Desaparición

Inuyasha

Una carcajada abandonó mis labios al notar que ella había cortado la llamada. No podía mentir, en el fondo me sentía una basura por estar jugando con Sango de esta manera, pero al mismo tiempo nadie estaba en riesgo de vida o muerte por esto, por ende no debía preocuparme.

Mi sonrisa se borró al recordar las palabras de Miroku.

Por tu descaro e insolencia deberás traerme a Kagome.

¿De verdad iba a hacer una cosa semejante? Y me refería a, ¿de verdad iba a soportar el saber que Kagome iba a realizar el mismo trabajo que yo? y, después de todo, ¿Quién me garantizaba que ella iba a aceptar entrar en esto? si debía ser honesto la realidad era que no me molestaba para nada el hecho de pensar que ella se negaría rotundamente.

Arranqué el auto que había orillado y me dirigí a la empresa en donde, seguramente, mi hermano ya me estaba esperando. Al llegar traté de ingresar sin ser visto por nadie importante, pero él siempre estaba un paso delante de mi.

- Inuyasha. - pronunció en el mismo momento en que tomé la manilla de la puerta.

Suspiré ligeramente y volteé.

- ¿Qué quieres?

Me hizo un ademán con su mano y se adentró en la oficina de nuestro padre, despertando internamente una alarma en mi interior. Sin titubear avancé y, al ingresar, mis ojos se abrieron de par en par.

- Myoga. - pronuncié cerrando la puerta detrás de mi.

- Joven Inuyasha, buenos días. - sus ojos me decían que algo no andaba bien. - Lamento mi llegada tan repentina.

- ¿Qué sucedió? - respondí sin siquiera saludarlo.

- Inuyasha. - mis ojos se encontraron con los de Sesshomaru y me indicó que me calmara. - Myoga, por favor, sigue.

Entonces supe que él ya sabía lo que estaba sucediendo y eso me preocupó aún más.

- Bueno... - comenzó a jugar con sus manos. Los segundos se sentían eternos. - Lamento decirles que... su padre desapareció.

¿Qué?

Aquella pregunta resonó en mi mente, sin embargo no logré articular nada, simplemente me quedé helado.

- ¿Lo buscaron por todo el lugar? - la tranquilidad en la voz de Sesshomaru me perturbaba más.

- Si, de hecho... él se alejó de nosotros.

- ¿Cómo que se alejó? - intervine al fin. - ¿Dónde estaban? ¿Qué estaban haciendo?

- Joven Inuyasha, lo lamento pero su padre nos pidió que no reveláramos nada.

- ¡¿Cómo que no revelen nada?! ¡Me estas diciendo que desapareció y no pueden decir nada!

- ¡Inuyasha! - lo miré. - Myoga, por favor cualquier novedad que tengas sobre su paradero puedes decirme, te agradezco que nos hayas informado. Puedes retirarte.

- Muchas gracias señor. - me miró nuevamente. - Lo siento, amo.

Myoga se retiró mientras yo trataba de procesar todo lo que había escuchado.

- ¡¿Cómo puedes dejarlo ir sin más?! - grité al caer en la situación.

- ¿Y que quieres que haga?

- Sesshomaru. - me quedé anonadado.

- Hermano, ahora más que nunca debemos apegarnos a las órdenes de nuestro padre.

- Sesshomaru, él está desaparecido, ¿comprendes lo que eso significa?

- Por supuesto que lo sé y es por eso que te digo que te apegues a sus órdenes.

- ¿Qué intentas decirme?

- Que nada es casualidad. - se sentó del otro lado del escritorio. - Ahora ve y termina tus proyectos. Me pondré en contacto con la señorita Hitachi para ir mañana a su empresa.

- ¿Hitachi?

- ¿Rin Hitachi? ¿Sango Saoto? Estoy seguro de que ya sabes el nombre de la tercera mujer.

- Oh... no pensé que querías volver tan pronto. - me sonrió ligeramente.

- Dije que debemos mantenernos bajo las órdenes de Taisho, hermano.

