Despertó con los rayos del sol, que insistían en entrar por las rendijas de las persianas abiertas, golpeando directamente su rostro y obligándolo a abrir los ojos, luego miró el reloj al lado de la cama, solo entonces se dio cuenta que ya era un poco más de las 9 am – en realidad no le importaba, después de todo, era domingo y el día anterior había bebido más alcohol del necesario. Pero eso no significaba que quisiera quedarse en la cama, y es que lo que más odiaba Yamato era perder un día por no hacer nada.

Suspiró y se levantó con dificultad, sobre todo porque todavía tenía sueño y su sentido de la orientación no funcionaba bien, principalmente por el maldito dolor de cabeza que estaba sintiendo. Resopló. Nunca más volvería a beber más alcohol del que estaba acostumbrado.

Pero tal vez el día mejoraría con el paso del tiempo, ¿no?

Caminó hacia el baño con cierta dificultad, abandonando su ropa en el camino. Se despeinó el cabello y se miró en el espejo, maldiciendo: tenía ojeras, el cabello despeinado y el rostro algo pálido. Entró al cubículo con la intención de mejorar aunque sea mínimamente su apariencia, luego escuchó sonar su celular. Su intención era dejarlo hasta que la persona se rindiera. Pero eso no sucedió.

Agarró la toalla que estaba colgada y se la envolvió a pesar de que sabía que no había nadie más en casa.

Miró la pantalla del dispositivo que marcaba el nombre Miyako. Suspiró, menos mal que no era otra persona.

Puso su celular cerca de su oreja y se sentó en la cama, sabiendo que habría un discurso por algo que probablemente Yamato había hecho la noche anterior y que no había recordado hasta ese momento, y bueno, ignorar a Miyako no era una opción. Sabía que a veces podía ser peor que un león enjaulado.

Todavía no estaba al 100% y le dolía la cabeza, por lo que emitió ligeros murmullos que indicaban que estaba escuchando lo que decía. Gran mentira.

"Hoy es la boda de Mimi, ¿no vas a venir? Si no vienes, será mejor que duermas con los ojos bien abiertos. ¡Aish! Yamato, eres el padrino y la boda empieza en media hora. Estamos esperándote."

Sus ojos se abrieron como platos y se arrojó sobre la cama. ¿Cómo pudo olvidar la boda de su amiga? Se dio un golpecito en la frente antes de cerrar los ojos y morderse el labio.

Mimi Tachikawa, o simplemente Mimi. Una amiga – énfasis en el hecho de que era su amiga – de quien solo descubrió que estaba enamorado cuando anunció que se iba a casar con su ex compañero de estudios. El detalle: Estudiaron juntos toda la carrera universitaria.

Pero Yamato no culpó a nadie, ni siquiera a sí mismo. De hecho, culpó a su torpeza y lentitud.

Apagó su celular y lo arrojó a algún rincón que no importaba en ese momento. Sonrió débilmente y volvió al baño, metiéndose rápidamente y tomando una ducha rápida. Todavía desvestido, fue al guardarropa y rápidamente se puso el traje que había alquilado hace dos días. Se equivocó un poco al ponerse la corbata, así que pensó que lo mejor era doblarla y guardarla en el bolsillo. Al llegar a la boda, le pediría a Mimi que se lo pusiera.

Agarró las llaves de la casa, el celular y cerró la puerta, corrió hacia el Kia Cerato, desactivó la alarma de seguridad y subió rápidamente al auto. No había mucho movimiento en ese momento, lo que le permitió acelerar un poco más. Se preguntó cómo no había policías detrás de él, ya que manejaba como una persona bajo los efectos del alcohol – la prueba era que el viaje que tomaría veinte minutos, se redujo a poco más de ocho. Sonrió mientras miraba el reloj en su muñeca. Después de todo, no era tan tarde.

