"Sin mirar atrás"

Lady Supernova


Capítulo 12


Trasatlántico Mauritania, 18 de julio de 1922.

(Seis meses después)

—El sol brilla, tal como el día en el que Kieran y yo nos conocimos... —expresó ella acariciando a Titán, mientras dejaba libre un sollozo—. Allá en Londres, todo lucía igual... pero, claro, ya nada es lo mismo y definitivamente nunca volverá a serlo —mencionó Candy, paseando su mirada a través del infinito océano, al tiempo que sentía la brisa salina sobre su rostro.

Sus pensamientos viajaron semanas atrás, exactamente, un día antes de partir de nueva cuenta hacia su natal América; ese día, decidió visitar el parque en el cual compartió grandes momentos al lado de Kieran.

Todo estaba como antes: el verano había llegado, los niños corrían de un lado a otro mientras el resto de las personas disfrutaban del panorama. Era como si ella jamás se hubiera ausentado, se sentía como si el tiempo estuviera congelado. Inclusive, Candy pensó que si cerraba los ojos y volvía abrirlos, entonces Kieran aparecería... él caminaría con gallardía, sonreiría y guiñaría un ojo, justo como lo hacía cada vez que se encontraban en ese maravilloso lugar.

Cuando por fin regresó al presente sus ojos se posaron sobre el bello anillo de finos rubíes que, su esposo, le dio cuando le propuso matrimonio. No pudo evitar recordar que, en aquel bello parque, Kieran Livingston le hizo saber sobre el amor que sentía por ella. En una banca, justo al lado del lago, le pidió que fueran novios y un mes después, en ese mismo lugar, le propuso que fuera su esposa. Ese día, cuando Kieran le pidió que se casara con él, ella de inmediato respondió que sí... ni siquiera lo pensó. En realidad no estaba preparada para dar ese paso, pero, el señor Livingston, le atraía tanto que no le interesó saltar ese peldaño.

Kieran era: un hombre maduro, centrado, sumamente guapo y la amaba... le ofrecía amor a manos llenas, ¿cómo podía ignorar eso? Candy estaba segura de que sentía algo muy fuerte por él y sabía que casarse, le ayudaría a desarrollar el sentimiento por completo.

Si alguien, le hubiera preguntado en ese momento: «¿Qué sientes por Kieran?» Ella hubiera respondido: que lo quería mucho, que no deseaba perderlo y que por eso aceptaba ser su esposa y darse la oportunidad de ser feliz.

Candy fue víctima de un enamoramiento, y con toda honestidad, que Kieran estuviera enfermo nunca le interesó, no se casó por lástima, porque eso no iba con ella. Sus sacrificios, siempre los hacía por ver felices a los demás, no para hacerlos desgraciados. Aceptar a Kieran no fue un sacrificio. Unirse a él por compasión, era algo que se le notaría y ella no era actriz, Candy jamás podría vivir con una mentira a cuestas. Ella aceptó casarse con Kieran Livingston, porque así lo deseó.

—Parece que aún puedo escucharte... —murmuró, recordando a Kieran.

«Tengo diez años más que tú, he vivido más y soy consciente de eso. Sin embargo, nunca me sentí tal como me siento ahora... Candy... jamás estuve enamorado. Por lo tanto, yo estoy dispuesto a esperar el tiempo que tú pienses que es conveniente. No es necesario que iniciemos nuestra vida marital en cuanto nos unamos, al contrario, yo quiero que sigamos siendo novios, pretendo conquistarte totalmente... Candy White, quiero que seas tú la que decida cuándo serás mía por completo»

—Y así fue... —añadió la rubia, mirando de nuevo hacia el mar.

La vida íntima con Kieran comenzó el día en el que ella lo quiso. Él la sedujo por dos meses, conquistándola con sus detalles, y al final, cuando ella se dio cuenta de lo mucho que lo deseaba, le permitió adueñarse de su virginidad. Fue precisamente en su viaje hacía América, a bordo del Mauritania, donde vivió momentos hermosos con el señor Livingston. Momentos que en su memoria quedarían plasmados por la eternidad.

