Dos tazas de té humeaban sobre la mesa de centro; ninguno de los presentes las habían tocado.
Kouyo guió a Mori hasta su oficina y le invitó a sentarse en una pequeña salita que usaba de vez en cuando. Su viejo amigo se sentó en silencio en el mullido sofá y ella preparó un poco de té caliente para ambos.
Había pasado varios años desde que se reunieron, la última ocasión había sido durante la boda de su hijo Paul. Mori aún tenía ese porte y ese semblante oscuro que lo había caracterizado los últimos años. Kouyo lo había atribuido a la ausencia de Ran, nunca más lo vio sonreír de la manera tan sincera en la que lo hacía con ella. Era un dolor mezclado con los años y la ausencia como un velo invisible ante los ojos de los demás pero demasiado claro para ella.
Finalmente, la pelirroja se ánimo a tomar una de las tazas de té que había preparado y le dio un sorbo.
—Querida Kouyo— dijo Mori imitándola tomando la taza. — Me puedes explicar ¿Por qué no me dijiste que mi hijo se encontraba grave debido a un aborto?— preguntó viendo directamente a los ojos de su anfitriona.
Kouyo observo a Mori y supuso que Chuuya le había contado algo sobre la condición de Dazai. Lamentó en silencio la indiscreción de su hijo. No lo culpaba, él ignoraba la relación que existía entre esos dos.
—Osamu es un omega—declaró la pelirroja sabiendo que ya no tenía sentido posponer la noticia —Tuvo un aborto porque el padre de su cachorro no estuvo con él durante el embarazo. Su cuerpo y su estado anímico también influyeron…—
— ¿Qué clase de alfa es tu hijo Kouyo?— se quejó Mori interrumpiéndola— ¿Embaraza a mi hijo y lo dejo a su suerte?— acusó furioso.
Kouyo lo miro sorprendida y con ojos bien abiertos.
—Tú eres el menos indicado para decir eso cuando le hiciste lo mismo a su madre—le recriminó la mujer y Mori abrió la boca para decir algo pero enseguida se calló. — Además, crees que si Chuuya fuera el padre hubiera dejado a tu hijo. Si fuera así, mi hijo y yo lo habríamos cuidado hasta que llegara a término.
— ¡Ese bebé estaría vivo!—Exclamó molesta.
— ¿Entonces qué hacía Chuuya en la habitación de Osamu?— preguntó Mori un poco más calmado.
—Por desgracia, el padre de su bebé lo marco y él necesitaba las feromonas de un alfa. Rechazó todas, excepto las de Chuuya— explicó Kouyo —MI hijo no lo parece, pero es un alfa dominante. —
—Ya veo…— soltó Mori con actitud taciturna. — ¿Y él alfa que lo marco, dónde está?— preguntó con un brillo dorado en su mirada.
Kouyo sabía que algunos alfas dominantes podían cambiar el color de sus ojos durante el celo o cuando tenían emociones muy profundas. Aunque Mori quería mantenerse impasible, podía ver la rabia en esos ojos escarlata que se tornaron en dorados en cuestión de segundos.
—Nadie sabe dónde está ni cómo contactarlo… — negó apenada. —Esperaba que Osamu me dijera su nombre para enviar a alguien a buscarlo.
—Voy a matarlo…— murmuró Mori.
—Antes de eso encuéntralo primero por favor— apuntó Kouyo dando un sorbo a su taza de té y agitando su otra mano hacia adelante.
—Oh claro que lo haré, créeme y cuando lo encuentre va a desear no haber nacido— soltó Mori con instinto asesino.
Kouyo soltó un suspiró, sabía que Mori era muy capaz de hacerlo. Durante la guerra él había asistido como médico en los interrogatorios donde corrían rumores de sus infalibles y crueles métodos para obtener información. En la actualidad ya no ejercía como médico pero de manera ocasional asistía como consultor en la milicia. Cuando asumió el liderazgo de su familia se dedicó en hacer crecer y expandir el negocio de su familia convirtiéndose en el mayor distribuidor de farmacéuticos y equipo médico de todo el país. De esa manera había labrado su nombre y su fortuna.
—Le diré a Hirotsu que investigue…— dijo finalmente Mori y termino su taza de té.
—En tu opinión ¿crees que puedes remover la marca?— preguntó preocupado.
