Hace más de un siglo, en un hospital de Japón nació un bebé brillante. Tal anomalía llamó la atención de muchos científicos y médicos. Y a partir de allí muchos niños empezaron a nacer con algo que solo se podía adquirir en los cómics, poderes. Ya fuera hielo, fuego incluso provocar terremotos, los poderes o metapoderes, como los llamaban en aquella época, empezaron aparecer desde el nacimiento a los veinte años. La sociedad tuvo que adaptarse a este fenómeno y en esos años el 80% de la humanidad tenía algún metapoder.
Si es una historia increíble, lo lees en un libro de historia que ha sido alterado para que las personas con poderes se vean bien. Lo que no contaron fue la discriminación, el abuso y el asesinato a estas personas que provocaron terror a la sociedad en sus inicios. Las metahabilidades no eran bien vistas, de hecho pasaron al menos cien años para que la sociedad empezará a aceptarlas. Pero en los primeros años el mundo estaba en caos.
En aquel tiempo existió un hombre que podía robar y transferir metahabilidades con solo tocarlos, era conocido por querer cambiar a la sociedad y por su muy peligrosa presencia, pero aún así, tenía varios seguidores que apoyaban sus ideales y al poco tiempo el empezó a gobernar Japón desde las sombras así como al resto del mundo, los hoy en día conocidos como villanos le reverenciaban cada vez que lo veían. Por otro lado, muy pocos de la resistencia que había en su contra. Algunos usuarios de metapoderes no estaban de acuerdo con los métodos y la crueldad a la que ese hombre sometía a la humanidad. Fue una batalla sangrienta, de eso no había duda, sobre todo cuando el grupo de rebeldes terminó por llevarse al hermano menor del rey demonio.
Pero no es nada fácil. Al poco tiempo el demonio los encontró y mató a su hermano traidor. Y el grupo de reveles tuvo que esconderse de nuevo. Sus números fueron reduciéndose con el paso del tiempo, pero al final el líder fue vencido y el caos se desató a pesar de que su segundo al mando logró sobrevivir y seguir con la lucha. El demonio odiaba a ese hombre, él había sido el único que aparte de su hermano había sobrevivido muchos años desafiando; para él, ese hombre era la causa de que su hermano menor muriera.
"Si estás buscando a Yoichi señor demonio, se ha ido. Tú lo mataste". Esas fueron sus últimas palabras antes de morir a manos del demonio.
Después de eso, desesperado, el villano buscó por todas partes algún descendiente de aquel hombre, todo aquel que estuvo en contacto con el líder de la resistencia fue masacrado, mujeres y niños sobre todo. Muchos tomaron está acción como algo fuera de lugar, pero el demonio tenía razón en temer, sobre todo cuando logró localizar a la única mujer que lo vio.
Corrió por las calles destruidas de lo que alguna vez fue Kyoto, hace algunos días algunos seguidores del villano la habían localizado a unas prefecturas de distancia, desde que el líder había muerto todos tuvieron que dispersarse para no ser localizados y hace algunos meses el que alguna vez fue el segundo al mando, los convocó para volver a la lucha, solo que ella no podía hacerlo, no en la condición en la que se encontraba, le era difícil continuar, el huir siempre fue la primera opción y el antíguo líder se lo dijo cuando dió la orden de esparcirse y esconderse. Miró al bulto entre sus brazos, y no pudo evitar dejar salir las lágrimas que había estado acumulando a lo largo de los meses que llevaba huyendo, no se suponía que las cosas terminarán así, en vez de estar escondiéndose deberían estar sonriente y festejando que un nuevo miembro se integraba al grupo por muy pequeño que fuera.
Sus compañeros de equipo estarían consintiendo a su bebé y el líder estaría haciendo muchas inconforme con las payasadas del grupo así como el sublider estaría intentando calmar la situación. Era una fantasía en su cabeza, algo que nunca ocurriría ya que estaba bastante segura que el líder a pesar de su lado bondadoso no estaría nada feliz de que una bebé estuviera en un lugar tan lleno de sangre y muerte, así como su equipo no estaría para apoyarla.
