El Ascenso de un Científico Loco
¡Descubriré cómo Funciona el Mundo!
El Enviado. Asegurando la Bendición de Daoareben.
Después de materializarme de nuevo en un lugar aislado, me permití odiarme por un corto periodo de tiempo. Las flores que conocía fueron plantadas por mí en primer lugar. Siempre me pareció extraño que esas flores no florecieran como las demás plantas silvestres, pero como éste es un mundo de magia y durante mi infancia me negué a satisfacer mi propia curiosidad, jamás me planteé la posibilidad de que fuesen plantadas ahí por alguien.
O, en realidad, si que lo hice, pero me negué por todos los medios a seguir ese hilo negro.
Activando el amuleto de Verbergen puse fin a mi periodo de autodesprecio y en cambio me puse en marcha para averiguar donde y cuando estaba, así como qué era lo que debía hacer.
'Este lugar…'
Sobre mi cabeza escuché el aleteo de bestias altas en el cielo. Podía decir a simple vista que los caballeros llevaban prisa. Los seguí sin más, usando mi propia montura.
Desde la distancia fui capaz de ver un enorme trombe, similar al último con el que ayudamos aquella vez que aparecieron tres en simultáneo.
"Rozemyne…"
La Rozemyne que estaba descendiendo de la montura de Bonifatius era más pequeña que la que conocí por primera vez. Llevaba un velo, así que no podía verle la cara, ni corroborar su edad.
"Un día, poco después de que llegué a Eisenreich escuché que apareció un trombe. Mi tío es el comandante de caballeros. Yo estaba con él cuando un ordonnaz llegó. Recuerdo haber pensado, me gustaría ofrecer una oración por su seguridad y un momento después estaba frente a la orden. Mi tío entro en pánico, pero lo único que pude hacer fue rezar."
'Es cierto, comenzaron a llevar a Rozemyne con ellos por seguridad.' Recordé mientras veía como la pequeña alzaba la voz, pidiendo las protecciones de los dioses del panteón del fuego con su voz de campana que parecía cantar. En realidad… '¿Esta cantando la bendición de ditter…? ¡¿Cómo la aprendió?!
"¡Luchar!"
Luces azules salieron de Rozemyne, quien miró a todos a través de su velo, evitando que los caballeros miraran su rostro.
"Me quedaré aquí y rezaré por su seguridad."
"No te alejes de Gertrudis e Ivonne, Rozemyne. Ellas te protegerán."
"Si, tío."
A pesar de mantener mi distancia con todos podía ver el peligro al que se enfrentaban haciéndome sentir la imperiosa necesidad de unirme a la lucha, pero no podía intervenir aquí, aun no sabía que estaba pasando, ni porque me habían mandado aquí.
Junto a Rozemyne se quedaron dos mujeres caballero. No podía distinguir sus rasgos más allá del color de sus flequillos. Naranja y rosa.
Vi a Rozemyne caer de rodillas y unir sus manos en oración. Luces verdes salían de ella en ocasiones mientras seguía sumida en su labor.
Las dos mujeres caballero observaban atentamente el entorno.
"Schwert" cantó la mujer de cabello naranja en cuanto me miró.
"¿Ivonne?"
"No, no es nada. Me pareció sentir a alguien observándonos y una rama moverse, pero… no puedo sentir ningún maná en esa dirección. Rucken" Explicó descartando su espada.
Solo entonces pude volver a respirar.
La joven llamada Ivonne miró a donde yo estaba de pie aun bajo el amuleto de ocultación, entrando en guardia de inmediato, obligándome a usar mejoras físicas para saltar a la rama de un árbol, usándola de trampolín para saltar más alto en el aire y forman mi caballo antes de comenzar a caer, elevándome varios metros en el cielo, lejos de cualquier zona que pudiera detectar.
Las mujeres que escoltaban a Rozemyne no bajaron la guardia ni un segundo en más de una campanada, lo que me llevó a permanecer en el aire todo el tiempo.
"Milady, debería tomar un descanso y comer su ración." Dijo Gertrudis comenzando a montar un pequeño fuego para calentar agua y cocinar las raciones para tres personas.
Después de un momento de silencio, cuando nuevas bendiciones salieron de ella, sin levantar el rostro o moverse, dijo: "No, no necesito comer mientras estoy orando. Tomen sus raciones y prepárense. Pronto llegaran los refuerzos, será el momento para que ayuden a traer a los heridos."
"No podemos dejarla sola, Milady." Se negó Ivonne.
"Estaré bien. Pero si no traen a los heridos se convertirán en alimento para el trombe."
"Pero…"
El sonido de alas batiéndose se escuchó desde la lejanía. Ambas mujeres caballero miraron a Rozemyne con miradas conflictivas
"Vayan." Pidió Rozemyne antes de formar el escudo de Schutzaria a su alrededor. "Que aquellos que necesiten descanso las ayuden con los heridos y vuelvan pronto."
Hasta entonces se alejaron de su cargo, corriendo y formando sus monturas sin detenerse en ningún momento, haciéndome recordar el primer ditter de Rozemyne.
