Capítulo 9

En el trabajo de Iris, vemos a la platinada en el baño, lavándose las manos con Mai a su lado mientras en uno de los cubículos se encontraba Haruka.

- Alguna vez… ¿cruzaron la calle? – pregunto Iris.

- Eso depende – respondió Haruka mientras jalaba la palanca del baño.

- ¿De qué? –

- ¿De qué rayos estás hablando? – Dijo la rubia mientras salía del cubículo, viéndola con confusión - ¿salimos después del trabajo? –

- Saldré con Kiritsugu – informo la platinada a lo cual la rubia asintió, luego volvió al tema de antes – hablo de… alguna vez pensaste o creíste de que te gustaba otra mujer –

- ¿Por qué? – pregunto Haruka frunciendo el ceño con curiosidad, para después retocar su maquillaje.

- Ara, estoy buscando alguien para una amiga, y creí que habrían más opciones del bando contrario – Mai, que hasta el momento estaba ocupada haciendo gárgaras con enjuague bucal, decidió dar su opinión.

- Ya lo intente, fue un infierno ella no dejaba de pedirme cosas – hablo después de escupir – yo estoy para que me consientan mis caprichos, no al revés

- Siempre esperas poder hacerlo con una mujer antes morir – Haruka también dio su punto de vista – pero es igual a… que quiero ir a Noruega algún día, entiendes de que hablo, tal vez jamás pase – Iris se vio al espejo y luego suspiro para después caminar hacia la salida.

- ¿Kiritsugu te llevara a cenar? – pregunto Tokiha aun viéndose al espejo.

- Yo lo invite – respondió la platinada saliendo del baño.

*Ya en la noche, los esposos estaban en el auto dirigiéndose al restaurante acordado en completo silencio, manejaba Kiritsugu. Una vez en la mesa y estando ya con sus respectivos platos de comida, Iris pensó en un tema de conversación.

- Y dime, ¿Cómo van las cosas en el trabajo? – solo segundos después de hacer esa pregunta, Kiritsugu bufo con hastió.

- Lo de siempre, Takeda me sigue diciendo que le saque dinero a Sergey y el hombre, no sé si es ingenuo o si realmente ha de confiar en mí, pero siempre me es fácil que acceda – finalizo para después llevarse un trozo de carne a la boca – ¿y cómo vas tú con el trabajo? – pregunto.

- Ara, pues igual, informes que revisar y enviar, pláticas casuales entre colegas, lo de siempre – contesto con simpleza, Kiritsugu asintió en entendimiento.

Continuaron comiendo en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos y así estuvieron como por 10 minutos, pero Iris aún tenía que seguir intentando salvar su relación.

- Haruka, Mai y yo, estamos intentando buscarle una pareja a una amiga – conto la platinada – pero no es una tarea sencilla que digamos, hoy les sugerí a las chicas la posibilidad de presentarle una mujer –

- Tal vez, si no tuviera tatuada la palabra "desesperada por amor" en la frente, podrían conseguirle un buen prospecto – comento el pelinegro con gracia, logrando sacarle una ligera risa a la platinada – aunque si tu plan es presentarle una mujer, ¿Por qué no, Arturia? – De acuerdo, eso último no le hizo tanta gracia, pero Kiritsugu no lo noto – según lo que hemos hablado con ella, no tiene pareja, y debemos admitirlo, Arturia es una de esas chicas que haría dudar a cualquiera de su sexualidad (sabias palabras Kiritsugu) y mala persona no es, además de su belleza, es amable, muy inteligente, parece que siempre tiene un tema que tratar para hacer el ambiente más ameno – conforme crecían los halagos hacia la rubia, Iris se sentía cada vez más molesta, como se le ocurría a su esposo siquiera pensar que Arturia saldría con alguien como su amiga Bet; Bet nunca estaría a la altura de la rubia, además ella la había visto primero… No, lo que quería decir, era que no podrían tener una relación estable porque… porque no tienen nada en común, sí, eso sonaba más lógico.

Estaba tan ensimismada, que no se dio cuenta de que Kiritsugu había dejado de hablar hace un momento, puesto que su celular comenzó a sonar. Para cuando volvió a la realidad, se fijó que su esposo estaba en una acalorada discusión con su feje.

