Rikka:
Suspiré ociosa mientras me desplomaba contra mi pupitre; la maestra estaba diciendo sus últimas líneas, todas en el aula tenían su atención, menos yo, mis ojos inquietos estaban sobre la figura de Sayuki; la tenía de frente por un trabajo de a dos, mi compañera de trabajo se sentaba a dos puestos detrás de ella, sacándome de mi habitual lugar que es a su lado.
«Que mala suerte que no nos tocó juntas…»
Lo único que podía hacer era mirarla con anhelo desde lo lejos; apreciar como su cabello rosado se iluminaba con los últimos rayos de la tarde y bailar con la tierna brisa.
—Sayuki-san… —dije con desgana; mis ojos se entrecerraron.
"—Quizás no te haz dado cuenta Rikka, pero has estado dejando de lado a Sayuki-san durante bastante tiempo."
Mi frente besó la madera de la mesa mientras dejaba salir un resoplido para nada femenino.
"—Deja de centrarte tanto en mí, no estoy sola, tengo a Miya y a las demás chicas del comité, así qué, no hace falta que corras por mí cada vez que suceda algo."
Mi cuerpo se sentía sin fuerza para actuar; la vergüenza me invadía. Una vez más tuvieron que señalar mis errores para que los viera, y no sólo eso, sino qué, Sayuki-san había sido comprensiva y paciente con toda esa situación injusta para ella.
—Haa, muuhh —rezongaba.
«¡Qué pésima novia he sido!»
—Rikka-san ¿te sientes bien? —preguntó mi compañera de tarea ante tanto alboroto. Al instante me enderecé y traté de sonreír.
—Eh…, sí…, sólo algo fatigada… —mis ojos se fueron al frente; la profesora estaba guardando sus cosas, y cuando salió, al instante me paré de mi asiento, con el objetivo claro de hablar con Sayuki. Pero ni siquiera di un paso y ya había fracasado, como hormigas las chicas se arremolinaban alrededor de ella, charlando animadamente.
—Mierda… —suspiré derrotada, echándome nuevamente en mí lugar; toca esperar a que se desocupe. Miré a mi derecha al escuchar una risita.
—Parece que te ganaron de mano, "caballero" jijiji —mi dúo me miraba divertida, no sólo por mi situación, sino por mi postura para nada agraciada; tenía la mitad del cuerpo recostado en la silla.
—Sí…, eso parece…—volví a sacar el aire, cansada.
—Jijiji, ya, ya, que en un instante la dejan en paz, todas somos conscientes de no tomar demasiado tiempo de las mejores parejas.
Me enderecé en mi lugar.
—No te olvides de anotar la fecha límite del trabajo, que con todas tus obligaciones seguro que se te olvida.
—E-Es verdad… —mientras esperaba a Sayuki, saqué mi anotador celeste, el cual usaba para cosas así. Lo había agarrado de tal manera qué, de sus páginas se resbaló algo.
—Mira, se te cayó ese papel —me dijo, apuntando entre nuestros pies.
«¡Mierda!»
Tan rápido como pude tomé "la hoja", en el proceso chocando con la mesa, y jadear del dolor.
—C-Cuidado, ¿estás bien? —me miraba nerviosa por mi repentino cambio. Asentí con rapidez, me había puesto firme, escondiendo la cara de la foto contra mi pecho.
—S-Sí…, lo siento —respondí con una mueca que pretendía ser una sonrisa.
—Debe ser un papel muy importante, ¿no? Rikka-san.
—Lo es —dije mirándolo, brevemente despegandolo de la protección de mi pecho.
Se suponía que iba a recubrirlo con un film y guardarlo en mi álbum de fotos. Pero ayer no tuve tiempo, desde que llegué a casa después de despedirme de Risa-nee, me bañé y terminé mis deberes; cuando terminé de cenar ya no tenía ganas de nada.
Rápidamente guardé la foto entre las hojas una vez más, su contenido no debería ver la luz, especialmente ante las miradas ansiosas y curiosas de las estudiantes de San Michael.
Tras anotar la fecha límite del trabajo guardé celosamente mi anotador, cuidando que no se caiga nada.
El bullicio de enfrente me hizo levantar la mirada; Sayuki salía del salón con un grupo de chicas, me miró por encima de su hombro con una tierna sonrisa mientras curvaba sus cejas, un claro "discúlpame".
—¿En serio?, no puede ser… —dije levantándome de mi asiento.
—Mala suerte Rikka-san, tal vez hoy sea la reunión del comité medioambiental.
…
Había guardado mis cosas, preparándome para ir a la reunión del comité de eventos, hoy revisaríamos los detalles finales para el evento de mañana.
—Ha, Rena-sensei, pasó mucho desde que la vi.
Desde uno de los salones de segundo grado, salía. Al escuchar mi saludo se giró y se acercó a saludar.
—Oh, Shinozaki Rikka-san, si que ha pasado tiempo —dijo con una sonrisa —, te ves bien, creo que más atlética Jijiji, mejor para Sayuki-san —su mueca divertida me avergonzó —. Te ves más alta~
—G-Gracias, jejej… y…¿Takako-sensei?, ¿sabe algo de ella?, hace rato que no se ve por St. Michael, tampoco se ha oído de Runa-san —más que por curiosidad, lo pregunté por nervios.
Por un instante, su sonrisa desapareció y su expresión se hizo seria.
«No puede ser, ¿l-la ofendí?»
—Se encuentran bien Shinozaki-san, gozan de buena salud, simplemente quisieron prevenir cierta epidemia… que afecta a chicas especiales —me dio su sonrisa gallarda habitual —que tengas buen día Shinozaki-san.
Me pasó por al lado sin darme chance a responder.
—Que raro… —ladeé mi cara, confundida, mirando por dónde se iba.
Dos segundos después caí en cuenta; abrí mis ojos hasta su límite.
—¡¡ESPERE!! ¡¡RENA-SENSEI!! —salí corriendo hacía atrás, pero no la veía, el mar de chicas tampoco ayudaba, entre esquivar y disculparme por los choques, no lograba volver a verla.
«¡Rayos! ¡sólo fueron unos segundos! ¡¿dónde se metió?!»
Una mujer tan asombrosa como ella, podría averiguar aún más cosas. Con sus contactos y poder incluso podría encontrar a los culpables de toda esta locura…, podría… hacer que nos curaran…
—¡Kyaah! ¡Rikka!
De frente choqué con Risa-nee, detuvo el impacto con sus dos manos contra mi pecho.
—¡L-Lo siento! —antes que el retroceso la hiciera tocar el piso, la tomé por los hombros quedando en el aire, bueno, parte de su cuerpo, sus pies aún tocaban el piso.
—Q-Qué susto… —espetó sorprendida. Yo suspiré aliviada, tanta adrenalina era mala; antes de que pudiera pensar en otra cosa unos jadeos emocionados llamaron nuestra atención:
Todas las estudiantes que transitaban en el pasillo se habían detenido; nos miraban con atención.
