Capítulo 10
Después del adiós de las chicas, los días pasaron paulatinamente, ambas intentaban seguir con su vida, como si su encuentro nunca hubiera sucedido, como debería ser, pero lo único cierto era que ya nada sería igual para ninguna de las dos, pues una parte de ellas, estaría siempre con la otra.
Por su lado, Kiritsugu se sentía cada vez más frustrado, no entendía como, pero las cosas en su matrimonio habían empeorado, su esposa, aunque intentaba hacerle creer que todo estaba normal, a él no podía engañarlo, conocía a Iris desde hace años, y nunca había visto esa expresión en ella, parecía que cargaba consigo una gran tristeza, sus ojos habían perdido su brillo característico, su sonrisa era fingida, cosa que era normal ver en alguna que otra reunión, pero ahora se veía también en su vida cotidiana e incluso cuando estaba con su familia, su vida sexual había menguado a cero, y no es como si antes lo hicieran todo el tiempo, pero de las contadas veces que ocurría, Iris siempre era la que tenía iniciativa, ahora por mucho que el intente convencerla, está siempre tenía una excusa para no consumarlo. De nuevo le asaltaban las dudas y el miedo, la estaba perdiendo, no, empezó a perderla mucho antes de estar casados, pero nunca tuvo el valor para reconocerlo y parece que ella tampoco, pensó que con la idea del matrimonio las cosas entre ellos mejorarían, ahora no sabía qué hacer.
Por el momento trataba de no pensar en eso, mientras su jefe le pidió que volviera a contactar con Sergey para intentar sacarle una cifra más.
- Vamos Sergey, si me ayudas hare lo que quieras… – hablaba con el hombre por el teléfono de su cubículo, en tanto su jefe estaba sentado en su escritorio escuchando cada palabra que decía – puedes repetirlo por favor… iras 41 cerrados, déjame ponerlo en la computadora y hacer unos cálculos… – cubrió la bocina con su mano para intercambiar palabras con su jefe – no ira más alto, no tiene, no puede – informo, pero Shinji simplemente negó con la cabeza sonriendo mientras escribía algo en un papel, Kiritsugu volvió al teléfono – aun sale en rojo, significa que no lo alcanzas de hecho la cantidad que me da es… – leyó lo escrito en el papel – 41 y medio, son 41.5 – volvió a cubrir el teléfono – no acepta es demasiado – le dijo a su jefe queriendo que mostrara algo de empatía por el pobre hombre al otro lado de la línea, Shinji no dijo nada y el pelinegro supo que empatía seria lo último que sentiría por alguien – así que veamos que puedes darme un 41.5 no es difícil… te digo algo si estamos en punto 1 que te parece si nos divertimos hay que doblarlo… si así es – cubrió la bocina de nuevo pensando en que decir para convencerlo – ayúdame aquí, dame un tres, tres es lo que necesito, sé que quieres hacerlo… así, entonces uno más, ve a cuatro – una vez más, cubrió la bocina – realmente no quiero hacerlo – le dijo a su jefe, pero este solo hizo señas con las manos de que le subiera – no me hables así, te estoy dando una oportunidad grande, ¿quieres ir a las grandes ligas o jugar con los principiantes?... sí, eso es, uno más amigo, tu puedes, yo te apoyo, tienes mi soporte, no hay que temer, debes hacerlo y preguntarte Sergey ¿confías en mí? – Dijo con una convicción que no dejaba lugar a dudas, el hombre al otro lado de la línea finalmente cedió – felicidades, buen trato – término de hablar con menos ánimo para después colgar. Se puso de pie y camino hacia el ventanal.
- Amigo, por eso te daré un bono tan grande como imaginas – felicito Shinji.
- Quédate el bono –
- Quisiera quedármelo ¿quieres ir por un trago? – pregunto el jefe, mirando su reloj de muñeca.
- Déjame Shinji – pidió con seriedad. Shinji lo vio con el entrecejo fruncido en confusión.
- ¿Qué tienes? –
- Me enferma que mientas, tan solo mientes – respondió con exasperación, sabía que una de las principales razones por la que su matrimonio estaba fracasando era por su trabajo y sinceramente con todos los problemas que cargaba, ya no tenía cabeza suficiente para seguir fingiendo que no le importaba.
- También tú lo haces – recalco Shinji, el no será un santo, pero Kiritsugu en ningún momento se negó a cumplir con lo mandado.