Aquellos recuerdos, llenaron de melancolía a la joven viuda y entonces recordó el último día que pasó con Kieran... pasearon por Manhattan, disfrutando de los primeros días de primavera, en el Parque Central.

..

—¿Cómo te sientes?

—Me siento estupendo. Al lado de mi enfermera favorita, siempre me siento seguro.

—Si ya no quieres seguir caminando, puedes decírmelo.

—Te lo haré saber. Por ahora, lo único que quiero que sepas es que, soy muy feliz, Candy. Hace un año, mi vida tomó un sentido quiero darte las gracias por haberme dado ese hermoso regalo. Te amo, Bonita.

—Oh, Kieran... yo también lo hago. Sé que tú no estás muy seguro de mi amor, por lo que tengo con Terry, pero quiero que sepas que el amor se da diferentes formas, y a mi manera, yo definitivamente te amo.

—Por supuesto que te creo... —Kieran la miró a los ojos y le dijo—. Candy eres tan transparente como un cristal, eres inocente e incapaz de mentir... me amas... yo lo sé, porque si no lo hicieras, jamás me hubieras dado todo lo que ya me diste.

—Abrázame, Kieran... abrázame fuerte... —pidió desesperada, porque algo dentro de ella así se lo exigía.

..

Aquel día de abril: rieron, pasearon e incluso estaba muy feliz y ella también, se fueron a la cama con la promesa de que al despertar, irían de picnic. Candy lo abrazó y lo besó con devoción antes de que él cerrara los ojos. Ella nunca imaginó que ese, sería el último día que tendría a Kieran a su lado.

A la mañana siguiente, cuando su esposo ya no despertó, Candy sintió que le arrancaban el corazón de golpe. Kieran ya no estaba con ella... Su señor Livingston se había marchado y aunque ella sabía que era lo mejor, simplemente no pudo soportarlo, el dolor se adueñó de su ser y fue muy difícil controlarlo...

Albert, Adolph y hasta Susana se dedicaron a cuidarla. Annie y Archie no pudieron viajar, pues el embrazo de la chica, estaba a punto de culminar. Por otro lado, Patricia O ́Brien viajó desde Florida y fue ella la que se adjudicó la responsabilidad de acompañarla. La joven no quiso separarse de Candy, pues, no quería dejarla sola con su dolor.

Al recordar aquel terrible momento. La rubia limpió sus lágrimas y luego observó hacía el cielo.

—Mi vida retomó su camino, cuando te conocí. Kieran, yo estaba completamente perdida, me encontraba tirada en la orilla del camino, pensando en que jamás volvería a ser feliz... sin embargo, llegaste tú y me cambiaste el mundo entero. Gracias, cariño... gracias por todo lo que me diste.

Una ligera brisa, acarició las mejillas de la rubia y entonces, ella supo que él estaba ahí... recordó una de las últimas palabras que Kieran le dijo antes de quedarse dormido y entonces, suspiró...

«Camina sin mirar atrás... ¿Me entiendes? Cuando yo me vaya, sigue tu camino sin pensar en lo que no fue y que ya no será. Hazlo Candy, porque si no lo haces, yo no podré estar en paz. Bonita, no me hagas regresar aquí para asustarte»

Candy sonrió al recordarlo. Ella, definitivamente ya no iba a mirar hacia atrás. No garantizaba cumplir al pie de la letra los deseos del Dulce Kieran, porque sabía era inevitable no recordarlo, ese hombre era inolvidable y aunque él no lo deseara, permanecería a su lado por siempre, dentro de su corazón, tal como mantenía a Anthony y también a Stear.

Tal vez en el fruto, en algún momento rememoraría el pasado, mas, estaba segura de que ya no lo haría con dolor. No lloraría por haber perdido a Kieran, no mancharía su memoria con sufrimientos y le permitiría descansar en paz.

