A/N: Regresamos después de casi un mes. Originalmente esto iba a tomar unas tres semanas, pero me distraje una al tener que reescribir varios detalles y una última la pase concentrado planeando la liberación de los capítulos del Libro II. Una parte quería esperar hasta reunir los once que son y colocarlos en , pero considero que es demasiado injusto. Por lo que liberare uno por semana apenas tenga cinco completamente hechos y el resto irán a parar a , donde serán liberados dos semanas después. Fuera de eso, me ocupe también con otros proyectos menores.
Este capítulo tiene alrededor de unas 15,000 palabras, lo cual me parece más que razonable. El anterior contaba con solo 11,000 pero se veía más grande por los monstruos absolutos que eran esas notas de autor (No creo que llegue a escribir algo así por un buen tiempo). Por todo lo demás, estoy bastante emocionado con este arco, ya que considero que incluso con el nudo molesto que fue el anterior tenemos una fundación lo suficientemente fuerte como para meternos en cosas más avanzadas.
Pasemos a contestar reviews:
Bashleyz: Bueno, antes que nada. Agradezco mucho tus Reviews, dejaste casi unas veinte xD. Me alegra que te haya interesado lo suficiente mi historia como para dedicarle tanto seguimiento.
shairetdin: I apologize, I can barely speak russian. Glad to see you enjoy my story that much, wait no more, for it has returned.
cristrol44: Gracias, gracias. Y de hecho, tendremos un nuevo capítulo de Indrajalaa Sunyata pronto.
gaunderash: Hola. El código místico que Waver entregó a la Torre del Reloj, fue lo que Kaburagi iba a instalar en Fuyuki antes de que Kiritsugu y compañía lo mandaran a largarse de ahí. Lo vimos en el capítulo 19: Era una cosa horrenda que tenía las cabezas de múltiples magi decapitados, con ojos místicos únicos. Y me temo que te confundiste; Jamás escribí que Kayneth tuvo un hijo aquí, solo un "heredero" que en este caso es lo mismo que en Canon: Reines. Aunque no la veremos hasta el Libro 2. Pero por todo lo demás, es verdad que casi todos los Masters de mi Cuarta Guerra son padres xD
Pablo Zapata: Efectivamente, la besto waifu.
El Fan de Manaka 3000: Oh, si. Y ya pronto tendremos directamente el pase a la Torre con el Libro 2. Tan pronto que hasta puedo saborearlo.
orocontra2012: Gracias
Habiendo terminado ya. Pasamos al capítulo. Como siempre, encontrarán una segunda nota hasta el fondo.
AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.
Clave:
'Pensamientos.'
"Diálogo."
Especial
"Voz sobrenatural/Resaltado"
"Taumaturgia."
Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ
Konton no Tatakai
Capítulo Treinta y Uno.
"La Benevolencia del Tigre"
Residencia Emiya, Misaki.
6 de Febrero de 1998, 6:25 PM...
Si el arbol tuviera un rostro grabado, Shirou podría imaginar fácilmente que la expresión en este fuese una de condescendencia burlona. No era una pared relativamente lisa y extensa como para servir de escalón mas estable para lo que intentaba realizar; si es que la corteza rugosa no era suficiente para hacerle tropezar, otro paso en falso provocaría que pusiera un pie fuera del tronco y terminará por caerse y seguramente estar en riesgo de romperse una pierna.
'Si, pero a este no puedo hacerle explotar como al de Azumi.' Penso, recordando al arbol demoniaco de quien se había vengado justo antes del pandemónio del enclave, alrededor de unos seis meses atrás. Sacudió entonces su cabeza para evitar perder más el tiempo y realizó un corto ejercicio de respiración antes de poder dar inicio a lo que quería hacer.
"Om Amogha Vairocana Mahamudra Manipadma Jvalapravartaya Hum." Murmuró para sus adentros, rápidamente experimentando la calida sensación de sus circuitos mágicos activándose por debajo de su piel y conectándose a la Fundación del Shugendou en el plano astral. Al mismo tiempo, la pequeña máscara roja que tenía colgada en su cuello parecía vibrar levemente. Tomándolo como un buen indicio, Shirou entonces corrió.
O al menos así podría describirlo solamente él, pues a ojos de alguien más, prácticamente se abalanzó por el aire hacia el tronco del árbol y comenzó a trepar como si estuviera corriendo sobre éste de tal forma que no tenía nada que envidiarle a un gato particularmente ágil. Teniendo cuidado de pisar solamente la corteza mientras mantenía el flujo estable de energía mágica, Shirou se preparó para lo más complicado una vez que alcanzó la altura que buscaba, y entonces se impulso de golpe hacia el aire.
"Trace on." Murmuró nuevamente. Y respondiendo a su voluntad, una copia perfecta de su Espada de Azoth se manifestó a un lado suyo y tanto la gema en su pomo como la cuchilla comenzaron a brillar en un verde transparente, demostrando la conversión elemental instantánea.
"Pyou! Tou! Zai! Zen!" Sus dedos ya habían comenzado a trabajar en el patrón de los sellos de mano y apenas termino el ultimo a la par que sentía la energía mágica foránea invadiendo sus circuitos, no pudo evitar sonreír con satisfacción mientras que despedía una corriente de viento directamente desde sus circuitos, permitiéndole asi no solo amplificar el impulso sino que también elevarse un poco más.
El intercambio no podría haber consistido en menos de tres segundos, y Shirou creía estar a punto de saborear los resultados de su éxito a medida que observaba como estaba a nada de aterrizar justamente en medio del tejado de su casa.
... O al menos así fue hasta que lo generado con ayuda de su Espada de Azoth se agotó, sentenciandole a caer de la nada.
Algo que evitó gracias a la cautela de tener a su Elemental de Tierra listo, y adoptando la forma de una especie de plataforma flotante, donde aterrizó tras una caída de dos metros como máximo.
"Ah, rayos." Se lamentó Shirou mientras intentaba calcular la distancia que le había faltado. Unos seis metros más o menos, lo que indicaba que había conseguido al menos reducir la distancia por tres desde su último intento. No sabía si sentirse decepcionado o animado al respecto.
'Y eso sin contar que la máscara ayuda, aunque no la tenga puesta.' Pensó, mientras sujetaba el implemento decorativo.
"Pero... ¿Por qué me la das?" Había preguntado, perplejo. "Creí que habias dicho que los Tokitou no me deben nada despues de renegar de lo que me enseñaron."
"Y lo sigo manteniendo." Jiroubou parecía haber envejecido unos diez años apenas hablo. "Pero lo que los Myourenji y los traidores de mis otros hermanos hicieron, nada tiene que ver contigo. Y fuiste lo suficientemente temerario como para arriesgar tu vida intentando salvar a mi padre y a Muichirou."
"No lo hice por ninguna recompensa."
"Los regalos no lo son. Quedatela." Sordo a sus protestas, Jiroubou la dejo justo encima de su cama. Una cosa curiosa de un tono rojo con un pico un tanto pequeño y ciertas decoraciones en amarillo. De no ser porque Shirou había visto varias similares en la tienda de Genma Toboori, él hubiera creído perfectamente que el ahora heredero de los Tokitou la había arrancado de una de las marionetas de tengu que servían como muñecos de entrenamiento. "Confío en que sabrás cómo usarla."
Y si, tenía una buena idea del uso rudimentario de esta como un amplificador de las habilidades de uno en Shugendou. Sin embargo aun con esta, Shirou difícilmente estaba al nivel de los Tokitou y se podría hasta armar un caso de ser un tanto el igual de Nagisa.
Un nuevo suspiro se escuchó de su parte al considerar como había terminado su amistad con ambos niños de Azumi. Todo eso, mientras que la marca que yacía en la palma de su mano derecha escogió justamente aquel momento para arder ligeramente. Shirou la observó con un dejo de amargura, mientras que recordaba las palabras del regente auténtico del Monte Kurama.
"Recuerda bien, pequeño mago. Una sola vez, una sola vez podrás hacer uso de este emblema. Cuando lo desees, yo misma abriré una puerta para que puedas llamar cuanto desees de las brasas del fuego eterno de Samadhi. Aquello que quieras que arda, será quemado hasta las cenizas por este mientras que lo que tu voluntad anhele por preservar será ignorado."
Justamente lo que seria mas dificil de adquirir, estando en sus manos poco menos de un año desde que decidió buscarlo. Si Shirou fuera mas maduro, quizas podría aplicar el vil dicho de que uno tenia que apreciar la ironia. Pero los pensamientos del niño iban mas alla, a una de las leyes fundamentales del Mundo de la Taumaturgia que habia escrito en su cuaderno cuando Kiritsugu habia optado por enseñarle de verdad.
El intercambio equivalente es infranqueable. De una forma u otra, todo precio se paga. Y viendo todo lo que había pasado con tal de que recibiera una oportunidad para obtener lo que buscaba aun si no era su intención... Shirou ya se estaba haciendo una idea de que no todos los precios eran tan directos.
Quizás debería.
"Shirou. Si no bajas a hacer la merienda, pediré servicio a domicilio."
Se paralizó al escuchar la voz de Kiritsugu desde adentro de la casa y sacudió nuevamente su cabeza, antes de indicarle al Elemental que lo transportará hacia abajo.
xXx
(Seis meses atras)
Hotel Higashiyama, Kyoto
7 de Agosto de 1997...
Y ahí estaba en sus manos. La espada no era más grande que Kunijirou Touzaki. Poco más de setenta centímetros de acero puro, ligeramente curvado y con un pomo decorado en verde y ocre negruzco. Por todo lo demás, lucía como una espada completamente ordinaria salvo que para Shirou, emitía una firma de energía que la separaba en lo absoluto de cualquier clasificación normal.
Claro que para su padre adoptivo y su mentor ocasional, era más una señal de que efectivamente Shirou había recibido un golpe particularmente fuerte en su cabeza. Replicar un Noble Phantasm, el armamento de misterio cristalizado que pertenece solamente al héroe que lo blandió y aquellos que tuvieron posesión de él en vida. Si, como no.
Fue difícil saber qué fue primero, el resoplido exasperado de Kiritsugu o el hecho de que Paracelsus alzara una ceja en señal de confusión. Pero la atmósfera difícilmente disimulaba los hechos alrededor.
"Shirou. ¿Que estas diciendo?" Finalmente, Kiritsugu cortó el silencio. "¿Cómo que eso es un Noble Phantasm? ¿De donde lo sacaste siquiera?"
"Niño insolente. ¿Tienes la menor idea de lo que realmente portas en tus manos? Ninguna imitación por muy fiel que sea tiene el menor derecho de usurpar el espíritu de un héroe de leyenda." Esas habían sido las palabras de Sojoubou luego de que ésta accediera a indultarlo en el Monte Kurama. Y viendo que ni siquiera el remanente de Caster parecía creerle a juzgar por la mirada que le dirigía, Shirou se limitó a suspirar antes de concentrarse nuevamente en lo que sostenía en su mano derecha.
Al no encontrarse en una situación de muerte y teniendo un mejor enfoque, no le fue tan difícil adentrarse en las profundidades de Usumidori, ignorando las visiones ocasionales de la curiosa mujer que la había blandido. Más abajo, mucho más abajo, se topó con la pared negra custodiada solamente por los siseos inquietos de un millar de serpientes. Logrando tocarla aun sin manos, experimentó la oleada de cosquilleos en su interior a la par que algo de energía mágica comenzaba a viajar desde sus circuitos hacia Usumidori.
"Hoemaru." Pronunció con un poco de dificultad, antes de que la hoja de la espada brillara en un tono verdoso ligero y al agitarla, quedará expuesta como una onda de luz que atravesó inofensivamente la estancia, llegando a tocar tanto a Kiritsugu como Paracelsus, quienes experimentaron de manera distinta el fenómeno.
El primero sintió en su interior como la maldición, cuyos efectos más tortuosos estaban reprimidos a base de haber tomado una dosis completa del brebaje de Sougen, se agitaba levemente en respuesta a esta. La mejor manera que tenía para describirlo sería como una espesa mancha de suciedad hubiera sido expuesta a la gota de un desinfectante.
Paracelsus por otro lado...
"Esa energía mágica..."
"Su nombre es Usumidori." Repitió Shirou, mientras acariciaba el pomo de la espada. "Antes se llamaba Hoemaru, su nombre se lo puso su última dueña, Minamoto no Yoshitsune cuando estaba en su juventud. Le puso ese nombre para recordar las colinas verdes de Kumano. Es una buena espada que ha visto varias batallas... Pero tiene otros nombres y otra historia más, que aún recuerda. Una vez mató a una gran araña de la tierra, y es por eso que su filo sabe bien como perforarlas... Y cuando el nombre que tenía antes, su Nombre Verdadero es usado... Lo que acabo de hacer se desata. No daña a personas, solo a demonios."
