IV. Cuestión de tiempo
1
Domingo 13 de agosto
— No es que te falte entrenamiento, simplemente eres estúpido — comentó Kirschtein a Springer, dando un trago a su botella de cerveza.
— Podré ser un estúpido, pero hice más que tú quedándote en banca más de la mitad de un juego amistoso — se defendió Connie, levantando las burlas entre el grupo de jóvenes.
Marco Bodt se limitó a resollar ante la gracia de la situación, confortando a su viejo mejor amigo. Si algo le quedaba claro, era el que la vieja esencia de aquel joven e insolente Jean Kirschtein que conocía desde los doce años no desaparecería del todo con facilidad por más tiempo que transcurriese, y por más tiempo que hubiesen estado separados.
Al menos el próximo mes de entrenamiento le resultaría a la plantilla el más ligero de todo el semestre, siendo que los doce torneos non-conference de la temporada —gestionados libremente entre universidades — no empezaría sino hasta inicios o mediados de septiembre, dándose el inicio del otoño para finalizar en diciembre previo al descanso de dos semanas de invierno.
Estarían preparándose tanto para el tradicional juego de Fritz contra Tybur como para la liga regular de conferencia próxima a realizarse durante enero y casi todo febrero, y si corrían con la suficiente preparación y suerte, llegaría hasta los tournament post-temporada.
Mientras tanto, Keith Shadis se estaría encargando de organizar juegos amistosos entre los equipos de las universidades de la zona en conjunto a sus directores técnicos, dando oportunidad para la integración de los freshman al campo de juego.
— Ambos de ustedes son unos completos idiotas — secundó Jaeger.
— Ser el perrito faldero del capitán no te hace mejor, Eren — volvió a responder Jean.
— Tampoco puedes serlo durante años de una chica que no te voltea ni a ver, Jean, deja de humillarte…
Springer no pudo evitar soltarse a carcajadas a su costado, azotando a palmadas la espalda del susodicho, quien se mantuvo observando en silencio a Eren Jaeger mientras de un tumbo acababa con lo último de su bebida, torciendo su quijada.
— Dejen de tirarse mierda entre ustedes, se trata de ir en contra de los otros equipos, no ponerse bravos entre ustedes… Tienen tiempo para prepararse hasta que inicie la temporada — entró Braun, de igual manera burlón a la discusión, relajando el ambiente entre los tres muchachos y estirándose a sus espaldas para tentar la hielera tras su asiento.
Si algo no podían ignorar, era el que la preferencia de entrada al campo se mantenía sobre los becados de high school. Habiendo ingresado gran parte de ellos como walk-on, se les es considerado principalmente relleno de equipo para cerrar los registros, por lo tanto, no se espera que participen en juegos oficiales.
El duro entrenamiento y el destacar tanto en ellos como en los próximos juegos resultaba pieza clave para su integración y posible oportunidad de conseguir una beca y sus beneficios — como el adelanto de materias para terminar la carrera más pronto—.
— Anda, Jaeger, trae una bolsa de hielo. Estás más cerca de la puerta.
— Ha… — respingó el muchacho de cabellos oscuros, mas, sin embargo, ensimismado no tardó en erguirse para subir y regresar hacia el interior de la casa a través de la puerta corrediza que daba acceso a la sala de televisión desde el patio.
Estaba exhausto ya.
Sin darse cuenta, se habrían dado ya tres días sin pisar la casa de sus padres desde que salió el viernes desde temprano a sus clases. Carla ya no habría insistido en llamarle o mandarle mensajes desde el sábado por la madrugada, y seguramente una larga discusión al respecto le esperaba ya con sus padres en cuanto llegase, pero estaba preparado para ello.
Depender de horarios y movimiento por fuera o por parte de sus amigos no resultaba de lo más factible.
«Pero me va a reclamar que preferí el carro a quedarme en la universidad — pensó Eren, imaginando ya lo que serían las palabras en los reproches de su madre.»
Mejor le resultaba disfrutar de su fin de semana entre su nuevo grupo de amigos mientras podía.
— ¡Y más cerveza! — gritó Connie como pudo, habiendo Jaeger traspasado ya hacia el interior.
La difusa figura al rabillo de los ojos de ambos muchachos y los ruidos propiciados debido al avanzar y maniobrar de ambos por sus partes pronto les dio indicios de la presencia de alguien más a la cercanía, y dada la situación, no tardó en llevarles a alzar la mirada y enfrentar la misma a la del otro.
— Hmph… — resopló Leonhart, volteando sus ojos y apartando sus codos de sobre la superficie de la isla de la cocina para poder tomar sus vasijas y aperitivos en cuanto el más alto no detuvo su andar.
Jaeger decidió dejarlo pasar por alto y se dirigió hacia el refrigerador en busca de la bolsa de hielo, admirando a la mayor apenas de reojo.
— No le es suficiente y ahora también debe traer a sus amigos de mierda a la casa… — farfullaba la joven de alborotados cabellos dorados, refunfuñando conforme se encargaba de dejar todo en orden.
Tan solo eso habría bastado para conseguir avivar el fatigado sentir del muchacho.
— ¿Y cuál es tu puto problema? — cuestionó Eren, enderezándose tras la puerta de la nevera y enfrentando su disgustado semblante a la misma.
— ¿Por qué estás siendo semejante pedazo de imbécil? — replicó Leonhart, echándole un vistazo de pies a cabeza.
Oh.
Ninguno consiguió ingeniarse alguna otra respuesta y tampoco se apartaron la mirada, permaneciendo en silencio al menos hasta que Leonhart suspiró y terminó por darle la espalda, retirándose hacia las escaleras conforme ambas miradas caían sobre ella.
Estando ya fuera de su alcance, Eren Jaeger resopló y entornó los ojos.
— Vaya mierda — masculló el muchacho, habiendo abierto el cajón inferior del congelador para sacar la pesada y helada bolsa, azotándola contra el suelo para deshacer el mismo antes de poder retirarse con ella.
— Disculpa que haya sido así — le sobresaltó Reiner, apoyándose de brazos contra sus hombros para hacerle hacia un lado e inclinarse a arrastrar hacia sí una petaca de cerveza de un costado del refrigerador.
