Un golpe de realidad
El Teniente General Alexander Marshall observaba el extenso complejo militar de Fort Benning desde la ventana de su despacho. A sus 40 años, pronto a cumplir 41, había alcanzado uno de los rangos más altos del ejército de los Estados Unidos. Un logro único y memorable para alguien de su edad. Su mirada de acero y su porte firme eran testigos de su vasta experiencia en combate.
Era temprano por la mañana y el sol apenas se asomaba sobre el horizonte. Los primeros rayos de luz iluminaban los campos de entrenamiento, donde los soldados ya comenzaban sus rutinas diarias. Alexander respiró profundamente, sintiendo el aire fresco de la mañana. A pesar de los años transcurridos, siempre se sentía revitalizado por la diciplina y el rigor militar.
—General, aquí están los informes del día —dijo su asistente, la Mayor Sarah Peterson, entrando en la oficina con un portapapeles repleto de documentos. Sarah era eficiente y precisa, cualidades que Alexander valoraba enormemente.
—Gracias, Mayor. —Alexander tomó los informes y comenzó a revisar los datos. Las actividades de entrenamiento, logística de suministros y las evaluaciones de rendimiento estaban detalladas en cada página. Sus ojos se movían rápidamente, absorbiendo cada detalle.
—Hoy tenemos una reunión con los oficiales de la base a las 0900 horas, seguida de una inspección a la nueva instalación médica —continuó Sarah, ajustándose las gafas. —Además, hay una videoconferencia con el Pentágono a las 1300 horas para discutir las actualizaciones de seguridad y estrategias de defensa.
Alexander asintió, su mente ya organizando las prioridades del día. —Perfecto, Mayor. Asegúrese de que todo esté listo para la inspección. Quiero que la nueva instalación médica esté operativa lo antes posible.
Sarah asintió y se giró para salir de la oficina, pero Alexander la detuvo. —Espera, Mayor —dijo con un tono serio, lo que hizo que ella se detuviera y lo mirara con curiosidad.
—¿Sí, General? —pregunto, notando la seriedad en su voz.
Alexander dejo los informes a un lado y se dirigió a su escritorio, donde una foto enmarcada de su antigua compañía descansaba en un lugar prominente. Los recuerdos de sus días como Capitán, el sacrificio que le costó su vida y el inexplicable reinicio que habia experimentado, todavía lo perseguían.
—Mayor, hemos trabajado juntos por bastante tiempo, ¿no es así? —dijo, su tono aún serio.
Sarah asintió, un poco desconcertada. —Sí, General, así es.
—Entonces, Sarah, creo que ya es hora de que dejemos los rangos de lado cuando estemos a solas —continuo Alexander, su tono aún más grave. —Puedes dirigirte a mí simplemente por mi nombre.
Sarah lo miró por un momento antes de que una sonrisa se dibujara en su rostro. —Claro, Alex… —hizo una pausa dramática antes de añadir con un tono juguetón —…General.
Alexander dejó escapar una risa ligera, sintiendo como la tensión se disipaba un poco. —Muy bien, Sarah. Solo quería recordártelo. Puedes retirarte ahora.
Sarah asintió y salió de la oficina, dejando a Alexander solo con sus pensamientos. Mientras se alejaba, Alexander sonrió ligeramente, agradeciendo por tener a alguien en quien confiar y con quien compartir un momento de camaradería, incluso en medio de la formalidad militar.
Reviso su reloj y notó que pronto seria hora de la reunión con los oficiales. Se levantó y se dirigió a la sala de conferencias, donde ya estaban reunidos varios altos mandos, esperando su llegada. Al entrar, todos se pusieron de pie en señal de respeto.
—Buenos días, señores —Dijo Alexander, tomando su lugar en la cabecera de la mesa. —Vamos a comenzar.
La reunión abarcó varios temas críticos. Desde la logística de entrenamiento hasta la coordinación con otras bases militares. Alexander escuchaba atentamente, ofreciendo su perspectiva y tomando decisiones rápidas y precisas cuando era necesario. La eficiencia y el respeto mutuo eran evidentes en cada interacción, reflejando el liderazgo firme pero justo de Alexander.
—General Marshall, hemos recibido informes sobre posibles amenazas cibernéticas dirigidas a nuestra infraestructura de comunicación —dijo el Coronel Thompson, señalando un informe en su Tablet.