—No— contestó Kouyo al instante. —Osamu está muy débil. Remover una marca es muy doloroso y necesita estar bien para ello. Además, no sabemos si él desea removerla…—
—No me importa si lo quiere o no, haz que se la quiten— declaró Mori como si fuese una orden. — ¡No quiero que Osamu siga atado a la persona que puso su vida en peligro!—
— ¡¿Me estas ordenando Rintaro?!— Dijo Kouyo retándolo con la mirada— ¡Yo tampoco quiero que Osamu este unido a un tipo que lo abandonó!— admitió molesta. —Pero…— hizo una pausa para recomponerse— eso depende de él. Si lo obligas a quitarse la marca no lo dejaras decidir igual que tus padres hicieron contigo y Ran.
Mori apretó los dientes con actitud contrariada. Casi nunca nadie le hablaba con la rudeza con la que Kouyo se dirigía a él, la mayoría de la gente le temía y respetaba pero Kouyo no, para ella ambos eran iguales y por eso consideraba a esa mujer como su única y mejor amiga. Le gustaba escuchar su opinión porque siempre hablaba de manera prudente aunque su corazón siempre interfiriese. Era algo que le gustaba de ella porque su visión era muy diferente a la de él.
—Osamu aún no sabe que eres su padre…— apuntó la pelirroja preocupada. —Los dos únicos padres que tuvo están muertos y perdió a su hijo. Es mucho para procesar, no lo sometas a más presión. Le sugeriré remover la marca y si accede, lo haré en cuanto esté mejor—ofreció.
—Estoy de acuerdo con eso…— soltó Mori más tranquilo y se lamento por su exaltamiento anterior.
—Dime ¿Regresaras a casa de tus padres?— preguntó Kouyo preocupada.
—No, hace poco Hirotsu me consiguió una casa por aquí, así que iré a cambiarme y volveré. Quiero estar cerca por si Osamu despierta— contestó el hombre dejando la taza vacía sobre la mesa.
— ¿Podrías cuidarlo en lo que vuelvo? —
—No tienes porque pedírmelo, sabes que lo haré con gusto—
—También agradecele a Chuuya de mi parte— dijo Mori poniéndose de pie y de pronto una idea cruzó en su cabeza. Era algo descabellada pero serviría para sus propósitos.
—Sabes Kouyo…— dijo con un tono de voz más agradable y melodiosa. —Me hubiera gustado que Osamu y tu hijo estuvieran juntos, lástima que no fue así, parece que a Chuuya le agrada bastante mi hijo.
—Si— corroboró Kouyo y recordó como Chuuya había pasado toda la noche cuidando a Dazai; la manera en que lo miraba y esparcía sus feromonas para tranquilizarlo. Se había sentido tranquila al verlos juntos y abrazados en el piso como si se pertenecieran el uno al otro. No puedo evitar dibujar una sonrisa al pensar en ellos porque se recordó a sí misma y a Ran cuando solía envolverla entre sus brazos y besar su frente para decirle lo mucho que la quería.
—Sin duda es curioso el destino— dijo Mori sacándola de sus recuerdos.— Lo que tanto buscaba estuvo tan cerca de mí todo el tiempo.
—Sí, supongo— contestó Kouyo que comenzó a levantar las tazas vacías de la mesa.
—Dijiste que Chuuya es un alfa dominante y que sus feromonas ayudan a Osamu ¿No crees que sería bueno para ambos que terminaran juntos?— sugirió y Kouyo percibió que aquella declaración se dirigía a un punto que no le agrado.
—Ya sabes, si Chuuya marcará a Osamu el vínculo con el otro alfa se rompería…—
— ¡Detente ahí!— exclamó Kouyo seria. —Es de mi hijo de quien hablas. No pienso obligar a Chuuya a que lo marque.
—Pero a él le gusta, se nota a leguas. No viste cómo lo mira, ni siquiera quiere despegarse de él ¿No se te hace raro?— señaló Mori. — ¿Además, piensas darle el hijo de Ran a cualquiera?— y con aquello pregunta desarmó a Kouyo.
Ella apretó los dientes molesta con los recuerdos de Ran aún frescos en su memoria.
—Vete ya y haré de cuentas que no dijiste nada de esto…—soltó Kouyo dándole la espalda.
Mori se dirigió hacia la puerta pero antes de salir se detuvo.
—Me iré por ahora pero piénsalo, sería lo mejor para todos. Sabes que a Ran le hubiera gustado que su hijo y el tuyo terminaran juntos, personalmente como su padre es una relación que aprobaría sin duda…— dijo y salió por la puerta.
Kouyo lanzó el par de tazas contra la madera y se esparcieron en añicos por el suelo.
—Bastardo— mascullo molesta y luego cubrió su rostro con ambas manos para limpiar sus lágrimas. —Por tu culpa, si mi preciosa Ran no se hubiera enamorado de ti…Ella…—chilló.
