3. La tentación vive en frente

Daryl mira las llaves que su madre ha dejado sobre sus manos.
Reconoce el llavero con la forma de la Torre Eiffel, es uno de los souvenirs que le trajo cuando volvió de su Luna de Miel en París.
Un recuerdo de su matrimonio cuelga de las llaves del buzón de la casa de Carol. No sabe qué pensar sobre eso.

La puerta de la entrada de la casa se abre y puede oír la voz de su padre hablando con sus nietos, y los ladridos de Sauron, un perro labrador negro de dos años que se vuelve loco cuando hay niños en casa con los que jugar.
El animal fue un regalo de navidad para Janet, pero no le hizo mucha gracia tener que estar limpiando orines, recogiendo pelos y tener que sacarlo a pasear varias veces al día, por lo que le pidió que le buscase otra casa. Y eso hizo, sus padres están encantados con Sauron, y él, cada vez que puede, se lo lleva de ruta para que descargue energías.
Le encantan los perros, por desgracia a su mujer no. Supone que "tener mascota" es algo más que añadir a la lista de "cosas que ha sacrificado por el bien de su matrimonio".

—Andrea, hija, ¿Qué tal estás? -saluda el hombre algo fatigado por el calor.
Acaba de volver de su huerto, y viene cargado con una bolsa llena de tomates más grandes que su mano.
El viejo Will se acerca a su mujer para darle un beso.
—Las gallinas apenas están poniendo, esta fecha es muy mala para ellas —informa.
Saca unos cuatro huevos del bolsillo del pantalón y los deja sobre la mesa.
—Mejor, no me gustan los huevos, salen del culo de las gallinas —farfulla Lilly.
Sus abuelos se echan a reír. Adoran las tonterías inocentes y no tan inocentes que dice.
Will se da cuenta de que Daryl está en casa, ensimismado mirando algo.
Le da una fuerte palmada en la espalda para sacarlo de sus pensamientos. Sean cuales sean.
—Hey, hijo, ¿Dónde está Janet? —pregunta.
Daryl se sobresalta. Su padre es un bruto.
—Oh, ella... está reunida con unos clientes —responde.
Will se quita la gorra para rascarse la cabeza.
—¿No sabe que los Domingos son para descansar? Debería desconectar un poco del trabajo, o acabará pasándole factura a su salud —murmura.
Se sienta a la mesa donde su mujer lo espera con su taza de café, las pastillas para la tensión y un buen trozo de pastel sin azúcar que compró expresamente para él.

Daryl alza la vista del llavero.
Ha sido un capullo, se marchó a hablar con su mujer justo cuando Carol estaba revelando esa triste escena de su pasado. Pero es que, joder, estaba preocupado por Janet, y de todos modos... ¿Qué iba a decir él? Ella hace que se le olviden las palabras, y ese dato sobre su vida le pilló tan de sorpresa...
Mira a su cuñada que está fregando las tazas, y decide abordarla
—Andrea... ¿Por qué nunca me contaste lo de su hija? —pregunta un poco molesto.
Se encoge de hombros ignorando su tono de voz.
—Que yo sepa nunca te conté nada de ella. Nunca quisiste conocerla, y dudo que esa información hubiese cambiado algo ¿O sí? —pregunta distraída, más concentrada en despegar los grumos de las tazas y... La madre que la parió, Lilly ha llenado un tazón con caramelo líquido. Esa niña...
Daryl cambia el peso de su cuerpo.
—No sé, quizás si lo hubiese sabido habría accedido a salir con ella para intentar animarla —responde a su pregunta.
Andrea lo mira un instante y ríe sarcástica.
—¿Habrías salido con Carol por pena? No me habría interesado eso. Quería que quedaseis porque erais muy parecidos en lo que a gustos y aficiones se refiere, además ella era tu tipo de chica, tú su tipo de chico, y puestos a que volviese a salir con capullos barbudos y tatuados con más antecedentes penales que neuronas pues prefería que saliese contigo. Habríais hecho muy buena pareja, peeero ese barco ya zarpó, cariño —le da un par de suaves y húmedas bofetadas en la mejilla cuando pasa por su lado para dirigirse al cajón de los trapos y coger uno para secar los vasos —. Tú estás casado, y ella lleva siete años con Tobin, se quieren, aunque él sea un potus —añade.
Señala a la planta que está colgada en una maceta de la cocina para que vea a lo que se refiere. Iba a hacer un comentario sobre que Janet es más teléfono móvil que persona, pero se lo calla.
Daryl se limpia la humedad de la mejilla con la mano y la sigue para continuar la conversación.
—¿Por qué habríamos hecho buena pareja? ¿Qué tenemos en común? —pregunta curioso.
Sabe que le gusta correr, al igual que a él, pero por lo demás...
Andrea se cruza de brazos toda digna y señala con la barbilla las llaves que tiene en la mano.
—¿Por qué no se lo preguntas a ella? —propone.
Daryl mira el llavero.
Preguntárselo a ella...
Como si pudiese formar dos frases coherentes cuando la ve.
Y hablando de verla...


—Ya estoy en casa —saluda Carol cuando entra por la puerta.
—Hola, cariño, hay café recién hecho en la cafetera, y he tostado pan —informa Tobin.
Se acerca a ella para robarle un casto beso y vuelve a su sillón.
—Eres muy amable, cielo, pero ya merendé, si tuvieses móvil te habría avisado de ello —sonríe.
Tobin se encoge de hombros quitándole importancia.
Ella suspira y observa su figura sentada con el mando de la tele en su regazo. Siempre le gustó lo alto que es, se siente tan pequeña y protegida entre sus brazos, aunque luego sea ella la que tenga que enfrentarse a las arañas.
Se pregunta como sería ser abrazada por Daryl, tiene unos brazos fuertes, hombros anchos, huele bien, y esos tatuajes...
¡Dios, deja de pensar en él! Ni siquiera le hizo caso en la merienda, en cuanto llamó su preciosa esposa se fue corriendo a hablar con ella. Está enamorado. ¡Y ella también lo está! Tobin es maravilloso.
Sacude la cabeza para volver a la realidad, aunque la imagen de él en ese calendario no deja de rondar por su mente. Estaba tan sexy...
¡Céntrate, Carol! Se regaña mentalmente.
Comienza a desvestirse, se muere por ponerse su ropa de estar por casa, que básicamente consiste en quedarse en ropa interior, descalza y con una camisa de Tobin encima.
Le gusta estar así, quizás luego salga a cenar con Andrea, pero mientras tanto se pondrá cómoda.
—¿Te dieron las llaves del buzón? —pregunta Tobin sin mirarla.
Carol casi tropieza con sus propios zapatos. Mierda, las llaves. Se pellizca el puente de la nariz. Sabía que se le había olvidado algo. Ese Daryl la ha vuelto más despistada de lo que normalmente es.
—Sí... me las dieron... —responde arrastrando las palabras.
—Y te las has dejado olvidadas —llega a la conclusión por su tono de voz. Es muy mala mentirosa, siempre lo ha sido.
—Ajá —afirma —mañana volveré a por ellas, no te preocupes —asegura.
Desliza los pantalones por las piernas dejando al descubierto sus bragas.
Son blancas, de esas de algodón feísimas que llegan casi hasta el ombligo pero que son condenadamente cómodas.
Tiene que admitirlo, le encanta utilizarlas de ese tipo, para hacer deporte son las mejores.
Eso sí, a la hora de salir a cenar o si quiere seducir saca su artillería pesada y se viste con su más fina lencería de encaje y transparencia que excitarían a un muerto.
Tobin resopla cuando ve lo que está haciendo.
—¿En serio, Carol? ¿Por qué tienes la manía de desvestirte en el salón para luego correr desnuda hasta la habitación?
—Porque es donde estás tú —replica con voz seductora, pero la magia se rompe cuando el cuello de la camisa se engancha con uno de sus pendientes y la deja atrapada.
Trastea a ciegas intentando desengancharla.
—Pues no me gusta, por cosas como estas te pasas el invierno resfriada -gruñe él, como si hubiese olvidado que ahora mismo están en verano.
—Dios, Tobin, tienes una mujer casi desnuda y atrapada a tu lado ¿En serio lo único que se te ocurre hacer es regañarle? —masculla aún intentando quitarse la camisa.
Joder, el pendiente tiene forma de estrella, y una de sus puntas ha debido engancharse bien en algún hilo.
Tobin se echa a reír, se levanta, se acerca a ella, y desengancha el pendiente, concediéndole la libertad.
—Ala, ya te ayudé, de nada, ahora corre a vestirte —ordena, dándole un azote juguetón en el trasero y se vuelve a sentar.
Carol lo mira interrogante.
No era ayuda lo que buscaba precisamente. Bueno sí, pero quería algo más después. Dios, a veces le da la impresión de que no hablan el mismo idioma y necesita subtítulos.
Debió haber sido más literal y haberle dicho:
"Vengo más caliente que el asfalto de Georgia en pleno mes de agosto, por lo que quiero que me empotres contra el sofá y me la metas hasta en el bolso"
Hasta le habría salido un pareado...
Se aleja del salón farfullando una maldición. Pasa de molestarse en buscarlo. Cuando su soldado tenga ganas de guerra que la busque, y si no lo hace tiene un sustituto que siempre está dispuesto, que además vibra, y que si falla se arregla con un cambio de pilas.


