Capítulo Cinco: Just Another Girl
Disclaimer: Los personajes, por supuesto, no son míos, son de Stephanie Meyer, pero la historia, sí lo es.
Querido R., ayer encontré tu tesis de doctorado, y no pude evitar notar que, a diferencia mía, en tu dedicatoria no hay un solo atisbo de mi presencia en tu vida.
Pero aquí te dejo esta dedicatoria, es tuya. Como tuya son las felicitaciones por haber conseguido tu posgrado y tener junto a ti a tu pareja, Lucy.
Aunque no quiero que se te olvide que, un doctorado no te quita lo tarado, ah, y sí, también quiero que te vayas a chingar a tu madre.
Hay ocasiones cuando, se suele pensar que la vida no te puede tratar peor de lo que ya te está tratando. Sin embargo, no es bueno desafiarla, porque, cuando menos te lo esperes, ésta encontrará la forma de demostrarte cuán equivocado estabas al pensar eso. Hay una canción que dice que "Golpe a golpe, verso a verso" y que se va haciendo camino al andar; y efectivamente, así es. Pero también, si hay algo que también se debe de tener presente, es que la vida jamás va a perder la oportunidad de dejarte en el piso con cientos de moretones. Pero, ahí no termina la cosa, pues lo que ignoras es que, el destino es el fiel compañero de la vida, así que él va a estar allí, preparadísimo para ayudarle a la vida a romperte la cara, todo esto mientras que Dios se ríe de ti en la cara.
La mejor prueba de que tengo razón sobre mi teoría, es que, a un día después de haberse suscitado la despedida de nuestros protagonistas, el abuelo de Bella falleció.
A ver, algo que quiero que quede claro es que, ella jamás ha tenido una buena relación con, bueno, nadie de su familia. Ni paterna, ni mucho menos materna. Pero, a la familia del lado paterno, Bella les tiene un lugar reservado dentro de su indiferencia. No voy a ahondar mucho en ello, solo diré que, los traumas son tan profundos que hasta hay una historia pendiente. Después te la compartiré, pero no ahora, porque me temo que el coraje aún no ha pasado, y no me gusta manchar mis escritos con mis lágrimas. Te pido una disculpa lector por decirte mucho sin mencionar nada, pero es que, me hice la promesa de que la única deshidratación que voy a tolerar, es la provocada por vino.
No obstante, el deceso de su abuelo hizo a recordar a toda la familia que hay algo que nadie puede eludir, la muerte. Es por eso que, gracias a los indescifrables -y a veces, hasta intransitables- caminos que la vida hace para nosotros, consiguieron que, inmediatamente al otro día de haber terminado todo entre nuestros protagonistas, Bella se viera envuelta entre los arreglos funerarios y aves de carroña, a los cuáles se vio forzada a llamarles "tíos". Completamente sola, y sin tener a quién llamar.
Gracias a que, y aunque resulte ser una verdad difícil de aceptar en pleno siglo XXI, es que, la sociedad sigue perpetuando la idea de que es una atrocidad que una mujer este soltera. Se nos dice que ese, es un destino al cual hay que temerle. Algo completamente indeseable. Porque, si le llega a pasar a alguna, significa que tiene algo malo en ella. No te engañes, para la sociedad, la mujer siempre va a ser el problema. Porque no es solamente que se nos enseña desde la más tierna infancia que no somos nadie sin un hombre a nuestro lado. También, el permanecer soltera, da a indicar que no fuimos lo suficiente, en cualquier ámbito, para retener a un buen hombre. Sí, recalco lo de "hombre", porque, si de igual forma, no eres heterosexual, para la población masculina más inculta, retasada e involucionada, significa que es porque, seguro o eres muy "histérica" para ellos, o simplemente no has tenido sexo con el hombre indicado. Todos estos prejuicios se terminan basando en la premisa de que, si no tenemos a un hombre junto a nosotras, nadie nos va a "hacer mujer", no seremos esposas, ni muchos menos, la única razón de la existencia de las mujeres para estas personas; madres. No importa que nosotras nos identifiquemos como mujeres, así hayas nacido con una vagina o no; si un hombre no viene a hacer el trabajo de etiquetarnos por lo que él cree que somos, entonces simplemente, no podemos ponernos la etiqueta por nuestra cuenta. Nuestra identidad depende completamente de su perspectiva, no de la nuestra.
