RenaPov:
Siempre para todos lados, a pesar de que por dónde piso mi éxito está garantizado, nunca echo las raíces suficientes para quedarme en un lugar.
Eso también conecta con mi vida amorosa: todas las chicas son hermosas, con sus encantos y talentos, pero ninguna aguarda en mi corazón, sólo dos personitas en mi vida tienen ese cariño incondicional:
Mi adorable hermanita menor Runa y mi linda Takako.
¿A qué voy con todo esto?
Soy un pájaro migratorio y he aterrizado en cientos de árboles de cerezos para descansar. Y en cada viaje me he encontrado con árboles para nada divertidos que me han golpeado con sus ramas...; rechazada, rara vez, pero ocurría.
Y en esos viajes me he encontrado con todo tipo de gente (poderosa), metido en círculos extravagantes y exclusivos..., pero de tanta variedad de gente increíble (y con influencias), sólo una ha permanecido en mi memoria, sólo una me visita en las noches al descansar mi mente...
Una mujer con ganas de ser el creador en la tierra, cambiar lo que está genéticamente establecido.
Flashback:
Estaba en un bar clandestino, tomando sake con una mujer bien parecida, de mirada cansada y bolsas debajo de sus ojos. Pese a esto, su belleza natural encandilaba...
Facciones afiladas, piernas fibrosas, busto decente, cabellera blanca con unos hermosos ojos azules. Llevaba medias negras qué, combinaban con su falda modesta; su camisa era blanca.
A kilómetros se veía que era extranjera. Y aprovechando que el bar estaba medio vacío, no perdí la oportunidad de sentarme a su lado.
A primera instancia, cuando quise entablar una buena primera impresión, me miró de lado, y sin dejar de beber, me levantó su mano reluciendo su anillo de casada.
No me importó, y le invité las bebidas, con tal de permanecer a su lado y conocer a esta misteriosa mujer.
Yo hablaba: de mí, mi trabajo; para entrar en un ambiente de confianza, y funcionaba, ya que a medida que tomaba, su boca se soltaba, pero no lo suficiente..., no como me gustaría.
Tenía práctica en esto, en deshacer la fachada difícil de una mujer "inalcanzable".
Se notaba que era una mujer fuerte, en este punto, una conquista usual, a esta hora sería un desastre.
Lo único que había sacado es qué, era una medica genetista, viuda, y con una niña.
De las dos horas había sacado sólo eso... dos horas bebiendo.
—¿Y se puede preguntar qué haces aquí? —dije, con las mejillas sonrojadas por el alcohol, y con una sonrisa coqueta, pero cuerda.
Ella se limitó a mirar su anillo, y dijo:
—Vine a cumplir su último deseo..., a terminar lo que empezamos —y con eso, se levantó del banquillo y se fué, sólo alzando su mano al final como despedida.
Mis ojos la seguían desconcertados en su trayecto hacia la salida.
—Dejala Houraisen-san, no es para ti —me giré ante la voz masculina.
—¡Takeda-kun, ha pasado tiempo!
A mí lado, había aparecido un viejo amigo que no veía hace mucho.
—¿Qué haces por aquí?, ¿cuando llegaste? —pregunté, sentandome un banquillo más cerca de él.
—Estaba aquí desde hace unos cuantos minutos, sólo qué estabas tan concentrada en la señorita que no me viste —se carcajeó dándole un trago a su vaso.
—Bueno, ya me conoces, las mujeres me pierden jujuju —me reí tontamente con él. Nos conocimos hace unos pocos años, congeniamos por nuestros gusto por las chicas; salimos muchas veces de noche a la "cacería".
Después de unos chistes y comentarios de su negocio, retomé el tema.
—Y dime..., ¿qué es eso de que "no me conviene? —al preguntar me incliné.
Él se puso serio, y sus ojos se perdieron en un punto.
—Sólo porque eres tú Rena-chan, lo diré —tomó un largo trago de su jarra de cerveza —, por contrato no puedo divulgar está información; podría ir preso.
En ese instante, sentí como el alcohol se me fue de la sangre.
—Trabajaba con la empresa donde esa mujer es parte, pero empezaron a jugar con cosas turbias, e investigar más allá de lo éticamente correcto; me fue difícil irme desde un principio de esa montaña rusa hacia el abismo. Pero encontré la oportunidad ante el fallecimiento del investigador en jefe, el cual "encarrilaba y guiaba" toda esa locura.