—¡Cuánto lo siento Risa-nee! —grité a propósito mientras la ponía sobre sus pies de nuevo, no quería que se malinterprete el accidente.
Risa-nee mientras acomodaba su uniforme, miraba a los alrededores con su ceño serio, provocando al instante la dispersión de las estudiantes.
—¿Otra vez corriendo?, ¿qué te había dicho sobre eso? —me regañó.
—Hhmm…, que está prohibido… pero…
—Si serás… —suspiró, miró a mi lado —¿y Sayuki-san?
—Ah, no sé…, no pude hablar con ella en todo el día.
«Para peor llegué tarde a la escuela, eso ni de chiste se lo digo»
—¿Y Miya-sama? —cambié de tema, no quería que se enojara más.
—Ella llega más tarde, pero asistirá a la reunión, no te preocupes por ella —me sonrió tranquilizadora, curvando sus cejas.
Era obvio mi incomodidad ante su presencia. No nos llevamos mal, pero aún hay cierta tensión en el aire cada vez que nos cruzamos. Tal vez por sus inagotables sospechas sobre mí.
—¿Y ya pensaste qué darle a Sayuki-san mañana? —me preguntó más animada.
—Sí, pensé en hacerle unos chocolates personalizados…, pero para eso necesito un poco de ayuda —choché mis dedos, mirándola tímida.
—Desde ya que digo que sí, jiji.
—Gracias Risa-nee —suspiré emocionada.
—¿Vamos, Rikka?
—Sí.
«Tal vez…, por ahora…, no deba mencionar lo de Rena-sensei »
—¡Risa-chan, Rikka-chan! ¡por fin aparecieron!~
Sara-san nos saludó animada, abrazándonos a las dos.
—B-Buenos días Sara-san —saludó Risa-nee, correspondiendo.
—¡No saben la noticia que se perdieron! —dijo dando una zancada hacia atrás y apretando sus puños.
Tanto como Risa-nee y yo mirábamos a todas, atónitas; la mayoría no ocultaba su entusiasmo y alegría.
«Eris-sama y Shizuku-sama, están aquí…»
Mi asombro por ellas disminuyó al ver a Sayuki-san en el fondo.
«Parece que no había reunión del comité medioambiental…»
—¡Yuuna-sama nos invita a una pijamada en su casa! ¡a todas!
—¡¿D-De verdad?! —reaccionó Risa-nee, mirando a Nanami y Sara, quienes se nos habían acercado a recibirnos.
—¡Sí, sí! ¡Gran parte se lo debemos a Nanami-chan! —Sara la abrazó y empezó a dar saltitos.
—N-No es para tanto, Yuuna-sama es quien dio el sí y pone su casa, nada es mérito mío.
—No hay razón para ser tan humilde Nanami-chan —dijo Yuuna-sama desde su asiento —, gracias a qué me lo mencionaste pude organizarlo.
Sara la abrazó aún más, murmurando "gracias, gracias, gracias".
El ambiente se puso animado y todas estábamos emocionadas. Nos pusimos cómodas y empezamos a terminar los detalles que irían acá en la escuela (pancartas, letreros), ya que los chocolates los haríamos en la casa de Yuuna.
«Ahora que lo pienso, no podré hacerle los chocolates especiales a Sayuki-san…»
Dejé de mover mis manos.
Todas estaríamos juntas cocinando y embolsando, no creo que haya un momento a solas donde pueda hacerlos con Risa-nee.
Al instante sentí como los ojos se me aguaron y mis labios hicieron un puchero.
Automáticamente, mi cuello se giró hacia Risa-nee, quién parece tener un instinto ya que al segundo volteó hacia mí; por suerte Sayuki-san estaba hablando con una de sus sempais.
—¿Qué es? —preguntó con cautela.
—R-Risa-nee, mis chocolates…
—Ah… —sus ojos se abrieron, comprendiendo.
—¿Q-Qué haré…?, ¿m-mi regalo…?
Tenía que ser especial, diferente, porque no sólo se trataba de la fecha en sí, era mi compensación.
—No te preocupes…, sabes, no es malo si le compras los chocolates —miró por encima de su hombro hacia ella —, además, no es como si tuvieras tiempo, tuviste la intención, eso es lo que cuenta, otro momento será —sus iris celestes me miraron comprensivos.
Lloriquee su nombre y no resistí el impulso de abrazarla.
—Uh, ¿qué pasa chicas?, ¿todo bien? —Yuuna estaba parada cerca nuestro.
—N-Nada… —respondí nerviosa, secando mis lágrimas; había llamado la atención de las demás, desde sus sitios miraban hacia nosotras.
—Disculpe el alboroto Yuuna-sama —Risa-nee dio un paso al frente —, simplemente Rikka está preocupada, no sabe a qué sitio ir para conseguir los ingredientes para el chocolate amargo; tiene algunas compañeras que le prometió eso.
—Ah…
«¡Increíble Risa-nee!»
Ahogué mis ansías de alabarle.
«¡Qué excusa más ingeniosa! ¡me dio pie a conseguir el regalo con disimulo!»
—Oh, eso jujuju, no te preocupes puedo ayudarte, conozco un sitio maravilloso y con variedad; antes de irnos puedes pasar a comprar los ingredientes Rikka-san.
—¡Sí, Yuuna-sama! —Risa-nee palmeó mi hombro y retomó su tarea.
Ya más tranquila me acerqué a Yuuna-sama.
PovNarrador:
—¡Perfecto!, dime la dirección que ya saco mi anotador —enérgica rebuscó en su mochila la libreta, encontrandola. Bajó su mochila, antes sacando un lápiz, miró a Yuuna con emoción mientras tomaba posición.
—Listo, Yuuna-sama ya puedes decirme...
Las palabras quedaron en el aire tras abrir su anotador, pues tras ese movimiento se cayó de nuevo el papel.
—¡Ah!
—Cuidado, Rikka-san —dijo Yuuna.
La peliazul miró aterrada como la fotografía caía en los pies de su sempai, quién sin reparo o demora se agachó y la tomó.
«¡Risa-nee va a matarme!»
—¡Vaya! se ve más increíble de lo que Nanami-chan me contó, ¡felicidades Rikka-san! ¡se ven maravillosas! —Yuuna le pasó la foto a Sayuki, la cual su mirada brilló.
—Rikka... —suspiró, mirando la foto y a ella sucesivamente.
—¡¿A ver?!, peeermisooo Sayuki-san —Mai saltó detrás de ella, y con rapidez y cuidado le sacó la foto.
—¡E-Espera! ¡Yuuna-sama, la foto! —gritó Rikka estirando su mano.
—¿Qué Rikka-san?, —se puso de frente para tranquilizarla —somos todas compañeras y amigas, nunca haríamos o diríamos algo para perjudicarlas. Nanami-chan me dejó muy en claro que no debía salir a la luz jujuju.
—Risa-san, que lindo vestido te eligieron, estás muy linda —Kaede, al lado de una eufórica Sara, la elogió; la imágen giraba de mano en mano.
