2. Volverte a ver

Carol camina por la habitación con una toalla enrollada alrededor de su cuerpo desnudo.
Está un poco mareada, ya no tiene tanto aguante para el alcohol como en sus años de juventud, no debió haber bebido esa última copa.
La boda ha estado bien, aunque han vuelto a casa pronto, justo cuando mejor estaba la fiesta; los invitados eran más alcohol que personas y ya no tenían sentido del ridículo.
Era divertido ver al señor Horvath intentando hacer unos pasos de break dance con la camisa desabrochada como un cantaor de flamenco.
Ríe negando con la cabeza al recordarlo.
Agarra su bote de crema hidratante y se sienta en la cama para entregarse a la labor de cuidar su cuerpo.
Le habría gustado quedarse más tiempo, pero Tobin ya estaba cansado, de hecho ahora mismo está dormido sobre su butaca del salón, siendo arrullado por algún programa de teletienda, de esos que se emiten a altas horas de la madrugada.
Tararea sin darse cuenta alguna canción que debió sonar durante la boda.
Andrea estaba guapísima, por desgracia se perdió la ceremonia y no pudo ver a su amiga dar el si quiero. Como siempre llegaron tarde, Tobin se toma la vida con demasiada tranquilidad. Un poco más tranquilo e iría para atrás, como Benjamin Button.

Sonríe.
Es increíble el tiempo que llevan juntos sus dos amigos, y eso que cuando se conocieron se odiaron a primera vista, aunque claro, era lógico: Merle golpeó su coche y se negaba a darle los papeles de seguro porque decía que era culpa de ella, que las mujeres no saben conducir. No acabaron a puñetazos de milagro.
Y ahora míralos, más de veinte años juntos y con tres hijos en común.
Se alegra muchísimo por ellos.


—¿Ha estado bien la boda, verdad? —comenta Daryl a su mujer, que nada más entrar por la puerta ha corrido a su despacho para continuar con su trabajo —¿Te apetece un té o algo? —pregunta al tiempo que se quita la espantosa corbata amarilla.

La primera de todas esas malditas prendas que arrancará de su cuerpo para sentirse libre otra vez, odia los trajes, le dan urticaria.
Escucha a Janet murmurar un "no, gracias" por lo que olvida el té y marcha a la ducha para eliminar el olor a tabaco que se ha quedado impregnado en su piel.
Tabaco y alcohol, el olor típico de todas las fiestas.

Sonríe al recordar a Dale intentando bailar break dance. Ese viejo loco...
Deja el traje en el bombo de la ropa sucia, mañana lo pondrá a lavar en agua caliente, a ver si con suerte encoge y para la próxima boda puede ir en vaqueros y camisa.
Enjabona su cabello largo, quizás debería hacerle caso a su madre y cortárselo, lleva meses diciéndole que parece un hippie greñudo, a lo mejor el lunes se llega a la peluquería de Jessie, y así le da una sorpresa la próxima vez que vaya a visitarla. Se alegrará mucho.
Sale de la ducha, se coloca un pantalón de chándal para dormir y se cepilla los dientes antes de dejarse caer sobre la cama.
Está agotado, y eso que ni siquiera ha bailado, se ha pasado la boda sentado al lado de su mujer, haciéndole compañía mientras ella estaba ocupada con asuntos de su trabajo, pero lleva levantado desde las séis de la madrugada, ayudando a organizar los últimos detalles de la ceremonia, y vigilando a su sobrina ¿A quién se le ocurrió que esa cabra loca era la persona ideal para llevar los anillos? No los perdió de milagro.

El sonido de su móvil avisándole de alguna notificación llama su atención.
Estira la mano para agarrarlo de la mesita de noche y lo desbloquea.
"Aaron Raleigh te ha etiquetado en nueve fotos"

—Mierda, Aaron —gruñe.

Seguro que ni siquiera ha llegado a casa aún y ya las ha subido. Ese hombre no tiene espera, aunque con él puede estar seguro de que no va a salir mal en las fotos, es muy buen fotógrafo.
Revisa las fotografías: sale con su hermano y Andrea justo antes de que entren a la iglesia; con su sobrina Lilly en brazos, que sonríe a la cámara con mirada pillina; abrazando a Merle después del enlace; agarrando la mano de su mujer, la cual está mirando el móvil, como siempre; varias en el banquete junto a todos los invitados que estaban sentados en la misma mesa; con Janet mirando a cámara, menos mal que Aaron la avisó y alzó la vista, porque si no habría vuelto a salir mirando su teléfono.
Decide seleccionarla como foto de perfil, su mujer sale muy guapa, aunque eso no es difícil.
Entra en el álbum "Enlace Merle & Andrea" para ver las casi mil fotos que ha hecho, aparte de las nueve en las que ha sido etiquetado. Quizás ha pillado el momento justo en el que Glenn se tropezó y cayó sobre la tarta, por suerte ya la habían partido y sólo quedaba un par de trozos.
Tamborilea con los dedos sobre su muslo a la espera de que las miniaturas de las imágenes carguen, y pueda ver una previsualización de cada una de ellas en lugar de ese cuadrado gris, y cruza los dedos para que la aplicación no se le bloquee, desde que la actualizó le está fallando.
Resopla.
Joder, vale que son muchas fotos, pero eso está tardando demasiado, Janet debe de estar acaparando el Wifi y...
El corazón se le paraliza cuando las imágenes comienzan a mostrarse
La ha reconocido, a pesar de que la fotografía aún no se haya cargado a toda su resolución y esté pixelada puede reconocer ese cabello plateado y esos enormes ojos azules.
Es ella...
Antes de que pueda siquiera pensarlo su dedo ya se ha posado sobre la imagen para poder ampliarla.
Sigue pixelada.
Espera...
Espera...
Espera...
Le entran ganas de estampar el móvil contra la pared...
Espera...

—¡Al fin! —exclama en un tono más alto del necesario, pero Janet no lo ha escuchado.

Mira la fotografía y el cosquilleo que sintió unas horas atrás cuando la vio por primera vez a las puertas del baño de caballeros vuelve a recorrer sus entrañas.
Dios, esa mirada... es como si hubiesen arrancado un trozo de cielo y lo hubiesen puesto en sus ojos, incluso parece tener sus propias constelaciones en su interior, y esa maldita sonrisa dulce que dirige a alguna persona a su izquierda y que está fuera del encuadre...
Sonríe como un idiota, su sobrina tiene razón, sí que parece un hada, o un ángel mejor dicho.
"Descargar imagen"
No sabe por qué, pero ha tenido la necesidad de guardarla en su teléfono. Es una fotografía furtiva, pero sale tan hermosa...
Hace clic sobre la imagen a ver si está etiquetada.
Frunce el ceño desilusionado, seguramente Aaron, al igual que él, no la conoce, por lo que ahí no aparece ningún nombre más que el de Andrea, la cual está a su lado en la fotografía y le señala hacia el lugar al que ella sonríe.
Increíble, ha captado tanto su atención que ni se había dado cuenta de que su cuñada también está en ella, y...