Alexander frunció el ceño, tomando el informe y revisándolo rápidamente. —Necesitamos reforzar nuestras defensas cibernéticas de inmediato. Asegúrense de que todos los sistemas estén actualizados y que nuestro personal esté capacitado para manejar cualquier eventualidad. No podemos permitir vulnerabilidades en nuestras comunicaciones.
Los oficiales asintieron, tomando nota de las instrucciones. La reunión continuó con una serie de informes y discusiones, cada uno crucial para el funcionamiento eficiente de la base.
Mas tarde, Alexander se dirigió a la nueva instalación médica para la inspección. El edificio era moderno y estaba equipado con la última tecnología médica, diseñado para proporcionar atención de primera clase a los soldados y sus familias.
—General Marshall, es un honor tenerlo aquí —dijo la Doctora Emily Carter, la jefa de la instalación médica, mientras lo recibía en la entrada.
Alexander asintió, estrechándole la mano. —Gracias, Doctora Carter. Estoy ansioso por ver las instalaciones.
La doctora lo guio a través de las diferentes áreas, explicando las capacidades y el equipo avanzando que habían instalado. Alexander observaba con atención, haciendo preguntas y asegurándose de que todo estuviera en orden. Su enfoque en los detalles y su compromiso con el bienestar de sus soldados eran evidentes en cada pregunta que hacía.
—Estoy impresionado, Doctora. Esto será un gran recurso para nuestra base —dijo Alexander al final de la inspección.
—Hemos trabajado duro para asegurarnos de que todo esté a la altura de las necesidades, General —respondió la doctora, visiblemente orgullosa de su equipo y su trabajo.
Mientras caminaban hacia la salida, la Doctora Carter se volvió hacia él con una cálida sonrisa. —General Marshall, quería aprovechar esta oportunidad para invitarlo a cenar a mi casa esta noche. Mis hijos han estado ansiosos por verlo de nuevo desde su última visita. Y mi esposo también estaría más que encantado de recibirlo.
Alexander sonrió, recordando la última vez que había visitado a la familia Carter. Ethan y Lily habían sido un par de niños encantadores y llenos de energía, y Robert, el esposo de la Doctora Carter, siempre había sido un anfitrión amable y hospitalario. —Me encantaría, Doctora Carter. Será un placer ver a Ethan, Lily y a Robert de nuevo.
La doctora Carter asintió, visiblemente contenta de que los recordara. —Excelente, los veremos a las 1900 horas, entonces. Estoy segura de que los niños y Robert estarán muy emocionados al escuchar la noticia.
Alexander inclinó la cabeza en señal de agradecimiento. —Gracias por la invitación, Doctora. Estoy ansioso por la cena.
Se despidieron cordialmente y Alexander regresó a su oficina para prepararse para la videoconferencia con el pentágono. Sabía que los temas a tratar serían críticos para la seguridad nacional y estaba decidido a estar bien preparado.
Al sentarse en su escritorio y revisar sus notas, una sensación de responsabilidad y determinación lo invadió. Estaba listo para enfrentar cualquier desafío y guiar a sus hombres con la misma firmeza y dedicación que siempre lo había caracterizado.
Con la videoconferencia acercándose, Alexander revisó rápidamente sus notas, asegurándose de que estaba preparado para cualquier pregunta o discusión que pudiera surgir. La pantalla de su computadora parpadeó, indicando que era hora de conectarse. A medida que los rostros familiares de los altos mandos del Pentágono aparecían en la pantalla, Alexander enderezó su postura, listo para la reunión.
La videoconferencia comenzó con el protocolo habitual: actualizaciones de seguridad, estrategias de defensa y la logística de operaciones. Alexander presentó sus informes con claridad, detallando las mejoras implementadas en Fort Benning y los resultados positivos que estaban obteniendo. Sin embargo, en la segunda mitad de la reunión, un tema inesperado surgió.
—Hemos estado recibiendo informes preocupantes de ataques entre personas en diferentes estados —Dijo el General Thompson, con una expresión grave. —No parecen ser incidentes aislados. Hay reportes similares en Francia, Reino Unido y otros países relevantes.
Alexander frunció el ceño. —¿Qué tipo de ataques estamos hablando?