Candy tomó la correa de Titán y luego lo invitó a seguirla, Patty la esperaba en el camarote y no deseaba preocuparla o hacerla esperar. El cachorro de ocho meses, la siguió sin pensarlo, él se había convertido en su fiel acompañante y protector, justamente como Kieran planeó que sucediera.


Jersey City.

Era como un sueño. Todo resultaba demasiado perfecto y muy poco parecido a la realidad.

—Es una propiedad hermosa... —expresó Olga Marlowe—. Muy diferente a la residencia que tenías con Adolph en Nueva York.

—Buenos días mamá... me alegra saber que has llegado.

Le dijo Susana, permitiendo que la nana Lidia, dirigiera su silla de ruedas hasta donde se encontraba su madre.

—Gracias, nana.

—No hay de que mi niña. Si necesita algo, por favor no dude en llamarme.

—Así lo haré... —le hizo ver ella con una sonrisa.

La vieja y servicial nana de los Wagner, se marchó y entonces Olga se acercó hasta su hija:

—No me entusiasma vivir en Nueva Jersey, pero ya sabes que a donde vayas tú, iré yo... —le dijo Olga con aquel tono que Susana tanto odiaba—. ¿Qué le vamos hacer?, ahora le debes obediencia a tu esposo.

—Yo elegí vivir aquí, mamá. Adolph adquirió ésta casa, porque yo se lo pedí —Susana respiró hondo y luego se llenó de paciencia—. Esto es lo mejor para nosotros y para el bebé... —concluyó, mientras Olga seguía indagando.

—Sin embargo, a pesar de que todo esto ya le dio un giro positivo a tu vida... yo te noto muy triste... —Olga la estudió y con suspicacia cuestionó—. ¿No será que te has arrepentido?

Susana negó una y otra vez.

«Arrepentirse?... ¡Jamás!»

¿Cómo podía arrepentirse de una decisión así? Olga siempre lograba ponerle los nervios de punta, la amaba, era su madre, pero aún así no podía evitar las ganas de decirle que ya se callara. Sabía que no era su intención molestarla, pero, en ocasiones, le parecía que solo deseaba desanimarla.

—No madre... ¿Cómo crees? —le respondió tranquilamente.

—Pues te veo y eso es lo que percibo, Sussie.

—No... en realidad, estoy algo preocupada...

—¿Por lo que dirá la prensa cuando se enteren de que ya te casaste con Adolph y que estás esperando un bebé?

—Oh no... eso no me interesa... —Susana tomó aire y luego exhaló—. No dejé que nadie me molestara con lo del divorcio, mucho menos dejaré que me hostiguen con lo del nacimiento de mi bebé ó porque me casé con Adolph. Es por eso que decidí refugiarme aquí, mamá...— Susana sonrió sin ganas y dijo—. Sinceramente, lo que me tiene nerviosa, es lo del alumbramiento y también el hecho de que justo en estos días, he recordado mucho al primo de Adolph, no sé por qué , pero lo he tenido en la mente. Su muerte fue una desgracia.

—Eso no debe preocuparte. Eso sucedió hace meses y el pobre muchacho estaba enfermo. Merecía descansar.

—Yo me moriría si algo le sucede a Adolph.

Olga negó con la cabeza y abrazó tiernamente a su hija.

—El embarazo es lo que te tiene así, querida Sussie. El embarazo hace que la mujer sea mucho más sensible y la sensibilidad se vuelve insoportable en los últimos días. Es normal que te sientas temerosa.

La chica no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas, pensar en la muerte era un pensamiento recurrente en ella, ver a Candy tan triste y desconsolada, logró afectarla también.

Sussie, a tu esposo no le va pasar nada.

—Sin embargo, yo presiento que algo malo va suceder...

—Esas son supersticiones, hija, solo eso. Y a las supersticiones, no debemos hacerles caso... ahora, hazme el favor de acompañarme a mi habitación, ¿te parece?

Susana asintió y luego, simplemente dejó que su madre la dirigiera hacia sus aposentos, para poder guiarla a instalarse.