No habría esperado que les escuchase discutir.
— Ha tenido una noche complicada… Imagino que sigue de mal humor por eso — suspiró, oteando con algo de intranquilidad en dirección hacia donde se marchó la aludida.
— ¿Qué tan malo pudo haber sido?
La paciencia no le daba.
— No ha de ser sencillo asimilar en una sola noche el que te han estado engañando durante años… — comentó Braun, encogiéndose de hombros y alzando consigo la reja de botellas, habiendo conseguido dejar desconcertado a Jaeger.
2
«Frieda Llamada entrante…»
Seguía vibrando el silenciado aparato que permanecía tendido a un costado de sus cuerpos sobre la cama, pero el ambiente habría conseguido aturdirles lo suficiente como para no haberlo advertido antes.
Su mano azotó y sacudió trémula y desesperadamente sobre la superficie de la cama en un fallido intento por alcanzarlo.
— Ymir, espera, espera — exigió Reiss, apartándole entre pequeños saltos y bruscas palmadas contra el pecho de la más alta entre su pánico.
Langnar se tira hacia atrás sobre la cama, tomando asiento en silencio y recuperando algo de aliento — un poco más ida de lo que esperaba — mientras admira de manera inconsciente con el entrecejo fruncido a la menor estirarse sobre la cama.
— Se hizo tarde — masculló Historia, dejando el teléfono de lado para tomar su ropa interior y bajar al borde de la cama para avanzar hacia la pieza del baño como le fue posible entre el tiritar de sus agotadas piernas.
Ymir Langnar resopló y se acostó sobre el colchón, encontrándose entonces con la densa sensación de humedad sobre las ropas de la cama y propiciándose a sí misma un sobresalto, de manera en que volvió a erguirse.
Los estruendosos ruidos provenientes del baño le hicieron saber que Reiss no tardaría en estar lista para salir pronto.
Levantó la cobija y la dobló sobre sí misma para cubrir el desastre que habrían dejado, procediendo entonces a atravesar la habitación hasta colocarse de brazos cruzados contra el marco de la puerta del baño, permaneciendo en silencio y admirando por el reflejo del espejo a la rubia acomodar su cabello y uniforme con prisas, así como llenándose a rociadas de perfume.
Historia sintió su mirada, Ymir lo notó.
— ¿Qué días estarás yendo a ensayar?
— Buscaré manera de compensártelo luego, no hubo tiempo suficiente — mencionó la menor, haciendo notoria su disconformidad en su semblante y el tono de su hablar.
La trigueña frunció su entrecejo y alzó su ceja, desconcertada.
— No me debes nada — se burló Ymir en un bufido, vacilándole —, ¿complacerte no debería ser suficiente?
La más pequeña volvió a hacer evidente su inconformidad, pero sus mejillas ardían ahora en un intenso color carmín sobre su pálida uniforme piel.
— Lávate las manos antes de irnos — le señaló Reiss, acomodando sus cabellos por detrás de sus orejas y arreglando últimos detalles.
Langnar no habría tardado en acercarse por un costado a hacer lo que le habría pedido, mientras la otra permanecía en silencio algo pensativa.
— Sé que no es suficiente con que yo sea la única en recibir… — resopló finalmente casi entre dientes.
— ¡Oh! — exclamó Langnar, sacudiendo sus ahora limpias y húmedas manos al aire. Se dio su tiempo para continuar y se colocó tras de Historia para asomar su cabeza por encima de la de la de menor estatura —, ¿entonces quieres tomar la iniciativa? — cuestionó en un tono burlón.
— ¿Por qué lo pones como si fuera algo que no pudiera hacer? — protestó Reiss, alzándole la mirada.
— No es que no crea que no puedas hacerlo… — ríe Ymir, descendiendo a suspirar a su cuello y rozando su mano por apenas el borde de la falda, admirando a la menor estremecer bajo su tacto—, simplemente me hace gracia tratar de imaginarlo… — ladea su mandíbula, chasqueando su lengua contra sus dientes al oído de la rubia.
Ambas se admiraban a través del espejo, embelesadas.
Divertidas escenas regresaron a la cabeza de la castaña.
— Te lo creería si no me golpearas cada que estás a punto de venirte — soltó Langnar, riéndose entre un resoplido.
Historia vuelve a respingar con molestia, sobresaltando a la trigueña en cuanto azotó la mano que mantenía acariciando su pierna.
— Sólo… — empieza con la queja, no encontrando palabras para justificarse —. Nunca lo he hecho, no sé qué esperar y no me agrada la sensación del todo… Nunca había estado tan cerca.
Langnar volvió a reír por lo bajo para sí, aclamándose.
— Quizá podamos intentar ya otro día con más calma en mi apartamento, cuando no tengamos que estar al pendiente de tus compañeras o de tener a tu odiosa hermana encima… Si es lo que quieres.
La menor fruncía ahora su labio, recibiendo los brazos de Ymir alrededor suyo y los besos de la misma a sus mejillas.
— Está bieeen… — oscila la más alta, volteando sus almendrados ojos y empezando a usar un tono chillón como queriendo imitar otra voz —. Tu maravillosa, perfecta e intachable hermana, Frieda… ¿Mejor?
Se limita a ladear la cabeza hacia un costado en respuesta, atacada entonces por el revoloteo de sus cabellos y un beso en la frente por parte de la otra.
— Vamos, me está esperando desde hace casi media hora — suspiró Historia con inquietud, manoteando contra los brazos de la mayor y volviendo a llevar sus manos a su cabello para volverlo a colocar en su lugar.
3
Armin Arlert pretende estar de acuerdo
Era considerado bueno al hablar y a la hora de tener que convencer gente con su palabra, como se lo habrían señalado ya profesores y amigos tiempo atrás, y aunque complicado no habría resultado para el joven de rubios cabellos persuadir a su equipo e idear una excusa apenas poco después de que le encontraran ambos de sus amigos, en realidad su actuar hablaba por él.
