Con la mayor parte de mi cuerpo tembloroso, empecé a abrir los ojos con extrema lentitud; llegando a visualizar con algo de extrañeza, como permanecía tendido sobre la cama de Bobby. Pero... ¿Cómo rayos fue que llegué a este lugar?

Sin tener para nada claro lo que estaba pasando, comencé a voltear la vista para todos lados; llegando a darme cuenta de un instante al otro, como permanecía vestido con mi pijama naranja.

Mientras continuaba tendido sobre la fría cama, tratando de descubrir en qué momento me habían cambiado de lugar, comencé a escuchar toda una serie de aparatosos quejidos provenientes del pasillo; los cuales, no tardaron en llamar completamente mi atención.

Lleno de curiosidad, abrí la puerta con cuidado para saber qué era lo que estaba pasando; consiguiendo visualizar con bastante admiración, la manera en la que Ronnie Anne se dirigía desesperadamente hacia su exaltada madre.

No tenía para claro a qué se debían tantos alegatos, pero a decir verdad, no tardé demasiado tiempo en descubrirlo; ya que al tener la puerta entreabierta, pude percibir una buena parte de su acalorada discusión:

—No se diga más, Ronnie Anne. ¡Debes de hacerme caso! —exclamó rápidamente María con bastante seriedad.

—¡Pe-Pero mamá! ¡Eso no es justo! Mi cuarto es demasiado chico para ambas.

—¡Entiéndelo, m'ija! Tu hermano no sé a qué horas vaya a regresar, y no dormiría tranquila sabiendo que estás tú sola.

—¡Pero mamá!

–¡Nada de peros, Ronalda! Ya te dije que vamos a dormir juntas... ¡Y es mi última palabra!

Al verme parado sobre un costado, Ronnie Anne empieza a acercarse muy lentamente a mi lugar; y tras acercar su decepcionado rostro al mío, me susurra con bastante resignación:

—¡Lo siento Lincoln! Mi mamá está empeñada en no dejarme dormir sola. ¡Pero descuida! Iré a buscarte tan pronto tenga la oportunidad.

Diciendo esas palabras, Ronnie Anne da media vuelta y comienza a dirigirse de forma pausada hacia su propia habitación; y luego de ingresar, María voltea su sudado rostro al mío, y empieza a sonreírme con auténtica maldad.

Derrotado y sin saber que hacer, regresé rápidamente a la habitación de Bobby, para ver si en algún instante de la noche, Ronnie Anne lograba escabullírsele a su madre.

Al estar nuevamente inmerso en la deprimente oscuridad de la noche, me mantuve dando vueltas de manera insistente sobre la cama; mientras veía correr el reloj.

A medida que pasaban los minutos, y la espera se hacía cada vez más insoportable, no dejaba de pensar una y otra vez en mi cabeza; si Ronnie Anne conseguiría atravesar en algún instante por esa puerta.

Sin mucho por hacer, comencé a soñar despierto ante la remota posibilidad de volver a tenerla cerca; aunque colmado de un pronunciado cansancio en todo el cuerpo, no pude evitar quedarme dormido.

El desbordante frío de la noche y la soledad perpetua del lugar, me mantuvieron rendido durante varios minutos; hasta que, de un instante al otro, fui despertado por un ligero sonido proveniente del pasillo. ¿Acaso era Ronnie Anne?

Angustiado por haberme quedado dormido, dirigí la vista poco a poco hacia el reloj; el cual marcaba con algo de sorpresa, como eran más de las 12:30 de la madrugada.

Lleno de ansiedad, abrí la puerta con cuidado, consiguiendo observar con gran admiración, como las luces de la sala permanecían encendidas. ¡Rayos! De seguro había llegado Bobby.

Al acercarme hacía la luz, pude apreciar una extraña sombra apoyada junto a la persiana de la cocina; la cual, se llevó de manera directa toda mi atención.

Teniendo cuidado de no hacer ruido, me fui acercando poco a poco hacia la penumbrosa cocina. Consiguiendo vislumbrar con algo de extrañeza, como Carlota permanecía agachada y en completo silencio; mientras veía de manera atenta hacia la sala. ¡¿Pero que rayos?!

Carlota estaba inclinada frente a la persiana de la cocina, viendo de forma insistente hacia el sofá; por lo que lleno de curiosidad apoyé mi rostro al lado suyo, para saber qué era lo que se mantenía observando.

Teniendo cuidado de no ser descubierto, incliné mi vista por la pequeña rendija, consiguiendo notar con gran fascinación, la manera en la que Bobby y Lori se mantenían besuqueando en un costado de la sala.

Tras contemplar lo que estaba pasando, no tardé en suponer que su extraña actitud tal vez se debía a algún tipo de orden impuesta por su entrometida abuela Rosa; en su afán de conocer con lujo de detalles, los animados pasos de la feliz pareja.

Luego de un par de extasiantes segundos, —y cuando estaba a punto de volver a la habitación—, mi cuerpo entero experimentó una fuerte punzada de lo más estremecedora; al ver una impactante escena que me fue imposible de ignorar.

Y es que, con la mayoría de mis sentidos ampliamente agudizados, pude ver como Carlota llevaba una de sus temblorosas manos hacia la parte baja de su acortada falda; para comenzar a estimularse sin ningún tipo de reparo, en todo el centro de sus gruesas piernas. ¡¿En serio?!

Mientras Bobby y Lori intercambiaban tenues gemidos colmados de impaciencia, podía apreciar el modo en el que Carlota estremecía su imponente figura al marcado compás de sus veloces caricias; consiguiendo soltar por pequeños instantes, sutiles sollozos de inconfundible placer.

A medida que se toqueteaba, el cuerpo de Carlota se fue tornando cada vez más perturbado. Por lo que sin dejar de estimularse en sus despampanantes partes, llevó su otra mano hacia una de sus enormes tetas; para comenzar a estrujársela con auténtica inquietud.

Admirar la forma tan abierta en la que se estimulaba entre las piernas, mientras se iba deleitando con los sutiles gemidos provenientes de la sala, empezaron a acelerar mi conmocionada existencia; hasta hacerme sentir completamente acalorado.

Sin tener ningún tipo de idea clara en mi cabeza, —y con la mayor parte de mi cuerpo electrizado—, comencé a acercarme instintivamente hasta el lugar en donde esta se encontraba; para luego susurrarle al oído con un poco de ansiedad:

—¡Hola Carlota! ¡¿Qué haces?!

Después de percatarse de mis débiles palabras, Carlota giró su rostro de manera horrorizada, apartándose de lleno de la ventana plegable que había en la cocina; hasta quedar totalmente sentada en medio de la oscuridad.

Completamente aterrada, —y sacudiendo su trigueño cuerpo con bastante ofuscación—, llevó una de sus temblorosas manos hacia su propia boca; para no alertar a nadie con sus reiterados resoplidos.

Al darse cuenta de mi impensada presencia, Carlota sacudió su cuerpo y se puso lentamente de pie; sin atreverse siquiera a mirarme a la cara.

Fue en ese momento cuando una corta sonrisa se comenzó a apoderar de mis tensadas facciones, de tan solo imaginar lo que podía lograr con tan sorpresivo descubrimiento.

Pero con lo que no llegué a contar era con la airada reacción que tendría Carlota, ya que, al sentirse acorralada, —y sin siquiera pronunciar palabra alguna—, me toma violentamente por el cuello; y me comienza a arrastrar de manera enfurecida hacia la penumbrosa habitación de su primo Bobby. ¡Rayos!

Luego de ingresar con sobresalto, —y sin siquiera encender la luz del lugar—, Carlota acerca su agitado rostro al mío; y comienza a decirme con llamativa intensidad:

—¿Por qué rayos estabas espiándome? ¿Acaso quieres que te muela a golpes? Dime la verdad, ¡¿qué fue lo que viste?!

Al ver su marcada reacción, y lograr intuir lo molesta que de seguro se encontraría, intenté aplacar de manera veloz cada una de sus trastornadas emociones, para que no me fuese a maltratar. ¿Es que acaso todas las chicas de esta familia eran violentas?

Con el corazón acelerado y una naciente desazón apoderándose de mi cabeza, posé la mirada sobre sus enfurecidas facciones; logrando percibir su profundo grado de conmoción.

De esa manera, y tras tener a Carlota en frente mío, pude darme cuenta de la inusual manera en la que me había comenzado a observar con inmenso odio; a pesar de encontrarnos sumergidos bajo la escasa luz que accedía por la ventana.

En ese momento podía sentir toda la tensión, así como el continuo desagrado, que se mantenía presente en su afligida figura. Tener a Carlota tan cerca de mi lado me tenía con el cuerpo totalmente paralizado, y la cabeza dándome vueltas.

Luego de un par de angustiantes segundos, —y tras comprobar cómo no era capaz de decirle palabra alguna—, da un par de pasos hacia el frente; y mirándome a los ojos de manera desafiante, me dice con extraordinaria prontitud:

—Escúchame bien, mocoso, ¡y escúchame con atención! Espero que lo que viste hace un rato se quede entre nosotros, a menos de que quieras que haga tu vida miserable.

Percibir el inmenso odio presente en cada una de sus amenazantes palabras, me dejaron mucho más que aterrado; y con un extraño vacío expandiéndose en mi pecho. En ese preciso instante me sentía en una clara desventaja, ya que Carlota era lo suficientemente astuta como para no dejarse presionar. ¡Rayos!

Al sentir su mirada fría y su postura claramente amenazante, desvié los ojos hacia un costado; y le dije de manera ofuscada:

—¡Ca-Carlota! No tienes porqué molestarte. Sé que hice mal al haberte asustado, pero esa no era mi intención.

Al ver que mis palabras no surtían efecto alguno, y que me había comenzado a estrujar con mayor violencia contra la pared; procedí a decirle de manera horrorizada:

—¡Espera Carlota! ¡Detente un minuto! Aunque no lo creas estoy de tu lado, y si no me lastimas, quizás y hasta pueda hacer algo para ayudarte.

Luego de escuchar mis improvisados argumentos, continuó apretándome del cuello con mayor intensidad; casi al tiempo en que me decía con sobresalto:

—No tienes nada en que ayudarme. Y lo que pasó hace un rato... ¡No es asunto tuyo!

Diciendo tan enfurecidas palabras, empieza a presionarme sin ningún tipo de piedad; hasta hacer que mi mente se nublase por completo. En ese preciso instante estaba tan asustado, que no era capaz de pensar con claridad.

