—Este fic es una precuela de mi historia "El Sentir de un Uchiha" centrada en Sasuke, Sakura & Sarada. Ni los personajes ni la historia me pertenecen en lo absoluto sino que son de la completa autoría de Masashi Kishimoto, mas la narración, trama vinculante y pasado de los personajes (Fugaku, Mikoto, Itachi & Sasuke, entre otros) son de mi absoluta responsabilidad para la dramatización, sentido y cronología de la historia :3 Les sugiero oír "Swan Song" de Dua Lipa para Mikoto, "Let Her Go" de Ed Sheeran para Fugaku, "Diamonds" de Rihanna para Kiyoshi y Ena, "Gods & Monsters" de Lana del Rey para Hazuki y Ryuu, y "Need You Now" de Lady Antebellum para el contexto del capitulo.


Fugaku se había marchado el día anterior, antes del mediodía, y Mikoto agradeció que los Asesores del Clan le dieran algo de tiempo para acostumbrarse no solo a la ausencia de su esposo sino también a su nueva posición como Regente en su ausencia...pero esa noche, al cenar ahora en casa de su cuñado Teyaki, con quien se estaba quedando en tanto que los arquitectos que había contratado remodelaban su hogar—esperando que todo trabajo finalizara antes del regreso de Fugaku, queriendo que por fin ambos tuvieran un hogar que llamar verdaderamente "suyo"—, le llegó un pequeño mensaje de los Asesores del Clan, para que se presentara a primera hora a la mañana siguiente en el Cuartel de la Policía Militar para comenzar a encargarse del trabajo administrativo que le correspondía en ausencia de su esposo. Levantándose a la hora que acostumbraba Fugaku en sus primeros días tras la boda, Mikoto eligió un sencillo vestido negro de escote alto en V, con falda hasta la rodilla y mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, con su largo cabello azabache cayéndole tras la espalda y sobre los hombros, intentando no sentirse intimidada en absoluto cuando llegó al Cuartel de la Policía Militar, apretándose distraídamente las manos nada más cruzar al umbral y esbozando una sonrisa al encontrar a Kiyoshi aguardando por ella en la entrada, con su rebelde cabello azabache tan desordenado como siempre y con aquel brillo cálido en su mirada; él era la figura más importante en el clan después de Fugaku, digno hijo de Kagami Uchiha.

—Buenos días, Kiyoshi— saludó la azabache, inclinando ligeramente la cabeza a los demás miembros de la Policía Militar a su paso hacia la oficina de su esposo.

—Buenos días, Mikoto— correspondió el pelinegro, caminando al mismo ritmo que ella. —Si estás de acuerdo, revisaremos los informes luego de tu reunión con el Consejo de Asesores. Tienes 20 minutos— informó, ejecutando su rol de secretario personal.

—¿Para los papeles?— más bien afirmó Mikoto, interiormente aliviada de ser así.

—No, 20 minutos para hablar con el Consejo de Asesores, y después directo al papeleo— aclaró Kiyoshi con una sonrisa ladina, ojalá y todo fuera tan fácil.

—¿Y luego?— preguntó la azabache con un suspiro contenido, mortalmente nerviosa.

—Sé que todo parece abrumador ahora, pero todo será más fácil cuando todo esté en su sitio, confía en mí— aseguró el pelinegro, alargando distraídamente una de sus manos para entrelazarla con la suya, negándose a dejarla sola.

—Siempre has estado preparado para esto, ¿no?— sonrió Mikoto inevitablemente, debiendo admitir que él parecía tenerlo todo controlado.

—Tristemente— asintió Kiyoshi con una distraída sonrisa, abriendo la puerta de la oficina y permitiéndole a Mikoto ingresar, cerrando él la puerta tras de sí. —Después del fallecido lord Naka, el único otro hombre prominente dentro del clan era mi padre, Kagami, y cuando él falleció el peso recayó sobre mí— relató siguiendo los pasos de Mikoto, quien tomó asiento ante el escritorio. —Nunca he conocido otra vida, no tendría propósito para vivir si no pudiera ser útil— no sabría que hacer de no ser útil para su clan o la aldea.

—Kami no permita que eso suceda jamás, Kiyoshi— rogó ella, alargando su mano para entrelazarla con la suya y dedicarle una sonrisa.

Su padre, el aclamado Kagami Uchiha que era una leyenda dentro del clan, había sido una figura muy querida y carismática por todos, había comenzado a entrenar a toda la generación más joven del clan al mismo tiempo que criaba a su hijo, haciendo a este parte importante del clan, pero Kagami había muerto en una de las últimas batallas de la Primera Gran Guerra Shinobi, al mismo tiempo que lord Naka, el líder del clan; lord Fujitama Uchiha, entonces un adolescente, se había convertido en el nuevo líder del clan y ya que Kiyoshi apenas había tenido siete años, la posición de segundo al mando o brazo derecho del líder había sido asumida por Itachi Uchiha, el padre de Mikoto, hasta su muerte, cuando Kiyoshi—un preadolescente—había sido lo suficientemente mayor para asumir el cargo hasta la fecha. Intercambiando ambos una sonrisa, que solo ellos podían entender al haber crecido viéndose como si fueran hermano mayor y hermana menor, Mikoto soltó la mano de Kiyoshi y enfocó su atención en la gran caja de color negro que reposaba sobre el escritorio, con una pequeña cerradura infranqueable que alejaba el contenido que guardaba de cualquier curioso que pensara abrirla, y que Kiyoshi se encargó de abrir con la llave que llevaba consigo, mas solo desbloqueando la cerradura y no abriendo esta, dejando que Mikoto lo hiciera a su ritmo. Era su deber ocuparse de los asuntos del clan en ausencia de su esposo, en ello consistían los poderes de emergencia que había firmado antes de su partida, los había aceptado, mas no los quería.

—Creí que todo esto podría esperar— admitió Mikoto dejando libre un suspiro y observando fijamente la caja.

—Me temo que no, Mikoto— lamentó Kiyoshi, recordándole su presencia, —pero estaré a tu lado a cada paso, así que no tienes que tener miedo— prometió, como si fuera su hermano y ella lo veía de esa forma.

—Gracias— apreció la azabache con una sonrisa genuina, sintiendo que no estaba sola, infundiéndole valor para abrir la caja y tomar el primer documento en el interior.

—La hoja superior no es más que un resumen del contenido de la caja; en la parte superior se hallan temas sencillos, como solicitudes de aprobación para matrimonios, y racionamiento de alimento, y en la parte inferior en están todos los asuntos apremiantes— explicó el pelinegro, habiendo visto a su fallecido padre lord Kagami revisar una caja igual hace muchísimos años como parte de su deber como segundo al mando.

Asintiendo en silencio, tomando nota de cada palabra que salía de labios de Kiyoshi, Mikoto dio un rápido vistazo a la hoja con el resumen del contenido a revisar, activando su Sharingan y grabando todo para no perderse detalle alguno, procediendo entonces al primer tema en la agenda; solicitudes de matrimonio extendidas de miembros de su clan al Consejo de Asesores y transmitidos de estos a ella. Extrañó a Mikoto no ver la solicitud de Hazuki entre la lista de "alianzas" a concretar, mas se calló esa inquietud y le preguntó punto por punto a Kiyoshi que uniones era apropiado consentir y cuales no, quedando más tranquila al darse cuenta de que todas las uniones eran perfectamente aceptables; había otros reportes, el nacimiento de dos bebes el día anterior y uno en la madrugada. Los siguientes informes eran sobre la necesidad de racionar leche, mantequilla y aceite, tan usados en la preparación de alimentos y cuya sola mención hizo que Mikoto entornara lo ojos al saber que debería adquirir más cartillas de racionamiento o más alimento como contrabando; muchas familias estaban aumentando de tamaño dentro del clan en esos días y continuarían haciéndolo. Luego, pasaron a los asuntos apremiantes, como priorizar el nombramiento de nuevos Jonin dentro del clan, en un pergamino sellado y escrito por ella para que lo leyera el Hokage, ante lo que Mikoto no pudo evitar fruncir el ceño, dándose cuenta de cuanto potencial había dentro del clan y cuan poco apreciado era este por los Consejeros del Hokage, además de cuan segregados se encontraban…

Y la sensación no le agrado en absoluto, la hizo sentir oprimida.


Un Mes Después

Tener que dejar su antiguo hogar dentro del Distrito Uchiha no había sido necesario para Hazuki, seguía teniendo el derecho de nacimiento de llamarse a sí misma parte del clan Uchiha y su antiguo hogar siempre seria suyo, mas había encontrado igualmente necesario abandonar el distrito Uchiha y mudarse con su novio Ryuu Sekiya, comenzando a vivir juntos y acordando que se casaría formalmente dentro de unos meses, tras ahorrar suficiente para ampliar el hogar de Ryuu, cuyos padres eran meros civiles de ingresos relativamente altos—no Shinobis, ni siquiera de un clan de menor importancia, lo que irritaba a los Uchiha, por ello se habían negado a aprobar su unión—, pero había surgido un problema en el camino. Recorriendo apresuradamente las calles de Konoha tras hablar con el sacerdote que los uniría según el tradicional ritual de bodas, Ryuu abrió la puerta de la casa con la llave que siempre traía consigo, alisándose la ropa y sonriendo embelesado tras ingresar, viendo a Hazuki en la sala y alisando su uniforme de Jonin, tan valioso para ella como su rango, que mantendría ya que por casarse con un civil no tenía que renunciar a su autonomía, de ahí que eligiera desposarse con Ryuu usándolo ese día, en lugar de un impráctico kimono de boda, ni siquiera se le había pasado por la cabeza y al Sekiya le encantaba que fuera así. Carraspeando para aclararse la garganta, anunciando su presencia a Hazuki que sonrió como siempre, Ryuu decidió comentar a su futura esposa las novedades, habiendo cruzado el centro de Konoha el tiempo suficiente como para enterarse de rumores que su hermosa prometida pelicastaña merecía conocer.