«¡Un segundo me giré! ¡uno!» Risa miraba con horror el escenario; agarrándose de los pelos.
—¡¿Verdad que sí?! —exclamó Sara —¡mira, mira!, ¡estos detalles en dorado los elegí yo Kaede-chan! —volvieron a rodar la foto.
—¡Wooow! nunca creí que llegaría el día que vería a la seria de Risa-chan, en un atuendo tan lindo como este, juju, me alegra seguir por aquí para verlo —Eris, le pasó la foto a su amada.
Risa, había aprendido qué, en situaciones así era mejor guardar silencio, conocía a sus amigas, por más que gritara o se quejara no la oirían. Ahí estaba ella, sufriendo en silencio tres micros infartos de la vergüenza. «¡¿Por qué me pasa esto a mí?! ugh...»
—¡Ha, sería una verdadera lástima no usarlo! ¡¿en verdad no pueden disfrazarse en San Valentín?! ¡Seguro que estaría encantada de prestarles los disfraces devuelta! —Mai dijo con la foto alzada hacia Risa, comparando ambas perspectivas —, aunque creo que no le alcanzarían los chocolates, se le terminarían todos en un instante, jejeje.
—¡¡DE ESO NI HABLAR!! —roja, Risa pisó fuerte —, ¡cómo lo dije en el club, lo repito aquí! ¡de esta habitación no sale! —dijo, por fin rompiendo el silencio.
Las risas aumentaron a su alrededor.
—¡P-Por favor! ¡denmela! —gritó Risa, con respeto hacia sus sempais.
—¡La foto es de Rikka-chan! ¡Risa-san! —dijo Yuuna, riéndose al final de la oración.
Risa suspiró, pero Kaede y Shizuku la consolaron parándose a su lado.
—Descuida Risa-san, despreocúpate, no permitiremos que hagan eso.
—Después de todo... s-sabemos lo que se siente —dijo Shizuku —. Míralas, sólo están emocionadas pasando un buen rato, como tú ayer.
Risa suspiró de alivio. No la podían obligar y si lo intentaban, tenía a dos respetadas sempais que la apoyarían.
Miró hacia el grupo, el cual admiraban la foto y la elogiaban, compartiendo su opinión entre sí, olvidándose por un instante de los problemas, de los deberes... de las tragedias.
«Tienen razón, pero no deja de ser vergonzoso…» Pensó la pelirosa.
Del bullicio y el alboroto, no notaron el ruido de la puerta y la presencia de cierta pelinegra, que se paseaba entre ellas; escuchando y mirando la situación, curiosa.
—Ya, ya, aquí tienes Rikka-chan —Mai se acercó hasta ella extendiendo la mano.
—G-Gracias... —iba a tomarla, pero de los nervios se le resbaló de los dedos, cayendo cerca de los pies de una de las chicas.
—¿Hm?, ¿y esto? —Miya rápido se agachó, tomándola.
Rikka sintió como se le fue el aire.
—¡Miya! ¡¿cuándo llegaste?! —gritó sorprendida Risa.
—¡M-Miya-sama..! —exclamó con pavor Rikka, ya sentía que su cuerpo era un cadáver.
Mientras tanto, Miya miraba silenciosamente la imagen, con su flequillo haciéndole sombra a sus ojos inexpresivos y misteriosos.
—¿Qué es esto? —preguntó.
Para quien lo percibiera, la morocha tenía un tic, pero lo disimulaba.
—Fue tomada ayer por la tarde ¿no te encanta Miya-chan? —dijo Eris, acercándose unos pasos.
—Es una verdadera pena que Risa-chan y Rikka-san, no quieran volver a hacerlo —agregó Mai. Ambas tratando de aligerar el ambiente que se había generado a su alrededor tras la presencia de Miya.
—S-Sólo fue para ayudar a la presidenta del club de fotografía, sufría un bloqueo —Risa se paró al lado de su novia, tocando su hombro, la miró con nervios —. Fue una decisión unánime que yo lo usara, nada especial. Un evento único.
Miya le devolvió la mirada por un instante.
—Entiendo, me parece fantástico que hayas pasado un buen rato con tus amigas, pero... me pueden aclarar ¿por qué la foto es de Rikka-san?, si se supone que fue un evento del momento de y para el club. Para empezar ¿para qué la foto? —Miya subió la mirada hacia enfrente de ella, donde Rikka estaba —¿por qué la tiene ella?
—¡F-Fue un regalo! —gritó asustada Rikka levantando sus manos.
—¿Ah, sí? —respondió Miya, con evidente disgusto. Rikka jadeó del miedo, creyó ver qué el pie derecho de Miya se hacía hacia adelante.
—Sí, fue un regalo que yo permití —Risa dijo seria a su lado —, Rikka había ayudado mucho esa tarde, además... fíjate bien, no estoy sólo yo en la foto —señaló.
Todas las demás estaban tensas, expectantes a lo que acontecería a continuación; conocían muy bien el lado posesivo de su compañera, lo habían vívido en carne propia en el reencuentro de las "hermanas".
—¿Ves?, está Rikka también en la foto, ella también fue elegida por el grupo, así que...
—Está bien.
—¿Eh? —Risa la miró confundida.
—Tú lo consentiste, así que no tengo nada que decir, sólo... lo adorable que te ves Risa, jejeje —subió la foto, mostrándosela —, tal vez lo deba tomar como una señal para San Valentín.
Al instante las demás miembros suspiraron emocionadas por el halago.
—¡Sí, eso es Miya-chan! ¡también haré lo mismo! —dijo Sara, saltando encima de su novia.
—¡Es verdad!, tal vez no podamos vestirnos así en el evento, pero... —Eris se giró maliciosa hacia su novia, la cual se sobresaltó —. ¿Qué prefieres Shizuku?, ¿una angelita buena? o ¿un ángel caído?
—¡¿Cómo no se me ocurrió antes?! —Mai abrazó por los hombros a su amada con una expresión feliz —. Con ese cuerpo sin desarrollo calzas perfecta en el perfil de angelito, jijij.
—¡I-Idiota! ¡Pervertida! ¡¿Qué haces manoseándome el pecho?! —gruñó Reo, quien hasta ahora había estado tranquila mirando toda la situación, disfrutando de los dulces que le había obsequiado Eris.
—Sería encantador~ en la noche de San Valentín encontrar una Nanami angelical en el cuarto, jijijji, no pararía de hacerle cosas durante toda la madrugada.
Así, las demás parejas empezaron a coquetear, a su típica manera.
Sayuki se acercó a su novia, abrazando uno de sus brazos, y dijo:
—Te veías increíble Rikka, es una lástima que no haya estado allí —Rikka ladeó su mirada, sin decir nada, pero cuando iba hacerlo...
—¡M-Miya, por qué dijiste eso!, mouh. Ya devuelve la foto a Rikka, así pasamos de este asunto al que nos compete —dijo con la cara roja, Miya asintió y se giró de lado hacia Rikka. Estiró su mano hacia ella, Rikka la tomó entre sus dedos, pero cuando tiró hacia ella el agarre de Miya no cedió, quedando la foto en el aire, estirada entre los dos extremos.
