—Este fic es una precuela de mi historia "El Sentir de un Uchiha" centrada en Sasuke, Sakura & Sarada. Ni los personajes ni la historia me pertenecen en lo absoluto sino que son de la completa autoría de Masashi Kishimoto, mas la narración, trama vinculante y pasado de los personajes (Fugaku, Mikoto, Itachi & Sasuke, entre otros) son de mi absoluta responsabilidad para la dramatización, sentido y cronología de la historia :3 Les sugiero oír "We'll Be A Dream" de We the Kings y "Eclipse (All Yours)" de Metric para Fugaku & Mikoto, "Tourner Dans Le Vide" de Indila para Hazuki, y "Alive" de Kisnou para el contexto del capitulo.


Dos Meses Después

El matrimonio, pese a la poderosa razón que tenía detrás—la sucesión y el linaje del clan, nada menos—para haberse celebrado, probó ser exitoso y más que ameno para Fugaku y Mikoto, por supuesto que a ojos de terceros se comportaban como la pareja que se esperaba que fueran; Fugaku continuó cumpliendo con sus obligaciones como líder del clan y Mikoto se relegó a la vida doméstica como se esperaba que hiciera, mas visitando ocasionalmente a los distintos miembros del clan y mostrándose como una matriarca amable a la par que presente para todos quien integraban su clan…quizás lo que más debería haber hecho ruido—pero, concentrados como estaban todos en el clamor de guerra en el aire—fue como el horario del Patriarca del clan comenzó a cambiar tras su boda. Antes de la boda, Fugaku había sido un hombre puntual, era el primero en el cuartel de Policía de la Aldea de la Hoja, daba una ronda por la ciudad y luego se reunía con sus Asesores antes del mediodía, volvía a hacer otra ronda de patrullaje y luego se encerraba en trabajo administrativo sobre el clan hasta la tarde, cuando daba otra ronda y luego se iba a casa…pero luego de la boda ya no era el primero en llegar, ni siquiera era el segundo sino que llegaba a trabajar después de las diez de la mañana, se encerraba a discutir con sus Asesores mientras revisaba parte de su trabajo administrativo hasta el mediodía, regresaba brevemente a casa para almorzar con su esposa, luego patrullaba la aldea hasta la tarde y revisaba más documentos administrativos antes de irse a casa.

Esa mañana comenzó como todas, luego de incansables jornadas de hacer el amor en su habitación; apenas Mikoto despertó, sintió a Fugaku entre sus muslos, espantando el sueño que aún la azoraba con un sorprendente orgasmo devorando su feminidad; Mikoto sonrió mientras veía a Fugaku ascender por su cuerpo hasta regresar a su altura, apoyando su peso en sus brazos para no aplastarla, sus labios encontraron los de ella y besándose apasionadamente con creciente deseo el uno por el otro, el Uchiha deslizando su mano para acunar la mejilla de su esposa, descendiendo su tacto por su cuello, el valle entre sus pechos y llegando a sus caderas, una señal ante la que Mikoto no dudo en abrir las piernas y acomodarlas a cada lado de su cuerpo, sintiendo los contundentes y magistrales dedos de su esposo deslizarse contra sus pliegues. La estaba torturando, la sabia completamente lista para él desde su noche de bodas, pero disfrutaba que ella le rogara que la hiciera suya y ella no tenía problema en disfrutar lo más posible de aquel placer, sintiendo los dedos de su esposo entrar y salir bruscamente de su interior, haciéndola tan maleable como arcilla, haciéndola gemir fuertemente, mas Fugaku amortiguó estos gemidos al reclamar los labios de su esposa. Hasta hace un mes atrás, ambos habían tenido nula experiencia en la intimidad con el sexo opuesto, pero se habían vuelto prontamente aficionados a demostrar lo mucho que se amaban de esa forma, enardeciendo de deseo al disfrutar de aprender de todas esas experiencias.

Fugaku la besó con pasión y ferocidad, como un hombre sediento que acaba de encontrar un pozo de agua fresca, con hambre, pero ternura al mismo y una devoción que hizo estremecer a Mikoto, quien se derritió contra sus labios, entreabriendo los labios ante la presión de los labios de su esposo y recibiendo su lengua que se envolvió contra la suya, meciendo sus caderas contra sus dedos que penetraban implacablemente en su interior. Rompiendo el beso cuando ambos necesitaron de aire, Fugaku deslizó sus labios hacia su mentón, su cuello y luego a sus pechos, lamiendo y chupando cada poro a su paso como si fuera lo más apetecible del mundo, aprisionando uno de sus pezones entre sus labios y amasando aquella piel que se encontraba libre; sintiendo a su esposa temblar entre sus brazos, Fugaku retiró sus dedeos de su interior, y terminó de recostarla sobre la cama mientras escuchaba un gemido de protesta, deseando más y siendo eso justo lo que él iba a darle. Recibiendo un nuevo beso de parte de su esposo, Mikoto se dejó recostar sobre la cama, sintiendo a Fugaku situarse encima suyo, aprisionándola con el peso de sus músculos como tanto le encantaba y alineándose contra su entrada antes de penetrar en su interior con un solo movimiento, haciéndola cerrarlos ojos y morderse los labios mientras intentaba acostumbrarse a tenerlo en su interior, sintiendo a Fugaku amasar sus pechos y cubrir de besos su mentón y cuello mientras comenzaba a moverse.

Dejar tiempo a que su esposa se acostumbrara a volver a tenerlo en su interior no era un problema para Fugaku, era un hombre paciente y más tratándose de su esposa, dándole tiempo para adaptarse a su longitud con movimientos pausados y lentos, hasta recibir una mirada particular de Mikoto, quien le hizo saber que el dolor e incomodidad había disminuido, retirándose casi por completo y volviendo a embestir profundamente; Mikoto lo volvía completamente loco, loco de amor y deseo desde la primera vez que la había hecho suya, ya llevaban dos meses casados y compartiendo la cama todas las noches—así como gran parte de las mañanas, por ello ya no iba tan temprano a trabajar, y regresaba a la hora de almorzar no solo para comer, sino que no soportando estar lejos de ella—, y cuanto más la hacía suya, más la deseaba; Mikoto era una droga a la que era adicto y no tenía vergüenza en admitirlo. Mikoto gimió en respuesta ante las embestidas de su esposo, sujetándose de sus hombros y separando aún más las piernas, empujando instintivamente sus caderas contra las suyas, buscando una fricción más profunda y rápida, mordiéndose el labio inferior cuando Fugaku regresó a esa rutina de torturarla para rogarle por más, retirándose casi por completo y volviendo a penetrar profundamente en su interior con movimientos rápidos, y ante lo que ella deslizó sus manos de la ancha espalda de su esposo a su torso, deleitándose con palpar los músculos de su pecho y envolviendo sus brazos en su cuello, atrayéndolo en un beso.

No creyendo poder cansarse alguna vez de los deliciosos labios de su esposa, el Uchiha aceleró el ritmo de sus embestidas, penetrando en su interior con más fuerza, sin piedad, sabiendo a Mikoto ebria de placer, lo sentía ante el firme agarre de sus piernas alrededor de sus caderas, acercándolo más hacia sí, arañándole la espalda con las uñas de una de sus manos ante cada una de sus embestidas y revolviéndole el cabello con la otra mano, moviendo sus caderas al encuentro de las suyas y llenando la habitación con el erótico sonido de sus gemidos. Ambos amantes se besaron apasionadamente mientras sus cuerpos unidos trabajaban en armonía para darse placer mutuo, en ese momento el resto del mundo fue olvidado, todas las reglas, protocolos, requerimientos o deberes, solo ellos dos eran lo que importaba en ese lugar, en su hogar, en su habitación y en esa cama; aún unidos por el beso que compartían, Fugaku deslizó su tacto para envolver sus brazos a la espalda baja de Mikoto y aprovechó lo obnubilada que se encontraba por el placer que estaban experimentando para cambiar las posiciones, halándola hacia su regazo de modo que ella estuviera a horcajadas encima suyo, ambos frente a frente. Mikoto se aferró con fuerzas a los hombros de Fugaku ante el repentino cambio, no pudiendo evitar gemir más fuerte mientras él la hacía suya sin piedad, envolviendo sus piernas a las caderas de su esposo mientras sentía como las embestidas perdían ritmo y se volvían más profundas e intensas, llegando más profundamente dentro de ella.