"Ey, preciosa, aquí tienes tus llaves"
No, demasiadas confianzas.
"Hola, Carol, ¿Qué pasa? te dejaste las llaves en..."
No, demasiado informal.
"Buenas tardes, señora Peletier, disculpe la molestia, pero se dejó las llaves..."
No, ahora es demasiado formal.
"Buenas tardes, Carol, perdona que te moleste, pero te dejaste las llaves del buzón olvidadas en casa de mi madre y me ha pedido que te las traiga"
¡Sí, esa es perfecta!
Ahora toca armarse de valor y llamar a la puerta.
¿Por qué coño es tan difícil?
Mira a su alrededor.
La casa está silenciosa, casi parece que no vive nadie ahí, si no fuera por la Harley Davidson que hay aparcada en la puerta.
Como no, seguro que su pareja es un pedazo de tío, con los brazos tan grandes como sus muslos, tatuajes hasta en las cejas, melena al viento, barba de cuatro metros como las de los componentes la banda ZZ Top, y...
¿Y qué más le da?
Ella puede estar con quien le de la gana, es su vida, no le importa lo que haga con ella. Además, él ya tiene a una mujer preciosa en casa esperándole. Bueno, no está en casa, ahora no, pero volverá.
Sacude la cabeza y llama a la puerta sin darle más vueltas.
Entregarle las llaves, disculparse por su comportamiento en casa de sus padres e irse, no tiene que hacer nada más.
Escucha como alguien trastea desde el interior en el cerrojo de la puerta.
Las manos le sudan, el corazón se le acelera, la mente se le nubla y...
Y nada...
Vuelve a respirar.
—Hola, buenas tardes ¿Puedo ayudarle en algo? —pregunta el hombre que ha abierto la puerta.
Daryl se aleja dos pasos para asegurarse de que no se ha equivocado de casa.
¿Ese era su marido motero? Pues vaya mierda de Ángel del infierno...
Sonríe sin saber por qué.
—¿Está la señorita Peletier en casa? —pregunta con seguridad.
—¿Quién pregunta?
Daryl hincha pecho y se alza cuan alto es. Un poco estúpido, porque el tío es casi tan grande como la puerta, pero no sabe por qué, sus instintos primarios le piden que demuestre su poderío como macho Alfa.
—Soy Daryl Dixon —responde como si hubiese anunciado el nombre de alguien de la realeza, y se sonroja al darse cuenta de lo ridículo que ha quedado —, El... el hijo de su casera —añade mirándose los pies nervioso, perdiendo toda la fuerza inicial.
Tobin arquea una ceja.
—Espera aquí —pide con sequedad.
Cierra la puerta y marcha al interior, donde pilla a Carol con una de sus camisas a cuadros talla XL a medio abrochar.
—Cariño, el hijo de tu casera está aquí, pregunta por ti —informa, y vuelve a su sillón, dejando que ella se encargue de ese tío raro.
Carol se congela y palidece.
¿Daryl está ahí?
A lo mejor es Merle, Dios, que sea el idiota de Merle.
Camina por el pasillo despacio, haciendo respiraciones como las que aprendió en clases de yoga, procurando relajarse.
Sujeta el picaporte de la puerta, que se resvala de su mano temblorosa.
Daryl se tensa de nuevo cuando vuelve a oír movimientos tras la puerta. Ahora sí, es ella.
Otra vez se le ha vuelto a acelerar el corazón ¿Qué tenía que decir? ¿Cómo era la frase? ¡Joder, no te bloquees ahora! Piensa, piensa.
"Buenas tardes, Carol, perdona que te moleste, pero te dejaste..."
La puerta se abre, y él... él se ha olvidado hasta de quien es.
La mira grabando su imagen en su cabeza y se alarma por los pensamientos que llegan a su mente.
Decapita el gemido que casi escapa de sus labios.
—Las... las... llaves, toma —tartamudea.
Se las entrega casi lanzándoselas a la cara y huye de allí a toda velocidad, tapándose el rostro con las manos y dejándola con la palabra en la boca.
Carol se queda unos segundos en la puerta, con las llaves en la mano mientras observa como el menor de los Dixon arranca la moto y se marcha.
¿Qué le ha pasado? ¿Por qué ese comportamiento infantil? Vale que ella puede que actuase igual de torpe ante él, pero ¿A qué...
—¿En serio, Carol? —pregunta incrédulo Tobin, sacándola así de sus pensamientos.
Ella se gira, cierra la puerta con un movimiento de cadera y deja las llaves en el cenicero de la entrada.
—¿En serio, qué?
—¿Has abierto la puerta así? —la señala de arriba a abajo.
Carol se mira.
—¡Ay, no! —murmura alarmada.
Ni se había dado cuenta de que está a medio vestir.
Lleva puesta la camisa a cuadros con un solo botón abrochado bajo el pecho y la ropa interior claramente visible. Claro, por eso su reacción, el pobre se habrá sentido de lo más incómodo.
Se había olvidado de que se estaba vistiendo, fue escuchar su nombre y activarse su nivel avanzado de despistes.
—Mierda, encima las bragas feas —se queja entre dientes.
Marcha a la habitación, cruzando la camisa sobre su pecho, como si eso fuese a reparar lo que ya ha hecho.
—¡Pues mejor, menos has mostrado! —grita Tobin desde su sillón.
Carol no lo escucha.
Dios, que ridículo más espantoso.
Joder, ¿Qué pensará de ella ahora?
Podría enviarle un mensaje, decirle que lo siente, que no se había dado cuenta de que estaba semidesnuda, que si busca "despistada" en el diccionario aparece su foto, que escuchar su nombre hace que pierda la cabeza. Bueno, eso último mejor no...