—¿Miya-sama...?
—Mis disculpas, es que está tan linda la foto que quise apreciarla un segundo más —dijo tranquila, con una expresión neutral.
Rikka asintió y otra vez tiró hacia ella, pero otra vez no cedió.
—Huh... —miró hacia el frente nerviosa, con una gota de sudor bajandole.
—¿Cuánto quieres? —dijo Miya.
—¿Q-Qué?
—¿Qué cuánto quieres, niña?, ¿cuál es tú precio?, puedo darte lo que sea en este mundo, tú sólo pide, lo más seguro es que sea una insignificancia para mí.
—¡¿Queeee?! —exclamó sorprendida Rikka.
—¡Miya, ya basta! ¡no te lo permito! —gritó Risa, tomándola del hombro; giró su rostro hacia Rikka y dijo: —Rikka, no le hagas caso, ese es un regalo para ti y sólo para ti, a nadie más le permito tenerlo ¡¿entendiste?!
—¡S-Sí, Risa-nee! —contestó derechita como un soldado, y así tiró fuerte de su mano logrando recuperar en su poder la foto.
—Tch... —suspiró por lo bajo Miya.
Gracias a su emoción, los trabajos se hicieron mucho antes de lo normal; todas estaban ansiosas por su noche. Ahora estaban guardando los materiales sobrantes y limpiando.
Rikka miraba de reojo a Sayuki, sintiéndose culpable e insatisfecha con el "regalo" que tenía planeado darle en San Valentín, pero ya no tenía nada más que hacer, no podía resolverlo en menos de veinticuatro horas...
Por esa razón se encontraba distante de su querida Sayuki; se sentía mediocre.
«Sé que peor es nada..., si hubiera sido más inteligente lo tendría resuelto con días de antelación...»
Por esta clase de auto-recriminaciones, Rikka estaba limpiando lento.
—Rikka ¿todo bien?, ¿te falta mucho?
Se estremeció al escuchar la voz de Risa a su lado.
—Ya tenemos que ir saliendo.
—¿Eh? —miró a su alrededor, y todo estaba vacío y limpio, y sus compañeras estaban saliendo de la habitación —, ¿cómo es qué...?
—Vamos, yo te ayudo —Risa, hizo un ademán a las demás que se vayan adelantando; era poca cosa lo que había.
La peliazul se dejó de tonterías y activó, tardando menos de tres minutos en limpiar, sólo se quedó mirando como Risa guardaba el último pincel.
«Ni aún cuando no te lo pido estás ahí...»
Rikka esbozó una sonrisa, mientras veía a su hermana acercarse.
—Gracias por salvarme Risa-nee... —de su boca soltó un suspiro, pero al final sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa —, casi lo estropeo delante de Yuuna-sama.
—Sabes que no hay nada que agradecer.
—Siento qué... cada vez que supero un reto, maduro, pero aún así no termino de dejar de depender de ti.
—Jijiji —rió suavemente —, ¿es obvio, no?, soy mayor; por más que crezcas y te llenes de experiencia y madurez, yo soy tu "onee-san", no está mal que necesites de mí, porque siempre estaré un paso delante.
—Muuuh, pero siento que es muy seguido, y me hace sentir como una niña —lloriqueó.
—Como si la situación no lo ameritara...
Rikka levantó la mirada hacia Risa, quién tenía una sonrisa resignada.
—Es increíble y fantástico lo bien que sobrellevamos todo esto —tocó su vientre —, de como logramos que no arruine nuestro día a día.
—Risa-nee...
—Y lo que más deseo es que todas podamos seguir adelante con nuestras vidas —su sonrisa optimista hizo estremecerla, pero de buena manera; su admiración por ella sólo crecía.
Guardó silencio, y miró por encima del hombro de Risa; las chicas estaban charlando animadamente, paradas en el marco de la puerta, sus expresiones felices y voces vivaces no te harían sospechar del pesado secreto que compartían.
—Bueno, ¿vamos?, tenemos unos chocolates que preparar —Risa sobó su hombro llamando su atención una vez más.
—S-Sí… —salió de sus pensamientos y la siguió.
Risa salió primero; todo bien, pero cuando la peliazul salió cayó de boca, BOCA, contra el piso.
—¡Santos cielos Rikka! ¿estas bien?, ¿te lastimaste mucho? —preguntó Risa; al momento las demás chicas la ayudaron a levantarse, pues todas estaban al lado de la entrada; no demasiado lejos.
—S-Shi..., aughd, megd duegle musho lagd bodga...*—Auch, me duele mucho la boca* —dijo como pudo. Su novia se pegó a su lado y buscó más heridas por su rostro.
Risa se quedó mirando la escena con incredulidad, hasta qué, el foco de su visión se ajustó por detrás de la parejita.
Ahí, alejada del alboroto y reposando tranquila contra la pared, estaba Miya, al filo del marco de la puerta, con su pequeña sonrisa estoica y sus párpados cerrados; sus ojos borgoña coincidieron con el celeste cielo; gradualmente, las facciones de Risa se endurecieron.
Al final, antes de salir del colegio, tomaron de la enfermería prestada una bolsita de hielo, para que en el camino no se le inflamara el golpe.
La limusina de Yuuna las esperaba al salir pero, a pesar de que podía llevar a todas tranquilamente, Miya insistió en ir en la suya propia con su novia; simple comodidad y privacidad, otra razón sería errónea, según ella.
Cómo lo prometió Yuuna, pasaron por el local para que Rikka consiguiera sus ingredientes especiales; tardando sólo unos minutos para no levantar sospecha.
A la hora de organizar las habitaciones fue todo un reto, más que nada porque el tiempo no sobraba y las cocinas y microondas no alcanzaban para todas; se tenían que repartir las tareas:
Qué mitad guardaba la ropa de cambio, la de ellas y de sus parejas. Y qué mitad empezaría a hornear sus chocolates mientras tanto.
Al principio había sido sencilla la elección, porque era obvia la habilidad y rapidez culinaria de cada chica por pareja.
Pero, no todas, pero la mayoría temía por la dignidad de sus prendas en manos de sus parejas; era mejor prevenir que curar.
Así qué, contra toda lógica, las chicas menos habilidosas hicieron sus chocolates primero, mientras sus amadas ordenaban y organizaban sus cuartos.
En cierto punto no fue tan mala elección, ya qué, Risa, Kaede y Shizuku, tuvieron tiempo de sobra para pensar en el menú de la noche para todas; organizando las porciones y precocinando algunos ingredientes esenciales, dejando todo a punto antes de irse a preparar su lote de chocolates.
—¡Bien, aquí vamos! —espetó con ímpetu la pelirosa, ya con su delantal puesto. Las demás chicas de su pequeño equipo contestaron con un "Sí" con el mismo entusiasmo.