Impulsado por tan terrible miedo, —y al darme cuenta de que me era imposible tratar de escapar—; le dije lleno de pánico:

—¡Espera Carlota! No me vayas a golpear. Sé lo que debes estar sintiendo, y si me lo permites... ¡Puedo ayudarte a estar con Bobby!

Luego de escuchar mis punzantes palabras, detiene momentáneamente cada uno de sus exaltantes movimientos; y tras acercar aún más su alterado rostro al mío, procede a decirme con la voz entrecortada:

—Pe-Pe... ¡¿Pero de qué rayos estás hablando?! —exclamó llena de rabia.

No tenía idea de por qué le había dicho esas palabras, pero al ver lo molesta que en ese instante se encontraba, —y lograr percibir los constantes resoplidos que escapaban de su nariz—; sabía que no podía echarme para atrás.

Esta era la oportunidad perfecta no solo para intentar ganarme la confianza de Carlota, sino para conseguir una valiosa aliada para el futuro. Y es que, si lograba mi objetivo, no solo se me haría más fácil el poder estar con Ronnie Anne, sino que estaría más cerca de poder estar con mujeres ampliamente inalcanzables, como lo eran Alisa, Margarita y Nikki; o la mismísima Sra. Chang.

A pesar de mis constantes temores, sabía que la tenía que presionar. Es por ello que al ver la profunda expresión sulfurada que mantenía consigo en su redondeado rostro, le dije de manera acelerada:

—De-Después de ver lo que pasó en la cocina, estoy seguro de que sientes algo por Bobby. ¡Pero descuida! Tu secreto está a salvo conmigo.

—¡Cierra la boca, enano! Tú no tienes idea alguna de lo que estás diciendo.

Aunque jamás me había fijado del todo en ella, Carlota siempre me había parecido una chica de lo más reservada y sexy; que podría estar con el tipo que ella quisiera. Por lo que al verla tan pegada a mi estresada silueta, y lograr percibir la perfumada fragancia que emanaba de su piel; le dije nuevamente sin pensar:

—¡Claro que lo sé! Ya que tú no eres la única que se siente atraída por un amor no correspondido.

Escuchar mis seguras afirmaciones, dejaron a Carlota sumamente trastornada y sin saber que hacer; por lo que batiendo su cabeza de un lado al otro, no demora en pronunciar:

—¡Pero eso es mentira! A mí como me va a gustar Bobby, si él es mi primo. Y aunque quisiera, ¡Lo nuestro jamás podría llegar a ser!

Al terminar de hablar, Carlota arremete nuevamente contra mi intranquila existencia, propinándome toda una serie de efusivos golpes en el pecho; para tratar de apaciguar cada una de mis lacerantes afirmaciones.

Luego de recibir una sistemática ráfaga de sus más potentes impactos, la sujeté con gran firmeza de sus muñecas; casi al tiempo en que le decía con sobresalto:

—¡Vamos Carlota! ¡Contrólate de una buena vez! Ya te dije que estoy de tu lado, y lo único que quiero es tratar de ayudarte.

Llena de rabia, y sacudiendo su voluminoso cuerpo a más no poder; no demora en mencionar:

—Pero cómo rayos me vas a ayudar, si no eres más que un enano de 11 años.

Podía palpar con innegable claridad, la manera en la que Carlota continuaba sumamente perturbada tras mis más recientes afirmaciones. Por lo que apartando a toda prisa sus ansiosas manos de mi lado, volvió a arremeter con total desagrado contra mí expuesta silueta; mientras me limitaba observarla con absoluta pasividad.

Con Carlota embistiendo cada vez más fuerte contra mi intranquila existencia, volví a repasar en mi mente cada uno de los cientos de planes arriesgados que a lo largo de los últimos meses había alojado en mi cabeza; para ver si con alguno de ellos lograba salir de tan terrible predicamento.

Fue así que al verla toda temblorosa, retorciendo su cabeza con increíble rapidez, posé una mano sobre su hombro; y le dije con muchísima ansiedad:

—¡Descuida Carlota! No tienes por qué enojarte. Se lo que se siente el querer estar con alguien que no te presta la más mínima atención, y que en ocasiones no sabe ni que existes. Eso me ha pasado muchas veces, y a decir verdad... ¡Aún me sigue pasando!

A medida que iba hablando, me fue golpeando cada vez con menores ganas; hasta que de un momento al otro repliega sus amenazantes manos con gran cuidado, y me queda observando bajo un silencio abrumador.

Poco a poco su semblante comenzó a llenarse de una profunda indecisión, y aunque mantenía su postura claramente retadora, sabía que mis palabras no le habían pasado inadvertidas.

De esa forma, —y al ver como mi sensual acompañante permanecía cada vez más llena de indescriptibles dudas—; la tomé nuevamente de las manos, y le dije sin atreverme a vacilar:

—¡Vamos, Carlota! ¡Escúchame por un instante! Estoy seguro de que con mi ayuda podrás estar con Bobby. Anda... ¡Confía en mí! No pierdes nada con intentarlo.

Tan pronto terminé de hablar, posó su mirada confusa sobre la mía; y con el rostro aún lleno de un amplio desconcierto, me esboza con claridad:

—No... ¡No lo entiendo, Lincoln! Si en verdad puedes hacer lo que estás diciendo, ¿por qué querrías ayudarme?

Después de expresar tan sentida oración, comienza a acercar su arrugado rostro al mío; y mirándome a los ojos con un claro recelo, me dice con inconfundible seriedad:

—¿Acaso lo dices para que deje de golpearte? ¡¿O es que simplemente eres idiota?! Vamos, que esperas... ¡Habla de una buena vez!

Impactado con sus más recientes afirmaciones, y al ser consciente de que no la iba a poder engañar, la miré ligeramente de reojo; y le dije sin llegar a vacilar:

—Está bien, Carlota. ¡Voy a ser sincero contigo! —sollocé con intranquilidad—. Lo único que quiero es tratar de que me debas una, para que me puedas ayudar a estar con Ronnie Anne.

A medida que me expresaba, podía sentir una extraña desconfianza manteniéndose presente en su paranoica mirada. Hasta que, de un instante al otro, comienza a arrugar su expresivo rostro y simplemente me dice:

—Se que estás ocultándome algo, y que muy seguramente no me lo vas a querer decir; pero a pesar de todas esas cosas, creo que no pierdo nada con escucharte.

En ese instante Carlota se veía mucho más calmada y receptiva, y a decir verdad... ¡No tardó mucho tiempo en demostrarlo! Ya que, sin siquiera titubear, —y ante mi completa admiración—, procedió a sentarse en todo el borde de la cama; para luego decirme de manera muy calmada:

—Ya que estamos a solas... Y por mera curiosidad, me gustaría saber algo. Si en realidad me gustase Bobby, y quisiese estar con el... ¿Qué rayos podrías hacer tú para que eso pasara?

Al contemplar de manera directa la forma en la que Carlota había comenzado a abrirse conmigo, la miré fijamente a sus expectantes ojos oscuros; y le dije con rapidez:

—¡Mmm! ¡No es tan fácil de explicar! Y es que, como te habrás dado cuenta, tanto Lori como Bobby están profundamente obsesionados el uno con el otro; por lo que lo único que nos queda... ¡Es tratar de dividirlos!

Llena de dudas, y sin dejar de mirarme con un poco de impaciencia; no demora en expresar:

—N-No, no... ¡No lo entiendo! Cómo así que dividirlos. ¿Qué es lo que quieres decir?

Tras percibir su apagada pregunta, —y comenzando a respirar con indescriptible agitación—, me dispuse a explicarle con lujo de detalles; la inusual idea que tenía en mi cabeza.

Después de oír con atención cada una de mis singulares palabras, pude ver la manera en la que el inquieto rostro de Carlota se comenzó a llenar de una fabulosa impresión; y al terminar de hablar sostiene la mirada hacia mi lado, y me dice con llamativa intermitencia:

—¡¿E-Es en serio!? ¿Ese es tu plan? No, no lo entiendo... ¿Es que acaso esto es una broma? —sollozó con incredulidad.

—¡Por supuesto que estoy hablando en serio! —repliqué lleno de firmeza—. Se que suena algo ridículo, y que en cualquier instante podría fallar; pero si hacemos bien las cosas, sé que podemos lograrlo.

—Para ti es fácil decirlo, tú no tienes que hacer prácticamente nada. —exclamó llena de enojo.

—Anda, confía en mí. Se que es algo arriesgado, pero... ¡No perdemos nada con intentarlo!

Luego de escuchar mis animadas palabras, —y con el ritmo de su respiración cada vez más comprometido—, Carlota permaneció en silencio durante unos breves instantes; para después empezar a decir con bastante rapidez:

—Estoy segura de que tu plan es una completa locura, y que muchas cosas podrían salir mal; pero a pesar del inmenso miedo a que nos descubran... ¡Creo que estoy dispuesta a intentarlo!

Después de una ardua lucha, —y una buena parte de mi pecho maltratado—, finalmente había decidido seguirme el juego; pero a pesar de tan agónico triunfo, aún era muy pronto para andar celebrando.

Una vez que estuvo convencida, empezamos a repasar cada uno de los posibles pasos de nuestro improvisado plan; por lo que mirándola directamente a los ojos, le dije con un poco de afán:

—Creo que la parte más difícil será encontrar un lugar en donde podamos estar a solas.

—No te preocupes por eso, —atinó a decir con una clara sonrisa dibujada en el rostro—. La Sra. Kernicky del 4A se fue a visitar su familia durante el fin de semana, y le dio las llaves a mi abuela para que le regase sus plantas; así que, su departamento está completamente vacío.

A eso de las 12:50 am, —y con la mayoría de mi nervioso cuerpo temblando a más no poder—, vi como Carlota se alejaba poco a poco de mi lado; con una extraña expresión presente en su intranquila mirada. ¿Será que acaso estaría realmente dispuesta a continuar?

De esa manera, —y tras abrir la puerta de la entrada como si hubiese acabado de llegar—, Carlota comenzó a hablar alegremente con la extrañada pareja que permanecía en la sala; hasta conseguir posarse junto a estos sin mayores inconvenientes.

Una vez que logró inmiscuirse a un lado de los dos, aproveché la distracción para buscar las llaves en el lugar de la cocina en donde previamente me había indicado; hasta conseguir tenerlas en mis manos.

Con las llaves en mi poder, fui en busca de una serie de cosas en las alcobas de Bobby y de María; y una vez que las tuve bajo mi alcance, me fui de regreso directamente hacia la cocina.

Con la vista puesta otra vez en la persiana, —y al ver como Carlota tenía todo bajo control—, me marché con cuidado hacia el cuarto piso; para preparar el resto de las cosas.