- Bien. - suspiré, tratando de relajarme levemente, después de todo si Sesshomaru estaba tranquilo entonces quizás la situación no era tan grabe. - Entonces me retiraré, pero... ¿era con ella que estabas anoche cuando te llamé?

- Sólo sal de mi vista antes de que me arrepienta de ser amable contigo.

Sonreí y regresé sobre mis pasos, saliendo de la oficina de Toga y adentrándome en la mía. Traté de concentrarme en los diseños que sólo me correspondían a mi, sin embargo no lograba conseguirlo.

- Maldición. - restregué mis cienes con mis manos.

La mañana había sido bastante problemática y la intranquilidad de la última noticia no me dejaba en paz. Primero la desaparición de Zero y la advertencia de Kirinmaru a mi padre, luego la ida de mi padre a buscarla y ahora su desaparición.

¿Qué demonios sucede? ¿Acaso estamos siendo víctimas de una emboscada?

- Keh, no comprendo como puede estar tan tranquilo. - gruñí pensando en mi hermano. - Si en verdad vienen por ambos clanes eso significa que, tarde o temprano, nosotros también caeremos.

Y quizás también quienes estén cerca nuestro.

Aquello implicaría que Kikyo y Kagome, las mujeres que más tiempo pasaban conmigo, podrían estar en peligro y a eso debía sumarle la existencia de Bankotsu.

Un nuevo dilema se presentó en mi mente, ¿Qué era lo mejor? ¿Alejarme de ambas o protegerlas? Quizás la idea de alejarse podría ser útil con Kikyo, teniendo en cuenta de que con toda probabilidad Bankotsu se encontraría acosando a Kagome.

- Pero también esta Koga en el medio y su vínculo con ella.

Entonces, ¿debería abocarme a proteger a Kikyo y dejar que Koga se encargue de Kagome?

- Demonios. - me recosté sobre la silla con mi antebrazo cubriendo mis ojos. - Necesito relajarme. - sonreí. - Bien...

Tomé mi celular y le envié un mensaje a quién sería mi visita nocturna.

Kikyo, no olvido que dije que esta noche podías ir a casa. Te estaré esperando.

Envié el texto y volví a concentrarme en mis cosas. Necesitaba despejar mi mente en todo sentido, por ende con toda probabilidad trataría de pasar una buena noche.

El resto de la tarde transcurrió con una tensa calma y normalidad. No salí de la oficina para nada y traté de evitar a toda costa cualquier contacto con mi móvil o mi hermano. No necesitaba nada que me recordara ninguno de los problemas de la mañana.

El reloj marcó las 7:30 y decidí que ya era hora de marcharme, por lo que apagué mi computadora y, al salir, me encontré con aquella desagradable mujer.

- Buenas noches, Inuyasha. - me sonrió mientras continuaba su camino hacía la oficina de Toga.

- Yamamoto. - pronuncié con seriedad, observándola, al mismo tiempo en que la secuencia de la charla con Miroku atravesaba mi mente.

Si, me había hecho el desentendido sobre conocerla y demás, sin embargo sabía perfectamente de quién se trataba, motivo por el que le pregunté al imbécil de mi mejor amigo si realmente estaba seguro de hacer negocios con ella.

Kagura Yamamoto era la media hermana de Bankotsu, pero el motivo por el que Miroku no la conocía era porque, durante el tiempo que compartimos con él en la época feudal, ella se encontraba en otra región, más precisamente en el reino de sus padres. Al perder el contacto con el idiota traidor no sentí la necesidad de hablar sobre ella, aunque siempre se mantuvo cerca y todo debido a que el idiota de mi hermano tenía una extraña obsesión con su persona.

Quizás folla demasiado bien y por eso no quiere soltarla.

Pensé, ingresando al ascensor. Salí del edificio en dirección a mi auto y, sin más, me marché. Durante el trayecto a casa volví a enviarle un mensaje a Kikyo, necesitaba olvidar todo lo más rápido posible.