Hacía tan solo doce minutos atrás habían salido de su última clase del día, misma en la que se encontraban por primera y última vez para cursar juntos los lunes por las tardes, y a la cual le dedicarían al menos las próximas semanas en exigentes investigaciones, trabajos y presentaciones en equipo junto a su nueva cuarta integrante, con quien se habría desaparecido de un momento a otro el encargado de integrarle.
El primer cuestionamiento de ambos muchachos habría sido el porqué de la prisa, si es que no se hubiese presentado entonces el escenario que ambos admiraban ahora. Entonces se tornó en algo más específico. ¿El momento adecuado para preguntar? Aún no lo era.
Sin embargo, Jean Kirschtein y Mikasa Ackerman igualan su paso y bajan tranquilamente la escalinata de Aldrich Hall conforme su atención se enfoca en ambos de sus compañeros de brillantes melenas, mismos que aparentemente finalizaban su conversación y se despedían en su avanzar antes de ser alcanzados.
La mayor se marcha y finalmente Arlert se queda varado, advirtiendo de reojo y permitiendo a los otros dos terminar de acercarse.
Su atención se deposita entonces sobre el más alto.
— ¿En verdad te llevas bien con Annie? — le cuestiona Jean, algo de desagrado y desconcierto se hace entrever en el tono de su voz. Remueve sus hombros y vuelve a ajustar su mochila y el identificado bolso de la Ackerman sobre su espalda —. Hay algo en ella que no termina de agradarme.
— Su actitud… — aporta la Ackerman, vacilante.
Habrían sido testigos de ello tan solo una media hora atrás durante la discusión con el profesor, y el recordatorio de ello tan solo les dejaba una extraña sensación de inconformidad y probable mal sabor de boca.
— Sí… — desiste Armin, asintiendo sutilmente con la cabeza como secundando la afirmación de ambos, y baja entonces la mirada en silencio, evitando dar su juicio de ello.
Un ápice de desconfianza se sumó a sus pensamientos y a su sentir.
— ¿Nos dejará todo el trabajo del equipo a nosotros?
— Dijo que tiene audiciones hoy y no podría — recupera Arlert.
— Entonces puede alcanzarnos luego, si es que le interesa — dice Kirschtein en alusión a la discusión, entonces suspira y aprieta su vientre al sentir el revoltijo del mismo presentarse—. Vamos a comer algo antes, yo invito.
4
Remontando entre sus memorias desde que se mudó a Paradis y entró a la universidad, dos mil quince habría sido de lejos toda una locura en cuanto a experiencias y libertad estando lejos de Marley y su familia, al menos hasta que Ilse entrara también a la universidad el siguiente año.
Aunque si volvía a considerarlo y lo pensaba mejor, habría resultado un año algo turbio.
— La universidad es la mejor etapa de la vida estudiantil… Cuatro años no son suficientes, así que me tomaré cinco —habría sido su excusa ante sus padres tras haber perdido su año de freshman debido a faltas y créditos insuficientes, sin considerar que en realidad terminaría cursando seis por perder también el ciclo de dos mil dieciséis por meterse en problemas con la universidad y las casas de las fraternidades.
Derroche de dinero que hizo perder el apoyo económico de sus padres y problemas para volver a acceder a la carrera.
¿Algo positivo de todo aquello? Si se le preguntase, por supuesto que lo había. Recordaría, en su avanzar durante la siguiente media hora de caminata desde las residencias en la yarda de Fritz hasta la Soldiers Field Road, acompañando a Historia Reiss, habría sido aquel verano del año pasado.
Era uno de esos veranos que uno jamás olvidaría, aquel…
Junio de 2016
Se situaba tan solo un par de meses antes de volver a entrar a la carrera en el que se supondría sería su año de sophomore y se trataba entonces de sus preciados últimos meses antes de entrar a la etapa de los turbulentos veinte.
Ymir Langnar tenía entonces diecinueve años y cuatro meses, apenas.
Vaya que los había vivido bien, pero bajo su percepción, el tiempo no hace más que avanzar de manera fugaz y le hace sentir que envejece demasiado pronto. En su sentir, perfectamente podría visualizarse ya como una anciana jubilada. No faltan en su actualidad más que seis meses para sus colindantes veintiuno, y con ello, la mayoría de edad.
«Pero qué ridículo y qué dolor de cabeza tener que esperar hasta los veintiuno para ser considerado mayor de edad — siempre habría sido su pensamiento, en especial aquella ocasión, sentada en la banqueta del parqueadero del establecimiento de autoservicio en que le negaron un cartón de cervezas y una cajetilla de cigarros por no presentar su identificación.
— Leyes de mierda.»
Vuelve a rebobinar.
En aquel entonces fungía aún como miembro de la honrrorosa Sigma Beta Xi —en sus siglas, ΣBΞ —, sorority considerada desde su fundación como la más importante de la universidad —su as bajo la manga a la hora de conseguir su pase de reingreso — y liderada por su presidenta, Frieda Reiss, desde 2009 hasta la actualidad por legado de los Reiss.
¿Era eso siquiera válido? Permaneció en sus incógnitas durante al menos sus primeros meses tras haber ingresado, hasta que la cuestión tomó sentido tras enterarse del que largas generaciones de la familia Reiss habrían obtenido esa clase de ventajas — como el conseguir pase automático para estudiar en la institución — desde su incorporación, como beneficiarios, tras la donación de edificios — algunos de ellos, nombrados en honor de algunos de los fallecidos miembros del linaje — a los distintos campus.
Misma razón que daba además sentido a la popularidad y reconocimiento de sus integrantes a través de los años en Fritz.
Situación evidenciada con tan solo observar y ser testigo de la influencia de Frieda durante los últimos nueve años, desde su periodo de freshman hasta su doctorado en la actualidad, así como anteriormente también se habría visto con sus ya graduados hermanos menores Ulklin y Dirk.
Por otro lado, Abel habría ingresado a Fritz junto a Langnar en dos mil quince, mas era la única de los hermanos en no involucrarse en las labores y organizaciones, prolongando entonces el periodo de administración de la mayor de la agrupación.
Asunto que finalmente llevaba hasta las menores y últimas dos en la sucesión de los hijos de Rod Reiss, quienes probablemente seguirían el legado de liderazgo de la familia y quienes por fin le librarían de todo aquello a la mayor apenas entrasen a la universidad, quedándose con sus obligaciones y responsabilidades al menos hasta graduarse juntas en dos mil veintiuno.