Todos habían muerto. Todos excepto el segundo al mando.
"En la situación en la que estoy solo te causaría problemas", dijo por la radio cuando el sublíder la llamó. Acarició su vientre abultado con algo de pesar, las últimas semanas habían sido difíciles dado que se le hacía muy difícil movilizarse.
"Pero necesitamos de tus habilidades", él fue serio al hablar. "No sé en qué situación estás pero All For One está moviéndose y es necesario que todos regresen a la base."
"¿Crees que no lo se? ¡Ha estado mandando a sus subordinados a matar a toda mujer y niño que estuvo cerca de Kudou!", el miedo la carcomía, si descubre lo que le había pasado y lo que habían hecho podría poner en riesgo a todos los rebeldes y no sería justo que por querer seguridad arriesgará la vida de los demás. "Bruce, él está enfurecido, con suerte escapé del otro distrito, mató a tres de nuestras compañeras y algunos niños, realmente… Bruce, él no se detendrá hasta que mate a todas las que alguna vez nos involucramos con él, no le importa si fuimos subordinadas o si solo ayudamos a los rebeldes, él nos matará. Y la verdad no quiero que encuentre el refugio y nos mate a todos."
"Entiendo, sé lo difícil que tiene que ser para ti, yo también la pasé mal porque el líder falleció, no te obligaré a regresar pero ten en cuenta que siempre tendrás un lugar en nuestras filas si quieres volver."
"No creo que logré llegar a fin de año Bruce", ella fue sincera, algo que sorprendió un poco al hombre al otro lado de la radio. "La situación es peor de lo que parece y ellos me están pisando los talones y posiblemente ya no pueda seguir escondiéndome sin luchar, por lo que te pido que si a fin de año yo no me comunico conmigo, destruyas está línea de comunicación, All For One tiene una especie de habilidad para rastrear mediante la radio si está cosas cae en sus manos los encontrar."
El silencio se extendió por los dos lados de la línea provocando nervios en la joven. "Esta bien. Lo haré. Pero más te vale sobrevivir."
"Lo intentaré."
Esa fue su última conversación.
Ahora se encontraba corriendo por su vida y la de su bebé. All For One los había encontrado en un almacén que irónicamente él pertenecía, ella y su maldita suerte tuvieron que huir de nuevo a la s calles, tuvo que destruir la radio, romperla y quemarla todo sin antes comunicarse con Bruce y decirle que lo sentía y que destruyera la radio, todo para que su llamado desesperado terminará cuando aplastó el aparato con una roca y después con alcohol y un cerillo le prendiera fuego, reduciéndolo a sólo una plasta que no tenía cómo salvarse.
Su perseguidor no tardó en alcanzarla y atacarla con una de sus muchas habilidades provocando el despertar de la pequeña que anteriormente dormía.
"Si me entregas a la niña, tú vivirás", ofreció el hombre algunos años mayor a ella.
"¿Enserio crees que te entregaría a mi hija solo para salvarme? ¿Qué clase de persona haría eso?"
"Mucha gente en realidad. Las demás parecían muy conformes con aquella propuesta."
"Pero aún así las mataste."
"Si, aquellos niños no merecían tener unas madres tan crueles."
"Creo que tú definición de crueldad es muy diferente a la de la humanidad."
"Si, tal vez", sonrió con burla al ver qué la menor lo atacaba con su telequinesis, a pesar de encontrarse débil por el parto ella le estaba dando una batalla entretenida, no podía compararse a la sangrienta y cruel que tuvo con Kudou pero tampoco podía pedir mucho dado que la persona que tenía el poder de su hermano posiblemente se encontraba en ese bebé que cargaba en brazos.
La pelea no fue la gran cosa, fue más como el juego del gato y el ratón. Algo que lo está cansando, tomando en cuenta que lo único que quería era recuperar lo que en un inicio era suyo. Tenía que tener a esa niña en sus manos, podía sentir la sangre de ese sujeto corriendo por cada parte de su cuerpo y a pesar de la distancia podía notar aquel cabello tan característico que le hacía hervir la sangre.