Llegué a mi departamento y me dirigí al refrigerador en donde tomé la botella de Wisky y comencé a beber sin parar. Pronto mi vista comenzó a nublarse y varios rostros pasaban por mi mente.

Kahori... padre... Kagome.

Kagome.

- Kagome. - murmuré. - ¿Qué estarás haciendo?

Antes de que se me cruzara alguna idiotez, como llamarla o salir a buscarla, el timbre sonó y eso me indicaba que ella al fin había llegado. Sin esperar, fui a abrir.

- Hola amor. - me sonrió.

No podía negarlo, aquella mujer representaba la lujuria en persona y, sin conocerme, parecía saber perfectamente lo que me gustaba o, al menos, lo que me encendía a la hora de hablar de un acto carnal.

Llevaba puesto un vestido rojo, corto y ajustado al cuerpo. Su cabello lacio, extenso hasta sus muslos, caía suavemente sobre su piel blanca.

Perfecta.

- Kikyo. - sonreí, atrayéndola hacía mi al mismo tiempo en que comenzaba a devorar sus labios.

Ella envolvió mi cuello con sus brazos y elevo su pierna, la cuál rápidamente tomé y provoqué que se enredara en mi cintura.

- Alguien estuvo bebiendo.

- Shhh. - mordí su labio inferior. - Tenemos toda la noche para hablar.

- ¿Estas impaciente? - sonrió.

- Contigo siempre. - le devolví la sonrisa mientras me dirigía a la mesa de la sala.

La coloque sobre ella y comencé a besar su cuello con hambre. El calor producido por la bebida se incrementó con el deseo de estar en su interior.

- Inuyasha. - el tono de su voz era algo con lo que me costaba lidiar. - ¿Qué te ocurre?

- Muchas cosas, hermosa. - volví a llevar mis labios a los suyos mientras abría aún más sus piernas y comenzaba a desabotonar mi pantalón.

- ¿No aguantas más?

- Sólo disfruta, mi amor.

Liberé mi miembro y, sin siquiera quitar sus bragas, me adentré en lo más profundo de su ser.

- ¡Inuyasha! - arqueó su espalda.

- Eso preciosa, di mi nombre.

Comencé a penetrarla con fuerza, como a ella le gustaba, mientras observaba el vaivén de sus pechos y el rosado de sus mejillas.

Tan deliciosa como siempre, mi bella Kikyo.

Llevó sus manos hacía atrás, arañando la superficie resbalosa de la mesa. En ese momento elevé más su vestido y rasgue sus bragas, deslice su cuerpo sobre la mesa para que apoyara completamente su espalda en ella mientras profundizaba mis penetraciones.

- Kikyo. - gruñí al sentir aquel cosquilleo en mi vientre bajo.

Clavé mis garras en sus caderas mientras percibía que, al igual que yo, ella estaba próxima a su liberación.

- Más, Inu. - gimió y sentí mi mente estallar.

Si me pide más, más le daré.

Abrí lo más que pude sus piernas y profundicé con todo mi ser, fundiéndome con su cuerpo en todo su esplendor. Continué mis movimientos hasta que su calor me envolvió por completo, entonces supe que ya podía liberar todo el estasis que me consumía.

Un sonoro gruñido resonó en la sala al mismo tempo en que finalicé. Cuando mi respiración se reguló un poco, me encontré con su castaña mirada y sonreí.

- Vaya... eso estuvo muy bien.

- Y sólo fue el comienzo, pequeña. - la tomé por la espalda, elevándola sin salir de su interior mientras me dirigía al cuarto. - Tenemos toda la noche para divertirnos.

Kagome.

Finalmente Sango salió del baño y parecía que estaba al borde del desmayo. Su piel blanca nos dio la pauta de que algo malo le había sucedido.

- Sango. - me puse de pie y me acerqué al notar su mirada perdida. - ¿Estas bien?

Sus ojos se encontraron con los míos y noté que estaba al borde del llanto.

- Sango. - Rin se nos unió. - ¿Qué sucede? - ambas nos miramos y regresamos al vista a ella.

