A/N: No me tome una semana más de descanso. Simplemente se me complicó el escribir las últimas tres escenas por unos asuntos personales, y me esforcé lo que pude los últimos días para poder traer esto. Lastimosamente, dado lo complicado de mi situación por la semana que viene, es probable que el siguiente demore hasta dos semanas también.

Pasemos a contestar reviews:

- Aaasaft: Thank you for your review. I also love Kara no Kyoukai, and I hope that what I write with it remains interesting, at least.

- Ariel Juarez: Really? Huh, how weird. FFN has been failing lately, though.

- orocontra12: Pues como puedes ver, prácticamente me vi forzado a ello. Y todas tus preguntas tienen la misma respuesta: Si.

- Fan de Manaka3000: Gracias, gracias. Desde el Dia #1 quería llegar eventualmente a esta parte. Shirou & Touko, próximamente besto duo.

Habiendo terminado ya. Pasamos al capítulo. Como siempre, encontrarán una segunda nota hasta el fondo.


AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.


Clave:

'Pensamientos.'

"Diálogo."

Especial

"Voz sobrenatural/Resaltado"

"Taumaturgia."

Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ


Konton no Tatakai

Capítulo Treinta y Tres

"Ángulo Quebrado."


Mifune - Tokyo

2 de Marzo de 1998, 22: 015 PM…

Había sido un alivio cuando Touko le había comentado que la visión de sus ojos no era necesariamente permanente. Podía ser activada y desactivada si se concentraba demás en ello y le tomó un poco de práctica durante varios minutos, incluso teniendo que aplicar algo de auto-sugestión para lograrlo. Pero apenas parpadeó varias veces y pudo comprobar que las siniestras líneas y puntos brillaban por su ausencia, casi había suspirado con alegría. Hasta que su concentración se rompió y estas regresaron, obligándole a repetir el proceso.

"Entonces..." Finalmente habló mientras que mantenía sus brazos cruzados. Las dos mujeres y el hombre se encontraban sentados en la mesa de un autoservicio que permanecía abierto aún, y afortunadamente atendido por alguien del turno nocturno que se encontraba más dormido que nada. Habían ido a parar ahí luego de que Touko terminase por eliminar el menor rastro de la presencia de todos en el hospital. "Ellos dos... Son magos como tú. El padre te pidió algo hace horas y es solo una coincidencia que hayan estado igualmente aquí cuando llegaste tu."

"Básicamente, si." En algún momento, Touko había extraído un nuevo cigarrillo y ocasionalmente soltaba una que otra bocanada de humo. Le había ofrecido uno al hombre, pero este lo había negado con la cabeza aunque no sin antes alzar una ceja al poder ver la cajetilla.

"A decir verdad, solo había venido a verte por petición de mi adorable asistente, Kokutou." Aquella pieza de información había sido nueva y fue difícil para Shiki el no reaccionar visiblemente a ello. "Pero imagina mi sorpresa cuando uni los puntos y al final resultó que fuiste la afortunada en despertar esos ojos."

"¿Esos ojos?" El hombre, quien había aprendido que se llamaba Kiritsugu Emiya había preguntado.

'No lo sabe.' Pensó Shiki, antes de ver como Touko parpadeaba de su lado y sonreía enigmáticamente antes de desviar aquello con un gesto de mano.

"Oh, no es importante." Para ella, mientras menos supieran exactamente qué era lo que tenía Shiki, mucho mejor. No había necesidad de divulgarlo.

El silencio se prolongó cuando Shirou regresó del contador, portando una bandeja con las bebidas ordenadas, antes de tomar asiento. En algún punto, había conseguido deshacerse de su camiseta al arrojarla a un bote de basura en la calle mientras que se había encargado de proyectar una nueva, aún así algo del hedor permanecía.

"¿Qué ocurrirá entonces?" Le preguntó Shiki directamente a la mujer mayor.

"Hmm, veamos." Touko pareció considerar sus opciones o al menos fingió hacerlo antes de añadir. "Mi oferta de antes sigue en pie. ¿Sabes? Hasta te incitaria a aceptarla, porque lo que pasó en el hospital fue algo planeado. Aunque seré honesta, no es algo que ofrezca ahora solo por mi asistente. Veras, llevo un tiempo buscando un buen familiar luego de que mi último contrato se perdiera gracias al neandertal de mi cuñado."

Por la forma en que había comentado lo último, era evidente que se trataba de un evento no del todo agradable para Touko. Sin embargo, la palabra usada por la magus fue suficiente para que Shiki le dirigiera otra mirada que demostraba que no estaba nada impresionada con ella. '¿Familiar?'

Un tanto irónico era también que encima iba a ser ella quien la vigilara pese a su oferta. ¿Pero qué otras opciones tenía? Quizás a su padre se le ocurriría algo, aunque normalmente mantenía a la familia alejada del lado sobrenatural después de que el abuelo terminará por volverse loco. No, viéndolo de una forma u otra, la mejor ruta era quedarse con esa extraña mujer, eso y que podría ayudarle en la otra cosa.

"Esta bien." Terminó por admitir, y el semblante de satisfacción regresó con Touko, quien optó por dirigirse ahora a los dos Emiya.

"En cuanto a su petición, me temo que debido a esto tomará un poco más de tiempo de lo habitual."

No hubo ningún asomo de sorpresa en la expresión de Kiritsugu. Ya había visto venir algo así y tendría que tomar otras vías, pero tal parecía que la hermana mayor Aozaki no había terminado aún.

"Sin embargo, podría agilizar la carga por un precio más allá de lo monetario." Y ahí estaba, una condición más. No le sorprendería nada si fuera justamente un encargo de despachamiento, a estas alturas se había preguntado porque no había recibido uno desde antes. 'Makihisa sí que debía de estar desesperado para recurrir a mi cuando bien sabe cual es mi especialidad.'

"¿Que cosa seria?" Aun así pregunto.

Y nuevamente, la sonrisa desapareció del rostro de Touko. "Saber qué fue lo que usó para reducir al difunto Lord El-Melloi a ese estado."

Definitivamente, no se esperaba eso. Yendo más allá. ¿Cómo es que sabía de ese detalle encima? Por lo que Waver Velvet había comentado, su muerte en la Cuarta Guerra era conocimiento general, pero que lo hubiese dejado casi paralítico así como incapaz de utilizar sus circuitos mágicos por otro lado...

"Se pagó una suculenta suma de dinero para asegurar la compra de unas prótesis de primera calidad. Uno de mis trabajos más finos pese a que no incluían nada particularmente interesante. Implantes con un riesgo de rechazo prácticamente nulo a nivel espiritual incluso." El cigarrillo que había estado fumando finalmente terminó por deshacerse. "Y aun así, el colocarlos fue difícil. Cuando estuve por primera vez en la Tumba de Albion, vi como un pobre minero fue devorado vivo por una bestia monstruosa y aun así, ni siquiera lo que quedó de sus nervios estaban tan mutilado como los de Lord Kayneth y ni hablemos de los circuitos."

Kiritsugu no necesito mirar hacia Shirou para saber que este le estaba dedicando una mirada que prácticamente decía '¿Cuarta Guerra?'. Estaba más concentrado en encontrar alguna manera de sortear lo que acababa de caer a su regazo. "Imagino que es algo que desea evitar."

"Simple cautela." Respondió Touko al encogerse de hombros. "No creo conocer a nadie que quisiera terminar sufriendo el mismo destino."

Y ahí el problema. Si bien tenía sus tácticas no muy convencionales y su extenso empleo de armamento moderno y mundano, no se podía negar que lo más efectivo que tenía en su arsenal eran sus Balas de Origen. Y justamente la razón por la cual era algo tan efectivo radicaba en que eran desconocidas. Fuera de Natalia y Maiya, no había ninguna otra persona a la que le hubiera susurrado semejante secreto. Y si bien justo unos dos años atrás había estado lo suficientemente desesperado como para vender un par al sindicato de asesinos, Morte de Sicilia, había terminado por abortar la idea al final.

