Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es CullensTwiMistress, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to CullensTwiMistress. I'm only translating with her permission.
Capítulo 23
Los últimos días han sido nada menos que increíbles. Pasar tiempo a solas con Edward ha implicado mucha exploración de maneras que nunca antes había hecho.
Estoy tomando esos limones —ya saben, en los que mi hija no está por las vacaciones— y los convertimos en limonada, en la forma de profanación de toda mi casa.
Ha sido muy divertido, pero ya estoy lista para que Ellie regrese a casa. La extraño más de lo que pensé que haría.
Además, mi período ha decidido honrarnos con su presencia. Esto explica los cambios de humor durante la última semana. Apesta en todos los sentidos, y aquí aún estoy esperando tener un último encuentro antes de que la casa se llene de hormonas adolescentes de nuevo.
—Hola, nena —Edward me susurra al oído, mientras me envuelve en sus brazos.
Estar frente al fregadero de la cocina y lavar los platos mientras maldigo a la Madre Naturaleza, y luego tener a mi novio jodidamente sexy frotarse contra mi trasero, mientras me susurra al oído podría ser mi muerte.
—Hola —susurro entrecortadamente. Probablemente debería contarle sobre la madre de todos los jodepolvos, pero la manera en que sus manos se mueven por mis costados y envuelven mis pechos, sujetándolos...—. La marea roja llegó antes —digo con voz ronca, cerrando los ojos y esperando que se detenga.
Pero no lo hace, maldito provocador. En cambio, se ríe y toma mi lóbulo entre sus dientes.
—Hmm, eso apesta, cariño.
—Sí, lo hace. —Froto los muslos entre sí, esperando algo para aliviar el ardor que él está creando. Uf, no hay tanta suerte, y no hay manera de que haga lo indecente mientras esté con la regla. Simplemente no.
—No hay problema, la profanación de la cocina puede esperar hasta que Ellie se vaya a una pijamada o algo. —Sonríe y frunzo el ceño, inclinando la cabeza, y dándole mi cara de perra.
Pero no estoy molesta; los dos estamos haciendo un pésimo trabajo en mantener una expresión seria. Me encanta cómo él siempre puede seguir mis cambios de humor, como si pudiera leerme la mente o algo.
—Bueno... Hay otras... cosas que podríamos hacer. —Giro en sus brazos para mirarlo, y deslizar un dedo por su pecho. No estoy segura de si luce tan sexy como me gustaría, pero por la manera en que su respiración se acelera cuando paso mi dedo de un lado a otro en el borde de la cintura de sus pantalones, estoy logrando mi objetivo.
Bella Swan: 1; El libido de Edward: 0.
Creo... que esté llevando mal la puntuación, pero como sea. Puedo ver cómo lo estoy excitando, y para ser honesta, me está provocando lo mismo.
Inclina la cabeza a un lado y entrecierra los ojos.
—¿Ah, sí?
Asiento solemnemente, succionando mi labio inferior en mi boca, porque simplemente sé lo mucho que le gusta eso.
—Oh, sí. ¿Quieres que te lo muestre? —bromeo, deslizando un dedo dentro de sus pantalones y suavemente rozando la punta de su erección.
Veo sus ojos pasar de mis labios a sus pantalones y luego regresar a mis ojos, y su manzana de Adán rebota mientras se aclara la garganta.
—Ehmm, sí... sí, definitivamente. —Su voz es ronca, y disfruto del poder que me da.
Normalmente no soy tan asertiva, pero todo este tiempo juntos me hace sentir audaz. Él me hace desear cosas, lo que es bueno y aterrador al mismo tiempo.
Pero a él le gusta. Mucho. ¿Y quién soy yo para negarle placer?
Y hablando de placer.
—¿Qué tal si desabrochamos estos, eh? —Le saco el cinturón y desabrocho el botón de sus pantalones.
Mirándolo directamente a los ojos, observo cómo se dilatan y se oscurecen, el deseo evidente en ellos.
—Bella, no tienes que...
Presiono un dedo contra sus labios.
—No me haga tener que atarlo, Sr. Cullen. —Su brusco jadeo e inconfundible gemido me incitan a seguir—. Ahora, ¿qué tal si te hago sentir bien?
Abriendo el cierre de sus pantalones, meto mi mano, y lo froto sobre su bóxer. Está duro como el acero bajo mi palma, y no puedo esperar a hacerlo sentir bien.
Dar mamadas jamás ha sido mi fuerte, pero a Edward le encanta. Dice que soy la mejor que tuvo. Ni siquiera me importa si está mintiendo, porque eso es verdaderamente dulce. Aunque él pudo haberlo dicho porque le gusta que se la den, el hecho es que le gusta cuando yo lo hago. Eso es suficiente para que yo quiera hacerlo.
