Esta alternativa moderna de ONyPH está basada en Estoy aquí de Shakira (échenle un ojo a la playlist AusMex en Spotify, les compartiré el link en X, porque aquí no se puede). Quizá este universo esté mejor adaptado al contexto histórico del Segundo Imperio que ONyPH mismo. Inclusive, tal vez otra canción le cuadre mejor a este AU. Ustedes dirán qué tal quedó, por ahora les dejo el primer material extra (¿tipo spin off?) de Orgullo nacional y prejuicio histórico.


LO QUE NO PUDO SER

Los Hispania de Iberia saben que es cuestión de tiempo antes de que la empresa de que tanto se enorgullecen, Hispanoamérica Co., caiga irremediablemente en la quiebra. Ni siquiera la prosperidad de las filiales de que dispone la matriz podrán salvar a la compañía entera. Tampoco les servirá de algo tener una siguiente generación numerosa si ninguno de sus miembros es considerado apto para asumir el liderazgo y salvar el honor familiar. En efecto, el cabeza de familia de esta rama, el señor España Hispania de Iberia, procreó cinco hijas con su difunta esposa. Todas muy bonitas, según la opinión popular, pero ninguna con posibilidades de salvar a la compañía. Las dos mayores muestran cierto talento y sagacidad, pero les hace falta experiencia para establecer y mantener la estabilidad necesaria que inspire confianza a los accionistas. Las tres menores restantes brillan por su desinterés en el bienestar de la empresa. Más aún, las dos más jóvenes gastan sin moderación lo que obtienen de sus puestos en la empresa en proyectos sin futuro. Tal parece que sólo están a la caza de algún hombre de buen ver que las halague. Mientras que la hija de en medio ha preferido hacer carrera académica que incursionar en el mundo financiero.

Cierto, en pleno siglo XXI tener dos hijas capaces y dispuestas a cargar con el legado de la Dinastía Hispania no tendría que ser un problema. Desgraciadamente, sin la aprobación de la muy conservadora mesa directiva (compuesta en su mayoría por los ancianos de la familia) para el nombramiento de una heredera Hispania, las posibilidades de que Hispanoamérica Co. permanezca en la línea del señor España son inexistentes. Dada la inutilidad del número, la familia pasa por la desesperación de obtener un heredero. Para la mesa directiva el caso no es insalvable. El hermano menor del señor España, el señor Portugal, es una muy buena opción. El hombre en cuestión tiene un hijo, a quien se considera seriamente hacer entrega de lo que por décadas ha pertenecido al primogénito de los Hispania. De ese lado de la familia, ni padre, ni hijo han dado muestra alguna vez de querer perpetuar el negocio familiar o de reconectar con sus parientes más cercanos. Han pasado décadas desde que el señor Portugal se separó de la familia y fundó su propio imperio industrial. Su hijo no hace mucho que se ha casado y, junto a su esposa, se dedica a fortalecer la industria de su padre. Incluso está esperando a su primer hijo. Hay que añadir que parecen poseer una pericia superior a la que podría tener cualquiera de las dos hijas de España.

Fue por una situación tan delicada como ésta que el señor España, ante lo humillante que le resulta la comparación y las perspectivas a futuro, tomó la decisión apresurada e imprudente de contraer segundas nupcias. Para alivio de sus hijas mayores, la nueva señora De Hispania trajo consigo un vendaval de renovación y modernización en beneficio de las finanzas de la compañía. México y Perú agradecieron enormemente la elección de su padre, pese a haberla desaprobado en un principio. Sin embargo, poco les duró el gusto.

Al poco tiempo, constataron que su nueva madre seguía una agenda propia. La señora Francia estuvo haciendo lo necesario para generar sólo la impresión de estabilidad financiera suficiente. Lo hizo únicamente con la mira de obtener alianzas que hicieran realmente la labor de inyectar capital y reintroducir la compañía al mercado. Para cuando comprobaron que ése era de hecho el caso, era demasiado tarde para prevenir sus consecuencias. Lo único que quedaba era conseguir las dichosas alianzas. Cosa que la nueva matriarca esperó que corriera por cuenta de las hijas de la familia. Las hijas mayores, las únicas que valen la pena, le servirían magníficamente para su propósito. La chicas son lo suficientemente atractivas por sus cualidades y posiciones en el orden de sucesión para demandar el apoyo necesario en el contrato prenupcial. Y lo mejor de todo: supo desde el principio por cuál de las dos empezar.

