X. Nine Falls

1

El primer frente frío de la temporada habría caído desafortunadamente la misma noche del primer juego oficial.

El helado viento se filtraba violento entre sus ropas y golpeaba contra sus descubiertas piernas en su firme avanzar, de manera en que Historia Reiss caminaba apretando sus brazos con fuerza sobre el abrigo térmico que acababa se conseguir, esto mientras se movía entre el bullicio de la multitud y los pasos apresurados de la gente.

Su mirada se mantenía fija al frente, así como de repente asomaba su cabeza sobre los hombros de los demás en su avanzar, dada su baja estatura. Esto en un intento por agilizar su movimiento. Sin embargo, cuando menos lo esperaba, su atención se vio capturada por la robusta figura que se acercaba tras un par de personas por enfrente de sí.

Reiner Braun se acercaba a donde ella.

Pronto el sentimiento de culpa, quizá hasta de arrepentimiento y vergüenza, cayó contra su pecho. Sabía que había hecho mal desde aquella primera introducción, había actuado de manera inconsciente, y tan solo reforzaba su pesar con sus últimas interacciones.

Volteó hacia donde pudo en su desespero, y finalmente consiguió hacerse a un lado sobre el pasillo, quedando entre los asientos, permitiendo a la gente seguir subiendo y esperando el muchacho le pasase por alto.

Sin embargo, antes de que pudiera tomar cualquier otra medida evasiva, explorando sus opciones alrededor, sus ojos se cruzaron con los de él, y supo que no había escapatoria.

— ¡Historia! — le saludó Braun, haciéndose como ella a un lado sobre el pasillo, incorporándose la fila de asientos de abajo.

La joven intentó disimular la incomodidad, pero sabía que no podría evitar el saludo, y una mezcla de emociones un tanto conflictivas le cayó encima.

— ¡Hola! — le respondió Reiss, tratando de escucharse amigable mientras forzaba una sutil sonrisa, aunque la voz le temblaba ligeramente.

— Estaba pensando en que...

Historia miró a su alrededor, buscando desesperadamente una excusa para alejarse, pero todos los pretextos parecían esfumarse. No quería prolongar la conversación, pero parecía inevitable.

Al menos hasta que, antes de que pudiera responder e hiciera el intento por seguirle la conversación en un evidente encuentro incómodo, una tercera persona irrumpió en escena, jalándole por los brazos hacia sus espaldas. La joven se exaltó ante la repentina acción, pero pronto su rostro se llenó de alivio cuando descubrió que se trataba de Ymir.

Aunque aquella sensación de seguridad no duraría demasiado, Historia habría hecho lo posible por aprovechar la distracción para despedirse rápidamente y conseguir retirarse, pero un silencio incómodo se instaló entre ellos.

— Guarda tu distancia, gorila — espetó Ymir, inspeccionando al más alto con la mirada.

Ymir — le reprochó la joven, ciertamente irritada por su actitud.

La mayor ya habría advertido antes acercamientos por parte del muchacho, y el lenguaje corporal de mismo le habría llegado a fastidiar hasta cierto punto. No hacía falta decir que era evidente que le estaba coqueteando.

Pronto los gritos de angustia y la tensión del ambiente les habrían sacado del ensimismamiento. Historia Reiss sería la primera en reaccionar, y entonces los otros irían tras ella hasta el pie de la yarda a asistirle.

Eren Jaeger se habría desvanecido sobre el campo de football.

— ¡Eren!

Pudo escuchar su nombre ser voceado a la distancia en repetidas ocasiones.

Se había dejado caer sobre el pasto sintético al sentir ya su cuerpo pesado y una vez las piernas le dejaron de responder, casi en su totalidad adormecidas. Su respiración era superficial, de cargas cortas, aceleradas y violentas, así como sus ojos permanecían trémulos entre los fuertes espasmos faciales.

Situación inesperada que habría alterado a sus compañeros, dado su desempeño a lo largo de la noche.

— Está demasiado caliente.

— Estoy bien...

Era lo único que habría conseguido decir desde que se acercaron a asistirle, dejando su cabeza caer ante la inercia en cuanto le levantaron entre brazos.

— Cuidado con el cuello.

Una pequeña multitud se habría hecho alrededor del muchacho y los asistentes médicos, misma entre la cual se habría escabullido Mikasa Ackerman, cuestionando preocupada al respecto.