Lo más triste de estas reglas lector, no es que su vigencia sigue hasta nuestros días. No, mi querido lector, lo verdaderamente lamentable es que, en algún momento, cualquier mujer fue cautiva de dichas reglas. Bella no es distinta. Aunque despreciaba saberse retenida por ellas, eso no evitaba que el sentimiento de inferioridad de no haber sido suficiente para un hombre, la inundara en situaciones como esa, y para ese entonces, no sabía cómo nadar a la superficie. Por lo que, solo se dejaba arrastrar por la corriente, sumergiéndose en sus peores miedos mientras permitía que sus entrañas se llenaran de esa agua de pesadumbre, ahogando sus pensamientos positivos, corroyéndolos de esa esperanza tóxica de que eventualmente, si esperaba lo suficiente, un hombre la escogería para acompañarse mutuamente por el resto de sus vidas.
Si tú igual te has sentido igual, déjame decirte que es perfectamente comprensible, y no, no te hace menos feminista, si es que te consideras una. Es normal que, al tener que vivir estas situaciones difíciles, llenas de miedo y traumáticas; nos deseemos enfrentar a ellas con una pareja a nuestro lado. Porque es un sentimiento muy humano desear la compañía, y no lo digo yo como escritora, lo dicen los múltiples estudios que se han hecho al respecto. El ser humano es un ser sociable, no fuimos creados para estar solos. Pero, algo que nuestra protagonista desconocía, es que no se debe de confundir con que la única esperanza de tener compañía es mediante relaciones románticas. Ella vivía ofuscada por la idea de que la única persona que iba a estar a tu lado, era, y, como se creía heterosexual en ese entonces; un hombre.
Pero a su lado no había nadie, y Bella tuvo miedo.
Porque el día en el que recibieron la noticia, no había nadie para hacerle compañía. En el funeral tampoco, y en el del entierro, menos. Tuvo que pasar esos días observando como su madre consolaba a su padre, y a su hermano siendo consolado por su novia. Pero ¿ella? Permaneció por su cuenta, mientras que el miedo se iba colando en sus heridas aún frescas, dejando que se le infectaran poco a poco, siendo consumida por la idea de que estaba viendo un atisbo de lo que sería su destino. Estar sola mientras recogía los pedazos de ella misma. Astillándose con cada pieza levantada de sus maltrechos sentimientos, prometiéndose que ella podía curarse por su cuenta, que tendría el valor de echar a sus heridas el antiséptico, sin importarle cuanto escocía.
Pero el miedo es una infección muy difícil de curar. Tómate un shot aquí lector, porque a veces, necesitamos ir a un doctor especializado para poder sanar aquello que no pudimos hacerlo por nuestra cuenta. Sin embargo, nuestra protagonista decidió que no era necesario, siendo una clara red flag de su parte. Aunque, sin querer justificarla, simplemente diré que no lo hizo porque estaba aterrorizada del dolor que iba a sentir al curarse sus heridas. Así que es por eso que tomó la peor decisión: Dejar sus heridas en paz, pensando que las infecciones se llegan a curar con el poder del amor. Esta es la verdadera razón por la que tomó la siguiente decisión, una que, con el afán de cambiar un poco la narrativa de este fic, voy a dejar que nuestra protagonista te la narre:
"Estaba en el exterior del restaurante que me había contratado durante las vacaciones de invierno, escribiendo en la pizarra el menú de ese día. Tan sumida me encontraba en la tarea, que ignoraba a los peatones y autos, mismos que transitaban por la calle sin ninguna prisa y sin fijarse en mí. Después de todo, aún era temprano por la mañana. Los niños seguían disfrutando de sus camas calientes, y los adultos ignoraban cualquier restaurante, porque, como eran los primeros días del nuevo año, la comida que había quedado de las fiestas previas seguía siendo disfrutada entre cálidas reuniones familiares.