El General Thompson hizo una pausa antes de responder. —En su mayoría, son ataques violentos y aparentemente sin provocación. Las victimas muestran síntomas de comportamiento extremadamente agresivo, casi rabioso. No parece haber una causa clara.
El General Williams, desde el Pentágono intervino. —Estamos intentando determinar si hay alguna conexión entre estos casos. Podría ser una nueva forma de enfermedad, o algo más. La falta de información precisa es preocupante.
Alexander asintió, sintiendo una inquietud creciente. Sus instintos le decían que esto podía escalar, aunque no tenía pruebas concretas. —¿Qué medidas estamos tomando para investigar esto más a fondo?
—El CDC está trabajando en ello, así como otras agencias de salud a nivel internacional —respondió Thompson. —Necesitamos estar atentos y preparados para cualquier eventualidad. No podemos permitir que esto se convierta en una crisis global.
La reunión continuó con más discusiones sobre el tema, pero Alexander se mantuvo en silencio, procesando la información. No compartió sus preocupaciones con los demás, queriendo buscar más información antes de alarmar a nadie. Decidió que se pondría en contacto con el CDC de Atlanta en los próximos días para obtener más detalles.
Después de la videoconferencia, Alexander se dirigió a la residencia de la Doctora Carter. Fue recibido cálidamente por Ethan y Lily, y por el esposo de Emily, Robert, quien le estrechó la mano con una sonrisa acogedora.
—Es un placer tenerle aquí, General Marshall —dijo Robert, guiándolo hacia el comedor. —Emily ha estado cocinando tu platillo favorito, así que espero que vengas con hambre.
Durante la cena, la conversación fluyo de manera relajada y amigable. Los niños reían y hablaban animadamente, mientras que Emily y Robert compartían anécdotas de su vida cotidiana. Robert, siendo patólogo en la CDC de Atlanta, menciono casualmente su trabajo.
—Últimamente hemos estado investigando una nueva enfermedad en el CDC —dijo Robert, sirviéndose un poco más de vino. —Ha habido algunos casos extraños de comportamiento agresivo en pacientes. No tenemos muchos datos aún, pero es algo que estamos observando de cerca.
Alexander se interesó de inmediato. —¿Crees que podría estar relacionado con los ataques de los que se está hablando?
Robert asintió lentamente. —Es posible. Estamos recopilando información y tratando de encontrar patrones. Pero aún es demasiado pronto para decirlo con certeza. Lo que sí sé es que estamos trabajando a toda máquina para entender qué está pasando.
Emily intervino con una sonrisa, alejando el tema para no preocupar a los niños —Robert ha estado muy ocupado últimamente. A veces trabaja desde casa, pero muchas veces tiene que quedarse en Atlanta por semanas. Estamos esperando tener más claridad pronto.
Alexander agradeció la información, sintiendo que sus instintos estaban en lo correcto. La conversación derivó a temas más ligeros, y la velada continuó en un ambiente relajado y agradable. Al final de la noche, después de agradecer a la familia Carter por su hospitalidad, Alexander se despidió y regresó a la base en compañía de su escolta personal.
De vuelta en su despacho, Alexander se sentó en su silla, encendiendo la lámpara de escritorio que arrojaba una luz cálida sobre los documentos y archivos esparcidos. Los pensamientos sobre los informes de los ataques y la conversación con Robert giraban en su mente. Necesitaba más información y sabía exactamente a dónde acudir.
—Sarah, ven a mi despacho, por favor —llamó Alexander a través del intercomunicador.
Unos momentos después, la Mayor Sarah Peterson entró en la oficina, cerrando la puerta tras ella. —¿En qué puedo ayudarle, General?
Alexander levantó la mirada, y Sarah notó de inmediato la seriedad en sus ojos. Había trabajado con él el tiempo suficiente para reconocer cuando algo lo preocupaba profundamente.
—Necesito ponerme en contacto con el CDC de Atlanta —dijo Alexander, su tono firme. —Hay algo en estos informes de ataques que no me deja tranquilo. Tengo una corazonada de que hay algo más grande detrás de esto.
Sarah asintió, acercándose al escritorio. —Lo sabía. Vi esa mirada en la reunión esta mañana. ¿Cómo quiere proceder?
