Cuando llegó Blaise, apenas cinco minutos después, Draco era una fiera fuera de control paseando por la casa siguiendo el rastro de su omega como un sabueso. Hasta que, nada más oír la voz de su amigo, todo se puso negro.
— Tuve que desmayarte. Y aún así me gruñiste todo el tiempo. ¿Qué está pasando? —le preguntó un buen rato después, ya a salvo en su casa.
— Soy imbécil. Mezclé supresores con veritaserum. ¿Potter y Lily están bien?
Blaise, que estaba preparando un té para cada uno, se giró a mirarlo con cara de perplejidad.
— ¿Quién eres tú y qué le ha pasado a mi amigo?
— Joder… —se frotó la cara Draco, cansado, se sentía como si le hubiera atropellado un elefante— ¿tan raro es que pregunte por mi nieta?
Su amigo solo le miró. Por enésima vez desde que la terapia había comenzado se preguntó si iba a conseguir salir de la maraña en la que estaba metido, porque desde luego la gente de su entorno no estaba por creer en un misterioso cambio de personalidad. Salvo Potter… mierda, iba a necesitar disculparse otra vez.
— No has llamado a la niña por su nombre desde que nació. Y a su abuelo intentaste meterlo en Azkaban hace apenas tres meses, Draco.
— Maldición… ¿están bien o no? —insistió, tomando la taza que Blaise le entregaba.
— Sí, no llegaste a ellos. Creo que a tu alfa le sentó peor mi presencia que él no poder encontrar a Potter. ¿Supresores y veritaserum? ¿Qué diablos está pasando?
— Es largo de contar.
— Me has sacado de una reunión aburridísima, así que soy todo tuyo. —Se sentó frente a él con su propia taza de té, a la que había añadido disimuladamente un chorrito de brandy— ¿Quieres que llame a Pansy? Para que sea una intervención en toda regla.
— Ella ya lo sabe. Me dio la patada en el culo que necesitaba para ponerme en marcha.
— Me ofende.
Draco bebió, sintiendo como la bebida caliente y fuerte le despejaba la cabeza un poco. Cogió una galleta, por suerte de chocolate, a su amigo también le gustaba el dulce, y soltó aire por la nariz antes de empezar a hablar.
— Blaise… ¿crees que las personas pueden cambiar?
— ¿Las personas en general o tú? —cuestionó su anfitrión, avispado.
No recibió respuesta, solo una mueca molesta.
— Mira, yo creo que la personas somos como plantas, crecemos en dirección al sol o al agua, pero si nos cambias de lugar también nos retorcemos y cambiamos la dirección para llegar al alimento.
— Bonita metáfora. ¿Eso es un sí?
— Es un: con mucho trabajo y voluntad, quizá. No has sido una persona fácil estos años
— ¿Crees que fui a peor después de la guerra?
— Creo que tus defectos se exacerbaron y tus virtudes… se han dejado ver poco.
— En resumen, soy una mierda de persona —confirmó, malhumorado Draco.
— Bueno, seguimos siendo amigos aún así, yo al menos no he perdido la esperanza de que esas virtudes aparezcan. ¿Vas a contarme ya qué pasa?
— ¿Tu mujer no te ha dicho nada?
— Mi mujer te es mucho más fiel como amiga de lo que crees.
— O quiere que pase por el trago de contarlo otra vez. Está bien, ponte cómodo, porque esto se remonta lejos…
Decidido a volver a disculparse, dos días después se presentó en Grimmauld Place de nuevo. Sabía que Scorpius y Albus estaban ya repuestos del celo y se iban a reunir con Remus y Sirius en una de las paradas de su viaje, así que iba un poco nervioso por la posibilidad de encontrarse a Potter solo.
Comprobó que aún podía aparecerse en el vestíbulo, pero esta vez la casa estaba silenciosa, no había nadie en el salón. Ya iba a desaparecerse de vuelta a su casa cuando algo, un cambio en el aire, un sonido lejano, le hizo detenerse.