Además, la sensación de poder que tengo al saber que puedo hacerle eso; que puedo hacerle sentir tan bien; que su placer está bajo mi control... es muy increíble.
Me lamo los labios sugestivamente y me arrodillo, agradecida de que la cocina tenga pisos acolchados baratos y no baldosas de cerámica duras y caras.
Edward coloca un mechón de cabello detrás de mi oreja, y silenciosamente observa mientras bajo sus pantalones y su bóxer por sus piernas. Muevo mis manos detrás de sus muslos, y le doy un suave apretón a sus nalgas, haciéndole maldecir y gemir.
Mantengo una mano en su cadera, y deslizo la otra por su muslo hasta tener su polla en mi mano. Está dura, suave y caliente, y un índice completo de otras palabras que no se me ocurren ahora ya que mi cabeza nada con lujuria y la necesidad de sacudir su mundo.
Acariciándolo varias veces, levanto la vista hacia su rostro y lo encuentro mirándome. Sus ojos están dilatados y sus mejillas están sonrojadas. Se está mordiendo el labio inferior y está respirando con dificultad, una fina capa de sudor adorna su frente. No puedo evitar sonreír con satisfacción por lo excitado que se encuentra ante la idea de esta mamada. Quiero decir, no es como si nunca le hubiera hecho esto antes.
—Relájate, Edward. Deja que cuide de ti.
Mi voz suena más fluida de lo que pensé, pero hace su magia.
Soltando un gemido y echando su cabeza hacia atrás, se mueve impacientemente de un pie al otro, y sus dedos se flexionan contra mi cuero cabelludo, provocando un escalofrío por mi columna.
Me inclino ligeramente hacia adelante y llevo mis labios a la punta de su erección, saboreándolo con mi lengua antes de meterlo en mi boca tanto como puedo. Muevo la cabeza al ritmo de mi mano, y esparzo saliva a su alrededor para lubricar lo que no puedo meter en mi boca.
Girando la mano alrededor de su base, y pasando la lengua por la cabeza de su polla, me regala varias malas palabras entrecortadas, y entonces cosas como "amo tu boca" y "chupa mi polla, hermosa". No voy a mentir; escucharlo con voz ronca y sin aliento mientras dice estas cosas me hace odiar a la Madre Naturaleza a un nivel completamente nuevo.
Mientras trabajo en él, tararea y maldice, y sé que no durará mucho más. Estoy bien con eso ya que mi mandíbula seguramente vaya a trabarse si sigo haciendo esto por más tiempo.
Siguiendo las señales de sus dedos ahora enredados en mi cabello y guiando mi cabeza mientras lo succiono fuera y dentro de mi boca, tarareo a su alrededor y uso mi mano, que previamente estaba en su nalga guiándolo, para acariciar sus pelotas.
Pronto, está jalando de mi cabello, tratando de apartarme de él, pero sigo hasta que siento los chorros calientes de fluido siendo derramados en mi boca. Trago diligentemente a su alrededor, mientras trato de no saborearlo. Seamos honestos, tiene un sabor amargo.
Hago lo posible para limpiarlo, y cuando miro su rostro, tiene una sonrisa perezosa en sus labios mientras me observa. Vale la pena el sabor asqueroso que queda en mis papilas gustativas.
—Supongo que te gustó, ¿eh?
Él me ayuda a ponerme de pie, y lo ayudo a subirse los pantalones y la ropa interior.
—Estaría loco por no hacerlo, por Dios, Bella. —Sacude la cabeza, esa sonrisa perezosa aún en sus labios. Me gusta que esté allí.
—Es solo Bella —contesto juguetonamente, y siento mi rostro calentarse. No importa el tiempo que estemos juntos, él probablemente vaya a afectarme así siempre. Maldito hombre.
—Bueno, Solo Bella, eso fue maravilloso. Gracias. —Me envuelve en sus brazos, y antes que pueda protestar, sus labios están en los míos y su lengua se adentra en mi boca.
Todo es una dulce tortura para mi libido, pero es lo que es. Sin aliento, rompo el beso y me pierdo en él mientras besa mi garganta.
—En tres a cinco días, recuerde mis palabras, Sr. Cullen, me vendré por ti. —Sonrío mientras la insinuación abandona mis labios, y lo siento reírse, su aliento cosquilleando mi piel.
—Le tomaré la palabra, Srta. Swan.
No creo que alguna vez pueda agradecerle a mi buena estrella lo suficiente por haber encontrado mi indicado; mi alma gemela.
~ALLO~
Como Andrés hace un buen trabajo al recordarme que soy una mujer y aparentemente todavía capaz de procrear, Edward y yo pasamos los días siguientes trabajando en desempacar sus cosas, y esparcirlas por la casa. Encontrar lugar para sus cosas entre las mías es toda una tarea, pero nos divertimos distrayéndonos y riéndonos de las tonterías del otro.