—Mikoto es muy afortunada, ahora que Fugaku no está, es el centro de atención dentro del clan— inició Ryuu, sacudiéndose ligeramente la ropa. —Konoha entera no deja de hablar que, por primera vez, el clan Uchiha es dirigido por una mujer— obvió con una inevitable sonrisa; fuera de la guerra, los habitantes de Konoha no hablaban de otra cosa.

—Es solo en apariencia, y temporal, Kami sabe que el clan tendría que volver a nacer para que algo así fuera posible— minimizó Hazuki, conociendo las reglas de su clan. —Y yo soy más afortunada, porque tengo al hombre que amo; soy la más feliz— priorizó, acercándose a abrazar a su futuro esposo amorosamente. —Te amo, Ryuu— pronunció, diciéndose que sería su esposo antes de que terminase el día.

—Y yo te amo a ti, mi rayo de sol— secundó él envolviendo protectoramente sus brazos alrededor de ella.

—Ahora vamos, tenemos una boda a la que acudir— apremió ella, rompiendo con el abrazo y entrelazando una de sus manos contra la suya.

Había dejado todo lo que conocía, una vida de privilegios por estar emparentada con la rama secundaria del clan Uchiha—descendientes de Naka Uchiha, abuelo de Fugaku, siendo ella la hija de Fuji Uchiha, la segunda hija de Naka y Annaisha Uchiha, siendo por ende prima de Fugaku—para estar con Ryuu, pero él no le había pedido que abandonara nada de eso, ella lo había hecho por su cuenta y no se arrepentía de ello ni un poco, haciendo que su sonrisa aumentara de tamaño e iluminara más su rostro mientras abría la puerta principal y salía de su hogar, sosteniendo la mano de Ryuu que cerró la puerta a su espalda. El camino por las calles fue sencillo, hasta un pequeño a la par que discreto Santuario dentro de Konoha, donde los esperaba el sacerdote que oficializaría su unión; para oficiar de testigos y de acuerdo a las costumbres, se encontraban presentes los padres de Ryuu, que sonriendo tan pronto como vieron ingresar a la pareja al Santuario, en especial a Hazuki que se había ganado su completa aprobación desde el principio, no por sus orígenes "nobles" como Uchiha, sino por su comportamiento perfectamente angelical, sociable, junto a su agudo intelecto y maravilloso sentido del humor. Los preparativos de la boda se habían sucedido durante toda esa mañana, contrarreloj, había un gran riesgo presente en el ambiente, aunque solo Ryuu y Hazuki lo conocían, deteniéndose ante el altar y observando al sacerdote que intercaló la mirada entre ambos para proceder con el ritual, paso por paso hasta llegar al momento crucial:

—De acuerdo con la ley; Hazuki Uchiha, hija de Hiroaki y Fuji Uchiha, toma por esposo a Ryuu Sekiya, ¿Acepta?— planteo el sacerdote, teniendo presentes los nombres de los progenitores de la pelicastaña.

—Acepto— contestó Hazuki con una discreta, nerviosa a la par que contenida sonrisa.

—Y Ryuu Sekiya, hijo de Junichi Sekiya y Hiriko Tanako, toma por esposa a Hazuki Uchiha, ¿Acepta?— consultó el sacerdote al pelicastaño, estando sus padres presentes

—Acepto— confirmó Ryuu, observando por el rabillo del ojo a su inminente esposa.

—Los declaro marido y mujer— pronunció el sacerdote, dando por autorizada la unión.

Tras pronunciar aquellas palabras, el sacerdote procedió a realizar la tradicional ofrenda de incienso a Kami, elevando una plegaria, el hombre sirvió un poco de sake en el vaso dispuesto sobre el altar y que tendió a la pareja; la primera en beber fue Hazuki y luego tendió el vaso a Ryuu que bebió igual, en un símbolo de unió y compañerismo. Presenciando aquello, Junichi Sekiya el padre de Ryuu, se aproximó sosteniendo un pequeño almohadón color blanco en que reposaban dos anillos gemelos de color plateado, herencia de la familia Sekiya y que fueron ofrecidos a la pareja; Hazuki sostuvo el primer anillo, ciñéndolo al dedo anular de Ryuu, y este hizo lo mismo con el anillo más fino, deteniendo sumo cuidado al acomodarlo al dedo de su ahora esposa, manteniendo sus manos entrelazadas y que el sacerdote bendijo; oficialmente ahora sí que eran esposo y esposa, y nada ni nadie podría cambiarlo. Ojala la boda fuera solo por amor, que era la razón principal desde luego, pero tanto Ryuu como Hazuki—que se sonrieron el uno al otro—desearían que su boda hubiera sucedido dentro de varios meses, tras haber ahorrado suficiente para tener todo preparado y comenzar una vida más familiar, pero algo se había interpuesto en el camino, algo que podía ser una bendición a la par que un problema; existía la posibilidad de que Hazuki estuviera embarazada, aún era muy pronto como para que ella se hiciera pruebas, pero ya tenía todos los síntomas y ambos habían adelantar la boda para que cualquier hijo que pudiera encontrarse en camino naciera dentro de un matrimonio. Ojalá y el clan Uchiha no se indignara por ello…


El escritorio de la oficina del capitán de la Policía Militar, donde Mikoto acostumbraba a trabajar casi todo el día hasta que llegaba el momento de regresar a "casa", haciéndose cargo de los deberes administrativos, estaba completamente atestado de documentos separados por importancia y en pequeños montones en tanto Mikoto daba vueltas alrededor del mismo, sosteniendo un pequeño conjunto de papeles y que terminó de leer en ese momento, alargando la mano hacia uno de los montones y que se componía de hojas en blanco, tomando una y procediendo a escribir velozmente en la misma que es lo que creía que debía hacerse en lo que respectaba al racionamiento de nuevos alimentos, un mensaje no demasiado extenso para el Consejo de Asesores y que esperaba estos aprobaran. Con ya un mes a caro del liderazgo del clan, Mikoto había aprendido a lidiar con sus responsabilidades de forma paulatina, francamente no sabría que hacer de no tener a Kiyoshi constantemente a su lado, como el hermano que nunca había tenido, mas constantemente también le insistía en que pasar más tiempo en casa y que se tomara todos los permisos que quisiera, Ena ya tenía nueve meses de embarazo y podía dar a luz en cualquier momento; pero, para su desgracia y de Kiyoshi, él era un hombre dedicado al clan, a su trabajo y a ser útil, por lo que abandonarlo todo y quedarse en casa no era una opción, ni siquiera su esposa había barruntado aquello en sus propias palabras. En medio de aquella labor, se escuchó un ligero golpe contra la puerta de la oficina.

—Adelante— consintió Mikoto, sin levantar la vista del documento que redactaba.

—Lady Mikoto— saludó Keiji respetuosamente, uno de sus subordinados de la Policía Militar. —Lord Kiyoshi, su esposa entro en labor de parto— comunicó, provocando que la Matriarca alzara la mirada inmediatamente al oír esto.

—Mikoto…— tartamudeó Kiyoshi, deseando salir corriendo de inmediato e ir junto a su esposa, mas estando obligado por su deber.

—No te disculpes, ambos iremos— sosegó la azabache con una ligera sonrisa. —Todos estos asuntos pueden esperar un par de horas— desestimó, regresando la hoja que estaba redactando al montón del que la había tomado. —Que alguien lleve esta caja al hogar de lord Teyaki, luego los revisare— ordenó al teniente Uchiha.

—Sí, mi lady— asintió Keiji, inclinando respetuosamente la cabeza de inmediato.

Ena era una gran amiga suya y era la esposa de Kiyoshi, quien fuera preciado o importante para él, también lo era para ella, que encima de todo había formado parte de su embarazo lo más posible, compartiendo el entusiasmo de Ena a cada paso, ¿Cómo saltarse el conocer al pequeño bebé por nacer? Esbozando una sonrisa ladina, profundamente agradecido, mas no siendo el mejor momento para decirlo ni demostrarlo, la azabache alargando su mano para entrelazarla con la del pelinegro y ambos abandonando presurosamente la oficina, con el teniente Keiji inclinando respetuosamente la cabeza a su paso y como también hicieron todos los demás miembros de la Policía Militar presente en el cuartel. Todo pasó como un borrón para Kiyoshi y Mikoto que, tras abandonar debidamente el Cuartel de la Policía Militar, subieron y saltaron por los tejados hasta llegar al Hospital, entonces el pelinegro soltando la mano de su amiga y la Matriarca del Clan en un arrebato emocional y corriendo hacia la recepción, pidiendo información sobre en qué habitación estaba su esposa y corriendo hacia allí casi sin detenerse, con Mikoto siguiendo sus pasos. Dejando que Kiyoshi ingresara en la habitación primero, esbozando ella una sonrisa entre divertida y conmovida a partes iguales, Mikoto se acomodó el cabello y alisó la ropa, carraspeando para aclararse la garganta y finalmente ingresando en la habitación, acercándose a la cama con lentitud, sin apartar su mirada del bebé que Ena acunaba en sus brazos, con Kiyoshi sentado a su lado, completamente embelesado.