Y fue cuando cometió el error.
Un error que dos siglos después le costaría su reinado del mal.
Ella no estaba sola. Tenía un compañero con ella.
"¡Ahora Kai!", con aquel grito, un hombre adulto salió de uno de los callejones y disparó hacia la menor que se encontraba recostada entre las sábanas en medio de la calle. El villano soltó un grito furioso que terminó con la vida de los dos contrincantes y de la mitad de la cuadra.
Miró el lugar donde en algún momento estuvo la infante, no había nada, su rabia se extendió por todo Japón unos días después cuando se expandió la noticia que dos integrantes de la antigua rebelión habían fallecido y que el bebé de la joven estaba desaparecido.
A los pocos rebeldes que quedaban les había sorprendido la noticia de que su antigua compañera tenía un bebé. Sobre todo a Bruce quien podía darse una idea de quién era ese infante pero aun así no estaba del todo seguro, pero al menos le alegraba saber que esa pequeña vida todavía se encontraba en alguna parte y con mayor razón tenía que acabar con este conflicto.
Lastima que tuvieran que pasar muchas décadas solo para tener una ventaja que no les duraría mucho.
Era fin de año cuando todo ocurrió. Las dos familias se encontraban paseando por las calles de Kyoto. Después de los nacimientos de los dos pequeños de cada familia había acordado reunirse para celebrar que tenían nuevos integrantes. Las dos madres, amigas, miraron con ternura a los dos niños que no dejaban de jugar entre ellos, parecían estar muy concentrados en el otro que todo lo demás era ignorado. Bakugou Katsuki y Midoriya Izuku se habían hecho amigos desde que el último seguía en el vientre de su madre, ¿Y como lo sabían? Bueno era algo bastante fácil dado que el menor de los Bakugou hacía reaccionar al pequeño que aún no nacía, provocando muchas risas y buenos momentos.
Y claro, cuando Izuku tuvo meses de nacido los dos no pudieron evitarse, las tardes de juego eran regulares y los dos hacían todo juntos. La pareja de la mujer rubia sonrió al ver la escena, le gustaba ver como su hijo interactuar con alguien de su edad, al principio estaba aterrado de que Katsui le hiciera algo a Izuku ya que desde que nació pudo ver que tenía esa personalidad tan explosivo idéntico a la de su madre, pero sorpresivamente había sido un poco más tranquilo al lado del peliverde que no dejaba de emocionarse cada vez que el rubio ceniza le ponía atención así como jugaba con el.
Pero aun así estaba algo preocupado, desde el nacimiento de Katsuki, se les había informado que no podrían a volver a tener hijos algo que los entristeció sobre todo a Mitsuki pues ella soñaba con tener una familia numerosa, pero aquello no era posible, el embarazo había sido arriesgado a pesar de que sus Quirks eran compatibles, por poco pierden a su hijo solo por un cambio de hormonas.
Por otra parte, Katsuki e Izuku estaban entretenidos mirando los grandes edificios iluminados. El cielo nocturno era un gran espectáculo para ellos y a pesar de que podían sentir el frío, sus cabezas estaban más enfrascadas en mirar los anuncios donde pasaban a los héroes de la ciudad que estaban visitando. Era la primera vez que veían todo aquello, se habían acostumbrado al calor de sus hogares así como lo tranquilo y solitario que eran sus cunas cada vez que estaban solos por lo que se emocionaron al ver a toda esa gente recorrer las calles así como las luces que adornaban la ciudad. Los dos balbuceaban incoherencias, al menos para los adultos, pero ellos podían entenderse perfectamente, pero su "conversación" terminó cuando escucharon algo muy familiar. Ambos voltearon hacia el callejón a su izquierda, el llanto que habían escuchado provenía de allí, la desesperación y el dolor que transmite terminó por hacer llorar al menor el dúo seguido del rubio quien no soporto ver a su compañero llorar.