Por eso sabía que no íbamos a tener muchos comensales. Además de que el clima no ayudaba, ya que el viento frío aún calaba en los huesos, y el hielo no estaba nada cercano a derretirse. Sin embargo, eso no iba a impedir que hiciera un cartel llamativo, intentando atraer a cualquier turista incauto que aún se encontrara vagando por las calles de nuestra pequeña ciudad. Al quedar satisfecha con mi trabajo, pobremente realizado, cabe decir; me di la vuelta para dirigirme al interior del local.
Ese fue el instante en el que supe que estaba siendo observada. Pese a que esto debió de haberme alertado, en mí, solo había cabida para un sentimiento, el deseo. Pues me sentí anhelante de quedarme dentro del campo de visión de esa persona. Mientras me volteaba lentamente para encarar de quién, instintivamente, ya sabía que era el dueño de los ojos cuya mirada tenía fija en mí, no pude evitar sonreír soñadoramente. ¿Cómo no podría reconocer su presencia en cualquier sitio? Si podría describir todos los tonos de verde que esconde en sus ojos, así como reconocería el aroma que solía describir como "fresco" emanando de él; sabía de quién eran esos brazos, porque sabía que se sentía tenerlos rodeando mi cuerpo, apretándome contra su pecho, mientras mi cabeza reposaba sobre aquella pequeña cicatriz a la que le gusta disfrazarse de lunar.
Mi cuerpo no pudo haberse movido ni un centímetro de aquella persona, así como no puedes huir de un destino al que conoces tan bien. Porque, incluso hoy, dudo que pueda huir de Él.
No era casualidad aquel encuentro fortuito ¿verdad? No podía serlo, porque, estando frente a él, tan deshecha, tan rota, tan sola; pensé que nuestro reencuentro debía tener escondido algún significado, uno que, en ese momento, me quedaba muy claro. Tenía que volver a mí. Era obvio que la vida me estaba diciendo que ese era el hombre hecho para mí. Necesitaba hacer algo para lograr regresar a sus brazos. Estaba resuelta a hacer lo que hiciera falta, pelear con uñas y dientes, aguantar el peso de cientos de culpas sobre mis hombros, decir lo que quisiera escuchar; pero, mi cuerpo permaneció inmóvil y de mi boca solo logró salir un "¿Quieres ver nuestros especiales del día de hoy?"
Y Él, esbozando una sonrisa cómplice, viéndome fijamente a los ojos, me respondió: "Seguro, pero ya sé que es lo que quiero"
Mi corazón latía desbocado, y, aunque podría haber jurado que pasaron horas mientras los dos nos veíamos fijamente, el momento no llegó a durar si quiera unos escasos minutos. Porque, como siempre, caímos en las trampas que al Tiempo le gusta jugarnos; y, pese a que los físicos aquí me dirían que solo es la teoría de la relatividad haciendo acto de presencia, a mí nadie me quita la idea de que lo que pasó en verdad es que, por unos segundos, el Tiempo mostró su cara real, dejándome ver que es una deidad caprichosa, con un sentido del humor retorcido y cierta afinidad por el dramatismo. Pero eso no evitó que tuviéramos que salir de su trampa, y seguir cada uno con su camino.
Al verlo marchar lentamente, con pasos inseguros, supe que nuestro "adiós para siempre" había encontrado su final. Es por eso que, cuando recibí una carta instantánea a las pocas horas en dónde me decía que se había equivocado, y me pedía perdón por haberlo hecho; no me extrañó en lo más mínimo, y, ¿quieres saber un pequeño secreto, lector? Lo perdoné ahí mismo. Pequeñísimo dato que, por su puesto, le omití completamente, porque si hay algo que soy, es dramática; y no se lo iba a poner tan fácil.
