Lil

¡Qué feliz estoy de haber podido viajar otra vez en el tiempo! ¡Ha sido muy divertido visitar el parque de Leonor y Helena! ¡Estoy deseando volver a viajar al Parque París de Las Rozas de Madrid! Que, por cierto, no se parece en nada a París.

Mamá y la mamá de Tommy nos han traído esta mañana de domingo a pasar un rato en nuestro parque favorito. Esta vez, también vienen Susie y Angelica, y Tommy y Susie le explican a Angelica lo que les contó el reponedor de El Palacio de los Juguetes sobre la máquina del tiempo, y después Tommy le cuenta a Susie que el otro día viajamos en la máquina del tiempo hasta el parque de la ciudad de donde son nuestras amigas Helena y Leonor.

Angelica también está prestando atención a lo que dice Tommy, pero se ha enfurruñado cuando su primo ha dicho que cree que fue culpa suya que la máquina del tiempo nos mandara a distintas épocas aquella vez, la primera vez que la vimos en El Palacio de los Juguetes, y como Angelica no puede estarse quieta, tuvo que toquetear todos los botones de la máquina del tiempo sin saber ni siquiera cómo funcionaba.

Nuestras mamás se han sentado en un banco a hablar, y nosotros buscamos la máquina del tiempo detrás de los matorrales de siempre. Ahí está, y se ha abierto un nuevo portal.

-¿Quieres venir, Angelica? –le pregunta Tommy sin muchas ganas.

-¡Claro que voy, Pickles! ¿Qué te hace pensar que no quiero ir?

-No sé, tal vez sea porque cuando te mencionamos la máquina del tiempo, parecía que te daba pereza recordar a dónde te había mandado –le dice Tommy, haciéndose un poco el tonto.

-Pero eso era entonces, ahora tengo mucha curiosidad por ver si nos mandará a la ciudad de esas dos niñas gemelas o a la ciudad del niño ese que viste tan mal.

-Muy bien. Por cierto, Angelica –le dice Tommy-, ni se te ocurra volver a decirle nada a Severus por la ropa que lleve. Si lleva una ropa que parece tan poco adecuada para él, es porque no puede ponerse nada mejor, como él mismo te dijo.

-Ah, está bien, calvito. No le diré nada esta vez –resopla Angelica.

Sin más dilación, nos metemos en la máquina del tiempo, y esta vez también nos acompañan Susie y Angelica. Susie todavía no ha conocido a ninguno de nuestros tres nuevos amigos, y ahora es una oportunidad estupenda para que los conozca. Seguro que se caen muy bien porque Susie es lo opuesto a Angelica, y Helena, Leonor y Severus son muy majos.

Como la otra vez, en cuanto nos metemos en la máquina del tiempo, nuestro querido parque desaparece y se hace la oscuridad durante unos breves segundos, y enseguida nos entra luz del otro lado, pero es una luz mucho más suave que la que hay en nuestro parque o la que había el otro día en el parque de Helena y Leonor.

Salimos de la máquina y miramos a nuestro alrededor con mucho entusiasmo y curiosidad, menos Chuckie, que mira todo con miedo.

-¿Dónde creéis que estamos? –pregunto yo.

-Parece que en un parque –contesta Tommy mirando a su alrededor.

-Pero no se parece a nuestro parque –interviene Susie.

-Y tampoco se parece al Parque París –añade Kimi, que también está mirando a su alrededor con mucha curiosidad.

En ese momento, vemos que viene una mujer desaliñada a lo lejos con un bebé en brazos. Creo que es Severus.

Conforme se acerca, me doy cuenta de que sí que es él, así que creo que estamos en el parque de Cokeworth, ciudad en la que vive nuestro amigo.

La mujer deja al bebé en el suelo y ella se sienta en el banco que hay a su lado y se pone a leer un libro. Severus gatea hacia donde estamos nosotros, y cuando nos encuentra, pega un salto hacia atrás por el susto, ya que no nos esperaba.

-¿Qué estáis haciendo vosotros aquí? –nos espeta, por el susto.

-Eso mismo podríamos preguntarte nosotros –le dice Tommy.

-Acabamos de llegar aquí por la máquina del tiempo –interviene Kimi dando un paso hacia Severus.

-A eso iba yo –confiesa Severus mirándonos a todos-. Pero veo que os habéis adelantado.

