Pasaron algunas horas en las que el joven gusano fue consolado por los trepasetas y abrigado por su calor se quedó dormido.
—Edwyn, despierta Edwyn, vamos Patatita, abre lo ojos.
El niño se refregó los ojos con pereza, si había algo que no había cambiado en todo este tiempo era lo mucho que le costaba despertar, cuando finalmente se le pasó la modorra y recuperó la atención se encontró con "su dueña" sentada frente a él. Dio un brinco hacia atrás y tomó una posición defensiva.
—Por favor, te salvé la vida ¿Y así me agradeces?
—... —Se mantuvo en silencio y alzó sus garritas con agresividad, cosa que a Orquídea le pareció adorable y no se molestó en ocultarlo.
Agarró al niño y lo abrazó con fuerza refregando su cabeza contra él.
—Que lindooooooooo.
—¡Suéltame animal! ¡Deja de hacer eso! ¡Aaaaaahhh!
Luego de una pequeña tortura de amor Orquídea dejó al pequeño en el suelo quien la miró indignado, quizás era una mascota, pero eso no significaba que estaba de acuerdo con ello.
—Vamos Patatita, no te enojes, mira te traje comida.
Puso delante del niño un plato con comida y para sorpresa de Edwyn, era comida cocida, de hecho era un guiso completo, hasta incluía ensalada de hongos.
—Pspspspssppss, ven aquí, pspspspss, está rica, ven.
Edwyn suspiró fastidiado, si no estuviera muriendo de hambre rechazaría el alimento. Que lo trataran de esa forma era inaceptable, pero trató de mantenerse positivo, al menos no quería matarlo. Así que puso sus patitas en marcha y se acercó al plato, a pesar de todo cogió la comida con cautela, ya tenía esa costumbre arraigada, alimentarse en tierras salvajes siempre era peligroso, cuando una bestia come, está vulnerable.
—Ñam... Ñam... Que conste... Ñam... Que como porque debo hacerlo... Ñam... Pero me siento indignado por este trato... Ñam...
—Claro, se nota la indignación en cada bocado.
—Sabe... Muy bien... —Exclamó sorprendido— ¿Siempre alimenta a sus mascotas así?
—Claro que no, los trepasetas no necesitan alimento sofisticado ni nada, basta con darles setas crudas, además, no siempre los alimento, los saco a pasear cada tanto para que vallan a buscar su comida solos, pero tú, no eres un trepasetas y tienes tus propios requerimientos ¿Y qué clase de dueña sería si no me preocupara por tus necesidades?
—Ug... ¿Podríamos dejar esta charada de dueño y mascota de lado? Usted y yo sabemos que no soy una bestia inferior y que no puedo ser mascota de nadie.
—Tú y yo sabemos que o eres mi mascota o te mueres —Le dedicó una sonrisa que lo hizo estremecer.
—Entonces... ¿Estoy condenado a quedarme aquí atrapado para siempre en este patio?
—Te sacaré a pasear de vez en cuando.
—¡No me refiero a eso! Yo... Quiero volver a mi casa fuera de Páramos Fúngicos... Quiero volver con mi familia.
—¿Tienes familia?
—Supongo... —Recordó que la última vez que vio a su padre y sus hermanos estaban siendo atacados un garpiés, se estremeció al pensar en eso.
—¿Qué pasa? —Orquídea lo miró preocupada.
—Es que... La última vez que vi a mis hermanos y a mi papá estaban siendo atacados por un garpiés fúngico y... No sé si estarán vivos.
Al escuchar esta historia Orquídea se imaginó de inmediato una familia de gusanos pardos con garritas escapando aterrados de un garpiés monstruoso, no era difícil imaginar el resultado de un evento así.
—De momento... Mejor no pienses en eso, te quedarás aquí conmigo hasta que se me ocurra qué hacer contigo.
—¿Sería mucho pedir que me saque de Páramos Fúngicos?
