Clases de Karate

Las actividades físicas eran de las cosas que Len dominaba... hasta cierto punto. Su destreza en la guitarra y el piano eran inigualables, pero el mayor problema que tenía era con aquellas acividades en donde tenía que manejarse mucha fuerza física. En esas él era incapaz de mantenerse al mismo nivel que otras personas de su misma edad. Incluso desde que era más joven, él pensaba que ese tipo de cosas eran para otra "clase" de personas, un tipo de seres más salvajes, que quizá eran menos evolucionados o quizá simplemente no tenían la delicadeza que él tenía. Por supuesto, todos esos pensamientos murieron cuando vio a su hermana Rin destacando en todas las actividaes en las que él no podía hacerlo. Desde luchas, futbol, baseball, todo el paquete de atletismo... Rin era una atleta nada, de eso no cabía duda.

Por lo tanto, solo era natural que Hanako fuera una atleta igual de profesional.

Ella se lanzaba a las clases de natación, que requerían agilidad y destreza necesarias, pero en cuestiones de Karate, ella era una bomba. Le llamaban incluso el relámpago diminuto, en especial aquellos hombres que eran muy altos para recibir patadas de ella en la parte alta del curpo y que eran demasiado tontos como para defenderse, pues terminaban recibiendo una patada en los genitales.

-Sufre con mi indetenible patada, soy la pies veloces -dijo ella al derribar a su último oponente al dejarlo fuera de combate con una patada en esa zona.

Hanako recibía amonestaciones por eso, pero no siempre pasaban, ya que al final y al cabo, era culpa de esos hombres adultos si no podían ni siquiera detener a una niña pequeña.

Len se reia un poco de eso, pero sabía que era arriesgado para su hia. Eso quería decir casi todo ese deporte:Riesgo, aunque había otro factor y es que no soportaba el olor del sudor de muchos hombres, mujeres y niños de ese Dojo. O menor dicho... no soportaba que su hija estuviera mezclandose con ese tipo de aromas.

Un ejemplo de esto era la forma en la que tenía que entrenar a entrenar, siempre descalza. No había una sola parte del cuerpo de su hija que le causara repulsión, pero en ese dojo tenía que pasar y mezclarse con el sudor de otras personas, y eso siempre hacía que ella oliera diferente hasta que se diera un baño...

-Listo, papá, podemos irnos -decía la pequeña saliendo de la clase, aun con su uniforme puesto más unas zapatillas.

-Ah... cierto, bueno, es hora de volver a casa -dijo Len tomándola de la mano.

Los dos caminaron con tranquilidad por la vereda que los llevaba de vuelta a su casa, el aire era fresco pero Hanako no ocupaba de ropa extra para cubrirse, más allá del chaleco de su padre que ella llevaba puesta en los hombros.

-Bueno, creo que mamá hará de comer hoy, pero no creo que sea tan mala si Haru le ayuda -decía ella recordando las veces en las que se había enfermado por culpa del extraño talento culinario de su madre para convertir buenos ingredientes en bombas tóxicas-. Además, siempre nos ayuda un poco nuestra comida secreta -dijo la chica con una sonrisa.

Len iba demasiado distraido para recordar que habían acordado tener un pequeño refrigerio de "novios" antes de llegar a la casa, y de hecho eso iba a ocurrir en el parque, antes de volver a la casa.

-Ah... cierto, lo lamento -dijo Len admitiendo que no había prestado mucha atención.

Hanako se sintió un poco molesta, sosteniendo más la mano de su padre, pero a la vez empezando a sentirse culpable, tratando de idear la forma de decirlo.

-Dime, papá... ¿Te parece que me veo muy mal cuando voy a clases de Karate? -dijo ella para verlo detenerse de pronto-. ¿Piensas que eso me hace ver menos femenina o algo así? -dijo completamente sonrojada mientras su padre volvía a verla.

-¡Claro que no! Incluso si no es una actividad muy femenina, en ti se ve muy bien... -dijo él rápidamente en lo que trataba de tranquilizarla, pues su pequeña hija se ponía más triste.