"¿Que sucede Izuku?", preguntó su madre, Midoriya Inko, que al igual que su hijo tenía el cabello verde y los ojos del mismo color, cargó al bebé entre sus brazos intentando que calmara su llanto.
"¿Qué te sucedió mocoso? ¿hiciste llorar a Izu-kun?", preguntó la mujer rubia mirando con cierta burla a su hijo quien ya no lloraba de tristeza sino de reproche, por lo que decía su madre, todo para ser callados por un tercer llanto que terminó por llamar la atención de los adultos.
Masaru, el padre de Katsuki, se acercó al callejón donde provenía aquel ruido, solo para encontrarse entre la nieve un pequeño bulto que se removía inquieto. Se acercó lo suficiente para ver qué se trataba de un bebé cubierto de aquella tela verde manchada de un reconocible líquido rojo. Aquello asustó al hombre por lo que la tomó en brazos y regresó con su familia y amiga. Las dos mujeres al ver lo que traía en brazos se acercaron alarmadas y los tres dispuestos terminaron yendo al hospital más cercano.
"¡¿Quién demonios dejaría a una niña en la nieve?!", se quejó Mitsuki, intentando que la menor entrara en calor, estaba pálida y mostraba leves signos de hipotermia.
"No lo se, si no fuera por que la oímos, posiblemente hubiera muerto", Masaru, intentaba controlar a su hijo quien se encontraba inquieto al igual que el otro infante, los dos se habían alocado un poco al ver a alguien de su edad.
Aparentemente.
"¡Maldición! ¡¿Dónde está ese médico?!", sus gritos alarmaron a varios de los enfermeros y especialistas que se encontraban en la sala de urgencias algunos se habían alarmado e ido a buscar al médico en turno, pero muy pocos se habían atrevido a acercarse temiendo que la rubia mujer descargara su enojo en ellos.
"Tranquila Mitsuki, el Doctor ya está aquí", señaló al hombre que llegaba con prisa junto a otras enfermeras, tenían mandas y muchas otras cosas.
"¡Dejenla en la camilla!, cambiaremos su ropa, ha de estar mojada y el clima no ayuda mucho", dijo el hombre preparando algunas mantas gruesas para la menor. "Aika, necesito que utilices tu Quirk para regular su temperatura, no dejaremos que esta pequeña muera en fin de año."
Tanto las enfermeras como el médico se movían de un lado a otro internado atender a la pequeña, que ahora se encontraba en la incubadora. Masaru se mantuvo un poco alejado de su esposa y amiga, las dos se encontraban atendiendo a los dos bebés que habían estado intranquilos, ninguno de los cinco espero pasar el el fin de año de esta manera, pero no se arrepentía, ya que estarían salvando a un inocente de las garras de la muerte. Gracias al poder de la enfermera, Aika, lograron estabilizar el calor corporal de la menor sin causarle daño, la arroparon y limpiaron y con una jeringa tuvieron que darle leche; hicieron estudios mientras un policía nada feliz llegaba al hospital, Tsukauchi Naomasa, era un detective que se había interesado en el caso en el momento que en que mencionaron las condiciones en las que se había encontrado la menor, resaltando la parte de la ropa manchada de sangre. Le había pedido al hospital analizarla así como hacer los estudios para identificar a la menor como a la familia de esta.
Grata sorpresa se llevó junto a la familia que la niña tenía al menos unos días de nacida y que su nacimiento no estaba registrado en ningún hospital, así como descubrir que la manta que la envolvió resultó ser un chaleco antibalas de una marca que ya no estaba en el mercado, de hecho era bastante vieja como para que por poco no encontrarán un registro, tuvo que entrar a la base de datos de los militares para eso.
"Esto es… extraño", dijo Tsukauchi, al ver que su base de datos le arrojaba un resultado fuera de lo común.
"¿Qué sucede?", preguntó Inko al ver la cara de consternación del oficial.
