Nada de Crepúsculo me pertenece, la historia es de Sthepenie Meyer y yo solo lo utilizo con fines de entretenimiento.

Summary: Secuela de pérdida en crepúsculo. Y de ese modo el león se casó con la oveja. ¡Qué oveja tan estúpida! ¡Qué león tan morboso y masoquista! ¿Qué hago resolviendo sus problemas?

Advertencia: Todos los personajes pertenecen a Meyer, excepto Hannah James, Danielle James y Charles.

Advertencia 2: Algunas frases originales del libro Amanecer aparecerán en la historia.


Parte XLIII

Inspirado en Human – The Killers

Los días poco a poco se iban acercando a la noche de navidad, lo que llevaba al inminente final de la estadía en Forks. Así como Bella tenía planes secretos a espaldas de los Cullen procurando el bienestar de Nessie, yo también los tenía y no había dejado en ningún momento de llevarlos a cabo. Mi propósito era seguir permeando lo más posible las memorias de los Cullen para que los Vulturis me encontraran y decidieran que sabía demasiado para vivir en esta Tierra.

Por otro lado, dedicaba parte del día para escribir mis memorias en el cuaderno que había comprado en Seattle. Empecé narrando los acontecimientos como si fuera un cuento de una chica que había aterrizado en un pueblo alienígena, sin saber quien o quienes la habían llevado allí. Así me había sentido en mi primera excursión en esta fantasía, con muchas preguntas del por qué cree este mundo imaginario.

En mi vida real, busque ayuda en diferentes especialistas que facilitaba la universidad de Chicago, ninguno sabía el por qué, de estas alucinaciones; la mente era un órgano muy poderoso, que hacía de tu vida un mundo color de rosa o una pesadilla completa. Tuve de ambos tanto en la anterior estadía como en esta, de modo, que era momento de cerrar el ciclo y como lo repetía a menudo, era momento de crecer y no podía dejar que esto sucediera nuevamente.

El paso del tiempo fue llenando las hojas con la información que iba recordando día a día, todos los episodios en la secundaria de Forks, mi último día antes de desaparecer de la vida de los Cullen, Bella y Jacob; aunque quizás algunos ya conocían como se desarrollaron los acontecimientos, no sabían a fondo quien me había devuelto al mundo real. También narre mi vida en Chicago, como había sido mi supervivencia entre los muros de la secundaría, quienes eran esas personas importantes que aun eran mis grandes amigos, así como mis aventuras en la universidad hasta la proposición de Charles.

Quería que lo supieran todo y también el porqué de las decisiones que estaba tomando, así como no debían empezar una guerra por una humana temeraria, en realidad no merecía una cruzada, no porque no fuese valiosa, sino porque en realidad no existía en su mundo y además no debían darle armas para la guerra que Cayo busco con tanto ahincó en sus acusaciones contra los Cullen.

Redacte cartas para casi todos, para los Black, los Swan, una para Edward, Alice y Jacob, así como también para el resto de los Cullen. Hubo momentos donde llore una perdida que aún no se llevaba a cabo, era difícil dejarlos y morir para nunca volver, debía ser fuerte por todos, por mi familia imaginaria y por la real, nadie merecía una vida a medias, sin saber cuándo volvería o quizás nunca lo haría, era una etapa que debía ser superada, así sintiera que se me desgarraba el alma.

- ¿Qué es lo que tanto escribes ahí? -pregunto Leah sentándose en la cama de Bella.

- Mis pensamientos -repuse regalándole una sonrisa-. ¿Cómo va la cueva?

Leah resoplo de un modo nada femenino, era quien más tomaba los turnos para cuidar de la casa de Charlie, aunque últimamente Jacob quería quitarle el puesto desde que me había vuelto a dirigir la palabra.

- Lo mismo -contesto levantando los hombros-. Todas las sanguijuelas cada vez más fascinados con la niña.

- Gracias Leah -mencione soltando un suspiro-. Se que no han sido fácil los últimos meses, en verdad admiro tu resistencia y tu capacidad de afrontar cosas que otras chicas no lo harían. Espero que puedas encontrar la persona que pueda hacerte feliz, porque lo mereces más que nadie.

Un sollozo se escuchó procedente de donde se encontraba la chica, su vida no había sido nada fácil, lo que había atravesado no se le deseaba a ningún enemigo. Transformarse en un lobo, ver a tu padre morir a causa de esta magia, ver como tu amor se imprima de alguien cercano a tu familia, tomar la decisión de marcharte de tu hogar para no sufrir más y eso no lo podía hacer cualquiera.