En el estacionamiento el chofer de Mori aguardaba por él, en cuanto lo vio le abrió la puerta de la limosina para que pudiera abordar y cuando estuvo en el interior sacó su celular y marcó un número. No tuvo que esperar mucho en la línea cuando alguien le respondió.
—Jefe— se escuchó la voz de un hombre mayor al otro lado.
—Hirotsu— pronunció Mori el nombre de su mayordomo y hombre de confianza. —Quiero que investigues a Osamu Dazai que se encuentra internado en el hospital del centro y también, quiero que consigas un afrodisiaco lo suficientemente potente para afectar a un alfa dominante y a un omega. Algo que sea discreto e indetectable, busca entre nuestros contactos de la milicia. No importa el precio— ordenó.
—De acuerdo señor— contestó Hirotsu al otro lado y a Mori le pareció que quería decir algo más.
— ¿Qué sucede?— preguntó Mori al notar su indecisión.
— Se trata de Osamu Dazai. Disculpe señor, acaso ese nombre… —Hirotsu guardo silencio antes de preguntar. — ¿Está relacionado con la señorita Ran?—
—Así es—Mori no dudo en confirmarlo. —Es el niño al que le juraste a mis padres y a mí que te deshiciste de él…—
—Señor yo…— la voz de HIrotsu tembló al otro lado de la línea.
—Sé que mentiste y debe haber un buena razón para ello— se apresuro a decir Mori.
—Señor, déjeme explicarle... — pidió Hirotsu.
— No te confundas, no estoy molesto Hirotsu—suspiró Mori—. Gracias a tu indulgencia mi hijo está vivo pero Ran sigue desaparecida, así que más te vale dejar tus mentiras y empezar a hablar con la verdad porque de eso depende tu vida… —pronunció de una manera que provocó que el corazón de Hirotsu se revolviera muy dentro de su pecho.
—Si señor— contestó el viejo hombre cansado y termino la llamada.
Mori observó su teléfono y al apretar unos botones en su pantalla se desplegó una foto de Ran y él en su época de juventud. Si sus padres no hubieran interferido, él y Ran se hubieran casado y Osamu habría nacido dentro de su familia. Seguramente todos sus intentos de encontrarlos habían sido saboteados por Hirotsu, de eso ya no le quedaba duda y eso lo hizo sentir molesto, pero no tanto como que Ran confió más en Odasaku que en él para criar al hijo de ambos.
— ¿Por qué Ran? ¿Por qué alejaste a Osamu de mí y acudiste con Oda?— preguntó apretando los dientes.
No había podido estar con Dazai durante su niñez, no sabía lo que había vivido y ahora que lo había encontrado se encargaría de asegurarse de darle un buen futuro. Y comenzaría primero por darle alguien apropiado para él. Lo sentía por Kouyo pero si Osamu debía estar atado a alguien prefería a su hijo que al bastardo alfa que lo embarazó.
Osamu estuvo inconsciente durante tres días. En ese tiempo Chuuya continuó proporcionándole de sus feromonas y Kyouka y Kunikida se turnaban para acompañarlo y cuidarlo. Mori aprovechaba los momentos en que estos tres salían para colarse en su habitación y observarlo dormir. Mientras lo veía imperturbable, revisaba sus signos vitales y la marca de su cuello que lucía desvanecida. Esto le indicó que el Alfa que se la hizo no había estado con él por un largo tiempo. Aquello le alegró y convenía muy bien para sus planes.
Luego pasó su mano sobre sus cabellos y arranco unos cuantos. No dudaba que fuera su hijo pero necesitaba una prueba que avalará su parentesco. Le había pedido a Kouyo que le dejara disponer del cuerpo de su nieto pero ella no se lo permitió dado que no existía ningún papel que comprobará su relación. Tendría que esperar hasta que Osamu despertara o tuviera un documento oficial, así que se le ocurrió que haría una prueba de ADN para establecer que Osamu era su hijo. Después de todo, cuando pudiera contarle toda la verdad pensaba reconocerlo y añadirlo a su registro familiar. Solo debía ser paciente pero le estaba costando conforme pasaban los días, a ese ritmo tendría que provocar a Chuuya para que lo marcara mientras él se encontraba inconsciente pero no quería agravar su condición.
—Puedes dejar de fingir que estás dormido—dijo Mori de pronto y se apresuro a guardar los cabellos de Dazai en un pañuelo que oculto en su bolsillo
Dazai chasqueó los dientes con molestia y abrió los ojos.
— ¿Cómo lo descubrió?—preguntó curioso el castaño aún recostado sobre su almohada.
Mori sonrió al poder intercambiar palabras por primera vez con su hijo. Se sintió emocionado y trato de ocultar la felicidad que sentía.