Langnar habría estado asistiendo a los campamentos y actividades de vacaciones de verano de la casa, en orden de cumplir su parte para completar la meta de recaudación de fondos para las asociaciones involucradas con la ΣBΞ, conforme también juntaba evidencia para mantener su pase de reingreso.
Habría sido como cualquier otro campamento con los que ya se había comprometido antes, de no ser porque la líder de la organización griega precisamente eligió esa ocasión para empezar a involucrar a ambas de sus hermanas menores — de entonces diecisiete años y aún estudiantes de la preparatoria en Mitras — a las actividades de la sorority para relacionarles con el entorno aún mucho antes de entrar.
Historia Reiss atrapó irremediablemente su atención desde el primer momento, y la misma no tardó en advertirlo. Ninguna encontraba la reacción adecuada, y el naturalmente hostil rostro y aura de Langnar no ayudaba a ello.
Durante la siguiente semana y media a ello, todo se basó en miradas, un par de conversaciones breves e interacciones muy limitadas, debido a que la menor se la pasaba pegada a Frieda y Florian Reiss.
Vaya que se sintió frustrada por no poder hacer demasiado.
Al menos hasta que Reiss dio el primer paso.
— ¿Necesitas ayuda? — le consultó.
Le habría arrinconado en su propio stand mientras acomodaba sola todo antes de dar inicio al evento de esa tarde, le admiró con cierto pasmo y se quedó pensando antes de poder responder, encogiendo sus hombros.
— Por su puesto.
La hermana de la presidenta se habría autodenominado como su compañera de actividades de ahí en delante.
— Esto no debería ir aquí — dijo Historia entre el ajetreo, algo nerviosa.
— Nunca pedí que cuestionaras mi manera de trabajar — respondió Ymir, perspicaz.
Historia le dedicaría entonces una mueca, y la otra no habría conseguido evitar burlarse. Se llevaban bien, Langnar no dudó un solo momento y tomó la oportunidad para empezar a invitarle a salir y conocerse, no en las intenciones de una cita.
Resultaba ser demasiado amable y cariñosa a la hora de relacionarse con ella cuando estaban juntas, pero de alguna manera y hasta cierto punto, Reiss era así con casi todo mundo. No podía confundir sus tratos y tampoco podía cuestionar su sexualidad.
«Sería demasiado intenso de mi parte — llegó a cuestionarse luego de finalmente haberse decidido por hacerlo, pero no lo consiguió. No tenían más de mes y medio de comenzar a hablar, pero Reiss no le daba ni pista y no quería asustarle.»
Lo intentó entre sutiles coqueteos y hubo correspondencia por parte de Reiss, pero la inseguridad no le dejó escalar e ir más allá. Su lado más intenso habría permanecido escondido dada la situación.
El que se tratase de la hermana menor de su presidenta era también otro factor importante a tomar en cuenta.
No le habría resultado nada sencillo acercarse y mantenerse con ella, por lo tanto, coquetearle deliberadamente, como le era ya de costumbre con otras chicas, no era una de sus opciones más factibles.
«Un paso en falso y puedo joderlo — consideraba Langnar.»
Tampoco pudo sacarse de dudas en ese entonces, y quizá seguiría sin hacerlo o sin obtener algo preciso.
Hubo de reconocer que la pasó increíble, pero no quedó conforme y las vacaciones ya habían llegado a su fin.
No volvió a verle en lo que restó del año, no intercambiaron números y no volvieron a hablar durante los siguientes meses como les habría gustado. Ymir Langnar no tuvo más opción que seguir con su vida como normalmente haría, hasta que — quizá por cosas que escuchaba andando por el campus o en la misma casa, no recordaba — empezó a usar con más frecuencia las redes sociales y llegó un día de esos hasta las cuentas de Historia Reiss, más precisamente Instagram…
y a una de las fotografías de tiempo atrás en la que era ella la co-protagonista. No tenía clara la imagen de aquel momento, pero ¿tan pronto habían pasado cinco meses?
¿Le consultó antes sobre subir la foto? Tampoco lo recordaba, pero Historia se encargaba de documentar casi todo lo que hacía en su día a día. Realmente no le sorprendió en lo absoluto ser parte de su autobiografía y encontrar su rostro entre la misma.
Sin embargo, lo agradecía de alguna u otra manera hasta la fecha.
«Qué demacrada me veo» dejó su comentario en el post de la foto en cuestión, mismo que era adornado por unos cuantos emojis lindos acompañados de hashtags en la descripción y no contaba con alguna otra etiqueta — además de las de las cuentas oficiales de la Sigma Beta Xi y la universidad —, al menos hasta que «khrisu-ssierz»le respondió, regresándole el follow y editando los tags para agregar el «whotfamiyl» debajo de su rostro.
«Yo veo mi feed lindo»
Dejó ir el humo de su cigarrillo al aire y enterró la colilla entre el cumulo de nieve que se hizo sobre el balcón, chasqueando su lengua y frunciendo la comisura de sus labios en una mueca como queriendo evitar terminar de sonreír.
— Hace demasiado frío afuera, entra — le ordenó Ilse, rodeándose entre sus propios brazos y no terminando de abrir del todo la puerta del apartamento.
Pudo notar cierta alegría en el rostro de su hermana mayor, momentos antes de que le interrumpiera y de que la misma se tornara sobre sus talones a otearle.
— Hice chocolate caliente…
— Qué poco acostumbrada estás al frío — se quejó Ymir, finalmente acompañándole hacia el interior.
Se habría tratado tan solo del inicio de su relación tras recuperar comunicación a través de las oportunidades que tomaba Langnar de interactuar respondiéndole historias y comentándole de vez en cuando, llevándoles de apoco a mantener conversaciones más largas y tomar confianza.
Se felicitaron ambas por sus cumpleaños de apenas un mes y un par de días de diferencia iniciado el dos mil diecisiete, tomándolo como una perfecta situación y excusa para acordar por fin una salida y celebrar solamente ellas dos juntas.
