

"Una bufonita, bastante lógico." Aprobó Paracelsus mientras asentía. "¿Obsidiana? Hmm, bastante creativo. Ciertamente más creativo que las brasas de una hoguera ritualista... Pero polvo de vacío, me esperaba que encontrarás un cúmulo de eter."

"Resulta que no habia... Solo arcilla líquida que no era pura según el vendedor." Respondió Shirou de manera apologética. "Dijo que el polvo de vacío como era producido era raro, pero que serviría bien para lo que lo necesitaba."

"¿Dijo que era raro?" Se notó como Paracelsus alzaba una ceja con un dejo de incredulidad. "¿Cobro una cantidad elevada de dinero?"

Si bien Kiritsugu no parecía preocuparse por gastos así, Shirou sabía bien que lo que habían comprado no había sido para nada barato. Con ese dinero, tenía la sospecha que hubieran podido comprar los dos estuches que Seiji Jinga había extraído de sus cajones. "Si. ¿Porque?"

"Porque mucho me temo, que los han estafado." Señalo Paracelsus secamente, causando que Shirou abriera los ojos de par en par. "El polvo de vacío es muchas cosas, pero raro no está entre ellas. Lo producen los llamados Ghost Liners que han sido invocados de manera incompleta o errónea de una forma u otra, obligados a materializarse de una manera que a veces solo está un paso o dos por encima de un espejismo. En cualquier tierra donde abunda el misterio, haya una alta concentración de remanentes de pensamiento y se arroje descuidadamente energía mágica, podría llegar a manifestarse uno. En menor grado que partículas de éter y ectoplasma, naturalmente."

Shirou sintió un vuelco en el estómago mientras se ruborizaba, al enterarse de que les habían visto la cara de tontos. Al notar aquello, la expresión de Paracelsus se suavizó un poco.

"Es algo perfectamente normal en todas las eras, Shirou-kun. Aunque he de comentarte que te sirva como experiencia para adquirir un mayor conocimiento sobra substancias mágicas. Para poder preparar dicho elixir será indispensable que tengas que instruirte en la creación de brebajes."

'Si, no es como si pudiera dejarle todo ese trabajo a Kohaku.' Pensó Shirou con una mueca mientras le echaba un vistazo a los estantes. "Ah, es verdad. Hablando de eso, quería saber si me podías ayudar a encontrar algún libro que me pueda servir entre estos. La última vez que vine, solo estaba buscando de shugendou pero no encontré ninguno." 'Y justamente el único de runas que había me lo ganó alguien más.'

"¿Libros?" Paracelsus inspeccionó nuevamente sus alrededores con una expresión pensativa. "Hmm, tendría que revisar algunos de los títulos. Si no te importaría acercarme a ellos."

Shirou asintió, antes de comenzar a caminar mientras se aseguraba de pasar el cristal sobre las hileras repletas de libros, permitiéndole así el alquimista poder examinar al menos los lomos de estos donde rezaban los títulos. Al cabo de unos minutos, este pudo comentar. "Puedo reconocer un puñado a partir de varios que leí de parte de mi Master anterior mientras trabajaba en su comisión. Sin embargo, ninguno de ellos es un texto que atañe en lo más leve al tema y me temo que es de esperarse, los que contenían información realmente valiosa parecían provenir de una colección bastante selecta que no dudo que le habra tomado bastante en tiempo y recursos invertidos para adquirir."

"¿Y algún otro podría servirme?" Shirou por su parte alcanzó a reconocer algunos, como una introducción al Houjutsu que había literalmente abandonado tras no poder entender ni la primera página.

"Buena parte son de tradición oriental, en la cual no estoy lo suficientemente bien versado como para emitir un juicio al respecto." La expresión de la Inteligencia Artificial adquirió una leve nota de disgusto al mirar un par de tomos específicamente. "Mientras que algunas de las que son occidentales por otra parte se orientan a la Brujería y otras formas de Magia Negra, caminos un tanto retorcidos."

"Brujeria..." Shirou recordó como Paracelsus había mencionado ese tipo de taumaturgia durante algunas conversaciones. "¿Es algo malo?"

"No necesariamente." Dijo Paracelsus con un semblante un tanto serio. "Sin embargo emplea medios que pueden llegar a ser de un gusto bastante pobre y sin mencionar que realiza aun principios que fuera de ser primales, rayan en lo brutal. Cuando estudiaba filosofía natural en mi juventud y observaba sus procesos, procuré evitar contacto con dichas disciplinas."

"Oh." Viendo que Paracelsus había dicho que para describir a la Brujería real que muchas "Cosas que bien podría asociar con la mala imagen de usuarios de magia" quedaban perfectamente ahí, se podía llegar a dar una idea de a qué se refería concretamente. En eso pensaba cuando miraba distraídamente los libros, hasta toparse con uno en la hilera más baja que de inmediato le llamó la atención.

'¿Ah?' Se agacho para poder verlo mejor, y señaló al lomo. "Oye, ese tiene tu nombre."

Y efectivamente en la superficie de cuero se podía ver grabado en letras plateadas medio borrosas la siguiente inscripción: Paracelsus.

"Alguno de mis trabajos." Dedujo el alquimista, intentando notar si en el lomo había algo más que le pudiera indicar de cuál de ellos se trataba. "Probablemente Metamorphosis Theophrasti. ¿Te importaria sacarlo?"

Shirou de inmediato obedeció tras asentir, provocando que una pequeña nube de polvo se cerniera desde el espacio que había provocado el libro, indicando que este había permanecido una cantidad considerable de tiempo en dicho lugar desde que lo habían agarrado por última vez. La cubierta era un fondo igual de cuero en un tono marrón-rojizo apagado, fiel testimonio de lo añejado que estaba, pero afortunadamente el título si que era legible aún, aunque leerlo hizo que a Shirou sintiera una jaqueca.

'Qué nombre más largo...'

Ex Libro de Nymphis, Sylvanis, Pygmaeis, Salamandris et Gigantibus, etc

"Ohhh, vaya. Justamente tenía que ser ese, de los pocos que escribí y publiqué por mi cuenta." Lo reconoció Paracelsus un tanto animado. "El Libro de las Ninfas, Silfos, Pigmeos, Salamandras y Otros Espíritus. Casi me suena como si fuera ayer cuando termine de redactarlo."

Era una experiencia bastante surreal el hecho de que estuviera hablando en persona con el autor de un libro, y más aún viendo que esta persona era de cientos de años atrás. Por puro impulso, Shirou lo abrió y de inmediato sintió otro dolor de cabeza al advertir que estaba en otro idioma que ni siquiera era inglés. "Hmm. ¿Algo de ayuda, por favor?"

"El latin era la lengua de los intelectuales, Shirou-kun." Le informó amablemente Paracelsus al entender su problema. "Me parece que hoy en día no es algo indispensable en la Asociación de Magos, por si lo preguntas. Pero mucho me temo que casi todos los documentos importantes de mi tiempo se encuentran originalmente escritos en este."

'Y yo apenas entiendo ingles.' Pensó frunciendo el ceño mientras miraba las páginas que iba recorriendo poco a poco. Si bien en todas se podía ver el mismo idioma, en cada una se apreciaba también uno que otro cuadro con símbolos extraños así como uno que otro dibujo de seres fantásticos. De inmediato sus ojos repararon en lo que parecía ser una lagartija con ojos saltones que descansaba apaciblemente encima de una hoguera encendida.

"Una salamandra." Le informo la Inteligencia Artificial. "Te preguntarás de qué consiste el libro."

"¿De seres mágicos europeos?" Shirou respondió con una pregunta propia y una ceja alzada.

"No, no exactamente." Negó con la cabeza Paracelsus, riendo plácidamente mientras lo hacía. "Sigue mirando, por favor."

Encogiéndose de hombros, Shirou hizo caso al mover nuevamente las páginas. Grabados de las llamadas salamandras se repetían varias veces, pero había otros más por ahí. Mujeres de apariencia extraña entre cuerpos de agua y cortinas de viento, personas diminutas que moraban entre las rocas, y ocasionalmente pudo apreciar siluetas vagamente trazadas con alas de insecto brotando desde sus espaldas. Sin embargo, seguía sin ver un patrón especial entre ellas.

"Para nosotros los magi, entendemos que el mundo está compuesto de muchas sustancias, las cuales agrupamos dentro de varios elementos. Algunos menos tangibles que otros, y si ignoramos a los más especiales, existen cuatro a los que les ponemos mayor atención: la Tierra, el Fuego, el Aire y el Agua." Comenzó a hablar Paracelsus, haciendo que Shirou dejara de ver los dibujos para ponerle atención. "Sin embargo, había otra cosa que yo quise proponer. Los que se dedicaban a estudiar los cuerpos espirituales desde hace siglos tienen muchas teorías que se contradicen entre sí, muchas de ellas que no podía llegar a juntar armoniosamente por sus fuentes distintas... Ah, pero fue en los trabajos de un magus contemporáneo a mi llamado Agrippa que creí dar con la respuesta. En este mundo tan maravilloso lleno de criaturas extrañas, argumente que existían algunas que corresponden respectivamente a los dichosos cuatro elementos marcados. Salamandras para el fuego, Silfos y Ondinas para el aire y el agua, Gnomos para la tierra. Fue algo un poco... Problemático."

"¿Eh? ¿Porque eso?" Shirou preguntó por curiosidad, tras haber unido los puntos de a qué iba el libro.

"Uno creería que en centros del saber, las nuevas ideas sustentadas serían bien recibidas... Pero desgraciadamente existen aquellos con poca tolerancia a cosas que interrumpan las visiones que tienen de algo." El remanente de Paracelsus suspiro mientras meneaba la cabeza. "En cierta forma, mi teoría resultó ser verdadera. Y el término de Elementales fue acuñado."

"Ohh, vaya." Shirou volvió a mirar el libro, dándole vuelta a la siguiente pagina, solo para entornar los ojos tras mirar como la página de la izquierda era ocupada por un enorme círculo que a su vez encerraba otros dos de tamaño inferior, trazado estratégicamente sobre dos cuadrados en posición de cometa, teniendo al más pequeño siendo dividido en cuatro gracias a dos líneas que brotaban desde la circunferencia del círculo menor. Por otro lado, cuatro círculos colocados estratégicamente sobre el borde del círculo y frente a cada cara del cuadrado podían apreciarse, cada uno con un triángulo distinto dibujado en medio de ellos.

"Esto es un círculo mágico. ¿No?" Pregunto, señalando el dibujo.

"Es correcto, Shirou-kun." Paracelsus admiro el círculo con un interés visible antes de fruncir el ceño y murmurar para sus adentros. "Hmm, y este de aquí encima... Me pregunto si. Shirou-kun. ¿Cuánto polvo de vacío compraste?"

"Un frasco enorme." Respondió Shirou, quien seguía inspeccionando el dibujo. "¿Porque?"

"Se me ocurre algo que podría ayudarte. Solo que antes de eso... ¿Habrá alguna tienda de herbolaria cerca?"

"Ah, si. Justamente del otro lado del pasillo principal hay una. ¿Que es lo que buscas?" Dijo mientras se levantaba tras haber cerrado el libro y colocarlo nuevamente en su lugar.

"Acercate primero. Quisiera comprobar si las hay aquí." Le pidió Paracelsus, causando que Shirou asintiera a la par que caminaba rumbo al pasillo, que estaba desprovisto de transeúntes. No tardó en divisar el puesto y parpadeo tras notar a una mujer sentada detrás del mostrador con una expresión de fastidio mientras sostiene un teléfono celular con la mano izquierda.

"- No, ya te dije que ahí no." Le escucho hablarle al dispositivo, casi apretando los labios mientras agitaba su cabeza. "¿Me estas escuchando, Shizuki?"

Mientras se acercaba, Shirou noto como en la otra mano blandía un cuchillo de hoja curva que descansaba sobre una tabla en la cual se encontraban los restos a medio cortar de una especie de planta extraña. Era como un cúmulo de raíces nudosas que parecían rodear algo que emitía un brillo verdoso.

"¿Esas son raíces?" Murmuró Shirou a modo de pregunta.

"Si. Justamente lo que buscaba." Respondió Paracelsus, indicandole que se acercara. Sin embargo, la mujer parecía estar tan concentrada en su llamada que ni siquiera había advertido su presencia.

"Espera, espera. ¡¿Estás aquí ahora?!" Exclamó la mujer un tanto frenética. "Olvidalo, por allá. No te vayas a mover de ahí, por Dios." Entonces finalmente colgó solo para suspirar mientras cerraba los ojos. Un momento que Shirou aprovechó para poder hablarle, pero antes de que pudiera hacerlo, la mujer abrió los ojos y al instante se fijó en él.

"Tu, niño." Le señaló de una forma tan repentina que no pudo evitar sobresaltarse. "¿Quieres hacer dinero fácil y rápido?".

Sin esperar siquiera a que respondiera, se levantó de donde estaba sentada. "Parte estas raíces espirituales, por favor. Necesito ver a alguien urgentemente ahora." Prácticamente le ordenó tras pasar a su lado cuando comenzó a correr hacia el pasillo y perderse a la distancia, dejando al pelirrojo de lo más confundido en conjunto con el remanente del alquimista en el cristal.

"... ¿Ah?" Shirou emitió inteligentemente antes de mirar el rostro del prisma. "¿Que rayos fue eso?"

"No creo que pueda ofrecer una respuesta, Shirou-kun." Respondió Paracelsus en un tono un tanto entretenido, antes de mirar al mostrador. "Sin embargo, te ha pedido una tarea. Me parece que tienes una oportunidad dorada aquí enfrente."

Encogiéndose de hombros, Shirou caminó hasta quedar detrás del mostrador donde yacía un taburete. Al tomar asiento, miró el cuchillo antes de tomarlo cuidadosamente y examinó las raíces extrañas.

"Raíz espiritual, dijo." Le comento al cristal tras haberlo colocado a un lado de estas. "¿Que hay con estas cosas?"

"En sí, son raíces perfectamente normales... Salvo por el detalle de que estuvieron en contacto con mis llamados elementales, espíritus de la naturaleza o incluso sirvieron como refugio para uno." Le reveló Paracelsus, antes de elaborar un poco más. "Como su nombre lo indica, estos son espíritus nacidos de elementos de la naturaleza como las plantas, el suelo y hasta fenómenos. Los minerales y las gemas que han estado bajo la superficie durante un período prolongado de tiempo a veces pueden hasta contener desde partes de algunos grandes, hasta espíritus pequeños enteros. Dicho fenómeno es especialmente útil en la Taumaturgia de Joyería, por cierto."