Alexander suspiró, apoyándose en el respaldo de su silla. —Quiero que organices una llamada con alguien del CDC que pueda darnos más detalles. Necesitamos saber que están investigando exactamente y si han encontrado algún patrón que pueda ser útil. Y quiero que esto se haga lo antes posible.
Sarah tomó nota rápidamente. —Entendido. Me pondré en contacto con ellos de inmediato y le avisare en cuanto tenga algo concreto.
Alexander sonrió ligeramente, apreciando la eficiencia y la familiaridad de Sarah. —Gracias, Sarah. Sabía que podía contar contigo.
Sarah sonrió de vuelta. —Siempre, Alex. Hemos pasado por muchas cosas juntos, y sabes que estoy aquí para lo que necesites.
Alexander asintió, sintiendo un breve alivio al saber que tenía a alguien en quien podía confiar completamente. —Eso es lo que más valoro de nuestro equipo, Sarah. Ahora, vamos a asegurarnos de que estemos preparados para cualquier cosa que venga.
Sarah salió de la oficina, dejando a Alexander nuevamente con sus pensamientos. Pero esta vez, sentía que estaba dando el primer paso para entender y posiblemente contener lo que podría ser una amenaza mayor.
Se levanto de su silla y se dirigió a la ventana, mirando el complejo militar de Fort Benning. Sabía que los próximos días serían cruciales. Necesitaba estar preparado, no solo por él, sino para sus hombres y sus familias.
Después de unos minutos, volvió a su escritorio y reviso los informes una vez más, mientras esperaba noticias de Sarah sobre la llamada con el CDC. La sensación de responsabilidad y determinación de proteger a los suyos lo impulsaba a seguir adelante, sin importar cuán incierto fuera el camino que tenía por delante.
Al cabo de un rato, el teléfono sonó. Era Sarah. —General, he conseguido una reunión con la Doctora Candace Jenner del CDC. Es una de las jefas de la unidad de enfermedades infecciosas. La llamada está programada para mañana a las 0900 horas.
—Perfecto, Sarah. Asegúrate de que todo esté listo para la llamada. Y gracias de nuevo.
—De nada, General. Nos vemos mañana.
Alexander colgó el teléfono y se permitió un momento de respiro. Sabía que la reunión de mañana sería clave para entender mejor la situación y para planificar los próximos pasos. Con la ayuda de Sarah y su equipo, estaba decidido a llegar al fondo de lo que le tenía tan preocupado.
A la mañana siguiente, Alexander se preparó para la videoconferencia con la Doctora Jenner. Se aseguró de que todos los sistemas estuvieran funcionando correctamente y revisó sus notas una vez más. A las 0900 horas en punto, la pantalla de su computadora parpadeó, indicando que la llamada estaba lista para comenzar.
La imagen de la doctora Candace Jenner apareció en la pantalla. Era una mujer un poco mayor que él, con cabello castaño largo y ojos del mismo color, con una expresión seria pero amable.
—Buenos días, General Marshall —dijo la Doctora Jenner, ajustándose las gafas —Gracias por tomarse el tiempo para esta reunión.
—Buenos días, Doctora Jenner. El agradecimiento es mutuo. Estamos interesados en comprender más sobre los recientes casos de ataques y cualquier información que pueda tener al respecto.
La Doctora Jenner asintió, consultando algunos documentos en su escritorio. —Hemos estado monitoreando estos incidentes de cerca. Aunque todavía estamos en las primeras etapas de nuestra investigación, hemos notado patrones preocupantes. Los casos de ataques no solo están ocurriendo en Estados Unidos, sino también en Francia, Reino Unido y otros países. Hasta ahora, no hemos identificado una causa especifica, pero estamos considerando varias posibilidades, incluyendo una posible enfermedad infecciosa.
Alexander frunció el ceño. —¿Una enfermedad infecciosa? ¿Qué tan grave podría ser esto?
—Es difícil decirlo en este momento —respondió la Doctora Jenner. —Pero estamos tomando todas las precauciones necesarias. Mi esposo, el Dr. Edwin Jenner, tambien está trabajando en esto. Él tiene experiencia en enfermedades altamente contagiosas y está liderando parte de la investigación.