Embistiendo contra el interior de su esposa a un ritmo brutal, Fugaku retuvo sus caderas contra las suyas, pensando únicamente en hacerla suya hasta que no pudiera levantarse de esa cama, en reclamarla hasta el cansancio y en hacer que aquello fuera tan inolvidable para ella como lo era para él; con un par de embestidas más, Mikoto alcanzó el orgasmo, echando la cabeza hacia atrás con un melodioso gemido y fue toda su prestancia de sirena lo que hizo que Fugaku acabara en su interior solo unos segundos después, acercándola con sus brazos alrededor de ella y ambos temblando uno contra el otro. En medio de la bruma post coito y que siempre los hacia desear más, Mikoto volvió a encontrarse recostada sobre la cama bajo el cuerpo de Fugaku, que abandonó su interior, pero unos segundos más tarde su esposo le dio la vuelta de tal modo que estuviera inclinada debajo suyo, con el rostro contra la almohada, y Fugaku volvió a penetrar en su interior, llegando a un más profundamente de esa forma, inclemente, hambriento e hirviendo en deseo por ella, que no era más que un desastre quejumbroso. Mikoto no podía pensar siquiera que estaba agotada después de ese primer orgasmo, porque Fugaku encendió la pasión dentro de ella, quien se encontró insaciable y deseando más de él…Después de la segunda ronda, siguieron la tercera y la cuarta ronda, ahogándose en placer y no consiguiendo cansarse en absoluto; cuando Fugaku atrajo a Mikoto hacia su pecho para dormir, alejó los pensamientos negativos y solo le dio sueños felices…


Tres Meses Después

Sin embargo, aquella intimidad tan placentera era solo la parte bonita de ser una mujer casada, algo que Mikoto había aprendido a disfrutar enormemente, resultándole todo un reto poder levantarse de la cama en las mañanas luego de pasar incansables horas de la noche haciendo el amor con Fugaku, pero si él encontraba fuerza para cumplir con sus deberes como líder del clan, ella debía de hacer lo mismo como Matriarca que ahora era. La guerra aun no era segura, Konoha quería dilatar o dialogar lo más posible la situación y no tener sobre si la mancha de ser los causantes de otra guerra entre Shinobis, más teniendo en cuenta que la anterior había sido hacia menos de diez años, pero los líderes de la aldea ya habían tomado medidas para prevenir a la población—ya fueran Shinobis o civiles—o para que estos supieran como actuar cuando la guerra ya fuera una realidad. Saludando con la mirada a las personas a su paso, mostrándose más reservada que de costumbre al tratar con los civiles o Shinobis que no eran parte de su clan, Mikoto cruzó el umbral de la carnicería, pensando en la cena que prepararía ese día y en la carne extra que debería comprar para el resto de la semana, sonriendo al encargado y que eligió uno de los pollos tan pronto como ella le dijo lo que necesitaba; naturalmente expresiva en comparación con su esposo, Mikoto casi se cubrió los labios con su característico aire dramático tan pronto como vio el pollo que el carnicero había elegido, ese pollo no alcanzaría ni siquiera para ella sola, mucho menos para Fugaku.

—Uy, qué flacucho— se quejó Mikoto en voz alta, sorprendiendo al carnicero. —Usted no, me refiero al pollo— se apresuró a aclarar, parpadeando coquetamente. —A usted se le ve muy, muy sano, y no sé si podría conseguirme un pollo que se le parezca…con más carne donde agarrar— comentó mordiéndose el labio inferior y viendo sonreír al carnicero, que no dudo en elegir la mejor ave para ella. —Perfecto— sonrió más que encantada, manteniendo aquella farsa.

Era una mujer casada, que se debía a un papel más grande como Matriarca del clan, y sin embargo al ser joven y bella, Mikoto siempre había sido consciente de que su físico atraía la tención masculina y que podía obtener muchas cosas a su favor jugando bien sus cartas, no es que quisiera ser manipuladora y a decir verdad ser hermosa no era todo lo que ella era, tenía habilidades de sobra como Kunoichi que ya hablaban por ella, pero estaba en una situación muy difícil y todo beneficio seria bien recibido por ella. Una de las medidas que la aldea estaba tomando a la luz de la amenaza de la guerra era el racionamiento; se habían comenzado a repartir una serie de cupones con un límite de cantidad de productos por familia de Konoha en lugar de dinero, siendo en su caso aquella que componía con Fugaku, viviendo bajo el mismo techo y teniendo ciertos privilegios por ser los líderes del clan Uchiha, pero incluso entonces someterse al racionamiento era difícil, abandonando la carnicería con una sonrisa para el encargado y siguiendo con su camino. los cupones nunca eran suficientes y muchos habitantes de Konoha estaban descontentos con este sistema, menos si la guerra no se había declarado aun, pero pasando a la verdulería en busca de vegetales para la cocina, Mikoto sabia—como buena Uchiha, siendo este conocido como el clan de la guerra—que era estúpido resistirse a esa medida, los líderes de la aldea la tomaban por una razón y como Uchiha le correspondía obedecer y adaptarse a estos cambios, rogando que Fugaku no fuera apartado de su lado.

—Mi madre no mejora, lo estamos pasando fatal, pero hay que tener optimismo— comentó Mikoto, mordiéndose la lengua mentalmente mientras se despedía de la encargada de la verdulería.

—Espere— llamó la mujer, haciendo que volteara a verla. —Lleve esto para su pobre madre— ofreció, tendiéndole una bolsa de fresas

—Muchas gracias— sonrió la Uchiha, genuinamente agradecida y conmovida.

Era una mentira descarada, pero no la primera, como matriarca del clan mucha veces Mikoto abogaba por otros miembros de su clan para quienes el racionamiento era más difícil; ella tendía a ser más sociable, por lo que en ocasiones se ofrecía a comprar con sus cupones extra raciones completas para algunas de las familias grandes de su clan para quienes la asignación de la aldea no era suficiente, teniendo que usar muchas veces como excusa a su dulce y severa madre lady Eshima, alegando que tenía problemas de salud o diciendo que sus cuñados Teyaki y Uruchi—cuyo hijo, Baru, había nacido hace varios meses, agregando consciente o inconscientemente un peso sobre ella misma, ya que aún no estaba embarazada—, pero siempre comprando lo que sea que sus subordinados o hermanos de clan necesitaban. Siendo buena mintiendo debido a esto, Mikoto fue perfectamente capaz de mantener su sonrisa al regresar por sobre sus pasos hacia su hogar, entregando en el trayecto las compras que había hecho para otros miembros de su clan, que siempre la saludaban inclinando respetuosamente la cabeza ante ella como Matriarca y figura de autoridad, sin embargo, ella seguía siendo simplemente Mikoto Uchiha, amiga, hija, esposa y cuñada, no se sentía diferente, pero desde su boda todos la trataban como si lo fuera…como siempre y tan pronto tuvo ese pensamiento angustiante en su pecho, pensó en Fugaku y en su maravilloso tiempo juntos en la intimidad o simplemente juntos, y ello la hizo olvidarse de todo y pensar solo en ellos.

El amor podía hacer que la peor jaula fuera un paraíso.


La expresión de agradecimiento y las miradas severas a la par que adustas, pero profundamente emocionales de los miembros de su clan, era algo impagable para Mikoto, el rol de Matriarca del Clan era básicamente el rol de una madre solo que para con todos los miembros de su clan a excepción de su esposo, debía ser madre para todos los niños del clan, amiga de todas las mujeres y oyente para todos los hombres sin importar su edad, mas al mismo tiempo debía dejarse aconsejar por los Asesores de su esposo y que ahora eran los suyos también. Mas, ninguna plenitud sencilla de la vida se asemejaba a otra que estar sumergida en la bañera, con el agua hasta los hombros y relajada por la temperatura a la par que jugando con la espuma que generaba su jabón favorito, alzando la mirada hacia el umbral del baño tan pronto como Fugaku cruzó y la observó con esa sonrisa ladina que la hacía estremecer junto con su habitualmente estoica mirada ónix y que se volvía tan cálida cada vez que estaban solos; Fugaku no era el hombre más expresivo del mundo, ni con abrazos ni con palabras, pero con una sola mirada le hacía sentir continuamente que ella era única para a él, la mirada en sus ojos se lo recordaba todo el tiempo y la hacía sentir como una diosa. Los ojos de Fugaku, quien tuvo la tentación de activar su Sharingan, inevitablemente recorrieron cada parte de la anatomía de su esposa al ingresar en el baño, tomando asiento en el suelo junto a la bañera, alzando una mano para acariciar su húmedo cabello azabache azulado.

—¿Kirigakure volvió a rechazar la comitiva que envió el Hokage?— supuso Mikoto, apoyando sus brazos en el borde de la bañera, entrelazando su mano con la de su esposo.

—Sí, y es francamente preocupante— asintió Fugaku con un suspiro apesadumbrado, habiéndose reunido nuevamente con el Hokage. —No los mataron, pero apenas lograron regresar, los emboscaron en el camino— agregó ante la preocupada mirada de su esposa.

—¿Crees que te hagan ir?— inquirió la azabache, sobradamente angustiada por la idea. —Sería más difícil atacar a los líderes de los grandes clanes si ellos acuden en representación de Konoha, para dialogar la paz— era un plan lógico a la par que temerario.

—De hecho, si— confirmó el pelicastaño para mayor preocupación de su esposa, que esperaba haberse equivocado en su línea de pensamiento, —el Hokage me lo propuso hoy, así como a Inoichi Yamanaka y Shikaku Nara— agregó, teniéndola al tanto de todo.

—Son solo chicos— juzgó ella de inmediato, no entiendo porque los habían asignado.

—Pero herederos de sus dos clanes, y los únicos de por aquí que están al nivel de los Uchiha— diferenció él pensando lo mismo, mas viendo lógica en la asignación. —Francamente, no creo que enviarme al frente de una misión diplomática vaya a tener éxito— admitió, aunque no lo había verbalizado ante el Tercer Hokage.

—¿Por qué no? Eres afable cuando no estás armado— elogió Mikoto, teniéndole la mayor de las confianzas como siempre.