En ese momento, el escudo de viento desapareció y la pequeña frente a mí se desplomó en el suelo con un pequeño quejido, "Ngh, estoy en mi limite." Murmuró aun sin levantarse, buscando algo entre los pliegues de su túnica, bebiéndolo de inmediato.
Me acerqué a ella sin desactivar la protección de Verbergen. Sin levantar su velo de su rostro Rozemyne comenzó a estudiar sus provisiones. "Cuatro pociones más… será peligroso si no logran someterlo antes de que se me terminen." Continúo hablando para ella. Ajena a mi presencia. "El Blenrus aumentó su rendimiento y mejoró su sabor, así que…"
La vi vaciar su cantimplora y colocar el contenido de los viales en ella, "Que desperdicio, pero no conseguiré que me dejen sola de nuevo, si se enteran de que tengo que usar pociones de recuperación para venir, dejarán de traerme."
Mis manos se apretaron contra las riendas de mi caballo en ese momento. '¡Esa niña!'
No tenía sentido detenerla, y si me aparecía frente a ella sus guardaespaldas podrían atacarme, además Rozemyne aun no me conocía, no se fiaría de mí, menos si lo primero que hacia era regañarla y apretar sus mejillas como castigo.
Rozemyne volvió a convocar el escudo y a ponerse en pose de oración. Caminé hasta ella silenciando mis pasos. Quería asegurar su estado, pero no podía tocarla. Mi única alternativa era usas mejoras de maná en mis oídos para escuchar sus latidos sin tocarla, por otro lado, si estaba en un estado similar al estado de lectura podría levantar su velo y mirar su rostro para asegurarme de que no tenía fiebre.
Con eso en mente, entré en su escudo, pero…
"¡¿Quién anda ahí?!" grito haciéndome retroceder. "¿…lo imagine? Bueno, no importa." No esperaba que me detectara. Tuve que renunciar a revisarla y volver a alejarme de ella.
Poco después sus guardaespaldas llegaron junto a varios caballeros heridos. Un suave viento revoloteo a su alrededor cuando el escudo se desvaneció y los rescatados aterrizaban, dejándome ver su rostro bajo el velo. Sus ojos de luna estaban fijos en la batalla frente a ella.
'Parece que también aprende observando.'
Durante mi tiempo como su asistente siempre me pareció extraña la entereza que Rozemyne mostraba en ciertas situaciones. En aquella época solía pensar que se debía a la precoz madurez de la niña, pero ahora me daba cuenta que mi esposa era capaz de absorber el conocimiento por mera observación. Este combate debió ser la base que usó para brindar ayuda cuando nos enfrentamos a los trombes.
Una campanada más tarde los caballeros que habían sido heridos comenzaron a volver al frente. En ese tiempo se estableció un equipo de rescate junto a los refuerzos. También comenzaron a llegar los sanadores. Con la lucha prolongándose era claro que el Aub no quiso poner presión innecesaria en el cuerpo de su hija.
Para la sexta campanada se terminó de montar un campamento para que los médicos pudieran descansar y recuperarse cuando lo necesitaran. Hasta ese momento fui capaz de descubrir cuando estaba.
Este exterminio en especifico había durado tres días. Era claro que el cuerpo de Rozemyne no soportaría tanto tiempo, así que debía estar preparado para el momento en que estuviera por agotarse.
Preparé un campamento un poco más grande de lo usual usando mi piedra de bestia alta como camper. Comí una de las raciones que traje conmigo sin dejar de observar a mi esposa ni un segundo. Tendría que ser rápido.
Me desmaye cerca de la sexta campanada, tras pasar toda la noche en vela y tomar una poción de recuperación, poco después del momento en que Rozemyne cayó dormida por el cansancio. Sus guardias la revisaron de inmediato, al igual que un sanador.
"Parece que el sueño finalmente la venció." Declaró el médico con una sonrisa irónica. "Solo tiene cinco años, pero se forzó a mantenerse despierta todo este tiempo. Dejémosla descansar."
La llevaron a una de las carpas y los caballeros que estaba del todo recuperados montaron guardia para salvaguardarla.
Cerca del momento en el que el día cambia de fecha, el sonido de metal contra metal me despertó. Los caballeros, que debían ser laynobles, luchaban contra un grupo de hombres que cubrían sus rostros con capuchas. Uno de ellos tenía en brazos a Rozemyne, quien aún dormía, y tomó su cuchillo para apresurarse a apuñalarla.
Sin importarme que alguien me viera desactivé el amuleto de ocultación. Usando mejoras físicas empujé al hombre que intentaba asesinarla. La trayectoria del cuchillo se modificó, evitando que el cuchillo atravesara por poco su órgano de maná.
"Ngh." Gimió de dolor, despertándose en parte.
Al someter al asesino ella cayó al suelo, raspándose la piel en el camino. La vi arrancar el cuchillo de su pecho con una mirada aturdida antes de desmayarse de nuevo.
Ni siquiera había caído del todo cuando el suelo retumbó. La tierra se agrietó y nuevos brotes nacieron desde los lugares donde la sangre de Rozemyne manchó la tierra. El trombe joven subió con prontitud, capturándola en el aire, enredándose en su cuerpo, buscando la sangre de Rozemyne.
