El Ascenso de un Científico Loco
¡Descubriré cómo Funciona el Mundo!
El Enviado. Educando a una Princesa
"¡Buenos días Diiiinaaaaaannnnnd!"
No sé qué fue lo que me despertó, si la vocecita saludándome canturreando mi nombre y soltando pequeñas risitas al final, el peso de la dueña de dicha vocecita o la sensación extraña en mi cabello.
"Buenos días, Rozemyne." Saludé sin mucha emoción, sentándome apenas Rozemyne bajó de mi pecho y de la cama sin dejar de mirarme con una mirada brillante y la sonrisa más grande y feliz que le hubiera visto a esta bebé desde que la alejé de su madre tres meses atrás.
Solté un suspiro cuando logré sentarme en la orilla de la cama, tallando uno de mis ojos y tratando de echar a andar mi cerebro. De pronto sentía completa admiración y respeto por cualquier madre o padre soltero de este mundo o de mi mundo anterior.
A lo largo de tres meses había tenido que perseguir a Rozemyne, corregirle de manera constante el agarre de la cuchara para comer y la tiza para escribir. Me había casi infartado un montón de veces al dejar de escucharla mientras la dejaba en una habitación para preparar comida, materiales de juego o incluso su ropa. La había perseguido desnuda, ya fuera seca o mojada más veces de las que quería admitir y no era para nada divertido que la hora del baño fuera un pleito constante entre el No quelo un baño y el No quelo salime.
Por fortuna alguien la había enseñado a ir al baño y a avisar, o de lo contrario me habría enfrentado al terror de los pañales. Solo tuve que asearla de sus propios desechos una vez que la chiquilla decidió llevarse unas flores a la boca que terminaron por soltarle el estómago, evitando que pudiera llegar a tiempo a la letrina en el exterior… '¡Perdóname si en el futuro no quiero tener hijos, Rozemyne!' pensé aquel día, mes y medio atrás, luego de batirlo todo al entrar en pánico. Jamás amé tanto el hechizo de waschen como en esa ocasión.
Ese día también decidí que no podíamos seguir viviendo en mi camper, por lo que construí una casa para dos. Era más pequeña que una mansión laynoble, más similar a las casas plebeyas de los plebeyos ricos en realidad. Cuatro habitaciones, cocina, comedor, baño interior. Originalmente diseñé para que solo fueran dos habitaciones, pero uno de los cuartos lo volví un laboratorio y el otro un estudio para Rozemyne.
Todavía tengo migrañas al recordar el problema que fue conseguir las puertas y ventanas. Los carpinteros y constructores no entendían porque no podían instalarlas ellos.
Por fortuna, el claro en el que nos encontrábamos, aunque estaba relativamente cerca de la biblioteca, era amplio y no estaba custodiado, lo que me daba un acceso perfecto al circulo de transferencia al ducado soberanía. Al ser un lugar casi desolado, no necesitaba preocuparme mucho por escondernos, la herramienta de ocultación y la herramienta de rango especifico fueron suficientes para mantenernos escondidos, lo cual era idóneo para mi yo actual.
Estaba exhausto porque en tres meses me había roto la cabeza pensando en cómo motivar a esta pequeña rapaz para aprender números y letras, modales, nobles saludos y despedidas, entre otras cosas.
Hoy, además, nos tocaba practicar un poco de esgrima, así que esperaba que mis espinillas no fueran lastimadas de nuevo en medio de un berrinche.
"¡Dinand es taaaaan liiiiindo!" canturreó Rozemyne, haciéndome sonreír en medio de la niebla provocada por mi mal dormir. Devolverla a su cama cada noche… dos o tres veces, me estaba pasando factura. Lo más sencillo sería dejarla a mi lado, pero de sobra sabía los problemas que le causaría eso si no aprendía a dormir sola.
"Gracias. Rozemyne también es linda." Respondí, sonriendo más al verla saltar y dar vueltas con las manos en alto, demasiado feliz. Fue entonces que me pasé una mano por el cabello al sentirlo… extraño.
Con la mirada fija en la nada, dejé que mis dedos repasaran mi cabello despacio, tratando de analizar qué demonios tenía enredado en él a la par que intentaba mantener la calma. De pronto logré registrar las risitas saliendo de Rozemyne y la miré. La niña aplaudía y saltaba todavía sonriendo con ganas repitiendo "¡Dinand bonito!" una y otra vez.
Me puse de pie de inmediato y me dirigí a la única habitación donde tenía colgado un espejo rústico y sin decoraciones en medio de un muro carente de mobiliario.
Mis ojos casi se me salen de tanto abrirlos, incrédulo conforme me acercaba más y más. La idea de que cortarlo no sería suficiente estaba poniéndome bastante nervioso cuando escuché las risas de Rozemyne detrás de mí.
Tuve que sostenerme del muro y respirar mientras contaba hasta cincuenta para no gritarle, recordándome una y otra vez que esta era solo una bebé… una bebé demasiado mimada que se había levantado demasiado temprano para arruinar mi cabello con SUS adornos de cabello, listones de colores, las pequeñas piedras Fey que usaba para ilustrar palabras nuevas y solo los dioses sabían que más… solo una bebé… que debería ser una niña genio demasiado madura para su edad… '¡¿Dónde carajos está la niña que me salvó?!'
Cuando al fin pude calmarme lo suficiente para poner una sonrisa en mi rostro me volteé, acuclillándome para quedar lo más cerca posible de la cara de la pequeña a mi cuidado.
"Rozemyne, ¿tú enredaste todo eso en mi cabello?"