—Me refiero a que los Uchiha no tenemos fama de pacíficos— aclaró Fugaku, avergonzado ante su elogio. —Pero aún no se decide la fecha, y también se está hablando de enviarnos a Amegakure y Sunagakure, con el fin de mantener las alianzas que se pactaron en la última guerra— no sería una misión corta, eso era seguro.

Puede que Mikoto y él ya llevaran cinco meses casados, todos ellos felices, pero Fugaku no pudo evitar ponerse nervioso, teniendo que carraspear para aclararse la garganta y casi sonrojándose, lo que a ella hizo gracia mientras lo observaba, parpadeando de aquella manera que a él le resultaba tan seductora con sus largas pestañas y arqueando sus finas cejas; como Patriarca del clan, Fugaku no creía ser precisamente la persona más agradable del mundo, se sabía temperamental en extremo, tenía mal humor al despertar por las mañanas—a menos que ella lo despertara—y no era la persona más comunicativa, por lo que dialogar con él siempre era un problema, pero Mikoto en su mayoría no veía ninguno de esos problemas. Siendo el clan más poderoso e impecable durante la época de Guerra Entre Clanes, los Uchiha tenían fama de ser extremadamente crueles, no dejaban vivir a sus enemigos y de hacerlo por alguna razón, siempre era con el propósito de obtener algo a cambio, no muchos valoraban el sistema político de los Uchiha y sus tratados de paz, firmados a lo largo de la historia Shinobi, en nada extrañaba que en ese caso y pese a tantos años de paz, fueran conocidos como "El Clan de la Guerra", habiendo logrado importantes victorias para Konoha en la Primera y Segunda Guerra Mundial Shinobi, ¿Ser diplomáticos ahora? Sonaba inverosímil, pero Mikoto sabía que su esposo era un pacifista por naturaleza, siempre estaba listo para la guerra como buen Uchiha, teniendo ella la misma opinión, pero amaban completamente le ideal de la paz.

—Lo siento, últimamente solo hablamos de la guerra, aunque ni siquiera se ha declarado oficialmente— se disculpó Fugaku acunando el rostro de su esposa con una de sus manos, sabiendo cuanto la angustiaba la idea de una separación entre ambos.

—No, el Hokage no quiere hacerlo, menos si todos seguimos recordando la guerra anterior— asintió Mikoto, ya habiéndose resignado. —Está bien, prefiero hablar de la guerra que de mis problemas— sosegó cerrando los ojos ante el dulce tacto de su esposo.

—¿Sigues sin poder decirle la verdad a Hazuki?— mas bien asumió él, sorprendido por ello, —¿Qué has hecho entonces?— ella no se lo tomaría bien cuando lo descubriera.

—Mentir, me he vuelto muy buena en ello— obvió ella encogiéndose de hombros. —Estoy discutiendo con los Asesores, pronto podrán poner fecha a la boda— comentó cual monologo, siendo esas las palabras que había dicho a Hazuki hasta ahora. —¡Que guapo es usted!, ¿Me da un pollo más grande, por favor?— agregó, divertida de recordar como coqueteaba con media Konoha por su clan.

—¿Flirteas con el carnicero?— el pelicastaño sonrió ladinamente, nada celoso sino que divertido ante la sola idea.

—Si tan solo fuera con el carnicero, con esto del racionamiento, flirteo con todos en Konoha— puntualizó la azabache, sin avergonzarse por su descarado comportamiento. —Voy a ganarme la fama de buscona, que haría cualquier cosa por un poco de carne, o peor— bromeó con voz cantarina, como una sirena.

—¿Un toples por un poco de sake?— consideró en Fugaku en voz alta, haciendo que su esposa le arrojase un poco de agua, que él evadió afortunadamente. —¿Un Striptease por ramen?— inquirió, ante lo que ella replico su actuar, logrando salpicarlo esta vez

—Ya, para…— rio Mikoto cubriéndose los labios, tratando de sofocar sus carcajadas y recordando que no era apropiado comportarse con ese desparpajo.

Para su suerte o desgracia, Fugaku sabía que se había ganado la envidia de la mitad de Konoha o más al momento de comprometerse con Mikoto y aún más tras casarse, Mikoto era la mayor belleza de su generación sin lugar a dudas, antes de ella toda la atención del sexo opuesto había estado en lady Tsunade Senju, pero desde su partida y siendo la esposa del Tercer Hokage una mujer relativamente mayor, los ojos de todos los idiotas estaban en Mikoto, a él no le importaban quienes habrían de ser las beldades de la próxima generación, pero sabía que tenía por esposa a la mujer más hermosa de la aldea y por ende era natural que otros la desearan y quisieran tenerla…pero no podían. En un sentido posesivo, sexual o primitivo, ella era solo suya, Mikoto se lo repetía incansablemente cuando la hacía suya y si no lo hacia lo suficiente, también le repetía cada mañana y cada noche, incluso entre sueños, lo mucho que lo amaba, Fugaku siempre confiaría en ella y sabía que ella estaba actuando como la perfecta mediadora entre el clan y los demás habitantes de Konoha, teniendo una cercanía natural con quienes no eran parte de su clan, aunque distanciándose de estos desde hace tiempo. Aunque naturalmente feliz por las bromas de Fugaku, emocionada y exultante por poder contemplar su atractiva sonrisa ladina, Mikoto no tardó en reemplazar su sonrisa con una expresión ligeramente preocupada, pensando una y otra vez en su amiga Hazuki, sabiendo que no podía continuar ocultándole…mas sería difícil romperle el corazón.

—Si quieres, yo podría hablar con Hazuki, y hacerle entender que fue una decisión del clan y no tuya— ofreció Fugaku como si leyera su mente, tomándola por sorpresa. —Los matrimonios del clan no te conciernen solo a ti— sí que en su mayoría recaían en la Matriarca del Clan, pero él también podía intervenir de considerarlo preciso.

—No, no te involucres, será mejor si yo se lo digo— negó Mikoto, necesitando admitir su propio fracaso. —Probablemente acabe odiándome, pero no puedo evadirme— si no lo hacía ahora, probablemente nunca podría admitir sus errores o faltas, y debía hacerlo.

Cuando ambos se habían casado, hace ya cinco meses, Mikoto apenas había cumplido dieciocho años y, siendo tan joven, naturalmente tenía una visión más relajada de la vida y el protocolo al que se sometería desde el momento de su compromiso, mas, en poco tiempo había aprendido a someterse a todas las reglas y requerimientos. A Fugaku le pesaba que ella hubiera tenido que abandonar su prometedor futuro como Jonin solo por casarse, pero él no había escrito a las reglas y ambos comprendían la importancia de seguirlas, además, Mikoto no se había arrepentido en ningún momento, siempre que estaban juntos se veía como la mujer más feliz de la tierra y siempre afirmaba serlo, y al mismo tiempo había adquirido una madurez que le sorprendía, podía pedir su opinión en múltiples temas y ella no respondía con emocionalidad, sino que teniendo siempre un juicio muy cabal y cargado de sabiduría, incluso ahora en que elegía hacerse cargo de sus obligaciones por sí misma. Sonriendo ladinamente e irguiéndose de su lugar, Fugaku se quitó la camiseta por encima de la cabeza, sorprendiendo a Mikoto que se mordió el labio inferior mientras lo observaba y sumergiéndose ligeramente más en el agua, mas haciéndola ahogar un jadeo tan pronto como aun sin quitarse los pantalones su esposo se metió en la bañera con ella, detonando sus carcajadas cuando el agua comenzó a desbordarse de la bañera hacia el suelo, pero esto no los afecto mientras se fundían en un beso apasionado, Mikoto abriendo las piernas y ayudándolo a quitarse los pantalones…


Cuando Mikoto se presentó en su hogar a medio día, Hazuki no pudo evitar estar exultante de alegría, literalmente corrió hacia la puerta acomodándose el cabello lo mejor posible y casi brincando como una niña pequeña antes de abrir la puerta, invitándola a pasar, ofreciéndole té, jugo o lo que deseara mientras veía a Mikoto sentarse, esperando a que su queridísima amiga le dijera que por fin los Asesores del Clan habían consentido su matrimonio y dado una fecha...pero tan pronto como Hazuki tomó asiento frente a su amiga, invitándola a hablar, la sonrisa en su rostro trastabilló y dio paso a una expresión de incredulidad y decepción total, escuchando la explicación de su amiga y finalmente levantándose de su lugar, dirigiendo sus veloces pasos hacia el pequeño jardín trasero de la casa, halándose el cuello de la camiseta y necesitando aire, abriendo la puerta corrediza en su camino y escuchando la voz de Mikoto llamándola mientras intentaba alcanzarla. La noche anterior con Fugaku había sido maravillosa, como siempre él le había dado todo el amor con el que ella necesitaba contar, se habían despedido esa mañana cuando él había ido a trabajar y luego Mikoto se había encargado del aseo de su hogar, pensando cientos de veces en las palabras que diría a Hazuki y que ahora comprendía la habían lastimado de igual forma, casi corriendo para alcanzarla, cruzando el umbral de la puerta trasera hacia el pequeño patio, observando a Hazuki darle la espalda y pasearse como una leona enjaulada, sin ánimo alguno de voltear a verla y no le faltaban razones.