- No Takeda… si se lo pido tan pronto sospechara de algo… – el pelinegro siguió en su discusión por todo lo que resto la cena, mientras una Iris resignada se dispuso a pagar la cuenta.*

Ahora ambos estaban en el auto, de nuevo en silencio, Iris observada los edificios por la ventana del auto pensativamente, la cena no había salido tan bien como lo hubiera esperado. Kiritsugu por su parte pensaba en algo que decir.

- Fue divertido – dijo con una sonrisa – ¿no te pareció? – Pregunto, pero no recibió respuesta – yo me divertí – de nuevo silencio, Kiritsugu pensaba que quizás Iris estaba molesta de que haya pasado gran parte de la cena hablando con su jefe – escucha Shiz, perdón por… – intento pedir disculpas, pero fue interrumpido por la voz emocionada de la platinada.

- Oye el parque – un recuerdo de su juventud hizo que su esperanza de salvar su matrimonio volviera – ¿recuerdas cuando lo hicimos en los arbustos? – Kiritsugu frunció el entrecejo pensativo.

- Jamás lo hice en los arbustos –

- Ara, lo siento me confundí – se disculpó la platinada.

- Lo hicimos contra un árbol – termino de decir el pelinegro – no resisto los arbustos te llenan de espinas y te lastiman –

- Hagámoslo –

- ¿Qué? – pregunto el pelinegro.

- Hagámoslo, ahora –

- No – respondió, Iris lo vio con una mirada que Kiritsugu conocía bien – Iris no – trato de hacerla entrar en razón, pero la única respuesta que obtuvo fue una risita.

- Iris… ¿Iris dónde estás? – Llamaba el pelinegro alzando ligeramente la voz, mientras caminaba en medio de la oscuridad de ese parque, al haber perdido de vista a su esposa – vamos cariño… Iris – siguió llamando empezando a exasperarse un poco – no entiendo porque tenemos que seguir haciendo estas cosas, tenemos un apartamento y es lindo, y confisque la llave de tu madre así que ya no podrá atraparnos – se quejó mientras seguía caminando – juro que esa mujer tiene un radar sexual – comento para sí mismo – tenemos una cama que es cómoda y huele rico, mejor que este parque – hubiera seguido quejándose, pero la platinada apareció detrás de él, agarrándolo de sorpresa mientras decía "BU", provocando que Kiritsugu diera un pequeño saltito – Rayos – dejo escapar por el susto, para luego escuchar a su esposa reír, lo que provoco que el riera también notando que la platinada tenia todos los botones de su blusa desabrochados.

- ¿Te asuste? – pregunto mientras le quitaba la chaqueta al pelinegro.

- No, claro que no – trato de negar lo obvio – ¿Qué haces? – pregunto notando que Iris ahora le quitaba la corbata.

- Quitándote la ropa – ahora quitaba el cinturón de los pantalones.

- Es la ventaja de ser hombre, puedes hacerlo sin desvestirte, solo tienes que abrir tu pantalón y listo – trato de disuadirla, pero al parecer su esposa no lo escuchaba – Hazlo y estaré listo –

- ¿Hablaras mientras lo hacemos? – pregunto la platinada utilizando el cinturón para rodearle el cuello.

- Te mencione que tenemos una cama – intento por última vez, pero su esposa lo callo con un beso que el intento corresponder, cuando un ruido parecido a un golpeteo hizo que alejara su rostro – ¿Qué fue eso? – dijo intentando buscar el origen de este.

- ¿Qué? – hablo mientras desabotonaba los botones de su camisa.

- Nada – se resignó al no escucharlo de nuevo, y volvió a besar a su esposa. Pero el sonido, ahora de unos pasos, volvieron a distraerlo, esta vez la platinada también lo había escuchado. Concentrándose lograron descubrir que provenía de atrás de un árbol.

- Quien esté detrás del árbol salga antes de que lo golpeemos – dijo Iris con seriedad.

- Si, vamos – quiso apoyar el pelinegro. Y justo como lo pidieron, del árbol aparecieron dos hombres aun vestidos, uno de ellos intentaba subirse el cierre del pantalón, mientras el otro se subía los suyos, ambos estaban muy apenados no solo por haber sido descubiertos en esa posición, sino también porque al parecer interrumpieron el momento de la pareja. Iris rio nerviosamente para después ocultarse tras el cuerpo de su esposo.

- Disculpen/perdón – hablaron ambos casi al mismo tiempo – lo siento no quisimos molestarlos – dijo el que parecía ser el dominante.