Nuestro plan era muy simple, y consistía en llevar a ambos hacia un sitio apartado, para luego hacerles bajar la guardia y conseguir que se separasen. Y aunque sabía que no era el plan más original de todo el mundo, era el único que podía funcionar bajo estas circunstancias.

Tan pronto subí las escaleras, no tuve demasiados apuros en lograr inmiscuirme en el apartamento del 4to piso, consiguiendo revisarlo todo de arriba a abajo; hasta conseguir acomodar las cosas según lo planeado.

Una vez que estuvo todo listo, procedí a colocarle un pequeño pedazo de papel a la cerradura de la entrada; para que Carlota lograse acceder sin ningún tipo de apuro.

Con la mayoría de mi intranquilo cuerpo cada vez más tembloroso, me fui a esconder a la habitación más alejada al final del corredor; dejando la puerta ligeramente entreabierta, para poder estar atento tras su llegada.

A medida que pasaban los minutos, mi cuerpo entero no dejaba de temblar; haciéndome sentir cada vez más ofuscado, y con un montón de dudas apoderándose de mi cabeza. ¿Será que Carlota no consiguió convencerlos para que vinieran a este lugar?

Lleno de un gran temor en todo el cuerpo, me mantuve inamovible viendo insistentemente la hora en el reloj. Hasta que, de forma casi repentina, comencé a escuchar como alguien accedía por dicha entrada.

Con mi pene palpitando a más no poder, pude contemplar la forma en la que una sonriente Carlota ingresaba a toda prisa directamente hacia la sala; siendo seguida muy de cerca por una impaciente Lori, y su distraído acompañante.

Luego de ingresar, —y tras dirigir la vista discretamente hacia mi lado—, Carlota se acomoda sin ningún tipo de prisa junto al sofá; y una vez que estuvo bien acomodada, procede a decirle a ambos con indescriptible suavidad:

—Ven, chicos... ¡Se los dije! En este sitio podemos estar mucho más a gusto.

De ese modo, se quita los zapatos y empieza a charlar con ellos con total tranquilidad; manteniendo siempre de lo más controlado, el exaltado volumen de su aguda voz.

Al cabo de un corto rato, —y cuando Lori había comenzado a realizar diversos gestos de incomodidad—, Carlota se pone poco a poco de pie; y empieza a decirle a ambos con muchísima ansiedad:

—¿Saben qué? Creo que deberíamos de celebrar que han vuelto a estar juntos... ¡Y sé exactamente cómo lograrlo!

Luego de esbozar esas palabras, Carlota se dirige lentamente hacia la entrada principal; y una vez ahí, procede a decirles con muchísimo encanto:

—No se muevan muchachos. ¡Les tengo una pequeña sorpresa!

Después de pronunciar tan enigmática oración, y conseguir evidenciar cómo ambos permanecían completamente en sus lugares, empieza a abrir la puerta con el mayor de los cuidados; y se retira hacia el pasillo sin hacer ningún tipo de ruido.

No tenía idea de porque Carlota se había apartado tan repentinamente de su lado, pero no me quedaba de otra más que confiar en su pronto regreso. Por fortuna no tardó demasiado tiempo en volver a aparecer, trayendo consigo tres brillantes copas de vidrio y una botella de vino. ¿Acaso ese era su plan?

Aunque en un principio tanto Lori como Bobby se resistieron a probar el alcohol, no fueron capaces de continuar soportando por mucho más tiempo de las sonsacadoras palabras de su amiga; quien sabía perfectamente como hacer que le siguieran el juego.

Fue así como de un instante al otro, —y prácticamente sin llegar a darse cuenta—, fueron devorando de manera alegre gran parte de la oscurecida botella de cristal; hasta conseguir quedar con la guardia reducida.

Al cabo de un corto rato, y tras apreciar la forma en la que la feliz pareja había comenzado a sonreír, Carlota dirige la mirada lentamente hacia mi propia dirección; y tras realizar una leve mueca de manera gustosa, me guiña un ojo con completa discreción.

Entre más pasaban los minutos, podía evidenciar la forma en la que Carlota había comenzado a sumergirlos en un sinfín de difuminadas risas, y comentarios sin el mayor de los sentidos; que los tenían cada vez más distraídos. ¡Había llegado el momento de continuar con nuestro plan!

Cuando el reloj marcaba poco más de la 1:20 de la madrugada, y estuvieron mucho más sumisos y relajados, pude contemplar la forma en la que Carlota comenzó a ponerse lentamente de pie; hasta quedar de nuevo en frente de estos.

Una vez que estuvo bien parada, —y tras llenar de aire sus pulmones—, empieza a extender una de sus torneadas manos hacia la humanidad de Lori; casi al tiempo en el que empieza a exclamar:

—¡Vamos muchachos! Ya va siendo hora de que empiece la verdadera fiesta.

—¿De qué estás hablando, Carlota? —señaló rápidamente Lori con el rostro todo colorado.

—¡Tranquilos chicos! No se vayan a impacientar. Es solo que les tengo una última sorpresa.

Llenos de incredulidad, se la quedaron observando sin decir palabra alguna; lo cual aprovechó para decirles seriamente:

—Como estoy casi segura de que no han podido estar a solas, los traje a este sitio para que puedan pasar la noche juntos.

—Lo, ¿lo dices en serio? —atinó a decir Lori.

—¡Por supuesto! —replicó con rapidez—. ¿Acaso creyeron que permanecía a su lado para dañarles la noche?

Al ver los claros gestos emocionados emitidos por la alicorada rubia, Carlota la observa con bastante agitación; y comienza a decirle de manera acelerada:

—¡Eso sí! Ya que es una noche sumamente importante para ambos, las cosas van a ser un poco distintas a como la tenían pensadas. ¡¿Les quedó claro?!

Fue así como sentándose con cuidado al lado de Lori, comenzó a decirle al oído lo que tenía en su mente; para ver si de esa forma tan inesperada, lograba obtener su aprobación.

A medida que Carlota iba hablando, podía ver el rostro de mi hermana cambiando completamente de color; hasta que luego de varios segundos de un intenso silencio, comenzó a batir su cabeza en señal de aprobación. ¡¿Acaso lo había conseguido?!

No sé qué rayos le habrá dicho en ese instante al oído, pero el rostro de Lori se veía cada vez más colorado; haciéndome sentir una terrible comezón en mis hinchadas bolas, que muy difícilmente podía controlar.

Cuando estuvieron a un par de pasos de la entrada, pude escuchar como Carlota le decía directamente a Bobby, que la esperase durante algunos minutos en la habitación de al lado.

Luego de sentir como este se encerraba sin hacer pregunta alguna, y la manera en la que las chicas se acercaban con pasividad; comencé a ser víctima de un agudo nudo en mi garganta, que por instantes me hacía difícil respirar.

Una vez que estuvieron todos juntos, —y tras conseguir palpar como de a poco se iban acercando a mi lugar—; me metí a toda prisa dentro del viejo closet, para no ser descubierto.

Mientras aguardaba en la soledad perpetua de tan ensombrecido recinto, mi cuerpo entero no dejaba de tiritar; y aunque traté por todos los medios de mantenerme lo más calmado, no lograba soportar la interminable espera a la que estaba siendo sometido. De seguir batiendo mi cuerpo de esa manera, no tardaría demasiado tiempo en quedar al descubierto.

Cuando estuvieron a un par de pasos de la entrada, pude escuchar como Carlota le decía directamente a Bobby; que la esperase durante algunos minutos en la habitación que estaba al lado. Luego de sentir como este se encerraba sin hacer pregunta alguna, y la manera en la que las chicas se acercaban con pasividad; comencé a ser víctima de un agudo nudo en mi garganta, que por instantes me hacía difícil respirar.

Una vez que las luces estuvieron encendidas, Lori empieza a desplazar su vista hacia todos lados; como tratando de asimilar lo que hacía en ese lugar.

Totalmente inquieta, se agacha con rapidez y observa sin ningún recato por debajo de la ordenada cama, y al percatarse de que no había nada, se sienta en un extremo de la misma; y empieza a enfocar su rostro hacia el lugar en donde me encontraba oculto. ¡Rayos!

Estaba más que claro que Lori se sentía ligeramente incomoda, no solo por estar dentro de un departamento desconocido; sino por haberse quedado a solas con Carlota.

Desde mi escondite podía divisar toda la ansiedad, así como los diferentes gestos de tensión, que se veían reflejados en su sudoroso rostro de porcelana.

De esa manera, —y tras admirar como Carlota permanecía claramente imperturbable—, decide romper el hielo; y procede a decirle a esta con un poco de incredulidad:

—Aun no puedo creer que esto esté pasando. ¿En verdad vamos a hacer lo que me dijiste al oído?

—¡Por supuesto! —exclamó bastante sonriente—. Ya falta poco para comenzar.

—¡¿Lo dices en serio?! —señaló en un corto susurro—. Literalmente jamás estuve tan ansiosa y excitada al mismo tiempo. ¡Uhm! Y dime Carlota... ¿Qué es lo que tengo que hacer exactamente?

—¡En realidad es muy sencillo! Lo único que tienes que hacer es quitarte la ropa y permanecer tendida sobre la cama; mientras me encargo de atarte a cada extremo.

A medida que continuaba escuchando las insinuantes palabras de su amiga, una buena parte de su expresivo rostro comenzó a cambiar drásticamente de color; hasta comenzar a respirar cada vez más intranquila.

A pesar de sus notables dudas, Lori se veía increíblemente excitada; llegando a sacudir su ofuscada figura, de manera veloz junto a la cama. Tal parece que su prolongada calentura, sumada a su evidente grado de alcohol, habían comenzado a nublarle el juicio.

Una vez que estuvo ligeramente convencida, pude ver cómo de a poco empezó a desprenderse de su aclarado traje de seda; hasta quedar tan solo cubierta por una atrevida tanga blanca, y un ajustado sujetador.

Con su ropa interior totalmente expuesta, el rostro de Lori comenzó a tornarse cada vez más encendido; al quizás imaginarse lo que estaba a punto de suceder. En ese preciso instante se le veía tan extasiada, que habría sido capaz de realizar cualquier clase de locura, con tal de complacer a su querido "Osito Boo Boo".

Luego de quedar cubierta por sus atrevidas prendas íntimas, procedió a acostarse en todo el centro de la acolchada cama de madera; viendo como Carlota le amarraba muy lentamente las piernas, con uno de los pañuelos largos que habia tomado del cuarto de María.

