Capítulo 7
Guerra de Palabras y Beneficios


14 de Marzo del año 844

Desierto de Kaze no Kuni, cercanías de Sunagakure

Habían pasado tres días, desde la partida de Jiraiya aquella mañana del 11 de Marzo, cuando salió rumbo a su misión diplomática. Ciertamente no era algo con lo que Jiraiya se sintiera muy animado, ya que prefería estar rodeado de mujeres o escribiendo sus libros Icha-Icha, quizás hubiera sido mejor para él que le pidiesen espiar como de costumbre. Pero también tenía en cuenta que ser emisario y encargarse de esta tarea con una aldea que podría volverse enemiga, no era algo que cualquier persona podía hacer y debido a sus propias habilidades, era casi seguro que regresaría con vida y buenas noticias. Después de todo, era conocido como uno de los Sannin.

Él era considerado una leyenda dado que fue uno de los tres integrantes de un equipo que dio fin a la segunda gran guerra mundial al enfrentar y sostener una batalla contra el que en ese entonces fuese una de las personas o la persona más poderosa del mundo, 'La salamandra' Hanzo. Dando así origen a este apodo -Sannin- que les fue otorgado. Aunque ninguno de los Sannin llegó a Hokage, su fuerza estaba a la par de ellos.

Durante su camino hacia Sunagakure, descansó en varios lugares por los que ya había pasado antes y siempre que podía, aprovechaba el tiempo para escribir alguno que otro capítulo de su nueva novela erótica. Fue entonces que ya teniendo a la vista a la gran ciudad en medio del desierto, el hombre de larga cabellera blanca, traje rojizo y gran porte, fue acercándose a su destino.

Muralla de Sunagakure

Los ninjas apostados en las murallas, no hacían mucho más que vigilar todo el día. Era normal que hubiera días dónde no había nada más que ver que un montón de arena del desierto que los rodeaba ir de un lado a otro con los soplidos del viento. De hecho, era casi seguro que era lo que verían todos y cada uno de sus días, a no ser que se acercasen comerciantes o emisarios. Era igual de normal o casi obligatorio, que muchos de ellos estuviesen completamente cubiertos por vendas o ropajes, debido a la fuerza con la que el sol era intenso en aquellos lugares desérticos. Podrían causarles quemaduras que ciertamente no iban a ser graves, pero que resultaban completamente incómodas y molestas, así que debían evitar cualquier cosa que los limitase en cumplir las órdenes. Las cuales por supuesto eran, custodiar la entrada a la aldea y enfrentarse a cualquier intruso que hiciese aparición.

Sin embargo, hoy fue diferente. Un hombre en solitario con un extraño atuendo rojizo, se acercaba a la entrada, no era que pareciera un enemigo pero ciertamente su atuendo era bastante estrafalario, así que debían estar en guardia, por sí surgía algún tipo de problema. Una vez llegado a los límites, un hombre desde las alturas, se pronunció… Parecía ser el líder ninja del escuadrón que se encontraba apostado acá.

—Identifíquese y diga sus negocios o razones para venir hacia acá—dijo el hombre de rostro cubierto con vendas, de forma clara para que llegase hasta el individuo recién llegado.

—Soy un emisario de Hi no Kuni, enviado directamente desde Konoha. Vengo a discutir asuntos políticos con el Kazekage.

—Diga su nombre— dijo el hombre. Ya sabía que dicha visita llegaría, debido a que días antes un mensaje le fue entregado por parte del líder de su aldea, indicándole que se esperaba a un emisario de Konoha.

—Me conocen como 'El Galante' Jiraiya—dijo el hombre de cabellera blanca con una sonrisa en el rostro.

Muchos de los ninjas apostados en la gran muralla hicieron sonidos de asombro, ya que nunca habían visto a una leyenda viviente y el hombre frente a ellos era uno de esos. Por supuesto, aquellos sonidos cesaron para volver a sus actitudes inquebrantables y el líder de escuadrón, guio al interior de la aldea a Jiraiya, no debía hacerle perder tiempo.

