4. Miradas que hablan
Carol revisa su ropa por enésima vez.
Jamás ha tardado tanto en elegir su atuendo para correr, y no sabe porqué.
Primero cogió las mallas que mejor culo le hacen y la camisa más ceñida que tiene, pero luego pensó que quizás él pensaría que pretendía seducirlo, y esa no es su intención ¿O sí? No, claro que no, sólo van a salir a correr.
Al final ha escogido unas mallas piratas negras y camisa de tirantes de sisa ancha color fucsia que deja al descubierto parte de su costado, y con ello los laterales del top deportivo color negro que lleva puesto. Aún no está segura de si ha sido la decisión correcta, a Tobin no le gusta mucho ese tipo de ropa, ni los escotes, ni los bikinis... Ya no tiene edad para esas cosas, según él, pero le da igual, le entra por un oído y le sale por el otro, ella se ve estupenda con esas prendas, y a quién no le guste que no mire.
Está esperando junto a la cabina al final de la calle, justo donde Daryl le dijo.
Está algo nerviosa, Dios, se siente como si fuera un primera cita. Pero no es una cita, eso lo sabe.
Mira su teléfono, quizás a última hora él le envíe un mensaje cancelando ese encuentro. No se lo reprocharía, apenas se conocen, y la última vez que se vieron lo recibió medio desnuda vestida con esas espantosas bragas. Quizás se sienta incómodo. Vale que han hablado por Facebook y eso, pero no es lo mismo que estar cara a cara ¿De qué van a conversar? Pues de nada, porque sólo tienen que correr, trotar uno al lado del otro y punto.
—Deja de preocuparte, imbécil —se regaña.
Vuelve a mirar el reloj en la pantalla de su teléfono, son las 20:50, pronto llegará.
—Por dios Sauron ¿Quieres dejar de pararte a oler cada mierda que te encuentras por el camino? —gruñe Daryl desesperado.
Tira de la correa del enorme perro para guiarlo por el sendero correcto, pero Sauron, como buen Dixon, es un cabezota y continúa en su mundo, queriendo empaparse de todos los olores que encuentra.
Daryl resopla.
—Voy a llegar tarde a mi cita por tu culpa —se queja.
¿En serio ha dicho cita? ¿En qué está pensando? No es una cita, es una quedada entre amigos, iguales que las que hace con Rick. Claro que a él lo conoce de toda la vida y a ella de dos días, no puede considerarla su amiga, no sabe nada de ella ¿Cómo estuvo tan loco como para ofrecerse a salir a correr con ella? Ya no puede remediarlo, lo hecho hecho está, no va a cancelarlo. Va a ser educado, salir a correr con ella, y luego de vuelta a casa con su preciosa mujer que tanto ama.
Mira a su perro, que lo observa con esa mirada pura tan propia de los animales.
—Oye Sauron, hoy te voy a presentar a una amiga —comenta mientras camina, no entiende porqué, pero tiene la necesidad de hablar con alguien sobre Carol —, bueno, no es una amiga, sólo conocida, ella es... —el corazón se le acelera al verla — ...preciosa... —susurra sin darse cuenta de como ha escapado la palabra de sus labios.
Ella está ahí de pié, mirando su teléfono, sonriendo suavemente.
La luna la envuelve con cariño y la suave brisa despeina sus rizos.
Lleva puesta una camisa que le permite ver sus oblicuos ligeramente marcados. Tiene un cuerpo atlético, eso le gusta.
Sacude la cabeza ¿Qué más le da si es de su gusto o no? ¡Sólo han quedado para correr!
Se acerca lentamente a ella, más lento de lo que le gustaría, porque Sauron ha encontrado una piedra que es merecedora de su interés, está entretenido olfateándola, y se niega a alejarse de ella.
Traga saliva cuando está a escasos metros de ella. Le gusta la elegancia con la que cambia el peso de su cuerpo de un pie a otro.
No sabe cómo saludarla.
"Buenas noches, Carol, hace buen tiempo para correr ¿verdad?"
"Hola Carol, ¿Qué tal estás? ¿Llevas mucho esperándome? Porque yo llevo toda mi vi..."
Ella alza la vista y hacen contacto visual por accidente.
—Bu...bu...He...Hey... —saluda finalmente tropezándose con las palabras.
Como siempre esos ojos se han llevado toda su elocuencia y le ha hecho parecer gilipollas.
Carol se muerde el labio y mete su cabello tras la oreja con timidez.
—Hola...—devuelve el saludo. Su voz ha salido como si llevase seis horas corriendo y estuviese sin aliento.
Daryl está vestido con un pantalón negro y camiseta transpirable azul marino, que... Dios, ¿Ese hombre no tenía otra camisa que marcase más su cuerpo atlético? Y encima tiene la desfachatez de hablarle con esa voz grave que...
No, si ahora iba a ser culpa del pobre hombre que ella esté tan falta de... de eso.
Se sobresalta cuando algo lame sus dedos.
—¡Oh Dios, un perro! —exclama sonriente, olvidándose momentáneamente del Adonis que tiene frente a ella.
Sin perder el tiempo se agacha para acariciar al animal,cosa con la que él está encantado, y antes de que se de cuenta ya está panza arriba, esperando que le rasquen la tripa y moviendo el rabo de forma frenética.
—Se... se llama Sauron —informa Daryl sonriente. Le agrada ver que le gustan los perros tanto como a él.
—Hola, señor oscuro de Mordor —lo saluda sin dejar de acariciarlo.
Sauron se mueve sobre su espalda ofreciéndole otros ángulos y zonas sobre las que poder rascar.
"Chucho con suerte" piensa Daryl.
—¿Te gusta El señor de los anillos? —pregunta, sorprendido por saber de dónde viene su nombre. En un principio Janet lo llamó Dior, por el diseñador de ropa, pero como al final no se lo quedó, fueron sus sobrinos quienes eligieron su nombre. Y como por aquel entonces habían visto esa película con su tío, y Sauron era una bola de pelo negra de enormes ojos color ámbar pues...
—Oh, sí, me encanta —responde sin mirarle —Voy a dejar de acariciarte, porque me estás poniendo perdida de pelos y mi novio es alérgico —murmura ella sacudiéndose la ropa —Pero es que eres tan rico... —canturrea pellizcando sus belfos.
Daryl sonríe malévolo ¿Así que el grandullón ese es alérgico a Sauron? Lo tendrá en cuanta si algún día van a cenar todos juntos. Tendrá que irse a casa porque no será capaz de comer nada entre tanto estornudo y así él podrá... ¿Podrá qué?¿En qué coño piensa? Dios, ¿Por qué pretende alejarlo de ella?
Sacude la cabeza intentando despejar las ideas de su mente.
Mira a Carol que aún está de cuclillas intentando eliminar el rastro de Sauron.
Desde esa perspectiva puede ver perfectamente sus clavículas, su canalillo, y la hermosa forma que tienen sus pechos a pesar de estar aplastados dentro de ese top deportivo.
Ella alza la vista y él se siente enrojecer. Mierda ¿Lo habrá pillado mirándole las tetas?
—Yo... emm... a... ¿A dónde quieres ir? — , ¿Qué coño le pasa en la lengua, que parece que tiene un nudo?
Carol se incorpora lentamente, mirando con disimulo cada palmo de su cuerpo. Ha preguntado a dónde quiere ir ¿A estrenar el colchón de su cama, por ejemplo?
—A... a donde quieras, yo... yo no me conozco esto... ¿Qué zona te gusta más? Elige tú por dónde quieres empezar.
Daryl observa sus clavículas, su cuello largo, las pecas sobre el pecho que desearía borrar a base de besos... Sí, definitivamente por ahí quiere empezar.