Ruta Chicago-Nueva York

Terry respiró profundamente y luego liberó el aire contenido. Desde que se enteró de la muerte de Kieran, se había sumido en una inevitable depresión, no tenía ganas de hacer nada, lo único que le reconfortaba, era el poder actuar.

La mayor parte del tiempo se encontraba triste. El hecho de que un hombre como Kieran, perdiera la vida de forma tan injusta, lo hizo pensar en su propia vida y en lo tontamente desperdiciada que se encontraba. También estaba lleno de impotencia, porque se encontraba de gira y ni siquiera pudo estar al lado de Candy, cuando Kieran partió. No pudo demostrarle su apoyo, tal y como se lo prometió a sí mismo.

Horas después de que se despidió de Candy, Terry recibió la visita de Kieran... Eleanor se mostró muy preocupada, porque no tenía la menor idea del asunto, no obstante, Terry la tranquilizó e hizo pasar a Livingston, quien no deseaba rendirse y pretendía marcharse de aquella casa, con una respuesta positiva a la proposición anteriormente hecha.

Ante esa avalancha de recuerdos, Terry rememoró con tristeza la última vez que él y Kieran se encontraron...

..

—Lamento molestarte, Terruce. Pero sinceramente estoy desesperado... me urge hablar contigo.

—Lo comprendo y lamento que nuestra última plática haya terminado de manera tan abrupta.

—Sé que ya es muy tarde, pero, cuando uno tiene el tiempo contado, es casi imposible no atender los llamados a la hora que estos se presentan.

—¿Cómo supiste que estoy aquí?

—Candy... ella me lo dijo.

—¿Ella te habló de mi relación con Eleanor?

—Sí, discúlpala por favor. Quiero que sepas que yo no voy a decir nada.

—¿Te habló de algo más?

—Me habló de lo que sucedió entre ustedes el día de hoy. Ya la conoces... no sabe mentir —Kieran no quiso ahondar en el tema, pero Candy le había confesado todo acerca del encuentro con Terry, pues se sentía tan culpable por lo que había hecho, que no pudo evitar revelarle toda la verdad.

El actor hizo un gesto de inconformidad y Kieran le sonrió.

—No te preocupes que yo no vengo a reclamarte. Lo único que deseo es que me digas qué sucede con la propuesta que te hice... ¿Qué has pensado?

—Sabes que no tengo que pensarlo.

—¿Eso quiere decir que aceptas?

Terry asintió y luego declaró:

—Estaré al lado de Candy, siempre y cuando ella así lo quiera.

—Gracias, Terry... sé que no lo haces por mí, pero...

Terry lo interrumpió

—Mira... yo no te conozco, pero aun así soy completamente consciente de que Candy ha sido afortunada por encontrar a alguien como tú. Quién debe dar las gracias, soy yo... De verdad, doy gracias por haberte cruzado en su camino. Tú le diste lo que yo no he podido darle. Eres lo que yo siempre quise para ella, no importan los reclamos que te hice antes, en verdad te lo agradezco.

Kieran no dijo nada, solo asintió y después de preparó para despedirse.

—Ya debo irme. Gracias por recibirme, Terruce... —le dijo extendiendo su mano.

—Dijiste que nunca podríamos ser amigos, Livingston... sin embargo... Si tú quieres, estoy dispuesto a que eso cambie... —Terry tomó su mano y la estrechó con firmeza, dejando ver la honestidad de sus palabras.

—Gracias, nuevamente... ser amigos, sería algo muy raro, pero yo también estoy dispuesto a cambiar. Nos veremos luego, Terruce.

..

Terry y Kieran ya no volvieron a verse. El destino no se los permitió. El actor, se enteró de la muerte del señor Livingston, a través de un telegrama que Susana le envío, él no pudo asistir al funeral, porque la compañía de teatro, se encontraba en San Francisco, California... muy lejos de Nueva York.

—Te tengo una nueva... una nueva muy buena para ti.

Terry salió abruptamente de sus pensamientos. La chillona y molesta voz de Karen Klyss, casi lo hizo saltar de su asiento.

—Acabamos de subir al tren y... ¿Ya estás borracha? —le preguntó Terry, con un gesto arrogante.