Shirou, quien no había comenzado a partirlas aún, le echo un vistazo nuevamente a una. "Eh. ¿Quieres decir que una criatura como las de tu libro tenía su casa en algunas de estas?" La imagen se le hizo un tanto cómica, a decir verdad. "Supongo que una de ellas no fue una salamandra, las veo demasiado enteras para haber sido la casa de una lagartija de fuego."

"No, nada parecido." Rio Paracelsus, con su imagen sacudiendo su cabeza. "Estas raíces sin embargo, son un catalizador idóneo para algo basado en tierra, más que perfectos para un pequeño proyecto que se me ocurrió tras ver ese circulo magico en mi libro."

"Oh. ¿Qué cosa?" Shirou ladeo su cabeza hacia la izquierda.

"Primero corta las raíces, y te diré. Estaré ausente por unos momentos mientras organizo la información que acabo de adquirir." Le pidió la Inteligencia Artificial, antes de que la proyección se 'apagará'.

Encogiéndose nuevamente de hombros, Shirou se limitó a realizar la tarea. Primero observó la raíz que había sido cortada, para darse una mejor idea de cómo proceder, algo que no le tomó mucho deducir para poder ponerse manos a la obra. Usando el cuchillo, procedió a partir las raíces como si se trataran de vegetales para una sopa, algo que imagino para que no se le figurara como algo tedioso.

De vez en cuando, escuchaba pasos a la distancia que indicaban a un transeúnte caminando por el pasillo, pero estos terminaban por perderse siempre. Lo cual era un alivio para él, viendo que si se tratara de un cliente, no tendría ni la menor idea de qué hacer.

Al cabo de un rato, cuando había terminado de partir por completo la cuarta raíz y estaba por empezar la quinta y última, escucho unos más un tanto más cerca que finalmente se detuvieron. Sin hacerle mucho caso, Shirou siguió pasando la cuchilla sobre la raíz hasta que una extraña sensación le invadió, obligándole a alzar la cabeza del mostrador y sobresaltarse apenas sus ojos se toparon por segunda vez con un par que había reconocido no hace mucho.

La niña estaba parada justo enfrente del mostrador y al estar más que cerca, la memoria de la vez pasada era mucho más fuerte. Ocre opaco encaró a granate profundo sin que ninguno de los dos parpadeara.

"¿Se le ofrece algo?" Shirou se atrevió a romper el silencio, sin perderla de vista ni por un instante.

Misaya entorno sus ojos antes de ladear ligeramente su rostro hacia la derecha. "Te he visto antes. ¿No es así?" Preguntó por su parte, haciendo caso omiso a la que el pelirrojo había pronunciado primero, algo que no pasó desapercibido con Shirou, quien optó por permanecer en silencio en respuesta. Si aquello llegó a molestar a Misaya, esta no lo demostró abiertamente, prefiriendo mirarlo como una pieza de rompecabezas que no encajaba en el espacio elegido.

"Si, lo he hecho." Finalmente habló de nuevo, antes de sonreír. "Usabas una gorra si no me falla la memoria. Pero ese pelo y esos ojos los recuerdo bien ahora."

"Dije. ¿Se le ofrece algo?" Repitió Shirou, casi poniendo los ojos en blanco.

"Hmm, veo que tus modales no han mejorado." Misaya se cruzó de brazos, antes de fijarse en el mostrador; o más en concreto, en el cuchillo y los trozos de raíces cortadas. "Veo que alguien trabaja aquí, encima. Que curioso."

"Si, soy el mismo." Finalmente concedió Shirou, preguntando en su cabeza qué mal había hecho para tener que lidiar con algo así en esos momentos. "Si no necesitas nada de aqui. ¿Podrias irte?"

"¿Era tan difícil?" Rio un poco Misaya, antes de retirar forzosamente un flequillo desviado de su costado derecho. "Hmm, no. Aún no, la ultima vez tuve la amabilidad de presentarme pero ahora que me doy cuenta, no recibí la misma cortesía."

"¿Que?" Shirou alzó una ceja ante lo que acababa de escuchar. "Mi nombre. ¿Eso se lo preguntas a todos los que discuten contigo?"

"Es molesto no tener una respuesta, cuando esta se encuentra enfrente de mi." Misaya se encogió de hombros, esperando a que le contestara. Y Shirou, viendo que con ello debería de irse ya, reprimió un suspiro antes de hablar.

"Shirou Emiya." Concedió secamente.

"Shirou Emiya." Repitió Misaya tras parpadear y asentir. "Hmm, curioso." Termino por decir antes de darse la media vuelta y caminar fuera del puesto, no sin antes mirar por encima de su hombro una última vez. "Recordaré ese nombre, quizás."

Y tras internarse en el pasillo, se dirigió a mano derecha antes de desaparecer a la distancia.

"... Repito. ¿Quien se cree que es?" Murmuró Shirou, meneando su cabeza.

"Misaya..."

La voz de Paracelsus sonando de manera repentina lo sobresaltó, haciendo que mirara hacia el cristal, que se encontraba nuevamente activo, con la expresión en el rostro del alquimista siendo una que no había visto nunca antes.

"Si, así se llama." Suspiro Shirou antes de caer en cuenta de algo que casi le paraliza. "Un momento... ¿Cómo es que tu lo sabes?" Pregunto antes de tocar el cristal, solo para que…

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̵̡̤̇̔͒̀̒̚¿̴̜̼̄̍̋Ō̶̦͇̻̥͖̽̽̓̀̀͐̅͗̕͘͘͠ḥ̸̡͓̪̘͚̠̤̰̮̋̑̏̀̈́́̒̀͂͗͐͆̆̿͜͜͝?̴̢̨̨̜͔̦͇̙̻͔͈͔̥̊̽̍"̵̛̜̓̃̉̽̑̌̿ ̵̡̧͍͑̄̈́L̵̰̖̱̠̳̻̹͙͓͚͘͘ä̴̢͖̠̺͕͔́͑͐ͅ ̸̢͖̜̀́v̸̧͓͇͔͌̒̅̑̾͛̀̌̄̊̎̋̐͘͠ͅo̶͎̮͙͙̜͕̟̰̖̪̤͑̇̈́̂̕͜͠ͅz̷̡̨͕͖͙͕͔̯̤̑̋͊͂́̋̂̾̈́͆̑̎͗̔͝ ̷̖͔̰̯̲̙͎̩͙͙́͊̀̐͆́͆͜d̷̛͖̟̭͍͔͒͑̋̈́̽͠ͅe̴̛̤͈̣̖͍̬̼͉̺̽̃͛̎̚ ̷̧̰̫͖̞̮̦͋P̷̢̧̞̪̙̬̰̹̞̣̗̳̻̉̏̅́͒̔̋͐͛͐̕̚͜ạ̴̰̜̩̻̠̘̲̠̻͕̣̰͈̐ͅŗ̸̮̻͓͉̖̝͓̪̤̺̗̻͍́̈́a̴̩̲̜̦̗̳͙̞͂̓̏̔̈́c̶̞̬̞͕͕̱̭͍̲̩͙͙͈̺̈́e̵̫͓̰̲͕̭̼̙̹͔͗̅́͋̏͆̈́̐͐̄͂̆͋̕ͅl̸̝͓̟̺̪̼̼̜̪͉̬̤̺͎̖͝ş̷̢͖̤̪͚̼͇̙̩̫̂̅͑͜ͅų̶͇͉͙̋͐̀͌s̴̜͔̈́̄̂̈́͑̄̒̽͌̄̇̓̃͂̉ ̵̧̢̠̞̱͇͙̯̱̐̈́̽́̆̆͆̓̃͌̽͋͠ś̶̡̹̯̬̰͕̟͎̰̅͂̐̄́́̉̈́̍̇̕ͅe̷͕̮͕̰͈͓͍͘ ̵̥̫̯̫̫͎̪̫͇̺̎́̎̔̈́͑̍́͘͝é̴̛̛͖̟̭̘̥̒̾̈́͌͑́̌̊̊͋̕͝š̷̨̭̜̫͇̀̓̏̏̍̉́̋̀̄͘̚c̸͙̭͚̭͙͊u̵̢̧̢̯͈̭̥͈̙̙̇̏͆͗͑̍ç̸͉̫̥͓̲̫̤̙͔̲͔̳̦͊̓͘͝h̷̡͕͍͕̣̮̜̉̆͌̆̅̈́̾͂͜͠ó̸͔̪͇̳̤͔̺͉͈̖̲͋ ̶̜̫͉̌̔ċ̵̡͎͑̈́̈́͝u̷̢̧̻͙̱̥̗̦͇̱̝̲͎̘͆̐̀̓̉͂̓ȓ̸̬̟͕͍̣͊̆̃̐̓̅̋̀͐͠͠i̷̢̘̳̮͕̯͎͆͋̓̀͘͘͘̚̚͠ò̷̡̧̺͉̖̳͒̈̿̄̀̈́̓͊͝ṣ̴͕͍̯͙͙̖̝̜̫͎̘͖̃̽͜â̸̡̢͎̼̫͈̼͍̰̣̮̣̖̄̉͗͘͜͜͠.̷͇͙̟̦͈̹̯̦̤̩̖̱̪̫͆͗̂̎̀̈́̌̋͛̋̏̀̕̕ ̷̫̤̭̻̖͙͕͔̘͎͍̤͙̝̀̆̋̽͌̓͐̇̒͝"̶̨̤̝͖̰͇͇̠̌͛̐̽̓́͒͑͗̂̊̏̍̽͜͠¿̶̨̛̜̘͇̓̄́̈́̔̓͌̔̆̅̎̍̃̕P̵̨̘͕͕̼̰̭̖̆̍̆̋̓͋͐u̴̦̯̰̞͔̣̟͌̈d̸̨̛̤͔̬͓̤̞̬̱̹̗͓̣͚͈͌̏̅͛͑͋̈́̔͊̈̿̉͐i̷̡̺͉̦͎̜͙͕͚͉͔̣͎̾͂̀̈́͜͝s̷̨̳̬̮̟͓̫͖̼̍̀̌́̒t̵̨̨̛̟͖̠̺̗̳͔̠̠̯̱͙̾̈́͌̈́̋̍͒̿̍̃̈́͒̍͘ȩ̶̳̥̺̂̃̌͊́̄̈́̾͊̓̐̍̌̐ ̶̡̰̩͚̹̅͒͐̌̾̋̃̓̾̌h̶̨̡̨͈̩̩̖̝̪̳̜̅͑̀͊̉́́̂͛́̉͋͂͠a̵̡̨̝̳͓͇̯̞̱̟̯̳̗̥͗̿̃͒̈́̌̈́́͜c̵̡̺̟̰͍͙̤̙͈̝̼̲̘̋̑̔͊̃͊͋̍̄͘͘é̷̛͍̫͔̝̗̜͎̲͖̤͎̍̄̈́̋̄̾̇͒̍̅͒͝͝ͅr̶̬͕͓̲̫̋̆̆l̸̜͚͓͋̀͐̄̃͛̂̕o̶̪̓̽͒̒̿̑̈͊̄͂͐̇̂͝ ̵̨̳̮͓̖͈͉̬̗̝̭͝t̶̲̹̮̂͋̀̓̋͠a̷̡̛̮͈̘̫̺̥̺͉̹̳͓̤͐̃̓͝ṇ̷̓͒̏̈́̎̋ ̶̞̦̱̣̜̌̽̔͋̑̈̓̃̊̊͘͘̚͠ȑ̴̮á̸̧̡̝̪̤̠͈̦̥͎͑̑̀͑͜ͅp̸̭͈͍̗͎̝̝̱͇̀́̀̀͌̽̇͑̒͋̋́̽͠i̷͈̠͉͌̈́ḓ̷͋͒̓͗͗ỏ̸̻̇ ̵̨͇͕̠̭̫̖̹̩͙̱̈́̊̀̀̈͂̚e̶̢̫͓̦̻̔̽͊̏̌͊͋̀͌̚n̶̛̛̫͙̮͕̤̗̦̼̍̅͋̈́̂̓̈́̈́͋̈͜ť̶̖̥̲̑͑͜͠ȍ̵̢̧̖͙̮͉̮͓̻̩̭n̸̛̫̪̩̜̜̹̖̳̼̙͌̆̃̆̎̒̐̎̍̔̊̚̚ç̸͖͉͗̈́̽̀̓͝è̸̺̣̖͙̺̘̤̥͒̿͐͛͑̏̈́͆̒̚͘͝ṣ̶̱͉̫̞̥͖̩̪̳̄̊͜ͅ,̵̯͓̬͕̭̮͚̉̈́͂̂̓̉̔̈́͒̒͛̚͠͝͝ ̴̭͕̭̙̺̩̮͕͖̦̹̬̿̿̋͆̓̀M̸̛̛͇̎̋͋̇͊͒͌͌͌̒̆̄͝ì̸̢̛̥͍͈͙͕͎̺͕̭̣̝̟̯͊̈́̿̀̋́̔̅̽͒̚s̷̳̲̦̤̫̥̽̈̋̃́̓͑á̵̟̻̫͇̥̮̯͐̓̊̈́̈͌̐͊ͅy̸̨͓̫̪̗̝̬͚̰͎̲̣̱͖͊̃̅̈́̏̆̽̃̚͝ͅą̷̧̧̱͔͔̭̬̭̼̼̪̝͕̽̀͒͑̔͂̆̃̌̾?̷̠͌̇̎͗̿͜"̴̡̪̱̬̹̟͎͍͕͙̱͓͔̤̊͐̽̊̚