- Yo... - murmuró. - Kag, necesito hablar contigo en privado. Rin, lo siento.

- Oye. - la abrazó. - No te disculpes, pero por favor, sabes que puedes contar conmigo, ¿si?

- Si, Rin, lo sé. - sonrió, cerrando sus ojos.

- Bien, niñas, iré a mi oficina así pueden hablar tranquilas.

- Gracias. - le sonreí y cuando ella se marchó, tomé la mano de Sango, guiándola a mi oficina.

Ingresamos y me senté sobre el escritorio mientras ella se apoyaba en la mesa en la que Inuyasha y yo habíamos revisado los planos la mañana anterior. Esperé unos momentos a que ella se calmara y, cuando sus ojos se enfocaron en los míos, supe que ya podía hablar.

- Te escucho, Sango.

Ella suspiró y desvió la mirada. Cruzó sus brazos y frunció el entrecejo.

- Ese maldito de Inuyasha Taisho.

Mi pecho se apretó al escuchar que pronunció su nombre, ¿acaso verdaderamente había sucedió algo entre ellos e iba a confirmármelo?.

- ¿Qué sucedió con él? - traté de ocultar mi nerviosismo.

- Si quieres puedes sentarte.

- Sango. - mi voz se oyó con mayor seriedad de la que pretendía. - Sólo dime.

Pero, por favor que tus palabras no sean "me lo follé, lo siento mucho"

- Bien. - me respondió entre dientes.

El pequeño silencio que realizó me desesperaba, pero no quería presiónala más de lo que seguramente ya estaba. Un nuevo y ligero suspiro emergió y su mirada se fijó en mi. Lo siguiente que dijo me dejó en shock.

Comenzó a relatarme todo lo sucedido con él, desde la escena que yo había visto ayer en la oficina, su llamada a la noche y lo ocurrido esa misma mañana. Me quedé en silencio mientras los ojos de ella se llenaban de lágrimas y la frustración se apoderaba de su ser.

¿Inuyasha armó un plan y utilizó a Sango sólo para poder estar conmigo?

- Oye... - mi voz salió con un dejo de dificultad. - Déjame ver si entendí bien... ¿él te dijo que hicieras caer a Miroku en una trampa que rompiera las reglas de su empresa?

- Si... ese maldito tiene demasiadas estrategias de manipulación.

- ¿Y tú te follaste a Miroku?

Sus mejillas se encendieron en ese momento.

- ¡¿Y eso que tiene que ver con lo que te dije?!

- Nada. - sonreí a sabiendas de que lo había disfrutado, sus ojos lo decían.

- ¡¿Cómo puedes sólo reparar en ese detalle después de todo lo que te conté?! - gritó. - ¡¿Acaso no te diste cuenta de que él me dijo que tenemos que comenzar a trabajar con ellos o me demandará?!

- ¿Realmente crees que sería capaz de hacer una cosa como esa?

- ¿Qué me estas tratando de decir? - sus labios se separaron ligeramente al mismo tiempo en que sus ojos se abrieron como platos.

- Qué lo más probable es que te esté manipulando, Sango. - crucé mis brazos, sonriendo. - Él no piensa demandarte, sólo quiere que sigas sus órdenes.

- Kag... - comenzó a masajearse las cienes. - ¿Realmente tienes idea de quienes son los Taisho?

- Supongo que sé lo que todos sabemos... son seres extraños.

- Exacto, son personas extrañas y eso se refleja en su empresa, ¡les hacen firmar un contrato de confidencialidad a sus empleados cuando los contratan! ¿Para qué hacer eso si no tienes nada que esconder?

- Bueno, no lo se, pero eso no me confirma que él tuviese la idea de demandarte.

- Vaya, ahora resulta que lo conoces mejor.

- Sango, ¿le tienes miedo? - ella desvió la mirada y, por alguna razón aquella acción me preocupó. - Actúas como si supieras algo que yo no.

- No, no es eso pero prefiero no arriesgarme. - suspiró. - ¿Qué vamos a hacer?