Con el paso de los segundos, —y al ver como su amiga le había empezado a atar sus brazos—, el rostro de Lori se volvió a llenar de una extraña incomodidad; que la impulsó a decir de manera intermitente:

—¡Ca-Carolta! ¿Estás segura de que esto le va a gustar a Bobby?

—¡Por supuesto! Él puede ser muy inocente y dulce, pero ante todo es hombre; y si haces bien lo que te digo, lo verás saltando de felicidad. —exclamó con una corta sonrisa—. Qué me dices Lori... ¿Acaso quieres continuar?

En ese momento Lori permanecía en absoluto silencio, girando su confundida cabeza de un lado para el otro; y al darse cuenta de sus notables dudas, Carlota le dice con llamativa serenidad:

—¡Está bien Lori! Entiendo que no quieras hacerlo. Quizás aún no estés lista para comportarte como una verdadera chica de la gran ciudad. ¡Pero descuida! Estas cosas no son para todas.

Al terminar de pronunciar tan manipuladoras palabras, pude contemplar la manera en la que Carlota comenzó a desatarle su brazo izquierdo con extrema lentitud; hasta conseguir dejarlo en libertad.

Al notar cómo de a poco había comenzado a ser liberada, mi angustiada hermana levantó rápidamente sus enrojecidas facciones; para luego decirle a esta con muchísima ansiedad:

—De-Detente, Carlota. ¡No me vayas a soltar! Estoy segura de lo que siento por Bobby... Y de que nací para ser una chica de la gran ciudad.

¡No podía creer lo que acababa de escuchar! Carlota, con su sorprendente capacidad de persuasión, acababa de convencer a Lori de hacer parte de su atrevido juego. Ahora más que nunca estaba convencido de que necesitaba tenerla como aliada.

Una vez que pudo convencerla, procedió a tapar sus ojos con una ensanchada máscara para dormir, que previamente le había dejado junto a la cama. Fue así como después de un largo rato, los radiantes ojos de Lori... ¡Finalmente habían sido cubiertos!

Luego de comprobar cómo esta había sido cegada, Carlota empezó a batir sus manos con pronunciada insistencia; para que lograse emerger de la marcada oscuridad en donde me encontraba sumergido.

Una vez que conseguí reincorporarme, me puse automáticamente a un lado de la cama; consiguiendo apreciar con gran ofuscación, la atractiva mancha de humedad que se le marcaba a Lori en medio de las piernas.

Al verla completamente quieta sobre la cama, Carlota se acerca a ella con muchísimo cuidado; y tras observar su nervioso cuerpo de arriba para abajo, procedió a decirle con un poco de frialdad:

—Creo que ya va siendo hora de que me vaya. Pero antes de hacerlo, te recuerdo que estamos haciendo esto a escondidas; así que debes evitar hablar o hacer cualquier clase de ruido, para no ser descubiertos. —señaló de manera muy seria—. Aunque no lo parezca las paredes son muy delgadas, y si los vecinos se llegasen a alertar, podrían incluso llamar a la policía.

—¡Descuida Carlota! Literalmente me queda claro lo que dijiste.

—Está bien, cariño. ¡Nos vemos más tarde! —exclamó con una corta sonrisa—. Voy volando a donde se encuentra Bobby, para poder explicarle lo que tiene que hacer.

De esa manera, —y tras tomarme a toda prisa por el brazo—, Carlota se alejó muy lentamente de su lado, dejando todo listo para el evento principal.

Luego de salir de la alcoba, se aproxima con cuidado al lugar en donde se encontraba su primo; y tras voltear su rostro ligeramente hacia mí extremo, me hace una pausada seña para que no la fuese a acompañar.

Una vez que estuvo adentro, procedió a cerrar la puerta como en cámara lenta, dejándome de lo más ansioso e intranquilo; mientras veía pasar el tiempo en el reloj. ¡Rayos! No podía aguantar tan terrible espera.

Con la mayor parte de mi cansado cuerpo sulfurado, permanecí durante algunos minutos respirando con completa ofuscación; hasta que de forma casi repentina, Carlota abrió la entrada con cautela.

Sin saber muy bien lo que estaba pasando, me acerqué con total cuidado hacia su lado; hasta conseguir observar con muchísima sorpresa, como Bobby permanecía acostado sobre la pequeña cama. Tal parece que su astuta prima, no había tenido problema alguno en engañarlo.

Teniendo cuidado de no hacer ruido, conseguí ingresar hasta lograr situarme a pocos pasos de la cama; desde donde veía a su primo con los ojos totalmente vendados, y tan solo cubierto por su ensanchada ropa interior.

Luego de cegar ansiosamente a Bobby, —y de sujetar sus brazos y piernas a cada extremo de la cama—, Carlota dirige la mirada hacia su desprotegida entrepierna; y tras relamer sus labios llena de deseo, no demora en murmurar:

—Creo que ya va siendo hora de que me vaya. Pero antes de hacerlo, te recuerdo que no debes de hacer ninguna clase de ruido para no alertar a los vecinos. ¿Te quedó claro?

Al escuchar las expresivas palabras de su prima, Bobby apretó los labios y comenzó a sacudir su cabeza de arriba para abajo; en señal clara de completa aprobación.

Después de ver los prolongados gestos en su rostro, Carlota se aparta lentamente de su lado; y sin dejar de admirar el abultado bulto que se le veía en la entrepierna, empieza a exclamar:

—¡Nos vemos después! Voy a ir a buscar a Lori antes de que se haga más tarde.

De ese modo, Carlota abandona completamente la habitación, y permanece parada en todo el centro de la sala; a la espera de poder concretar su siguiente movimiento.

En ese instante Carlota lucía verdaderamente nerviosa, viendo con insistencia la inamovible hora en el reloj. Y a medida que lo hacía, no dejaba de morder sus labios con enormes ansias; como tratando de acelerar el tiempo para poder estar de vuelta en la habitación.

Al cabo de un par de tormentosos minutos, finalmente empieza a suspirar con fabulosas ganas; por lo que sacudiendo su brioso cuerpo colmada de impaciencia, emprende otra vez su rumbo hacia el silencioso recinto en donde se encontraba su familiar.

Al ingresar de nuevo a la recámara, su transpirado rostro permanecía de lo más enrojecido posible, y su piel lucía cada vez más erizada; demostrando en gran medida, el profundo grado de excitación que corría por sus voluminosas curvas.

Luego de contemplar la forma en la que permanecía tendido sobre la cama, Carlota extendió sus ansiosas manos hacia la parte alta de su colorido traje; y sin importarle en lo más mínimo el que estuviese al lado suyo, comienza a retirárselo sin mayor perturbación.

Después de un suave contoneo de caderas, Carlota quedó cubierta por un enorme sujetador bordado con encajes en los costados, el cual hacía juego con un transparentado cachetero rojo ligeramente ajustado; que acentuaba todo el atractivo presente en su atrayente silueta.

Una vez que estuvo cubierta por sus atrevidas prendas íntimas, Carlota posó sus conmovidos ojos sobre los míos. Y tras comenzar a morderse sus inflamados labios con lujuria, no tardó en desprenderse de la parte más alta de su delicada ropa interior; hasta conseguir dejar sus fabulosos senos al descubierto.

Por más que lo intentase ocultar, no lograba apartar la mirada de las impactantes tetas que veía, ya que lucían tan firmes y paraditas; dando la sensación de ser incluso más grandes que las de su propia madre.

Luego de divisar con gracia mi inesperada reacción, no tardó en apretujarse las tetas de manera descarada; mientras me observaba fijamente al rostro, con una sonrisa naciente en sus lascivos labios.

Con el pecho al descubierto, y sin dejar de sonreír con auténtica maldad, posó una de sus pequeñas manos sobre la parte más baja de las piernas de su primo; para luego ascender con calma hasta llegar a sus rodillas.

Tan pronto como Bobby sintió el tibio contacto sobre su cuerpo, comenzó a sacudirse de manera ampliamente acelerada; y sin prestarle atención a las últimas palabras de su prima, rompió el silencio con absoluta ansiedad:

—Lo-Lori, amor... ¡¿Eres tú?!

Luego de constatar su airada reacción, —y al ser consciente de lo despistado que solía ser—, Carlota continuó su ascenso con marcada intermitencia; mientras se limitaba a susurrar con llamativa suavidad:

—¡Shh!

A medida que lo iban toqueteando, —y al ser consciente que debería de guardar silencio—, el cuerpo de Bobby comenzó a retorcerse con prolongada alteración, obligándolo a liberar un par de tenues jadeos de lo más descompensados; que no tardaron en hacerlo estremecer sobre la cama.

Extasiada ante cada uno de sus alucinantes gemidos, Carlota siguió con su pronunciado ascenso sin siquiera vacilar; hasta conseguir posar su mano sobre la parte más alta de su ropa interior.

Tras sentir como la mano de su "amada" ascendía con total libertad sobre una de sus piernas, la polla de Bobby no tardó en despertar muy llena de alegría; formando así una monumental carpa blanca bajo aquel pedazo de tela, que se mantenía decorado con un sinfín de pequeños corazones rosados.

Al contemplar el majestuoso bulto que se le había comenzado a formar, Carlota no pudo continuar soportando la intensa calentura que recorría abiertamente en sus entrañas; por lo que estirando las manos con auténtica inquietud, no tardó en aprisionar la punzante hombría que se alzaba bajo sus prendas.

Una vez que el ingenuo de Bobby sintió como le habían sujetado su electrizada intimidad, no tardó en estremecer su cuerpo con marcada lentitud, casi al tiempo en que dejaba escapar un par de suspiros de lo más aletargados; que rápidamente se llegaron a mezclar con los suaves gemidos emitidos por Carlota.

Las intensas caricias que se mantenía propinándole, tenían al iracundo cuerpo de Bobby, cada vez más receptivo y a punto de enloquecer.

En ese momento Carlota lucía altamente inquieta, por lo que colmada de infinitas ansias, deslizó su atrevida mano por debajo de la ropa interior de su alterado familiar. Y tras conseguir aprisionar su oscilante estaca con gran firmeza, comenzó a correr su bóxer poco a poco hacia un costado; hasta dejar su erguida polla apuntando en su dirección.

Justo en el instante en el que pudo contemplar el majestuoso miembro de Bobby palpitando entre sus finos dedos, su cuerpo entero se estremeció con inusual vigor, y sus gruesas piernas comenzaron a trastabillar; hasta casi desplomarse sobre el frío piso de la alcoba.