Como era ya la costumbre de cada año desde que se habría integrado a Historia a la familia, tanto ella como Florian compartirían el mismo día para celebrar su fiesta de cumpleaños — siendo que entre ambas había apenas una diferencia de horas entre el catorce y quince de enero —. La fecha elegida siempre era el catorce para trasnochar al quince.
«Rod sinvergüenza — le reconocerían en ya reiteradas ocasiones.»
Por su lado, Ymir realmente nunca celebraba o siquiera disfrutaba de sus cumpleaños. Si acaso, Ilse siempre se preocupaba por hacerle regalos, reunirse con ella o al menos mandarle una felicitación, si es que estaba lejos, como se dio un año atrás.
Lo más característico que podía recordar de su hermana menor, era el que desde que aprendió a escribir por ahí de los cinco años, desde pequeñas se habría dedicado a redactarle cartas o poemas melosos cada diecisiete de febrero, mismos que aún conservaba por ahí guardados en alguna caja en el closet de su habitación en casa de sus padres.
La última habría sido de manera electrónica, a través de un email y archivos editados al correo del que perdió la contraseña no hacía mucho.
Tal vez, solo tal vez, habría sido de Ilse de quien habría agarrado la costumbre y el gusto por escribir cartas y por la literatura.
Otro gesto que apreciaba y que realmente le resultó de ayuda no mucho después.
«¿Tienes planes para hoy?» recibieron la una de la otra a lo largo de la primera mitad del año tras su primer reencuentro a mediados de febrero, y aunque no recurrentes, las esporádicas salidas que solían proponerse de vez en cuando habrían mantenido la dinámica de su relación sin dejarles caer en la monotonía.
La afectividad física entre ambas se desarrolló durante ese tiempo, en especial por parte de Historia cuando se trataba de andar juntas por la calle; siempre le llevaba enredada por el brazo o permanecía bajo el mismo. Podía considerarle de alguna u otra manera su lugar seguro.
Los roces entonces no se empezaron a dar sino hasta finales de junio del año presente, tan solo hacía un mes y medio atrás, contribuyendo principalmente Langnar al coqueteo y las muestras más íntimas, a las cuales Historia no resultaba reacia estando ambas en un ambiente más privado.
Ah, sí.
Se habría vuelto a desviar, ¿y lo positivo de toda la situación? Tras los incidentes con la casa de la sorority y los problemas con la universidad, repetiría nuevamente año. Estaría al menos los siguientes cuatro años en Fritz y se graduaría al mismo tiempo que Reiss.
¿Desventajas? La fantasía de mudarse juntas se vería posiblemente retrasada o afectada si ninguna de las dos tenía un trabajo estable.
Sin embargo, la misma idea y la supuesta cara positiva de su recurso de año resulta ser algo que ahora oscila en sus pensamientos y las posibilidades como colgando de un hilo. ¿Qué habría sucedido? No parece tener idea alguna al respecto… pero Historia Reiss ahora no puede ni tomarle de la mano mientras caminan juntas por el campus.
Le siente distante.
Su orgullo no le deja cuestionar por qué, a sabiendas de que no está en derecho de exigir y de que conoce las condiciones bajo las que ambas quedaron en base a sus anteriores largas conversaciones y discusiones al respecto.
Langnar mantiene la cabeza gacha y su mirada no se ha apartado de la mano de Historia desde que salieron del edificio, dado su primer y último intento por tomarle de la misma media hora atrás, cuando comenzaron el trayecto.
Le había eludido el contacto físico casi magistralmente, de no haber sido porque lo advirtió de inmediato. Su excusa habría sido la insistencia en las llamadas de Frieda para ocupar ambas de sus manos para escribir en su celular, el cual le mantendría ensimismada en su caminar.
Y como ya lo veía venir, sucedió.
— A la mier… — se estiró Ymir.
El descuido le habría llevado a tener un resbalón, y sus reflejos actuaron casi al instante, apenas alcanzando a jalarle para evitar el impacto contra el suelo.
— ¡Ve por dónde caminas! — le reprocha a Reiss, tomándole con fuerza por la mano ante la oportunidad.
— Estoy bien.
Se agachó por un momento a recoger su celular.
— Claro que lo estás — le respondió Langnar, tendiéndole el aparato a Historia con ligero desdén.
Historia no dijo nada más y ambas avanzaron juntas en silencio hasta la entrada del complejo de alto rendimiento, donde la menor les obligó a detenerse.
— Te mando mensaje más tarde — se despide Reiss, finalmente soltándose y avanzando apenas un par de pasos antes de detenerse a voltearle a ver.
No conectó con la situación hasta momentos luego. Ymir permanece de pie sobre su lugar, embolsando sus manos y observándole.
— ¿Sí nos veremos más tarde o ya te irás? — cuestiona Historia, regresando con algo de inseguridad hacia la mayor.
— ¿No quieres que me quede a verte? — le pregunta la pecosa, pero no le permite leer su rostro.
— Sabes que me encantaría, pero creo que estaría mejor otro día… — menciona, vacilante en su hablar —. Hoy estará demasiado pesado con las audiciones, no quiero dejarte esperando tanto tiempo para nada. ¿Está bien?
Ymir Langnar suspiró y sonrió sutil y forzadamente, asintiendo con la cabeza ya sin mucha elección.
— Ojalá llegando a tu habitación puedas descansar bien — se obliga a decir, sin muchas ganas. Apenas consigue alcanzar a besar la frente de Reiss en su ahora evidente movimiento evasivo —. Lo tengo, nos vemos.
Se dio la vuelta y empezó a andar.
— Ymir — nombra Historia, admirándole apartarse.
Aprieta sus labios y baja la mirada entre un resoplido de desánimo, resignándose y finalmente dirigiéndose hacia el punto de reunión.
Tiene su cabeza en otro lado últimamente.
— ¿Todo bien? Tardaste demasiado — señala Frieda, apenas recibiéndole en el pabellón.
El resto de asistentes permanece disperso sobre la cancha de basketball, haciendo algunos estiramientos.
— Sí… Me entretuve un poco en lo que llegué de Holstwood — se excusa Historia, correspondiendo al abrazo de su hermana mayor.
La azabache no apartaba la vista de entre los aspirantes.