— ¿Potter? —llamó, proyectando la voz hacia la escalera.
Escuchó un gemido y, guiado por la intuición subió las escaleras sin detenerse hasta el ático. Por suerte, la puerta estaba abierta, si no no habría podido escuchar a Potter, que se enroscaba en el suelo exactamente igual que una noche de treinta años igual.
Dudó un momento. Aquella noche aún estaba borrosa Y su confianza en su autocontrol no era muy buena, seguramente la de Potter era aún más escasa.
— ¿Draco? —lo escuchó gemir desde dentro de la habitación.
— ¿Qué ha ocurrido? —preguntó, agachándose junto a él.
— El celo de Albus fue muy potente y ha adelantado el mío —jadeó justo antes de retorcerse de dolor.
— ¿Cómo localizo a Nott?
— Está trabajando, me he adelantado una semana. Oh, joder —murmuró, apretando los dientes.
Sin dejar de mirarlo a los ojos, exudando hormonas tranquilizadoras, le puso la mano sobre el vientre y apretó ligeramente. A través de la piel se podía sentir el útero inflamado, ese mismo que se suponía se había hecho extirpar años atrás. Potter cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás con un suspiro de alivio, el sudor le caía por las sienes y temblaba como si tuviera fiebre.
— ¿A quién puedo llamar que te ayude? ¿Dónde están las pociones?
— Ya las he tomado. Estaré bien, no te preocupes —jadeó.
— Potter, no puedo dejarte así, necesitas alguien que te asista.
— Yo no… no puedo pensar. Me duele.
— Lo sé.
Otro calambre, tan intenso que Draco pudo sentirlo en la mano que aún tenía posada en su vientre, hizo que el omega pusiera los ojos en blanco. Le dio un par de palmaditas en la cara.
— No puedes desmayarte, Potter. No creo que haya tiempo para ir a buscar a nadie.
Sintió que el omega respiraba y supo el momento exacto en el que había respirado tantas de sus feromonas que iba a ceder, iba a dejar que su cuerpo tomara el control. Y así fue, no hubo más respuesta, solo instinto. Potter se tumbó bocabajo con las rodillas dobladas bajo el cuerpo, y alzó el trasero hacia él.
— Por favor… —lo escuchó suplicar— ayúdame por favor.
Su agujero estaba suelto y muy húmedo cuando introdujo dos dedos en él, buscando ese punto que le haría correrse en segundos. Con los ojos cerrados, concentrado, giró la muñeca hasta encontrarlo, un nudo de nervios cercano a la entrada de su útero, ese que hacía que el omega tuviera orgasmos infinitos durante la reproducción, garantizando la inseminación. Algo dentro de él rugió con el tacto de las paredes cálidas y afelpadas y no pudo evitar acercarse y lamer alrededor de la entrada, saboreando todo el lubricante acumulado.
— Sabes increíble, Harry.
— Me duele, Draco. Por favor, lo necesito.
Obediente como en realidad debería ser un alfa asistiendo a un omega en celo, usó sus manos y su lengua para darle dos orgasmos seguidos que consiguieron un mínimo descanso en el dolor.
— Vamos, súbete a la cama. Yo te ayudo —Le indicó, sujetándolo del brazo para ayudarlo a ponerse de pie.
Despacio, porque temblaba como una hoja, lo guió hacia el amplio lecho y lo ayudó a tumbarse.
— Gracias —murmuró Potter con los ojos más despejados.
— ¿Eres un milagro médico al que le ha crecido un útero nuevo? —preguntó con las cejas bajas, sentándose en el borde de la cama y entregándole un vaso de agua.
Potter se sonrojó. Bebió todo el vaso y se lo devolvió antes de acomodarse un poco y hablar.
— Te mentí. Quería hacerme la histerectomía, pero el médico no me dejó. Y sí, la biología es muy puta, dan igual las drogas, lo único que calma al final es es el maldito semen de alfa. Me ligué las trompas porque no quería arriesgarme a tener más hijos, pero con pociones y todo sigo suplicando ayuda, por eso Theo no me hace caso y viene cada celo.