"¡Ti!" respondió demasiado orgullosa y con esa sonrisa radiante e inocente que me estaba evitando tomarla de los hombros y zarandearla.
"¿Porqué?"
"Dinand peina a Romain para que se vea bonita. Romain peina a Dinand y ahora Dinand es MUUUUUUY bonito."
'Oh, Duldzetzen, diosa de la paciencia de la casa de Schutzaria, diosa del viento… ¡Por favor dame fuerzas para no devolvérsela a su madre!'
No sabía si la oración había funcionado o solo era mi cerebro a medio funcionar por falta de sueño, pero un par de pequeños brazos me rodearon de inmediato y noté la pequeña cabecita de la bebé frotándose en mi hombro, calmándome de inmediato y llevándome a regresarle el abrazo y sonreír.
¡Era tan pequeña que a veces me aterraba aplastarla si no tenía cuidado!
"¿Dinand feliz?"
"Yo…" la levanté en brazos, pegando mi frente a la de ella antes de soltar un largo suspiro "te agradezco que quisieras peinarme, Rozemyne, pero temo que… son demasiados adornos para mí. ¿Podrías ayudarme a retirarlos?"
"¿Dinand no gusta?"
Su voz desencantada y el pequeño puchero en su rostro me hizo sentirme terrible. La llevé a mi recámara y la senté en la cama, luego tomé el cepillo que usaba para mi propio cabello, así cómo una cesta que le había tejido hace tiempo para guardar sus cosas.
"No es que no me guste, es que no tendré adornos bonitos para ti si me los das todos… y no podré enseñarte otras bestias Fey sin las piedras. ¿Está bien si los quitamos? ¿Por favor?"
Rozemyne soltó un fuerte suspiro y asintió. Lancé un waschen sobre mi cabello y la mayor parte de los objetos cayeron a la cama, quedando los más enredados entre mis cabellos. Esos fueron los que la pequeña me ayudó a retirar. Cuando terminamos, la dejé cepillarme el cabello y sostenerlo para que yo pudiera amarrarlo con mi broche, mostrándole como colocarlo.
Era el mismo broche que ella me había obsequiado tanto tiempo atrás, o mejor dicho, me daría en el futuro, y toda esta aventura le había dado un aspecto menos prolijo de lo que debiera.
Ese día, mientras Rozemyne practicaba algunas sumas sencillas apoyada por sus listones de cabello, destrocé parte de mi ropa de plebeyo para hacerle una muñeca con cabello hecho de hilos de maná porque no tenía otro material para colocarle. Al menos esa muñeca acabó con la mayor parte de nuestros problemas nocturnos. Rozemyne peinaba su muñeca todas las noches y la abrazaba para dormir en su cama, llegando a la mía sólo cuando tenía algún mal sueño que la hacía pararse a buscar a su madre y luego a mí.
Tras casi cuatro meses desde que este salto comenzó, tuve un despertar tranquilo, aun me sentía cansado y falto de sueño, pero pude despertar y preparar el desayuno antes de que Rozemyne despertara. Por lo que me tomé mi tiempo para preparar una buena comida.
La tarde anterior Rozemyne me hizo tocar la canción votiva tras la lección de esgrima, y mientras tocaba y cantaba para ella, decidió practicar los giros de dedicación, por lo que terminó agotada y se durmió apenas acabar de cenar.
Normalmente tenía que leerle varias historias de los dioses antes de que callera dormida, al inicio se dormía a mitad de la segunda, pero desde hace tres semanas comenzó a sentarse en mi regazo y pedir que le señalara las palabras conforme fuera leyendo.
Las últimas dos semanas me hizo repetir las mismas historias una y otra vez. Pensé que quería aprenderlas de memoria, pero los últimos tres días me hizo leer más despacio, haciendo que me diera cuenta de que comenzaba a leer con más fluidez.
"Bien. Debería ir a despertarla ahora."
La soberanía tenia un clima similar a Eisenreich, por lo que con el primer mes de otoño finalizando, era momento de conseguir ropa de invierno.
Rozemyne también estaba un poco más alta, el entrenamiento constante la estaba ayudando, así que necesitaba llevarla para asegurarme de que la ropa le quedara bien.
"Rozemyne, despierta." La llamé moviéndola con cuidado.
"Dinand… buenos días." Saludó bostezando y tallando sus ojitos.
En estos tres meses y tantos que llevaba con ella, conseguí mejorar su habla. Aun existían palabras que no podía decir bien, pero a comparación de su estado cuando llegó, notaba una gran mejora. Si conseguía que siguiera mejorando a este ritmo, podría llegar a tiempo para conocer a su padre.
Sin embargo, 'aún hay algo que me molesta…'
No sabia bien que era, pero algo me tenía inquieto desde algún tiempo. Algo con respecto a Rozemyne. Sin embargo, ya que no podía dormir mucho, ni bien, y sentía mi cerebro como puré la mayor parte del tiempo, no podía dar con lo que era.
"Buenos días, Rozemyne." La saludé de vuelta, "Hoy saldremos a…"
"¡¿Mamá?!"
"No, no veremos a tu mamá."
La niña infló sus mofletes y golpeó la cama con sus puños. Podía verla tratando de controlarse, pero le estaba costando. Si bien ahora se controlaba, sabía que seguía queriendo ver a Seradina…
'Necesito encontrar una forma de que vea a su madre sin que su madre la vea a ella, …y que Rozemyne acepte que no podrán interactuar. Aun es muy impulsiva. Saldrá corriendo a su encuentro y eso no traerá nada bueno.'