—Ha...Hay una ruta muy agradable cruzando el parque, es por allí —señala a la izquierda donde se encuentra un camino de tierra —Marca tú el ritmo —pide. No sabe el nivel que tiene ella, no quiere que se lastime por intentar seguirlo, aunque visto los metros que acaba de sacarle de ventaja en estos escasos segundos, parece que va a ser él quien acabe con un tirón en el gemelo y tendrá que... ¡Joder, que culo tiene! Ahora le preocupa más acabar con un tirón en otro sitio.
Agarra firmemente la correa de Sauron y echa a correr para ponerse a su altura antes de que su mente siga fantaseando ¿Qué bragas llevará bajo esos leggins? A lo mejor no lleva... ¡Céntrate, Daryl!
—Pensamientos traumáticos, pensamientos traumáticos —murmura.
Carol mira de reojo al hombre que tiene al lado. Huele bien, es una mezcla de desodorante y olor natural que le resulta de lo más atrayente.
Tiene la respiración algo acelerada, al igual que ella, y el sudor hace que la camisa se ciña más a su cuerpo, marcando sus pectorales tatuados. Se pregunta qué tatuajes tendrá en su espalda. O quizás no tenga. Seguro que siempre tiene sus omóplatos llenos de arañazos de su pareja por el placer que le hace sentir. Apostaría su sueldo a que es muy bueno en la cama, y fuera de la cama también, con esos brazos que tiene seguro que es capaz de tener sexo salvaje en cualquier rincón; en el suelo, sobre la encimera de la cocina, en la ducha, contra su moto, contra uno de esos árboles del camino. Y esa lengua que tanto saca para humedecer sus labios seguro que también sabe hacer un buen trabajo en...
—¡QUE TE CHOCAS! —la agarra del brazo segundos antes de que se estampe contra un tronco.
Carol abre mucho los ojos. Joder, eso le pasa por no mirar al frente.
—¿Estás bien? —pregunta llevando la mano a su barbilla para alzarle el rostro, pero rápidamente la retira como si le hubiese dado una descarga eléctrica. Su piel es muy suave.
—Yo eh... —venga Carol, a ver que excusa pones —estaba mirando a Sauron y... me he despistado —bingo —Pero estoy bien, gracias, vamos —reanuda la marcha antes de que su mente vuelva a vagar por donde no debe. Dios, debe de estar roja como un tomate, siente sus mejillas arder.
Daryl mira a Sauron, mentira, ni siquiera se acuerda de que lleva un perro. Y eso que pensó que al llevar al animal se centraría en él y en correr, y no prestaría atención a la mujer que tiene al lado, pero para lo único que le ha servido es para que ella casi se rompa la nariz contra un árbol.
Carol sigue robando todas sus miradas. Pero joder, hay una gota de sudor que se ha alojado sobre una de sus clavículas y está a punto de resvalar y morir entre sus pechos. No quiere perderse el momento de tan hermosa muerte.
Quizás podría echarle una mano, recoger esa gota con su lengua, y recorrer su piel a base de lamidas para acabar haciendo el amor contra un árbol hasta que... ¡Estás casado! ¡Por Dios!
Se retira el cabello de la frente frustrado. Vale, esos pensamientos tienen que acabar. Es obvio que Carol le atrae físicamente, es normal, es una mujer muy atractiva, pero a lo mejor es sólo eso, quizás si habla con ella descubre que es una tía vacía, con la que no comparte nada y que no tiene nada interesante que aportar a su vida.
Sí, eso hará, tiene que conocerla y así podrá ver que... ¡Joder, ya ha vuelto a sacarle ventaja!
Carol reduce el paso con forme se va acercando a su calle. Ya puede divisar la cabina en la que una hora atrás estuvo esperando a Daryl.
Ha sido agradable salir a correr con él, se esperaba algo más incómodo, pero apenas han hablado, se han limitado a trotar uno al lado del otro, y como para hablar, ha estado todo el tiempo con unos pensamientos sucios impropios de contar en una primera cita ¡Qué no es una cita!
Se detiene y mira a Daryl, que está reajustando la correa de Sauron a su muñeca.
Está empapado de sudor, los mechones de su cabello húmedos, y unas gotas resbalan por su frente.
Dios...
—¿Tú... tú vas a seguir corriendo? —pregunta. Normalmente ella con una hora tiene bastante, aunque los sábados suele hacer una ruta más larga, pero quizás él, suela dedicar más tiempo, y de más de una vuelta a ese circuito circular.
—¿Qué? —pregunta Daryl sin aire. ¿Cómo puede correr tanto esa mujer? Dios, quería hablar con ella durante el trayecto, pero casi no podía seguir su ritmo, y todo su esfuerzo lo concentraba en respirar. Que por un lado le ha venido bien, así no podía seguir desnudándola con la mirada, pero por otro...
Sauron se desploma a su lado y jadea sin energías al tiempo que Carol repite la pregunta.
—No, yo... mi perro está muy cansado, otra hora lo matará —responde rezando para que no se haya notado que apenas puede hablar sin asfixiarse.
Carol asiente lentamente.
Llegó el momento de la despedida y no sabe qué decir, el tiempo ha pasado tan rápido, le gusta estar con él, y eso la asusta.
—Yo... debería irme a casa —comenta señalando hacia su hogar.
Daryl levanta la vista, mirando hacia donde ella señala.
—Me gusta la moto de tu marido —comenta intentando retenerla un poco más a su lado.
Carol mira la Harley que se divisa al final de la calle, aparcada en su puerta.
—No es mi marido, y tampoco es su moto —aclara ella con una suave sonrisa que se clava en el alma de Daryl.
—Pe... perdona, tu novio, y la moto es... ¿Tuya?
Carol asiente.
—Sí, pero perdí las llaves, y hasta que no recoja la copia... —responde, sintiéndose una inútil por lo despistada que es —Tú tienes una Honda CB750 Nighthawk ¿Verdad? —pregunta un poco tímida por si se ha equivocado.
Daryl asiente lentamente. Está sorprendido y extrañamente excitado. No le atraen los moteros por sus tatuajes, barbas y apariencia de malotes, es que le gusta ese mundo.
El móvil de ella comienza a sonar con la melodía de I love rock 'n roll, de Joan Jett, una de sus cantantes favoritas.
Dios, ahora no le parece tan buena idea eso de conocerla mejor ¿Dónde se había metido esa mujer todos estos años?
—Disculpa, es del trabajo, tengo que cogerlo —se excusa.
Se aleja un par de pasos de Daryl y responde a la llamada.
Está de vacaciones, pero puede que su sustituta necesite ayuda con algo, como otras veces ha pasado.
Daryl la observa en silencio.
Está realmente hermosa bajo la luz de la luna llena, cuyas hebras de plata se camuflan entre sus rizos y la envuelven en un halo luminoso casi celestial.
Sonríe a la persona tras el teléfono. Tiene la sonrisa más auténtica que ha visto en su vida, y sus ojos... Dios, malditos ojos los suyos.
Carol mira de soslayo al hombre que tiene tras ella. Está observándola, lo siente. Se pregunta el porqué. ¿Tiene la etiqueta de alguna prenda colgando vergonzosamente por su espalda? ¿Estará pensando que a su edad no debe vestir así? ¿Se estará preguntando por qué no se tiñe el pelo? ¿Estará incómodo porque quiere irse ya? Sí, será eso último.
Termina la llamada y se acerca a él.
—Lo siento, uno de mis niños quería hablar conmigo —se disculpa con sinceridad.
—¿Tus niños? —pregunta extrañado. Andrea no le dijo que hubiese tenido más hijos.
—Sí, bueno, algunos son hasta mayores que yo, pero no dejan de ser mis niños. Soy terapeuta en un centro para personas con parálisis cerebral, síndrome de down y otras enfermedades no tan conocidas —se apresura en aclarar.
—¿El mismo trabajo que el de Andrea?
Carol mueve la cabeza de lado a lado.