Draco jugueteó con la esquina de la sábana, mordiéndose el labio.
— Eso me hizo darme cuenta de que el frenesí estaba ahí, cuando me dijiste que te habías operado me volví bastante loco. Porque para un alfa la mayor satisfacción durante el celo es calmar a su omega con su semen.
— Es todo tan cavernícola, ¿verdad? —preguntó Potter con un atisbo de humor, cerrando los ojos porque el dolor estaba volviendo a concentrarse en su vientre.
— Somos animales. Racionales a veces nada más. Estás a tiempo de pedirme que me vaya, antes de que empeore.
— No quiero que te vayas —respondió, apretando los dientes de nuevo para sobrellevar un calambre.
— Vale. —Soltó aire, se dobló los puños de la camisa, ya bastante empapados por el lubricante del omega, sorprendiendo a ambos con su autocontrol— Ponte bocabajo, entonces, déjame disfrutar de tu sabor un poco más.
Potter obedeció lentamente, abrazado a una almohada. Y Draco cumplió arrancándole una serie de orgasmos que lo dejaron tranquilo y aletargado durante una media hora. Y esta vez, sin preguntar, mientras Harry descansaba, se desnudó y se tumbó junto a él para ponerle la mano sobre la baja espalda y masajear la zona dolorida.
— Ahí —masculló el omega con la cara pegada a la almohada empapada de su propia saliva—. Theo me da masajes en esa parte entre olas.
A Draco se le escapó un gruñido bajo al escuchar el nombre del otro alfa, pero obedeció igualmente y comenzó a masajear la zona, haciendo círculos con los pulgares.
— ¿Cómo empezó lo vuestro? —preguntó, un poco distraído por la suavidad de la piel morena y los encantadores gemidos que Potter soltaba cuando el masaje daba en los puntos doloridos.
— Fue meses después de acabar la escuela. Tras el aborto estuve un tiempo sin celo, mi cuerpo ya era complicado antes, por supuesto solo podía empeorar. Las pociones ayudaban pero no era suficiente y mi sanador sugirió que buscara un asistente de celo. Cuando me encontré con Theo fue… bastante violento. La verdad es que en esa época todo lo relacionado con mi condición omega lo era. Traté de rebelarme, pero la biología me puso en mi sitio, varias veces.
— Y en lugar de luchar contra tu cuerpo decidiste luchar contra el sistema.
— Básicamente. Por ejemplo, yo vivía con una pareja vinculada y casada, pero Ted era solo hijo de Remus. Si le hubiera pasado algo a Remus, el niño habría vuelto con su abuela, porque la ley permitía a un alfa adoptar al hijo de un omega pero no al revés. Mientras estuvimos en la escuela, ocurrían tantas cosas, que todo el tema alfa/omega estaba ahí, como alejado. La injusta realidad no golpeó hasta que todos tratamos de tener una vida ordinaria. Y resultó que nuestra familia no lo era.
— ¿Cómo es esa frase muggle? revolucionaste el gallinero.
Harry soltó una risita y se movió, elevando la espalda en busca de sus dedos.
— Se te da bien esto.
— No lo había hecho nunca. ¿Cómo te sientes?
— Empieza a doler otra vez. Draco… ¿estás evitando anudarme?
Con un suspiro, Draco se tumbó junto a él, para poder hablarle mirándolo a la cara. Los iris verdes estaban desaparecidos, comidos por las pupilas dilatadas. Tenía los labios hinchados y se mordió de nuevo el suyo inferior para evitar el impulso de besarlo.
— Sigo sin estar seguro de si abusé de ti o no.
— Ya te dije que yo no me siento así.
Necesitado de tocarlo, Draco extendió la mano y repasó con el pulgar las oscuras cejas fruncidas.
— Quiero anudarte, me está costando todo mi autocontrol no hacerlo. Pero quiero que tengas la varita a mano y me dejes otra vez ko si se me va la cabeza.