- No te preocupes. - traté de transmitirle un poco de calma. - Yo me encargaré de Inuyasha, prometo que no va a volver a molestarte, ¿de acuerdo?

-¿Estas segura?

- Dices que hizo todo esto para estar cerca de mi, ¿no? - asintió. - Entonces me haré cargo yo de ahora en adelante.

Se quedó observándome con una expresión extraña en su rostro.

- ¿Por qué estas tan tranquila?

- ¿He?

- Toda esta situación esta a punto de volverme loca sin embargo tú ni siquiera te inmutaste.

- Bueno, supongo que yo no tengo el mismo estrés que tú. - mentí.

He pasado demasiadas cosas en la vida como para llorar por cada cosa mala que se atraviesa, eso sin contar la noche anterior.

- Yo hablaré con Inuyasha y, si por esas casualidades, él vuelve a molestarte, me dices a mi.

- Bien, si tú crees que podrás controlar la situación... - descendió de la mesa.

- Oye. - me miró - ¿Qué harás con Miroku?

- Ni siquiera me nombres a ese idiota.

- Pero...

- ¡Ni una palabra! - elevó su dedo sin detenerse. - De más esta decirte que no quiero que esto lo sepa nadie.

- ¿Ni siquiera Rin?

- Ni siquiera ella. - abrió la puerta y desapareció tras ella.

Reí levemente mientras rodeaba el escritorio y me sentaba. En el fondo estaba aliviada por lo que Sango me había comentado, algo bastante inesperado para cualquier persona normal. Se supone que estas situaciones sacarían lo peor de cualquiera.

Pero yo no soy alguien normal.

Mis ojos se posaron en el techo al mismo tiempo en que mi mente procesaba tanta información. ¿Verdaderamente él había causado tanto revuelo sólo para que Miroku lo dejara acercarse a mi?

- Quizás sólo lo hace para tener sexo y ya.

Pero... ¿realmente llegaría tan lejos sólo por eso?

Mi mente era un caos en ese momento, sin embargo lo que más llamaba mi atención era el que la idea de ingresar en el mundo de Inuyasha no me había causado tanto rechazo como se suponía que debía hacerlo.

Si sabes lo que eso significa, ¿verdad?

- Por supuesto que lo se. - le respondí a la voz en mi cabeza.

Ingresar en ese mundo suponía realizar el mismo trabajo que él hacía, amén de mantener una doble vida entre mis días en mi pequeña oficina y las noches de sexo y placer unitario con algún joven de la ciudad.

Y esa idea se me hacía... interesante.

Sonreí a sabiendas de porque no había pegado un grito en el cielo al oír a mi amiga. Mi lado oscuro, ese que vivía en mi interior y salía en aquellas situaciones más alocadas, la misma que había tomado el control de mi vida durante parte de mi relación con Bankotsu, estaba muy tentada con aquella oferta.

Y si eso incluía tener sexo con Inuyasha, la oferta se volvía difícil de rechazar.

Tomé una lapicera y la pose sobre mis labios, recordando nuestro encuentro en el baño de su departamento. La manera en la que sus manos recorrieron mi cuerpo, el agua caliente sobre mi piel, sus labios sobre los mío...

Apreté ligeramente mis piernas y me puse de pie. Era demasiado temprano como para dejar que mi cuerpo tomara decisiones por su propia cuenta.

Salí de la oficina con la intención de prepararme un café y regresar con mis proyectos, pero aquel grito me detuvo.

- ¡Ayame! - gritó Sango. Corrí inmediatamente y me encontré con ambas abrazadas fuertemente. - ¡Al fin diste señales de vida!

- Lo siento mucho. - me miró y sonrió, extendiendo su brazo para que me uniera a su abrazo.

- Ayame. - le devolví la sonrisa y me acerqué, cercándolas a ambas con mis brazos sin dudarlo. - Por fin podemos verte.

- Ay chicas, si supieran lo estresante que es el trabajo.