—Bueno... nuestros trabajos son parecidos pero no iguales. Digamos que ella les da de comer y yo hago todo lo posible para que ellos coman por sí solos —explica esperando que esa sencilla comparación lo aclare todo.
—Osea, que tu trabajo consiste en dejar a Andrea sin el suyo —llega Daryl a la conclusión.
Ella rompe a reír mostrando esa sonrisa preciosa que acelera su corazón. No era un chiste, pero si esa va a ser su reacción cada vez que diga una gilipollez bienvenida sea.
—Sí, se podría resumir así —continua riendo.
Se miran unos segundos sin saber que más decirse.
Ella se balancea sobre sus talones, y él se muerde el pulgar nervioso buscando en esa cabeza suya algo más que la retenga. No quiere que se vaya.
—Bueno, creo que...
—Me podrías dar...
Ambos hablan a la vez y se sonríen como idiotas.
—Tú primero —se adelanta Carol.
—Yo... quería pedirte si me podrías dar tu número de teléfono —se atreve a preguntar. ¿Para qué quiere su teléfono? No lo sabe, pero lo necesita.
Extiende su smartphone para que ella anote su número en él.
—Sí claro —acepta encantada.
Mira la pantalla largo rato intentando recordar el número de teléfono que lleva siendo de su propiedad quince años.
—Lo... lo siento, soy un desastre, no lo recuerdo —confiesa con timidez —Apunta tú el tuyo en el mío —propone.
Le entrega ambos teléfonos.
Daryl apunta rápidamente su número y hace una perdida a su propio móvil para tenerlo registrado. Curioso que su número también finalice en 51. Hasta en eso se parecen.
—Gracias —agradece Carol recogiendo su teléfono.
Mira la pantalla. Esa última llamada es su número. Deberá registrarlo y así...
—¡51! ¡Mi número también acaba en 51! Ya lo recuerdo —se emociona estúpidamente.
Mira a Daryl avergonzada por esa reacción, pero él está sonriendo ante su gilipollez, tiene una sonrisa muy bonita.
—Lo he pasado muy bien, Daryl, es... es agradable salir a correr en compañía —murmura con timidez, temiendo levantar la vista.
Daryl se sonroja.
—Sí, ha sido genial. Hace año que no encontraba a alguien capaz de darme tanta caña. Estoy sin fuerzas —sonríe ante su propia confesión.
—Ay Dios ¿He ido muy rápido? Yo... yo es que... pensé que... ya sabes... eres bombero y... ¡Oh dios, lo siento!
Daryl no puede evitar reír ante su nerviosismo y preocupación. Es adorable.
—Me viene bien, me pondré como reto poder correr a tu lado sin ir con la lengua fuera —la tranquiliza, pero... ¿Ha sonado mal lo de la lengua fuera? Oh sí, ha sonado mal —Lo de la lengua me... me refiero a... a no cansarme, no... no a...
—Lo entendí —interrumpe Carol. En ningún momento se le pasó por la cabeza que se refería a que se le caía la baba de lo atractiva que la veía. Puf, si está casado con una diosa de la belleza .
—Entonces... ¿Quieres volver a correr conmigo? —pregunta mordiéndose el labio tímida.
Daryl la mira, Oh sí, se quiere correr con ella.
—Ss...si tú quieres... ¿mañana a la misma hora?
Carol asiente.
—Mañana a la misma hora —repite —, Y trae a Sauron, es precioso —añade agachándose para dar una última caricia al animal —. Hasta mañana —dice mientras camina hacia atrás, dando varios pasos antes de girarse y echar a correr hasta su casa.
Daryl la observa, alucinante que aún tenga energías para seguir corriendo.
Mira a Sauron. —Bueno, ¿Qué te ha parecido? —pregunta al animal, que lo observa jadeando de una forma que parece que está sonriendo. Daryl suspira —Sí, a mí también me parece increíble.
—Yo creo que con estas dos maletas tendré bastante —comenta Andrea —aunque no sé para qué llevo tanta ropa, si me pienso pasar la semana sentada bajo una palmera bebiendo caipiriñas incluso si llueve.
Merle se echa a reír.
—Tú emborráchate, que yo me pondré las botas mirando culos brasileños.
Andrea ríe sarcástica.
—Oh, cariño, creemé, yo haré los mismo —bromea ganándose un codazo juguetón de su recién extrenado marido.
En dos semanas al fin se irán de Luna de Miel. Una semana a solas, sin niños. Casi parece un sueño.
Daryl llega a casa de sus padres.
—Os traigo a Sauron —gime dolorido.
Libera al animal que corre hacia la puerta del jardín donde su ansiada agua se encuentra.
Daryl comienza a hacer unos estiramientos para destensar sus músculos cargados. Sus cuádriceps duelen a rabiar.
Merle asoma la cabeza por la puerta.
—¿Qué te ha pasado, Darlina? —pregunta en tono burlón al ver el lamentable estado de su hermano. Está empapado en sudor, sus piernas con arañazos, y polvo del camino adherido a su piel.
Daryl alza la vista intentando averiguar que hacen su hermano y cuñada en casa de sus padres. Quizás es una alucinación fruto del cansancio, luego recuerda que su madre le comentó cuando fue a recoger a Sauron que Merle se pasaría luego a por unas maletas para el viaje.
—He salido a correr con Carol y me ha matado —confiesa entre gemidos. No se siente las piernas.
Andrea decapita una carcajada.
—Normal, a quién se le ocurre salir a correr con ella. Estuvo en el equipo de atletismo de la universidad y luego... ¡Un momento! ¿Has salido a correr con Carol? —pregunta sorprendida. Qué calladito se lo tenía la hija de puta.
Daryl asiente.
—¿Y eso? ¿Cómo fue? ¿Surgió así sin más? —interroga interesada. Se sienta a su lado y le mira como el niño que espera oír su cuento favorito.
—Le hablé por Facebook para disculparme por mi comportamiento de ayer, le comenté que saldría a correr de noche, ella dijo que le gustaría hacerlo también, pero le da miedo salir sola y... pues surgió.
Andrea no puede contener su sonrisa. Tan preocupada que estaba ella por si Daryl se había sentido intimidado al verla en bragas, y ahora...
—¿Y qué tal? ¿Lo has pasado bien?
Daryl coge aire ¿A qué se debe ese entusiasmo?
—Sí, es muy agradable, hemos quedado para correr mañana también —comenta con naturalidad, y es entonces cuando se da cuenta de que HA QUEDADO CON ELLA OTRA VEZ, va a salir a correr con ella de nuevo, Y Janet... Janet no sabe nada.
Andrea se muerde el labio. Luego llamará a Carol para sonsacarle información.
—Hombre hijo, has vuelto —saluda sonriente Anne —¿Qué tal con la chica? —pregunta interesada.
—¿Qué chica? —cotillea Will, que no está al tanto del tema.
Daryl se siente como un adolescente que acaba de tener su primera cita.
—Bien, mamá. Es una amiga de Andrea, papá, hemos salido a correr juntos, le daba miedo correr de noche sola, sólo eso —explica, intentando autoconvencerse de que salió a correr con ella por eso y nada más, pero cuanto más lo repite más falso le parece.
—¿Has salido a correr con Carol? —se mete Merle —¡Ya hay que tenerlos cuadrados para atreverse a hacer eso! Yo lo hice una vez, me estuve burlando de ella, diciendo que yo corría más. Fue la última vez que le vacilé.
Daryl se echa a reír.
—Seguro que te lo tenías merecido, por bocazas, pero ¿Podemos dejar de hablar de ella? Deben de estar pitándole los oídos —ruega, temiendo que la conversación vaya a más, y acabe descubriéndose la atracción que siente por ella.
Andrea sonríe divertida.
—Oye, estábamos pensando Merle y yo, que como dentro de dos semanas nos vamos de Luna de Miel, podríamos hacer el próximo sábado, una quedada de despedida aquí en la piscina. Ya sabes, todos los chicos y la familia, y ya te llevas a Lilly a tu casa —comenta.
