Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer, lamentablemente no es mío (sería rica o pasarían cosas muy diferentes).


Capítulo 10


Haber tenido un fin de semana ocupado fue parcialmente exitoso y desastroso. Kotoko había agradecido la distracción para no pensar en su peligrosa metedura de pata del viernes, pero no había estado tan aguda como había aprendido. Los otros habían bromeado con que había extraviado conocimientos desde el año anterior que concluyeran las actividades del club con su generación.

En el día había sido más difícil que en la noche; agotada y con el desvelo de la conversación hasta alta hora, el insomnio no había aparecido, aunque en el día de vez en cuando había tenido imágenes flashback del apresurado encuentro, que con el calor de sus actividades había podido disimular.

El domingo antes del trabajo el cansancio también había predominado. Sin embargo, al despertarse ese lunes, sabiendo que debía dar la cara, el bochorno había vuelto.

No le avergonzaba tanto repetir con él, sino la ubicación. No había sido coaccionada por Irie-kun, sino inspirada por un raro brote de intrepidez. Y vaya audacia también de él —o técnicamente era su techo.

¿Cómo había pasado de poca experiencia a eso?

—¿Escuchaste lo del viernes?

Al oír la pregunta, Kotoko se congeló en la esquina del ascensor, rogando porque la conversación ajena —o inicio de rumor—, no la protagonizara. Iba a morir si todo el edificio sabía lo que había ocurrido en la oficina, con el jefe.

No debía haber ido a acampar, más bien a empacar sus cosas y agendar un vuelo al hogar familiar de su madre, donde nadie la encontraría y podría dedicarse a algo que le diera sustento sin preocuparse de no tener casa.

—Estoy tan celosa. Soy más bonita que ella.

La mujer junto a Kotoko tosió y de soslayo vio que contenía una risa. Si la chica era la mitad de hermosa que esa desconocida, podía creerlo; esa rizada pelinegra de cuerpo escultural y aire de inteligencia tenía qué presumir. Al no reconocerla, asumió que era una visitante, y no podía corroborar si en su lado derecho traía la identificación como tal.

Su evaluación le robó unos momentos de la plática y le ganó reproches a sí misma, mas alcanzó a atrapar el resto de la conversación antes de que bajaran.

—¿Por qué mi ídolo Ren no pudo cruzarse conmigo en la calle y enamorarse de mí?

Reconfortada por —todavía— no ser el nuevo objeto de rumores, suspiró y volvió a sus recriminaciones. Duraron poco por lo que restaba de llegar a su piso, donde descubrió que la pelinegra descendía con ella.

Dudó en ofrecer su ayuda, puesto que parecía segura del camino. Cuando la vio quedarse a la puerta de Irie-kun, quien se paró y la saludó con una sonrisa amigable, resolvió el asunto. Siguió a su puesto con la mirada baja, sin detenerse a comprobar si él la veía pasar frente a su oficina, ocupado como ya estaba.

Que hubiese sentido una minúscula punzada de algo que se negaba a nombrar y no el recuerdo del viernes lo que la motivara se trató de casualidad.

ooOOoo

La ausencia de conductas sospechosas de sus compañeros tranquilizó a Kotoko, quien por prevención decidió estar alerta toda la semana, y tuvo la oportunidad de repasar en su cabeza la presentación que tendría. Era mejor que malgastar su tiempo de trabajo en un asunto personal… que afortunadamente tendría que retrasar mucho, por su venturosa salida aplazada de ese día.

Ya se había equivocado mezclando demasiado ambos mundos, no iba a seguir haciéndolo.

Así le encontró Taketo-kun, el cual ocupó la silla que Daisuke había dejado libre al reunirse con unos programadores. Lo saludó con una sonrisa, la amistad con él era fácil, no era incómodo a pesar de que tenían un pasado breve y en esos meses charlaban de diferentes temas; si solo sus instintos más básicos no se opusieran, una relación con ese abogado sería muy bonita.

Por lo menos no era la única deseando al mal prospecto del cuento.

—¿Hay algún problema conmigo? —preguntó curiosa; si bien platicaban, lo hacían en los almuerzos o tiempos de descanso, no en períodos de trabajo o un lunes por la mañana.

