Buenas mis amigos ¿Como están? ¿Como los trata la vida? Realmente espero que bien, porque a mi me esta golpeando con ganas jajaja. En fin, me alegro que no hayan dejado de lado esta historia a pesar de mi poca constancia en actualizar. Lo agradezco muchísimo y ustedes hacen que el tiempo invertido acá valga la pena.

Una ultima cosa antes de responder sus reviews. Últimamente la pagina de fanfiction no da la alerta cuando actualizo una historia ¿Alguno sabe por que? Voy a experimentar con este capitulo subiéndolo con la app de celular, a ver si ese es el error pero, en caso de no serlo, me gustaría saber si alguno de ustedes sabe por qué. Ahora si, los dejo con el capitulo.

Jean d´arc: ¡Buenas! Me alegro que te haya gustado la pesadilla de Theon, dentro de un par de capítulos me adentraré en su PJ al igual que el resto de Starks. Ojala este capitulo te guste también.

Aegon I Targaryen: Gracias amigazo, me alegra muchísimo que te haya gustado. Espero este te guste también.

Alyss: Así es amigo, acá seguimos. Muchas gracias por tus palabras, realmente las agradezco. Espero este capitulo te guste también.

Ni GoT ni Canción de Hielo y Fuego me pertenecen.

Jon El Conquistador

La oscuridad lo envolvía por completo, siendo arrastrado por un denso mar oscuro, dándole una sensación similar a cuando se estaba hundiendo en aquel lago congelado ¿Acaso había muerto de nuevo? ¿Había fallado? Se pregunto con un leve temor. Lentamente, una tenue luz comenzó a abrirse paso entre las sombras, respondiendo su propia pregunta mientras era jalado hacia el exterior.

Abrió los ojos con un jadeo ahogado y entrecortado, al igual que aquella vez hace tanto tiempo, solo que esta vez en lugar de toparse con el frio del Muro encontró algo muy diferente; el frio había sido reemplazado por la calidez de una chimenea encendida, cuyo fuego aún no se dignaba a morir.

Aclarando su mirada, pudo identificar de inmediato las paredes de piedra del castillo y las estanterías llenas de libros y frascos con sustancias desconocidas para él. Eso le fue suficiente para tomar consciencia de lo que había pasado. Estaba en el despacho del Maestre Luwin y, aunque a le parecía increíble, sobrevivió a la cacería, a la lucha contra aquel gran oso. Suspiró con algo de relajación, Arya, aquella chica tan obstinada se había puesto en peligro mortal. A veces olvidaba lo terca que podía ser de niña, pero incluir a Myrcella en sus fechorías era algo que jamas habría podido esperar, por suerte nada malo les había ocurrido, aunque eso no la libraría de la reprimenda que le daría cuando la viera. Sin embargo, respiro algo más relajado, todos estaban a salvo aún.

Intento reincorporarse, notando las vendas que surcaban su torso en el proceso. Supuso que el Maestre había ocultado sus viejas cicatrices mientras curaba las nuevas, tendría que agradecérselo más tarde; más allá de ocultar tales marcas tan difíciles de explicar, estas eran un recordatorio de algo que prefería olvidar.

Poco a poco, sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad de la noche, ayudado levemente con la luz de la luna entrando por la ventana fue ahí cuando lo vio. Apenas consiguió ahogar su sorpresa, pues como si un fantasma se tratara, el mismísimo Robert Baratheon hacia guardia junto a la ventana, admirando el paisaje de la noche norteña.

"Al fin despiertas muchacho" Parló el Rey Ciervo sin siquiera voltear a verlo. Su voz sonó arrastrada, como si hubiera estado bebiendo con anterioridad, cosa que pudo confirmar al notar el odre de vino cerca de él "Dormiste por dos días seguidos. Dioses, el revuelo que causaste cuando te vieron entrar cubierto de sangre… Hicieron falta de dos hombres para alejar a la pequeña loba de ti. Pobre chica" Declaró el monarca refiriéndose a su pequeña hermana, sin embargo, la sorpresa se había robado sus palabras "¿Que? ¿El oso también te arranco la lengua, chico? ¡Habla!"

"Lo siento señor es solo que..."

"No esperabas encontrarme aquí ¿no?" Interrumpió el Rey, lo suficientemente borracho como para no notar la falta de respeto a su titulo, o lo suficientemente complaciente como para dejarlo pasar. "Todos los Stark estuvieron velando por ti, deberías haberlo visto, jamas vi a Ned tan pálido JA" Rió con una carcajada estruendosa, antes de caer en un silencio sepulcral. "Incluso mi hija paso incontables horas a tu lado. Seria una verdadera vergüenza si yo mismo no mostrara el debido respeto por la persona que salvo a mi sangre"

"Solo cumplí con mi deber, Su Gracia" Respondió el norteño, intentando disimular la sequedad de su garganta.

"Tu deber..." Murmuro el gigante antes de dar un gran trago de vino veraniego. El silencio inundo la habitación, siendo opacado por el sonido del brebaje atravesando la garganta del gran hombre. Dando un suspiro de satisfacción, Robert se digno a dirigirle la mirada por primera vez en la noche "Hiciste más que eso muchacho. Me diste una lección" Dando otro largo trago, el Rey hizo una pausa, soltando un suspiro helado luego de vaciar su trago "Hace décadas conquiste los siete reinos junto a tu padre. En esa época no había nada que se interpusiera en mi camino, ni siquiera el maldito engendro de dragón pudo escapar de mi martillo. Fui considerado uno de los mejores guerreros de mi tiempo, pero dime ¿De que me sirvió eso cuando mi hija casi es devorada por una bestia? ¿De que me sirve una corona cuando mi propia sangre casi es asesinada frente a mi?" Mascullo, casi con odio, antes de volver a maldecir.