-Sí, es que queríamos probar si podíamos viajar en la máquina del tiempo sin necesidad de tener que vivir aventuras y sin tener que rescatarnos los unos a los otros –le explica Tommy con amabilidad.

-El otro día fuimos al parque de Helena y Leonor –añade Kimi.

-¿Ah, sí? –pregunta él, curioso, alzando una ceja.

-Sí –le reafirma Kimi.

-Pues resulta que ellas también vinieron a este parque hace unos cuantos días –nos confiesa Severus.

-¿De verdad? ¡Qué guay! –exclamo yo-. Ahora sólo falta que tú vayas al parque de Leonor y Helena.

Él se sonroja un poco, sonríe y asiente con la cabeza.

-Por cierto, Severus, déjame presentarte a nuestra amiga Susie Carmichael –le dice Tommy acercándose a Susie-. Susie, este es nuestro nuevo amigo Severus.

Susie da un paso hacia adelante y extiende su mano para estrechársela a Severus, mientras le dice:

-Encantada de conocerte, Severus.

-Lo mismo digo –contesta él con voz amable.

-¿Os apetece jugar a algo? –nos pregunta Susie.

-¡A mí sí! ¡A las cocinitas! –exclamo yo levantando la mano.

-¡Eso, eso! –Phil también quiere jugar a lo mismo.

-Vale, hagamos una tarta –propone Susie.

-¡Sí! ¡Una tarta de chocolate! –propongo yo.

Mis amigos se relamen y asienten con la cabeza.

Nos ponemos a jugar a las cocinitas, y simulamos que el barro es la tarta. Phil y yo la probamos y todo.

Después, jugamos al pillado. Se la queda Angelica, que atrapa enseguida a Chuckie, y ahora se la queda él, cosa que no le hace ninguna gracia por la cara de disgusto que ha puesto.

Nosotros salimos corriendo en distintas direcciones y Chuckie intenta atrapar a Tommy y a Dil, pero Tommy es más rápido. Además, que lleva a Dil subido en una especie de cochecito pequeño y, como tiene ruedas, puede dejarse ir más fácilmente e impulsarse muchísimo más.

Phil y yo hemos salido corriendo en dirección contraria a la de Tommy y Dil, y perdemos a nuestros amigos de vista. Cuando vemos que estamos en un lugar seguro, nos detenemos para reponernos de tanto correr.

-¿A quién crees que atrapará Chuckie? –le pregunto a mi hermano, con curiosidad.

-La verdad es que creo que a ninguno porque le echa muy pocas ganas a este juego –Lo que mi hermano acaba de decir suena duro pero creo que está en lo cierto porque pasa el tiempo y por aquí no viene nadie.

Al cabo de un rato, volvemos al lugar desde el que partimos a ver qué pasa, porque nadie aparece donde estábamos Phil y yo hasta hace un momento.

Cuando volvemos, nos damos cuenta de que, efectivamente, Chuckie no ha pillado a nadie y está dando vueltas sin ningún sentido.

Enseguida, aparecen el resto de nuestros amigos, seguramente haciéndose la misma pregunta que nosotros.

-¿Qué diablos te pasa, Finster? –le espeta Angelica-. ¿Por qué narices no nos persigues?

-Os estaba persiguiendo, pero os alejasteis tanto de aquí y este parque es tan grande que me dio miedo adentrarme en él yo solo.

-Ay, Finster, no tienes remedio –suspira Angelica.

-¿Prefieres jugar a otra cosa, Chuckie? –le pregunta Tommy, que acaba de regresar con Dil.

-El juego de las cocinitas estaba bien –dice Chuckie.

-Pero a eso ya hemos jugado –le dice Kimi.

-¿Y si jugamos a los papás y a las mamás? –propone Susie.

-Vale –A esto Chuckie sí quiere jugar.

-Yo seré el papá de Dil –dice Tommy.

-Y yo seré su mamá –propongo yo.

-Vale, Lil –Tommy parece muy contento de que yo me haya ofrecido a hacer de mamá de Dil por un rato.

-Y yo seré el papá de Chuckie –dice Phil.

-Y yo la mamá de Chuckie –interviene Kimi.

-Y yo seré la mamá de Severus –propone Susie. Los demás, incluyendo al propio Severus, sonreímos y asentimos.

-Y yo seré la otra mamá de Severus –dice Angelica, y esto hace que Severus se ponga un poco tenso y trague saliva.