Así que mi respuesta fue que, si en verdad quería mi perdón, debía de pedírmelo cara a cara. Quería que me pidiera perdón en persona y no a través de una carta, en dónde jamás puedes ver ni escuchar los sentimientos del otro. Lo hice así, porque, honestamente, aunque lo había perdonado instantáneamente, quería ponerlo a prueba. Para esto, debes de saber que, el día en que todo esto ocurrió fue un viernes, y él regresaba a Vancouver el domingo, por lo que el sábado sería un día ajetreado. Además de que no lo creía capaz de dejar de hacer todo lo que tuviera que hacer solo por irse a disculpar conmigo.
Imaginarás cuál fue mi sorpresa al verlo al otro día.
Mi corazón se detuvo al verlo sentado en una banca afuera del restaurante, con la mirada baja y sus manos en sus piernas. Parecía ser la viva imagen de cómo debe lucir un hombre que está arrepentido de sus acciones. Nunca supe si esa postura fue planeada. Puede que sí, porque ahora sé que Él nunca hace nada sin meditarlo antes; pero en ese sábado por la tarde, aquella idea jamás cruzó por mi cabeza. Lo que suele ocurrir cuando, dejamos que las emociones obnubilen a la razón. En esa corta caminata que hice para llegar hasta él, mis pensamientos se resumían en uno solo: Ese hombre que estaba sentado en la banca; el de cabello largo y ondulado, con su pequeño diente chueco sobresaliendo ligeramente al verme y esbozar una sonrisa, era el amor de mi vida, y junto a él, la soledad no sería más que un concepto lejano y ajeno a mi vida.
Cuando escuché sus disculpas, con el calor de su cuerpo junto al mío, pensé que ese era el antibiótico que necesitaba para que mis heridas sanaran. Me sentí completamente curada cuando sus labios volvieron a estar en los míos. Así que, ¿cómo no iba aceptar pagar el precio de su afecto, sin importar lo mucho que me fuera a costar? Él era mi antibiótico, mi cura, mi amor; y, ¿qué es un poco de alergia a la penicilina, en comparación a una vida conmigo como mi única compañía?"
El amor romántico es una enfermedad muy peligrosa lector. La idea de que haya una emoción que "todo lo puede y todo lo resiste", en donde se te insta a "aguantar todos los golpes que te den, porque si me lastima, me quiere" solo por tener en mente que "el amor siempre gana", es peligroso. Cuídate de los opioides, de las drogas del tipo "A", sobre todo, de la llamada "amor romántico", porque si no eres precavido, te termina consumiendo, nadie queda exento a la hora de librarse de sus peligros. Porque, lector, quiero que se te grabe muy bien en la memoria lo que te voy a decir: para que haya una relación tóxica "semi-funcional", se necesitan de dos personas. Ahora, no creas que con esto estoy excusando a los feminicidas, golpeadores, violadores o acosadores; y no, tampoco estoy culpando a la víctima por no poder salir de una relación abusiva, hay límites para mi pasada oración lector.
Mira, no te juzgaría si, para este punto, crees que, nuestra protagonista y su interés romántico carecen de sentido común y un poquito de cerebro por creer que todo se iba a solucionar a partir de haber vuelto… y déjame decirte que tienes toda la razón. No voy a venir a justificarlos, solo voy a intentar dar sus razones para poder llegar a entenderlos. Porque ¿cómo es que pudieron "funcionar" por tanto tiempo? ¿cómo es que cayeron en ese bucle de irse para solo para volver una y otra vez, durante (alerta de spoiler) seis años? La respuesta es sencilla, no podían estar sin el otro. Puedes llamarlo como te apetezca, amor o dependencia, ya que no sé si alguna vez haya habido una diferencia para mis protagonistas entre estas dos cosas.
No obstante, este es el punto de declive. Su regreso fue su condena, es lo que sellaría su historia y marcaría su ruina. Cuando volvieron al otro lo hicieron sin percatarse de que, habían estado de acuerdo en caer hacia un precipicio sin haberlo discutido jamás. Como todo enamoramiento, se aventaron a una caída libre, (no por nada se dice "falling in love" en inglés). El problema nunca fue ese, sino, como se aventaron cada uno, y en la sutil diferencia que hay entre volar y caer.