La ostentosa cocina se comunicaba con el living, que era igual o el doble de grande, pero la decoración era acogedora; sólo lo suficientemente elegante, como para que no te sientas incómodo o intimidado.
En uno de los sillones mullidos estaban descansando Sayuki y Rikka.
—Gracias por las molestias de acomodar mi ropa —dijo la peliazul, estaba un tanto exhausta de empaquetar todo. Por suerte, tenía la dicha de que su amada Sayuki la acompañara mientras esperaba que se hornearan sus chocolates.
—Para nada, fue todo un placer —su sonrisa honesta hizo vibrar por dentro a Rikka; Sayuki no tenía filtro a la hora de expresar sus emociones. De pronto curvó sus cejas y se inclinó más cerca de su amante.
—¿Quiere más hielo?, ¿te duele mucho?
—No te preocupes, apenas molesta —respondió Rikka, tocando con sus dedos el golpe; estiró sus labios en una sonrisa.
—Aun no entiendo cómo te caíste...
—S-Sí yo tampoco... —desvió sus ojos; ella ya se imaginaba la razón, después de todo, sintió como le metieron el pie, pero decidió callar.
De repente, Sayuki posó sus manos sobre el dobladillo de su falda, cerrando sus dedos con fuerza; sus ojos no miraban a la chica frente suyo.
—La f-foto...¿puedo verla de nuevo? —dijo, mirando el cuero del sillón.
Rikka tardó en reaccionar un momento.
—E-Eh..., sí..., ¡sí puedes!, sólo qué no ahora...sería complicado y difícil ahora.
—Claro —volvió a mirarla —, más tarde será, estoy muy feliz de que me permitas verla.
Rikka se relajó contra el respaldo.
—Aunque debo admitir que me encantaría verte así en vivo, jijiji.
—¡S-Sayuki-san! e-eso... sería muy vergonzoso para mí..., no creo que pueda volver hacer algo así de escandaloso.
Las palabras finales las dijo con la cabeza gacha, perdiéndose el brillo de desilusión en los ojos de Sayuki.
—Como dijo Risa-nee: fue un evento único..., no estaba sola, además no creo que me queden bien ese tipo de atuendos.
—Es una lastima que pienses eso. Me hubiera gustado poder verte así —dijo Sayuki, su tono melancólico sobresaltó a Rikka, pero antes de poder decir algo, la alarma del celular de Sayuki sonó; sus chocolates estaban listos.
—Disculpa Rikka-san —se levantó apurada y salió de la habitación.
La vio irse, y exhaló profundamente, estiró sus brazos en el respaldo, mirando el techo impecable; con el sentimiento de hundimiento en su pecho, tomó una decisión...
«Si lo hice para ayudar a una desconocida...»
¿Cuanto más por su novia?
PovRikka:
Nerviosa salí de mi habitación y caminé por el pasillo; todo por las habitaciones estaba en silencio, quizás estaban explorando la casa.
Aún Risa-nee y las sempais estaban en la cocina; tenía más probabilidad de éxito al haber menos gente por los alrededores.
A pesar qué, se comportó tranquila cuando nos tocó compartir la cocina, no dejaba de temer y replantearme lo que haría.
«E-Es por un bien mayor...» inhalé aire fresco al ver el final del corredor.
Busqué, con la mirada por el living, a Miya-sama, estaba relajándose en un sillón, para uno solo.
A paso lento me acercaba, las piernas me temblaban, tragué saliva antes de hablar.
—Miya-sama ¿tiene un momento? —pregunté nerviosa, mirando a los lados para ver qué no haya nadie oyendo.
—Sí, ¿en qué te puedo ayudar? —contestó, sin molestarse en levantar la mirada.
Cerré mis puños con fuerza.
—Dijiste que me darías lo que sea ¿no...?
Cerró su libro con un golpe seco, levantando el mentón.
—Así que se trata de éso —se puso de pie haciéndome retroceder un paso —, mi oferta sigue en pie, tu pide; no hay nada imposible para un Ayase.
Tragué pesado.
—Sólo para aclarar, tiene que hacerse con mucho sigilo M-Miya-sama..., nadie puede enterarse; es para hoy, e-esta noche en específico. ¿Puedes hacerlo? o...
—Te lo dije, no hay nada imposible.
Con la cara roja le dije lo que quería, para al final ser recibida con una expresión tranquila e indiferente. Suspiré, saqué mi anotador y de él la foto.
—Ten, por si no nos vemos —estiré mi mano, ofreciendosela; ya quería terminar con esta situación. Ella la tomó sin dudar, mirándola.
—¿Es la única copia?
—L-La presidenta del club, tiene otra en digital, pero ese ya ese es otro asunto —dije.
—¿Es la única copia que tú tienes? —volvió a formular, subiendo su mirada.
—E-Eh..., sí, es la única... —mentí. Puede que en físico sea la única que posea, pero le tomé una foto con el celular.
—Perfecto —dijo, cambiando su semblante, repentinamente, a uno con una sonrisa.
—¿Entonces...?
—Tú sólo espera, que cumpliré.
—Ah, bien..., n-nos vemos, Miya-sama —me di la vuelta y empecé a alejarme. Estaba más relajada con ese peso menos encima.
«Sólo queda juntar valor para lo que sigue...» Pensé.
—Y Rikka-san, un consejo de cortesía.
Me giré nuevamente al escuchar su voz, ella seguía de pie en el mismo lugar.
—Nunca pagues sin tener la mercancía al alcance. Tienes la suerte que soy una mujer de palabra.
Asentí, para ver como comenzaba a irse por el pasillo..., seguramente a su habitación.
PovRisa:
—Haa... —suspiré profundo, estaba exhausta; entre las clases de la mañana, mis deberes de representante y el comité de eventos me quitaron toda la vitalidad, pero por suerte pude aguantar.
Ya habíamos terminado de empaquetar todos los dulces que daríamos mañana, y con ayuda de Dios, cocinamos la cena para todas; éramos cuatro en la cocina pero, el estómago de tres chicas en específico, no se llenaba fácil.
«Hora de darme un largo y reparador baño»
Para mi alegría cada habitación tenía su propio baño.
Miya acababa de salir, y extrañamente... parecía de buen humor.
—Bañate tranquila, aún hay agua caliente.
—Sí, gracias, pero no planeo quedarme demasiado, me duele el cuerpo —dije adelantando unos pasos hacia el baño.
—Eso dilo mañana; aún no te agarro esta noche —con una sonrisa ladina pasó por mi lado hacia el armario que compartimos.
—Ugh..., pervertida sigue soñando, aún no te perdono por lo que le hiciste a Rikka; pudo haberse partido un diente —dije con calor en la mejillas pero mi ceño fruncido.
—Hmm~ si hubiera pasado me habría hecho cargo, además..., ya me disculpé con ella.
Suspiré y terminé por entrar al baño, desde dentro le grité: —¡No te creo!
Lo último que escuché antes de abrir la llave fue el sonido de su risa.
…
Después de haber cenado, todas acordamos qué, después de ponernos cómodas, nos reuniríamos en el living, pero no mucho; mañana tendríamos que levantarnos temprano.