Lo que Shirou había recitado bien podría haber salido de un libro, salvo que no estaba leyendo ninguno en aquellos momentos. Al contrario, sólo sostenía la espada. Aunque al cabo de unos segundos, Shirou ordenó que esta se disipara y suspiro nuevamente, antes de mirarlos fijamente, esperando así sus conclusiones.
"¿La espada te dice todo eso?" Fue la pregunta de Paracelsus. "¿No hay nada más?"
Al principio, Shirou planeaba negar con la cabeza pero al cerrar los ojos, no tardó en sorprenderse una vez que divisó algo que definitivamente no había visto antes en sus pensamientos. Era similar a un cuadro informativo con una imagen exacta de Usumidori por encima, mientras que en este rezaba tanto el nombre como una serie de formas que no entendia, asi como lo que había recitado.
"Anti-Unidad..." Le pareció distinguir, antes de encogerse de hombros al ver una letra. "Y C."
Y eso fue suficiente para que Kiritsugu quedará convencido o al menos de manera inicial por fuera. De no ser porque en esos momentos se encontraba sentado en el borde de la cama, hubiera caído de rodillas. De puro milagro, su mente alcanzó a procesar los hechos sin colapsar; Shirou había proyectado un Noble Phantasm. Shirou había proyectado algo por lo que cientos si no es que miles de Magi matarían por estudiar o conservar para su deguste o utilidad. Shirou acababa de demostrar tener la capacidad de replicar algo que trascendía la Taumaturgia misma.
"Si, esa descripción demuestra indudablemente que es un Noble Phantasm, para tener una clasificación así y un rango espiritual." Confirmó Paracelsus, asintiendo desde su proyección.
"Y no es todo lo que pude leer de ella." Admitió Shirou, respirando hondo. "Si no la hubiera podido proyectar esa noche, yo..." Optó por guardar silencio antes de imitar a su padre adoptivo y sentarse también en el borde de la otra cama. Era demasiado para lo que pudiera decir en aquellos momentos.
"No observe todo lo que ocurrió. Me resultó imposible, atrapado como estaba dentro del Elemental y cubierto del fluido mutable que emitían esas pobres imitaciones de arañas demoníacas." Sentenció Paracelsus, antes de añadir. "Sin embargo, pude distinguir una serie de firmas de energia magica anormales. Debido a tu testimonio, es claro que la más grande no puede ser otra que la del llamado Rey de los Tengu. ¿Pero en cuanto a la segunda? Imagine que mis sensores debian de estar siendo distorsionados, porque estaba mezclada con la tuya y era indudablemente el fragmento que delata a un Ghost Liner... A un Servant."
"Use dos cosas dentro de la espada. Tanto Hoemaru como otra, también llamada Usumidori." Admitió Shirou. "Lo segundo era... No se como explicarlo. Un momento estaba ahí, y entonces del otro lado. No sabia como lo estaba haciendo, pero mientras mejor sostenía la espada, mejor podía evitar que me golpearan los ataques de ambas... Sojoubou dijo entonces antes de darme esto, que lo que estaba haciendo era una abominación." Mientras lo mencionaba, señaló al símbolo en su palma.
"No usaría un término tan crudo... Pero es imposible que no diga que es algo inaudito." Paracelsus lucio grave por un momento. "En el Mundo de la Taumaturgia fuera de los Elementos conocidos, existen también los Factores, que abarcan varios tipos. Los Factores llamados Humanos los conocen bien todos; Cuerpo, mente y alma. Pero son tres, específicamente tres que caen en una categoría todavía más especial y que en cierta forma están por encima del resto."
Se detuvo, como si estuviera considerando una forma de explicar lo que vendría de una manera más simple. "Los Factores Imaginarios los llamamos." Su proyección levantó el dedo índice. "El Quinto Factor Imaginario comparte nombre y concepto con uno de los Cinco Elementos Clásicos; Eter. Consiste en el plano de ideas y posibilidades que permiten la existencia de la Taumaturgia en si. Consideralo como el permiso de 'recrear fenómenos naturales' por medio de energía mágica y otros medios. Por supuesto que esta es una explicación demasiado simplificada... Luego te hablaré a fondo de esto."
Levantó entonces un segundo dedo, antes de soltar una mirada un tanto extraña. "El Sexto Factor imaginario es el territorio de los deseos y anhelos de uno mismo... Permite la creación de entidades llamadas Daimones que buscan manifestarse en un intento por responder a tales sentimientos. Hay múltiples formas de Taumaturgia que intentan evocar dicho poder, pero contrae múltiples riesgos. No es algo que me es agradable de explicar, tuve un par de incidentes con estos."
Y entonces, el tercer dedo se alzó. "Y el Séptimo Factor Imaginario... El más complicado de explicar, y también el más poderoso. Pues se trata del poder de la fantasía de no uno, sino que de muchos a una escala infinitamente superior... Según las teorías comprobadas desde hace milenios, es lo que permite o permite la existencia de todo lo que debería de ser irreal. La leyenda misma."
"¿Ah?" Tal y como Paracelsus había dicho, Shirou no consiguió agarrar lo que estaba intentando explicar. "¿Como?"
"Hm..." Paracelsus pareció debatir consigo mismo si debía de proseguir o no. "Más adelante, te daré una explicación mucho más detallada de cada uno, mil disculpas. Pero al menos de este, tendré que adentrarme un poco más... El Séptimo Factor Imaginario es aquello que nos moldea a nosotros, los Espiritus Heroicos. Es el poder de la creencia de las masas, que da forma a las leyendas escritas y narradas. Un poder impresionante que dio forma al plano del Reino de las Leyendas, donde yace el Trono de los Héroes mismo. Es el canal, el puente y el propio cal y canto de nuestra existencia. Por encima incluso de la Taumaturgia que es el Quinto y lo que yace en el Sexto."
"Ohh, creo que ya lo entiendo... Espero." Comentó Shirou mientras asentía. "Pero... ¿Qué tiene que ver con lo que ibas a decir?"
"A eso voy. Es más que posible canalizar el poder del Séptimo Factor Imaginario en la Taumaturgia de varias maneras, la más sencilla es utilizar un objeto como catalizador para acceder de manera más íntima a un concepto que resida dentro de este para poder amplificar un misterio existente o crearlo." Paracelsus se detuvo. "Con los Noble Phantasms... Hay múltiples rituales que permiten el canalizar cierta parte de su poder para alimentar algún hechizo o incluso llegar a invocarlo bajo ciertas condiciones... ¿Pero replicarlo hasta el punto en que algo que ni siquiera la Magia Verdadera puede imitar?"
El hecho de que Paracelsus optara por no elaborar más y en su lugar le dirigiera una mirada de perplejidad pura sirvió para que Shirou sintiera un hueco en su pecho.
"Los atributos alineados permiten realizar proezas casi incomparables en el campo de la Taumaturgia a manera de compensación por carecer de los medios para utilizar los elementos ortodoxos... Pero incluso en tu caso, es demasiado..." La proyección de Caster agitó su cabeza, con su rostro siendo una máscara de incredulidad. "Tu Origen debió de ser demasiado especial para poder devorar tu Elemento de esta manera."
"No comenzó desde su Origen."
La intervención de parte de Kiritsugu fue suficiente para que ambos dirigieran su atención hacia el. Había permanecido en silencio durante los minutos anteriores. Lo que iba a abordar ciertamente no era algo cómodo, pero lastimosamente era necesario. Una parte de él se preguntaba porque no lo había revelado antes, pero ya estaba demasiado lejos como para poder reprochar ese arrepentimiento.
"Sabes la verdadera razón, entonces." No era una pregunta lo que Paracelsus había dicho momentos después.
"¿Papa?" La confusión en el tono de Shirou no podía tener más nerviosismo.
Kiritsugu se permitió el tomar aire. "En la Cuarta Guerra... Saber tenía posesión de dos Noble Phantasms suyos, y nada más. Pero había un tercero presente y justo debajo de sus narices que ella jamás cayó en cuenta de que estaba al alcance de su mano."
"De entre los Espiritus Heroicos que gozan la gloria de haber acumulado docenas de Noble Phantasms, el Rey de los Caballeros es un ilustre miembro." Comentó el remanente de Caster. "Imagino que solo aquellos de las profundidades de la Era de los Dioses pueden superarlo. ¿Pero por qué ocultarle tal tesoro a su legítima dueña? Incluso si fuese algo de rango espiritual menor, en las manos de su portador, un Noble Phantasm siempre será una herramienta terrible."
El Asesino de Magos le ignoró.
"Los Einzbern llevaban décadas buscándola y finalmente la encontraron en el recinto de Tintagel, Cornualles. Sirvió tanto como un regalo de bodas por mi matrimonio con Iri y como el catalizador para invocar al Rey Arturo. Se trata de quizás uno de los pocos Noble Phantasms célebres perdidos en leyenda, que podrían significar la diferencia entre la vida y la muerte si estuvieran en manos del Master."
"¿Un Noble Phantasm como regalo de bodas?" Shirou pensó en Usumidori y entonces en el Rey Arturo. Dudaba mucho que Kiritsugu hubiera tenido a Excalibur en su posesión. ¿Quizás otra espada u arma de esta? Desearía haber leído algo sobre las leyendas de Inglaterra para poder siquiera adivinar. ¿Qué otras cosas había tenido la Rey, el Rey... El Rey de los Caballeros en sus historias? ¿La espada en la piedra, no?
'No, no. Esa es Excalibur. ¿No?' Pensó Shirou antes de agitar su cabeza para no distraerse.
"Perdidos en leyenda...Diferencia entre la vida y la muerte." Escucho como Paracelsus repetía, antes de que su único ojo visible se expandiera un poco por la sorpresa."... No puede ser. ¿La vaina de la Espada de la Victoria Prometida?"
"Si, diez veces el valor y el poder de Excalibur, según el mago Merlin. De no ser porque vi lo que hace con mis propios ojos, no lo creería. Fue Avalon." Finalmente admitió Kiritsugu.
"Entregada en conjunto con la reina de todas las espadas. Avalon, una funda mística destinada al Rey de los Caballeros que le confería el nunca tener que derramar sangre en batalla y protección contra cualquier dolencia en el mundo." Paracelsus agitó entonces su cabeza. "Estuvo en su posesión durante la Guerra, entonces. Es una estrategia lógica... Teniendo a su legítimo dueño al lado, permitiría a Avalon poder funcionar sin problemas, confiriéndole la misma protección a quien la tenga consigo. Prácticamente, inmortalidad en todo lo que cuenta."
"No, solamente la tuve conmigo durante los últimos días de la guerra." Reveló Kiritsugu tras menear con la cabeza. "Mi esposa me la entregó, rogándome que la usara para protegerme... Y eso hizo, el Master de Assassin me hubiera matado de no ser por la vaina en mi interior."
Shirou fue incapaz de reprimir el impulso de sentirse verde al escuchar aquello. Pero pese a quedar absorto por la historia, seguía sin ver realmente a dónde quería ir Kiritsugu. "¿Pero qué pasó entonces con esa funda? ¿De verdad te vuelve inmortal?"
"Regeneración." Explicó entonces Kiritsugu mientras que entrecerraba los ojos. "No sabria como explicartelo bien. Pero eso es lo que parece hacer con quienes la tiene dentro de ellos. No importa la herida. Aunque no hace nada para evitar el dolor." Añadió con una mueca. Nunca más quería volver a experimentar la sensación de sus costillas fragmentadas siendo separadas forzosamente de sus órganos aplastados y perforados, cortesía del puño de acero de Kirei Kotomine.
"Todas las leyendas que la mencionan, dicen lo mismo." Añadió Paracelsus. "Con Avalon en sus manos. El Rey Arturo era prácticamente invencible. Nada podría dañar tanto su cuerpo como su espíritu. Pues las calamidades de la mente y hasta las maldiciones eran repelidas por la vaina."
"Huh." Usumidori parecía ser un juguete de supermercado comparado con esa funda. Aunque, con todo lo que había mencionado de ella, había algo más que no cuadraba para él. "¿Qué hay de mi primera pregunta? ¿A donde quedo Avalon? ¿Saber termino por llevarsela o que sucedió?"
Era una pregunta casual, pero la atmósfera que le sucedió no podía ser más tensa.