"Con todo respeto, su alteza, usted no podría haberlo sabido. Lo que mi hermana hizo… no tendría que haber pasado"

"Y sin embargo paso" Respondió rápido, casi furioso "Veras muchas injusticias en tu vida muchacho. Muchos no pueden detenerlas, pero tu pudiste detener una hoy." Parló el monarca, poniéndose temblorosamente de pie. La madera de la robusta silla crujía ligeramente bajo las gigantescas manos de Robert Baratheon. Con pasos pesados, acordó la distancia entre el herido Jon y él, quedando casi cara a cara y, justo en ese momento, Jon pudo notar como la sombra detrás de la espalda del Rey Ciervo crecía. "Mírame, Jon Snow. Mírame bien, y dime lo que ves"

"...Un Rey. Su alteza" Respondió él, intentando no expresar duda en su respuesta. El exceso de sinceridad tampoco era buena idea si no quería enemistarse del Rey Ciervo tan pronto.

"No seas un lame botas, chico. Estoy rodeado de ellos con cada paso que doy en mi corte" Rugió Robert molesto, logrando acallar al Lobo Blanco.

"No...no lo entiendo su alteza"

"Oh si que lo haces, no necesitas mentir chico, sé que sabes de que estoy hablando" Respondió Robert, entrecerrando los ojos y viendo directamente al ex Rey del Norte.

"Alguien fuera de forma" Respondió Jon luego de unos segundos de silencio, reincorporándose lo más que su herido cuerpo le permitía. A su manera, mostrando respeto de guerrero a guerrero. "Alguien a quien los tiempos de paz han..."

"Ablandado" Termino Robert con un gruñido "En otro tiempo, te hubiera roto la nariz por sugerir algo como eso...pero luego comienzo a pensar ¿Cuándo fue la ultima vez que balanceé mi martillo? ¿Cuándo fue la ultima vez que luché contra un hombre?" Se pregunto apretando el puño con fuerza. Indignado al ver que su fuerte mano, capaz de destrozar el cráneo de un hombre, se había transformado en una regordeta. Los callos que alguna vez la habían hecho áspera se había suavizado hasta quedar casi imperceptibles. Era indignarte. "Me enseñaste una lección, muchacho" Volvió a Repetir el patriarca Baratheon, dejando intrigado a Jon

"¿Su alteza?..." Jon lo observo, silencioso pero expectante, mientras el viejo Rey se alejaba de su catre y comenzaba a dar vueltas junto a la chimenea, como si las flamas que allí habían fueran la cosa mas maravillosa del mundo.

"Me creí invencible, que mi fuerza bastaría para mantener mi cabeza unida a mi cuerpo y a los cobardes asesinos lejos de mi...pero estos años me han cegado y no me dí cuenta de que mis hijos podrían pagar el precio de mi arrogancia"

Jon escuchaba atentamente, sus heridas físicas ignoradas momentáneamente por la inesperada sinceridad de Robert Baratheon.

"Myrcella es una joven dulce e inocente, a diferencia de mi o la perra de su madre. Ella y Tommen necesitan alguien valiente a su lado, alguien que pueda protegerlos cuando yo no pueda. Verte emerger victorioso contra esa bestia me hizo recordar las batallas que lideramos junto a tu padre. Como Ned cuido mi espalda en la batalla del Tridente al igual que lo hará ahora en Kings Landing. Te pido ahora que me ayudes a cuidar de mi sangre cuando yo no este ahí. Quiero que seas mi escudero, uno real, no como esa mierda Lannister sobrino de Tywin"

"No...no sé que decir su alteza" Y era cierto, pero no por los motivos que el monarca creía.

"Di que sí JA" Rio estruendosamente el Rey, antes de encaminarse hacia la puerta. Su humor visiblemente mejor "Piénsalo muchacho; podrás ver el mundo, ganarte un puesto en mi guardia real, los dioses saben que necesito hombres de confianza conmigo. ¿Quién sabe? quizás podrás engendrar tus propios bastardos y evitar que ponga la cabeza de tu padre sobre una pica cuando me dé un sermón sobre el honor JAJAJA"

Jon guardo silencio, intentando procesar la oferta del monarca mientras este ultimo atravesaba el umbral de la puerta; sus fuertes carcajadas apagándose con el pasar de los segundos y la distancia, dejándolo completamente solo con sus pensamientos y el sonido del repiqueteo del cuervo que se posaba sobre una de las mesas del lugar.

Su mente estaba hecha un enjambre de pensamientos mientras analizaba las opciones. ¿Quería esto? Una parte de él siempre lo quiso; una oportunidad para mostrar su valía en algún lugar que no sea el Muro. Explorar sus posibilidades. Siempre soñó con ser Aemon El caballero Dragón, cosa a la que renuncio cuando tomo el negro. Era un sueño infantil, pero mentiría si dijera que dicho pedido no le dio una chispa de alegría a su viejo corazón, sin embargo, incluso si ese fuera el caso, tenia que estar concentrado. Tenia un motivo por el que luchar. Había vuelto con un propósito...y había tomado una decisión; Mance, Ygritte, Tormund y El Muro tendrían que esperar.

Cinco días fueron necesarios para que las heridas del ataque sanaran adecuadamente. Después, transcurrieron tres días más antes de que el maestre Luwin considerara que Jon estaba lo suficientemente fuerte como para emprender el viaje a Kings Landing. Jon estaba seguro de que tantas precauciones no eran necesarias, ya que las heridas estaban cerrando correctamente y no habían sido tan profundas. Su desmayo había sido más por agotamiento físico que por las heridas en sí. Sin embargo, apreció el tiempo extra en Winterfell antes de viajar hacia el sur.