—Lo siento, Mikoto— se disculpó Ena, sintiendo que aumentaba la presión ya existente sobre su amiga.

—¿Por qué?— cuestionó Mikoto, parpadeando confundida ante las palabras de su amiga.

—Sé que no le hago la vida fácil a nadie, en especial a ti— obvió la pelinegra mordiéndose el labio inferior. —Ojalá tuvieras esta alegría— si de ella dependiera, ojalá y su amiga se hubiera embarazado primero.

—Kami mediante— asintió la azabache únicamente, confiando en el plan del destino para ella. —Pero tenía que estar aquí para ti, para ambos— no se arrepentía de tener ese privilegio como Matriarca del clan, era la parte más dulce.

—Gracias— sonrió Ena, sintiéndose aliviada de que ello no hiriese en demasía a su amiga.

Desde su lugar, no había mucho que Mikoto pudiera haber analizado del pequeño bebé...hasta que Ena se lo entregó a Kiyoshi, quien lo acomodó cuidadosamente en sus brazos y el rostro del recién nacido quedó expuesto a ojos de Mikoto; su corazón se aceleró inmediatamente por el deseo irrevocable de poder experimentar esa alegría, de alumbrar una criatura tan pequeña y frágil, a la par que tan perfecta; el bebé tenía la característica piel clara de los Uchiha—no era una regla, pero muchos tenían un tono de piel muy claro, como el suyo—, los rasgos finos junto a una expresión de serenidad propia de un infante, junto a unas notables pestañas finas que enmarcaban sus ojos, y muy corto cabello negro como la tinta, desordenado a la par que ligeramente ondulado. Las pestañas tan llamativas y el cabello ligeramente ondulado eran un rasgo heredado de Ena, cuya belleza era muy conocida dentro del Clan Uchiha—tanto como la de Mikoto, con la diferencia de que Ena era un par de años mayor, por lo que técnicamente no era de una misma generación—, pero el tono de piel semejante al marfil y los rasgos finos a la par que serenos eran de Kiyoshi más allá de toda duda, de hecho, Mikoto ya preveía que también debería de haber heredado la sonrisa carismática de Kiyoshi y que todos en el clan decían había heredado de su padre Kagami Uchiha. Observando la fascinación en el semblante de su querida amiga, Kiyoshi deseó poder hacer algo por Mikoto, por todo lo que ella había hecho por ambos durante todos esos meses…y casi se le encendió un foco por encima de la cabeza al dar con algo ideal para honrar su vínculo:

—Creo que sé cómo podemos agradecértelo— consideró Kiyoshi, intercambiando una mirada con su esposa que asintió en silencio. —Queremos que tú nombres al bebé— delegó poniéndose de pie y teniéndole el bebé a su amiga.

—¿No pensaron en nombres?— cuestionó Mikoto entre sorprendida y extrañada.

—De niña, por alguna razón no pensamos en un niño— justificó Ena honestamente, mordiéndose el costado de la mejilla por haber creído eso al igual que su esposo.

—Oh, déjenme pensar...— meditó la azabache, acunando cuidadosamente al pequeño bebé en sus brazos, lo que coincidió con que este tratara de abrir los ojos. —Ya sé; Shisui— decidió alargando su mano para tocar con su dedo la punta de la nariz del bebé.

—Agua tranquila— comprendió Ena, sonriendo de inmediato. —Es un nombre precioso, gracias— era un nombre perfecto, su hijo no había llorado ni una sola vez desde que había nacido, era un auténtico lago en calma, lo que significaba su nombre.

—Muchas gracias— secundó Kiyoshi profundamente agradecido, alargando sus brazos para recibir a su hijo y que ella le tendió.

—De nada— minimizó la Matriarca, no creyéndose nada importante ese día. —Espero, pequeñito, que sí tengo un hijo, ambos sean muy buenos amigos— deseó alargando su mano para jugar con el cabello oscuro del bebé. —Siempre serás bienvenido en mi casa, y quiero verlo mucho— advirtió intercalando su mirada entre sus dos amigos.

—Trataremos de hacer lo posible— asintió Kiyoshi con una inmediata sonrisa. —Pero no prometemos nada, creo que Ena querrá monopolizarlo mucho— obvió con tono bromista, ya imaginando cuanta atención le quitaría ese pequeño ángel.

—Kiyoshi...— suspiró ella, bajando la mirada abochornada a la par que divertida.

Como sucedía con cada bebé que nacía, darle un nombre era más que solo elegir uno que sonara bello o que fuera estéticamente apropiado, elegir un nombre consistía en elegir un significado o características que se esperaba armonizaran con el futuro del infante para con el resto de su vida, por lo que no era algo que pudiera tomarse a la ligera y Mikoto se lo tomó con gran seriedad, coincidiendo con el momento en que el bebé tendió a abrir los ojos, no por completo ya que se notaba somnoliento a todas luces y era muy pequeño, pero sus ojos eran verdaderos pozos de agua, serenos, apacibles, como un lago en calma. El nombre Shisui se derivaba de la combinación de dos palabras que tenían un significado oscuro por separado; Shi que significaba "muerte" y Sui que significaba "agua"; la palabra literal para la combinación de ambas palabras era "agua muerta", pero el verdadero significado de la combinación de esas dos palabras era "aguas tranquilas", lo que reflejaban los serenos pozos ónix del pequeño infante y que observaron los suyos, provocando que su corazón se acelerara, prometiéndose Mikoto que siempre estaría para ese pequeño niño sin importar lo que pasara. Ena llevaba soñando con ser madre desde los quince años, de hecho, había sido niñera de muchos infantes del clan antes de casarse con Kiyoshi y era muy querida por todos, tanto como su esposo, pero cedería parte de su rol a Mikoto, realmente quería que su amiga experimentara la maternidad, y cuando ella también fuera madre, ambas pasarían igualmente mucho tiempo juntas.

Ojalá sus hijos pudieran ser muy buenos amigos.


Tres Meses Después

Mikoto siempre se había sentido muy bienvenida en el hogar de Fugaku, desde sus primeros años de infancia, cuando—ahora lo entendía—lord Fujitama había hecho que su madre y ella los visitaran al menos una vez por semana, el hogar del líder del clan era de gran importancia, debía ser grande, proporcional a lo que se esperaba fuera el hogar representativo del clan, del linaje principal; el patriarca, la matriarca y a lo menos dos hijos que mantuvieran el linaje del clan, el primogénito como heredero y el segundo hijo como repuesto en caso de haber problemas en la sucesión o para brindar apoyo a su hermano mayor en momentos de necesidad, una tradición que se mantenía desde los días del patriarca Daisuke Uchiha, cuyo hermano Sanosuke era el antecesor de grandes figuras dentro del clan; lady Haruka, la madre de Madara Uchiha; lord Naka, el abuelo de Fugaku, así como el mismo Kagami Uchiha y a través de él Kiyoshi, así como de Hazuki. Luego de meses de continuas remodelaciones y que Mikoto se había tomado un enserio, siendo jefe de obras y diseñadora en cierto modo, la Uchiha dio las gracias al arquitecto que tan afanosamente había cumplido con todo cuanto ella hubiera podido desear, permitiéndole esbozar una sonrisa mientras finalmente abría la puerta principal de la casa, pisando un lugar completamente diferente y tan familiar al mismo tiempo; su hogar, el suyo y de Fugaku. La acompañaban su cuñado Teyaki, con quien se había estado quedando hasta ahora, y su cuñada Uruchi que cargaba en brazos a su hijo Baru de ya casi un año.

—Bienvenida a casa— celebró Teyaki, admirando el excelente trabajo de los arquitectos.

—Si, por fin un lugar que llamar mío, mío y de Fugaku— sonrió Mikoto, absolutamente encantada con lo que veía.

—Llegará a una casa completamente distinta— sonrió Uruchi, imaginando su impresión.

—Pero le encantara, lo sé— aseguró la azabache, habiendo diseñado mentalmente cada cambio pensando en ello. —Recorrámosla— invitó, siendo respaldada por sus cuñados.

Apretándose las manos con nerviosísimo, ansiosa a la par que nerviosa, deseando comprobar que la casa que ahora la recibía cumpliera con todas las exigencias que ella le había hecho al arquitecto al momento de designarle el trabajo, a la par que deseando que todo fuera del gusto de Fugaku cuando regresara, Mikoto dio los primeros pasos hacia el interior, teniendo muy de cerca a su cuñado así como a su cuñada y pequeño sobrino…La casa era mucho más amplia ahora, concebida para la idea de albergar no a un matrimonio sino a una familia, las salas y la cocina eran de mayor tamaño, había habitaciones nuevas, una biblioteca más grande, más baños y lo más importante era un jardín de gran tamaño con un estanque y que Mikoto observó serenamente esa noche, ya acomodada en su nuevo hogar, leyendo uno de los nuevos libros que había comprado para aumentar la biblioteca de la casa de tamaño, revisándolos superficialmente y casi quedándose ensimismada en el contenido del mismo, alargando distraídamente su mano derecha hacia la taza de té de manzanilla que había servido, para poder irse a dormir con tranquilidad. Habría preferido algo más fuerte, sake quizás, pero la Matriarca Uchiha era selectiva con el tipo de licor que le gustaba beber. Escuchando que llamaban a la puerta principal de la casa, Mikoto no dudo en alzar la voz con un fuerte y claro adelante, permitiendo a quien sea que fuera a ingresar, aguardando hasta escuchar pasos detenerse en el pasillo en que ella estaba sentada, contemplando el jardín.