Desde entonces, Perú y México se ven en la necesidad de acompañar a sus padres, a todas y cada una de las reuniones con otros empresarios. Especialmente, México se encuentra más de una vez ante las demandas de la señora Francia de que cuide su aspecto personal; de que entable conversación con los socios y empresarios más jóvenes o con los hijos y nietos de los más viejos. Hasta la presentó a su propia parentela (los Galia estaban al final de cuentas bien conectados en el mundo financiero). Pero hay algo más detrás de ese plan suicida. México sospecha de la maña con que su madrastra busca ganar tiempo. La mujer simple y sencillamente no planea quedarse encinta pronto. La razón es simple: ella rehúsa proveer un heredero a la familia, si éste no tiene qué heredar de ella.

Las sospechas de México se desvanecen en cuanto la señora Francia la insta con particular empeño a trabar relación con uno de sus sobrinos. Quizá su madrastra sí esté ganando tiempo, pero también procura siempre matar dos pájaros de un tiro. El sobrino en cuestión es un joven cuya fama de buen economista opaca con mucho a la de sus hermanos mayores. Hasta el punto en que su propia familia (otra conservadora sin remedio) desea hacer desaparecer cuanto antes. Y qué mejor forma de hacerlo que comprometiendo a dicho hijo con una joven tan adecuada para él como la hijastra de una pariente tan distinguida como la señora Francia.

México al principio no sabe si alegrarse por tener a semejante genio al alcance u ofenderse porque la han hecho objeto de tamaña humillación. ¿Es que ella no es capaz de arreglar sus propios asuntos y los de su familia? Parece que se juzga que no. A decir verdad, hubiera estado dispuesta a soportar al posible marido de no ser porque el joven en cuestión, al poco tiempo de ser presentados, tiene la delicadeza de hacer un comentario indebido.

— Supongo que no todos pueden ver lo evidente y sistemático que es vigilar que una empresa funcione sin mayores dificultades —empieza por ofenderla a ella—. Pero que una familia completa sea incompetente, eso simplemente es vergonzoso. Supongo que la incapacidad es hereditaria —y luego la emprende con los de su tipo, y su familia.

México no necesita más para contratacar.

— Es comprensible que alguien que no puede vivir sin seguir las reglas comprenda ese tipo de cosas. Al fin y al cabo, la gente sin criterio sólo sabe reproducir el método —finaliza ella intentando no explotar por completo.

Al instante decide que no va a soportar a ese engreído altanero por un segundo más, ni aunque sea evidente que nada evitará que la comprometan con él. Ella se encargará de hacerle saber una que otra cosita al grosero aquel. Y así inicia su incansable campaña contra el joven que se suponía sería su marido algún día.

Por su parte el joven, Austria, malinterpreta su actuar. La califica de una mujer inmadura y caprichosa que pretende hacerse la interesante de manera estúpida. Tarda en entender las verdaderas intenciones de su futura esposa. Se termina de dar por enterado de la peor manera.

— Usted, señorita Hispania —decide declararle— me resulta difícil de tratar. Pero tiene la suerte de agradarme lo suficiente como para no sentir desangrado ante la perspectiva de tenerla por esposa.

— ¿Quién se cree que es, señor Germania, como para querer ningunearme de esa forma? —le espeta por toda respuesta—. No se crea tan indispensable. Siendo como es usted de despreciable, por más necesitada de ayuda que estuviera, no pensaría jamás en usted para salvarme.

Si ella ya se estaba negando a valorar hasta el más mínimo aspecto positivo de la personalidad de él, en ese momento termina por cerrarse a toda posibilidad. Ya se sentía ofendida desde el principio, mas la declaración de Austria coronó el insulto. Por supuesto que la declaración le sonó a México como todo menos como amor.

— Y para que quede claro, aquí mismo acaba nuestro compromiso—rompe con él en ese mismo instante sin miedo a enfrentar las consecuencias—. Añadiré algo más, no acudiría a usted ni siquiera en circunstancias extremas, ni aunque fuera el último recurso disponible sobre la faz de la Tierra. Usted también sería el último hombre que consideraría para ser su esposo incluso en esas circunstancias.

— Le he dicho que estoy dispuesto a tolerarla, no que la admire…

Lo que le sigue es un ir y venir de verdades lanzadas sin piedad a la cara. Algo que les ayuda a por fin entenderse de maravilla, pero también a separarse. Por supuesto no hubo boda. Y aunque hubo un intento por aclarar las cosas, el daño estaba hecho. Ninguno de los dos involucrados quiso tratarse en ningún momento posterior al altercado.