El nombre resonó en la mente de Alexander, aunque no pudo precisar de inmediato por qué le resultaba familiar. —Agradezco su diligencia, Doctora Jenner. Manténganos informados sobre cualquier avance. Es crucial que estemos preparados para cualquier eventualidad.
-Lo haré, General. Espero que podamos encontrar respuestas pronto.
Alexander asintió, concluyendo la llamada con un agradecimiento. Mientras la pantalla se oscurecía, la sensación de preocupación seguía presente. Algo en el nombre del Dr. Edwin Jenner seguía resonando en su mente, una conexión que aún no lograba hacer completamente.
Con la reunión terminada. Alexander se dirigió a la oficina de Sarah para informarle sobre la conversación.
—Sarah, la Doctora Jenner mencionó que su esposo, el Dr. Edwin Jenner, está involucrado en la investigación. Quiero que busques toda la información que puedas sobre él y su trabajo en el CDC. Necesitamos entender mejor con quién estamos tratando.
Sarah asintió, tomando nota. —Enseguida, General. ¿Hay algo más?
Alexander negó con la cabeza, aunque su expresión mostraba la seriedad de la situación. —No por ahora, Sarah. Solo mantenme informado.
Sarah observó a Alexander por un momento, notando la preocupación en su rostro. —Alex, sé que esto te está afectando. Si necesitas hablar o desahogarte, estoy aquí.
Alexander sonrió ligeramente, apreciando su apoyo. —Gracias, Sarah. Lo sé. Por ahora, sigamos adelante y hagamos todo lo posible para estar preparados.
Sarah salió de la oficina, dejando a Alexander sumido en sus pensamientos. La mención del Dr. Edwin Jenner había despertado algo en su memoria, y estaba decidido a descubrir qué era. Sabía que los próximos días serían cruciales y que cada paso que tomara podía marcar la diferencia entre estar preparados y ser sorprendidos por lo desconocido.
El sol aún estaba bajo en el horizonte cuando Alexander se dirigió hacia la sala de entrenamiento. A pesar de sus responsabilidades como Teniente General, nunca descuidaba su condición física. Sabía que mantenerse en forma era crucial, no solo para su salud, sino también para mantener el respeto y la moral entre sus hombres. A lo largo de su carrera había demostrado ser un soldado de campo, alguien que había ganado sus galones en el frente de batalla y no desde la comodidad de una oficina.
Al entrar en la sala de entrenamiento, varios soldados ya estaban inmersos en sus rutinas matutinas. Al ver a Alexander, muchos se cuadraron instintivamente, aunque él les indicó que continuaran con un gesto de la mano.
—Buenos días, señores —saludó Alexander, ajustándose los guantes de entrenamiento.
—Buenos días, General —respondieron en coro, algunos de ellos con una sonrisa. La presencia de Alexander en la sala siempre fue un incentivo para esforzarse más.
Alexander se dirigió hacia las pesas y comenzó su rutina. Mientras levantaba, podía escuchar las conversaciones y las bromas entre los soldados. Se sentía cómodo en este entorno, rodeado de hombres y mujeres que compartían la misma dedicación y disciplina.
Después de unos minutos, uno de los soldados se acercó. Era el Sargento Martínez, un veterano con más de una década de servicio.
—General, es un honor ver que no descuida su entrenamiento —dijo Martínez, con una sonrisa en su rostro.
Alexander sonrió de vuelta mientras dejaba las pesas en el suelo. —Siempre hay que estar preparado, Sargento. ¿Cómo va todo con tu escuadrón?
—Bien, señor. Estamos listos para cualquier cosa que nos manden. Pero tengo que decir que su presencia aquí es una gran motivación para todos nosotros. No es común ver a un oficial de su rango entrenando con nosotros.
—Todos somos soldados, Martínez. No importa el rango. Lo importante es que estemos listos para cualquier desafío —respondió Alexander con firmeza.
Martínez asintió, claramente respetando las palabras de su superior. —Eso es cierto, señor. Por cierto, ¿ha oído algo sobre esos incidentes extraños en otros estados?
Alexander frunció el ceño ligeramente. 'La noticia se expande rápidamente' —He tenido algunas reuniones sobre eso. Estamos investigando y tomando precauciones. Pero por ahora, solo podemos seguir entrenando y preparándonos.
—Entendido, señor. —Martínez hizo una pausa antes de añadir. —Si necesita algo, no dude en contar con nosotros.