Podía intentar ofrecer algo más. Algo que fuera lo suficientemente raro como para al menos granjear el interés de la Aozaki, aunque no se le ocurría nada que tuviera en su posesión, a menos que...

Mirar a su hijo, le saco una idea, y dirigiéndose hacia la mujer, le pidió algo de tiempo antes de llevarse a su hijo un poco lejos y susurrarle.

"Una pregunta, Shirou. ¿Qué tanto control o seguridad tienes sobre el cristal de Caster?"

xXx

Mifune - Tokyo.

3 de Marzo de 1998, 15: 46 PM…

"Entonces... Zombies. ¿Pero no te mordieron?" La preocupación de Taiga era palpable y Shirou casi tuvo que retorcerse de un lado a otro con tal de evitar que su hermana postiza terminará por revisar centimetro a centimetro de su cuerpo de modo que pudiera asegurarse de que no hubiera una grotesca herida cortesía de uno de los cadáveres animados.

"No, no son esa clase de zombies." Gruño Shirou, al fin consiguiendo apartar sus manos. "Fue lo primero que le pregunté a Kiritsugu. Me dijo que no eran."

"Oh, menos mal." Taiga pareció relajarse por un momento antes de caer en cuenta de algo más. "Espera... ¡¿Existen los de ese tipo también?!"

Shirou soltó un largo suspiro. A estas alturas, estaba acostumbrado a ser introducido bruscamente a una semblanza de normalidad después de un evento que destrozaba toda noción lógica. No lo encontraba muy agradable, pero poco podía hacer al respecto.

"Si, Fuji-nee." Le intento explicar, como si él fuera el mayor en esa ocasión. "Existen de ese tipo. Los crean los vampiros." 'Y en ocasiones, un magus un poco salido de sus tuercas.' Pensó, recordando bien el relato de Kiritsugu y la isla de Alimango. Su padre raras veces tenía algo bueno que decir de Norikata Emiya, por lo que la figura del hombre que técnicamente era su abuelo adoptivo, permanecía como un pie de nota dentro de su cabeza.

Se encontraban en el hotel donde los Fujimura se habían alojado unos dos días, y estaban prontos a regresar ya a Fuyuki, aunque Taiga permaneceria ahí hasta eso de Julio, cuando se mudaría a Osaka para atender la universidad.

Del otro lado de donde se encontraba, sin embargo. Una conversación más bien distinta estaba tomando lugar.

"Tengo personas que ocasionalmente mantienen un ojo en Kotomine." Reveló Raiga, a lo que Kiritsugu asintiendo, esperando algo más, sabía que el hombro no lo mencionaria si no había algo particular que añadir con eso. "Y ese es el detalle. Varias veces lo han visto salir de Fuyuki, por lo menos una vez al mes."

"¿Tienen alguna idea de a donde va?" Podía ser cualquier cosa, a decir verdad. Dudaba mucho que la Iglesia permitiera a uno de sus agentes que no llegaba ni a la quinta década de vida el retirarse. El mayor problema del lado marcial de la Iglesia, constaba en que carecía de los números que la Asociación de Magos y otras organizaciones contaba, pese a tener una presencia global. Los ejecutores no eran precisamente fáciles de producir, y menos uno tan formidable como Kirei Kotomine.

"Pfff, para nada." Raiga agitó su cabeza. "No me ha contactado desde esa vez, de igual manera. Pero con lo que he visto de él, me recuerda a un tiburón. Busca desesperadamente sangre en el agua."

"Heh." Kiritsugu resoplo. "Lo agradezco, pero quizas seria mejor dejarlo como está. No necesitas la atención de ese hombre, créeme."

"Si tu lo dices." Terminó por conceder Raiga, aunque se notaba que no estaba en desacuerdo con ello. "Cuidense ambos."

Después de una despedida, padre e hijo se dirigieron hacia el auto, y apenas entraron a este...

"¿Entonces?"

"Tenemos unos seis días para poder revisarlo todo." Le informo Kiritsugu. "Diría que es más que suficiente, después le hablaré al número que nos dieron para poder informar que continuará."

"Esta bien." Shirou frunció el ceño. "¿Sabes? Para convencerlo lo único que tuve que decir es que la señorita Aozaki tiene ese rango del que me contaste. No me hubiera gustado tener que ordenarle algo después de que bueno... Es más estricto ahora."

Vaya inversión de papeles. Donde el remanente de Caster anteriormente solía ser más conciliador y permisivo en contraste a la protección y severidad de Kiritsugu, las tornas habían dado la vuelta.

"Pfft. Yo creo que a estas alturas, has sabido demostrar que puedes al menos defenderte solo." Mencionó Kiritsugu una vez que comenzaba a conducir, provocando que Shirou parpadeara.

"¿En serio?"

"Si, pero no lo tomes como un cumplido."

"Aww."

xXx

Conglomerado Tohno, Misaki.

6 de Marzo de 1998, 17: 55 PM…

La sala de juntas era impecable, un fiel reflejo de su estatus donde él quedaría indudablemente marcado ante semejantes como alguien que yacía por encima mientras que ellos no tendrían de otra que seguir el papel de invitados que escuchan y obedecen a sus palabras. Lo anterior sería el doble en aquella ocasión. La tediosa reunión donde comentaban detalles de sus respectivos negocios finalmente había llegado a su fin, pero no se encontraban en el receso.

Sus ojos grises escanearon perezosamente a quienes tenía consigo. Cuatro cabezas, cada una más distinta que la otra. El parecido familiar ciertamente era mínimo, y no ayudaba el hecho de que las apariencias fueran incluso un tanto más... Contrastantes.

Amakuni Touzaki tenía la edad que su padre hubiera alcanzado si no hubiera fallecido a temprana edad, pero nada de su temperamento. Calmado, prudente y un buen oyente, las tres cualidades le habían servido bien para poder mantener un control sobre su familia, la segunda más numerosa de entre las ramas de los Tohno, sin necesidad de un puño de hierro.

A su lado se encontraba Fumio Arima. El más joven de entre ellos así como también el más distante. De no ser porque el padre de Makihisa había desposado a su tía, tendría el vínculo de sangre remontado hasta al menos cuatro generaciones atrás. El hecho de que fuera un hombre sin muchas ambiciones y lo que era mejor, obediente, había sido otra de las razones por las cuales había decido confiarle al niño, si es que llegaba a necesitarlo.

'Los años no le favorecen en nada.' Y también estaba su sobrino, Tonami Kugamine. Su familia, que en conjunto con los Arima y por azares del destino había terminado por experimentar una degradación natural de su sangre demoníaca, eran los más normales de todo el clan Tohno en su totalidad. Irónicamente, eran también los más propensos a desarrollar un aumento notable de grasa corporal. Era cierto que en algunos casos, la esencia inhumana incitaba al cuerpo a cambiar a proporciones un tanto exageradas (Conocía a una familia de Izumo donde contaban con un segmento doble en cada brazo), pero en el caso de los Kugamine, un estilo de vida sedentaria así como varias generaciones de enajenamiento habían sido suficientes para tal condición.

Y por último, no había que olvidar al más... Notorio, al menos en apariencia física.

Se había quedado corto de alcanzar el metro ochenta de altura, pero lo compensaba con una musculatura impresionante. Fuera de su cabellera salvaje, lo que más destacaría es como solamente uno de sus ojos permanecía visible. Eso, y el hecho de que su atuendo era algo bastante simple y casual, a diferencia de los elegantes atavíos portados por los demás.

"¿Celebrando entonces?" El timbre de Fumio era reservado, pero se podía notar la duda en este.