Pues verás, mientras que Bella quería ir sujeta de la mano de Edward para volar juntos. Sin nunca tener que preocuparse por el frío suelo que le esperaba allá abajo, cuando la gravedad inevitablemente les alcanzara. Ella se concentró exclusivamente en el vuelo, pensando que, el impulso les sería suficiente para una vida, sin detenerse a meditar que, era sumamente agobiante el trabajo que se requería para mantenerlo. Edward, por otro lado, siendo alguien que ya había sufrido varias caídas, estaba enfocado en el impacto que iba a recibir. Por eso es que quería caer solo. No quería tener la responsabilidad de tener la mano de alguien más entrelazado a la suya, en caso de que hubiera algo a lo que sujetarse momentos antes de recibir el golpe. Deseaba salvaguardarse él, dejar que el suelo la encontrara a Ella de forma brutal. Sin embargo, ninguno quiso perder de vista al otro.
Así que sí, volvieron a hablar. Pensando que, en el otro habían encontrado una forma de disipar sus más grandes miedos. Pues en Ella, Edward había encontrado el amor incondicional que siempre había anhelado recibir. El cuál no terminaba por sentirse tan merecedor como para poder corresponderlo de igual forma, pero tampoco, lo suficientemente insuficiente como para alejarse por completo. En Él, Bella tenía a su confidente, un acompañante, alguien que estaba para animarla a seguir, pero nunca para ser un elemento que sofocara su necesidad de ser libre.
Entonces, te estarás preguntando ¿verdaderamente se amaban mis versiones de Edward y Bella? No lo sé lector, te lo dejo a tu infinita sabiduría. Porque aún hoy, después de haber hecho incontables metáforas, escrito cientos de páginas, y miles de palabras, carezco de la palabra final al respecto. Lo que te puedo contar es que, desde ahí, el apodo que Edward le dio a Bella, fue "Reina". Pues, según le comentó, para Él, eso era lo que Ella era. ¡Qué tristeza ser solamente la Reina de alguien que, para ti era su Mesías! Pero si algo saben hacer las mujeres desde hace siglos, es vivir de migajas.
Con estos cambios, la vida continuó. Pasando la semana que duraron separados, sin ver atisbos del mundo entero cambiado a raíz de esto. Edward marchó a Toronto el domingo, y Bella se quedó en Forks. Ambos estaban centrados en sus proyectos personales, él con su maestría en física de partículas, y nuestra protagonista estudiando el segundo idioma. El único cambio real que había traído consigo el año nuevo, era la ansiedad que los exámenes de admisión para la universidad le provocaban. Esto era así, por los requisitos que debía tener un candidato para poder aplicar, ya que primero tenía que pasar un primer filtro, un examen del segundo idioma, para después hacer el general.
Aunque se la pasaba estudiando diario, Bella no se sentía lista para enfrentarse a este primer examen. Ella hubiera preferido hacer los exámenes hasta las últimas fechas posibles, para tener un mayor margen de tiempo para estudiar todo lo que pudiera, por desgracia, sus deseos no se alineaban a las expectativas que su familia le había dejado saber. Esto lector, es algo fundamental que entiendas, con la finalidad de entender la forma de actuar y ser de nuestra protagonista. Las expectativas que tenían en ella sus seres queridos, y lo mal que le hacían a Bella, porque, sus mayores temores giraban en torno al miedo de nunca ser suficiente, a ser un fracaso.
Dichos miedos eran alimentados, de forma indirecta muchas veces, por sus propios padres. Para ambos, sus hijos tenían como obligación ser "los mejores". Inculcándoles desde la más tierna infancia esta hambre por, no solo competir, sino, ganar el primer lugar. En su familia no había indeseables segundos lugares, ellos eran una familia de personas sobresalientes. En sus sueños, solo debía de existir la posibilidad de ser los mejores, los más exitosos. Ser modelos a seguir, pero nunca dejar la posibilidad a quién decidiera seguir sus pasos, de superarlos.
Nuestra protagonista nunca llegaba a cumplir con dichas expectativas.