—Hazuki, entiéndeme, por favor— rogó la azabache, aproximando sus lentos pasos hacia su querida amiga.

—Mikoto, mírame a los ojos y dime, ¿Es un comunicado o una expulsión?— cuestionó la pelicastaña volteando a verla, teniendo el Sharingan activado y habiendo despertado el tercer tomoe de la sola furia que sentía. —No, es un intento despiadado por separarnos, por eso no aceptan a Ryuu— condenó entendiéndolo todo, aunque ella intentase adornarlo con palabras dulces. —Kami…¿Por qué dijiste que me apoyarías si no vas a hacerlo?— increpó casi gritándole, sintiendo que su amiga le había fallado.

—Te prometí que te apoyaría, porque creí que podría— admitió Mikoto con la voz quebrada, sintiéndose realmente culpable. —Lo siento, Hazuki, de verdad— se disculpó o eso intento, alargando una de sus manos para sostener la de su amiga, que sin embargo se alejó en el acto. —¿Me perdonarías?— preguntó, no pudiendo vivir con su odio.

—Si mi clan me niega al hombre que amo, ¿Cómo me pides que siga siendo leal?— sollozó Hazuki, negándose a llorar, acercándose hacia la pequeña banca y tomando asiento.

—Porque no te lo niegan por un sin sentido, no porque no quieran que seas feliz, sino por los momentos que pasamos— diferenció la azabache, no estando de acuerdo, mas entendiendo el proceder de los Asesores del Clan. —Se paciente, quizás las cosas cambien con el tiempo y nuestro clan acepte a Ryuu— intentó animar, tomando asiento junto a su amiga, que apartó la mirada. —Te prometo que hablare en tu favor desde dentro— aseguró, ante lo que su amiga volvió la mirada en su dirección. —Y si las cosas no funcionan entre ambos, siempre serás bienvenida en el clan, tú y cualquier hijo que tengas, te prometo eso— nadie le quitaría eso, ella se impondría de ser preciso.

—Si es todo a lo que puedo aspirar, de acuerdo— suspiró la pelicastaña por fin, no teniendo mucho de donde escoger, mas negándose a desistir.

A Hazuki le dolió tener que conformarse con aquellas migajas, pero siendo la única opción sobre la mesa de cara al futuro, eligió tomarla; nadie la disuadiría de lo que iba a hacer, amaba a Ryuu con todo su corazón y otra de las razones por las que apremiaba el casarse ahora era que…su relación con Ryuu había pasado al plano sexual desde hace un par de noches. Anteriormente había creído tener la promesa de matrimonio de parte de su clan, es decir, que sus hermanos de clan aceptarían a Ryuu como su esposo y parte del clan, por ello no había dudado en ceder y perder su virginidad, creyendo tontamente que cualquier hijo que naciera de ella seria indiscutiblemente reconocido como Uchiha, mas ahora no tenía esa certeza y necesitaba casarse pronto, no solo por lo mucho que amaba a Ryuu, sino también porque de encontrarse embarazada deseaba que su bebé—niño o niña—en camino o que se concibiera a futuro, pudiera adoptar el apellido Uchiha, merecía tener ese derecho. Las mujeres del clan Uchiha siempre estarían en desventaja en comparación con los hombres, si ellos se casaban con mujeres de otros clanes, ellas adoptaban automáticamente el apellido Uchiha y eran madres como cualquier otra, pero si una mujer Uchiha elegía casarse con un hombre de otro clan, inmediatamente los altos mandos—los Asesores del Líder del Clan—comenzaban a protestar, como en este caso, la culpa no era realmente de Mikoto como Hazuki había creído inicialmente, sino del sistema del que formaban parte, mas ello no quería decir que ella fuera a ceder.

—Te perdono, porque somos amigas— disculpó Hazuki, sintiendo que se desvanecía un peso de su corazón ante la tímida sonrisa en los labios de Mikoto. —Pero escucha mis palabras; espero que un día la Matriarca del clan no sea una Uchiha, sino una mujer sin posición, reconocimiento o prestigio, porque solo entonces estas tradiciones desaparecerán y nuestro mundo podrá cambiar— era un deseo idealista y poco posible, pero que esperaba se cumpliera. —Recuérdalo— pidió, en caso de que ella misma no estuviera viva para verlo, mas esperaba que su querida amiga sí.

Mikoto sabía que se merecía todo el odio que Hazuki pudiera sentir y, de poder emitir una opinión personal, Mikoto habría luchado incansablemente por hacer que los Asesores del Clan admitieran su matrimonio con Ryuu Sekiya…pero, como Matriarca del Clan, no tenía el privilegio de emitir una opinión, por ello incluso controlaba la forma en que reía, porque de permitirse ser individualista, estaría rompiendo el balance que había prometido seguir al comprometerse y luego casarse con Fugaku, ¿Es que Hazuki no creía que le dolía tener que hacerlo? Siempre se reprocharía el haber dejado a la alegre Mikoto Uchiha, la hija de Eshima e Itachi, la despreocupada joven de dieciocho años que había firmado la renuncia de su carrera Shinobi para convertirse en matriarca del clan, apenas habían pasado cinco meses y ya la extrañaba desesperadamente, pero todo había sido por una causa mayor, por su clan y el futuro de todo lo que conocía. Pero si, Hazuki tenía toda la razón, no era justo para nadie pactar matrimonios por conveniencia como el suyo con Fugaku—que era exitoso, mas eso no quería decir que todos fueran a serlo en un futuro, de mantener esa tradición—ni desautorizar aquellos que el clan no veía como apropiados, entre una parte del clan y otra parte civil o de un clan menor, y esto debía cambiar de cara al futuro, Mikoto oró por ello mientras extendía una mano para entrelazarla con la de su amiga; ojala el clan cambiara lo suficiente para que, cuando ella fuese madre, sus hijos pudieran elegir a sus esposas, sin ser estás parte del clan ni de algún clan prestigioso.

Ojalá en el futuro todo fuera distinto.


Siendo una Uchiha e hija de lady Eshima, una mujer llamada dentro de su propio clan como "la dama de hierro" por su fuerte carácter, Mikoto no estaba acostumbrada a llorar por arrebatos de emocionalidad; no recordaba a su padre, por lo que nunca lo había llorado, tampoco de miedo cuando era pequeña, solo había llorado por primera vez tras la muerte de su querido Ren, luego por la petición de matrimonio de Fugaku, no entendiendo como podía estar destinada a una vida que nunca sentía que podría llevar, como Matriarca del clan, y sin embargo hoy esa era su vida; mas, tras despedirse de Hazuki y regresar a casa, Mikoto se arrojó sobre el sofá de la sala llorando desconsoladamente. No era solo desprecio hacia sí misma por sentir que le había fallado a su amiga, habiendo visto el odio en sus ojos y que había potenciado aún más su Sharingan, algo de lo que ella no desearía ser responsable, también era por miedo de no poder hacer nada en el futuro, de tener que ver a sus hijos—que aún no concebía siquiera—ser presa de un sistema con el que ella no sabía si podría lidiar. Concentrada como estaba en llorar, Mikoto ignoró completamente el ruido de la puerta abriéndose y de Fugaku ingresando hasta que sintió movimiento junto a ella, y ya para entonces su esposo la había atraído hacia si en un cálido abrazo, susurrándole que estaba ahí para ella, limpiando sus lágrimas y haciendo su mejor esfuerzo por calmarla, lo que por fin despejo las nubes de tristeza que Mikoto no había creído poder superar, solo entonces contándole todo:

—Aunque discrepó con las palabras de Hazuki, entiendo su lucha y sufrimiento— habló Fugaku finalmente, logrando sacarla de casa para dar un paseo. —Pertenecer a este clan es un camino de humillaciones, sacrificios y concesiones para poder sobrevivir— había crecido aprendiendo de las concesiones que sus ancestros habían hecho para sobrevivir. —Primero aceptamos a los Aburame y los Inuzuka, luego invitamos a los Senju, los Sarutobi y los Shimura, parlamentamos y cedimos por la paz— resumió, teniendo la completa atención de Mikoto, que siempre disfrutaba aprender de él. —Es sorprendente que no hayamos armado un escándalo porque ya no se nos reverencie; el protocolo y las tradiciones son lo único que nos queda, los últimos trozos de armadura mientras pasamos de regir, a reinar, a…— detuvo sus pasos por un momento, siendo doloroso de admitir.

—¿A qué?— inquirió Mikoto, carraspeando para aclararse la garganta y aun sintiendo incomodidad en los ojos por haber llorado.

—A no ser nada en absoluto, marionetas— completó el pelicastaño finalmente, sintiéndose como eso. —En el pasado, el clan debía verse respetable y causar admiración cuando se dejaba ver ante otros clanes, pero ahora debemos invadir cada aspecto de la vida pública— desde su abuelo Naka, el clan Uchiha había tenido que ceder una y otra vez. —Este clan ha sido reducido a lo más bajo, haciendo concesiones todo el tiempo— luego las había hecho su padre y él también ahora, a cada paso.

—No somos solo un clan, somos empresa, eso solía decir lord Fujitama— recordó la azabache en voz baja, siempre recordando que no se sabía quién estaba escuchando.

—Y no podemos quedarnos sin empleo— asintió él, por ello mismo teniendo que hacer concesiones le gustasen o no.