Harry sonrió un poco y cerró los ojos cuando el pulgar le acarició el pómulo y luego la mandibula.
— Tengo un codo muy rápido.
— La varita —exigió Draco.
Por respuesta, Potter volvió a abrir los ojos y susurró un hechizo mirando a una de las almohadas tiradas por el suelo, que reventó en un revuelo de plumas.
— No estoy indefenso. Y ahora por favor, fóllame.
Draco miró las plumas aún suspendidas en el aire y sonrió un poco. Esa era la poderosa magia que le atraía como un imán.
— En cuatro, Harry —le pidió.
Obedeció con presteza, necesitado, chorreando lubricante de nuevo. Le puso la mano a la altura de los riñones y la deslizó hacia abajo, sintiendo la impaciencia del omega, hasta llegar a su ano pulsante y empapar la mano y llevársela a la deseosa erección para lubricarla.
— ¿Me vas a hacer suplicar? —preguntó Harry, girando un poco la cabeza para poder mirarlo con el ceño fruncido.
— No —respondió, concentrado en colocarse tras él y girar el pulgar alrededor de la tierna carne enrojecida, extendiendo el lubricante.
— Draco…
La protesta de Harry se cortó en seco al sentir como el pene del alfa, duro y grueso, atravesaba el anillo de músculos despacio.
— Oh, joder —maldijo entre dientes, echando la cabeza hacia atrás y agarrando las sábanas bajo sus manos.
— Tú marcas el ritmo —le indicó Draco cuando ya casi sus testículos tocaban los glúteos del omega.
Por respuesta, Harry se echó bruscamente hacia atrás, acabando de penetrarse y golpeando con dureza su próstata. Draco gimió y se aferró a sus caderas para estabilizarlos a los dos cuando Harry empezó a moverse con fuerza, asegurándose de golpear ese punto mágico que le hacía olvidar el dolor y hacía que las endorfinas le dieran la sensación de volar.
— Ahí, Draco, ahí, más fuerte.
Obediente, Draco empezó a moverse también con más fuerza. En cada movimiento, sentía los estremecimientos de placer de Harry, el calor de su recto y, contra la punta de su pene una sensación que no recordaba, porque no había vuelto a criar a un omega desde que había concebido a su hijo: la de la boca del útero abriéndose en cada empujón. Se sentía como si golpeara en unos cálidos labios que en cada empujón absorbían la punta sensible un poco más.
— Ohhhh, síii.
El orgasmo del omega apretó con fuerza su pene sensibilizado durante varios segundos. Se detuvo a tomar aire, tan adentro que seguía sobre la próstata y con la punta encajada en la boca del útero.
— ¿Por qué te paras? —le gruñó Harry, con voz aguda por la excitación.
— ¿Respirar quizá? si sigo hiperventilando me desmayaré y tú no tendrás tu nudo.
— Eso sería malo —respondió Harry, apretando de paso su recto a voluntad, haciendo que Draco soltara un siseo.
— Agárrate —le advirtió entre dientes.
Y comenzó a empujar con todo lo que tenía. Los gritos de ambos llenaron la habitación porque en cada empujón, su pene entraba más y más a través de la boca del útero, preparando el mejor de los orgasmos: el de la reproducción. Enseguida, Draco empezó a sentir que cada vez era más difícil moverse y sus oídos se llenaron del rugido de su alfa hasta que, con un último golpe desesperado de cadera, se quedó encajado con el nudo bien adentro del recto de su omega y el pene soltando su semen en el útero, provocando un grito tan agudo que consiguió sacarle del trance en el que estaba entrando, con la mirada fija en el cuello del omega.
Tumbados en cucharita, aún sin aliento, unidos por el nudo, Draco se sintió tentado de besar sus hombros o su cuello sudoroso. En lugar de eso, puso de nuevo la mano en su vientre y masajeó el útero que se deshinchaba despacio.
— ¿Lo habrías tenido? —preguntó de repente.