"Curación de Heilschmerz a Rozemyne." Murmuré dejando que la bendición saliera desde mi anillo. Era un suicidio usar maná alrededor de un trombe, pero si mantenía la herida abierta no habría forma de salvarla, menos con la herida tan cerca de su corazón.
Canté la oración del dios de las tinieblas de inmediato sobre mi schtappe en tanto decidía cual era la mejor arma para usar.
Convoqué mi pistola cantando "Gun" y comencé a disparar al suelo, "¡Atrapen a los atacantes!" ladré a sabiendas de que ninguno de ellos podría ayudarme a someter el trombe que seguía creciendo para consumir a Rozemyne.
Usé tanto maná como pude en cada uno de los disparos hasta que el trombe comenzó a ennegrecerse, entonces cambié la forma de mi schattpe a un cuchillo antes de comenzar a cortar las ramas y tomar el pequeño cuerpo de Rozemyne.
"¡Interroguen a los atacantes, yo la cuidaré!"
Vi en los rostros de todos ellos que querían protestar, pero la capa que usaba era negra, por lo que se tragaron sus objeciones. El rumor de que ella era una princesa oculta debía estar extendido por todo el ducado a estas alturas, por lo que algunos quizás supondrían que yo era una especie de guardaespaldas encargado de protegerla desde las sombras.
Luces negras y doradas envolvieron a Rozemyne en ese momento, y ya que la estaba sujetando, fui arrastrado con ella de vuelta al templo.
Dentro de su habitación sus asistentes dejaron de moverse cuando me vieron, pero al ver el estado de su señora palidecieron y prepararon a la carrera un lugar donde pudiera revisarla antes de que tuviese que ordenarlo.
Hice una revisión de rutina de inmediato. Revisé su pulso, su temperatura, su maná… El trombe parecía haberla dejado al borde del agotamiento, con un pie en la altísima escalera. Me negaba a darle otra poción, pero en esta situación era inevitable.
Le di una poción suave. No la recuperaría por completo, pero la sacaría del peligro.
Cuando su maná comenzó a recuperarse ordené a una de las doncellas que la limpiara. Su ropa estaba hecha jirones. Decidí alejarme de ella para darle privacidad.
"…"
La doncella gris que la estaba revisando dejó de moverse el tiempo suficiente como para que yo me percatara, "…milord." Murmuró con pánico, manoteando para encontrar mi capa.
Giré a verla, notando entonces el motivo de su miedo.
En su pecho, en el lugar donde la apuñalaron, pude ver líneas moradas que se bifurcaban una y otra vez creando lo que parecía raíces enredadas sobre su pecho.
Volví a revisarla. Su rostro estaba enrojecido por fiebre que hace un momento no tenia y comenzaba a respirar de manera superficial. Estaba sufriendo.
"…estaba envenenado…" sin saber que veneno era, no podía crear un antídoto.
Comencé a desesperarme. No sabia que hacer.
"Milord, ¿no seria adecuado orar a Heilschmerz?" preguntó la doncella. Fue entonces que lo recordé. Busqué en mi sabiduría el hechizo de curación completo.
"Oh Diosa de la Curación Heilschmerz, de los doce exaltados de la Diosa del Agua Flutrane, escucha mis oraciones. Préstame tu poder divino y concédeme el poder de curar a aquellos que han sido heridos. Toca la melodía divina y lanza las ondas dichosas de tu pureza."
Después de cantar la oración, observé como poco a poco las bifurcaciones moradas se replegaban hasta desaparecer. La fiebre provocada por el veneno también comenzó a dimitir y su respiración se reguló. Entonces yo también pude volver a respirar con regularidad.
Sabía que Rozemyne se preparaba con una segunda túnica, además de la ceremonial antes de moverse del templo en caso de que las misiones se extendieran como en esta ocasión, así que me preocupaba que no tuviera túnicas para cambiarse dentro del templo.
"Tengo otro juego. Ya que Milady vive en el templo, tiene cinco túnicas ordinarias." Me explicó la doncella gris.
Cerca del mediodía de la mañana siguiente, mientras seguía dormida, volví con ella al lugar de la subyugación. La entregué a las dos caballeras, Ivonne y Gertrudis, para que la cuidaran.
Me miraron con sospecha al verme aparecer de la nada tras más de medio día sin contacto, pero no tenía caso dar explicaciones que no creerían. Ninguna de ellas llevaba su casco por lo que al fin pude reconocerlas.
Eran dos de las instructoras del templo. Fueron de las primeras que nos entrenaron junto a Bonifatius y que después comenzaron a ir a guiar a los aprendices de caballeros antes de que Rozemyne y yo fuéramos adoptados dentro de la familia real.
"Ya está fuera de peligro." Les informé. Rozemyne estaba dormida con una bendición, no debería despertarse hasta la noche. "¿Qué pasó con los asesinos?"
"Todos están muertos, milord." Respondió la pelirosa con una mirada amarga. "murieron antes de dar respuestas."