—¿Sabes? Solo por eso, no debería decirte nada.

—Desembucha Klyss, sé que te mueres por hacerlo, algo verdaderamente bueno pasó, como para que vengas aquí, y te atrevas a importunarme.

—Pues sí... algo pasa, pero, fíjate que ya no quiero contarte de lo que se trata.

—Bien, entonces sal de mi compartimento, por favor.. ¡Vete antes de que llame a seguridad!

—Te odio y lo sabes, te detesto realmente... pero también me das mucha lastima —le dijo Karen, mirándolo condescendiente, Terry en cambio la miró con enojo, mas, no le respondió nada, simplemente volvió su vista a la ventana—. Y por eso es que te lo voy a decir... ¿Sabes? Tú muy guapo y perfecto cuñado-suegro, está aquí, en el tren ¡Subió en Chicago!

Los ojos de Terry se abrieron con alegría. Él sabía que no se había equivocado. Al abordar el tren hacía Nueva York, le pareció haber visto un rostro conocido, sin embargo, no tuvo la oportunidad de corroborar aquella visión, pues Karen Klyss y Robert Hathaway lo bombardearon con su absurda plática sobre la sociedad en Nueva Orleans.

—¿Estás segura de lo que dices? ¿O ya estás alucinando de nuevo?

—Estoy muy segura, está sentado en el comedor, luciendo tan bello como siempre... ¿Qué hará ese hombre para verse tan bien todo el tiempo?

Terry rodó los ojos y luego la miró con arrogancia.

—No tengo la menor idea, pero quizá le pregunte, Sí... lo haré en tu nombre... ¿Qué crees que responda?

Karen soltó un golpe y lo dirigió directamente al brazo de Terry.

—No hablas en serio.

—¿Cuánto apuestas a que sí?

—No serías capaz...

Terry rió con ganas y luego asintió.

—Sí lo haría y luego hablaría con Florent sobre eso.

Ella hizo un gesto y luego sin muchas ganas le dijo...

—Cierra la boca y vete ya. El hombre ya te espera.

—Vaya, eres muy eficiente Klyss, gracias.

—De nada y no te olvides de despedirme del señor Andrew.

—No lo olvidaré... —le dijo sonriendo y saliendo apresuradamente hacia el corredor.


Transatlántico Mauritania

—Me alegra mucho que hayan regresado... —les hizo saber Patty, al ver que Candy y su fiel amigo Titán, ingresaban en el camarote.

—No tardamos mucho, ¿verdad?

—No. No lo hiciste, pero mi impaciencia por verte era demasiada... —Patty sonrió con alegría, diciéndole—. Quiero enseñarte la cobija que terminé... ¿Crees que le guste a Annie? —preguntó estirando la cobija con delicadeza.

—¡Cielo Santo! ¡Le va a fascinar! Es hermosa Patty. Ojalá yo pudiera hacer cosas tan bonitas como tú. La niña estará muy calientita aquí... ¡Qué belleza!

—Haces que me sonroje... ¡Gracias, Candy! —Patty se reacomodó los anteojos y después agregó —. Puedo enseñarte a tejer, cuando tú quieras.

—Me gustaría aprender. Oficialmente, ya no tengo nada que hacer... — expresó desganada—. Me siento tan melancólica que, hacer algo de provecho, me ayudará. Podía hacerle una cobija a Titán.

—Por supuesto... este hermoso se merece una —sonrió Patty—. Y... ¿Quieres que platiquemos de algo en particular? No me gusta esto de que estás melancólica.

—Todo está bien Patty... —aclaró Candy con cierta nostalgia—. No he podido arrojar el peso tan de pronto, pero haber viajado a Londres representa la paz que yo necesitaba. Ya puedo dejar que Kieran descanse... ocuparme de todos sus pendientes y cumplir con su última voluntad, ayudó mucho.

—No lo dudo.

—Paseando por la cubierta, me acordé mucho de él, no obstante, no lo hice de forma dolorosa. Más bien lo recordé con el amor y el cariño que él se merece.