—No. Espero a Irie y te vi hablando sola, así que me acerqué. Tiene visita de su ex novia, está entretenido un rato. ¿En qué estás?

Tardó unos segundos en procesar el final de sus palabras, centrada en una parte del comentario. ¿Había tenido a alguien más aparte de Oizumi Sahoko?

Hasta preguntarlo era tonto. Y con la clase de mujer que había visto temprano, no cabía duda de que podía figurar en la lista de antiguos amores.

Aplacó el cosquilleo que la invitaba a analizarse. En su lugar, cayó en un sitio peor… la curiosidad.

—Tengo una reunión en la noche con un proveedor estadounidense. —Apretó los labios. —¿Ex novia?

Taketo-kun rio entre dientes.

—Si no te hubiese superado hace años, tu interés dolería. —Kotoko frunció el ceño, su ego un poco dolido por la innecesaria alusión; se oía tan fácil pasar página de ella, tampoco tenía mucho de su noviazgo. —Ya sé que lo dejaste como tu amor de adolescencia, no pienso otra cosa —dijo él malinterpretándola. —En fin. ¿Nunca escuchaste los rumores de la escuela? Ni porque era lo que más sonaba, aunque ya no te importase.

Negó varias veces, preguntándose si había apagado sus oídos al detectar su nombre o había sido tan despistada.

—Me sorprende que tus amigas no lo discutieran contigo. Bueno, a Matsumoto Yuuko, así se llama ella, y a él, los vieron salir al cine juntos a ver una película romántica y por estar al lado del otro en la universidad todos asumieron que eran pareja, hasta que se le vio con Oizumi-san.

—No… no sabía.

Si era así, había durado más que la dama perfecta.

—Ahora siguen en contacto porque son socios de una empresa de informática.

Era todavía más lista; se trataba de la compañera que había mencionado. Rio para encapsular los celos que estaba sintiendo, por estúpido que fuera.

—Es cierto que los abogados deben prestar atención a lo que pasa para usarlo a su favor —consiguió decir, tal vez moviendo las manos con demasiada exageración.

Taketo-kun hizo un ademán displicente.

—Va, tonto soy yo. Presté mucha atención a ella por su hermana, que estaba celosa. Ayako, su hermana, estudiaba Derecho también y siempre la oía hablar de ambos. —Él se sonrojó encantadoramente. —No me atreví a decirle que me gustaba.

Suspiró, olvidándose de su propio predicamento en favor del suyo. Comprendía la razón de su avidez por el tema y rehuir de la visitante; debía traerle recuerdos de una chica que había significado algo valioso para él. Si se había atrevido a confesarse a ella, valiente a pesar de temer lo que podía ser un fuerte rechazo, no hacerlo con la muchacha tenía que deberse a sentimientos superiores… Habían compartido facultad.

Sabía que la ruptura amistosa de ambos no lo había dejado con la autoestima baja.

Colocó una mano sobre su hombro, dándole ánimo.

—Taketo-kun… ¿y si le pides el contacto de su hermana? —soltó sin detenerse a pensar.

—Eh… —Al mismo tiempo que él empezaba a sonreír, una vibración le advirtió de un mensaje en su teléfono.

Sin apartarse de su amigo, abrió la pantalla. Después de leer se paró excitada; Taketo-kun la siguió.

—Kin-chan… ya nació su hija.

Contenta, abrazó lo primero que tenía cerca, que era su amigo.

—Soy tía otra vez. Van a ser mejores amigas —celebró saltando en su lugar, mientras Taketo-jun reía a sus palabras y empáticamente se unía a su festejo, haciéndoles girar en el sitio.

Al separarse, lo primero que vio fue a Irie-kun y a la pelinegra observándoles. Evitó mirar el rostro de los dos y se inclinó repetidamente hacia su jefe por la muestra irrespetuosa de emociones. Lo último que necesitaba era que él siguiera viendo que se tomaba libertades en el espacio de trabajo.

—Aihara-san, ven un momento.

Asintió y lo siguió cabizbaja, detectando la frialdad en su tono.

—Irie-san —intervino Taketo-kun.