—Claro, Andrea —se le enciende la bombilla.

Ella y Carol son amigas, por lo que si tiene Facebook debe de estar en su lista de amigos.
Entra en el perfil de su cuñada.
"752 amigos (181 amigos en común)"
Utiliza el buscador y escribe "Carol" en él. No sabe su apellido, por lo que espera que no tenga muchas amistades con ese nombre.

—Genial —murmura sarcástico cuando ve 37 coincidencias.

Revisa las fotos de perfil para descartar a mujeres que no se parezcan a ella, y entra en los que tienen como imagen un paisaje, bandera, frase o...

Deja de buscar, la ha encontrado.
"Carol Peletier"
En la fotografía sale de espaldas sentada al borde de un precipicio con un hermoso paisaje frente a ella. No le ve la cara, pero reconoce ese color y corte de cabello.
Entra, y reza para que no lo tenga muy privado.
Sonríe, la privacidad no es lo suyo.
Mira su información: Por lo que pone ha vivido en Washington, originaria de Carolina del Sur, ahora reside en Georgia y está en una relación.
No le ha gustado leer eso último.
No da muchos detalles, le gustaría saber su profesión, su edad, sus gustos...
Bueno, menos es nada.
Mira sus publicaciones, últimamente lo único que ha hecho ha sido felicitar el cumpleaños a amistades.
Sigue bajando por su muro.
Una fotografía llama su atención. Está descolorida, y se nota que ha sido escaneada, debe de tener al menos veinte años de antigüedad. En ella aparece junto a Andrea, con un vestido hasta las rodillas, botas altas, chaqueta vaquera, y la titula "Dios, qué pintas"
Sonríe, no sabe a qué pintas se refiere, ese look hippie no lo ha perdido.
Amplía su rostro, apenas se le ve, sus ojos están ocultos por unas gafas de sol, y un enorme globo de chicle tapa su boca y nariz.
Lo único que ve claramente es que tenía el cabello pelirrojo, rizado, largo y salvaje. De joven se moría por las pelirrojas, supone que por eso Andrea estaba tan empeñada en que se conocieran.
Debió haber aceptado, quizás así...
No, ¿Qué coño dice? ¿Está loco? Él es feliz en su matrimonio ¿A qué vienen esos pensamientos?

Se frota los ojos cansado y se dispone a salir de su perfil de Facebook, que se ha vuelto a bloquear, dejando esa imagen fija sobre su pantalla, hasta que...

—No, no, no, no, no, joder —murmura aterrado.

Acaba de darle "Me gusta" accidentalmente a esa fotografía.
Siente sus orejas arder ¿Ahora qué? Aunque retire el Me gusta, la notificación le habrá llegado.
Dios, eso no podía estar pasando ¿Qué va a pensar de él? Entrará a su perfil y verá que es el tío con el que se chocó en el baño ¡Creerá que está cotilleando sus cosas porque está pensando en ella! Y... ¿Acaso era mentira? Dios...
Sale de Facebook al fin, y entra en su carpeta de descargas para eliminar la fotografía guardada ¿Para qué narices la guardó? Está casado con una mujer preciosa e inteligente, no tiene porqué estar mirando a otras.
Deja el móvil sobre la mesita de noche y se levanta de la cama en busca de Janet, tiene la necesidad de darle un beso y demostrarle que la ama, o demostrárselo a él.


Carol asoma la cabeza por la puerta del baño con el cepillo de dientes en la boca. Juraría haber escuchado su teléfono.
Lo mira de lejos esperando visualizar la luz azul parpadeante que le avisa de que tiene algún tipo de notificación.
Exactamente, tiene algo.

—Mieggda —gruñe aún con el cepillo en la boca —, Las paggquillas —recuerda ella.

Seguramente su teléfono inteligente y menos despistado que ella le está avisando de que debe tomarse las pastillas anticonceptivas.
A veces se pregunta por qué se las toma, duda que su vibrador vaya a dejarla embarazada.

Termina de lavarse los dientes y camina hasta la mesita de noche para abrir el primer cajón y sacar la pastilla, al tiempo que desbloquea el teléfono con la otra mano para desactivar la alarma, no vaya a ser que vuelva a sonar dentro de cinco minutos y se tome otra. Con lo despistada que es...

Mira la pantalla, exactamente, la alarma ha sonado, pero aparte tiene una notificación de Facebook.
"A Daryl Dixon le gusta tu foto"
¿Daryl Dixon? ¿De qué le suena tanto ese nombre? Es familia de Merle, eso seguro.
Entra en su publicación y hace clic en sobre su nombre para ir a su perfil.
Bebe de la botella de agua que tiene junto a su cama para poder empujar la pastilla por la garganta mientras el perfil de él carga y muestra...
Tose violentamente cuando al tragar el agua se equivoca de dirección y va por el conducto erróneo debido a la impresión por la imagen que está viendo.
Es él, el hombre del baño, lo reconoce, la misma mirada profunda y penetrante, la misma barba canosa, el mismo cabello largo y despeinado que apenas deja ver sus ojos y la misma corbata espantosa de color amarillo a juego con... con el vestido de su esposa.
Es preciosa.
Dios, ¿Por qué le afecta tanto? ¿Qué más le da? Ella ya tiene pareja, lleva seis años con Tobin, es feliz, él la trata bien y se preocupa por ella, pero... cuando se encontró con ese hombre en el baño su mente se quedó en blanco, la boca se le secó, el cuerpo se le congeló, y un agradable y desconocido cosquilleo recorrió su estómago. No ha querido pensar en ello, pero ahora que vuelve a tenerlo delante, aunque sea en foto, su cuerpo responde de la misma manera.
¿Qué coño le pasa? Ella tiene pareja y él también, ni siquiera se habrá fijado en ella, y... un momento... ¿Por qué él ha cotilleado su perfil? ¿Cómo ha sabido su nombre? Dios, ¡La ha buscado!
Sonríe como una idiota sin saber por qué y se anima a echar una ojeada a su perfil, total, él lo ha hecho con ella.

—Vaya por Dios, que hombre más discreto —murmura.

Lo tiene todo privado y ni su foto de perfil puede ampliar ¿Sería muy atrevido mandarle una solicitud de amistad?
Se muerde las uñas pensativa. Él le ha dado me gusta a una foto suya, aunque puede que haya llegado allí porque Andrea está etiquetada...

—A la mierda —gruñe y, con el valor que su ligero estado de embriaguez le da, envía la solicitud de amistad.