"Avalon nunca desapareció..." Finalmente soltó Kiritsugu, provocando que Shirou alzara una ceja. Por otro lado, Paracelsus noto algo en la mirada de Kiritsugu y tras seguir su trayectoria casi pareció reprimir un gemido ahogado.
"Entonces... ¿Dónde está?" Shirou ladeo su cabeza hacia un costado, sin entender a qué se refería su padre.
"Cuando te encontré en medio del fuego..." Soltó Kiritsugu de manera tentativa, sabiendo bien lo sensible que debía de ser con el tema. "No estabas... Era un milagro que todavía vivieras. Y requeriría de otro para que pudieras hacerlo después."
"¿Papa?" Aun si no lo había dicho, aquellas palabras habían bastado para que Shirou finalmente pudiera comenzar a unir los puntos.
"La extraje de mi interior, casi rezando porque pudiera hacerlo." Continuó entonces Kiritsugu. "Y no solo eso. Funcionó, funcionó exactamente como debería antes de que su poder se agotara."
'Está dentro de mi...' Pensó Shirou, mientras colocaba su mano derecha sobre su pecho. 'Todo este tiempo... Estuvo dentro de mí.' No sabia exactamente como sentirse al respecto de ello. Y terminó por dejarlo rápidamente de lado cuando una idea se le ocurrió.
"Un momento... Si es tan poderosa como dicen. ¿Por qué sigue dentro de mí? ¿Por qué no la usamos contigo? ¿No debería de servir?" Comenzó a preguntar de la nada de una manera animada. Se preguntó si así se sentiría alguien que se acabara de ganar la lotería. Sin embargo, al toparse con el rostro sombrío de Kiritsugu, cayó en cuenta de que había algo más.
"¿Verdad?"
"... En esos momentos, solo quería salvar a alguien más." Comenzó nuevamente Kiritsugu, antes de hacer una pausa. "Ignoro si es capaz siquiera de retirarla... Pero cuando la coloque en ti, la cosa del Grial aprovecho para poder colocar su marca."
Fue la peor cosa que podría decir en aquellos momentos.
"Trace on."
El aroma a ozono característico del despliegue de energía mágica inundó la habitación. Normalmente, eso no despertaria ninguna alarma al ser algo que Kiritsugu había visto que Shirou realizará decenas de veces. Pero en ninguna, él había visto una expresión tan angustiada como la que su hijo adoptivo llevaba en aquellos momentos.
"¡Shirou!" Se alarmó. Pero era demasiado tarde, el pelirrojo ya colocaba sus manos sobre su vientre mientras que su expresión se tornaba en una que pocas diferencias tenía con la de rabia.
Dentro de su propio trance, Shirou pasó de largo los veintisiete circuitos con los que se había familiarizado ya desde hace un año e ignoró los otros tres que conectaban con la misteriosa cresta en su interior. Buscando desesperadamente, se sumergió más aún en las profundidades del plano de su conciencia, intentando atisbar cualquier indicio de la existencia de la vaina.
'¿Dónde estás? ¿Dónde estás?' Penso furiosamente mientras que caia sobre un fondo negro que a ratos parpadeaba en cristales transparentes, que luego se convertian en masas palpitantes y fantasmagoricas, como si estuviera encerrado en una gigantesca lampara de lava.
Su culpa. Era su culpa.
Shirou divisó finalmente una cortina de neblina debajo de él y buscó atravesarla rápidamente, solo para caer en cuenta de que su interior se expandia hasta el infinito. Aun así, agito sus brazos inútilmente, ajeno a la realidad con su cuerpo.
Si él no hubiera estado ahí. Si él no lo hubiera necesitado. Kiritsugu no hubiera tenido que entregar esa vaina. Lo sabía ahora, tenía todo el sentido del mundo.
Tu culpa. Tu culpa. Tu culpa.
El mar de niebla se volvió cada vez más espeso; tornándose en oscuridad pura donde no podía ni siquiera distinguir sus brazos pese a agitarlos frente a sus ojos. El sentido de la dirección brillaba por su ausencia ya, dejando claro que había perdido rastro de donde era arriba exactamente.
Pero estaba bien. Solo necesitaba encontrarla. Encontrarla y extraerla de él.
Tu culpa. Tu culpa. Tu culpa.
No tenía ni idea de como hacerlo, pero no importaba. Algo se le ocurriría, era bueno con eso.
Tu culpa. Tu culpa. Tu culpa.
Solo... Necesitaba hacerlo.
TU CULPA. TU CULPA. TU CULPA.
"¡UGH!"
Finalmente, algo sólido. Pero no tenía ni la menor forma de distinguir de qué se trataba. Incorporándose sobre este, intentó ignorar el vértigo a la par que inspeccionaba como podía con sus manos la rugosa pared, que le figuró que tenía una textura metálica.
'¿Esto es Avalon?' Pensó confundido tras unos segundos. 'Pero se siente como...'
"¡SHIROU!"
Abrió los ojos de la nada, encontrándose con el rostro preocupado de Kiritsugu, y fue entonces que noto como tanto su frente como sus brazos le ardían, y no necesito mirar la piel de los segundos para saber que seguramente estaba enrojecida a consecuencia de forzar sus circuitos.
"... No se como sacarla." Admitió con voz quebrada. "No pued..."
"Es imposible que puedas. Avalon es una especie de batería... Una batería que solo funciona cuando está cargada con la energía mágica del Rey Arturo... Y que solo puede ser manipulada si tiene un poco de esta en su interior." Explicó Kiritsugu, comprobando con alivio que Shirou se encontrara bien.
"Pero podría..."
"Intente sacarla cuando dormías una vez, Shirou." Lo había hecho, y había sido prácticamente un esfuerzo inutil. "Esta inerte dentro de ti. Sougen la encontró hace un año cuando hizo su análisis, pero fue solo porque lo hizo a profundidad. Simplemente, es imposible retirarla de ti."
No, había otros medios. Quizás menos indiscretos y por no decir, peligrosos. Pero los había. Pero no era como si fuera a decírselo a Shirou, además de que estaba el otro problema también.
"Además... Avalon funciona solamente con la energía de igual manera. Ni de una forma ni de otra serviria." Invocar a un Servant de manera apropiada sólo era posible con un Grial, y con lo que había hecho en las Líneas de Ley en Fuyuki, estaba garantizado que esa cosa no podría activarse dentro de sesenta años o menos.
La expresión que Shirou tenía era una máscara de resignación y titubeo. Y aun así, dio paso a una de lamentación todavía más dolorosa. "¿Pero podría haberte...?"
"Quizás." Kiritsugu no tenía ánimos de mentir, no después de tantas veces. Pero tampoco era como si aquella pieza de conocimiento podría ofrecerle consuelo a Shirou. "Pero si tuviera que elegir nuevamente entre salvar mi vida o la tuya. Escogería la tuya, mil veces más."
"P-pa..." Shirou ni siquiera terminó la palabra, envolviendo rápidamente el cuello de Kiritsugu con sus brazos antes de descansar su cabeza en uno de sus hombros, donde ya podía sentirse la humedad de sus lágrimas. Kiritsugu devolvió el gesto, mientras cerraba los ojos. Por varios minutos, tanto padre como hijo permanecieron ahí, bajo la atenta mirada del remanente de Caster, quien optó por dejar que ambos tuvieran su momento de sinceridad.
Esclavo de su programación o no, la Inteligencia Artificial compuesta por pensamientos errantes de Paracelsus von Hohenheim contaba con cierto fragmento de voluntad un tanto independiente. Cuando había conocido a Shirou Emiya, unos meses atrás, había experimentado primero una sensación de gratitud por haber tenido la fortuna de encontrarle justo cuando estimaba que su propósito permaneceria inconcluso. Y ya fuera por el azar o los caprichos del destino, el niño había terminado por abrirle la puerta directamente a lo que él buscaba. Y más.
Espada y Espada. Elemento y Origen. Donde él había asumido que Shirou simplemente había heredado de cualquier linaje de practicantes de taumaturgia del que descendía algun Carácter de Hechicería especial que permitiera el colorear su Elemento con semejante concepto o que simplemente había tenido la fortuna de nacer heredando el destino cultivado por sus vidas pasadas, al final había resultado que sus dos atributos habían sido convertidos forzosamente debido a la exposición a la vaina de Excalibur. Aun si Kiritsugu Emiya no lo había mencionado directamente debido a lo que estaba ocurriendo en aquellos momentos, para alguien como él no había sido muy complicado caer en cuenta de ello.
Y tenía sentido. A lo largo de la historia, había numerosas anécdotas de tanto personas ordinarias como magi que habían terminado por experimentar cambios en sus atributos esotericos tras entrar en contacto con elementos feéricos de una u otra forma. Solo que algo no le cuadraba del todo.
'¿Avalon alteró su Origen entonces?' Paracelsus se preguntó para sí mismo, mostrando una expresión cuidadosamente neutral. 'No dudo del poder de semejante artefacto para poder realizar algo así, pero de igual manera...'
Ya llegaría al fondo de ello, eventualmente. Siempre lo hacía.
xXx
Residencia Emiya, Misaki.
19 de Agosto de 1997, 5: 45 PM...
"Otra vez."
Shirou no respondió con palabras, optando por soltar un ligero resoplido mientras que pasaba una toalla pequeña sobre su frente, aliviando así el sudor que la cubría. "Trace on." Murmuró de nuevo, demorando nada en elaborar una copia de su fiel kunai, la cual terminó yendo a parar justamente al lado de otra que había proyectado al menos unos cinco minutos antes. Le dirigió una mirada expectante a Paracelsus, quien se encontraba estratégicamente colocado en un costado de la mesa. Sin embargo, el remanente de Caster tenía una expresión sumamente estoica en aquellos momentos.
"Otra vez."
No puso los ojos en blanco, pero vaya que quiso hacerlo. Viendo que no tenía de otra, Shirou se limitó a seguir las indicaciones una vez más. Tomar la imagen de la cuchilla y manifestarla tras haber entregado la energía mágica suficiente, moldearla de modo que no quedara como gelatina y finalmente reforzarla. Entre las casi seis que estaban sobre la mesa, no había diferencia alguna a simple vista, pero Shirou sabía bien que por medio de Análisis Estructural había uno que otro agujero en sus estructuras que no había llenado de la misma manera.
Y ese había sido tan solo el primer día. Puesto que en el segundo, fue el turno de de Kunijirou Touzaki. La katana resonaba en Shirou de una forma más directa que el kunai, y se le figuró incluso un tanto más fácil el poder moldear la imagen hasta las copias que comenzó a dejar sobre el escritorio. Una parte de él encontró hasta un poco extraño el dejarla como estaba, al haberse acostumbrado ya a emplear Alteración múltiples veces para poder moldearla en una especie de sable más corto y robusto que le era más fácil de manejar.
"¿Por qué empleas Alteración en lugar de replicar directamente la forma que encuentras más acorde a ti?" Le había preguntado Paracelsus, provocandole un Deja Vu a Shirou por el hecho de que Kiritsugu le había preguntado lo mismo en Noviembre del año pasado.
"Ah..." Inteligentemente había respondido Shirou, antes de intentarlo directamente. Los resultados habían sido...
Nuevamente, a simple vista no había ningún problema. Pero entre sus proyecciones, la espada alterada y la proyección de la espada alterada por dentro, esta última lucía como la imagen más cómica de un queso de caricaturas en vista de todos los agujeros en su interior.
"Degradación." Había sentenciado Paracelsus cuando se lo comento. "Otra razón por la cual Transmutación Material tiende a ser un campo olvidado y sujeto a negligencia."
El tercer día, fue el turno de Usumidori. No ocurrió nada particularmente llamativo, salvo que Shirou juraba que cada vez que terminaba de manifestar una de las copias, la imagen de Paracelsus se estremecía. Pero por todo lo demás, el ciclo se repitió por una semana entera, con el último día siendo uno donde la Inteligencia Artificial decidió que era ya suficiente.
"¿Tu padre compró lo que le pedí?" Le había preguntado este, a lo que Shirou asintió mientras señalaba la herramienta de jardinería que habían comprado el día anterior. Una hoja relativamente mediana, que terminaba en una punta cuadrada. Un Nata, para cortar ramas particularmente molestas. Aunque Kiritsugu había comentado que era básicamente un machete corto. Con la excepción de las posesiones de los Touzaki, era lo más cercano que podrían encontrar a una espada en la redonda sin tener que complicarse tanto.
Al verla, Paracelsus se limitó a asentir, satisfecho plenamente con esta. "Muy bien. Sabes ya lo que tienes que hacer."