- Está bien – respondió Iris.

- No, no nos molestan – hablo Kiritsugu con tranquilidad.

- Nosotros solo estábamos… - trato de explicar la platinada, pero no era necesario.

- Nosotros igual – volvió a hablar el dominante.

- Si, creen que nosotros… estamos casados – aclaro el pelinegro.

- Y tenemos una cama – dijo Iris en son de broma.

- Soy Kiritsugu por cierto – se presentó ofreciendo su mano.

- Hola, soy Kazuya – estrecho la mano el dominante.

- Yato – hizo lo mismo el sumiso.

- Iris – la platinada les siguió, una vez consiguió cerrarse todos los botones de la blusa.

- Hola que tal – respondieron ambos.

- Nos dio gusto conocerlos chicos – dijo el pelinegro con cortesía. Se quedaron en silencio unos segundos, luego Kazuya hablo.

- Debe ser lindo estar casado –

- Si, acabamos de conocernos – le siguió Yato.

- Si, a veces me siento igual – contesto Kiritsugu. La platinada volvió a suspirar con resignación.

Los esposos se despidieron de sus "nuevos amigos" y se dirigieron a su apartamento en completo silencio.

Al día siguiente en la florería, estaba Arturia revisando unas macetas, cuando por el rabillo del ojo noto la presencia de la platinada que se dirigía hacia ella con una mirada seria. La rubia dejo lo que hacía y le regalo una encantadora sonrisa a Iris, quien por un momento se sintió flaquear, pero logro recobrar la compostura y se acercó a la rubia.

- Hola – saludo Arturia.

- No, no, no estas… no quiero que estés feliz de verme – dijo y después entro a la tienda.

- De acuerdo – respondió Arturia con el ceño fruncido en confusión.

- Arturia yo… vine porque no sé qué está sucediendo yo no… – empezó a caminar de un lado a otro – me haces sentir algo que no debería sentir – Arturia cambio su expresión, parece que había llegado el momento de aclararlo todo – estoy casada, tengo un esposo por Kami, tengo un esposo, un hombre que es adorable y no ha hecho nada malo – se acercó a la rubia. Pero en ese momento un hombre mayor apareció.

- Perdone, podría ayudarme pienso sembrar algunas yerbas – ante eso la platinada suspiro y se dirigió a la trastienda – es para una esquina, no entra mucha luz – la rubia apresuradamente tomo una de las macetas y se las dio al hombre.

- Estas, cortesía de la casa, adiós – dijo para después cerrar la puerta del lugar. Después fue con Iris.

- Entiende, debes entender, no puedo hacerlo, en realidad no debo, así que sea lo que sea o era tiene que terminar entiendes, esto termino – dejo claro la platinada y después se fue cerrando la puerta de la trastienda.

*Arturia se quedó un momento sin moverse, luego golpeo la pared con poca fuerza y se apoyó en ella. Sabía que todo iba a terminar así, lo sabía, pero eso no evito que le doliera. Iris había llegado a la puerta principal, sintiendo una sensación de pérdida en su interior con cada paso que daba, justo cuando iba abrirla, un impulso muy fuerte hizo que volviera sus pasos. Arturia aun intentaba digerir las palabras de la platinada, cuando escucho la puerta de la trastienda ser abierta de nuevo, apenas volteo y ya tenía los labios de Iris sobre los suyos. La platinada sabía que estaba mal lo que hacía, pero ya no le importaba solo quería disfrutar esos momentos con la rubia. Arturia primero se quedó quieta por la impresión, pero luego cerro sus ojos y se dejó llevar, estrechando a la platinada por la cintura, mientras esta colocaba sus brazos alrededor de su cuello. Iris hizo caminar a la rubia de espalda, hasta que esta cayó encima de unas rosas que estaban en el suelo quedando la platinada sobre ella, se miraron unos segundos buscando un vestigio de duda en la otra, pero al no encontrarlo se volvieron a besar, en medio del beso Arturia asomo tímidamente su lengua, Iris no le hizo esperar, entreabrió sus labios permitiendo la entrada, ligeros gemidos empezaron a escapar de ambas mientras sus lenguas danzaban e intentaban conocer cada parte de la boca de la otra, pero no era suficiente, la rubia se incorporó con lentitud, rompió el beso solo para dirigirse a la piel blanca y sedosa del cuello de la platinada recorriéndolo con sus labios y lengua, mordiéndolo ligeramente. Iris gimió fuerte y con sus manos desprendió a Arturia de su chaqueta, para después colarlas dentro de su blusa, recorriendo su espalda, clavando sus uñas en ella cada vez que sentía una mordida en su cuello, la rubia recostó a la platinada siendo ahora ella la que estaba encima, sus manos se pasearon por los costados de Iris, para dirigirse a su trasero, que comenzó a masajear aun con el pantalón puesto, provocando que sus intimidades se frotaran entre sí, ambas gimieron ante ese contacto,