Centro de Sunagakure

La ciudad estaba en su punto más vivaz, ya que era medio día. Los imponentes edificios hechos de piedra rojiza y algún tipo de arcilla o arena, lucían un poco malgastados por el tiempo. Las calles también se veían algo deterioradas así como el ambiente en general, sin duda esta ciudad no estaba en su mejor momento económico. A pesar de todo eso, podían verse comerciantes moviéndose de un lado al otro, algunos de ellos en sus tiendas ofreciendo productos a los distintos peatones que pasaban por los alrededores. Podían escucharse las risas de los niños mientras correteaban y jugueteaban, y los sonidos de algunas madres que acudían para controlar a sus alborotados hijos. También podían verse distintas parejas moviéndose de un lado al otro, tomados de manos. Los negocios de comida desprendían un aroma que llamaba la atención a cualquiera que pasase, tratando de atraerlos hacia las delicatesen que podrían encontrarse allí. Sunagakure no podía estar pasando su mejor momento, pero sus habitantes parecían sobrellevar la situación y el lugar desprendía cierto ambiente de felicidad.

Jiraiya iba junto al guardia que le recibió en la muralla y luego de caminar por una hora, por fin pudieron llegar a la que parecía ser la torre del líder de la aldea. El Kazekage, Rasa no Sabaku.

Un vocero se había adelantado al par, para hacer saber de la llegada de Jiraiya a la aldea y así preparar una cómoda bienvenida que hablase sobre una buena situación dentro de la aldea, aunque eso podría parecer una simple fachada. Sin embargo, eso no incomodó al hombre de cabellera blanca, quién disfrutaba de una buena atención, aún más cuando se trataba de hermosas mujeres.

Sala de Reuniones, torre del Kazekage 15 de Marzo del año 844

Luego de una noche de descanso, lo cual necesitaba Jiraiya, este día se iba a discutir sobre todos los asuntos pendientes con el líder de la aldea, en especial, aquello en lo que había hecho énfasis su maestro y también líder de aldea, Hiruzen, que era mantener el tratado de paz y alianza con la aldea en dónde se encontraba, así que actualmente todo recaía en sus manos y él lo sabía, pero se sentía capaz, después de todo, era la persona más calificada para dicha tarea.

Al entrar a la sala de reuniones, pudo ver a un hombre de piel bronceada, de pelo rojizo, casi como la sangre y ojos profundamente oscuros. Portaba unas vestimentas oscuras, bajo su respectiva gabardina con el Kanji que lo identificaba como el líder de la aldea, el Cuarto Kazekage. En la parte trasera de la silla, podía verse la pequeña forma escondida de lo parecía ser su sombrero concerniente como dirigente de una aldea.

—Bienvenido, Jiraiya-dono—dijo respetuosamente el Kazekage.

Jiraiya tardó un rato en contestar, ya que se estaba acercando al escritorio y una vez se posicionó frente a frente con una silla tras él, hizo una leve reverencia.

—Buen día y disculpe la tardanza, Kazekage-sama—respondió el hombre de cabellera blanca.

Luego de que Rasa hiciese un gesto para que tome asiento, los dos hombres se encontraban mirándose y estudiándose el uno al otro. Eso era algo normal en las negociaciones, ya que era común que el cuerpo traicionase a su portador cuándo éste mentía u ocultaba algo, dándose como ejemplo, la vena carótida sobresaltada, al igual que las venas de la sien, en los lados de la cabeza, también se podía notar en la respiración, en el tiritar de una pierna nerviosa o el simple hecho de maniobrar con las manos sin sentidos, con el fin de relajarse.

Sin embargo, ninguno de los dos tenía emoción alguna y podía verse como una partida de póker entre dos profesionales en la final, que se jugaban el honor, el orgullo y la fortuna de ser reconocido como el mejor.

—¿A qué debemos su presencia? —dijo con cierta malicia en su voz, Rasa.

—Me han enviado para discutir los asuntos de la alianza de nuestros países. Todo esto debido a la falta de informes sobre el estado de su aldea, contribuciones, entre otras cosas. El Hokage gustaría saber las razones.

—Pues la razón es simple. No tenemos interés alguno en mantener relaciones actualmente con Konoha—respondió sin interés ni emoción el Kazekage.

—¿Podría saber los motivos? —preguntó respetuosamente Jiraiya.

—Actualmente nuestra aldea presenta algunas dificultades económicas y mantener la alianza con su aldea, no las mejora—respondió a secas el dirigente.