Sorprendentemente, Potter siguió su hilo de pensamiento
— ¿El bebé? Sí. Después de que acudiera a ti y no reaccionaras, pensé que era una falsa alarma, otra cosa rara de mi cuerpo —le explicó somnoliento—. De otra manera no me habría subido a la escoba. Cuando me desperté en la enfermería…
— Lo siento. De verdad —le dijo al oido Draco, apretándose más contra él.
— Me impresionó ver a Sirius llorar, le había dado un susto de muerte. No paraba de decirme que tenía que cuidarme, que no podía perderme a mi también.
No pudo evitarlo, metió la nariz entre el cabello alborotado e inhaló con fuerza. Era alucinante la cantidad de matices que podía captar en su olor desde que le habían quitado el bloqueo.
— Tengo la sensación de que todo este tiempo he estado como metido en una caja. La terapeuta dice que es algo así, el hechizo que me pusieron bloquea parte de los instintos alfa. De otra manera habría sido imposible aguantar estos años con Scorpius oliendo a ti.
— Yo… odiaba eso —confesó Harry en un murmullo tan bajo que le costó entenderlo.
— ¿El qué?
— Cuando Scorpius venía oliendo a ti. Mi cuerpo no ha reaccionado nunca a Theo como reacciona contigo.
A Draco se le escapó una sonrisa satisfecha tras esas palabras. Y así, aún anudado dentro de su omega, cerró los ojos y se permitió dormir.
Lo cierto era que la idea del espacio de celo era buena, pensó al día siguiente. El diminuto apartamento tenía su propio baño con ducha, que no pensaba usar si no era vital porque estaba encantado con el olor de Harry pegado a él, y una pequeña cocina aprovisionada con lo básico para un buen desayuno.
No es que Draco fuera muy ducho en la cocina, había tenido servicio toda su vida, pero se las arreglaba para preparar té, tostadas y huevos. Estaba cortando fruta y poniéndola en cuencos cuando le llegó la voz de Harry desde la cama.
— ¿Draco?
— En la cocina, un momento.
Cuando llegó con la bandeja, Harry lo miró con ojos sorprendidos.
— ¿Qué?
— Sigues aquí. Y has hecho el desayuno.
— ¿No es eso lo habitual después de una noche de celo? —cuestionó mientras dejaba la bandeja con patas que había encontrado delante de Harry, aún dentro de la cama.
— No lo sé, yo solo he estado con dos personas en mi celo, una hace esto —señaló la bandeja— y la otra la primera vez se marchó sin más.
Comenzaron a desayunar en silencio. Incómodo, finalmente Draco cedió a la curiosidad.
— ¿No ha habido nadie más? ¿Una relación? —preguntó, observándolo sobre su taza de té.
— ¿En serio? —cuestionó Harry, jocoso— Soy un padre soltero que se pasa la vida intentando proteger a los omegas de los alfas. Una imán para las citas.
— Podrías tener citas con otros omegas. O con muggles. —Harry le interrumpió con una risa— ¿Qué he dicho?
— Es como hablar con un desconocido en el cuerpo de Draco Malfoy.
— Muy gracioso — Frunció el ceño Draco, aunque en el fondo le gustaba el comentario.
— No he tenido citas, no ha sido prioritario —le explicó Harry mientras untaba una tostada—. Pero sí, he tenido sexo con Theo fuera de mis celos. No me digas que no era eso lo que ibas a preguntar, lo he visto en tu cara.
Draco se encogió de hombros.
— Me temo que eso es inalterable: cada vez que dices su nombre quiero arrancarle la cabeza a mordiscos.
— La territorialidad de los alfas…
— Oh, vamos, también los omegas lo sois.
— Qué va.
— ¿No acordamos ya que todos somos animales?
Harry le dio un par de bocados a la tostada antes de plantearle otra pregunta.
— ¿Me hiciste pasar una noche en el calabozo por celos?
— Pregúntale a Weasley.
— ¿Ron? ¿Por?
— ¿No te lo ha contado?
— ¿Qué me he perdido? —cuestionó el omega con la taza en la mano y cara de no saber realmente de qué hablaban.