Por lógica esa sería la mejor opción si quería salvar a ese niño y desentenderse de él, pero ya daba por hecho que se había quedado huérfano y la idea de abandonarlo a su suerte en las afueras de Páramos Fúngicos no le atraía para nada, además tenía esa extraña atracción hacia él, el deseo de cuidarlo y protegerlo como si fuera un hijo... Comenzaba a considerar que sus hermanas tenían razón, su deseo, o quizás la culpa la empujaban a querer adoptar a un pobre gusano. Ya fuera por razones lógicas o por razones sentimentales no estaba dispuesta a dejar ir a Edwyn.
—Lo siento pero eso no será posible, aquí estás más seguro.
—Yo sé cuidarme solo, me las puedo arreglar, déjame ir.
—No, te quedarás aquí hasta que lo considere necesario, eres muy pequeño, además eres mi mascota, tengo el deber de cuidarte —Recogió el plato de comida del niño—. Por ahora te quedarás aquí, ya veremos que pasará mañana.
Se dio la vuelta sin mirarlo, no sabía porqué le molestaba verlo enojado, pero era algo que no debería importar, ellos no eran nada, solo dos desconocidos que por casualidades del destino habían cruzado sus caminos.
Cuando Orquídea salió del patio y Edwyn se quedó solo, dio paso a su rabia y golpeó el suelo mientras gruñía. Estaba enfadado y triste, había perdido su libertad y su calidad de bicho civilizado, ahora estaba relegado a ser una simple mascota de una mantis bruta y salvaje que nunca lo dejaría libre y ahora pasaría sus días encerrado en ese miserable patio.
Enterró la cabeza en la tierra y se puso a llorar de la frustración. Él era un príncipe, pero a nadie parecía importarle, era una de las personas más importantes de Corazón de Hallownest, pero aquí eso no valía nada, nadie lo valoraba, más bien lo despreciaban.
Se sumergió en un agujero de tristeza y autocompasión donde solo veía oscuridad en su porvenir y hubiera seguido ahí de no ser por un toque suave y húmedo en su espalda que lo hizo estremecer. Dio un brinco y se encontró con los ojos oscuros de un trepasetas que se había acercado. Quizás se estaba engañando pero por su mirada casi podía decir que el bicho estaba... Preocupado por él.
Como confirmando sus palabras el insecto se acercó a él y refregó su hocico contra su pecho, instintivamente lo abrazó y se dejó querer, no sabía que esas criaturas eran tan cariñosas, no le extrañaba que Orquídea los tuviera como mascotas. Pronto otras de estas criaturas se acercaron a él y lo rodearon buscando darle consuelo y al menos por un rato, se sintió mejor.
...
—Aster, por favor, trata de comer un poco, te enfermarás si sigues así —dijo Hollow preocupado al ver el poco apetito de su hijo.
—No tengo hambre, tal vez coma después.
Esta era una escena que tristemente se había vuelto habitual a la hora de comer, ninguno de los hijos de Hollow estaba bien, pero Aster era el que peor sobrellevaba la situación, su padre debía hacer grandes esfuerzos para que probara bocado y no siempre lo lograba, de hecho el niño ya había perdido un poco de peso.
—Después siempre se te olvida comer, vamos Aster, ni a tu tío ni a mí nos gusta verte así.
—Si no como el tío Big te echará la culpa ¿Cierto? ¿Se enojará contigo más de lo que ya está?
—Pero de donde...
—No trates de esconderlo, Jazmín y yo no somos tontos, nos damos cuenta de todo ¿Cierto?
La niña se sintió intimidada al ser mencionada tan de pronto, por eso asintió con algo de nervios.
—El tío Big siempre está enojado cuando estás cerca —continuó el niño— ¡Y no es justo! Tú no hiciste nada... Todo esto es mi culpa... —Las lágrimas finalmente aparecieron.
—Aster yo... —No sabía qué decir, no le iba a mentir diciéndo que él no había hecho nada, pero tampoco se lo iba a recalcar—. También es mi culpa, no los pude proteger...
—¡No papá! Todo esto es mi culpa... Nunca debí ir a páramos Fúngicos, yo provoqué todo esto.