Por ejemplo, para su madre, Bella debió de haber sido su reflejo. Físicamente más atractiva que su madre, más alta, inteligente y femenina. Una perfecta futura esposa, una futura madre cariñosa. Sin embargo, Reneé se olvidó de que, la condena de ser madre de una niña, es que, un día, irremediable, tu hija se volverá una mujer. Lo que no previó, fue que, con la llegada de la adolescencia de su hija, la rebeldía decidió hacerse su más fiel compañía. Bella siempre ha sentido un profundo deseo de ser libre, con lo que dice, siente, con las decisiones que toma, al escoger a quién amar, hombre, mujer, humano. No le importa. Mucho menos le importa con quien comparte su cuerpo, en la forma que ella decida. Todas estas ideas, por su puesto, va en contra de lo que le enseñaron a Reneé, que, habiendo sido criada bajo una secta cristiana extremadamente prohibitiva, sus ideas tendían a ser lo que se considera que son las ideas de 1800, anticuadas. Pero esto no evitaba que Reneé quisiera inculcarlas a su hija, llevando las cosas a tal punto que, en una funesta ocasión, permitió que su hermano una vez le llamara "Puta" por usar un brillo rojo que Reneé le había pedido a Bella que se quitara.
Su padre, Charlie, es otra historia. Para él, su hija es su corazón, su luz. Sin embargo, esto solo hace más difícil la crianza. No tengo dudas de que siempre ha querido lo mejor para Ella. Pero a veces, lastimamos a las personas que más amamos, pensando que, nuestras necesidades son iguales a las de ellos. Su hija siendo tan emocional, y él siendo tan incapaz de vivir sin racionalizar sus emociones. Charlie deseó que Bella sobresaliera en todo lo que hace, porque así, tal vez el mundo podría verla por un instante como él la ha visto desde que la sostuvo en sus brazos por primera vez. Pero jamás se detuvo a pensar que esos deseos estaban asfixiándola lentamente. Que su hija se la pasaba llorando en las noches sin saber cómo podía pedirle a su padre que bajara sus expectativas para no defraudarlo.
Para su hermano, otro era el cristal con que la miraba. Bella es la menor, la inmadura y, por ende, como nos lo dictan los prejuicios, ella era la hija egoísta, vanidosa, y que jamás se preocupa de otra cosa que no sea ella. De acuerdo a él, nuestra protagonista es la que pudo escoger una carrera "por diversión", porque él ya se había sacrificado por la familia, escogiendo algo que sí iba a traer dinero; pese a que Emmett siempre quiso estudiar la carrera que estudió. Así mismo, pensaba que la presión que sus padres ejercieron en Bella, nunca fue comparable a la que él sufrió. Además de que era él el que debía de ser sensato, tenía que ser su protector, hasta de ella misma. Su hermano siempre consideró que su papel en la vida de su hermanita, era el de un padre. Porque creía que el que tenían, nunca sería lo suficientemente duro como para llamarle la atención, no a Bella, no a su favorita. Sin ver que todos estos roles autoimpuestos, solo eran ocasionados por el dolor que le provocaba no ser el primer lugar en algo.
Lector, algo que aborrezco, es a las personas escogiendo un lado. Aquí no se te ocurra hacer eso, por favor. Lo anterior fue escrito pensando en que necesitas contexto, no un bando. No quiero despertar el odio hacia su familia, porque su único pecado ha sido el de ser profundamente humanos. Bella también los ha lastimado, no es una persona tan buena que, después de su muerte, va a ser beatificada. Nadie lo es. No voy a villanizar a su madre, porque sé que, su mayor miedo, era que alguien lastimara cualquier parte de su hija, incluyendo su reputación. Teniendo en mente lo peligroso que es que a una mujer se le ponga una letra escarlata en su pecho. Su padre, en cambio, siempre ha querido endurecer a su hija, porque, si una lanza le atraviesa el corazón a su hija, el suyo también dejaría de latir. Por último, su hermano, es del tipo que, si un día se necesitara donar cualquier cosa para su hermanita, él sería el primero en la fila para hacerlo. La familia es complicada lector, la de nuestra protagonista no queda exenta de eso.