P̷̥̩̰͍̲̱̏̋̄o̷̢̧̼͈̼͉̖͓͎̝̊d̶̢͉͙̼͚̻̘̩̯̥̂̐͆́͆̅́̄͝í̴̢̧̬̰͚̪͕͎̙̞̰͕͐͜a̴̯͇̳̦̟͔̖̮͊̆̉͊͒͑͒̔͐̚̕͝͠ͅ ̸̛̗̗͔̈́̋͒̏͗̿͛͆̓̀̈́͝v̷̡̥̬̠̗̩̀͑̉̇̔̐͠e̴͈̗̲͈̰̞̜̗͎̺̪͌͊͑͂̐̕͠r̸͖̥͔̣͍͔̹̥̀ͅ ̴̞͉̦̯̱̮͙̹̦̃̍́̐͑̎ë̶̘͓̪̻͈̦̰͉̘̫̀̓́̈́̄̒͊͒̈́͊͂́n̴̨̢̥̹̺̼͍̤̞͕̖̪̒̄̐͝f̵̢̩͍̀͛̎̂̓̿ṟ̷̨̛̩̩̙͍̥̯̼̭́͝͠ͅé̸̛̗̟̺̩͠͝͠n̵̝̺̤̜̊̋͊̋͂̽̾̚t̶͓̾͘e̵̞͇̻͉̺̥͑̑̆͌͑̈́̀͝͠ ̵͓́̒͂̎̓͘d̸͇̭͖̮̱̹̣̤͖͕̓̃͊͂̄̈́͊͐̊͝ê̴͓͔̝͕̋͗̈́̅̈́̍̓͊̍̏̚͠ ̵̧͈̹̤͇̘̳̱͎͖̲̎͂̍͘͜é̶̡̞͓̝̜̪͈͉̮̜̃̾̋͋̓̑̊̐̐́̅̕͠ͅl̸̨̢͈͎͎͈͎͙̣͓͙̙͊̾͂̀̄͒̚͝͝ͅ ̵̧̧̨̹̮̣̞̙̼̣̠̽ů̸̮̼́n̶͎̙̳̫̯̤̲̗͐̅̀͑̚͝ ̷̢̧͈̪͑̀͂̚͜͠v̵̯̅̀͗̊̃̄͛̓͂͠i̴͉̼͇̻̞̫̩͈̹̖̓͜ͅͅë̷̡̼̬͎̬͚̘̜̹̝́̓͒̎̄͐̓̕͘͜j̸̗͔͓̦̯͔̃ȍ̸̝̥̮̳͈̺̠͉͚̥̓͗̔̂͐̐̈́͑̋̊̕͜ ̵̨̨͔̬̗̪̦̜̖͂̕p̵̡̩̬̦̳̄́͌e̶͖͖͔̻̹̟̊̆͛̆͗r̸̛̥͖̱̞͖̙̤̉g̴̩͚͙̦̙͇̮̬̍͑̕ͅa̶̻̳̹͔̼̼͕̣̲̦͐̓̑̄̏̍̎͒̃̃̏̕̕m̸̫͖̗͈̜̻̪͊̆̾̀͜͝i̵͈͋̐̐̔͂̀͑͋̄̒͌͘n̴̡̯̖̤̂̈͝ȯ̶͉̭͓̈̿̽͆͂͋͛̿̕͝ͅ ̶͕̈́ añejado en una letra que reconocía y a la vez no. Más de un grabado con efigies de rostros barbados y furiosos con cuernos y c̸̩͍̯̝͔̩̙̰̩͚̠̹̎̿̑̾̏̀̓͒̕͘͝͠ó̸̫̤͖̮͉̈́̎͊l̶̢̛̬͕͓̼͒̃̓̿̃̾̀͐̿̀̑̚m̶̱̪͙̪̾̌̔͋̓̀̎̀̐̽͠į̵͈͍͎̖̗͚̄͛͋͂͘̕l̴̬̖̣͌̐̓̀̓̓̃̇͂͋l̷̹̱̘͖̙̭̹̋̍̆o̴͕̩̙̜̿͒̓͋͆̔̽͂̕ş̶̹̼̜̯̮̠̰̼̤̠͚͕̈ ̶̲̹̟̜͔̓̌s̴͔͆ę̵̢̲͍͈̰͔̿̒̓́̀̀̒̃̂̚͠ ̷̫͚̯̾̉͌́̉́̒̎͗̑̃́̚a̸̟̭̤͛́͆͊̎̐̂͆͜͠s̸̡̟͍̘̲̰͉͓̑̆̇̋̀̅́̚̚͜ơ̶̡̱̤̪̽͐͋̊͐̔͌͋͂͆ͅm̷͎̻͊͐̍a̴͎̝̱̗̙̤̟͒̌́́̽̕͜͠b̸̖͕̝͎̫͍̝̝̣̪̼̍͒̐̍͂̄̀͠͠͝ͅͅǎ̸̬̱͙̄̀̋̈̄̒͊̕̕̚ ̴͓͖͚͊̐̑̈́a̸̡͙̜̺̳͍͋͂̈́ͅ ̴̼̀͌p̴̡͔͉̙͖͖̹̣̓́̉̄͜à̸̧̧̩͉͚̜̤̝̲̮̜͎̮̎̽̔͌̐͋̕r̸̺̝͍̿̆͑͒ͅt̷̲̝̩̘͓̥̼̦̣̍͊́̀͑̔͛̉̐i̷̢̖̘̹̟̔̓̈̑́͊͗̃̕̚͝͝͠r̵̡̨̛̳̜̱̀̃̑̀ ̷͔͈̙͚̳̞͕̍d̵̙̪̣̻͚͖͇̅̒é̷̙̫̌̏͆͊̓͝ ̵̲̳̯̰̘̱͍̅̔̈́͆̉̓͜ͅé̶̡̨̧̫̫̞̪͇̣͙̙͍̒͛̽̋͛͊̅̒̚̚͝s̵̛͇͛̓̍̅̃̓͗̚ẗ̶̘͎̖̩̐̆̉͒͒ë̵̢̱͓͚͍̤̿̽̀͆͂̓̃͂̈̈̏̌͜ ̶̧̡̯͈̭͈͚̻̼͎̜͓̪̋̈ý̸͙͉͇͔̯̱͎̚ ̴̮̣̰̦̫͍̳̫̃̌͒͘͜͝e̷̘̘̤͔̠̬̣͋̈̊̋́́̊̐̚̚ͅǹ̵̨͚̠͛̉͌͛̑͝ ̸̧̡̳̰̤̫͋̋̈͗̒̒͗͛͌͋̒͜͠ͅm̵̧͔̯̰͇̩͓̥̋̾̇͌́̀̔͜͜͝͝͝ȅ̴̼̝̤̭͚̜̈̆͋̽͊̈́̏ḏ̷̳͖̼͚̜͠ĭ̴̳̟̪͕̈̀͘ō̸͉̙̳̥͔̥ ̸̨̨̛̲̰͖̜̦̰̱͚̼̔͛́̄̕ͅe̶͍̘̞͇͓͉̬̞̠̺̣̝̋̀͝s̶̮͚̭̝̻̝̃̂͒́̽̀̇͂̕t̵̨̗̝̼̐́͐͑̚a̵̹̭̟̭̻̫̔͑͜͜͝b̴̡̧̖̟̻̭̳̯͋ą̴͙̤͖͚̱̙̜̓̾͑̌͑͜ ̷̡̘̯̥͂̊̿́ṷ̴̡̢̧̰͎̜̺̰͑̑̅̀̃́͆̉͋͌̇̈́͝n̷̪͈̩̘̪͚̓́̽͛̓ỏ̵̢̨̱̼̮͔͕̗̽̓̐̏̏̚͝͝ ̷̫̏̃̃̓̊̽̏͛̌́m̵̢̡͙̟̝̦͙̺̗̋̌a̵̧̭̩͉͛y̸̨̙̼͔̙͙̮͕̭̭̳̥̾̅̌̔̎͜͝ő̶̖̪̥̙͙̠̪̰͚͚̝̦̀͗͑͂́̇͑͝͝ŗ̶͇̪͇̯̫͍̈́͆̆̐͊̂̚̕ ̸̦̝̹͎̗͂ͅd̶̳͈̖̈́̿̄̅͗̀̆͆̓͊͗͌̎è̵͔͍̺̲̗̖̺̙̻͖̳͐̆͂̅̇̓̇̓͘ͅͅ ̶̡̡̠̠̪̞͈̮͕̩̼̖̲́͌̒͗̕͘ȁ̶͔̐͆́͌͌̀́̅l̸͈͉͖̼͓̭̗͙̞̝͆̀͑̑̾͜͝ḡ̵̨̛̛̙͉͎̥̠̘̳̾̋̌̂́ͅų̵̨̦̜̜̟̳̦̦̱̳̯̼̓̈͒̌͋̈́̀̍͊̀̓̑͝î̷̺̇̓͐͐̈̈̽̋͠é̵̢̯̩̳̼͈͜ņ̴̣̦͇̳̮͖̄ͅͅ ̷̺̉̈́̆̐͋̀̄̀͊̇͠͠d̶̲͖͔̲̪͔̳̭̠̳͕͗̄̌̇͛̾̆̾̅͐̕e̴̡̳͇̗͓̳̻̳̭̙̣̲̿͐̑ͅ ̴̛̲͈̭̝̜̯̆̑̃̐͑̏̚e̴̺̣͎̜̦͕̝̭͚͔̬͒̈́̑͠ṗ̷̨̨̨̛͕̱͙̼̮̯͐̈́̏̊̕͘͠͝i̴͍̬̱̪̎ď̴̡̧̛͉̲̩̮̰͙̰̖͛̎͘e̷̙͙̮͖̠̗͚̻͗̋̂͒͋̐ͅr̶̝͍̎m̷̦̈̉̈̽͋̇i̵̼̪̞̻̫̯̮̮͆s̷͎̙̪̥̦̮͎͇̓͜ del tono del cobalto y rasgos de lo más fieros, que solamente eran acentuados por la c̷͕͓̰̙͇̠̱͕̅̑̈́̊̂̾͒̔̍́͐͜͝ͅa̶̢̡̛͔̬̖̩̭̪̼̺̻̥͐̉̋̽́͋̈́͑͂̚͝ṉ̵̢͚͚̞͇̘̽̈̓̄̐̽͋̀̎͐́͝t̷̡̧͍̥̮̻̩̬̫͋ī̶̢̧̩d̴͕̜̩̟͕̣̤̪͉͒̄̈́ạ̴͋͒̓̕ḑ̸͚̝͕͓͕͇̦̼̫͛͊̆̑̂͋̾̌͝ ̴̢̪̩̬͐̌̂͜d̷̛̻̹͕̻̙͙̊̃̒̓̆̕͜͠e̷̡̢̛̬͇͉͖͖̩̰͙̟̟͒̿̊̃̾͘͝ ̵̧͍̙̝͕̹̍̃͊̎̌̂͘͜͜ơ̴͉̖̠͇̙͔̻̞̜͐̓̂̿̒͑̑̓̉̆͂̕r̸̩͋̉̿̑̽̾̀͂̿͝͝n̴̨̜̩̦̫̠̤̗̺̥̣͆̑ä̷͙̮̩̯͚̼̦͈͍̻̱̻̟́̀́͌̈́͋̀̈́͋̉̔m̴̡̡̻̣͎͍̭̬̑͌̾̈́̋̍̂̽̕̚e̵͉̜̰̞̞̳͎͈̱̲͎͕̓̒̃̔͑̈́̈͝n̷͈̣̣͓̞̮͕̤͉͙͂̊͂̃̀̂̑̂̿̈͠͝t̶̠̋̈̕͠o̴̡̜͔͕͕̬͉̭͙̤̺̭͂̅̀̾͆̿̀̚͝ş̸͍̗̬͉̙̲͈̹͍̮͖̔ ̷̱͇̱̮̼͙̖̮̩̟̿́͛̕͝r̶̪͉͙̮̋̎̽ḗ̵͙̓̽͗̾̊̚͝s̶̡̨̜̯̝̱̞̯̜̞͉̋͗͛́̽̓́̏p̴̰̠̺̱͆̈́̈̊͗̀͆̅̆l̷̡̦͇̭͇̝̬̺̞͆̿̈́́̅̇̋̅̕ͅá̷͙̫̲͎̥̙̫͂n̷̛̟͙͉̤͎͐̔̓̿̉͝͝ḑ̵̛̛̝͉̬͚̹̿͛̃͌͌̇͠ẹ̶̮̮̞̙̲̀̾͒͌̈́̿̓͘c̵̬͔͈͈̫͓̱͉̉̑į̴͕̘̯̌̆̉́́̾̒e̸̝̣̭͍͖͉͖̞͍̋̔̃̈́̚ṇ̴̛̞̘̼̗̀̍̈́̽̽̅̾̌̅t̵̥̼̟͕̖̬̰͔̯̮̋͌̈́̒̂̽̑̀̉͜͜͝ḛ̴̦̫̊͐̽͂̌̎͛̎͘͠s̷͙͉̫͓͇̘̫̥͈̹̪͕͐ ̸̜̰͇̈̔͝͝q̸͖̰͇͙͊̄̐̔̇́̂̋̋̓ȕ̶̗̭̩̩̩̹̣͉̘͔̗̖̚ͅȇ̴̡̮̘̦̳͙̫̪͕̤̦̙̥̾͌̈̈́́͆͛̿̀̕̚ ̴̢̣͍̞̦̲̜̣̒͂̎̑̆͝͠ͅt̵͔̑̈́̉̈́̓́̌̌͠e̵̟̳̼͙̫͇̠̣͍͖͙̋̽̓̚͜͜͠͝n̶̐̈ͅį̴̧̛͔͖̤̣̱̻́͂̈́̅͋̿̾͋͒ͅͅa̶̖̐͒̊͊̉͗̔̕͜͝ ̷̛̘̫̼̰͍͒̂̀c̷̢̛͖̯̹͍̯̤͉̝̝̖̉̾́̄̉̓̉̐̋̓͛̓o̶͈͚̝̬̯̫̜̗͙̻͖̦̅̉̿̎́͛̄̾̈́͛̿͜m̶̢̧͖̹͍̣̫͙̜̰̯̈́̊̍̚͜ͅo̵̘͔̙̭̖͎̝͈̮̓͋̔ ̴̡̛̼̩̱̩̖̦̤̰̖̳̺̙̂̽̈́̔͐͌͋͊͊̓͝ṗ̸̦͍̙̱͔͐̌͗̉͗r̴̼͔̬̝͔̥̀́̋̄̎͌͌͐̔͋̃͘ͅę̷̗͕͔͈̰̳͓̻̯͍̤̇̔̑̈́̅̑̐̍̉͜n̷̨̨̲̮̤͈͓̞̒̊̍̽̈̊͊̌̉̚͠d̷̢̠͈̱̙͚̪̦̼̼̖͚͑̒̅͜a̶̳̯̝͈͍̫̲͑͆̐̿̚s̶̡̤̮̭̳̣̉͊̈́̈̈͌́̀͘͠͝͝͝.̵̨̋̏̔̏̄͆͘