Jiraiya pensó durante un rato sobre qué responder, ya que la verdad no entendía en gran medida la economía, por lo que debía escoger correctamente sus palabras.

—Sin embargo, las ventajas militares aún siguen presentes. Konoha siempre ha estado dispuesta a pelear a su lado, contra un enemigo en común —dijo Jiraiya tratando de persuadirle.

—Eso es innegable, sin embargo, por ahora tiempos de paz nos rodean y teniendo en cuenta que no hay grandes amenazas actualmente, esos méritos, pasan a ser deméritos de cara a las situaciones económicas que presenta Sunagakure. Esta alianza le ha hecho perder musculo financiero a nuestra ciudad debido a los convenios entre los Daimyo. Compartir clientes para misiones no ha sido nada beneficioso, la gran mayoría prefiere viajar por días hasta Konoha para contratar ninjas en lugar de hacer su petición a la fuerza militar de esta nación. El Hokage lo sabe y no ha hecho nada por evitar esa desproporción de clientela. Así que no me venga con su falsa preocupación cuando has estado perjudicando directamente nuestras arcas.

—Entiendo esa postura Kazekage-sama, pero, no sabemos cuánto tiempo dure esa paz y si una guerra estallase, Konoha sería un aliado enorme para Sunagakure. ¿Cómo puede estar tan seguro de que esta paz se mantendrá así? —preguntó Jiraiya en un afán de hacer hincapié en la respuesta anterior.

—Puede ser que no lo sepamos, pero actualmente los intereses de mi aldea son más prioritarios que una alianza sin méritos económicos— dijo el Kazekage tranquilamente.

—¿Podría entonces un nuevo tratado económico resolver nuestros asuntos y diferencias? —preguntó Jiraiya con interés, llegando a un punto muerto que podría solucionarlo todo.

—Podría ser, sin embargo, nada me asegura que una reforma a nuestro tratado sea más beneficioso para mí que para ustedes, además… No es algo que un solo hombre pueda decidir, por lo que quedarme a la espera de una decisión por parte de Konoha podría tomar meses. Tanto tiempo causaría desdicha para Sunagakure. Así que no, no queremos un nuevo tratado —respondió Rasa dejando caer su brazo derecho sobre el reposabrazos. Este asunto parecía finiquitado.

Jiraiya en este momento se encontraba perdiendo un importante juego de ajedrez, Rasa había sido muy firme en su postura y obtención de beneficios, haciendo entender que su posición en cuanto a romper los tratados con Konoha, era algo inevitable. Tardó varios segundos que en realidad parecían horas, mientras encontraba una manera de solucionar esta desventajosa situación que en el futuro podría traer varios problemas a Konoha. Antes de siquiera poder responder algo, un temblor azotó la torre, como sí de un ataque enemigo se tratase y múltiples pasos podían ser escuchados a través de los pasillos, dirigiéndose al lugar dónde ellos dos se encontraban discutiendo.

Tocando la puerta y esperando la aprobación del Kazekage, para poder continuar, un grupo de Shinobis entro y se dirigió hacia Rasa.

—Kazekage-sama, otra vez ha pasado —dijo uno de los hombres, haciendo referencia a algo que Jiraiya no entendía del todo.

—Bien, en un momento voy —dijo Rasa sin mucho interés ni emoción.

—¿Podría saber qué sucede? —preguntó Jiraiya, entrometiéndose.

El Kazekage le dio la espalda a su invitado al momento que salía de la sala, sonriendo sin que Jiraiya lo notase.

—Sígame —dijo Rasa.

Luego de caminar un rato, habían llegado a una planta diferente del edificio, dónde se hallaban varias puertas a los lados de un corredor y de los cuáles una enorme cantidad de chakra hacía presencia.

Jiraiya podía sentir dicha presencia y sentía preocupación, sin embargo, el Kazekage parecía no inmutarse ante ello, como sí el problema que se presentaba fuera el pan de cada día.

¿Qué puede azotar con tal poder un edificio como este y mantener a su líder de aldea tan tranquilo? Por supuesto, no vocalizó dicho pensamiento y sólo continuó caminando.

Una vez que llegaron a una puerta, dónde la presencia de gran cantidad de chakra al parecer estaba contenida, Rasa dio la orden de que se abriera la puerta.