— Dile que te cuente como me manipuló para que retirara la denuncia. Es bueno interrogando, la verdad.
— Me ha detenido dos veces —comentó Harry, alzando dos dedos, divertido.
— ¿En serio?
El omega asintió con la cabeza y apuró el té antes de responder.
— Manifestaciones no autorizadas. Es muy profesional. Se merece esos galones, estoy muy orgulloso de él.
— ¿Me crees cuando te digo que yo no fui a Skeeter?
— Un experto ha examinado mi ordenador, parece que alguien instaló un programa para espiar mis conversaciones por videollamada. La magia aliándose con la tecnología debería darnos miedo.
— Cuando Nott vino a mi casa a plantarme cara, fue James el auror que vino con Weasley. Lo vi preocupado por Nott. ¿Él lo sabía?
A Draco le pareció que Harry se tensaba con esa pregunta y entendió que se estaban acercando a lo que él más protegía: su familia.
— Bueno, crecieron sin un padre alfa y a una cierta edad comenzaron a hacerme preguntas. Lo hablé con Theo y decidí decirles la verdad, sin adornar: yo quería tenerlos y mi amigo me ayudó. Él no quería ser padre, pero me quería a mí lo suficiente como para hacerlo. Así fue más fácil explicarles que él me acompañaba en los celos y conforme se hicieron mayores, Theo también quiso ser parte, aunque fuera solo un poquito. Ellos lo aprecian porque es una buena persona, lo han visto cuidar de mí todos estos años, Draco.
Dentro de Draco, el alfa aletargado y satisfecho tras el celo se agitó un poco, molesto por el recordatorio de otro alfa en la vida de su omega.
—¿Y ahora? —inquirió, con voz un poco tensa.
— ¿A qué te refieres?
— ¿Seguirá cuidando de ti?
— No lo sé. —Harry pinchó un poco de fruta y se la llevó a la boca, masticando despacio— Todo esto que está pasando es … extraño.
Draco se limpió los labios con la servilleta y lo miró fijamente antes de soltar lo que su alfa deseaba.
— Quiero hacerlo yo. Ser quien te cuide.
Pero Harry negó despacio con la cabeza.
— Draco… no confío en ti.
— Pero has pasado el celo conmigo —insistió, aferrándose al recuerdo de lo vivido la noche anterior—. Y no te he mordido.
— Lo sé. Y sé que ahora va a ser más difícil volver a lo de antes.
— ¿Temes que mañana vuelva a cambiar? —trató de comprender, y de ignorar que Harry estaba dando a entender que volvería a pasar sus celos con Nott.
— Temo que esto no sea real, sino un fruto de las pociones o la terapia. No puedo permitirme abrirle la puerta a algo contigo y que mañana vuelvas a ser el cabrón que quería mandarme a Azkaban. No se borran de un plumazo cuarenta años de enemistad.
— Mierda —masculló Draco, pasándose ambas manos por el pelo, derrotado por la verdad.
Harry se inclinó hacia delante y estiró la mano hacia su brazo, como si quisiera sujetarle para confortarlo, pero no llegó a completar el gesto.
— ¿Esperabas de verdad que fuera tan sencillo? —preguntó con suavidad— Aún recuerdo tu expresión cuando viniste a por mí en el aire. No he podido volver a subirme en una escoba.
— Tienes razón —tuvo que admitir.
— Sabes cómo va esto y sabes que en medio del chute hormonal podría suplicarte que me muerdas la próxima vez y eso sería…
El alfa de Draco quiso gritar por la idea. El humano se hundió al darse cuenta de que Harry aun así estaba tratando de ser empático con él.
— Una idea terrible porque en realidad aún me odias.
— No sé si puedo odiarte ahora mismo. Pero puedo temerte, Draco.
— Nada de lo que pueda decirte va a cambiar todo lo que he hecho, ¿verdad?
Los ojos verdes, esos que su alfa podría mirar por horas tratando de aprender todos sus matices, lo miraron unos segundos. Draco estuvo seguro de que lo que dijera Harry en ese momento decidiría su futuro. Y si lo que quería era que se alejara…
— Supongo que el tiempo y la voluntad de mejorar las cosas —respondió por fin el omega.