Fue así como palpando su venosa polla de arriba a abajo, no pudo evitar posar su otra mano en todo el centro de sus ensanchadas piernas; dando inicio a unas cortas caricias sobre su empapada pantaleta.

Con el cuerpo tembloroso, y el ritmo de su respiración cada vez más alterado, Carlota enfocó su mirada en la encendida polla que tenía en su poder; y tras emitir un ahogado suspiro cargado de calentura, procedió a devorarla de un solo movimiento.

De ese modo, comenzó a engullir su dilatado miembro con inusitada rapidez; hasta hacer retorcerse a Bobby de manera estrepitosa.

Totalmente enloquecida, —y sin siquiera atreverse a descansar—, volvió a frotar sus dedos por encima de su marcada abertura; hasta liberar unos cortos gemidos de forma involuntaria.

Con la mayoría de su sudado cuerpo cada vez más receptivo, se mantuvo chupeteándole la polla de manera enloquecida; a medida que se estimulaba su coño con bastante rapidez.

Contemplar tan impactante escena me tenía cada vez más extasiado, y con un enorme bulto dibujado bajo el pantalón; aunque teniendo en cuenta las llamativas circunstancias en las que en ese instante me encontraba, no había mucho que pudiese hacer para tratar de aliviarme. ¡Rayos!

Visiblemente afanada, Carlota se mantuvo devorándole la polla con bastante nerviosismo; y sin dejar de estimular la delgada gruta que se le marcaba entre las piernas. Y así permaneció durante varios segundos más, hasta que de un instante al otro apartó su rostro de la punzante verga de su primo; y tras tomar aire con asombrosa ofuscación, procedió a ponerse de pie.

Sin tiempo que perder, posó ambas manos en los costados de su panty; y tras volver a mirarme fijamente al rostro, se la comienza a bajar con marcada lentitud.

Podía ver la inusual manera en la que sacudía su pecho toda llena de soltura, así como el extasiante modo en el que su atrevida prenda íntima, se mantenía adherida en todo el centro de sus inflamados labios.

Carlota tenía el coño completamente depilado, y de entre su rosada abertura emanaba todo un sinfín de sus más ligeros flujos; que le tenían su atrayente hendidura mucho más que resplandeciente.

Al ver su lascivo coño tan increíblemente expuesto, no pude evitar llevar mis manos sobre mi propia intimidad; para tratar de ocultar la dolorosa erección que se me había formado.

En ese instante Carlota estaba realmente estimulada, por lo que llevada por tan terrible calentura, ubicó su formidable figura por encima de la cama; hasta conseguir posarla sobre la erguida polla de su familiar.

Una vez que estuvo acomodada, —y tras volver a sujetar su miembro con bastante decisión—, empezó a bajar su pelvis como en cámara lenta; hasta conseguir rozar sus labios sobre la punta de su hombría.

Tan pronto como su firme pene consiguió rozar sus mojados pliegues vaginales, Carlota emitió un suspiro plagado de un gran alivio; que estuvo a punto de dejarla en evidencia.

A medida que sus caderas iban descendiendo, y la brillante polla de Bobby se fue abriendo paso en medio de sus piernas, tuvo que taparse la boca velozmente con una mano; para no alertar a nadie con sus gemidos.

En ese fugaz instante se le veía tan estresada, que no pudo evitar liberar una prolongada serie de llamativas lágrimas de la emoción; a medida que la firme estaca bajo suyo, se abría camino en su interior. Estaba más que claro lo feliz que se encontraba Carlota, al conseguir alojar finalmente entre sus labios, a la venosa polla con la que tanto había soñado.

Luego de bajar las caderas con inigualable calma, —y de llenar sus agitados ojos con numerosas lagrimas—, empezó a cabalgar plácidamente sobre el tembloroso vientre de su amante; hasta hacerlo batir su cuerpo con fabulosas ansias.

Completamente emocionada, empezó a desplazar su coño de arriba para abajo, una y otra vez, a una gran velocidad; consiguiendo disfrutar con los ojos bien abiertos, la manera en la que Bobby se mantenía girando el rostro de un lado para el otro.

En ese instante estaba toda temblorosa, y la mayor parte de su silueta se veía claramente enrojecida, por lo que bajando sus caderas con asombrosas ganas, emitió un nuevo resoplido colmado de impaciencia; al sentir como su insaciable coño conseguía devorarle el miembro de una sola sentada.

Con la polla de Bobby alojada entre sus piernas, —y una nueva sensación de euforia presente en su mirada—, Carlota empezó a batir sus curvas de manera estrepitosa; hasta conseguir estremecer su cuerpo con la boca bien abierta.

En ese instante comenzó a sacudir su pelvis con total obstinación, bamboleando sus imponentes tetas de un lado para el otro. Y a medida que lo hacía, procuraba no posar todo su peso sobre el cuerpo de su primo; para que no se diese cuenta de la diferencia de tamaño. Ella sin lugar a dudas, ¡era una chica muy astuta!

Aunque me llamaba la atención la manera tan enérgica con la que batía su sexo sobre su primo, no podía decirle nada; después de todo estaba cumpliendo su sueño de tirarse a Bobby sin su permiso.

Con la mayoría de sus oscilantes curvas cada vez más sudorosas, —y sin dejar de sacudir su pelvis a una gran velocidad—, Carlota posó sus manos a la altura de sus tetas; y ante mi completa extrañeza, empezó a estrujar sus pezones de manera desenfrenada.

Con la respiración comprometida, y sus llorosos ojos realmente apretados, continuó batiendo su lampiño coño con bastante fortaleza; sin llegar importarle los reiterados quejidos, que escapaban de la boca de su indefenso amante.

—¡Oh, bebé! Hoy estás más enérgica que de costumbre. —exclamó Bobby visiblemente excitado.

Carlota era muy ardiente y sabía perfectamente lo que hacía, y a medida que sacudía su pelvis por encima del despistado novio de mi hermana; no dejaba de asombrarme la fabulosa resistencia que este tenía. ¡¿Acaso esa era la razón por la que Lori lo quería tanto?!

En un momento dado, mientras sacudía su tensionada pelvis con efusivo agrado, Carlota empezó a estrujarse cada vez más fuerte sus enrojecidas tetas; a medida que resoplaba aire con inusual desespero.

Con el pasar de los segundos, –y el ritmo de su respiración tornándose cada vez más descompensado—, se mordió ligeramente sus brillantes labios; sin dejar de batir su coño con notable fortaleza.

La respiración apresurada emitida por ambos, rompió el prolongado silencio que predominaba en el lugar; generando por momentos un singular sonido de un intenso chapoteo, cada vez que la polla de Bobby se abría camino entre sus piernas.

Podía apreciar con gran claridad, la innegable expresión de lujuria que mantenía consigo en su extenuado rostro, así como la forma en la que apoyaba sus pequeñas manos sobre él conmovido pecho de su primo; mientras luchaba fervientemente por mantener el equilibrio.

Luego de un par de profundas embestidas, el cuerpo de Carlota se comenzó a estremecer con mayor agitación; casi al tiempo en que resoplaba con muchísima más soltura. A medida que se acercaba a su feroz orgasmo, sacudía su ensanchada pelvis con total obstinación, provocándome una atroz punzada a la altura de mis bolas; que me hizo estremecer el cuerpo con indescriptible descontrol.

Llena de un gran temblor en sus sensitivas partes, se llevó las manos violentamente a la cabeza, comenzando a revolver todo su cabello con insólito alboroto; mientras se limitaba a estremecer su vientre de manera estrepitosa. Tal parece que Carlota había llegado a su propio límite.

Con el cuerpo entero bañado en sudor, procedió a batir su coño con increíble fortaleza, aumentando gradualmente sus acalorados movimientos de cintura; hasta hacer que su pareja empezase a aspirar aire con notable extenuación.

A cada minuto que pasaba, batía su intranquilo vientre a una gran velocidad, llegando a arrugar su agitado rostro de una forma pronunciada; cada vez que el punzante miembro bajo suyo, desaparecía completamente entre sus piernas.

Carlota estaba visiblemente caliente, y entre más rebotaba sobre su primo, mayor era la tensión y terrible desesperación que mantenía emergiendo de su acalorada vagina; obligándola a liberar innumerables fluidos mucho más que cristalinos, que brotaban con total angustia de sus hinchados labios.

Luego de una notable ráfaga de potentes sacudidas, sus ojos se tornaron completamente vidriosos; consiguiendo plasmar con excepcional recelo, lo cerca que estaba de su propia corrida.

Tener la polla de Bobby en medio de las piernas, mientras lo iba cabalgando a su completa voluntad, tenía a Carlota con el cuerpo cada vez más receptivo; y la mirada a punto de desvanecerse. Todo parecía indicar que la fabulosa resistencia con la que en un principio había contado, había llegado a su final.

Al cabo de unos cuantos suspiros acelerados, y dejando escapar un ligero chillido colmado de inquietud, la vi inclinar su cuerpo deliberadamente hacia el lado de su espalda; a medida que era presa de un orgasmo aterrador.

Carlota estaba visiblemente afectada, sacudiendo su inflamado pecho con total extenuación; pero a pesar de sus continuos embates, no podía negar su elevado regocijo.

Con la mayor parte de su figura colorada, se mantuvo completamente quieta sobre la erguida polla de su primo; quien a pesar de estar siendo ordeñado de manera abusiva, no parecía tener muchas ganas de quererse apartar.

Sin mayores fuerzas en sus entrañas, —y apretando los dientes para no hacer nada de ruido—, Carlota permaneció temblando cada vez más fuerte sobre el firme miembro de su amante; a medida que era presa de un corrientazo abrumador.

Luego de unos cuantos segundos de continuos espasmos, —y con la mayoría de su alterado vientre bañado en sudor—, Carlota se alejó como pudo de la erguida polla de su conmovido primo; hasta quedar totalmente tendida sobre el frío piso junto a la cama. ¡Rayos! Como se nota que le traía muchísimas ganas.

En ese instante estaba completamente descontrolada, sacudiendo sus enormes tetas a una gran velocidad. Y aunque no parecía contar con demasiadas energías para estarse moviendo, no tardó en tomar sus cosas que estaban sobre el suelo; para luego emprender la huida con absoluta lentitud.

Había sido un encuentro de lo más lascivo y fascinante, en el cual Carlota pudo hacer su sueño realidad; y a pesar de que tan solo me mantuve observando, por alguna extraña razón me sentía bastante complacido.

Una vez que estuvo en la sala, —y con el tiempo en el reloj claramente jugando en contra—, respiró profundo durante unos breves instantes; y tras volver a liberar un par de sutiles lágrimas colmadas de gran alivio, dirigió su silueta desnuda hacia el lugar en donde se encontraba Lori.