En una mano portaba una ḝ̵̛̦̱̹̮̳͕̥̝̝̲̬̥̓̌͗͝ṣ̶̞̼̬̔̀̾̌͂̔̍͝p̸͖̘͈̻̙̒̒͌a̷̛̙̗͔̫̜͕̳̗̩̋̈̄̐d̸̡̛̘͍͇͚͖̍̆̍͑̏͌̌͑̔ȁ̷̛̞͚̪̫͕͎̋̐̍̈̐̽̈ ̷̛̪̜͉̼̲͑̑̌̓̕̕͠c̶̨̛̜̪̥̘͚̝͕̫͔̫͛̈̊̍̀͛͒̉̓̕͝ͅo̵̧̖̦͑͐̃̽̕͘͘n̴̨̡̢̝̤̥̼͔̆͊͒̆͠ ̸͔͓̥͗̈̀l̵̨̮͔͔̇̍͑͊̐͛̊́͂a̵̢͎̯̭̹̱͙͎̟͆͆̎̏̀͂̒̈́̎̅͛̚͝ ̸̛͉͐̾̉̂́̑̔́̃̑͠͠h̷͇̹̰̼̱̥͝ͅo̶̤̫̱͉̺͍̪̍͜ͅj̵̬̑ȁ̵̫̝͍̫̩͍͇̬̗̳̘̞̜̀͑̅͒̕ ̸̡͇̻̖̭̘̬̖̰͉̲̞͗̆̒̏͛̉̓́̾́̀͑͜ȩ̶̡̛̛̣͓̦͉̤̲̭̘̱̼̲̊̄̄̀̽̈́̇̋͝͝n̴̡̨͔̬̤̦͉̭̭̆̉̌͗̅͌̍̔͂͠ͅv̴̢̧̟̟̜͛̇̃̌̈́̌̿̈́͆̑͝u̷̧͕͎̠̻̞̭͚̬̹̹̦̞̓̈́̂͂̾͑ḛ̸̡͎̼̖͖̳̪̘̠̮̌̾̍̊́́̅͜͠͝l̷͉̤̣̺̮̓̒̀̀̄͝t̸̢̕á̵̮̭͉͈̼̇̎̃͛́̾̾͌̓ ̵͎͍̻͈̟̠͕͚͗̉͂̃̎̈ͅe̶̢̤̝̜̱̥͑̒͂͑̈́̽̃͆͋̽̊n̷̙̱̞͗͑ ̸̢̧̛̗̥̦̦̰̹̱̫͙̱͛͑͊̒̅̊̿͜ḽ̵̨̢͔̠̰̰͕͖̼̙͍͚͒̅͗̀̂̀̌̏̆͝l̸̲̥͓͖̭͓̯̮̗̣̯͆̌͛͑́̚ȃ̵̧̘̝͚̫͕̝̼̤̻̼͗̐͌̾̽͐̂͝͝͝m̷̧̤̩͈̭͖̝̤̿̐͝ạ̶̧̠̥̠̟͚̝̥͎̉̒̏̒̓̃̈́̂̇̎̀͜͠s̶̫̓̀̎̇̆̒̑̋ ̸̮̺̺̮̰̱͖̲̇y̷̡̻̺̭͍͇̞͍̐͒͌̂͒̄̏̒̕͘̚ ̴̨̪͓͕̝̜̥̤̙̤͎̦̹̽r̶̦̫̞̞̱̒̎o̴̧̧͉̠̩̮̯͗̃͂̄̋̇͗̎͐͑̍̏̈d̶̨̟̺͎̩̦͇͙̙͉̯̀̔̿͗̌ȩ̸̗̩̰̘͚͙̩̃̀̔̄͊̀̑ͅà̵͈̳͖̫̱̭̓̇̈̉̒͘͜͠d̵̨̝̥̬̮̖̼̜̪̮̀̆̄̂́͋͒̔͑̚͠ͅa̷͙͔̤̗̟̟͙̖̩̹̍̐̕ ̵̲̠̻̹̠̯̲̝̙̀̊p̴̨̼̝̬͓̻̠̥͓̙̭̜͂̔́̐̊͑̉̆͊o̴̦̐̈́̆̆̓ṟ̷̨͈̫̀̉̌̐̆̾̆́̽̒͜ ̷̨̧̡̯͕͓̩̪̓͛̃͛͊̀͒̄̓̂ͅŭ̶͉͎̫͖̥̫̹̀̈́̈́̏̋͗̚͜͝n̸̤̻̗̪͇͙͙̟͍͐͊̐̐̆̀́̉͜͝ ̶̬̦̲̲͙̮̲̂̈̑̌̄͌͆̂̏̂̕͝d̴̫̗̰̬̯̹͎̰̝͔̳̞̏͒͘r̵̰̙̓̔͆̃͌͐̾̚̕a̴̬̼͈̼̹̙̻͖̭͊̀̔̅͂̀̈́g̵̘͉̫̬̫͕̀̃̄̇̃̀̂́͌͜͝ͅó̵̧̨̧͍̜̫̻̺̫̰̯̹̽̄̈̎̎̐̈́̓̈̅̂̈́n̵͙̤̰͉̊̍̆̎̃̕͘ ̷̨̪͇̳̙͇̫͓̟̟͖͌̈́̓̊͗̔͋̅̅̊s̵̨͐̈́͊̈́̇̋̌o̴̡͉̟̗̫̭̲͈͚͑̾̂̌̐̓̆̚͘͝b̵̧̔̈́̑̐e̸̛̤̙̻̰͆ȓ̴̲̳͚͙͐̏̀̈́̓̽̓̓͐̚͘ͅb̸̪̰̦͉̯͑i̷̤͓̠̒͗̍̂̈́̈́͗̀̇̔̚ǫ̸̨̨̛̛͙̪̖͙̋̀̉͛͒́̄͌̒̕͜͝, mientras que con la otra sostenía un lazo dorado de aspecto terrible. Poco más abajo de él, por otra parte, el grabado de un tazón repleto de un ̸̧̛̘̹̜̤̝̭̫̘̣̳͎̙̐l̶̼̅̓̆̆̀̑͂͊í̴̻̺̲̠̘̣̱̙̟̀q̵̘͇̟̳͓͖̖̙̞̳̠̻̅̆̈́̉̈́̽̀̽ͅų̸̛͚͔̝̜͖̯͉̠̈́̉i̵̢͙̠̟̝̳̪͔̤̙͎̍͒d̵̨̥͍̩̥̄̾̔͛͘o̷͓͕̥̬̓̾͊͊͒̑̀̾̍̑͐̕̚ͅ ̷̢̤͇͓̜͔͉̎̎̔̏̄̅̏̈͌͆͆͝á̷̫̻̩̘̝̖̗̙̀̑͠z̴̻̪̰̪̋̃͒̓́͛͌̉̊͘͜͝͝ư̵̛̦̹͔͉̞͉̩̯͙͚̟͔̅̓̉́̎̕͝͝ĺ̴̘̐́̿̓͝ ̴͕̤̩̽̇̌̑̈́̿͘͠b̸̘̘̗̈u̸̢̡̙͓̰̯̠̹͇̲͕͆̽̇ȓ̸̡͚͉̭͕̜̯̗͔͕͕̹́̅͋͒͜b̸̡͉̦̻͈̩͕̲͒̐̉̈́u̴͉͍̝̘͖͖̿̈́̿͜ͅj̷̨̪̣̲̫̟̮̐̅͛̉̓͜e̷̻̯̠͂̆̂ͅa̴̭̗̭͖̣͉͕͇̺͇̯̫̿̎́ñ̴̬͗̐͐͒ť̶̡̬͎̳͇̫̳̬̳̺̐̚ę̴̢̙̖̰͖̥͖͕̯̺̘̮̀̿̄͒̀͝ ̷̱̜͍͖̪̼̻̾̀̄̇̉̂̐̍̇͠͝ÿ̸̤̙̪͗̒̀̑̈͌ ̴͉̞͝͝p̵̛̲̻̹͒̓̓̈́͑̈́͂̈́̉̏͘͠ǔ̶̺͈̗͖̈́̽͝͝͝ȩ̷̛̠̇͑̊͋̐̈͘͘s̶̻̱̳͂̈́͒͜t̸̨͖̹͖͈̿̄̽͗̈́̿̓͊̉̐͜͠͠o̷̬͙̝͈͉̣̗̜͋̆̓͆͋͛̈́͐́̉̊̈̏͜ ̸̢̯͚͚̰̠̉̏͒̉̎̓̕s̷̻̠̈̓͗̀̓̈́̋̍͘o̶̖̼̙̜̹̹̭̓͘b̸̧̖͔̭̜̉r̸͓̳̼̘͔͚̗̤͉̟͂̕͜͠é̴̡͙͎̩̰͌̊̿̀̑̽͌̀̇̉͛ ̷̛͓̺͙̰͓̱̌̋̓͂̋͛̊͆̀́̚ͅë̶̲̖͈̦͕͕̺̠̰́̀̕̕͜͝l̷͓̺̮͙̐͛̄̄̆ͅ ̸̧̳͕͈͕̮͎͌̿͛ḟ̷̢̺̦͚̣͑̈̇́͛͆͑̌̉͘͜ů̶̡̳̰͇͉̪̳̈̋̏ḛ̵̍͒͐̕ǧ̴̢̫̻̞̖̹͉̠̭̪̝ò̵͙͛͊͗̆͒͑̑̕͘̚ ̷̧͙̗͔̻̫͚̖̝͇̫̝̂͐͂̋̕ͅp̸̨̙͈̲̟̭̘͕̱̹̆̐͊͑͗̕͠o̶͈̰̠͓̥̪͎̽̎̐̓̐̈́͌̇̋̚͘̕͜͜d̴̛̊͂̔͂̄̄̐͆͌͘͘͜͠í̸͙̜͍̠̣̲̞͎̠̬́͊̔̆͒̾͘͠a̸͖̠͂͋̀̔ ̶̛̳̺̌̾̂v̸͙̭̥̙̖̠͇͖̜̻̂̓͗͆́̈́̂͘e̶͎̲͕̩̽̿̈́̅̐͑̅͆̆͘͝͝r̷̺̹͈͉͐̏̈́̄ͅs̶̰̜̦̔͋͆̀̾͘ě̵͚̃͋̿̂̓̊̍̂̊͝ͅ.̷̣̪̺̦͕̠̩͌̍̃̈́́̋̄̍͘͠

̴̢̝̥̽̂̈́̾̄̐͐̐̏̕"̶̧̻̪̐̉͛̾̌̓̐̾̽̕͜¡̴͔̂̒͊̋̂͌͊͒͘͘C̶̪͇͈̽̒͛͐͆̈́̉̕̕͜a̵̧̧̞̥̮̼̰̗͓̠̠̤̅͂̏͆̓͘͝s̴̙͚͚̽̒̒̅̃t̶̲̩̰͙̰̙̞̱̘̪̠͔͖̍͌͆̍͌͑̓ë̵͎̳̟̜̘̞͓̟̳̪́̿̀͝r̶̖̮͑͑̂̏̌̾̉̀̋͗͜͝͝!̷̧̨̠̪̹̦̟̿̇̅̐͗́̍̕"̸̜̓̀̐̕ La voz de una niña le distrajo, obligándole a mirar hacia su derecha. ̷̤͚̲̇̌̎͂͗"̸̱͍͕̹̹̼̟̣̗̬̓̌͋͜͝͠¡̴̢̟̹̗̪̳̌̒̀Ļ̷̤͔͇̜̹͇̃̄͒̇͒̈̚͜͜͝͝ö̸̢̨̥͍͕͇͈̯̜̪́͐̈́ ̶̨̬̙̲̺̲̲̻̜̲̬̯͂͛͊̍͗̒̄́̎͋̇̽͊l̸͉̲͍̮̭̓̍͑o̵̢͍͈̻̾̈́g̴̳͛͋̿̉̽͋͑̄͗͘͝ȓ̷̬͙͌̑̓̋̈̑͋̄̄̃͝ȩ̷̨̳̥͇̘͎̹̪́̒̇̌́͊͑̆̀́̀̓̚!̶̻̹̰̘͖̹̼̹̜̤̼͑́̂̉̄͌͜ ̴̛̗͙̻̘̙̜͐̔̈̌̃̈̀̽̐̚͘̚ͅ¡̸̢̨͈̮̤͕̩̫̠̀̅̆̽̒̓̿̎͛̆͜͝L̸͕͚͔̞͖͎̂̌̈́ͅö̷̳͋͒̅̒̈̽̅͝ ̵̨̗̩̖̼̳̦͎̓͐̎̀̅͛̉͑͘l̴͖̪̫̖̹̺̯͚̈́̌͋̅͋̔̆͛͝͝ǫ̷̛͍̮͚̬̯͍̿̋̈́́͑̀͘͝g̸̙̼̣͎̰̻̹͖̺͒͆̕͜r̶̯̣̠̽̿̽̄̿̂̉͛̆͌͠͝é̷̞̻̮͇̘̼̮̬̳͔͂̑͜!̴̢̳̗̗̼͙͉͆̈́̕"̶̦̖̌̔̀̍̈̋̇̚͘

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"¿Oh?" La voz de Paracelsus se escuchó curiosa. "̵̢̢̲̣̘͖̽̉͋͑̀̑̓͠ͅ¿̶̞͗̊̅͛̌͝P̴̪̙͕̀͐̆͐́̿u̸̱͚̼͍̫̖̜͍̥͋̆̑̀̉̔͘̚͝d̷̛̼̏̂̀́͊̈́͝i̸̜̙̞̱̝̅s̸̼͈̗͓͕͓͓̣͉̝͓̤̍̔̅̚͜͠͝t̸̜̗̙̝̓̾͋̓͗̓̑̀̐̌̈́͐̐e̵̢̱͚̭̣͚̝͔͎̒́̃̊́͊̈́̑ ̸̧̛̖̼̤̱̮͈̲̭̫͇̟͆̆̑h̸̖̫̩̻͊͗̓͂́͒̾̐͝ḁ̷̗͚̩͓̾̈̈́̿͌̂͝ç̶̨̯̲̘͓̮̪̗͉͔̰̍ͅĕ̶̙̔̌̑̏̾̈́r̴̰̘̹̿̎͛̕l̸̡̨̗͚͋̒̽̾̄̾͒̉͗͒̑ǫ̵͍̰̘͓̰̣̱͚̺̦̆́̀͆͘ͅͅ ̵̢̌̏̍̂̊̔͒̊̀̚͜͠t̸͍̯̔̀̀́̆̉͠͝a̵̼̣͚͓͕̰͒n̸̼̠̉̃̉̄ ̶͕͔̪̬̜̓̇̈̓̂̉͗̈́͘͘̚r̷̬̟͊̂̓̊͗͜á̸͎̫̪̭̺̦̖̩̙͙̒̃͌̓p̴̢̘͔͇̖̬̜̙̗̳̺̠̌̑i̴̝͇̙̙͛͘͝d̴̮͖͙̀̇o̷̟̳̐́̌̔̎̃̽̕ ̵̛͇͎̞̥͈͍̎̂̿̾́͐̕ȩ̷̨͔̪͈̬͉͍̩͆̓ņ̷͈͙̞̋̄̋̈́̅̋͂̏̏̎̕͝͝ţ̴̥̲̩̫̎́̊̅̄̐ȯ̵͉̠̲̫̬̾́̉̃́̾̾̏̒ņ̷͓̭́̒̒̈́͘͜c̶̨̧̟͈̭̲̻̙͙̓ę̷̨̢̛͕̪̮͔̝̤̳̬̠͈̉̏̒̇̐̏̿͐͠͝s̷̹̼͈̆͊̏́̑͊͊͌͗̅̚͠͝,̶̮̒̀͛̾̔͌̂͌ ̴̢̨̦͍̲̥͍̩̒̔͋́͌̈́̌̍̓̋̇͘̚ͅM̴̡̱̭͉̫̩̜͈̲̼̹̱͂̽͝i̷͖͙̲̲̠̠̺͚̽s̷̡̫̬͖̙̪̗̙̫̻̲̓͊̑́̆̏͋ą̸̨̭̼̳̠̱̽̊̎̑̈́̔̑̾͊̓y̸̨̛̛̦̼̤͓̖͖͎͈͍̪͊̋̓̔͛͑͌͜á̸̳͔̙͓̭̼̫̯̃̓̍͒̆͗̌̕?̴̦̰͙̭̞͕̝͚̀͌̊̈́͊̏̆̇̄̊"̷̝̱̌̔̑̊̽͂̎́͘͝͝

Podía ver enfrente de él un viejo pergamino añejado en una letra que reconocía y a la vez no. Más de un grabado con efigies de rostros barbados y furiosos con cuernos y colmillos se asomaba a partir de este y en medio estaba uno mayor de alguien de epidermis del tono del cobalto y rasgos de lo más fieros, que solamente eran acentuados por la cantidad de ornamentos resplandecientes que tenía como prendas.