Matthew y Sam se quedarán con Anne, son mayorcitos, sabe que no darán guerra y que ayudarán a sus abuelos con las tareas de casa, pero Lilly necesita a alguien con más energía, y ese es Daryl, aunque sabe que a Janet no le hace ninguna gracia tenerla por casa. Que se joda.
Daryl asiente, le parece buena idea, le encanta estar con sus amistades y familia. Seguro que Rick se presentará con Carl y la pequeña Judith, que junto con Lilly serán el alma de la fiesta. En unos meses, cuando Maggie y Sasha den a luz, serán dos niños más que alegrarán ese grupo en constante crecimiento.
Está deseando llevarse a Lilly a su casa, quizás ello despierte en Janet ese supuesto instinto maternal del que tanto hablan.
—¿Invitarás a la muchacha también, no? —pregunta Anne.
—¿A Carol? Sí, por supuesto, y a su marido también —responde.
Lo cierto es que invita a Tobin por la misma razón que invita a Janet: Por ser pareja de. Pero le importa una mierda si se presentan o no.
—No es su marido —susurra para sí Daryl.
Por un momento su corazón se aceleró al saber que ella estará en esa fiesta en la piscina, para segundos después romperse en mil pedazos al saber que iría con su novio, ¡Por Dios! ¿Acaso él no irá con Janet? Que estupidez de pensamientos.
—Hola Andrea —responde Carol al teléfono, el cual sujeta entre su oreja y hombro, ya que tiene las manos ocupadas embadurnándose con crema hidratante.
—Hola, señorita ¿No tienes nada que contarme? —pregunta con voz socarrona, pero Carol guarda silencio. Esa mujer es tan despistada que seguro que ya ha formateado el disco duro con los datos sobre lo que ha hecho esa noche —Ya sabes, cierta quedada para salir a correr —intenta que recuerde.
—Ah, sí, salí a correr con Daryl ¿Por?—comenta con desinterés, restando importancia al evento, como si la imagen de él corriendo a su lado no estuviese dando vueltas en su cabeza todo el tiempo.
—Por nada, ¿Qué bragas llevabas esta vez? ¿De abuela o para entrar a matar? —bromea Andrea, haciéndole recordar el incidente.
—A ti si que te mataba yo —amenaza Carol —. Un término medio —miente. No podía arriesgarse a que por alguna razón acabase viendo sus bragas otra vez y volviesen a ser de señora con incontinencia urinaria, por lo que sacó su artillería pesada del cajón y se las colocó. Incómodas a más no poder, pero sexys a morir.
—¿Y Tobin sabía que ibas a correr con mi cuñado? —interroga.
—Claro, no es la primera vez que salgo a correr con otras personas, y no le importa —responde. Es cierto, en Washington hace footing con más gente, a veces es un grupo grande, otras cuatro gatos, a veces grupos mixtos, otras sólo hombres, o mujeres y los días de mal tiempo sólo se anima a salir a correr con ella una persona, un hombre casado al igual que Daryl, aunque en este caso su pareja se llamase Javier.
—Ya, bueno, sólo llamaba para invitarme a una pequeña fiesta en la piscina —informa Andrea, que le relata el motivo, quienes irán, qué comerán, la hora y lugar...
Carol deja su mente vagar. Daryl estará allí, en traje de baño, como en esa maldita foto de su facebook que trae a su mente cada vez que...
—¿Me estás escuchando, doña despistada? —pregunta Andrea. Seguro que ya se ha ido a ese mundo suyo.
Carol sacude la cabeza. Sí, Daryl estará allí, pero Janet también. Con esa piel perfecta, tetas en su sitio, sin arrugas y marcando cuerpazo.
—Andrea, yo... yo no debería ir... Vais a estar entre amigos y familia, no sé, me sentiría como una intrusa... —se excusa.
—¿Has vuelto a morder una manzana de atrezo por error? ¿Qué coño dices? Tú y yo somos amigas desde que teníamos pañales, y lo seguiremos siendo cuando los volvamos a tener. Vas a venir a la piscina sí o sí. Como no te presentes allí el sábado a las cuatro y media voy a buscarte a tu casa y te saco a rastras —sentencia.
Cuelga el teléfono dejándola con la palabra en la boca.
Carol resopla. Tendrá que comprarse un... ¿Bikini? ¿Bañador? No sabe, a Tobin no le gusta que utiliza esas prendas, pero le resbala lo que diga, pero por alguna razón Janet le crea unas inseguridades sobre su cuerpo que no suele tener...
Daryl llega a su hogar, Janet está en casa, puede ver luz saliendo de su estudio, y el sonido del teclado del iMac siendo golpeado por sus dedos ágiles.
Deja con cuidado las llaves dentro del cenicero de diseño, procurando no arañarlo.
Se quita los zapatos y camina descalzo hasta la habitación donde su maravillosa esposa está ocupada.
—Buenas noches, cariño ¿Qué tal el día? —pregunta dando un beso en su mejilla. Huele bien.
Masajea suavemente sus hombros mientras ella le cuenta sus triunfos de ese día. No entiende la mitad de los datos y palabras que utiliza, pero ella está feliz, y eso es lo importante.
—Estate quieto, estás todo sudado y me acabo de duchar —lo detiene ella en un movimiento de hombros.
—Lo siento, vengo de correr —se explica él, y entonces recuerda —E... estoy corriendo con una amiga de Andrea, ella... tiene miedo de correr sola de noche, de día hace mucho calor y pues... me he ofrecido a acompañarla —confiesa, y por alguna razón siente que está mintiendo.
Estudia la mirada de su mujer en busca de algún tipo de reproche.
—¿Qué edad tiene?
Daryl intenta comprender el motivo de su pregunta.
—Cumple 41 en noviembre —responde, sintiéndose mal por conocer ese dato.
—Es mayor que tú... ¿Tienes foto de ella? —pregunta girándo su silla hacia él.
Daryl saca su teléfono y busca en Facebook la fotografía que Andrea subió la noche anterior, en la que sale Carol con Lilly en brazos. Sonríe sin darse cuenta, está muy guapa ahí.
Se la muestra a Janet.
Su mujer ríe con desprecio.
—Puf, ¿No sabe lo que es un tinte o qué? —se burla.
Vuelve a lo que estaba haciendo y deja a Daryl mirándola con el ceño fruncido.
—No sé, le gustará ese tono —la defiende él ¿A qué ha venido eso?
—A nadie le gusta ese tono, cariño.
"A mí sí" piensa Daryl que observa la fotografía sonriente. Su cabello plateado va a juego con su piel marmórea y ojos azul cielo, son todos tonos suaves, que combinados crean a esa mujer única.
—¿Entonces no te importa que salga a correr con ella? —pregunta. Al fin y al cabo es lo único que necesita saber.
—¿Por qué me iba a importar? —da su visto bueno, no tiene nada de qué preocuparse —Procura no correr mucho, no vaya a ser que se rompa la cadera —bromea con crueldad, y vuelve a su tarea.
Daryl abre y cierra la boca varias veces queriendo responderle, pero prefiere callar, no quiere acabar discutiendo con ella o que piense que le gusta Carol. Al menos puede seguir viéndola sin poner en juego su matrimonio, y eso es lo único que le importa.
Abandona la habitación y se encamina a la ducha para eliminar el sudor de su cuerpo.
Mira por la ventana esperando encontrarla en su habitación, y efectivamente, ahí está, cuidando su piel, que brilla como si estuviese bañada en oro blanco. Qué hermosa está, y qué limpia, él aún está cubierto de polvo del camino y pringoso por el sudor.
Esa mujer ha puesto a prueba sus energías y ha agotado su batería.
Dios, es muy rápida, él está muerto y ella seguro que está tan fresca, o quizás no, quizás debería preguntarle. ¡Su número de teléfono! Lo tiene en el registro de llamadas pero aún no lo ha guardado en su agenda.
