Capítulo 34

-Bien… ¿Lista?

Lil no habló, simplemente asintió hacia Sookie, llevando sus ojos al móvil de la rubia, quien reposaba sobre la mesa de la cocina. Un instante después, presionó el botón de llamada, poniendo el manos libres para que ambas escucharan.

El corazón de ambas se agitó en cuanto alguien respondió del otro lado; una voz femenina, de alguien que no era un anciano.

-¿Diga?

-Hola, perdone que la moleste pero, ¿vive ahí Ayana Dubois?

-Vivía, me temo. Mi abuela murió hace seis meses. ¿Quién es usted?

-Lo siento mucho. Mi nombre es Sookie Stackhouse, soy de Bon Temps. Verá, buscábamos a su abuela porque, la abuela de mi prima, Denna, nos refirió a ella para obtener cierta información. Eran buenas amigas.

-¿Denna Sandford, también de Nueva Orleans?

-Sí, exacto. Estoy aquí con su nieta también. -Agregó la rubia, haciendo un gesto a su amiga para que interviniera.

-Hola, mi nombre es Lil. Sé que esto es muy raro, pero necesitamos su ayuda, por favor.

-Veré qué puedo hacer… Mi abuela y Denna tuvieron una relación muy estrecha, aunque no personalmente la mayoría del tiempo; se escribían mucho. ¿Qué información estáis buscando?

-Verás...

-Mi nombre es Betty.

-Bien, Betty. No sé cómo hablar de esto sin meter la pata o sonar tarada… -Dudó Lil en escoger sus palabras, pero la interlocutora fue directa, interviniendo con naturalidad.

-Sé que nuestras abuelas eran poderosas brujas, Lil. Sólo podría estar relacionado con eso, sea lo sea que queréis saber. Yo también lo soy, todas las mujeres de mi familia por su parte lo han sido, supongo que tú también, ¿cierto?

-Me quitas un peso de encima… sí, hace no mucho he descubierto mis poderes y la historia de mi familia. Escucha, ¿podríamos vernos en algún momento para hablar de este tema? No es sencillo, y la discreción es muy importante ante la gravedad de lo que necesitamos.

-Está bien, pero tendréis que venir a casa, no tengo a quién dejarle a mi hijo, y tengo poco tiempo con el trabajo y eso.

-Sin problemas. ¿Hoy tendrías algún momento?

-Salgo de trabajar a las 7; si queréis podemos quedar aquí a eso de las 9, que ya habré acostado a Dan.

-Perfecto, nosotras salimos del trabajo a las 8, así que lo que tardemos en llegar. ¿Vives en la casa de tu abuela? ¿Sigue siendo la misma dirección que la de este teléfono?

-Sí, eso es. Nos vemos esta noche entonces.

-Gracias, de verdad. Hasta luego.

Sookie presionó el botón de su móvil tras despedirse, mirando a su prima mientras sonreía levemente. Puede que tuvieran algo de suerte aquella vez.


Tras algo mas de una hora de trayecto y el sol prácticamente tras el horizonte, la pareja de camareras había llegado al barrio indicado dentro de Nueva Orleans, bajando del vehículo de Stackhouse tras aparcar frente a la casa.

Tras una breve mirada cómplice al estar ante la puerta blanca, Lil llamó con los nudillos, exhalando un suspiro que relajara su cuerpo.

Betty no tardó en abrir, esbozando una leve sonrisa a las jóvenes mientras murmuraba un hola, y les ofrecía pasar dentro, guiándolas hasta el pequeño salón de su hogar.

Las recién llegadas se sentaron en el sofá oscuro, contemplando a la mujer negra de intensa mirada frente a ellas, haciendo lo mismo en una vieja butaca. Betty se apartó el cabello rizado de la cara mientras iniciaba la conversación.

-Sin ánimo de ofender: detesto los rodeos y la parafernalia absurda, así que os pido que seáis claras y sinceras si de veras queréis mi ayuda, ya que, tratándose de magia, puede ponerme en peligro también seguro.

La pareja guardó silencio ante la sorpresa de su firmeza, reflejada en sus ojos oscuros y cansados. Sookie fue la primera en hablar con la misma franqueza.

-No queremos y evitaremos a toda costa involucrarte en nada, en serio, y te agradecemos muchísimo esto. Iremos al grano. Necesitamos encontrar a brujas del aquelarre Trasmoz, el de Denna, o alguna con tanto poder y conocimiento como para crear un hechizo que retenga perpetuamente de forma mágica a un príncipe hada, tío abuelo nuestro, por cierto, que escapó de la prisión donde lo metieron hace un montón de años por dejar entrar en el mundo feérico a los vampiros. Ahora está aquí planeando con los licántropos hacer una guerra contra ellos, que de puto seguro va a llevarnos a todos por delante. A Lil y a mí seguro, porque nuestro querido tío abuelo viene a por nosotras para usarnos en su guerra; lo de la familia no va con él, ya dejó que mataran a sus más allegados, así que imagínate.

-Joder… no pinta nada bien. No sé muy bien cómo esto se relaciona con mi abuela. Nosotras somos brujas vudú, ahí se hunden nuestras raíces; tú si eres una Trasmoz. -Comentó, señalando a la morena.