— Necesitamos encontrar pronto una nueva flyer, Zoe ya no forma más parte del equipo.
— Yo puedo ser-
— No, encuentra a alguien que podamos capacitar sin problema o de preferencia que ya lo haya hecho, las presentaciones se vienen pronto… — entonces Frieda cae en cuenta de lo que ha hecho por la expresión en el rostro de su hermana —. Podrías serlo más adelante, pero no ahora — intenta compensar, sonriéndole dulcemente en confidencialidad, queriendo aminorar la agresividad de su respuesta.
Historia le desvía la mirada y asiente en silencio.
— Ya vuelvo, te dejo a cargo — le palpó el hombro, dirigiéndose entonces hacia el pasillo.
La menor vuelve a tomar aire y alza entonces su rostro hacia el grupo de aspirantes, encontrándose de reojo con Annie Leonhart.
5
La residencia es un lugar seguro, sí.
Un día no es nada, estará bien.
«Todo está bien, eso ya no importa — pensó—. Sí»
Se quiso convencer.
La pantalla de su celular a un costado suyo se apaga y las vibraciones se detienen, así como la actividad en el centro de notificaciones.
«Mensajes Mob 24 mensajes de iMessage hace 1 minuto
Teléfono Mob 7 Llamadas pérdidas hace 41 minutos
Teléfono Ninfa 2 Llamadas pérdidas hace 1 hora
Teléfono Bigotes Z. 1 Llamada pérdida hace 3 horas
Teléfono Nana Z. 2 Llamadas pérdidas hace 4 horas
Whatsapp Tienes mensajes nuevos hace 11 horas
Outlook FMS Oficina del Decano de Educación Médica hace 12 horas
Outlook FMS Departamento de becas hace 12 horas
Outlook FMS Consejo escolar hace 12 horas»
Daban ya casi las once de la noche, el sol se habría ocultado apenas un par de horas atrás.
Y aun tratando de evitar lo inevitable, ya le esperaba una reunión en dirección con sus jefes de carrera.
Si su fin de semana resultó así de horrible apenas empezando su tercer semestre de la carrera, no quiere imaginar lo que será de sí los próximos meses y los posteriores dos años y medio restantes, si es que la idea de aquella noche en plena de Acción de Gracias no terminaba por persuadirle antes.
Su corazón se detuvo, así como las insistentes notificaciones de mensajes de texto en su buzón y las llamadas denegadas e ignoradas por su parte a lo largo del día, tras haberse desconectado de la red de internet y los datos celulares para evitar la saturación, el golpe de la puerta de la habitación terminó por darle un sobresalto.
«Tan… tan…» retoma su pecho y los pasos al unísono. «Tan… tan…»
Pero no hizo nada, paralizada e inerme entre el duro resorte del viejo colchón y la ya magullada almohada, en contraste del juego de suaves sábanas y cobijas que el casi matrimonio de amigos le habría obsequiado en su último cumpleaños hacía casi un año.
Ha estado evitando el contacto con la gente, pues es lo que menos busca en dado momento, y su energía tampoco se lo permite.
Su cuerpo permanece inmóvil y cabecea débilmente, no puede mantener los ojos completamente abiertos, pero tampoco se permite cerrarlos entre la difusa vista de las pestañas y la miopía, el cansancio y la irritación de las últimas horas lagrimeando. Su mano que tiende a la orilla de la cama tiembla.
Nanaba finalmente se postra frente a ella de cuclillas, a un costado de su cama.
— Hanji… — musitó y mantuvo sus trémulos dedos entre los suyos con afabilidad.
Débil y como pudo, alzó la mirada hacia el rostro de la mayor. No le era seguro estar viendo a sus ojos, pero su cabeza ardía lo suficiente como para querer colocarse sus estropeados anteojos chuecos. No lo haría.
La fuerte fragancia a frutas de su compañera habría conseguido marearle en cuestión de nada.
Nanaba torna entonces su rostro hacia un costado sobre la mesa de noche, encontrándose con los platillos y bebidas de ya un par de días casi intactos aún. Agachó la mirada y suspiró, ahogando el soplido de su sollozo con su otra mano sobre el mentón y sus labios.
— Por favor…
No había respuesta de su lado.
— Tienes que comer algo… ¿Has dormido? — insiste Nanaba, a punto de lágrimas—. Todos me han estado preguntando por ti, quieren verte.
Sus labios y el respiro del esfuerzo dieron forma y fin a una a, ni el aire le daba para más. Un segundo sonido quedó estancado en el aire en una n.
«No quiero ver a nadie — pensó, en su fallido esfuerzo por comunicarse con Nanaba. Esperando que la misma comprendiera misteriosa y telepáticamente lo que buscaba decir. Por supuesto no funcionó.»
Aunque su compañera ya estaba enterada de ello y había respetado su decisión hasta entonces.
— ¿No quieres tomar un baño? Tienes días sin dejar la cama, puede ayudarte a levantar los ánimos — quiso incitarle, pero pronto sintió el reproche en sus palabras—. Puedo ayudarte si no sientes que puedas… — quiso compensar.
Hanji Zoe sollozó.
Nanaba se irguió sobre sí e intentó levantarle entre sus brazos para ponerle de asiento, abrazándole mientras la otra se aferraba como podía a sus ropas entre sus ya no tan silenciosos lamentos.
— Vamos, Hanji… Todo estará bien.
— Tch…
Levi Ackerman gruñó, se apartó de la entrada de la habitación y se acercó hasta la cama a asistir a la más alta.
6
— ¿Estará con nosotros en el equipo o no? — cuestionó jean de nueva cuenta, algo de fastidio se hizo entrever en el tono de su voz.
Arlert se limitó entonces a encogerse de hombros, inseguro de darle alguna respuesta entre su ahora propio cuestionamiento. La idea de que quizá no habría hecho la mejor elección estaba ahí, pero se negaba a ello.
«Ya hablaste con Eren?»
Una evidente sensación de inquietud invadió a la joven en cuanto recibió el mensaje de Carla Jaeger. Ambos muchachos, Armin Arlert y Jean Kirschtein, lo advirtieron casi de inmediato.