"Hace poco más de un siglo, nos encontrábamos de espaldas contra la pared. Atrapados entre la amenaza constante de los cazadores y las promesas envueltas en miel ponzoñosa de las familias del Buró." Recito tranquilamente Makihisa, antes de alzar ligeramente su taza de té. "Ahora, bajo la cubierta de nuestro conglomerado somos los más exitosos de nuestra estirpe. Donde los demás se han marchitado e ido, permanecemos aquí."

"Ciertamente, es irónico señalar como aquello ha ocurrido, mientras que nuestros enemigos de antaño, esos tigres feroces que iban tras nosotros perdieron poco a poco sus garras y colmillos." Musito Amakuni, con un ligero carraspeo mientras que asentía. Aun si los Touzaki jamas habían experimentado lo más cruento de aquellas persecuciones, Amakuni conocía bien su historia.

"Heh, los llamados herederos de los Cuatro Reyes Celestiales. Y como han caído los poderosos." Las papadas de Tonami se agitaron a la par que este reprimia una sonora carcajada. "¿Los Asakami? Terminaron imitandonos al dedicarse a la construcción, se deshicieron de lo que los volvía especiales al final del día. ¿Y qué me dicen de los Fujou, eh? En la ruina total."

La carcajada al final terminó por soltarse durante un tiempo, hasta que Tonami pasó una de sus manos sobre su mentón.

'Sus labios parecen dos gusanos fornicando.' Pensó Makihisa.

"Heh, pero no están todos muertos aún. ¿No?" La expresión del hombre gordo ahora era una que comunicaba el que una nueva idea hubiera surgido en su cabeza. "Tío, sé que tienes a dos entre tu servidumbre. ¿Que planea tu viciosa mente con ellas, eh? ¿Cuando sean mayores terminarán por reclamar el patrimonio que les pertenece al ser las últimas de su familia y por ende, compensarnos generosamente?"

Los Tonami no habían prosperado por nada. Sabían reconocer oportunidades, y aunque lo que proponía era una forma de astucia demasiado baja, tenía sus méritos. Sin embargo, no tomaría lugar por unas razones bastante evidentes.

"No existe ningún diseño para ellas." Mentir era tan fácil como respirar para Makihisa si así lo requería. "Su madre, Shinju, prácticamente las vendió para asegurarse de que no quedaran desamparadas en la calle luego de que ella muriera. La mujer rompió algo lo suficientemente grave como para que la expulsaran del clan. Es por ello que las dos no sirven como moneda de cambio para un curso así."

"Pero, hay maneras de..." Intentó argumentar Tonami, antes de ser silenciado por una mirada de Makihisa.

"Ir contra el Buró del Onmyou que ha demostrado una y otra vez que estará al margen de nosotros debido a la influencia que tenemos ahora. Harías bien, Tonami-kun, en ser prudente y no sugerir algo que corteje la atención de estos."

Por fortuna, la tensión no permaneceria mucho en el ambiente, cortesía de la voz ronca del único que no había hablado aún.

"Esas son tan solo dos." Kouma proclamó solemnemente de brazos cruzados. Normalmente permanecía siempre sentado a un lado de Makihisa en silencio de modo que actuaba más como una estatua que como alguien presente en la reunión. "Los Ryougi viven aún, y prosperan a su manera."

"Intrascendente. Se han apartado de esa vida sin estar tan desesperados como los Asakami en hacerlo." Amakuni amonestó de manera dismisiva. "Mantienen aún sus tradiciones salvo esa. Aprendieron a leer bien los vientos del cambio, y han sabido adaptarse. Al no importunarnos más, deberiamos llenarnos de gozo por ello."

"Son más que bienvenidos a permanecer en el pedestal donde se alzaron. Ciertamente es un destino mejor que la otra cara de la moneda, los Nanaya." Makihisa se permitió el entrecerrar sus ojos a modo de expresar su solemnidad. "Ciertamente, el destino trabaja de maneras curiosas. Los Nanaya pasaron cuchillo a nuestros primos lejanos de los Saiki y al final terminaron volviéndose los unos contra otros. Era de esperarse que la espiral de violencia que llevaron durante toda su existencia les alcanzara. ¿Pero hasta el punto de que ellos mismos decidieran matarse los unos a los otros?" El hombre agitó ligeramente su cabeza de un lado a otro.

"Aquel que pelea con monstruos, que se guarde de no terminar como uno." Pronunció Amakuni, antes de hablar de nuevo. "Lo que me recuerda, Makihisa. ¿Mantendrás el empleo a Emiya-san hasta cuando? Sin los Nanaya respirando por nuestros cuellos y con las otras tres familias lejos de ser una amenaza, no veo el porqué tenerlo tanto tiempo a tu servicio dado lo que hace."

"Si, ¿qué es eso de tener a un sicario a tu llamada, tío?" Se animó a hablar nuevamente Tonami, mientras que Fumio se limitaba a alzar una ceja. Solamente Kouma permanecía imperturbable ante el intercambio.

Makihisa soltó un suspiro. Era de esperarse que salieran preguntas así, pero por fortuna había pensado en que responder hace más de un año y de ahí a que se tomara las cosas con calma. "Un contrato particular tenía con Kiritsugu Emiya, que terminó por aumentar debido a lo que ocurrió con mi hija Akiha, como les comente hace tiempo. Simplemente, ansío velar por su seguridad más allá de emplear solamente a nuestro buen amigo Kouma, aquí presente."

El último Kishima no respondió.

"¿Y qué tan eficiente sería?" Esta vez intercedió Fumio, con más dudas aún.

"Es un carnicero experimentado como pocos, y debido al contrato, tengo asegurado al menos por un tiempo los servicios de su sucesor." Makihisa terminó por anunciar, y al cabo de varios minutos, la reunión llegó a su fin y Amakuni y Tonami se despidieron antes de partir de regreso a sus casas a atender otros asuntos.

"Fumio. ¿Como se encuentra mi hijo?" Le pregunto Makihisa al primero de los que había permanecido a modo de que pudiera recibir el reporte mensual que siempre esperaba.

"Shiki está mucho mejor. La anemia finalmente ha retrocedido lo suficiente para no impedirle ir a la escuela." Respondió el hombre mientras que asentía animadamente. "Lo necesitaba, el pobre. Parecía actuar como si todo estuviera hecho de cristal y no quería ni salir de su cuarto a veces."

"Hmm. Esperemos entonces que su salud mejore aún más antes de cumplir la mayoría de edad." Aunque todavía serían unos nueve años para eso.

"Mi esposa Keiko le adora, no será problema tenerlo tanto tiempo." Y tras discutir un par de detalles más, el hombre terminó por retirarse, dejando a Makihisa con el invitado que esperaba más de los presentes.

"El niño jamás podrá ser lo que su padre fue. Lo que me prometiste no llegará a falta de haber perdido su filo al verlo mermado con la inocencia de este sueño en el que lo has sumido." Sentenció Kouma severamente. Esas eran más palabras que todo lo que había escuchado de él hasta el momento.

"Oh, creeme. Dudo mucho que la supresión que le hice sea suficiente para aniquilar hasta el último vestigio de lo que su Clan le hizo. No será nunca el igual de Kiri, pero puedo asegurarte que cuando llegue el momento, tampoco será menos débil que él." Se preguntaba cuándo sería el día en que Kouma manifestaria su deseo, la principal razón por la cual esperaba que se perdonara la vida del joven luego de que los Nanaya fueran masacrados brutalmente.

Karma por karma. Acción por acción. De puro milagro, el mestizo con la sangre más espesa no había insistido en arrancarle uno de sus ojos a modo de sellar aún más aquella noción.

"No será más fuerte tampoco." La desaprobación continuaba por filtrarse en la voz de Kouma. "Encontraría bienvenido que al menos pudiera cultivar sus habilidades poco a poco. Esperar una década entera no me es problema."