"Sé que quieres ver a tu madre, Rozemyne, y me encantaría llevarte con ella, pero todavía no estás lista. Te prometo que volverás a verla." Dije omitiendo que quizás eso pasaría dentro de muchos años.
La observé morderse el labio inferior, aferrar las sábanas y contener el llanto. Sus ojos se veían acuosos y el terrible recordatorio de que esta era una bebé normal obsesionada con los dioses y con su madre me desalentó un poco. ¿Cómo fue que maduró tanto en el tejido que nunca fue? ¿Cómo íbamos a pasar de la bebé frente a mí a la princesa Santa que conocía?
"¿Tienes hambre?" le pregunté con una sonrisa para desviar su atención, "preparé comida divertida."
La noté tratando de sonreír y asentir luego de que limpiara sus ojos con el brazo de su pijama. Le ofrecí mi brazo para ayudarla a bajar y escoltarla doblado casi por la mitad hasta llegar al comedor donde la ayudé a sentarse, sintiendo algo de alivio al ver su carita brillando con sincera emoción ante mi intento de formar la corona de la diosa de la luz con algo de huevo y unas pocas verduras. Me habría encantado prepararle un escudo de Schutzaria con gelatina de frutas amarilla, pero en este momento no existía tal cosa, y no tenía modo de preparar colorantes vegetales que ella pudiera consumir sin peligro alguno.
El día transcurrió con rapidez.
Caligrafía, números, esgrima y algo de modales entre medio de todo aquello, igual que su comida.
Cuando terminamos con sus deberes y comencé a ponerle una capa cruzada, me miró con algo de confusión y luego con una enorme sonrisa llena de ilusión.
"Dinand, ¿vamos a salil?"
"Si, Rozemyne. Vamos a salir un rato."
La desilusión de la mañana parecía haberla distraído de la salida durante sus estudios, pero ahora podía notar lo difícil que le estaba suponiendo quedarse quieta, vibrando mientras terminaba de alistarla y comenzaba a prepararme yo mismo, sus ojos enganchados sobre de mí cómo si temiera perderme de vista o fuera incapaz de ver otra cosa.
"¿Vedemos a mamá?" preguntó al fin, justo cuando estaba por terminar mis propios preparativos. Tuve que pensar muy bien conforme me arrodillaba frente a ella, tomándola de las manos y viéndola a los ojos.
"Tu mamá me pidió que cuidara bien de ti, Rozemyne. Iremos a comprar ropa adecuada para el frío. Veremos a otros niños…"
"¿Y a mamá?"
"… otro día. Te juro, que podrás ver a tu madre… otro día, Rozemyne. ¿Me dejas cuidarte mientras tanto?"
"Está bien, Dinand" suspiró ella y salimos.
Tal y cómo decía la sabiduría, la Soberanía era un ducado más, y cómo tal, poseía una ciudad baja y un barrio noble apartados de la Academia Real. Fue ahí, a una tienda de ropa para nobles a dónde llevé a Rozemyne usando una herramienta de confusión cognitiva para cambiar un poco sus rasgos, el color de su cabello y el de sus ojos. Era una suerte que alcanzara a completarlo a tiempo, puesto que yo mismo debía utilizar una herramienta igual. Nadie debía tener la oportunidad de reconocernos más tarde.
Rozemyne por su parte parecía extasiada desde el momento en que la subí a mi nueva bestia alta con forma de caballo sin alas y durante todo el recorrido por las escazas casas de venta del barrio noble.
Con pesar observé cómo mis escasos fondos se veían disminuidos solo por comprarle dos vestidos que debieron ajustar, ropa interior adecuada hecha a medida, botas y una capa. Por lo menos no debía preocuparme por su ropa de cama, estaba en proceso de terminar varios círculos mágicos que mantendrían una sensación térmica agradable… pero, si no lo terminaba a tiempo, podía cubrir la casa con mi bestia alta. No me sobraba el dinero, pero tampoco tenía la energía como para crear soluciones más elegantes, en mi situación actual, cualquier cosa que funcionara era bienvenida.
Una vez terminados los encargos y agendada la cita para recogerlo todo, fuimos al mercado de la ciudad baja. Para ese punto tuve que cargarla y hacer cuentas de cuánto podía permitirme gastar en víveres. Quería solo aquello que no pudiera cultivar o cazar yo mismo… por supuesto, mis planes de fueron al diablo en cuanto bajé a Rozemyne para inspeccionar frutas en el primer puesto.
Estaba verificando la fruta en lo que la vendedora trataba de convencerme de comprar algunas verduras extras, ofreciéndome incluso un par de muestras para verificar el sabor cuando volteé abajo.
"Rozemyne, ¿te gustaría probar…? ¿Rozemyne?"
Miré a todos lados entrando en pánico, llegando al punto de agacharme para revisar debajo de los puestos antes de comenzar a preguntar a los dueños de los puestos.
"¿Vio una niña pequeña, cómo de esta estatura? ¡Tiene el cabello castaño y ojos naranja!"
Recibí al menos cinco negativas antes de que una niña, posiblemente una aprendiz, señalara en una dirección. Agradecí y seguí preguntando.
Rozemyne se las había ingeniado para escabullirse quince puestos en cosas de nada, y justo ahora, estaba de pie, dentro de un puesto, mirando extasiada algo en un exhibidor.
"¡Rozemyne, ¿estás bien?! ¡¿Qué estás haciendo?!"
"Señor, su hija…" intervino el tendero en cuanto me dejé caer en una rodilla para revisar a Rozemyne.
"¡No es mi hija!" contesté horrorizado. No era un pedófilo incestuoso "Ella está a mi cuidado, Señor."