Para su fortuna, su tiempo de reposo se hizo mucho más tolerable gracias a Robb, Arya y Sansa quienes pasaron mucho de su tiempo con él. Domeric y Dacey también pasaron a visitarlo en menor medida, contándole todos los chismes que habían acontecido desde ese día. Incluso la princesa paso tiempo con él. Eso si, el castillo no había estado absorto de actividad mientras el descansaba y reponía sus fuerzas; grande fue su sorpresa al descubrir que el mismísimo Robert Baratheon ordeno retrasar su partida hasta tener el visto bueno del Maestre. Apreciaba el gesto, sin duda, aunque estaba seguro de que el resto de la corte no apreciaría tal gesto hacia un bastardo. Tendría que ser cuidadoso de ahora en adelante.

Finalmente el día había llegado. Los sirvientes habían trabajado arduamente durante todo el día intentando cumplir los caprichos del rey para este ultimo banquete. Nuevamente el sonido de la música y las risas era lo que inundaba el castillo, así como el sonido de los platos y carcajadas. Esta vez, a la derecha del Rey y junto a su padre, Jon era el que ocupaba el puesto de honor en la mesa alta.

A su izquierda, el resto de la familia Stark disfrutaban de la velada entre risas y conversaciones casuales, dándole de tanto en tanto discretas miradas hacia su dirección, orgullosos del reconocimiento que estaba recibiendo. Incluso Dom y su tío Benjen habían mostrado su aprecio desde las mesas inferiores, sin embargo, otros no estaban tan contentos con su nuevo reconocimiento. Cersei, por supuesto, había decidido adoptar una bella mascara de indiferencia para esconder su descontento, como había acostumbrado a hacer hacia toda decisión de su marido. Ojala su hijo pudiera tener la misma inteligencia; desde el inicio de la noche Joffrey Waters había expresado su desagrado por él, cosa que su "padre" el Rey callo con una fuerte reprimenda, pero no termino de ahogar las miradas de desprecio del león bastardo… todo lo contrario a su hermana. La joven Myrcella no despegaba los ojos de él, similares a las viejas miradas que Sansa le dio a Joffrey en su tiempo...no podía decir que se sentía cómodo con la idea de que joven de la edad de su hermana pequeña intente llamar su atención. Sabia que ese tipo de diferencias rara vez importaba en entre los nobles pero aún así… no se sentía correcto.

"¡Amigos míos!" El grito ensordecedor de Robert Baratheon lo saco de su ensoñación, transformando también las múltiples charlas entre los norteños y los hombres de la corona en apenas inaudibles susurros con el correr de los segundos. Poniéndose de pie, continuó "...Como todos sabrán, durante la cacería celebrada hace una semana ocurrió un echo catastrófico" dejo caer, recibiendo una mirada expectante de todos los presentes, aunque claro, ya todos sabían de que se trataba. "¡Al menos cincuenta hombres, entre ellos soldados veteranos, Capas Blancas, Maestros de Armas, Capitanes de Guardia…!" Exclamo el Rey Ciervo, viendo con rabia a Ser Barristan y a más aún a su cuñado, Jaime Lannister "...Y nadie logro ver como dos niñas casi eran despedazadas por una bestia... ¡Nadie excepto una persona!" Rugió el gigante, poniendo su mano sobre uno de los hombros de Jon. "Jon Snow salto a la acción como un hombre poseído y lucho contra una bestia mucho más allá de sus capacidades… ¡Siete infiernos si hubieras estado a nuestro lado en la Batalla del Tridente ese maldito engendro de dragón habría muerto en un abrir y cerrar de ojos!" Grito eufórico el monarca, levantando una jarra de cerveza norteña al aire.

"¡SI!" Gritaron en aprobación los norteños; entre ellos, varios veteranos de la Rebelión.

"Pero estuviste ahí, cuando más te necesitaban" Murmuro el Rey, demasiado bajo como para ser escuchado por alguien más que no fuera él. "Eddard Stark marchó junto a mi ese día, juntos acabamos con la tiranía del Rey Loco. Hoy, mi leal amigo volverá a hacer lo mismo, pero como mi Mano. Su hija, Lady Sansa, se casará con mi heredero cuando llegue el momento" Expreso serio el Rey, tomándose unos segundos para escanear con sus ojos la reacción de todos los presentes antes de, finalmente, dirigir su mirada hacia Jon. "Me gustaría que tu también te unieras a mi, Jon Snow, como mi escudero jurado".

De repente, el silencio invadió por completo el salón, como si todo el mundo se hubiera desvanecido; expectantes de su respuesta.

Nunca había sido un jugador del juego, sin embargo, si querían salir vivos, debía aprender a jugar; tenia que guardar las apariencias. Llego la hora. Con un rápido movimiento, Jon se incorporo con rapidez, tirando su silla en el proceso, antes de hincar la rodilla frente al Robert bajo la atenta mirada de toda la corte.

"Me honra, su Alteza" Dijo con su cabeza gacha. Sus ojos seguramente revelarían sus verdaderas emociones, seria mejor esconderlos por ahora. "O hasta que aprenda a mentir mejor" Pensó "No soy digno de tal honor"

"No hay nadie más digno que tú, muchacho" Exclamo Robert con suficiencia, a lo lejos, la multitud comenzaba a murmurar en aceptación. "¡Ven al Sur!" Rugió Robert con una sonrisa "¡Lucha y aprende. Bebe y fornica. Gánate el nombre Stark o cualquier otro que desees y, al igual que tu padre, protege este Reino y a mi familia!"

"Es un honor para mi y la Casa Stark, su Alteza. Acepto su oferta" Y entonces la multitud estalló.

"¡Por honor a la Casa Stark y el Norte!" Gritaron varios de los allí presentes, incluidos Lady Maege Mormont y Lord Willys Manderly.

"¡El Lobo Blanco defenderá a Lord Stark!" Exclamaron otros.

"¡La sangre de los enemigos del Norte bañará su espada!"

"¡Si! ¡Jon El Rojo!" Grito otro grupo de hombres, llamando su atención y contagiando al resto, sumando más y más voces a su grito. "¡Jon El Rojo!" "¡Jon El Rojo!" "¡Jon El Rojo!" Escucho atónito Jon poniéndose de pie.