Shirou por su parte, activó sus circuitos antes de preparar el Análisis Estructural. "Trace on."
Como si se tratase de un rompecabezas; poco a poco, las piezas comenzaron a acomodarse en su mente. Lo primero que vio fue la forma de la herramienta junto con el tamaño exacto que esta media, alrededor de unos treinta y siete centímetros de largo. Yendo un poco más allá, los materiales de acero y madera estaban más que claros. Parpadeando para sus adentros, encontró la tercera corriente que buscaba y casi se sobresaltó al poder observar una clara imagen de la herramienta en su cubierta de plástico, ser transportada en la caja de cobro de un supermercado mientras que Kiritsugu compraba algo que no podía llegar a observar desde un anaquel. Un poco mas atras, vio una escena un tanto mas vaga del paquete de plastico que le contenia ser colocado en una hilera de herramientas identicas, y posteriormente una cadena menor se extendía hasta un infinito negro que habia ignorado.
"Hmm." Shirou terminó por soltar el hechizo, antes de concentrarse un poco más. "Trace on."
Al cabo de unos segundos, una copia reluciente y perfecta yacía al lado de la original.
"Y eso es básicamente todo." Explicó Shirou, encogiéndose de hombros. "Creí que ya lo había dicho antes. Puedo ver mejor la historia de cosas que parezcan una espada, se supone."
"Y ahí radica el problema exacto, Shirou. Lo que haces es perturbadoramente similar a la Psicometría. El poder de leer la historia acumulada de los objetos." Sentenció solemnemente Paracelsus. "Existen habilidades psíquicas similares y es posible imitarlas con taumaturgia. Pero en tu caso, parece ser algo extremo cuando se aplica a aquello que puedas interpretar como una espada. Se explica fácilmente por tus atributos alineados, pero los límites es algo que quiero averiguar."
"¿Quieres que vea la historia de cada uno, entonces?" Pregunto Shirou, alzando una ceja en el proceso. "Muy bien."
Apenas se preparó para proyectar el kunai primero, sintió una punzada al recordar la última vez que había revisado justamente la historia de este.
Ocho cuellos abultados y docenas y docenas de anillos casi hipnóticos mientras que los abismos que eran sus fauces se abrían de par en par antes de que...
"¿Sucede algo?" Escucho a Paracelsus preguntar, a lo que Shirou rápidamente negó con la cabeza antes de finalmente dar comienzo al hechizo. "Trace on."
Apenas sus dedos sujetaron firmemente la empuñadura, se concentró en sus adentros. Nada, escenas de alguien usándolo para cortar una hierba desde raíz así como otra ocasión donde sirvió como punzón. Aunque al cabo de un rato, se topó con algo que esperaba ya.
Había sido arrojado, si. Pero podía notar que tenía algo en el anillo de su pomo. Una cuerda increíblemente ligera que no podía ser natural, la cual permitia que el kunai sirviera como la espeluznante punta de un látigo que desvió más de una vez otras cuchillas mucho más imponentes.
Pero esa escena particular que había tenido aparición en algunas de sus pesadillas, brillaba por su ausencia.
'Huh, extraño.' Pensó Shirou, antes de terminar el análisis.
"Pues, si. Encontré un par de cosas en el kunai. Si bien lo usaron como herramienta normal, fue un arma algunas veces y de una especie de mujer... ¿Ninja?" Shirou entrecerró los ojos mientras le daba una leve palmada al mango de la cuchilla. "Mochizuki se repite varias veces en los pensamientos. ¿Me habías dicho que los objetos reúnen estos de sus dueños?"
"Asi es. Y mientras más profunda sea la influencia, mejor se mantienen dentro del registro. Y aun así no seria suficiente para observarlo del todo, puesto que la Historia Acumulada no es un elevador que te permite bajar y bajar hasta las profundidades recónditas. Es un laberinto traicionero teñido con espejismos, trampas y rutas que parecen no ir a ningun lado." Continuó explicando Paracelsus, antes de señalar a la primera espada.
"¿Y qué me dices de esta?"
"Trace on."
Casi se tropieza al inicio, esquivando la forma y yendo directamente a los materiales. Fuera del acero que ya conocía, parpadeo al detectar algo más que se le hizo sospechosamente familiar hasta que recordó donde había visto algo semejante. 'Polvo de huesos de Oni... Tal y como los que encontré en Azumi.' Pensó, mientras recordaba a la pila de tibias diminutas que habían sobrevivido al desastre en el Enma-Tei, cortesía del enloquecido Myourenji que le había perseguido hasta ahí. Pero yendo del lado de la historia, no había mucho. Juunijirou Touzaki era la décima espada de su tipo y si bien esencialmente, un arma espectacular en términos de elegancia y construcción, carecía de mucha historia acumulada. Comparada con el Kunai anterior, era como una pizarra de la cual se había llenado apenas una centésima de espacio.
Tras comentárselo a Caster, este asintió antes de indicar a la última y prueba de fuego. Y Shirou estaba listo ya.
"Trace on."
Su diseño y materiales fueron dejados de lado, sus propiedades estaban hasta el fondo. Solo quedaba frente a él la vorágine de su historia y no dudó en zambullirse en ella.
"Mi señor, Yasuhira se ha replegado a Nienosaku. Tan solo disponemos de doscientos hombres en la cercanía para darle caza." La apariencia del mensajero era borrosa, pero no era como si Shirou le pusiera mucha atención. Al contrario, la tenía fija en el hombre que estaba en el centro de la estancia.
No podía ser mayor que Kiritsugu en edad, pero la mirada que cargaba hablaba de una cruenta experiencia y el que estuviera ataviado en una elegante prenda hacía poco por disimular el hecho de que este fuese primero un guerrero, y después un acaudalado noble.
"Envía voz a mis vasallos en el norte. Que corten el escape del último vástago de esa rama de los Fujiwara. Con nuestras líneas de provisiones intactas, un asedio será sencillo." Ordenó antes de fruncir el ceño al detectar un pico de ansiedad en su subordinado. "Habla."
"Yasuhira ha enviado voz también..." Este pareció escoger sus palabras con sumo cuidado. "Espera un salvoconducto hasta Awazu al menos, desde donde planea embarcarse rumbo al continente."
"Envíenle mis palabras. No habrá cuartel, le concedo la oportunidad de morir con honor. Algo que no merece luego de quebrantar un juramento." La expresión del hombro se tornó entonces en un gesto desagradable. "Nunca confiaría en un traidor. Aun si es uno que se ha revelado como tal por mi obra."
"Muy bien, mi señor." El mensajero casi pareció verse aliviado, antes de realizar una reverencia con tal de salir de ahí.
"Un momento." El hombre le detuvo, antes de extraer desde su mesa lacrada la forma de Usumidori envuelta en su vaina. "Deshazte de esto de una vez. Apartala de mi vista de modo que nunca tenga que volver a cruzarse con ella. Yasuhira creyó que me honraba al presentarme la leonina espada que yo le cedí a mi hermano. Haría bien de ordenar que lo degollen con esta."
La escena cambió bruscamente a algo que Shirou había visto ya durante su primera inmersión. Pudo ver a la mujer despojarse de la armadura en la cual cualquiera hubiera creído que era un hombre mas, y su expresión serena pese a la mirada desconsolada que portaba a medida que pasaba la palma de su mano sobre la hoja de Usumidori, ajena al corte que le amenazaba. La luna se filtró por uno de los paneles cuando levantó la espada y entonces...
'Siguiente.' Shirou forzó rápidamente el momento hacia otros. Y vaya que eran variados.
La espada surcaba el aire una y otra vez, enfrentando las hojas de otras blandidas por espíritus igual de valerosos; con el cantar del acero resonando en el aire una y otra vez a la par que los portadores se batían en duelos semejantes a una danza en la cual perder al compañero implicaba cortarlo por lo bajo. Y nadie era capaz de rivalizar con Usumidori al final.
Contempló fragmentos de batalla tras batalla en la tierra y en el agua. La última había sido algo de ver; Usumidori en manos de su legítima dueña mientras que ella se abría paso entre salto y salto sobre las balandras que ardían ya, amenazando con hundirse en las aguas del estrecho. Luciendose aún todavía más, incluso partió una flecha en plena trayectoria. Estaban también otros duelos individuales, especialmente uno con un gigante como hombre envuelto en una gruesa armadura y con la espalda cubierta de lanzas y rastrillos, blandiendo una inmensa naginata con la cual descargaba golpe tras golpe, buscando degollar el aire mismo. Y la portadora, evadiendo con la agilidad de una golondrina en vuelo cada una de estas.
Una miríada de episodios más transcurrieron ante sus ojos, hasta que finalmente llegó a una donde vio a Ushiwakamaru, años atrás inclinada frente al hombre que había visto primero, este mostrando una máscara de cortesía que hacía difícil de creer que fuese la persona cruel en la visión inicial.
"Eres más que digno..." Comentó cortésmente el hombre al presentar la espada que conocía ya bien frente a la mujer. "De blandirla. Tráele honor a su legado."
"¡Lo haré!" Exclamó claramente entusiasmada Ushiwakamaru, antes de desenvainarla triunfalmente y observar fascinada su hoja. "Su nombre ahora, será Usumidori."
Estaba preparado para observar más, cuando las imágenes se cortaron de repente y lo que parecía ser como el siseo de cientos de serpientes enfurecidas se apoderaron de la estancia sin forma ni color. Retrocediendo, Shirou intentó divisar algo más antes de toparse con una silueta fantasmagórica en el fondo que le hizo tragar saliva al recordar algo similar en sus pesadillas. La araña, sin embargo, permaneció distante y evasiva.
"¿Y bien?" La voz de Paracelsus le regresó completo a la realidad. "¿Qué tal lo que viste?"
"Bueno... Usumidori si que tiene historia de hecho, bastante." Shirou rasco su nuca antes de comenzar a relatar algunas de las cosas que había visto, hasta finalmente llegar a lo último. "Y entonces, no lo sé. Había algo mas ahi, pero la espada no me dejo ver hasta el fondo."
"Me lo temía. Cuando la analizaste por primera vez, absorbiste lo primero que pudiste procesar y por lo tanto te has quedado con los segmentos iniciales del Noble Phantasm." La proyección agitó ligeramente su cabeza. "Te topaste directamente con el Linaje Fantasmal, una cosa siempre lleva a otra contigo, Shirou."
"¿Linaje Fantasmal?"
El gesto que realizó el remanente de Caster era uno que había asociado ya a: Te lo explicaré después. "Pero dejando de lado esto, he reunido una mejor hipótesis ahora. Tus atributos alineados por medio de la reproducción de la historia acumulada que realizas, te permiten ejercer una Simpatía de Resonancia Espiritual. Este es el fenómeno que permite a alguien el poder utilizar el Nombre Verdadero de un Noble Phantasm."
"¿No habías dicho que eso era imposible?" Pregunto Shirou, perplejo por la contradicción antes de recordar mejor. "Ah, no. Eso era lo de proyect.."
"No lo es. Normalmente, los Noble Phantasm como las insignias asociadas a un personaje de leyenda solo pueden ver su poder entero liberado de manos de los usuarios registrados dentro de la historia que tienen... Hay excepciones, claro está. Y buena parte de los Noble Phantasms cuentan con poderosas habilidades mágicas pasivas, pero ninguna de estas puede rivalizar con la cúspide que es la liberación de su Nombre Verdadero." Paracelsus realizó una pausa, antes de añadir. "Sin embargo, hay casos donde personas que han blandido uno por cierto periodo de tiempo han simpatizado lo suficiente con el 'espíritu' de estos lo suficiente para permitirse tal privilegio hasta cierto punto. Esa es la Simpatía de Resonancia Espiritual... Y sin embargo, tú la realizas de manera instantánea al recorrer la propia historia de la espada. Teorizo que al hacerlo, puedes acceder a la misma conexión que un morador del Reino de las Leyendas posee con tal de rellenar con el Séptimo Factor Imaginario a Usumidori y entonces darle rienda suelta a su poder."
Hubo una pausa incómoda de varios minutos, durante los cuales Shirou intentaba pensar en todo lo que implicaba ello. Y no fue suficiente, puesto que Caster continuó, ajeno a sus dudas.
"¿Tienes tu Espada de Azoth a la mano?" Demandó, a lo que el pelirrojo asintió. "Muy bien. Intenta proyectarla."
xXx
Clinica Jinan, Misaki.
13 de Septiembre de 1997, 12: 00 PM...