Ya sé que no vendrás

Todo lo que fue

El tiempo lo dejó atrás

Sé que no regresarás

Lo que nos pasó

No repetirá jamás

Desde entonces la vida ha seguido su curso y ahora México tiene la oportunidad de hablar con personas.

— Si algo es Austria, es ser falto de tacto. Compadezco parcialmente de antemano a la que vaya a ser su esposa. Nunca expresa adecuadamente lo que siente, pero se las arregla para ser un buen hermano para Suiza. Trata bien a sus subordinados —empieza Chile de los Andes, un conocido de su hermana, en una reunión—. Una vez le dijo a Trieste que…

Las mismas que, una vez pasado el coraje, le ayudan, sin advertirlo, a entender la situación desde otra perspectiva.

— El hombre se toma enserio todo, parece que todo debe funcionar bien o no debe funcionar en absoluto —ríe Brasil Hispania, su primo, tras presentarle a su hijo recién nacido—. Estuvo aquí cuando Gran se puso mal. Se ofreció a…

Lo único que le dejan esas conversaciones es la certeza de que ha dejado pasar una oportunidad muy buena... y no se refiere a la salvación de la empresa familiar.

Mil años no me alcanzarán

Para borrarte y olvidar

Afortunadamente, la señora Francia no pierde más su tiempo con ella, aunque intenta de vez en vez conectarla con otras opciones.

Mexique, esta vez vendrá Argentina del Lacio con Italie. Necesitamos hablar de algunas cosas, así que has el favor de acompañarlo mientras tanto —le indica.

El problema es que México no logra cooperar por más que lo intente.

— Las flores son especiales aquí —le escucha decir a Canadá Britania. Ella le sonríe sin responder al comentario. Está segura de que él no hubiera hecho un comentario tan superficial.

Austria siempre se le cruza por la mente cada vez que se lo propone. Los hubiera son infinitos. La realidad sólo es una.

— Al menos Italie y el resto lo respaldan abiertamente —suspira con algo de resignación la señora Francia—. Siempre pensé que Pérou lograría algo mejor que eso. Aunque no es un mal partido.

Para su madrastra, si los Germania no van a ayudarle, los Del Lacio no son tan mala opción. Pronto Perú consigue atraer la atención de uno de los hijos en ascenso y la familia Hispania obtiene otro compromiso interesante. Esta vez la señora Francia busca asegurarse de que Perú no lo arruine. Sus esfuerzos son innecesario. Argentina ha sido cautivado por Perú desde un principio y ella no piensa dejarlo ir.

— Quiero que sepa que le quiero, Metztli. Así que necesitas ayudarme, eres la única en condiciones de secundarme en la cocina —declara su hermana.

México tiene la sensación de que su gemela intenta no repetir su historia.

Y ahora estoy aquí

Queriendo convertir

Los campos en ciudad

Mezclando el cielo con el mar

Sé que te dejé escapar

Sé que te perdí

Nada podrá ser igual

— Tienes que ser mi dama de compañía, Metztli. ¿Quién mejor que mi gemela para acompañarme ese día?

Y lo que son las cosas.

— Está bien, Perú, estaré ahí contigo, así que deja de poner esa cara. ¿Cuántos años tienes, cinco?

Austria resulta ser un conocido de Argentina y, por tanto, asiste a la boda igual que México.

— Tiempo sin verle, señor Germania. ¿Cómo ha estado? Me alegra verle —saluda seria, pero cordial—. Nunca pensé que conociera personalmente a mi futuro hermano.

El encuentro se produce bajo la más estricta necesidad.

— He venido por mi propio hermano. Alemania es el mejor amigo del novio —responde—. A mí también me alegra volver a encontrarnos, señorita Hispania.

El hermano de Austria y ella son las personas más cercanas y queridas de los novios, por eso es que él debe estar cerca de donde ella se encuentra durante algunos momentos de la ceremonia y la fiesta. México comienza a preguntarse si es prudente y adecuado entablar una conversación con él menos superficial. En caso afirmativo, ¿qué debería decirle? ¿Indagar si la odia por lo que pasó hace años? Quizá ni siquiera haya pensado en ella hasta ahora que la ha tenido que ver en persona.

