Semana 18

Perspectiva de Tsubasa, primera persona.

La semana apenas inicia y ya la siento eterna. Wakabayashi ha ido cediéndome de a poco el rol de capitán del equipo de soccer con la formación de las nacionales. Lo que le dije a Misaki el otro día era verdad: sería mucho más sencillo si Genzo no fuera tan orgulloso para hablar con los muchachos y decirles que se va. Yo podría contárselos, pero no me corresponde, además de que Wakabayashi nos confío el secreto a mí y a Izawa. Ya bastante mal me siento de no haber podido ocultárselo a Misaki el día que me lo preguntó…

—¿Estás bien, Tsubasa?

No esperaba esa interrupción a mis pensamientos, pero no me molesta. De algún modo, me he acostumbrado a la voz de Kumi. Hablamos mucho desde hace un par de meses, me resulta fácil y me siento cómodo. A partir de la primera ocasión en que me ofreció sakuramochi, tomó la costumbre de traerme algo de comer para el receso. Mamá tal vez no estaría de acuerdo si se enterara, ya que me ha enseñado a darle su lugar a las chicas, pero no me pude negar y acepté cada bento que me ofreció.

Es una sensación de calma que no tenía desde que Sanae empezó a cambiar su trato hacia mí; con Kumi no me siento comprometido a corresponderle, y eso es irónico, porque es lo que me motiva a hacerlo. Sólo no siento que estaré obligado a recibir siempre sus postres por aceptarlo una vez. En ocasiones nos quedábamos conversando en los recesos, y otras, aprovechamos los cambios de clase o nos acercábamos al pupitre del otro antes de volver a casa.

Ella ríe mucho cuando está conmigo y a veces me contagia esa risa: suele ser elocuente con sus comentarios. Recuerdo cuando Ishizaki y Kisugi estaban quejándose durante un entrenamiento porque les parecieron demasiadas vueltas para calentar antes del partido de práctica. Wakabayashi estaba ocupado con otra cosa, así que me quedé a cargo y debía lucir serio. Les dije "menos plática y más vueltas", pero Kumi no aguantó las ganas de burlarse. Les gritó que fácilmente los superaría corriendo, pero no había nadie igual para los chismes.

Por supuesto que me hizo gracia la reacción de los chicos al verla carcajeándose mientras ellos "sufrían", pero como yo no podía reírme abiertamente, hice algo mejor: les dije que los haría correr más y que no entrarían al próximo partido si seguían perdiendo el tiempo y la energía de esa manera. No les gustó oír aquello, pero se dieron prisa en terminar sus vueltas. Kumi volvió a reírse y, ya sin nadie que me viera, me sacó una sonrisa a mí también.

—Sí, no pasa nada, Kumi. —Ella hace un gesto de que no me cree—. ¿Por qué la pregunta?

—No te ves realmente bien —Ah, esto es un detalle extra: no sé por qué ella nota cuando no soy del todo honesto—. Pareces muy pensativo. ¿Algo te preocupa?

—No, nada en particular, sólo… —Con cada palabra, sus ojos lucen más y más enfadados. Me rindo—. De acuerdo, hay algunas situaciones.

—Puedes contarme, si quieres —me dice con una voz tan relajada, que casi me convence de que todo está bien.

—¿Segura? Es un poco complicado.

—No tengo problema. Quizás encuentres alguna solución si te ayudo a buscar.

Hasta ahora, no tenía intención de pedir ayuda porque había creído que podía solo con las dichosas situaciones complicadas; no sabía cuánto me hacía falta que me extendieran una mano. Me alegra que sea Kumi quien lo hizo.

—A ver, por dónde comenzamos…

Es así como procedo a convertirme en un gran soplón. Le cuento desde lo más simple hasta lo más delicado: Wakabayashi adelantó su viaje a Alemania y se va apenas termine este periodo, Misugi dijo que ha pasado bastante desde que Sawada ya no se presenta al equipo de football y aparentemente tampoco al de baseball, Matsuyama también me contó que Misaki ha estado decaído en estos días; casualmente coincide con el hecho de que, desde que me preguntó por Wakabayashi, este último no me dirige ni una mirada.

En cambio, Schneider es su única compañía, pero coincido con Misaki en que no se llevan demasiado bien, así que me preocupa hasta dónde puede llegar su aislamiento. Izawa piensa lo mismo: hablaremos con él en esta semana, en cuanto se presente la oportunidad. Y bueno, lo que me tiene cansado desde hace meses…

—Promete que no se lo dirás a nadie. —Ella me mira con ligero reproche.

—Creí que había quedado claro desde el inicio.

—Lo sé, pero esto es aún más personal. No se lo he dicho a nadie. —Kumi levanta las cejas. Es tierna.

—¿A nadie?, ¿ni a tu mamá?

—Ni a mi mamá.

Veo que le brillan los ojos y sus mejillas se encienden. Definitivamente tiene reacciones muy dulces. Da la impresión de ser uno o dos años más joven que los demás. Sé que no va a admitirlo porque está tratando de ser prudente por una vez en su vida, pero en verdad la emociona ser la primera enterarse. Aunque, siendo franco, ya es un secreto a voces incluso si yo no he dicho nada.

—También promete que no vas a enojarte.

—¡Tsubasa! Cuéntame ya qué es. —Su reacción me provoca una risita y ella frunce más el ceño mientras infla los cachetes.

—¡De acuerdo! No tienes que impacientarte. —Alzo las manos en señal de rendición, aunque… Me resulta irresistible hacer un último comentario—: Creí que habías dicho que Ishizaki y Kisugi eran los chismosos.

—¡Tsubasa!

Sé que molestar a una niña no es propio de un chico, menos estando aún en el salón de clases que el profesor a cargo nos prestó para dejar nuestras cosas mientras algunos alumnos iban a sus respectivos clubes y otros nos encargábamos del papeleo correspondiente; pero me siento tan bien en comparación con el resto del día, que no me detengo a comprobar si hay alguien cerca del aula que pueda oírnos, si esta vez Sanae me hizo caso y se fue a casa o si sigue esperándome en la salida de la escuela.

Sólo río muy fuerte, como si no importara nada más. Como lo he estado haciendo desde que frecuento a Kumi. Hasta que algo pasa. Abro los ojos al percibir un par de manos dar un leve tirón a mi camisa, sujetándola para darse impulso o para hacer que me agache. O ambas.

Abro los ojos, pero es tarde. Kumi está delante de mí tal y como la dejé hacía un momento, antes de parpadear, sólo que ahora, avergonzada, más roja y más…

—Lo siento, no quise aprovechar así tu confianza, pero te vi tan contento y yo… no pude evitarlo.

Más linda.

Antes de que alce la cara y vea mi expresión, corto la distancia entre nosotros y la abrazo. Puedo sentir la forma en que su cuerpo se tensa; aun así, no tarda demasiado en acostumbrarse y devolver el abrazo. Lo siguiente son minutos que llegan y se van sin decir palabra, sin soltarnos.

No quiero contarle sobre Sanae. Pensaré en el modo de confesar lo que siento, o más bien, lo que no siento por ella sin involucrar a Kumi. De todas maneras, sé que se va a enterar. Todos van a hacerlo.

Por ahora, sólo quiero quedarme así.