Tras la muerte de su ancestro Indra Otsutsuki, el poder Uchiha había estado en su pleno apogeo, su nieto lord Daisuke Uchiha solo había tenido que transmitirlo a sus hijos y descendientes que lo habían implementado durante generaciones; durante la época de Guerra Entre Clanes y por la solidez de su enfrentamiento contra los Senju, lord Tajima Uchiha había tenido que sentarse a la mesa, formar alianzas y reconocer como iguales a otros clanes menores; su hijo Madara Uchiha había hecho lo más difícil, reconocer que estaba en el bando perdedor en la guerra—pese a que los Uchiha no habían sido derrotados—y firmar la paz, contribuyendo así en gran medida a la formación de Konoha, mas nadie lo reconocía. Su abuelo, lord Naka, había tenido la labor más difícil, dirigido por un Consejo de Regencia ante su minoría de edad, cediendo a todo lo que ordenara el Segundo Hokage y sometiendo a los Uchiha a un yugo de control dirigido por la aldea, del que aún no podían deshacerse. Siguiendo con su camino, sin tomarse de la mano pues ello involucraría intimidad, Mikoto le indicó a Fugaku que continuasen caminando, ya siendo hora de que él regresara al Cuartel de Policía y llevando ella en sus manos el almuerzo que le había preparado apresuradamente, disculpándose por su arrebato de emocionalidad, mas él le había dicho que nunca tenía que disculparse por él, de hecho, él se había disculpado por no poder evitarle el disgusto de soportar la ira de Hazuki, mas ella la había aceptado gustosa como amiga, soportar el fracaso era otra cosa.

—¿Puedo decirte algo en secreto?— preguntó Mikoto en voz muy baja, no queriendo que él estuviera de mal humor por lo que ella consideraba su propio problema y no suyo.

—¿En público?— inquirió Fugaku sorprendido, mas esforzándose por no demostrarlo.

—En voz baja— justificó ella, intercalando su mirada entre las personas que circulaban por las calles y que estaban enteramente concentrados en ellos mismos.

—Si quieres— asintió él, no pudiendo negarse a nada que ella deseara de cualquier forma.

—Fugaku, te adoro— confesó la azabache inclinándose muy brevemente para susurrarle esas palabras al oído.

Es cierto, los Uchiha habían tenido que hacer grandes concesiones en el pasado y probablemente tendrían que seguir haciéndolo por las próximas generaciones, eso era lo que preocupaba tanto a Fugaku; ella por su parte no podía emitir una opinión de sus predecesoras en el cargo de matriarca por que no las había conocido; no había conocido a su suegra lady Ayame, aunque si oído que había sido una mujer muy dulce, la matriarca más angelical que el clan había tenido según se contaba, pero ella por su parte no se consideraba un ángel, sino una leona. Ella sería el pedestal de su esposo, su fuerte, su arco, su katana, lo apoyaría en todo lo que necesitara y siempre lo respaldaría, sabría ser firme por los dos cuando Fugaku sintiera que debería hacer condiciones y ella le permitiría hacer aquellas cosas que quizás horrorizaran a su conciencia, pero ella llevaría ese odio o dolor por los dos, por ello se había casado con él, no solo para ser su esposa, sino también para ser su consejera, su amante, su amiga y todo lo que necesitara. Volviendo su sorprendida mirada hacia su esposa, agradeciendo infinitamente que ella fuera capaz de entender y pronunciar aquello que él tanto necesitaba oír, Fugaku movió distraídamente una de sus manos hacia la de Mikoto, rozando sus dedos y ambos sintiendo el mismo estremecimiento mientras continuaban con su camino; sus predecesores habían tenido a su lado a mujeres que los habían ayudado a tomar decisiones o hacer concesiones, pero, con Mikoto a su lado, Fugaku se sentía capaz de resistir la peor tormenta…


Una Semana Después

Durante sus primeras semanas como esposos, el comportamiento de Fugaku había sido fácil de predecir para Mikoto; despertaba con su esposo tan devoto a ella y generándole orgasmo tras orgasmo, luego él se iba al trabajo y no lo veía hasta la hora del almuerzo, cuando ella ya tenía la comida lista, pero esta debía esperar porque Fugaku no podía esperar a tenerla, luego volvían a separarse y se reunían a la hora de la cena para no volver a separarse, claro que Fugaku no era el hombre más comunicativo del mundo si de interactuar con palabras se trataba, mas ambos estaban aprendiendo a entenderse y su química en la cama era excelente. Con esta rutina, fue fácil para Mikoto notar que algo andaba mal, Fugaku estaba más silencioso que de costumbre, mas ella no vocalizó su inquietud al momento de quedarse sola en la cocina y lavando los platos, excusándose con su esposo y dirigiéndose a su habitación para tomar un baño mientras él revisaba los informes de la Policía Militar; cuando Mikoto salió del baño, vistiendo un sencillo camisón, se encontró presionada contra la pared contigua al umbral, con sus manos por encima de la cabeza ante los fuertes brazos y el cuerpo de Fugaku enjaulándola y devorando su labios y con los suyos. Puede que no siempre terminaran sus obligaciones al mismo tiempo, pero Fugaku jamás la dejaba irse a la cama sola, y normalmente Mikoto estaba dispuesta a todo lo que él deseara y que ella deseaba también, pero en este caso rompió el beso y se sujetó de los hombros de su esposo, dándole una mirada seria.

—Te iras— comprendió la azabache sin que el dijera nada, pegando su frente a la suya por inercia.

—Eres intuitiva— celebró el pelicastaño con una distraída sonrisa ladina, intentando no pensar en ello.

—Tengo que, no eres el hombre más vocal del mundo, excepto en la cama— justificó Mikoto, conteniendo una sonrisa al recordar todo lo que le decía durante el sexo. —¿Cuándo?— inquirió, queriendo comenzar a prepararse.

—En una semana— contestó Fugaku finalmente, —debería haber sido antes, pero logre convencer al Hokage de que me diera tiempo— las tensiones de guerra eran cada vez más presentes, pero los Uchiha tenían más importancia que ningún otro clan.

—¿Por qué?— inquirió ella con extrañeza. —Si temes no recibir una despedida apropiada, puedo ser muy persuasiva cuando me lo propongo— obvió halándolo de la camiseta y frotando sus pechos contra el torso de él como prueba.

—Lo sé— asintió él, conteniéndose para no rasgarle el camisón, había hecho eso durante su luna de miel y ella se había enfadado mucho, por lo que no podía actuar como un bruto solo por su deseo por ella, a menos que ella lo consintiera primero. —En realidad, me quedo por ti; debo discutir con mis Asesores el otorgarte ciertos poderes de emergencia— informó, no guardándole secretos desde su boda.

—¿Poderes de emergencia?— repitió Mikoto, sabiendo lo que ello implicaba, pero no como eso se relacionaba con ella.

—Como sabrás, por tu preparación durante nuestro compromiso, la Matriarca es más que solo la madre del clan, es la esposa del líder del clan y por ende ha de representar su poder cuando este no puede ejercerlo— resumió Fugaku viéndola asentir, siguiéndole el ritmo. —Lo que quiero, es solidificar su autoridad para que, durante mi ausencia, órdenes y hagas lo que consideres apropiado, sin que nadie te cuestione, respetando tus decisiones— expuso por fin, siendo un secreto para sus Asesores aún.

—Pero no dejan de ser solo palabras respetuosas y onerosas por parte del protocolo del clan, jamás ninguna Matriarca del clan ha tenido poder y autoridad real. Desde lord Daisuke, el rol de las mujeres dentro del clan ha sido censurado en extremo— discutió la azabache, agradeciendo su intención, mas temiendo que él estuviera dirigiéndose hacia un camino sin salida. —¿Pretendes...?— se cubrió los labios antes de proferirlo siquiera.

—Sí, pero no será fácil, y espero que una semana baste para llegar a un consenso, o alguien más tendrá que reemplazarme en la misión— asintió el pelicastaño, agradeciendo su secretismo y comprensión.

—No es una opción, te necesitan— obvió ella, creyendo que tendría éxito con su nivel de persuasión. —Fugaku, ¿Realmente crees que...?— no necesitaba liderar al clan en su ausencia, y lo último que quería era provocarle un dolor de cabeza.

—Es preciso, confía en mí— confirmó él, encontrando su intensa mirada ónix con la cálida mirada de ella.

—Confió— sonrió Mikoto frotando su nariz contra la suya ante su cercanía. —Pero ahora, creo que necesito algo más para estar convencida— reformuló, descendiendo su tacto para desabrocharle los pantalones, retomando lo que él había intentado iniciar antes.