—Clama Aster— tomó a su hijo en brazos—, ni a Coco ni a Edwyn les gustaría verte así.
—No sé si a Edwyn le importaría, fui malo con él, me comporté como un idiota y... Ahora ya nunca podré disculparme...
...
Cuando Edwyn se convirtió en la mascota de Orquídea, imaginaba que pasaría sus días aburrido encerrado en aquel patio con los trepasetas donde la única cosa interesante que tendría sería ver qué le traían de comida, pero nada más lejos de la realidad, ya que, aunque fuera una mascota, todos tenían claro que no era un bicho inferior y que si le decían algo, era capaz de contestar.
Por parte de Lirio y Lavanda no recibiría nada de atención, ya que ellas detestaban a las mascotas de Orquídea y no querían tener nada que ver con ellas, pero sus hijos eran un asunto diferente.
Esa mañana Edwyn se despertó por el ruido de la puerta del patio al abrirse y en lugar de ver a la mantis mayor con un plato de comida para él, lo que encontró fue a la pequeña mantis fastidiosa que tantos problemas le había causado.
—Tú... ¡Cómo te atreves! —Chilló Rosa mientras lo apuntaba con su garra.
—Cómo me atrevo a qué.
—¡Cómo te atreves a convertirte en la mascota de la tía Orquídea!
—¿Eh? Eso no fue mi elección, yo no quería ser su mascota.
—¡No mientas! Noté como la mirabas.
—¿Y como la miraba?
—Como mascota.
Edwyn no sabía como contestar a eso, ni siquiera estaba seguro de si era posible definir una "mirada de mascota". Esta niña era rara y sobre todo irritante ¿Por qué estaba tan empeñada en amargarle la existencia?
—Sé que todo esto era tu malvado plan para convertirte en su mascota y obtener su protección para que yo no pudiera matarte —continuó Rosa.
—Ya... Primero... Yo no sabía que tu tía adoptaba mascotas ¡Ni siquiera la conocía! Y segundo... ¿Qué tiene eso de malvado?
—Es muy malvado, vil, perverso. Las presas están para ser capturadas, es el orden natural de las cosas ¿Cómo se te ocurre tratar de defenderte buscando la protección de mi tía?
—Yo no la buscaba pero... Honestamente buscar protección me parece algo muy lógico.
—¡Cállate! ¡No me hables mascota! Como sea, solo te venía a hacer una advertencia, no te cruces en el camino de mi tía Lirio o de mamá, ellas odian a las mascotas de la tía Orquídea y si te ven no dudarán en matarte sin siquiera darte la oportunidad de decir algo, ya ha pasado varias veces antes.
Edwyn la miró sorprendido.
—¿Uh? ¿Te preocupa mi bienestar?
—¿Que? ¡Claro que no! Es solo que no puedo permitir que ellas te maten porque soy yo la que debe hacerlo, así que mas te vale no morir.
—Tu lógica es extraña.
—Asegúrate de comer saludable, acostarte temprano y hacer ejercicio, tampoco sería bueno que te enfermaras ¿De acuerdo? —Edwyn cada vez estaba más sorprendido— En fin, mantente vivo, ya nos veremos las caras de nuevo en un épico combate a muerte.
—Lo esperaré con ansias —dijo sin entusiasmo.
—¡Yo también! —Rosa se veía demasiado entusiasmada.
Y tras decir eso salió volando.
Edwyn se quedó un rato ahí de pie esperando a que pasara algo, como la niña había dejado la puerta del patio abierta suponía que pronto vendría alguien más, no podía ser tan descuidada, pero como aprendería en los siguientes días, Rosa era muy descuidada y siempre olvidaba cerrar las puertas.
Como luego de tres minutos sin cambios no ocurrió nada, el gusano decidió aventurarse a salir, era increíble que su primera oportunidad de escape se presentara apenas el primer día de captura. Asomó su cabeza discretamente al pasillo que había tras la puerta y nada más hacerlo, una voz le llamó la atención.