—Gracias, Sargento. Lo tendré en cuenta. —Alexander le dio una palmada en el hombro antes de continuar con su entrenamiento.
Después de una intensa sesión de ejercicios, Alexander se dirigió a las duchas. Mientras el agua fría caía sobre él, sus pensamientos volvieron a la videoconferencia del día anterior y a la reunión con la Doctora Jenner. Sabía que el tiempo apremiaba y que debía estar listo para cualquier eventualidad.
Una vez listo, regreso a su oficina, donde Sarah ya lo estaba esperando con un informe en la mano.
—Buenos días, Sarah. ¿Alguna novedad? —preguntó Alexander, mientras tomaba la taza de café caliente que se encontraba en su escritorio, cortesía de Sarah. Demostrando cuanto conocía de él y su rutina.
—Nada urgente, General. Solo quería entregarle este informe sobre las actualizaciones de seguridad. Y, por supuesto, confirmar la llamada con la Doctora Jenner para esta mañana.
—Gracias, Sarah. —Alexander tomó el informe y lo revisó rápidamente. —Asegúrate de que todo esté listo para la llamada. Esta conversación podría ser crucial.
—Lo haré. Y Alex… —Sarah hizo una pausa, mirándolo con una expresión de familiaridad. —Sé que algo te preocupa. Si necesitas hablar, ya sabes que puedes contar conmigo.
Alexander sonrió, apreciando su lealtad y amistad. —Gracias, Sarah. Aprecio eso. Ahora, vamos a prepararnos para esa llamada.
Sarah asintió y salió de la oficina, dejándolo a solas con sus pensamientos. Mientras se sentaba en su escritorio y se preparaba para la reunión, Alexander sintió una mezcla de anticipación y preocupación. Sabía que algo estaba pasando, pero no podía encontrar que era, y eso lo tenía preocupado.
Alexander estaba revisando sus notas cuando la pantalla de su computadora parpadeó, indicando que era hora de conectarse. A medida que los rostros familiares de los altos mandos del Pentágono aparecían en la pantalla. Alexander enderezó su postura, listo para la reunión.
—Buenos días, señores —Saludó Alexander, ajustando su posición frente a la cámara.
—Buenos días, General Marshall —respondieron en coro varios oficiales, entre ellos el Mayor General Robert Wilson, quien dirigía la reunión.
—Iniciemos con los informes de seguridad habituales —continuó Wilson, con una mirada seria. —Marshall, ¿puedes proporcionarnos una actualización sobre la situación en Fort Benning?
Alexander asintió y comenzó a detallar las operaciones diarias y las medidas de seguridad implementadas en la base.
—En Fort Benning, hemos mantenido nuestras operaciones diarias sin contratiempos significativos. Las patrullas de seguridad han sido reforzadas y se han implementado nuevos protocolos de vigilancia. Ademas, me gustaría destacar los proyectos de reforma que hemos iniciado recientemente.
El primero es la construcción de un nuevo centro médico avanzado, como mencioné anteriormente. Este proyecto, liderado por la Doctora Emily Carter, está diseñado para mejorar significativamente nuestra capacidad de respuesta médica. En caso de una emergencia, tendremos instalaciones de primer nivel listas para atender a nuestros hombres y cualquier situación que surja.
Tambien estamos llevando a cabo una expansión de la base. Hemos adquirido los terrenos adyacentes y estamos construyendo nuevas instalaciones de almacenamiento y entrenamiento, lo que nos permitirá aumentar nuestra capacidad operativa y alojar más personal si fuera necesario.
Otro proyecto clave es la implementación de nuevas fuentes de energía de emergencia. Hemos instalado generadores de alta capacidad y estamos trabajando en un sistema de energía solar que garantizará que la base funcione independientemente de la red eléctrica en caso de un corte prolongado.
Además, hemos mejorado nuestros sistemas de comunicaciones para asegurarnos de que podamos mantener contacto con otras bases y unidades en el campo. Estas medidas no solo fortalecerán nuestra operatividad diaria, sino que también nos prepararán para cualquier contingencia.
La eficiencia y la organización en Fort Benning eran evidentes, y sus informes reflejaban su compromiso con la seguridad y el bienestar de sus hombres.