—Todo va salir bien, Candy. Ya lo verás... —expresó Patty, sabedora de lo que decía, pues ella, finalmente había superado la partida de Stear.

—Gracias por estar aquí, Patty.

—No amiga, gracias a ti por aceptar mi ayuda. Yo sé que tan difícil es dejarse ayudar...

—Lamento que un principio no haya hecho más que llorar, de verdad me siento muy apenada.

—Aquella reacción fue completamente normal, tú lo quisiste mucho Candy, Kieran era tu esposo, tu amante y compañero. Imagino el grado de dolor que sentiste al perderlo... —Patty tomó su mano y la apretó—. No conocí a tu esposo, es una lástima, porque me hubiera encantado verlo a tu lado. Mas aunque no lo conocí, sé que él no desea que tú sufras y también sé que lo que más quiere, es verte realizada de nuevo.

—Estoy poniendo todo de mi parte, para que él se sienta orgulloso de mí...

—Y no lo dudo, Candy. Porque te veo, sé que has progresado mucho, sin embargo, la verdadera prueba llegará cuando lleguemos América y cumplas con la promesa que le hiciste a Kieran.

—Te... te refieres a...

Patty, completó de inmediato la oración:

—A Terry. Por supuesto que me refiero a él.

—Pues... ya llegará el día en que lo vuelva a ver...

—Y cuando eso suceda, ¿qué harás?

—Cuando eso pase, ya sabré qué hacer —dijo Candy presurosa—. Vamos Patty, dejemos de preocuparnos por eso y mejor sigamos con nuestro itinerario... ¿Te parece si vamos a reunirnos con el señor Raymond? Seguramente el pobre ya nos está esperando.

Patty asintió, pero no dejó de reír a causa de la actitud de su amiga. Quien, aunque lo negara, estaba más que ilusionada con volver a ver al amor de su vida.


Manhattan, Nueva York.

—No lo comprendo.

— Lo sé... yo mismo me sorprendí al notar que los cheques fueron cobrados aquí en América —expresó Armand—. Mira, no es que me interese lo que hace tu prima, pero como me has dicho que ella estaba en Europa... pues...

Adolph asintió, intentando permanecer tranquilo, pero la realidad era que deseaba gritar y patear todo a su alrededor. Estaba realmente furioso ¡Nina lo había hecho otra vez!

«¡La perra me ha timado de nuevo!», se quejó Adolph en su interior.

—Yo la vi subir al barco, Armand... yo, incluso vi cuando ese barco zarpó ¿Cómo es que Nina regresó a tierra?

—Debió engañarte y bajar mientras tú te distraías. Porque según mis fuentes. Ella nunca llegó a Europa. Nina ni siquiera salió de América... —le hizo ver Armand—. Algo truculento hizo, pero te aseguro que jamás abandonó el país, el primer cheque que ella cobró fue exactamente el día que debió llegar a Inglaterra, como verás, se tomó la molestia de no ser tan obvia. Solo que se olvidó de que la empresa registra todos los movimientos bancarios. Por eso podemos saber que cobró su primer cheque en Texas.

—¡Desgraciada! ¡Me ha visto la cara, nuevamente! —Adolph golpeó sobre su escritorio y Armand lo miró asustado, estaba acostumbrado a verlo molesto, pero no tan furioso como se encontraba en ese momento— . La muy descarada no ha obedecido mi orden y en cambio no ha tenido reparo en gastarse mi dinero.

—Lo lamento, Adolph...

—No. No lo lamentes, porque no es tu culpa... gracias por enterarme del asunto,. Ahora estaré muy al pendiente de esa loca.

—De nada... y por favor, no eches a saco roto esa reflexión, no sé que planee tu prima, pero será mejor que tomes tus precauciones. Te dejo la ubicación de los otros cheques que ya cobró... de algo debe servirte.