"Dinand, ¿Qué es eso?"
Seguí la dirección de su dedo y pronto me encontré con un libro real del mismo estilo que los que había antes de que Rozemyne trajera la imprenta.
Las tapas de cuero estaban pintadas de un bonito color azul con relieves aquí y allá marcando las costuras de la espina y la portada del libro. Carecía de incrustaciones de oro o joyas, sin embargo, era posible notar dónde habían estado. El grueso hablaba de un libro ligero para los estándares de Yurgensmith. Quizás cincuenta páginas, treinta si el pergamino en su interior era de baja calidad. De todos modos, no había duda alguna.
"Eso es un libro, Rozemyne. Así es cómo suelen verse."
"¿Puedo velo de celca? ¿Po favor?"
Suspiré sin más. Pregunté al tendero cual era la historia y cuánto costaba. Según parecía, era un libro de un estudiante de Freblentag que estuvo vendiendo las joyas y el oro en otros negocios antes de vender el libro al dueño de un pequeño puesto de cuero. El chico requería medicamentos o algo así había explicado.
"¿Y el precio?" cuestioné sin soltar la mano de Rozemyne para evitar que escapara de nuevo.
"Dos monedas de oro grandes y una pequeña."
Sentí que el alma se me saldría del cuerpo. Hice cuentas de inmediato. Debían quedarnos apenas cuatro oros grandes, uno mediano, dos platas grandes y un cobre.
"¿Me permite mirar el contenido, por favor?"
"Solo un par de páginas." Advirtió el hombre antes de sacar el libro y colocarlo sobre una mesa.
Yo tomé en brazos a Rozemyne para que pudiera mirar, notando como su sonrisa se ensanchaba, sus ojos brillaban y ella comenzaba a temblar demasiado emocionada ante las letras presentando un pequeño bestiario creado para la clase del cuarto grado de caballería de la Academia Real. Los dibujos eran buenos, pero carecían de color. Había descripciones muy precisas, así como anotaciones sobre cómo cazar y que uso dar a los materiales recolectados, la ubicación del órgano de maná y poco más. Parecía el trabajo de un mednoble bastante minucioso y con una caligrafía y una habilidad de dibujo preciosos. Debía haberlo hecho el padre del muchacho que lo vendió. Con la guerra en ciernes, muchas casas estaban cayendo en problemas de dinero. Un libro de hace una o dos generaciones, aún sin el enjoyado, y con esta calidad al interior solo podía incrementar su valor.
Suspiré abriendo el pequeño saco de monedas de mi cadera y le dediqué una mirada de reproche a mi protegida.
'¡No nos sobra el dinero, Rozemyne!' ojalá pudiera explicarle que esto era demasiado caro… sin embargo, apenas nos entregaron nuestra compra, la niña me soltó para abrazarse al libro, demasiado grande para que pudiera siquiera cargarlo de forma adecuada. La mirada brillante y sonrisa de gozo, similar a la que ponía cada que le servía de comer, me hizo creer que, soló porque yo no la solté, no consiguió acercar su boquita al lomo para probar el libro.
Con sus ojos brillantes y acuosos por el exceso de emociones y una sonrisa satisfecha y enamorada, Rozemyne se negó a soltar el libro el resto de nuestra excursión.
Para cuando volvimos a la casa, Rozemyne se quedó tirada en el suelo sobre el libro, acariciando la cubierta y oliéndolo cómo si fuera el perfume más caro y exquisito del mundo, tarareando algo sin atreverse a abrirlo todavía. Eso me dio tiempo a almacenar la comida y preparar la cena sin dejar de planear cómo hacerme con otra lista de materiales que surtir para conseguir dinero y cómo evitar que Rozemyne se me volviera a escapar.
Para la hora de dormir, Rozemyne me convenció de acostarme con ella a leerle su nuevo tesoro. Estaba tan absorta pasando los dedos por la tinta, con sus mejillas sonrojadas, que supe que había sido una inversión valiosa. Tendría que hacerle algunos libros más y quizás crear un estante donde colocarlos para que pudiera tomarlos cuando terminara con sus tareas y estudios… hasta podría mantenerla entretenida de ese modo mientras salía a cazar y recolectar.
Esa noche dormí cómo hacia meses no podía, levantándome con una mente más clara y despejada.
Rozemyne comenzaba a leer, por lo que la idea de conseguirle libros que la impulsaran a leer y estudiar se volvió una más en mi lista de prioridades. Ya que tenia una naturaleza curiosa e inventiva, intentaría recrear o imitar cualquier cosa que leyera.
Yo no tenía dinero para encargar libros de estos temas y comprarlos no era una opción ya que las probabilidades de que existieran eran casi nulas, decidí fabricar los libros por mi cuenta.
No solo era un candidato y próximo Zent, también era erudito y caballero. Podía cazar las bestias por mi cuenta y prepara las pieles para hacer pergamino. Tenía los conocimientos necesarios para crear un libro de la nada y si procesaba bestias fey, podría preparar varias herramientas que me faltaban sin tener que gastar demasiado dinero.
Después del desayuno dejé a Rozemyne leyendo su libro y fui a cazar algunas feybeast. Me tomaría varios días preparar pergamino, pero aprovecharía la novedad del libro y mi inusual golpe de energía para conseguir tantos materiales como pudiera.
Cuando regresé casi era hora de comer, y Rozemyne había alcanzado la mitad del libro.
Mientras preparaba la comida trataba de decidir que era mejor:
Uno. Dejar que Rozemyne terminara el libro completo y salir a seguir reuniendo materiales que pudiera trabajar y vender.