—Excelente, General Marshall —dijo Wilson, asintiendo con aprobación. —Ahora, pasaremos a los informes de los demás generales.
Cada uno de los generales restantes presentó sus informes, describiendo las operaciones y cualquier ajuste reciente en sus respectivas jurisdicciones. Algunos mencionaron cambios menores en la rutina o mejoras en la infraestructura de sus bases, pero en general, los informes seguían la misma tónica de mantenimiento y ajuste continuo.
Una vez que todos los generales habían completado sus informes, Wilson volvió a tomar la palabra.
—Ahora, pasaremos al siguiente punto en la agenda: los incidentes recientes en varios estados y a nivel internacional.
El ambiente en la sala de videoconferencias se volvió más tenso. El Coronel Harris, del departamento de inteligencia, tomó la palabra.
—Hemos identificado una serie de incidentes en diferentes partes del país, así como en Francia, Reino Unido y otros países aliados. Los informes sugieren ataques entre personas aparentemente sin provocación y con un nivel de violencia inusitado. Aunque los casos son aislados, la naturaleza de estos eventos nos preocupa.
El General Wilson intervino. —Estos casos siguen siendo una preocupación constante. Algunos de nosotros creemos que podría tratarse de un arma biológica. Sin embargo, hay quienes piensan que esto es una exageración.
El Mayor General Johnathan Beale, un hombre mayor de apariencia dura y con una voz imponente, intervino. —No podemos descartar la posibilidad de que estemos enfrentando una amenaza coordinada. La seguridad nacional debe ser nuestra prioridad.
Un político de alto rango, el Secretario de Defensa James Thornton, alzó una mano en señal de disconformidad. —Entendemos las preocupaciones, General Beale, pero nuestras fuerzas federales tienen todo bajo control. Ya se han desplegado equipos de respuesta rápida para contener cualquier incidente. No debemos alarmar innecesariamente a la población.
Alexander observó cómo los generales intercambiaban miradas de frustración. Era evidente que los políticos no compartían el mismo nivel de preocupación.
—Entonces, ¿cuáles son nuestras órdenes? —pregunto Alexander, queriendo aclarar las directrices.
—Manténganse atentos a los acontecimientos y respondan de acuerdo a las instrucciones de los gobernadores de sus respectivos estados. —dijo Thornton, con tono decisivo. —Cada general tendrá jurisdicción sobre una región especifica. General Marshall, usted estará a cargo de Georgia y los estados circundantes. Todos recibirán un informe exacto sobre esto y acatarán esas órdenes hasta nuevo aviso.
—Entendido, señor —respondió Alexander. Aunque la ambigüedad de las ordenes no lo dejaba satisfecho.
La reunión continuó con más discusiones sobre las medidas de seguridad y la coordinación entre diferentes agencias. Cuando finalmente concluyó, Alexander se sentía más preocupado que antes. Los incidentes aislados y la indiferencia de los políticos hacia las preocupaciones militares lo mantenían en alerta.
Al cabo de un rato, el teléfono de su oficina sonó. Era Sarah.
—General, la doctora Jenner necesita hablar con usted lo antes posible. Suena bastante preocupada —informó Sarah, con un tono serio.
Alexander notó la gravedad del asunto en la voz de Sarah. —De acuerdo. Posterguemos los asuntos pendientes de hoy y asegúrate de que la comunicación esté lista para la llamada con la doctora Jenner.
Unos minutos después, Alexander estaba frente a su pantalla, esperando la conexión. La imagen de la Doctora Candace Jenner apareció en la pantalla, con una expresión de preocupación evidente en su rostro.
—Buenos días, Doctora Jenner. Gracias por tomarse el tiempo para hablar conmigo de forma tan imprevista. ¿Cuál es el asunto urgente? —dijo Alexander, inclinando ligeramente la cabeza en señal de respeto.
—Buenos días, General Marshall. Gracias a usted por su disponibilidad. Lamento molestarlo, pero esto es realmente urgente —respondió la doctora, con una voz tensa. —Hemos seguido investigando los casos recientes y hemos hecho algunos avances. Puedo descartar la preocupación inicial de que se trate de un ataque biológico. Lo que estamos enfrentando es un virus.
Alexander frunció el ceño, procesando la información. —¿Un virus? ¿Están seguros?