"Recuerda que debes de cortar con mucho cuidado las rodajas. No deben ser ni muy grandes ni muy pequeñas." Shirou en esos momentos se sentía como si fuera un cirujano, teniendo que mantener una precisión tan perfecta en sus cortes a riesgo de que algo le ocurriera al paciente. Aunque viendo como lo que estaba degollando no era más que el bulto de unas hierbas, quizás la comparación no era del todo adecuada. Claro, que no se atrevía a levantar la queja en voz alta, especialmente cuando tenía a una capataz inflexible al lado y a un supervisor todavía peor ahí atrás.
"Continua, continua." Kohaku noto su mirada y tocó repetidas veces su hombro con tal de incitarlo, provocando un resoplido indignado de parte de Shirou. Aun así, terminó por partir las cabezas abultadas y reunió cuidadosamente las hojas, mismas que fueron a parar a una tetera como si se tratara de una especie de te. Mientras que eso se llevaba a cabo, los bultos cortados fueron a parar a un cuenco de piedra, donde debían de ser molidos a punta de un mazo sencillo hasta formar una especie de pasta espesa con un tinte violáceo.
"¿Y el siguiente paso es tirarlo a lo que está hirviendo?" Pregunto Shirou.
"Vertirlo, Shirou. Se dice vertirlo." Le corrigió Kohaku, antes de asentir. "Pero primero, tienes que alterar lo que está en la tetera. No tires tanta energía mágica, por favor."
"¿Solo eso? Pensé que habría algo más."
"No, tonto. Después vas a controlarla para agitar el contenido." Le regaño Kohaku.
Shirou le dedicó una mirada a Paracelsus, quien mantenía una postura impasible detrás de ambos y soltó un suspiro antes de activar sus circuitos y acercar su dedo índice al agua caliente. Al estar preparado, sumergió el dedo en esta mientras que liberaba lo más mínimo que tuviera a su disposición. Entonces se concentró como pudo en esta y tuvo la extraña imagen del interior de una licuadora al realizarlo.
"Trace on."
El agua hirviendo, teñida ya con la esencia de las hojas comenzó a moverse de un lado a otro, emitiendo un siseo ocasional mientras que Shirou continuaba con el movimiento.
"Detente."
Al notar la perplejidad en el tono de Kohaku, Shirou cortó en seco su acción y alzó una ceja antes de echarle una mirada a la tetera. Solo para comprobar que apenas quedaban algunas hojas nadando en el líquido, el cual se había tornado en prácticamente una sopa de la haoma. Y no tardó en caer en cuenta de que había ocurrido.
"Tenías razón, Shirou. Tu Elemento si que te complica la vida." Continuó hablando su amiga de una manera que no supo identificar si era burla o lástima. Quizás una mezcla de ambas, a juzgar por cómo su mano derecha había ido a parar a su cabeza, propinándole una serie de palmaditas.
Shirou se limitó a poner los ojos en blanco.
Cuando Caster le había obligado a acudir con su amiga a que aprendiera a realizar algo sencillo, como el brebaje que se preparaba como tratamiento para Kiritsugu tanto como prueba así como utilidad, ella había accedido sin muchos problemas. De hecho, hasta juraba que la habia visto mas animada que de costumbre. Shirou no había creído que la preparación de pócimas fuera algo particularmente difícil. Seguir instrucciones de una receta y acomodar toda clase de ingredientes en cierto orden... ¿Qué diferencia había con cocinar? Y ahí estaba la sorpresa.
Si bien, era cierto que no había mucha diferencia en los primeros aspectos; cortar, pelar, aplastar, hervir, cocer e infundir según fuese la receta y tener cuidado con los ingredientes, muchos de los cuales no eran precisamente normales. Estaban también los otros pasos que no había tomado en cuenta.
"Entre las muchas categorías que componen la Taumaturgia, hay dos de particular interés que la clasifican de acuerdo a su funcionamiento: Activa y Pasiva. La primera la conoces ya demasiado bien, pues consiste en el principio de canalizar energía mágica a través de cierta lógica, normalmente en la forma de símbolos y fórmulas con tal de enactar un misterio. La segunda, por otro lado, no requiere de esto. Usa las ideas en base a símbolos y acciones con tal de evocar los mismos efectos de una manera más sutil. La preparación de pociones entra en ambos campos, pese a que se creería que recurre de manera exclusiva al segundo, funcionando a base de las propiedades de los insumos que se usan en su brebaje. Es menester que el magus haga uso de su energía mágica para garantizar un empleo más óptimo."
Y bueno, viendo lo que había pasado. Hasta Shirou podía conectar ambos puntos y caer en cuenta de que su energía mágica en esos casos básicamente "cortaba". Cortaba y rebanaba. Había que agradecer que no fuera indispensable el tener las hojas de la infusión enteras aún, ya que de lo contrario hubieran tenido que comenzar desde cero.
"Al menos sabes que es lo que debes de hacer para preparar los viales." Le intento animar Kohaku, antes de pensárselo mejor y añadir. "Aunque no creo que pueda mostrarte nada que sea más delicado que esto."
No se estaba riendo, pero Shirou podía identificar bien el leve movimiento de sus hombros que delataba el humor que estaba experimentando. 'Con amigos como estos.'
Por el rabillo del ojo, alcanzo a distinguir como Caster mantenía su semblante cuidadosamente neutral. Si, estaba más que enterado que esta era solo otra de las medidas que su mentor ocasional estaba tomando en respuesta al problema de Azumi.
"No hay caminos fáciles ni desvíos. La ignorancia no te servirá como escudo a la hora de dar cuentas de tus acciones, Shirou."
Y él lo había abrazado en todo lo que contaba.
"Por cierto. ¿Pudiste encontrar algo de lo que te dije?" Había preguntado.
Kohaku detuvo su risa silenciosa, antes de acercarse y tomar el brazo derecho de Shirou, antes de señalar a una serie de líneas delgadas que se fundían en medio del antebrazo, como una especie de eslabones conectados que estaban desapareciendo.
"Es como una especie de curita creada con tu propia energía mágica que viene de ti y sella rápidamente las heridas, mientras que comienza a componer lo desgarrado de manera automática." Le explico Kohaku, antes de plantar su dedo índice. "Pero no sé cómo funciona. Si dices que vino de tu Cresta Mágica, eso lo debería de revisar mejor Jinan-sensei, pero él no puede ver esas cosas. Lo siento."
'Valía la pena intentarlo.' Pensó Shirou, mientras que rascaba su nuca, justamente algunos centímetros por encima de donde estaba localizado el cúmulo de circuitos mágicos que no era suyo. "Esta bien, no te preocupes."
Fue en eso que recordó que traía algo consigo que había querido darle desde hace semanas. "Por cierto, olvide que te queria dar esto desde que regrese de Azumi."
"¿Hmm?" Kohaku inclinó su cabeza hacia un costado en aparente confusión, mientras que observaba a su amigo extraer algo de su mochila.
"Mira, es para ti." Parpadeó con sorpresa cuando en su mano derecha fue a parar un pequeño objeto bastante vistoso.
"¿Esto es?" Pasó un dedo por encima del talismán, porque no podía ser otra cosa. Un fragmento de terciopelo unido por medio de un agujero en la cola de una figurina de metal con la forma de un pez; una carpa. Esta yaciendo casi totalmente en blanco con la excepcion de ciertos circulos negros, estrategicamente colocados en el lomo y el vientre. Por último, en el extremo opuesto de la tela, un anillo más yacía con una piedra amarillenta y semi-transparente que reconoció al instante. Un ámbar.
"Es un amuleto de buena suerte." Le explico Shirou. "Cuando lo vi, pensé que podría gustarte. Y además, mira."
Los ojos de Kohaku alcanzaron a abrirse de par en par al observar lo que no podía ser otra cosa que la pieza a juego del amuleto. La carpa era lo opuesto en color, teniendo al negro reinando sobre buena parte de su cuerpo, y con los círculos en blanco marcando ciertas secciones en paralelo al suyo. Por todo lo demás, la tela y el ámbar eran idénticos.
"... Shirou, wow." No queriendo permanecer en silencio, Kohaku abrió su boca para poder agradecerle, solo para que no pudiera organizar ni siquiera una oración por la sorpresa.
"Y eso no es todo." Shirou sonrió de manera animada, antes de colocar a ambos peces encima de la mesa y colocar sus dos dedos índice encima de las piezas de ámbar que tenían atadas a sus figuras. "Observa."
Recordando las instrucciones de parte del vendedor, Shirou canalizó un poco de energía mágica al interior de esta y el mecanismo se activó de inmediato. Los peces parecían casi cobrar vida a la par que empezaban a moverse, nadando en un círculo en medio de la mesa como si estuvieran persiguiendo la cola del contrario. El efecto duraría en cuanto tuvieran un suministro de energía mágica en sus baterías que consistían en la pieza de ámbar, lo que significaba que duraría al menos varios minutos.
"Genial. ¿No?" Aun cuando Shirou le había preguntado algo, Kohaku no pudo responder. No, más bien... No sabía cómo hacerlo. La danza repetitiva de los dos peces le resultaba hipnótica. Por su parte, Shirou se tomó el silencio de buena manera y también lo imitó. Sin embargo, mientras que su mente se perdía en el movimiento de los peces ornamentales, los pensamientos de Kohaku iban a otra deriva.
En sus casi doce años de vida, pocas veces había recibido algo de aquella manera. Regalos, por supuesto que sí. No recordaba tanto de su madre como quisiera hacerlo, pero las memorias más vividas permanecen fuertemente custodiadas en aquel rincón de su consciencia donde depositaba lo más cálido que había llegado a experimentar. Naturalmente, Hisui siempre le entregaba algo cada año en un gesto que ella correspondía. Pero nadie más, nadie más hasta ese momento.
"Hmm." Su mano apenas rozó el brazo de Shirou, pero fue suficiente para que este volteara a verla, solo para casi soltar un respingo al observar una sonrisa de parte de su amiga.
"Muchas gracias, es muy lindo."
"P-por nada." Alcanzó a responder al cabo de unos segundos. Y entonces ambos regresaron al confortable silencio, observando a los peces dar vueltas una y otra vez.
xXx
Aula 13-B, Primaria Municipal de Misaki.
5 de Octubre de 1997, 10:00 AM...
Por todo lo demás, la verdad es que el tener que regresar a la escuela después de todo lo que había transcurrido se le figuró como algo un tanto surreal, pero no desagradable. Diablos, hasta lo encontraba necesario. Alrededor de un par de semanas tuvieron que transcurrir para que lo aceptara y hacerlo, una especie de semblanza de armonía alcanzó a regresar poco a poco a su vida cotidiana.
"Y este es el resultado de multiplicar dos cuartos por cinco tercios." Terminó por responder Shirou mientras que señalaba a la pizarra, donde había trazado el procedimiento que había seguido para resolver la operación con fracciones.
"Muy bien, Shirou. Puedes sentarte." Le comento el profesor, bastante complacido, antes de llamar al siguiente. "Ami. ¿Podrías hacer lo mismo con la que está a la vuelta de página?"
Hasta había hecho un par de intentos para poder resaltar el cambio, como lo que estaba haciendo en aquellos momentos.
"Mis padres me prometieron que cuando cumpla los quince, podré tener una moto como mi primo." Le aseguroYouichi Takada, claramente emocionado.
"Eso es bueno." Respondió Shirou mientras terminaba con su almuerzo. "Nunca he subido a una, pero mis vecinos tenían varias." Pensó, recordando la impresionante colección de Raiga Fujimura. Fuji-nee le había contado que por su juventud, su abuelo había sido un auténtico diablo sobre el asfalto.
"Oh. ¿Eran una pandilla de motociclistas?" La pregunta vino con un interés bastante marcado, provocando que Shirou alzara una ceja, mientras que intentaba no imaginar al Grupo Fujimura a la usanza de alborotadores que verías en una película vieja, antes de encogerse de hombros. Técnicamente, Raiga caía dentro de la categoría pero alrededor de unos treinta años atrás dependiendo a quien le preguntara uno.
"¿Sabes? Creo que más de uno lo es o era. Nunca pregunte."
Cosas así. Pero por otro lado.
"¿Estás seguro de que sabes lo que haces?" La preocupación no escapaba para nada del tono de Maiko, quien le miraba desde abajo con el ceño fruncido y los brazos un tanto extendidos hacia el frente, preparándose para poder atrapar al gato atrapado entre las ramas por si este se precipitaba hacia el suelo. Algo que definitivamente no podría hacer con Shirou, quien había trepado sin tanto esfuerzo el árbol y se acercaba ya a la rama más gruesa, donde el minino maullaba ocasionalmente, incómodo tanto por las ortigas que lo habían aprisionado.