—Mi lady— reverenció respetuosamente Keiji Uchiha, su mano derecha en ausencia de Kiyoshi, quien tenía un permiso especial emitido por ella para pasar tiempo con su familia. —Un mensaje del Consejo de Asesores, sobre su itinerario de mañana— tendió, entregándole un sobre cerrado y cuyo contenido solo ella podía ver.

—Gracias, teniente— asintió Mikoto, abriendo el sobre y leyendo el mensaje de inmediato. —Comuníquele al Consejo de Asesores que nos reuniremos mañana temprano— designó, encontrando un reproche al interior del sobre.

—Sí, mi lady— correspondió el pelicastaño, inclinando respetuosamente la cabeza y procediendo a retirarse.

No importaba el rango que tuviera, ni si era erudito o bien un Shinobi curtido en las batallas, no había cosa que encantara más a un Uchiha que hacer sentir a los demás que estaba por encima de las reglas y que todo cuanto hacían los demás era inferior, y eso no cambiaba aunque ella fuera la Matriarca y parte del mismo clan; su Consejo de Asesores tenía el empecinamiento de decirle o hacerle sentir que todo cuanto hacia estaba mal, en primer lugar porque era muy joven—apenas tenía diecinueve años—, en segundo lugar porque era inexperta en el rol de Regente pese a poner su corazón y alma en ello, y en tercer lugar porque era mujer. Era tan Uchiha como cualquiera de sus subordinados dentro del clan, de hecho, era más Uchiha que cualquiera de ellos, pues su linaje la emparentaba directamente con el fundador del clan Uchiha, Indra Otsutsuki, aún más de lo emparentado que estaba Fugaku, y eso implicaba que ella no iba a agachar la cabeza ante un sermón de parte de quienes eran mayores que ella, que volvió la mirada por sobre su hombro para comprobar que el teniente Keiji se hubiera retirado, releyendo el documento en que Yashiro Uchiha, jefe del Consejo de Asesores, criticaba duramente su forma de relacionarse tan abiertamente con otros miembros de su clan, casi con demasiada familiaridad. Entornando los ojos y arrugando el documento junto al sobre, Mikoto ejecutó el Jutsu Bola de Fuego para quemarlo, preguntándose como Fugaku podía soportar ser oprimido por tantas reglas. Si él había podido con eso, ella también podría…


Ser líder del clan era ser una figura silenciosa y opaca, pero presente al mismo tiempo, eso es lo que Mikoto había aprendido en los últimos meses; había aprendido que el deber de Fugaku era hacer todo y nada al mismo tiempo, debía ser una figura de gran autoridad para imponerse por sobre la sólida y difícil voluntad de sus subordinados—pues por nacimiento, ningún Uchiha era dócil, todos tarde o temprano explotaban ese fuego que tenían en su interior, eran arrogantes, se imponían y exigían lo que creían merecer—, pero también debía escuchar las opiniones de esos mismos subordinados, respaldarlos y hacerles ver su importancia. Al tener que suplir a Fugaku en el deber de liderar el clan, Mikoto había imitado su actuar en el sentido administrativo, pero en el sentido personal había sido más flexible; siempre escuchaba las opiniones de sus subordinados, una vez a la semana cenaba con alguna familia del clan—jamás repitiendo esta, haciéndoles sentir su importancia a todos—y alentaba sus deseos de que el clan fuera mejor, que brillara como la joya más importante y deslumbrante de Konoha. Sin embargo, al Consejo de Asesores esto no les agradaba del todo, reunidos en ese momento en la sala de reuniones del Cuartel de la Policía Militar, flanqueando a lady Mikoto que permanecía en la mesa central; esperaban que la Matriarca del Clan ejecutara su rol más que el de Regente, no esperaban que mostrará tanto carácter, que estuviera tan del lado de las voces que exigían más participación del clan en la vida pública, no olvidando que no había muchos Jonin de importancia de su clan en cargos fundamentales dentro de Konoha.

—Mi lady, cuando aparece en público, relacionándose con los demás miembros del clan, usted no es usted— recordó Daiki, siendo uno de los más enfáticos en el tema.

—Claro que soy yo— discutió Mikoto con una seca sonrisa, carente de todo humor.

—Expresar opiniones sobre el racionamiento, la participación política del clan dentro de la aldea…— enumeró Yashiro, el mayor del grupo, —nadie quiere que usted sea usted, lo que quieren es que sea una Matriarca— impuso, siendo una realidad.

—¿Una estatua?, ¿Una cosa?— más bien afirmó la azabache, alzando la voz. —No se trata de que rompa la ilusión, se trata del bien del clan y ser segregados por la aldea es algo que todos estamos notando desde la Segunda Gran Guerra Shinobi, y no es justo— obvió, diciendo lo que nadie en el clan temía afirmar de viva voz. —Solo estoy anteponiendo el bien del clan, solo estoy siendo gentil y humana— el clan necesitaba eso ahora.

Todos pensaban lo mismo, todos albergaban en su interior la misma frustración ya que, como Fugaku le había dicho en los días y semanas previas a su partida, ser parte del clan Uchiha implicaba hacer todo el tiempo todo tipo de concesiones por el bien de un ideal mayor, en este caso la protección de Konoha y Mikoto se aferraba a ese ideal con idéntico ímpetu que su esposo…pero, eso no quería decir que como Matriarca fuera a censurar los pensamientos de los demás miembros del clan, sus hermanos. Fugaku debía encargarse de la disciplina, de mantener el orden y su voluntad incluso se extendía en ese momento, cuando él no se hallaba, mas ella debía—aunque aún no fuese realmente una madre, no habiendo conseguido quedarse embarazada antes de la partida de Fugaku—ser una madre presente con corazón y alma para su clan como ya lo sería para sus hijos a futuro, cuando los hubiera; no era la única que pensaba así, todos en el clan lo hacían y que ella se uniera esa línea de pensamiento les hacía sentir más escuchados, ese era su deber. Guardando silencio e intercalando la mirada entre sí antes de enfocarse en su Matriarca, Yashiro, Haruto, Keiichi y Daiki debían admitir que se sentían divididos, por un lado, estaban complacidos con el actuar de su joven Matriarca, actuaba como lo debería de hacer el líder del clan, tenía muchísima personalidad, carácter y fuego interior, y claramente era muy individualista…pero esa forma de actuar no iba de la mano con ser una mujer en un clan tan tradicionalista como el Clan Uchiha.

—Estoy consciente de que estoy rodeada de personas que creen que pueden hacer mejor este trabajo, debido a mi juventud, gente fuerte y con un gran carácter, tal vez más preparados para poder liderar y dejar su marca, pero para bien o para mal: yo soy la esposa del líder del clan— dejó en claro Mikoto con voz firme y pasando la mirada por sus cuatro asesores. —Tengo diecinueve años, aun no tengo los veintiún años que exige la estructura social del clan para ser considerada una adulta en toda regla, pero en ausencia de mi esposo; yo soy quien decide que se hace— impuso activando el Sharingan para mayor énfasis. —¿Entendido?— después de todo, no todos los Uchiha tenían el Sharingan.

—Sí, mi lady— asintieron todos de inmediato, no olvidando que estaban hablando con la heredera indiscutible del linaje del clan, incluso por encima de lord Fugaku.

No se trataba solo de imponerse como una figura fuerte, capaz, con personalidad y mucho individualismo, carácter y personalidad—y le encantaba que la definieran de esa forma, no le gustaba ser como nadie más—, también se trataba de cimentar el terreno y dejar todo preparado para que Fugaku pudiera ejecutar su voluntad cuando volviera, porque ella sabía muy bien por boca suya que él siempre era subestimado por quienes lo rodeaban, todos indudablemente respetaban su posición como líder del clan, nadie jamás pensaría en cuestionarlo, pero si cuestionaban que todas sus decisiones fueran las correctas debido a su juventud. Por lo que, sí eran capaces de obedecerla a ella pese a su evidente juventud, sería más fácil para Fugaku no ser subestimado, pues él era bastante mayor que ella y más experimentado, de eso se trataba todo, incluso pareciendo una tirana frívola, lo que fuera; no se podía cuestionar al líder del clan, eso le habían enseñado desde su más temprana infancia y Fugaku debía recibir el mismo trato, porque ella confiaba en él. Dando por terminada la reunión de esa forma, pues su joven Matriarca evidentemente no iba a claudicar, Daiki, Yashiro, Keiichi y Haruto se levantaron de sus respectivos lugares casi al mismo tiempo, inclinando respetuosamente la cabeza ante la Uchiha y procediendo a retirarse para continuar con sus obligaciones y ante lo que ella igualmente inclinó la cabeza a modo de despedida, apretando las manos y esbozando una sonrisa ante su victoria personal, y ante la victoria que encontraría Fugaku.

Era la victoria de ambos.