"Hmm, si es que su condición no empeora de la nada." Resoplo Makihisa al menear su cabeza. "Podría ofrecerte al otro, pero mucho me temo que me encuentro bajo contrato para garantizar justamente su seguridad y esa sería una brecha."

"Si continúa creciendo al ritmo que demostró en las montañas, en nueve años sería suficiente para plantarme frente." Concedió Kouma, pero no parecía estar satisfecho con eso.

"Viendo tu fuerza monstruosa, tendría mis dudas. Es sólo humano, al final del día. Y no uno criado especialmente como Kiri." Señaló Makihisa, curioso por la comparativa. "Aunque hablando de ello... Dices que el joven Shirou sobrevivió al encuentro del espíritu del Monte Kurama después de tu fueras derrotado por este. Kiritsugu fue bastante evasivo al respecto, por lo que quizás haya algo más extraño en juego."

"Quizás. Solo espero lo que me fue prometido; la vida del vástago del hombre que me hizo sentir vivo." Fue lo último que Kouma mencionó, antes de largarse. Makihisa permaneceria aun en el lugar, ordenando sus pensamientos, y cuando salió fue abordado de inmediato por su secretaria.

"S-señor, otra vez es el mismo número. Me temo que es muy insistente."

Lo que faltaba. Podía sentir ya los rastros de la colera formarse en sus adentros, incluso.

"¿Dio algún nombre?"

"Kirei Kotomine."

xXx

Garan no Dou - Mifune.

9 de Marzo de 1998, 18: 04 PM…

Fue una larga semana de negociaciones por teléfono, pero finalmente había llegado a su fin. Padre e hijo se encontraron nuevamente frente al enigmático edificio y apenas compartieron una sola mirada de complicidad antes de disponerse a entrar.

"Como sabes, se requiere sangre cargada con tu energía mágica para poder activar el contrato. Sobre como hacer uno por otro lado..." La mueca que Kiritsugu había hecho indicaba que no era un tema para nada agradable. Aunque no era como si las condiciones escritas en este lo fuesen menos aún. Shirou las había leído varias veces y pese a que entendía que era lo que quería recalcar su padre adoptivo, hasta a él le parecían demasiado severas.

"Esta bien, esta bien." Shirou frunció el ceño antes de señalar una sección. "¿Y qué es esto de Interferencia Mental?"

"Taumaturgia que afecta la mente. Casi todos los magi pueden usarla, pero solo en sus aspectos más básicos, como borrar recuerdos de manera rápida o provocar una hipnosis menor. Te había hablado ya un poco de esta, pero nunca había mencionado el nombre." Le explico Kiritsugu, antes de añadir. "Touko Aozaki probablemente tenga más habilidad ahí, por lo que por pura precaución, evita mirarla fijamente a los ojos. Hay otros que pueden leer pensamientos de esa manera."

"¿Hay alguna otra forma de evitar eso?" Preguntó con un escalofrío el pelirrojo. Tenía sus dudas si el efecto de Resistencia podría servir como escudo contra algo así.

"Hay varios métodos. Pero el más sencillo, es tener la mente en blanco."

Y con esa advertencia, iban ya a la boca del lobo. Subieron por las escaleras que conducían hacia la entrada, mientras que Shirou arrastraba la maleta que había traído consigo detrás de él. Y apenas abrieron la puerta, comprobaron como efectivamente les esperaban ya del otro lado.

"Emiya-san." La mujer no estaba fumando en esos momentos, pero Kiritsugu reconoció bien el hedor. Del otro lado, estaba su asistente quien lucía de lo más tranquilo. "Puede llevárselo ya, considéralo una cortesía. "

El joven apenas inclinó su cabeza en señal de reconocimiento, un gesto que Kiritsugu imitó antes de dirigirse a su hijo. "Portate bien, regreso a eso de la noche." Y terminaron por cortar de lado desde ahí.

"Sigueme, por favor." Le pidió Touko, antes de dirigirse hacia el elevador. Habiendo tragado saliva ya, Shirou fue detrás de ella, arrastrando aún la maleta. A diferencia de la vez anterior, el trayecto hacia la oficina de la marionetista sería en silencio. La última vez sin embargo, Shirou no había tenido tanto tiempo para observar los alrededores de esta; el lugar era... caótico, por falta de un mejor término. Estanterías repletas de libros de diversos temas entre los cuales juró que había uno sobre el proceso de elaboración de la goma de mascar, parafernalia aleatoria como una especie de payaso atado a un resorte que se extendía sobre un anaquel como una boa constrictor dormida, y hasta una tabla curiosa que recordaba haber visto en un folleto alguna vez.

'¿Que esas cosas no servían para hablar con fantasmas?' Pensó, casi alzando una ceja. '¿De verdad funcionan?'

Y viendo que estaba incómodamente colocada de manera diagonal en una cubeta negra donde descansaban respectivamente un palo de golf y una sombrilla, probablemente era solo un adorno.

"Ponte cómodo." Le indico Touko apenas tomó asiento detrás de su escritorio, con Shirou dejando la maleta aun lado suyo antes de ocupar la silla que estaba enfrente. Entonces parpadeó un par de veces apenas observo como los ojos de la mujer le miraban fijamente, recordando las advertencias de Kiritsugu. Pero tal parecía que su acción no había sido tan sutil como lo imaginaba, porque casi al instante, escuchó la risa melodiosa de la cual tenía la sospecha de que pronto terminaria por acostumbrarse.

"Tu padre adoptivo te debió de haber contagiado su paranoia." Observó Touko, apenas ocultando sus labios con el dorso de su mano derecha. "Pero puedes respirar tranquilo, no acostumbro a meterme en las mentes de otros. Y menos cuando voy a firmar algo que seguramente lo prohíbe."

"Oh." La explosion de pena fue evidente para él, de ahí a que intentara no mirar al compartimiento de la maleta que tenía justamente el documento. "Lo siento."

"Hmm, tengo una pequeña teoría." Aquello hizo que ladeara su cabeza hacia un costado con curiosidad. ¿Ahora de que estaba hablando esa mujer? Y se notaba que la pregunta la tenia en el rostro.

"Cuando me dijeron que eras su hijo, estaba distraida. Asumí que seguramente habías sacado todo de tu madre." Shirou no soltó un respingo en respuesta a ello, pero sí que llegó a preguntarse cómo sería en un caso similar y al mismo tiempo contrario. Podia verse teniendo el cabello y los ojos de un color negro, pero hasta ahí. Pero en la realidad y viendo sus sospechas estando prácticamente confirmadas después de lo de Azumi, sabía ya de dónde había sacado sus rasgos. "Ahora que veo que eres adoptado... Imagino que Kiritsugu Emiya terminó por liberarte."

"¿Ah?" La curiosidad dio paso a la perplejidad en una mueca confusa.

"Hay ocasiones, en las que una familia de magi atraviesa dificultades con los niños que tiene. Dejemos a un lado el drama de la sucesión de la Cresta Mágica. Las disputas de los adultos se reflejan en los niños y si llega a haber violencia extrema... Bueno."La expresión de Touko tildaba a expresar ironía, pero en sus ojos se reflejaba una seriedad. "Los sobrevivientes de quienes pierden encuentran mejor vida estando lejos de ahí comparado a lo que sea que les harán sus familiares si les ponen las manos encima."

"Que horror." Comentó Shirou, estremeciéndose. Y pensar que algo así ocurría y por la forma en la que lo decía Touko, no parecía que fuese tan extraño.

"Así es." En algún punto, ella había dejado juntado ambas manos sobre la mesa. "Dada la secretividad que tu padre estuvo negociando, más extrema que lo normal incluso para gente como nosotros, tuve la idea de que tu caso podría ser algo similar. A saber si tu familia te sigue buscando."