Ponemos los artículos duplicados en cajas separadas que terminarán en el sótano o serán donados a Goodwill. Goodwill suena mejor que el sótano. No discutimos por ello, pero guardar cosas en el sótano hace que esta situación de convivencia se sienta temporal. Aunque los dos sabemos que las cosas pueden cambiar para nosotros a largo plazo, hemos experimentado bastantes altibajos para saber que estamos en esto para siempre. No somos niños. Nuestra relación está basada en la honestidad, y sé que enfrentaremos lo que sea que el futuro traiga.
Las cajas nunca llegan al sótano; terminan junto a la puerta. Cuando terminamos de desempacar por completo, Edward silenciosamente las mete en el coche, y las lleva a Goodwill.
Su gesto confirma que definitivamente, sin duda, estamos en la misma página.
Miro por la ventana de la sala mientras la nieve cae y se asienta en el suelo. Llegará enero —un nuevo año— pronto, y mañana conduciremos hasta Seattle para recoger a Ellie.
Tocando el pequeño relicario que descansa en mi escote, donde ha estado desde Navidad, miro el coche de Edward mientras conduce hacia mi entrada y lo estaciona junto al mío. Los dos vehículos, aunque muy diferentes, se ven bien allí en mi entrada.
Supongo que son como Edward y yo en ese sentido. Somos muy diferentes, hechos de varias partes y con sus propios pasados, pero al final, son innatamente iguales.
~ALLO~
De camino a Seattle, me distraigo leyendo una de las historias en mi teléfono, mientras Edward escucha música y conduce. Los dos no hablamos mucho, pero estoy nerviosa y él puede notarlo.
Mis conversaciones por Skype con Ellie han sido constantes. No hemos dejado de compartir muchos eventos en las últimas semanas, pero he extrañado abrazarla y simplemente tenerla aquí. La madre en mí probablemente siempre la extrañará cuando no esté cerca, sin importar la edad que tenga, o dónde la vida la lleve.
Pronto, estamos estacionando el coche en el aeropuerto y averiguando dónde tenemos que esperar. Echo un vistazo a mi reloj cada ciertos minutos, anticipando su llegada mientras Edward se sienta pacientemente a mi lado y sostiene mi mano. Mi pierna rebota nerviosamente, y tengo la urgencia abrumadora de morderme las uñas. No puedo recordar haber sentido tanta ansiedad reprimida en mucho tiempo.
Finalmente, después de lo que parece una eternidad, la veo.
Está de pie en la puerta y mirando a su alrededor, sin darse cuenta de que estamos justo aquí. Me paro y jalo de la mano de Edward para que también se ponga de pie, y es entonces que veo su rostro iluminarse cuando sus ojos se encuentran con los míos.
Las lágrimas caen por mi rostro mientras camino rápidamente en su dirección. Ella me encuentra a mitad de camino y cuando la envuelvo en mis brazos, me desmorono un poco, llorando, riendo y completamente indiferente a los espectadores.
Ella está aquí. Está a salvo. Está en mis brazos. Beso el costado de su cabeza y mejilla, y me doy cuenta que ella también está llorando. Sujetando su rostro entre mis palmas, me paro para mirarla. Aparte de parecer que necesita una buena noche de sueño, no ha cambiado en dos semanas, pero no puedo evitar sentir que lo ha hecho.
—Te extrañé mucho, cielo.
Envolviéndola en mis brazos, la abrazo firmemente y me seco las mejillas. Estoy feliz. Tanto que no me doy cuenta cuando Edward se aleja y regresa cargando el bolso de Ellie.
—Gracias, Edward —susurra ella y le da una sonrisa tímida mientras apoya su mejilla sobre mi hombro.
—De acuerdo, ¿qué tal si nos vamos de este lugar? —contesta frotando sus manos entre sí jovialmente. Él intenta aligerar el ambiente, y es genial. Solo que estas no son lágrimas de tristeza, sino que de felicidad.
—Quiero ir a casa —anuncia Ellie mientras me suelta y comienza a tomar su bolso, solo que Edward lo aleja de su agarre y lo cuelga sobre su hombro.
—Yo llevo esto. —Le guiña un ojo y camina por delante nuestro.
Ellie suelta unas risitas, sacude la cabeza, y toma mi mano.
—Supongo que algunas cosas nunca cambian, ¿cierto, mamá?
—Nop... y gracias a Dios por eso. —Tomadas de la mano, seguimos a Edward hacia la salida y al aire frío de diciembre.
Treinta minutos en el viaje a casa, Ellie se queda dormida en el asiento trasero. No le lleva mucho tiempo y supongo que hago lo mismo porque lo siguiente que sé es que Edward me está acariciando la mejilla y diciéndome que estamos en casa.