Daryl despierta por inercia a las 07:30. Es domingo, pero lleva tantos años levantándose a esa hora para ir a trabajar cuando tiene turno de día que su cuerpo está acostumbrado a ello.
Mira a su lado, Janet no está, la cama está deshecha y las sábanas revueltas, pero su lado está frío, lo que indica que hace largo rato que se despertó.
Se frota los ojos para eliminar los rastros de sueño.
Ha soñado con ella, no con Janet, sino con esa mujer, Carol, ¿Eso es lo que le espera ahora? ¿Tenerla en su mente incluso en sueños? Pero no era un sueño hermoso, en él la veía a lo lejos, y él corría hacia ella, pero cuanto más corría más lejos estaba y más gente tenía obstaculizando su paso, hasta que todo se volvió negro y despertó para darse cuenta de que todo era una pesadilla, y al volverse a dormir el sueño regresaba a él una y otra vez.

—Dios, me estoy volviendo loco —se queja en un bostezo.

Agarra su teléfono y desbloquea la pantalla mirándola con un solo ojo, aún está medio dormido. La barra de notificaciones tiene varios avisos.
"32 Whatsapp de 2 chats"
"4 mensajes de correo electrónico"
"Una solicitud de amistad de...
Se sienta en la cama en un rápido movimiento y vuelve a leer esa notificación para asegurarse de que su mente aún dormida no le está jugando una mala pasada.
Es ella, quiere ser su amiga en Facebook ¿Por qué? ¿Qué busca en él? ¿Para qué quiere tenerlo como amigo? Aunque claro, él le dio me gusta a un fotografía suya, accidentalmente...
El dedo le tiembla y se debate entre aceptar o denegar su petición.

—Cariño, tengo que irme, hoy llegan unos clientes y voy a ir a recogerlos al aeropuerto para comer con ellos -informa Janet, que irrumpe en la habitación a toda velocidad para coger sus zapatos y así terminar de vestirse.

—Pero... es domingo —se queja él, aún con el móvil en la mano intentando tomar una decisión.

Janet le da un rápido beso en los labios.

—Lo sé, pero esto es importante, te lo compensaré —asegura antes de salir de la habitación.

Daryl suspira, odia que el trabajo ocupe hasta sus días libres, a veces le gustaría tener a su lado a una mujer que pasase más tiempo con él, compartiendo aficiones.
"Aceptar solicitud"
Pulsa casi sin pensar.
Abandona el teléfono sobre la cama y marcha al baño, al tiempo que sus oídos captan como el motor del volkswagen escarabajo de su mujer ha arrancado y se aleja por la calle, para no volver hasta bien entrada la noche.


Carol se despereza como un gato, echa de menos su cama de Washington, esta es un poco más blanda, y en cuanto Tobin se tumba a su lado ella se ve forzada a rodar hacia él, como si se viese afectada por su fuerza gravitatoria, pero hoy...

—Este hombre... —murmura.

Ha debido quedarse dormido en el sofá y, si su oído no le falla, con la tele encendida. Cualquier día será engullido por ese sillón.
Mira el reloj despertador que reposa sobre la mesita de noche de él, Tobin es torpe para la tecnología, por lo que reniega de teléfonos móviles, y prefiere seguir utilizando su viejo despertador que sólo suena cuando le apetece.
Según ese chisme rebelde, ahora mimo son las 08:15. La hora perfecta para desayunar, calzarse las zapatillas deportivas, colocarse los auriculares y salir a hacer un poco de ejercicio.
Desenchufa su teléfono móvil que ha pasado toda la noche cargando, y resopla cuando ve la cantidad de notificaciones que tiene.
"Andrea te ha agregado al grupo *Sólo chicas *"
"Andrea te ha etiquetado en 5 fotos del álbum *Enlace Merle & Andrea*"
Mensaje "Has agotado todos los megas de tu tarifa, si necesitas..."
"Michonne te ha enviado una solicitud de amistad"
"Tara Chambler te ha enviado una solicitud de amistad"
"Daryl Dixon ha aceptado...

—Oh, Dios, ni me acordaba —se avergüenza al recordar cómo anoche se atrevió a mandarle esa solicitud.

¿Cómo tuvo los ovarios de hacerlo? El alcohol, definitivamente fue el alcohol, sabe perfectamente que aunque no estaba borracha eso la volvió más atrevida e hizo ese maldita locura.
Bueno, mira el lado bueno, al menos la ha aceptado, ahora puede cotillear su perfil.
Entra en él.
Lo han etiquetado en varias fotografías de la boda, y la gente comenta su nueva foto de perfil diciéndole lo buena pareja que hacen él y su esposa.
La verdad es que sí, son los dos bastante atractivos.
Sigue bajando por las publicaciones, comparte muchísimos artículos sobre deportes de riesgo. Le gusta eso, con Tobin lo más arriesgado que ha hecho ha sido montar el armario de la cocina.

—Ya sé de que me suena tu nombre —dice para sí, cuando ve una fotografía en la que sale con Merle Dixon y titula "Controlando al idiota de mi hermano".

Claro, es el hermano de Merle, ese muchacho que Andrea se pasó diez años diciéndole que le iba a presentar pero nunca lo hizo porque él no estaba por la labor de conocerla, aunque a ella tampoco le apetecía empezar una relación en ese momento, tenía asuntos más importantes de los que preocuparse.
¿Qué habría pasado si...
Sacude la cabeza. El pasado, pasado es y nada va a cambiarlo.
Sigue bajando por su muro de Facebook y da con una fotografía titulada "Los bomberos también necesitamos un descanso de vez en cuando" en la que se le ve junto a un grupo de otros cinco hombres y dos mujeres vestidos con traje de baño y con la playa al fondo.

—Madre mía, como está el cuerpo de bomberos —murmura mordiéndose el labio.

Siente como el aire se vuelve más caliente en esa habitación.

Acerca la imagen.

—Mirar no es infidelidad, mirar no es infidelidad —se repite una y otra vez al tiempo que sus ágiles dedos amplían y alejan la imagen centrándose en los puntos que le interesan.

Tiene unos hombros bastante anchos, brazos fuertes, y los músculos del torso ligeramente marcados.
Su cuerpo está adornado por diversos tatuajes: Un pequeño corazón en la mano, una flecha con una brújula a lo largo del brazo derecho, un nudo celta en el hombro de ese mismo brazo, un nombre de mujer sobre el pecho, el motor de una moto, mostrándose a trozos como si le hubiesen dado un zarpazo y levantado la piel, tatuado sobre el hombre izquierdo y... ya no ve más porque una de las mujeres está agachada justo delante de él, tapando parte de su torso.
Ahora entiende por qué Andrea se empeñaba en presentárselo, es el tipo de tío por el que veinte años atrás habría estado babeando.
¿Acaso no lo está haciendo ahora?
Sacude la cabeza para despejar esos pensamientos prohibidos.
Vuelve a bloquear el móvil y marcha al baño, salir a correr le vendrá bien para despejarse.