— Todo va a estar bien, mocosa — le aseguraba el mayor, interfiriéndole y reteniéndole dadas las instrucciones, así como buscando tranquilizarle mientras la joven no hacía más que aferrarse a él por los brazos en su intento por hacerle a un lado y hacerse camino hacia el muchacho.

— Apártense, ya está bajo control — insistía Shadis, dispersando a la gente —. ¡Vamos a trasladarlo, no obstruyan!

El muchacho vuelve a parpadear con pesadez, tan solo para encontrarse con la mirada de la joven a unos metros de sí, tan solo momentos antes de desvanecerse nuevamente.

2

Se detuvo frente al espejo, comprobando que todo se encontrase en orden.

Dio unos últimos arreglos a su cabello, mismo que era sostenido en una pequeña y firme bailarina, apartando unos cortos mechones al frente, descendiendo ambos a los costados de su rostro, tal como acostumbra a llevarlo.

Apenas sintió que estaba ya preparada, tomó la mochila de su cama y bajó para dirigirse hacia la cocina, esperando poder tomar algo en la nevera antes de marcharse, no encontrándose con demasiado en el intento.

— Es raro verte despierta temprano — soltó Reiner, tomándole por sorpresa a los pies de la escalera para entonces integrarse con ella en la cocina, tomando una manzana del cesto de frutas —. ¿Qué vas a hacer?

— Iré a las montañas — respondió Leonhart, casi que evadiéndole y terminando de guardarse un par de cosas para finalmente colgarse la mochila a los hombros y apartarse hacia la sala principal, bajando por el comedor.

Reiner Braun entonces se limitó a seguirle con la mirada hasta la puerta del recibidor, desconcertado y curioso. No obstante, la joven hizo cuanto pudo por retirarse en cuanto le fue posible, cerrando la puerta tras suyo y descendiendo con prisa los escalones del pórtico, dirigiéndose hacia la acera, donde el muchacho alto de cabellos castaños ya le esperaba.

— Buenos días — saludó Eren Jaeger, abriéndole la puerta del auto.

— Buenos días — respondió Annie, admirándole de reojo con desconcierto mientras se hacía lugar sobre el lado del copiloto—, qué diferencia.

— Me he preparado — alegó el muchacho, imitando el tono burlón de la mayor, finalmente cerrando la puerta y rodeando el frente del auto con cierta gracia en su manera de andar.

Estaban listos para marcharse.

— ¿Descansaste bien? — preguntó Eren, dando reversa mientras le admiraba de reojo. Entonces sus brillantes orbes verdes grisáceos se habrían llevado la atención, al menos hasta que le regresó la misma mirada —, será un día ajetreado.

— Sí...

Realizaron algunas paradas antes de llegar a su destino, así como compartieron el desayuno y algo de música durante el trayecto.

Mientras que, al arribar a la zona, dieron algunas vueltas sin saber por dónde iban, discutiendo entre ellos mientras hacían de todo por encontrar el camino correcto, al menos hasta que recibieron ayuda y algunas indicaciones.

Tenía el aspecto de una zona residencial, dado al tamaño y extravagante apariencia de los hogares, algunas de ellas con enormes y extrañas decoraciones en sus exteriores, como así mismo, se encontraron con algunas señalizaciones para un zoológico y una escuela religiosa a sus alrededores.

Llegaron al área indicada, tomaron su lugar en el estacionamiento y finalmente tomaron las cosas que llevarían con ellos, acercándose a esperar que les recogiera uno de los transportes internos tras pasar por las taquillas.

Seguía llegando bastante gente, y la fila cada vez se hacía más larga mientras pasaba cada uno de los camiones, incluso dejaron pasar un par de personas detrás de ellos dado el límite de los camiones, pero finalmente se dio su momento.

El viejo conductor dio algunas instrucciones antes de marcharse, y hecho ello, recorrieron exactamente la misma ruta que habrían tomado para llegar al punto de partida, con la diferencia de que habrían llegado por un tramo alterno.

No obstante, tuvieron la oportunidad de apreciar mejor el paisaje, a su vez escuchando y disfrutando de varias pistas de rock.