-Sé que lo dices solo para que no me ponga triste, pero debe ser muy obvio, ahora que soy tu novia, no te gusta una chica tan agresiva... -se decepcionó de si misma mientras que se giraba de con su padre.

-Hanako... -Len la tomó de la muñeca acercándola a si mismo-. Te lo digo en serio, eres la novia más tierna y femenina que jamás he tenido -Y luego de decir esto, besó los labios de su hija.

Fue uno de esos besos apasioados en donde los labios se unen como por magnetismo general, y las leguas se cruzan caminos a los pocos segundos, y se prolonga solo por el deseo de no quedar mal ante la otra persona. Len seguía sintiendo que los labios de su hija eran un poco inexpertos, pero siguió frotando su lengua contra ella, y ella movía su lengua de forma instintiva, en eso si era bastante buena, en hacer bailes y círculos co su lengua.

A Len le excitaba tanto ese pequeño movimiento que ella hacía, era un tipo de juego que los dos jugaban, era comos si hicieran el amor con esas sensaciones que los dos se transmirían. Unas cuantas personas que pasaban comentaban un par de cosas de cómo se veía raro que un hombre adulto besara a una niña de esa forma, pero los trataron de ignorar, pese a que algunos dedujeron correctamente (aparentemente) que quizá era un papá con su hija.

-Ah... Hanako... -dijo Len al separarse del beso, sintiendo la saliva de su hija entre sus labios.

-Papito... -dijo ella, respirando con fuerza-. Jeje... gracias por el beso... pero creo que es raro que nos vean aqui besándonos -dijo mientras se fijaba que aun un par de personas los veían.

-Es cierto... -Len miró a su alrededor y encontró un espacio de bancas alejado de la vereda principal, entre unos arbustos-. ¿Te gustaría ir a un lugar más privado?

Los ojos de Hanako se abrieron de par en par y sus mejillas se enrojecieron un montón.

-C-claro que si... suena muy excitante... -contestó ella mientras sentía su corazón acelerarse a más no poder, iba a ser parte de esas parejas que hacen el amor en los parques públicos.

Len sonrio y la llevó con cuidado a la parte en donde había la menor cantidad de gente posible, no sentándose en una banca sino en mitad de unos arbustos. En ese lugar, comenzó a explicarle a su hija.

-Verás... lo cierto es que me encanta tu aroma, Hanako... y cada vez que estas en esas prácticas siento que tu aroma se mezcla demasiado con el de otras personas... ¡No digo que hagas algo malo! Pero el solo hecho de estar rodeado de un montón de sujetos que producen sudor y hormonas mientras hacen ejercicio... -pero conforme Len explicaba, su pequeña hija solo abría los ojos más y más, para luego sonreír.

-Jeje... papi, de verdad te excita mi olor... -dijo ella sintiendose halagada.

-Bueno... si, un poco -admitió él, el aroma de su hija era parte el su encanto que lo había hecho sucumbir.

-Tu aroma también me excita -dijo ella olfateando la chaqueta que su padre le había puesto en los hombros.

-¿De verdad? -Len se sonrojó al escuchar eso.

-Si... de hecho, antes de declarar mi amor por ti, me llegué a tocar un par de veces mientras olfateaba tus camisas -admitió con una sonrisa traviesa.

-¡Hanako! -dijo Len sorprendido y con un sonrojo sobre toda su cara.

-Pero dime... ¿Que aroma te gusta más de mi cuerpo? -dijo ella empezando a descubrir un poco tus hombros y parte de su pecho por debajo de su uniforme.

-Ciertamente, creo que es todo tu cuerpo el que me fascina -dijo Len desviando la mirada, esperando a que ningún curioso los fuera a mirar.

-¿De verdad? ¿Incluso el aroma de mis pies? -Hanako que quitó las zapatillas, enseñandole sus pies, y acercándo uno de ellos a su cara.

