Un pequeño hongo caminaba entre sus compañeros de forma despreocupada, o eso sería lo que un observador casual diría, pero al mirar en detalle, se podía ver que no se trataba de un hongo realmente, era una clase de insecto cuyo caparazón imitaba a la perfección el aspecto y la textura de los hongos del lugar, un camuflaje ingenioso e ideal para sobrevivir a la adversidad, si sentía algún sonido o temblor, le bastaba quedarse quieto y creerían que era solo un hongo.
Pero la criatura jamás se enfrentó a un depredador que jugara su mismo juego.
Continuó su camino ignorando las señales de alrededor, divisó un montículo de tierra removida y se dirigió de inmediato hacia este, no encontró nada sospechoso y todo estaba en silencio, definitivamente era seguro.
Se subió al montón de tierra y agitó sus antenas distraídamente, justo en ese instante un par de garras salieron de la tierra y lo atravesaron acabando con su vida en un instante. El cuerpo cayó inerte y un agujero se abrió a su alrededor, literalmente la tierra se lo tragó y en cuanto el bicho hubo desaparecido, el agujero fue cubierto con tierra nuevamente.
Debajo del suelo, un joven gusano mantis observaba a su presa satisfecho, era la más grande que había capturado alguna vez, claro que su historial de caza no era muy extenso, hacía apenas una semana que había iniciado con esta actividad y tardó al menos dos días en tener su primer gran éxito, principalmente porque tuvo algunos problemas para encontrar un estilo de caza que funcionara con él.
Tuvo que forzar mucho su memoria para tratar de recordar alguna de las enseñanzas de su padre, principalmente porque nunca le prestó demasiada atención, pero ahora debía dar gracias a ese cerebro privilegiado que siempre recordaba todo, incluso las cosas que no le interesaban.
Según le explicó Hollow, habían cuatro estilos de caza, había quienes acechaban a la presa y la atacaban en el momento oportuno haciendo uso de su fuerza y poder, estos eran los individuos que cazaban presas grandes y solían ser criaturas robustas. Luego estaban aquellos que recurrían a trampas, algo muy propio de arañas o bichos delicados y astutos. Estaban también quienes atacaban a distancia usando proyectiles, algo común en los insectos que no estaban dotados con cuerpos resistentes pero eran hábiles y veloces. Finalmente estaban aquellos que esperaban a sus presas ocultos y las mataban de un único ataque certero, estos últimos cazadores eran en general los de tamaño pequeño y que eran tan frágiles como las mismas presas a las que cazaban, esta era la categoría a la que pertenecía Edwyn.
Como nadie le explicó alguna técnica certera adecuada a su cuerpo y sus habilidades, se las tuvo que ingeniar solo, probó varias formas, escondiéndose debajo de los hongos, tratando de atacar por la espalda, pero al final lo que le dio mejores resultados fue esconderse bajo tierra. Aún así tuvo que practicar, pues tenía problemas para determinar la posición de una presa por el sonido, a veces atacaba antes y otras después, pero tras muchos muchos intentos, finalmente lo logró y cada vez se le hacía más fácil.
Aunque tenía que decir que su primer éxito no fue muy agradable, cuando mató a su primera presa estuvo una hora llorando después, tanto por el asco como por que le dio pena el bicho, al final adquirió la costumbre de rezarle al Señor de las Sombras luego de una cacería, tal como estaba haciendo ahora.
Miró su trofeo, era uno de esos bichos que no estaban registrados en los libros sobre Páramos Fúngicos, estos pequeños escarabajos con caparazón de hongo los había nombrado trepasetas, tenían costumbres similares a los musgocaminanates, a veces se podían encontrar en familias simulando ser un grupo de hongos. Eran una presa estupenda, pocas defensas, nulo ataque, eran bastante rápidas para escapar pero si las sorprendías era posible cazarlas, además de que su carne tenía el sabor de los hongos de los que se alimentaban.