Sonriendo ladinamente ante la insinuación de su hermosa esposa, Fugaku envolvió sus brazos alrededor de su cintura y la cargó en brazos, dirigiéndose hacia la cama con la melodiosa risa de Mikoto inundándolo todo mientras envolvía sus brazos alrededor de su cuello para aferrarse a él y más cuando reboto ligeramente contra el colchón, encontrándose sentada contra el borde de la cama, con Fugaku—tan alto como era en comparación con ella—arrodillándose para estar a su altura en tanto ella abría las piernas para que él se situara cómodamente, subiéndole la falda del camisón hasta los muslos. Inclinando su rostro sobre el de su esposa, pero sin besarla, Fugaku deslizó sus labios por su cuello, disfrutando de la sedosidad y sabor de su delicada piel; solo sentir el cálido aliento de su esposo acariciando su piel hizo que Mikoto acercara su cuerpo al de Fugaku, quien sonrió orgulloso ante la receptividad del cuerpo de su esposa a sus caricias. Fugaku presionó sus labios contra el cuello de su esposa, recorriendo su piel con besos sensuales hasta la base para luego subir lentamente hasta el lóbulo de su oreja, mordisqueándolo con un cálido suspiro, susurrándole a su esposa cuanto la deseaba y todo lo que quería hacerle, haciendo estremecer a Mikoto de nueva cuenta, quien no perdió tiempo y le quito la camiseta por encima de la cabeza, jadeando ante el roce de torso desnudo de su esposo contra la ligera tela de su camisón, disfrutando de la sensación de sus músculos bajo su toque, atrayéndolo por la nuca en un beso apasionado.

Teniendo suficientes de juegos previos, Fugaku haló el dobladillo del camisón—ante lo que Mikoto levantó ligeramente las caderas—y se lo quitó a su esposa por encima de la cabeza, gruñendo de deseo ante la visión de su cuerpo desnudo y más de sus perfectos pechos, atrayéndola en un abrazo mientras ambos continuaban el beso, y Mikoto aprovechó lo obnubilado que estaba su esposo para halarlo mientras se recostaba sobre la cama, él apoyando su peso en sus brazos para no aplastarla, y ella luchó por terminar de desabrocharle los pantalones, ante lo que él no dudo en ayudarla a quitárselos. Fugaku rompió el beso al sentir la respiración quemarle en la garganta, observando a Mikoto debajo suyo; siempre tan hermosa, con la piel ligeramente perlada de tenues gotas de sudor a casa de la excitación, con las piernas abiertas y a cada lado de su cuerpo, sus manos aferradas a sus hombros y su largo cabello azabache debajo suyo como un halo, era la mujer más hermosa y erótica que podía haber sobre la Tierra, con las mejillas sonrosadas y la figura más perfecta que pudiera existir, más bajo el efecto de la excitación y la necesidad, y por su causa. Esa hermosa mujer, su esposa, destilaba pureza, siendo única y enteramente suya; pero también lujuria, por todas las emociones que provocaba en él con una sola mirada, y Fugaku no dudo en activar su Sharingan para inmortalizar ese momento como tantos otros, para tenerlo para siempre, separando más los muslos de su esposa y alineándose en su húmeda entrada, penetrándola lentamente.

Gimiendo de placer a la par que incomodidad, Mikoto deslizó sus manos de los hombros a la espalda de Fugaku, tomándose un par de segundos para acostumbrarse al grosor y longitud del miembro en su interior, agradeciendo la comprensión de su esposo que no dudo en darle todo el tiempo del mundo, comenzando a retirarse y embestir muy lentamente para ayudarla mientras cubría su cuerpo con caricias. Una de las manos de Fugaku sostuvo sus caderas mientras la otra delineaba sus curvas, temblando ante lo placentero que se sentía estar dentro de ella, Mikoto era su mundo y él quería decírselo, pero temía que las palabras no fueran suficientes y como de costumbre omitió cualquier palabra, inclinándose y besando los labios de su esposa amorosamente, esperando poder demostrarle de esa forma la profundidad de sus sentimientos por ella. Sintiendo que ya había pasado tiempo suficiente, Fugaku comenzó a embestir más fuertemente en el interior de su esposa, ante lo que los gemidos de Mikoto subieron de tono, moviendo sus manos por la espalda de su esposo y arañando la piel a su paso mientras retenía sus caderas y le rogaba más del placer que le estaba proporcionando, rompiendo el beso y sintiendo como los labios de Fugaku descendían por su mentón, hasta su oreja, gimiendo su nombre entre gruñidos y haciéndola suspirar de placer mientras gemía el nombre de su esposo como si se tratase de un canto de sirena, porque, para Fugaku escuchar los gemidos de su esposa era la melodía más hermosa del mundo.

En presencia de otros, ambos interpretaban los roles para los que habían sido formados hasta ese punto, él como líder del clan y ella como matriarca; pero, en privado, todas esas barreras cedían o se desvanecían de lleno, eran solo Fugaku y Mikoto, siendo uno solo, haciendo el amor en la intimidad de su habitación; Mikoto estaba perdida en el inmenso placer que estaba sintiendo, aferrándose fuertemente a la espalda de su esposo mientras se deleitaba con el placentero e implacable ritmo de sus embestidas, buscando torpemente sus labios, que reclamó en un nuevo beso, profundo y mediante el cual envolvió su lengua contra la de él en una danza casi brutal. Como si el placer que ella sentía ya no fuera inmenso, Fugaku inclinó su pelvis en un ángulo particular y tocó un punto tan maravilloso en ella que hizo que Mikoto sintiera que su orgasmo se formaba a una velocidad increíble; Fugaku tuvo que romper el beso solo para recuperar la dosis de aire necesaria para besar a su esposa de nuevo, no dejando de pensar que ella estaba hecha para él, sintiendo su propio orgasmo tan cerca que sintió que la parte inferior de su estómago se tensaba. Rompiendo el beso y envolviendo fuertemente sus brazos alrededor de los hombros de su esposo, en un abrazo desesperado, Mikoto gritó de placer puro al alcanzar el orgasmo, devastada por oleadas de éxtasis mientras Fugaku cerraba los ojos fuertemente y enterraba su rostro contra el costado de su cuello con un gruñido, derramándose en su interior entre embestidas imprecisas y profundas.

Envolviendo sus brazos a la espalda de su esposo para mantener el abrazo que los unía, fuera de la intimidad de la unión que los hacia ser uno solo, Mikoto se mordió el labio inferior, disfrutando enormemente de la sensación de la semilla de su esposo en su interior y que le hizo mecer sus caderas contra las suyas, deleitándose con la satisfactoria sensación post coito que daba lugar a una momentánea tregua antes de iniciar otra ronda, pues desde la noche de bodas un deseo incansable se había adueñado de ambos, y no tenían vergüenza en admitirlo. Tan pronto como Fugaku supero la abrumadora sensación que evocaba su esposa en él, entremezclada con la sensación del orgasmo, alzó la mirada para encontrarla con la de su esposa, que creyó estar contemplando la visión más erótica de la existencia; la expresión en el rostro de Fugaku, sus rasgos dibujados por el placer, una gota de sudor fluyendo desde su frente hasta su mentón, sus músculos tensándose ante cada respiración suya y cubiertos por una fina capa de sudor, acariciando su largo cabello azabache al tener sus manos a cada lado de su rostro. Arqueando el cuello hacia el rostro de su esposo, viendo el hambre y deseo arder de nueva cuenta en sus ojos, Mikoto le ofreció sus labios en un beso que Fugaku no dudó en aceptar, y más cuando ella meció sus caderas contra las suyas y se montó a horcajadas sobre su regazo, sonriendo al romper el beso, sabiendo que esa era la posición favorita de su esposo, sosteniendo sus manos entre las suyas y atrayéndolas para amasar sus pechos…

Si iba a irse, necesitaban tener una larga despedida esa semana.


Reunido a solas en su oficina en el edificio de la Policía Militar, Fugaku tenía gran parte de su atención dividida; por un lado, no dejaba de pensar en sus Asesores, que deberían de cruzar la puerta de su oficina en cualquier momento y comenzar la reunión para la que él los había convocado, esperando que al final estos pudieran aprobar la designación oficial de Mikoto como Regente del Clan, aunque los Asesores no sabían el motivo tras la reunión y mejor que fuera así. Por otro lado, su mente no dejaba de revivir su noche con Mikoto y las que la habían precedido, no era una despedida aun, ya que aún quedaban dos días antes de que debiera partir a la misión, pero su esposa se estaba tomando muy en serio el darle todos los recuerdos posibles a los que asirse hasta que volvieran a verse o bien intentando quedarse embarazada en el proceso, aunque ninguno de los dos había discutido el tema hasta ahora, y en cualquier caso, Mikoto era una mujer joven y ambos tenían largos años por delante para pensar en formar una familia, hasta entonces él prefería concentrarse en hacerle el amor y venerarla como la diosa que era para él, esbozando una sonrisa ladina ante los recuerdos en su mente, pero desvaneciendo su sonrisa y reemplazándola por una expresión de estoicismo e indiferencia tan pronto como la puerta se abrió. Se trataba de su grupo de Asesores, compuesto por Daiki, Yashiro y Haruto y Keiichi, siendo el primero y el último los más cercanos a él como parte de la Policía Militar, y que cerraron la puerta tras de sí antes de reverenciarlo.

—Comandante, si nos convocó a esta reunión, debe ser por lo mismo que nos inquieta a nosotros— inició Yashiro, siendo su Asesor en Jefe.

—La regencia— completó Haruto de pie a su lado. —Su abuelo, lord Naka Uchiha, comenzó con aquella tradición al ascender al poder siendo apenas un niño. Es imperativo que el clan no exista sin un líder, eso jamás ha pasado, y de ocurrir; el orden se perderá y cundirá el caos— el orden debía mantenerse o caerían en la anarquía.