Pero, pese a que pueda parecer lo contrario, no, no se me ha olvidado que este es un fanfic romántico… O algo así. Aunque, no se te olvide, que también es dramático, y, lo cierto aquí, es que nuestras relaciones románticas no son otra cosa que el reflejo de nuestras carencias, traumas, anhelos y sueños de la infancia. He ahí el centro de todo nuestro problema. Porque debo de destacar que, Emmett y Bella no son, si no los lados de una misma moneda, basados en la crianza que les dieron sus padres. Para su hermano, la vida es una competencia. No hay fracaso que se vaya a permitir. Él cree que, a la vida solo se viene a buscar el éxito, en el amor, relaciones sociales, trabajo, bienestar económico; porque si no, no eres nadie.
Para Bella, el fracaso ha sido su amigo íntimo desde la infancia. La condena de nuestra protagonista se resume en solo llegar a ser "buena", pero no la "mejor". A lo mejor, es la condena de los hermanos menores, nunca ser los primeros, vivir a la sombra de alguien que ya lo ha hecho antes, y mejor. Si el éxito nunca ha abierto la puerta cuando se le ha tocado tantas y de forma tan desesperada, a lo mejor es porque nunca ha sido merecedor de conocerlo. Ella añoraba saber qué se siente ser escogida por primera vez en algo, ser la mejor, ver sus sueños cumplirse, e ilusamente, consideró que el entrar a la universidad le garantizaría poder saborear el éxito, aunque sea una vez.
El examen fue en marzo, específicamente el 17.
Bella tuvo que trasladarse un fin de semana a Toronto para poder realizarlo. Como su hermano ya llevaba un tiempo viviendo ahí, el plan fue quedarse en el departamento de su hermano, que compartía con su novia. Lo malo del viaje era que, no iba a poder a ver a Edward. Su hermano seguía ignorando la existencia de su relación, y Bella no conocía a nadie más en esa ciudad, así que no tenía una excusa que fuera lo suficientemente convincente como para poder escaparse por unas horas. Sin embargo, lejos de molestarle, esto era extrañamente calmante, porque así, nuestra protagonista podía concentrar sus nervios únicamente en el examen que iba a presentar.
El viernes 17 de marzo llegó, y como acompañante a la universidad, Bella llevó a su excuñada, sus miedos y la presión de las expectativas que todos sus conocidos tenían en ella. Tan agobiada se sentía por llevar todo ese peso, que en ningún momento consideró que era buena idea portar también con los conocimientos del idioma en el que iba a ser su prueba.
Cuando llegaron al edificio en dónde sería el examen, ella iba absorta en sus inseguridades, caminando por un pasillo que parecía no dejarla llegar al salón en dónde se enfrentaría a su destino. Fijando su mirada en el piso que parecía no haber sido limpiado en un tiempo, entró al salón, esperando que llamaran su nombre para indicarle en donde se iba a sentar. Escuchó atentamente las indicaciones del profesor que iba a impartir la prueba, impaciente por empezar a contestar la prueba. Pero, cuando por fin le dieron luz verde para comenzar, al leer la primera pregunta, Isabella no le entendió a nada. Su mente estaba en blanco, como si jamás hubiera visto una sola palabra en francés.
Aquel día fue el día en dónde nuestra protagonista permitió que, frente a Ella, sus miedos entraran en una guerra sin cuartel a sus sueños.
Ese día no hubo supervivientes, lector.
¡Hola!
Espero que alguien siga por aquí, sé que me tardo mucho entre capítulo y no puedo prometer que esta vez sea diferente, porque el siguiente capítulo va a ser difícil, pero sí de algo esto segura, es que no me voy hasta que no termine con esta historia.
Me han pasado mil cosas (como buena escritora de fanfics), y entre ellas, bueno, un golpe que, aunque esperado, es doloroso. En fin, espero que hayan disfrutado este capítulo la mitad de lo que yo disfruté The Tortured Poets Department.
Nos leemos pronto