"¡Esta hecho!" Proclamo Robert, sacándolo de su ensoñación "Mañana partiremos hacia Kings Landing, espero que estés listo muchacho"

"Lo estaremos, mi Rey" Respondió Ned seriamente, aunque su rostro dejaba ver una pequeña mueca de orgullo.

Jon vio como el ambiente volvía a animarse mientras los gritos de los hombres volvían a llenar el salón y la bebida volvía a recorrer las mesas. Le hubiera encantado disfrutar de la velada, sin embargo, el tiempo de festejar había terminado. Dejaría que Robert y sus hermanos tuvieran esta noche. El tenia una cosa más por hacer antes de partir. Se alejo del bullicio tanto como pudo, caminando hacia las puertas mientras recibía gratas y fugaces felicitaciones de los hombres de la guardia de su padre, así como varias palmadas en la espalda y brindis con jarras de cerveza norteña. Finalmente, luego de esquivar algunas invitaciones a beber, el frio gélido de la noche lo recibió con los brazos abiertos. Inhalo profundamente, sintiéndose revitalizado luego de que el aire limpio entrara en sus pulmones, dándose valor para lo que estaba apunto de hacer. Sin prisa pero sin pausa, sus piernas lo llevaron hacia aquel lugar que tanto evito desde que había vuelto; las criptas. Paso a paso, el tronar de la nieve bajo sus botas se convirtió en la cacofonía producto de sus pasos sobre la roca que marcaba la entrada al lugar.

Tomando una de las antorchas postradas en la entrada, Jon se abrió paso entre la penumbra, como una gota de luz sumergiéndose en un océano de oscuridad.

No tuvo que esperar mucho para comenzar a ver las estatuas de los antiguos Reyes del Invierno, solo que esta vez no se sentía juzgado. Quizás sea solo su imaginación, pero parte de él creía que la expresión severa de sus antepasados fue reemplazada con una de respeto.

Finalmente, atravesando la oscuridad, la estatua de Lyanna se presento ante él, justo en medio de las de su tío y abuelo.

"...Siento no haber venido antes" Confesó, luego de unos segundos de silencio. "Desde que desperté...todo que he hecho hasta ahora ha sido para evitar que nuestra familia sufra el mismo destino que ustedes" Murmuro. Una mezcla de pena y vergüenza se mezclaba en su estomago. "Pero eso no evitará que venga a despedirme de ustedes...no evitara que me despida de ti...tía Lyanna" Dolió no poder hablarle a su madre como tal, pero no confiaba en la discreción con tantos Lannister cerca. Era mejor ser precavido. "Padre y yo partiremos hacia el sur. Dicen que a los Stark nunca les fue bien en el sur. Muchos afirman que esto es verdad" Murmuró, mientras cerraba los ojos con rechazo, como si quisiera ahuyentar viejas memorias. "Pero les prometo que no dejaré que la historia se repita. Traeré a casa a Padre sano y salvo. Volveremos a casa, cueste lo que cueste"

Sin mediar una palabra más, Jon le dio una ultima mirada a la estatua de su madre antes de emprender el camino de vuelta. Sin embargo, su cabeza era un caos de pensamientos; Siempre se había preguntado que paso con su madre ¿Lo recordaría? ¿Lo amaría? ¿Estaría orgullosa de él? Grande fue su sorpresa al descubrir que ella siempre había estado junto a él.

Era una gran mujer, de eso estaba seguro. Nadie en todo el Norte tenia una sola palabra en su contra, sin embargo había algo que no terminaba de encajar. ¿Por que huyo? Si Rhaegar la amaba como Bran lo había confirmado ¿Por qué dejó que comenzará la guerra, cuando un simple cuervo hubiera salvado al abuelo y a su tío Brandon? El misterio de su madre aún dejaba más preguntas que respuestas.

Dedicándole una ultima mirada a la tumba de su madre, el norteño salió del lugar. La música y las risas aún se escuchaban en la lejanía pero él ya había tenido suficiente. Mañana le esperaba un largo día.

Camino tranquilamente por el patio ligeramente nevado, intentando enterrar en lo profundo de su mente los pensamientos de su madre. No tenía sentido.

Atravesó las puertas del castillo, completamente decidido a retirarse por el resto de la noche, cuando alguien se topo en su camino.

"Jon" Exclamo Dacey sorprendida, frenando en seco para evitar tropezar con él.

"Dacey" Exclamo sorprendido "lo lamento, mi cabeza estaba en las nubes" Admitió, algo avergonzado.

"No te preocupes" Respondió ella peinando un mechón de cabello detrás de su oreja "Estaba buscándote de hecho"

"¿Oh, si?" Pregunto con genuina curiosidad. "Que podría querer de mi la Osa de Bear Island?" Preguntó con confianza y una sonrisa que no mucha gente estaba acostumbrada a ver.

"Nada demasiado complicado para el valiente Lobo Blanco" Contesto ella blanqueando los ojos y dando una sonrisa jocosa antes de levantar levemente sus brazos, revelando dos jarras de cerveza norteña, una en su mano y la otra siendo sujetada con su antebrazo y parte de su abdomen "¿Que tal compartir una ultima jarra conmigo antes de partir?"

Jon sonrió, tomando una de las jarras e invitándola a seguirlo con un gesto de su cabeza. La Osa lo siguió, atravesando las puertas del salón, ambos caminaron por los pasillos del castillo en un cómodo silencio. Finalmente, y luego de una pequeña caminata, ambos se postraron frente una gran puerta doble de roble oscuro.

"Entonces ¿este era tu plan?" Pregunto la osa enarcando una ceja y dándole una sonrisa ladina, consiguiendo un gesto de sorpresa e intriga por parte de Jon

"¿Mi plan?" Repitió divertido, dándole un trago a su bebida mientras veía como la sonrisa de Dacey se hacia más grande.