Esa era la Mikoto fuerte, la Mikoto que podía imponerse en las reuniones con su Consejo de Asesores, la Mikoto que era una madre presente para todos los miembros de su clan, que era perfectamente capaz de ejecutar el rol que había adquirido al casarse con Fugaku, mas a puertas cerradas y tras hallarse a solas en su hogar—que era demasiado grande en ausencia de Fugaku tras todas las remodelaciones, aunque muy acogedor—, Mikoto había perdido la cuenta de cuantas botellas de sake podía consumir en una semana; una por día si no calculaba mal, la verdad apenas y reparaba en ello, siendo un habito que había adquirido en las últimas semanas para liberar su frustración, solo deseando olvidarse de todo. La Matriarca Uchiha ni siquiera había llegado a su habitación la noche anterior, recostada boca abajo en el sofá y con la mesa baja junto al mobiliario repleta de pequeños vasos en que había servido sake, además de una botella tirada sobre el suelo; habiendo perdido la cuenta de todo el tiempo que llevaba llamando desde fuera de la puerta principal, inquieto de que Mikoto no abriera, Kiyoshi tuvo que ingresar por la parte trasera, que daba al jardín, recorriendo la cocina que se encontraba impecable y finalmente dirigiéndose hacia la sala principal, llevándose una desagradable sorpresa por el estado en que encontró a Mikoto, aproximándose de inmediato al sofá, zarandeándola para despertarla por temor, mas soltando un suspiro de alivio al oírla quejarse y sintiéndola protestar débilmente en tanto él la hacía sentarse sobre el sofá.

—¿Qué estás haciendo? Todos te esperan en el cuartel— espetó Kiyoshi duramente, forcejeando con ella para que se mantuviera sentada en lugar de recostada.

—Diles que estoy enferma, no iré— protestó Mikoto, luchando por zafarse de su agarre.

—Mikoto…— gruñó el pelinegro, genuinamente preocupado por esa actitud de su parte.

—No he fallado ni un día en todos estos meses— acalló la azabache antes de que se le ocurriera decir algo, —pueden sobrevivir sin mí— insistió soltándose de su agarre y levantándose temblorosa del sofá, lo suficiente para que él temiera que cayera.

—Pues no me iré, esto no te hace bien— continuó insistiendo él, haciendo que la Uchiha alzara la mirada en su dirección. —Son las once treinta— apremió casi brincando de los nervios, estaba claro que llegarían excesivamente tarde a la reunión.

—Y me dormí a las cuatro— desestimó ella entornando los ojos, no interesándole en absoluto. —Deje instrucciones claras de que no me molestaran por ninguna razón— obvió encontrando su mirada con la de él, que para su desgracia continuaba ahí e insistiendo. —Veo que hay una conspiración en marcha para enloquecerme— gruñó para sí, comprendiendo que no conseguiría imponer su voluntad.

A los demás miembros del clan no tenía por qué importarles, a ellos solo les concernía que su Matriarca estuviera lucida, cumpliera con sus responsabilidades y estuviera disponible cuando se le requiriera, que normalmente sucedía cuando había luz de día, por lo que en ausencia de su esposo las noches eran suyas y Mikoto no tenía vergüenza en decir que disfrutaba embriagándose, llenando el espacio que dejaba la presencia de Fugaku. Si por ella fuera, habría bebido más sake, se habría humillado a sí misma y lastimado de alguna forma, se sentía muerta estando lejos de quien tanto amaba…pero ya que de hacerlo preocuparía a terceros, como a Kiyoshi que ahora la observó con preocupación, elegía ser discreta con su forma de lastimarse a sí misma, tambaleándose mientras tomaba la botella de sake vacía del suelo y bebiendo lo que quedara al interior, bajo la reprobatoria a la par que preocupada mirada de Kiyoshi, dirigiendo sus pasos hacia la cocina, arrojando la botella vacía al cubo de la basura y aproximándose al lavaplatos, abriendo la llave del agua y juntando parte de esta en sus manos, arrojándosela al agua y tratando de quitarse parte de la resaca de encima, inclinando la cabeza hacia abajo y cerrando la llave en el proceso. Dos pasos tras Mikoto, observándola a la par que vigilando que no se desplomara o hiciera daño de alguna forma, Kiyoshi continúo conteniendo la respiración mientras la veía volverse hacia la mesa baja de la cocina y tomar asiento para reorientarse, ante lo que Kiyoshi no dudo en sentarse a su diestra, aún muy al pendiente de ella.

—Mikoto, ¿Es posible que aún estés ebria?— preguntó el pelinegro con sumo cuidado.

—Si, tal vez aún lo esté— admitió la azabache despreocupadamente, estirando sus músculos para quitarse parte del sueño de encima.

—Debes ser más cuidadosa— regañó Kiyoshi como buen hermano mayor a la par que innegablemente preocupado por ella.

—El licor de miel es fuerte, lo sé— asintió Mikoto, mas siendo el único que le gustaba.

—No me refiero a eso, aunque sí— diferenció él, admitiendo que también disfrutaba del licor de miel. —Estás bebiendo más que de costumbre— embriagarse todas las noches no era sano, pero ella lo estaba llevando a un nivel peligroso.

—¿Y por qué crees que sea? Porque no soy tan feliz como antes— espetó ella, cansada de escuchar reproches. — ¿Y por qué es eso? Porque tengo diecinueve y mi esposo está lejos, además de que no estoy embarazada y todas las otras mujeres a mi alrededor sí— aclaró, punto por punto y con un tono más que enfático.

Como si la soledad en sí mismo no fuera ya problema suficiente—jamás había sido buena para estar sola, ni siquiera de pequeña y porque su madre hubiera tenido que trabajar para mantenerlas, fuera de la asignación que les había brindado lord Fujitama en vida y que ahora su madre mantenía por su cuenta, por ello es que su madre había contratado a niñeras para que la acompañaran—, Mikoto tenía que lidiar con la constante frustración de saber que otras mujeres del clan quedaban embarazadas o daban a luz, estaba en los informes que recibía; mientras su vientre estaba vacío y tenía encima todas las especulaciones de la sucesión. Baru, el hijo de su cuñado Teyaki tenía casi cinco meses, Baru; Shisui, el bebé de Kiyoshi y Ena ya tenía tres meses…y sin embargo, ella continuaba joven y hermosa, siendo una buena matriarca para su clan, pero no pudiendo ejecutar su tarea más importante hasta la fecha, aquello por lo que la habían unido a Fugaku en primer lugar, había evitado hablar del tema con su madre, precisamente porque no quería dar lastima a nadie y porque su madre era muy tradicionalista, por lo que únicamente quizás le diría que tuviera paciencia. Escuchando las palabras de Mikoto, Kiyoshi no pudo sentir que parte de la presión que ella tenía sobre si era culpa suya; ella era la sobrina bisnieta de Madara Uchiha, la figura más importante del clan, y él era la segunda figura más importante después de Fugaku, el nieto de Kagami, y ya tenía un hijo, un niño que de una u otra forma era elegible para liderar un día, si no había un sucesor.

—Lo siento mucho— se disculpó Kiyoshi, lamentando ser parcialmente responsable del estrés con que ella estaba lidiando.

—Por favor, no es tu culpa haber dejado embarazada a Ena, ni a Teyaki embarazar a Uruchi— desestimó Mikoto, regresando a su característico tono bromista. —Olvidemos eso— sosegó alargando su mano para entrelazarla con la suya. —Me convenciste, ayúdame a llegar al baño y asearme— pidió, ante lo que el pelinegro la ayudo a levantarse, envolviendo uno de los brazos de ella tras su cuello al abandonar la cocina.

—Mientras te bañas, te prepararé café, así te despertaras— asintió él, dirigiendo sus pasos por el pasillo hacia la habitación matrimonial.

—¿No podrías agregarle un poco de sake?— preguntó ella inocentemente, observándolo con ojos de cachorrito.

—Mikoto— regañó el pelinegro, ignorando su mirada y concentrándose en llegar al baño.

—Ya, era broma— rio la azabache, divertida por haber sonado tan convincente.

—Por cierto, hay algo de lo que debes enterarte, yo apenas y me enteré hoy— inició Kiyoshi, abriendo la puerta de la habitación. —Hazuki se casó con Ryuu Sekiya— reveló, no sabiendo como suavizar la información.

—¿Qué?, ¿Cuándo?— Mikoto se soltó de él, apoyándose en la pared al costado del baño.

—Hace tres meses— contestó él, bajando la mirada al anticipar su reacción. —Mikoto…— inició, preocupado ante el silencio de ella.

—Prepara el café, yo me encargó del baño— ordenó ella, endureciendo su tono de voz y volviéndose hacia el baño, ingresando a este con andar veloz.