—Cuidado gusano, es peligroso salir si no conoces el lugar.
Edwyn miró a todos lados buscando al dueño de esa voz, pero no había rastro de nadie, hasta que se le ocurrió una respuesta más creativa y miró hacia arriba, allí en el techo del pasillo vio a un niño mantis colgado del techo que lo vigilaba atentamente.
—Al final del pasillo hay un cuarto grande, con una puerta más pequeña que lleva a donde duerme la tía Orquídea, del otro lado de la habitación hay otro pasillo, la segunda puerta lleva a los dominios de mamá, Lord Lavanda, la tercera a los dominios de tía Lord Lirio y la cuarta al lugar donde dormimos las crías, la primera puerta es el comedor cocina. No entres a las zonas de las Lord Lirio y Lavanda, si te ven te matarán, en la cocina ten cuidado, debes estar atento sobre quien entra y a los cuartos de las crías no vayas por la tarde o la noche, mamá y tía Lirio suelen pasar tiempo ahí.
Edwyn lo miró sorprendido ¿Quién era este chico que le daba instrucciones tan precisas sobre la casa, horarios y gente? ¿Por qué lo hacia?
—¿Quién eres tú?
—Clavel, hermano de Rosa, segundo hijo de Lord Lavanda.
—¿Y porqué me dices todo esto?
—Para que no mueras.
—¿Otro más que quiere tener el honor de matarme?
—La verdad no, es más divertido si permaneces vivo— le dedicó una sonrisa siniestra y bajó del techo aterrizando frente a Edwyn— Así que tú eres el famoso reto de Rosa, la presa imposible que no ha podido cazar —soltó una risa burlesca— Te ves tan inofensivo y débil, debe ser muy humillante para ella el no poder darte muerte.
—Por lo que veo, te agrada la idea de que tu hermana fracase.
—Oh sí. Rosa es tan... Irritante... Pero es poderosa... Una mantis prodigio, todos dicen que tiene el puesto de Lord casi asegurado, es brillante en combate y en cacería, cada reto que se propone lo supera. Es lindo ver que haya alguien capaz de hacerle frente.
—Supongo que tú eres el hermano inútil que es opacado por su hermana —Eso le traía algunos recuerdos de su propia relación con Aster.
—¿Inútil? Nah, ningún inútil sobrevive, por algo tengo dos hermanos muertos —A Edwyn le sorprendía la calma con la que mencionaba esto, él había quedado destrozado con la muerte de Coco—. No soy un inútil, pero tampoco soy un radiante rayo de sol que encandila a todos con su talento, soy promedio nada más, pero claro, si tu hermana destaca tanto, las comparaciones son imposibles de evitar. Mamá siempre dice "Rosa esto, Rosa esto otro", pues mira mamá, Rosa no pudo con un pequeño gusano ¿Qué mal no? Así que... Lo mejor es que sigas vivo, que seas esa mancha en su historial impecable.
—Ah... La verdad es que debería sentirme molesto por ser utilizado para molestar a tu hermana, pero te entiendo tan bien...
—¿Eh? ¿De verdad?
—Sí, yo tengo... O quizás tenía, espero tener todavía, un hermano, él siempre ha sido el favorito de papá, es el más fuerte, el más veloz y siempre llama la atención de todos —Suspiró — Me hubiera gustado también ver algo en lo que él fallara.
Al igual que Orquídea, Clavel imaginó una familia de gusanos con garras, y en su fantasía vio a Edwyn escarbando junto a otro gusano más grande siendo este último el que excavaba más rápido.
—Interesante... Pasa en todos lados supongo. Bueno, entonces... ¿Cuento contigo para humillar a Rosa?
—¡Sí!
—Genial. Entonces me retiro por ahora, a la tía Orquídea no le gusta que nos acerquemos al patio de sus mascotas, siempre está pensando que los vamos a convertir en la cena... Ganas no faltan la verdad, pero respetamos sus cosas raras. Adiós.