En una mano portaba una espada con la hoja envuelta en llamas y rodeada por un dragón soberbio, mientras que con la otra sostenía un lazo dorado de aspecto terrible. Poco más abajo de él, por otra parte, el grabado de un tazón repleto de un líquido azul burbujeante y puesto sobre el fuego podía verse.

"¡Caster!" La voz de una niña le distrajo, obligándole a mirar hacia su derecha. "¡Lo logré! ¡Lo logré!"

Una niña con un cabello largo y negro, ataviada con un vestido algo anticuado con un enorme moño justo debajo de su cuello yacia parada en ese lado. Su expresión era de lo más alegre y aquellos ojos del mismo color de la sangre emitían un brillo especial.

"¿Oh?" La voz de Paracelsus se escuchó curiosa. "¿Pudiste hacerlo tan rápido entonces, Misaya?"

"¡Agh!" De golpe, Shirou volvió en sí y agitó su cabeza, un tanto aturdido por el golpe a su mente. "¿Qué fue eso?"

Sin embargo, no tuvo tiempo para poder averiguarlo, ya que pasos a la distancia le advirtieron de la presencia de alguien más y no tardó en identificar a la mujer de hace rato quien había regresado, y esta vez con un humor un tanto mejor. Sus ojos negros miraron apreciativamente el mostrador, y sonrio.

"Oh, muy bien hecho." Le dijo antes de estar a punto de extraer su cartera. Sin embargo, Shirou se encontraba lo suficientemente lúcido como para recordar algo importante.

"Espere. ¿Me podría dar algunas como pago, por favor? Las voy a necesitar para algo." Pidió, muy para la sorpresa de la mujer.

Minutos después, sosteniendo una pequeña bolsa con las extrañas raíces y sentado sobre una especie de baúl abandonado en un costado del área de libros, Shirou coloco el cristal fotónico encima de la bolsa mientras agitaba levemente su cabeza en un intento por deshacer la migraña repentina.

"¿Qué sucedió?" Pregunto, presa aún de la confusión. La proyección del alquimista le miró desconcertado desde adentro del prisma, como pidiéndole que elaborase. "Esa niña... Su nombre, tu sabias su nombre, y después..."

Algo que solo podía describir como perturbado se le notó en la mirada a Paracelsus al escuchar aquello, y la Inteligencia Artificial casi pareció titubear antes de decirle. "Shirou-kun. ¿Que fue lo que experimentaste, exactamente?"

Shirou tomó aire, antes de proceder a relatar exactamente como recordaba una visión que había estado apareciendo en su mente ya desde hace meses, sin que pudiera conjurarla apenas despertara hasta el momento. Durante el tiempo que habló, el alquimista asentía ocasionalmente, sin ver la necesidad de interrumpirle hasta que hubiera terminado.

"Fue como un toque. De la nada, todo eso volvía a aparecer en mi cabeza." Explicó Shirou, sintiendo aun uno que otro zarcillo, como si algo hubiera estado bailando encima de su frente.

"Una memoria foránea intentando ser depurada por tu mente." Sentenció el alquimista, presentandole la respuesta detrás del fenómeno. "Nuestra consciencia es sensible a cosas que no se originen de ella. Memorias y sensaciones transmitidas por medio de taumaturgia son vistas como un error que intentan corregir forzosamente al eliminarlas. La Interferencia Mental normalmente opera ese dominio, pero..."

"¿Memoria... foranea?" Casi por instinto ladeo su cabeza hacia un costado.

"Que viene de afuera." Le señalo el alquimista.

"Oh." Eso ya tenía sentido, hasta que al caer en cuenta no pudo evitar sentir como sus ojos se entornaban. "Espera... ¿Esa memoria es tuya? ¿Cómo es que la tengo yo?"

"Durante la transferencia de información del Elixir en Noviembre, algún pensamiento mío habría ido a parar con ella. Pero al no ser identificado como parte de esta terminó por vagar a la deriva antes de acoplarse a tu propia mente." Continuó explicando Paracelsus. "Por lo que me cuentas, tu mente pasó meses intentando eliminarla por medio de tus sueños.

"Ya veo... Pero esa niña. Tu la conociste. ¿Quién es para ti?" Preguntó entonces.

"Misaya-chan. La hija del hombre que me invoco durante la Cuarta Guerra." Le confirmo Paracelsus. "El mismo cuya muerte tu padre investiga. ¿Pero cómo la reconociste si no conocías tal cosa?"

"Reirouka... Reiroukan." Shirou se preguntaba a veces por qué su memoria era tan selectiva. Por supuesto, debió de haberse dado cuenta hace meses. "La vi antes..." Respondió de manera evasiva buscando encontrar otra forma mejor de desviar la atención, solo para caer en cuenta de algo. "Un momento. ¿Ella estuvo ahí en la...?"

No pudo ni terminar la pregunta, pues divisó la silueta de Kiritsugu acercándose a la distancia con una expresión que indicaba que ya debían de largarse. Al final, esta terminó por quedarse en su mente, no siendo respondida ese día.

'¿Ella estuvo en la Guerra del Grial?'

xXx

Iglesia Souya - Tokyo.

14 de Mayo de 1997, 5:14 PM…

"Ya viene." Yuugo escuchó a Karius informarle, un gesto un tanto inutil tomando especialmente en cuenta como él había advertido ya la presencia de la furgoneta rentada que traía desde la estación de tren a quien había contactado en el sur. Esta finalmente se detuvo frente a la banqueta, y de una de las puertas salió alguien que hizo que Yuugo alzara ligeramente una ceja. Karius, con su metro ochenta y nueve de estatura ya se le había figurado como un gigante entre hombres, pero el sacerdote que había salido finalmente del vehículo era mucho más alto.

"Padre Kotomine." Le saludó cortésmente Yuugo, antes de indicarle a su compañero. "Aquí está mi asistente, Karius Berlusconi. Sea bienvenido a Souya."

"Que el Señor esté con ustedes." Respondió Kotomine imperiosamente mientras asentía, antes de mirar con algo que bien podría ser curiosidad al hombre de cabello plateado. "Berlusconi. ¿Alguna relación con el Vicario de Milán?"

"Oh, es un tío mío. Kotomine-san." Sonrió Karius animadamente.

"Tuve el placer de atender a sus lecturas en el Colegio de San Ignacio de Marnesa." El ejecutor concedió una vez que fue reconocido. "Es un crédito a su familia y a la Iglesia."

Yuugo permaneció en silencio al principio ante el intercambio. Y su mirada adquirió un brillo aprobatorio cuando Kotomine nuevamente se dirigió hacia él. "Esperamos que su viaje haya sido placentero."

"Lo fue." El semblante de Kotomine se tornó entonces una sombra sería. "Ahora. ¿Es en esta capilla donde tienen almacenadas las evidencias del caso?"

"En efecto, padre." Asintio Yuugo, antes de indicarle que le siguiera al interior del edificio. "Por favor, sigannos."

Al no tratarse de un edificio tan antiguo, comparado con otros de la Iglesia establecidos en muchas partes del mundo, las modificaciones ocultas del lado mundano eran un tanto más modernas que estas. La entrada al sótano se encontraba justamente en la celda de confesión, siendo accedida apenas Yugou pronunció un verso.

"La gloria de Dios es encubrir una cosa, pero el honor de los reyes es investigar un asunto."

Proverbios 25:2.

Los tablones de madera que conformaban la pared comenzaron a recorrerse hacia la izquierda, revelando así un pasadizo que descendia a una serie de escaleras, mismas que continuaban de lado izquierdo hasta una habitación sellada de manera hermética, en cuyo centro yacia una inmensa mesa metalica con múltiples objetos encima. De un lado, se podían apreciar dos carpetas, una con el contenido de la investigación, mientras que la otra siendo una lista del personal de la Academia Reian, junto con el curriculum de algunos y naturalmente, información de contacto que podría servir de interés. Pero del otro, una serie de frascos de cristal sellados por una parte, así como un panel en el cual estaban desplegados una serie de fragmentos afilados.

De inmediato, Yuugo fue hacia las carpetas, abriendo la segunda. "La abadesa nos pidió encontrar al elemento que traicionó la seguridad de la academia. El monseñor Dilo está al tanto de la situación, pero tiene mayores problemas de los cuales ocuparse."

Kotomine le echó un vistazo hacia las carpetas, antes de que su mirada fuera a parar hacia el resto de las evidencias. Inspeccionando el primer frasco, lo único que logró encontrar fueron unos huesos horriblemente calcinados y teñidos en una capa rojiza que le hicieron entornar los ojos. "¿Quien fue?"

"Kaburagi, el traficante. O lo que quedaba de él." Le informo Yuugou, antes de señalar al segundo frasco, mismo donde solo reposaba lo que parecía ser un dedo enorme y carbonizado, rodeado de cenizas. "Esos son los restos del brazo de un cómplice suyo, mismo que experimentó una mutación demoníaca, convirtiéndose en un Akateko, especie local de aparición. El resto del cadáver permaneció en una morgue, hasta ser cremado."

Antes de que pudiera realizar otra pregunta, Kotomine se quedó fijamente enfocado en los trozos metálicos rotos colocados sobre el panel, mismos que pareció estudiar detenidamente hasta encontrar una especie de guardia en un estado igual de pobre.

"¿Kotomine-san?" Le preguntó Karius ante su silencio.

"El traficante. ¿Cómo fue que terminó así?" Preguntó de pronto.

"Una solución altamente corrosiva en conjunto con algo que parecía ser mercurio con energía mágica canalizada se encargó de prácticamente fundirlo. Aunque mostraba quemaduras peores y muestras de un trauma de lo más fuerte." Prácticamente le recito Yuugo, sin entender porque el interés.

"Ácido." Repitió Kotomine, antes de volver a mirar los fragmentos. "¿Quien fue el que terminó con la vida del hombre, entonces?"

"Un especialista de seguridad anónimo. La persona que lo reporto se tomó la libertad de no mencionarlo." El hombre entorno sus propios ojos, mientras ocultaba un vuelco repentino en su estómago ante las preguntas del ejecutor.

"Necesito contactar a la persona, en ese caso." Sentenció Kotomine, impasible mientras se cruzaba de manos a sus espaldas.

"¿Ah? ¿Pero por qué? Tenemos ya los medios para encontrar al culpable. ¿De que serviría consulta al afectado?"

"No me he explicado bien." Lo detuvo secamente Kotomine, dándose la vuelta para poder encararlo. "Esto ya no es solo un asunto sobre el instituto a cargo de la abadesa. Se trata de algo que le atañe al dominio de los Tohsaka en Fuyuki, quienes no olvidará que son leales partidarios de la Iglesia."

"Kotomine-san, no lo entiendo." Karius intercedió un tanto confundido. "¿Cuál es la relación con los Tohsaka y su territorio aquí?"

"Reconozco dos de las evidencias en la mesa." Declaro Kotomine seriamente. "Carne y hueso corroídos por una sustancia de procedencia claramente mágica por una parte, así como una cuchilla rota cuyas piezas unidas formarían una de un tipo peculiar. Meses atrás, no mucho antes de la fecha que me informaron, ocurrió un incidente en los muelles de Fuyuki que dejó una escena desastrosa como muestra."

Algo que en definitiva, ninguno de los dos agentes de la Iglesia pudo ver venir. "¿Quiere decir que...?"

"Este traficante, fue uno de los participantes." Finalmente declaró Kotomine antes de añadir. "Y a juzgar por ambas armas, el dueño de esta también."

xXx

Residencia Emiya - Misaki.

27 de Mayo de 1997, 8: 39 PM…

Trazar un solo círculo de manera en que Paracelsus quedará satisfecho era difícil. Tener que hacerlo continuas veces de modo que todas las formas que exigia el diseño que el alquimista estaba pidiendo que grabara en el patio trasero era desesperante. Kiritsugu proveía apoyo moral, si es que así se le podría llamar a permanecer en silencio y de brazos cruzados mientras veía como la proyección del Servant Caster le regañaba desde su cristal, mismo que estaba colocado en el taburete que yacía permanentemente sobre la calzada del patio. Al lado de este, una bolsa de plástico con algunos objetos adquiridos a lo largo de la semana anterior podrá ser apreciada.