Daryl llega a casa, tira el casco al suelo, revolea las llaves sobre la mesa, se apoya en la puerta y se deja caer al suelo lentamente.
Esa mujer lo va a matar.
Dios, tiene un cuerpo precioso, aunque apenas ha tenido tiempo de verlo, la mente se le ha nublado cuando ha abierto la puerta y ha visto sus clavículas claramente marcadas, su piel salteada por pecas, sus pechos dentro de ese sujetador oscuro, sus pezones perceptibles que se erguían demandando atención, su vientre firme, pálido y... no pudo procesar más, tuvo que huír alarmado cuando toda su sangre fue a parar a su entrepierna.
Y ahí sigue...
No sabe como ha conseguido conducir hasta casa.
Toma aire por la nariz, lo expulsa lentamente por la boca e intentan desviar sus pensamientos a otro recuerdo menos excitante para que la sangre vuelva a circular con normalidad por todo su cuerpo.
Cada vez que cierra los ojos puede verla, y no quiere acabar jugando al solitario para bajar esa erección con ella en su mente. Luego se sentiría mal al tener la sensación de que ha engañado a su mujer.
Joder, su cuerpo no reaccionaba de esa manera desde... desde que era un adolescente de hormonas revueltas. No es la primera mujer en ropa interior que ve, todos los días hay alguna película, serie, revista, anuncio... que las muestran en lencería y no ocurre nada ¿Qué narices le pasa con ella?
—Recuerdos traumáticos, recuerdos traumáticos —murmura para sí.
El culo desnudo de su hermano; cuando pilló a Eugene pajeándose con la Lara Croft de 1968; Olor a carne quemada tras un incendio; Janet disgustada porque él está pensando en otra mujer; Carol con la camisa a cuadros de... ¿su novio ?
¿Por qué llevaba una camisa de él? Dios, puede que estuviesen a punto de hacer el amor, acabasen de terminar, o estuviesen en plena faena, casi que puede imaginarse la escena:
Ella llegó a casa un poco triste por haber traído el recuerdo de su hija, ese tal Tobin la abrazó, le dijo que la ama, acto seguido la besó, la arrastró hasta la cama, la desnudó casi por completo, se quitó la camisa, la acarició, repartió besos por todo su cuerpo expuesto, y en ese momento él llamó a la puerta interrumpiendo el momento y... y esa camisa fue lo primero que ella encontró para cubrir su cuerpo semidesnudo e ir a atenderlo.
Seguro que tras él irse volvieron a entregarse a la pasión.
Suspira y se frota los ojos frustrado ¿Qué más le da que ella se acueste con su pareja? ¿Acaso eso no es parte de una relación? es lo normal, aunque él lleve casi un mes sin...
¡Claro, a eso se debe su erección! simplemente pura necesidad, no hay nada más. Ha visto una mujer casi desnuda y se ha excitado, como ser humano que es, no tiene que darle más vueltas.
Pronto Janet cogerá su semana de vacaciones, y al fin podrán pasar juntos todo el tiempo que deseen y necesitan.
Sonríe, sí, ha sido sólo eso.
Joder, ahora que lo piensa en frío, no debió haber reaccionado así, ha quedado como un idiota.
Es verano, él es el primero que puede pasarse el día vestido sólo con unas calzonetas, y nadie huye cuando abre la puerta.
Dios, debería enviarle un mensaje disculpándose, pero... ¿Qué decirle?
"Lo siento por haber huido como un idiota" "Reaccioné mal" "Me pusiste más caliente que los cojones de Satán" No, eso último mejor no.
Se levanta del suelo lentamente, su erección ya se ha ido, y la imagen de Carol en ese sujetador de encaje negro ya no...
Mierda...
Llaman al timbre.
Salvado por la campana.


—¡¿Abriste la puerta en bragas?! —grita Andrea.
—Dilo más alto, que el señor del fondo no se ha enterado —refunfuña Carol.
Están en su restaurante favorito, está bien, algo cambiado respecto a diez años atrás, pero el revuelto de verduras con pollo sigue estando delicioso.
Cena ligera, para hacer sitio a la tarta de tres chocolates que ha visto en la lista de postres.
Han salido a cenar juntas, cena de chicas.
Lilly se echa a reír.
Sí, también está con ellas. Merle tiene turno de noche en el trabajo, a Sam y Matthew los ha dejado con Anne, y le pareció abusar demasiado dejar también a Lilly, más conociendo lo inquieta que es.
Los hombrecitos han protestado diciendo que ya son mayores para canguro. Lo son, lo sabe, puede dejarlos solos que no les pasará nada, lo que quiere evitar es que lleven chicas a casa mientras ella no está. Eso es lo que hacían Merle y ella en su época de hormonas revueltas, aunque ese dato jamás lo sabrán sus hijos, para ellos sus padres fueron unos jóvenes modélicos.
—¿Y qué hizo mi cuñado? —pregunta intentando contener la risa.
—No te rías, hija de puta —gruñe.
Mira a Lilly alarmada, se le ha escapado una palabrota delante de ella, pero la niña ni se ha inmutado. Había olvidado que tiene dos hermanos mayores a los que habrá escuchado decir de todo.
—Daryl salió corriendo en cuanto me vio. Que mal rato debió pasar.
Andrea bufa.
—Oh sí, vio a una mujer casi desnuda, pobrecito —se burla.
—Hablo en serio, ¿Crees que debería disculparme?
—¿Por qué? ¿Estás loca? No hiciste nada malo.
—Lo sé, es solo que... ¿Y si piensa que intentaba seducirle? Dios, debe de estar descojonándose de mí. Una mujer cuarentona intentando seducir a un hombre casado con una mujer joven y preciosa y... Y encima con las bragas más feas de mi cajón.
Deja caer la cabeza más y más en la mesa conforme va relatando sus temores.
Andrea pone los ojos en blanco.
—Oh, por Dios, Carol, no seas tan dramática.
Primero, estoy segura de que no piensa que intentabas seducirle; Segundo, te recuerdo que él también tiene cuarenta años, y tercero, Janet no es para tanto.
Carol arquea una ceja, interrogante.
—¿Qué no es para tanto? Puf, sí claro, por eso siento como me sale una arruga nueva cada vez que la veo. La chica es preciosa.
Andrea se lame los labios pensativa.
—Vale, lo admito, yo también me siento vieja a su lado, pero si la conocieras verías que detrás de ese físico y ese don para los negocios no hay mucho más que rascar. Y que quieres que te diga, yo con 33 años era más guapa y divertida que ella —se autopiropea —Y tú también —añade.
Carol se echa a reír, negando con la cabeza.
Sí, ellas también tuvieron sus años buenos, quizás si fuese diez años más joven Janet no tendría nada que hacer contra ella.
Sacude la cabeza alarmada.
¿En qué coño piensa? ¿Por qué iba a competir con ella? ¿Qué necesidad tiene? Ella está con Tobin, un hombre maravilloso que la cuida y quiere, no tiene que pelear como una niñata adolescente por un hombre que ni se ha fijado en ella.