Corre a hacerlo, eso es más importante que la ducha.
¿Cómo registrarlo? ¿Sólo Carol? ¿Carol Peletier? ¿Carol amiga de Andrea? ¿Carol la mujer que está desordenando mis pensamientos?
Sacude la cabeza.
"Carol"
Abre su contacto en Whatsapp y un sabor agrio sube por su garganta. En su foto de perfil sale sonriente junto al idiota de su novio ¿Qué más le da? ¿Acaso él no sale en la suya con Janet?
Suspira cansado.
Deja el móvil sobre el lavabo ¿Para qué preguntarle cómo está? Estará perfectamente, y si le duele algo ahí estará su marido para cuidarla.
Entonces vuelve a mirar por la ventana. Ella está mirando su teléfono, y por alguna razón siente el impulso de enviarle algo.
Coge su móvil y fotografía sus propias piernas empolvadas y con algún que otro corte por las ramas del camino, y se lo envía por whatsapp con la leyenda "Por tu culpa".
Enviar.
Ahora sólo queda esperar su reacción.
El rostro de Daryl se ilumina al ver como sonríe y niega con la cabeza divertida mientras escribe.
"¿Qué es por mi culpa? ¿Qué no te hayas duchado o qué estés comido de mierda y cortes?".
Daryl se echa a reír.
"Las dos cosas".
Vuelve a mirarla ¿acaso miente?
"¿Qué culpa tengo yo de que no te hayas duchado aún?"
Piensa un instante.
—Toda la culpa—murmura, pero no puede decirle que la está viendo por la ventana y lo tiene hipnotizado.
"Estoy demasiado cansado como para ducharme"
Vuelve a mirar por la ventana, Dios, la tiene tan cerca que podrían hablar incluso por walkies talkies.
Ella ríe de nuevo y comienza a escribir algo.
Le encanta como atrapa la lengua entre sus labios está de lo más...
—Maldito capullo —gruñe cuando ve a Tobin entrar e interrumpe su charla.
Ella le ofrece el bote de leche corporal, y él sale de la habitación sin cogerlo. Le encantaría saber que es lo que han hablado.
Su móvil vibra, le ha llegado algo ¿Un mensaje de voz? ¿Cuándo lo ha grabado?
Pulsa reproducir.
"—...por la espalda, por favor.
—Sabes que no soporto el tacto de esa crema, Carol.
—No seas quejica, luego te lavas las manos, por favor, yo no lle..."
Y ahí termina ese audio de aproximadamente diez segundos.
Tras ese audio llega un mensaje.
"Oh, dios, lo siento, lo envié sin querer"
Daryl sonríe.
"Ya lo supuse"
Menudo tío más idiota tiene por novio.
"Yo sí te habría echado esa crema por la espalda"
Se atreve a decir, y al instante se arrepiente ¿Para qué dice eso? Por dios, se ha vuelto loco, ella va a... ¡Gracias a dios, ha sonreído! Y ahora se muerde el labio mientras escribe, y no puede ser más sexy.
"¿Ah sí? ¿Y eso por qué?"
Ella golpea sus dientes con sus dedos mientras espera pacientemente a que él responda, pero Daryl no sabe qué responder ¿Por qué quire echarle crema? Pues porque no es idiota, estaría encantado de quitarle la camisa, masajear toda su espalda, hacerla gemir por la presión que haria sobre puntos claves para destensar sus músculos, se desviaría hasta sus pechos y los masajearías mientras besa su cuello, haciéndola gemir de nuevo solo que esta vez por placer. Pero no puede decirle eso.
"Como agradecimiento por este día" miente, pero no se le ocurre otra forma de salir de esa conversacion.
Ella sonríe con ternura.
"Lo tendré en cuenta la próxima vez"
Daryl sonríe, aunque duda que eso sea cierto.
"Voy a ducharme antes de que me quede dormido de pie"
No quiere dejar de hablar con ella, pero no puede pasarse tanto tiempo en el baño, Janet se preocupará por él cuando se de cuenta de lo que está tardando. Si se da cuenta...
"Vale, disfruta de tu ducha :*"
—Lo haré —susurra observándola a través de la ventana.
Ella se levanta de la cama y marcha de la habitación privándole le la visión de su hermoso cuerpo.
Al menos mañana la volverá a ver.
Carol remueve su café con la cucharilla de la taza, mientras observa distraída su telefono móvil.
Daryl
Últ. vez hoy a las 08:36
Le gustaría hablarle, preguntarle que tal está, si tiene muchas agujetas, si aun sigue en pié la salida de esa noche...
Sonríe mientras lee de nuevo su última conversación. Aún no se cree que le haya mandado esa foto de sus piernas musculosas cubiertas de polvo y cortes. Si él le dejase, con gusto se las curaría, y ¡Ay dios, está escribiéndole!
Sonríe como una idiota observando esa hermosa palabra "escribiendo...".
"Hola, ¿Qué tal estás hoy? Yo con agujetas hasta en las pestañas"
Se echa a reír, pobrecillo.
—Buenos días —saluda Abraham al entrar a la sala de descanso en busca de un poco de cafeína que lo despierte. Su turno de noche terminó hace un par de horas, pero se ha entretenido charlando con Tara.
Daryl devuelve el saludo con un movimiento de cabeza, tiene cosas más importantes a las que prestar atención, Carol está escribiendo.
"Yo fresca como una rosa ^^"
El ríe con una risa tan aguda y estúpida que hace que se avergüence ¿De dónde ha salido eso? ¿Por qué le ha hecho tanta gracia esa frase?
Mira a Abraham, el hombre lo observa a través de su taza y arquea una ceja interrogante.
—Perdón, yo...
—¿Hablando con Janet? —pregunta con desinterés.
—Ssí, Janet... —miente nervioso.
Abraham da un último sorbo a su taza.
—Lo supuse por esa risa de gilipollas enamorado —dice con esa voz grave que le identifica.
Sale de la habitación dejando a Daryl a solas con su teléfono y pensamientos de ¿Gilipollas enamorado? Puf, que estupidez.
Carol espera pacientemente a que Daryl llegue a su altura. Lo está viendo a lo lejos, caminando junto a Sauron. Dios, tiene el porte del típico tío duro de película, sólo falta que haya cosas explotando tras él.
Hoy lleva una camiseta más holgada, pero aún así no puede disimular esos hombros anchos en los que le encantaría colgarse.
Se ha detenido, ¿Por qué se detiene? ¿Se habrá arrepentido?
Daryl está petrificado, ¿Qué es lo que hace esa mujer que cada día está más hermosa? Encima una de las mangas de su camisa verde agua deja al descubierto su hombro, y él está imaginando mil formas de bajarle el tirante del sujetador y besar, morder y marcar esa preciosa piel pálida que se muere por ver sin obstáculos.
La correa de Sauron se escapa de entre sus manos y el animal corre hacia Carol sin que él pueda hacer nada por impedirlo.
—¡Sauron! —ríe Carol cuando el perro de 35kg le echa las patas y lame su rostro. Le encanta lo cariñosos que llegan a ser, aunque la ponga perdida de pelos.
Daryl reacciona y corre hasta allí.
—Lo... lo siento, se... se me ha escapado —se disculpa avergonzado, sus malditas manos han perdido toda fuerza de sujección.
—No importa, me encanta que me saluden así —dice sin pensar.
Daryl la observa, tiene una sonrisa radiante y abraza a Sauron con un cariño que hace que se derrita.
—Si eso es lo que te gusta la próxima vez te saludaré a lameto... —se interrumpe alarmado, ¿Qué coño está diciendo? Ha pensado en voz alta, no ha pensado, y ahora ha soltado esa barbaridad. Ella sonríe nerviosa, si supiera que estaría encantada de que lo hiciera.