Se cubrió la boca con una amplia sonrisa, viendo como su papá se tentaba lentamente a olfatearla. Len se resistió un poco, los pies de su hija ciertamente tenían un aroma fuerte, un poco fétido, pero no eran demasiado en comparación del aroma natural de ella que se dejaba oler entre el sudor y la sucidad aparente. no obstante, Len notó que ya no estaban sucios por el entrenamiento, de seguro ella los había lavado un poco antes de salir de la clase.

No le dio más vueltas al asunto, besó la punta de los dedos de forma delicada, Hanako sonrió ante esto, se sentía adorable, pero no se esperaba lo que pasó después. Len sujetó mejor el tobillo del pie de su hija, acercándolo a su boca, metiendo los tres dedos frontales dentro de su boca, provocando que la chica gimiera. Procedió a seguir lamiendo la planta del pie de la chica, pasando su lengua de arriba a abajo.

-Eh-eh espera, papá...-Dijo Hanako como queriendo apartar su pie de la cara de su padre, pero resistiendose, pues aquello se sentía demasiado bien-. No pensé que se sentiría así... pensé que solo me daría cosquillas -dijo ella avergonzada, su respiración se aceleraba y su cuerpo entero se ponía más y más caliente.

El colmo llegó cuando Len tomó su otro pie y los frotó los dos contra su cara, como si deseara impregnarse del aroma de su hija. Ella sentía un tipo de cosquilla que le recorría los dos pies, pero la situación, la sensualidad con la que su papá le besaba, le lamía y le acariciaba los pies era tan sensual que no podía evitar gemir con pasión y deseo mientras se retorcía. Era como complacerlo, pero a la vez sentía que él la complacía a ella, y con algo tan sencillo como tocar sus pies.

Para cuando Len terminó, miró a Hanako, ella estaba sudada y con la cara sonrojada, se tocaba en su entrepierna y parecía que se había despeinado mucho.

-O-oye... hija... ¿tuviste un orgasmo? -preguntó Len un poco preocupado de haber provocado otra cosa en ella.

-C-creo que si... -dijo ella un poco apenada, volteando la mirada, solo para sentir luego algo caliente frotandose entre las plantas de sus pies.

-Hija... ah -dijo Len con voz temblorosa mientras sujetaba su pene y lo frotoaba entre las plantas de los pies de su hija-. ¿Me puedes ayudar?

Hanakó miró la cara de su padre, se veía sonrojado, un poco desesperado y sudoroso, y sostenía su enorme pene contra los pies de ella.

-Eh... está bien, papá -dijo ella, viendo como su padre se sentaba.

-Presionalo un poco... -le pidió él, permitiendo que ella aplicara algo de presion con la planta de su pie sobre todo el pene.

Escuchó como Len gemía con cada pequeño movimiento de vaivén que el pie describía sobre su pene. Ella misma se sentía cada vez más caliente y más nerviosa con el asunto. No podía creer que estaba en mitar de un parque público masturbando a su padre con sus pies, usando todavía el traje de su clase de karate.

Era una de las cosas más excitantes que hubiera hecho en su vida. No podía evitar meter sus dedos dentro de su ropa interior y masturbarse un poco mientras lo hacía. El aparato reproductor de su padre era grande y caiente y lleno de venas y se sentía suave y duro a la vez. Se sonrojaba más aun cuando sentía el fluido preseminal llenando sus deditos.

Len sujetó sus tobillos y colocó su pene directamente entre las plantas de los pies de la chica, moviendolos a toda velocidad.

-Ah, papá... esto es muy extremo...

Pero apenas hubiera dicho "papá", Len eyaculó entre sus dedos, saltando un poco más del espeso semen directamente sobre el pantalón del uniforme de su hija.

Hanako la miró con sorpresa a su padre. Y lo había hecho eyacular, en varias ocaciones, pero esa era completamente nueva... de hecho, nunca había visto que su padre eyaculara por algo tan sencillo. De seguro era una clase de interruptor especial para él.

-Vaya... de verdad estás emocionado... -dijo la niña mientras movía su pie y veía el semen escurrir. En un acto de flexibilidad con sus piernas, Hanako atrajo su propio pie hasta su boca, solo para lamer el semen. Aquella flexibilidad le dio una pequeña idea a Len.