- Tranquila. - murmuró Sango. - Nosotras ya nos estresamos con esto, no quiero imaginarme lo que es para ti.

En ese momento Rin salió de su oficina.

- Estaba segura de haber escuchado tu voz.

- ¡Mi Rin! - ambas se fundieron en un nuevo abrazo. -Tan hermosa como siempre.

- Lo mismo digo de ti.

- Quería aprovechar mi día libre para venir a visitarlas. - sonrió pícaramente y creo que todas supimos lo que significaba aquel gesto. - Hay una fiesta este fin de semana... y no podemos perdérnosla.

Extra

Koga.

Abrí mis ojos y ella fue mi primer pensamiento. Sus ojos castaños, su sonrisa, su hermoso cabello...

Kagome.

Sonreí al mismo tiempo en que me sentaba en la cama, decidido a comenzar mi día. Pensé en enviarle los buenos días, sin embargo temía quedar como un desesperado.

Aunque en el fondo lo estaba.

Luego de una larga ducha y un ligero desayuno, me coloqué mi uniforme y me dirigí a mi trabajo. La calle estaba repleta de carros, motivo por el cual agradecía profundamente el hecho de vivir cerca de aquella fábrica abandonada. Me gustaba caminar y mucho más si la distancia no era demasiada. Luego de un par de calles, al fin me encontré frente a la casilla en la que estaba mi compañero.

- Hojo. - golpee el vidrio.

- ¿He? - se sobresaltó. - ¿Koga? - miró a su alrededor. - ¿Ya es de día?

A veces me pregunto como pudieron contratar a alguien como este tipo.

Pensé emitiendo un leve suspiro.

- Lo siento, Koga, pero me quedé dormido. - rio, saliendo

- Lo se, pude notarlo, tienes suerte de que no soy un soplón o de lo contrario ya te habrían echado.

- Y es por eso que creo que eres un gran compañero. - sonrió palmeándome la espalda mientras se alejaba.

Idiota.

Ingresé al pequeño espacio y dejé mi mochila, tomé la linterna y me dispuse a revisar la fábrica, después de todo no tenía ni idea de cuanto tiempo había dormido Hojo. Salí de la casilla y me adentré en el desolado lugar.

En mi trabajo como seguridad me habían asignado diversos lugares, sin embargo era la primera vez que me tocaba custodiar una estructura abandonada. Ingresé y el silencio, como cada mañana en la que la revisaba, era ensordecedor. Sólo mis pisadas resonaban acompañadas de su eco mientras que la luz se colaba por la primera plata. Llegué a la escalera que conectaba al sub suelo y lo alumbré levemente. Jamás había descendido a aquella zona, después de todo mi oído era mucho más sensible al de cualquier humano y jamás había escuchado ningún ruido proveniente de aquella zona. Inspeccioné las dos plantas superiores y salí. Todo estaba en su lugar.

Regresé a la pequeña casilla y me senté, tomé mi celular y comencé a ver videos al azar hasta que una llamada entrante apareció en mi pantalla. Respondí e inmediatamente el rostro de Miroku se apoderó del móvil.

- Buenos días, Koga.

- Buenos días, Miroku, ¿Qué sucede? Tú no sueles llamar a estas horas.

- Descuida, no es nada grabe. - sonrió. - Pero necesito que pases luego del trabajo, hay un par de cosas que me gustaría discutir personalmente.

- ¿Y dices que no es nada malo?

- ¿Tienes algo de que preocuparte?

- ¿Acaso parezco preocupado?

- Entonces, te espero.

Cortó sin más y, si debía ser honesto conmigo mismo, si estaba nervioso.

- ¿Se habrá enterado de Kagome? - murmuré.

Quería mantener en secreto el vínculo que me unía con ella, al menos hasta estar seguro de que íbamos a llegar más allá y, sólo en ese momento, me iría de SexPlay, para hacer mi vida pura y exclusivamente a su lado.

Pero si Miroku llegaba a tener algún problema con ello... quizás eso aceleraría mi salida.