Parpadeando para quitar el sueño de mis ojos, echo un vistazo y noto que estamos estacionados frente a nuestra casa, y Ellie ya se encuentra en el porche, abriendo la puerta.
—Mierda, ¿dormí todo el camino? —Mi voz es ronca por el sueño—. Lo siento.
Edward besa la punta de mi nariz, y gentilmente frota mi mejilla.
—Estabas emocionalmente cansada, todo está bien. Además, las dos hablan mientras duermen. Son bastante entretenidas juntas.
Tocando mi rostro con vergüenza, sacudo la cabeza.
—En serio, Edward, ¿qué dije?
—No lo voy a decir —bromea y se baja del coche.
Gruñendo, subo el cierre de mi chaqueta y camino hacia la casa, donde Edward se une a mí con el bolso de Ellie.
Ella le agradece rápidamente y besa mi mejilla antes de apresurarse hacia su cuarto.
—Bueno, supongo que ella extrañó su cuarto más de lo que nos extrañó, ¿eh?
Edward envuelve su brazo a mi alrededor.
—Meh, adolescentes, todos son así, ¿sabes?
—Desafortunadamente. —Pongo los ojos en blanco, sabiendo muy bien que él tiene razón. No sé cómo él puede estar rodeado de cientos de ellos todos los días.
—Se está haciendo tarde —Edward me susurra al oído—. ¿Vienes a la cama conmigo? —Es más una afirmación que una pregunta.
Y viendo que Andrés se ha ido, lo sigo arriba, asegurándome de pasar por el cuarto de Ellie para darle las buenas noches.
Mañana es otro día, y nos pondremos al día con lo que sea que no hablamos a través de Skype.
Sin embargo, esta noche, sé que dormiré como una bebé porque mi bebé está en casa, bajo mi techo, sana y a salvo acurrucada en su propia cama.
~ALLO~
La fiesta de Nochevieja de mamá y papá siempre es divertida. Algunos años, hemos estado cerca para disfrutarla, mientras que otros años los pasamos con la familia de Alec.
Este año, los padres de Edward se unirán a nosotros allí, junto con una pareja de amigos cercanos suyos.
Es una noche ocupada, llena de diversión y muchas charlas.
Papá cuenta historias de cuando era policía. Él se siente mucho mejor ahora, es increíble. Lo miro reírse y ser bullicioso como siempre. Es como si los últimos seis meses no hubieran pasado; solo sé que lo ha hecho porque el brazo de Edward está alrededor de mi hombro mientras habla animadamente con Emmett sobre un juego de computadoras que ambos disfrutan jugar en Facebook.
Alice y Ellie son inseparables. Lo juro, esas dos son como gemelas separadas al nacer. No puedo esperar a ver la cuenta del teléfono de Ellie. Será mejor que haya usado sus mensajes ilimitados y el WiFi de Alec para charlar con Alice, de lo contrario, ella tendrá que trabajar de niñera para pagar su cuenta. La extrañé, pero no soy fácil.
Rose, mamá y Esme están sentadas a unos metros de distancia y charlando sobre los aperitivos de mamá. Sonrío y asiento en los momentos apropiados, pero estoy abrumada por la emoción. Todo esto es fantástico.
Los dedos de Edward juegan con los pequeños mechones de pelo que cuelgan de mi cuello, que se soltaron de mi peinado, y cuando lo miro a los ojos, los suyos se mueven hacia el reloj.
—Oh, vaya.
Hemos estado tan cautivados con todo que nadie ha notado la hora. Ya faltan cinco minutos para la medianoche y me pongo de pie, aplaudiendo para llamar la atención.
Cuando todos me están mirando, me aclaro la garganta incómodamente.
—Y bien, ya casi es hora de celebrar el Año Nuevo. Espero que todos obtengamos lo que deseamos. —Sonrío y giro la cabeza para encontrar la mirada de Edward en mí mientras mamá rápidamente abre el reloj en su teléfono para hacer una cuenta regresiva adecuada.
Y después de unos momentos, rodeo a Edward con mis brazos, ya estamos allí, mientras el reloj marca la medianoche, no tengo nada que desear. Mirando a mi alrededor, me doy cuenta que finalmente tengo todo lo que siempre quise.
Un hombre que está tan obviamente enamorado de mí, que hace que mis rodillas se debiliten con una simple mirada. Una hija que está creciendo para ser una persona maravillosa. Padres, suegros, y familia que están ahí el uno para la otro, pase lo que pase.
No hay mucho más que pueda pedir. Realmente estoy bendecida.
Y mientras los labios de Edward se encuentran con los míos al marcar la medianoche, vierto todo lo que tengo en ese beso, dándole todo lo que puedo, y espero que sea suficiente hasta que los dos estemos solos en la privacidad de nuestro cuarto.