Daryl espera sentado a la mesa a que Janet vuelva del baño.
Están cenando en su restaurante favorito, Andrea se lo mostró hará más de diez años y desde entonces va a comer allí cada vez que puede. A veces solo, otras con amigos, y hoy con Janet, que lo ha invitado como disculpa por haber pasado casi todo el domingo fuera de casa atendiendo a unos clientes.
Le gusta el ambiente, la música es suave, la decoración muy armónica, con réplicas de cuadros y bocetos de Leonardo Da Vinci adornando las salas...
—¡Tío Daryl! —saluda una voz que él reconoce al instante.
—¿Lilly? Pero bueno... ¿Tú que haces aquí, sinvergüenza? —pregunta.
La coge en brazos y la sienta sobre su regazo. Cada día que pasa pesa más, es increíble lo rápido que crece. Dentro de unos años será una adolescente rebelde que traerá locos a sus padres, más de lo que ya los trae. Que Dios se apiade de ellos.
—He venido a cenar con mamá y mi Hada —responde.
Agarra un piquito de pan de la mesa y se lo lleva a la boca con total confianza. Ya ha cenado su menú infantil, ahora está esperando el postre, pero siempre hay sitio para un poco más de pan.
Daryl siente un vuelco en su corazón ¿Carol está ahí? ¿Dónde? Busca con la mirada entre las mesas, pero no la localiza.
—¿Dónde estáis sentadas?—pregunta finalmente.
Lilly señala la mesa que está oculta tras una falsa columna estilo dórico.
Puede ver un poco el cabello de Andrea, una silla retirada y vacía que debe ser la de Lilly, y supone que Carol estará con la espalda pegada a la falsa columna y por eso no la ve.
Mierda, tenían que estar sentadas justo en la mesa que él no logra ver desde su posición. Quizás sea mejor así, de otra forma puede que hasta se le olvide comer.
—Están tan ocupadas hablando de ti que me he ido de la mesa y no se han dado ni cuenta —se ríe orgullosa de su hazaña.
Él está al borde del infarto. Hablando de él, ¿De qué? Ay, Dios, seguro que Andrea le está contando que él preguntó por ella, o peor, Carol contándole a Andrea la infantil reacción de él cuando fue a entregarle las llaves.
—¿Ah, sí? Y... —carraspea —¿Y que están diciendo de mí? —pregunta intentando parecer lo más desinteresado posible.
Lilly lo mira entrecerrando los ojos, analizando su expresión, buscando si puede sacar provecho de eso.
—¿Sabes? Me faltan 20$ para poder comprar el muñeco de Batman —deja caer, por si su tío pilla la indirecta.
Daryl arquea una ceja. Más lista no puede ser esa renacuaja.
—¿Me estás haciendo chantaje?
—No, quiero que me des dinero a cambio de contarte lo que están hablando.
—Eso es un chantaje —se echa a reír.
—Ah, entonces sí, te estoy haciendo chantaje —afirma.
Extiende la mano esperando a que su tío le de el dinero.
Él niega con la cabeza. Menuda sobrina tiene.
En otra situación se habría negado a ello, no es plan que su sobrina vea que tiene cierto poder sobre él, pero es que se muere de curiosidad y terror por saber que es lo que estaban hablando de él. Necesita tener esa información para la próxima vez que se encuentre con Carol. Si es que hay próxima vez, que espera que sí, o mejor no, no sabe, ¡Está hecho un lío!
Maniobra la mano dentro del bolsillo de su pantalón y agarra la cartera para entregarle el dinero exigido.
Lilly se muerde el labio feliz, el juguete cuesta 15$, con lo que le sobre se podrá comprar un montón de chuches.
Daryl se impacienta cuando la niña no suelta lo que sabe.
Mueve la pierna sobre la que está sentada para llamar su atención.
—Ah, ya —recuerda ella —Mi Hada dice que la viste en bragas feas, no te gustó, y te quiere pedir perdón, pero mamá le ha dicho que no, que tú eres un cuarentón también y que es más guapa que Janet—responde distraída, prestando más atención a guardar bien el dinero en el bolsillo.
Daryl estudia la frase, analizando que es lo que ha dicho exactamente su sobrina. Por lo que ha entendido, ha hecho que Carol se sienta mal. Joder, normal, esa forma de salir huyendo de allí fue de vergüenza y bastante preocupante ¿Y le quiere pedir perdón? Puff, tal y como le ha dicho Andrea ella no tiene que disculparse por nada. Es él quien debe disculparse.
Debería enviarle un mensaje. Sí, eso hará.
—Lilly, ¿Qué haces aquí? —pregunta Janet.
Ha vuelto del baño, lo cierto es que ha tardado más de lo normal, supone que habrá estado sentada en el WC enviando emails, tal y como suele hacer en casa.
No pierde ni un segundo.
Lilly se baja corriendo del regazo de su tío y se tapa los ojos asustada.
—¡Ay no, no puedo mirarte, si te miro me saldrán arrugas! —grita.
Da varios pasos atrás y finalmente echa a correr hasta su mesa.
Janet mira a Daryl esperando una explicación, pero él sólo se encoge de hombros.
—Sigo diciendo que tu sobrina necesita un psicólogo —murmura.
Se sienta a la mesa, deja el teléfono junto a los cubiertos como si fuera un utensilio más y ojea la carta en busca de lo que cenará esa noche.
No le gusta mucho ese sitio, pero a su marido le encanta, por lo que de vez en cuando le toca comer ahí para hacerle el gusto.
Daryl finge revisar lo que va a comer, pero sus ojos no están sobre la carta, sino por encima, siguiendo a sobrina para ver si llega bien a su mesa.
Sonríe, Andrea ni se ha dado cuenta de que se ha ido y acaba de volver en el momento exacto en el que el camarero llega a tomar nota para lo que supone que es el postre, viendo los platos sucios que tienen sobre la mesa y que el camarero recoge...
El pulso se le acere al ver la mano de Carol acercarse al rostro de Lilly para acariciar su mejilla ¿Qué coño le pasa? ¡Es sólo una mano! pero es su mano...
¿Y qué más da que sea su mano? ¡Dios!
—¿Daryl? ¿Estás escuchando? —pregunta Janet por enésima vez.
Daryl alza la vista, el camarero lo mira con gesto hosco, libreta en mano esperando que le diga lo que desea comer.

Ni se había dado cuenta de su presencia.