Dudoso, a decir verdad. Y aun así, la teoría estaba completamente mal.

"No, Kiritsugu no me rescato de ellos... Ni siquiera recuerdo quienes eran o cómo me llevaba con ellos." Admitió Shirou, antes de mirar a la distancia. "Él me adoptó hace unos años después de encontrarme en un incendio..."

Touko no dijo nada por unos minutos, hasta que por fin asintió. "Ya veo, mis disculpas." Parecía que lo decía en serio, a juzgar por algo en su rostro. "Ahora, pasame el contrato, por favor."

Luego de unos momentos, se dispuso a leerlo atentamente y poco le faltó para alzar ambas cejas en señal de sorpresa. Cuando había comentado hace no muchos minutos sobre lo secretivo y severo que podía ser el Asesino de Magos, tal parecía que no se había imaginado a qué se refería del todo. No eran más que unos cinco párrafos, pero dado lo afilado e inflexible del texto, bien que podría tratarse de un capítulo entero cada uno.

'Si me dijeran que le rechazaron de la Facultad de Leyes, me lo creería. Escribe peor que legislador de los Barthomeloi.' Pensó Touko a la par que leía el segundo punto.

Los firmantes no divulgarán detalles esotéricos o personales del otro a personas ajenas al contrato a menos de que exista un acuerdo mutuo. A falta de cumplimiento, se liberarán las penalidades apropiadas de retribución.

'Normalmente un voto de silencio es suficiente. Pero aquí se fue directamente a lo máximo.' Ella lo entendería si se tratara de algo como el querer evitar infringir daño o cualquier acción con interés nocivo hacia la otra facción aun si fuera por medios indirectos. Demoró casi unos diez minutos en leerlo unas tres veces para estar segura, y cuando finalmente se dio por satisfecha...

"¿Está todo bien, Aozaki-san?"

"Oh, si. He terminado ya." Justamente, acababa de llegar a la zona donde yacía ya una cómoda firma de Kiritsugu Emiya, en conjunto con dos espacios libres que ellos tendrían que llenar. "Solo tengo una cosa que decir antes de que firmemos."

"¿Y esa es?" Pregunto Shirou.

"Si fueras una niña, me compadeceria del pobre que quisiera invitarte a un baile de graduación. En el mejor caso, tu padre le obligaría a firmar un contrato igual. ¿En el peor? Me sorprendería si no terminará colgado de pies a cabeza en el rascacielos más cercano."

El niño hizo un esfuerzo para solo resoplar con humor, y casi fracaso, delatando la carcajada que hubiera producido de no ser por su intento por reprimirla. Un gesto imitado por Touko, quien apenas se concentró en en una de sus uñas y la llevó a la de su pulgar derecho. Shirou alcanzó a olfatear la mínima distorsión de energía mágica en el aire, a la par que la mujer hacía un pequeño corte en la piel y dejaba caer una gota sobre su espacio. Entonces, con ayuda de una pluma negra sobre un tintero anticuado, firmó su propio nombre encima de esta a la par que soltaba un poco de su Od.

"Está hecho. Tu turno."

Y parpadeo al ver cómo el niño proyectaba una aguja y se picaba también la yema del pulgar. Apenas terminó con esto, murmuro algo que no alcanzo a escuchar bien y esta se desvaneció. Curioso, no había visto una imagen tan sólida desde el hijo pródigo de la Ballena Amarilla. Le pasó el tintero y la pluma para que pudiera firmar también, mientras que se preguntaba cómo lo había hecho. Hace unos años, ella había intentado aplicar una fórmula en una de sus marionetas más rudimentarias que le permitiera disparar múltiples dardos elaborados con Gradación de Aire a través de una cerbatana. Se había rendido al cabo de unas semanas, y un intento de utilizar runas para agilizar el proceso había hecho que lo desechara al final. Los dardos eran más ilusorios que nada y habían conseguido matar tan solo a unos insectos por la impresión.

'¿Hmm?' Sintió entonces la familiar punzada que había aprendido a asociar a un contrato de Geias, lo que le indicaba que finalmente había sido firmado.

"Listo." Escuchó cómo el niño le avisaba, devolviéndole el tintero.

"Muy bien." Asintió Touko, bastante complacida. "Ahora, hay algo que debes de mostrarme." Y viendo la maleta que cargaba, era obvio donde estaba.

"Si, claro. Justo como lo prometimos." Shirou terminó por abrirla, antes de extraer un objeto un tanto pesado y depositarlo frente al escritorio. No podía ser más grande que una pelota de baloncesto, y eso contando los picos que le daban un aspecto rocoso. El hecho de que buena parte de su superficie luciera translúcida pese a su color marrón, sirvió para que ella lo pudiera identificar como un cristal de tamaño considerable. Touko incluso parpadeo al caer en cuenta de que era.

"Hace años que no veo uno." Comentó, antes de pasar una mano sobre una de las salientes. "¿Esto fue una creación del Sirviente del Hechizo?"

"No solo eso." Shirou activo sus circuitos, antes de tocar con su índice otra de las salientes, revelando así un hueco del cual extrajo el otro cristal al que estaba conectado, y entonces le activo.

De haber tenido uno de sus cigarros encima, Touko lo hubiera soltado por la pura sorpresa. Especialmente tras ver una proyección que no parecía ser un recuerdo grabado ser emitida desde el segundo cristal.

"Es un honor conocer a una compañera Grand, y más aún de estos tiempos."

xXx

Mifune - Tokyo.

9 de Marzo de 1998, 18: 20 PM…

Mikiya jamás se hubiera descrito como un hombre de muchas palabras. No era tan extrovertido como para dirigir muchas conversaciones por su cuenta, pero solía realizar el intento al menos. A decir verdad, estaba más acostumbrado a escuchar que nada. Una pieza un tanto inservible cuando la otra persona apenas hablaba.

"Tuve que pedir un par de favores para encontrar la vivienda con los datos que me dio." Comentó luego de que tras unos quince minutos, el silencio dentro del auto fuese de lo más incómodo. "Un tío mío trabaja para la policía y no suele hacer preguntas."

"Lo agradezco." Por el espejo retrovisor, alcanzo a ver al otro hombre asentir. "¿Estudias entonces para seguir sus pasos?" Si la pregunta era mera curiosidad o al menos una forma de extender cortesía con tal de no permanecer callado, estaba fuera del alcance de Mikiya. ¿El? ¿Un detective profesional? La idea no le disgustaba, pero una ligera punzada en su cabeza terminó por hacer que la idea no le sonara tan agradable del todo.

"La verdad, es que no se realmente que hacer." Admitió al cabo de un rato. "Debí de haber entrado a la universidad este año... Pero al final decidí no hacerlo y darme un tiempo, entonces conocí a Aozaki-san y aquí estamos."

Kiritsugu nunca había ido a la escuela. ¿Cómo hubiera podido? Con Norikata huyendo en promedio una vez al año de país en país, y llevándoselo consigo. Por otra parte, Alimango era una comunidad extremadamente rural donde el único lugar donde lo más cercano a tal noción existía, era la iglesia local bajo el Padre Simon. Su padre se había comido un cangrejo venenoso vivo antes de mandarlo bajo alguien de quien sospechaba que tuviera una conexión con el Cuerpo de Ejecutores.

"La universidad no es para todos, y menos en este país." Tampoco podía mantenerse en silencio, por lo que arrojó algo que había visto un par de veces por ahí. "Encuentra algo en lo que seas bueno y lo disfrutes. A veces no se necesita más que solo eso." Un poco hipócrita de su parte, viendo que definitivamente no le tenía tanta estima al campo en el que destacaba, pero los pordioseros habían renunciado a su derecho a exigir hace mucho.

"Quizás." El suspiro que Mikiya soltó le dijo que el joven probablemente tenía una fijación ya, pero no tenía idea de cómo abordarla. Tampoco era como si Kiritsugu considerara que fuese lo más saludable tener un pie metido en el mundo oculto sin pertenecer realmente a este.