- Oye -dije para despejar el ambiente nostálgico-. No riegues tus mocos sobre la cama.

La chica soltó una carcajada que la hizo olvidar los problemas.

- Estas loca -tercio Leah limpiando los últimos rastros de tristeza-. Tú también eres fuerte, no lo olvides.

El día de navidad llego inevitablemente. Durante este tiempo, Bella y yo intercambiamos mensajes en clave para cualquiera que tomara su celular, eran las ultimas instrucciones que intercambiamos antes de la batalla final; todas esas disposiciones iban desde el escape de Jacob y Nessie, así como preparar a Charlie frente a una eventual muerte. No hacíamos llamadas, debido a la naturaleza del oído vampírico, por lo general cuando practicaba su escudo con Kate o Zafrina, aprovechábamos para esos pequeños intercambios.

- Hoy será un grandioso día -musito Charlie plantándose en la cocina-. Supongo que Sue vendrá dentro de unos minutos.

Escondí mi sonrisa tras la taza de café, era gracioso ver la jefe Swan impaciente por la aparición de la mujer, estaba enamorado hasta las medias y no había forma de que lo disimulara; quizás era la mejor decisión que pudo ocurrirle a la escritora de esta novela, Renee había hecho su vida sin importar mucho que pasara con su exmarido y menos con su hija, estaba ajena a todo lo que se avecinaba en unos días y quien sabe si algún día se enteraría.

- Espero que si – repuse tomando un poco de café-. En verdad nadie quiere terminar con un dolor de estomago a medianoche en el hospital.

Vi el bigote de Charlie indignarse y un dedo alcanzo a señalarme antes de que Sue apareciera en la cocina, venía acompañada de su hijo menor Seth, quien por las caras exageradas que hacía, le había tocado cargar con todas las provisiones para la cena de la noche.

- ¿Qué ha pasado Charlie? – saludo el joven dejando con estrepito las compras en la cocina.

- Nada -resoplo Charlie saliendo de la cocina.

- No seas tan dura con él, Hannah -medio Sue con una sonrisa-. Algún día aprenderá a cocinar.

- Lo dudo -musitamos Seth y yo intercambiando una sonrisa.

El día avanzo, al igual que los resoplidos de Charlie. Sue no permitió que pusiera un pie en la cocina, solamente lo alentó para que supervisara que la casa estuviera decorada y lista para cuando los invitados aparecieran. Los primeros en llegar fueron Sam y Emily, un torpe saludo con la cabeza salió de ambos cuando me cruce camino de la cocina al comedor, ayudando a Sue para organizar la cena que hacía ilusión a Charlie por su única nieta.

Posteriormente fueron apareciendo el resto; sentí compasión de Leah al verla cruzar una mirada rápida con Sam, aunque estaban en buenos términos, aun le dolía aquella pareja, me limite a darle un mirada de comprensión del otro lado de la habitación, quería ir a ella, desde mis palabras no había tenido la oportunidad de hablar nuevamente y tenía la necesidad de apoyarla; pero la aparición de Edward, Bella, Reneesmé y Jacob impidió que la alcanzara al interior de la cocina para pasar desapercibida.

- Oh -musito Jacob un tanto incomodo-. Espero que esto no lo haya cocinado Charlie.

El jefe Swan se cruzo de brazos indignado por la cantidad de chistes que había tenido que soportar durante el día.

- Descuida -repuse organizando los últimos cubiertos sobre la mesa-. Nadie morirá envenenado.

La risa de la manada Black se escuchó al unisonó. Solo el regalo que los Cullen le dieron a Charlie apaciguo el mal humor que le habíamos provocado por las bromas que le habíamos gastado sobre la comida. Al finalizar todos se reunieron alrededor de la mesa. Aunque el libro había descrito un almuerzo, habíamos acordado hacerlo hacía el atardecer para que cada familia pudiera terminar de celebrar la navidad en compañía de los suyos.

Los quileutes departían con alegría y se hacían bromas los unos a otros mientras comían lo que Sue había preparado para todos. Reneesmé había insistido en acomodarse a mi lado en la mesa y Jacob no se había quedado atrás, la niña había quedado entre los dos y pude observar en su mano una manilla que había causado un poco de dolor de cabeza a Edward, la niña mostraba emocionada sus sentimientos al recibir los regalos que poseía en la mañana, sin duda crecería rodeada de amor, aunque sus padres ya no estarían para verlo.