-Apenas sé usar mi poder sin desmayarme, Betty. Si mi abuela me dijo que buscara a Ayana, es porque debía saber algo, conocer gente…

-He estado repasando las cosas de mi abuela; su grimorio, las cartas que conservaba… La verdad es que no he visto nada extraño, ni siquiera en las que se escribió con Denna. Pero si puedo ponerte en contacto con otra de sus amigas, la única que aún vive. La mala noticia es que se mudó hace años del estado y ahora vive en Florida con uno de sus hijos. Os daré el número para que podías contactarla. Se llama Audrey Davis. Según mi abuela, esa mujer tenía un poder increíble. Si alguien puede ayudaros, es ella. Seguiré investigando por casa, y si encontrara algo os lo diré.

-Estupendo, no te robamos más tiempo entonces. Muchas gracias, Betty. -Agregó Sookie mientras todas se levantaban, finalizando la reunión.

Antes de llegar a la puerta de salida, la mujer negra habló, tomando un sobre que reposaba en un mueble cercano.

-Esto es para ti, Lil. He hecho fotocopias de las cartas entre nuestras abuelas; pensé que podría gustarte leerlas y saber más de ella en otros aspectos de su vida.

-Muchas gracias, es un detalle muy bonito.

Betty le devolvió la sonrisa a la morena, deseándoles suerte en su aventura antes de que se marcharan con la cabeza llena de preguntas.


El reloj pasaba la una de la madrugada cuando Lil despertó al sentir un sonido fuera de la casa, y enseguida sus sentidos sobrenaturales notaron que algo acechaba en el exterior.

La morena se levantó rápidamente, alarmada, asomándose a la ventana, pero sin conseguir ver nada. Aún así podía sentir las emociones de dos vampiros. Pronto distinguió que uno era Eric, y parecía estar enfadado y en alerta.

Lil corrió hacia la salida, bajando las escaleras mientras tocaba su cuello de forma instintiva, en busca de su cruz. Poco después abrió la puerta de la calle con la tensión agarrotando sus músculos, observando la tétrica penumbra de la noche.

Tras reunir valor, la mujer salió de la casa y comenzó a caminar con cautela, aguzando sus sentidos para descifrar algo, aunque parecía que aquellas emociones se habían disipado, y sólo notaba un leve pensamiento del vampiro, de forma lejana.

La camarera arrugó el entrecejo levemente, pasando a girarse para volver a casa, cuando se sobresaltó en cuanto encontró a Northman frente a ella.

-¿Acostumbras a dar paseos nocturnos por el bosque? No es el mejor plan en estos días.

-Joder, Eric… -susurró ante el susto, tratando de recomponerse para hablar de nuevo. -He escuchado que seguías a otro vampiro, pensé que había algún problema. ¿Qué pasa?

-Era Azahara. No se ha tomado muy bien lo de Alfred y está rondado de vez en cuando. Debes tener cuidado; va a por ti, quizás también por orden de Earl.

-Ya, bueno, pues que se ponga a la puta cola; estoy harta de todo esto. Gracias por el aviso y eso, Northman.

En cuanto la camarera se giró y avanzó para alejarse de él, el vampiro volvió a situarse frente a ella de forma vertiginosa, más cerca que antes mientras hablaba.

-No te creía del tipo que finge que no ha pasado nada porque le da miedo afrontar la realidad. Me estás evitando desde que nos acostamos, Lil.

-No, tengo cosas que hacer, y más importantes que estar pendiente de ti y tus jueguecitos de adolescente calenturiento. Somos mayorcitos para esa mierda, Eric, sobre todo tú. A ti el sexo sin más no te perturba; a mí tampoco ¿Te sorprende? ¿No estás acostumbrado a que no te sigan el juego? -Habló firmemente, obligándose a no bajar la vista de aquellos azules. Él sonrió de forma torcida antes de responder.

-Eso estaría muy bien de no ser porque puedo sentir tus emociones, Lil. No fue sólo sexo, no puedes engañarme.

-Estaba muy vulnerable ¡Acababa de matar a mi novio, y vi como casi te mata a ti junto con aquella loca! Me dejé llevar por todo ese caos del vínculo de la sangre, ¿vale? Porque, joder, sí; claro que me gustas físicamente y todo eso, pero ya está.

-¿Entonces por qué tienes tanto miedo? Podemos seguir con esto: sólo sexo y trabajo.

-No, no volverá a repetirse ¿me oyes? Hay que ser profesionales y centrarse.

-Y tampoco hay que enamorarse, ¿cierto? -Se burló el rubio, haciendo que ella apretara la mandíbula.

-No puedo enamorarme de un engreído narcisista como tú, porque me sacas de quicio más que otra cosa ¿sabes?

-Y por eso nos lo pasamos tan bien. No pasa nada, Lil; no hay prisa. Ya sabes dónde encontrarme si quieres dejar de fingir.

La chica apretó los puños y se dio la vuelta, caminando rápido hasta la casa mientras musitaba un cabrón, que hizo sonreír a Eric mientras la contemplaba.