-Hanako... ¿Que tal si... te colocas contra el arbol? -dijo Len como una sugerencia, volviendo a recobrar el ánimo en su miembro.

-Jeje, creo que sé lo que deseas hacer -se puso contra el arbol, sosteniendose con las dos manos, bajando primero su pantaón del uniforme y su pequeña truza deportiva-. Muy bien, esto lo he estado practicando en mi habitación-. Dijo en lo que levantaba una de sus dos piernas.

Con esfuerzo comenzó a levantar esa pierna, separándola por completo, dejando sus dos muslos en un ángulo de 180° de apertura, deándo ver su intimidad a su padre y sonriendo.

-¿Lo ves? En el karate también he aprendido esto -dijo ella mientras simulaba tirar una patada.

Len sonrió, pero hasta Hanako sabía que no era para hacer ejercicio. Permitió que su padre la levantara un poco, pudiendo colocar una de sus piernas sobre su hombro, empezando a penetrarla. Volver a sentir su miembro duro y grande dentro de ella era un gozo completo, era como si deshiciera todo el estres y la fatiga de la clase de karate, y tenerlo de esa manera era más excitante aun, en mitad del bosque, como si fuera una caperucita siendo devorada por el lobo.

-Ah... Hanako, de esta forma te ves tan seductora -decía Len mientras la sostenía por la cintura, aplicando un mete-saca casi mecánico con el cual sus caderas eran como un resorte que impulsaba un martillo mecánico que penetraba constantemente en su hija. El sonido del sexo, de los golpes de las pieles y de los gemidos, fue capaz de atraer curiosis que se fueron rápidamente al descubrir que eran una pareja. Afortunadamente no indagaron en sus edades o parentezcos.

Simplemente siguiero, Hanako colocándose contra el trongo mientras Len le daba todo lo que ella deseaba y más, mirándose a los ojos, colgándose ella de sus caderas usando sus piernas como una pinza, mirándolo a los ojos.

-Papá... puedes... correrte dentro... -dijo ella, pero era un ruego, una petición que quería volver a sentir su cálido semen dentro de ella.

-Claro que si, hija mia, todo para ti -dijo mientras le besaba los labios de su pequeña-. Recibelo todo, Hanako, es lo que más te gusta... -dijo él en lo que se movía a toda velocidad, Hanako demostrando su agilidad al mover sus caderas a la par de él.

-¡Papi! ¡Papi! -gritó ella mientras lo sentía correrse dentro de ella.

Los dos terminaron tan sudados que tendrían que darse un baño después.


Estaban comiendo en la acera, habían comprado patatas fritas y estaban esperado a terminar para poder volver a la casa sin que Rin se diera cuenta de que habían almorazado otra cosa.

-Dime, papá -preguntaba Hanako mientras metía una larga patata en su boca-. Después de todo lo que hacemos... y espero no ofenderte con esta pregunta -dijo mientras empezaba a comer una de las orillas de la patata-. ¿Todavía te queda fuerza para poder... "complacerla?

Pero antes de contestar, Len se acercó a ella, tomando la otra orilla de la patata y comenzando a comerla, acercándose a su hija lentamente, hasta besar sus labios y quitarle el resto de la patata de la boca. Aquello provocó que ella se sonrojara demasiado.

-Mmmmm seré sincero, ya que ahora eres mi novia -diji Len mientras acariciaba el cabello de su hija para sonreir por lo roja que estaba su mirada-. La verdad es que tu madre y yo... pasamos ya de la época de las "lunas de miel" -admitió con pezades.

-Espera... ¿A que te refieres? -preguntó su hija, terminando las últimas papas.

-Bueno, es algo normal en las relaciones, siempre que dos personas están juntas, hay un periodo de novedad en el cual las parejas hacen de todo, porque todo se siente como algo nuevo, algo inovador, y después de ese periodo... bueno, las cosas se vuelven más tranquilas -dijo sin mucha profundidad.