—Dios, entre el donut de chocolate de tu suegra, y esta tarta... —murmura arrepentida Carol tras haberse zampado todo el postre.
—Que yo sepa nadie te obligó a pedir tarta —ríe Andrea.
Toma la última cucharada de su macedonia de frutas y mira a su hija que se dedica a mover el plato con su flan para hacerlo bailar.
—O te comes el postre o me lo como yo —amenaza.
—No te lo comerás porque se irá directo a tus cartucheras —replica ella.
Carol se echa a reír, seguro que ha escuchado a su madre decir esa frase más de una vez.
—Ríete, pero tú te acabas de meter 450 calorías en el cuerpo.
Carol la asesina con la mirada y vuelve a reír al instante.
—Mamá, mañana me tienes que llevar a comprar mi muñeco de Batman —pide Lilly con la boca llena.
—Ya te he dicho que no voy a gastar dinero en caprichos innecesarios, te esperas a tu cumpleaños o a...
Lilly deja los 20$ sobre la mesa.
—¿De dónde has sacado eso, jovencita? —pregunta Andrea.
Mira a su alrededor en busca de alguna cartera a la vista de donde haya podido robarlo.
—Me lo ha dado el tío Daryl, está allí —informa.
Señala la mesa que está al otro lado del salón.
Andrea mira hacia el lugar. Su cuñado está comiendo lo que parece ser una chuleta de ternera, y Janet está de espaldas a ellas tomando su ensalada con desgana y mirando el móvil como de costumbre.
—Vaya, pero si está allí el susodicho ¿Lo saludamos? —bromea, sólo por ver la cara de espanto de Carol.
—No, por favor, no, que me muero de la vergüenza —ruega ella —. No sé cómo mirarlo a la cara tras lo de hoy.
Andrea se ríe, cualquiera diría que está frente a una mujer de cuarenta años, hecha y derecha, capaz de enfrentarse a sus propios problemas. Siente que se ha transportado 25 años atrás cuando empezaron a tontear con los chicos y les entraba la risa tonta cuando se cruzaban con alguno.
—Tranquila, no lo haremos, con una condición: Pagas tú —chantajea.
La mira sonriente y ella mueve los labios en un silencioso "Te odio" antes de agarrar su bolso y sacar su cartera.
—Te ha hecho chantaje —ríe Lilly, haciendo uso de la nueva palabra que acaba de aprender.
—Sí, tu madre es muy lista —murmura distraída buscando al camarero con la mirada para pedirle la cuenta —, lo que no sé es si esto es una encerrona de tu madre para ahorrarse pagar —añade.
—¿A qué te refieres? —pregunta curiosa.
—A que me parece demasiada casualidad que lleve dos días cruzándome con Daryl —responde acusadora.
—Estás loca, de lo único que soy culpable es de haberos invitaros a los dos a casa de mi suegra para presentaros de una maldita vez. Coincidisteis en la boda porque estabais invitados los dos, os cruzasteis corriendo porque vivís en la misma calle, y ahora...
—¿Cómo que vivimos en la misma calle? —interrumpe alarmada.
—Ah, que no lo sabías —ríe divertida Andrea —la casa que has alquilado está justo en la calle de atrás de la casa de él. Sois vecinos.
Carol abre mucho los ojos.
Dios, la tentación vive frente a ella.

—Sí, cariño —responde Daryl automáticamente a una pregunta que Janet le ha hecho y no ha escuchado.
Está demasiado ocupado viento a Carol y Andrea marchar.
No puede controlar la forma que tiene su cuerpo de reaccionar cuando ve la ropa que ella lleva puesta. Es un simple pantalón vaquero que...¡Dios, deja de mirarle el culo, eres un puto pervertido! se regaña.
Lleva también una blusa color cereza que deja casi toda su espalda al descubierto. Esa maldita espalda... Le encantaría acariciar la línea de su columna vertebral, que tan claramente está marcada, y...
Carol se gira, congelando su alma al instante cuando clava el azul de sus ojos en él.
comparten miradas un par de segundos, o minutos, quizás horas, el tiempo se ha detenido en ese mismo instante, como la primera vez que se vieron, hasta que ambos bajan cabeza a la vez fingiendo que ese poderoso contacto visual no ha existido
Dios, que ojos tiene.
Dicen que el primer beso no se da con la boca, sino con la mirada, nunca entendió el significado de ese pensamiento, pero ahora empieza a comprenderlo, tiene la sensación de que acaba de darse el beso más apasionado de su vida.
¿Qué coño le pasa? ella apenas sabe que él existe, y además ¡Está casado!
Sacude la cabeza y vuelve a la conversación con su preciosa mujer, que está contándole cómo ha ido los negocios con sus clientes.
—¿Y que tal tu día? —pregunta ella.
¿Qué tal su día? ¿Qué decirle? ¿Que ha salido a correr y se ha encontrado de nuevo con la mujer que lleva rondando por su cabeza desde que la vio? ¿Que fue a casa de su madre y ella estaba allí de nuevo? ¿Que se acercó a su casa y ella estaba en ropa interior? ¿Que se ha pasado toda la cena mirando a dónde ella estaba sentada? ¿Que...
—Bien, ha estado bien, tranquilo: salí a correr, almorcé sobras del viernes, merendé en casa de mi madre, y pasé la tarde en casa cogiendo fuerzas para mañana —responde.
No ha mentido, sólo ha ocultado información. No entiende el motivo, por alguna estúpida razón siente que está haciendo algo prohibido con esa mujer, y debe ocultárselo a Janet.


Carol apaga la luz del baño tras haberse desnudado, desmaquillado y lavado los dientes.
Es medianoche, su cuerpo aún está activo con ganas de fiesta, pero su mente le pide descanso, por lo que, como mujer de mediana edad que finge ser madura, decide cumplir con la petición de descanso y se arrastra por la cama para acabar acurrucándose sobre sobre el pecho de su pareja, buscando ser abrazada, pero Tobin no reacciona a su peso, por lo que es ella misma quien agarra uno de sus pesados brazos y lo coloca alrededor de su cuerpo.
Le gusta ser abrazada, aunque ese abrazo no salga de él.
Suspira largamente.
No sabe por qué, pero cuando salía del restaurante sintió la necesidad de girarse y observar a Daryl, sólo para encontrar que la estaba mirando de esa forma tan profunda, casi como si leyese su alma, que hace que le tiemblen las piernas y desordene todos sus sentimientos. Como si... estuviese interesado en ella.
Puf, menuda gilipollez, seguramente estaría pensando si lleva esas espantosas bragas puestas...