Dos. Decirle que era hora de estudiar y guardar el libro hasta mañana o pasado.
Aun no lo había decidido cuando comenzamos a comer, pero… al ver sus ojitos brillando mientras me hablaba del contenido del libro, me di cuenta que no tendría corazón para quitárselo durante dos días. Dejé que terminara el libro y yo fui a cazar tanto como pude.
La nieve comenzó a caer recordándome el inicio del invierno.
La soberanía pronto se llenaría con alumnos y profesores, lo que me complicaría, por no decir me haría imposible, viajar al ducado inscrito a la soberanía para conseguir lo que necesitara.
Compre comida suficiente y prepare un cultivo fuera de la casa, donde podría cultivar frutas y vegetales usando el bastón de Flutrane si era necesario.
Me apresure a terminar de fabricar mis drones, y los coloque alrededor de la casa. Los estaría usando como cámaras de vigilancia, en parte para asegurarme que nadie se acercara, pero principalmente para evitar que Rozemyne se me escapara. Encerrados durante el invierno notaria más fácilmente si salía, y con la ayuda de los drones disfrazados de aves blancas, sabría inmediatamente hacia donde ir para traerla de vuelta a la casa y evitar que alguien la viera.
También me serviría para vigilar el dormitorio de Eisenreich, sabia por lo que vi cuando llegue, que mi tío visitaba a Rozemyne con frecuencia cada vez que podía y, ya que la temporada académica parecía un buen momento para que la visitara sin levantar sospechas, me asegure de vigilar la entrada del dormitorio.
Necesitaba hablar con él, que me conociera y decirle que le devolvería a su hija cuando fuera el momento, debía evitar que visitara a Seradina, o la madre de Rozemyne se volvería loca buscando a su hija.
Alertar a los nobles soberanos de que alguien pudo llegar a ella durante la noche no seria bueno, se sospecharía de cada noble que visitara la academia y los eruditos incluso podrían sospechar de Aldebarán; si intentaran contactar con el jefe de la familia, mi tapadera se iría al caño, perdería mi fuente de ingresos y no podría crear otro personaje, ya que sospecharían inmediatamente de mí.
Cuando la nieve nos encerró, pasamos los días con relativa calma, a Rozemyne le gustaba jugar en el patio, le enseñe como hacer Shumil de nieve y pronto todo el patio estuvo lleno con los muñecos cuyas orejas eran de hojas que la niña no dejaba de arrancar del árbol en el que estaba su columpio. Solo se detuvo cuando ya no había hojas a su alcance.
A finales del segundo mes de invierno, Rozemyne comenzó a aburrirse, la temporada social en la academia debía estar en su apogeo y los estudiantes de caballería debían estar participando en los juegos de ditter, por lo que salir incluso al patio quedo prohibido.
Sin tener suficientes materiales para hacerle libros, decidí darle acceso a mi sabiduría. En ella habían suficientes historias de dioses como para evitar que se aburriera y siempre podía hacerla desaparecer si no me hacia caso.
Caligrafía, números, música, modales, juegos de gweginen, lectura libre.
Nuestros días eran repetitivos, pero funcionaba. Rozemyne comenzó a mostrar una gran mejora en todo ahora que estaba obligada a estudiar ya que no había nada más que hacer.
Entonces finalmente llego.
El dron que tenia fuera del dormitorio reacciono cuando mi tío salió del dormitorio cerca de la séptima campanada. Iba solo.
Rozemyne ya estaba dormida, así que salí en silencio. Colocando mi capa sobre mi ropa, tendría que usar la oscuridad de la noche a mi favor, para ocultar mi apariencia tanto como fuera posible.
"Adalbert." Lo llame antes de que llegara al palacio.
Mi tío miro alrededor, confundido, cuando sus ojos me vieron se estrecharon con sospecha y enojo. Ya sabia que pasaría, acababa de llamar por su nombre al archiduque.
El archiduque siempre fue débil y enfermizo, pero era un archiduque, al fin y al cabo. En un instante su schtappe era una espada, y su cuerpo se movió para atacarme. Lo mire en silencio, intimidándolo ligeramente antes de que pudiera llegar a mí. Cayo de rodillas al sentir la presión de mi maná.
"No tengo tiempo. Escucha, Adalbert, Seradina a rogado a los dioses para liberar a su hija, para que la niña vuelva contigo. Los dioses me enviaron como respuesta a sus oraciones, pero te lo advierto, no debes contactar con la princesa Seradina, o tu hija no llegara a ti."
"¿Mi hija…?" logro preguntar en un murmullo, pero sus palabras se cortaron antes de terminar la frase, complicándome el entender lo que preguntaba.
"Rozemyne está a salvo y te la devolveré cuando sea el momento." Le informe, pero su rostro no mostraba alegría, sino confusión.
"¿Rozemyne…?"
Solo en ese momento me di cuenta, la niña se llamaba Myne. La estuve llamando Rozemyne todo este tiempo y ella ya respondía por ese nombre, pero eso fue un descuido de mi parte… un descuido ocasionado por los cuatro días que me tomo tranquilizarla.
"Su nombre desde ahora." Continue ignorando mi desliz. "Vuelve a tu dormitorio. Cuando sea el momento te la daré."
"¿Cuándo será eso?"
"Cuando llegue el momento, te contactare."
Pasé a su lado, asegurándome de que viera la capa negra, pero ocultando de su vista la ropa plebeya que estaba usando, y activando el amuleto de Verbergen mientras aun estaba en su campo de visión. Este truco no funcionaría dos veces.