- Ya no lo hare – aclaro el pelinegro, había sido todo, ya no quería pertenecer a este circo. Tomo su saco y se alisto para salir de ahí.
- ¿Kiritsugu? – Pregunto Shinji al verlo salir – Kiritsugu, vuelve – llamo, pero no fue tomado en cuenta.
En la florería, estaba Arturia acomodando unas macetas, cuando un hombre entro al lugar.
- Hola – saludo la rubia con tranquilidad.
- Buenas tarde – respondió el hombre mientras ojeaba las flores que había – busco una planta de rompimiento – informo.
- ¿Para qué? –
- Para terminar – respondió con obviedad.
- Explíquese – presiono Arturia.
- No me agrada mi novia y quiero terminar con ella por medio de una planta – dijo con hastió, preguntándose si tenía que explicarlo con manzanas para que la florista lo entendiera.
- Debe ser un buque de rompimiento y deben ser hidrangeas, significa que termino, pero piensa bien en mí – recomendó la rubia, sintiendo un rechazo hacia el hombre que tenía al frente.
- Perfecto, me llevare una – acepto con simpleza, no queriendo alargar más esto.
- ¿Un buque? –
- Si, y una hier… no sé qué – respondió.
- Bueno, no es mucho – comento la rubia.
- Me vale lo que piense de mí – dijo el hombre con cinismo, y eso definitivamente cabreo a Arturia.
- Le digo algo, vallase, salga de mi tienda, ella estará mejor sin usted de igual forma – por medio de empujones saco al sujeto de la tienda.
Suspiro con cansancio, se sentía enojada, con ese hombre y consigo misma por no haber sido capaz de guardar la compostura como siempre. Estos días habían sido un infierno total, del cual no podía escapar, aunque lograba guardar apariencias con su madre para que esta no se preocupara, sabía que no era tonta, en algún momento se daría cuenta, si es que no lo intuía ya; la única que sabía su situación era Nao, que como buena amiga había intentado por todos los métodos que conocía, volver a animarla, pero había sido inútil. Ella sabía que no podría superarlo tan fácilmente, Iris era una huella que se había grabado en su corazón y nunca podría borrarla aunque quisiera, todos los días tenía que luchar contra sí misma para no llamarla y rogarle que le permitiera estar a su lado, aun si era como amante. Estaba muriendo, muriendo por dentro, y conforme pasaba el tiempo la situación era peor, hasta el punto de creer que jamás podría recuperarse de esto.
Sintiendo que era suficiente por ese día, cerró la tienda y camino hasta su casa.
- ¿Mamá? – llamo al no verla recostada en el sofá como siempre.
- Ahora salgo – grito Saeko desde la habitación donde estaba.
- Toma tu tiempo – grito Arturia de vuelta, mientras se sentaba en el sofá. Aunque intento aparentar tranquilidad como siempre, ya no pudo, las lágrimas empezaron a caer de sus ojos, en tanto ligeros sollozos escapaban de sus labios y con una de sus manos se cubría el rostro. Saeko salió de la habitación bien arreglada y se dirigió donde su hija, se preocupó al encontrarla en ese estado, por supuesto que se había dado cuenta de lo que Arturia había sentido estos últimos días, pero no dijo nada por no querer presionarla.
- Te ves mal ¿Qué tienes hija? – Pregunto, pero no hubo respuesta – límpiate la nariz y explícame – le pasó los pañitos desechables y se sentó a su lado.
- Conocí a una chica – empezó a contar la rubia después de secarse las lágrimas – esta con alguien más –
- ¿Ella te ama? – cuestiono Saeko.
- No lo sé… no – respondió negando con la cabeza – si – se corrigió luego de pensarlo bien – pero no importa – dijo al final, no podía ignorar ese hecho.
- Cariño, eso es lo único que importa – aconsejo Saeko, limpiando mejillas con las manos.
- Esta con alguien más, ella no puede… – intento excusarla, pero nada venía a su mente – cuando papá se fue, te rompió el corazón – quiso alegar con ese hecho. Saeko sonrió y se encogió de hombros.
- Si, pero sano – dijo con calma, queriendo hacerla entrar en razón, es cierto que era una decisión difícil, pero ella veía injusto que las dos se estuvieran engañando a ellas mismas y a las personas a su alrededor. Arturia agacho la mirada.