Arturia se concentró en esa zona generando más roces, que avivaban el deseo de ambas, Iris se comenzó a desesperar, quería sentirla completamente, sentir su cuerpo desnudo al contacto del suyo, Arturia por su parte ya había logrado abrir algunos de los botones de la blusa de la platinada, dejando ver el brasier negro que ocultaba los deliciosos pechos de Iris, con su mano libre tomo uno apretándolo, sintiendo los pezones endurecerse aún por encima de la tela, mientras su boca se movía desde su cuello hasta el centro de sus pechos, Iris quería devolverle ese placer a Arturia, así que antes de que la rubia llegara a sus pechos, tomo su rostro e hizo que sus labios volvieran a juntarse, para después levantarse mientras sus manos bajaban el pantalón de su amante, y la recostaba con cuidado, pero justo en ese momento.*

- Ahh – un alarido de dolor escapo de la boca de Arturia.

- ¿Qué, que? – pregunto Iris confundida.

- Espinas en mi trasero – respondió la rubia, provocando que tanto ella como Iris rieran, bajando toda la excitación del momento (Rosas mata pasiones de los cojones, y yo que me había emocionado T_T)

- Lo siento – dijo Iris entre risas, mientras ayudaba a Arturia a incorporarse. Una vez sentadas, y comprobando que a la rubia ya no le doliera el trasero, se miraron con una sonrisa, aunque Arturia tenía una expresión de "te voy a dar todo lo tuyo y lo de tu prima la coja"… (Bueno no, no tenía esa expresión, pero aún estoy nerviosa por lo que acabo de escribir, ni siquiera sé si lo hice bien, además admítanlo, lo que yo puse es mucho más entretenido que solo leer: "Arturia tenía una expresión pacífica y abrazo tiernamente a Iris", pero como sea ya lo puse y no lo voy a borrar) estaban perdidas en la mirada de la otra, pero regresaron a la realidad cuando escucharon el sonido de la puerta principal abriéndose, dando a entender que un cliente había ingresado. Se quedaron quietas tratando de escuchar los movimientos de la persona que había entrado.

- Creo que ya se fue – supuso Arturia al no escuchar nada por unos segundos, la platinada sonrió y junto su frente con la de la rubia, pero…

- ¿Hola? – una voz masculina se oyó, ambas se sintieron nerviosas al darse cuenta de que era la voz de Kiritsugu – ¿Arturia? – volvió a preguntar el pelinegro, al no haber contestación.

Las chicas se acomodaron sus ropas tan rápido como pudieron, cuando terminaron la rubia salió a recibir a su inesperado (e indeseado) visitante.

- Hola, yo… – trato de explicar Arturia – estaba haciendo inventario y contando las… Hola – termino de decir con una sonrisa nerviosa.

- Hola Arturia – le sonrió el chico.

- Ahm… ¿Qué quieres? – pregunto curiosa.

- Comprar unas flores, que mas – respondió el pelinegro con simpleza.

- Jajaja flores, por supuesto –

- Bueno, no para mi sino para Iris – en la trastienda estaba la platinada escuchando las palabras de su esposo con una expresión de culpa – ella ha estado un poco… no sé, pero no hay nada más alentador que unas flores – Kiritsugu seguía explicando sus razones a Arturia, esperando que ella pudiera ayudarle en algo – así que quiero uno de tus mejores arreglos –

- Por supuesto – dijo la rubia que también se empezaba a sentir culpable – ¿Qué le gusta? -

- Tú sabes que le gusta – respondió el pelinegro. Arturia solo lo observo – las Lilis, esas le encantan – prosiguió al ver la mirada perdida de la ojiverde.

- Hum, Lilis si, bien – busco uno de sus arreglos.

- ¿Disfrutaron el partido la otra noche? – pregunto.

- Ah, sí, toda una experiencia – respondió con sinceridad.