"Exacto" Concluyo ella, agrandando la sonrisa en su cara "Pero te hará falta algo más que una simple cerveza para poder acostarte conmigo"

Decir que fue tomado por sorpresa es poco, pues al estar en mitad del trago, se ahogo al escuchar el inesperado comentario. La cerveza salpico ligeramente mientras Jon se golpeaba el pecho en un intento de calmar el fuerte ataque de tos que lo asaltaba. Por su parte, Lady Mormont no se preocupo en disimular su carcajada.

"Nada por el estilo" Se esforzó en responder Jon carraspeando duramente su garganta, lo cual hacia que la risa de la morena se mantuviera aunque a un volumen más tolerable. Notando que las burlas de su compañera no parecían amainar, el norteño procedió a abrir una de las puertas, mostrando un bello pero conocido paisaje; habían llegado finalmente al bosque de los dioses. "Solamente pensé que estaríamos más cómodos aquí"

"Eres un mojigato" Respondió ella negando con la cabeza antes de atravesar el umbral. Era increíble como, a pesar de todo el bullicio y la vida que pudiera haber en Winterfell, el Bosque de los Dioses pareciera ser un lugar completamente seguro del ruido o cualquier otra molestia.

Jon blanqueo los ojos ignorando el comentario de la mujer a su lado antes de ingresar al lugar. Camino junto a los arcianos con la tranquilidad que este sagrado lugar le otorgaba, antes de tomar asiento en una gran roca junto al Árbol Corazón; aquel lugar donde había visto a su padre tantas veces luego de una ejecución.

Por su parte, Dacey se encontraba completamente hipnotizada por la belleza del lugar paseándose entre los arboles del bosque y acariciando sus hojas carmesí con delicados toques de sus manos.

No sabia como explicarlo, pero algo en el bosque de Winterfell era...diferente. Ni siquiera en Bear Island podía sentir esta paz, esta...conexión con los Dioses.

La noche, a pesar de ser fría, no presentaba ningún problema para ambos norteños, quienes parecían hipnotizados viendo como el cielo estrellado y la luz de la luna se dejaban ver entre las copas de los arboles.

"Es una hermosa vista" Murmuro Dacey, más para ella misma que para su acompañante. No contaba con que Jon la haya escuchado.

"Lo es" Respondió Jon, dando un sorbo de su cerveza. "Me pregunto si desde el Sur se verá igual. Extrañare estas noches"

"¿Es lo único que extrañarás? Pensé que habría más cosas que te ataran a Winterfell" Pregunto ella mirándolo de reojo con un gesto juguetón.

"Arya. Extrañare mucho a mi hermana" Dijo Jon con una media sonrisa antes de sentir un fuerte golpe en su hombro, logrando sacar un quejido de su boca. Era más fuerte de lo que pensaba. "Extrañaré a mis hermanos. No más que al aire limpio" Rio Jon frotándose la zona golpeada. "También extrañaré a mi compañera de armas"

"Así esta mejor" Exclamo Dacey ruidosamente con fingida indignación antes de que su expresión cambiara por una melancólica "También extrañaré a mi compañero de armas" Suspiro la chica con resignación. "¿Sabes? Jamás pensé que conocería a alguien como tú o que me sentiría tan a gusto con tu compañía" confeso la muchacha, dejando mudo al norteño "Desde que mi primo Jorah se escapo de la justicia del Norte fui nombrada la heredera de Bear Island. Nunca tuve la oportunidad de querer otra cosa"

"Entiendo como te sientes" Respondió Jon, dejando de prestarle atención al cielo y ver directamente a los ojos de la Mormont. "Durante mucho tiempo, creí que mi condición de bastardo me encadenaría. Que nada de lo que hiciera seria tan importante o que no tendría un sitio al cual llamar hogar…" Aunque también entendía el peso del deber gracias a su tiempo en la Guardia y, en mayor medida, cuando fue coronado Rey en el Norte; a veces, no se trataba de lo que uno quería, si no lo que tenia que ser para asegurarse un futuro. Era la realidad del mundo en donde vivían.

"Y sin embargo tu partirás al Sur" Comento la osa con cierto… enojo en su voz "Podrás ser un Guardia Real, un caballero o incluso un mercenario si así lo quisieras" Comento ella pateando una piedra con furia, arrojándola al fondo estanque. "¡Yo por el contrario volveré a Bear Island a prepararme para una tarea a la cual no creo estar lista!" Con un quiebre de voz, la osa finalmente estalló, dejando completamente mudo a Jon. "...Lo siento"

"No te preocupes" Se apresuro Jon, mirándola con empatía. "Es normal temer a la incertidumbre, pero una persona solo puede ser valiente cuando tiene miedo. Estoy seguro de que estarás a la altura del desafió" Sonrió él con animosidad "Tampoco estarás sola; Lady Maege ha estado a la cabeza de la Casa Mormont desde que el Viejo Oso partió hacia el Muro, no te faltará una buena guía. Incluso si necesitas que un lobo limpie tu desastre, no estarás sola" Respondió este con una sonrisa sincera.

"¿Y si...y si en realidad no he encontrado mi propósito? ¿Y si realmente, mi camino no es ser la cabeza de la Casa Mormont, si no algo más? Algo más importante que una heredera o una esposa"

"Entonces búscalo" Respondió Jon rápidamente. Por un momento, sintió que estaba aconsejando a Arya como esos días antes de partir a la Guardia. "Nadie te asegura que será fácil, pero si sientes que tienes que buscar otro camino, entonces búscalo. Muchos simplemente se conforman con dejar las cosas como están. Lo importante es que nunca dejes de intentarlo"

Jon apenas pudo reaccionar cuando la Mormont se abalanzo hacia él con un fuerte abrazo, casi tirándolo de su asiento.