— ¿Podemos vernos al menos? —cuestionó, sin pensar, aferrándose a que no había una negativa explícita en sus palabras.
— Creo que sí —contestó Harry, con una pequeña sonrisa y un ligero sonrojo antes de volver al cuenco de fruta.
Algunos meses después
Draco entró en la cocina de Grimmauld con el periódico en la mano y lo dejó sobre la mesa. Parecía tener un don para encontrar a Harry desayunando a solas, o quizá se trataba nada más de la complicidad de Scorpius.
— ¿Matrimonio entre personas de la misma casta? —preguntó mientras se servía una taza de café, su vicio más reciente gracias al omega.
Harry no se inmutó, acostumbrado ya a las entradas teatrales, últimamente se había convertido en costumbre lo de que Draco apareciera a la hora del desayuno.
— Ya has leído el periódico —entendió, viendo el titular en la portada—. ¿Vamos a discutir por esto?
— He aprendido a escuchar tus argumentos antes de pelear —afirmó el alfa, sentándose frente a él con la taza en la mano.
— A veces echo de menos al Draco peleón.
Draco lo miró, molesto, su gesto más tenso todavía por el primer sorbo de café, que siempre le sorprendía con su amargor porque se negaba a echarle azúcar.
— Vale, no, no lo echo de menos —se desdijo Harry, con una sonrisa de disculpa, porque a Draco no le gustaba bromear con su actitud del pasado—. No es una reivindicación nueva, ya hace un tiempo que hay un movimiento activista pidiéndolo, en realidad nosotros solo queremos apoyarlo. Son causas que se entrelazan muchas veces.
— ¿No es entonces por James y Edward?
— Oh. —Harry dejó los cubiertos sobre la mesa con una sonrisa pesarosa— Cuando Teddy se mostró como alfa a los trece años, James tenía ocho. Pasó días callado, triste. Finalmente confesó, me dijo "Si soy un alfa también, no podré casarme con Teddy".
— ¿Qué le dijiste? —cuestionó con suavidad Draco, siempre caminando con cuidado alrededor de todo lo relativo a la familia Potter.
— Le dije que lucharía porque él y su hermano tuvieran todos los derechos a su alcance. Trabajé para que los hijos de omegas solos tuvieran los mismos derechos que los de las parejas tradicionales, sigo trabajando por la igualdad de omegas y alfas. Pero lo del matrimonio entre dos alfas aún está muy verde —admitió con derrota.
Como siempre que escuchaba a Harry hablar de su trabajo, el alfa de Draco se removió, pero de orgullo. Ya no quedaba nada del rechazo que sentía años atrás cuando leía su nombre en los titulares. A pesar de no estar juntos, de que incluso su amistad aún era algo nuevo y frágil, él era su omega y sentía un enorme respeto por él y por el trabajo que realizaba.
— Eres increíble —murmuró, mirándolo con ojos brillantes.
Harry lo miró, con una media sonrisa que no sabía aún como interpretar, pero que no era la primera vez que veía dirigida a él.
— Lo que es increíble es poder sentarme a hablar contigo de esto, Draco.
Draco se meneó en su asiento, incómodo. Era el momento de ponerle al día de las novedades en su tratamiento, un tema del que le costaba hablar con él, porque al fin y al cabo seguía siendo un alfa y un Malfoy, lo de sentirse expuesto y abrirle el alma en canal a su omega era complicado.
— ¿Qué ocurre? —preguntó Harry, mirándolo con el ceño fruncido, porque Draco olía a preocupación e incertidumbre.
— He dejado las pociones. Me han dado el alta.
Las cejas oscuras se alzaron, sorprendidas.
— ¿Qué? ¿Cuándo?
— Hace una semana. Le pedí a mi sanadora uno de los brazaletes inhibidores que usan en el centro, pero me dijo que estaba preparado para enfrentarme a la realidad, que mi alfa y yo lo estábamos.