-Espera... ¿Cómo es eso? ¿No se supone que las parejas que siempre están como conejos siguen siendo así? -dijo ella haciendo un movimiento obseno con sus manos como de una cosa penetrando a la otra.

-No tanto así... hay muchas parejas que son sexualmente activas, pero hasta muchas de esas se cansan, a menos de que traten constatemete de revivir el fuego pasional -decía él en lo que caminaban juntos-. Lo cierto es que es algo normal, y está bien, porque hay relaciones que de verdad duran más que eso.

-¿Entonces que pasa cuando la magia del sexo se termina? -preguntó ella.

-Bueno... siendo sinceros, es el momento en el que otras cosas tienen que mantener a las personas unidas -explicó él-. A veces es un proyecto el que mantiene las cosas jutas, a veces es una familia, los hijos... cosas así, es por eso que hay parejas que aun con todo el esfuerzo del mundo no pueden mantenerse juntas -dijo él mientras miraba a su hija con una cara de desconcierto.

-¿Eso nos va a pasar? -dijo ella sintiendo como si su corazón se fuera a romper.

-¡No! No creo que eso nos pase... después de todo, te amo bastante, y sé que tenemos mucho en común -dijo mientras su hija le tomaba la mano y apretaba bien el agarre.

-Yo también te amo mucho... ¿Eso no es suficiente? -dijo ella más triste aun.

-No digo eso... pero recurda que también soy tu padre, en ese sentido nunca dejaré de amarte, incluso si luego de todo esto, tú decides que quieres amar a alguien más... yo lo entendería -aquello sonaba como una fuerte sentencia.

Ninguno de los dos sabía lo que pasaría a futuro, y mucho menos decir que toda esa relación se volviera algo más que una excitante escapada para tener sexo. Hanako miró su mano con la de su padre, él llevaba el anillo de bodas, y ella ninguno. Comenzó a pensar, y ya casi llegando a la casa se puso a hablar.

-Sabes... la edad de concentimiento en japón es de 13 años -dijo ella de pronto.

-¿A que te refieres? -dijo Len mientras daban una vuelta, ya cerca de su casa.

-Si, me refier a que... ya casi es mi cumpleaños, significa que podrías tener sexo conmigo de forma legal -propuso decir, es una edad en donde se requiere del consentimiento de los padres y pues... en eso no tenemos problemas -comentó ella con una sonrisa.

-¿Por qué dices eso? Sabes que podría ir a la carcel por Grooming si es que se supiera de forma pública.

-¡Eso ya lo sé! -insistió Hanako-. Pero si... por ejemplo... se llegara a saber, no habría condena tan fuerte como si fuera en otras situaciones, en especial por el asunto del incesto... o por ejemplo... con un embarazo

Len se detuvo de golpe, estaba por abrir la puerta de su casa cuando escuchó eso, casi cayéndosele las llaves.

-P-pero... te has estado tomando las pastillas anticonceptivas... ¿Verdad? -no podía hablar muy fuerte, tenía que mantener la calma, estaban cerca de la casa.

-Claro que si... -diji ella rápidamente-. pero por si llegara a pasar un accidente, después de que cumpla 13 años... sabes que no hay tanto problema... -ni siquiera ella sonaba demasiado convencida ahora.

-Hanako... -dijo Len mientras suspiraba-. Ya lo hemos hablado... -Antes de abrir la puerta acarició el cabello de su hija-. De verdad me gustaría que las cosas fueran tan fáciles... pero ahora mismo no quiero que te preocupes por eso. Ahora mismo quiero que disfrutes tu juventud, que disfrtes como te sientes al estar enamorada, que disfrutes tus talentos, tus conocimientos, todo lo que haces...

Hanako miró a su padre, acariciando su mano, había tanta gentileza en sus palabras que no pudo ignorar lo que trataba de transmitirle.

-Está bien, papá... por ti... -dijo ahora con una sonrisa.

Len entró a la casa con ellos, ambos comieron tranquilamente ese día.

Fin del capítulo 18.