Un par de minutos después, Mikiya volvió a hablar, señalando esta vez a una serie de edificios departamentales a la distancia. Maniobrando sin problemas, Kiritsugu dobló una glorieta para acomodarse en el estacionamiento que se encontraba frente a una tienda de autoservicio. Un cartel brillante, teniendo el marco rodeado por luces de neón anunciaba unos descuentos de sopas instantáneas junto con un refresco de uva. Pero Kiritsugu optó por ignorarlo, habiendo tomado el brebaje no hace mucho. Este parecía tener la cualidad especial de diluir cualquier otro líquido de forma que supiera a mercurio.

"Su apartamento se encuentra en el segundo piso." Recordó Mikiya antes de salir. "Si hay alguien en casa, estoy preparado por si preguntan que es lo que quiero."

'Luces exactamente como alguien que iría de puerta en puerta con tal de que firmen una petición para detener la cacería de ballenas.' Pensé Kiritsugu antes de asentir. "De acuerdo, esperare aqui. Procura no tomar riesgos. Si en unas dos horas no regresas, iré a ver."

Asintiendo por su parte, Mikiya cerró la puerta antes de mirar hacia arriba. El cielo estaba cubierto por una cortina gris de nubes, pero no había caído ni una sola gota en todo el día, algo que podía agradecer, ya que había olvidado su paraguas en el Garan no Dou. Suspirando una última vez, se dispuso a caminar en silencio hasta llegar a su destino.

El edificio sí que era vistoso. En cierta forma, parecian ser unos dos conectados por una estructura circular que recordaba una peonza. Había un solo portero a modo de vigilancia en una pequeña casita en el estacionamiento, pero al pasar por la ventana de esta, pudo comprobar cómo yacía dormido mientras que una televisión en miniatura continuaba encendida enfrente de él. Tras casi unos cinco minutos, recorrió las escaleras de la entrada y fue a parar a lo que parecía ser una recepción.

'De no ser porque afuera dice Departamentos Onagawa, creería que es un hotel.' Pensó, admirando lo elegante del interior. Dirigiéndose entonces a uno de los elevadores, estuvo a punto de presionar el botón del segundo piso cuando este se abrió, revelando a un hombre de cabello casi platino que caía por detrás así como unos ojos azules que le recordaron a un par de turquesas. Este le saludo con una leve inclinación de cabeza al verlo.

"Buenas tardes." Dijo el hombre, siendo imitado por Mikiya. Entonces este emergió del pequeño cubículo y se dirigió hacia la entrada, siendo seguido por un doberman que había estado obedientemente sentado aun lado de él.

'Bonito perro.' Pensó Mikiya, antes de entrar al ascensor y presionar ahora con éxito el botón que necesitaba. Y al cabo de menos de un minuto, las puertas se abrían de nuevo, depositandolo en la planta a donde quería ir.

"Número treinta y dos, número treinta y dos." Murmuró para sus adentros mientras observaba como el pasillo daba la vuelta a todo el piso, dejando al final conectados tanto el primero como el segundo departamentos. Al comprobar que uno de los que tenía enfrente efectivamente se tratase del que buscaba, tocó la puerta primero. Al no recibir respuesta, apoyó una de sus orejas contra la superficie de modo que pudiera escuchar mejor a alguien moviéndose desde adentro. Para no tentar a la suerte, repitió la operación un par de veces más hasta estar seguro de que no hubiera nadie dentro. Entonces, extrajo su llave maestra desde el bolsillo de su chaqueta y la introdujo en la cerradura. Touko le había dado esa herramienta hace unas semanas "por si las dudas" y no podía negarlo, de que era útil, era útil. Apenas la puerta se abrió, se deslizó con sumo cuidado hacia adentro y la cerró tras de si, casi estremeciéndose al escuchar un ligero chasquido que indicaba que estaba cerrada ahora.

'Ah, es de las que se cierran en automático.' Eran eficientes para quienes tuvieran la pereza de colocar el seguro después de cerrarlas, pero podían ser una auténtica pesadilla para los despistados. Un amigo suyo, Lio, se había quedado encerrado fuera de su casa tras olvidar su llave una vez y tuvo que trepar hasta la terraza para poder entrar desde la habitación de sus padres.

El interior del departamento le hizo fruncir el ceño, por otro lado. A juzgar por la fina capa de polvo que cubría varias partes del suelo, el residente no parecía ser una persona demasiado pulcra. 'Eso, o nadie ha estado viviendo aquí desde hace días.' Pensó antes de caminar por el pasillo, con la intención de comprobar sus sospechas. Por lo pronto, no había ninguna sensación "opresora" en el aire que le indicara la presencia de algo como la barrera inicial del Garan no Dou, por lo que suponía que era una buena señal.

"Veamos." Murmuró, a la par que abría el refrigerador. Y apenas pudo apreciar su interior, descartó de inmediato que nadie hubiera estado usandolo ultimamente. 'Esta cerveza no puede tener menos de un día de ser abierta.' Señaló, antes de ver otras cosas como un plato de plástico con un pescado a medio comer. Cerrando la puerta, agradeció haber tenido la precaución de colocarse guantes de antemano. Era el turno de la sala de estar.

No se trataba de una estancia pequeña, teniendo al menos tres sillones estratégicamente colocados en torno a una mesa pequeña y rectangular, enfrente de un mueble donde reposaba una pantalla de televisión. Otros muebles, como una mesa todavía más pequeña con un teléfono encima así como una lámpara amarillenta podían apreciarse.

'Nada aqui.' Pensó tras acercarse a la mesa principal con tal de ver lo que había en esta y apartó la mirada al instante una vez que cayó en cuenta de que se trataban de revistas de temática candente. 'Supongo que eso deja solamente las recamaras.'

Y se estremeció al escuchar como el cerrojo de la entrada estaba siendo retirado, indicando que alguien estaba entrando. En pánico, rápidamente se fijó en las gruesas cortinas moteadas en el ventanal y no se lo pensó ni dos veces. Apenas logró acomodarse detrás de estas, supo que la puerta había sido abierta ya y no tardó en distinguir pasos acercándose.

Un resoplido sordo hizo que palideciera, mientras que aprovechaba un espacio minúsculo a través de uno de los botones en la cortina para poder ver de quien se trataba: Un hombre de aspecto desaliñado, con una barbilla partida y ojos cansados deambulaba hacia el comedor donde lo perdió de vista. Aguzando los oídos, supo que había abierto el refrigerador y no tardó en verlo de nuevo, sosteniendo una lata de cerveza. El hombre la abrió con un poco de esfuerzo, antes de comenzar a beberla avidamente y entonces tomó asiento en el sofá de golpe. Por el ángulo en el que estaba, no pudo ver exactamente qué estaba haciendo pero cuando vio como la pantalla se prendia, no necesito hacerlo para darse cuenta.

El hombre comenzó a cambiar de canal a canal, difícilmente satisfecho con lo que veía. Desde un partido de béisbol; hasta a una película donde dos botargas se daban a golpes. Al cabo de casi un minuto, finalmente se detuvo en las noticias de la tarde mientras que soltaba otro resoplido.

Por su parte, sabiendo bien que no podría mantenerse escondido ahí tanto tiempo, Mikiya comenzó a salir por debajo de la cortina a gatas, planeando escabullirse lentamente hacia la puerta. 'El ruido de la televisión podría bloquear un poco el de esta.' Pensó, intentando controlar el pánico que sentía. Y su corazón experimentó un vuelco tras escuchar cómo el hombre se levantaba desde el sofá, obligando a Mikiya el pegarse lo más que podía a la espalda de este. Un par de pasos del otro lado le dijeron como este se había dirigido a otra parte de la sala, y casi respiro con un poco de alivio al escuchar las teclas del teléfono ser presionadas, y el timbre de este poco después.

