Capitulo 02
Rachel agachó la cabeza avergonzada por el comentario de Anderson y pudo escuchar a Quinn inhalar profundamente, exasperada.
—Escucha con atención, Anderson. No te despedí porque me sienta amenazada, honestamente, ¿Porque me sentiría así? No. Te despedí porque eres perezoso, estúpido, incompetente, engreído y traidor. Pasas más tiempo mirando el trasero de mi asistente que en tu oficina. Y si dices otra palabra, yo personalmente te sacaré a patadas, ¿ok? OTRA PALABRA y vas a salir de aquí con un policia, Rachel lo grabará con su teléfono y lo publicará en todas las redes sociales que existen. ¿Es eso lo que quieres?
Anderson miró a Quinn con las cejas fruncidas, mostrando claramente su vergüenza, pero trató de ocultarlo con una mirada de confusión.
El segundo en que Quinn se volvió de espaldas, todos los trabajadores volvieron a sus respectivos cubículos actuando como si estuvieran trabajando y no hubiesen presenciado todo el espectáculo.
Rachel giró para seguir a Quinn, y como si supiera lo que estaba sucediendo detrás de él, Quinn se volvió y le lanzó a Anderson una mirada de advertencia antes de girarse de nuevo, cubriendo a Rachel.
Anderson entró enfadado a su oficina y comenzó a empacar todo.
—Llama a seguridad y diles que pongan la pantalla de Anderson en mi sala de conferencias.
—Lo haré.
—Y te necesito este fin de semana para que me ayudes a revisar sus archivos y planos.
Rachel comenzó a preocuparse, recordando un importante asunto familiar que sucedería ese fin de semana.
—¿Este fin de semana?
Quinn, ahora cansada del tono de todos, se volvió hacia Rachel y la miró con exasperación.
—¿Tienes algún problema con eso?— Sus ojos verdes miraron a los ojos color cafe de Rachel, asustándola ligeramente.
—No, yo, yo... solo el cumpleaños número 90 de mi abuela, iba a ir a casa y...
Quinn puso los ojos en blanco e ignoró a Rachel, entrando a su oficina.
—Lo cancelaré. En realidad me estás salvando de un fin de semana de miseria, así que... buena charla, sí.
Rachel se detuvo frente a la oficina de Quinn, observándolo con enojo, y luego, tranquilamente, entró en su cubículo justo al lado de la oficina para comenzar su trabajo del día.
Después de unas horas, Rachel encontró unos minutos de descanso para llamar a sus padres y decirles que no iría a la fiesta de cumpleaños de su abuela.
—Lo sé, lo sé. Díganle a Abue que lo siento, ¿de acuerdo? Mamá, ¿qué hago? ¿Que quieres que haga? Me está haciendo trabajar el fin de semana. No, no soy... no. Escucha, he trabajado demasiado duro como para que este error lo elimine todo, ¿vale? Estoy segura de que papá estará enojado, pero — Rachel notó la presencia de Quinn y cambió el hilo de la conversación —Nos tomamos muy en serio todos nuestros libros, nos pondremos en contacto con usted lo antes posible.
Rachel sacudió la cabeza con falsedad mientras giraba la vista hacia su jefa, quien vio a través de la horrible actuación de Rachel.
—¿Era esa tu familia?
Rachel asintió, Quinn puso su mano en su cadera.
—¿Te dicen que renuncies?
—Todos los días — replicó Rachel mientras extendía la mano para levantar el teléfono que estaba sonando.
—Oficina de la licenciada Fabray, oh... Sí, está bien, está bien— Rachel suspiró mientras colgaba el teléfono— Bergen y Malloy quieren verte arriba inmediatamente.
Quinn gruñó.
—Ven a buscarme en diez minutos, tenemos mucho que hacer.
—Oky Doky— respondió Rachel haciendo muecas en el segundo en que Quinn se dio la vuelta. Cruzó los ojos y sacó la lengua, pero se detuvo de inmediato cuando Quinn llamó su atención.
—Sé lo que estás haciendo, Rachel.
Se detuvo y tímidamente comenzó a trabajar en su computadora portátil de nuevo, apresurándose a levantar un teléfono que comenzó a sonar.
Quinn caminó hacia la oficina de su jefe, ignorando el saludo que le ofreció su secretaria. Quinn abrió la puerta y saludó a sus jefes.
—Jack, Edwin.
Jack Bergen estaba sentado en su escritorio con Edwin Malloy apoyado en otro escritorio. Jack Bergen fue el primero en reconocer la entrada de Quinn y saludó.