Si algo había agradecido inmensamente Shirou sobre sus habilidades, era que su variante de Proyección (Aún si se encontraba incompleta) lo había convertido ahora en alguien capaz de proveer al instante copias sólidas de casi cualquier objeto inanimado común que se pudiera necesitar. ¿En su caso actual? Enormes tablones de madera con forma circular y cuadrada para poder trazar las siluetas que necesitaba en el piso con una azada (Que también había proyectado). Tras refunfuñar un par de veces para sus adentros, indicó que había terminado.

"Hmm. La copia del círculo mágico que necesitamos está lista. Ahora solo es necesario añadirle los detalles específicos." Comentó Paracelsus tras inspeccionar el último trazo de Shirou, encontrándolo satisfactorio.

De haber tenido una paciencia más pobre, Shirou hubiera gritado ante ello. Pero se conformó con tirarle una mirada un tanto sucia a su padre adoptivo. "Gracias por la ayuda."

"Necesitas aprender esto, Shirou. No me mires a mi." Se defendió plácidamente Kiritsugu, recordando las veces en las que Iris había trazado un círculo para su uso personal. Raras veces él había intervenido, y era todavía más raro que él tuviera que trazar uno ya que a pesar de tener un conocimiento básico del Formalcraft, casi nunca había visto la necesidad de usarlo.

"Primero lo primero. Necesitas trazar un símbolo cuatro veces, uno en cada uno de los círculos pequeños." Ignorando a Kiritsugu, Paracelsus comenzó su instrucción, causando que su proyección generará un grabado en luz de un triángulo colocado de cabeza con una línea atravesándolo en horizontal. "El símbolo alquímico de la tierra."

"Trace on." Tras haber asentido y desechado la azada, Shirou procedió a proyectar y reforzar un kunai antes de inclinarse teniendo mayor cuidado en no arruinar el círculo, usando la punta de la herramienta para grabar dicho símbolo en cada uno de los espacios. Una vez que terminó, levantó la cabeza para esperar la aprobación de Parecelsus quien asintió nuevamente.

"Muy bien hecho, ahora toca agregar los ingredientes." Continuó el alquimista, causando que esta vez Kiritsugu actuará y se moviera hacia la bolsa en el taburete, extrayendo primero una bolsa aún más pequeña, repleta de un líquido rojizo que no podía ser otra cosa.

"En mis tiempos, conseguir sangre de un apotecario requería horas por medio de sanguijuelas si se trataba de la vía digna." Mencionó Paracelsus con algo de humor. "Sobraba decir que todos preferían extraerla directamente de animales. Tal parece ser que hoy en día es algo más accesible."

Shirou había pensado que Kiritsugu tendría que usar hipnosis para sacarla de un carnicero al que habían visitado en un viaje que había servido para poder llenar la despensa mensual de paso. Solo para que éste hubiera procedido a comprar más carne de la que había visto antes, y sacarla directamente de ahí. Intentar experimentar recetas nuevas con el producto que raras veces consumían los dos fuera de las hamburguesas ocasionales de Kiritsugu era como un bono adicional.

Kiritsugu le pasó la bolsa a Shirou, quien perforó un costado superior de esta con el kunai. "Con cuidado, ve vertiendola a lo largo de las líneas del círculo." Escucho como Paracelsus le indicaba. Suspirando, Shirou dejó caer tentativamente un par de gotas sobre el círculo exterior, y solo hasta que noto como al vertirla el liquido rojizo comenzaba a ocupar la diminuta grieta sobre la tierra a medida que iba moviendo su mano, trazando así una circunferencia de un carmesí sucio. "No te preocupes con que se termine. Quedará repleto al final."

Y efectivamente, al cabo de unos minutos y dos bolsas más, todas las líneas del círculo mágico estaban cubiertas de la sangre de res proveída.

"¿Qué sigue?" Pregunto Shirou.

"Kiritsugu-san, los tres primos por favor." El hombre extrajo entonces de la bolsa tres frascos diminutos que a su vez contenían tres sustancias distintas. Todos fueron a parar a las manos de Shirou, que agradeció que tuvieran etiquetas con sus respectivos nombres. Sería un desastre nada hilarante si se equivocara de ingrediente.

"Shirou-kun." Paracelsus nuevamente se dirigió hacia él. "Existen tres bases, tres primos de los cuales todo está compuesto. Estas tres substancias son las que mejor los ejemplifican. Por favor, primero abre el mercurio e intenta depositarlo sobre el margen del cuadrado más pequeño."

Shirou miró el frasco con un líquido semi-plateado que tenía ese nombre en la etiqueta, y tras haber depositado los otros dos contenedores, lo abrió. Para su sorpresa, no consiguió distinguir un olor normal de parte del líquido metálico.

"Mercurio, el espíritu. Es el principio de la fusibilidad y la volatilidad." Continuo Paracelsus, antes de añadir a modo de advertencia. "Procura no olerlo, no es bueno para la salud. Tengo entendido que los alquimistas de Catay tenían la creencia de que consumirlo era un paso a la inmortalidad, pero solo Dios sabrá como fecundaron esa idea."

Sobró decir que Shirou apartó el frasco abierto de su nariz lo más que pudo, antes de comenzar a derramar con sumo cuidado su contenido sobre las líneas que formaban el cuadrado, que en conjunto con la sangre anteriormente colocada, adquiere una tonalidad grisácea oscura.

"Muy bien, ahora el polvo amarillo por favor." Le pidió Paracelsus una vez que cerró el frasco y lo dejaba del otro lado. Shirou miro los dos restantes, y rápidamente tomó el que contenía lo indicado, cosa nada difícil viendo que era el único de los ingredientes restantes del cual desconocía su nombre. Un contenedor un tanto diminuto repleto de particulas de un amarillo palido. "Azufre, el alma. Representa el principio de combustibilidad, debe de ir al borde del primer círculo. A diferencia del mercurio, tal y como está ahora no es necesariamente peligroso, pero evita exponerte de más a este."

Titubeando un poco, Shirou ejecuto dicha labor en silencio, asegurandose de que el polvo amarillo alcanzara a cubrir los cuatro lados de la figura. Algo que le tomó alrededor de unos dos minutos.

"Y por ultimo, el mas sencillo." Cuánta razón había en ello, porque justamente el único ingrediente había sido el único que conocía. Casi hasta se le hizo divertido como algo tan común en uso era aparentemente un material casi indispensable en el empleo de la alquimia y otras formas de taumaturgia de acuerdo con Caster.

'Conseguir un salero más grande que los normales fue una tarea regalada.' Pensó Shirou, mientras le retiraba la tapa.

"Sal, el cuerpo. Con los principios opuestos a los dos anteriores. Estos tres elementos los llame la Tria Prima. Los tres factores más importantes en la Alquimia." Informó Paracelsus mientras observaba como Shirou vertía todo el contenido del salero en las líneas del segundo cuadrado. "Junto a las últimas tres cosas, nos servirán para actualizar cierto misterio."

Y hablando de ello, Shirou recibió de parte de Kiritsugu el enorme frasco de polvo de vacío que habían adquirido en Shinjuku, del cual habían extraído ya una cucharada que fue guardada en un contenedor de menor tamaño para ser usada en la Espada Azoth siendo forjada aún por Amakuni. Lo cual dejaba el resto más que disponible para ser empleado en algo más.

"¿Dónde lo voy a colocar?" Pregunto Shirou, sin abrir la tapa aun.

"Sobre los dos círculos restantes. Que conecte a los cuatro pequeños." La respuesta de Paracelsus vino de inmediato, haciendo que Shirou entendiera al comprender. El polvo púrpura comenzó a ser derramado poco a poco sobre las líneas, mezclandose con la sangre que estaba presente ya. El niño noto para sus adentros que viéndolo desde arriba, el círculo mágico trazado con todos los ingredientes colocados, parecía el ojo de una criatura gigante dormida.

Una vez que la última línea fue rellenada, dejando al frasco vacío, Shirou se permitió el suspirar. Paracelsus por otra parte, se dirigió nuevamente hacia su padre adoptivo.

"Kiritsugu-san. ¿Podría canalizar energía mágica del elemento tierra en cada uno de los círculos pequeños, por favor?"

Kiritsugu, quien se había asegurado de beber uno de sus viales a medida de precaución, se acercó mientras activaba sus circuitos. "Había creído ya que ni siquiera sería necesario." Cuando Shirou le había comentado sobre la propuesta de Paracelsus, había hecho poco más que levantar una ceja. Con la práctica de alguien que había descuidado cierta labor durante mucho tiempo, Kiritsugu permitió que una sensación pesada recorriera su flujo de energia magica hasta manifestarse como una especie de aura ligeramente marrón que rápidamente fue absorbida por el primero de los pequeños círculos, incluyendo la figura colocada en su interior. Una vez que repitió tres veces más el proceso, se apartó nuevamente.

"Las raíces, Shirou-kun. Cada una sobre los símbolos." Los tubérculos recién cortados fueron a parar en los lugares indicados, en lo que Shirou se preparaba para depositar lo último. Cuando Paracelsus le había pedido que fuera detrás de su casa y trajera tanto tierra como piedras directamente de ahí, le había mirado de un modo raro. Aun seguía sin entender que propósito cumplirian, pero si asi lo decia el alquimista. La pequeña muestra de terreno fue a parar justo en el centro de del círculo, siendo una pequeña colección de tierra obtenida a un par de metros de profundidad y uno que otro guijarro curioso. Una vez terminado así, Shirou se quedó esperando por instrucciones.

"¿Y entonces?"

"Es finalmente el momento." Asintió Paracelsus mientras su proyección se cruzaba de brazos. "Una gota, una sola gota de sangre. Dejala caer en cualquiera de las líneas del círculo, primero. Asegurate de tenerla cargada con tu energia magica."

Shirou había estado a punto de utilizar el kunai que había dejado en el suelo, pero tras mirar su punta cubierta de tierra lo pensó mejor y deshizo la proyección antes de conjurar una aguja, con la cual aguijoneo la yema de su pulgar izquierdo. 'Una sola gota entonces.' Pensó mientras sus circuitos canalizaban poco menos que un cuarto de unidad a esta, dejándola caer mientras emitía un brillo peculiar hasta ir a parar al borde más cercano del círculo.

Apenas lo hizo, el brillo comenzó a expandirse a través del resto de las líneas. Como un adorno luminoso de Navidad, todo el círculo mágico terminó por encenderse muy para el asombro de Shirou.

"Ahora viene la parte que requiere una interferencia directo." Enfocado aún en su instrucción, Paracelsus se había convertido en la encarnación misma de la seriedad. "Como mencioné hace más de un mes. Tal parece que el único talento natural taumatúrgico que has demostrado parece ser Transmutación Material. Esta vez, harás en cierta forma uso de ello."

"¿Oh?" Ante la mirada confundida de Shirou, Paracelsus realizó un gesto con su manga derecha.

"Colocaras tu mano derecha en el borde y comenzaras a canalizar energía mágica hacia el círculo. Entonces te concentraras en lo que hay en el centro de este. Sabrás lo que tienes que hacer ahí." Le informo la inteligencia artificial.

"Eh. ¿Solo eso? ¿No habria ningun aria o algo asi?" Shirou parpadeo por lo relativamente... Simple que se veía el ritual. Incluso se le nota algo incómodo tras caer en cuenta de algo. "Y para algo como esto. ¿No deberia de conectarme a la Fundación de la Alquimia?"

"No para algo como esto." Negó Paracelsus con la cabeza. "Este ritual por así decirlo es increíblemente sencillo, pero tiene derivados que requerirían que de verdad terminarás por conectarte. Aunque he de advertirte que la forma en que uno se conecta a una Fundacion Taumatúrgica no es siempre igual."

"Precisamente." Admitió Yoshinori, asintiendo. "Lo había dicho ayer. Las fundaciones taumatúrgicas en Occidente son accedidas por medio de los circuitos mágicos conectándose a estas, permitiéndoles emplear el hechizo que está guardado ahí. Tu Llave Filosofal te conecta directamente con lo guardado en los dominios que esta abre, sin embargo a pesar de sonar iguales la diferencia es enorme en otras cosas."

'¿Ah?' Por un lado, su instructor de Shugendou le había contado lo anterior, pero Paracelsus mencionaba otra cosa. ¿Que debía de tomar como válido ante el otro? Encogiéndose de hombros, se limitó a mantener sus circuitos activos mientras se agachaba, dispuesto a realizar la última tarea.

"Notarás como algo es emitido de las raíces apenas sean consumidas. Ese algo deberás transportarlo, usando tu energía mágica hacia el centro del círculo. No debes detenerte hasta que el núcleo que veras se manifieste. Como lo dije antes, lo sabrás apenas lo experimentes."

Shirou asintió a la par que su mano derecha tocaba ligeramente el borde del círculo brillante. "Trace on."

Pero no estaba preparado para lo que vendría, pues apenas canalizo la energía mágica requerida el brillo en el círculo mágico se intensificó de tal forma que tuvo que cerrar los ojos de manera repentina, solo para volver a abrirlos tras sentir un tirón insistente sobre sus circuitos.

"Ughh." Se quejó, antes de intentar concentrarse; logrando captar como lentamente el círculo mágico comenzaban a cambiar del color muerto que portaba a uno verde profundo, mismo que se intensificó apenas los círculos menores donde descansaban las raíces espirituales cortadas terminaron por conectarse por completo. Y eso no fue todo.

Al principio, fueron los cuatro círculos pequeños los que comenzaron a girar sobre sí mismos a una velocidad un tanto lenta, pero gradualmente se le unieron las demás figuras que conformaban toda la silueta mística. Como los engranajes de un reloj, tanto círculos como cuadrados se unieron en movimientos opuestos que casi se le figuraban como hipnóticos. Hace poco había comentado que el círculo mágico desde arriba se veía como el ojo de una criatura gigantesca, pero ahora parecía que esta se encontraba despierta y observando.

Con un silbido sepulcral, advirtió cómo las raíces se estaban deshaciendo, dejando atrás poco más que un cúmulo de luces conformadas por una miríada de tonos que iban entre el azul y el verde. Cúmulos que noto como se estaban deshaciendo también, causando que un torrente de energía nueva fuera a parar a las líneas del círculo mágico.

"Notarás como algo es emitido de las raíces apenas sean consumidas. Ese algo deberás transportarlo, usando tu energía mágica hacia el centro del círculo. No debes de detenerte hasta que el núcleo que veras se manifieste. Como lo dije antes, lo sabrás apenas lo experimentes."

¡Era eso!