— ¿Cómo han estado su padre y sus hermanas? —él toma la iniciativa—. Mi querida tía sólo sabe hablar de negocios.

Austria la mira como a cualquiera. Con algo de indiferencia, pero lo suficientemente amable para preguntarle cómo le ha ido…

— Me gustaría presentarle a mi esposa Hungría. Querida, ella es una antigua amiga, Mexiko Hispania.

… Y presentarle a su esposa. México no había notado a la mujer que acompaña a Austria, tampoco percibe el brillo extraño en los ojos de él al hablar con ella. Ni el gesto congelado en el semblante de Hungría. Está nerviosa y no ve más allá de sus narices.

— Es un placer conocerla, señora Germania —saluda cordial—. Austria, ustedes dos hacen una bonita pareja. ¿Por qué me entero hasta ahora que te casaste?

Con todo, México está determinada a demostrar que no guarda rencores.

— Supongo que fue muy desconsiderado de mi parte no haber enviado una invitación. Todo sucedió tan rápido que no me percaté de muchas cosas… —se disculpa Austria con ella.

Ella respira aliviada y entabla con la pareja una conversación de lo más agradable, pero superficial. Como solía hacer con él, como él solía hacer con ella, pronto pasan a temas más triviales, pero más personales.

— Sí, lo sé. Es difícil de creer. Boli juró que lo odiaba y que jamás se lo iba a perdonar. Ahora mírala, y soy yo la desgraciada por recordarle lo que solía decir antes. ¿Es esa la manera de tratar a una hermana mayor que se preocupa por ella? —México empieza a hablar con ellos empleando esa familiaridad característica en ella.

— Contradicciones aparte. Él cuidará de ella, Mexiko. No dudes de eso —le asegura con solemnidad.

— ¿Responderás por él si no lo hace, Austria? —exige cruzando los brazos.

— Tienes mi palabra, Mexiko.

Le ha inspirado una comodidad inigualable en su presencia, como si fueran amigos de toda la vida, que México no se fijó ni cuándo empezó a tutearla y llamarla por su nombre. Sin descontar que ella también ha hecho lo mismo.

Mil años pueden alcanzar (mil años pueden alcanzar)

Para que pueda perdonar

Estoy aquí queriéndote

Ahogándome

Entre fotos y cuadernos

Entre cosas y recuerdos

Que no puedo comprender

Estoy enloqueciéndome

Cambiándome un pie por la cara mía

Esta noche por el día y que

Nada le puedo yo hacer

Los recuerdos, los sucesos que había despreciado cuando los vivió, regresan uno tras otro, como en tropel y con ímpetu renovado, dispuestos a ser reinterpretados. En esencia, nada ha cambiado, pero en realidad nada volverá a ser igual.

Las cartas que escribí

Nunca las envié

No querrás saber de mí

No puedo entender

Lo tonta que fui

Es cuestión de tiempo y fe

Mil años con otros mil más (mil años con otros mil más)

Son suficientes para amar

Al verla tan cómoda en su presencia, Austria no puede evitar recordar el baúl en que guarda todas esas cartas que le había escrito en su intento por recriminarle su reacción, por excusarse, por disculparse y, al final, por seguir en contacto. No se había atrevido a hablarle por teléfono. No quería buscarla tan directa e insistentemente tras el desastre de su último encuentro, tras su pésima declaración. Temía que no quisiera saber de él. Y ahora ella está aquí, tiene a México al alcance de su mano y a la vez tan lejos. Puede decir que está seguro de que siempre ha sido ella. Y hubiera sido diferente para ambos de haber ocurrido otra cosa, de haber sido de otra manera.

Estoy aquí queriéndote

Ahogándome

Entre fotos y cuadernos

Entre cosas y recuerdos

Que no puedo comprender

Estoy enloqueciéndome

Cambiándome un pie por la cara mía

Esta noche por el día y que

Con el matrimonio de la hermana de México y del mejor amigo de su hermano, ambos pueden frecuentarse bajo el pretexto de que ahora son casi familia. Eso le da a Austria una oportunidad inesperada de mostrar lo que aún no puede decir a México en palabras.

— Hoy ni te veo particularmente bien, Mexiko —la saluda—. ¿Hay algo que no esté bien?

— Harás bien en no volver, Austria. Argentina no puede escapar ahora, pero tú sí. Entenderé si ésta es la última vez que nos vemos —le responde ella sin darle razones.