Allí en el suelo de la habitación se encontraba un niño llorando, desesperado y con un aura naranja casi de un tono rojizo rodeándolo, como envolviéndolo y cubriéndolo y podía verse en una cola que salía de dicha forma.

Jiraiya abrió los ojos con interés, como sí una solución caída del cielo se le hubiese presentado. El Sannin gracias a la información del pergamino que se le fue entregado, tenía conocimiento de que esta aldea poseía un Jinchuriki, sin embargo, no tenía idea de cuán inestable estaba y el poder que podría terminar usando para arremeter contra su propia ciudad. Además de ello, en el suelo lo detallo un poco mejor. Era un niño de cabello rojizo, con ojos celestes tan profundos y vacíos, que parecían perder toda su brillantez y emoción, cómo sí su alma estuviese refugiada y perdida.

Sus párpados eran completamente oscuros, tan negros que quizás podrían confundirse con el morado, debido a la falta de sueño que el niño poseía. Era tal la inestabilidad, que seguramente el pequeño niño vivía atormentado y desconsolado por no poder dormir y no poder controlar el gran poder sellado en su interior.

Y al Kazekage, no parecía importarle mucho. Lo veía sin emoción, como sí no le importase la situación en la que se encontraba. Desde la entrada de la habitación y sin voltear, el Kazekage se dirigió a Jiraiya.

—Este es mi hijo, Gaara —este anunció sorprendió a Jiraiya, por la forma tan fría en la que se refería a su hijo—y cómo puede ver, es el contenedor del poder de uno de los Bijuus que alguna vez azotaron nuestro mundo con su inmenso poder. A Gaara lo convertí en el Jinchuriki del Ichibi—explico Rasa de manera tranquila, como si del clima estuviese hablando.

—Disculpe mi atrevimiento, pero… ¿Por qué nadie ha hecho algo para arreglar esto? —dijo Jiraiya, fijándose en el daño mental que parecía sufrir el niño.

—No hay ningún ninja dentro de esta nación que sea eficiente en el Fuinjutsu y que sea capaz de arreglar el sello contenedor, por ello hemos dejado que sea él quién se adapte a ello y algún día sea capaz de controlarlo.

Luego de ese comentario, aquella oportunidad que se le pasó por la cabeza a Jiraiya, ahora brillaba más que nunca. Ciertamente de entre los tres Sannin, él era el menos inteligente desde pequeño, pero también era rotundamente cierto, que sus años de experiencia en combate, negociaciones y diversas misiones, lo habían hecho muy perspicaz y le resultaba difícil creer la tranquilidad que se encontraba en las palabras del Kazekage, pero tampoco tenía pruebas que refutasen dicha actitud, así que no lo cuestionó. Por ello decidió dar voz a lo que en su interior se arremolinaba como hecho para cumplir su misión sin problemas.

—Kazekage-dono, ¿Estaría dispuesto a aceptar mantener la paz y alianza con Konoha sí yo arreglo el sello contenedor? —preguntó Jiraiya, tanteando el terreno.

Rasa tardó un tiempo en responder. Era conocido por ser un hombre sumamente frío, pero en ese momento sonrió.

Todo había ido de acuerdo a sus planes. Mantener en espera al emisario. Mostrarle la situación dentro de la aldea. Comentarle acerca de los problemas que estos tenían. Y luego manipularlo con el desate de Gaara.

Rasa había manipulado a Jiraiya con el fin de que dijese estas palabras como única opción de solucionar el rechazo a la alianza con Konoha, esto con el fin de fortalecer su nación, ya que sí Gaara no podía controlar a la bestia en su interior, tendrían problemas a futuro dónde seguramente Gaara arremetería contra todos, incluyendo su misma aldea. Aunque a Rasa le daba completamente igual ese hecho, ya que no tenía interés alguno en las inútiles vidas de muchos de sus ciudadanos, todo lo que le interesaba era fortalecerse militarmente y dejar de ser considerado como el líder de la nación más débil entre las seis grandes. Alguien incapaz de tener absoluto control sobre su arma definitiva, sobre su Jinchuriki.

—Ese es un buen trato—respondió finalmente Rasa, sin dejar notar su supremacía en su voz por haber concretado un plan tan excelentemente planificado y ejecutado.