Una vez llegado y partiendo el Micro Bird en el que habían llegado, giraron sobre sus talones y se permitieron entonces evaluar la enorme entrada de grandes rejas negras y amplios cimientos color ladrillo, así como en unas colosales letras doradas estilo vaquero en la parte superior anunciando «Nine Falls», asombrados.

El castaño luego acarició su hombro, avisando a la mayor que siguiesen. Un tanto despistados, al menos hasta que siguieron al resto. La puerta para peatones se encontraba detrás de una verja de árboles, en verdad, a un lado, en un estrecho sendero.

—Antes el transporte subía hasta allá, o podías ir por tu cuenta en tu auto— comentaba Eren, conforme se abrían paso al parque ecológico—, pero cerraron la entrada, y ahora tienes que ir en el transporte de aquí mismo, o simplemente caminando.

Cruzaron por encima de un pequeño puente de madera que estaba apenas a unos metros de la entrada, sobre un escaso río que corría por él, acercándose entonces el muchacho a conseguir sus entradas.

Siguieron su camino, y apenas se aceraron a la zona de espera, un miembro del staff se acercó a pedir sus recibos para hacer entrega de dos pulseras tipo tybek con el nombre del lugar en ellas. Eren Jaeger se habría detenido a ayudarle a colocar su pulsera, mientras él ya se habría encargado de la suya.

— ¿Segura de que quieres caminar? El camino a la zona principal es... largo — cuestionó Eren, terminándole de acomodar la pulsera y echando un vistazo hacia el camino que tomarían —, podemos esperar por uno de los carritos eléctricos.

— Así está bien, caminemos — replicó Leonhart, posicionando su mochila devuelta y tornando entonces sobre sus talones, continuando ambos de camino arriba.

El trayecto resultó bastante agradable y refrescante para los muchachos. A sus costados podían encontrarse con grandes muros de piedra, parte de la montaña y abundante vegetación en todo el sendero, así como aquel mismo rio que seguía hasta la salida, con una evidente diferencia de corriente.

Cada algunos cuantos metros podían encontrarse plantillas gigantes sin rostro disponibles para tomar fotos, juegos para niños pequeños, zonas de descanso y espacios exclusivos para sanitarios en cajas tipo camerinos.

Cada cierto lapso de tiempo, pasaban los trenes — carros de golf bastante largos y de suficiente capacidad, en realidad — junto a ellos, y la gente que iba en éstos saludaba emocionada a los peatones.

Hasta que finalmente llegaron al punto de reunión, teniendo al centro la glorieta de retorno para los carros eléctricos, una gran piedra, y a su alrededor, un atiborrado de plantas y flores. Detrás del monumento, el restaurante principal, de fachada especialmente vintage, y un largo pasillo húmedo a su lado, dado el río y cascada a un costado, mismo que lleva a la próxima zona.

A sus espaldas, algún par de estatuas y una tienda de recuerdos — o también, Centro de Visitantes de Nine Falls—, y a su derecha, la subida al mirador «Nido del Águila» tanto en escaleras como en elevador, así como un área de descanso en la cual tomaron asiento, teniendo a sus espaldas un barandal café, el cual les separaba de la corriente y la pequeña cascada de la cual proviene, rodeado de algunas flores rojas a un flanco y con variados peces paseando.

— ¿Vamos al mirador? — le preguntó Jaeger, tomando un profundo respiro mientras relaja su cuerpo —, por el elevador — indicó él, adelantándose a colocarse de pie para asegurarse de que tomaran esa vía.

Cruzaron otro pequeño puente de madera, el cual igualmente era sostenido por placas metálicas y era decorado con arreglos florales a sus costados. La entrada, optando una apariencia similar a la del frente de una mina, con pilares verde con rojo a sus lados, un letrero de madera encima con «Mountain Elevator» en mayúsculas y una pequeña teja por encima.

Atravesando entonces por el oscuro y húmedo túnel, avanzando con cuidado dada la ligera capa de agua por la que el suelo es cubierto, dados los escurrimientos de las paredes de la cueva.

Admirando también en su avanzar varias de las vitrinas, en las que se exponía interesante información de la historia de Nine Falls. Algunos objetos, fotos y minerales, viejos periódicos enmarcados y presentados junto a notas y animales a base de taxidermia.

Llegaron al fondo de la pequeña cueva y se dieron paso al ascensor, y arriba, al salir del mismo, sobre sus cabezas pudieron admirar las paredes en un brillante color azul, decorados por pinturas con distintas especies de aves en ellas, decorando su llegada al aposento.