Le entrega la correa de Sauron.
—Oh, no, llévalo tú —pide.
Su rostro se ilumina.
—¿En serio? Gracias —dice entusiasmada.
Daryl sonríe. A ver si con suerte la pone perdida de pelos y su novio alérgico no puede saludarla como ella dice que le gusta.
—¿Quién marca el ritmo hoy? —pregunta ella tímida, mirándole directamente a los ojos.
—T... Tú, pe...pero baja un poco la intensidad —tartamudea nervioso. Esa maldita mirada siempre le roba las palabras.
Carol asiente, y emprende la marcha con Sauron a un lado y Daryl al otro. Jamás se ha sentido tan bien acompañada.
—¿Vas bien? —pregunta mirándole de soslayo. No quiere que lleve un ritmo forzado como ayer.
—Sí, voy bien —asiente.
La observa disimuladamente. Le gusta como su cabello baila con cada paso que da, el compás de su respiración, la forma que tiene de mirar al horizonte, como sus pechos rebotan suavemente ¡Concéntrate, Daryl!
—O.. oye, ¿Haces algún deporte más aparte de este? —pregunta curioso. Tiene un cuerpo bastante atlético.
Carol se lame los labios pensativa.
—Sí, escalada, surf, submarinismo, ciclismo... —responde. Hace memoria, seguro que se ha dejado algún deporte en el tintero.
Daryl escucha atentamente. Dios, la ve tan sexy en cada uno de esos deportes, aunque fuese de las que hacen submarinismo con una escafandra.
—Pero no me he traído equipo para nada de eso, ni traje de neopreno, ni bicicleta, ni tabla de surf, ni...
—Y aunque te la hubieses traido, Georgia no es lugar para hacer surf —interrumpe Daryl —Me encanta ese deporte, pero lo más cerca que tengo aquí para practicarlo es Florida, al igual que la escalada y el buceo, que tengo que salir de aquí para ello. Es una mierda —se queja Daryl. En realidad le da igual no poder practicar esos deportes cada vez que quiera, lo que le jode es no poder hacerlo con ella. A no ser que le robe la auto-caravana a Merle y se la lleve de ruta poco puede hacer.
Dios, podría hacer eso, pasar días enteros con ella, practicando deporte, hablando, riendo, y a la noche volverían a la caravana a ducharse, dormir uno al lado del otro en ese espacio tan reducido en el que no podrán evitar rozarse, el calor sería insoportable, se desnudarían y... ¡NO!
—¿También practicas esos deportes? —pregunta ella, que es ajena a lo que se está removiendo en los pantalones de él.
Daryl tarda en responder, su sangre aún no ha vuelto a su cerebro.
—Sí, aunque aquí aparte de footing y ciclismo poco más puedo hacer. También juego a paintball ¿Sa... sabes lo que es? —pregunta sintiéndose tímido de repente por la forma que tiene de mirarlo.
—Sí, estuve en el equipo de Merle un tiempo cubriendo la baja de un compañero. Se lesionó y yo jugué por él lo que quedaba de temporada.
Daryl se para en seco.
—¿Ocurre algo? —ella lo mira preocupada, intentando leer su rostro. ¿llevaba un ritmo muy rápido? ¿Le ha dado un tirón? ¿Ha dicho algo malo?
—Me... me cubrías a mí —murmura sin poder ocultar su sorpresa —. Me... me torcí un tobillo por... por un slide mal hecho y... ¿Eras tú? —pregunta aún sin creérselo. Por eso la insistencia de su hermano a que fuera a verlos competir, quería que la viese a ella, que la conociera, y él como un niñato inmaduro se negó porque estaba enfadado por no poder competir y le hubiesen buscado sustituto.
Era ella...
La mira, están mirándose fijamente, ambos sorprendidos por ese dato del que ninguno había sido consciente antes.
Dios, es preciosa...
Joder, ha tenido tantas oportunidades para conocerla antes, y todas desperdiciadas. Si hubiese ido, si hubiese hecho caso a Merle, o a las insistencias de Andrea de que quedase con su amiga, quizás ahora ella sería su mujer.
Si pudiese volver al pasado ¡No haría nada, porque está felizmente casado!
Sacude la cabeza para despejar esos absurdos pensamientos.
—¿Se... seguimos? —la anima a continuar.
Ella sacude la cabeza al igual que ha hecho él y emprende de nuevo la marcha.
Es increíble, nunca había caído en que era él la persona a la que ella sustituía, pero ahora que lo piensa... Claro, por eso Andrea insistía tanto en que la acompañase a la casa de dicha persona lesionada, quería que lo conociera, y ella como una idiota se negó pensando que no le sentaría bien ver a su sustituto. Qué idiota fue.
Si le hubiese hecho caso... ¡Pues él se habría casado igualmente con esa preciosa mujer sacada de un anuncio de revista y ella estaría con Tobin¡ ¡Hombre al que ama!
Corren en silencio durante largo rato, robándose miradas, pero sin decir nada, cada uno con sus pensamientos. Pensamientos tan parecidos...
—Mi... mi hermano dice que una vez salió a correr contigo —inicia otra conversación Daryl.
Carol ríe en el recuerdo.
—Oh, Dios, sí, durante media hora fui a cámara lenta, dándole ventaja, dejando que se burlase de mí, me llamase tortuga y se autoproclamase el "Usain Bolt blanco". Hasta que me cansé de jugar y aceleré el ritmo. Deberías haber visto su cara —relata.
Daryl sonríe.
—Me la puedo imaginar. Ese idiota... no sé que vio Andrea en él —niega con la cabeza.
Carol se echa a reír.
—Al principio no lo soportaba, se presentaba en la cafetería donde trabajábamos ella y yo y se pasaba hooooooras con sus bromas pesadas, coqueteando con ella, llamándola rubia, Barbie, tetas de azúcar...
Daryl siente la vergüenza ajena recorrer su cuerpo.
—Sí, es todo un poeta... tuviste suerte de que no se fijase en ti —dios, menos mal que no se fijó en ella ¿Cómo sería tenerla de cuñada? siendo la madre de sus sobrinos, y él anhelando que fuesen sus hijos... ¡Deja de pensar gilipolleces!
—Sí se fijó, pero cuando cruzamos más de dos palabras me dijo "Eres como mi hermano pero con tetas" y supongo que perdió todo interés en mí —revela.
Daryl ríe entre dientes.
—A nadie le gusta enamorarse de su hermano, por muchas tetas que tenga —murmura distraído, tardando unos segundos en darse cuenta de que... ¡Oh mierda! —Yo no, no quise decir que tienes tetas, que... a ver, sí tienes, eres mujer, pero que yo... yo no me he fijado en si tienes muchas o pocas o... dios, mejor me callo —se pellizca el puente de la nariz ¿Cómo la puede cagar tanto en tan pocos segundos?
Carol ríe ante su torpeza.
—No tengo muchas tetas, sólo dos —bromea ella para tranquilizarlo.
Ríe maligna y acelera el paso dejándolo atrás.
Daryl tarda en reaccionar.
—¡ESPERA! —grita, pera ella vuelve a reír y él no puede evitar sonreír, supone que lo está castigando. Se lo merece, por bocazas, y por mentiroso también. Que no se ha fijado en sus tetas, puf, si supiera todo lo que ha hecho ya con ellas mentalmente...
Llegan al punto inicial del recorrido. De nuevo el tiempo ha pasado volando, y de nuevo no saben cómo despedirse.
—Bueno, pues... aquí estamos otra vez —murmura Carol balanceándose de adelante a atrás, sin saber muy bien qué decir.
—Sí... —exhala Daryl.
—¿Qué tal? ¿Vas mejor con este ritmo? —pregunta ella mirándole con la cabeza ladeada, estudiándolo.
Adorable.