Daryl se acomoda correctamente boca arriba en la cama y abraza a Janet con fuerza. Está demasiado dormida como para corresponderle, pero no le importa, sólo quiere sentirla, la ha echado de menos, le gusta tenerla entre sus brazos.
No tiene sueño, a pesar de que mañana debe madrugar para ir a trabajar, tiene turno de día, pero su mente está despierta, no sabe por qué, por lo que se entretiene mirando su Facebook.
Eugene ha pasado de nivel en algún juego estúpido de esa red social y lo ha compartido con sus amigos. En serio, ese hombre necesita urgentemente una novia, novio o lo que sea que necesite su especie para procrear; Maggie ha tenido antojo de pepinillos en vinagre con mantequilla de cacahuete y ha compartido la foto de su menú. Es curioso lo que tienden a comer las embarazadas, Andrea también tenía antojos extraños y mandaba a su hermano a las tantas de la madrugada a por alguna tontería que sólo encontraba en las gasolineras que abren 24 horas; El futuro bebé de Sasha está inquieto y ha subido un vídeo donde se aprecian los movimientos de su vientre. Recuerda cuando Andrea estaba embarazada y agarró su mano para llevarla hasta su vientre, fue algo mágico sentir ese bebé. Lástima que nunca podrá sentir eso mismo proveniente del vientre de Janet; Michonne está acurrucada viendo una película con Rick, Judith y Carl y ha añadido una fotografía con los pies de los cuatro y la televisión de fondo. Que adorable familia; Merle ha subido una foto en su puesto de trabajo con la manguera del camión entre las piernas, sujetándola como si fuera su miembro y lamiéndose los labios sugerente. Gilipollas aburrido; Andrea ha compartido una fotografía que ha titulado "De cena con mis niñas" donde aparece ella y Lilly sentada sobre Carol, que mira a la cámara sonriente.
Le da me gusta sin pensarlo.
No lo hace porque Carol tenga una sonrisa preciosa, sus ojos resplandezcan atrapando toda la luz y sus clavículas marcadas lo vuelvan loco. Que va, sólo lo hace porque la cara de Lilly en esa foto es adorable.
Suspira.
Debería disculparse por lo que pasó esa tarde, tanto por su mala educación cuando se marchó mientras ella hablaba de su hija, como por su huida tras entregarle/lanzarle las llaves.
Saca lentamente el brazo que está atrapado bajo el cuerpo de Janet y agarra el móvil con las dos manos.
Su esposa se vuelve, dándole la espalda y llevándose toda la sábana con ella.
Adorable.
La busca en la aplicación de Messenger de Facebook, y una vez que la localiza tamborilea con los dedos, pensativo, sobre el dorso del teléfono móvil.
¿Qué escribirle?
"Hola, Carol, soy Daryl"
Borra.
Ya sabe de sobra que es Daryl, es un mensaje privado de Facebook, sale su nombre.
Vuelve a probar.
"Buenas noches, Carol, espero no despertarte, y si lo he hecho lo siento, pero no podía irme a dormir tranquilo sin disculparme contigo por mi comportamiento de esta misma tarde. Fui un maleducado por levantarme de la mesa justo cuando estabas hablando de tu hija. No tuve la oportunidad de decirte que siento mucho su pérdida, debió de ser muy duro para ti.
Y sobre lo que pasó en tu casa, mi reacción fue muy inmadura, no debí huir así, fui un idiota, lo siento. Espero que aceptes mis sinceras disculpas y podamos..."
¿Podamos qué? ¿Ser amigos? ¿Salir en parejita con Janet y su novio de mierda al cual no conoce pero que por alguna razón le cae mal?
Borra.
"... espero que aceptes mis sinceras disculpas, un saludo"
Revisa entre sus emojis en busca de alguno digno de cerrar el mensaje. Uno que no sea muy formal y tampoco muy festivo o romántico, sólo algo amistoso.
Se decide por el guiño, es el que ve más adecuado.
Ahora sólo tiene que darle a enviar, pero antes revisará el texto mil veces para asegurarse de que está todo correcto.
¿Sería mejor llamarla señorita Peletier? ¿Y si le cuenta que él también pasea en ropa interior por casa? ¿Y si le confiesa que su cuerpo le parece precioso? ¿Y si la tranquiliza diciéndole que no llegó a verle las bragas? No, se supone que él no debe saber que ella está preocupada por eso.
No, mejor dejarlo tal y como está.
"Enviar"
Vale, está hecho, ahora solo tiene que esperar a que lo lea y...
Y lo mande a tomar por culo por inmaduro ¿Qué clase de hombre se disculpa por mensaje? ¡Debió haberlo hecho en persona! Aunque luego no le saliesen las palabras, tartamudease como un idiota y huyese de allí de nuevo como hizo unas horas atrás...
Dios...
Deja el móvil sobre la mesa, que más da, lo hecho hecho está. Si no quiere saber nada de él no le importa, total, ni siquiera se conocen, no le afecta su indiferencia.
Se tumba en la cama y abraza a Janet, plantando un dulce beso en su hombro antes de susurrarle al oído un te quiero que por alguna razón no calienta su alma.