Quedándose un momento donde estaba, preocupado por Mikoto, Kiyoshi casi dispuso seguirla para asegurarse de que no se desplomara en la bañera, pero siendo frenado por la puerta estampándose fuertemente y casi chocándole en la cara; ahí estaba la Mikoto que él tanto conocía, con aquel carácter de los mil demonios y que lo hacía sentir continuamente compasión por Fugaku por tener que lidiar con ella, furiosa, intempestiva, colérica y con pésimo despertar aunque siempre supiera comportarse como una perfecta Matriarca, una bendición y una tortura. Por eso precisamente estaba en casa de Mikoto, para informarle de la boda secreta entre Hazuki y Ryuu Sekiya, secreta porque ella se había casado sin solicitar la aprobación del Consejo de Asesores o del líder del clan, ni que decir de la Matriarca, cuya autoridad había ignorado por completo, y evidentemente la reacción de Mikoto no era precisamente de beneplácito, ante lo que Kiyoshi podía entender la frustración de Mikoto, por no mencionar que Hazuki y ella eran amigas desde la infancia, ¿En qué había estado pensando al actuar por su cuenta de ese modo y no decir nada a nadie hasta ahora? Al menos había tenido la bondad de informarles de su boda por un escueto comunicado, ¡Tres meses después! Abriendo la llave de la ducha tras haberse quitado la ropa, no teniendo tiempo ni ánimo para un relajante baño, Mikoto echó la cabeza hacia atrás y dejo que el agua le quitara de encima todo rastro de resaca y sueño, mojando su cabello, mas no sintiendo por ello que su ira se aplacara…


Normalmente nadie en Konoha, nadie que se preciase de ser remotamente inteligente, pensaba en desafiar la ira de un Uchiha, era básicamente una locura, ya dentro de su clan era conocida la volatilidad o la gran furia que podía expresar un individuo y por lo que de inmediato nadie intentaba potenciarlo a menos que fuera en un entrenamiento, para desahogar tensiones, pero cuando Mikoto dejo su hogar rumbo al Cuartel de la Policía Militar—solo habiendo bebido una taza de café muy cargado para lucir presentable—, fue pragmática, cumplió con sus obligaciones asintiendo a la reunión con sus Asesores, prometiendo discutir el tema de la unión secreta de Hazuki con ella personalmente, discutiendo cualquier tema de importancia y luego retirándose al hogar de quien debería de ser su amiga, o eso había creído hasta ahora. Caminando los brazos a cada lado de su cuerpo y la mente fija en el camino frente a ella, Mikoto abandonó el distrito Uchiha y recorrió las calles de Konoha, apenas y esbozo una sonrisa de cortesía ante las personas que encontraba en su camino, solo si estos eran amigos o conocidos, mas no entablando dialogo con ninguno de estos hasta llegar al hogar de Hazuki, tomando aire y manteniendo su ceño fruncido antes de llamar a la puerta, aguardando hasta escuchar pasos aproximarse y tan pronto como Hazuki abrió—paralizándose nada más verla—, Mikoto uso su posición de Matriarca y cruzó el umbral, pasando junto a su amiga e ingresando en la casa con total familiaridad, con su amiga siguiéndola hacia la sala.

—Mikoto…— llamó la pelicastaña, intentando atenuar la discusión que sabía ocurriría.

—Habría agradecido que me invitaras a tu boda— inició la azabache volteando a verla, no teniendo en absoluto una expresión amable. —Sabes que no me opuse jamás a su unión— recordó, no habiendo merecido semejante desprecio de su parte.

—Lo sé...— asintió Hazuki, bajando la mirada, sabiendo que no había obrado bien.

—No lo sabes— acalló Mikoto, cansada de que todos fingieran entender su situación. —Todo el mundo me guarda secretos ahora, en tanto yo me encierro como una mártir, para no ver a nadie ni hablar con nadie o detonar tontos rumores— lo que no sabía en persona, lo descubría por los malditos informes. —He llorado en mi almohada por las noches, contando los días hasta que Fugaku regrese, ¿Para qué? Para hacerles un gran favor, para evitarles penas a todos, ¡Para facilitarles la vida!— gritó eso último, harta de tener que anteponer el sentir de todos en lugar de pensar en el propio.

Si fuera una más entre las muchas mujeres de Konoha, la esposa de un Shinobi que simplemente iba y venía cumpliendo con sus misiones sin importar el rango, Mikoto ni siquiera tendría una carga que llevar, aún era joven y naturalmente los hijos llegarían con el paso de los años, ni siquiera seria apremiante quedarse embarazada…pero no era como el resto de las mujeres del clan; era la Matriarca del Clan Uchiha, estaba hasta el cuello de responsabilidades como Regente en ausencia de su esposo, era joven y fértil, pero aún no esperaba un hijo pese a que gran parte de las mujeres de su clan si estuvieran embarazadas o gozaran de la maternidad, su vida ya no era suya y ni siquiera el primer hijo que tuviera seria suyo, seria del clan, el sucesor de Fugaku y todo continuaría en entredicho por su linaje, porque su padre hubiera sido el sobrino nieto de Madara Uchiha, y naturalmente ese peso se había pasado a ella y pasaría a su hijo, si lo tenía. Teniendo sus propios reproches que hacer a su clan por no haber consentido su unión con Ryuu, forzándola a tener que casarse en secreto, sin la pompa ni el boato o tradiciones que implicaba ser una Uchiha, Hazuki se mordió la lengua y calló, mas pronto entendió que había juzgado mal a Mikoto y se sintió muy culpable por escucharla hablar con tanta frustración y genuino dolor, era como si pese a los nueves meses transcurridos desde su boda, su amiga hubiera envejecido, no por su posición de Matriarca, sino por estás nuevas obligaciones desde que Fugaku estaba ausente por la misión diplomática a Kirigakure, Amegakure y Sunagakure, y puede que a otras villas menores o importantes.

—¿Crees que disfruto la atención?, ¿Crees que me alegra no ver a mis amigas y ser solo una maldita ama de casa? Pues no— expuso Mikoto, sintiendo que podía ser honesta fuera del barrio Uchiha, aunque fuera por desahogarse. —Ahora en tiendo que liderar en este clan es perder los estribos, enloquecer y realmente quisiera mandar todo al diablo por un momento, pero no puedo, a diferencia de ti— condenó, aún molesta con su amiga.

—Mikoto— nombró Hazuki como un temporal cese al fuego, acercándose a su amiga y sosteniendo sus manos entre las suyas. —Lo siento de verdad— se disculpó, encontrando su mirada con la de su amiga. —Sí, cuando Ryuu y yo nos casamos todo en cuanto podía pensar era en facilitarte la vida, queríamos ser discretos y creímos que eso sería lo mejor, y lo fue, no hubo repercusiones ni dentro ni fuera del clan— inició y ante lo que su amiga continúo observándola con dureza. —Pero, también lo hicimos rápidamente porque creí que estaba embarazada— agregó, siendo su temor un secreto a ojos del clan.

—¿Qué?— escuchar aquello sí que tomó completamente desprevenida a la azabache.

—Fue un breve susto, no sangre por tres meses, tuve todos los síntomas y realmente creí que lo estaba, pero no— aclaró la pelicastaña, pudiendo reírse de ello ahora.

Había sido un susto, uno grande porque de hecho no había sangrado por tres meses, había tenido todos los síntomas propios de un embarazo, como las náuseas y sus pechos habían estado sensibles…mas, afortunadamente, no había sido más que un breve retraso de su periodo, y los malestares una consecuencia del estrés, además de una pequeña gripe casi asintomática, pero que los había asustado muchísimo a Ryuu y ella, adelantando sus planes de matrimonio. En primer lugar, Hazuki no había informado a su clan de la boda hasta tres meses después, para que de estar embarazada y comunicarlo a su clan, estos no pensaran que se había casado estando embarazada—una indignidad a ojos del tradicional clan Uchiha, que veía con gran reprobación cualquier unión que no fuera un matrimonio—, sino que esta había sido una consecuencia de la boda; y en segundo lugar, acababa de enterarse hace un par de días que no estaba embarazada, todo había sido demasiado para recurrir a Mikoto, y sabía que ella estaba lidiando con demasiado. Sintiéndose mejor en cierto modo al saber que todo había tenido un propósito más que simplemente pasar por encima de ella, Mikoto se sintió aliviada también de que alguien estuviera lidiando con grandes presiones, le hizo sentir bien que no era la única con problemas de esa clase y la ayudo a aplacar la ira que sentía al entender que esta no tenía fundamento, soltando las manos de Hazuki y aproximándose a uno de los sofás de la sala sobre el que se sentó, y Hazuki no tardó en imitarla, alargando su mano para estrechar la de su amiga.

—Lamento haberte hablado así— se disculpó Mikoto, sabiendo que su tono había sido en extremo arrogante y petulante.

—No, no te disculpes— negó Hazuki, siendo ella quien había empezado todo el problema. —Te están presionando, te sientes sola— justificó, estrechando su mano contra la suya.

—Ojalá solo fuera eso, extrañar a Fugaku— suspiró la azabache, deseando que eso fuera su única preocupación. —Me aterra no poder ser un ser vivo que respira, una mujer, una amiga, una hija, una esposa…me aterra no ser yo— le asustaba sentir que su mismo carácter estaba aplacándose y dando lugar a algo nuevo, una nueva persona.

—Siempre serás tú, para mí siempre serás mi amiga— sosegó la pelicastaña, acomodando un mechón de cabello de su amiga detrás de su oreja. —Te extrañe muchísimo— agregó con una sonrisa, habiendo sido larga la espera para poder sentarse y hablar.

—Y yo te extrañe a ti— correspondió Mikoto, con idéntico sentir. —No pasemos tanto tiempo separadas otra vez, por favor— rogó, no queriendo estar lejos de su amiga.

—Lo prometo— asintió Hazuki, tampoco disfrutando de que estuvieran separadas.