Al llegar a la Iglesia, pronto vio a Miyako, quien se quejaba y caminaba impaciente de un lugar a otro en su elegante vestido, y hubiera jurado ver la cara roja de la chica mientras maldecía algo que ni siquiera quería saber.

"Miyako, Yamato ha llegado, deja de hacer escándalos innecesarios." Ken dijo señalando al rubio que había entrado al lugar.

Yamato nunca había sido religioso, pero en ese momento le pidió a Dios que lo protegiera del pequeño huracán que se dirigía hacia él, y pudo sentir la muerte a su lado – después de todo, había irritado a Miyako Inoue. Y quien irritaba a Miyako Inoue no terminaba bien.

Miró hacia Ken, pidiendo ayuda en silencio. Vio al alto reír y abrazar a Miyako por detrás, susurrando algo.

"Pero Ken, ¿y si no hubiera venido? ¿Cómo estaría Mimi?"

"Pero él ya está aquí, así que cálmate."

Rio, agradeciendo por un día más de vida y no tardó en escuchar la risa más fuerte. Ken y Miyako eran opuestos en todo.

Absolutamente todo.

Miyako era licenciada en psicología – por alguna razón desconocida la chica se había identificado con la profesión – además de ser de estatura promedio y de emociones volátiles. Ken, por su parte, trabajaba en la policía – en delito infantil para ser más específicos – era alto, centrado y bastante calmado.

Y Yamato nunca supo cómo manejaban esa relación desde la universidad.

-.-

Caminó sin rumbo por el lugar, notando que era más grande de lo que parecía, además de la cantidad exagerada de meseros y arreglos. Se acercó al camarero tomando una copa de champagne.

Definitivamente no tenía ningún deseo de estar allí.

Se dio la vuelta con la intención de buscar a la novia y desearle lo mejor – bastante falso, por cierto, pero nadie necesita saber eso – sorprendiéndose al verla detrás de él, con su hermosa sonrisa, y enfundada en un bonito y costoso vestido blanco.

Suspiró. Y Yamato pensó en cómo era posible que Mimi se volviera más adorable.

"¿No deberías estar con el novio?"

"¡Aish! Deja de ser un aguafiestas, quiero estar con mi mejor amigo antes de que me condenen." Rio de su propia broma al estar acompañada por Yamato. "Por cierto, Miyako estaba teniendo un ataque hace un rato, ¿cuándo llegaste?"

"Hace unos diez minutos. Se me hizo tarde, lo siento."

Eso sí, nunca le diría que llegó tarde porque había estado bebiendo el día anterior o, más bien, que había estado bebiendo el día anterior para olvidarse de la boda que se estaba celebrando. La boda de su mejor amiga-slash-su amor secreto – es mejor decirlo así. Obviamente nunca se lo confesaría a su amiga con la boda en curso, no era tan estúpido. Solo fingiría que todo estaba bien y pondría una sonrisa en el rostro.

Sonrió de forma falsa.

Mimi suspiró. Ni siquiera en su matrimonio podía cambiar al rubio frente a ella, recordaba que desde que se conocieron Yamato podía ser algo torpe cuando se veían, por supuesto, el rubio siempre inventaba una excusa ridícula y cambiaba de tema después.

No pudo evitar reír cuando vio que sacó una corbata de su bolsillo y la extendió hacia ella.

"¿En serio, Yamato? ¿No puedes ponerte una corbata hasta el día de hoy?"

Tomó el trozo de tela y le pidió al rubio que se agachara un poco, ya que él era algo alto a su lado y no tardó mucho en colocar correctamente la tela alrededor del cuello del otro.

Golpeó ligeramente su hombro, indicando que ya había terminado lo que le había pedido.

"Gracias. ¿Lista?"

"No. A veces desearía que todo fuera diferente, ¿sabes?"

No. Yamato no lo sabía.