Aquella advertencia de Armand fue algo que Adolph decidió atesorar, pues, ahora no solo debía cuidarse él, también debía cuidar a su esposa, a Candy y ¡Por Dios! también tenía que proteger al maldito Terruce. No sabía de lo que Nina sería capaz, pero era una bendición que Candy, estuviera fuera del país. Eso le daría tiempo a pensar en lo que haría.

Cuando el joven abogado se retiró, Adolph tomó el reporte y vio las ciudades por las que Nina debió viajar. Le preocupaba saber en qué lugar permaneció antes de decidirse a cobrar el primer cheque, no tenía la menor idea de dónde estuvo, pero de ahí viajó a Texas, luego a Arizona, después a California y Louisiana... ¿Qué demonios le pasaba?

Por alguna razón, el muchacho, recordó a Susana y el telegrama que le obligó a enviar, aquél en el que se le notificaba a Terruce que Kieran había muerto...

Adolph buscó entre sus archivos dicho telegrama y lo sacó de inmediato. Rápidamente observó, la fecha, luego miró el reporte de Nina.

Pronto supo lo que su prima estaba haciendo, tomó su abrigo y salió de la casa, dispuesto a viajar hasta Nueva Jersey. Sabía que Susana podía corroborar su teoría y si ella lo hacía, no habría más remedio que tomar medidas. Terruce estaba siendo perseguido por Nina y eso era algo que, el propio actor, tenía que saber a la brevedad.


Ruta Chicago-Nueva York

—Hola, Terry... —saludó Albert, mientras el castaño le dedicaba una sonrisa.

—Hola, Albert.. ¿Cómo estás?

—Estoy, bien... ¿Y tú? Por favor toma asiento.

El actor se sentó y luego miró fijamente a su amigo.

—Estoy igual que siempre...

—Algo desanimado, por lo que veo.

—Hemos estado de gira desde el mes de febrero Realmente me siento agotado y enfadado, estoy pidiendo a gritos que esto ya termine.

—Mucho trabajo, ¿verdad?

—Mucho viaje, diría yo. Actuar es mi pasión, pero viajar no es lo mío... Mi único consuelo, es que ya va terminar... ¿Vas a Nueva York, para visitar a Candy?

—Más bien, vengo a darle la bienvenida.

—¿Bienvenida?

—Hace tres meses que Candy se marchó a Inglaterra. Ella ha viajado hasta allá, para poder cumplir la última voluntad de Kieran. El deseaba que sus restos, descansaran en la cripta familiar.

El corazón de Terry se llenó de impotencia. Estaba completamente desconsolado, Candy estaba sola y eso no le gustaba... ¿Qué hacía ella sola en Inglaterra? De nuevo lo invadió ese sentimiento de querer tener alas para poder volar hasta donde ella estaba, quería
salvarla y traerla de regreso con él.

—Ha pasado lo peor... —Albert miró a través de la ventana e intentó no pensar más, en el negro panorama, que se dibujó frente a él cuando se enteró de la muerte de Kieran, quien después de todo, había sido uno de sus mejores amigos.

Terry no supo qué decirle... ¿Cómo darle ánimos? Era imposible, porque él mismo se sentía muy raro al respecto.

—Quise viajar a Londres y estar junto a ella, pero mi agenda no lo permitió.

—Ella... ¿Se fue sola?

—No... Raymond, el asistente de Kieran y Patty O'Brien la acompañaron, ambos están cuidando de ella. Llegaran a Nueva York, en dos días...

«¡Dos dias!», se dijo Terry en pensamientos. Evocando la imagen de la hermosa rubia, con aquellos enormes ojos verde esmeralda, mirándolo mientras él se acercaba para besarla.

—Yo sabía que regresarías a Nueva York, por estos días, así que, como verás, también tenía la intención de visitarte —le dijo Albert, trayéndolo de nuevo al presente—. Kieran me enteró de la propuesta que te hizo y también me pidió que te entregara esto:

Mencionó el rubio, extendiendo un sobre para entregárselo a Terry.

—¿Te enteró de que su propuesta era que me quedara con Candy?

—Sí. Por supuesto.

—¿Y tú que piensas de eso?