"Entonces no averiguaron nada…"
"Eran asesinos entrenados. Devoradores entrenados para matar. Todos tenían una capacidad similar a un mednoble alto o un archinoble bajo, así que debieron ser asesinos criados por algún noble desde su infancia. Pero no hay un escudo sobre ellos." Asentí despacio, procesando la información.
La única persona dentro de Eisenreich que quería matar a Rozemyne era Gloria, pero existía la posibilidad de que fueran externos de la facción del cuarto príncipe. Por desgracia no tenía forma de averiguarlo y tampoco tenía sentido.
En tanto el trombe original era subyugado, me giré para encarar a los caballeros y médicos que me miraron con consternación. Fue entonces que lo vi.
En medio de ellos había un hombre de pie. Su cabello azul-morado, bien peinado en una pequeña coleta. Sus ojos dorados me miraban como si me conociera, pero no podía ser el caso.
"Mensajero, ¿realmente mi hija esta a salvo?" preguntó mi tío, el Aub, en ese momento, estudiando mi rostro para encontrar cualquier señal de mentira.
"Lo está. El cuchillo de los asesinos estaba envenenado, pero una vez que regresamos al templo pude curarla del todo." El Aub asintió a mis palabras, poniéndome cada vez más nervioso. Entonces se arrodilló.
"¡Por favor, perdóneme! Prometí que la mantendría a salvo cuando me la entregó hace un año, ¡Incluso reforcé la seguridad a su alrededor cuando atentaron contra su vida y durmió en su jureve poco después de que llegó a mi ducado y ahora, tan solo un año después…"
Sabía que los recuerdos sobre mi eran borrados apenas me iba, sin embargo, mi tío debió recordarme por un momento en cuanto me vio. Eso significaba que lo conocí antes. Según sus palabras, no solo fui responsable de sacar a Rozemyne del palacio, sino que también la salvé cuando estuvo por morir la primera vez, y fue colocada en jureve.
Inesperadamente conseguí una pista adicional.
"El futuro de tu hija no será sencillo, pero si continúas buscando a Anhaltung incluso en aquellos que no parecen poseer su bendición para cuidarla, ella vivirá."
Con esas palabras y sin ceremonias volví a mi campamento oculto girándome para vigilarlos en silencio, notando los ojos de luna de Rozemyne abrirse apenas para mirar en mi dirección.
Bonifatius llegó entonces. Confundido, preguntó a su hermano que pasó.
"No ha sido nada. Rozemyne se quedó dormida y vine a corroborar su estado." Respondió mi tío recibiendo en brazos a su hija, quien se acurrucó de inmediato como una pequeña de su edad.
Sabía por la historia que me contó Rozemyne sobre este sometimiento qué ella tenía recuerdos borrosos de estos tres días. Solo recordaba haber despertado a la sexta campanada para curar el sitio afectado.
Tal como se suponía que pasara, Rozemyne despertó poco antes de la sexta campanada, se cambió a sus túnicas ceremoniales y voló al centro del cráter.
La seguí en silencio. Los caballeros que la llevaron regresaron junto a los demás para mirar la ceremonia desde la distancia. En ese momento se retiró el velo que la ocultaba, guardándolo en sus túnicas.
Rozemyne sostuvo el bastón de Flutrane con firmeza y comenzó a cantar la oración con voz fuerte y clara.
Estaba preocupado por lo que sostuve el bastón con ella y murmuré la oración, acompañándola. Sus ojos se abrieron con sorpresa un solo momento antes de sonreír y volver a cerrarlos.
El viento se agitó a nuestro alrededor y el pasto comenzó a surgir junto a las flores y pequeños árboles jóvenes.
Una vez que la zona estuvo por completo restaurada, sus caballeras regresaron a recogerla. Ivonne tomó el bastón de Flutrane en tanto Gertrudis la ayudaba a colocar el velo de nuevo en su lugar.
Cuando todos estuvieron en el campamento, el círculo mágico apareció sobre mi cabeza, listo para enviarme al siguiente punto.
Aun bajo el amuleto de Verbergen me materialicé en un lugar inesperado. Estaba en el palacio del archiduque de Eisenreich. Hasta ahora siempre llegué al lugar antes de que Rozemyne fuera dañada, pero en esta ocasión.
"¡Revisen los alimentos!"
"¡Alguien envenenó a la princesa!"
"¡Su Jureve está aquí!"
"¡Prepárenla para sumergirla!
Era un caos.
Las voces de los asistentes se escuchaban por toda el ala infantil.
Me pegué a la pared para no estorbar a los eruditos y asistentes que se movían de un lado a otro.
"¡La comida no está envenenada!"
"¡¿NO?! ¡¿Cómo fue envenenada entonces?!"
"¡No importa! Aub ordenó quemar todas sus cosas. ¡No dejen nada!"
"¡Encuentra el veneno! ¡AHORA!"
Casi una campanada después los gritos cesaron. Fue entonces cuando el Aub apareció escoltado por dos guardias, entrando a la zona de los niños. Yo no podía entrar.
Salí del castillo en silencio y comencé a reunir algunos ingredientes que pudiera utilizar.