Mimi era un modelo a seguir: tenía éxito profesionalmente, tenía la casa de sus sueños, además de casarse con un chico de buena familia. Y como extra, en opinión de Yamato, era demasiado perfecto. A veces – casi nunca – Yamato tenía la ligera impresión de que a Mimi no le gustaba su prometido y que estaba casándose solo porque sí o porque no sabía cómo rechazar el pedido por parte de Akira.

Algo así.

No existía esa tradición de que el novio no podía ver a la novia antes de la boda, que de hecho era una gran tontería inventada por la gente, pero en opinión de Yamato eso era malo. Pasaría menos tiempo con Mimi.

No. Yamato no tenía nada en contra de Akira, después de todo, si fuera un adolescente con las hormonas altísimas y se pusiera duro con solo escuchar la palabra sexo, probablemente estaría celoso de que esta noche él sería el afortunado de tenerla para sí.

Pero ya no era un adolescente y mucho menos tenía las hormonas a flor de piel. Admitía que no había mejor persona que Akira para Mimi. No le faltaban cualidades, aunque Yamato trataba de ignorarlas tanto como le era posible.

"Mimi, Yamato. Vamos, va a empezar." Anunció Miyako.

-.-

La ceremonia transcurría con normalidad – dentro de los estándares, por supuesto – mientras la madre de Akira insistía en llamar la atención de Ken hacia su hija menor, afirmando que un chico tan guapo no debería estar con una chica sin clase, algo que irritó profundamente a Miyako, incluso sabiendo que el más alto no la dejaría por nada.

A veces Miyako decía algo como "Ay ya, doña por favor, mi novio no está interesado en la roñosa de su hija. Y en lugar de estar aquí fastidiando, ¿Por qué mejor no la vigila? No vaya a ser que se vaya con uno de los meseros por un rapidín." Frases generalmente delicadas, dignas de Miyako.

Pero en general todo salió bien, excepto por la parte en la que subió al escenario improvisado para hablar de Mimi.

"¿Qué decir sobre Mimi?"

Esto era extremadamente vergonzoso para él. Aún más si se fijaba en los ojos de Mimi mirándolo fijamente. No quería hacer eso, pero Miyako había insistido en que lo hiciera, alegando que era una tradición.

Quería tirarse del escenario y largarse, pero se forzó a sonreír.

"No tengo palabras para describir lo importante que es para mí, siempre era la que se echaba la culpa cuando yo hacía algo malo o me compraba bocadillos, además de darme consejos. Los famosos consejos de Mimi, que insistía en dar pero nunca siguió ninguno." Se detuvo al ver la cara de indignación de Miyako y a un sonriente Ken siendo golpeado ligero por su novia. "Realmente no imaginé que serías la primera en casarse, considerando que siempre tartamudeabas y salías corriendo cada vez que conocías a un chico. Estoy sorprendido pero feliz. Eres, has sido y siempre serás mi mejor amiga. No importa cuánto tiempo pase. No sé qué más decir...pero Mimi, no te olvides de mí. ¡Argh! No puedo creer que dije eso en voz alta."

Bajó del escenario y caminó hacia la chica, abrazándola después. Jugó con los mechones castaños que enmarcaban su delicado rostro, sintiendo el más mínimo estremecimiento debajo de él y suspirando suavemente se alejó. No quería levantar sospechas y arruinar su amistad de años con Mimi. Eso estaba fuera de discusión.

No podía soportar quedarse allí por mucho tiempo. Suspiró suavemente y cogió otra copa de champagne. Al pasar por el salón de buffet, sonrió al ver la abundante comida, tomó un camarón y se lo llevó a la boca, sintiendo el sabor amargo y luego lo escupió. Miró a su alrededor para llamar al camarero.

Nada. No había nadie.

"¡Oiga! ¿Mesero? ¿Alguien?"

"Yamato Ishida. 29 años. Nacido en Tokio, graduado en ingeniería mecánica. ¿Cierto? Por supuesto, siempre tengo razón. ¿Qué puedo hacer por usted?"