—Quinn, felicidades por el asunto de la CNN. Esas son noticias asombrosas.
Quinn inclinó la cabeza en señal de agradecimiento mientras se acercaba al escritorio.
—Gracias, gracias, pero esto no se trata de mi aumento, ¿verdad?
Jack se rió y negó con la cabeza.
—Quinn, ¿Recuerdas cuando acordamos que no irías a la Convención de en Los Angels porque no te permitieron salir del país mientras se procesaba tu solicitud de visa?
Quinn asintió.
—Y... fuiste de todas maneras.
—Sí, lo hice. Íbamos a perder a muchos autores. Lo necesitábamos en nuestro equipo. Entonces, ¿realmente tenía una opción?
Jack suspiró y recogió un pedazo de papel de su escritorio.
—Parece que al gobierno de los Estados Unidos no le importa mucho.
Ahora, Edwin habló y continuó lo que Jack comenzó a explicar.
—Nosotros, uh, acabamos de hablar con tu abogado de inmigración.
Quinn suspiró aliviado.
—Oh, ¿Entonces estamos bien? ¿Todo bien?
Jack suspiró.
—Quinn, tu solicitud de visa ha sido denegada y estás siendo deportada.
Los ojos de Quinn se ensancharon.
—¿Deportada?
Jack siguió leyendo la advertencia de una pequeña hoja de papel.
—Y al parecer también hubo algunos papeles que no entregaste a tiempo.
Quinn suspiró nerviosamente.
—¡Vamos, vamos! ¡No es como si fuera un terrorista! Tengo un trabajo honrado
Edwin habló nuevamente.
—Podemos volver a presentar una solicitud, pero desafortunadamente, tienes que abandonar el país por al menos un año.
Quinn volvió a inhalar profundamente y logró recomponerse.
—Ok, Ok, bueno, eso no es lo ideal, pero, uh, puedo, uh... puedo manejar todo desde Inglaterra... con videollamadas y...
— En realidad, Quinn, si eres deportada, no puedes trabajar para una compañía estadounidense— Jack continuó — Hasta que esto se resuelva, le entregaré las operaciones a Anderson.
Quinn se atragantó.
—¿Anderson? ¿el tipo al que acabo de despedir?
Jack interrumpió a Quinn, seguro y despreocupado.
—Necesitamos un jefe de redacción, él es la única persona en el edificio que tiene suficiente experiencia.
Quinn negó con la cabeza.
—No puedes hablar en serio, te lo ruego.
—Quinn, estamos desesperados por que te quedes. Si hay algo que podamos hacer...
—¿Disculpen? — Rachel llamó a la puerta justo cuando Quinn comenzó la conferencia. Se giró frenéticamente y miró a su asistente, pero ella no reaccionó. Jack levantó la mano.
—No. Disculpe, estamos en una reunión.
—Perdón por interrumpir — comenzó Rachel mientras Quinn miraba su interrupción.
—¿Qué? ¿Qué? — cuestionó algo desesperado.
—Mary, de la oficina de Sven, llama y está en la línea.
—¿Y...?
—Ella está en espera, necesita hablar contigo, le dije que estabas ocupada con otro asunto, ella insistió, así que... lo siento.
Después de unos segundos, Quinn susurró.
—Ven aquí.
Rachel frunció el ceño, sin embargo, cerró la puerta y se acercó a su jefa.
—Caballeros, comprendo la difícil situación en la que estamos. Y creo que hay algo que deben saber— Quinn retrocedió y envolvió su brazo alrededor de los hombros de Rachel— Nos vamos a casar.
Rachel miró alrededor de la oficina.
—¿Quién se va a casar?
Quinn miró a Rachel con una sonrisa amenazadora.
—Nosotras... nos casaremos, tú y yo, nos casaremos.
—Nosotras... nos... — Rachel estaba en extremo confundida.
—Casaremos— completó Quinn, sonriendo a los dos administradores. Edwin, sin embargo, no lo comprendió al principio.
—¿No es ella tu secretaria?
—Asistente— corrigió Rachel, aunque todavía estaba tratando de averiguar qué estaba pasando.