"Es solo que… Los resultados que me arroja el sistema son referentes a hace doscientos años", Naomasa, volvió a mirar su computadora para verificar que no estaba alucinando, pero algo no cuadraba, el bebé era sin duda una niña pero el único indicio de paternidad se remontaba a un hombre y a una mujer de nombres desconocidos. "Ha de ser un error del sistema, a veces pasa, sobre todo con bebés", la mujer rubia estuvo de reprochar. "Es debido a su edad, antes era fácil localizar a los parientes, pero con la llegada de las peculiaridades el sistema tuvo que cambiar debido a que a veces arroja varios resultados. El sistema me marca a un hombre y a una mujer pero no hay certeza de que sean ellos. Posiblemente tampoco su familiar esté en el sistema."
"Entonces lo más seguro será esperar hasta que aparezca su peculiaridad", comentó el doctor que se encontraba en la habitación, tuvieron que aislarse para no llamar la atención de los pacientes. "Será más fácil reconocer al familiar si se muestra algo relacionado con ellos."
"Si, si hubiera algún villano o algún civil con aquella peculiaridad sería más fácil localizarlo. Pero también cabe la posibilidad de que sea una mutación y no lograremos encontrar nada. Cómo quiera estaré alerta a cualquier problema y cuerpo que se encuentre en los próximos días, la sangre no es de la menor por lo que posiblemente hay alguien herido."
"Le agradecemos su ayuda detective."
"No hay problema. Les avisaré si hay algún avance, pero tienen que decidir qué harán con la menor."
"Posiblemente esté algunos días más aquí", el doctor revisó los estudios que tenía en mano, había muchas cosas que tenían que hacer debido a que posiblemente la menor había nacido en circunstancias poco favorables. "Necesitamos hacerle más estudios para asegurarnos que todo esté en orden."
"De acuerdo, eso está bien, mientras tanto se llamara a servicios sociales para que se encarguen de ella." el detective escribió algo en su correo llamando a una de sus compañeras para que ayudara. "Mi compañera vendrá dentro de unos días para checar el avance."
"Entonces, ¿eso será todo?", preguntó Masaru al ver al otro hombre guardar sus cosas.
"Si, no podemos avanzar mientras la niña no despierte su Quirk por lo que cuando esté en óptimas condiciones será llevada a un Orfanato hasta que encontremos a algún familiar que la reclame", el hombre ya sabía a dónde se dirige la pregunta no podían mentirle, pero quería ver hasta donde llegarían para obtener a la menor.
"Esta bien, nos mantendremos en contacto detective", el oficial se despidió de las familias y el medico y salio de la habitación. Mientras tanto, el doctor mandó hacer algunos estudios a la menor mientras esta se encontraba dormida en la incubadora, el calor que la envolvió había terminado por hacerla dormir. "Se quedó dormida apenas la metieron allí."
"Después de todo lo que pasó en las últimas horas, es lo de menos. Así nos ayudará hacer los estudios más fácilmente", el médico suspiro algo cansado, lo fueron a buscar al quirófano antes de ir a ayudar a la infante.
"Es increíble lo que los niños pueden hacer", mencionó Masaru colocando a Katsuki al lado de la pequeña. "Para ellos es una desconocida y estaba triste."
"¿Es por esto que estaban llorando?", preguntó Inko sonriendo al par de bebés que no dejaban de removerse a los lados de la menor. Estos se movían intentando acercarse a la más pequeña y brindarle su poco calor corporal. "Ustedes no han cumplido ni un año y ya están salvando gente."
"Nuestros pequeños héroes", Masaru sonrió cuando Mitsuki tomó una fotografía con su teléfono que seguramente imprimiría para meterla en el álbum. Pero aún así podía ver el anhelo en sus ojos, posiblemente estaba pensando lo mismo que él. "Es una lástima que termine en un orfanato."
Después de eso, la mejor fue llevada a otra sala donde se le hicieron varios estudios, la mayoría habían salido bien, menos el de nutrición. La niña necesitaba comer cierta cantidad pero podían arreglarlo. Las dos familias esperaron en la habitación. No había sido el fin de año que esperaban pero no se arrepentía de nada. Pero como todo tiene un fin tuvieron que irse, algo que se les dificultó.