— No entiendo, Mexiko

— Cuba se fue sin avisar con Slav. Lo que no entiendo es porqué tiene que ser un escándalo para los de la mesa directiva. ¡No estamos en el siglo XIX! ¿A quién le importa lo que haga la menor de los Hispania? Mi padre está intratable por lo que eso significa para nosotros —decide revelarle parte de la situación.

Una oportunidad particularmente especial que decide no dejar pasar.

— ¿Exactamente qué ha hecho el señor España, Mexiko?

— Desconocer a su propia hija, Austria. No va a hacer nada, ni siquiera para comprobar que de verdad está con Slav y no le pasó nada. Primero está el honor y la imagen de los Hispania. Ha dicho que la mesa directiva no puede vernos peor de lo que ya lo hace. A Nantli le hubiera dado algo de haberlo oído resolver así el asunto. Te lo juro, Austria. Así que si tú…

Pero Austria se muestra dispuesto a cooperar con ellos, es decir, con México, para enmendar la situación.

— No es el fin del mundo, Mexiko. Hasta me ofende que sigas pensando eso de mí —la interrumpe con la indignación mal disimulada en sus palabras—. Me tengo que retirar. Necesito arreglar algunos asuntos, pero nos vemos pronto, Mexiko.

Durante ese tiempo, Austria hace y dice cosas que confunden a México, que la hacen pensar. Sin embargo, al final de cada incidente se obliga a recordar que, por más que suene como le suena, Austria está casado y lo deja pasar.

— ¡Metztli, esto te interesa! ¿Por qué no me dijiste que los Germania nos iban a echar una mano? —le reclama su gemela.

— ¿Qué dices, Perú?

— ¡No me salgas con que no sabías que los Germania iban a ofrecer un trato a cambio de que Cuba se convierta en una Slav.

— Que Cuba ¿qué? —su hermana deja de acusarla con la mirada al ver su genuina confusión.

Lo que no puede dejar pasar es que Austria comprometa el capital de su propia familia para salvar una compañía sin futuro, la misma a la que él mismo no encontraba atractivo y que Cuba casi da el tiro de gracia con su capricho.

— Eso carece de relevancia, Pérou. Lo importante es que tenemos un socio poderoso abordo. Estamos salvados —asevera la señora Francia, quien esperaba que México hubiera tenido algo que ver con el súbito cambio en el viento.

México desearía expresar su opinión al respecto, mas prefiere apreciar en silencio el gran detalle que esta ayuda significa para ella, para su familia. En específico, porque al fin puede permitirse creer que no la odia, que la ha perdonado. No se atreve a pensar algo más oor temor a lo que vaya a encontrar.

Estoy aquí queriéndote

Ahogándome

Entre fotos y cuadernos

Entre cosas y recuerdos

Que estoy enloqueciéndome

Cambiándome un pie por la cara mía

Esta noche por el día y que

Una vez la tormenta ha pasado, los sucesos se siguen unos tras otros. Los herederos del primo de las Hispania, Brasil, nacen sin causar temor a su tío abuelo. Por su parte, la señora Francia al fin ha anunciado su embarazo. Poco tiempo después, tanto Perú como Hungría anuncian que ellas también esperan un hijo. Por las mismas fechas, Bolivia se compromete con el sobrino de Austria. México no puede creer que el mundo sea tan pequeño. Con todo se alegra por sus hermanas. Incluso, Paraguay no tarda en aceptar una propuesta de matrimonio. El núcleo de la familia ahora sólo conserva a una hija esperando la llegada de un hijo.

Viendo a las personas a su alrededor continuar sus vidas por su cuenta, México se plantea la pregunta que todos le vienen formulando recientemente. ¿Qué está esperando para hacer lo propio? Después de la conexión con los Del Lacio y de la inesperada intervención de los Germania, resultó ser que ni siquiera Perú tuvo que casarse para salvar a la familia. Bolivia, que de cierto modo había contraído matrimonio con un Germania, tampoco lo ha hecho por deber. Quizá por eso Cuba se dio el lujo de fugarse, como le gusta decir a los ancianos del clan. Por eso Paraguay pudo aceptar la propuesta de un primo lejano no tan influyente. La cereza en el pastel es que ya viene en camino el hermano varón que tanto anhelaba su padre. México es libre... Todo gracias a Austria.

