Capítulo 7
Días después, los recientes esposos habían quedado con los señores Einzbern de ir a un festival que se celebraría en la plaza principal en la noche. Ya estando en el lugar, todas las personas estaban alrededor de una enorme figura de madera siendo incendiada, se escuchaban aplausos y algunos vítores.
- Adoro el olor de los hot dogs en la noche, huelen como… a hot dogs – comentaba Kenta a su yerno. Ambos estaban en un puesto del lugar, a puntas de ordenar.
- Si… escucha Kenta – pidió Kiritsugu – quiero preguntarte… – fue interrumpido por un "dos, por favor" de su suegro – me preguntaba si era un poco extraño para ustedes estar juntos después de que se casaron y… si la relación se volvió… un poco… difícil – miro a su suegro esperando una respuesta que calmara sus inquietudes.
- ¿Cebolla? – Pregunto Kenta, que no le había prestado atención al pelinegro.
- No gracias – respondió Kiritsugu con calma – porque lo que hemos pasado nosotros… – de nuevo fue interrumpido.
- ¿Salsa? Te lo recomiendo – dijo Kenta.
- No – contesto – por favor escúchame – pidió tratando de no perder la calma.
- ¿Qué es lo que te sucede? Vamos – hablo esta vez mirándolo, ya con los hot dogs en la mano se dirigió hacia donde estaban los botes de cremas.
- Es solo que me parece algo difícil en este momento con Iris – finalizo Kiritsugu
- Dios, no debes discutir de ella conmigo jamás – dijo el suegro, tomando el bote de salsa.
- ¿Qué? – el pelinegro lo miro confundido.
- Ese es el problema – puso un poco de salsa en su hot dog – nosotros podemos hablar con el otro, hablar de deportes o del clima hasta que nos cansemos – termino de untar salsa.
- Si – dijo Kiritsugu con una sonrisa.
- Pero no menciones a Iris – siguió Kenta – porque cuando lo haces el único pensamiento que viene a mi es… "Está durmiendo con mi hija" – dicho esto mordió su hot dog y empezó a caminar hacia las mujeres que estaban a un par de metros del puesto.
- Ohm… Ahm… - el pelinegro se quedó parado sin saber que decir – Iris – llamo, queriendo que lo ayude.
Fuegos artificiales empezaron a iluminar el cielo nocturno, provocando emoción en la gente reunida.
- Hay querida, no sé qué hacer con tu padre, jamás ha sido un gran amante, pero llego al punto de que tiene celos de cualquier cosa – se quejaba Naomi con su hija, mientras veían los fuegos artificiales. Iris se quedó callada no sabiendo que responder ante eso.
- Hola – afortunadamente Kiritsugu llego salvándola de esa situación.
- Gracias por regresar – dijo aliviada.
- También me alegra – el también parecía aliviado, luego recibió un ligero beso de su esposa.
- Y ahora que están ambos, ¿Cómo van con mis nietos? – pregunto Naomi con una sonrisa.
- Aléjame de ella por favor – pidió Iris. Kiritsugu solo rio, para después empezar a caminar.
- Es solo curiosidad uno debe tenerlos cuando aún es joven y puede cargarlos– se defendió la mujer mayor encogiéndose de hombros, viéndolos alejarse. Kenta ya estaba a su lado chupándose los dedos, y viendo los fuegos artificiales, provocando que Naomi dejara de sonreír.
Ya un poco alejados, Kiritsugu hablo.
- Cuando estoy con tus padres, pienso que de no ser por ellos, yo no te tendría – Iris le sonrió y después lo abrazo.
Por el hombro del chico, pudo ver a Arturia caminando con una mujer tomada de su brazo, por sus rasgos similares dedujo que era su madre, su sonrisa se borró siendo reemplazada por una mueca de culpa. Kiritsugu se alejó un poco del abrazo para ver el rostro de su esposa, que no había quitado la vista de donde había estado la rubia hace un momento.
- ¿Qué pasa amor? – le pregunto un poco preocupado.
- Ya hay que irnos – respondió, sin duda tenían que irse.