Volví al castillo cerca del cambio de fecha. Usé mejoras de maná para poder observar dentro del castillo y entrar en el lugar correcto. Mi tío estaba en su cuarto con una botella de vize hablando con Bonifatius bajo una herramienta de rango especifico. Entré en la habitación usando el balcón abierto, entonces desactivé el amuleto de ocultación.
"…mensajero."
"Adelbert. tu hija fue herida de muerte, pero vivirá."
Sus ojos se llenaron de lagrimas pero parecía decidido a no llorar.
"Adelbert." Volví a llamarlo, "Tu hija debe ser sacada del castillo y colocada en el templo, de lo contrario no despertará."
"¡¿El templo…?!" Bonifatius explotó, pero su hermano lo contuvo con un gesto de su mano.
Seguí hablando. "Ella reformará el templo. El templo volverá a ser un lugar de oración y devoción. Corregirá el rumbo para purificar ese lugar de depravación y devolverlo al orden correcto. Lo más importante, Rozemyne no despertará hasta que vuelva al seno de los dioses. El lugar más cercano dentro de Eisenreich es el templo."
"¿Pero llevarla ahora…?"
"Sera difícil, pero te ayudaré. Déjala a cargo del Sumo Obispo y nómbrala Sumo Obispa tan pronto como aprenda las ceremonias."
Lo miré. Estaba reticente.
En este momento del tejido el templo no era un buen lugar. Solo los huérfanos y abandonados residían ahí. Lo entendía, pero no podía dejar que se opusiera a la orden.
"¡Adelbert, es una orden de los dioses! ¿Por qué otra razón, yo, el mensajero de los dioses, estaría aquí?" pregunté sintiéndome abochornado por mis propias palabras. "Si no acatas la orden tendré que llevármela."
"¡NO!" rugió poniéndose de pie, sosteniéndome de la capa y golpeando mi espalda contra la pared. "¡Es mi hija! ¡No tiene a nadie más! ¡¿Qué hará si te la llevas?!"
"Será reclamada por los dioses que ya esperan su llegada."
Sus ojos se abrieron con incredulidad. Sus manos apretaron la tela de mi camisa. Entonces su cabeza cayó, sollozando sin contenerse.
"Entonces, ¿solo puedo dejarla en el templo o renuncia a ella? Cualquiera de las alternativas me obliga a renunciar a ella."
"No. Si la dejas vivir en el templo, ella crecerá para traer bien a Eisenreich. Será lo mejor para ella que ama profundamente a los dioses y a quienes los dioses aman profundamente. No la abandones. Cuídala y protégela. Seguirá siendo tu hija. Te ayudaré a preparar el templo para recibirla"
Me fui poco después de eso. No podía hacer nada para aliviar sus lamentos. Para mi, él era una persona demasiado importante. Mi querido tío que me aceptó en su familia, pero para él, en este momento yo solo era un extraño que lo ayudaba por voluntad de los dioses.
La tercera campanada estaba sonando cuando mis tíos y mi padre llegaron al templo. Caminé guiando el camino hasta la habitación del Sumo Obispo. Lo había visitado a la segunda campanada para advertirle, así que debería estar preparado para tratar con el archiduque y sus hermanos.
Mientras me seguían en silencio, comencé a sentirme incómodo. Podía sentir la mirada penetrante de alguien a mi espalda. De alguna manera logré fingir ignorancia y seguí caminando hasta llegar a la habitación correcta.
Samuel, el Sumo Obispo actual era un hombre de piedad, algo raro entre los nobles de su generación. Originalmente era un caballero, pero quedó incapacitado para luchar. Su mano ya no podía sostener una espada, por lo que decidió recluirse en el templo y volverse Sumo Obispo.
Sus hijos eran todos adultos que ya no necesitaban de él y su esposa había fallecido algunos años atrás, por lo que nombró a su heredero y se retiró al templo.
Los arreglos quedaron establecidos con rapidez y se preparó la habitación para recibirla. Los muebles se irían remplazando según estuvieran listos. A diferencia de lo que pasaría usualmente, Rozemyne debía mudarse al templo de inmediato, por lo que los arreglos se harían de esta manera.
"Ayudaré a con los preparativos, así que prepararé una habitación oculta para ella. Me quedaré hasta que despierte."
"En ese caso, buscaré una habitación para mí y vaciaré mi habitación oculta de inmediato. ¿Cuándo la traerán?" preguntó el Sumo Obispo.
"A la sexta campanada. Aub Eisenreich, por favor prepare mi permiso para entrar al ala infantil. Me reuniré con usted a la quinta campanada y media."
El día transcurrió sin problemas. El Sumo Obispo me permitió comer con él y seguimos organizando las cosas para recibir a Rozemyne en este lugar.
Salí del templo poco antes de la quinta campanada y media, oculto bajo un amuleto de Verbergen.
Llegué a la oficina del archiduque un poco antes de la hora y entré por la ventana. Solo estaba presente el trio que se convertiría en guardianes de un pequeño Ferdinand en un futuro no tan distante, reunidos bajo una herramienta antiescuchas.