Daryl mira su reloj, lleva un buen ritmo, si sigue así habrá conseguido realizar su rutina diaria de ejercicios de cardio en un tiempo récord.
Le gusta salir a correr por los alrededores del parque, el olor a árboles de eucalipto despeja sus fosas nasales, y la canción Livin' on a prayer de Bon Jovi suena en sus auriculares a todo volumen, aislándolo de las voces de las personas que pasean por ese mismo lugar, ya sea caminando, en bicicleta, monopatín... es una zona bastante transitada, pero él más allá de la música sólo escucha las pulsaciones de su corazón acelerado por el esfuerzo.
Normalmente sale acompañado por Rick y Michonne, pero hoy ni siquiera le han cogido el teléfono, deben de estar aún en casa durmiendo la mona, o atendiendo a su niña de tres años que les taladrará sus oídos resacosos con su llanto agudo.
Echa un vistazo a su teléfono, Janet le dijo que le llamaría cuando llegase al aeropuerto, pero aún no tiene noticias de ella, y empieza a preocuparse, el aeropuerto está a cuarenta minutos de donde viven. Ya ha pasado ese tiempo.
Quizás debería lla...

—¡Ay Dios, lo siento! —se disculpa al chocar con un cuerpo que...

No puede ser... a sus cuarenta años ha pasado toda su vida sin tener constancia de su existencia y ahora en menos de 24 horas ha chocado con ella dos veces ¡DOS! Joder, si casi parece que lo hacen a propósito.
Es ella, seguro, la reconoce incluso sin el maquillaje que realzaba sus rasgos, ni el vestido que llevaba la noche anterior.
Tiene el mismo cabello, y los mismos ojos azules que no abandonan su mente.
La mira, está con la boca entreabierta, tiene la respiración agitada, mechones de su cabello pegados a su frente húmeda, y unas gotas de sudor resbalan por sus clavículas marcadas.
Joder, ¿Por qué narices la ve tan condenadamente sexy?
Viste unos leggins negros por encima de las rodillas, una camisa de tirantes ancha color azul cielo a juego con sus ojos, y lleva puesto unos auriculares de los que sale algún tipo de música que no llega a reconocer.
Es más que obvio que está haciendo lo mismo que él, es más, viendo que lleva el móvil en la mano, seguro que han chocado por la misma distracción.
De nuevo está paralizado, no sabe qué decir, teme abrir la boca y decir alguna gilipollez.

—¿Te corres? —pregunta, alarmándose al instante al darse cuenta de lo mal formulada que está la pregunta —¡Corres! ¿Te gusta correr? —se apresura en corregirse.

Ahí está la primera gilipollez. Tiene las orejas tan rojas por la vergüenza que podría fundir sus auriculares, cuya música se ha detenido. Hasta Bon Jovi ha enmudecido ante esa mujer.
Ella tarde en responder. Joder, si es que ni siquiera la ha saludado, o preguntado cómo está, al menos. ¿Qué narices ha pasado con su don para la elocuencia? Esos malditos ojos azules han debido absorberla.

Carol lo mira perpleja aún sin creerse que eso esté pasando ¿En serio? ¿Otra vez han chocado? ¿Dónde está la cámara oculta? Que se encuentren en una boda con cien invitados era probable, ¿Pero en medio de Georgia? ¿A qué narices juega el universo? ¿Por qué...
Madre mía, lo que gana sin el traje y esa ridícula corbata amarilla.
Está sudado, con su cabello largo pegado a la frente, y la camisa húmeda, adhiriéndose a su cuerpo como una segunda piel, y marcando esos músculos sobre los que una hora atrás estaba haciendo zoom desde su teléfono móvil.
Le entran ganas de...
¡Oh dios, le ha hecho una pregunta! ¿Qué le ha preguntado? ¡¿QUÉ COÑO LE HA PREGUNTADO?! Tan perdida estaba en sus pensamientos que ni se ha enterado de lo que ha dicho.
Asiente suavemente esperando que su cuestión sea de las que se responden con Sí o No, y que Sí sea la respuesta apropiada.
Él sonríe suavemente, tiene una sonrisa condenadamente atractiva.

—A mí también —dice él.

¿A él también qué? Joder, tan despistada que hasta ha olvidado el cerebro en casa.

Daryl la mira, tiene la sensación de que la está incomodando, no ha dicho una palabra, y se ha pasado largo rato con la mirada fija sobre su torso, como si quisiera evitar mirarle a los ojos.
Quizás piense que la está siguiendo. Normal, anoche chocó con ella, la buscó en Facebook sin tener detalles de quién era, la encontró, le dio me gusta a una fotografía y ahora vuelve a chocar con ella.
Sí, normal que la asuste, y si supiera los pensamientos que circulan por su mente...

—Yo... yo... debería seguir con mi recorrido antes de que se me bajen las pulsaciones —se excusa nervioso.

Como si las pulsaciones no las tuviese ya a más de cien. Está al borde del infarto, y casi le da una embolia en ese momento cuando ella alza la mirada y clava sus ojos en él. Esos malditos ojos son dos puñales capaces de atravesar su alma.

Carol sonríe suavemente, el pobre quiere salir huyendo, debe de sentirse incómodo con ese encuentro.

—Sí, cierto, las pulsaciones —dice al tiempo que camina de espaldas, sin dejar de mirarlo —, ya... ya nos veremos por ahí algún día —añade.

Se despide de él con un movimiento de mano cuando está a cierta distancia, mira al frente, se coloca los auriculares para seguir escuchando Sweet dreams de Eurythmics y continúa con la carrera.

¿Qué mierda ha sido eso? ¿Qué clase de conversación ha tenido? ¿Tan difícil era preguntarle como estaba? ¿Darle las gracias por aceptar su solicitud de amistad? ¿Decirle un simple hola? Dios, se ha comportado como una adolescente que se enfrenta por primera vez al amor y es casi incapaz de caminar correctamente cuando ve al chico que le gusta.

Daryl sigue devolviéndole el saludo de despedida a pesar de que ella ya no lo ve. Dios, no se ha dado cuenta hasta ahora de cómo le están temblando las piernas.

—Algún día —repite las últimas palabras de Carol, sin dejar de observarla.

Está en buena forma, tiene un cuerpo atlético, piernas tonificadas y...

—Santo Dios —gime cuando en una de sus zancadas la camiseta se le sube un poco más de la cuenta y muestra los dos hoyuelos que tiene marcados en la parte baja de la espalda.

No entiende por qué, pero siempre ha tenido una preocupante obsesión por eso.
Le gusta dibujar, y en su época de "adolescente que está descubriendo su cuerpo" solía dibujar mujeres desnudas y siempre colocaba esos dos hoyuelos al final de la espalda.
Lástima que Janet no los tenga.
¿Y si cambia de rumbo y corre a junto a ella?
Dios, qué estupidez, va a parecer un puto psicópata ¿No es eso lo que quiere evitar?
Se coloca los auriculares y renueva la marcha antes de que empiece a pensar con la cabeza de abajo.
Tiene una vida feliz y una esposa preciosa y triunfadora. No puede echar eso a perder con ese tipo de pensamientos hacia esa mujer que no conoce de nada, pero que... se muere por conocer...


Carol entra por la puerta de casa. Dios, que le cuesta salir a correr en pleno junio, el calor empieza a ser sofocante, y los próximos meses irá a más.
Decidido: comprará una cinta de andar y correrá en la habitación, con el aire acondicionado puesto, así regulará la temperatura.