El bicho emprendió el vuelo y se esfumó de su vista en un par de segundos, Ewyn aún meditaba sobre lo que había pasado cuando divisó a su dueña llegar con un saco de hongos al hombro y un plato con comida.
—¿Qué haces aquí afuera? ¿Cómo abriste la puerta?
—Pues...
—No, seguro no la abriste tú, debieron ser Rosa o Clavel, esos niños... En fin, traje el desayuno.
Orquídea le dio de comer y luego de eso lo tomó en brazos y le dio un tour por la casa que habitaba junto a sus hermanas, explicándole las mismas cosas que le había dicho Clavel, con la diferencia de que al llevarlo ella era más fácil seguir las instrucciones porque veía de qué estaba hablando. Le mostró también la habitación de las crías donde comprobó que Clavel y Rosa no eran los únicos niños, había otra nidada de tres crías, los hijos de Lirio, pero eran tres años menores y no se relacionaban mucho con sus primos mayores.
Orquídea autorizó a Edwyn a vagar libremente entre el patio de las mascotas y su habitación, como era un bicho inteligente, asumía que si le decía no, era no. Pero obviamente tampoco iba a confiar ciegamente en él, recién lo conocía, por eso cuando ella se fue, se aseguró de trancar las puertas y las ventanas para que el gusano no escapara ni se metiera donde no debía.
Cuando Edwyn se quedó solo, lo primero que hizo obviamente fue inspeccionar sus alrededores. Antes de pensar en un plan de escape lo primero era conocer su entorno, ver qué tenía disponible para trabajar, recordó algunas novelas de aventuras que había leído donde el protagonista había quedado atrapado dentro de una celda llena de bichos feroces y peligrosos custodiando la entrada y de alguna manera se las había arreglado para escapar con algún plan ingenioso. Sabía que era fantasía pero a menudo la fantasía se basa en la realidad y con su inteligencia superior confiaba en que podría escapar, pero se encontró con un obstáculo inesperado.
Libros.
Edwyn era un lector empedernido que devoraba cuanto libro caía en sus garras y no le importaba la temática, le daba lo mismo leer un libro de aventuras, una enciclopedia, libros de física, filosofía, biología, todo le interesaba (con excepción de las novelas románticas, pero aún estaba muy pequeño para pensar en eso). Y en el cuarto de Orquídea encontró algunos libros, no eran muchos pero eran ejemplares que jamás en su vida había visto.
Su manufactura era inusual, no estaban hechos de papel corriente, era una especie de papiro pintado a mano con tintes de hongo naturales, era una artesanía en sí misma que seguramente tenía muchos años, las mantis no tenían imprentas, así que algún mantis del pasado lo había hecho y se lo había heredado a su familia, por lo tanto era algo único que no encontraría en ningún otro lugar ni con todo el dinero del mundo, así que si quería leer esos libros, debía aprovechar esa oportunidad y hacerlo antes de escapar.
Podría parecer ridículo pero Edwyn prefería retrasar su escape antes que perder la oportunidad de leer, de todos modos no lo estaban maltratando, le daban buena comida y estaba a salvo, solo debía procurar no abandonar los dominios de Orquídea, pero como estaría ocupado estudiando los libros, no tendría tiempo de meterse en problemas.
Los textos en cuestión eran en su mayoría de utilidad práctica, enciclopedias de hongos, sus características y sus usos, también habían algunos libros sobre cacería que describían al detalle a las distintas especies de páramos fúngicos, como enfrentarlos y matarlos, qué se podía obtener de ellos y como sacar el mejor provecho a su carne. Pero los libros que más le interesaron eran los que hablaban de las costumbres del pueblo mantis y contaban su historia, sobre todo porque esos libros aún se estaban escribiendo.
Cada Lord registraba la historia de su gobierno y dejaba su conocimiento grabado para los siguientes líderes, lo que tenía al frente era información muy valiosa, datos que no podría obtener de ninguna otra fuente jamás en su vida ¡Cómo le encantaría poder llevarse esos libros! Pero como no se podía su única opción era leerlos, memorizar lo que más pudiera y escribir todo lo que recordara al volver al reino.