"¡Por dios, mocoso! ¡Deja de llorar, no te estás muriendo!" Gritó Mitsuki tratando de callar a su hijo, Izuku y él habían empezado a llorar de manera descontrolada apenas dijeron que se iban a regresar al hotel, pero los dos se aferraron a la menor como si su vida dependiera de ello.
A las mujeres les daría risa si no estuvieran tan cansadas de estar en el hospital después de que fueron las esclavas de los dos infantes durante horas, al menos Hisashi, el esposo de Inko, se había salvado de tal castigo. Las dos intentaron alejar a los infantes de la niña que se había vuelto a despertar.
La más pequeña del trío, los miró con esos agudos ojos rojos como si estuviera reprochando sus actitudes pero después de un rato se aguardaron y las lágrimas empezaron a salir y paso de dueto a trío cuando los tres empezaron a llorar como si no hubiera un mañana.
"No quieren separarse, que testarudos", murmuró Mitsuki.
"Nunca había actuado así", murmuró Inko al ver a su bebé llorar sin parar.
" Y… ¿No han pensado en que no quieren separarse de la menor?", preguntó una enfermera con una sonrisa. Los tres adultos la miraron interrogantes. "Los niños suelen mostrar afecto a algunas personas o a todos en general, pero rara vez se comportan de manera rebelde ante sus padres ya que son con el que mayor vínculo tienen. Si ellos están llorando significa que no quieren alejarse de ella."
"Si, pero tenemos que irnos, dentro de poco tendremos que volver a Musutafu."
"Mmmm", la enfermera pensó en alguna solución, miró a los niños. "¿No han pensado en adoptarla?", los Bakugou se miraron conteniendo la respiración, claro que lo habían pensado, pero no estaban del todo seguros si Katsuki se lo tomaría bien, dado que tendría que compartir todas sus cosas. La enfermera los miró con una sonrisa y se acercó a los niños. "Katsuki-kun, Izuku-kun", llamó la joven enfermera a los dos nenes los cuales le prestaron atención entre lágrimas. "¿Quieren que su nueva amiga se vaya con ustedes?"
Y como si le hubieran entendido Izuku empezó a aplaudir soltando una risueña risa, seguida por un grito de Katsuki hizo que la pareja despejara sus dudas, podían ver como los dos se restregaban con cuidado con la niña y esta reía ante las cosquillas que les provoca los cabellos de ambos niños. Los dos Bakugou suspiraron, esperaban no lamentarse de lo que seguía a continuación.
"Bueno, bienvenida a casa pequeña", dijo Masaru abriendo la puerta de la casa, habían comprado un portabebés para llevar a la menor que seguí cubierta de pies a cabeza por las mantas mientras a Katsuki lo traían en la cangurera. "No es muy grande pero estarás cómoda."
Hace algunas horas les habían dado el alta en el hospital, tal parecía todo iba bien con la pequeña niña por lo que al firmar los papeles de adopción tuvieron que partir con los Midoriya a la estación del tren para poder llegar a Musutafu antes de que anocheciera. Estaban agotados y sus hijos se la habían pasado "platicando", gritando, durante todo el viaje y todavía no acababan sus energías. Además que encontrar un nombre en tampoco tiempo había sido difícil ya que había una gran variedad que habían elegido en cuyo caso Katsuki terminará siendo una niña, todo para que el niño peliverde eligiera un nombre y el rubio eligiera otro convirtiéndolo en una pelea para ver quien ganaba y finalizará cuando Mitsuki se artara de sus gritos y mezclara los nombre para que los dos niños estuvieran conformes.
Dejaron a los dos niños en la cuna, Katsuki ya se había dormido pero la chica seguía viendo todo con sus ojos rojizos todo el lugar, miraba con curiosidad todos los juguetes así como los colores de las paredes para luego terminar mirando a sus nuevos padres quienes la miraban con una sonrisa cansada.
"Buenas noches, Chiyoko."