Rogaba porque las horas transcurrieran de manera rápida y así quitarme el peso de encima que el maldito me había dejado luego de esa llamada.

Extra

Miroku.

La tarde transcurrió de manera tranquila aunque, por momentos, los flashbacks de mi pequeño encuentro con aquella hermosa mujer me atormentaban.

- Sango. - suspiré, dejando los papeles sobre el escritorio. - ¿Por qué no sales de mi mente, hermosa?

Quizás, si accedes a formar parte de este mundo, podamos tener un mejor contacto.

Sonreí al imaginarme las mil maneras en las que devoraría su cuerpo en cuanto tuviese la oportunidad, amén de asignarle los mejores clientes cuando llegue el momento.

Sólo lo mejor para la mujer más hermosa.

- Supongo que... sería bastante interesante que ella y la señorita Kagome decidieran aceptar todo esto.

Quizás sea bueno negociar con Kagura después de todo.

Antes de que pudiese llevar mis pensamientos más allá, Koga ingresó a la oficina.

- Buenas tardes, ¿no te enseñaron a tocar?

- Como sea, estuve toda la maldita tarde pensando en lo que sea que querías decirme.

Sonreí, acomodándome sobre mi asiento. Disfrutaba demasiado el alterar las mentes de mis empleados, un pequeño gusto culposo que me permitía de vez en cuando.

- Eso significa que hay algo que te esta preocupando, querido amigo.

- El hecho de que, a pesar de tantos años, nadie sepa con que clase de locura saldrás, es preocupante.

- Bien, entonces supongo que seré breve. - apoyé mis codos sobre el escritorio. - Dime, Koga. - sonreí. - ¿Cómo está tu corazón?

Su cara se transformó en ese mismo momento, casi como si su peor pesadilla se hubiese hecho realidad. Si, debía arreglar ese asunto antes de que interfiriera con mi negocio. Sus ojos se desorbitaron levemente y un suspiro salió de sus labios.

- Supongo que no tiene caso mentirte, ¿verdad? - levanté mis cejas a modo de respuesta. - ¿En que momento comenzaste a espiarme?

- En el momento en el que tuviste sexo con esa chica en el estacionamiento del bar.

- Ja, ¿Inuyasha te fue con el chisme?

- Lamento decepcionarte, querido amigo, pero él no está enterado de nada.

- Bueno, eso si me sorprende. - se reclino en la silla. - ¿Qué quieres saber?

- ¿Qué tan serio es?

- Nada serio por el momento.

Sonreí a sabiendas de que estaba mintiendo.

- ¿Entonces por que estás tan desesperado por estar cerca de ella?

- ¿También tienes interferido mi teléfono?

- Eso no es lo que está en juego aquí, Koga.

- ¿A que te refieres?

Al parecer Inuyasha no era el único cautivado por la belleza de la jovencita Higurashi y, si debía ser honesto, mi mejor amigo tenía prioridad en este asunto por lo que me pareció bastante oportuno que Koga se enterara de que yo estaba al tanto de sus visitas, medianamente frecuentes, a la señorita.

Y el hecho de traerla a ella a este mundo facilitaría demasiado las cosas.

- A que es momento que definas tu situación, querido amigo. Es probable que haya un par de cambios en esta empresa en poco tiempo, por lo que necesitaré saber si cuento o no contigo.

- A ver a ver. - su nerviosismo fue evidente. - ¿Me estas diciendo que la presione para que me diga si querrá ser mi novia o no?

- Si ella quiere serlo no sería presión, ¿verdad? - sonreí. - Sólo te sugiero que trates de mantener tu vida personal en orden, tú sabes que las parejas en esta empresa no están permitidas y, por lo que he visto, estas bastante involucrado con esa señorita.

Él frunció el entrecejo ante mi comentario, sin embargo no me respondió.

- ¿Eso era todo? - se puso de pie.

- En realidad no. - abrí el cajón de mi escritorio y tomé aquel volante. - Este sábado habrá una fiesta bastante importante y necesito a mis mejores empleados, es decir, ustedes 3.