—Si, gracias a una muestra que conseguimos de uno de los agresores fallecidos, hemos confirmado que se trata de una nueva enfermedad. Sin embargo, estamos apenas en las etapas tempranas de la investigación y necesitamos más tiempo y recursos para entenderlo completamente —explicó la doctora Jenner.
—¿Cuál es el problema entonces? —preguntó Alexander, sintiendo que había algo más.
—El problema es que el gobierno federal ha comenzado a poner trabas en nuestra investigación. Argumentan que es un mal uso de los recursos y que no hay suficiente evidencia para justificar la inversión —dijo la doctora, visiblemente frustrada. —Nuestros superiores en el CDC están acatando estas órdenes por temor a un corte presupuestario, lo que ralentiza nuestra investigación.
—Eso es inaceptable —dijo Alexander, furioso. —¿Qué esperan que hagan ustedes?
—Han decidido mantener la investigación a un ritmo reducido. Mi esposo, el Dr. Jenner, y yo estamos a cargo de esta investigación, pero necesitamos su ayuda para influenciar al gobierno y que aprueben una investigación completa. Este virus podría ser una amenaza para todo el país, y necesitamos entender cómo se propaga antes de que sea demasiado tarde.
Alexander respiró hondo, sintiendo una oleada de frustración. —Intentaré todo lo posible para apoyar la investigación y convencer al gobierno, Pero no puedo prometer nada, dada la actitud del gobierno federal hasta ahora.
La doctora Jenner asintió con gratitud. —Gracias, General Marshall. También, mi esposo desea hablar con usted para compartir más detalles sobre el virus. Puede proporcionarle información más específica sobre lo que hemos descubierto hasta ahora.
La pantalla mostró entonces la imagen del Dr. Edwin Jenner, un hombre de apariencia meticulosa y expresión seria. Alexander no lo reconoció de inmediato, pero la familiaridad de su nombre seguía resonando en su mente.
—General Marshall, gracias por tomarse el tiempo. Quisiera compartir algunos hallazgos importantes. Este virus, al que hemos comenzado a llamar Wildfire por la rapidez con la que se propaga y actúa, es extremadamente agresivo. Ataca las muestras biológicas con una velocidad alarmante, y aún no comprendemos completamente su mecanismo de transmisión ni de donde proviene.
Al escuchar el nombre "Wildfire", Alexander sintió un escalofrío. De repente, todo encajó en su mente: el nombre del doctor, la naturaleza del virus, y la sensación de inminente catástrofe, demasiadas similitudes para ser mera coincidencia. Comprendió con horror la magnitud de lo que enfrentaban.
La llamada continuó durante unos minutos más, pero Alexander apenas podía concentrase. Su mente estaba a kilómetros de distancia, procesando la realidad de la situación.
Finalmente, la llamada terminó. Alexander se quedó sentado en su escritorio, abrumado por la verdad. El golpe de realidad lo dejó sin aliento. Comprendió que esta segunda vida no era la oportunidad que pensaba, sino un desafío monumental que requeriría todo su esfuerzo y determinación.
Respirando profundamente, se levantó con una resolución firme. Si el apocalipsis era inevitable, entones haría todo lo posible para proteger a sus hombres, sus familias y su país. Se comprometió a hacer frente a este desafío mortal y a salvar la mayor cantidad de personas posible.
Con su determinación renovada, Alexander comenzó a planificar sus próximos movimientos, listo para enfrentar la tormenta que se avecinaba.
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Nota de Autor: Y asi finaliza el primer capítulo. Con poco mas de 5000 palabras que intentan retratar los primeros casos del brote, asi como tambien la comprensión de Alexander sobre donde se encuentra realmente en esta segunda vida, y el peligro que le acecha no solo a él, sino a sus hombres y sus seres queridos.
Tambien hacen aparición varios personajes originales de la serie, el doctor y la doctora Jenner se encuentran investigando los casos de "ataques" y este nuevo virus que los provoca, aunque aun se encuentran en sus etapas mas tempranas de investigación (lo cual les puede dar un estimado de en que fecha nos encontramos dentro del universo de TWD). Sino, se aclarara en el siguiente capítulo.
Otro personaje que tambien hace aparición es el Mayor General Beale. Un malhumorado señor mayor pero que se preocupa por la seguridad nacional.