Edwyn había descubierto varias especies nuevas, incluso hongos que no figuraban en los libros, trataba de memorizar todo lo que pudiera para poder escribir su libro cuando volviera a casa, esa idea era lo que de momento lo ayudaba a mantener la motivación para levantarse cada día y luchar por su supervivencia, a la vez que buscaba una forma de volver a casa, de momento estaba haciendo buenos progresos.
Ya se había habituado a la vida salvaje y ya no estaba al borde de la muerte cada hora, si algo acechaba, le bastaba ocultarse bajo tierra, en páramos fúngicos habían pocas especies de gusanos, la mayor parte de la fauna estaba sobre el suelo, así que en el mundo subterráneo él era el rey y tras una semana ya sabía moverse por su reino con libertad.
Ya tenía un túnel bastante extenso que lo llevaba hasta el estanque de agua, incluso ya había descubierto otro depósito de agua nuevo que se había convertido en su "puesto de avanzada", en base a eso estaba cubriendo nuevos territorios para explorar y por fin encontrando puntos de referencia para ubicarse en ese interminable mar de hongos cambiantes.
Había encontrado una cueva que era un criadero de garpiés, su primer pozo de ácido y una subida que lo llevaba a un piso superior donde creían unos hongos violeta muy bonitos pero venenosos, incluso para un gusano. Pero Edwyn sabía como sacarle provecho a todo, a veces para cazar se impregnaba las garras con una pasta de ese hongo y lo usaba para aumentar su taza de éxito en la cacería.
Ahora se encontraba explorando el piso superior, había abandonado el pozo más profundo de Páramos Fúngicos y le tocaba acostumbrarse al nuevo ambiente, había notado hongos distintitos, animales distintos y pozos de ácidos, esto último no era tan común en la zona anterior, ahora debería ser más cuidadoso al moverse. Por el momento lo primero era encontrar una fuente de agua limpia para establecer su base de exploración.
Había que decir que se había vuelto muy hábil en esto de encontrar agua, sabía que solo debía seguir a los hongos, pero también tenía claro que debía aproximarse con cautela, los estanques eran puntos de reunión de toda clase de bichos y algunos podían ser peligrosos, así que en cuanto escuchó un chapoteo, redujo su paso y se arrastró lentamente hasta tener una visión clara de la fuente de agua. Allí, jugando en el agua había un grupo de crías de mantis.
Los bichos volaban sobre el estanque tratando de tirar a sus compañeros al agua, era una especie de juego que servía para pulir sus habilidades de vuelto además de sus reflejos. Por supuesto algunas mantis eran mejores en esa actividad que otras y de entre todas destacaba una que estaba completamente seca pues nadie había sido capaz de tirarla.
—Vamos ¿Acaso nadie es capaz de ganarme? —Fanfarroneó la chica—. Quiero un reto de verdad, alguien capaz de pelear conmigo de igual a igual.
—Ah, cállate Rosa. —Le gritó un chico—. Eres hija de lord Lavanda, ninguno de nosotros es competencia para ti.
La niña hizo una mueca.
—Eso no tiene nada que ver, ustedes no lo intentan en serio ¡Vamos! ¡Los estoy esperando!
Edwyn pensó que esa niña le recordaba un poco a su hermano Aster, con la diferencia de que no parecía estar fanfarroneando para sentirse superior, de verdad quería que alguien le diera pelea.
"debería presentársela a Aster, seguro se llevarían de maravilla y si la chica le gana, de paso le baja los humos"
Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos, aunque no lo quisiera admitir, extrañaba a Aster, pero ahora tenía la posibilidad de regresar, seguro si hablaba con esos niños y les explicaba la situación lo ayudarían a volver a casa ¡Era el príncipe de corazón de Hallownest! Una persona tan importante como él debía ser atendida de inmediato.
Edwyn no tomó en consideración el lugar donde estaba, solo conocía las mantis de Tierras Verdes que eran mucho más civilizadas y aunque no sabía tanto de Páramos Fúngicos, creyó (O más bien quiso creer), que eran exageraciones y que las mantis de ese lugar no eran tan terribles como la gente decía.
—Saludos mi buena gente, lamento interrumpir sus actividades pero requiero su auxilio.