"Trace on." Murmuró nuevamente, permitiendo que el propio torrente que manipulaba alcanzará a envolver las cuatro nuevas fuentes de energía. No era tan difícil, sentía como si estuviera rellenando los huecos en algo para poder aplicarle un Reforzamiento. Por otro lado, empujarlas hasta el centro fue como intentar recoger un objeto usando un pie solamente.

Una vez que conectaron en el centro, advirtió cómo la tierra y las piedras colocadas en cada uno de los cuadrados pequeños que dividían el que se encontraba en medio se agitaron. Una vorágine incomprensible se movió entre estos mientras que algo más buscaba retorcerse ahí.

"Hmm." Concentrando aún más, Shirou imagino como si estuviera usando sus manos para moldear una especie de masa, untando la tierra y los guijarros con la mezcla de substancias que conformaban el círculo, mientras que su energía mágica servía como el aceite que la freia. En medio del círculo, lo que parecía ser un vórtice diminuto de tierra se alzó hasta unos centímetros, despidiendo de vez en cuando uno que otro zarcillo de energía antes de que su centro se iluminara como si alguien hubiera encendido un foco en su interior. Al mismo tiempo, en su mente comenzaron a manifestarse escenas confusas y fantasmales que desaparecian tan rápido como llegaban; criaturas rastreras y cubiertas de pelaje que olisqueaban agujeros en la tierra por un lado, sombras negras aferrándose a los troncos de los árboles y desapareciendo como si carecieran de profundidad, marañas de miembros retorcidos y siseantes

"¡Haaaah.!" Al sentir como algo empujaba contra él a modo de resistencia, Shirou retiró su mano del círculo, causando que las formas en este dejaran de moverse finalmente, aunque el vórtice aún tomaría unos momentos en disiparse, pero cuando lo hizo.

"Woow."

En medio del círculo, yacía una especie de cristal. No muy grande, quizás de la mitad del tamaño de una pelota de fútbol; una pieza de un color que iba entre lo marrón y lo anaranjado con decenas de protuberancias que recordaban a estalagmiticas conformando su cuerpo. Lo curioso de este era no solo la ligera aura luminosa que emitia, sino que encima estaba levitando sobre el círculo.

Sniff.

Una fuerte concentración de energía mágica se podía llegar a detectar desde este.

"Shirou-kun. Dile hola a tu Elemental." Le dijo Paracelsus.

"Espera. ¿Que?" Shirou parpadeo mientras le dirigía su mirada hacia la proyección del alquimista, antes de regresarla a cristal. "¿Como que Elemental? ¿No dijiste que esos eran espíritus mágicos?"

"Encontrarás que en el mundo iluminado por la luna, Elemental es un término bastante usado." Confesó Paracelsus. "Si consultaras a alguien versado en Evocacion Espiritual, este te diría que no es más que una categoría que engloba a ciertas entidades nacidas directamente de la naturaleza como su sistema de tacto. Luego estaría un ser sobrenatural que simboliza los cuatro elementos principales, como mencione en mi teoría... Pero en este caso, se trata de algo más."

Señalando al cristal en el círculo, Paracelsus continuó. "Usando fragmentos con la esencia de criaturas así en conjunto con un círculo mágico que acomode bien la Tria Prima y un ingrediente tan peculiar como partículas teñidas a partir de los remanentes de un Ghost Liner ennegrecido así como usando uno de los elementos fundamentales como base, es posible crear algo así. Activa nuevamente tus circuitos mágicos, y concéntrate en el, te sorprenderas."

"Trace on." Shirou frunció el ceño al notar una conexión que le recordó a la que compartía con sus proyecciones, pero esta era distinta y le ataba directamente. ¿Con el cristal? Ladeo su cabeza hacia un costado mientras movía los dedos de su mano derecha para comprobar si era posible manipularla de la misma forma que estas. 'Muévete.'

Solo para llevarse una enorme sorpresa tras ver como el cristal, en lugar de operar de acuerdo a sus pensamientos, pareció reaccionar solamente hasta que le dio un comando, levitando aun centímetros por encima del suelo, pero alcanzado a trasladarse alrededor de un cuarto de metro hacia la derecha.

"Espíritus artificiales que agregan los poderes del poder de cada elemento. Esos son los Elementales que mi teoría terminó por ayudarme a crear." Explicó Paracelsus, sonando ligeramente orgulloso de sí mismo. "Superan la realidad, pero no son nada como criaturas fantasmales. Pero en cambio al poder componerse de tierra, agua, fuego, aire y éter, son espíritus elementales de los cinco grandes elementos."

Shirou, quien se había limitado a manipular al cristal en base a uno que otro comando en su mente parpadeo. "Espíritu artificial... ¿Pero que es lo que hacen?"

"Pueden tener muchos usos." Indicó Paracelsus. "El principal es usarlos como piscinas de energía mágica concentrada, o para ataque y defensa. Para mí, también son útiles como materiales de investigación y catalizadores de hechizos rituales... El brillo de los elementos que componen este mundo...Quizás este misterio nos lleve algún día a la Raíz."

'¿La Raíz?' Shirou alzo una ceja, pero antes de que pudiera preguntar al respecto.

"No tenían esa apariencia, pero en la Cuarta Guerra, Caster desplegó varios familiares así." Una tos de parte de Kiritsugu hizo que ambos recordarán que el hombre seguía ahí. "Caster, si ya han terminado. ¿Podría Shirou entrar a la casa? Es tarde ya."

"Oh, naturalmente. Este Elemental de Tierra es increíblemente básico comparado a los que suelo manejar yo, incluso sin recursos tan especiales." Comentó el alquimista. "Decidí ayudar a Shirou-kun a crear uno para que pueda aprender a usar su Espada de Azoth."

'¿Ah?' Shirou volvió a parpadear.

El resto de la semana, fuera de su rutina ordinaria fue... Entretenida. El Elemental — Shirou había aprendido. — se trataba de prácticamente algo parecido a un robot mágico, y como tales máquinas, se le podía programar y mejorar de modo que pudiera ejecutar más acciones, y entre ellas, mucho más complejas. Sin embargo, Paracelsus se mostraba reacio a pasar a ese nivel sin tener acceso a la Espada de Azoth en primer lugar. Fuera de ello, el alquimista había realizado otro comentario:

"La Taumaturgia Occidental y Oriental son ambos vastos océanos que conectan de una forma u otra. Pero mezclarlos es imprudente, aun si se trata de un modo indirecto." Había advertido Paracelsus. "Si has de enfocarte en el arte del Shugendou un dia, evita internarte en la alquimia más tarde."

Shirou había aprendido a valorar inmensamente al remanente de Caster, pero no podía negar que a veces le llegaba a desesperar enormemente su tendencia a hablar de manera críptica. Muy para el entretenimiento de Paracelsus, este había procedido a comentar que era una costumbre bastante común entre los magi.

Regresando al manejo de su Elemental. Caster no había exagerado al afirmar que se trataba de un espécimen terriblemente básico, pero Shirou logró sorprendentemente encontrarle una que otra función más. Tal y como Paracelsus había mencionado, el cristal en cierta forma era una batería de energía mágica ambulante. Operaba a partir de esta, era cierto, pero si la situación lo demandaba, con tenerlo cerca, Shirou era capaz de extraer cuanta energía mágica pudiera llegar a necesitar de su núcleo. Naturalmente, aquello drenaba las reservas del Elemental, obligando a tener que cargarlo. Al enterarse de eso, Shirou había suspirado tras creer que eso significaba tener que canalizar energía mágica durante días para poder usarlo nuevamente. A lo que Caster simplemente respondió con que.

"Existe una función que permitiría que pudiera adquirir energía a través del maná en el ambiente. Pero por ahora, el proceso de recarga es todo menos complejo, limitate a dejarlo en medio del círculo mágico y activarlo. Te había contado en el pueblo en las montañas que el Elemento Tierra destaca en el llamado cultivo de energía, por lo que el Elemental será más que capaz de adquirir lo que necesita al cabo de un día con solo permanecer en un catalizador como lo es el círculo mágico."

Sin embargo, Shirou había descubierto que podía canalizar dos de sus hechizos a través de este. Si se concentraba lo suficientemente y tenía el cristal flotando relativamente cerca, tanto Reforzamiento como Alteración podían llegar a ser aplicados en el Elemental. Sin embargo, los efectos veían su eficacia ser disminuida conforme intentaba hacerlo con este más lejos de él. De igual manera, los resultados positivos eran un tanto interesantes. Con el primero, el Elemental adquiria una tonalidad un tanto más oscura a la par que se endurecía de una manera casi endemoniada... Misma que le otorgaba suficiente durabilidad como para dejar una marca significativa en una placa de metal que había proyectado desde antes. Con el segundo, por otro lado, se había inspirado al ver en una imagen una especie de arma rara compuesta por una esfera metálica con púas sujeta por medio de una cadena a un palo, mangual si no le fallaba la memoria. Por medio de la Alteración, era ridículamente fácil hacer que el cuerpo del Elemental cambiará a la forma semi-perfecta de una esfera, con más de una de sus estalagmitas actuando como una de esas púas.

Pobre del que tuviera la mala suerte de tener esa cosa siendo movilizada contra el. A menos que tuviera un buen reforzamiento encima, saldría con poco más que huesos rotos en lo más mínimo. Al ver aquello, Kiritsugu parecía haberlo aprobado mientras que Caster había soltado un suspiro un tanto exasperado.

Por su parte, la reacción de Kohaku a su pequeña creación había sido una de ligero interés. La criada de los Tohno había procedido a tocar con una escoba al Elemental el día en el que Shirou le había entregado la Piedrasangre que le había pedido.

"Cuando dije que tus atributos alineados eran especiales... Quizá debí decir que te vuelven especialmente bueno en sacar armas de la nada." Había dicho en un tono tan seco que Shirou no supo identificar si se trataba de una broma o no. Le tenía mucha estima a su amiga, pero a veces...

Otro acontecimiento destacable durante el mes consistió en la preparación del núcleo. Y bajo la atenta mirada de Paracelsus, Shirou se encargó de romper y aplastar cuidadosamente con un martillo la bufonita y la obsidiana compradas en Shinjuku, antes de terminar por mezclar el resultado con el polvo de vacío y añadir los restos de la pluma de un cuervo. ¿De dónde había salido tal detalle? Pues al final Shirou había terminado por ser testigo de cómo el familiar de Kiritsugu, un murciélago increíblemente añejado había sido controlado por este mientras era perseguido por un cuervo. Fuera de la imagen un tanto hilarante, un par de las plumas de este habían ido a parar al patio, con una de ellas sirviendo perfectamente para el propósito que tenía en mente.

La bizarra mezcla requería de algo más. Y en vista de sus experiencias anteriores, Shirou no protestó cuando tuvo que perforar la yema de su pulgar una vez más con tal de dejar goteando algo de sangre sobre esta; sangre que se aseguro de cargar con energía mágica antes de tiempo. Lo que le sorprendió fue la siguiente petición de Paracelsus al respecto.

Cabello y uñas. No tanto, pero también siendo parte de la fórmula. Y cuando había preguntado por ello, la respuesta había sido... Iluminadora.

"La sangre puede servir para acumular energía mágica de uno. Pero no hay mejor enlace que partes más sólidas del cuerpo. Cabello y uñas son las más fáciles de adquirir."

Paracelsus había procedido entonces a comentar que dichos recursos en conjunto con un método más elaborado eran la clave para la creación de un familiar. Aquello sumado a la realización de que era exactamente el murciélago de su padre adoptivo no le había sentado nada bien.

Disgustos aparte, le tocó agitar el revoltijo con una cuchara, logrando crear así lo que parecía ser una masa grumosa hinchada en sable y carmesí con una que otra tonalidad en púrpura. Finalmente, esta fue a parar al interior de una cápsula sellada de vidrio... Que posteriormente terminó en el refrigerador de la casa con una etiqueta que rezaba: NO TOCAR.

La piedra por el pomo fue afortunadamente fácil de obtener. O mejor dicho, de identificar. Ya que entre las que habían sido tomadas de la mansión en Fuyuki y las del cubil de Kaburagi, justamente hubo un rubí de tamaño menor con una runa a medio grabar en una de sus caras. Había poseído algo de energía mágica aún, misma que el alquimista le había enseñado el cómo retirar de la gema sin necesidad de romperla.

"Trace on." Había murmurado Shirou en ese entonces, concentrándose en un punto inalcanzable para los sentidos mundanos dentro del cristal rojizo. Una vez ahí, los zarcillos que había aprendido a identificar como el impulso de sus circuitos alcanzaron a sujetar la energía concentrada, y absorberla como si se tratara de un sifón. Dicha energía había procedido a ser liberada segundos después como una proyección de Juunijirou Touzaki.

Se dice que pueden actuar como prisiones que detienen el flujo, acumulando, almacenando fácilmente los pensamientos de sus dueños, junto con la energía mágica transferida dentro de ellos. Eso permite que un mago alcance tales reservas y las tome como propias.

"Osea... ¿Baterías?" Había señalado Shirou. Y eso le había dado varias ideas.

El ocaso del sexto mes del año había llegado finalmente y con este la llamada de Amakuni para la entrega de los materiales para la cuchilla comisionada, misma que sería entregada ese mismo día.

Sería la tercera vez que Shirou visitará la residencia de los Touzaki, y al mismo tiempo la primera en la que lo hacía sin acompañar a Sougen y Kohaku. Tras una breve introducción entre Kiritsugu y Amakuni, tanto el rubí como la cápsula de vidrio donde estaba el "núcleo" habían sido entregados al herrero, quien se había retirado hacia su fragua. Y horas más tarde; una vez que el pago hubiera sido completado, Shirou se encontraba en el patio detrás de su casa observando lo que le habían entregado.

Tantou, le había llamado Amakuni. Más una daga que una espada. Una pieza que no podría superar los veinte centímetros de largo con una doble hoja de aspecto delicado y un mango simple; que contrastaba enormemente con el rubí adosado en el pomo.

"Entonces... ¿Qué es lo que tengo que hacer ahora?" Preguntó, apartando la vista de la daga en dirección al cristal de Paracelsus sobre el taburete. La herramienta en sí se le figuraba como algo "dormido" a falta de mejor término, no exactamente como si se tratase de un aparato electrónico pero al mismo tiempo tampoco de un ser vivo.

"Activarla y reclamarla." Fue la instrucción del alquimista, mientras que su silueta señalaba a la cuchilla. "La Espada Azoth al final del día es un contenedor para tu propio poder mágico, requiere que coloques un canal en su interior que te permita dirigirlo ahí cada vez que la uses."