Luego de ingresar, —y de sacudir su alterado vientre con ligeras ganas—, procede a desatarle una pierna sin ningún tipo de apuro; y una vez que lo consigue, empieza a decirle a esta con un poco de ansiedad:

—Siento mucho haberme demorado, pero es que tuve que atar a Bobby en el otro cuarto; y me tomó más tiempo del que me había imaginado.

—¡¿A Bobby?! ¿Y por qué a él? Si literalmente llevo un buen rato esperándolo casi desnuda sobre esta cama. —exclamó con gran molestia.

—¡Lo siento mucho, Lori! Es que me pareció más erótico que seas tu quien esté arriba. ¡Uhm! Aunque si no te parece, espérame tranquila durante unos cuantos minutos más, y lo traeré de vuelta para que puedan estar a solas.

—Eh, no, no... ¡No hay necesidad! Más bien ayúdame a llegar al otro cuarto. —señaló rápidamente Lori con el cuerpo todo tembloroso.

Aunque no entendía muy bien lo que estaba pasando, Lori no hizo demasiadas preguntas al respecto; tal vez para no seguir alargando su tan anhelado encuentro. Estaba más que claro que lo único que pretendía en ese instante, era el volver a sentir la venosa polla de Bobby, en todo el centro de sus largas piernas.

Tan pronto estuvo de pie, —y tomándola enteramente por sorpresa—, Carota extiende sus manos de manera directa hacia su espalda; hasta conseguir aflojarle el cierre del sujetador. Al darse cuenta de lo que estaba pasando, Lori pegó un corto gemido cargado de intensidad; pero se mantuvo completamente quieta a medida que se lo quitaban.

Todo sucedió tan rápido que aún me cuesta creer lo que ocurrió en realidad. Y es que, en cuestión de milésimas, Carlota desnudó a Lori sin ningún tipo de objeción; hasta conseguir dejar sus fabulosas curvas al descubierto. Era la primera vez que la veía desnuda con tanto detalle, lo cual me puso a temblar de manera demencial.

Lori tenía las tetas increíblemente hermosas, las cuales lucían mucho más blancas y redondeadas que los vistosos pechos que tenía Leni; y a pesar de su extraordinario tamaño, llamaban mucho la atención por estar decoradas con un par de pequeños pezones de color rosado.

Pero si sus senos eran fabulosos, la parte baja de su cuerpo me dejó sin aliento. Y es que en el instante en el que su atractivo coño quedo al descubierto, me fue imposible dejarlo de mirar; y no solo por lo increíblemente atrayente que en ese instante se veía, sino por la ensortijada pelambrera dorada que cubría su imponente intimidad. ¡Oh, rayos!

¡No podía creer lo que estaba pasando! Y es que, a diferencia de Carlota, Lori tenía el coño completamente peludo; lo cual era una inmensa falla a todo lo que habíamos planeado. Si Bobby se llegase a dar cuenta, no cabe duda de que estaríamos en serios problemas.

Después de desnudar a su amiga, —y sin importarle en lo más mínimo la brillante pelambrera aclarada que se alzaba entre sus piernas—, Carlota la toma por el brazo y la guía con cautela hacia la otra habitación; para que no se golpease con nada por tener los ojos aún vendados. En ese tortuoso instante me sentía tan alterado, que no podía dejar de apretujarme la polla, para tratar de sofocar mi elevada excitación.

Teniendo cuidado de no hacer ruido, Carlota guía a Lori hasta el lugar en donde se encontraba su novio; y observándole el miembro a este con bastante resignación, empieza a ver como la ansiosa rubia se abalanza directamente hacia su lado.

Tan pronto estuvo sobre la cama, Lori acomoda sus caderas por encima de la brillante verga de su intranquilo amante. Y sin siquiera detenerse a meditar, comienza a engullirla en todo el centro de sus oscilantes piernas; hasta lograr desaparecerla en un simple parpadeo.

Ver la manera que la que una enloquecida Lori rebotaba abiertamente sobre la erguida polla bajo suyo, me hizo sentir mucho más que aliviado; ya que de seguro Bobby no notaria la diferencia. Por suerte para ambos, él era un completo idiota.

Una vez que la feliz pareja empezó a desbordar su amor por encima de la vibrante cama, nos mantuvimos observándolos durante varios segundos más; luego de lo cual me toma suavemente de la mano, y empezar a tirar de ella hasta conseguir arrastrarme a la habitación de al lado.

Tan pronto como ingresamos a la alcoba contigua, —y tras asegurar la cerradura con su respectivo candado—, Carlota se me queda observando de manera misteriosa; y procede a decirme con absoluta seriedad:

—Anda Lincoln. ¡Quítate la ropa! Voy a compensarte por haberme ayudado.

—Espera... ¡¿Qué?! —exclamé lleno de sorpresa.

—Deja de poner esa cara, ya que esto va a ser bastante rápido. —señaló sin siquiera arrugar su calmado rostro—. No me gusta deberle nada a nadie, y quiero salir de esto rápido para poder irme a acostar.

Con la mayoría de mis pensamientos realmente nublados, empecé a deshacerme de mi ropa con bastante lentitud, siendo observado muy de cerca por mi atenta pareja; quien no era capaz de apartar la vista de mi lado.

Al momento de dejar mi adolorido pene en libertad, Carlota abrió los ojos con bastante rapidez, para luego volver a colocar una expresión de lo más imperturbable; que me hizo sentir absolutamente temeroso. ¡Tal parece que mi polla no era la gran cosa para ella!

Tan pronto estuve desnudo, me hizo una serie de gestos para que me sentase en un extremo de la cama. Y una vez que lo hice, se arrodilló suavemente en medio de mis piernas; y se dispuso a observar mi afligida intimidad.

Con mi venosa polla palpitándole de frente, Carlota posó su mano sobre la parte baja de su tronco; y sin mediar palabra alguna, empezó a frotarla de arriba a abajo.

Luego de un par de enérgicas caricias, —y cuando mi enrojecido miembro tenía las venas a punto de reventar—, llevó sus labios sobre la parte más alta de su abultada punta; y comenzó a devorarla sin ningún tipo de piedad.

Hacia solo un instante que la acababa de observar engulléndole la polla a su propio primo, por lo que mi cuerpo se estremecía de manera ampliamente escandalosa; de tan solo imaginar lo bien que la llegaría a pasar.

Luego de un par de profundos lametazos, y con la mayoría de mi punzante verga completamente ensalivada, Carlota apartó su colorado rostro poco a poco de mi lado; y ante mi completa admiración, hizo algo que me puso a suspirar.

Con casi todos mis sentidos receptivos, y el ritmo de mi respiración a punto de colapsar, agarró sus fabulosas tetas con gran cuidado; y tras envolver mi miembro entre sus hinchados pechos, empezó a tirar de estos de arriba para abajo.

Carlota sabía muy bien lo que estaba haciendo, por lo que en cada movimiento emitido por parte suya podía sentir una incomparable mezcla de firmeza y suavidad; que me tenía con la respiración mucho más que alborotada.

Sin tiempo que perder, continuó hundiendo mi pene en todo el centro de sus fabulosas tetas; haciéndolas desaparecer como por arte de magia, a medida que mi silueta colapsaba por tan increíble sensación.

Entre más pasaban los segundos, mayor era el ardor que sentía en mis afligidas bolas. Carlota me tenía con el cuerpo claramente enloquecido, por lo que no era capaz de respirar sin emitir algún suspiro.

Al ver lo claramente descompuesto que en ese instante me veía, apretó sus sufocadas tetas de manera directa para abajo; hasta lograr permitir que la abultada punta de mi polla se pudiese divisar.

Una vez que estuvo acomodada, empezó a disminuir el acelerado compás de sus feroces sacudidas; para luego deslizar la lengua, y envolver mi glande en el proceso.

A medida que mi vibrante polla iba apareciendo, se aferraba a su punta y la empezaba a succionar de manera lasciva; haciéndome sentir verdaderamente trastornado.

La placentera lengua de Carlota, sumada a las entibiecidas tetas que tenía, no tardaron en ensombrecer gran parte de mi alterada cabeza; hasta hacerme desear la llegada de mi inminente corrida.

Tras ver que me tenía dominado, no tardó en incrementar el apresurado movimiento producido con sus tetas; haciéndome jadear con la boca bien abierta, a medida que meneaba el cuerpo con mayor anhelo.

Una vez que consiguió notar como mi frágil vientre se estremecía, apartó su hábil boca de mi falo; y tras conseguir atraparlo enteramente entre sus pechos, comenzó a ordeñarme hasta conseguir perderla entre sus tetas.

Cuando creí que no podía sentir mayor placer, comencé a palpar la vibrante manera en la que sus carnosos labios se volvían a aferrar con total pericia sobre la punta de mi verga; hasta hacerme estremecer el vientre entero con gran alboroto.

Deslizando su rugosa lengua en círculos por encima de mi falo, Carlota me sujetó las bolas durante un breve instante; haciéndome tensar el cuerpo entero de manera agónica.

A medida que me la mamaba con muchísimo cuidado, giraba su cabeza con magnífica torsión, permitiéndome sentir cada vez más fuerte el calor de su entibiecido aliento; y la manera en la que desplazaba su lengua por encima de mi glande.

Con una nueva expresión de confianza alojada en sus lascivos ojos, empezó a masturbar mi polla entre sus gigantescos senos; succionando cuidadosamente su inflamada punta, cada vez que aparecía de manera tímida frente a ella.

En ese abrumador instante estaba con los nervios alterados, y con la mayoría de mi intranquilo cuerpo temblando a más no poder. Carlota me tenía en una clara desventaja, y no había nada que pudiese hacer para evitarlo.

Ya sin fuerzas para más, —y tras apretar los ojos con gran perturbación—, empecé a liberar mi semen en lo más profundo de su placentera boca; sintiendo como Carlota lo aceptaba sin protestar.

De ese modo comenzó a sacudir violentamente mi polla, estrujándola a toda prisa en medio de sus fabulosas tetas. Y a medida que lo hacía, no dejaba de repasar mi glande con la hábil punta de su delgada lengua; haciéndome estremecer el cuerpo entero con cada uno de sus continuos lametazos.

Después de recibir unos cuantos chorros en su boca, —y al darse cuenta de que todo había acabado—, Carlota aparta su rostro de muy mala gana de mi pene; dejándome bien jadeante, y completamente sensitivo.