—Buenos días, cielo —dice la voz de su pareja desde la cocina —Te he preparado un batido de frutas de esos que te gustan —anuncia entregándole un vaso de cristal cuyo contenido es un líquido espeso color rosado que desprende un agradable olor dulce.

—Gracias —agradece casi sin voz, y se lo bebe casi de un trago, estaba sedienta, la botella de agua la vació justo después de encontrarse con Daryl, aunque no se la bebió, se la tiró por encima de la cabeza a ver si así dejaba de tener esos pensamientos no aptos para menores.

Mira a Tobin, que ha vuelto a su querido sillón, y se dispone a leer las noticias del periódico.
Entre esa costumbre, las camisas a cuadros, y la coronilla despoblada de cabello, está a un paso de ser la viva imagen de su padre.

—Voy a darme una ducha ¿Me acompañas? —pregunta con sonrisa pícara.

—Sabes de sobra que mi hora de la ducha es a la tarde noche —rechaza él.

—¿Aunque haya una preciosa mujer desnuda dentro de ella ahora mismo? —pregunta con voz seductora, pero él no contesta —Como quieras, pensaré en ti —bromea, y marcha de allí.

Deja caer el agua por su espalda. Le gusta ducharse con agua fría tras hacer deporte, siente como todos sus músculos inflamados por el ejercicio se relajan y vuelven a su estado natural.
No sabe que hará hoy, pero es domingo y quiere aprovechar el día, salir a comer fuera, ir a la playa, pasear... posiblemente Tobin no quiera acompañarla, es un hombre muy casero, pero no le importa, está acostumbrada a hacer planes en solitario, o con amigos.
En Washington tenía varios grupos de amistades, ya fuese para salir a bailar, hacer deporte, charlar o ir al cine, en cambio en Georgia... pues por lo pronto sólo tiene a Andrea, sus antiguas amistades están todos en Carolina del Sur. Quizás un día vaya a hacerles una visita.

Agudiza el oído, le ha parecido escuchar su teléfono.
Cierra el grifo.

—Mierda —gruñe.

Exactamente, I love Rock n' roll de Joan Jett, canción que tiene como tono de llamada, está sonado.
Se envuelve rápido en una toalla y corre a la habitación a por su móvil.
Es Andrea.

—Dime —responde a la llamada.

—Hey, Carol, dice mi suegra que vengas a casa, que te tiene que dar las llaves del buzón —dice Andrea al otro lado del teléfono.

En efecto, la suegra de Andrea, y por ende, la madre de Merle y Daryl, es su casera.
Su marido y ella ganaron dinero con la compraventa de inmuebles en la época del llamado "Boom inmobiliario" y ahora mismo es propietaria de tres.
Fue Andrea quien las puso en contacto cuando le dijo que buscaba una casa de alquiler para los tres meses que pasará en esa ciudad.

—De acuerdo, dile que sobre las cinco y media estaré allí —asegura.

—Vale, cariño, yo estaré aquí, ya nos veremos.

Se despiden con un saludo rápido y cuelgan el teléfono.
Carol mira la pantalla del móvil, pensativa.
Andrea estará allí, pero... ¿Y Daryl? Espera que no lo esté, ¿O sí?
Aggg, ni su propia mente se aclara con lo que quiere.

Se dispone a vestirse, pero cuando se mira en el espejo de su habitación se da cuanta de algo: No ha terminado de ducharse, su pelo aún está lleno de champú.
Resopla.
A despistada no le gana nadie.


Daryl frota una toalla sobre su cabello húmedo. Es increíble lo bien que sienta una ducha fría tras hacer ejercicio, se siente de lo más despejado y relajado. Eso exceptuando el encuentro que ha tenido con esa mujer.
Dios, se siente ridículo, lo fácil que habría sido tener una conversación normal con ella tras chocar "Uy, vaya otra vez tú, qué coincidencia ¿Qué tal estás? ¿Te gusta correr? ¿Sales mucho por esta zona? " pero no, tuvo la conversación más torpe de su vida, le recordó al día que de niño haciendo un teatro en el colegio se le olvidó la letra y lo único que se le ocurrió hacer fue salir huyendo del escenario.
Ahora recuerda el momento y se ríe, pero en su día lo pasó realmente mal.

Dios, ¿Qué pensará de él ahora mismo?
Su teléfono comienza a sonar.

— Gracias a Dios —exhala.

Será Janet, seguramente. Ya habrá llegado al aeropuerto, recogido a su cliente y ahora es cuando se ha acordado de...
Es Andrea.

—Hey, ¿Ocurre algo? —pregunta al descolgar.

—No, nada, sólo que estamos en casa de tu madre, y hemos pensado en comprar unos pasteles y merendar todos juntos ¿Os apuntáis?

Daryl se lame los labios.

—Janet no está, ha tenido que ir al aeropuerto a recoger a unos clientes para reunirse con ellos, pero yo si iré —informa.

Le vendrá bien estar en familia para despejarse, le gusta esas reuniones familiares. Su madre diciéndole que se afeite y corte el pelo, sus sobrinos mayores hablando de cosas propias de su edad, Andrea regañándoles, Lilly haciéndole reír con alguna de sus inocentes preguntas, Merle bromeando con su madre...
Adora a su familia, son geniales.

—De acuerdo, a las seis te esperamos —dice Andrea, y cuelga sin darle tiempo a dar objeciones.

Daryl mira la pantalla.
A las seis estará allí, pero antes llamará a Janet por cuarta vez, a ver si esta vez tiene suerte y coge el teléfono, está preocupado por ella.


Carol llama al timbre de la casa de la suegra de Andrea, le tranquiliza saber que su amiga está ahí, su coche está aparcado en la puerta y la voz de su hija gritando "Yo abro" resuena hasta en el exterior.

—¡Hada! —saluda la pequeña.

Se lanza a sus brazos antes de que ella se de cuenta. Por suerte es rápida de reflejos.

—Hola, preciosa, ¿Qué tal estás? ¿Dónde está tu madre? —pregunta.

Echa un vistazo al interior en busca de vida, y por suerte Andrea hace acto de presencia y la invita a entrar.
Cruzan el salón donde Merle está sentado cómodamente viendo la Fórmula 1 con sus hijos.
El sonido del motor de esos bólidos retumba en la sala como un enjambre de avispas enfurecidas.

—¡Por Dios, Merle, baja el volumen a eso! —regaña Andrea, a lo que su marido obedece sin rechistar —¿Qué tal estás hoy? ¿Mucha resaca? — pregunta curiosa, mirando a Carol de reojo.

—La verdad es que no, no bebí mucho, he amanecido bastante fresca —responde con sinceridad.

Deja a Lilly en el suelo y entran a la cocina, donde el delicioso aroma a café inunda sus fosas nasales.

—Buenas tardes, señora Dixon —saluda cordialmente Carol.