Entré en el rango sin desactivar el amuleto de ocultación.
"…llegara?"
"Estoy aquí." Respondí a la pregunta de mi padre. "Lo lamento, pero me mantendré un poco más bajo el velo de Verbergen. Los seguiré en secreto y me prepararé para trasladar a la princesa."
"Una magia tan peligrosa…" murmuró Bonifatius.
Como caballero comandante era claro que se preocuparía por una magia que permitiera a los enemigos atacar sin ser vistos.
"Puede estar tranquilo, Lord Bonifatius. Este don solo será revelado a aquellos que obtengan la aprobación de los dioses. Partamos ahora."
"…bien."
Los hombres salieron de la habitación y comencé a seguirlos en silencio.
Después de caminar por un rato, entramos en una habitación cerrada. Una pequeña Rozemyne de cuatro años flotaba dentro de la bañera.
… ella era tan pequeña, tan frágil. Fue una suerte no haberme deshecho del amuleto de Verbergen porque si no, no habría sido capaz de ocultar mi malestar.
Miré a otro lado para calmarme. Mi tío lucía consternado. El jureve no había modificado su color en lo más mínimo, lo que solo podía significar que no estaba haciendo efecto. Desactivé el amuleto de Verbergen una vez que solo estuvimos los cuatro en la habitación.
Respirando hondo me armé de valor y coloqué en el interior de la bañera la herramienta mágica que había preparado. El jureve sería trasladado de inmediato a la nueva bañera que se preparó en la habitación oculta del templo. Era una versión un poco más complicada que la que usaban las herramientas que almacenaban agua y se usaban para llenar las bañeras.
"Uno de ustedes tendrá que quedarse para activar el circulo mágico." Informé tomando a Rozemyne en brazos. Estaba en ropa interior, por lo que la cubrí con mi capa.
Había colocado un círculo de teletransporte para unir esa habitación con el templo.
"Partamos ahora, Aub."
"Los encontraré en el templo." Dijo mi padre antes de salir de la habitación.
Mi tío activo el círculo de teletransporte y llegamos al templo solo un instante después.
Abrí la puerta de la habitación oculta que hice y vi como la bañera comenzaba a llenarse poco a poco. Una vez que estuvo llena por completo, la coloqué en la bañera.
"Volveré al castillo ahora. Mi hermano se quedará para ayudar."
Mi padre llegó poco después de que el archiduque regresara al castillo. Usé ese tiempo para ir a la sala de oración. 'Ella ya está en el templo, devuélvanla.'
Yo no era tan piadoso como Rozemyne, por lo que mis oraciones eran inocuas, pero al menos podía rezar por su recuperación.
Esa noche, las primeras piedras se llenaron con maná.
La mañana siguiente su recuperación continuó, manteniendo un ritmo constante y adecuado para la calidad del maná. Escribí informes sobre su estado con cada cambio de feystone y los envíe a mi tío con cartas de ordonnaz. El tercer día en el templo abrió los ojos por primera vez antes de cerrarlos, decidí que tenía algunos asuntos que arreglar.
No podía dejar el ducado, por lo que busqué dentro de mi sabiduría algo que me sirviera. Pronto encontré un círculo mágico de Schlaftraum que servía para forzar una audiencia con los dioses. Aparentemente fue diseñado por un Zent de antaño que siempre buscaba la aprobación de los dioses antes de tomar una decisión, por lo que, cuando estaba fuera de la soberanía, usaba ese círculo mágico para no tener que volver cada vez.
Conseguí pergamino y dibujé en él usando mi schtappe. Cuando llegó el momento de dormir, activé un círculo mágico y lo coloqué bajo mi almohada siguiendo las instrucciones del Zent. Cuando abrí los ojos me encontré de frente con la pareja suprema.
"Ferd, no esperaba verte tan pronto por aquí. ¿Has decidido rendirte?" me preguntó el dios de la oscuridad.
"No", respondí negando con la cabeza. "Mi determinación a ganar no ha cambiado, su santidad Schicksantracht, sin embargo, estoy aquí para protestar por las trampas que me ha tendido su nieta en este juego."
La pareja suprema me miró en silencio antes de llamar a Gebordnung y Willkürspab para atender a mi acusación.
Con la diosa del orden y el dios de los juegos presentes, expuse mi queja. Para comenzar, ese tejido ya estaba en mi mente, obligarme a vivirlo en una especie de sueño me desorientó e hizo que bajara la guardia, lo que pudo haber sido peligroso.
"…si alguien me veía en ese estado, habría perdido el juego en ese instante por la intervención de Mestionora." Dije con molestia.
En el segundo salto no intervino, sin embargo, en este no me permitió intervenir para salvarla antes de que muriera. Yo podría haberla colocado en el templo, convenciendo a mi tío con las mismas palabras que usé, pero sin que la vida de Rozemyne estuviera en peligro.
"Entiendo tu molestia." Dijo la diosa Versprechredi. "¿Gebordnung?" llamó a su subordinada.
