Un Nuevo Comienzo
El capitán Alexander Marshall observaba el horizonte con ojos de acero, su mente centrada en mantener a su compañía a salvo. Las órdenes eran claras: llegar al punto de extracción y aguantar hasta que el helicóptero pudiera recogerlos. La misión había sido un infierno, pero sus hombres habían luchado valientemente para lograr el objetivo, y ahora solo quedaba esperar.
El sonido del combate resonaba a su alrededor. Balas zumbando, explosiones en la distancia y el grito ocasional de un soldado herido. A su lado, el Sargento John Harris mantenía su rifle listo, escaneando el área con mirada experta.
—¡Retirada! —La voz Alexander resonó en el campo de batalla, firme y decidida a pesar del caos que lo rodeaba. Los disparos y las explosiones eran ensordecedores, pero sus hombres escucharon y obedecieron, retirándose hacia la zona de extracción. El ruido de los proyectiles y el olor a pólvora impregnaban el aire mientras Alexander lideraba a sus hombres hacia el punto de evacuación.
—Capitán, el helicóptero está a unos minutos del punto de extracción —informó Harris, manteniendo la calma a pesar del caos que rodeaba a la compañía.
Alexander asintió, apretando la radio con fuerza. —Todos manténgase firmes. El Chinook está en camino. ¡No bajen la guardia!
El soldado de primera clase, Tom Jenkins, lanzó una mirada preocupada hacía el cielo. —¿Y si no llega a tiempo, capitán? —preguntó, su voz temblando ligeramente mientras intentaba mantenerse firme bajo el peso del estrés y la tensión.
Alexander le dirigió una mirada firme, intentando transmitir la calma que el mismo apenas sentía —Llegara, Jenkins. Solo aguanta un poco más —respondió, su voz cargada de determinación y confianza en sus propias palabras. Vio cómo Jenkins asintió, apretando su arma con una mano sudorosa. —Recuerda, estamos casi allí. Solo unos minutos más y estaremos fuera de aquí. Mantén la calma y sigue disparando.
Jenkins tomó una respiración profunda y asintió nuevamente, sus ojos fijos en el objetivo mientras se preparaban para continuar respondiendo fuego con fuego. La fe en las palabras de su capitán parecía darle un nuevo empuje de moral.
—¡Vamos, muevan, muevan, muevan! —gritó Alexander, empujando a sus soldados a avanzar más rápido. Finalmente, llegaron al punto de extracción, una zona relativamente segura, pero aún bajo amenaza. —El helicóptero está a menos de tres minutos —informó uno de sus hombres, jadeando y con los ojos agotados pero llenos de determinación.
El tiempo parecía ralentizarse. Cada segundo era una eternidad mientras esperaban el sonido familiar de las hélices. Alexander y sus hombres se parapetaron, repeliendo él fuego enemigo mientras esperaban. Los minutos pasaban, la tensión se palpaba en el aire.
De repente, el sonido grave pero familiar de las hélices de un Boeing CH-47 rompió la tensión. El helicóptero apareció en el horizonte, descendiendo rápidamente hacia su posición. —¡Ahí está! — gritó el Cabo Mike Thompson, señalando con entusiasmo el helicóptero que se acercaba.
— ¡Preparados para la extracción! — ordenó Alexander, levantando su rifle. —¡Harris, Jenkins, Thompson, cubran la retirada de los demás!
Los soldados se movieron en formación cubriéndose mutuamente mientras corrían hacia el helicóptero. El Sargento Harris disparaba con precisión letal, abatiendo a los enemigos que se acercaban demasiado. Jenkins, nervioso pero determinado, seguía disparando sin cesar, protegiendo a sus compañeros. De repente, Thompson cayó al suelo con un grito de dolor, una bala había atravesado su pierna.
—¡Thompson ha sido herido! —gritó Jenkins, corriendo hacia su compañero.
Alexander se volvió rápidamente, evaluando la situación. —Harris, Jenkins, lleven a Thompson al helicóptero. ¡Ahora!
—¡Pero, capitán…! —protesto Harris, sabiendo lo que eso significaría.