—No sé cómo eres capaz de controlar tu pulso pero lo que no se puede ocultar son los signos del dolor— le explicó Mori.
—Ya veo…— soltó Osamu. —¿Por eso me arrancó algunos cabellos?— preguntó.
—Así es— confirmó Mori.
—Que doctor tan cruel— se quejó el joven con un tono burlón y notó que sus brazos estaban sujetos por unas amarras.
—Esto es sin duda excesivo— dijo intentando alzar sus brazos— ¿Amarrar a un pobre chico y arrancándole el cabello para comprobar que este despierto?— chistó a modo de desaprobación. —Violencia excesiva en contra de un inofensivo omega.
Mori rio bajo, al parecer no solo había heredado la apariencia de Ran si no también su retorcido sentido del humor.
—Ahora que estas despierto ¿quieres que llame a alguien?— preguntó Mori de manera condescendiente. — ¿Quizás a tu alfa?
Al mencionar aquello, la sonrisa de Osamu se borró y Mori se lamentó internamente por ello.
—No por favor, por ahora no quiero ver a nadie— dijo el chico cambiando su actitud y su mirada se ensombreció
—Pienso que sería bueno que tu pareja estuviera aquí acompañándote, no es fácil atravesar esto sin compañía— presionó otro poco Mori esperando que le diera el nombre que deseaba desesperadamente conocer.
— ¿Mi pareja?— repitió Dazai con burla. —Yo no tengo a alguien así— dijo con actitud seria.
—Ese hombre por mucho que lo llame no vendrá, está vez se ha ido para siempre o quizás ya tiene a alguien más… Como sea, ya no me necesita— explicó Osamu y Mori sintió que la sangre le hervía. Apretó los puños de tal forma que sus uñas se enterraron en su piel e intentó controlar sus feromonas.
—Está bien— suspiró Mori conteniéndose. —Quizás es pronto para decirlo pero si tú lo deseas la marca se puede retirar—
Dazai guardo silencio como si reflexionará lo que debía hacer.
—Esa es una operación costosa no puedo permitírmelo— explicó el castaño con voz baja.
—Si eso te preocupa, no te preocupes, para ti será gratuita— le aseguró Mori y sin poder contenerse paso una mano por los cabellos de su hijo para acomodarlos. A Dazai le sorprendió su acción.
—Es amable pero no suelo pagar favores con mi cuerpo— dijo Osamu seriamente haciendo que el rostro de Mori se desencajara.
— ¡¿Qué?! ¡No es nada como eso!— exclamo Mori con un gran sonrojo sobre su rostro y retiró su mano mientras retrocedió unos cuantos pasos.
—Perdón, es que me recordaste a mi hijo. Hace mucho que no lo veo y lo extraño— confesó retraído. — Lo siento, no debí tocarte— se disculpó apenado.
Dazai rio por la confusión y Mori se relajó.
—Lo disculpo— sonrió el chico— Yo también debo confesar que usted me recordó un poco a mi padre—apuntó el castaño.
— ¿Tu padre?— repitió Mori sintiendo un atisbo de satisfacción en su corazón.
—Si…—dijo Dazai cerrando los ojos. —Cuando estaba enfermo solía acomodarme el cabello como lo hizo usted. Odasaku siempre fue un padre cariñoso…Mis dos padres lo fueron, los extraño mucho y quisiera que estuvieran aquí... pero ellos…—
Mori vio a su hijo quebrarse y se aventuró a tomar su mano.
—Lamento que tuvieras que pasar por tanto tú solo. A decir verdad, yo…—
Mori quería confesarle a Osamu que era su verdadero padre pero las palabras de Kouyo se repitieron en su mente y se detuvo.
—Escúchame, si deseas remover la marca no te preocupes por el costo y cualquier cosa que necesites por muy pequeña que sea puedes pedírmela ¿De acuerdo?— ofreció Mori ante la atenta mirada del castaño.
— ¿Todo esto porque me parezco a su hijo?— preguntó Osamu poco convencido.
— Así es, así que no te sientas mal de aprovecharte de este viejo…— dijo Mori cerrando sus ojos.
—Su hijo debe ser muy afortunado de tener un padre tan amable— soltó cansado el castaño.
Mori no contestó y palmeo suavemente su mano para reconfortarlo.
—Debo irme pero voy a dejar mi tarjeta aquí por si necesitas contactarme—dijo Mori sacando una tarjeta de su bolsillo y la asentó en un pequeño buró cerca de su cama.
—A decir verdad, si tengo algo que pedirle— dijo de pronto el chico atrayendo su atención.
