Advertencias
Los personajes, salvo excepciones, no me pertenecen
La historia contiene escenas explicitas de sexo, violencia y lenguaje soez.
NO soy escritora, esto es por diversión, estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.
No todos sale de mi imaginación, con lo que es posible hallar diálogos, escenas, etc inspiradas o tomadas de la serie u otros lugares. Igualmente, el hilo argumental de la historia coincide con algunas cosas de la serie, pero otras son modificadas o inventadas.
Capítulo 19
Sookie y Lil habían terminado su turno en el Merlotte, con lo cual fueron a recoger sus bolsos del despacho de Sam, encontrándose en el lugar.
-¿Entonces todo va bien? Apenas hemos podido hablar después de lo de anoche.
La morena se colgó el bolso negro y miró a la rubia a los ojos.
-Sí, me desperté y Madeleine me contó lo que te he dicho. Después de un rato me fui. No pasó nada más. –Mintió la joven con una leve sonrisa, bloqueando con todas sus fuerzas sus pensamientos. No quería hablar de nada relacionado con Eric. -¿Tú estás bien, verdad? Ya te lo he dicho, pero de verdad siento lo que hice, irme sin avisarte, pero me entró el pánico después de toda la charla y lo que pasó.
-Tranquila, Lil. Todo está bien, no pasa nada. Ahora ve a ver a Madeleine y empápate de todo lo que te diga. Ojalá ella entienda algo en esas cartas. Y por favor, si pasa algo no dudes en llamarme aunque sea ya tarde, ¿vale?
Lil abrazó fugazmente a la rubia con una tierna sonrisa por su preocupación, para después asentir y decirle que no se preocupara, saliendo del despacho directa a su furgoneta mientras tomaba aire para prepararse.
El vehículo de la camarera se detuvo casi una hora después delante de la casa de Madeleine, justo cuando el sol casi se había ocultado. Se sentía bastante nerviosa, pero aplacó el miedo y salió del coche cogiendo el bolso con firmeza.
-Hola, cielo. Pasa. –Saludó la rubia cuando abrió al puerta, adentrándola suavemente con su mano. –Siéntate en el sofá, por favor. ¿Has estado bien desde anoche? ¿Has sentido debilidad?
-No, estoy bien 100 por 100. Gracias, por todo, Madeleine.
-De nada, lo hago con gusto –agregó la mujer tomando asiento a su lado, sonriéndola-. ¿Quieres que empecemos viendo esas cartas?
-Sí, claro. Aquí están.
Lil sacó de su bolso un sobre donde las había metido, sacando las 4 cartas con cuidado, pasándoselas después. Mientras Madeleine las miraba por primera vez, Lil intervino un instante.
-Las cartas las escribió mi abuelo paterno, Kvothe, a mi abuela Denna, la bruja. Él habla como si se hubiera ido muy lejos por algo que era urgente de resolver, pero que sepamos, mi abuelo nunca fue a ninguna guerra, o nunca tuvo que ausentarse tantos meses como dice en las cartas. Él murió cuando yo tenía 10 años, y le encantaba contar historias y batallitas, pero nunca dijo nada.
La bruja asintió mientras leía aquellos legajos, observando que Lil se acercaba para volver a releerlas al mismo tiempo, esperando a que ella hablara o viera algo.
-Joder, Lil. Creo que sé de qué hablan tus abuelos. –Susurró la mujer mientras leía la última carta, haciendo que la morena se revolviera inquieta ante aquella revelación.
-¿En serio? Dímelo, por favor.
-No estoy 100 por 100 segura, pero hay un nombre aquí que conozco. Es famoso para las brujas. Earl. Earl era un príncipe hada, y fue encerrado por un poderosísimo aquelarre de brujas después de la guerra que hubo entre hadas y vampiros, hace como 50 años. Por lo que dice tu abuelo, Earl se escapó de su prisión y fue a buscarlo.
-Joder, si mi abuelo fue a buscarlo y sabía de todo ese rollo, quizás tenía relación con las hadas. –Susurró Lil mientras seguía mirando la carta.
-O quizás era un hada, incluso, cielo. Sookie puede ayudarte con esto, quizás sus parientes hadas tengan respuestas. Está claro que deben hablar de esa guerra, y creo que tu abuela pertenecía a ese aquelarre que te he mencionado. A las brujas de Trasmoz, que se remontan a un linaje muy antiguo del norte de la península Ibérica, y acabaron emigrando a América para salvarse de la persecución al ser descubiertas.
-¿Qué? Mi abuela nació en Nueva Orleans, y sus padres también hasta donde sé. Igualmente, que supiera todo tendría sentido, mi abuelo se lo contaría, pero ella o su familia no tuvo porque intervenir en esa guerra. –Respondió Lil con reticencia, sintiendo miedo ante tantos datos.
-Podría ser, pero también podría ser lo que yo te digo. Que fuera del aquelarre de Trasmoz tendría sentido y podría explicar que anoche no murieras y fueras capaz de ejercer ese poder sin tener idea de usarlo, niña. Una medio bruja no podría hacer eso sin un gran entrenamiento.
La morena se puso de pie, agobiada, y con la adrenalina subiéndole ante todo aquello, pero trató de tranquilizarse soltando el aire con un soplido, empezando a pasearse por el salón, tratando de pensar y encajar piezas de aquel puzzle.