— ¿Ocurre algo? — se adelantó Armin.
— ¿Han visto a Eren?
Por supuesto se trataba de él.
— Ya que lo mencionas… No estuvo en el entrenamiento de ayer — menciona Kirschtein, volteando su muñeca y alzando la misma hacia su rostro para ver la hora en su reloj mientras estiraba su otro brazo y espalda hacia atrás sobre su lugar.
El día anterior la Ackerman no habría asistido por quedarse a estudiar con Armin.
— Ya no falta mucho para irme hacia allá, si quieres ir a ver y asegurarte de que ande por ahí… — agregó Jean, relajando sus músculos.
Mikasa asiente con sutil frenetismo sin darse cuenta, abstraída.
Esperaba finalmente poder conversar con él.
Se habría tratado de una semana entera de indiscutible indiferencia por parte de su hermano, y de alguna u otra manera añoraba ya al menos poder reunirse junto a Eren y Armin en un ambiente agradable como acostumbraban, sin tener aún esa situación de por medio.
«Plah»
El estruendo de los azotes en el campo de entrenamiento le sacaron de su ensimismamiento, ¿cuándo dejó de prestar atención? No se dio cuenta.
Contrario de lo que habría imaginado tras la declaración de Jean un rato atrás, al menos esa tarde Eren estaba ahí, y con ello en mente, le volvió a tratar de encontrar con la vista sobre la yarda del estadio.
Está en la parte baja de las gradas, así que no se le complica la tarea y pronto le halla a las orillas de la cancha conversando de pie con el capitán del equipo, con quien curiosamente ahora parece haberse vuelto cercano.
Eren le encuentra también y se da cuenta entonces de que está ahí, distracción que propició al capitán también seguirle la vista. Sus miradas vuelven a chocar por un instante y el mayor decide darse la media vuelta y darle la espalda para continuar su plática con el muchacho, dando así la vista de la parte trasera de su jersey.
«Levi A. 25»
Vuelve a fruncir su entrecejo y se queda pensando, ¿qué hay de especial en la serigrafía de su jersey? No puede entenderlo, pero sigue cuestionándoselo.
Toma relevancia en sus pensamientos cada que vuelve a prestarle atención y se convierte en un dolor de cabeza, así como el hombre portador de la misma. Podría detestarlo tras los últimos entrenamientos a los que había asistido, por supuesto lo terminaría haciendo.
Se perdió de vuelta en algún punto de sus marañas mentales.
«19:47» finalizó temprano.
El equipo empezaba a dispersarse para entrar a los vestidores, y Eren iba entre ellos, también jugueteando y riendo alegremente.
8
— Anda, ¡ya dale las llaves, Reiner!
Se habría visto en la obligación de detenerse a conversar con Annie Leonhart, quien consiguió interceptarles a las afueras del complejo deportivo.
Los muchachos, que divertidos, venían molestándose entre sí entre bromas y ajetreos de rato atrás, se les adelantaron en su andar, ansiosos por la reunión que tendrían esa noche en la residencia de algunos de los jugadores alojados en el campus.
Eren Jaeger habría sido el único de ellos en quedarse a su lado a esperarle, cuestión que llevó a un ambiente tanto tenso mientras escuchaba la discusión de su compañero de equipo con la joven de menor estatura.
— Annie…
— Me importa una mierda, Reiner.
Ambos vuelven a vacilar al verse de reojo y prosiguen a ignorarse de vuelta, centrándose ambos sobre Reiner Braun.
Annie vuelve a querer hablar y alza ambas de sus manos en un oscilante movimiento como queriendo hacer ademán, pero termina por bajar su rostro entre el fastidio y finalmente se da la vuelta sobre sus talones y azota su mano al aire, marchándose por su cuenta.
— Estoy harta.
Apenas alcanzan a escucharle, y el mayor suspira, resignado.
— Creo que no tengo de otra… — dijo Reiner.
— No te preocupes, será otro día… — responde Eren, palpando su hombro y correspondiendo al apretón de manos de Braun como despedida—. Tengo cosas que hacer ahora.
Mikasa estaba esperándole sentada sobre una de las bancas a unos cuantos metros de ellos sobre el sendero.
— Nos vemos mañana entonces — indica Braun, finalmente yendo a buscar a Leonhart.
9
Si bien el encuentro no fue de lo más agradable entre la aún presente aura de disconformidad por parte de ambos, no tuvieron problema alguno en cuanto se trató de caminar a la par y mantener una conversación breve mientras llegaban al estacionamiento, regresarían juntos a María en el nuevo auto del menor.
Podría no ser un modelo del año y ya de segundo uso, pero seguía siendo relativamente reciente y mantenía su plusvalía alta por ser versión de 50 aniversario y se habría mantenido en casi perfectas condiciones bajo las manos de sus antiguos dueños.
Detalles que desconcertaron a Mikasa Ackerman, especialmente tratándose de la gama de un deportivo — teniendo en cuenta el que Carla siempre tiene gran peso sobre las decisiones que se hacen, si no es que las toma de lleno—.
«¿Cuánto habrá hecho por convencerla? — se cuestionó»
No lo imagina como algo fácil, y todavía menos luego de los asuntos recientes.
— ¿Ya saben respecto a los entrenamientos? — pregunta Mikasa.
— No, solo no lo menciones.
Habrían roto el silencio entre ellos tras una larga hora de viaje sobre el moderado volumen de la música en la radio, la mayor apenas se había girado a verle.
Era probablemente de las únicas veces que viajarían juntos en su auto, siendo que luego de un par de largos meses, Grisha Jaeger finalmente habría conseguido arreglar los asuntos de su camioneta con la aseguradora. Al día siguiente regresaría en ella a la universidad y podría empezar a moverse por su cuenta. Aún quedaban muchas otras preguntas por hacer, y no perdería el momento para poder hacerlas.
— ¿Qué sucedió el fin de semana?
— No hagamos esto de nuevo, estoy cansado — resopló Eren, manteniendo la mirada sobre la carretera.
— ¿Por qué no puedes contarme nada, Eren?
— ¿Por qué tienes la necesidad de querer saber todo? — le cuestionó ahora él, rascando su pulgar entre el volante y la uña de su índice.