Se presentó tratando de tomar su actitud más regia y sofisticada, aún cubierto de lodo y sin túnica tenía la esperanza de impresionarlos para que le creyeran que era un príncipe.
—¿Oh? ¿Un gusano que habla? —Dijo uno de los chicos.
—Me presento, mi nombre es Edwyn, príncipe de Corazón de Hallownest. —Hizo una reverencia muy elegante.
—Parece que es un gusano con aires de grandeza —susurró otra chica—. Miren, sus brazos... ¿Son garras de mantis?
—Nah, eso es imposible —contestó otro chico— ¿Qué clase de loca enferma tendría hijos con un gusano? Quizás... ¿Es algún nuevo tipo de garpiés inteligente? Ellos también son alargados y tienen garras.
—Sí, eso debe ser, un garpiés chiquito, tiene color garpiés pero le faltan los hongos de la espalda.
Edwyn no se enteraba para nada de lo que conversaban las mantis entre ellas, en sus delirios de grandeza imaginaba que las había dejado impresionadas y que ahora debatían como proceder para actuar de la manera más respetuosa posible frente a una autoridad como él, por eso se sorprendió tanto cuando escuchó gritar a la hija de la Lord.
—¡Muy bien! ¡El primero en cazarlo gana!
—¡Sí!
—¿Qué? ¡Soy un bicho inteligente! ¡No pueden hacerme esto! —Chilló el gusano.
—Sí podemos, es nuestro territorio, eres un extranjero que lo ha invadido ¿O acaso tienes permiso para estar aquí?
—No pero... ¡Esto es un error! ¡Yo no quería venir aquí! Ocurrió un accidente...
—La naturaleza no perdona los accidentes, ni tampoco la debilidad, ahora escapa, la idea es que esto sea entretenido —dijo Rosa antes de atacarlo.
Edwyn recién comprendió el error de haberse presentado ante ellos con tanta confianza, no por nada las mantis eran consideradas criaturas salvajes e incivilizadas y por supuesto, no exageraban al decirlo.
El gusano corrió directo hacia el bosque de hongos para buscar cobijo y encontrar el refugio subterráneo que excavó antes de ir al estanque, una precaución que siempre tomaba cuando llegaba a una nueva base.
Las mantis se abalanzaron contra él, pero Edwyn se las arregló para esquivar cada uno de sus ataques, sus reflejos se habían afinado en las dos semanas que llevaba ahí y además se había vuelto muy rápido para correr, él mismo estaba admirado, pero no podía dormirse en los laureles, su vida corría peligro.
Todas las mantis se arrojaron contra él al mismo tiempo, el gusano brincó justo en el último instante provocando que se estrellaran todos contra el suelo, en lo que se recuperaban del impacto y se desenredaban Edwyn tendría el tiempo suficiente para correr hasta su refugio, pero hubo alguien que no atacó con los demás, Rosa preveía lo que pasaría y decidió aguardar para atacar en solitario.
La mantis se arrojó contra Edwyn que corría hacia los hongos desesperado, la chica había calculado la trayectoria cuidadosamente para que coincidiera con el camino del gusano, estaba segura de que lograría aterrizar sobre él para clavar sus garras y dar por exitosa la caza, pero lo que no esperaba era que el gusano se detuviera antes de que ella pudiera alcanzarlo, por lo que al igual que sus compañeros chocó contra el suelo pero ella terminó con las garras enterradas y atoradas en el piso.
Eso no se lo esperaba, y lo que tampoco se esperaba es que el gusano pasara encima de ella en su camino hacia su guarida subterránea. El bicho una vez la alcanzó se metió dentro y tapó el agujero con tierra.
Rosa se quedó en blanco mirando el lugar por el que había desaparecido su presa, no podía creer lo que había pasado, se suponía que era una presa sencilla ¿Cómo rayos los había evadido a todos incluyéndola a ella? Uno de sus compañeros se acercó con cautela.
—Rosa... ¿Estás bien?
—...
—Oye... No te pongas así, igual no era la gran presa, esa cosa...