Me reí, primero leve, después una gran carcajadas con lágrimas.
—¡Jajajajjaaja! ¡mira que he escuchado todo tipo de cuentos de borrachos! ¡pero eso! ¡vamos Takeda-kun! ¡no soy una niña como para que me puedas engañar así!
Es muy común por aquí burlarse de los novatos.
—Ya te lo he dicho, me creas o no, por favor por mí, no lo comentes con nadie.
Su rostro mantuvo la seriedad.
—Sí, sí, te lo prometo, sólo porque eres tú~
Él se rio un poco.
—Por favor Rena-chan, no te vuelvas a acercar a esa mujer, era la mano derecha del jefe.
Una semana después*
Habían pasado una semana y el ciclo escolar estaba a las puertas de empezar. Y como era costumbre, fui a visitar por última vez a Yami antes de irme de viaje de negocios.
La directora y yo éramos viejas amigas.
Nos conocimos cuando yo era una flamante y exuberante estudiante de primer año en St Michael. Mi apellido no era lo único por lo que era reconocida, sino que mis habilidades y capacidades por encima del promedio, y mi encanto natural, me hicieron sobresalir, incluso entre los estudiantes de tercer año.
En ese entonces, Yami era una joven adulta recién ingresada, sucesora de su madre en el cargo de directora; el mando era generacional.
Nuestro primer roce fue por mi arrogancia; había pasado unas semanas desde mi ingreso y mi popularidad por las nubes, no habia chica que me dijera que no (o las olvidaba rápidamente). Y cuando apareció la linda y joven nueva enfermera, no perdí oportunidad...
Resulta acontecer qué, no sólo me corta el rostro, me regaña por mi comportamiento, me pone en mi lugar como menor de edad y me baja devuelta a la tierra, y por último me manda con la nueva directora, que resultó ser su amante.
¿Te imaginas?, llegué temblando a la sala de la directora, por un instante pensé que tendría que usar las conexiones de mi nombre para que no me echaran. Pero resultó ser qué, se lo tomó con gracia el suceso, y no me regañó ya que según ella su "Hikaru-chan" me dio más que suficiente; se limitó a darme una advertencia y la bienvenida a la institución. Y estaba más que feliz de qué, por fin pudo conocer personalmente a un miembro de la prestigiosa familia Houraisen.
¿Linda historia verdad?, única en su tipo.
Cuando estuve a punto de abrir la puerta de su despacho, me detuvo el sonido de su voz alterada.
—¿Me promete que será sólo ese pequeño grupo afectado?
—Sí.
Un hombre..., salió de la habitación.
—Que tenga buen día —me saludó con una pequeña inclinación. Le devolví el saludo, atónita, viendolo irse por el corredor.
—Pasa Houraisen-san.
—Ah..., sí, con permiso.
Parece que había una epidemia de cuentos de terror, ya que Yami me narró algo similar a Takeda-kun, pero está vez, no me reí, ya que mi amiga de años, me mostró un documento con las habilidades de poder destruir la vida de mi hermana y Takako...
Por primera vez, todo mi dinero e influencias, no me sirvieron para comprar la seguridad de mis seres queridos...
No querian dinero.
Fin de flashback.
Detengo mi paso frente a las rejas de la escuela.
—Pasó tiempo... —suspiro cansada.
Nunca he huido de una pelea, nunca me negaron lo que quise..., nunca se me atragantaron las palabras.
En este horario estaban dictando las clases, los corredores estaban vacíos, exceptuando una que otra hermana limpiando o haciendo unos trámites, en fin, fue fácil llegar al despacho de la directora.
—¡Yami-san! ¡Buenos díass!
—Como siempre sin tocar Houraisen-san...
Riendo, caminé hasta la silla frente al escritorio y me senté sin cuidado.
—Mm, lo siento, pensé por un instante que estarías con Hikaru-chan~
En vez de avergonzarse, que es lo que normalmente haría, sus ojos se entrecerraron y desviaron de mí...
En ese momento supe que la broma no podía seguir; me ergui en mi asiento y miré de frente.
—Yami-san, ¿dónde está Hikaru?
—Con su mamá, lejos de aquí, de mí..., y de lo que hizo —aspero, profundo, nunca la habia oído así.
Iba a decir algo, pero se me fué la voz.