—¡Eso es una orden! —cortó Alexander, su voz resonando con autoridad. —Yo cubriré la retirada. ¡Vayan!
Sin más opción, Harris y Jenkins levantaron a Thomson y lo llevaron hacia el helicóptero mientras Alexander se quedaba atrás, disparando con precisión para mantener a raya al enemigo. El helicóptero aterrizó y los soldados comenzaron a subir rápidamente. Alexander observaba cada movimiento, asegurándose de que nadie quedara atrás. Justo cuando el último soldado subía a bordo, una explosión sacudió el suelo bajo sus pies.
Alexander cayó al suelo, aturdido por la onda expansiva. Se levantó tambaleándose, su oído zumbando y su visión borrosa. A través del caos, escuchó la voz del piloto en la radio.
—¡Nos estan alcanzando, tenemos que despegar ahora!
—¡Aguanta un poco más! —gritó Harris, pero sus palabras se perdieron en el ruido ensordecedor de las hélices y los disparos.
El helicóptero comenzó a elevarse, alejándose lentamente. Alexander, sabiendo que no habia tiempo que perder, se levantó y continuó disparando, cubriendo la retirada de sus hombres con todo lo que tenía.
El sonido de las hélices y los disparos fue lo último que Alexander escuchó antes de que todo se volviera negro.
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La oscuridad era total. No habia dolor, ni sonido, solo una sensación abrumadora de vacío. En la oscuridad, Alexander solo tenía sus pensamientos '¿Era este el final? ¿Así terminaba todo?' No podía moverse, no podía ver, ni oír nada. Solo existían sus pensamientos, y la comprensión de su propia muerte. Pensó en su compañía, en los hombres que había liderado y protegido. Si había logrado que ellos se salvaran, entonces habia valido la pena.
De repente, un parpadeo de luz invadió la oscuridad y una luz cegadora lo cubrió. Él dolor regresó, agudo y penetrante. Sintió su cuerpo, pesado y adolorido, pero vivo. Abrió los ojos con esfuerzo, tratando de enfocar su vista. La luz era intensa, pero poco a poco, la imagen se aclaró. Se encontraba en una camilla de hospital, con las luces brillantes de la sala operativa sobre él. Respiraba con dificultad, desorientado.
—Capitán Marshall, tranquilícese. Está a salvo —la voz del médico lo saco de su confusión. Alexander miró a su alrededor, intentado comprender. '¿A salvo? ¿Cómo es eso posible?'
—¿Dónde… dónde estoy? —murmuró Alexander, desorientado.
—Está en un hospital militar. Llegamos a tiempo para salvarlo. Fue un milagro que las unidades de rescate llegaran justo cuando lo hicieron.
El médico continuó. —Las unidades de rescate llegaron justo a tiempo para detener la hemorragia. Usted es un héroe. Logro salvar a toda su compañía.
Alexander sentía una mezcla de alivio al escuchar esas palabras. Lo habia logrado, su compañía estaba a salvo, y de alguna manera… Respiro hondo, tratando de procesar lo que había ocurrido. Estaba vivo. Contra todo pronóstico, había sobrevivido. Mientras el dolor y la fatiga comenzaban a ceder. Miró sus manos, notando algo extraño. 'Mis cicatrices… no están.' Su cuerpo se sentía diferente, más liviano, más fuerte…
Sus pensamientos se cortaron cuando el cansancio y la fatiga lo golpearon con fuerza, haciendo que todo se oscureciera.
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Después de varios días en recuperación, Alexander finalmente pudo ver su reflejo en un espejo. Lo que vio lo dejo sin aliento. No era el hombre de 37 años que recordaba ser, su descuidada barba Hulihee, las arrugas en su frente, sus cicatrices de batalla y todo lo que lo hacía ver como un veterano curtido en batalla habían desaparecido, En cambio, veía a una versión más joven de sí mismo que le recordaba a sus primeros años después de graduarse. '¿Qué clase de milagro es este?'