— ¿Y tú estás de acuerdo? —cuestionó Harry con gesto neutro, haciendo que el alfa de Draco se removiera, preocupado por su reacción.
— Cuando Greyson me quitó el hechizo, me sentí… el choque sensorial al salir a la calle fue… no tengo palabras para definirlo. Seguí el rastro de tu olor porque habías estado en San Mungo también. Jamás había podido hacer algo así, o eso creía en ese momento.
— ¿Ahora es distinto?
— Sí. Y llevo una hora aquí sentado y no me he abalanzado sobre ti a pesar de que hueles de la manera más increíble que he olido en mi vida.
Harry lo miró, en silencio, sus grandes ojos verdes, libres de gafas en ese momento, expresaban muchas cosas que Draco aún no era capaz de leer.
— Todos estos meses quedando… —habló por fin, despacio, como si midiera cada palabra— cuando me refería a que a veces echo de menos al antiguo Draco lo decía en serio. He sentido este tiempo que estabas tratando de ser otra persona, de cambiar para gustarme. Dios, —Se pasó la mano por el pelo, desordenándolo aún más, avergonzado— escuchado en voz alta suena tan pretencioso.
— En esta última semana, ya sin pociones en el sistema, he pensado lo mismo. Y al final he concluido que he estado tratando de gustarme a mí mismo. Nunca seré una persona amable con los desconocidos, o el alma de la fiesta, pero creo que puedo ser alguien en quien su familia y amigos confíe. No puedo prometer no tener días bordes, eso sí.
Sintió a su alfa esponjarse cuando el último comentario sacó a su omega una sonrisa divertida. En eso se había convertido, pensó, divertido también, en un perrito domesticado que mueve el rabo cuando su amo le da una palmada en la cabeza.
— Gracias.
— ¿Por qué me das las gracias? —cuestionó, un poco perdido.
— Por tu trabajo todos estos meses. Scorpius está muy orgulloso de ti.
No pudo evitar inclinarse hacia delante y mirarle con intensidad.
— ¿Y tú? —preguntó con voz un poco ahogada.
— Yo…—Harry cogió aire profundamente— aún te temo, no sé si voy a poder relajarme nunca del todo.
— Lo entiendo. Quiero que sepas que recuerdo todo, desde lo que sentí aquí —se puso la mano sobre las últimas costillas, sobre la boca del estómago— cuando te vi la primera vez en Malkin's. Me asusté cuando viniste a decirme que estabas en estado, por eso cuando te vi sobre la escoba… perdí los nervios, pero no por lo que has creído todo este tiempo. Fue porque podía oleros a los dos y mi alfa quiso poneros a salvo en el suelo. Y lo siento, porque todo salió muy mal, porque la realidad es que yo no era la persona para ti en ese momento porque no supe gestionar nunca todo lo que me hacías sentir, como hombre y como alfa.
— Draco… —quiso calmarlo Harry, también inclinándose hacia delante.
— Déjame terminar, hoy no hay veritaserum que ayude. Que me hayas permitido pasar tiempo contigo este último año me ha ayudado a aprender a manejar la frustración y bueno, el frenesí alfa no ha vuelto al dejar de tomar pociones, eso es todo un logro. Entiendo que me temas, solo quiero que sepas que voy a seguir aquí, que siempre voy a ser una opción y no solo para pasar un celo. Yo quiero estar contigo, Harry.
— No sé qué decir, la verdad.
— No hace falta que digas nada. —Cogió el periódico con manos que temblaban y carraspeó— ¿Matrimonio entre alfas entonces? ¿qué posibilidades tiene esto de salir adelante? creo que según las estadísticas es más probable que sean dos omegas los que se unan que dos alfas, ¿no? —poreguntó, con la mirada fija en el titular.
Harry no dijo nada, solo se levantó, cogió su taza y, de camino a la cafetera para rellenarla, le dejó una caricia en la cara y un beso en la frente que hicieron que su alfa gritara de felicidad.