—Por costumbre, el cargo debería ser para el hombre más poderoso en habilidades como Shinobi, y también el más listo— expuso Keiichi, aunque lord Fugaku ya estaba al tanto.

—Kiyoshi Uchiha es una opción más que perfecta y, solo si detonase la guerra, sería preciso buscar a otro regente, mas ello requeriría mucho tiempo de estudio— explayó Daiki, completando lo que sus colegas ya habían iniciado.

—De hecho, propongo que el cargo de la regencia pase automáticamente a mi esposa, lady Mikoto— habló Fugaku finalmente, sorprendiendo visiblemente a sus Asesores. —Como matriarca del clan, es natural que asuma el rol para el que se convirtió en mi esposa— él se negaba a verla como una mera figura decorativa dentro del clan.

Cuando Madara Uchiha había desertado de Konoha luego de determinado tiempo de que Hashirama Senju se convirtiera en Primer Hokage, el clan había caído en una crisis; lord Tajima había tenido cinco hijos con su esposa lady Haruka, pero tres de estos habían muerto durante el periodo de guerra entre clanes, solo habían sobrevivido Madara y su hermano menor Izuna; cuando lord Tajima había muerto, sus hijos habían asumido conjuntamente el liderazgo del clan, pero Izuna habían muerto al poco tiempo a manos de Tobirama Senju, dejando una hija que había nacido tras su muerte, Naori, a la cual había engendrado tras casarse secretamente con lady Miso. Que naciera una niña y no un niño, ya había sido preocupante, y más que lord Madara no manifestara interés en casarse, por lo que tras su partida, los Asesores del clan habían constituido un organismo de regencia hasta que se hubo proclamado la muerte de Madara a manos del Primer Hokage, y solo entonces se eligió a otro líder; Naka Uchiha, que entonces había sido un infante de apenas dos años, hijo de lord Masato, el mejor Shinobi del clan y su esposa lady Gina, por lo que los Asesores habían continuado rigiendo hasta su mayoría de edad. El propósito del Consejo de Asesores era aconsejar al líder del clan, y en ese momento no podían evitar sentir que habían fallado en cierto modo, observándose incomodos entre si al no haber previsto que su señor y Comandante decidiría aquello, y no estando para nada de acuerdo, Fugaku lo noto mientras les sostenía la mirada con indiferencia.

—Con el debido respeto, señor, nunca una mujer ha asumido un rol de tanta importancia dentro del clan— inició Yashiro, teniendo sumo cuidado con sus palabras. —Nunca ha sido necesario, y no hay delimitaciones que podamos establecer en este punto— tendría que escribirse todo un protocolo desde ya.

—Me parece bastante fácil; deberán obedecer y respetar todo lo que mi esposa diga, igual que hacen conmigo, eso sería lo justo— simplificó Fugaku, no viendo los impedimentos que ellos sí.

—Tampoco podemos olvidar que lady Mikoto tampoco está embarazada— contrarió Haruto, tocando el importante tema de la sucesión. —Si fuera la madre del heredero o futuro heredero del clan, seria entendible que asumiera el liderazgo en su representación, pues acabara asumiendo la crianza del infante como su madre— explicó, esperando hacer comprender a su señor. —Pero, al no haber un hijo en camino, sería muy difícil justificar el tener tanta autoridad— obvió, dejando aquella espinita clavada.

—Y odiamos decir esto, señor, pero no todos creemos que, siendo tan joven como es, lady Mikoto sea la mejor persona para liderar al clan en su ausencia— se atrevió a admitir Keiichi, siendo respaldado por sus colegas que asintieron en respuesta.

—Es una pena que digan eso, porque si no validan el juramento de lealtad que me hicieron a mí al asumir el rol de líder del clan, para con mi esposa ahora, me negaré a acudir a esta misión ordenada por el Hokage, y alguien menos capacitado deberá ir en mi lugar— determinó Fugaku sin titubear, seguro de su decisión y no pretendiendo claudicar.

—Señor... — intentó disuadir Daiki, siendo impensable que el clan perdiera la oportunidad de participar en una misión tan importante para mantener la paz

—Es decisión tomada— interrumpió él, manteniendo su postura. —Mi esposa deberá tener los mismos derechos que yo poseo— dejo en claro, intercambiando la mirada entre sus Asesores, que permanecieron en silencio. —Pueden aceptarlo a regañadientes o de buena gana, pero es un hecho— impuso, dejando muy clara su decisión.

Mikoto tenía 18 años, cumpliría 19 en cinco meses, pero no sería reconocida como adulta hasta que cumpliera 21 y seguiría siendo vista de ese modo hasta que se convirtiera en madre, que ya se le reconociera como Matriarca era todo un caso, su fallecida madre lady Ayame había tenido que alumbrar a su hermano Teyaki para recibir ese trato, si Mikoto era la excepción se debía únicamente a su linaje, el que aportaba verdaderamente pureza y solidez al clan. Hasta ahora, Fugaku sabía que había sido subestimado como líder, siempre habiendo sido visto por los Asesores del Clan como un niño maleable y manipulable, habiendo sido apenas un niño de cinco años cuando había comenzado a ser consciente de su posición como sucesor de su padre tras la renuncia de su hermano Teyaki a asumir sus responsabilidades; al crecer y ser el subordinado de su padre en la Policía Militar, había continuado siendo subestimado y más ahora con una guerra en ciernes, nunca había tomado una decisión verdaderamente importante imponiéndose, siempre había acatado el parecer de la mayoría, incluso al casarse con Mikoto—siendo el suyo un matrimonio de conveniencia para el prestigio del clan, al margen del amor que se profesaban el uno por el otro—, pero ahora había tomado una decisión irrevocable y nada ni nadie lo haría cambiar de parecer. Finalmente, y a regañadientes, no consintiendo que su líder fallara en su deber, los Asesores acabaron aprobando su decisión y prometieron redactar un juramento para que lo firmase lady Mikoto…


Ya que Fugaku no había acudido a almorzar a casa como de costumbre y habiéndole dicho esa mañana—al despedirse luego del desayuno—que se reuniría con sus Asesores para discutir la aprobación de su nombramiento como regente, Mikoto no dudo en prepararle el almuerzo y acudir a entregárselo al edificio de Policía Militar, no sintiéndose incomoda ante la gran cantidad de miembros de su clan, hombres en su mayoría, que no dudaron en alzar la mirada e inclinar la cabeza a su paso, dirigiéndose ella hacia la oficina de su esposo, sonriendo amablemente al paso de quienes veía. Cuando estaba a unos dos metros de la oficina de su esposo, la puerta se abrió y del interior emergieron los Asesores del clan; Yashiro, Haruto, Daiki y Keiichi, que la reverenciaron, pero continuaron con su camino…como si pudiera leer mentes, Mikoto adivino que estaban molestos con ella, pero no se inmuto por ello, continuando con su camino a la oficina de su esposo, llamando a la puerta antes de entrar y no necesitando aprobación, cerrando la puerta tras de sí y sonriendo plena al volver a ver a su esposo luego de tantas horas separados. De pie ante su escritorio y examinando superficialmente los documentos que su Asesores habían dejado para que revisara, Fugaku sonrió ladinamente ante el ingreso de su esposa, que se acercó a su escritorio para dejar el almuerzo que le había traído, oportunidad que él no desestimo para atraerla en un abrazo, envolviendo sus brazos alrededor de su estrecha cintura y sintiendo los brazos de ella alrededor de su cuello.

—¿Tuviste éxito?— más bien afirmó Mikoto, confiando en él todo el tiempo.

—Sí, fue difícil, pero oficialmente cuentas con poderes de emergencia desde este momento, hasta que yo regrese— asintió Fugaku, orgulloso de poder afirmarlo.

—Gracias, no necesitabas hacer esto, pero lo aprecio enormemente—sonrió ella emocionada, sintiéndose como la mujer más afortunada por ser su esposa.

Los Asesores de su esposo debían verla como una villana, una joven ambiciosa y que esperaba obtener poder, seduciendo a su esposo y gobernando sus actos…pero ella no quería nada de eso, admiraba la fuerza y determinación de Fugaku como líder del clan, confiaba en que sus decisiones siempre serían las mejores, no necesitaba oír la opinión de nadie para saberlo, estaba feliz con dejarle las decisiones importantes pues se consideraba demasiado joven para emitir una opinión y no lo haría a menos de ser necesario, pero si su esposo confiaba en que ella aprendiera a liderar al clan y mantener su hegemonía en su ausencia, ella haría todo lo posible por estar a su altura. Aprovechando la cercanía el uno con el otro, Mikoto sujeto a su esposo de la nuca y lo forzó a inclinar su rostro sobre el de ella, besando sus labios apasionadamente, disfrutando del calor y candor del beso, envolviendo su lengua contra la suya, estremeciéndose de placer ante el tacto de sus manos en su cintura, descendiendo respetuosamente hacia sus caderas y acercándola hacia sí; rompiendo el beso, Mikoto pegó su frente a la de su esposo, encontrando su mirada con la suya. Ya que Fugaku era cinco años mayor, Mikoto siempre se había encontrado admirando y deslumbrándose con su madurez, fortaleza y determinación, pero ahora podía ver algo especial en su mirada, su orgullo había crecido, haber impuesto una decisión propia había solidificado su posición y elevado quien era, incluso parecía notar que se veía más alto, su postura se notaba más erguida.