—No pudo con la culpa de ser una cómplice, y se retiró de la escuela y de su trabajo aquí...
Se me terminó de cerrar la garganta y una profunda angustia me invadió. Ellas eran amantes de años, y ambas tuvieron la dicha de cumplir sus sueños.
—Ella amaba hablar con las estudiantes, escuchar su día y aconsejarlas, ¿de verdad dejó su trabajo de enfermera? o ¿la obligaron a abandonar? —pregunté.
—Ya te dije, no pudo con la culpa —se paró de su asiento y me dio la espalda —. Dejando éso de lado, ¿cómo está tu hermana?, ya han pasado dos semanas desde que no viene —me miró por encima del hombro.
—Harta —dije suspirando, recordando sus rabietas y reproches.
Desde que supe lo del documento con pruebas, y lo que planeaban hacer con el comité de eventos, saqué a Runa de la escuela; no me queria arriesgar. A pesar de que ella forma parte del anexo de la institución, y no es "una pareja oficial" en las "mejores parejas", arreglé con el colegio qué, estudie en casa y venga a dar sólo los exámenes presenciales.
Y por el lado de Takako..., le convencí de que se tome una licencia de aquí. Si es tan grave como me lo dijo Yami, esa gente no se anda con rodeos, así qué, por si acaso preparé una defensa judicial para Takako, por si se les ocurre sacar a Takako de la mesa.
«Aunque lo dudo, hasta ahora armaron todo con sigilo, no querrán llamar la atención donde están trabajando...»
—Me imagino, es una Houraisen, debe sentirse como un león enjaulado, estar mayormente por su casa.
—Sí, pero como dijiste es una Houraisen, sabe cuando dar un paso atrás.
PovNarrador:
Dos semanas atrás, "juego del amague" entre Nanami y Yuuna, Reo y Mai.
Nanami caminaba lo más rápido posible por los pasillos de la escuela; por más que las clases habían terminado no se animaba a correr. Desesperada, miraba por los lados y por encima de su hombro, teniendo la esperanza de qué, si era cuidadosa podria safar de su querida onee-sama.
Aunque el recuerdo de un año atrás, durante los juegos qué, se realizaron para elegir a la presidenta del comité, le traía un renovado terror por mostrarle la precisión con la que conocía la escuela su novia.
—Nanami~
—¡Waa!
De repente había aparecido en su espalda, con su sonrisa tranquila y su ceño amable.
—¿A dónde vas, Nanami?, ¿por qué huyes de mí?
La pelirroja tartamudeaba, sudaba y no se le formaban las oraciones en su cabeza. Cosa que empeoró cuando la rubia dio un paso hacia delante, ahí el agua le salía por los poros.
—¡O-Onee-sama..., yo! —sentía que ya no tenía más escapatoria.
—Oda Nanami, al fin te encuentro —la voz de Reo sonó detrás de la nombrada.
—¡R-Reo-sama! —se giró con alivio y esperanza; la habían salvado.
—¿Huh?, buenas tardes Reo-san —saludó cordialmente Yuuna.
—Buenas tardes... —respondió sin interés la enana, desviando su mirada hacia Nanami —Oda Nanami, no apareciste en nuestro punto de encuentro ¡¿dónde estabas?! —preguntó con enojo.
—Uuh, bueno, y-yo...
—Reo-san, te pido disculpas por mi intromisión; no fue culpa de Nanami-chan.
Reo asintió, suspirando.
—Bueno, ya vámonos que no tengo toda la tarde —gruñó Reo, dándose la vuelta y empezando a caminar.
—H-Hasta luego onee-sama —ladeeó su mentón y le dio una torcida sonrisa, seguido de caminar ligeramente hacia su sempai.
—Hum, curioso... —susurró Yunna, mientras veía a su novia alejarse.
—La verdad que eres bastante ingenua Nanami-san, ¿ni siquiera sabes huir?
Después de caminar hasta los corredores del tercer año, Reo se detuvo un momento para "regañar" a Nanami.
—Sabes que no podemos perder tiempo, ni dejar que nos atrapen. Me he saltado las clases para evitar a Mai, y buscar a Miya-san, ¡pero se esfuma como el polvo! Necesito todos los ojos posibles para atraparla; ya es suficientemente malo que Shizuku-sama, no pueda venir seguido.
—Lo siento Reo-sama, lo i-intenté, pero Yuuna-sama es tan escurridiza, donde sea que vaya me encuentra...