Confundido, comenzó a investigar. Durante la misión, Alexander tenía 37 años, con 15 años de servicio activo en el ejército. Pero ahora, por algún motivo que desconocía, parecía haber rejuvenecido o haber vuelto atrás en el tiempo. Accedió a sus registros y se percató de que efectivamente algo habia cambiado drásticamente. Ahora tenía 26 años cuando sucedieron los acontecimientos de la misión que recordaba vívidamente, pero todo era diferente.
Originalmente, a esta edad estaría desplegado en la base Fort Bragg bajo el regimiento 82º División de infantería, siendo un simple teniente recien graduado de West Point a los 22 años. Pero en esta versión más joven de sí mismo, ya era Capitán (el mayor rango al que habia llegado en sus 15 años de servicio), graduado con honores de la academia y premiado por varios logros en los 4 años que llevaba de servicio.
De repente, un dolor de cabeza extremo lo invadió. Alexander se tambaleó y se apoyó contra la pared, sintiendo como si su mente estuviera siendo desgarrada en dos. Los recuerdos de dos realidades comenzaron a chocar violentamente en su mente. Recordaba haber vivido los momentos de su vida anterior, así como las nuevas experiencias que tuvo esta versión más joven de sí mismo. Era como si ambas vidas se hubieran fusionado en su mente, dejándolo con una compresión profunda pero confusa de su situación.
El dolor se intensifico hasta que Alexander no pudo soportarlo más y se desplomó en el suelo, desmayándose. Despertó horas más tarde en su cama, con la cabeza aún palpitante, pero con una claridad nueva. Había pasado por algo que no podía explicar, pero de alguna manera, entendía que habia sido una segunda oportunidad.
Mas tarde, en ese mismo día, las autoridades militares lo visitaron para otorgarle una medalla. —Capitán Marshall —dijo un alto oficial —por su valentía y sacrificio para salvar a su compañía, es un honor para mí otorgarle la Medalla de Honor del Congreso.
Alexander aceptó la medalla, aun tratando de aceptar su nueva realidad. Había recibido una segunda oportunidad, una vida renovada. No sabía cómo había sucedido, pero estaba decidido a aprovechar al máximo esta segunda oportunidad. 'Esta vez, no solo sobreviviré. ¡Alcanzare las metas que nunca pude en mi otra vida!'
Se comprometió a continuar su carrera militar con más determinación que nunca. Sus experiencias y conocimientos de su vida pasada lo guiarían. Era el mismo Alexander Marshall, pero con una perspectiva nueva y una resolución renovada. Estaba listo para enfrentar cualquier desafío y forjar un nuevo destino.
Nota de Autor:
Aquí finaliza el prólogo de esta historia que viene dando vueltas en mi cabeza desde hace tiempo, hasta que hace unos días, durante un debate del porque los militares siempre (o casi siempre) se ven al borde de la destrucción en las películas de zombies, me propuse a cambiar ese cliché que no representa a los militares.
Tengo varias ideas sobre cómo continuará la historia y el camino que tomará, y aunque en este prólogo solo se introduce al personaje principal, servirá para sentar las bases en los siguientes capítulos, los cuales entrarán más en detalle sobre la situación general y en que parte del universo de The Walking Dead nos encontramos.
No soy un gran conocedor de la franquicia, habiendo visto únicamente la serie de televisión hasta la temporada 8, pero con las nuevas series que están saliendo en estos últimos años, así como el haber descubierto que en el Universo de TWD existen organizaciones como el CRM y Commonwealth, hizo que mi espíritu de fanático volviera a surgir como una perra alocada, queriendo saber más y más.
Estoy abierto a las sugerencias que tengan, en especial sobre lo que tenga relación con él ejército de los Estados Unidos, ya que la historia aún se encuentra en sus fases tempranas y los cambios son posibles.
PD: ¿Es el nombre "Alexander Marshall" un mal nombre? Un amigo al que aprecio mucho me dijo que si lo era y solté una lagrima. Mi amigo (que está siguiendo la carrera militar) me sugirió el nombre de Zach MacMillan, en honor a un personaje querido de la saga Call Of Duty, y no me desagrado la idea, pero ya le había cogido cariño a Alexander. ¿Debería cambiarlo o seguir con lo que dicta mi corazón? Los leo.