Dando paso afuera, a su derecha, Rockhounds, una galería con minerales y fósiles de todo el mundo, incluidos los del Estado y el oeste del país; una fascinante colección de especímenes, joyas, arte mineral y juegos de mesa creados por los mismos dueños, como pudieron saber tras haber entrado por poco tiempo sólo a observar.

Caminaron entonces hacia la barandilla y se dedicaron a apreciar el entorno, podían ver casi todo desde ahí: el lugar donde estaban anteriormente, el restaurante, así como la otra área en la cual se encontraban las escaleras acompañando las nueve cascadas protagonistas del parque y el cañón.

La mayor luego se giró, encontrando a su lado un prismático fijo, y entonces rebuscó entre sus bolsillos, encontrándose tan solo un par de dólares en uno de ellos.

— ¿Tienes cambio? — cuestionó Annie, alzando el par de billetes, y el bajó su celular, volteándose hacia ella para también hurgar entre sus bolsillos y entonces estirarle los mismos a la mano, entregándole dos pares de veinticinco centavos.

Una vez lista, tomó la caja de binoculares y apuntó en distintas direcciones, sin duda alguna, obteniendo una magnifica vista del panorama.

— ¿Se ve bien? — preguntó Eren, acercándose momentos después.

Leonhart se retiró un poco para que pudiese observar, y el muchacho centró su atención, hasta que instantes luego, dio un pequeño salto y resopló.

— Se bloqueó.

Se encogió de hombros, y siguieron su camino, regresaron abajo, recorrieron el pasillo, pasaron otro puente y finalmente cruzaron a la siguiente zona. Andando por un costado del área de descanso, el cual era cubierta por madera y distintas banderas nacionales, así como acompañada de varias sillas y mesas bajo la misma.

A los pies de la próxima escalera, un letrero con una advertencia como leyenda en ella: «224 escalones para la cima de las cascadas: tome su tiempo y use los pasamanos», mismos que ya contaban los diferentes puntos de descanso, los cuales permitían apreciar cada diferente formación de las cascadas y los letreros que señalaban dónde principiaban, cada una con sus respectivos nombres y notas en cada una de ellas.

Y tal como se venía advirtiendo, la subida era realmente pesada, y las sensaciones de vértigo no faltaron.

Las piernas de Annie Leonhart ya temblaban un poco, provocando que sosegara sus movimientos y terminara por detenerse el pleno pasaje, obstruyendo momentáneamente la subida de las personas, y se aferró al barandal con ambas manos, y un leve titubeo.

— ¿Qué ocurre? — cuestiona Eren, apenas por debajo de ella un par de escalones.

— Nada — soltó Annie, irresoluta, bufando y presionando un poco sus párpados con fuerza, pretendiendo esperar a estar en condición para seguir. No obstante, sus músculos se tensaron apenas pudo sentir su cuerpo estremecer por la ligera vibración a un lado suyo, propiciándole a reforzar su agarre.

— Hey... — musitó el muchacho, rodeándole con su cuerpo sin terminar de hacer contacto, envolviéndole en el aire entre sus brazos mientras sostenía el pasamanos con ella, avanzado juntos a pasos cortos —. Abre los ojos.

Lo hizo tal como sugirió, y la sensación de vahído regresó a ella en cuanto volvió a sentir un ligero desequilibrio, involuntariamente plantándose sobre el peldaño y volviendo a presionar sus párpados.

—Sólo avanza un poco más— instó el menor, obligándole a continuar —, pisa aquí.

Le indicó, guiándole de manera recta sobre una superficie ya distinta, apretando su hombro con cuidado en su intento por transmitirle calma, al menos hasta que pudo tomar asiento en una de las bancas de una de las plataformas de subida.

— ¿Te estás sintiendo mal? — volvió a cuestionar Eren, y la mayor bajó la mirada al seguir su voz, encontrándole arrodillado frente a sí en cuanto pudo enfocar la vista.

Tomó un poco de aire y miró de reojo a sus alrededores, recuperando algo de tranquilidad para entonces disentir, meneando ligeramente la cabeza. El muchacho habría escudriñado en el bolso principal de su mochila y le habría extendido una diminuta botella, de apenas unos trecientos mililitros — como aquellas que acostumbraba a empacarle su madre con sus almuerzos cuando era niño, y que había cargado especialmente para el viaje por practicidad—.