Reo negó con la cabeza, con sus manos en los lados.
Reo, recaía sus esperanzas y confianza en Miya, gracias a la inteligencia que denotaba y su tendencia a mantener la boca cerrada; sobre todo por ser la heredera de una farmacéutica. Tenía la ilusión de ser salvada en un abrir y cerrar de ojos, o más bien, en un abrir y cerrar de boca; fantaseaba que la chica pudiera darle una pastilla y revertir lo que sea que le pasaba a su cuerpo.
Si es que existía un medicamento para la mutación corporal.
Pero su problema es que no podía atraparla. Iba a su clase, a los recreos y se quedaba hasta tarde, no había caso, la chica no aparecía; es como si no asistiera a la escuela.
—Reo, ¿qué haces aquí? —al instante, se paralizó, al escuchar a su novia.
—M-Mai... —giró nerviosa.
—Hola, Nanami-chan, buenas tardes —saludó con una sonrisa.
—Hola, Mai-sama, buenas tardes —bajó sus hombros ya más tranquila, y la saludó; era emocionalmente cansador tratar con alguien como Reo, sobre todo si es tu sempai.
Por un instante, Mai observó al par en silencio, procesando la situación; curvó sus labios en una fina sonrisa.
—Ah, ¿puedes hacerme un favor Nanami-chan?
—Sí, por supuesto —dijo tranquilamente, alibiada de poder despegarse de la infantil rubia.
—¡Genial! Puedes llevarme esta bolsa a la sala de reuniones, son materiales para el comité de eventos.
Nanami tomó la bolsa, y se despidió de ambas. En especial de Reo; ambas se sostuvieron la mirada un momento antes de que la pasara de largo.
«Estupida Oda Nanami, ¿no pudo hacer lo mismo por mí lo que yo hice por ella?»
Reo se giró ante el sonido de la risa de Mai.
—¿Qué —graznó molesta, aun con la mirada en la espalda de la pelirroja.
—Nada, sólo lo raro que es todo.
Reo, la miraba de lado.
—No comes dulces tanto como antes, y te juntas con tus kohais.
—¿Y?, desde antes tengo buenas relaciones con ellas, un ejemplo de ello es mi amistad con Ayase Miya —contestó petulante, con el pecho inflado.
—Jajaja, sí, pero con Miya-chan tienes más cosas en común que con Nanami-chan.
Gruñó, y ladeó la cara.
—Ven vamos, tenemos que volver al salón, dejaste tu mochila olvidada —palmeó su hombro. Reo a regañadientes la siguió, pues no tenía una excusa sólida para oponerse ante eso.
Fue silencioso el camino hacia su salón de clases, que hasta ahora estaba vacío. Reo entró primero para agarrar su maleta en su pupitre; exactamente como lo había dejado se encontraba.
Cuando se giró de lado, vio a Mai recargada contra la puerta, observándola.
—Lo siento Reo —la rubia la miró confundida; Mai tenía una sonrisa, pero sus cejas estaban curbadas.
—Me alegra que hagas otras cosas, que te desenvuelvas mejor entre las chicas, pero sé que ese no es el motivo por el que no estás conmigo, Reo...¿por qué me esquivas?
Sus puños se cerraron y no respondió.
—Quizás, te molestaste por las veces que te dije pecho plano, o burlarme de tu baja estatura, o los zapes que te di; te los merecías los golpes por desubicada.
Mai dejó salir una risa, y Reo chasqueó la lengua; no era mentira lo que decía, aún así no dejaba de ser ofensivo.
—Abusona..., pero no, tú no hiciste nada, si no yo —tomó aire —. Tenía, tengo, un asunto que resolver que no te involucra; eso es todo.
Mai parpadeó, indignada, riendo sarcásticamente.
—¿Eso es todo?, ¿así nada más?, llevas días saltandote las clases y esquivandome, corriendo de aquí para allá y sólo eso ¿dices? —la morocha dio unos pasos más cerca.
—¡Gh! ¡Ya te dije! ¡Asunto mío! ¡m-í-o! —apretó los dientes en énfasis.
—Demonios, no puede ser que te pongas en ese plan; vengo de la mejor manera para hablar civilizadamente y actúas como una niña; bueno como siempre.
—¡¿A quién le dices niña?! ¡idiota!