Según sus cálculos si se dedicaba a ello podría terminar con esos documentos en unas dos semanas y luego largarse, pero esos cálculos implicaban que Orquídea lo dejaría solo en su habitación todo el día dándole todo el tiempo del mundopara dedicarse a ello, cosa que no era tan así. La Lord valoraba mucho el estado físico y no permitiría que su mascota pasara todo el día encerrado comiendo y leyendo, aunque fuera a la rastra lo obligaría a hacer ejercicio.
—Patatita, hoy vamos a salir.
—Ya... Que les vaya bien —dijo sin desviar la vista de su libro.
—Tú también vienes.
—No quiero ir, gracias.
—No tienes derecho a negarte.
Esta vez el gusano si la miró y le dedicó una expresión de furia.
—Estoy ocupado.
—Sólo estás leyendo.
—Eso es importante.
—Tienes todo el tiempo del mundo para leer.
—No lo tengo —murmuró pensando en que perder una tarde de lectura retrasaría su escape.— Además, usted dijo se preocupaba por los requerimientos de sus mascotas y yo tengo la necesidad de nutrir mi intelecto, así que puede ir a su paseo y dejarme a mí aquí.
Iba a volver a su lectura pero Orquídea lo agarró de la cola y lo dejó colgando cabeza abajo tal como había hecho el día que se conocieron.
—¡Señorita Orquídea! ¡Pero qué cree que hace!
—A mi no me vengas a hablar como si lo supieras todo, recuerda tu lugar gusano, eres mi mascota y más aún, eres solo un niño que no sabe nada de la vida. Ocuparse del cuerpo es tan importante como ocuparse de la cabeza, así que saldrás conmigo a hacer ejercicio ¿Me oíste? ¿O acaso quieres ser una bola de grasa fofa?
El gusano gruñó para sus adentros, efectivamente él había sido una bola de grasa un tiempo atrás, en base a pasar hambre y vivir escapando de depredadores había bajado de peso y sacado músculo, la experiencia estuvo lejos de ser agradable, pero debía admitir que ser delgado se sentía mucho mejor, más ligero y con más energía y si le daban a elegir, prefería su condición actual. Pero aún así lo que le irritaba era la actitud de la mantis, esa salvaje incivilizada lo agarraba de la cola como si fuera un trozo de carne ¿Qué clase de forma de tratar a una persona era esa?
Como fuera Orquídea no lo soltó, se lo llevó agarrado por la cola hasta el patio donde estaban los trepasetas y una vez ahí jaló de una palanca oculta que abría un portón que Edwyn no había notado, entonces ante un silbido de Orquídea, todas las bestias se reunieron a su alrededor y la siguieron fuera del patio.
A pesar del rechazo inicial de Edwyn, al cabo de un par de horas podía decir que estaba disfrutando verdaderamente del paseo, Orquídea los llevó a un prado donde creían numerosos Hongos que a los Trepasetas les encantaban, los bichos se abalanzaron sobre el alimento y se dispusieron a comer, aunque algunos prefirieron ocupar su tiempo jugando a perseguirse, la mantis los observó feliz.
—Si caminas hacia allá hay un estanque —mencionó Orquídea— Ve a la lavarte y a cambiar tu capa de lodo, estar con la misma tierra encima no es saludable y podría estropear tu quitina.
—Como...
—El lodo que te cubre es para proteger tu piel ¿Verdad?
No era exactamente para eso pero no pensaba replicarle, era verdad que necesitaba un baño, le picaba mucho el cuerpo, agradeció el detalle de que se preocupara por la salud de su piel, era una bruta salvaje pero tenía criterio, ya comenzaba a caerle bien, pero toda la simpatía que sintió por ella se esfumó cuando volvió de su baño y la vio de pie frente a él con la lanza en su garra.
—Qué... ¿Qué significa eso?
—¡Vamos a entrenar!
—¡Espera que pelee con usted? ¡Está loca!