—Hay algo diferente en ti, pareces…— inició la azabache, no pudiendo evitar notarlo.

—Ten cuidado con lo que vas a decir— advirtió el pelicastaño falsamente, afianzando aún más su posesivo agarre alrededor de sus caderas para mantenerla muy cerca suyo.

—Más alto— completó Mikoto, alzando sus manos y jugando con su corto cabello castaño. —¿O es que yo me estoy encogiendo?— inquirió observándose preocupada.

—Nada en ti se está encogiendo— negó Fugaku con una sonrisa ladina, devorándola con sus ojos y ante lo que ella le sostuvo la mirada. — Debo irme— se excusó o eso pretendió, rompiendo el abrazo que los unía. —Tengo una reunión con Kiyoshi, le pediré que sea tu secretario privado durante mi ausencia— explicó, avanzando hacia la puerta, pero siendo interceptado por Mikoto, quien le bloqueó el paso y cerró con seguro.

—Eso puede esperar— desestimó ella, halándolo de la mano y regresándolos junto al escritorio.

—No puedo— negó él teniendo obligaciones que atender, viéndola rodear su escritorio y tomar cuidadosamente los documentos y su almuerzo para dejarlos sobre el mueble más cercano. —¿Y qué haría para justificarlo?— cuestionó, cruzando ambos brazos sobre su pecho.

—Bueno, hay dos opciones— inició Mikoto volviendo a rodear el escritorio para estar frente a frente con su esposo. —O consigo unos sancos para alcanzar la nueva altura de mi muy alto esposo…— bromeó sosteniéndole la mirada.

—¿O?— apremió Fugaku, impacientándose y queriendo saber que tenía en mente.

—O él puede arrodillarse— completó ella, retrocediendo hacia el escritorio y sentándose sobre este mientras le sostenía la mirada, dejando muy en claro lo que deseaba.

Esa mañana había sido placentera como siempre, su esposo jamás la dejaba insatisfecha, más bien le dificultaba el levantarse por las mañanas, pero ya que él no había acudido a almorzar a casa, ella tenía cierto apetito no satisfecho y lo hacía responsable; arqueando una ceja ante la solicitud de su esposa, Fugaku no tardó en sonreír ladinamente, no pudiendo rehusarse, acercándose a su esposa y alzando su mano para acariciar tranquilizadoramente su mejilla, viéndola cerrar los ojos ante su tacto. Un instante después, agradeciendo que ella hubiera cerrado su oficina con llave, Fugaku se arrodilló entre sus muslos, apoyando sus piernas sobre sus hombros mientras le sostenía la mirada, recibiendo la ayuda de ella que levanto ligeramente las caderas y le permitió quitarle la ropa interior mientras le levantaba lo suficiente la falda, lamiendo sensualmente el interior de su muslo derecho y acariciando su feminidad con su cálido aliento; instintivamente, Mikoto descendió una de sus manos del borde del escritorio al cabello de su esposo, jugando con este y gimiendo de necesidad un instante antes de que su esposo hundiera sus labios en su feminidad, trazando cuidadosamente cada lugar con su lengua. Con idéntico cuidado y veneración, Fugaku empujo un dedo en su interior, esperando hasta escuchar los desesperados—pero contenidos—gemidos de su esposa para agregar un segundo, besando sensualmente su clítoris sin la menor restricción, deseando tanto escucharla gemir, pero no siendo el mejor lugar para desinhibirse.

Fugaku retiró sus dedos del interior de su esposa y los acercó a su clítoris para acariciarlo sin piedad, regresando su lengua a su feminidad y haciendo que Mikoto se arqueara y cubriera los labios con una de las manos para no gemir escandalosamente, sintiendo su orgasmo cada vez más cerca y creciendo a una velocidad vertiginosa, mas cuando pensó que aquello no podía sentirse mejor, Fugaku empujo su lengua en su interior en el ángulo preciso, provocando que su cuerpo temblara y su respiración se acelerara, descendiendo la mirada entre sus muslos para ver a su esposo y desplomándose sobre el escritorio, alcanzo el clímax con esa sola visión, estremeciéndose ante tan increíble orgasmo. Deleitándose ante la sola visión de su esposa teniendo un orgasmo y temblando ante las sensaciones posteriores, Fugaku se relamió los labios al erguirse, observando atentamente lo hermosa que se veía Mikoto, con su cuerpo tenso, las mejillas sonrosadas, sus labios entreabiertos y suspirando su nombre, ante lo que no dudo en desabrocharse los pantalones y acomodarse entre sus piernas, recibiendo un veloz asentimiento de parte de su esposa; necesitaba compensar el no haber acudido a casa para almorzar. Teniendo la completa aprobación de Mikoto y loco de deseo por ella, Fugaku penetró en el interior de su esposa de una sola estocada, inclinándose para apoyar su peso en sus brazos y no aplastarla, reclamando sus labios en un beso necesitado y posesivo, sofocando los gemidos de placer de ambos, con sus lenguas chocando de necesidad.

A diferencia de en todas las oportunidades anteriores, Fugaku no espero esta vez a que su esposa se acostumbrase a tenerlo en su interior, retirándose y volviendo a embestir con profundidad en medio del beso y recibiendo a cambio los gemidos de Mikoto, amortiguados en medio del beso, empujando violentamente su pelvis contra la suya, desesperado por obtener todo de ella y llevar consigo todos los recuerdos posibles para compensar el tiempo que habría de pasar lejos. Mikoto alzó sus manos para acunar el rostro de su esposo y deslizó esta por sus hombros para quitarle el chaleco Jonin, pero cuando pretendía quitarle la camiseta, Fugaku le sostuvo las manos por encima de la cabeza, rompiendo escasamente el beso para recuperar el aliento y luego volviendo a reclamarlos, recorriendo vorazmente en el interior de su boca con su lengua mientras la hacía suya, ambos gimiendo al unísono ante el roce de sus lenguas mientras él se retiraba casi por completo solo para volver a embestir. Encontrarse debajo de su esposo, con las piernas abiertas y a cada lado de su cuerpo, disfrutando de la sensación de ser llenada por él, recordándose que ser única y enteramente suya era la sensación más placentera sobre la Tierra, sintiendo su cuerpo contra el de ella, su cálido aliento contra su rostro cuando se rompía el beso, sus gruñidos entrelazados con su nombre, su aroma masculino, la tensión de sus músculos contra ella, sus labios besando los suyos, su lengua saqueando su boca, y derramándose en su interior, llevándola al orgasmo…

Se amaban desesperadamente, y rogaban porque esta despedida fuese muy breve.


PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 No sé que historia actualizaré la próxima semana, ya que debo un favor a una amiga, pero las siguientes actualizaciones a esa serán; "Dragon Ball: Guerreros Saiyayin", luego "El Rey de Konoha", y por último "Caballeros del Zodiaco" :3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (por apoyarme y ser mi editora personal, no sé que seria de mi sin ella y por lo que le dedico esta historia como todas aquellas desde que somos amigas), a princesse Sarah 94 (agradeciendo que brindara su aprobación a esta historia y dedicándole esta historia por lo mismo), a Yashahime-uchiha32 (apreciando enormemente su aprobación, dedicándole esta historia y esperando poder estar a la altura), a Yi-Jie-san (dedicándole esta historia por su apreciación de mi trabajo) a mi querida amiga DULCECITO311 (agradeciendo sus maravillosos comentarios sobre mi trabajo, dedicándole esta historia y deseándole siempre lo mejor) así como a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos, bendiciones y hasta la próxima.

Pasión, Contexto & Guiños: Inicio el capitulo desarrollando la Luna de Miel de Fugaku y Mikoto, que en el capitulo anterior no se volvían adictos a la intimidad de pareja desde el primer momento a diferencia de Sasuke y Sakura en "El Sentir de un Uchiha", pero con ya cinco meses pasados apenas y pueden quitarse las manos de encima; para el final del capitulo, Mikoto tiene 18 años y esta a cinco meses de cumplir 19, mientras que Fugaku tiene 24. Para el contexto social del clan Uchiha, de mujeres para quienes es más difícil casarse con hombres fuera del clan en relación con los hombres, me inspire en la sociedad japonesa y más explícitamente en la realeza donde a día de hoy el matrimonio entre partes desiguales es muy complicado de realizar en el caso de las mujeres, y ya que los Uchiha vienen siendo la realeza dentro de los clanes Shinobi, me pareció muy acertado. También, para el contexto de concesiones del clan Uchiha en favor de subsistir, me inspire en aspectos humanos como la Rendición Alemana en la Primera Guerra Mundial, la opresión de los judíos en el Holocausto y también la estructura de la casa real Windsor en Inglaterra, que ha permanecido hasta la actualidad, adaptándose a los cambios. La escena de Fugaku y Mikoto teniendo sexo en la oficina de este en el Cuartel de Policía del Clan Uchiha es un guiño a la escena en que Sasuke y Sakura tienen sexo en la oficina de ella en el hospital de Konoha en el capitulo "Pasiones & Exámenes Chunin" de mi fic "El Sentir de un Uchiha".

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), y una posible adaptación alternativa de "Crepúsculo" que he comenzado a desarrollar :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3