"Gracias, Jon. De verdad, gracias"

El norteño no supo que decir, nunca se considero bueno con las palabras específicamente, pero si eso era lo que necesitaba Dacey en este momento, el no seria el que se lo niegue. Los segundos pasaron lentamente, mientras él comenzaba a sentirse más cómodo con la situación. Finalmente, la Osa se separo de él, volviendo a su lugar inicial y cayendo en un cómodo silencio.

"...Pero ya hablando en serio" Parló la joven junto al hijo de Ned Stark, rompiendo el silencio "¿Nunca te has acostado con una mujer?" Preguntó, sencillamente y sin rodeos.

La pregunta dejo completamente congelado a Jon; para empezar, no estaba acostumbrado a que las personas preguntaran sobre su vida sexual y, por otro lado, era… extrañamente complicada de contestar.


"El Rojo" Pensó con rechazo, forzando su rostro a permanecer lo mas neutral posible mientras soportaba esa horrorosa cosa que los salvajes norteños llamaban música.

Cersei ahogo un suspiro de fastidio bebiendo un trago de vino. Por suerte el gordo apático de su marido había decidido que las mozas de baja cuna y el bastardo de su amigo eran una mejor compañía; si tan solo pudiera estar a solas con Jaime ahora...en lugar de eso, tenia que conformarse con Catelyn Stark y su insípida hija, quien pronto seria familia según se pactó.

"¿Disfruta de la velada mi Reina?" La cantarina voz de la niña resonó. Levantando su vista, logro ver a quien seria su futura nuera; la niña era bonita, tenía que admitirlo. Los colores Tully habían dejado poco de Ned Stark para apreciar, pero incluso ahora podía notar ciertos indicios de él en sus facciones. Bonita, pero nada lo suficientemente bueno para su Joffrey.

"Por supuesto, palomita" Sonrió, sonando lo más natural posible, a sabiendas que la madre de la niña estaba a escasos centímetros de ellas. "Aunque es hora de volver a casa, hay muchas cosas por hacer" Y era cierto, si bien se habían encargado del viejo Halcón, eso no significaba que estuvieran fuera de peligro ahora que Ned Stark sería su Mano. Requirió de toda su fuerza de voluntad para no maldecir; El maldito Ned Stark era igual a Jon Arryn, Robert lo sabia y por eso lo quería a su lado, pero su padre había sido Mano durante 20 largos años durante el reinado de Aerys, estaba segura de que intentaría retomar el puesto ahora que el Halcón no estaba.

Por supuesto, Tywin Lannister no creía que ella fuera la autora intelectual del deceso del Halcón, pero tampoco era tan ingenua como para creer que su padre no sospechaba del acto.

En principio no tenían de que preocuparse; su padre volvía a ser Mano y ella enterraría su secretos con Jon Arryn pero con Ned Stark en el tablero… Las reglas del juego cambiaban. "Es una pena que no puedas acompañarnos" Soltó. Esperando ver la reacción de la niña, y la de su madre quizás.

"Me encantaría" Respondió ella rápidamente, sin embargo, pudo notar como los ojos de la trucha se endurecían al momento de escuchar la respuesta de la niña. "Pero lo mejor será que me quede, su Alteza, hemos pospuesto este viaje por un largo tiempo. Le ruego nos disculpe, mi Reina." Exclamo Sansa, casi verdaderamente arrepentida dando una ligera disculpa con su cabeza.

"Interesante" Pensó. "Así que mamá no quiere verte partir, ¿Qué clase de madre no querría que su hija se prepare para ser Reina? Ciertamente Catelyn Tully no es una de ellas" Algo no le cuadraba; tantos años en la corte la hicieron buena para leer a las personas, y esa mirada...no le gusto nada. "Nuestro paso será rápido" Aseguró con una sonrisa encantadora "Llegaremos antes de lo que crees, podrás pasear por Kings Landing y recorrer la Fortaleza Roja de pies a cabeza si así lo deseas" Sonrió, apoyando sus codos sobre la mesa y acercando su torso en señal de interés. "Y cuando llegue el momento, te escoltare personalmente hasta Riverrun si tu madre lo permite" Parló la monarca con aires reconciliadores. La trampa había sido puesta.

"Lo siento pero no será posible, mi Reina" La voz de Catelyn la interrumpió apresuradamente. "Me sentiría honrada de recibirla en la cede de mi familia" Exclamó con una ligera inclinación de cabeza en señal de disculpa "Pero preferiría partir luego de asegurarme de que Robb este al tanto de sus nuevos deberes. Si en el futuro desea visitar Riverrun, yo misma seré quien la reciba" Exclamó Catelyn, borrando la sonrisa del bello rostro de la monarca.

"...Comprendo, Lady Stark" Respondió la leona retomando su sonrisa luego de unos segundos de silencio, "Familia, Deber y Honor. Quizás tome su oferta una vez que seamos familia" Con una sonrisa, la monarca se puso de pie "Me retiraré por esta noche, mañana nos espera una larga marcha. Que tengan buena noche Lady Stark. Palomita" Sin esperar respuesta, Cersei se marcho del lugar. "Ahí esta; esa mirada que tanto ella como el bastardo intentan ocultar ¿Qué estas tramando Stark?" Era la pregunta que rondaba por la cabeza de la monarca. Algo no andaba bien, no sabia que era, pero de algo podía estar segura; no auguraba nada bueno.


Finalmente el día había llegado. La primera luz del amanecer se filtraba a través de las nubes grises sobre Winterfell, mientras el séquito del Rey Robert Baratheon se preparaba para partir hacia el sur. El patio principal del castillo estaba lleno de actividad; los hombres corrían de izquierda a derecha preparando sus caballos o las carretas de suministros para el largo viaje y, en medio de todo esto, tanto Ned como Jon disfrutaban sus últimos momentos junto a su familia; incluso sus lobos estaban presentes a una distancia segura para evitar asustar a los caballos de los hombres del Rey. Que hacer con ellos fue otro gran debate, parte de él hubiera querido que Ghost y Lyanna los acompañaran al Sur, sin embargo, Ghost no era demasiado grande aún, lo que lo pondría en peligro si las cosas se complicaban. Finalmente, habían optado por dejar a todos en Winterfell para proteger a Robb y al resto en caso de que algo sucediera. Por suerte, no estaría solo.