"Colocar un canal en su interior..." Shirou repitió en un murmullo antes de parpadear y mirar sus brazos tras caer en cuenta de algo. "¿Ah? ¿Tengo que arrancarme uno de mis circuitos y colocarlo ahí?"

"¿Oh?" Al alquimista se le pudo notar un tanto estupefacto por un momento antes de negar con la cabeza casi frenéticamente. "No, para nada. ¿Que te hace pensar en una locura así?" El remanente de Paracelsus sabiamente optó por no mencionar que en realidad un procedimiento así era altamente viable, y seguramente más de un magus desesperado, tras haber caído al abismo de la impaciencia, lo consideraría realizar seriamente pese a estar más que enterado del estigma alrededor de la mutilación de los propios circuitos mágicos.

"Ah... Nada, nada." Completamente ajeno a las intenciones en incógnito del Caster, Shirou se encogió de hombros antes de fijar nuevamente su mirada en la cuchilla. "¿Que seguía?"

"Los componentes que conforman el núcleo son el catalizador para crear un circuito mágico artificial dentro de la espada. Este permanecerá inerte a menos que esté recibiendo tu energía, pero primero tienes que crearlo. Se trata de un proceso casi en automático." Continuó explicandole Paracelsus, antes de que se le ocurriera el añadir algo más. "¿Recuerdas el cómo te instruí que canalizaras constantemente energía mágica al rubí y luego la absorbieras? Ese proceso de acostumbrar la gema a tu firma de energía mágica es lo que ayudará a que esto salga bien."

"Osea. ¿Solo debo canalizar energia magica y ya?" Shirou no pudo evitar sentirse un tanto contrariado. Por la forma en la cual Caster había estado hablando del uso de su invención, se hubiera esperado algo más... Complicado. Literalmente, lo que estaba describiendo la inteligencia artificial sonaba tan sencillo que casi no se lo podía creer.

"Asi es. Solo procura recitar tu aria al mismo tiempo que lo haces, asi se creara un enlace mayor y de paso podrás tener una especie de... ¿Clave?" El alquimista frunció el ceño mientras pensaba en una palabra más apropiada. "¿Cómo se le dice en estos tiempos? Ah, si. Una contraseña, por asi decirlo."

Teniendo ya la respuesta, Shirou supuso que era suficiente luz verde como para que pudiera comenzar. "Muy bien, aquí viene."

Su mano izquierda sujetó firmemente el mango de la daga, mientras que la derecha posó su palma en uno de los costados, teniendo especial cuidado con los bordes. "Trace on."

Fue como el piquete de un abejorro furioso durante menos de un segundo, durante el cual pudo sentir una corriente formándose dentro de la espada ceremonial, extendiéndose al principio de un lado a otro a la par que emitia un siseo particular. En respuesta a ello, un aura azulada bastante tenue comenzó a ser emitida por la hoja a la par que vibraba. En el otro extremo, el rubí mostraba una vorágine carmesí en su interior que se agitaba continuamente como una especie de tempestad en miniatura.

Shirou desactivó sus circuitos, comprobando cómo el fenómeno continuaba. Estaba más que claro que la Espada Azoth ahora estaba activa. Una idea más se le vino a su mente mientras activaba nuevamente sus circuitos, conectándolos con lo que suponía que se trataba del "artificial" en el interior de la daga antes de pronunciar. "Trace Off."

En respuesta, el brillo azulado comenzó a desvanecerse y la vibración se detuvo. Pero por otro lado, la gema conservó su brillo pese a que la tempestad en su interior terminó por cesar.

"Ahí lo tienes." Le comento Paracelsus. "La has logrado activar y desactivar por medio de tu Aria. Ahora está lista para ser usada."

Shirou asintió mientras la balanceaba con delicadeza en su mano izquierda. "La siento un poco... Delicada."

"Porque no es un arma como las que conoces. No sirve para desviar golpes o asestar estocadas, ni siquiera para apuñalar." Le señalo Paracelsus antes de realizar una pausa ante lo último. "Bueno, tal vez tenga alguna que otra función para ello, pero terminaria por sufrir estragos."

"¿Y todo lo que me dijiste que puede hacer?" Shirou alzó una ceja mientras preguntaba.

"Buena parte de lo que te conté son funciones que no se encuentran disponibles aún para tu Espada Azoth, Shirou-kun." Le aclaro Paracelsus. "Los códigos místicos requieren una mano fina mientras son programados después de todo."

"¿Programados?"

"Algo para después." Desvío Paracelsus antes de señalar a la daga. "Sin embargo, la función que vamos a utilizar para lo que necesitas afortunadamente es algo intrínseco de una Espada Azoth. ¿Recuerdas lo que mencione? De ser así, repítelo por favor."

Shirou agradeció enormemente el haber tomado notas ese día. "Aclimatizar... — ¿Era así? — los circuitos mágicos de mi Cresta de manera que puedan funcionar mejor, ya que como no son mios, tienden a no funcionar correctamente para mi."

"Es correcto. Y en cuanto a la Espada Azoth, al conectar estos circuitos al recién creado dentro de esta, lograrás crear una conexión que te permitirá realizar algo que hasta ahora no pareces ser capaz de lograr por tu cuenta dado el caso de tus atributos alineados: Transformación de la Naturaleza." Los ojos de Paracelsus emitieron un leve brillo mientras alzaba el dedo índice de su mano derecha.

"Hmmm. Pero si se supone que ese circuito mágico falso es prácticamente uno mio. ¿No debería ser igual que mis veintisiete normales?" Pregunto Shirou, considerando algo que hasta ahora no había cruzado su mente.

"Esa es una buena pregunta, Shirou-kun." Reconoció el alquimista antes de negar con la cabeza. "Sin embargo, hay un detalle mas. El núcleo compuesto por sustancias alineadas a los cinco elementos fue lo primero que iluminaron ese canal cuando lo creaste, y continúa siendo influido por este. Naturalmente si el núcleo llegase a ser retirado, el circuito tarde o temprano encontraría la manera de revertirse a tu naturaleza."

"Oh." Tenía sentido, aunque Shirou no pudo evitar entornar sus ojos al escuchar aquello. "Entonces... ¿Esa es la clave? ¿Si le metemos a alguien un nucleo asi en sus circuitos apenas nazca, no deberia de ocurrir lo mismo?"

El resoplido humorístico que surgió de Paracelsus le hizo detenerse. "Shirou-kun, a veces me recuerdas a un antiguo amigo mío con tus preguntas. Y no sé si es bueno o malo. Pero respondiendo a ello, existen métodos específicos que permiten el cambio de afinidad elemental... Pero son increíblemente riesgosas y suponen una pérdida enorme del potencial innato de uno."

"Ya entiendo, creo." Shirou parpadeo por última vez antes de mirar la cuchilla y prepararse para lo que venía. "¿Es algo automatico tambien o como funciona exactamente?"

"No, no lo es Shirou-kun. Pero tampoco se trata de un proceso complicado. Utiliza los circuitos mágicos separados de tu Cresta para conectar con el artificial dentro de la daga. Una vez que lo hayas hecho, desde de utilizar ahora este para tocar el núcleo y dejar que fluya la energía teñida por el elemento que deseas usar." Paracelsus realizó una pausa al considerar algo nuevo. "¿Cómo identificarlo? Antes de que te lo preguntes, debes entender que cada elemento tiene otro tipo especial de propiedades. En el caso de Viento, es Cálido y Húmedo. A partir de esas sensaciones, lograras encontrarlo y de ahí solo necesitas extraerlo directamente a tus circuitos mágicos. Te dire que hacer a partir de ese paso."

"Oh, bueno." Shirou se encogió de hombros tras recibir aquello. La verdad es que no lucía como algo tan difícil, aunque de igual manera tendría cuidado. "Aquí vamos." Murmuró antes de recitar su Aria, activando tanto sus circuitos mágicos como el código místico que acababa de recibir. "Trace on."

Lo primero que hizo fue no enfocarse en los veintisiete circuitos con los que estaba familiarizado por completo, pasando de largo de ellos, buscó enfocarse más en los tres separados que sabía que conectaban a su cresta. Haciendo un esfuerzo, comenzó a moverlos en dirección al que podía detectar a la distancia y que sabía que se trataba del artificial dentro de la daga. Casi sonrió una vez que pudo conectarlos, sintiendo una corriente deslizarse por sus entrañas en la forma de un escalofrío.

'Okay... Ahora lo que sigue.' Pensó mientras se concentraba en el otro circuito de modo que lograra rozar algo extraño; una masa abultada que a ratos le parecía similar a la arcilla húmeda solo para convertirse en la superficie lisa de un cristal, y entonces calentarse como un horno hasta comenzar a emitir algo que le generó numerosos cosquilleos. 'Este debe ser el núcleo... Vamos, concéntrate. Calido y humedo, calido y humedo.'

Tras forcejear durante lo que le pareció casi un minuto, logró finalmente atisbar una sensación que se le figuró parecida a lo que buscaba. 'Extraer, extraer...' Repitió como si se tratara de un mantra, concentrándose ahora en empujar por la fuerza la energía mágica que dejaba fluir a través del circuito artificial solo para que esta comenzara a entrar en los tres normales que tenía. Al instante noto como era bastante distinta a cualquiera que hubiera detectado antes, y a medida que iba entrando a sus circuitos no pudo evitar sentir como el cosquilleo aumentaba de una forma que le recordaba enormemente a la brisa sobre su rostro. '¿Será esto?'

Soltando un largo suspiro, desactivo entonces el código místico y abrió los ojos, notando como justamente sus tres circuitos mágicos se mantenían manifestados sobre su brazo izquierdo, y a juzgar por cómo las líneas se estaban concentrando en algún punto de su espalda, un caso similar se podría apreciar con su cresta. Y eso no era lo único, puesto que en los tres circuitos sabía que estaba concentrada la energía que había extraído y en cuanto a esta...

"Nota la coloración entre azul y verde. Muy diferente a la energía mágica normal. Ten en cuenta también cómo la sientes dentro de ti. Eso es el Elemento del Viento, que domina la energía libre y el movimiento." La voz de Paracelsus le devolvió a la realidad desde el prisma. "Ahora que tienes esa energía en tu interior, intenta realizar el misterio del que hablas."

Shirou estuvo a punto de unir ambas manos, hasta recordar que con una estaba sosteniendo la daga y miró hacia ambos lados buscando donde colocarla, incluso teniendo la idea de morder el mango. "Eh... ¿Tengo que seguir sosteniendola o algo?"

Ante la negativa del alquimista, soltó un suspiro de alivio antes de dejar descansar la espada en el mismo taburete que el prisma. Entonces inhalo y exhalo, antes de empezar a acomodar sus manos.

'Por favor, funciona.' Penso mientras pronunciaba la oración que sabía que le conectaba ya con la Fundación que buscaba luego de su iniciación. "Oṃ Amogha Vairocana Mahāmudrā Maṇipadma Jvalapravartāya Hūṃ."

El resto de sus circuitos se manifestó con el zumbido característico que les acompañaba, mientras que Shirou juntaba ambas manos y se concentraba en el primero de los tres patrones. "Pyou." Dijo en voz alta una vez que lo terminó, experimentando ya la familiar punzada en sus manos cuando lo deshacía para realizar el siguiente, y apenas separaba ambos pares dedos repitió la misma acción. "Tou." Una segunda punzada se manifestó, provocando que tragara saliva sabiendo lo que vendría a continuación. Uniendo ambas manos a través de los dedos pulgares e índices, pronunció el nombre del tercer sello. "Zai."

Y no estuvo para nada preparado para el abrazo interno que le agito apenas lo hizo. Como si de la nada alguien hubiera encendido un enorme ventilador dentro de él, una corriente de aire le sacudió hasta los nervios, generandole un escalofrío más que hizo que sus propios circuitos mágicos emitieran una miríada de zumbidos que le recordaban tanto a un tintineo como a un siseo.

'¿Eso fue?' La pregunta murió en su lengua antes de que pudiera decirla en voz alta, ya que la posición de sus manos cambió al juntar ambas de un modo que la derecha envolviera a su puño izquierdo como una manta. "Zen... ¡¿?!"

Fusssssshhhh!

Apenas deshizo la posición de sus manos, sintió una punzada distinta y fulminante desde estas que le obligó a extenderlas en un gesto involuntario. Y al mismo tiempo, media docena de zarcillos semi-transparentes surgieron desde estas, impulsándolo hacia atrás, muy para su confusión. Shirou parpadeo un tanto adolorido, antes de mirar a sus manos y luego al frente.

"Lo has logrado." Escuchó una serie de aplausos proveniente del alquimista. "Convertiste energía mágica del elemento a este. Como puedes ver, ahora puedes realizarlo sin problemas."

Shirou no respondió, no con palabras al menos. Frunciendo el ceño y jugando con sus dedos, inhalo nuevamente antes de comenzar a ejecutar la corta cadena de sellos de mano, terminando nuevamente con un. "Zen."

Esta vez, la descarga de viento que brotó desde sus dedos no le tomó por sorpresa y pudo contemplar satisfecho como la corriente se perdía a la distancia luego de que la expulsara. "¡Genial!"

Eufórico por sus éxitos, repitió la misma operación y esta vez alcanzó a extender algo más el gesto de modo que pudiera dirigir a la corriente contra unas hojas caídas en el césped, mismas que salieron volando tras recibir el golpe de aire. Completamente animado, Shirou realizó por cuarta ocasión la cadena, solo para que al tercer sello la punzada brillara por su ausencia.

"¿Ah?" Se quejó, confundido, hasta entonces notar que ya no podía sentir la energía del viento dentro de sus circuitos. Y una mirada al alquimista fue suficiente para que éste le explicara.

"No es una medida permanente, Shirou-kun. Deberás de circular continuamente energía desde la Espada Azoth para poder usarla. Fuera de eso, estarás limitado." Comentó Paracelsus.

"Oh… Ya veo." Shirou miró entonces a la daga que descansaba al lado del cristal, y asintió con una sonrisa en su rostro. De igual manera, finalmente había logrado sortear uno de sus peores obstáculos. Confiaba en poder superar lo que vendría.

A/N: Más Info-Dumps, el capítulo. Y creanme que había más… Muchas más a lo largo de todo, las cuales tuvieron que ser cortadas para no saturar esto de información innecesaria por el momento. Ahora me encuentro agotado, muy agotado. Lo cual es horrible, viendo que hay cosas que quisiera explicar mejor, aunque tal parece que tendré que hacerlo en las reviews. En fin, para el siguiente capítulo regresamos a las montañas. Espero lo hayan disfrutado.

Melqart 21/05/23