—Oh, por Dios, nada de señora Dixon, llámame Anne —corrige ella con una sonrisa.

Abraza a Carol con fuerza, ignorando la mano que le estaba tendiendo, odia las formalidades, y más si la mujer que tiene delante es la amiga de su nuera, a la cual quiere como a una hija.

— Me alegro de conocerte, Andrea me ha hablado mucho de ti —confiesa sonriente.

Carol mira a su amiga alarmada.

—Miedo me da lo que te ha podido contar —dice entre dientes.

Anne se echa a reír. Sabe que es la chica que intentó presentarle a Daryl, que perdió a sus padres demasiado joven y que se convirtió en madre demasiado joven también. Le recuerda mucho a ella.

—No te preocupes, nada malo, cariño ¿Quieres tomar algo? —pregunta servicial.

—No, gracias, muy amable, sólo he venido a recoger las llaves y me marcho —rechaza Carol con suavidad.

Anne hace como que no la ha escuchado y coloca otra taza y cucharilla más sobre la mesa. Tiene como costumbre que toda aquella persona que llegue a su casa a la hora de la merienda se quede a tomar un café al menos.

Carol mira a Andrea buscando ayuda, pero ella sólo niega con la cabeza y se encoge de hombros, no piensa decirle nada a su suegra.
Tendrá que merendar ahí, qué le va a hacer...
Mira a su alrededor un poco cohibida, la cocina es antigua, la típica cocina de abuela, con sus cientos de figuritas pequeñas adornando la estancia, la vajilla buena asomando orgullosa tras un mueble cristalera, la nevera llena de imanes de "recuerdo de..." y sobre ella una cesta de mimbre llena de cajas de medicinas, un calendario de parad lleno de... ¿Bomberos en poses sugerentes?

—Hicieron un calendario solidario, para recoger dinero en ayuda a las familias necesitadas —explica Andrea, que se ha percatado de lo que está mirando su amiga —. Hicieron dos modelos de calendario, uno con los hombres y otro con las mujeres, y aunque no te lo creas el de los chicos se vendió más —añade con una sonrisa.

Carol pasa las hojas del calendario, no le extraña, un bombero es la fantasía erótica de muchas mujeres ¿La suya también? nunca se lo había planteado.
Llega a Merle, el tío está sentado apoyado en la rueda del camión, con el casco sobre sus partes y devorando la cámara con la mirada.

—Tuve que depilarlo con cera caliente para ello, tenías que haber visto como gritaba ese tío duro —ríe Andrea al recordarlo.

—Como un cerdito —se burla Lilly

—Mi Merle siempre ha sido muy velludo, salió al padre, todo lo contrario de mi Daryl ¡Míralo, es el mes de noviembre! —dice Anne.

Carol traga saliva y comienza a pasar las páginas.
Mes de noviembre... qué buen regalo de cumpleaños.
"Madre mía" murmura para sí.
Está vestido sólo con los pantalones del uniforme y los guantes de seguridad, cargando sobre su hombro la enorme manguera del camión y mirando a la cámara muy serio, con el cabello húmedo pegado sobre su rostro y esa mirada intensa que traspasa el papel y llega a su alma.

—Le dije que no se tatuase mi nombre, que eso iba a espantar a las mujeres, pero nada, le entró por un oído y le salió por el otro —comenta Anne.

Carol sonríe.
Claro, "Anne" ese es el nombre de mujer que tiene sobre el pecho.
Qué tierno... y... joder ¿Dónde podría conseguir un calendario de esos? O el mes de noviembre al menos.

Daryl llama a la puerta de casa de su madre, escucha a su sobrina en el interior, esa casa siempre ha tenido muy buena acústica, o muy mal aislamiento. Todos los vecinos pueden enterarse de sus conversaciones, menos mal que las peleas era algo atípico entre ellos.

—Hey, Darlina —saluda Merle, estrechándole la mano.

—¡Tío, Daryl! —grita Lilly.

—Hola, sinvergüenza —saluda Daryl.

Coge a su sobrina en brazos y besa su mejilla pringosa, ha debido de estar comiendo alguna golosina.

Agudiza el oído, su madre está hablando con alguien en la cocina.
Escucha lo que dice.
"Uy, mi Daryl nació con un sólo testículo, el otro no bajó, y..."

—La abuela está contando la historia de tu huevo, otra vez —ríe Lilly.

—Mierda, mamá —gruñe.

Siempre le cuenta la misma historia a cada persona nueva que conoce "El relato del testículo de Daryl que tardó en bajar" Dios, de niño le avergonzaba cuando lo contaba, y ahora aún más, lo peor es que normalmente ese relato iba acompañado de pruebas fotográficas. La mitad de Georgia ha visto sus pelotas.
Camina hacia la cocina a paso ligero para interrumpir esa maldita charla.

—¡Mamá, cuantas veces te he dicho que...

Las palabras mueren en su boca, ella está ahí, ¿Qué hace ahí?
La ha pillado con las manos en la masa, mirando su página en ese calendario que tanto odia, pero en cuanto él ha hecho acto de presencia lo ha soltado, dejando caer las hojas hasta el mes en el que están actualmente y ha escondido las manos a la espalda como si ocultase algo.
Le gustaría preguntarle "¿Te gusta lo que ves?" pero todo su descaro ha enmudecido de nuevo, esos malditos ojos lo vuelven idiota.

—El testículo ya me bajó —informa.

¿El testículo ya me bajó? ¿Eso es lo único que se le ocurre decir? ¿Qué coño le pasa?

Merle carraspea aguantando la risa.

Carol sonríe con suavidad.

—Me alegro —dice tímida —. Sa...sales muy bien en la foto —tartamudea.

Dios, debe de estar tan roja como uno de esos tomates de plástico que adornan ese frutero de la mesa, ¿Tenía que presentarse justo en el momento en el que estaba babeando con su imagen?

Andrea se coloca entre ellos.

—Bueno, casi diez años después al fin podré presentaros oficialmente —dice mirándolos sonriente — . Daryl, ella es mi amiga, Carol Peletier; Carol, él es mi cuñado, Daryl Dixon —los presenta.

Caryl y Daryl miran a Andrea asesinándola con la mirada ¿Eso era una encerrona?
¿Por eso lo invitó a merendar?
¿Por eso la llamó para que recogiese las llaves?
Se va a enterar luego.

Daryl mira a la mujer que tiene frente a él, está observándole mordiéndose el labio con timidez.
¿En serio tiene que presentarse como si fuera la primera vez que se ven? Eso es ridículo.
Mira a Andrea de soslayo. La va a matar.

—Encantado, Carol —saluda.

Se acerca más a ella y apoya la mano en su hombro, de nuevo siente esa descarga eléctrica recorriendo su cuerpo en cuanto hacen contacto.
Aproxima sus labios a su mejilla y la besa con suavidad, tiene la piel ardiendo, supone que por el calor de finales de junio, y huele bien, como a frutas.
Ella ha apoyado las manos sobre su pecho, inundando su cuerpo de una agradable calidez.