—Oh no, no vas a pelear conmigo, jamás me ganarías, lo que harás será tratar de escapar mientras amenazo acabar con tu vida.
—¡¿Queeeee?!
—Corre 3
Edwyn brincó a un lado justo a tiempo para evitar que la lanza se le calvara en los sesos, maniobra que tuvo que repetir varias veces más antes de lograr encontrar un ritmo apropiado que le permitiera tomar distancia y correr lejos de la mantis.
Luego de eso siguió una intensa persecución en la cual sintió que iba a morir, recurrió a todas las tácticas de escape que había aprendido en su tiempo en Páramos Fúngicos, ocultándose bajo algunos hongos, colocando trampas de hongos paralizantes, arrojando piedras, aprovechando algunos hongos en los que se podía brincar, pero comprobó con horror la abismal diferencia entre una mantis adulta profesional y una cría novata, por más que lo intentó no pudo burlar a Orquídea, incluso cuando logró ganar algo de tiempo y excavar un agujero en el que se metió, ella como si fuera lo más fácil del mundo enterró su garra, lo agarró por la cola y lo arrancó de la tierra.
—Te tengo.— Edwyn la miró asustado— Eres bastante bueno debo decir, no me extraña que Rosa no pudiera contigo. —lo depositó en sus brazos y le acarició la espalda buscando calmarlo —Fue un buen entrenamiento.
—¿Esto era solo un entrenamiento?
—Por supuesto ¿O acaso creías que te iba a matar
A Edwyn la persecución le pareció tan real que dudaba de si había sido una práctica o no, lo mejor sería tener vigilada a esa salvaje, podría asesinarlo mientras dormía, la verdad le costaba entender a Orquídea, no era como otros adultos que había conocido, en un momento era un monstruo aterrador y al siguiente una tierna señora que le acariciaba la espalda como estaba haciendo ahora.
—¿Oh? ¿Y esto? —Orquídea rascó la espalda de Edwyn causándole un estremecimiento.
—Hiiiii, no haga eso, me da cosquillas.
—La quitina de tu espalda tiene un quiebre inusual.
—¿De verdad? Uh... ¿Me habré roto la espalda cuando caí aquí? —Un escalofrío le recorrió el cuerpo— Milagro de Wyrm que no me entró alguna infección por hongos en la herida.
—No no, esto no es un quiebre producto de un golpe, diría que es algo de nacimiento.
—¿Nacimiento? Nunca nadie me dijo que tenía una malformación, tampoco me ha molestado nunca.
—Y probablemente nunca lo haga, es que es algo raro, esta es una malformación que he visto en mantis recién nacidas, las alas nacen pegadas y no se despliegan, normalmente no es mucho problema la verdad, basta con hacer un pequeño corte y las alas salen tan normales como en cualquier mantis, es un procedimiento que se hace apenas nacen, no es nada complicado.
—Ya veo... Que raro que... AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH
Orquídea no avisó ni lo preparó en forma alguna, sin decir nada le metió las garras en la quebradura y abrió la piel y efectivamente salieron un par de alas, pero el costo fue un alto grado de dolor.
—AAAAAAAAH, ME DUELE, ME DUELE AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH.
Edwyn lloraba mientras las alas que en un inicio estaban arrugadas y opacas se iban estirando y creciendo cada vez, algunos rastros de sangre las mancharon, abrir una quitina ya endurecida era un proceso traumático y Orquídea comenzaba a arrepentirse de ser tan bruta.
—Tranquilo Patatita, tranquilo.
—Duele, duele, duele, duele dueleeeeeee.
La mantis ya asustada por lo que había hecho buscó con prisas un hongo en particular, una vez lo encontró rápidamente se lo dio a Edwyn que lo mordió y tragó desesperado, tragó hasta casi ahogarse, pero Orquídea oportunamente le ofreció algo de agua para pasar el bocado, al cabo de un rato el pequeño se adormeció hasta el punto de ya no sentir dolor, el remedio había surtido efecto, y luego de eso ambos pudieron respirar tranquilos, el gusano cerró los ojos y perdió la consciencia.