"Si, un segundo." Al verla intentando rescatar al animal del árbol, lo pensó un par de veces antes de preguntar si necesitaba ayuda, algo a lo que ella había accedido. Sin embargo, él había terminado por subir tras distinguir como no era que el gato no quisiera bajar, sino que no podía.
"Meow."
"Tsk." Shirou se apoyó finalmente en la rama y agradeció nuevamente por el entrenamiento que había recibido en Azumi; sin este, le hubiera tomado más tiempo el trepar y encima probablemente se tropezaria entre el traicionero y tambaleante terreno que componia la copa del árbol. "Tranquilo, tranquilo."
Claro, que eso no significaba que pudiera hablar con los animales y provocó que recibiera múltiples siseos irritados, así como un intento de rasguñarle que solo causó que el gato se retorciera, visiblemente incómodo.
"¿Como demonios quedaste atrapado aquí en primer lugar?" Se preguntó por sus adentros Shirou, antes de que una serie de quejidos por encima de él le dieran la respuesta. Alzó su rostro ligeramente, y se topó con una estructura compuesta de múltiples ramas secas en una forma abultada, que no podría ser confundida por algo más. "Ah, un nido."
"¿Estás bien?" Escucho a Maiko preguntar desde abajo.
"Si, solo estoy intentando agarrarlo." Le informo Shirou, antes de tener particular cuidado en retirar la cortina de ortigas que mantenía prisionero al gato, quien al entender que le estaba ayudando, cesó con sus siseos amenazantes, pero pareció aferrarse a la rama donde se encontraba casi con desesperación.
"Muy bien, muy bien. Tranquilo." Pasando su mano por debajo del vientre del gato, Shirou se concentró en levantarlo de modo que lo tuviera asegurado firmemente. Sin embargo, a ojos de alguien más, aquello básicamente lo había dejado inutil para poder salir de ahí. Menos mal que Shirou jamás había tenido en mente el hacerlo por medios normales.
"Om Amogha Vairocana Mahamudra Manipadma Jvalapravartaya Hum." Murmuró antes de concentrarse un poco en su cuerpo, hasta poder sentirlo tan ligero como una pluma. Satisfecho, se permitió descender desde la rama hasta unos tres metros al suelo, aterrizando sin ningún problema de pie y con el gato mirándolo perplejo en sus brazos.
"Meow."
'Lo bueno es que estos no hablan.' Pensó Shirou. De no ser porque la copa del árbol dificultaba la visión de quienes estuvieran debajo, nunca se hubiera atrevido a revelar su taumaturgia de una forma tan osada. "Listo. ¿Sabes de quien es?" Le pregunto a Maiko, mientras hacía ademán de entregarle al gato.
Y ese había sido el comienzo de una convivencia un poco más seguida. Quizás no amistad, ya que raras veces hablaban fuera de clases, pero algo era algo. Y esa cara del ciclo dual que mantenía entre lo oculto y lo normal, parecio estar volviéndose un poco más natural para él.
Pero no todo, descubririá eventualmente, sería miel sobre hojuelas.
Recordaba haber apagado la luz y cerrado los párpados, antes de acomodarse contra su almohada. Y ojalá fuera solo eso.
Reconocía las calles. ¿Cómo no hacerlo? Las había atravesado varias veces cuando era de día y un par de noche, especialmente cuando había sido justamente esa. Y tal como en aquella ocasión, las personas brillaban por su ausencia. Y a diferencia, no tenía la compañía de Jiroubou o Nagisa para reconfortarlo.
"¿Hola?" Preguntó mientras se preparaba para doblar la esquina. Lo que más le incomodaba era el silencio. Si al menos algo escuchase, sabría dónde y cuando evadirlo. La carencia de este solamente le provocaba escalofríos; y más aún cuando presentía que no estaba solo.
Pero nada. Ni una mísera respuesta le devolvió el favor.
Frunciendo el ceño, Shirou continuó caminando por donde había dado la vuelta, nuevamente topándose con otra calle vacía. Por pura seguridad, olfateo el ambiente esperando encontrar algo más, solo para que tampoco pudiera obtener alguna pista.
"¿No crees que es hora de dormir ya, Shirou-kun?" Una voz cálida y familiar que casi le provoca un infarto resonó a sus espaldas, haciendo que Shirou volteara, solo para sentir como sus ojos se abrían de par en par.
"Tokitou... ¿Sensei?"
Y ahí estaba, Yoshinori en persona. Ataviado en su casaca habitual, con la barba cuidadosamente afeitada y el carácter jovial que le había marcado desde el tiempo en que lo conocía.
"¿Pasa algo?" Le pregunto nuevamente como si nada. "Anda, ve a dormir ya. No puedo creer que ni Nagisa es así de inquieto." Le amonestó gentilmente, colocando una mano en su hombro mientras que hacía ademán de empujarlo por la dirección contraria. El toque fue suficiente para que Shirou experimentará un nudo tanto en su garganta como en su estómago.
"Pero como..." Lo que sea que fuere a decir terminó por ser fulminado de golpe luego de que algo que escapó a su vista trazara una delgada línea en el cuello de Yoshinori, manifestando una siniestra sonrisa en carmesí que comenzó a derramar un torrente de lágrimas rojas.
"¿Ugh -Argh?" Yoshinori se llevó entonces ambas manos a su cuello en un intento inutil de detener el azote, antes de tambalearse y caer de espaldas, muy para el horror de Shirou, quien no pudo hacer otra cosa que visualizar el siniestro recuerdo de aquella noche, donde había visto exactamente lo mismo ocurrir.
SNAP! SNAP! SNAP!
Se sobresaltó nuevamente a la par que su olfato comenzaba a detectar una oleada de hedores, cada uno más desagradable que el anterior. Todo ello mientras que los continuos chasquidos infernales atenazaban sus oídos pese a que los responsables de producirlos todavía escapaban a su vista.
"No... No..." Shirou agitó su cabeza, antes de concentrarse firmemente en el mantra que había aprendido. "Om Amog-... Agh." La pronunciación fue asesinada a partir de la segunda palabra tras haberse mordido la lengua, y podía sentir ya el metal en su boca, desbordándose ligeramente por sus labios.
SNAP! SNAP! SNAP!
Presa del pánico, Shirou corrió sin pensarlo dos veces en la misma dirección que había estado siguiendo, mientras que miraba de un lado para otro, en alerta por si las arañas se encontraban a la vista de sus alrededores, y no tardó en arrepentirse de hacerlo.
No habían estado haciendo ruido y en la penumbra no los había distinguido, pero ahí estaban; revoloteando como aves de carroña a la distancia. Los cuervos y los grajos que los conformaban parecían ser más semejantes a buitres gigantescos, y sus grandes alas retorcidas hacían poco para disimular el como sus cuerpos no habían sufrido un mejor cambio.
Y en eso, las cinco siluetas actuaron de manera sincronizada al zambullirse desde el aire a una sola dirección.
"¡Trace on!" Exclamó Shirou, imaginando el martillo siendo disparado de la manera más intensa posible mientras que esperaba sentir en sus manos el mango de cualquier cuchilla, la que fuese. Y fue la espeluznante sensación de vacío en estas lo que provocó que experimentara terror como nunca lo había hecho.
Corrió, y vaya que corrió. Las calles comenzaron a deformarse ante su vista, convirtiéndose en caminos sinuosos y traicioneros a la par que aceleraba el paso. Los muros y tejados le escudaron de la vista, una pequeña bendición en vista de todo lo que transcurría aunque no era como si pudiera agradecerlo. En su lugar, su mente intentaba buscarle el sentido a la vorágine de preguntas que se arremolinaban en su consciencia, donde una reinaba sobre las demás.
'¿Qué está pasando? ¿Que esta pasando?' '¿Qué está pasando?' Apenas noto una puerta entreabierta, no se la pensó ni dos veces antes de entrar en aquel edificio, cerrándola detrás suyo. Sin considerar siquiera un par de segundos de descanso, subió por la escaleras que estaban a no más de unos pasos y alcanzó el segundo piso y no contento con ello, llegó hasta el tercero donde finalmente se detuvo para tomar aire.
'Inhala... Exhala.' Pensó, intentando seguir el ejemplo por un par de segundos, antes de concentrarse en la familiar sensación de sus circuitos. "Trace on."
El alivio que experimentó cuando estos se manifestaron no tuvo precio. Pero poco le duró la satisfacción.
CRAAAAACK!
SNAP! SNAP! SNAP!
"Trace on." Esta vez, Shirou se preparó, decidido a no tomar riesgos. Su expresión incluso se endureció cuando la silueta de Usumidori descansó cómodamente en su mano, la cual aseguró con la segunda. Blandiendo la espada legendaria, espero al borde de los escalones mientras que los chasquidos se acercaban cada vez mas y mas. Y entonces, justamente entre las sombras de lo que unía al segundo piso con el tercero, la inmensa mole negra que solo podía ser una de las arañas demoníacas se manifestó antes de moverse rápidamente hacia la luz, justamente donde Shirou se encontraba, quien ya estaba listo para hacerle frente.
Estaba.
El extremo de una de las patas fue lo primero que la tenue luz de la luna que se filtraba a través de las ventanas alcanzó a iluminar. Una mano, perfectamente humana, pisó el último escalón, permitiendo entonces que se pudiera observar en su totalidad que era lo que la tenía unida.
El grito de Shirou fue casi suficiente como para ahogar el ruido de Usumidori cayendo al piso.
La mano era de Nagisa, adosado horriblemente a una monstruosa masa de carne junto con al menos tres o cuatro personas más. Era como si un escultor particularmente psicótico hubiera forrado y cosido sin impunidad aquella aberración; sus rostros, horriblemente formados mostraban unas bocas permanentemente abiertas en una expresion que solo podía reflejar lo que experimentaron en sus últimos momentos, y que ahora estaban condenados a llevar por el resto de sus existencias.
"vIvIsTe."
La abominación, ajena al terror de Shirou busco abalanzarse contra él a la par que profería los chasquidos particulares, siendo acompañados de un coro más que venía desde las escaleras.
Shirou corrió como pudo hacia la ventana, intentando abrirla por todos los medios mientras que la araña le perseguía, arrastrándose como podía bajo su vulgar peso.
CRAAACK!
Fragmentos de vidrio y astillas por igual se clavaron en su piel, y no fueron lo único. Puesto que unas garras curvadas y barbadás perforaron con singular malicia sus hombros mientras que era arrastrado por el aire como si se tratara de una bolsa de basura. Abrir sus ojos solamente le hizo saber que estaba metros y metros por encima de donde habia intentando enocntrar refugio, asi como toparse con el rostro despedazado de Jiro Myourenji, quien grazno un alarido gutural antes de vomitar sangre y algo negro como el alquitran.
"vIvIstE."
"¡AGHHHH!" Shirou pataleo como pudo, con el instinto prevaleciendo por encima de la razón. Algo que aumentó todavía cuando otros alaridos le alertaron de la cercanía de los otros dos Myourenji, quienes revolotearon cerca de él con las garras en lo alto, casi como queriendo arrancar algo de él.
Y en medio de la confusión, Shirou se vio así mismo precipitarse contra el suelo, solo para caer en el último minuto en medio de una serie de costales rotos de arena.
SNAP! SNAP! SNAP!
Por el rabillo del ojo, no tardó en observar las siluetas siniestras que no podían ser otras cosas como la que había salido de las escaleras, provocando que se moviera como pudiera desde ahí, a la búsqueda de algún sitio donde ocultarse nuevamente.
"Hah... Hah..." Shirou jadeo, antes de observar una pequeña torre que juraba que no había visto antes a la distancia. Sin pensárselo dos veces, corrió con todas sus fuerzas hacia esta, decepcionandose rápidamente por la falta de puerta. Pero al advertir una escalera de cuerda en un costado, no titubeo ni por un segundo. Los chasquidos por el suelo y los alaridos por el aire sirvieron como un incentivo todavía mayor a la par que trepaba y trepaba hasta alcanzar la cima, y una vez habiendo hecho aquello, casi cae sobre sus rodillas.
"... ¿Qué?"
Docenas y docenas, reptaban desde los tejados hasta las calles. Como visiones salidas del infierno, casi hasta se detenían bajo la luz de la luna como si quisieran ser vistas. Y se acercaban, todas venían hacia él.
"aAhAhAhAhAhAhhAHAh."
No eran como lo que había encontrado en el bosque aquella noche. No eran arañas a media transformación. Todas y cada una de ellas estaban compuestas de personas unidas en una atadura enferma y encima para su horror, comprobó que no todas compartían el mismo destino que la primera que había visto.