—Igualmente —devuelve el saludo ella.

Carol recoge un suspiro. Ha besado su mejilla, su barba áspera ha rozado su rostro y ha hecho que se le erice la piel como si un cubito de hielo se hubiese deslizado por su espina dorsal.

Sigue con la mirada el movimiento que hace para dirigirse a la otra mejilla, sus narices chocan de lo cerca que están, y siente que...
Dios, ¿Qué coño le pasa? es sólo un par de castos besos, como los que da cualquier persona cuando saluda por primera vez a alguien.
¿A qué viene ese cosquilleo?

A Daryl le cuesta dejarla ir, besa su mejilla yse desplaza lentamente por ella, hasta flotar por encima de la comisura de sus labios rojos destacando sobre su pálida piel.
Su corazón le susurra que la bese, y su mente le grita que está casado.
Dios, ¿Se ha vuelto loco?
Se aleja lentamente de ella, fingiendo normalidad y la mira a los ojos, rezando para que no se haya dado cuenta de la pausa que ha hecho sobre sus labios.

—Yo... sólo vine por las llaves de mi buzón —informa ella.

No sabe por qué, pero ha sentido la necesidad de excusarse, que vea que ella no forma parte de ese plan, que no sabía que estaría ahí, aunque una parte de ella lo deseaba.

Daryl la mira pensativo. ¿Llaves de buzón? ?Qué dice? Espera un momento...

—¿Le has alquilado una casa a mi madre? —pregunta curioso.

Carol asiente.

—Sí, en la calle... —piensa. Dios, siempre ha tenido muy mala memoria para los nombres, y esos ojos mirándola fijamente no ayudan —No recuerdo el nombre de la calle, pero está frente al colegio público —explica tímida.

Daryl traga saliva, sabe perfectamente la casa que es, de hecho, su casa está justo en la calle de atrás, y desde la ventana de su baño puede ver la de su habitación.
Sacude la cabeza intentando eliminar los perversos pensamientos que han acudido a su mente.
La vuelve a mirar a los ojos, procurando no ahogarse en ellos.
Difícil...
Quiere seguir hablando con ella, pero de nuevo no le salen las palabras, son tantas las cosas que le gustaría preguntarle que las palabra se le enredan y teme volver a decir alguna gilipollez.

—Tío Daryl —Llama Lilly, tirándole del pantalón. Él la mira —¿Qué es una MILF? —pregunta, escupiendo un poco al pronunciar la letra F.

Daryl busca a la madre de esa criatura, alarmado.

—¿Dónde has escuchado eso, mi niña? —pregunta Andrea, sabiendo la respuesta.

—Sam dice que Janet es una MILF ¿Es una palabrota?

—¡Chivata! —grita Sam entrando a la cocina.

—Por Dios, Sam, que te dobla la edad —regaña Andrea, acercándose a él para darle una colleja.

—Pues por eso es una MILF —replica él entre risas, y huye de allí antes de que su madre lo alcance.

—¡Ja, ahí te ha dado, mamá! —ríe Matthew desde el salón.

—¿A que voy para allá en forma de hostia? —amenaza Andrea asomando la cabeza por la puerta —¿Has visto lo que tengo que aguantar? cuanto más grandes peores son —dice cansada.

Daryl niega con la cabeza entre risas. Sus sobrinos siempre han sido unos pillines, y a esa edad tienen las hormonas más que revolucionadas, aunque debería darle un tirón de orejas a Sam en cuanto pueda por mirar a Janet con esos ojos.

Carol, también está sonriendo. Tiene una sonrisa realmente bonita, capaz de desordenar todas sus emociones.

—¿Me vais a decir lo que es una MILF o no? —pregunta Lilly malhumorada.

—Una mujer adulta muy guapa —da un resumen inocente Daryl.

Ni loco le dice a lo que realmente se refiere su hermano. Esos niños... ¿Dónde habrán escuchado esa palabra? O peor aún ¿Dónde la habrán visto? Ahora en internet encuentran de todo con facilidad...

Lilly se rasca la nariz pensativa y mira a su alrededor. Miedo le da cuando hace eso.

—Entonces... ¿Mamá es una MILF? —pregunta sonriente creyendo haber entendido el término.

Daryl mira a su cuñada rezando para que lo saque de ese aprieto, pero ella finge no escuchar, y se limita a terminar de poner la mesa para la merienda.
"No me hagas decir si te veo atractiva o no, hija de puta" piensa.

—Oh sí, tu madre es una de esas —responde Merle —Pero como yo la llame MILF es capaz de sacarme los dientes de un puñetazo —bromea.

Mira a su mujer de forma seductora, y ella niega con la cabeza diciéndole con la mirada "Eres idiota, mi amor".

—¿Y mi hada también es una MILF? —pregunta de nuevo la pequeña.

Daryl traga saliva,joder, ¿No va a olvidar el tema?
Mira a Carol, la cual agacha la cabeza evitando hacer contacto visual.
Joder, cómo responde a eso. Si dice que no, puede ofenderla al pensar que él no la ve atractiva, y si dice que sí también se puede ofender al pensar que él la ve como una mujer veinte años mayor que él.
Dios...
Le encantaría saber que pasaría con cada una de esas opciones, y así elegir la adecuada. Aunque si tuviese ese poder lo habría utilizado hace años para elegir correctamente a la mujer de su vida.
¡La cual es Janet! ¿Qué narices le pasa?
Mira a Andrea, rogando por que le eche una mano, pero la muy hija de su madre lo mira expectante, con los brazos cruzados sobre el pecho y una sonrisa divertida dibujada en sus labios diciéndole "A ver que respondes, guapito"

Coge aire, que sea lo que Dios quiera.

—Sí, claro, tu hada también—se atreve a afirmar —Aunque no es correcto que yo te llame así... —añade en un susurro avergonzado.

Vuelve a mirarla, y su rostro se ilumina al darse cuenta de que su respuesta ha sido la correcta. Puede ver una suave sonrisa halagada que ella intenta disimular escondiendo el rostro entre sus hombros.

Imposible no querer besarla

—Es cierto lo que dicen, tu mujer es muy guapa —susurra Carol.

Quiere que él sepa que ella sabe perfectamente que está casado, que conoce el nombre de su mujer, y que no pretende tener nada con él. No vaya a ser que piense que Andrea los ha presentado ahora para forzarlos a salir.

Y la magia se rompe.
Daryl vuelve a sacudir la cabeza, ¿Se está volviendo loco o qué? ¡Está casado! ¿Por qué lleva todo el día pensando así de ella?

—¿Y la abuela? —vuelve a preguntar Lilly.

—Vale, se acabaron las preguntas, te prohíbo pronunciar esa palabra de nuevo —la detiene Merle.

Agarra a su hija y la lleva casi en volandas hasta la silla de la cocina, donde su batido de fresa y donut de chocolate la esperan.

Anne invita a Carol a sentarse entre Andrea y ella, teniendo a Daryl justo en frente.