- Mírate, te ves fantástica – cambio de tema, ya no queriendo ahondar en esa situación, Saeko lo supo y lo entendió.
- Tal vez ya estoy con la menopausia, pero aún me puedo esforzar – respondió con una sonrisa.
- ¿Una cita? Mi mamá tiene una cita – dijo con sorpresa y un sentimiento de felicidad que hace días no sentía.
- Voy a ir a comer con un hombre, si – Recalco Saeko.
- ¿Cómo te sientes? – pregunto Arturia con un sincera sonrisa.
- Ahh mmm bueno como, si tuvieras una taza de café caliente en las manos y sientes que estornudaras, así me siento – explico con una ligera mueca de terror.
- Ven acá – pidió Arturia abriendo sus brazos, Saeko lo hizo y así madre e hija se abrazaron, con una mezcla de sentimientos, de los cuales destacaban la felicidad y la tristeza.
Arturia realmente estaba contenta de que su madre haya salido de su depresión y pensara en vivir de nuevo. Eso le daba la esperanza de que algún día ella también podría sanarse.
Por el lado de Iris, la platinada había pasado estos días en la misma situación de Arturia, tenía que luchar consigo misma para no ir en búsqueda de esa ojiverde que se había colado en su corazón y que ahora no podía sacarla de él. Pero así como sentía arrepentimiento, también sentía tristeza, por como trataba a su esposo, él no tenía la culpa de nada, había sido cosa suya desde el principio, debió haberse alejado de la rubia desde el inicio sin necesidad de llegar a este punto, sin embargo, por más que su mente se lo reclamara, en el fondo no se arrepentía de haberla conocido, y de haber compartido con ella esos, aunque pocos, preciados momentos a su lado. Aun así, ya había hecho su elección y sea o no la correcta tenía que hacer que funcione, pero era difícil, muy difícil, cada vez que Kiritsugu quería tener un acercamiento con ella en cualquier ámbito, la imagen de la ojiverde aparecía en su mente lo cual provocaba que se aleje de él, por el sentimiento de culpabilidad, su esposo no merecía que mientras este con él, este pensando también en otra persona. Y eso provoco un distanciamiento en ambos.
Ese día había cenado sola, pues Kiritsugu no apareció a la hora habitual, lo cual la preocupo, así que decidió esperarlo acostada en el sofá, tenían que hablar, tenía que ser sincera con él, si quería que las cosas volvieran a lo de antes, pero pasaba el tiempo y el aun no llegaba, estaba empezando a dormirse cuando escucho la puerta principal ser abierta de forma torpe y muy ruidosa, así como empezó a escuchar la voz de Kiritsugu cantando, mientras él estaba en aparente estado de ebriedad.
- ¿Kiritsugu dónde has…? – no continuo al verlo en esas condiciones.
- Ella era una solitaria Geisha, se llamaba Iris – siguió canturreando, la platinada suspiro para darse valor, y se encamino hacia él. Lo obligo a tomar un café para que se le bajara un poco la borrachera y le pidió que se sentara en el sofá, Kiritsugu hizo caso pero en lugar de sentarse se acostó en él. Iris volvió a suspirar mientras caminaba de un lado a otro.
- Quiero hablar contigo porque algo paso… yo no lo busque tan solo paso pero… ya término – no pudo evitar sentirse un poco triste – pero… tú tienes que saberlo… – se quedó callada pensando cómo decirlo – yo me volví loca Kiritsugu, me volví loca por alguien que no eras tú… y lo siento… – ligeros sollozos escaparon de sus labios – lo lamento mucho – al terminar de decir eso, se volvió hacia su esposo para ver que este ya estaba dormido en el sofá – no, por favor, no te duermas Kiritsugu, no puedo decirlo más de una vez – lo sacudió un poco, pero él seguía sin inmutarse – escúchame, me quedare, no podría dejarte, eres mi mejor amigo, eso era suficiente antes y será suficiente ahora, así que… – resignada tomo una manta y lo cubrió con ella, decidió dejarlo dormir en el sofá por esta noche, luego le dio un beso en la frente y se fue a la habitación.
En el momento en que ella se fue, el pelinegro se movió buscando una mejor posición y dejando caer la manta, luego abrió sus ojos sin saber que pensar acerca de lo que acababa de escuchar.
Lectores anónimos: Muchas gracias
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Pd: Si quieren otra historia adaptada o traducida no duden en pedirla.