En este momento, Jiraiya y por ende toda Konoha, con Jiraiya como su representante, habían sido manipulados por una sola persona y sus decisiones.

No tenían muchos problemas económicos y era sólo una forma de cuestionar los méritos de la alianza, así como la excusa de la paz, ya que estaba tan tensa que era muy probable que en cualquier momento explotase otra guerra.

Y ante Rasa, los problemas de poder, se estaban solucionando con su perfecto plan.

Sala de reuniones, Torre del Kazekage 17 de Marzo del año 844

Luego de aquel espectáculo que generó orgullo dentro de Rasa, al día siguiente el emisario de Konoha había pasado varias horas preparando lo que sería el arreglo del sello de Gaara.

Según sus conocimientos, no esperaba que dicha técnica requiriese tanta preparación, pero era entendible, debido a la gran cantidad de poder que contenía el Bijuu. Rasa junto a un par de sus lacayos de confianza, observaron todo el proceso sin inmutarse, mientras Jiraiya daba vueltas y vueltas dentro de la habitación, escribiendo garabatos y símbolos con sangre, los cuales formaban sellos.

Luego de un par de horas, todo estaba listo, así que solo había que hacer las poses de mano correcta, así como gastar una considerable parte de su chakra, inyectando sus yemas de los dedos con gran poder con el fin de arreglar dicho sello.

Fue así que el niño sin ropa en su parte superior y tumbado, casi como noqueado, fue arremetido con un gran chakra el cual quemaba su abdomen, mientras el sello consumía todas las escrituras que rodeaban al chico. Era un acto con muchas luces y poder desplegado, pero siendo que era necesario, Rasa y sus hombres observaron sin intervenir ni cuestionar las decisiones del reconocido ninja frente a ellos.

Después de acabar el proceso, Jiraiya había dicho que Gaara necesitaba descansar para reponer las fuerzas que le habían consumido el arreglar el sello. Y esa noche por primera vez en varios años desde su conversión en Jinchuriki, Gaara había podido pasar una noche tranquila de sueño, lo que trajo calma a muchas de las personas que lo custodiaban, a sabiendas de que posiblemente, él acabaría con sus vidas sí perdía el control. Fue entonces que a la mañana del día siguiente, Jiraiya volvió a reunirse con Rasa, para discutir últimos detalles.

—Bienvenido nuevamente, Jiraiya-dono— dijo Rasa igual que antes, sin emoción alguna.

—Buen día, Kazekage-Sama. ¿Gaara pasó bien la noche? —preguntó con algo de preocupación.

—Todo está bien y agradecemos tu ayuda, ahora… —dijo Rasa estirando su mano con un gesto de que tomase asiento— Respecto al trato.

—En efecto —dijo Jiraiya tomando asiento—el trato era que una vez arreglado el sello, la paz y alianza entre nuestras aldeas sería mantenida.

—Tu parte del trato fue cumplida, así que sería vergonzoso de parte de toda nuestra aldea fallar en dicho trato.

Jiraiya se puso de pie para inclinarse de forma respetuosa.

—Agradezco su entendimiento y cumplimiento del trato.

Rasa extendió su mano, la cual amablemente aceptó Jiraiya y con un buen apretón que daba por hecho que dicho trato estaba concretado y completo, Jiraiya dijo lo que tanto ansiaba.

—Kazekage-dono, creo que ya es hora de que me vaya. Agradezco mucho su atención y continuación de los tratados entre nuestras aldeas y países—dijo respetuosamente el hombre de cabellera blanca mientras se levantaba.

—Fue un placer tenerlo por acá, enviaremos nuestros respectivos informes en unos días, por favor, hágalo saber a su superior— dijo Rasa conforme.

—Así será, con su permiso—dijo Jiraiya saliendo de la habitación.

Luego de un rato, Rasa celebró dentro de sí mismo. Una vez que todo estaba hecho, no había razón alguna para no mantener el tratado con Konoha, a quiénes había manipulado de forma exitosa, haciendo que fortaleciesen su aldea, arreglando el sello de su hijo, Gaara. Muy pronto, Kaze no Kuni dejaría de ser conocida como la nación más débil.

Capítulo escrito por: Diego A. Perdomo