Daryl aprieta los ojos al sentir la primera luz del día colarse por la ventana.
Mierda, otra vez olvidó bajar la persiana. Siempre le pasa igual, la levanta por la mañana para que se ventile la habitación, y al llegar la tarde se olvida de ello, dejando vía libre a los rayos del Sol, mosquitos, ladrones, violadores y cualquier psicópata que pulule por la zona.
Se frota los ojos intentando eliminar los rastros de un sueño que no recuerda y se desperece lentamente procurando no despertar a Janet que continúa durmiendo a su lado. Su horario laboral no comienza hasta dentro de tres horas, por lo que decide levantarse y bajar la persiana para que ella pueda dormir un poco más.
Besa su frente, la arropa bien y marcha al baño a vaciar la vejiga.
Es otra cálida mañana de junio, y hace calor, mucho calor, el suelo de mármol está tan caliente que parece que sus pies están sobre la arena de playa.
Camina despacio hasta el baño y cierra la puerta tras él una vez que ha entrado en la sala.
Deja el móvil sobre el lavabo, puede que Tara esté llamándolo dentro de nada para que vaya a recogerla para ir a trabajar, y no quiere que el sonido despierte a Janet.
Se mira al espejo.
Menuda cara tiene a primera hora de la mañana. Todo despeinado, sudado, con esas bolsas bajo los ojos que supone no desaparecerán jamás, y muchos menos esas arrugas que comienzan a aparecer cerca de los ojos. Caprichos de la edad imposibles de evitar.
Saca su miembro aún erecto como todas las mañanas y se dispone a orinar. Al menos hay cosas que nunca cambian. Para bien o para mal.
Odia el maldito doble chorro mañanero, cuarenta años y aún le cuesta controlarlo, se supone que sólo ocurre tras tener relaciones sexuales, pero no es su caso.
Mira por la ventana, no sabe por qué, costumbre supone, normalmente lo hace para ver el tiempo que va a hacer, pero en pleno verano es algo completamente innecesario, y además...
¡Su habitación! se había olvidado de ello, está viendo su habitación,y puede verla a ella también.
Está estirándose como un gato, la fina sábana blanca cubre hasta su pecho, una de sus piernas cuelga de la cama, y... tiene pinta de estar completamente desnuda.
Dios...
Debería dejar de mirar, pero no puede, se siente hipnotizado, no ha visto nada más sensual y erótico en su vida.
Le gusta la forma que tiene de desperezarse, sus movimientos resultan hasta elegantes. Su piel pálida se camufla y confunde con el blanco de la sábana, y sus mechones de cabello plateado están desordenados por el capricho de la noche.
Es preciosa.
Siente un sabor agrio subir por su garganta cuando ve como se gira y planta un beso en la sien de su pareja.
Capullo con suerte.
Sacude la cabeza, y de paso su miembro que hace rato que se ha vaciado.
¿Qué más le da que lo bese? ¿Acaso él no acaba de hacer lo mismo con Janet? Es lo normal en...
¡Ay, Dios! ¡Ha cogido el móvil! ¡El mensaje! Lo había olvidado.
Se acerca lentamente a la ventana, agradece que ella tenga el recato de seguir cubriendo su cuerpo con la sábana como si fuese un vestido sin mangas, aunque esas malditas clavículas lo desconcentran.
Mira fijamente su cara, desea ver su expresión al leer el mensaje.
Teme que su rostro se torne en una mueca de desagrado, de asco, que se ría de él, o cualquier otra barbaridad, pero si ocurre lo contrario quiere ser testigo de ello.
—Gracias a Dios —sonríe como un idiota.
Deja salir el aire que no sabía que estaba conteniendo y la mira embobado. Tiene una sonrisa preciosa. Está sonriendo mientras lee el mensaje, y ahora se muerde el labio mientras escribe ¿Puede ser más adorable?
Baja cabeza ¿Por qué tanta alegría? A lo mejor ni siquiera está leyendo su mensaje, quizás sólo esté comentando la fotografía que Andrea compartió ayer, contestando algún Whatsapp o leyendo algún chiste. Seguro que no es a él a quien escribe, pero esa sonrisa... Dios, le encantaría que fuera así...
Sólo tiene una forma de comprobarlo.
Coge su móvil, entra el la aplicación de Messenger de Facebook y abre la conversación con ella.
—Venga, puto trasto inútil —se queja por la lentitud de su maldito teléfono.
La conversación aparece en blanco, así que una de dos: o está bloqueada, o soñó lo del mensaje.
—Al fin —suspira aliviado al comprobar que lo de anoche no fue un sueño.
Carol Peletier
Activa ahora mismo
Escribiendo...
Vuelve a sonreír. Sí, esa sonrisa, ha sido por leer su mensaje, le ha gustado, y esa forma de morderse el labio es porque le está escribiendo a él.
Su corazón se acelera.
Vuelve a mirar por la ventana, ahora con otros ánimos al saber que ahora mismo es él quien ronda por su cabeza.
Ella continúa escribiendo, de vez en cuando se detiene, piensa lo que va a decir y vuelve a escribir.
Se muere de intriga por conocer el contenido de ese mensaje.
Arquea una ceja interrogante al ver como ella niega con la cabeza, alarmada y masculla alguna maldición que él no llega a oír.
Debió haberse apuntado a ese curso para aprender a leer los labios.
El móvil vibra sobre su mano.
Sea lo que sea lo que ha escrito acaba de llegarle.
La mano le tiembla, no sabe por qué, le cuesta dibujar el patrón de desbloqueo que no es más que la letra L del nombre de Lilly.
Coge aire, y lee el mensaje, sintiéndose más nervioso que nunca. Más aún que el día que estaba esperando las notas de acceso al Cuerpo de bomberos.
"Buenos días, Daryl, tranquilo, no me despertaste, dejo el móvil en silencio durante la noche ^^
No te preocupes, lo entiendo, tu esposa te llamó, debías responder.
Gracias por tus condolencias, la muerte de mi hija es una herida abierta que nunca cerrará, pero he aprendido a vivir con ella, y procuro que no afecte a mi día a día.
No tienes por qué disculparte, abrí la puerta casi en pelotas, pero en mi defensa diré que no sabía que lo estaba, y normalmente no llevo esas bragas de abuela"
Se echa a reír. Vale, ya sabe porqué esa maldición, seguro que se arrepintió tarde de haber escrito eso. Es algo típico de él también.
Vuelve a mirarla, tiene el móvil sobre el vientre y la cabeza bajo la almohada.
Decide responder algo tranquilizador antes de que se autoasfixie por la vergüenza.
"Te creo, y si te digo la verdad, no llegué a verlas, me fui antes de llegar a la segunda fase. Tienes un cuerpo muy bonito"
No, eso último mejor no, debería borrarlo.
Pulsa la tecla retroceso justo en el momento en el que recibe una llamada de Tara, pero al ir a cancelarla la llamada termina y pulsa accidentalmente "enviar"
—¡No joder! ¡Maldito móvil sensible!
Sólo le ha dado tiempo de borrar la última letra, por lo que, si es inteligente, no debería costarle mucho adivinar lo que significa "bonit".
La mira alarmado.
—No me odies, por favor —susurra en una súplica que espera que sea escuchada. No literalmente, claro.
Ella se sobresalta cuando el teléfono vibra sobre su vientre, lo coge a ciegas, sin sacar la cabeza de debajo de la almohada, y lo mira a escondidas bajo esta.
Mierda...
Daryl está congelado temiendo lo que pueda pensar de él sobre su respuesta, y odiando no poder ver su rostro.
Aún está a tiempo de corregir eso, piensa, piensa, ¿Qué más puede significar bonit? Tienes un cuerpo muy bonit... ¿Bonitero? ¿En serio le va a decir que su cuerpo tiene forma de barco de pesca? Eso no arregla nada.
Vuelve a mirar por la ventana al divisar por el rabillo del ojo movimientos.
Ella está sentada en la cama y... ¿sonriendo? ¡Está sonriendo! Está esbozando una tímida sonrisa que hace que se le derrita el corazón. Sus mejillas están sonrosadas, no sabe si por el halago o por el calor asfixiante que ha debido pasar bajo esa almohada.
Ella escribe algo rápido, y su móvil vuelve a vibrar.
"Gracias, tú también, me gustan tus tatuajes"
¿Cuando ha visto ella su cuerpo? Ah, ya, el calendario...
Sonríe orgulloso, ahora el haber hecho ese calendario no le parece tan mala idea.
Quizás este año repitan, y ella compre uno.
Su móvil vibra de nuevo, pero, para su desilusión, no es más que un mensaje de voz de Tara.
Pulsa escuchar, a ver que quiere esa ahora.
"A ver, capullo, ¿Piensas venir a por mí, o no? ¡Vamos a llegar tarde!
—¡Oh, joder! —gruñe al ver la hora que es.
Ya debería de estar vestido y listo para ir a trabajar.
Esa mujer hace que pierda la noción del tiempo.


Carol se muerde las uñas nerviosa esperando algún otro mensaje de Daryl.
Le ha sorprendido gratamente despertar con noticias de él. Ha sido adorable la manera que ha tenido de disculparse, y que haya sabido encajar bien la estupidez que le ha dicho de que tiene bragas más bonitas ¿A quien se le ocurre? Pues a ella que es idiota.
Le ha dicho que tiene el cuerpo bonito. Dios, su cuerpo es bonito.
—Mi cuerpo es bonito —susurra para sí, sonriendo de forma infantil, como una completa idiota, aunque tampoco debería emocionarse mucho por ello, si su cuerpo es bonito el de su novia debe de ser despampanante.
Mira el teléfono.
Daryl Dixon
Activo hace 1 minuto
Mierda, se ha desconectado ¿Le habrá ofendido que le diga que él también tiene un cuerpo bonito? Y si... Dios, a lo mejor él sólo le dijo eso a ella por cumplir, o peor, ¿Y si bonit significa otra cosa? ¿Y si es otro idioma? ¿Alguna jerga de Internet que ella por vieja no entienda? O... Ay Dios, seguro que no significaba bonito.
Se quiere morir...
Si es que... ¿A quién se le ocurre pensar que él la piropearía así? ¡Está casado! No puede ir por ahí diciéndole a las mujeres que tienen el cuerpo bonito. Si su esposa se enterase...
Joder, debió haberse limitado a responder gracias.
—Eres idiota, Carol —se regaña.
Se levanta de la cama y marcha al baño, comienza un nuevo día, y necesita salir a correr para despejar sus pensamientos.


A veces el día en el trabajo resulta ser de lo más aburrido, y hoy es uno de esos días. No tiene ningún aviso de incendio, de alguien atrapado, vecino que ha olvidado las llaves y deben forzar la puerta o gatito subido al árbol.
Nada, por lo que está en la sala que tienen para descansar, a la espera de algo acción.
La sala dispone de un par de incómodos sofás llenos de agujeros de cigarrillos, y con su propio ecosistema bajo los cojines, máquina de café que más que café prepara agua sucia, y un televisor que no funciona, y tampoco tienen interés en arreglar.
Las instalaciones del parque son bastante viejas, pero el material necesario para trabajar está actualizado, que al fin y al cabo eso es lo importante.
Lleva media hora mirando la conversación que ha tenido con Carol sin saber que responder.
Si dice un simple "gracias" lo más probable es que la conversación termine ahí, y no quiere que eso pase, pero no sabe de qué más hablar.
Mira a Tara, está frente a él, tumbada en el sofá, mirando al techo distraída mientras se come un regaliz de fresa.
Quizás podría pedirle ayuda...
No, mejor no, pensará que está tonteando con Carol y no quiere arriesgarse a que se extienda ese falso rumor. Porque no pretende tontear con ella, sólo quiere... no sabe lo que quiere...
Vuelve a centrarse en ese mensaje.
Piensa... piensa...
Le ha dicho que le gustan sus tatuajes, según Andrea a ella siempre le han gustado los tíos tatuados, incluso ella tiene un tatuaje...
—¡Bingo! —exclama sobresaltando a Tara que no se ha atragantado con el regaliz de milagro.
—Jesús... ¿Tú también estás con ese juego de adivinar palabras? —gruñe.
Daryl sonríe sin más, y mueve sus dedos ágiles por la pantalla del teléfono escribiéndole a Carol.


