Advertencias
Los personajes, salvo excepciones, no me pertenecen
La historia contiene escenas explicitas de sexo, violencia y lenguaje soez.
NO soy escritora, esto es por diversión, estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.
No todos sale de mi imaginación, con lo que es posible hallar diálogos, escenas, etc inspiradas o tomadas de la serie u otros lugares. Igualmente, el hilo argumental de la historia coincide con algunas cosas de la serie, pero otras son modificadas o inventadas.
Capítulo 33
El sonido del timbre hizo que el grupo se callara. Ante el silencio, Sookie se levantó para abrir a Eric, no pudiendo evitar fijarse en la actitud de ambos cuando el vampiro entró en el salón. Los dos actuaron con la misma indiferencia respecto al otro, aunque pudo encontrar desasosiego en la mente de su amiga.
-¿Cómo se te ocurre dejarlo entrar aquí como si nada? -Fue lo primero que dijo el vampiro tras saludar a los presentes con una rápida mirada, centrándose en la rubia.
-¿Pretendías que le dijera que como es un puto pirado y vamos a mandarlo de vuelta a su prisión, no quiero cogerle cariño? Por Dios, es una buena oportunidad para saber qué va a hacer. ¿No es eso lo que queremos? Sabemos que se está haciendo el tonto, al menos en la mayoría de cosas, así que jugaremos al mismo juego hasta poder encerrarlo. Mañana hemos quedado con Madeleine para intentar encontrar la forma. Nos ha contado lo mismo que dijo en la reunión del viernes pasado.
-¿Y qué haces tú aquí? -Preguntó, acto seguido, centrándose en Alcide.
-Las mandas del estado van a acceder a ayudar a Earl. Van a quedar en una nueva reunión el viernes.
-Voy a ir contigo, como a la anterior. Le diré a Earl que Sookie y yo estamos con él, pero somos reticentes porque ya no nos fiamos de nadie. -Se adelantó a hablar Lil tras el hombre lobo. Sookie murmuró que aquello igual era peligroso en demasía, pero Eric la cortó.
-Eso es demasiado arriesgado sin tener aún casi información.
-No va a hacer nada tan pronto, y menos va a atacarme delante de todos. Además, estaré allí con Alcide.
-¿Cómo en la última reunión?
-No le pasará nada mientras esté cerca. -Agregó con enojo Alcide ante el comentario mordaz del rubio.
-Tenemos que darnos la máxima prisa, y es una oportunidad muy buena que no podemos desperdiciar. Tranquilo, Alcide; yo no dudo de ti.
La morena le dedicó una fugaz sonrisa de consuelo, a la que él respondió asintiendo con gratitud. Eric volvió a tomar la palabra, con la misma serenidad.
-Bien, pues esperemos que sirva de verdad. Bill me ha dicho que tiene sueños extraños durante su descanso, no sabe si son o no inducidos por Lilith o lo que quede de ella en él, pero desde luego son sobre la guerra que se avecina. Dice que son imágenes confusas y cambiantes, pero son sobre destrucción y masacre de vampiros.
-Oh, por Dios… ¿Piensa que quizás son premoniciones? Puede que esté intentando poseerlo de nuevo para seguir con esa mierda de ser el mesías. -Intervino Sookie.
-Podría ser. Hemos comentado la posibilidad de hablar con lo que queda de Autoridad sobre esto. -Agregó cambiando levemente el tono, menos duro esta vez, ante la sabida reacción del grupo. No se equivocó.
-¿En serio pretendes hacer alianza con quienes trataron de matarte, y a Bill, la última vez que os vieron? Tienes que estar de coña. -Saltó la morena mientras fijaba su mirada en la de él, quien respondió fríamente.
-Están creando un ejército contra nosotros, debemos hacer lo mismo para hacerles frente. Nos une más de lo que nos divide, y si no, será una buena oportunidad para acabar con ellos de una jodida vez.
-No deberías creerte tan bueno, ni siquiera, aunque puedas serlo. Es una locura.
-Tiene razón, Eric.
El vampiro guardó un segundo de silencio, mirando a ambas mujeres, para después finalizar la conversación.
-Todos hemos venido a jugar, ¿no? Nos mantendremos en contacto ante cualquier novedad. Intentad no meteros en líos. Alcide.
El grupo no añadió nada, limitándose a verlo salir de la estancia, para poco después escuchar el sonido de la puerta.
El coche de Sookie estacionó ante la casa de Madeleine, haciendo que sus tres ocupantes salieran de él. Aquella anoche el cielo estaba especialmente estrellado y la temperatura había descendido levemente, concediendo una pequeña tregua en esa parte del estado.
-Allá vamos otra vez. -Comentó musicalmente Lafayette mientras se paraban ante la puerta, y Lil llamaba. La dueña de la casa no tardó en abrir, recibiéndolos con una sonrisa.