"Si, su alteza. Como dice Ferd, la señorita Mestionora usó a Schlaftraum para que Ferd Soñara/viviera su vida de ese tejido. La intervención de la señorita se podría considerar una afrenta a las reglas. En cambio, la muerte de Myne no se puede modificar. Su venida a la imponente escalera es lo que moldea el tejido. Cada tejido que se podría realizar comienza a formarse desde ese momento, por lo que la intervención de Ferd no pudo ser antes."
Apreté los labios frustrado ante la revelación dada, pero no dejé que eso me distrajera.
"Entiendo. Muy bien, Ferd. Se te otorgará una compensación en nombre de la intervención de mi nieta, ¿te parece adecuado?" preguntó la diosa de la luz.
"Si, su santidad."
"Ya que fue la señorita la que intervino, la compensación debe venir de ella." Continúo la diosa del orden.
En ese momento Mestionora llegó acompañada de su madre. Su rostro tenía una mueca hosca mientras afirmaba que no había hecho nada malo.
"¡Mestionora!" la llamó la pareja suprema con voz firme sin dejar lugar a más protestas.
"¡Bien!" exclamó, derrotada. "¡Dame tu sabiduría!" Ordenó girando a verme.
"¿Por qué?" pregunté con sospecha.
"Te daré tu propia sabiduría. Los nombres que recibiste de mis abuelos son diferentes a los de Myne por lo que cada uno debería tener su propia sabiduría en primer lugar. Te daré la tuya y me quedaré con la copia que tienes, después de eliminar las partes repetidas y corregir las alteraciones se la entregaré a Myne para que cada uno de ustedes tenga la propia." Explicó de mal humor.
Usando la falsa sabiduría de referencia ahora era capaz de exponerla como un libro o una tableta según necesitara y, ya que la diosa frente a mí no entendería la tableta, opté por presentarla como un libro.
El proceso fue incómodo. Con un movimiento de su mano arrancó las páginas de mi libro para luego invocar las mismas tablas que recibí en los santuarios. Antes de darme cuenta, el libro estaba completo y listo para usar.
También fue incómodo sentir como la información era, a falta de una palabra más adecuada, arrancada de mi mente para ser sustituida con nueva información.
Miré de inmediato, encontrando la historia de la fundación de la familia real y la división de los ducados. No fue tan sorprendente como esperaría, descubrir que en realidad Klassenberg era el único ducado que aun sabía la realidad de la sucesión Zent, o que se habían aprovechado de eso para colocar a sus princesas como primeras reinas una y otra vez… El único que probablemente no tenía esta información era el actual archiduque. El Aub actual era en realidad el hermano del heredero, por lo que no se le informó.
Conforme seguía leyendo, descubrí que el archiduque fue condenado cuando mi padre adoptivo descubrió que orquestó el secuestro y la muerte de Sigiswald. El archiduque anterior negoció como regalía la muerte de la rama principal, dejando a su segundo hijo como Aub para gobernar el ducado.
Lord Gerson, que fue el hombre que lastimó a Seradina mientras buscaban que se hiciera con la carga de Gedulh no recibió ni una palabra sobre el motivo de la muerte de su hermano, su familia y su padre, o de porque su ducado se había reducido. Tampoco se le informó porque perdieron todas las regalías obtenidas tras el final de la guerra.
En cambio, solo se le informó que su padre negoció un periodo de gracia para formar nuevas industrias.
Sin embargo, a estas alturas parecía poco probable que no supiera la verdad, ya que esa información estaba dentro de la biblioteca de Aub. De hecho, estaba casi seguro de que Rozemyne ya tenía las pruebas preparadas para borrarlos del mapa, considerando principalmente quien era el archiduque actual.
Tan pronto como confirmé la nueva información, que coincidía con la declaración de Mestionora sobre la falsa familia real, los dioses me despidieron y me desperté.
Como no pude volver a dormir, seguí leyendo lo referente a la guerra civil.
Descubrí entonces que, poco antes de morir, el Zent Waldifried fue el primero en trescientos años en conseguir los nombres de dios para adquirir la sabiduría. Su naturaleza curiosa e inquisitiva lo llevó a descubrir la información de los santuarios cuando aun estaba en la academia, Waldifried pasaba tanto tiempo en el archivo subterráneo que pronto encontraría el camino a la verdadera sabiduría.
Ya que sospechaba de Klassenberg, fue el primer heredero en negarse a tomar una esposa del primer ducado, por lo que no pudieron controlarlo y, debido a la naturaleza justa del Zent, era claro que Klassenberg perdería todo su poder e influencia. Su ducado estaba en peligro si Waldifried conseguía la sabiduría verdadera, por lo que, usando a las flores del palacio separado, incitaron al primer príncipe a matar a su hermano para conseguir convertirse él mismo en Zent.
El plan era apoyar al tercer príncipe y, una vez que él asumiera, podrían decirle donde conseguir el falso Gutrisheit, porque claro, sabían las condiciones para conseguirlo. La princesa de Klassenberg lo llevaría por los santuarios y luego, al llegar a la biblioteca, los shumil lo llevarían al archivo y a la herramienta.
"¿Por qué el archiduque sabía sobre la falsa herramienta y la sabiduría real?" me pregunté en un murmullo atónito. La respuesta apareció frente a mí.