Yuuna como anfitriona, tomó la iniciativa en la charla nocturna; tenía que mencionar algo importante antes que cualquier cosa.
Mientras todas tomábamos un té digestivo, dijo: —Los resultados de Shizuku-sama, Kaede-san y Reo-chan, llegaron.
Como Shizuku y Kaede no tenían el poder y los recursos para revisarse discretamente, lo dejaron en manos de Yuuna. Nanami-chan se los había propuesto cuándo a ella le llegó la hora de revisarse.
O más bien, cuando tuvo el valor...
Reo-sama no tenía las habilidades y el discernimiento para hacerlo con sigilo, por no decir más.
—Primero y lo principal, como Risa-san —me enderecé al escuchar mi nombre —, dio positivo a la capacidad de engendrar...
Al volver a escuchar esa afirmación, aceleró mi corazón. Sentí a Miya a mi lado tomar mi mano, dándole un ligero apretón de forma discreta.
—Y lo siguiente más importante, este cambio no desencadenó fallas o problemas físicos; salieron estables los exámenes de salud.
Todas, todas..., suspiramos de alivio, era un GRAN peso quitado ese rincón del problema.
—Fiuu..., esa si que es una buena noticia —Sara había dejado caer su cuerpo contra el respaldo del sillón, abrazando a Kaede en el proceso —, Yuuna-sama estaré eternamente agradecida por este favor.
—Jujuj, para nada, somos amigas y estamos juntas en esto —respondió, regalándonos una sonrisa a todas.
—De todas maneras, tienes mis más sinceras gratitudes Yuuna-san —Shizuku-sama desde su lugar hizo una pequeña reverencia; Eris-sama con una expresión de seriedad, hizo un asentimiento.
—Ahora..., quería comentarles un hecho curioso ya que las tengo a todas aquí... Mientras organizaba esto de los análisis me topé con una información rara en los documentos y e-mails del hospital.
A pesar de ser jóvenes, tanto Miya como Yuuna, incursionaban en los negocios familiares por su superioridad intelectual.
Todas estábamos en silencio y atentas por lo que diría a continuación.
—Encontré una carta de oferta de trabajo, de mi familia hacia una medica genetista, la mejor de su generación y país; debido a su currículum intachable mi familia puso sus ojos sobre ella en su momento. Se llama Yuki Yamamoto, es la reciente enfermera de San Michael.
De la impresión, todas nos miramos entre sí, apostaba que teníamos la misma expresión.
«¿Genetista...?, ¿son esos los que estudian los genes...? ¿O algo así?»
—Espera...¿tus padres le ofrecieron trabajo?
Los padres de Yuuna son dueños de una cadena de hospitales prestigiosos.
—Sí, pero rechazó la oferta rápidamente, al parecer ya había aceptado otro puesto.
—L-La escuela... —dijo Mai, perturbada.
—Legalmente sí, pero todas sabemos que ese no es su verdadero "trabajo" —dijo Yuuna con su rostro serio.
—Al menos ya sabemos su nombre... —dijo Reo-sama, quien estaba cruzada de brazos al lado de su novia.
—Sí, pero toda la información que hay de ella, es la de esperarse; una mujer con honores, que trabajaba en un hospital de renombre, más allá de eso (y de que es viuda) no hay nada interesante, o relacionado con lo que lidiamos.
«Bueno, algo es algo...»
—En resúmen, su información civil. De su vida de delincuente no sabemos nada; nada con lo que podamos avanzar —a mi lado, Miya dijo despectiva, pero detrás de eso sé que había frustración...
—M-Miya... —ladeé mi cuerpo y le dí una mirada reprochadora; sintiera como se sintiera fue grosera.
Yuuna-sama desde su sitio negó, con una mirada comprensiva.
Seguro… porque ella sabía al igual que yo qué, Miya probablemente ya había averiguado esa información, desde antes.
—Bueno, ¿eso es todo? —preguntó Reo-sama sin importarle el ambiente.
—Sí, Reo-san, no hay nada más que decir al respecto de eso.
—Genial, ¿ahora podemos comer el postre?, porque el té sólo me supo a poco.
Mai-sama suspiró su nombre por lo bajo, pero no llegó a regañarla.
—Yuuna-sama y yo, elegimos y preparamos los dulces para la noche Reo-san —Nanami-san se puso de pie mientras decía eso; aceptando gustosa el cambio de tema.
—¡Perfecto! ¡ve, ve Oda Nanami! —dijo con una sonrisa infantil —¡espero que sean deliciosos!
Sea a propósito o no, por primera vez agradecí su actitud altanera y desubicada.
—Jijiji, tan linda e infantil como siempre Reo-chan.
—¡Cállate Shitogi Eris! ¡¡tú no te metas!!
Así nuestra noche de chicas terminó, de manera simple, llena de peleas y risas, contándonos anécdotas de nuestro día a día cuando no nos veíamos en el colegio.
PovSayuki:
Era una lástima que la noche de chicas haya terminado, con lo divertido que había sido hasta el momento, pero la responsabilidad es la responsabilidad, teníamos un compromiso que atender mañana.
Y con desánimo nos despedimos todas, yéndonos a nuestros cuartos.
Debo admitir que no medite esto, gracias a la emoción con la que cargaba en la tarde...
Nerviosa, contemplaba la cama en mi habitación, era la única y a pesar de que habíamos hecho las paces con Rikka, no estaba segura si estaba bien compartir el mismo lecho...
Somos seres pensantes pero, la tentación siempre está presente en la carne.
Al principio intenté estudiar, repasar para la clase de mañana en el escritorio de la habitación, pero las suposiciones no me dejaban concentrarme.
Rikka se estaba duchando, tuvo la oportunidad más temprano, pero prefirió hacerlo antes de acostarse, según ella "para entrar a la cama ya relajada". Y en ese lapso no sabía qué hacer.
«Lo malo de eso... es que me dejó con mis pensamientos»
¿Ella querría dormir a su lado?, ¿se sentiría incómoda con su presencia hombro a hombro?
Mi estómago se sentía cerrado, y la indecisión me estremecía...
La ducha había dejado de sonar hace quince minutos.
Mientras tanto, había divagado y dado vueltas por la habitación; no me había atrevido a ponerme el pijama.
«¿Y si me pide que me cambie de habitación...?» Pensé con la mano en el pecho.
«No..., como es ella..., lo más seguro es que se retire en vez de decírmelo»
Porque así es ella, servicial, amable y se preocupa por los sentimientos de los demás; el título de caballero se lo ganó por más que no lo haya pedido.
Al escuchar el ruido de la puerta abriéndose me hizo voltear; estaba asustada, pero quería una respuesta, poco a poco fui girando nuevamente...
La habitación estaba silenciosa, iluminada apenas con la luz del velador de la mesita junto a la cama.
—¿Rikka-san? —dije, mis ojos se abrieron maravillados y mis mejillas se calentaron.
Lento, Rikka salió del interior del baño, pero no adornaba su pijama...