Lo vi dudar unos momentos, pero se detuvo antes de entrar en la barrera del palacio y deshizo su camino hasta su dormitorio.
Para mi alivio, no intentó contactar con la mujer los días que siguieron y Seradina tampoco intentó salir del palacio.
"¿Poque no me enseñas, Dinand? ¡Yo también quielo hacer cosas bonitas con un caldero!"
Estaba terminando de hacer un par de herramientas que vendería a la Soberanía cuando Rozemyne terminó sus tareas de matemáticas y caligrafía. Llevábamos cerca de siete meses viviendo juntos y ahora podía apreciar los frutos de mi esfuerzo.
Rozemyne seguía preguntando por su madre cada varios días, adoraba leer y todavía se me escapaba si no estaba por completo atento o le dejaba alguna salida, sin embargo, la notaba mucho más madura y despierta, aprendiendo cada vez con mayor rapidez.
"Formular no es tan sencillo, Rozemyne y todavía tienes problemas para pronunciar la r. Además, no tengo un equipo de formulación adecuado para ti."
La escuché suspirar y la observé por el rabillo del ojo descansando sus manos y su carita en la mesa, luego de colocar su kit de escritura a un lado para no tirar nada ni mancharse.
"¿Me haces uno?" preguntó todavía en la misma posición.
Yo terminé de formular en ese momento, metiendo la mano al caldero y tomando el producto para examinarlo con ojo crítico. No podía vender algo de excelente calidad y preparar herramientas mágicas al nivel de un archinoble de nivel bajo me estaba dando más problemas de los que pensé. Tendría que deshacer también este aparato y volver a empezar.
Con un suspiro de fastidio le entregué el artefacto a Rozemyne y ella se enderezó.
"¿Más polvo de oro, Dinand?"
"Solo si no estás muy cansada, y siéntate bien erguida, por favor. La hija de un Archiduque no puede recostarse en las mesas aunque esté aburrida o cansada."
La escuché suspirar igual de fastidiada que yo, de igual manera tomó el aparato y comenzó a canalizar maná en él, mientras yo comenzaba a cortar más ingredientes, tratando de que quedaran en pedazos aún más irregulares que antes y pensando de que otro modo conseguir una menor calidad. Si Aldebaran llegaba con algo de un nivel aceptable o superior a un archierudito comenzaría a levantar sospechas, lo que me llevaría a pasar un par de campanadas en una sala de interrogación y, quizás, a ser descubierto.
"¡Dinaaaand, yo también quielo hacer eso!"
No sabía que hacer. Los kits de formulación para niños estaban fuera de mi presupuesto incluso si la venta de herramientas salía bien, y no estaba seguro de tener suficiente para conseguir un kit de segunda o tercera mano y al mismo tiempo tener dinero para comprarle más ropa nueva y algunos alimentos especiales a la niña a mi cargo.
Miré a Rozemyne con la herramienta apenas comenzando a mostrar desgaste. Tardaría todavía unos quince minutos más en deshacerlo, veinte si se cansaba antes.
"¿Por qué no me ayudas a preparar la comida y la cena hoy? ¿Qué te gustaría comer?"
Si era sincero, estar aquí educando a Rozemyne sin asistentes me había llevado a mejorar bastante mis habilidades de cocina y las recetas que me había dado mi madre. Incluso comencé a experimentar un poco para tratar de recrear algunos otros platillos, como los nuggets de pollo o de pescado para que Rozemyne tuviera un poco más de variedad en sus comidas, después de todo, cocinar era en cierto modo parecido a formular.
"Mmmh, no sé. ¿Tallalines?"
Casi me da algo al escucharla. Preparar tallarines era un poco más complicado de lo que se podría esperar. Había que hacer la masa, darles forma y ponerlos a secar al sol por lo menos media campanada para que tuvieran la textura adecuada al hervirlos, el problema era que no nos quedaba suficiente harina.
"¿Te gustaría cocinar algo distinto?" ofrecí luego de pensarlo un momento, apresurándome a explicar al ver su carita cargada de decepción "Creo que podríamos hacer tallarines que no sean largos y planos con otro tipo de masa"
"¿Qué tipo de tallalines, Dinand?"
Miré afuera para darme una idea de la hora. Hervir papas para aplastarlas y convertirlas en puré tomaría al menos media campanada sin una olla de presión. Me tragué un suspiro y sonreí. Estaríamos muy justos, pero era mejor que nada.
"Ñoquis. Son como tallarines, pero se hacen con potatofells y en lugar de ser largos hilos de pasta, son como pequeñas pelotas de almidón."
Rozemyne pareció considerarlo, cómo si quisiera imaginar lo que le estaba describiendo y me sonrió.
"¿Podemos ponerle mehren en cubitos, Dinand?"
Le sonreí más tranquilo, recordando la carne de ave que tenía en una caja bento en ese momento.
"Por supuesto. ¿Te gustarían unas tiras de pechuga también o prefieres pedacitos de ave frita?"
La vi emocionarse, sus ojitos brillantes mientras se tapaba la boca y hacia lo posible por no saltar, respirando cada vez más rápido antes de comenzar a murmurar algo demasiado emocionada.
Yo comencé a poner los ingredientes para la herramienta nueva, colocando un poco menos esta vez y comenzando a remover justo después de agregar un círculo mágico dibujado por Rozemyne, esperando que con esas medidas pudiera obtener una herramienta algo defectuosa.
"¿Tendemos salsa dulce para el ave?"
