LA FOTO

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Era una tarde tranquila en el parque, donde el sol comenzaba a teñir el cielo de tonos cálidos y la suave brisa acariciaba suavemente las mejillas de los paseantes. Entre risas y charlas, se podía divisar a una pareja de jóvenes sentados en un banco.

Nami, vestida con un top negro que resaltaba su figura y una sudadera color mostaza que le daba un toque informal, miraba a su alrededor mientras sostenía la cámara con firmeza. Sus tenis blancos con detalles naranjas le daban un aire fresco. A su lado, Luffy se encontraba completamente absorto en su comida. Con su saco rojo y pantalón corto negro, sus medias negras y zapatos rojos hacían que resaltara aún más su energía desbordante. La gorra amarilla mostaza adornada con una calavera y un sombrero de paja completaba su look despreocupado. En sus manos sostenía una hamburguesa jugosa en una mano y un vaso de refresco en la otra.

—¡Luffy! ¡Por favor, concéntrate un momento! —dijo Nami, con un tono de frustración que apenas podía ocultar.

—. Solo necesitamos una buena foto y después puedes seguir comiendo.

Luffy levantó la vista, con un trozo de pan aún atascado en su boca, lo que lo hacía ver aún más cómico. Con los ojos brillantes de felicidad por la comida,

—Pero... ¡esto está delicioso! —intentó tragar rápidamente, la hamburguesa —. Toma la foto después.

Nami suspiró y lo agarró del saco de su chaqueta, acercándolo más a ella. Su expresión era una mezcla de exasperación y ternura.

—¡Vamos, Luffy! ¡Solo necesito que te comportes un poco! ¡Es nuestra oportunidad de tener una foto genial juntos!

Luffy miró a su novia con esos ojos grandes e inocentes que siempre lograban derretirla. Sin embargo, volvió a desviar la mirada hacia su hamburguesa como si fuera un tesoro perdido.

—Pero... ¿y si alguien se la lleva mientras me distraigo? —preguntó Luffy con sinceridad, mientras tomaba otro gran bocado.

Nami no pudo evitar reírse ante su lógica absurda. Sabía que convencerlo no sería fácil, pero estaba decidida a lograrlo.

—Te prometo que si tomas la foto ahora, después te dejaré comer todo lo que quieras —dijo Nami tratando de usar su mejor argumento. Luffy hizo pucheros mientras pensaba en ello. La idea de perderse más comida lo atormentaba visiblemente.

—¿Y si me distraigo?

Pregunto nuevamente. ¡No puedo dejar que eso pase! Nami se acercó más, tratando de ser persuasiva mientras le daba un pequeño golpe juguetón en el brazo. —¡Solo mira a la cámara! No es tan difícil... ¡Y luego prometo que podemos hacer lo que quieras! Finalmente, Nami tuvo una idea brillante. Se acercó aún más y susurró: —¿Y si... te doy un beso después de la foto? Los ojos de Luffy se iluminaron.

—¿Un beso? —preguntó emocionado, olvidando por completo sus preocupaciones sobre la comida. Nami sonrió al ver cómo cambiaba su actitud tan rápido. Aprovechando el momento, se inclinó hacia él con una mirada traviesa.

—Sí.. solo si te comportas y tomas la foto conmigo. Luffy sonrió ampliamente, ya muy convencido.

—¡De acuerdo! Pero solo porque es un trato especial... ¡y porque me gustan tus besos Nami! Con esa motivación renovada, Luffy se enderezó en el banco e hizo una pose exagerada con los brazos extendidos hacia los lados mientras Nami levantaba la cámara nuevamente.

¡Perfecto! Ahora sonríe...La risa llenó el aire mientras Luffy hacía gestos ridículos para hacer reír a Nami justo antes del clic final de la cámara. En ese instante mágico, capturaron no solo una imagen sino también un recuerdo lleno de diversión y complicidad entre ellos.