- No lo olvides, intenta no parecer mi hija de acuerdo – hablaba una mujer a Illya los señores Einzbern decidieron dejarla con alguien en el festival, para que no se aburriera estando con ellos, no sabiendo que la niña se aburría más, estando con esa mujer – porque… así nadie se acercara, pero mantén los ojos abiertos por si ves a alguien lindo que creas que él y yo… –
- Hola – una voz, que para Illya fue como el coro de los ángeles, se dejó oír. Era Arturia, que al momento de ver a la niña, decidió saludarla.
- Arturia – Illya se abrazó a ella, agradeciendo a todos los santos por haberla mandado a rescatarla de esta desesperada mujer. Arturia correspondió con alegría el abrazo.
- ¿Cómo estás? – pregunto una vez terminado el abrazo.
- Bien. Ella es mi amiga Bet, está sola – presento la niña
- Ya encontraste una amiga ¿puedo irme? – dijo Merlín.
- No – le contesto Arturia, luego dirigió su vista a Bet – le estoy buscando un hombre –
- No hay ninguno créeme, he buscado – le comento a la rubia y hubiera seguido, pero un niño choco con ella – oye cuidado –
- Lo siento señora – se disculpó el niño un poco apenado.
- No me digas señora – le pidió la madrina. El niño arqueo una ceja extrañado, luego su mirada se fue con Illya, se quedaron viendo un momento y después se sonrieron.
- Hola – saludo la niña con timidez.
- ¿Qué tal? – respondió el muchacho igualmente tímido. Para las mayores fue obvio que estos niños estaban siendo víctimas de un enamoramiento infantil.
Arturia comenzó a reír ligeramente ante la escena, mientras que la madrina veía con incredulidad, el hecho de que una niña pudo encontrar a alguien y ella aún seguía soltera.
- Brillante – dijo casi con lamento, pero sonriendo irónicamente.
Momentos después, estaban Arturia e Illya sentadas en el respaldo de una de las bancas del lugar.
- Tienes novio, ya tienes novio – cantaba la rubia como lo haría una niña de primaria, mientras chocaba su hombro con el de la niña, que reía con nerviosismo.
- No, no tengo, aun no – dijo Illya con timidez. Ambas se rieron un poco, luego la niña hablo – ya quiero que tu tengas un novio –
- No debes hacerlo Illya – respondió Arturia con sinceridad.
- Puedes tener un esposo, ya tienes edad, alguien como Kiritsugu – dijo la niña con inocencia. La rubia sonrió con incomodidad, como decirle a una niña que tus gustos son "diferentes".
- Illya tengo que explicarte algo… creo que estaré con una sola persona el resto de mi vida, pero esa persona será una mujer – hablo del único modo que se le ocurrió, para que la niña lo entendiera.
- Te entiendo – dijo la niña.
- ¿En serio? – pregunto frunciendo el ceño en incredulidad.
- Mi mejor amiga Akko preferiría pasar mi vida con ella que con un niño – respondió.
- Así es – dijo la rubia con simpleza, no queriendo confundir la mente de la niña. Illya se bajó de la banca y se dirigió donde su novio, que tenía dos bengalas "chispitas mariposa" en sus manos (en mi país, así se le dice a una varilla de metal cubierta con una capa áspera, parecida al de los fósforos, que al encenderse saca chispas muy bonitas)
- Eso no significa que sea lesbiana o si – volvió su vista a Arturia para decir eso, y después siguió caminando. La rubia rió con gracia dándose cuenta que Illya la había timado.
En el departamento de los esposos, estos ya habían llegado con un aire de cansancio.
- Pondré la tetera amor – informo Kiritsugu dirigiéndose a la cocina.
- Prefiero una cerveza – dijo la platinada.
- ¿Si? – El pelinegro se detuvo y giro su cuerpo en dirección a Iris – iba a ofrecértela, pero… -
- ¿Pero qué? – pregunto la mencionada, viendo que se había quedado callado.
- ¿Estas embarazada? – pregunto curioso.
- Ara, no, creo que no lo estoy – respondió con seguridad.
- Creí que eso podría explicar tu… – se detuvo, no pudiendo terminar la oración.
- Hum – dijo Iris, instándolo a continuar.
