Advertencia: mencion de suicidio o intento de suicidio.
—¡Usted lo dijo! ¡Dijo que estaría bien!
Meiling trataba de detenerla pero se abalanzó contra el doctor con una fuerza que no sabía de dónde había salido. Sintió brazos más fuertes que los de su amiga tratando de hacer que lo soltara pero no era ella, estaba fuera de sí.
—Señora, entienda. Un embolismo es algo que pasa de repente. No hay manera de prevenir o saber… —el pobre doctor trataba de implorar con ella.
—¡Estoy sola! ¡Estoy completamente sola por su culpa!
De repente algo se apagó dentro de ella. Sola. Su esposo… su hijo… su pequeño de tan solo 3 años ya no existía. Se lo había arrebatado un conductor ebrio. Su esposo había muerto después de su operación. La desesperación que sentía era indescriptible. Noto el arma del guardia de seguridad y la tomo. Todos se congelaron.
—Sakura… —escuchó decir a Meiling. —Sakura baja eso. No vayas a cometer una estupidez.
—No lo entiendes Meiling. Yo tengo que ir con ellos. Con ellos estaré bien, —puso el arma en su temple. —Ahí va mamá, Yue.
Pero todo se puso negro sin siquiera haber apretado el gatillo.
—¿Cómo qué carajos hago aquí? Llevo tres años sin saber de ti. Podrías estar muerta y yo ni enterado, —respondió el hombre de cabello castaño frente a mí; su preocupación ahora convertida en molestia.
—¡Pues no lo estoy! ¡No me dejaron! ¡Ahora lárgate de mi casa o mi perro te ataca!
Al verme tan alterada, Kero se puso tenso y miró al intruso con cierta agresividad. Kero no era agresivo, pero estaba poniendo muy buena actuación.
—Claro, tu muñeco de peluche me da mucho miedo, —dijo sarcásticamente. —Por favor, Sakura. Tenemos que hablar. No dejaré que te vayas sin que lo hayamos hecho.
—Pues tengo un gas pimienta que dice lo contrario, —dije sacando lo mencionado de mi bolso y apuntando con él. —Largo.
El suspiro y se alejó de mí yendo a un carro que no había notado durante mi ataque de pánico. Parecía ser un carro de renta. No le puse atención, me encamine a mi casa con Kero detrás de mí.
—Buenas noches, Sakura, —lo escuché llamar antes de que entrara a mi casa.
—Maldición, Syaoran, —suspire.
—Demonios Meiling, podrías haber insistido, —dije desesperada.
—Si, Sakura. Porque tu no sabes lo que es ser necia, —casi podía verla rodar sus ojos.
—No puedo creer que esté aquí, —suspiré aventándome sobre la cama. Kero pensó que era momento de dormir porque se echó sobre mí dejándome sin aire.
—Sakura… se que no quieres escuchar esto pero ustedes tienen una larga historia juntos. Creo que sería bueno que hablaran. Fue tu mejor amigo por mucho tiempo.
—Si, hasta que trato a mi familia como algo reemplazable.
—No fue lo que quiso decir, tu sabes que no es santo de mi devoción después de lo que paso pero se que el no diria eso..
Odiaba cuando tenía razón. Pero no admitiría que la tenía. No podía perdonarlo.
—Por cierto, ¿que tal la cita? —agradecia que cambiara de tema.
—Estuvo bien, —dije sintiendo mi corazón acelerarse un poco.
—¿Eso es todo? ¿Me dejaras sin información solo porque no te dije lo de Syaoran? Cosa que, si mal no recuerdo, tu no me dejaste hacer.
—Está bien, está bien. Pero mete a Tomoyo a la llamada. No quiero contarlo dos veces.
Esa llamada fue como estar en la universidad de nuevo. No había salido mucho en la preparatoria, y tampoco durante mis primeros años de universidad pero siempre teníamos llamadas así cuando ellas salían con alguien. Aún recordaba el caos que se provocó cuando salí con Yukito por primera vez. Ellas no creían que yo tuviera una cita por lo que las deje en la oscuridad al respecto. Mi teléfono seguía sonando con llamadas preocupadas de mis compañeras de apartamento preguntando donde estaba. No fue hasta que subí una foto en ese momento a redes sociales que el chat explotó. Yukito no dejaba de reír con cada mensaje.
El agujero en mi pecho tomó fuerza pero hice mi técnica y tenía a Kero cerca.
—Pues él acaba de hablar con Kenji y dijo que estaba muy intrigado contigo. Dijo que le gustas, —admitió Tomoyo.
Sentí que me sonrojaba de nuevo. Era una sensación familiar y extraña al mismo tiempo.
—Tenía tiempo que no hacíamos esto, —noto Tomoyo. —Lo extrañaba. Deberíamos juntarnos solo las tres. Que nuestros maridos se queden con los niños.
—No se preocupen, el mio ya se está encargando de eso, —dije sin pensar.
Hubo un silencio sepulcral y entonces… risas. Carcajadas. No lo podía creer.
—Sakura, no puedes seguir haciendo eso,— dijo Meiling entre risas y lágrimas. —No podemos ser tan compasivos.
—Me alegra que al fin entiendan que son chistes y no me traten como si estuviera defectuosa. Lo detesto.
—Lo entendemos Sakura, —dijo Tomoyo recuperando el aliento. —Gracias por decirnos. Estamos aquí para ti. Siempre.
—Siempre, —agregó Meiling.
—Siempre, —conclui. Era nuestra promesa. —Tomoyo, adivina quien se apareció en mi puerta.
—El primo de Meiling, —dijo Tomoyo.
—¿Acaso todos sabían? —casi grite en el teléfono.
—¡Tú no querías saber! —gritaron ambas al mismo tiempo sobresaltado a Kero.
Después de colgar me quedé acostada sin cambiarme con Kero encima. Debería agarrar mi pijama pero no tenía ánimos. Mis zapatos lastimaban mis pies pero no importaba. Él había estado ahí. Después de 10 largos años lo había visto de nuevo. Se veía más maduro, se veía como un hombre. Sus ojos ambarinos eran los mismos de siempre. Los recordaba justo como el día que los había visto por última vez. En el restaurante. Nuestra relación se había arreglado un poco después de ese día pero terminó de romperse el día del funeral. Y ahora él estaba ahí.
Eso era malo. Era peligroso. Tenía que irse. No podía verlo. No podía dejarlo entrar. Y ahora no había nada de por medio mas que mi rencor, y no sabia cuanto aguantaria.
—¿Qué hago, Kero?
Kero me miró como si estuviera recriminando que lo mantuviera despierto. Decidí quedarme ahí y no preocuparme por mi ropa. Mañana sería un nuevo día. Sería un mejor día en el trabajo. Quizás hablaría con Daisuke un rato. Y evitará a Li Syaoran lo más posible.