Alce mi mirada al pensar aquello, Edward me observaba compungido, sabía que no había salida para ninguno, los Cullen habían sido condenados por el egoísmo y la avaricia de los Vulturis; Nessie estaría en buenas manos, Jacob la protegería con su propia vida y quizás regresara a Forks muchos años después cuando Charlie fuera lo suficiente mayor como para aparentar que los Cullen habían muerto en un accidente y solo él era su única familia.

Un suspiro se escucho por parte de Edward, el resto de los comensales no prestaron atención a nuestro intercambio telepático, nuestra conexión se perdió cuando Jacob pidió que le alcanzará la ensalada más cercana a mí, ya que, Embry había acabado con las guarniciones antes de que las probara. Edward sabía que no había salida, todos iban a morir.

Al cabo de una hora los invitados fueron desapareciendo, dejando a los Clearwater, los Swan, Edward, Jacob y yo como los ocupantes de la sala para intercambiar los presentes que se habían adquirido a lo largo de los días. Charlie se puso de mejor humor al ver mi regalo hacia el señor Cullen, era algo que me debía desde la anterior estadía y nos saco del ambiente melancólico que estaba tratando de evitar desde que supe que faltaba muy poco días para el comienzo del fin.

Tras unos minutos de escuchar las historias acerca de los intentos de Charlie por cocinar algo y como había sobrevivido todos estos años sin un intento de envenenamiento; me escabullí hacia las escaleras traseras de la propiedad y contemple el patio trasero que poco a poco se perdía entre el pequeño bosque que rodeaba a Forks, no podía con la angustia en mi pecho y las lagrimas comenzaron a deslizarse por mi cara, escondí mi rostro entre las piernas para no producir tanto ruido con mis sollozos.

- Lo sé, es sofocante -murmuro Edward pasando la mano por mi espalda tratando de consolarme-. Solo eres humana, no puedes hacer más allá de lo permitido… ellos no deben saber que existes.

Asentí no muy segura de poder hablar sin que se escaparan los sollozos.

- Duele -murmure con un tono bajo-. No se si podre con todo… cuando…

-Vas a poder -me animo Edward-. Confiamos en ti Hannah, solo tu puedes guiar al resto que quedara de nosotros… no me falles.

Su voz se había quebrado un poco al pronunciar lo último, limpie los rastros de mis lagrimas antes de refugiarme en sus brazos. Edward había sido un pilar muy importante para mi en esta historia, él y Alice habían sido ese Wickham que Amanda Price necesito en los momentos mas complejos de su incursión en el mundo de su propia fantasía, no sabía que sería de ellos al final de la semana, como sería el fin de sus vida y que yo no estaría ahí para consolarlos.

- Es momento de irnos -interrumpió Jacob asomándose desde la cocina-. Bella dice que…

-Claro -medie antes de que pudiera decir algo incomodo-. Cuídense.

- Así será -soltó Edward antes de posar un beso de despedida en mi frente y se marchó con Jacob para quizás nunca volver.

El final había comenzado, volví a hundir mi rostro entre las piernas, no podía con mi conciencia. Ellos no iban a morir, ese era el destino que se había escrito hace mucho años, solo nos habían provocado un pequeño infarto hacía el final, por que los finales felices existían en la mayoría de las historia, pero ya no podía alargar esta retorcida mente, debía despertar.

Dirigí por ultima vez mis ojos hacía la espesura, en la lejanía capté algo extraño que no había estado ahí antes de la interrupción de Edward, era una escena familiar que me había perseguido en las ultimas semanas. Unos ojos rojos se colaban entre los matorrales que daban hacía la casa Swan, el aire se quedo atorado en mi garganta, eran los mismos ojos que se aparecían en mis sueños….

Me miraba con hambre…

Estaba sediento de sangre…


Hola de nuevo... se va acercando al final de esta historia, pensé que nunca lo diría. Estoy como Hannah un tanto temerosa pero por otro lado aliviada, es tiempo de dar fin a una de la historias que me ha costado terminar, así que es posible que los últimos capítulos sean un tanto extraños al redactarse o que no lleven el mismo tono de toda la historia y es por que me ha costado acostumbrarme.

¿Qué les pareció el capitulo? ¿Quién será el dueño de los ojos rojos?

;) Hasta la próxima oportunidad.