—Sí, mejor, excepto por los últimos diez minutos —se queja él haciéndola reír —Espero poder adaptarme a tu ritmo normal de aquí a una semana —dice optimista, aunque duda mucho que eso pase.
—Entonces... ¿mañana a la misma hora? —pregunta esperanzada en que diga que sí.
—Por supuesto —afirma él. Aún no se han despedido y ya está deseando que sea mañana.
Carol espera que no haya oído su grito interior.
—Bueno, pues... hasta mañana, Daryl —se despide como la noche anterior, caminando lentamente hacia atrás.
—Hasta ma... ¡Espera! —la detiene antes de que se gire —¿Irás a la barbacoa en la piscina? —pregunta, sin saber si Andrea ya ha hablado con ella sobre el tema.
Carol lo mira de arriba a abajo. Es tan perfecto, y encima se preocupa por si va a ir a esa fiesta en la que estará su mujer igual de perfecta que él, y con más tetas que ella, o a lo mejor no, pero al menos en las de su mujer seguro que se fija.
—No... no lo sé Daryl —se encoge de hombros —. Aún no lo he pensado.
Daryl asiente lentamente.
—Pues cuando te lo piense me dices, me... me gustaría verte allí —murmura tímido —Para presentarte a mi esposa y eso... —se precipita en añadir, no vaya a pensar que el motivo por el que quiere verla en la piscina es porque le agrada su presencia y... Dios, tiene que estar de lo más sexy en bikini.
Carol sonríe con suavidad.
—Claro, tú mujer, sí, yo... yo también quiero conocerla, puede que vaya con Tobin, no lo sé —musita nerviosa. ¿Para qué quiere presentarle a su mujer? Supone que es normal, está saliendo a correr con ella todas las tardes, querrá que la conozca, que vea como es, y que no es ningún rival para ella...
—Por supuesto, Tobin, tu novio —ese que no te echa crema —Pues... es...espero verte allí con él —tartamudea. Ya se había olvidado de ese tío. A ver si con suerte tampoco le gusta echarle protección solar y tiene que ser él quien lo haga. Puf, no seas iluso, antes se lo pedirá a Andrea.
La observa marchar a su hogar, de nuevo se aleja de él, supone que debe dar gracias de que al menos puede hablar con ella vía Whatsapp o Facebook, y que en 24 horas volverá a verla.
Carol entra por la puerta.
—Ya estoy en casa —anuncia con voz cantarina, cualquiera diría que lleva una hora trotando.
Tobin alza la vista de su sillón y frunce el ceño.
—¿Pero qué? ¿Y ese perro? ¡Carol, ya lo hemos hablado, soy alérgico! —le regaña, y comienza a estornudar sin poder controlarlo.
Carol mira al animal jadeante que tiene a su lado y cuya correa está enredada en su muñeca.
—¡Ay, mierda! ¡Sauron! ¿Por qué no me avisaste? —masculla.
Se asoma por la puerta a ver si por casualidad Daryl sí se ha dado cuenta de que vuelve a casa sin su perro y ahora se encamina hasta su entrada, pero él no está ahí.
—Es el perro de Daryl, lo he llevado yo mientras corríamos, me he olvidado de devolvérselo, y él de pedírmelo —explica.
Tobin está ocupado en la cocina buscando sus antihistamínicos, ya empieza a notar como le pica hasta la garganta.
Decide llamar a Daryl, pero este no lo coge, por lo que le envía un mensaje.
"Tengo a tu perro"
Deja a Sauron en el pequeño patio trasero que utiliza para tomar el sol de vez en cuando y vuelve a la cocina para trastear entre los cacharros buscando algún recipiente en el que poder echarle agua y así...
—¡Mierda! —se queja al darse cuenta de lo que parece su mensaje.
Vuelve a coger a su móvil.
"No es ningún secuestro, sólo tengo a tu perro en mi casa. Tranquilo, está bien cuidado, pero agradecería que vinieras a por él, Tobin es alérgico"
Enviar.
Escucha a su marido estornudar. Pobrecillo.
Se acerca a él.
—Lo siento, cariño, ¿Estás algo mejor? —pregunta colgándose a su cuello. No le gusta que lo pase mal por su culpa.
Tobin asiente y la agarra de la cintura.
—Me vas a matar con tus despistes un día de estos —bromea.
Carol hace un puchero. Tobin es un buen hombre, vale que no es el adonis de cabello largo y tatuado con el que sale a correr, ni tienen muchas aficiones en común, pero es el hombre que se preocupa por ella, la cuida y quiere tal y como es, con despistes incluidos, y que en teoría sí mira sus tetas.
—¿Y si te lo compenso? Ya sabes, tú, yo, una ducha —propone con voz melosa —No puedes negarte, es tu hora de la ducha.
Tobin sonríe y la besa suavemente aceptando su propuesta.
Daryl recorre la calle de Carol hasta llegar a su casa.
Es increíble, no se ha acordado de su perro. Por Dios, es un bicharraco de 35kg con más cabeza que él ¿Cómo ha podido olvidarlo? Entonces recuerda los ojos de Carol. He ahí la respuesta.
Ha estado tentado en ignorar el mensaje y dejar que Tobin sufriese los síntomas de su alergia durante toda la noche, pero luego pensó ¿Para qué? ¿Qué necesidad de hacer que ese hombre lo pase mal? ¿Qué conseguiría?
Llama a su puerta, escucha unos pasos que se acercan.
—Un momento —dice una voz masculina que se aleja.
Supone que ese idiota se habrá acercado a mirar por la mirilla y al ver que es él ha ido a buscar al perro.
Tobin abre la puerta y le entrega a Sauron tomando la correa con dos dedos, como si temiese quemarse al más mínimo contacto si toca algo que pertenezca al animal.
—Gracias —murmura Daryl con sequedad. Quería ver a Carol.
Lo mira de arriba a abajo. Está vestido solo con una toalla alrededor de la cintura. No tiene ni un solo tatuaje.
—Lo siento, he interrumpido su ducha —se disculpa, aunque no sienta remordimiento alguno.
—Oh, no, aún no...
—¡Tobin, o vienes ya o me follo a la alcachofa de la ducha! —grita Carol desde el interior del baño.
Tobin mira a Daryl con cara de circunnstancia. Que ordinaria es esa mujer a veces.
—Lo siento, es una impaciente. Bueno, ya nos veremos, Daryl —se despide.
Cierra la puerta y deja ahí a Daryl con cien sentimientos distintos recorriendo su cuerpo.
—No tiene derecho a tutearme —gruñe.
No entiende qué le pasa, pero le duele, le duele hasta en lo más profundo de su alma que Carol esté desnuda en esa ducha con su marido, haciendo el amor.
Odia ese tío, odia su cara, su sonrisa amable, los treinta centímetros que le saca de altura, odia su maldita suerte y no sabe por qué. Se supone que él es feliz con lo que tiene y en cambio ahí está, envidiando a ese potus de dos metros. Debió haber dejado a Sauron ahí.
Suena su móvil.
—Andrea, ¿Qué ocurre?
—¡Hola, tito! —saluda la voz infantil de su sobrina.
Daryl sonríe, esa sinvergüenza tiene el don de quitarle todas las penas.
—Hola, Lilly ¿Qué tal estás, mi niña?
—¿Me llevas mañana a la tienda de deporte? —pregunta ignorando la pregunta su tío —Tengo que comprarme un gorro para la piscina —informa.
—Claro, cariño, ¿Pero no ten compró uno papá la semana pasada? —pregunta pensativo. Juraría que Merle le comentó algo de eso.
—Hola, Daryl, soy Andrea. Sí, así es, pero el muy idiota lo compró de color carne y parece que está calva, o un condón gigante, no sé que es peor ¿Mañana libras verdad? Merle y yo tenemos que ir a vacunarnos, y ella necesita el gorro para la tarde ¿Sabías que hay que vacunarse para ir a Brasil? No es obligatorio, pero se recomienda, y prefiero hacerlo, paso de que el hipocondríaco de tu hermano empiece a notar síntomas de fiebre amarilla y me de la Luna de Miel.