—¿Cómo quieres que lo diga? —preguntó con gracia —, pretendes que tú novia no se preocupe por ti, que haga caso omiso a tus necesidades y que no mueva un dedo por ayudarte.
Hasta este punto, Mai estaba a un paso de distancia de ella, quién no la miraba, doblando su cuello hacia un lado.
—A eso se le llama ser necio, un idiota.
—Grr, no es que no la quiera, puedo hacerlo sola, soy capaz de resolver mis propios problemas... —la miró de frente, bajando su tono. Mai dejó caer sus hombros; esperaba sacarle más que eso.
—¿No crees que lo has intentado mucho tiempo sola?, me parece maravilloso que quieras independizarte, pero a veces todos necesitamos una mano amiga.
Reo iba a contestar, a sincerarse; estaba cansada de correr, pero sobre todo de esforzarse; le encantaba ser consentida por Mai. Pero un grito las saco del ambiente.
—¡Kyaaaah! ¡ONEE-SAMAA!~
—¿Q-Qué fue eso? —Reo se giró alarmada poniéndose en alerta una vez más.
—Oh, Jujuju, parece que ya funcionó el plan.
—¡¿Ehh?! —la rubia la miró de arriba
a abajo.
—Jijiji, nada, nada, sólo qué, Yuuna-san me pidió ayuda para poder estar a solas y hablar con Nanami-chan, y bueno no me pude negar.
—¿Negarte...?, ¿tú qué...?
"—¡Genial! ¿Puedes llevarme esta bolsa a la sala de reuniones?, son materiales para el comité de eventos."
—¡M-Mai idiota! ¡no sabes lo que acabas de hacer! —le gritó escandalizada, prácticamente mostrándole los dientes.
—¡O-Oye! ¡¿Reo, qué te pasa?! —la miraba con desconcierto, resistiendo el "ataque" de golpes consecutivos; le preocupaba más que se lastime ella misma.
—¡No, tonta! ¡arruinaste mi plan! —siguió abalanzandose sobre ella, no la escuchaba, se sentía frustrada.
Mai suspiró con un "ya basta", iba a proseguir abrazarla para tranquilizar ese torbellino de rabietas. Pero no contó con qué, la pequeña rubia le diera un empujón fuerte.
—¡Ah! —perdió el equilibrio, cayendo hacia atrás.
—¡M-Mai! —enseguida estiró su brazo, alcanzando tomar su mano; tirando con fuerza hacia delante.
—¡Whaa! —al no medir la fuerza por la impresión, Mai chocó de lleno con ella, provocando que Reo pierda la estabilidad en sus pies, cayendo y a su vez arrastrándola a ella. Pero por suerte la rubia aterrizó sentada en una de las sillas sueltas del salón.
—Ah..., Reo lo siento, ¿te aplasté? —Mai se sentó derecha sobre el regazo de la rubia, la cual estaba inmóvil en su lugar, en shock; su rostro estaba enterrado en el pecho de su novia.
—¿Reo? —preocupada inclinó su postura hacia atrás para poder ver su cara.
—Mai..., i-idiota...
—¿Huh?
Reo tenía sus ojos bien abiertos, sus mejillas sonrojadas y su mandíbula tensa.
Cuando iba a decir algo, un pinchazo cosquilloso la hizo detenerse. De nuevo, Reo empezó a forcejear al reaccionar, trataba de quitársela de encima, pero Mai era más fuerte, sus manos encerraban a la perfección las pequeñas de Reo.
Dejó que se descargue: insultaba, gritaba, hasta pataleaba, todo con tal de derribar a la morocha.
Cuando por fin se cansó, se limitó a bajar la cabeza, ocultando su mirada mientras jadeaba por aire.
En esos largos segundos, donde la rubia hacia su escándalo, Mai, se quedó pensando: en todo. El comportamiento extraño de Reo, su abstinencia al contacto y la comunicación, su nueva rutina y como parecía ansiosa por algo...
—¡Me levanté así! —lloró, lágrimas se acumularon en sus comisuras; no la miraba —¡intenté todo! ¡juro que nunca estudie tanto en mi vida! ¡p-pero "esta cosa" simplemente...!
Mai, delicadamente agarró sus mejillas y la besó; estaba muy alterada su pequeña princesa, y no podía seguir así.
—Mira, no lo entiendo del todo (para nada), pero lo que sí sé es que quiero estar a tu lado —decía eso mirándola a los ojos, de cerca. Con sus pulgares secaba las lágrimas; una vez más la volvió a besar.