- Olvídalo – Kiritsugu negó con la cabeza – no importa – siguió caminando, esta vez a la refrigeradora por las cervezas, abrió las puertas de la máquina, pero al instante las cerro – a menos que… –
- ¿A menos que, qué? – pregunto curiosa. Viendo como Kiritsugu se acercaba quitándose la bufanda.
- ¿Quieres embarazarte? – le dijo el pelinegro con una sonrisa.
- Tú y mi mamá – respondió con sarcasmo.
- Sé que decíamos que esperaríamos, pero… hasta cuando, ¿hasta que seamos más estables? – Miro a los ojos rojos de su esposa – vamos que dices –
- Ahm… yo… - Iris se sentía acorralada, no sabía cómo salir de esto, por fortuna para ella el celular de Kiritsugu comenzó a sonar.
- Ay, contestare – dijo después de ver que era su jefe, al hacerlo este le empezó a preguntar distintas cosas del trabajo y en un momento de la conversación, tuvo que ir a la habitación por su portafolios.
Iris se quedó en la sala pensando, y en un impulso tomo el teléfono inalámbrico y marco un número, que se sabía de memoria.
En la plaza, Arturia seguía sentada en el respaldo de la banca mientras observaba a Illya jugando con el niño, de pronto su celular comenzó a sonar y vio en la pantalla un número que no estaba registrado en su lista de contactos.
- ¿Hola? – Pregunto, una vez lo descolgó, pero nadie respondía – ¿Hola? – volvió a decir.
Al otro lado de la línea, estaba Iris oyendo a la rubia hablar; sin que saber que contestarle, pues no podía simplemente decir que necesitaba escuchar su voz, colgó, arrepintiéndose de haberla llamado en primer lugar.
Cuando Arturia se dio cuenta que colgaron, se quedó viendo el celular pensando en quien habría sido la persona que le marco.
De vuelta con Iris.
- Hola preciosa – dijo Kiritsugu una vez termino con su llamada y volvió a la sala – era Shiro, escucha lo lamento mucho pero…
Con Arturia, esta había tomado la decisión de regresar la llamada y descubrir quien había sido el bromista, pues después de meditarlo, llego a la conclusión de que tal vez era broma de Rin
- No, por supuesto que debes ir – Kiritsugu trataba de convencer a Iris de no dejar sus planes de lado, luego de que le contara sobre la llamada de su jefe – no lo cambiaría por nada en el mundo, pero es trabajo, será lo de siempre, me molestare y… – no pudo seguir pues el teléfono de la casa comenzó a sonar – comenzare a cantar tan mal como lo hago – termino de decir para luego contestar la llamada – ¿Hola? –
- ¿Kiritsugu? Soy Arturia – hablo sorprendida al creer que había sido él quien la llamo.
- Hola ¿Cómo estás? – Dijo con cortesía y después miro a Iris – es Arturia – le susurro a su esposa – ¿Qué pasa? – pregunto curioso, la castaña solo se quedó callada.
- Nada, mi celular solo… – fue interrumpida por Kiritsugu, a quien se le vino una idea.
- Escucha ¿Qué harás el lunes en la noche? – se interesó el pelinegro, Iris, al intuir sus intenciones, empezó a negar con la cabeza mientras decía "no" en voz baja – podrías acompañar a mi esposa a un lugar – siguió hablando mientras trataba de huir de la castaña que ahora intentaba quitarle el teléfono – tengo una cita de trabajo a la que no puedo faltar y seria genial que tu cuidaras a Iris por mí – la castaña dejo sus intentos por detenerlo, pues ya era tarde.
- Am… si porque no – contesto la Rubia.
- Muchas gracias, en serio muchas gracias, Iris te dará los detalles y nos veremos –
- Claro – dicho esto la llamada finalizo.
- No debiste hacer eso, casi no la conozco – Iris trato de excusarse, lo que menos necesitaba ahora, que tenía un mar de dudas en la cabeza, era pasar más tiempo con ella.
- Si, pero es tu – dio un chasquido con los dedos – alma gemela se llevaran bien – respondió con seguridad – cerveza – dijo y después fue a la refrigeradora por ellas.
- ¿Sabe a dónde iremos? – pregunto Iris, ya resignada.
Lectores anónimos: Muchas gracias
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Pd: Si quieren otra historia adaptada o traducida no duden en pedirla.