Sus mejores recuerdos de la infancia eran de ambas jugando de pequeñas, durmiendo en casa de la otra y ayudando a la otra con las materias en que la otra era mejor; Mikoto en Genjutsu y Shurikenjutsu, y Hazuki en Ninjutsu sin importar cual fuera, habiendo sido promovida a Jonin en fechas recientes, aunque no con la misma presteza que Mikoto, y ambas simplemente no podían estar enojadas la una con la otra, sonriéndose y fundiéndose en un cálido abrazo, olvidándose de cualquier riña anterior y siendo solo dos amigas en ese momento. La posición de Hazuki había caído en desgracia dentro del clan por casarse no solo sin consentimiento, sino que con alguien que no era de su clan, pero Mikoto se intentaría de apaciguar las cosas con los Asesores y permitiría que su matrimonio fuera reconocido, además y como le había prometido antes de su boda secreta, si Hazuki tenía un hijo o hija, este tendría el derecho por nacimiento de ser parte del clan Uchiha y de acceder a todos los derechos que su herencia le brindaba, ya sea que eligiera ese camino o ser otro civil más de Konoha, ella había dado su palabra y la mantendría. Correspondiendo al abrazo de Mikoto, habiendo extrañado poder verla solo como su amiga, y pudiendo hacerlo desde su privilegiada posición como "civil" de Konoha en lugar de parte del clan al haber desertado de él, Hazuki albergó el deseo que, si un día se quedaba embarazada de verdad, su bebé y el bebé que tuviera Mikoto—porque lo tendría—fueran amigos, que se llevaran realmente bien, como ellas.

Así ambas podrían mantenerse igual de unidas que ahora.


Una Semana Después

Kirigakure que había hecho su primer ataque al intentar secuestrar a la Jinchuriki del Nueve Colas—además de intentar robar el Sharingan a Mikoto—, Amegakure, Sunagakure, Iwagakure…Habían sido casi cinco meses de misiones diplomáticas pasando de aldea en aldea, buscando que primara el dialogo y hablando en representación del Tercer Hokage, incluso había sido preciso para Fugaku, Inojin Yamanaka y Shikaku Nara acudir a presentarse a último minuto con el Daimio del País del Fuego, pero por fin las negociaciones diplomáticas habían llegado a su fin y Fugaku podía decirse libre, al menos hasta dentro de un mes cuando se había convocado a una cumbre de Kages para discutir formalmente la situación y él había sido designado como uno de los escoltas del Tercer Hokage. Fugaku cerró la puerta principal de la casa tras ingresar, estudiando todo lo que lo rodeaba, llegando a un hogar completamente diferente de aquel en que había residido hasta hace poco, mas celebrando todas las remodelaciones que Mikoto había hecho, siendo todo de su agrado, cruzando el pasillo que conectaba con el jardín y que contempló con calma, sintiendo que podía olvidarse de todas sus preocupaciones por un par de segundos, continuando hacia la sala donde Mikoto revisaba despreocupadamente lo que parecían ser informes, libre de estar en el Cuartel de la Policía Militar al ser fin de semana. Alzando la mirada al percibir movimiento, reconociendo a su esposo, Mikoto se levantó y corrió a abrazarlo efusivamente, teniendo la respiración atascada en la garganta.

—Te extrañe muchísimo, desesperadamente— sollozó Mikoto con la voz quebrada a causa de la emoción y euforia entremezcladas.

—Y yo a ti, a cada momento— secundó Fugaku, viendo a su esposa romper el abrazó y sujetarse de sus hombros mientras ambos contemplaban los ojos del otro. —No puedo vivir sin ti— juró acercando su rostro al de esposa, besando castamente sus labios, no pudiendo creer que estuvieran juntos otra vez y tras tanto tiempo. —Te amo— besó sus labios una y otra vez, repitiendo esas palabras hasta el hartazgo.

—Te amo, más que a mi vida...— secundó la azabache, arqueando el cuello y entregándose el beso.

Aunque habían sido cuatro largos y eternos meses estando separados, y todo cuanto Fugaku desease hacer fuera recostar a su esposa sobre el suelo de la sala y simplemente hacerle el amor hasta el cansancio, lo último que deseaba era que alguien los interrumpiera y por lo que envolvió uno de sus brazos alrededor de su estrecha cintura, y el otro bajo sus rodillas, cargándola en brazos en medio del beso que ella intensifico, sujetándolo de la nuca y envolviendo su lengua contra la suya mientras él los guiaba hacia su habitación, abriendo la puerta en su camino y cerrándola tras ingresar, recostando a su esposa sobre la cama, sintiendo el colchón hundirse bajo ambos. Las prendas se deshicieron una a una, con gran premura, ambos no pudiendo soportar barrera alguna luego de tantos meses formándolas a su alrededor, durmiendo en solitario, solo pudiendo soñar y pensar continuamente en el otro, sintiendo que habían sido reducidos a la mitad de lo que deberían ser, pero estando juntos todo lo que deseaban era volver a ser uno solo en tanto pudieran; los Uchiha eran un clan apasionado y devoto como ninguno, después de todo. Fugaku trazó cada curva de su esposa, admirando su apabullante belleza, amasando sus pechos y rememorando cada parte de su anatomía, en tanto Mikoto mapeaba cada cicatriz de su carrera Shinobi sobre sus músculos, arqueando su cuerpo contra el suyo y separando sus piernas para acomodarlas a cada lado de su cuerpo, deseando que él tomara lo que quisiera de ella y más, siendo también su deseo.

Fugaku era hombre tranquilo y reservado por naturaleza, por lo que no era especialmente abierto a demostrar su afecto, ni siquiera con su esposa, pero su vínculo con ella era completamente diferente de cualquier relación emocional que hubiera tenido con cualquier otra persona, ni siquiera con su hermano que sabía cosas de él que nadie más sabría jamás; no coqueteaba con Mikoto ni la besaba públicamente, pero la amaba tanto o más que los hombres que hacían ese tipo de cosas con sus esposas. Aunque, como Mikoto había dicho anteriormente, tenía la desgracia de ser muy vocal con su esposa cuando estaban a solas, en la intimidad, porque ella era la representación pura de todo cuando podría anhelar o desear en su vida, sus ojos se deslizaban por su anatomía ante el menor de sus movimientos, ni siquiera necesitaba respirar, todo lo que necesitaba era estar junto a ella, respirando el mismo aire, como ahora. Estando casados desde casi un año, siendo enteramente devotos el uno al otro, sus labios encajaban fácilmente uno contra el otro, como sus lenguas que se envolvían entre sí, el Uchiha reclamando con avidez la boca de su esposa, que le dio la bienvenida con entusiasmo, gimiendo en medio del beso y más cuando sus manos descendieron y ascendieron por su anatomía, en caricias lentas y deliberadas, masajeando y amasando sus pechos, sus muslos y glúteos, acomodando las caderas de ella debajo suyo y penetrando en su interior, provocando que el beso se rompiera a causa de un fuerte gemido de su esposa, que echó la cabeza hacia atrás y meció sus caderas al encuentro de las suyas, rogándole más.

La sensación de ser una sola con su esposo, sintiéndolo embestir completamente en su interior, hasta la empuñadura, era única e inigualable, le provocaba el mayor placer posible porque su esposo le estaba haciendo el amor y porque nadie podría hacerla sentir así, ni quería que lo hiciera; ella era completamente suya y Fugaku era completamente suyo, no había discusión, alzando la mirada para encontrarla con la de su esposo, jadeando y temblando bajo su tacto, anhelando más de ella pese a tenerla por completo. Encontrando la mirada con la de su esposo, Mikoto alzó sus manos para jugar con el corto cabello castaño de su esposo, atrayéndolo en un nuevo beso, igual de intenso y apasionado que los anteriores, meciendo sus caderas al encuentro de las suyas y haciéndole saber que ya se había adaptado a él, lo que Fugaku tomó como una señal para sujetar sus caderas con sus manos y proceder a embestir lentamente de fuera hacia adentro, marcando un ritmo que fue aumentando rápidamente. Aquella sensación hizo que Mikoto realmente enloqueciera, arqueándose bajo el cuerpo de Fugaku, meciendo sus caderas al encontró de las suyas por la pura intensidad de aquella sensación, lo que solo hizo que el ritmo de las embestidas de su esposo fuese más inclemente, una y otra vez, golpeando un punto en el interior de la azabache que siempre conseguía formar rápidamente el orgasmo y que la hizo alcanzar la cúspide a gran velocidad, haciéndola jadear, gemir y desmoronarse debajo de él, aferrándose a sus músculos y gritando su nombre al alcanzar el clímax más fuerte hasta ese punto su vida.

Apoyando su peso en sus brazos para no aplastar a su esposa debajo suyo, observar a Mikoto teniendo un orgasmo tan rápidamente luego de meses de abstinencia, casi hizo que Fugaku acabara en ese momento, para él el sexo jamás era solo eso o no se trataba solo de él, el disfrute de Mikoto debía ser igual o mayor que el suyo o realmente no estaba satisfecho, por lo que cesó en sus embestidas para dar tiempo a Mikoto a recuperarse, pudiendo esperar luego de meses sin gozar de su presencia y de tenerla en sus brazos. Sin embargo, Fugaku fue sorprendido por una mirada particularmente lujuriosa de parte de su esposa, que no había tenido suficiente con ese primer orgasmo, aferrando sus manos a sus hombros y usando su fuerza junto a lo obnubilado que él se encontraba, haciéndolo quedar debajo suyo, queriendo retribuir sus atenciones, levantándose ligeramente de su miembro y dejándose caer sobre este, subiendo y bajando una y otra vez, echándose el cabello hacia atrás y gimiendo su nombre mientras arañaba los músculos de su abdomen, inclinándose sobre él para besar sus labios. Mikoto tentó a Fugaku con un beso lento y casto, deslizando sus labios por los costados de su cuello, haciéndolo gruñir por lo bajo, irguiéndose lo suficiente para envolver sus brazos alrededor de su estrecha cintura, deslizando sus labios en una serie de mordidas por el valle entre sus pechos, aprisionando uno sus pezones entre sus labios, sintiendo las caderas de Mikoto chocar intensamente contra las suyas al alcanzar el clímax, derramándose él en su interior.