Daryl se echa a reír.
—Tranquila, la llevaré a comprarse el gorro, a las diez estaré allí.
—Gracias cariño, ¿Qué tal con Carol? ¿Te ha matado hoy también? —pregunta con picardía.
Daryl traga saliva.
Lo ha matado, pero de otra manera.
—No, hoy ha ido mejor, lo he pasado bien —oculta información.
Mira hacia atrás, donde ha dejado la casa de Carol, seguro que ahora mismo está en la ducha haciendo el amor con su marido, desnuda, húmeda y excitada ¡Deja de pensar!
Mira su moto aparcada en la puerta, sólo de imaginársela conduciéndola...
Entonces se da cuenta de algo y se echa a reír.
Cuelga el teléfono y decide enviarle un Whatsapp.
Menudo desastre de mujer.
—En serio Tobin ¿Cómo ha podido darte un tirón de espalda? —se queja Carol.
El polvo en la ducha ha sido un completo desastre, en cuanto él se agachó para besar su cuello empezó a gritar como un animal herido. A veces odia que sea tan alto —Estás en muy baja forma, deberías hacer más ejercicio, así fortalecerás la espalda, abuelete —bromea ella, dándole un par de cachetadas en su trasero desnudo tras aplicarle la crema de calor.
Calor el que siente ella, que aún sigue con el calentón. La amenaza que gritó a Tobin sobre tirarse a la alcachofa de la ducha acabará siendo verdad.
Coge su teléfono móvil, tiene un mensaje de Whatsapp de Daryl, espera que sea una fotografía de otra parte de su cuerpo, necesita algo de inspiración para...
—No puede ser —murmura al leerlo.
Se viste con lo primero que pilla y sale al exterior a ver su moto.
Efectivamente, tal y como Daryl le ha dicho las llaves que ella creía perdidas están puestas.
Dios... Agradece vivir en esa zona tan solitaria, de otra forma ya se la habrían robado ¿Cómo puede ser tan despistada?
—Tobin ¿Daryl estuvo en casa? —pregunta girando distraída las llaves de la moto en su dedo.
—Sí, mientras estabas en la ducha ¿E...esas son las llaves de tu moto? ¿Dónde estaban?
Carol se lame los labios
—No... no quiero hablar de ello. Y... ¿Daryl no me escucharía...
—¿Decir la burrada de la alcachofa? Oh, sí.
Carol se paraliza, la ha oído hablar de sexo, Dios, se quiere morir.
—El sábado habrá una barbacoa en la piscina de mis padres, ¿Podrás venir? —pregunta Daryl a su esposa.
Observa desde la cama como Janet se desviste y coloca su camisón de seda. Está muy sexy con él.
—Quiénes van? —pregunta diatraída quitándose los pendientes y dejándolos cuidadosamente en su lugar.
—Pues todos; Merle, Andrea, mis sobrinos, Rick, Michonne, Carl, Judith, Sasha, Abraham, Maggie, Glenn, Tara, Denise, Aaron, Eric, Eugene... —responde, olvidando conscientemente a Carol. No sabe porqué.
Janet comienza a cepillar su cabello. Siempre lo hace antes de irse a dormir.
—Supongo que iré para hacerte compañía, al menos un rato, tengo que terminar de preparar los datos para una reunión importante —acepta muy a su pesar.
—Pero es sábado, los sábados los pasamos juntos —se queja él. No es la primera vez que le hace eso.
—Lo sé, pero esto es importante, en cuanto termine la reunión y el cliente acepte la oferta ya seré toda tuya, además, pronto tendré mis vacaciones.
Daryl la sigue con la mirada, duda que eso sea cierto, nunca es completamente suya, y aunque esté de vacaciones siempre hay alguna llamada importante que tiene que responder.
Ella camina alrededor de la cama y se introduce cuidadosamente en ella.
Prende la luz de la lamparita de la mesita de noche y enciende su Ipad para trabajar en él.
Daryl la observa. Tiene un perfil precioso. Nariz pequeña, labios carnosos, pestañas largas, su cabello castaño enmarcando su rostro...
Acaricia su cuerpo suavemente, y besa su cuello desnudo buscando darle algo de amor, le encanta como huele.
—Hoy no, cariño, no toca —le recuerda Janet, que encoge sus hombros para impedirle el acceso a su cuello.
Él refunfuña una maldición, últimamente nunca toca, como siga con ese período de celibato se le acabarán reventando los huevos, aunque últimamente la culpable de la mayoría de sus erecciones es otra mujer.
—Lilly estará con nosotros una semana ¿Te acuerdas? —dice cambiando de tema, intentando ignorar su erección y la razón por la que ha aparecido.
—¿Dónde dormirá? —pregunta concentrada en la gráfica que tiene delante de ella. Este mes ha sido fabuloso.
—En la habitación de invitados.
Janet lo mira incrédula.
—Esa habitación la utilizo de despacho, no voy a dejar que tu sobrina entre ahí, con sus dedos pringosos y lo toque todo, tengo cosas importantes guardadas —se niega en rotundo, sabe como son los niños de desastrosos.
Daryl vuelve a pensar. Si algún día tienen hijos a ver dónde piensa meter su habitación si no está dispuesta a renunciar al despacho. Tendrán que comprar otra casa.
—Pues, duerme tú aquí con ella y yo me iré al despacho —propone, pero por la cara que pone ella parece que sigue sin estar convencida.
—Ni hablar, no pienso dormir con ella ¿Y si se orina o vomita? Duerme tú con ella, yo dormiré en mi despacho —sentencia.
Daryl resopla.
—Hace años que dejó de mearse en la cama, y dudo que vomite, pero como quieras, dormiré yo con ella —acepta un poco molesto, a veces tiene la sensación de que su mujer no soporta a sus sobrinos.
Se levanta de la cama, de repente ha sentido la necesidad de ir al baño, pero no a orinar, sólo quiere verla, y ruega al cielo que esté en su habitación.
—Gracias a Dios —susurra sonriente. Sus ojos se iluminan al verla de nuevo sentada en la cama, hablando por teléfono, parece preocupada ¿Habrá pasado algo? Le gustaría preguntarle, pero duda que se lo vaya a contar, no tienen tanta confianza, además, para eso tiene a Andre o... o a su marido.
Dios, de nuevo ha vuelto a su mente la imagen de ella desnuda en la ducha, haciendo el amor con ese tío. Debería haberlo entretenido más y dejar que ella se desfogara con la ducha, tal y como dijo, pero que le va a hacer, es su marido, es normal que haga el amor con él.
Y hablando de matrimonios felices, su mujer esta esperándole en la cama para dormir.
—Buenas noches —susurra acariciando la ventana como si de la piel de porcelana de la mujer que hay tras ella se tratase. En menos de veinticuatro horas la volverá a ver. Espera que el tiempo pase rápido. Apenas la conoce, pero siente que la necesita en su vida como el aire que respira.
Hola, espero que os haya gustado el capítulo. He tenido que recortarlo porque se me hacía muy largo, y este me pareció el mejor momento en el que terminar el capítulo.
Lo bueno es que gracias a eso ya tengo más de 2000 palabras escritas para el próximo capítulo, en el que veremos como siguen ganando confianza entre ellos, la barbacoa en la piscina, el primer encuentro entre Janet y Carol, y momentos llenos de torpeza y ternura entre ellos :)
En este capítulo he querido que conozcáis un poco más el "alma" de Janet, los sentimientos que crecen entre Carol y Daryl, aunque intenten negarlos, las aficiones que tienen en común, y las peculiaridades de sus relaciones :)
A quien preguntó si tengo cuenta en Wattpad: Sí tengo CarylAlways
De nuevo, muchas gracias por comentar ^^