Asentí y la noté saltar de la silla sin poder contenerse, poniéndose de inmediato en pose de oración y agradeciendo a Coucoucaloura, Shlageziel y a Fortsente por la salsa para el ave. No pude contener mucho mi risa. A pesar de que terminé enseñándole a rezar y agradecer de manera adecuada hace meses, todavía me hacía gracia verla rezando de manera tan espontánea.
"¿Y entonces? Todavía no me respondes, Rozemyne."
"Yo… yo… ¡Me gustan las dos!"
"Lo sé, pero debes escoger una. No vas a poder comer tanto con los gnochis."
La herramienta quedó terminada y de la calidad que deseaba mientras Rozemyne seguía debatiendo que comer. Yo aproveché para preparar una marinada sencilla donde colocar la carne cruda del ave y dejarla en la mesa en lo que colocaba varias potatofells en agua, poniéndolos al fuego. Luego tomé los ingredientes para la catsup y los ingredientes para el Teriyaki falso, colocando ambos grupos frente a Rozemyne.
"No podemos hacer los dos. Si quieres, decide cuál salsa te gusta más. Me ayudarás a prepararla."
Sus ojos se iluminaron y pronto tomó una decisión. Tiras de pechuga.
Para cuando llegó la hora de comer, Rozemyne estaba satisfecha y menos sucia de lo usual. Sus habilidades para cortar, pesar y medir estaban mejorando bastante. Todavía no le permitía que se acercara a nuestra improvisada estufa de leña y ella tampoco intentaba acercarse demasiado… no luego de quemar uno de sus dedos durante el invierno.
"¿Puedo pone la mesa, Dinand?"
Le sonreí asintiendo, luego comencé a preguntarle que íbamos a necesitar a la par que colocaba algunas hojas y flores en una tetera automática que ya tenía el agua a una temperatura adecuada.
"¡Listo, Dinand!"
No estaba muy simétrica ni muy elegante, pero estaba bien si consideraba que era el trabajo de una pequeña de poco más de tres años. Por supuesto le sonreí, frotando su cabello en cuanto se paró frente a mí.
"Muy bien, Rozemyne. Ve a sentarte, te serviré de comer."
"¿Puedo decir la oración para comer?"
"Puedes, solo espera a que me siente también, por favor."
Rozemyne soltó una risilla y fue a sentarse, apoyándose en un banco de madera para poder subir a sentarse con un poco más de elegancia en tanto yo comenzaba a servir la sopa de gñoquis, las tiras de pechuga con salsa, una pequeña ensalada sencilla aderezada con cítricos y colocaba una fuente improvisada con un par de pequeñas torres de hot cakes con fruta.
'Y hasta ahí nos alcanzó el harina.'
Cómo Tetsuo se me hacía un poco innecesario poner tantísimos platos de comida, en especial porque todo lo preparamos entre los dos… cómo Ferdinand, sin embargo, estaba demasiado consciente de que parte de la educación de un Archinoble era esperar varios platos con pequeñas porciones de comida.
Me senté, dejé que Rozemyne hiciera una oración de agradecimiento y le pedí que me hiciera una prueba de veneno y presentara el platillo.
'Mi Rozemyne solía innovar mucho en la cocina. Tiene que saber cómo presentar los platillos además de demostrar que no está envenenada.'
Una risilla divertida emergió de la pequeña Mestionora al otro lado de la mesa y le sonreí.
"Dinand, ¿qué es veneno?"
Me sorprendió un poco la pregunta. Hasta ahora habíamos estado haciendo pruebas de veneno de manera constante durante el último mes… y de pronto caí en la cuenta de que no le había explicado que era el veneno.
"Bueno, el veneno es… ahm… algo que te lastima si lo ponen en tu comida. Te hace enfermar."
"Pero Dinand no puso eso en la comida… yo tampoco puse eso en la comida… ¿vedad?"
Negué de inmediato, tomándome muy en serio su cara de confusión.
"No, Rozemyne. No lo hemos hecho, pero un día vas a vivir con tu padre…"
"¿Aub Eisenleich?"
"Si. Un día vivirás con tu padre, Lord Adalbert, que es Aub Eisenreich, el Archiduque del Ducado del viento. Habrá gente ahí que quiera lastimarte y podría poner veneno en tu comida."
Rozemyne observó su comida con atención, llevando un gñoqui a su boca y masticando de forma contemplativa, sonriendo y comiendo un poco más, limpiando los restos de caldo con el dorso de su mano.
"Rozemyne, usa un pañuelo para limpiar tu cara. ¿No tienes uno a mano?"
"Lo siento, Dinand."
La pequeña se limpió, habló de cuánto le gustaban ahora los gñoquis y me permitió retirarle el plato y colocar el de la ensalada a pesar de no quitarle los ojos de encima a las tiras con carne de ave. El tema del veneno quedó en el olvido y yo comencé a preguntarme si debería ayudarla a comenzar a crear un poco de inmunidad.
Por un lado, podría comprender qué es el veneno, por el otro, me aseguraría de que Gloria no la matara al primer intento. Salvo por las flores que yo mismo planté, no tenía idea de cuántos intentos de asesinarla con veneno cometió antes de que mi yo más joven llegara a su servicio… pero si recordaba cuánto se había enfurecido la perversa mujer al revelar que las doncellas grises y asistentes que envenenaba a Rozemyne morían mientras que mi esposa solo se ponía muy enferma. No tenía idea de si los dioses habían encontrado un modo de aumentar su resistencia al veneno en el tejido que debió ser, pero si sabía que ella iba a tener que comenzar a construir su inmunidad a partir de ahora.