—¡SIIIIIIIIIIIII! ¡POR FIN UN RETO! —Chilló la niña sacando sus garras de la tierra de un tirón.
Su compañero se sorprendió tanto por su ataque de euforia que dio un brinco hacia atrás.
—¿De qué hablas?
—¡Es el reto que estaba esperando!
—Pensé que lo que esperabas era que llegara una mantis con la suficiente fuerza para derrotarte...
—Nah, no necesariamente tenía que ser una mantis, podía ser un bicho de otra especie, incluso una presa que no pudiera atrapar me servía. La tía Orquídea dice que cualquier bicho puede ser un reto, incluso una presa puede dar pelea, es solo que las presas pelean a su manera y hay presas muy fuertes.
—Ug... ¿Sabes? Mi mamá dice que Lord Orquídea es algo rara...
—Rara pero genial, ella me entrena personalmente. —Solo eso bastó para silenciar a todos sus compañeros—. Y ahora he decidido que ese garpiés chiquito será mi próxima presa y no descansaré hasta capturarlo.
Y así transcurrieron cinco días de intentos fallidos, trampas, y accidentes en los que Rosa siempre era la que resultaba perjudicada.
—Rosa... ¿Qué rayos te pasó? —Preguntó un chico mantis.
—¡Casi lo atrapo Clavel! ¡Hoy casi lo logro!
Rosa y Clavel eran hermanos, los hijos de la mantis Lord Lavanda, de la nidada de cuatro crías, ellos dos eran los sobrevivientes y a la vez los más fuertes, pero eso era lo único en común que tenían, pues ambos eran como el día y la noche.
Clavel era frío y serio, de mentalidad práctica, no solía perder el tiempo en actividades que no reportaran algún beneficio, mientras que Rosa era alegre y apasionada, siempre buscando divertirse y proponiéndose retos que cumplir y el último reto que se había propuesto le estaba causando algunos problemas.
—Rosa... Estás hecha un desastre —dijo Clavel con cierta preocupación—, tus alas están embarradas y te ves herida ¿Llegaste hasta aquí caminando?
—En realidad saltando, mis alas no están en condiciones de volar pero al menos me impulsan lo suficiente como para volar distancias cortas, aunque admito que regresar a casa fue bastante agotador.
—¿Y todo esto lo provocó el garpiés chiquito?
—Sí, es una criatura soberbia, es diminuto pero peligroso, utiliza toda clase de trucos y herramientas para escapar de mis ataques. —La niña movió la cola emocionada—. El día que lo atrape será fantástico.
—Rosa... Creo que deberías poner un alto a eso, estas descuidando tus otras labores por perseguir a esa cosa, mamá ya se está quejando de que no has traído ningún trofeo de caza en los últimos días. Podría comenzar a sospechar que fallas tus cacerías, podrías terminar catalogada como una mantis débil y sería tu fin.
—No exageres, otro tipo de presas soy perfectamente capaz de atraparlas, es ese garpiés chiquito el que me causa problemas, no creo que me expulsen o me maten por algo como eso, la tía Orquídea nunca lo permitiría, aunque... Supongo que es verdad que he descuidado un poco mis cacerías... Ya... Alternaré cazar presas normales con el garpiés chiquito.
—¿Por qué mejor no te olvidas por completo del garpiés chiquito y te ocupas de otras cosas más importantes?
—¡No! Esto es un reto personal ¡Debo derrotar a esa criatura y cazarla!
—Entonces pídele ayuda a mamá o a alguna de nuestras tías, seguro están más que interesadas en una nueva especie de garpiés.
—¡No! Debo ser yo quien lo mate, esto es personal, nadie más que yo debe derrotarlo además...
Justo en ese instante apareció un trepasetas cuyo caparazón imitaba un hongo rojo de puntos blancos, la criatura se acercó a los niños y se restregó cariñosamente contra ellos.
—Ay no... No me digas que la tía Orquídea otra vez trajo una mascota nueva. —El chico suspiró y tomó a la criatura en sus brazos— vamos a devolverle esta cosa, antes de que lo vea tía Lirio, no quiero otra pelea como la de la otra vez.