—Después hablaré contigo, Nakagawa —replicó el susodicho con voz más ecuánime.

En su espalda, ella le indicó con las manos que lo dejara. Sabía que se merecía una reprimenda por lo que acababa de hacer, aunque más por llevarlo a cabo cuando había un visitante y su jefe cerca, ya que a veces festejaban así.

Él no la llevó a su oficina, solo la apartó a donde no pudieran oírlos fácilmente. Encogió los hombros, esperando el reclamo, olvidando por un momento que tenían otras cosas de qué hablar, por lo que le tomó de sorpresa lo que dijo.

—Estaré fuera todo el día de hoy, hablemos adecuadamente en los próximos días. Por favor. —El uso de aquello la movió como un resorte a ver su rostro, donde distinguió la súplica acompañada de la frustración. Asintió, muda. —Desde que ocupo la oficina, las cámaras estaban apagadas, solo se ve quien entra. El sábado miré los videos y no se ve sospechoso.

Que ocupara la oportunidad para rogarle y tranquilizarla arruinó por completo su imagen de él —o la facultad que tenía su mente para arroparla, notaría más tarde.

Irie-kun le indicó con la mirada que regresaran y su emoción no ayudó el tenso silencio que les recibió, nublando su vista unos instantes.

Él se alejó a hablar unos minutos con Taketo-kun, tiempo que Matsumoto-san aprovechó para contemplarla sin disimulo, sonriendo enigmática cuando los hombres regresaron.

—Equipo, me ausentaré el día de hoy. Nakagawa atenderá emergencias que se presenten, pero confío en ustedes y sé que no optarán por alguien con tan pobre creatividad —anunció Irie-kun, recibiendo unas risillas que acabaron con las nubes grises en el ambiente.

No era bueno en las emociones personales, mas sí en saber cómo manejar a un público, pensó admirada y sosegada de lo malo. Él no era la pantalla con la que lo había tachado en su primer día, únicamente reservado y desconocedor de algunas sensaciones, reprimido por su intelecto y las expectativas como heredero de una empresa importante. Tenía sentimientos con los que ella también se había portado inadecuadamente.

Irie-kun se retiró con su visitante y Taketo-kun se acercó a ella.

—Felicidades de nuevo por tu sobrina. —Usó un tono que predominó en la oficina. —Conseguí el número y me enteré por casualidad que Ayako me ha mencionado. Nunca se sabe qué pasará si no lo intentas.

Sonriendo, él puso una mano en su cabeza y se alejó silbando.

No sabía que la dejaría repasando su frase más de una vez.


El mensaje de aviso de Kotoko, una concesión de su parte, había sido suficiente para contener a Naoki el fin de semana tras su segunda vez con ella.

La mirada de reconocimiento —después de él dominar los celos por su anterior novio— le ayudó a soportar un tanto más.

Eso era superior a lo que había estado teniendo esos meses y preparaba el escenario para la confesión que pretendía hacerle. Una vez comprobado que su arrebato amoroso no crearía humo en el espacio de trabajo, había decidido que la sinceridad sería lo mejor para empezar cualquier estrategia amorosa. Se lo debía a ambos.

Y ella tendría la opción de aceptarlo o no.

Pero rogaba a todas las deidades que lo acogiera en sus manos.

La había tratado de alejar. Poco a poco había hecho un lugar para ella en su corazón, después de Yuuko y Sahoko, y probar lo que no quería, cuando se había quedado célibe. No tenía caso intentarlo con otra y engañarse a sí mismo, resultando en desastre para las partes involucradas; se había centrado en cosas distintas, sin hacer indispensable el romance.

De haberse dado la oportunidad con Kotoko, había sido otra historia, pero no era el momento entonces. Ella lo había estado haciendo tan bien sin alguien en su vida —y hasta ese año no había sabido con un noviazgo— que no había querido estropearlo.

Quizá su problema era que había tomado esa decisión por ella… como la que los había separado en primer lugar.

Ya no lo haría.


NA: Ay, Kotoko, ibas tan bien ;P.

Como ven, cambié a los hijos de Kin-chan y Chris porque el espermatozoide era diferente ja,ja.

Besos, Karo.