Merle llama a sus hijos a gritos, para que acudan a merendar y se siente a un lado de su hija, mientras su hermano está al otro.

Andrea va sirviendo las tazas de café, conoce perfectamente como le gusta a cada uno de los allí presentes.

—Coge un paste, querida —invita Anne.

Le acerca una bandeja llena de Donuts, palmeras, croissants, y otros dulces variados, de chocolate, nata o crema.

—Oh, muchas gracias, de verdad, pero yo no suelo merendar más que un café o fruta —rechaza con educación.

—Tonterías —farfulla Anne.

Agarra uno de los donuts de chocolate y se lo coloca en las manos a Carol, y más le vale que se lo coma, porque a insistente no le gana nadie.

Carol mira el pastel, a la mierda los kilómetros que ha hecho hoy corriendo.

—¿No te gusta el chocolate? —pregunta Lilly extrañada.

Carol dirige la vista hacia ella y sonríe, tiene toda la boca llena de chocolate, incluso la punta de la nariz.

—Me encanta el chocolate, diría que soy adicta, incluso compré un gel de ducha de chocolate y... ¿Te digo un secreto? —Lilly asiente emocionada —No sabe tan bien como huele —confiesa en una mueca de asco.

Lilly ríe con ganas, y Carol se sonroja cuando escucha la risa de Daryl también, por un momento se había olvidado de que estaba ahí.

Daryl la observa a través de su taza de café, está conversando con su sobrina, siguiéndole el juego en sus fantasías infantiles y haciéndola reír una y otra vez.
Le parece adorable, y con ambas comisuras manchadas de chocolate parece aún más niña que Lilly.

—Ay hijo, a ver si te cortas esas greñas de una vez, me duele verte así —le regaña su madre —Dile tú algo, muchacha, que a nosotros no nos hace caso —pide a Carol.

—Mamá — resopla avergonzado.

Siempre tiene que salir la misma conversación en la mesa, y como tenga algún otro invitado intenta ponerlo de su lado.

Carol agacha la cabeza y sonríe tímida.

—Uy, Anne, no conseguirás que te de la razón —ríe Andrea —. Aquí mi amiga siempre ha tenido una debilidad por los hombres barbudos, melenudos y tatuados, supongo que por eso la mayoría de sus novios han sido moteros —informa.

Carol siente como Andrea le da un par de palmadas sobre la espalda.
Será chivata.
Mira a Daryl, que la observa ¿Sonriendo? ¿Le gusta que le atraigan ese tipo de hombres?

Daryl se mesa la barba, de repente la idea que pasó por la cabeza de afeitarse y cortarse el pelo se ha esfumado.
"Lo siento mamá" piensa.

—¡Tienes un tatuaje! —se da cuenta Lilly.

Carol mira su muñeca, el reloj se ha desplazado ligeramente hacia abajo y muestra parte de un nombre que aún le duele pronunciar.

—Sí, es... —empuja el reloj para mostrar su tatuaje entero —es el nombre de mi hija —informa.

coloca el brazo en vertical para que puedan leer el nombre correctamente.

—No sé leer —se queja Lilly.

—Pone Sophia, cariño —explica Andrea.

—¿Sophia? Es bonito ¿Y dónde está? No la vi en la boda —pregunta con toda su inocencia.

Carol sonríe con amargura, y Andrea se da cuenta de ello.

—Lilly cariño, no...

—Se fue al mundo de las hadas nada más nacer, hace veinte años —interrumpe Carol.

Agacha cabeza, y siente como Anne y Andrea frotan su espalda intentando calmar el doloroso recuerdo.
Dicen que la cara de tu hijo al nacer no se olvida, y tienen razón, pero por desgracia ella jamás escuchó el llanto de su niña tras ver su precioso rostro.

Daryl abre mucho los ojos, no conocía ese dato... ¿Fue madre? ¿Tuvo una niña a los veinte años? ¿Por qué nadie le dio ese detalle?

Abre la boca intentando sacar unas palabras de ánimo para...

Su móvil comienza a sonar.

—Perdón, es Janet —se disculpa.

Se levanta de la mesa y se aleja de la cocina hacia la que era su habitación, y que su madre ha decidido conservar para cuando sus nietos se queden a dormir allí.

—Habla más con ella cuando no está presente que cuando está sentada junto a él —masculla Anne.

—Mamá... —regaña Merle.

Es bien sabido que Janet no es santo de devoción para ella. Odia que se pase las comidas mirando su teléfono, que no participe en las conversaciones, que prácticamente ignore a sus sobrinos, que no sea cariñosa... pero aún así la acepta, porque es la mujer que ha elegido su hijo, y aunque no entiende cómo ni por qué, a él le hace feliz.

Carol tapa su tatuaje y mira su reloj.

—Yo... debería irme, Tobin debe de estar preocupado, le dije que sólo venía a recoger las llaves —murmura Carol.

Se levanta a toda prisa decidida a marcharse, y se despide de Matthew, Sam, Lilly, Merle...

—Gracias por la merienda, Anne —agradece.

La mujer la abraza enviándole toda su fuerza, ella también sabe lo que es perder a un hijo nada más nacer. Esperar nueve meses pacientemente, amar cada movimiento suyo, preparar su habitación, su ropa, llamarlo por su nombre, y acabar volviendo del hospital con las manos vacías...

—Despídeme de Daryl —pide a Andrea.

Se aleja de allí dejando a esas maravillosas personas atrás y sale por la puerta justo en el momento en el que Daryl vuelve a la cocina.

—Lo siento, Janet... —mira a los presentes —¿Y Carol? —pregunta.

—Se ha ido ya —responde su madre con dureza —Y al final se ha dejado las llaves de buzón, llévaselas cuando vayas a casa —ordena.

Daryl mira las llaves que tiene en la mano, deberá dárselas, disculparse con ella y...

Janet vuelve a llamar.


Hola, espero que os haya gustado el capítulo :)

Sé que no ha tenido mucha interacción directa entre ellos, y la que han tenido ha sido un poco torpe XD.

He querido presentaros un poco como son Tobin y Janet, como habréis comprobado, no son malas personas, quieren a sus parejas, pero es un matrimonio que no termina de encajar.
Daryl repite que su mujer es muy guapa y triunfadora, y Carol que su marido la trata bien y la cuida, pero ahí falta algo que poco a poco se van dando cuenta de quien lo tiene. Por lo pronto sienten esa atracción física que luchan por controlar.

La verdad es que le he dado muchas vueltas sobre qué hacer con Sophia, barajé que fuera su hija de 20 años, que no existiera y al final me quedé con el más triste. Lo siento XD.

El acrónimo MILF, significa "Mother I'd Like to Fuck ". Supongo que lo conoceréis, pero por si acaso...

En el próximo capítulo tendrán sus primeros mensajes de Whatsapp, donde se atreverán a ser ellos, contrastando con los momentos en los que se vean en persona que seguirán siendo unos torpes.

Como siempre, muchas gracias por vuestros comentarios ^^