— ¿Segura? Desde hace rato...

— Sí — insistió Annie Leonhart, aceptado la botella de agua.

El muchacho asintió y entonces se colocó a un lado suyo sobre el banco, esperando ambos a estar en condición para seguir subiendo. La inercia, de alguna manera, llevándolos a descansar el uno contra la espalda del otro, efímeramente.

Continuaron viendo algunos que otros carteles, pasaron a otro punto de vista y avanzaron por las escaleras de piedra natural, logrando llegar a la cima, donde las cascadas principian. Un poco más adelante, comenzando a aparecer las advertencias de animales, entre ellas, advirtiendo el territorio de osos, así como alentando a la conservación de la naturaleza, y un mapa marcando tres rutas de expedición, dos de ellas unidas en sus extremos.

— Podemos tomar una y regresar por la otra.

A un lado de los mismos, «Leyenda» como indicio, y por debajo de la misma como simbología, diferentes figuras representando la ruta, puntos de interés, áreas de descanso y puentes; un arroyo que parte en dos y una de las rutas de una milla hacia el Punto de Inspiración y la lápida de por medio, así como el punto rojo a los pies del mapa con un «Usted Está Aquí».

— Tenemos que seguir este camino... Recorrer todo el tramo podría tomarnos poco más de una hora — comenta Eren, pasándose por el puente encima del arroyo —, veinticinco minutos por trayecto y lo que hallemos de distracción.

Annie giró hacia sus espaldas, y comprobó entonces la distancia desde el punto en que se encontraban, sumándole la subida, el regreso a la entrada y la vuelta en el transporte al estacionamiento.

Sí, podría tomarles al menos hasta medio día.

— ¿No hay otras actividades?

— Las hay, pero es otro tipo de... ¿viaje? — respondió el muchacho, confundido —, como tipo paquete o algo por el estilo. Tienen tirolesas, puentes de cuerda y otras cosas... — farfulló, incierto —. En verdad no lo recuerdo, mi familia y yo venimos hace muchos años con mi hermano — mencionó, desconcertándole.

— Y las sendas... — comienza Annie, volviéndose y cruzándose hacia donde él, siguiendo con la mirada el sendero por el cual habrían cruzado —, ¿están abiertas?

— Sí, pero solo a ciertas horas... y meses — confirma Eren, inclinándose sobre una de las piedras al arroyo para tentar el agua de éste —, también depende de las condiciones del lugar o incluso el clima. Estamos en tiempo si quieres explorar algunas... Agh, está fría.

Tomaron la ruta que ya habían elegido previamente, y siguieron su camino sobre la misma, encontrándose con más letreros a lo largo del sendero.

«TOMA sólo fotos DEJA sólo huellas» — Nine Falls.

— Sería genial quedarse por lo menos una noche a acampar aquí — comenta Eren, caminando apenas un poco por delante —. ¿Alguna vez has acampado?

— Sí... excursiones de la secundaria y la preparatoria.

«SIGA LA RUTA Las vías llevan a ambos Midnight Falls y el Punto de Inspiración, lugar original de la lápida de Karl Fritz. Fue en el Punto de Inspiración, que Fritz escribió parte de su libro, A ti 2000 años después, así como el poema de la Montaña de Utgard y muchos otros de sus trabajos.

Es aproximadamente una milla a la lápida y la vuelta completa requiere mínimo una hora. El recorrido a Midnight Falls es más corto, requiriendo cerca de media hora. Son necesarios zapatos seguros en los senderos naturales. Siga bajo su propio riesgo, por favor permanezca en las rutas marcadas y disfrute su paseo».

— Entiendo que, en la época de los setentas a los noventas, Midnight Falls era popular entre universitarios de Paradis para planes nocturnos, cuando aún estaban abiertos los accesos en auto.

— Y sabemos que no era por la naturaleza... — dijo Leonhart entre dientes.

— Por lo menos no ésta — insinuó Eren, secundando su idea —, por algo lo cerraron.

Sí, lo habría hecho.

No a muchos metros de ahí, Annie Leonhart finalmente cayó rendida junto a uno de los árboles, dando un largo trago de agua, al menos el último que le quedaba en aquella diminuta botella, e insatisfecha, se dejó caer contra la corteza, descansando de cuclillas para recuperar su aliento.