—Tengo a la esposa más hermosa de Konoha— gruñó Fugaku al abandonar su interior y tumbarse a su lado sobre la cama, no sabiendo si agradecer o maldecir su suerte. —No, del mundo— corrigió, envolviendo su brazo alrededor de la cintura de su esposa.

—Y soy tuya— confirmó Mikoto arqueándose contra él. —Dame tu mano— pidió entrelazando su mano libre con la suya y guiándola entre sus piernas. —¿Lo sientes? Es tuyo— días, semanas, meses, no importaba el tiempo que pasara, ella siempre seria suya.

Mikoto siempre lo acusaba a él de ser vocal durante el sexo, por no dejar de suspirar su nombre, por decirle cuanto la deseaba, lo hermosa que era y como no dejaba de pensar en ella…pero Mikoto olvidaba que ella también era habladora durante el sexo y mucho, muy obscena de hecho, si él se había vuelto tan posesivo durante el sexo, se debía en su mayoría a que ella disfrutaba dejándolo tener el control, disfrutaba que él la hiciera sentir suya; situándose tras su esposa, Fugaku analizó su esbelta, menuda y delicada figura, su piel pálida y suave, su cuerpo perfecto, sus caderas y sus pechos…su esposa era hermosa como un sueño. Ella tenía dos orgasmos en su cuenta y Fugaku uno, ambos estaban cansados a su manera, ella más placenteramente y él necesitando un descanso de una misión tan larga, no sabiendo exactamente cuándo volverían a requerirlo, mas sería pronto, pero nada de eso importaba, solo les importaba estar juntos, eso hacía que sus cuerpos palpitaran por todas partes, deseosos de más del placer que acababan de experimentar, no queriendo olvidar que se pertenecían el uno al otro; era difícil expresar lo que sentían con palabras, así que la única forma real de hacerlo era con acciones, esa era la única forma en que amaba un Uchiha. Gimiendo placenteramente, temblando cuando Fugaku le acomodo el cabello por sobre el hombro derecho para dejar al descubierto su nuca y hombro izquierdo, Mikoto lo sintió alinearse en su entrada, ante lo que ella meció sus caderas contra las suyas, no soportando más la anticipación.

Era profundamente erótico, estar allí, la espera haciendo nudos en su estómago y tensando todo su cuerpo mientras Fugaku, lentamente, muy lentamente, se deslizaba dentro de ella, disfrutando cada momento, gruñendo roncamente contra su oído antes de empujar más profundamente dentro de ella y, pese a los dos orgasmos anteriores, Mikoto tuvo que luchar por adaptarse a su tamaño, sintiendo el dolor mezclarse con el placer, golpeando un punto en su interior que la hacía estremecer y decir que si a todo, en tanto él se detenía brevemente hasta tener su aprobación. Fugaku se tomó un momento, abrazando a su esposa por la espalda mientras su miembro estaba en su estrecho interior, rodeándola, a solas y en silencio en aquella habitación, con ella no pudiendo escuchar otra cosa que el latido de su corazón al ritmo del suyo o el eco de su respiración contra su oído, temblando y arqueándose contra él, dándole la señal inequívoca de que estaba lista, ante lo que él se retiró lentamente y embistió con profundidad, teniendo su Sharingan activado sin darse cuenta, queriendo registrar inconscientemente cada detalle del acto amatorio, igual que Mikoto que lo observó por el rabillo del ojo, con su Sharingan. Experimentalmente, Mikoto meció sus caderas al encuentro de las embestidas de su esposo, haciendo que Fugaku gimiera contra su hombro izquierdo, permitiéndole sonreír de satisfacción, entrelazando sus manos contra las suyas y guiándolas para amasar sus pechos, haciendo que el ritmo y profundidad de sus embestidas aumentaran.

La nueva intensidad en el ritmo de sus embestidas hizo que Mikoto jadeara, instándolo a golpear con su miembro aquel punto dentro de ella que la hizo alargar una de sus manos hacía él en un intento por arañarle los hombro, ante lo que Fugaku entrelazó su mano con la suya, gimiendo él mismo a causa del placer que había borrado sus inhibiciones, sujetándola del cuello y haciendo que volviera el rostro en su dirección, fundiéndose en un nuevo beso, exigente, envolviendo sus lenguas una contra la otra, meciendo sus caderas al encuentro de las suyas y sintiendo que la presión crecía entre ambos, el orgasmo gestando rápidamente, al mismo ritmo esta vez. Cuando el beso se rompió por la falta de aire, Mikoto echó la cabeza hacia atrás, abrumada por la sensación de que su esposo la hiciera suya, sentía su deseo insaciable, el firme agarre de las yemas de sus dedos amasando sus pechos y sujetando sus caderas para embestir a un ritmo y profundidad implacable, probablemente le dejaría moretones ante la firmeza con la que sometía, pero nada de ello le importaba, se sentiría orgullosa de esas marcas, porque era su esposa. Hacer el amor, se convirtió en ese momento en algo más animal, Fugaku penetrando en el interior de su esposa y Mikoto gimiendo abnegada mientras él lo hacía, ambos sometidos a sus instintos más básicos, él manteniendo un ritmo despiadado y rápido hasta que fue casi demasiado intenso para ella, al igual que para Fugaku que retuvo sus caderas contra las suyas, en unas embestidas, toscas, imprecisas y enormemente placenteras.

Sintiendo los músculos de Fugaku temblar en medio del cálido abrazo que los unía, Mikoto tuvo mayores razones para sonreír de satisfacción, mordiéndose el labio inferior y buscando atenuar la serie de gritos que buscaban salir de sus labios, mas no lo consiguió, parecía haber encontrado su límite y sentía el clímax más intenso a punto de llegar, por lo que volvió la mirada por sobre su hombro al mismo tiempo que Fugaku reclamaba sus labios con entusiasmo, entre jadeos y gemidos desesperados, envolviendo sus lenguas una contra la otra. En medio del beso, Fugaku envolvió firmemente sus brazos alrededor de Mikoto en un abrazo cálido, derramándose en su interior, rompiendo el beso al mismo tiempo que su esposa soltaba un jadeo ahogado entrelazado con un gemido, remanente del clímax que ella había alcanzado al mismo tiempo que él, frotando sus narices en una especie de quedo beso, entreabriendo los ojos y encontrando sus miradas. Esta vez parecía ser el clímax definitivo para ambos, que permanecieron abrazados a la par que aletargados en brazos del otro, sintiendo que necesitaban simplemente encontrarse uno junto al otro, aun sintiendo los estremecimientos del orgasmo recorrerlos; abandonando el interior de su esposa, Fugaku entrelazó una de sus manos con la de Mikoto, besando el dorso de esta, en tanto su esposa se volteaba para abrazarlo, besándolo una y otra vez, teniendo aquella sonrisa deslumbrante que él tanto amaba de ella, tan relajada y libre, tan genuina. Fugaku se permitió sonreír ladinamente, estaba en casa, ella era su hogar…


PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las siguientes actualizaciones a esa serán: "Kóraka: El Desafío de Eros", luego "Cenicienta de Tordesillas" y por último "Caballeros del Zodiaco", y "Dragon Ball: Guerreros Saiyain" :3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (por apoyarme y ser mi editora personal, no sé que seria de mi sin ella y por lo que le dedico esta historia como todas aquellas desde que somos amigas), a princesse Sarah 94 (agradeciendo que brindara su aprobación a esta historia y dedicándole esta historia por lo mismo), a Yashahime-uchiha32 (apreciando enormemente su aprobación, dedicándole esta historia y esperando poder estar a la altura), a Yi-Jie-san (dedicándole esta historia por su apreciación de mi trabajo) a mi querida amiga DULCECITO311 (agradeciendo sus maravillosos comentarios sobre mi trabajo, dedicándole esta historia y deseándole siempre lo mejor) así como a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos, bendiciones y hasta la próxima.

Regencia & Tradiciones: para muchas de las actitudes, deberes y responsabilidades de Mikoto como Regente dentro del clan Uchiha y que tienen a ser mas nominales que reales, me inspire en el rol de los monarcas en la actualidad, en que parecen tener poder pero que al mismo tiempo no lo tienen, pues vivir entre tanta nobleza, tradiciones y protocolos no parece real, lo que yo imagino implicaba formar parte del clan Uchiha. También aprovecho las responsabilidades de Mikoto como Matriarca y Regente para marcar un contraste, representando como los civiles o clanes fuera del Uchiha viven, representando cuanto han cambiado las cosas para "El Sentir de un Uchiha", como queriendo resaltar cuan diferentes son las realidades de Mikoto y de Sakura, ambas matriarcas del clan, pero con situaciones políticas muy diferentes. Dentro de las tradiciones del clan esta dejar la carrera Shinobi por ser mujer, solo para pasar a convertirse en una ama de casa; en "El Sentir de un Uchiha" destaco como es que Sakura no hizo nada de eso tras casarse con Sasuke y como es que es una de las pocas Kunoichi de su generación que continua activa, teniendo de hecho un cargo muy prestigioso como la Directora del Hospital de Konoha, teniendo mayor relevancia ya que Sasuke crecerá con esas tradiciones y las dejara atrás.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3