Ambas mantis caminaron hasta la zona de la casa que correspondía a los aposentos de Orquídea, pero nada más llegar les tocó presenciar justamente la pelea que querían evitar que ocurriera, el trepasetas que llevaban con ellos no era el único que se había escapado, ahora había uno muerto en el cuarto y Orquídea discutía con Lirio sobre eso.
—¡No tenías derecho a matarlo! ¡Además no te hacía ningún daño!
—¡Esas cosas se comen los documentos! ¡Son una plaga! Además ya tienes muchos ¿Para qué quieres ese?
—Doki era especial.
—Claro, igual que Frits, Yuni, Poko... ¡Ah! Mira que bonito, ahí traen otro los niños.
Rosa y Clavel brincaron de la sorpresa al ser mencionados, el trepasetas que estaba en los brazos del niño se zafó de ellos y corrió a esconderse detrás de Orquídea.
—Tranquila Lola, no te asustes. —La calmó Orquídea tomando a la criatura en brazos.
—Rosa ¿Qué te pasó? —Preguntó Lirio viendo a su sobrina tan desastrada.
—Eh... No fue nada, solo tuve un pequeño accidente en una cacería.
-¿Otro fallo? Rosa ¿Qué te está pasando? Nunca habías fallado tanto, tu madre está muy preocupada por ti, ¿Qué es esto de ir de cacería y volver lastimada todas las veces? Antes destacabas por tu habilidad y mira ahora.
—Sí, lo sé tía, lo siento.
—¿Acaso quieres terminar como un elemento inútil y ser expulsada de la tribu?
La niña la miró con miedo pero Orquídea acudió en su defensa.
—No seas tan dura con ella, todavía es una niña que no ha perdido sus alas, aún le falta mucho que aprender.
—Orquídea, tú no opines, eres demasiado blanda y flexible, con los niños hay que ser duros para que se vuelvan fuertes, si tuvieras tus propios hijos lo entenderías.
—¿Otra vez vas a empezar con eso? No necesito hijos, no los quiero, deja de molestarme. —Acarició al trepasetas que tenía en los brazos con intenciones de ignorar a su hermana.
—De verdad no entiendo por qué eres tan terca ¡Ya pídele niños de una vez a Cris! Se nota por todos lados que estás desbordando de instinto maternal insatisfecho.
—¿De qué hablas?
—¡Tienes la condenada casa llena de mascotas!
Los niños ya sabían que esa pelea duraría un rato así que decidieron retirarse disimuladamente, mientras que las dos mayores se quedaron discutiendo, pero tan enfrascadas estaban en su discusión que ninguna notó que más trepasetas estaban entrando a la habitación, ya era la hora en que Orquídea los alimentaba y habían ido a buscarla. Para cuando terminaron estaban rodeadas por un rebaño de bichos, y cuando estos comenzaron a refregarse cariñosamente contra las mantis recién se detuvieron.
Lirio dio un grito de horror al ver a esas criaturas tan cerca y pateó una lejos para retirarse indignada.
—¡¿En serio crees que no tienes un problema?! ¡Mira todo esto! ¡Estás loca! ¡La misma gente lo dice! Si no fuera por que eres la más fuerte ya te habrían expulsado hace tiempo ¡Aprende a ser más digna!
Tras decir esto la mantis salió de la habitación.
Orquídea al quedarse sola se sentó en el suelo donde fue rodeada por los trepasetas que percibiendo su estado de ánimo trataron de animarla, la mantis solo los abrazó buscando consuelo.
—¿Cómo podría tener otra nidada habiendo abandonado a la primera? —Susurró para sí misma—. No tengo derecho a ser madre luego de un acto como ese, si pudiera me hubiera ido de este lugar hace tiempo pero... No puedo... Ya falta poco, ya he hecho cambios, leyes nuevas, pero aún falta, no me puedo rendir, debo seguir aquí hasta que mi pueblo finalmente se abra y acepte ideas nuevas.