- Hum, y ¿Cómo viste a Iris? – quiso indagar. La rubia detuvo sus movimientos por unos segundos.

- Bien, bueno no es como si yo… bien – fue lo único que pudo decir.

- Supongo que ella… – pensó por unos segundos – me preguntaba si ella dijo algo sobre… mi o… – Kiritsugu suspiro – es que creo que estoy haciendo algo mal – confeso su inquietud con los ojos vidriosos – es todo, solo lo creo – en la trastienda Iris abrió sus ojos en sorpresa al escuchar las palabras de su esposo – y si ella dijo lo que es… lo que estoy haciendo o lo que no estoy haciendo… entonces lo solucionare, lo hare… y entonces podremos volver a estar como antes – Arturia lo observo sintiéndose peor al ver la mirada esperanzada del pelinegro.

- No dijo nada – respondió, ya con el arreglo en sus manos.

- Jajaja te avergoncé – trato de aligerar el ambiente – y a mí, lo cual es normal. ¿Cuánto te debo? –

- Cortesía de la casa – contesto esta, pensando que era lo mínimo que podía hacer por él.

- Gracias – dijo el pelinegro tomándolo, para después hacer su camino a la salida.

- Deberías preguntarle a ella, no a mí – aconsejo la rubia antes de que saliera. Kiritsugu volteo a verla.

- Muchas gracias, pero no voy a preguntarle a Iris si tiene algo… no me atrevería – respondió con sinceridad.

- ¿Por qué? – se interesó Arturia. Kiritsugu la miro.

- ¿Y si hay algo? – Ambos se quedaron viendo en silencio por unos segundos – gracias – fue lo último que dijo el pelinegro antes de salir.

Arturia soltó un suspiro, luego se dirigió a la trastienda, sabía que Iris estaba afectada por lo que había escuchado. Cuando entro se sorprendió al no encontrar a la platinada ahí, pero la ventana abierta le daba un indicio a Arturia de donde pudo haber ido.

Apresurando su paso, se dispuso a encontrar a Iris, tenían que hablar, ahora más que nunca, no podía irse así, no podían terminar de ese modo, mucho menos con lo que pasó en la trastienda. Minutos después de estar corriendo, pudo divisar a Iris en un parque, que también estaba corriendo con lágrimas en los ojos.

- ¡Iris espera! – grito cuando estuvo cerca.

- Arturia por favor – la platinada ralentizó el paso sintiéndose agotada.

- Dime algo – exigió la rubia.

- ¿Qué quieres que te diga? Lo escuche, Dios estaba ahí y lo escuche y se está culpando – seguía caminado, Arturia sentía que ya no podría soportar esto.

- Puedes terminar con esto –

- ¿Cómo? – encaro Iris deteniendo su marcha.

- Dime que me vaya – pidió Arturia, con la voz quebrada. Iris observo sus ojos verdes e intento hablar, pero no podía, no sabiendo que cuando esas palabras salieran, perdería a Arturia para siempre – Dime que eso es lo que quieres y me iré… y jamás me volverás a ver – la platinada seguía sin pronunciar palabra, aunque su sentido común le decía que lo hiciera, estas se negaban a salir.

- ¿Es lo que quieres? – dijo en cambio.

- Te quiero a ti – respondió con los ojos vidriosos.

- Arturia yo… – trato de hablar Iris, pero no pudo.

- Lo sé – le corto la rubia agachando la cabeza.

- No puedo, yo… – intento hablar una vez más.

- Lo sé – volvió a cortarla dedicándole una triste sonrisa – estaré bien – intento sonar animada. Iris dejo que sus lágrimas cayeran, luego recibió, lo que sabía, sería el último abrazo de Arturia – nunca me olvides – susurro la rubia en su oído mientras intentaba contener sus lágrimas.

- No podría hacerlo – respondió la platinada igualmente susurrando. Arturia termino el abrazo e instantáneamente se fue mirando el piso, para que Iris no se diera cuenta de que ya estaba llorando. La platinada se quedó unos momentos en esa posición viéndola alejarse para después hacer su camino a su apartamento.

Lectores anónimos: Muchas gracias

Pd: Tengo pagina de facebook por si quieren leer doujin traducidos de love live, symphogear, Mai Hime, los espero con ansias, me pueden encontrar como: Mapache Curioso, espero su visita ansiosamente.

Pd: Si quieren otra historia adaptada o traducida no duden en pedirla.