Al ver como mi semen se había adentrado en lo más profundo de su cálida boca, tuve miedo de que se intentase desquitar. Pero manteniendo siempre la calma, se puso poco a poco de pie; y se limpió los labios con un pequeño pañito húmedo qué había sobre el tocador.

Con la polla entumecida, y una extraña sensación de júbilo recorriendo mi silueta, me mantuve de lo más calmado posible; viéndola parada en todo el frente de la cama.

Después de limpiar hasta el último resto de semen que cubría sus brillantes labios, —y de tragarse tranquilamente los diversos chorros que tenía en su interior—, empieza a acercarse sin ninguna prisa hacia mi lado; para luego decirme de manera despreocupada:

—Ya después de esto creo que me puedo ir a acostar.

Una vez que escuché sus tranquilas palabras, mi pecho entero sufrió un leve colapso, y los latidos de mi corazón se comenzaron a incrementar; por lo que al ver mi expresión agobiada, no tardó en articular:

—Aunque... Ya que estamos a solas, debería de probar que tan bueno eres en la cama. Después de todo Ronnie Anne es mi prima favorita, y no me gustaría que se metiese con cualquiera.

Luego de decir tan inesperadas palabras, Carlota se acostó de manera lenta sobre la cama, hasta quedar tendida boca arriba. Y tras tomarme insistentemente por un brazo, me atrajo a toda prisa hacia ella; hasta quedar tumbados el uno en frente del otro.

En ese momento nuestros rostros comenzaron a acercarse de manera mucho más que pausada, casi como si hubiesen sido magnetizados. Pero cuando estuve a punto de besarla, me paró en seco con una firme cachetada; que me hizo sacudir el cuerpo entero con indescriptible malestar.

Completamente abrumado, empecé a descender mi rostro en todo el centro de sus redondeadas tetas; consiguiendo palpar durante un breve instante, toda su tersura e inigualable calidez.

Con la mayoría de mi estresado cuerpo tensionado, me dispuse a sujetar sus senos con extraordinaria rapidez; hasta llegar a sentir como una intranquila Carlota, empezaba a suspirar con la boca un poco abierta.

Totalmente enceguecido, me dispuse a estremecer sus tetas con llamativa lentitud. Y tras tomar uno de sus pezones entre mis firmes labios, empecé a chuparlo de manera repetitiva; hasta sentir como su sudorosa figura se estremecía.

Apoyando mis manos sobre su terso pecho, no tardé demasiado tiempo en volvérselos a apretujar, jugueteando todo el tiempo con sus afilados pezones; hasta sentir como sus inflamadas tetas se empezaban a calentar.

Mis dedos recorrían una y otra vez sobre su ondulante busto, deslizándose con total descaro sobre su magnífica piel; y todo esto mientras la escuchaba jadear con mayores ganas, y sin llegar a oponer la más mínima resistencia.

De ese modo acuñé sus senos entre mis conmovidas manos, y me dispuse a recorrer su circunferencia con la temblorosa punta de mi lengua; haciéndola suspirar de manera ampliamente disimulada, a medida que sacudía su contorno con total intermitencia.

Carlota tan solo resoplaba profundo y se dejaba meter mano sin siquiera renegar, llegando a incrementar el ferviente ritmo de su copiosa respiración; cuando empecé a retorcerle los pezones con ambas manos.

Luego de estimular sus enormes tetas, continúe descendiendo abiertamente con completa emoción, disfrutando con agrado de la llamativa suavidad que me ofrecían sus curvas; hasta llegar a provocarme una cosquilleante erección.

A medida que me miraba, comencé a desplazar mis dedos sobre la parte baja de su aplanado abdomen, en donde no tardé en hacer pequeños círculos sobre su minúsculo ombligo; que fueron suficientes para hacerla tiritar con gran descontrol.

Con la vista puesta en su afeitada vagina, continúe descendiendo mis dedos sobre su entibiecida barriga; hasta conseguir llegar a su anhelada entrepierna.

Completamente animado, separe sus mojados labios con la suave punta de mis afanosos dedos; consiguiendo apreciar con muchísimo más agrado, como su rosada gruta le empezaba a palpitar.

Una vez que estuve en posición, saqué mi lengua todo lo que pude, y comencé a recorrer sus aceitados pliegues de arriba a abajo; hasta conseguir impregnar su tibio néctar en mis labios.

Llevado por tan interminable calentura, pase mi lengua por su notable orificio vaginal; sintiendo el sinigual sabor agridulce, que me brindaba su mojada abertura.

Totalmente extasiado por su increíble aroma, comencé a rozar mi nariz de manera ascendente sobre su raja; hasta conseguir chocar contra el retraído capullo rosa, que se mantenía asomado en la parte más alta de su deslumbrante rendija.

Después de tocar su sensitivo botoncito, —y de arrancarle un corto suspiro colmado de gran pasión—, empecé a envolver sus pliegues entre mis inquietos labios; para luego devorarlos con increíble rapidez.

Las palabras difuminadas que en ese momento expresaba Carlota, dieron paso a múltiples gruñidos completamente enardecidos; que indicaban con total claridad, el alto grado de excitación que le estaba provocando.

Haciendo aparecer mi lengua con indescriptibles ganas, comencé a acariciar su clítoris con muchísima perturbación; mientras me deleitaba escuchando los reiterados gemidos entrecortados, que de a poco iba liberando de su garganta.

Cuando noté que había empezado a empaparse, le introduje un par de dedos con total cuidado; pero sin dejar de estimularle sus receptivos labios con mi lengua. El coño de Carlota estaba tan mojado y profundo, que no me resultaba para nada difícil el adentrar mis animados dedos en medio de su dilatado orificio.

Cada chupada que le daba le producía un fuerte frenesí, seguido de numerosos calambres altamente prolongados; que le hacían estirar las piernas con fabulosa intensidad.

A medida que la toqueteaba, su cuerpo entero no dejaba de tiritar; demostrándome con infinitas ansias, que aún se encontraba caliente tras haberse tirado a Bobby. Tal parece que el fugaz encuentro que acababa de sostener, tan solo incrementó al máximo su elevada excitación.

Al voltear la mirada hacia arriba, pude ver como Carlota se había empezado a morder los labios; mientras veía de lo más atenta posible, como le acariciaba el coño con ambas manos.

Al ver que no decía nada, me volví a centrar en la parte alta de sus temblorosas piernas, agitándole sus inflamados pliegues con mayor perturbación; a medida que le introducía los dedos muchísimo más profundos.

En ese fugaz instante me sentía tan extasiado, que tuve que controlar al máximo cada uno de mis nacientes emociones; para no intentar meterle el resto de los dedos que tenía en mi mano.

A medida que la toqueteaba, Carlota permanecía en silencio y con la mirada claramente desvanecida; como tratando de soportar al máximo, cada uno de los atrevidos embates de placer que recibía en su mojada gruta.

Con su voluminoso pecho tembloroso, y su enrojecido rostro sudando a más no poder, no pudo continuar ocultando el amplio grado de sofocación que en ese instante corría por sus lascivas venas. Por lo que completamente acalorada, frenó mi mano con bastante anhelo; y tras apuntar sus ojos hacia mi rostro, no demora en balbucear:

—Vamos Lincoln, ¡terminemos con esto de una buena vez! Métemela rápido que me quiero ir a acostar.

A pesar de verse claramente alterada, Carlota se negaba a admitir su elevado grado de excitación. Es por ello que, tragando saliva en seco, me dispuse a acercar mi miembro hacia su humedecida abertura; hasta conseguir palpar su extraordinaria calidez.

Ese era el estímulo que necesitaba para lograr acomodar mi cuerpo en todo el centro de sus gloriosas piernas, hasta conseguir arañar su coño con la erguida punta de mi rojizo falo.

Al ver a Carlota completamente concentrada, viendo como seguía mi punzante polla con la mirada, contuve la respiración durante unos breves instantes; y procedí a acercar la punta hacia sus brillantes labios.

En el instante en el que mi dura estaca se abrió camino entre sus gruesas piernas, Carlota pegó un leve suspiro cargado de gran vigor; que me hizo palpitar la verga de manera estrepitosa. Y es que en ese agitado lapso de tiempo su lampiño coño estaba tan lubricado, que no tuve problema alguno en deslizarme ansiosamente en su interior; permitiéndome arañar cada vez más rápido sus aceitadas entrañas.

De ese modo comencé a taladrarla con mayores ganas, hasta que mis bolas comenzaron a chocar repetidamente contra su lubricado conducto vaginal; hasta hacer que me temblase todo el cuerpo.

El sonido de mi pelvis impactando contra su sexo era tan lascivo y cautivante, que llegué a sentir un poco de miedo por el marcado ruido que este producía. Por fortuna Lori y su novio estaban tan entregados el uno al otro, que de seguro no eran capaces de percibir lo que sucedía a su alrededor.

En un instante en particular, cuando mi pene consiguió rozar la parte más profunda de su encharcado orificio, Carlota pegó un corto quejido colmado de impaciencia; que la hizo retorcer el cuerpo de manera veloz sobre la cama.

A medida que la penetraba podía sentir toda la humedad, y las interminables gotas de sus más entibiecidos flujos; cada vez que apartaba mi pelvis de su dilatada hendidura. Con mi polla en su interior, empecé a incrementar el ritmo a una gran velocidad; hasta hacerla respirar profundo, y con la boca bien abierta.

Cada vez mis movimientos eran más notorios y errático, y mi pene entraba deliciosamente en su espacioso interior. El coño de Carlota se sentía tan tibio y fascinante, que me resultaba imposible aguantar por mucho más. ¡Rayos!

Al ver la manera en la que mi frágil cuerpo se tensaba, —y lo realmente agitado que en ese instante me veía—, Carlota me colocan una mano en todo el pecho. Y rotando su gigantesco cuerpo sobre el mío, empieza a acomodar su pelvis con gran habilidad; hasta conseguir situar su inflamado coño sobre mi falo.

Con la piel ligeramente enrojecida, y mirándome a los ojos con gran satisfacción, empezó a dejar caer sus enormes caderas sobre las mías; hasta logra desaparecer mi verga de una sola arremetida.

Impulsada por su creciente adrenalina, Carlota se elevaba con lentitud y poco a poco se volvía a dejar caer; mientras mi entumecido pene se frotaba con mayor soltura, en todo el centro de sus mojados labios.

Retorciéndose por completo, no tardó en envolver mi miembro entre sus lubricadas paredes vaginales; entregándose con gran alivio, al intenso delirio presente en la mayoría de sus sacudidas.