"vIvIste."
"sHirOu."
"bAja dE aHi."
"uNeTe. uNete."
Y comenzaban a llegar a la base de la torre, algunas empezando a trepar como podían; una proeza difícil debido a la composición de sus cuerpos. Y un obstáculo pasajero, puesto que pronto comenzaron a apilarse unas sobre otras, formando así una grotesca escalera de carne de modo que pudieran alcanzarlo.
"uNeTenOs."
"aYuDaNos."
"vIvIste."
"Trace on." Shirou murmuro, intentando por todos los medios de encontrar algo que le permitiera mantener alguna semblanza de seguridad. "¡Trace on! ¡Trace on! ¡TRACE ON!"
Por lo lejos, y cada vez más cerca; la cacofonía infernal continuaba, sustituyendo el coro de chasquidos por uno más de lamentos agonizantes y gemidos llorosos.
"vIvIstE."
"vEn vEn."
"¿pOrQue nOs DejAsTe?"
"Trace on..." Intentando ahogar las voces, Shirou llevó ambas manos a sus oídos a la par que intentaba conjurar las dos palabras que nunca le habían fallado cuando las necesitaba. "¡Trace on!"
Ajenas a su tormento o quizás con intenciones de cultivarlo aún más; las voces continuaron con su diabólica tarea mientras que las arañas se apilaban más y más, estando a casi nada de llegar a la cima y atraparlo.
"¿pOrQue vIvIstE?"
"¿pOrQue tU?"
"¿pOrQue nOs mAtASTE?"
Con lágrimas en los ojos, Shirou intentó una vez más. Pero nada acudió en su ayuda. Ni de él ni de nadie. Solo estaba él, con las pesadillas que finalmente le tenían acorralado.
"¿pOrQuE nOs oLvIdAsTe?"
Y de repente...
La pestilencia ardiente de la ceniza fue lo primero que lo golpeó; el calor abrasador fue lo segundo, justamente cuando abría sus ojos, topándose con la familiar escena del infierno que conocía ya y llevaba un tiempo sin aparecer en su conciencia, pese a anidar cómodamente en las entrañas de esta.
Ni rastro de Azumi, ni siquiera de la torre donde había estado. A su alrededor, edificio tras edificio ardía en llamas mientras que postes habían caído ya y de árboles y vehículos, quedaban poco más que moles inertes y ennegrecidas.
Pero las arañas seguían ahí. Todas y cada una de ellas, presas de las llamas inmisericordes. Sus asquerosas siluetas danzaban entre el fuego, antes de inevitablemente caer ante la intensidad de este. Y aun así, no lo había olvidado. Lejos de ahogar sus voces, el incendio parecía casi brindarles un ímpetu aún mayor.
"¡sHIroU!"
"¿a DoNdE vAs?"
"vEn vEn."
"nO hUyas."
"qUeDatE cOn nOsOtRoS."
"aRde cOn nOsoTroS."
"nO nOs OlvIdEs,"
Y aun así, consumidas por las llamas, algunas comenzaron a hacer un último intento de reptar hacia Shirou como podían, incluso con las manos en las puntas de algunas de sus patas extendiéndose hacia el.
"sHirOu.
"sHiRoU."
"nO nOs dEjES."
"eS hOra dE dOrmir."
"tU mAdrE tE eSpeRa."
Fue en esos momentos, que afortunadamente pudo despertar. Pero empapado en sudor y jadeando como si acabara de recorrer un maratón entero. Y justamente así lo encontró su padre adoptivo, atraído por el grito que había escuchado.
"Tomate esto." Le había pasado una taza de té no muy caliente, el cual miro por unos momentos, antes de menear con la cabeza.
"No tengo sed."
"No es por eso." Kiritsugu lucía casi más cansado que él, y no por haber despertado en plena madrugada. "Tenía todavía un poco de lo que te daba en los primeros meses. Ya sabes que."
Fue en eso, que Shirou noto un leve tinte azulado en la superficie del te y no dudo en beber de la taza ofrecida. Al hacerlo, soltó un suspiro a la par que dejaba la taza sobre su mesita de noche.
"¿Qué fue lo que ocurrió?"
Viendo que Kiritsugu había sabido que darle, Shirou sospechaba que su padre tenía una idea de lo que había pasado. Frunció el ceño e inflar ligeramente sus mejillas. "Nada."
"Eso no sonó como nada." Señaló Kiritsugu con calma, antes de colocar su mano derecha sobre su hombro.
Viendo que no tenía de otra, además de carecer del ánimo suficiente para negarse una segunda vez, Shirou tomó aire, antes de abrir la boca para poder hablar. "Todo comenzó con..."
No había querido entrar en detalles. Yendo todavía más lejos, lo máximo que tenía en mente había sido describir solamente la monstruosa pesadilla que había llegado a tener. Pero a mitad del camino, aquel curso fue dejado de lado en favor por soltar todo. Todo, y para cuando había terminado, solo pudo bajar su cabeza.
"Te hable de lo que ocurrió en Alimango." Kiritsugu comenzó a hablar, primero de una manera distante. "Tomó casi un año para que dejara de aparecer en mis sueños si no hacía lo que Natalia me decía, de tomarme una droga para dormir sin tenerlos antes de apagar la luz... Pero esa impresión, no se te va nunca, Shirou."
"Entonces... ¿Y todas esas personas? Yo las..." Intentó elaborar el pelirrojo, antes de que su voz se cortara.
"Shirou, mírame." Si bien lo dijo de manera gentil, era imposible confundir la intención firme de Kiritsugu al dirigirse a él de aquella manera. "Lo que hiciste... Fue necesario. No solo no tenías idea de lo que había ocurrido, sino que nada podrías haber hecho para revertirlo. Otros te dirán que le hiciste un favor a esas personas al liberarlas de lo que les hicieron... Yo solo diré, que al menos alcanzaste a detener a quien lo estaba haciendo."
"... ¿Así es como se siente m-matar a alguien?" Shirou miró sus manos, como esperando encontrar una respuesta en ellas.
"Matar es..." Kiritsugu cerró los ojos, intentando encontrar una mejor forma de acomodar sus palabras. "Antes de todo esto, yo vivía creyendo que en tanto un grupo mayor de personas pudiera vivir, el resto tendrían que ser el precio. Lo que sea mejor para la mayoría, siempre... Hah." Carraspeo al experimentar una punzada en un costado. "Un mejor hombre diría que privarle la vida a alguien es algo que no le corresponde a uno. Es irreversible y te marca a ti de paso. Pero no estamos en un mundo perfecto y a veces tenemos que tomar decisiones difíciles, donde ninguna de las opciones es realmente buena. "
"¿Entonces qué es lo que debería de hacer?" Le pregunto Shirou. "Si estoy en peligro... Creo que lo haría de nuevo, y eso no me..."
"Cuando se trata de vivir, uno puede llegar a hacer hasta lo imposible." Respondió Kiritsugu mientras soltaba un suspiro. "Que te sientas así, Shirou, es algo normal. Es importante que nunca lo pierdas." 'O acabarás como yo.' Se atrevió a pensar.
"Entiendo." Shirou se quedó callado por unos momentos más, antes de volver a hablar. "Aun así... Quisiera algún día, evitar que algo como lo de Azumi ocurra. Por todas esas personas."
"A estas alturas, Shirou. Es muy difícil que pueda decirte que puedes llegar a ser o no." No era con humor ni con severidad lo que Kiritsugu comunicaba, más bien una especie de resignación. "Más que llamarte impredecible, debería decir que eres casi imposible." Le menciono, mientras que señalaba hacia la mano donde sabía que Shirou guardaba el regalo del gran espíritu del Monte Kurama.
Si bien el comentario causó que Shirou resoplara, por dentro una semilla comenzaba a anidar ya en su consciencia. Probablemente había tenido varias predecesoras ocupando su lugar, con todas terminando por pudrirse eventualmente a falta de sustento, pero la nueva tenía suficiente comodilla para hincharse con los acontecimientos recientes, así como el renacimiento de lo que había pasado casi a tercer plano desde el año pasado. Y era de esperarse, pues hay cicatrices que nunca pueden llegar a sanar del todo y yacen a la espera de nueva inmundicia que les permita entrar al supurante estado al que anhelan.
Mientras que Shirou tomaba la decisión, de pedirle a su amiga que le enseñara a elaborar la misma substancia que le permitiera conciliar el sueño sin tener que estar sujeto a nada en el letargo, la semilla hincó sus curvos colmillos en la forma de una pregunta que permaneceria sin respuesta, por mucho, mucho tiempo.
"¿Porque soy yo el que sobrevive de todos los demás?"
xXx
Sala de Exhibicion 4, Museo Historico de Fukuoka
7 de Febrero de 1997, 4: 15 PM...
La verdad es que preferiría poder tocarla para realizar el Análisis Estructural. Pero la espada se encontraba detrás de una cortina de vidrio que se abría por detrás y había varias cámaras alrededor. De por si, no era como si pudiera sacarla sin dejar ningún rastro. Por lo tanto, no quedaba de otra que limitarse a observar desde donde estaba.
"Trace on." Murmuro mientras que sus ojos se ponían en marcha ya. Con lo primero que se topó fue con su nombre y ayudaba el hecho de que lo tuviera una elegante etiqueta lacrada en un costado de la original: Yuuraku Rai Kunimitsu. A partir de ahí, comenzó a delinear toda la forma de la tantou que aspiraba proyectar después. Un cuerpo de no más de veintisiete centímetros, con una cuchilla que mantenía una semblanza armoniosa entre lo esbelto y lo firme y mango un tanto rústico.
Era un arma vieja y respetable. La diferencia de edad entre las veces en las que había sido blandida para el combate era demasiado grande, a veces hasta en espacios que no podía hacer más que identificar como cientos de años a modo de interludio. Su único portador destacable era un hombre que había dejado varias veces su nombre entre los pensamientos que anidaban en su historia acumulada; Urukusai. Sin embargo, un símbolo que le recordaba a una flor negra con cinco pétalos se manifestaba demasiado en estos, indicandole que había algo más ahí. Al concentrarse un poco más, encontró que el nombre verdadero de la persona era Oda Nagamasu y que este había recibido la espada como un regalo de parte del hombre de quien era vasallo, anterior a eso sin embargo, la espada había sido poco más que un curioso adorno desde que fue forjada por el herrero artífice de su creación, un tal Rai Kunishige.
Nagamasu la había blandido en una gran y cruenta batalla, donde se había defendido usando a Yuuraku como pudo contra los embistes de una cuchilla todavía más larga en la mano experta de un samurai bastante aguerrido, consiguiendo desviarla del guantelete de Nagamasu y yendo a parar al suelo. De no ser porque Yuuraku tenía aún registros posteriores de pensamientos de Nagamasu al sostenerla, aunque fuera para cambiarla de lugar, hubiera creído que este perdió la vida en el encuentro.
"Leer" la historia acumulada era raro. Si Shirou tuviera que describirlo, diría que la mejor forma de hacerlo sería como si estuvieras leyendo las páginas de un libro que poco a poco comienzan a tornarse cada vez más viejas; eso y que durante el proceso es comun encontrar palabras y hasta párrafos enteros que no pueden ser leídos del todo. Como si estuvieras leyendo algo en tu idioma y de la nada, este fuera sustituido por jeroglíficos egipcios. Otra característica curiosa era que en ocasiones, algunas páginas contenían unas "burbujas" que mostraban directamente recuerdos únicos. Era como ver una escena corta de película. Y en el caso de Yuuraku, las tres que se podían observar no eran otras que como había lucido tras haber sido forjada, él como había sido entregada a Nagamasu en una ceremonia esplendorosa y finalmente, el duelo que este había tenido con otro guerrero en la gran batalla.
'Creo que es Sekigahara. Tendría sentido.' Había pensado, una vez que soltó el agarre y desactivo sus circuitos. Soltando un ligero suspiro por el esfuerzo, le echó una mirada al resto de la habitación del museo de Fukuoka. Alrededor de unas seis espadas propias, así como otras dos dagas e incluso una lanza de aspecto curioso que luego sabría que se llamaba naginata había sido observadas ya y luego intentaría proyectarlas.
Como parte de las medidas de Paracelsus en torno a querer estudiar los rasgos únicos de su taumaturgia influenciada por sus atributos alineados, esta habia practicamente obligado a Kiritsugu a llevarlo a los museos más notables a la redonda que pudieran tener algún vestigio de espadas antiguas. Y para ser honesto, Shirou lo había disfrutado. Donde varios podían admirar la forma de las espadas y maravillarse con las historias asociadas a estas, el podía ver mucho más allá. En cierta forma, era como si cada espada estuviese vida y tuviera algo que contarle que nadie más tuviera la oportunidad de escuchar.