Comenzaba a escucharse irritado.
Mikasa baja la mirada un momento y se abstiene de responder de inmediato, tratando de acomodar sus siguientes palabras y el rumbo de la conversación. No quiere sacar el tema, y mucho menos de manera impulsiva.
— ¿Estás bien? — empieza Mikasa, tomando un timbre de voz sereno.
— ¿Por qué no lo estaría?
— Armin siente que nos evades…
Un corto silencio se instala momentos antes de que el otro responda, parece pensar al respecto.
— He estado demasiado ocupado, lo compensaré en estos días — dice Eren, pero entonces siente su respuesta tajante —. Mañana tengo parte de la tarde libre, podemos juntarnos y compensar estas semanas sin vernos, ¿está bien?
Se detiene bajo el semáforo y finalmente le voltea a ver, esperando su afirmación. La azabache se limita a asentir entonces con la cabeza, ya más tranquila.
— ¿Quieres poner tu música? Ya me aburrió la radio — le propone Eren, estirándole su celular de uno de los compartimentos.
Mikasa se permite entonces sonreír para sí, habiéndose consiguiendo sentir aliviada.
10
Marcel Galliard cumplió años cinco días atrás
No fue sino hasta que se abrió paso hacia la habitación principal de la casa que empezó a cuestionarse al respecto.
Podrían haber seguido en silencio y no haberle dicho nada a Annie de saber que reaccionaría de esa manera, pero probablemente habría sido peor para ella.
«O quién sabe — pensó Reiner Braun, tomando como posibilidad el que el corte de comunicación entre ambos de sus amigos a la larga habría hecho a Leonhart perder todo interés sobre Galliard.»
Sin embargo, lo de ellos era cosa de años.
«No lo va a superar pronto — se agregó entonces—. Ahora las reuniones van a ser incómodas»
Si es que se llegaban a dar en sus regresos a Liberio.
Se cubrió el rostro y resopló, no debía estar pensando en ello teniendo frente a él a Annie llorando sobre su cama y a su mejor amigo tomando asiento junto a ella sobre la orilla del colchón.
Están en medio de la oscuridad y la comunicación es nula entre ellos, pues ambos muchachos únicamente hacen acto de presencia, buscando aún la manera adecuada de confortarle. Tienen ya días así. Si acaso, ha sido Hoover el único en poder mantener breves conversaciones al respecto con Leonhart en un intento por conseguirlo, pero vuelve a estancarse.
«¿Por qué te ibas?» recibió de alguno de los muchachos en el chat del grupo que formaron a partir del equipo, entre algunos otros mensajes y fotos de su reunión. «Te vas a arrepentir luego» fue otro de los que recibió en cuanto avisó que regresaría a casa.
Lo hacía en verdad, pero más se arrepentiría de no estar para sus amigos en esa clase de situaciones. Aun considerando que Annie se la habría pasado de mal humor los últimos días y se habría desquitado contra ellos, ambos entendían que lo estaba pasando mal y lo estaría durante un tiempo.
Resultaba todavía más entendible cuando ambos tenían ya tiempo de haberse enterado y no dijeron nada.
Era en parte también culpa de ambos.
¡Y aquí la corto! ¿Qué tal, Meine Leser? Este capítulo me quedó más largo de lo que esperaba, y me iba a quedar muchísimo más largo, según lo que tenía pensado meterle a esta cuarta parte... pero pues tendré que pasarlo al siguiente. Creo que una vez me solté a escribir disfruté demasiado desarrollarlo y le metí hasta detalles que aún no tenía contemplados agregar, ¡pero aquí están!
Por otro lado, este capítulo así como de extenso es, tiene bastante explicaciones a futuro así como algunas cosillas sencillas para aportar por ahora:
Holstwood es el Campus de Escuela de Medicina, Medicina Dental y Enfermería a unos kilometros de Fritz College, y es un juego de palabras entre el dristrito de Holst — en el canon de Before The Falls— y Longwood, el campus de Medicina de Harvard — solo que ellos no manejan la escuela de enfermería—.
El auto de Eren es específicamente un Mustang GT 2015 del 50 aniversario, vivo enamorada de ese auto.
La NCAA es la National Collegiate Athletic Association, una asociación compuesta de 1281 instituciones, conferencias, organizaciones e individuos que organizan la mayoría de los programas deportivos universitarios en los Estados Unidos — entre ellos de béisbol, baloncesto, equitación, fútbol amerciano, campo a través, gimnasia, golf, fútbol, remo, softbol, natación y saltos, atletismo, voleibol y lucha—. Los calendarios varían, aquí dos de los principales:
Non-conference: Cada universidad gestiona libremente duelos contra otras universidades de Division I, II o III, y elige también dónde se disputa el encuentro. Cada universidad suele tener de 12 a 16 encuentros non-conference cada temporada, y estos partidos abarcarían en Red Rover los meses de septiembre a diciembre.
Conferencias: La liga regular de toda la vida, donde cada universidad se enfrenta ante universidades de su misma conferencia en un calendario gestionado por los comisionados de cada conferencia. Abarcan los meses de enero y casi todo el mes de febrero.
Jugadores walk-on: Son jugadores que forman parte de la plantilla de un equipo universitario, pero que lo hacen sin una beca deportiva. Generalmente son estudiantes que se usan para cerrar las últimas posiciones de la plantilla, ya que no suelen participar en los partidos oficiales (salvo que los encuentros estén sobradamente decididos).
Si acaso, otros detallillos por ahí simplemente serían los users de Ymir e Historia — no tiene mucha relevancia—, pero me hace gracia. «khrisu-ssierz» está todo movido, pero creo que se entiende que es por Hisu Reiss y Krista Lenz, y el de Ymir es prácticamente «whotfamiyl» por «who the fuck am i», guiño al manga, y lo último era you're [Ymir] lying [Langnar], y curiosamente coincidió con sus iniciales mientras lo escribía, así que así lo dejé — además de que sigue haciendo su función de juego de palabras, guiño, guiño—.
Por ahora es todo, ojalá les haya gustado y me dejen saber qué les pareció... ¡Hasta el próximo capítulo! Carpe Diem.