—No pude esperar hasta que salga el sol, señorita... pero, técnicamente es otro día.
A diferencia de la foto, su atuendo había cambiado, ligeramente...
—¿E-Eh...? —sin poder decir nada más, mis ojos se movían furiosos de arriba a abajo, admirando el traje que traía puesto, era casi idéntico al disfraz.
Lo más resaltante, los detalles en dorado no estaban más, en su lugar protagonizó el bordo: los tirantes que sostenían el pantalón negro, eran bordo con corazones blancos a lo largo, combinando con los botones de la camisa blanca y el arete qué, era idéntico al que usó pero en bordo.
—¿C-Cómo...?, ¿qué...? —apenas pude reaccionar.
Sin decir nada, Rikka-san se acercó, su paso era dubitativo.
—Feliz San Valentín Sayuki-san —se arrodilló, justo enfrente de mí, y con una rodilla hincada sacó una cajita rosada con listones blancos.
Mi corazón se aceleró, y mi cuerpo se estremeció..., no entendía, ¿cómo logró hacerlo?, ¿cómo hizo para que nadie se diera cuenta?, el sigilo con el que había actuado me había impresionado.
—G-Gracias... por ser una novia maravillosa... —dijo con el rostro sonrosado.
—...
Sentí la humedad en mis ojos, la garganta se me cerró, haciéndome imposible reaccionar a tiempo, sólo me quedé estupefacta mirando; Rikka tenía muchas cosas que decir.
—Te mereces lo mejor, pero he estado en las nubes, pensando en cosas que no me incumben y metiéndome en situaciones innecesarias..., en vez de pensar en tí y como es que te afecta toda esta situación.
La culpa en sus ojos apuñaló mi corazón, ella no se merecía sentirse así, me dolía tanto que creyera que había hecho algo malo.
—¡E-Espera Rikka-san! a mí no...
—Te he estado dejando de lado, haciéndote menos sólo porque aceptaste mi condición, y lo siento mucho Sayuki-san..., he abusado de tu buena voluntad.
Guardé silencio, mientras tanto Rikka, tomó la palma de mi mano y colocó la cajita, al notar mi rehunencia al moverme.
—Me vestí así ahora porque este regalito no es suficiente. Todo porque no me paré a pensar días atrás en tí.
En su pequeño discurso no me miraba, sus mejillas estaban sonrojadas; esbocé una sonrisa, me miró confundida al escucharme.
Era tan agradable la sensación cosquillosa en mi cuerpo.
—Entonces qué bueno, me alegra que no hayas pensado en mí —no pude evitar decir.
—¿E-Eh?, Sayuki-san...
—Lo siento Rikka, pero estoy feliz porque ahora puedo verte así, jijij.
No pude evitar reírme, el alivio salía y recorría mi cuerpo; esto no era para nada lo que estaba imaginando.
—¿F-Feliz...? —su cara anonadada prolongó mi risa; la tomé de ambas manos ayudándola a ponerse de pie; casi choca contra el escritorio —. ¿E-Entonces estás felíz con esto? —preguntó agarrando su nuca.
—Sí, absolutamente —entrelacé nuestros dedos y la acerqué más —, mi sueño se cumplió~ pude verte en este encantador disfraz, y lo dulce, ... es como pensaste en mí... —froté su naricita con la mía.
—Sayuki... —sus dedos inseguros sujetaron mi cintura.
—¿Cómo te compensaré en el día blanco?, eso aún no lo sé, jeje.
—¡N-No tienes qué!
La besé, callando su impertinente culpa, mis brazos rodearon su cuello, acortando la poca distancia entre nosotras, el impulso hizo perder el balance en sus pies, apoyando su cadera contra el borde de la mesa.
—Ups, jijiji —reí sin soltarla.
Diablos que podía sentir su corazón acelerado.
—Te amo Rikka —dije juntando nuestras frentes.
—Nnh..., yo también Sayuki-san.
Exhaló, sus brazos rodearon con más soltura mi cuerpo; con un pequeño puff su busto chocó con el mío.
—Me alegro que te haya gustado tú regalo...
Maravilloso..., rodeada por su calor, sintiendo su presencia.
Desvíe mi ojos de los suyos, demasiado cerca, demasiado tentador..., humedecí mis labios sin poder evitarlo. Mis dedos se hundieron en su cabello lacio.
—N-No te vuelvas a sentir mal por eso... —dije —, sé que no lo hiciste con mala intención, además... —volví a mirarla —, sólo querías cuidar a la chica que amas.
Sus ojos se abrieron hasta su límite; podía ver el indicio de tartamudeo. Le sonreí tranquilizadoramente.
—Soy una chica madura, y como tal, sé que existe más de un tipo de amor.
Lo último que vi fue su rostro rojizo, antes de esconderse en mi cuello.
—R-Rikka-san... estás demasiado cerca; no q-quiero incomodarte.
—No me importa —usó más fuerza en sus brazos.
—Rikka...
—Te mentí al decirte que este disfraz… sólo era el complemento para el regalo… —murmuró.
Mis músculos se tensaron al sentir sus dedos divagando por mi espalda.
—Quiero complacerte —susurró.
Sus manos llegaron por debajo de mi cadera. Sus dedos con fuerza se hundieron por encima de la tela, para empezar un masajeo lento en mis glúteos. Jadeé por la sensación.
Me aferré a sus hombros soportando el progresivo entumecimiento de mis piernas; suspiré su nombre, y ella susurró el mío mientras me daba picotasos por el cuello, elevando mi temperatura, ya mas de lo que habia hecho la fricción de nuestros cuerpos revestidos de tela; una de las llamativas tiras se había caído por su hombro.
—Estoy t-tan feliz... Rikka-san, h-he... esperado mucho este momento.
—Lo lamento...
Una de sus manos se movió hacia mi pelvis, y sin decaro se aventuró dentro de mi falda.
—Rikka...!
Ella no dijo más nada, su cara estaba escondida en mi hombro mientras sus manos se movían. Disfrutando del tierno masaje en mi glúteo, y delante, la tortuosa sensación de sus dedos acariciando mi raja.
—¡E-Espera...! Rikka..., s-si sigues no podré detenerme —dije entre gruñidos. No quería sólo ser tocada, también quería sentirla. Pero el recuerdo de su reacción, al intentarlo la última vez, me retuvo.
«¡No quiero volver a obligarte!»
No me parecía justo que haga todo esto sólo por complacerme..., una parte de mi ardia dolorosamente al pensar que ella aún no quería todo esto.
—Rikka..., aún estamos a tiempo de... —sus dientes hicieron presión en mi hombro, mientras que un par de sus dedos provocaron mi entrada sobre la tela —¡A-Ah, e-espera...!
—Sayuki..., estoy cansada de tener miedo —dijo eso ladeando su rostro —, de tener que contenerme...!
Había olvidado el poder de las palabras...
Sus dedos se movían cruelmente sobre la tela adherida a mi piel, provocando que mis caderas se movieran.
