Advertencias

Los personajes, salvo excepciones, no me pertenecen

La historia contiene escenas explicitas de sexo, violencia y lenguaje soez.

NO soy escritora, esto es por diversión, estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.

No todos sale de mi imaginación, con lo que es posible hallar diálogos, escenas, etc inspiradas o tomadas de la serie u otros lugares. Igualmente, el hilo argumental de la historia coincide con algunas cosas de la serie, pero otras son modificadas o inventadas.

Capítulo 30

Alcide y Lil salieron de la camioneta del hombre cuando estuvieron ante la casa Stackhouse, en silencio, como parte del viaje después de que la mujer le hubiera contado su encuentro con el hada, y hubieran intercambiado impresiones y cábalas sobre el mismo.

Caminaron hacia la puerta de entrada, y Alcide fue el que inició la conversación, observando que aquello había afectado a la mujer, asustándola aunque tratara de negarlo.

-¿Seguro qué estás bien?

-Sí, de verdad. No voy a negarte que me preocupa, pero nos protegeremos por si acaso ese tío sabe todo. Gracias, Alcide. –Añadió con una leve sonrisa, que él respondió de igual modo.

-Bien, pues me voy ya. Mantenedme informando, y yo haré lo mismo ante la mínima noticia. Tened mucho cuidado.

-Tú también. Te juegas mucho.

El licántropo asintió, asegurándole que así lo haría, para después terminar aquella incómoda situación de mantenerse las miradas, rompiendo la distancia que los separaba para besar a la mujer fugazmente en los labios, abandonando el lugar después sin decir nada. Lil sonrió tímidamente y se metió en la casa, olvidando por un instante sus miedos.


El sonido de los nudillos contra la puerta de los Stackhouse hizo que Sookie se levantara del sofá sin decir nada a Lil, ya que ambas sabían quién había al otro lado.

La rubia dejó paso a Eric, respondiendo a su pregunta sobre si habían sabido algo de Alcide.

-No, no hay ninguna novedad. Ya te lo dije por teléfono. Nada ha cambiado. ¿Por qué estás aquí igualmente?

-Porque es evidente que todos vamos a estar muy jodidos. Necesitamos una estrategia, y para poder llegar a ella, información.

-¿Qué pasa? –Intervino Lil, apareciendo en el umbral del vestíbulo al ver que se habían quedado a pocos pasos de la puerta de entrada.

A ninguna le sorprendió que Eric fuera directamente al grano, fijando sus ojos fríos en ella, hablando con seriedad, casi con un deje de enfado. Lil pudo percibir aquel sentimiento en él, puesto que pensaba que podrían estar ocultándole información de la reunión de manada.

-Qué pasó exactamente con Earl, qué te dijo.

-Ya te lo he contado. Me dijo que sentía que era algo mágico, pero que no sabía el qué, y que podía ayudarme. También te dije que creo que sí sabía que era medio hada, aunque no pudiera oírlo pensar.

-Si todo eso fuera cierto, podría querer algo de ti, y de Sookie, pero de momento no conoce de su existencia. Debéis tener cuidado, porque podría venir a por vosotras por muchos motivos. Ahora debo irme; espero que no me ocultéis nada y me mantengáis al tanto.

-Lo haremos, Eric. Queremos lo mismo. Y tendremos cuidado. –Agregó Sookie, haciendo que Lil interviniera, cambiando de tema.

-¿Aún puedes sentirme?

-Levemente, pero sí. Si estás en peligro lo sobré.

La chica asintió mientras le devolvía la mirada, tras lo cual el vampiro salió de la casa, volviendo a dejarlas solas en la estancia. Las mujeres se dirigieron al salón y volvieron a ocupar sus sitios en el sofá. Lil fue la primera en romper el silencio.

-¿Cómo podemos enterarnos de algo? No sé cómo investigar sobre ese tío.

-Lo sé, yo estoy igual. Ojalá Nial estuviera aquí… ¿Madeleine no sabe nada que pudiéramos hacer?

-No, ya hablé con ella en nuestras sesiones. Lo único que tenemos claro es que hay que volver a encarcelarlo mágicamente, pero en el grimorio de mi abuela no hay nada, ni un hechizo o poción para algo semejante. Ni siquiera hablan de la guerra o lo que hizo mi aquelarre. He pensado en volver a contactar con mi abuela, por si puede ayudar. Quizás podamos hacerlo con Nial.

-Buen, podríamos probar. No perdemos nada.

-Hablaré con Madeleine y Lafayette. Deberías esta presente también, Sook.

-Claro. Hablaremos con Sam para poder tener todos una noche. Hay que intentar resolver esto antes de que puedan mover ficha.

El móvil de Lil comenzó a sonar, haciendo que la chica se levantara para ir a buscarlo a la cocina, donde lo había dejado olvidado tras la cena.