Carol vuela del baño a la habitación, con el cepillo de dientes en la boca, cuando escucha su teléfono vibrar.
—Joder, Carol —se queja aún dormido Tobin, cuando ella cruza la cama corriendo, pisándolo, para poder coger su móvil.
—Lo siento, cariño, temía que el sonido del teléfono te fuese a despertar —se disculpa más pendiente en desbloquear su móvil que en otra cosa.
Es Daryl.
—Tranquila, que la alarma esa no ha sido lo que me ha despertado —gruñe.
Se levanta de la cama y marcha al baño, dejándola a solas con ese chisme que no entiende.
Carol se muerde el labio, es Daryl, ha vuelto a hablarle, ha respondido a su mensaje de que tiene un cuerpo bonito y le gustan sus tatuajes.
"Muchas gracias, ¿Tú tienes más tatuajes?"
Sonríe al leer.
—Oh, cariño, si tu supieras... —susurra para sí.
NO, no le puede decir eso...
Sí tiene más tatuajes, pero están en unas zonas bastante privadas.


"Sí, pero no te los puedo mostrar"
Lee Daryl.
Vale...
¿Dónde los tendrá? Sólo se le ocurren tres sitios en los que...
Dios...
—Pensamientos traumáticos, pensamientos traumáticos—dice en silencio, pero no le da tiempo a concentrarse en ningún recuerdo, le acaba de llegar un segundo mensaje.
"¿Hoy no sales a correr?"
Sonríe de nuevo, no sabe cuantas veces ha sonreído hoy gracias a ella ¿Debería preocuparse?
Mira la hora.
Supone que ella está a punto de salir a correr por la zona como hizo ayer y le está preguntando eso para... ¿Para correr por otro lado y evitar cruzarse con él? ¿Para salir a correr juntos? No sabe, por lo que decide ser sincero.


"Sí, pero tengo turno de día, por lo que salgo a correr por la noche. Es mejor, menos calor"
Lee Carol un poco desilusionada, por alguna razón deseaba chocarse de nuevo con él para... para quedarse sin palabras como de costumbre y hacer el ridículo...
Decide responder.
"¡Qué envidia! a mí me encanta salir a correr de noche, pero esta zona de Georgia es muy solitaria y silenciosa y me da un poco de miedo".
Enviar.
Ha sido sincera, le gustaría poder salir a... ¡No, joder, con ese mensaje parece que está insinuando que quiere salir a correr con él! ¡Será idiota!
¿Correr con él? Como si pudiese concentrarse en el ejercicio teniéndolo al lado con esos brazos fuertes y tatuados, la camisa sudada, marcando sus músculos...
Está a punto de volver a escribirle para aclarar lo que ha querido decir cuando le llega un nuevo mensaje.
"¿Quieres que lo hagamos?"
¿Hacer qué? se pregunta, por que lo que ella está pensando hacer con él no cree que sea. Por suerte, como si él hubiese leído sus pensamientos, le llega un nuevo mensaje que lo aclara todo.
"Me refiero a salir a correr juntos"
Se congela.
Dios, ha entendido exactamente lo que ella temía. ¿ Cómo se le ocurre pensar que ella desea salir a correr con él? A la par, codo con codo ¡¿ESTÁ LOCO?!
Decide responder.


"Sí, estaría bien"
Daryl respira. Dios, por un segundo eso le pareció la peor idea del mundo ¿Salir a correr con ella? ¿Para qué? ¿Se había vuelto loco? Seguro que no querría, pero ahora que le ha contestado...
Sigue pareciéndose una locura, pero es una locura compartida entre dos.
Va a salir a correr con ella, va a tenerla a su lado, con gotas de sudor recorriendo su cuerpo, con la respiración acelerada por el esfuerzo, con esas mallas que no dejan nada a la imaginación, y esos ojos mirándole...
Dios, necesita llevar a alguien más para entretenerse en algo que no sea su cuerpo ¿Quizás Rick? No, tiene turno de noche ¿Michonne? Debe cuidar de Judith ¿Sasha? Está muy embarazada, quizás...
—¡Ya sé!—exclama ganándose otra mirada de desaprobación por parte de Tara —¿Qué? llevaba media hora intentando sacar la palabra —miente por su bien.
Vuelve a escribir a Carol.
"¿Te gustan los perros?"
Pregunta, si lleva a Sauron podrá centrar su atención en guiar a ese animal inquieto, y no estar tan atento a cada movimiento que ella haga.
Su móvil vibra.
"¡Me encantan los perros!"
Sonríe, no puede ver su cara, pero por los signos de exclamación que acompañan su mensaje parece que le entusiasma la idea de estar cerca de Sauron.
Vuelve a escribir aún sin creerse lo que está pasando ¡Va a salir a correr con ella! y está emocionado por ello, aunque no entiende por qué, es sólo deporte.
"Genial, nos vemos a las 21:00 junto a la vieja cabina de teléfono ¿Te parece bien?"


Carol se muerde las uñas nerviosa.
¿Que si le parece bien? no sabe, ¿El hecho de que el corazón esté a punto de salirse de su pecho significa que le parece bien? ¿De verdad quiere salir a correr con él? Su mente le dice que está loca, pero su corazón le grita "adelante" con cada rápido latido que da.
"Sí, me parece estupendo"
Enviar.
Suspira, ya está hecho, va a salir a correr con él. Es sólo eso, nada más ¿Qué puede pasar?


Hola, espero que os haya gustado el capítulo y os hayáis quedado con ganas de más XD
Aún estoy preparando el terreno para que ambos comiencen a hablar. Por lo pronto, han descubierto que por mensaje pueden hablar sin tartamudear o quedarse en blanco, lo que contrastará mucho con lo torpe que seguirán siendo en persona hasta que empiecen a romper el hielo.

Como habréis comprobado, ambos tienen sentimientos contradictorios de Me gusta/tiene pareja/tengo pareja/tengo celos/no me importa...
Básicamente intentan autoconvencerse de que aman a sus parejas y niegan esos sentimientos que están sintiendo.

A Mirna, la madre de Daryl se llama Anne porque buscaba un nombre corto sencillo de recordar, la verdad es que sabía que la madre de Norman se llama Marianne jaja.
Yo a Tobin no lo odio, en su momento odié a Gimple, pero el personaje no me cae mal, pero ya que dices que lo odias, supongo que te gustarán las cosas que pasarán entre Carol y Daryl delante de sus narices sin que se de cuenta jaja.

Decís que la madre de Daryl os recuerda a vuestras abuelas, lo cierto es que tanto ella como su padre están inspirados en mis abuelos ^^.

De nuevo muchas gracias por leer, por vuestros comentarios y vuestra paciencia. Sois geniales ;)