Sus senos tan increíblemente tersos, se bamboleaban con total soltura de arriba para abajo; adueñándose por completo de mi lasciva concentración.

Sujetándome de la cabeza se inclinó decididamente hacia adelante, para que pudiese degustar sus vistosas tetas. Carlota era tan buena en lo que hacía, y mecía su coño con tanta exaltación, que con cada una de sus feroces sacudidas, me hacía vibrar salvajemente sobre la cama.

Atrapando sus pezones entre mis finos dedos, no tardé demasiado tiempo en empezárselos a pellizcar; hasta hacer que se mordiese aún más fuerte sus delgados labios.

Tragando mi miembro con apetito creciente, no tardó en intensificar el ritmo de sus vertiginosas sacudidas; tal y como había hecho con Bobby minutos antes. Carlota estaba completamente fatigada, y la mayoría de su sudado cuerpo no paraba de estremecerse; pero a pesar de sus notorias molestias, no era capaz de detenerse.

A medida que su lascivo cuerpo me iba cabalgando, posé mi mano izquierda por encima de su cintura, y con mi mano derecha comencé a retorcer su pecho con marcada intensidad; logrando disfrutar al máximo de toda su textura.

Totalmente entregada a lo que sentía, no tardó en liberar unos suspiros, y a pronunciar un apagado "si" claramente contenido; a medida que aumentaba el vertiginoso ritmo de sus salvajes movimientos.

El coño de Carlota absorbía mi pene con inusual deseo, engulléndolo con total violencia y a una gran velocidad; a medida que los diversos músculos de su encharcada vagina, se comprimían sin ningún tipo de reparo. En ese breve lapso de tiempo un tenue murmullo comenzó a expandirse por toda la habitación, haciéndonos jadear a ambos con un poco de intranquilidad.

Mi polla perforaba cada vez más rápido su ensanchada vagina, provocando un ligero chapoteo en cada una de mis estocadas, que no hacía otra cosa que calentarme. En ese momento sus disimulados gemidos poco a poco se fueron descontrolado, obligándola a respirar con la boca bien abierta.

Con la mayoría mis movimientos contenidos, y mi estresada silueta vibrando a más no poder, continúe siendo víctima de sus salvajes arremetidas; hasta conseguir llegar al marcado límite de mi resistencia.

Con su tibio coño ordeñándome a toda prisa, empecé a sentir un extraño escalofrío recorriendo por toda mi espalda, que me hizo tensionar los músculos de manera acelerada; y me obligó a tomar aire con absoluto descontrol. En ese particular instante estaba tan trastornado, que de continuar siendo exprimido de esa manera, no tardaría demasiado tiempo en llenarle sus entrañas.

Fue así como impulsado por tan terrible calentura, —y con la mayoría de mi silueta vibrando a más no poder—, apreté mi adolorida polla como pude; y le dije a Carlota con inusual perturbación:

—Ca-Carlota, ¿te puedo pedir una cosa? —exclamé con el tono de mi voz claramente entrecortado.

—Déjame adivinar, ¿quieres darme por el trasero? —respondió con seriedad.

—¡Eh! No, ¡Mmm! Te iba a pedir que no te movieras tan rápido... ¡Pero ya que lo mencionas!

—¡Agkh! ¡Ya que! —señaló con indiferencia.

Emitiendo tan singulares sonidos, Carlota empieza a rotar su cuerpo con indescriptible lentitud; hasta conseguir quedar con su redondeado trasero, totalmente expuesto sobre la firme cama.

Al verla de lo más callada posible, entreabrí sus dorados cachetes con sorpresiva tranquilidad; para tratar de disfrutar al máximo de tan preciado momento.

Luego de unos cuantos movimientos difuminados, —y con mi punzante polla cada vez más endurecida—, posé la vista sobre su oscurecido orificio; el cual se veía bastante apretado.

A medida que la observaba, Carlota dilataba su asterisco a su completa voluntad, entreabriéndolo y cerrándolo con llamativa lentitud; demostrando de manera directa, que no era la primera vez que hacía algo parecido.

Sin tiempo que perder, posé mi vigoroso pene justo en medio de sus voluminosas nalgas. Y acomodando la cabeza por encima de su dilatado conducto, me dispuse a realizarle lentamente un poco de presión; para tratar de adueñarme cuanto antes de su preciado agujero.

Bastaron unos tenues roces sobre su palpitante abertura, para que comenzase a sacudir su cuerpo con elevada ofuscación; hasta hacerme sentir cada vez más emocionado. En ese preciso instante estaba tan encendido, que me moría de ganas por empezar a taladrarla.

Aunque su trasero era muy grande, no me tomó demasiados esfuerzos el lograr introducirle mi inflamada punta; por lo que luego de unos cuántos segundos de un fuerte corrientazo, conseguí adentrarle mi pene más allá de la mitad.

La enorme cola de Carlota se sentía ampliamente extraordinaria, y aunque no era para nada apretada como la de algunas de mis hermanas, esta lo compensaba estrujándome la polla con indescriptible fortaleza; hasta hacerme sacudir el cuerpo de manera demencial.

De ese modo me mantuve adherido cada vez más fuerte a su salvaje cintura, tratando de disfrutar al máximo de su inigualable calidez.

Por momentos su abultado trasero me impedía penetrarla con mayor profundidad, pero ese no fue impedimento alguno para una decidida Carlota; quien al darse cuenta de lo que estaba pasando, separó muchísimo más cada una de sus piernas, para facilitar que mi pene se adentrase en su interior.

Con la polla entumecida, y una indescriptible sensación de vacío haciéndose presente en la mayor parte de mi estómago, me mantuve aferrado insistentemente a sus enormes caderas; mientras le hacía desaparecer mi miembro en todo el centro de su dilatado asterisco.

Carlota estaba sorpresivamente excitada, tanto así, que no tardó en llevar su mano derecha hacia su expuesta vagina; para comenzar a estimular su coño, a medida que mi erguido miembro la perforaba.

Impulsado por sus lascivos roces, me aferré como pude a sus robustas caderas, y me dispuse a taladrar su ojete con indescriptible fortaleza; hasta hacerla liberar gemidos repletos de alteración.

Nuestros cuerpos estaban cada vez más compenetrados, y nos dejamos llevar por lo que sentíamos en ese instante. Fue así como segado por la abrumadora adrenalina, acerqué mi rostro como pude a la parte media de su rojiza espalda; y tras apretujar una de sus tetas con infinito agrado, incrementé mis continuos roces sin ningún tipo de objeción.

En un instante en particular Carlota comenzó a retroceder su empinado trasero, permitiendo que mi miembro la perforase con mayor soltura, y a medida que lo hacía, aprovechó la cercanía para empezar a batir sus ensanchadas caderas de manera circular; dejándome a las puertas de mi inminente corrida. ¡Rayos!

Ya sin mayores fuerzas para continuar, le enterré mi pene en lo más profundo de su receptivo conducto; hasta prácticamente chocar mis huevos contra su trigueña retaguardia. Y así me mantuve durante varios segundos más, adentrándome con gran insistencia en todo el centro de sus fabulosas nalgas; hasta conseguir liberar mi burbujeante esencia en su interior.

A medida que dejaba escapar mi grumosa semilla, Carlota empezó a sacudir su pelvis con marcada lentitud; haciéndome liberar un tenue gemido de manera apresurada, que me hizo soltar un delgado hilillo de mi saliva.

En ese particular instante mi temblorosa pareja se veía tan extasiada, que no tardó en sucumbir a los diversos corrientazos de placer recibidos en su sensacional asterisco. Comenzando a liberar diversas gotas de sus flujos por los costados de su vagina, las cuales descendieron por la parte interna de sus robustas piernas; hasta conseguir formar una enorme mancha sobre el colchón. Jamás imaginé que una chica tan ardiente como Carlota, llegaría a sucumbir si le daban fuertemente por el trasero.

A medida que la penetraba, no tardó en hundir su redondeada cabeza sobre la almohada; para no alertar a nadie con sus gemidos.

Con las últimas gotas de mi semen adentrándose en su caluroso orificio, caí completamente rendido sobre su sudorosa retaguardia; sin tener tan siquiera fuerzas para mantener la cabeza en alto.

Totalmente agotado, me mantuve durante algunos instantes más sobre la sensitiva espalda de mi pareja. Quien al ver cómo me había desplomado encima suyo, se apartó sin mayores problemas de mi lado; hasta dejarme tumbado, y con el pecho revoloteando sobre la cama.

Con el cuerpo acalambrado y la respiración comprometida, me mantuve al lado suyo sin atreverme a emitir sonido alguno; y así nos mantuvimos durante varios minutos más, hasta que la propia Carlota decidió romper el silencio.

—Tengo que decirlo, Lincoln. Pensé que eras un idiota, pero estuviste bastante bien hace un instante.

—Gra... ¡¿Gracias?! —sollocé con un claro desconcierto.

—Creo que mi prima estará en buenas manos. —exclamó entre jadeos—. ¡Eso sí! Lo único que te pido es que no le vayas a ser infiel.

—¿Po-Porque dices eso? —repliqué lleno de pánico.

—A mí no me engañas, Lincoln. Ningún chico de tu edad estaría tan tranquilo viendo a una chica desnuda teniendo sexo en frente suyo, y mucho menos se portaría tan bien en su "primera vez". No sé cómo, pero debes de tener algo de experiencia.

Luego de decir tan reveladora palabras, permanecimos el uno al lado del otro sin atrevernos siquiera a mirarnos levemente a la cara. Y cuando el reloj marcaba poco más de las 2 de la madrugada, Carlota se separa poco a poco de mi lado; y comienza a cubrir su cuerpo como si nada hubiese pasado.

Al ver como esta se iba vistiendo, me levanté con extremo cuidado y procedí a hacer lo mismo; hasta que ambos quedamos listos para marcharnos.

Luego de salir de la alcoba, nos asomamos con sigilo en la siguiente habitación, consiguiendo observar cómo Lori permanecía tirada al lado de su jadeante novio; sin ser capaz de controlar las intensas sacudidas que sufría su pecho.

Lori estaba muy agotada, respirando con la boca abierta y el vientre tembloroso; pero lo que más nos llamó la atención en ese instante, era que en ningún momento se atrevió a quitar la venda que cubría su ofuscado rostro. Al parecer le había encantado el someter a Bobby con los ojos bien cerrados.

Después de presenciar tan extasiante escena, nos alejamos de la habitación con muchísimo cuidado; y tras intercambiar un par de sutiles miradas en silencio, procedimos a marcharnos cada uno por su lado.