No le dio importancia a que fuera su hermano, puesto que también solía llamar tarde a veces, con lo cual descolgó sin preocupación.

-Dime, Will.

-No, cariño. Soy yo. –La voz socarrona de Alfred respondió al otro lado, haciendo que a la mujer se le helara la sangre rápidamente.

-¿Dónde coño está mi hermano? Más te vale que esté bien.

-Shh, tranquila. No estás en posición de ponerte chulita, Lil. Will está bien, y la cría, y lo estarán si haces exactamente lo que te digo. Reúnete mañana conmigo en el bosque, en el cementerio que hay cerca de la casa donde vives. Ven sola, y asegúrate de que nadie se entera de esto, porque ante la mínima duda, mataré a tu hermanito.

No dio tiempo a que la mujer reaccionara, cuando el vampiro le colgó, y ante todos los sentimientos y desesperación que la golpearon, sólo pudo sentarse en una de las sillas y tratar de respirar con calma para no entrar en pánico.

La morena se sobresaltó cuando escuchó la voz de su amiga a la espalda.

-¿Todo va bien, Lil?

-Sí, todo bien. –Respondió con una fingida sonrisa, levantándose para salir de la cocina después. Sookie la observó a ceño fruncido, sabiendo que aquello no era del todo cierto.


La noche se encontraba terriblemente tranquila, y ni tan siquiera una leve brisa la interrumpía, hasta que el jadeo de Lil empezó a inundar el ambiente del bosque tras la casa Stackhouse en su camino rápido al cementerio.

De vez en cuando miraba hacia atrás o los lados, cerciorándose de que nadie andaba por allí o pudiera haberla seguido; no quería que el vampiro pudiera sentirse traicionado y fuera a herir a su hermano o sobrina.

Al comenzar a vislumbrar las siluetas de las tumbas, la mujer se esforzó por enfocar la vista para detectar siluetas, pero no hallaba nada, ni siquiera al estar casi dentro del camposanto, con lo que la tensión comenzó a crecer de forma exacerbada.

-¿Hola? –Lil alzó la voz de forma dudosa, quedándose quieta en mitad del lugar. Pronto se sobresaltó ante la llegada vertiginosa de Alfred, quién se detuvo ante ella.

-¿Qué tal, cariño? Veo que me has hecho caso. Chica lista.

-¿Dónde está mi hermano? Quiero verlos y saber que están bien. –Exigió Lil mientras trataba de no verse vulnerable en ningún aspecto.

-Me temo que en casa, o eso supongo, al menos.

El vampiro sonrió de forma malévola mientras sacaba el móvil de Will y se lo mostraba, haciéndole entender que lo había robado sin más. Lil pudo leer en su mente lo exultante que estaba porque hubiera sido tan fácil, y ella hubiera picado sin más, confirmándole que Will no había sido secuestrado.

-¿Qué quieres, Alfred? ¿Por qué haces esto?

-Esta vez no es del todo por mí. Tienes que venir conmigo porque alguien me lo ha ordenado. Es bueno recompensando, así que, lo siento.

-Earl, ¿no? El hada.

-Lo verás enseguida, no seas ansiosa, cariño.

-No pienso ir a ningún lado.

El vampiro sonrió y desapareció de su vista en milésimas de segundo, para poder aparecer a su lado y morderla en el cuello.

Lil gritó ante la sorpresa y el terror, dándose cuenta de que debía estar bajo los efectos de una poderosa sangre para ser tan rápido, ni siquiera dándole tiempo a intentar frenarlo mágicamente.

La mujer luchó por deshacerse de él entre gritos, hasta que alguien se lo quitó de encima de forma veloz, haciendo que cayera al suelo. Al alzar la vista pudo ver a Eric y Alfred enzarzados en una pelea, hasta que una nueva silueta intervino. Una vampiresa que no conocía y portaba cadenas de plata con las que, en un movimiento propio de su especie, ató a Eric a un árbol cercano por el cuello.

Alfred se acercó a la mujer de cabellos oscuros y piel tostada, y la besó mientras le decía que era la mejor, ayudándola tras ponerse unos guantes, a atar las manos de Eric, juntando sus muñecas entre sí.

-Bueno, pues ya estamos todos. –Se mofó Alfred, observando a Eric y a Lil. –Ahora nos vamos, pero antes voy a matar a este tío tan molesto. Podría haberlo hecho Azahara, pero tiene unos cuantos años más que él, así que tampoco tenía mucha gracia. Le pedí que me lo facilitara.

-Además de idiota eres un puto cobarde. –Dijo Eric con un visible asco, pero los vampiros lo ignoraron.

-Bueno, hace mucho que no pruebo un hada. Espero que no te importe. –Se burló la vampiresa, acercándose a Lil, quien trató de usar sus poderes para pararla, pero sin conseguirlo, sintiendo como sus colmillos se clavaban en la parte sana de su cuello, segundos después los de Alfred al otro lado.