Klassenberg fue el último de todos los ducados, por lo que llegaron a un trato con la fundadora de la familia real. Se encargarían de impulsar a la familia real ayudando a eliminar a los que quisieran oponerse a cambio de obtener más poder.
La cultura de las flores se desarrolló demasiado dentro de Klassenberg porque fueron ellos los responsables de extenderla.
Los ducados puerta del agua y la luz se revelaron abiertamente contra la recién fundada familia real y fueron castigados, dividiendo sus ducados. Posteriormente, para evitar que otra rama de la familia usurpara la corona, Werdestork se dividió, dando origen a Ahrensbach.
Cincuenta años después, Klassenberg se dividió para dar origen a Jossbrenner y aumentar así el numero de ducados que apoyaban a la corona.
En realidad, fue un milagro que la realeza no descubriera las intenciones de Eisenreich hace trecientos años o, de lo contrario, el ducado habría tenido el mismo destino que aquellos que se opusieron a la creación de la familia real. No sé que hubiese sido de Rozemyne o de mí sin el respaldo de un gran ducado. Estaba bastante seguro de que habríamos muerto antes de ser adoptados.
Mientras continuaba mi lectura encontré algo interesante… Frenbeltag había nacido tras la muerte de la princesa Amaris, la nieta de la Zent de Eisenreich. Parte del ducado fue tomado de Eisenreich, aunque la mayor parte pertenecía a Werdestork. La realeza no tenía pruebas para justificar la eliminación de Eisenreich, por lo que robó esa fracción de tierra como una advertencia al ducado del viento.
Los días mientras esperaba el despertar de Rozemyne los pasé leyendo la sabiduría mientras me ocultaba de todos en el templo y visité a mi madre una vez, pidiéndole ayuda para mi próxima visita. Cómo aun lo tenía conmigo, le mostré lo que debía conseguir para cuando volviera a verla. También le di la información que sabía que le daría.
Dos semanas después de llegar al templo por primera vez, los ojos de Rozemyne se abrieron.
La saqué con cuidado del jureve, pero cuando trató de caminar casi tropieza, como si su cuerpo se hubiese debilitado. Ya que en realidad Rozemyne había muerto, según las palabras de Mestionora, podía entender que su cuerpo le resultara desconocido.
La levanté y la llevé a su cama. No quería que se lastimara. Lucía confundida.
"¿Donde… donde estoy?" preguntó en japonés antes de llevar sus manos a su cabeza y gritar con dolor.
"¿Estás bien?" pregunté en el mismo idioma, preocupado. "¿Cómo te sientes?"
"…estoy bien, solo me duele la cabeza. ¿Quién eres?"
"Fui enviado por los doses para salvarte."
"¿Los dioses?" preguntó con una mirada perdida antes de sonreír, "Entiendo. Gracias por su ayuda señor mensajero."
Nuestra conversación se interrumpió en ese momento. La puerta se abrió de golpe dando paso al archiduque.
"¡Rozemyne!"
"…padre."
Lo vi envolverla en un abrazo protector, mientras lloraba lágrimas silenciosas. Rozemyne lo envolvió en un abrazo después de un momento de duda, antes de comenzar a llorar también.
"Lo lamento por preocuparlo, padre." Murmuró entre sollozos después de un momento.
Vi al archiduque separarse de ella, mirándola como si estudiara su rostro, asegurándose de que estaba viva. Limpio las lágrimas de Rozemyne con un pañuelo en un gesto paternal que era muy extraño de ver dentro de la sociedad noble.
Con una voz suave, sin dejar de limpiar las lágrimas de su hija, habló: "No, no es tu culpa, mi niña. Lo lamento. ¡Debí protegerte mejor!"
"Padre…"
"Lo lamento mi niña, pero a partir de ahora vivirás aquí." Continuó con una disculpa. "Los dioses prometieron mantenerte viva si lo hacías."
"¿Los dioses…? Cierto, ahora entiendo. Gracias por permitirme vivir aquí, querido padre."
Sintiendo que ahora podía intervenir me aclaré la garganta, llamando la atención de los presentes sobre mí.
"Rozemyne no estará confinada al templo para siempre, aún puede visitar el palacio, incluso puede vivir ahí por cortos periodos, pero siempre debe volver al templo." Le recordé al archiduque.
"Muchas gracias, mensajero." Murmuró mi tío girando hacia mí con una sonrisa agradecida.
"Muchas gracias, señor mensajero." Dijo Rozemyne aun en su cama, bajando su cuerpo como si hiciera un keirei "Me esforzaré por proteger la vida que me han dado." Prometió.
"Esfuérzate por vivir feliz, Rozemyne." Pedí. "Vive una vida de la que puedas estar orgullosa."
"Lo intentare…" prometió con una sonrisa.
Tan pronto como dijo esas palabras, el circulo mágico me tragó para escupirme en el siguiente lugar.
'En este salto, antes de entregarla a su padre, me aseguraré de tener un jureve para ella.' Pensé en el momento en que mi entorno volvió a cambiar.