— ¿Todo bien?

El más alto se acercó hasta donde ella, y se colocó igual de cuclillas frente a la mayor, también sudado y jadeando de cansancio.

— Te ves muerto.

— No te quedas atrás — soltó Eren, deslizando el dorso de sus dedos por sobre el rostro de Annie Leonhart de manera inesperada, llevándose parte de la humedad acumulada en sus pómulos y frente.

Le mantuvo la mirada, desconcertada.

— No hagas eso — le espetó Annie, quitándole la mano con algo de vergüenza mientras tomaba la manga de su sudadera para secar su rostro.

El muchacho se limitó a burlarse en un resoplido.

3

Memorial Park Tennis and Handball Center

Habrían bajado las cosas del auto y ocuparon alguna de las varias mesas disponibles a las expensas de las canchas.

A pesar de que había bastantes carros estacionados alrededor con ellos, en realidad el lugar estaba completamente solo, aunque resultaba entendible que no fuera la primera opción para los demás.

Sin embargo, podían considerar que era un lugar lo suficientemente tranquilo y el ambiente resultaba idóneo para comer al aire libre ahora que el cielo se habría nublado, además de que no estaban muy lejos del centro de la ciudad.

A sus alrededores podían encontrar distintos campos de juegos de pelota, campos de práctica para algunos otros deportes, un centro olímpico velódromo, un centro familiar, los memorándums de veteranos y oficiales, así como muchas otras amenidades, además del Prospect Lake y su playa artificial.

Aunque el tiempo no les sería lo suficiente para lo que restaba de la tarde, ambos se predispusieron a descansar y conversar, así como habrían compartido algo de comida para saciar el hambre y recuperar la energía que habrían perdido durante la mañana, pero pronto la conversación se vería interrumpida por la insistente llamada que el muchacho estaba recibiendo, razón misma por la cual habrían decidido dejar las cosas hasta aquel momento.

— Ya no falta mucho para el juego de hoy — comunicó Eren Jaeger, un tanto impaciente.

Ambos muchachos lo habían olvidado por completo. No tardaron en recoger sus cosas y dejar limpio el espacio que habrían ocupado, apresurándose ambos a marcharse del lugar. Sin embargo, el muchacho le jaló por la mano y le detuvo antes de que pudieran abandonar el lugar.


Hallo, Meine Leser, hace mucho que no dejaba comentarios míos en los capítulos pero no lo había visto muy necesario. Me ha estado costando mucho trabajo sacar adelante las correcciones con tanto borrador suelto e ideas que tenía no muy desarrolladas, pero lleva un mejor ritmo de lo que esperaba y conseguí un poco más de consistencia con la escritura.

Si llegaron a leer este capítulo en su versión original, en realidad tenía el doble de texto y detalles, pero simplemente empecé a descartar lo que no era tan necesario. Igualmente me he visto obligada a cambiar un poco el formato desde que me deshace el italic al copiar y pegar de mi archivo, y es un poco engorroso tener que estar buscando cada palabra que pongo en cursiva, aunque me duela ya no usar este recurso igual que antes.

En fin, ya no encontré las notas viejas que tenía de este capítulo, explicaba muchísimas cosas, pero siento que en esta versión no es tan necesario.

Lo que sí es que, este capítulo está inspirado en Seven Falls, una serie de cascadas naturales ubicado en Colorado Springs, al pie de montañas y parques regionales en Colorado, al que fui ese mismo año que empecé a publicar Red Rover. Es un lugar muy bonito, si tienen la oportunidad de ir, se los recomiendo muchísimo. Igualmente estaré subiendo algunas cosillas y fotos que tengo en referencia al capítulo en Twitter «ervaws». El juego de palabras es más que nada por los nueve titanes y el setting de la historia, jasj.

A partir de aquí se me hará más sencillo actualizar con un poco de más frecuencia, dado que lo que ocupaba corregir era principalmente los primeros capítulos, y era lo que me tenía más bloqueada que nada, pero sinceramente, me ha estado gustando mucho el rumbo que lleva ahora.

Ojalá les haya gustado, agradezco mucho sus lindos comentarios, eso es todo por hoy... ¡Hasta el próximo capítulo! Carpe diem.