—¡N-No es justo!, mn...
Mi mano se deslizó entre nuestros vientres llegando hasta el cierre de su pantalón; Rikka se tensó, me límite a hacer presión por encima de la tela y acariciar lenta y delicadamente hacia arriba y abajo.
Traté de mirarla de lado, pero estaba empeñada en esconder sus ojos de mí.
Los movimientos de mis dedos se hicieron más precisos al sentir su dureza en las yemas.
—¿Está bien Rikka…?, si no quieres yo…
—E-Está bien Sayuki..., yo me vestí así para eso... —dijo con evidente vergüenza en su voz —, p-puedes tocarme...
Tragué saliva y la sentí bajar pesadamente.
«Si es así...» pensé, excitada por lo que haría.
Mis dedos bajaron su cierre y se aventuraron a bajar lo suficiente el elástico de su ropa interior, dejando qué, su complejo se asomara a través de la pequeña brecha.
Rikka no dijo nada, ni se movió de su lugar.
Ver su miembro fuera después de tanto tiempo hizo crecer el calor entre mis piernas.
Con la impaciencia quemando, tomé el elástico de mi ropa interior, siendo ayudada al bajarla lo suficiente…
Traté de tomar un poco de distancia, dar un paso atrás, pero sus brazos no me dejaron hacerlo, sólo unas pulgadas de distancia podía haber entre nosotras. Acepté su vergüenza, así que me limité a tomar y guiar con mis dedos la punta de su miembro.
Mi pequeña cabeza fue besada por la suya, en una placentera presión continúa.
—E-Esto se siente bien, Rikka-san —dije marcando el ritmo de los movimientos de nuestros balanceos. Buscando que se besaran más.
—Sayuki... —gimió contra mi cuello. Sus manos que estaban inmóviles a los lados de mi cadera, empezaron a ayudarme a moverme hacia delante, cada vez que yo lo hacía hacia atrás.
Mis muslos se abrían, la constante fricción me hacía desear más; mis manos subieron por sus antebrazos hasta su cuello.
—Rikka... —dije, mi estabilidad flaqueaba y mis dedos se aferraban con fuerza —¡Ah!
Arqueé mi espalda al sentir las cosquillas arremolinarse entre mis piernas; la pequeña satisfacción estaba alcanzado su punto máximo. Alcance el borde tras empezar a escuchar los agudos gemidos de Rikka contra mi piel.
Su mano empujó mi trasero hacia adelante a la vez que me embestía, provocando que su estocada sea mas profunda, dezliando su punta hasta mi entrada; la rígida presión continua entre mis pequeños labios, fue suficiente para hacerme acabar.
Sus brazos me sostuvieron diligentemente, cuando casi me caí, la fuerza me abandonó; nos cambió de posiciones, ahora yo estaba contra el escritorio. Como pude, con su ayuda, me subí en él, arrastrando a Rikka conmigo; por más que sólo hayan pasado unos cuantos segundos, quería seguir, quería que ella terminara de ser complacida.
—No te preocupes..., tengo todo bajo control... —dije, abrazando su cintura con una pierna, mientras que con mis dedos volvía a guiar su punta contra mí —, quiero que sea así... —ambas manos se entrelazaron detrás de su nuca, al sentir las suyas firmes en mis caderas, ajustando posición.
En sus ojos vi duda, pero confió en mí al final.
—Te amo..., y la razón por la que dudé tanto llegar a este momento fue por esos sentimientos... —besó mi frente; mi visión se hizo borrosa...
Una pequeña presión fue lo primero, después como una incomodidad se abría paso dentro de mí; ardía y hacia cosquillas a la vez, un agudo pinchazo me hizo gemir al ella mover sus caderas.
—¿Sayuki-san...? —dijo, saliendo de mi cuello —, estás agitada... ¿te encuentras bien? —preguntó entera, pero su rostro completamente enrojecido delataba su estado.
Mi corazón latía a mil.
—Sí..., n-necesito que te muevas —dije con desespero, hundiendo más mis dedos en su piel.
Me dijieron qué, cuánto más se moviera se sentiría mejor, que el dolor pasaría progresivamente.
Y tenían razón, en cuanto Rikka empezó a mecerse de forma ligera, el dolor empezó a escurrirse y derramarse entre mis piernas.
—E-Estas llorando... —dijo.
—Sí..., pero no te detengas —incliné su cuerpo más cerca —, amo está sensación.
Otra vez estábamos juntas, otra vez nos hicimos una.
Todo el incidente del cambio, nos había abierto una brecha en nuestra relación, nos había separado. No sólo físicamente, nuestros corazones se habían alejado.
Necesitaba desesperadamente volver a juntarlos.
—¡R-Rikka! —gemí cuando ella agarro un buen ritmo, uno constante y duro; sentía como le deba forma a mi interior.
—¡m-más duro, ahhh!, ¡muévete más por favor! ¡Rikka no lo resisto...! —clavé mis uñas en su piel, sin consideración.
Otra vez de manera precoz estaba llegando, pero había quedado sensible de la sesión anterior, al igual que ella que no se había venido.
El golpe desesperado de Rikka estaba meciendo el escritorio, chocando contra la pared; tenía miedo que el escándalo lo escucharán las chicas. Pero dejó de importarme un demonio, ante el creciente calor febril en mi vientre.
—¡S-Sayuki lo lamento! ¡lo lamento tanto! ¡L-Lo haré mejor! ¡S-Seré mejor!
Con los pensamientos esfumándose y desapareciendo, como las palabras en una pizarra, de alguna forma entendí que no se refería al sexo.
—¡Ah!, Rikka, Rikka...! —no podía detenerme el placer me estaba obligando. Ella no era diferente, pero la vergüenza la obligaba a apretar los dientes.
—¿¡Estás segura… de que está bien…?! ¡yo ya...!
Su desesperación se sentía en la voz. Tomé su rostro y lo acerqué al mío; a través de mis ojos transmití la misma emoción.
"Confía", exhalé con mis últimas fuerzas antes de arquear mi cuerpo, dejándome consumir por las cosquillas provocadas por el golpeteo constante de sus caderas contra las mías.
No creo que vuelva a permitir un largo tiempo de abstinencia.
Calló mi último grito con sus labios; lloré de alegría al sentir que se desarmaba conmigo, dejando caer su peso sobre mí, haciendo un golpe seco contra el sustento bajo nuestro.
—Por fin..., Rikka..., Rikka...—lloriqueé abrazando su cuello. Otra vez nos convertimos en una, y está vez, eso no iba a volver a cambiar.
—P-Perdón... —susurró en mi oreja, sonreí y pasé mis dedos por su nuca hasta su cuello.
—Llevémonos bien a partir de ahora ¿sí? —reí suavemente —. Sabes..., antes de que esto escale...
—¿Huh? —levantó su torso por encima de mí.
—¿Puedo sacarte una foto?
—¡¿Ehh?!
…
Espero que les haya sido tediosa la lectura, que la hayan pasado bien. Les deseo buen día, tardes y noches.