-Gracias por acceder a tendernos a estas horas. Significa mucho, de verdad.
-No hay de qué, cielo. Pasad, por favor. -Respondió a la morena, dirigiéndolos hasta el salón.
Todo estaba preparado en la estancia para la sesión de espiritismo, así que el grupo tras declinar el ofrecimiento de la rubia para tomar algo, se sentó en torno a la mesa circular, poniendo sus manos sobre la misma para unirlas en un fuerte agarre. La voz del hombre comenzó el ritual, hablando firme y claramente.
-Espíritus del más allá, invocamos a Denna Sandford. Señora Sandford, necesitamos hablar con usted. Por favor, venga a nosotros. Manifiéstese. Está aquí.
Tras el último susurro de Lafayette, el grupo abrió los ojos lentamente para encontrarse con la anciana de pelo cano largo frente a ellos. Sus ojos verdes se clavaron en su nieta, y habló con un deje de seriedad.
-Lil, cariño. Esto no está bien. Cruzar el umbral de los mundos no es bueno para vosotros.
-Abuela lo sabemos, y créeme que se me hace muy duro, pero necesitamos desesperadamente ayuda. Earl ha escapado, está entre nosotros y planea una masacre en contra de los vampiros. Nos ha encontrado a Sookie y a mí. No sabemos cómo pararlo de nuevo, no hay nada en los grimorios.
La propia chica se sorprendió de ser capaz de contener sus emociones y hablar sin llorar al verla de nuevo. Vislumbró con temor como el rostro de su abuela se volvía rígido ante las novedades.
-El hechizo fue creado en su momento por el aquelarre. Nada así queda registrado nunca, hay que hacerlo ex profeso siempre para la criatura a retener. Debéis encontrar descendientes de las Trasmoz para conseguir tal poder y conocimiento. En mi vieja agenda de teléfono hay un nombre de una poderosa bruja vudú de Nueva Orleans; Ayana. Ella puede ayudaros en este asunto. Bajo ningún concepto Earl debe saber que tienes sangre de bruja o te matará, Lil. Debes vigilar también a Emily, cariño.
-¿Qué tiene que ver ella? Will no tiene poderes, y ella tampoco ha presentado ninguna cosa rara. -Agregó rápido, sin entender aquello.
-Pero podría pasar. En mi familia el don lo heredan las niñas, y no hay edad para que se manifieste. Earl podría también ir por ella. Está obsesionado no sólo con eliminar a los vampiros, también a las brujas, y en especial a las que son Trasmoz. Debéis ser muy cautos, ese hombre está loco.
Lil no fue capaz de articular palabra, balbuceando que no sabía qué hacer y estaba perdida, pero la anciana volvió a hablar, está vez sin seriedad en la voz, mostrándose apenada.
-Lo siento, pero debo irme. Contactad con Ayana, y sed muy cuidadosos. Lo siento, cariño, lo siento mucho.
-¡Abuela!
La mujer se desvaneció mientras Lil exclamaba, y el silencio invadió la estancia alumbrada por las velas blancas. Sookie tomó la mano de Lil de nuevo y la apretó levemente en señal de apoyo. Su amiga ya lloraba, y entendía perfectamente su dolor.
-Vale, chicos. ¿Alguien más se apunta a una copa? -Rompió el mutismo Madeleine, levantándose.
-Por favor. Creo que serán dos para ella. -Respondió el hombre mientras señalaba a Lil, haciendo que la bruja asintiera al instante.
-Bueno, por lo menos tenemos algo para empezar, aunque esto va a llevarnos más tiempo del que probablemente tengamos. -Susurró Sookie tras unos minutos, cuando Madeleine había regresado con vasos y una botella de vodka.
-Intentaré encontrar algo que pueda valernos en caso de necesidad. -Añadió la dueña de la casa. -Puede que no podamos encerrarlo mágicamente, pero si hechizarlo temporalmente. Hablaré con mi aquelarre.
-Genial, espero que podáis, Madeleine. Earl no tardará en saber toda la verdad, si es que no la sabe ya.
-Joder -susurró Lafayette ante las nuevas palabras de la rubia-. No hay una semana normal en este puto pueblo. Lo siento, chicas.
Sookie le sonrió levemente, pasando a frotar la espalda de su amiga mientras bebía de su vaso, aún continuando en completo silencio. Su mente estaba colapsada ante tantos problemas y miedo. La rubia suspiró discretamente al darse cuenta de que ella ya había aprendido a convivir con aquella situación constante de alarma tras años de problemas sobrenaturales. Automáticamente, consciente del destino de su amiga en ese término, sintió pena por ella. Había llegado al pueblo huyendo de sus problemas para comenzar de cero, y la vida le había regalado un camino más tortuoso aún.