Arya y Rickon sentían una extraña mezcla entre tristeza y emoción; ninguno negaría que extrañarían su hogar, pero la perspectiva de ver más del Norte y aprender cosas nueva mataba cualquier tipo de tristeza. Ambos los acompañarían hasta el cruce de Kingsroad, desde allí Arya partiría entonces hacia la Bear Island con Dacey y Maege Mormont, mientras que Rickon viajaría a White Harbor con Lord Manderly.

Ned dio un paso al frente con decisión, ignorando cualquier mirada mientras proporcionaba un fuerte abrazo a Robb

"Te extrañaré, padre" Dijo el Joven Lobo. Algo de incertidumbre se pudo notar en su voz pero Ned podía ver que había mucha determinación en sus ojos. Estaba orgulloso.

"Yo también hijo, yo también" Dijo el Guardián del Norte antes de separarse "Eres el Lord de Winterfell mientras yo no esté" Apoyando la mano en su hombro, Ned tomo a Ice de su espalda, antes de depositarla sobre las manos de un sorprendido Robb "Cuida de nuestra familia y nuestra gente. Estoy seguro de que lo harás bien" Sonrió

Robb, con una mezcla de orgullo y sorpresa, tomó la espada ancestral de su casa. Siempre supo que sería el Lord de Winterfell en algún momento, pero estar aquí hoy...era sencillamente intimidante, pero no podía dejar que eso lo detuviese, su padre y su hermano arriesgarían su vida con cada día en ese nido de víboras. No podía fallarles. No lo haría "Lo haré, padre. No te defraudaré"

Ned asintió y se volvió hacia sus hijas, Sansa y Arya. Abrazó a Sansa primero, que tenía los ojos llenos de lágrimas. "Sé fuerte, mi niña. Tu madre te necesita"

"Puedes confiar en mi, Padre" Respondió ella, intentando no comenzar a llorar. Finalmente, y luego de unos segundos, Sansa dejo ir a su progenitor, dejándola frente a frente con su hermana.

"Trata de no sacar de quiso a Lady Mormont, ¿Si?" Comento Sansa dándole un fuerte abrazo a su hermana, cosa que fue correspondida por la menor.

"No prometo nada" dijo Arya desafiante, sin embargo, Sansa no parecía aflojar su agarre. Después de unos cuantos segundos, la menor comentó "Siempre y cuando prometas escribirme seguido, lo tendré en cuenta.

"Por supuesto" Exclamo ella con una media sonrisa. Ambas se echarían de menos.

Finalmente, Ned se dirigió a su esposa, Catelyn, quien se negaba a soltar a Rickon hasta que tuviera que montar con Lord Manderly.

Ambos se miraron a los ojos durante un largo momento, comunicándose más con el silencio que con palabras. "Cuida de nuestra familia" le dijo Ned suavemente, antes de cerrar los ojos y apoyar su frente contra la suya "Te amo, Cat. Nada podrá mantenerme alejado de ti por tanto tiempo, lo prometo"

"Vuelve a salvo" Respondió Catelyn, su voz firme a pesar del dolor en sus ojos. Con un ultimo beso, Catelyn solo pudo ver como su marido montaba su caballo, rezándole a todos los dioses por volver a verlo a salvo.

Jon, por su parte, se despidió de sus hermanos y amigos; las despedidas siempre habían sido dolorosas pero esta vez se aseguraría de volver. Tenia que hacerlo. Con un paso firme, el norteño se acercó a Robb y lo abrazó con fuerza. "Cuida de todos, hermano." Dijo Jon.

"Siempre, Jon. Mantente seguro" Respondió Robb, antes de aprovechar el abrazo y susurrar al oído de su hermano. "Mantén a padre a salvo. Si algo sale mal…" Murmuro, viendo fijamente al cuervo posado sobre la silla de su montura "Házmelo saber"

Luego de un rápido asentimiento, se dirigió directamente al Bolton "Cuida de Winterfell en mi ausencia. Nos volveremos a ver"

"Puedes confiar en mi Jon. Todo saldrá bien, te lo prometo" Respondió el heredero de Roose Bolton estrechando su mano. Sin embargo, unos pasos a su espalda llamaron su atención. "Parece que alguien quiere hablar contigo, amigo" Dijo con una media sonrisa.

Jon se postró firme encontrándose frente a frente con Theon Greyjoy. La tensión en el aire era evidente y la despedida pesaba más en ambos por todo lo no dicho hasta ese momento. Theon intentaba mantenerse firme, pero era obvio que por su cabeza pasaban un sin número de pensamientos.

—Theon, ¿Qué sucede? —preguntó Jon, percibiendo la incomodidad en el hijo del hierro.

Theon suspiró profundamente antes de responder, su voz apenas un susurro. "Jon" Comenzó, sorprendiendo al nombrado pues nunca antes se había dirigido a el por su nombre. "No sabía como afrontar todo esto, incluso luego de hablar con Lord Stark… Intente demostrar que no pertenecía a ustedes cuando en realidad...deseaba profundamente todo lo contrario. Les hice daño" Susurro, lo suficiente como para no ser escuchado por nadie más que ellos. "Y los únicos que lo saben son tu y Bran ¿Como puedo mirarte a los ojos sabiendo que he deshonrado a nuestro padre y nuestra familia?" Pregunto, casi desesperado tomando sus manos sobre los hombros del norteño "¿Como puedo pagar todo el daño que les hice?"