Yamato quería reírse como no lo había hecho en mucho tiempo. El hombre frente a él tenía un vestido blanco con detalles rosas, tenía una corona en la cabeza y un corazón dibujado en su brazo.

No aguantó.

Rio como no se había reído en mucho tiempo. Sacó su celular del bolsillo y trató de capturar el momento, pero el hombre nunca apareció en la foto. Estaba justo enfrente de él, pero no podía ser capturado. ¿Por qué no salía en la foto?

"Mejor no. Yamato No soy fotogénico." Rio.

"¿Quién eres?"

Yamato miró sospechosamente al raro hombre frente a él – solo eso le hacía falta.

Suspiró.

Al verlo acercarse, retrocedió unos pasos.

"Sería mejor preguntar lo que puedo hacer por ti." Se sentó en una de las sillas del lugar. "Sabes, yo vivo en esta Iglesia desde hace 48 años, amo mi trabajo, como tú amas el tuyo, pero odio cuando las personas se arrepienten de no haberse declarado antes. Colma, ¿sabes? Y tú eres una de esas personas."

"¿Qué? ¿Cómo-…?"

"Soy un cupido, aunque también soy viejo, gordo y calvo."

"¿Cupido? Por favor. Si es así, yo soy Campanita. ¿Dónde está todo el mundo?"

"Tu sarcasmo me anima." Rio secamente. "Sé que estás llorando por dentro, sé que envidias la relación de Miyako y Ken, lo sé…Y quiero ayudarte. Mira, te voy a dar cinco oportunidades para volver al pasado y confesarte con la bonita chica de tus sueños, cada oportunidad tiene diez minutos, ¿de acuerdo?"

"¿Oportunidad? ¿Cómo así?"

"Los cinco mejores momentos que tuviste para declararte a Mimi Tachikawa, pero no lo hiciste por miedo. Solo cinco. Nada más. Diez minutos. Nada más. Es decir, solo tendrás cincuenta minutos en total para declararte."

"¿Cincuenta minutos? ¿Estás de broma?"

"Declararse toma dos minutos, ¿no lo sabes?"

"Bien. ¿Cómo funciona esta cosa?"

"¡No es una 'cosa'! Respeta, muchacho." Tomó un respiro profundo. Ayudaba a los humanos y todavía se burlaban de su trabajo, odiaba eso. "Cuando te sientas listo, solo di Hallelujah Chance. Y yo haré el resto, ¿de acuerdo? Buena suerte, Yamato Ishida."

Cerró los ojos cuando sintió que la luz le daba directamente en la cara.

Unos segundos después todo volvió a la normalidad, como si todo fuera un sueño. No había ningún cupido extraño, solo había gente normal. Sonrió. ¿Había sido todo un sueño entonces? Jugó con la copa en la mano.

¿Qué tenía de malo decir eso? Si nada fue real, entonces no hay necesidad de tener miedo, ¿verdad?

"¡Hallelujah Chance!"


Ah~ Por fin logro traerles fic nuevo~ *lanza confeti*

En mi defensa debo decir que estaba esperando a tener listo el reescrito antes de publicarlo aquí y en Wattpad, en donde por cierto les estaré dejando un plus en el primer comentario que contendrá un enlace a una recién creada cuenta de Twitter/X que posteará un fic-trailer 😉

Me encuentran en Wattpad bajo el nombre de: QueenKat13

Y en Twitter/X como: MimatoFicCrumbs, en esta cuenta de Twitter/X se estará publicando no solo el fic-trailer sino también pequeños spoilers de los próximos capítulos 😉

Y para que no se pierdan las actualizaciones he decidido que el timetable para esta historia aquí serán los sábados y en Wattpad los viernes.

Por último, pero no menos importante háganme saber qué les parece la historia (la cual es una traducción que ha sido reescrita exclusivamente para el fandom Mimato) y que está inspirada en un drama llamado Proposal Daisakusen los estaré leyendo~