'Tendré que agregar veneno a mi lista de compras, también debería de aprovechar su interés en la formulación. Podría enseñarle a hacer algunas herramientas sencillas… quizás pudiera entrar a mi antiguo salón de clases. Recuerdo que había un almacén con viejos kits de formulación arrumbados junto con algunos materiales. Ahora que lo pienso, necesito piedras Fey de muy alta calidad para diseñar su brazalete de salto. No creo que me falte mucho para descifrar todos los círculos incompletos que me entregó la odiosa de Mestionora… claro que eso me dejaría sin tiempo para presentar las herramientas… podría ir mañana a hacer eso…"
"Rozemyne, tengo que salir un momento después de la comida."
"¿A dónde vas, Dinand?"
"A conseguirte algunas cosas que necesitas. Debes quedarte aquí. Te prepararé un poco de pintura para que puedas adornar el muro de tu cuarto y te dejaré algo de agua para que riegues la hortaliza, ¿está bien?"
"¿Me llevas?"
La miré un momento. Rozemyne ya estaba demasiado acostumbrada a interactuar con plebeyos debido a que yo la estuve llevando a hacer las compras cuando necesitábamos cosas que no podía hacer o conseguir por mi cuenta debido al tiempo que invertía en educarla… a la Academia Real, sin embargo…
"No, Rozemyne. Lo lamento, está vez no puedes acompañarme."
La observé inflar los mofletes y mirar su plato, jugueteando un momento con su último trozo de pechuga sin mirarme o decir más. .
"Dinand, ¿vas a tlaer más tallalines?"
Asentí notándola sonriendo con tristeza y eso fue todo.
Para mí desgracia, no pude llegar muy lejos a pesar de mi amuleto de Verbenger.
Estaba deambulando por los pasillos que llevaban al salón que solía usar para dar la clase de candidatos cuando me crucé con varios eruditos que no paraban de cuchichear. No les estaba poniendo atención, al menos, hasta escuchar algo que me hizo volver sobre mis pasos.
"… no puedo imaginar que vaya a purgar a todas esas flores y frutos para entregarlos a Lanzenave…"
Escuché solo un poco más, entrando en pánico y volviendo de inmediato al campamento para hacer un plan.
Sabía por las clases de historia que hubo una paz temporal cuando el primer príncipe fue asesinado, solo no me había acordado de cuando sería eso. Ahora, según lo que escuché de los eruditos, el príncipe que se encontraba en el trono por el momento estaba planeando purgar y cerrar Adalgiza, entregando todas las piedras fey resultantes a Lanzenave y rompiendo el pacto con ellos.
No podía permitirlo. Sabía por Seradina que les habían dado la oportunidad de salvarse y…
'¡Oh, no! El de la brillante idea también fui yo. ¿Cómo se supone que los salve a todos mientras evito que Rozemyne se escape y se pierda antes de ser devuelta a su padre?'
Debía estar demasiado estresado pensando porque poco después de volver a la casa temporal, Rozemyne comenzó a jalar de mis ropas, mirándome con preocupación.
"Dinand, ¿estás bien?"
No estaba muy seguro de que responderle, así que me fui por la opción de tranquilizarla.
"Lo estoy. Solo un poco preocupado."
"¿Me polté mal?"
La tomé en brazos, dejando un pequeño beso en sus cabellos antes de revisar la hora por la ventana y llevarla a su habitación para comenzar a prepararla para el baño.
"No, Rozemyne. Te has estado portando muy bien. Eres una niña muy buena."
"¿Entonces poque tienes esa línea en la fente? Siempre que Dinand se enoja se le hace esa línea en la fente."
Tomé una pijama y algo de ropa interior limpia. Quizás me veía tan estresado por algo que en realidad no era ella, que hoy decidió cooperar en lugar de ponerme difícil todo el asunto del baño.
"Hay algo que tendré que hacer pronto y no estoy seguro de cómo hacerlo. ¿Crees que puedas ayudarme con mi ropa ese día?"
Rozemyne me sonrió, asintiendo y mostrándose orgullosa conforme la envolvía en una toalla para llevarla al cuarto de aseo.
"Ya sé abochar botones, Dinand y puedo hacer nudos. ¡Y ya sé peinar a Sera!"
Sera era el nombre de su muñeca de trapo a la que, en efecto, ahora le hacía diferentes peinados. Desde colas de caballo hasta trenzas sencillas.
Tragándome un suspiro de resignación la enjuagué y luego procedí a enjabonarla con una esponja, recordándole de subir o bajar los brazos cómo si yo fuera solo uno de tantos asistentes que la ayudarían con esto una vez la entregará a mi tío.
"Supongo que podemos practicar los siguientes días para que me ayudes en lo que pienso cómo proceder."
Por supuesto, apenas comencé a enjuagarse el cabello y a retirarle el jabón, volteó a sonreírme con una sonrisa de lo más alegre y orgullosa.
"Dinand, si lezas a Anhaltaung, ella te dirá que hacer. También a Gleifechan."
Agradecí y seguí con la rutina, cortando el tema para sentarme en su cama a leerle algunas historias hasta que se durmió.
Esto iba a ser un poco complicado. Decidí enviar el dron que vigilaba el dormitorio de Eisenreich al palacio del Zent para que siguiera al tercer príncipe a una distancia prudente para observar y escuchar lo que hacía. Necesitaba saber cuándo aparecerme y conocer su rutina para poderme presentar de manera adecuada. Necesitaba un plan y aunque sabía que los dioses tenían prohibido interferir, les recé a la diosa del consejo y la de la fortuna tal y cómo Rozemyne me sugirió así fuera solo para conseguir un poco de inspiración.
Un paso en falso y no solo morirían las personas en Adalgiza.