Jon lo observó con seriedad, comprendiendo el peso de sus palabras. Con un gesto de sus manos el Lobo Blanco tomo los hombros del isleño, obligándolo a verlo firmemente "Theon, he visto todo lo que has sufrido, he visto como has pagado el precio de tus actos e incluso he visto como los redimías. Te he visto transformarte en un mejor hombre. Lo importante es que ahora tienes una oportunidad de cambiarlo todo. Ya no eres ese hombre que pudo haber sido una vez. Tienes la oportunidad de ser alguien mejor. Alguien que yo sé que puedes llegar a ser."

Theon levantó la mirada, encontrando finalmente los ojos de Jon. "¿Realmente crees eso?

"Lo sé en cada hueso de mi cuerpo" Afirmo él. "Eres lo mejor de la Casa Greyjoy, así también como lo mejor de la Casa Stark. Confió en ti, lo harás bien"

Theon asintió, con una mezcla de esperanza y determinación en su mirada. "Gracias, Jon. Significa mucho para mí escuchar eso"

Jon sonrió, apretando el hombro de Theon. "Buena suerte, Theon. Cuídate y haz lo mejor que puedas. Nos veremos pronto" Finalmente ambos se abrazaron en un encuentro incomodo, pero que sellaba un pacto de confianza entre los dos hombres. Uno hacia su familia. "Protege a Bran" Susurro Jon antes de separarse finalmente.

En medio de las despedidas, el cuervo sobre su montura decidió volar directamente hacia él, apoyándose en su hombro mientras Jon montaba su caballo. Este era el cuervo que lo había guiado hasta Arya y Myrcella el día de la cacería, había algo...peculiar en el. Había consultado a Bran, por supuesto, creyendo que era el Cuervo de Tres Ojos tratando de comunicarse con él, pero este le aseguro que Brynden Rivers jamás se había manifestado en él. Era otra cosa, un animal del norte con una magia tan antigua como la que recorre en Ghost y el resto de Lobos Huargos. Jon...no podía creerlo.

Y, al parecer, el animal lo había elegido como compañero en su viaje. De todas formas, si el cuervo iba a quedarse con él, debería darle un nombre; Jon había decidido llamarlo Orsic en honor al legendario Lord Comandante de la Guardia de la Noche que había servido cuatrocientos años antes de la llegada de Aegon I.

incluso si pareciera extraño, tener a Orsic junto a él le daba una...extraña sensación de alivio, tenia que familiarizarse con el en cuanto tuviera tiempo.

Con todas las despedidas hechas, el séquito real comenzó a moverse. Los estandartes de los Baratheon ondeaban al viento, y la caravana se puso en marcha lentamente, avanzando por el camino de Winterfell hacia el sur. Ned y Jon cabalgaban juntos al frente junto al Rey Robert, a su derecha Lady Maege y Dacey Mormont cabalgaban orgullosas con una emocionada Arya Stark y a la izquierda y junto a Ned, Willys y Rickon seguían a la manada.

Catelyn y el resto de la familia Stark los observaron hasta que desaparecieron de la vista, con el corazón lleno de esperanza y preocupación. El juego había comenzado.

Jon dio un ultimo vistazo a Winterfell "Los mantendré a salvo" Pensó "Cueste lo que cueste"

Bueno amigos, hasta acá llegamos. Como siempre lamento la tardanza. El capitulo que tenia planeado originalmente termino siendo más largo de lo que esperaba así que decidí dejarlo por acá y empezar a escribir la continuación ya mismo.

Algunos quizás piensen que le estoy dando un ritmo muy lento a la historia, pero creo que saltear partes atropelladamente no sería bueno para la misma. Sera un tipo Slow Burn pero creo que valdrá la pena.

Otra cosa, estaré más activo en esta historia a partir de ahora, tengo muchas ganas de avanzar en la historia así que le voy a dar esa prioridad por ahora.

En fin, espero que les haya gustado. Si es así, por favor dejen sus Reviews con sus dudas, recomendaciones o pensamientos. Eso me ayuda muchísimo a seguir con esto.

Nos leemos luego!

En el corazón de Winterfell, en aquel lugar donde la magia y los susurros del viento tienen más poder, Brandon Stark se encontraba de rodillas frente al gran Árbol Corazón. Para cualquiera que pasará por allí, pensarían que el hijo de Ned Stark solamente estaba prestando devoción a los Dioses Antiguos, pero para el resto de su familia la verdad era otra.

El Stark sentía que volaba en medio de una tormenta de nieve, cada copo de la misma era una visión. Pasado, presente y futuro al alcance de su mano pero sin la suficiente capacidad para ver todo lo que quería ver. Visiones incompletas, visiones desordenadas, visiones de lo que pudo ser o de lo que fue. Ya nada estaba claro.

"Bran, hermano" una voz ahogada llego a escucharse a la lejanía. El momento había llegado.

Abrió los ojos con lentitud, volviendo a aquel lugar que conocía tan bien. A su lado, Robb lo miraba intensamente, como si quisiera cerciorarse de que había vuelto en si completamente.

"Hermano, tienes visitas" Hablo, ayudándolo a ponerse de pie y entregándole su bastón, sin embargo, este lo rechazo.

Al voltear, Brandon pudo ver a alguien que conocía muy bien; una joven esbelta y bajita para su edad se postraba ante él con una seguridad rara vez vista en alguien de su edad. Su vestido sencillo combinaba perfectamente con el verde de sus ojos. Junto a ella había un joven bastante similar, solo que algo más pequeño. Su cabello castaño era igual al de su hermana pero su mirada...su mirada mostraba mucha más edad de la que su cuerpo representaba.

"Bran Stark", dice Jojen con voz calmada y llena de significado, "somos Meera y Jojen Reed. Venimos del Cuello y traemos un mensaje para ti. Nuestro destino está entrelazado con el tuyo" Comentó, ganándose una sonrisa del Stark. "Sin embargo...parece que nuestro viaje es otro" Comentó el joven con intriga. "Ya no veo la cueva del Cuervo"

"Lo es Jojen" Afirmo Bran "Esta vez no cruzaremos el Muro. Cruzaremos el océano"