—Así que por favor..., deja de huir de mí; háblame, mírame y no me dejes fuera de tu problema... Sí es lo que creo que es, no me importa, estamos juntas en esto.
Reo sollozó, se puso a llorar y a abrazar a Mai, escondiendo su rostro; repetía su nombre entre lágrimas.
—Ya..., ya..., déjalo fluir, yo te sostengo —decía peinando con sus dedos sus largos bucles.
—¿De verdad...?, ¿n-no mientes?, aún no lo acepto yo...
—Entonces lo aceptaré por las dos hasta que estés fuerte —se enderezó más, estando por encima de ella, y desde lo alto tomó su rostro, inclinando su cabeza para besarla con pasión. Transmitirle la seguridad de la que carecía.
Reo suspiró su nombre, aceptando los besos liderados por ella; deslizaba sus manos por sus costados hasta su cintura.
Mai jadeó, detuvo su ataque, mirándola con vergüenza. Movió su mano hacia el dobladillo de su falda, pero la mano pequeña, pero poderosa, de su novia no la dejó.
—¿Reo...?
—N-No... —desvió sus ojos.
Sonrió, comprensiva.
«Es muy pronto...»
¿Así que no puedo mirarlo, pero sí sentirlo? —bromeó, movió su cadera hacia atrás y hacia delante, buscando la pequeña presión que habia sentido en su muslo.
—¡Mai! ¡PERVERTIDA!
Gritó avergonzada, y a la par de sus gritos la risa divertida de Mai sonaba en contraste. Levantándose de su asiento tomó las manos de su rubia y la ponía de pié consigo.
—Ya enserio —peinó el flequillo ajeno —, estoy contigo, y no quiero quedarme fuera de lo que te pase.
—Hmm... —aun sus ojos estaban en el piso, inquieta.
—No sé cómo se siente..., o cómo es pero..., lo que a ti te ocurra me afecta a mí Kawamura Reo —se retractó y negó —, digo, Sawaguchi Reo; en un futuro muyyy cercano, jujuju.
Las lágrimas una vez más se acumularon en sus ojos, pero lo escondió haciendo puchero y doblando su cuello.
—Vamos, no te pongas así, que se que te gusta la idea Jijiji.
—¡P-Para nada! ¡¿porque me agradaría unirme con una cabeza dura?! —gritó roja.
—Eres tan adorable cuando haces puchero~
—¡Cállate!
Cuando se hubo tranquilizado dijo:
—Ya enserio, los niños te extrañan Reo, desde que no vas, preguntan por ti cada día.
—Ah..., ¿s-se pusieron tristes?
Desde que los había cuidado, ese fin de semana interminable dónde Mai tuvo que asistir a su mamá que pronto daria a luz, los peques y ella formaron un vínculo inolvidable de: amor-odio.
—Sí, muchísimo —puso una mano en su costado —, así que vuelve pronto "Reo-onechan".
Esperaba a que estalle de vuelta o que siga con sus pucheros, pero nada de eso pasó.
—Y-Yo...¿puedo ir hoy? —apretó los labios —¡N-No lo hago por ellos! ¡o porque los extrañe! ¡simplemente no quiero darte más trabajo!... ¿entendiste?, no quiero que lloren... y tengas que consolarlos... hasta que se calmen —poco a poco fue normalizando su tono —. Tu madre aún está debil y te necesita...
Mai abrió los ojos sorprendida.
—Tambien quiero ver a la bebé —agarró su brazo —, e-estuve practicando como sostener a uno; ya que la última vez no pude —sonrió orgullosa y segura de si misma.
Ahora la morocha le escociaron los ojos.
—¿Puedo? —siguió preguntando.
En este instante, Mai, sintió como la pequeña parte que sentía rechazo por la condición de su novia, se desvanecía completamente. Este momento le recordó porque la amaba tanto, no sólo por su belleza y personalidad tsundere, habia escasas situaciones donde su lado inocente y adorable salía.
—Por supuesto Reo, todos los días si quisieras.
Espero que lo hayan disfrutado. Les deseo buenos días, tardes y noches.
*Lamento si quisieron un momento íntimo entre Mai y Reo; planeaba hacerlo en la escena final, pero una parte de mí dijo otra cosa..., y bueno, seguí mi instinto.