"Si, deme una grande. Con orilla de queso." No sonó del todo como un gruñido, pero la voz ronca del hombre no ayudaba a su caso. "¿No? ¿Una hora? Olvídelo." Y termino por colgar, esta vez sonando realmente malhumorado. Pero para Mikiya, era más importante el ni siquiera respirar en tanto el hombre estuviera de pie. Y cuando se dejó caer nuevamente en el sofá, se preguntó cómo demonios le haría para salir de ahí sin ser descubierto.

Al final, tuvo que esperar alrededor de media hora, cuando escuchó una serie de ronquidos desde el sofá. Debería de haber salido al instante, pero el riesgo hubiera sido por nada si al menos no tomaba una fotografía del hombre. Apenas salió del sitio, se permitió el liberar un jadeo pesado mientras que caminaba hacia el elevador.

"¿Y bien?" Le preguntó Kiritsugu una vez que subió al auto, cerrando la puerta detrás de si.

"Hay alguien más viviendo ahí. No me parece que sea un hechicero, ya que no tiene ninguna barrera puesta. Logre tomarle una foto, incluso." Le comento Mikiya, mostrándole la imagen, provocando que Kiritsugu alzara una ceja por la sorpresa.

"Buen trabajo. Habría que averiguar quien es nuestro amigo, entonces."

xXx

Garan no Dou - Mifune.

9 de Marzo de 1998, 19: 43 PM…

Fue una larga explicación, pero si a Touko Aozaki pareció importunarle en lo absoluto, no lo demostró en ningún momento. Entre estar absorta y preguntar ocasionalmente, bien que hicieron alrededor de hora y media con todo. Naturalmente, había sido Shirou quien contó buena parte de esta, reservándose solamente los detalles que Kiritsugu le había encargado no divulgar, y con Paracelsus ocasionalmente soltando uno que otro comentario para poder corroborar.

"Y entonces, entenderá ahora porque todo esto." Era extraño para Shirou tener que hablar de una manera tan formal, pero Kiritsugu había recalcado mucho en ello. "Por todo lo que me han dicho quienes lo saben, no es algo que debería de repetir a otros magi sin cosas como esta." Y señalo el contrato, que yacía cómodamente apostado debajo de un pisapapeles con la forma de una daruma, con la efigie de un hombre de bigote espeso y expresión colérica.

"Ohh, niño. Lo entiendo más de lo que crees. Si te contara tan solo la mitad de las cosas de las que me he enterado en la Torre, te darías una hermosa idea de porque no deseo poner un pie adentro por un buen tiempo." En todo ese tiempo, la marionetista no había extraído ningún cigarro y contentaba el impulso con una taza de café humeante sin azúcar que descansaba a un lado de ella. "Pero es que veamos, siento que les estoy robando a tu padre y a ti."

"¿Hmm?" Shirou ladeo su cabeza hacia un costado al escuchar aquello. "¿Por?"

"Tu pequeño truco tenía mi interés ya, con la explicación que me das y el hecho de que tus atributos están así y sean la causa de este no lo han disminuido. La vieja bruja de mi maestra primero se aseguraria de encadenarte al pupitre del salón más olvidado de la Facultad de Creación y dependiendo de lo que produzcas, seríamos vecinos de celda en la misma unidad de contención para Designaciones de Sellado si me atraparan a mi tambien." La forma tan casual de decir aquello fue suficiente para que el ojiámbar se estremeciera ligeramente.

"Era una broma." Añadió al cabo de unos segundos Touko, aunque Shirou si que tenía sus dudas más que marcadas. "Pero si, vas a ser un cambio de aire fresco comparado con mi adorable aprendiz mayor. Algun dia la traeré para que se conozcan, estoy segura de que se llevaran de maravilla."

"¿Y no hay ningún problema con mis atributos limitándome?" Shirou no alzó una ceja, pero el tono de su voz sí que dejaba en claro su escepticismo al respecto. "Esta mi espada de Azoth, pero Caster dice que tampoco me da tanta libertad."

"Oh no, al contrario. Diría que tu potencial sorcerico es todavía mayor al de ella." Admitió Touko casi alegremente. "Azaka sí que posee circuitos, pero son muy pocos y todos están dolorosamente enfocados en la única cosa que su Habilidad Psiquica le permite hacer, ni siquiera podrían hacer facultad de todos los atributos que gobiernan el Elemento que ella tiene."

'¿Es psíquica como Kohaku y yo?' Penso Shirou, antes de preguntar en voz alta. "¿Que habilidad tiene?"

"Combustión Espontánea." Nuevamente, dicho de una forma casual.

"Ya veo..." Deseoso de cambiar de tema, apuntó hacialo siguiente que se le ocurrió. "Entonces, entre las cosas que podrías enseñarme. ¿Runas, verdad?"

"Oh, por supuesto. Como dije el otro dia, como es que llevas casi dos años manejando tan solo una me sigue pareciendo increíble." Resoplo Touko antes de juntar ambas manos. "Claro, hay algunas otras cosas que me gustaría averiguar. Pero también está, la segunda razón por la cual dije que siento que ofrezco poco en comparación."

Shirou se hacía una idea ya de porque y no tardó en señalar a lo que había intuido, que no se trataba de otra cosa de la proyección en miniatura que había permanecido en silencio durante los últimos minutos. "Caster. ¿Verdad?"

"Correcto." La sonrisa desapareció del semblante de Touko. "No soy nigromante ni estoy versada en Evocación Espiritual, pero hasta yo sé bien el valor de los Espiritus Heroicos aun si sea en la sombra de estos, por el conocimiento arcano que pueden tener. Piensalo muy bien. Para manifestar a uno por completo debido a sus estados como existencias legendarias, se requiere tanto un objeto asociado lo suficiente a ellos para servir como catalizador de modo que pueda captar su atención en el Reino de las Leyendas, así como una cantidad de energia magica que un magus no podría generar en toda su vida."

"Por eso es que la Guerra del Grial usa las Lineas de Ley, se supone entonces." Recordó Shirou. Tenía sentido, por lo que había anotado por ahí. No importaba cuánta energía uno pudiera tener en su Od, el ambiente siempre tenía más forma de Maná.

"No solo eso. La manifestación de Espiritus Heroicos ha tomado lugar antes y en otras formas." Touko volvió a resoplar entonces, con algo más de humor. "Lo que ha ocurrido en esa ciudad ni siquiera fue el primero en este país."

"¿Hmm?" '¿Como que no fue el primero?' Pensó directamente Shirou, pero antes de que pudiera preguntar al respecto, la marionetista había continuado ya.

"Han existido otros trucos para saltarse esos requisitos, pero han producido resultados mediocres incluso con recursos casi irremplazables. Puede que no haya más que una docena o menos de magi en todo el planeta que tengan en su posesión el remanente de un Espíritu Heroico y aun así, degradado." Touko colocó su dedo índice sobre su mentón en una expresión pensativa. "Era un rumor popular que Lord Eulyphis tiene esclavizado a la sombra de Sir Walter Raleigh en mis días como estudiante."

"Esa casa siempre ha aprovechado de sus facultades para acumular toda clase de espíritus que caigan en sus manos." Sentenció Caster con un dejo de algo que le pareció a Shirou ser lo más cercano a desprecio dismisivo de su parte. "Prepare ciertas medidas para que tras mi muerte, no pudieran aprovecharse del remanente de mis pensamientos si planeaban unirlos a un fantasma experimental."

"Ahí lo tienes. No puedo culparlos por querer tener algo así en sus manos. Incluso yo, que ni siquiera práctico alquimia más allá de cosas básicas, podría dejar pasar una oportunidad así." Admitió libremente a la mujer. "Además, justamente ahora tengo la oportunidad de mejorar las fallas en un código místico mio que fabrique especialmente para mi otra aprendiz."