Austria, quien ya tiene una familia, sigue estando a su lado pese a las horribles palabras que le había lanzado, que se habían lanzado el uno al otro hace tiempo. Él ha ayudado desinteresadamente a su familia. Inclusive, pese a un comienzo bastante frío, México puede decir ahora que su esposa le cae bien. Lo que quizá no puede tolerar es que Austria está ahí, tan cerca y a la vez tan lejos.

Si aún piensas algo en mí

Sabes que sigo esperándote

No sabe si podrá acostumbrarse a soportarlo. Necesita aclarar sus sentimientos y esta situación no le favorece en nada. Sigue anclada a un imposible. Será difícil dejarlo ir o, en su defecto, encontrar a alguien que la haga olvidarlo. Independientemente de lo que sea, tiene que pasar página. No necesita otro clavo que saque el que ya tiene, necesita tapar el hoyo que retirarlo le ha dejado. Se tiene que obligar a soltarlo o terminará amargada por sus recuerdos, por lo que no pudo ser. A este ritmo, ella estará siempre en donde la dejó, en donde le pidió que la dejara. Los recuerdos de él nadie se los arrebatará, tampoco ella se siente preparada para abandonarlos. Austria parece poco dispuesto a permitir que eso suceda en un futuro próximo.

Estoy aquí queriéndote

Ahogándome

Entre fotos y cuadernos

Entre cosas y recuerdos

Que estoy enloqueciéndome

Cambiándome un pie por la cara mía

Esta noche por el día y que

— Dime, Metztli, ¿qué piensas hacer ahora que tienes tiempo para ti? —demanda su hermana mayor sobando su vientre abultado.

Perú es la única, a parte de su padre, que sabe que está por hacer un viaje que le tomará más tiempo que el habitual. Su gemela ha venido a despedirla al aeropuerto, justo antes de abordar el avión que la llevará al otro lado del océano.

— Veo que piensas quedarte con China más tiempo del que la junta de negocios podría tomarte —insiste ella ante la falta de una respuesta a su pregunta implícita.

Y que estoy aquí queriéndote

Ahogándome

Entre fotos y cuadernos

Entre cosas y recuerdos

Que estoy enloqueciéndome

Cambiándome un pie por la cara mía

Esta noche por el día y que

Y estoy aquí queriéndote

México la contempla concentrada en decidir si eso que tiene su hermana gemela es lo que querría para ella. Un matrimonio, una alianza, una familia. Aunque ya tomó su decisión hace tiempo, algo en ella la insta a reconsiderarla una última vez. Permanece en silencio por un momento antes de dar con la misma respuesta definitiva. Sí, es esto lo que quiere, lo que le hará bien. El tiempo dirá después.

— Creo que tu situación no es para mí, sin ánimo de ofender, Perú —responde México tras una reflexión seria—. Me gustaría conocer el mundo y estudiar algo por gusto. Ya tendré tiempo de sentar cabeza cuando me crea preparada.

Los ojos dorados de su hermana destellan preocupación.

— Pero, Metztli, ¿qué crees que haces? —la incredulidad de Perú es notoria.

— No te preocupes —la tranquiliza México—, tu prioridad debe ser mi sobrino. Últimamente mis acciones han ganado bastante y Padre puede arreglárselas sólo. Más ahora que estamos en mejores circunstancias. Volveré pronto. A tiempo para apoyar a nuestro hermanito. Con todas ustedes dándole sobrinos para acompañarlo, alguien debe tener el tiempo y la disposición de guiarlo cuando sus padres no puedan hacerlo. Debo prepararme para cumplir con mi papel de hermana mayor —declara decidida.

— ¿Te vas sin despedirte? ¿Al menos lo sabe Austria? —insiste su gemela.

La pregunta parece una bofetada para México. ¿Qué pinta Austria en todo esto?

— ¿Por qué necesitaría saberlo él? No tengo que rendirle cuentas de lo que hago —protesta—. Deseo viajar sola, espero que me guardes el secreto, Perú.

— Tú sabrás mejor que yo, Metztli. Haz el favor de tener cuidado —su hermana la abraza con mucha dificultad—. Mantente en contacto, que voy a echarte de menos. Ah, y mis labios están sellados, te lo prometo.

— Nos veremos dentro de poco, Perú —México le devuelve el abrazo—. Te llamaré en cuanto aterrice el avión. Sabrás siempre en donde encontrarme.

México aborda el avión. Las cosas siguen su curso... lo mejor que pueden.

~•~

EXTRA I

UNIVERSO ALTERNO