—Ejecutiva... secretaria asistente... Títulos... Pero, ¿sería la primera vez que uno de nosotros se enamora de nuestras secretarias? No, ¿Edwin? ¿Con Laquisha? ¿Recuerdas? Sí. La verdad es que, sabes... Rachel y yo, somos... solo dos personas que no estaban destinadas a enamorarse pero lo hicimos — Rachel sacudió la cabeza con incredulidad, negando. Quinn, sin embargo, continuó—Todas esas noches de desvelo y convenciones nos abrieron los ojos a esta dulce verdad — Rachel siguió sacudiendo la cabeza y mirando confundida a Quinn, este tiró a Rachel más cerca de ella y le acarició el cuello con la mano —No puedo luchar en contra de nuestro amor... Entonces... ¿Estamos bien con esto? ¿Están felices? ¡Porque nosotras estamos felices! ¡Muy felices!.
—Quinn — comentó Edwin.
—¿Si?
—Es fantástico, solo hazlo legal— Quinn levantó una ceja, pero luego se dio cuenta.
—¡Oh! Oh — Señaló su dedo anular— Legal, sí, está bien, bueno, eso significa que tenemos que ir a la oficina, para que podamos resolver todo este lío. Bien, muchas gracias, caballeros.
Rachel asintió aturdida. "¿Qué carajo pasó? ¿olvidé algo? ¿olvidé una cita?"
Quinn luego tomó la mano de Rachel y la llevó fuera de la oficina, inmediatamente dejando aquel lugar. El viaje en el ascensor fue silencioso, sin decir una palabra. Y pensaron que nadie sabía acerca de las nuevas noticias, pero se equivocaron.
Llegaron a su piso.
Rachel podía escuchar los mensajes de las computadoras cuando pasaban junto a sus compañeros de trabajo. Algunos incluso se atrevieron a susurrar en voz alta: "¡Rachel y Quinn se van a casar!" .
Rachel miró a sus otros compañeros de trabajo y vio a Puck sacudiendo la cabeza en señal de aprobación, guiñándole un ojo. Entonces vio a Kurt sacudiendo la cabeza, también aprobando. Rachel se sonrojó un poco y luego vio que Marley soltaba una carcajada.
—Rachel, ¿en serio? ¿Ella?
Marley continuó riendo y Rachel finalmente llegó a la oficina de Quinn.
Rachel cerró lentamente la puerta de vidrio detrás de ella, mirando una vez más a sus compañeros de trabajo que estaban comentando activamente su compromiso con la jefa. Rachel se alejó de la puerta y se paró frente a Quinn, quien desenrolló un nuevo plano para comenzar a estudiar.
Ella se quedó allí sin palabras, sus dedos jugueteando con los bordes de las sillas. Los ojos de Quinn se levantaron por un segundo y vieron a Rachel. Suspiró y puso los ojos en blanco.
—¿Qué?
Rachel inclinó la cabeza.
—No entiendo lo que está pasando.
— Relájate, esto también es bueno para ti.
Rachel se apoyó en la silla.
—Explica.
—Ellos iban a volver jefe a Anderson.
Rachel puso los ojos en blanco.
—¿Así que la solución lógica para evitarlo es casarme contigo?
Quinn puso los ojos en blanco.
—¿Y eso es un problema? ¿Tenías a alguien especial en mente?
Rachel suspiró frustrada.
—Me gusta pensar que si, aunque no realmente. De todos modos, es ilegal.
Quinn se rió entre dientes.
—Están buscando terroristas, no editores de libros.
—Quinn — el mencionado alzó la vista para mirar a una seria y firme Rachel — No voy a casarme contigo.
—Claro que sí, porque si no, lograrás que tus sueños de convertirte en una conocida editora estén muertos — La mirada de Rachel vaciló cuando escuchó esas palabras y escuchó el razonamiento de Quinn —Anderson te despedirá en cuanto me haya ido. Eso o él te mantendrá aquí solo para que pueda mirar a tu trasero, lo que sé que es algo que no toleramos. Eso significaría que los cinco años en mi oficina, los panecillos, las citas canceladas, las compras de aspirinas a media noche, todo habrá sido en vano y tus sueños de ser una jefa se habrán ido — Rachel comenzó a respirar pesadamente —No te preocupes, después del tiempo requerido, obtendremos un divorcio rápido, pero hasta entonces, te guste o no, estamos atadas, ¿vale? — Quinn sonrió y un ruido desde afuera llamó su atención — El teléfono — avisó a Rachel mientras volvía de manera desinteresada a sus asuntos.
Rachel seguía respirando pesadamente, maldiciendo a Quinn en su mente en todos los idiomas que conocía. Gruñó a su desagradable jefa y se dirigió al teléfono, respondiendolo cortésmente.
—La oficina la licenciada Quinn Fabray.