—Pienso que Kieran era muy inteligente y que proponerte eso, es lo que mejor que pudo hacer. Candy es fuerte y no necesita de un hombre a su lado, sin embargo, él bien sabía que tú no eres cualquier hombre... Kieran sabía que tú, eres el verdadero amor de Candy... Y que, siendo tan libre, como lo eres ahora, pues, lo ideal era reunirlos definitivamente.

—No me sentí nada bien al enterarme de su desgracia, pero, le agradezco que me permitiera recuperar a Candy... ¿Sabes? Lamento mucho no haber estado ahí, para ella, cuando más me necesitó.

—Ella lo comprende, incluso, no deseaba que se te notificara nada, para que no te preocuparas, tú estabas trabajando y no deseaba desconcentrarte.

—Siempre pensando en los demás...

—Es todo un caso... —expresó Albert, haciendo reír a Terry.

—Espero verla pronto.

—Así será amigo, muy pronto la verás.

Terry respiró hondo y luego se llenó de emoción al pensar en su reencuentro con su adorada Pecosa. Ni él, ni Albert tenían la menor idea de lo que se avecinaba. El reencuentro sí se daría, pero de nuevo, el destino los iba poner a prueba, antes de que eso sucediera.


Jersey City.

Sus ojos se abrieron abruptamente y luego observó el reloj que yacía sobre la mesa de noche. Eran las seis de la tarde... ¡Se había quedado completamente dormida! Susana notó que la puerta de su cuarto estaba abierta, pensó que, seguramente, Olga la había dejado así y que la mujer debía seguir descansando en su cuarto...

—¡Mamá! —gritó con energía, esperando que Olga la escuchara y se dirigiera a su cuarto.

—Mami... No está, Sussie... —aquella voz, hizo que Susana mirara hacía el jardín y al ver la figura que por la ventana ingresaba, se le helaron los sentidos—. ¿No vas a saludarme, Sussie? —le cuestionó Nina mientras la joven Susana luchaba por reincorporarse—. Dios... ¿Acaso merezco tal recibimiento?

—¿Qué haces aquí? ¿Qué haces en mi casa?

—Creyeron que podían engañarme... —le respondió a Susana—. Pobrecitos, no los culpo. Estuvieron a punto de salirse con la suya... Pero, entonces... ¡La información me cayó del mismo cielo! —dijo con una sonrisa perversa—. Herman —dijo señalando al asustado chofer—. Tiene la lengua muy larga.

Susana negó con la cabeza y volvió a gritarle a su mamá.

—Ya te dije que tu mami, no está... y tu querido Adolph, tampoco estará... ¡Yo soy la única que puede ayudarte, querida! —exclamó acercándose a la cama, desenrollando una soga y preparándose para usarla—. Vas a dar un paseo con la prima Nina... tú y el cachorro que llevas en el vientre, ¡maldita perra!

—¡La única perra aquí, eres tú! —le dijo una voz desde el umbral de la puerta—. ¡Suelta a mi hija maldita demente!

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Nina y sin pensarlo más, sacó el arma que guardaba dentro del bolsillo de su abrigo y disparó.

—Espero que eso la mantenga callada —dijo con un puchero, devolviendo la mirada hacia Susana, propinándole un golpe con la cacha de la pistola—. Y con esto, también te callaré a ti... Sussie... ¡Muévete, Herman! ¡Es para hoy! ¡Llévatelas! Queda poco tiempo, ¡Adolph, estará aquí en minutos!

—Señorita Nina... por favor...

—¡Hazlo! O es que, ¿quieres que también le haga daño a tu hermana y a tu madre? —preguntó con suspicacia, logrando que el joven chofer de los Wagner, comenzara el traslado de Susana y Olga.

—Este bebé no es de Adolph... no lo es... y yo me voy encargar de corroborarlo... —expresó la trastornada chica, arreglándose el cabello frente al tocador de Susana, sonriendo coquetamente al ver su reflejo, todo ello, para después, dirigirse con velocidad hacia la estancia. Adolph regresaría pronto y ella estaría ahí para recibirlo.