Saliendo de la estancia, localizó a Kiritsugu sentado en una banca.
"Termine ya. Hice lo que me pidió Caster e intenté con la naginata de ahí." Dijo, mientras señalaba a la lanza que estaba siendo blandida por el modelo a escala de un samurai, ataviado con todo y armadura.
"Muy bien." Le respondió Kiritsugu. "¿Y pudiste encontrar algo mas como 'esa' espada?"
La pregunta se ganó un resoplido de parte de Shirou. "No, para nada. Cómo Usumidori no ha habido una sola cosa, ni en Tokyo."
Un par de meses atrás, durante las vacaciones de Invierno, habían acudido predeciblemente al Museo Nacional en Tokyo. Por un lado, Shirou jamás había visto tantas espadas en un solo lugar y había aprovechado para leer alegremente tantas como pudo. Sin embargo, ninguna de las que pudo encontrar era remotamente parecida tanto en historia como en esencia a Usumidori, de ahí a que se emocionara al encontrar una sección que esbozaba orgullosamente a la "yokozuna" de todas las espadas japonesa: Doujigiri Yasutsuna, la legendaria arma insignia del mítico exterminador de demonios y general de la Era Heian, Minamoto no Yorimitsu.
Si, una pena que lo que estaba exhibido como esta era falsa. Apenas Shirou la revisó, comprobó que se trataba de una réplica de no más de cincuenta años de edad que había sido colocada ahí a modo de exhibición. La verdadera, brillaba por su ausencia. Aunque no había salido del museo con las manos vacías, puesto que aun así había logrado escanear alrededor de unas veinte espadas de varias formas y tamaños que después había proyectado en casa.
"De esperarse." Resoplo por su lado Kiritsugu. "Imagino que aun en los tiempos de Caster, era rarísimo ver un Noble Phantasm con tus propios ojos. Me tope un par de veces con alguien usando una reliquia que intentaba hacer pasar por uno, pero no era más que un código místico antiguo. Hasta la Cuarta Guerra, no tuve oportunidad de ver uno."
"Pero deben de existir por aqui aun. Usumidori no puede ser el único." Comentó Shirou, añadiendo sus cinco céntimos.
"No sabría decirte, Shirou. Seguramente están por ahí, pero en manos de alguna organización como la Asociación, la Iglesia o directamente en manos de alguna familia antigua y poderosa. Que tú encontraras uno como la espada de Yoshitsune... Bueno, fue como ganar la loteria."
"Supongo." Ya habían pasado por todo el museo. Y si bien habían venido principalmente para que el pudiera ver las espadas, también habían disfrutado de un paseo mientras que admiraban otras posesiones del museo como obras de arte en la forma de esculturas, estelas y una que otra pintura sobre un biombo. "Por cierto. ¿Vamos a encontrarnos con Taiga y su abuelo en donde el quiere ir o los esperamos en el hotel?"
"Los vamos a esperar. Ellos tienen transporte directo y creo que no hay ningún camión que nos deje cerca de ese hostal."
"Oh."
xXx
Ryokan Chijoyo, Fukuoka
8 de Febrero de 1998, 2: 35 PM...
Hace alrededor de varios meses atrás que Kiritsugu había recibido una llamada telefónica bastante inesperada.
"Kiritsugu." La voz de Raiga delataba que no era un saludo animado, pero tampoco detectaba el timbre de severidad que aquellos que se granjeaban la molestia del líder del Grupo Fujimura terminaban por recibir. Fuera lo que fuera, él lo escucharía.
"Fujimura-san." Respondió flemáticamente el Asesino de Magos, optando por mantener las cosas en un campo formal por si las dudas.
"El hombre del que me has advertido ya estuvo aquí el otro día. Parece tener interés en lo que paso en los muelles." Y era de esperarse, esa oración fue suficiente para que Kiritsugu sintiera como un escalofrío le recorría la columna. Ese hombre solo podía ser una persona.
"Entiendo." Salir de Fuyuki al final había resultado ser una bendición disfrazada. "Gracias por informarme." Había recibido un resoplido molesto como respuesta, antes de que el hombre ufano resoplara y terminará por colgar, dejándolo solo con sus pensamientos. No no hubiera estado listo para enfrentar de nuevo a Kirei Kotomine. Su enfrentamiento con Wu Yi, el ejecutor personal de la Marble Trading Company había dejado claro que estaba por detrás de su mejor momento. Necesitaba ponerse en forma de una manera que no comprometiera su salud, una proeza titánica de por sí dada su condición.
Fue una sorpresa que de vez en cuando, Raiga llamara a cortesía de Taiga para que esta pudiera hablar tanto con él como con Shirou. Eran momentos bastante alegres, pero efímeros. Había pasado más de un año desde que tuvieron que huir de Fuyuki, después de todo. De ahí a que justamente cuatro meses atrás, Raiga directamente le había informado que su temperamento se había calmado y los invitaba a regresar. Una pena que aquello era muy inviable, tal y como le informaria Kiritsugu.
"Hay un contrato de protección a cambio de cierto servicio que tenemos con una familia de aquí, en Kanto." Le dijo. Lo mejor era dar pocos detalles, dudaba mucho que Makihisa apreciara mucho el que su nombre saliera de un lado a otro más de lo que había sido ya. "Pero, podemos ir a visitar."
Y así había sido en Diciembre, aprovechando justamente las vacaciones de Invierno. Luego de unos dos días en Tokyo para que Shirou pudiera darle una ojeada a los contenidos del Museo Nacional, habían tomado directamente un tren hacia Kobe y de ahí un par de paradas hasta Fuyuki. La reunión con Taiga ciertamente había sido algo bastante adorable de ver, y seguramente Shirou compartiría la noción por completo, si no hubiera estado a punto de caer asfixiado como la presa de una anaconda.
"-Ugh-Uuji-nee...Ugh..." Balbuceo como pudo Shirou, apenas logrando tener un ojo abierto en medio del abrazo. "-N-no respiro..."
Riendo por lo bajo, Taiga se dispuso a arrastrarlo. De verdad que le había extrañado. El momento había sido demasiado conmovedor, y las dos semanas que pasaron de regreso en Fuyuki habían hecho poco por retirarle dicha etiqueta. Aunque Kiritsugu había pasado buena parte de ese tiempo estando al acecho por la presencia de cierto ejecutor local.
Con lo de ahora, sería la segunda vez que los verían. Un número prácticamente mágico.
"Shirou, muchacho. Que gusto verte." Lo primero que hizo Raiga fue estrechar firmemente la mano de Shirou apenas le diviso. "Tu padre me dice que vienes a finalmente aprender a ser un hombre."
"Ya quería hacerlo hace tiempo." Respondió Shirou, haciendo todo su esfuerzo para no soltarle una mirada a Kiritsugu, quien a su vez escondio la suya. Luego de lo ocurrido en Azumi, estaba dispuesto a no dejar más cosas al azar y hacer que Shirou pudiera disparar lo suficientemente bien como para salvarle la vida. Hacerlo durante una de las actividades favoritas de Raiga sería como matar dos pájaros de un tiro. Taiga por su parte, permaneceria junto con él para poder hablar mejor y Shirou se les uniría después.
"Jajajaja. Muy bien, vamos al campo de tiro." Raiga le había dado un par de palmadas en la espalda antes de prácticamente arrastrarlo al campo de tiros, donde reposaban una serie de rifles de balines para ser disparados contra una serie de pancartas atadas a palos que simulaban desde venados hasta jabalíes, e incluso un oso deshilachado que había visto días mejores.
Una vez ahí, el hombre había instruido con una paciencia y calma que Shirou no hubiera asociado ni en mil años con Raiga Fujimura el cómo sostener el rifle y tener particular cuidado al apuntar, entonces tirar del gatillo y observar hasta satisfecho él cómo el balin terminaba por clavarse en un costado de la silueta de un jabalí de plástico que hasta se tambaleó levemente a consecuencia del impacto.
"Muy bien." Le felicito Raiga, antes de dejar que preparara el siguiente tiro. Del lado de Shirou, se sentía extraño dejar que el rifle lo hiciera por él. Estaba acostumbrado a dejar que sus proyecciones salieran volando solo con un pensamiento, aunque claro que no pensaba que alguna vez las hubiera podido lanzar incluso a la velocidad que el rifle de balines soltaba sus disparos.
Tras varios minutos, había colocado una abolladura nueva en cada una de las siluetas, casi en donde él había querido que fueran a parar.
"Perfecto, excelente." Raiga se rio, felicitandolo. "Pronto podrás venir con tu padre al coto de caza tú también."
"Ja, gracias." Concedió Shirou, intentando no pensar en sus andadas nocturnas por el Monte Kurama, donde había ido a perseguir específicamente a las comadrejas que le habían lastimado la vez anterior. En eso, se fijó en algo colgado en un extremo de la estancia. "¿Ah?"
Al señalarlo, Raiga resopló mientras realizaba un gesto de mano dismisivo. "Ah, un arco. A veces pasa alguien que quiere usar uno por aquí, pero se rinde. No son fáciles de usar para esto."
Era fácil de verlo. Era una cosa larga y encorvada en blanco, con un hilo bastante grueso y un par de ganchos colgando desde sus extremos. Lucía como algo que no podría ser cargado de manera cómoda y mucho menos usado con la misma facilidad que hasta el rifle de balines.
"Que mal por ellos." Mencionó Shirou, mientras que recordaba al que había usado en el Monte Kurama para intentar colgar justamente un gancho con el cual balancearse para salvar a Arou de ser devorado vivo por Miroku y sus arañas monstruosas. Entonces agito su cabeza, dejando eso de lado.
Del lado de Taiga por otro lado, ella intentaba presionar a Kiritsugu por información de lo que estuviera haciendo. Lastimosamente para ella, el hombre tenía experiencia lidiando con algo así, cortesía de Shirou.
"Hmm." Refunfuño Taiga al final, casi como si quisiera jurar venganza. "En ese caso. Están obligados a asistir al torneo de Mifune en tres semanas. ¡Oíste! Prohibido faltar."
En una de esas, Shirou había logrado escabullirse al área de juegos que recordaba de la vez anterior. Esta lucía exactamente igual, lo cual le servía perfecto. Acercándose al cajón donde sin no le fallaba la memoria, reposaba la pieza que había visto desde el año antepasado, busco echarle una mirada nuevamente. Soltó un respingo al ver la caja, y entonces la abrió, solo para experimentar una profunda decepción al ver que el interior brillaba por su ausencia.
"Rayos." Comentó en voz alta.
A/N: Este capítulo es más introductorio que nada. Originalmente, iba a tener básicamente la última escena siendo expandida masivamente… Pero había un montón de cosas que necesitaba cubrir desde antes. So, aquí estamos.
Si bien a estas alturas es obvio, creo que sería prudente recalcar que si bien me tomo un par de (Muchas) libertades con mecánicas del Nasuverse, siempre procuro hacerlo dentro de ciertos parámetros y darle su lógica respectiva. Como pueden ver con el tema del Análisis Estructural de Shirou, el cual tuve que convertir en algo un tanto más especial. Pero no para que fuese un recurso más poderoso que en el Canon. Al contrario, va en reversa.
Por el momento, vamos a dejarlo claro de esta manera. Dentro de Konton no Tatakai, el Análisis Estructural común le permite a un Magi el adquirir cierta información de un objeto al "escanearlo" con energía mágica. Normalmente, esta deriva tan sólo en conocimiento de su estructura y propiedades. A un nivel mucho más alto, es perfectamente posible reproducir toda la forma de una estructura enorme.
Pero Shirou es capaz de leer la Historia Acumulada de ciertos objetos (Por el momento, se manifiesta más fuerte en espadas). Algo que normalmente es un poder psíquico por derecho propio. Cabe destacar que no hemos visto el límite de dicho poder. Pero lo haremos, a su tiempo.
A propósito. El concepto del Séptimo Factor Imaginario es una creación original mía. Cuando toque realizar su artículo en la Wiki del Fic (De la cual apenas se están escribiendo los datos, se podrá leer ahí algo mejor en qué consiste.
Ahora, pues. Es la madrugada y ya ando agotado después de un día de escribir y corregir. Vamos a dejarlo aquí ahora.
Nos vemos en el siguiente capítulo, donde tendremos muchas sorpresas.
Espero que hayan disfrutado este.
Melqart 22/03/24