-Vale, lo pillo. Mis genes de bruja son la hostia, y todo lo que me estás diciendo podría ser, lo acepto. Pero necesito saberlo de verdad, Madeleine, y no sé cómo coño hacerlo, pero tengo que saber exactamente la verdad.
La mayor inspiró y entendió su ansiedad de información, levantándose para cogerla de los hombros y mirarla.
-Con lo de las hadas no tengo recursos, pero si podría ayudarte con lo de tu abuela, aunque es un poco fuerte y podría no resultar.
-Dímelo, no me importa si puede valer.
-Podríamos contactar con ella. Hacerla venir del mundo de los espíritus y que tú misma le preguntaras. Conozco a un médium que puede ayudarme a contactar.
Lil no pudo dar crédito a lo que oía, lo cual se reflejó en sus ojos desmesuradamente abiertos por un segundo, y el miedo que rezumaba de su ojos, pero se obligó a hablar cuando fue capaz.
-Joder...Sí, hagámoslo. Tengo que saber la verdad, Madeleine.
-Vale, hablaré con mi amigo y te diré lo que me cuente. Tú habla con Sookie y ocúpate de la parte de las hadas. ¿Quieres aún que empecemos con las lecciones de brujería, cielo? Estás algo pálida.
-Sí, sí estoy bien. Dame sólo un par de minutos. –Agregó volviendo a sentarse, echándole una mirada a las cartas que reposaban sobre la mesa, lo cual la hizo tomar una profunda inhalación, pensando que aquello era de locos, sintiendo a la vez el cosquilleo del miedo al pensar que lo dicho por la bruja, podría ser la verdad.
Lil salió de la casa de Madeleine casi a las doce y media. Había estado allí varias horas, y apenas le habían parecido una con tantas emociones y cosas nuevas, que ahora le abotargaban la cabeza, pero que a la vez la hacían sentirse un poco mejor al estar cerca de entenderse y conocerse mejor, así como de su pasado.
La chica emprendió el viaje de vuelta en su camioneta vieja, siendo incapaz de poner la radio con todo el barullo dentro de su cerebro, lo cual le pareció demasiado ruido como para poner algo de fondo.
Una vez tomada la carretera que la llevaba hasta Bon Temps, condujo de forma automática, con la cabeza en todos los asuntos mágicos hasta que algo cayó abruptamente sobre el techo del vehículo, haciéndola gritar y frenar en seco.
El corazón de Lil latía a mil por hora, pero sus músculos no le respondía como para salir, cosa que tampoco consideraba buena idea, así que se mantuvo quieta observando alrededor, hasta que arrancó de nuevo y se puso en marcha rápido, abriendo sus sentidos más que nunca. Pronto empezó a escuchar las emociones de alguien; Diversión, maldad.
Lil aceleró ante aquello que empezó a sentir, siendo capaz de captar un pensamiento nítido de aquel ser que mencionó su nombre. Sabía quién era, pero no pudo reaccionar cuando de pronto apareció su ex en la carretera, haciendo que frenara en seco a la par que dio un fuerte volantazo de forma instintiva.
Los gritos de la camarera cesaron en cuanto su coche chocó frontalmente contra un árbol, haciendo que se golpeara la frente contra el volante. De inmediato se sintió mareada y notó la sangre chorrear de una de sus cejas, pero el miedo hizo que se espabilara y saliera del coche.
La joven empezó a caminar todo lo rápido que pudo alejándose del lugar del siniestro, no sabiendo en realidad hacia dónde iba, pero se paró de golpe al ver a Alfred frente a ella, sonriéndola de forma inquietante.
-Oh, Lil. Lo siento mucho. Sólo quiero hablar... aunque he de decirte que hueles de puta madre, joder, y las ganas de chuparte la sangre están dejando a un lado que quiera convencerte de que volvamos a intentarlo. Sé que te ponen los vampiros, cariño.
Él sacó los colmillos y Lil gritó con terror, empezando a correr desesperada, pero el hombre la alcanzó sin esfuerzo y clavó su dientes en el cuello de la joven, hasta que sintió que alguien se lo quitaba de encima velozmente.
Lil se incorporó quedando de rodillas en la hierba, y vislumbró una frenética pelea entre Alfred y otra silueta que la escasa luz le impedía discernir, pero pronto una de las dos se marchó rauda, y la joven se levantó y empezó a correr hacia la carretera, llorando presa del pánico.
La chica gritó con miedo cuando aquel vampiro la alcanzó y agarró de los brazos, pero ella luchó con todas sus fuerzas revolviéndose y pegándole, viendo que era Eric, aunque aún así fue incapaz de parar de golpearlo y gritarle que la dejara.
-¡Lil, soy yo! ¡Soy Eric! ¡Mírame! –Exigió el vikingo, zarandeándola levemente, acercándose a su rostro.
La chica se calló abruptamente manteniendo la mirada fija en él, hasta que comprendió que el peligro había pasado, entonces Eric se puso en pie despacio mientras la ayudaba, siendo abrazado por Lil un segundo más tarde, escuchando como volvía a llorar, aunque con menos intensidad.