"Sería un placer ofrecer una mano." Respondió Caster con una leve reverencia.

"Bueno, entonces está todo hecho." Aun con todas las precauciones, tal parecía que todo resultaria bien del intercambio. Instrucción más profunda para él a cambio de que Touko Aozaki pudiera consultar ocasionalmente con su Servant. Todos ganaban.

"Efectivamente. Dentro de un rato, comenzaremos con unas cosas, pero primero. ¿Tienes hambre? Me temo que ahora mismo no cuento con suficiente efectivo para pedir comida a domicilio. Iré a la cocina a hacerme algo." Anunció la mujer tras levantarse de su silla.

"¿Una cocina, aquí?" Si es que la atención de Shirou no había estado ya fija en ella desde antes. "¿Podría usarla algunas veces?"

"¿Oh? ¿Sabes cocinar?" Una ceja se alzó detrás de las gafas de Touko.

"En la casa es casi un requisito para sobrevivir si uno no quiere vivir de comida rápida." Reveló Shirou mientras que asentía. Eso, y unas bolsas de 'raciones militares' que Kiritsugu le había dado a probar una vez. Casi las vómito.

"Fufu." Se estremeció ligeramente con la nueva risa de la mujer, a la par que esta llevaba su mano derecha hacia su cabello y le daba una palmada. "Me parece que este es el comienzo de una asociación muy, pero muy productiva."

xXx

Mifune - Tokyo

9 de Marzo de 1998, 20: 45 PM…

Debía de haber tomado aquel cruce dos vueltas atrás, pero insistia aun en continuar con aquel recorrido sin dirección aparente. Evitando estar en el camino de alguien más por temor a ser reconocida, poco a poco se fue acercando más a las partes más recónditas del distrito que ni siquiera conocía. Preocupaciones latentes como el temor a perderse pasaron a segundo plano. No podían compararse realmente con la angustia que aguijoneaba todo su ser. El hambre no estaba olvidado, pero permanecía igual dentro de la lista de lo que ignoraba pese a sentir una que otra vez un vuelco en el vientre.

Pero no. Sabía que no importaba si fuese lo más dulce que podría comer, como aquel postre de manzanas que era su favorito, si llegara a tocar su boca se convertiría en cenizas y lloraría todavía más de lo que lo estaba haciendo ya. Le parecía hasta increíble el que de todas las cosas, le molestara lo suficiente lo aguados que quedaban cargados sus ojos como para que usara su manga para poder aliviar el picor presente ahí cada cierto intervalo.

Ese año no sería uno bueno, así lo había previsto desde el mes pasado. Pero ni siquiera en sus peores pesadillas se había imaginado que tan horrible llegaría a ser. Como un azote de los azares del destino, todo había ido de pies a cabeza en tan solo el transcurso de una semana. Y recoger los platos rotos solo le habían valido cortes tras cortes cuyas heridas había supurado. Estaba segura de que lo conseguiría, por ambos. Tiempo, dinero y esfuerzo. Tantas cosas invertidas a costa de su propia salud mientras que velaba por ser quien obtuviera aquella plaza y con ello, el respiro ansiado de no tener que preocuparse por dinero. El la había apoyado, lo había hecho. Estaba segura.

Pero al final...

Un sollozo ahogado escapó desde sus labios mientras que se detenía, sintiendo una punzada ahora en el pecho. Misma que se intensificó cuando en su mente se apareció nuevamente el cruel recuerdo de aquellos dos mensajes. Uno donde se le informaba que no había sido suficiente y otro donde... donde...

Se apoyó como pudo contra el escaparate de una tienda que estaba cerrada ya, intentando calmar su respiración. A duras penas lo logró, y el aguijón de la incertidumbre terminó por golpearla justamente después. ¿Para qué, de todas formas?¿Que le quedaba ahora? No podía regresar a su casa, no cuando la presencia ausente de Yoshida permanecía grabada entre sus paredes. No podría soportarlo. Ir a la de sus padres tampoco era una opción, dada la mudanza que habían hecho con tal de no verla de cerca desde hace más de un año. Tantas advertencias que caían en oídos sordos y al final, ella era la broma.

Ven.

No la escucho al principio. ¿Cómo podría? Lo que la estaba consumiendo era lo suficientemente fuerte como para bloquear cualquier otra cosa que fuera ajena a sus pensamientos. Pero no duró mucho.

Ven a mi.

Ya fuera un escalofrío pertinente o algo más, esas tres palabras llegaron hasta lo más profundo de sus huesos. Como si unos hilos intangibles e invisible se apegaran a ella, alcanzó a incorporarse con tal de obedecer a la voz que susurraba desde su consciencia.

Ven a mi.

Su cartera cayó a la acera y permaneció olvidada. Ni siquiera volteo para dedicarle una última mirada, mientras que avanzaba hacia otro rumbo que ni siquiera conocía pese a que cada paso que daba parecía estar cargado con una confianza inaudita.

Ven a mi. Ven a mi.

Ningún auto estaba moviéndose por las calles pero el semáforo permanecia igual. Aun así, ella ignoró la marca de detenerse hasta cruzar al otro lado donde continuó, con sus movimientos tornándose poco a poco en acciones lentas y carentes de ánimo alguno.

Ven a mi. Ven a mi.

No supo cuando fue que llegó a aquel edificio. Tampoco recordaba haberlo visto nunca antes; pero cualquier forma de titubeo desapareció apenas cruzó unas puertas con un letrero de hace años que indicaba su estado de clausurado. No exploró, simplemente obedeció el impulso que no entendía a medida que llegaba a las escaleras y comenzaba a subirlas.

Ven a mi. Ven a mi. Ven a mi.

Cada piso que recorría, tornaba su fortaleza en agua. No era ya solamente el recuerdo fulminante del rechazo y el de la infidelidad los que anidaban en su memoria, repitiendose una y otra vez en un ciclo vicioso de tormento que bien podría ser como si clavo tras clavo fuese colocado en la planta de sus pies.

Ven a mi. Ven a mi. Ven a mi.

No supo cuanto tiempo le tomó llegar hasta arriba, donde le recibió la gélida brisa de la azotea, con las luces de la ciudad en el fondo. Apenas dio un par de pasos más, con el coro de voces que le incitaban a seguir taladrando su cabeza, cuando cayó en cuenta de que estaba en el borde.

Fue casi en automático como coloco primero un pie para subirse a este, seguido del siguiente. Pero no permaneceria mucho tiempo ahí.

A medida que su silueta se desplomaba hasta llegar al suelo, una silueta más alcanzaba a distinguirse del otro lado del borde del edificio.

"Vuela, vuela."


A/N: Cortito el capítulo comparado con los demás, pero es que era necesario tenerlo por todo lo que se viene a futuro. Vemos el retorno de Makihisa y luego de mucho tiempo, otra mención del buen Shiki (T). Originalmente lo veíamos al menos a distancia en una sola línea, pero lo sentí bastante anticlimático y mejor opte por borrarlo. Sin embargo, puedo confirmar que lo veremos al menos una vez en este arco y jugará un papel muy importante en el "último" del libro, que es el que sigue. Fuera de eso, va a comenzar a armarse cierta conspiración aquí que estará más conectada que la que vimos del lado de Araya en Kara no Kyoukai. Respuestas a preguntas que han estado desde el día uno, llegarán a su tiempo.

Ahora, pues. Ojalá mis asuntos personales no impidan que llegue el siguiente capítulo en eso de unas dos semanas. Me gustaría por lo menos, sacar al menos unos dos capítulos más antes de que termine este mes. De esa manera podría decirse que casi logramos llegar a la "mitad" del arco.

Espero les haya gustado, y nos vemos para la próxima.

Melqart, 14/04/24