5. Química palpable
Carol pega el teléfono móvil a su oreja.
Es tarde, pero necesita desahogarse con Andrea, y hablar de su momento vergonzoso más reciente
—Dios, Andrea... ¿Qué pensará ahora tu cuñado? —se queja casi en un lloriqueo.
Andrea se echa a reír al otro lado del teléfono. Lo que no le pase a esa mujer...
—¿Qué te masturbas en la ducha? —bromea ella, y casi puede sentir la mirada asesina de Carol a través del teléfono —. ¿Quieres dejar de hacer un mundo de todo? Lo mismo Daryl ni siquiera se enteró de ello, y si lo hizo no le dio la más mínima importancia ¿No dices que te mandó un mensaje avisándote de que las llaves de tu moto estaban puestas? Que ya te vale, doña despistada.
Carol se muerde el pulgar pensativa. Supone que Andrea tiene razón, y ella está exagerando, además, ¿Qué más da si él oyó eso? Estaba bromeando con su marido, iban a hacer el amor en la ducha y él estaba tardando, no ha hecho nada malo, pero... ¿Por qué siente que sí?
—¿Vendrás a la barbacoa en la piscina, al final? —pregunta Andrea, rompiendo el silencio que se ha hecho entre ellas.
—No sé, Daryl quiere que vaya para presentarme a su mujer, iré supongo, no quiero hacerle el feo.
Andrea aparta el teléfono móvil y tapa el altavoz para que Carol no escuche lo que va a decir.
—Tu hermano quiere que venga para presentarle a Janet —susurra a su marido que está tumbado a su lado en la cama, mirando con desinterés la televisión.
Merle bufa.
—Uy sí, que buena idea, se llevarán genial —ríe sarcástico.
—¿Andrea? ¿Sigues ahí? —se extraña Carol, ante el silencio.
—Sí, cariño, sigo aquí ¿Así que conocerás a Janet? ya me dirás que te parece —dice con una sonrisa malévola en los labios.
Carol arquea una ceja.
—¿Por qué dices eso? —pregunta curiosa ante su tono de voz.
—Por nada, ya me entenderás, cuando la conozcas —sentencia.
Carol se mantiene pensativa ¿Qué puede haber mal con esa mujer? Ahora se siente aún más nerviosa de lo que ya estaba.
—¿Por qué Ariel no escribió su nombre en la arena y le explicó al príncipe quien era? —pregunta Lilly.
Está sentada a la mesa, desayunando y viendo La Sirenita en la tablet de su hermano, junto a su padre.
—Por que entonces la película habría durado veinte minutos —responde Merle con la boca llena. Le ha cogido el gusto a las películas de Disney, aunque lo niegue. Para que luego digan que cuando eres padre ya dejas de ver buenas películas y series.
Andrea se levanta y recoge su taza vacía.
—Date prisa, cariño, el tío Daryl estará a punto de llegar —dice.
Lilly no escucha, está ensimismada viendo la película, ni siquiera pestañea, y come con una lentitud desesperante.
—¿Y por qué se miran así, con cara de gilipollas? —vuelve a preguntar, las películas de princesas son muy raras, prefiere a Batman.
—¡Lilly! —le regaña su madre, que odia que siendo tan pequeña diga esas palabrotas.
—Pues porque están enamorados, aunque no lo sepan, y los enamorados ponen esa cara de gilipollas —responde Merle de nuevo.
—¡Merle! —se desespera. ¿Cómo no va a ser tan malhablada con ese padre que tiene?
—Pues tú no pones esa cara de gilipollas cuando miras a mamá —murmura Lilly.
—Se acabó, terminad de desayunar ya los dos —pierde la paciencia, y apaga la tablet.
—¿Qué haces? ¡Ahora es cuando canta el cangrejo! —se enfada Merle. Le encanta la escena de la barca en la que casi se besan.
Daryl toca el claxon.
—Luego seguimos viéndola, papi —promete Lilly.
Besa la mejilla de sus padres, se llena la boca de galletas y corre a la puerta donde su tío Daryl la espera.
—¡Pórtate bien! —grita Andrea viéndola marchar.
Frunce el ceño cuando escucha a Merle encender la tablet de nuevo.
—¿Qué? ¿Te has enfadado porque no pongo cara de gilipollas cuando te miro? —pregunta.
La atrae hacia él, obligándola a sentarse sobre su regazo.
Andrea le sonríe.
—Oh, cariño, tú traías la cara de gilipollas de serie —se burla ella, que le da un suave beso en los labios. Ama a ese idiota.
Bikini, bañador, bikini, bañador.
Carol mira la ropa de baño en la tienda. No sabe qué escoger.
Por un lado ese bañador negro cubrirá más su cuerpo y le hará parecer más delgada, y por otro ese bikini celeste realzará sus pechos, y a lo mejor Daryl se fija en ellos, ya que dice que no se los ha mirado... normal ¿Qué necesidad tiene de ello?
Sacude la cabeza para dejar de pensar tonterías.
Se comprará el bikini, sencillamente porque le gusta más, odia los bañadores, le gusta mostrar su cuerpo, con sus defectos y sus virtudes. Sabe que no está mal, a pesar de su edad, exceptuando las malditas patas de gallo que comienzan a asomar, y las líneas de expresión que irán a más, su piel es tersa, y su cuerpo está tonificado gracias al deporte, pero si se compara con Janet, una mujer que recién entra en los treinta y que... ¡Dios! ¿Qué más da? ¿Por qué se tiene que comparar con ella? No entiende porqué, pero de sólo pensar en la presencia de esa mujer en la fiesta comienza a sentirse insegura.
—¡Es por aquí, tío Daryl! —grita Lilly entrando en la sección de Playa y piscina.
Sus sandalias de goma chirrían por el suelo pulido, amortiguando los gritos de su tío que le piden que se detenga. ¡Qué pesado, ni que se fuera a perder!
Mira entusiasmada todos los estantes en busca de lo que le interesa; quiere un gorro para piscina de color azul, porque el azul es su color favorito.
Deja escapar una risa emocionada cuando se encuentra con una silueta conocida.
—¡Hada! —grita sobresaltando a la mujer que deja lo que tiene entre las manos en el estante en cuanto se da cuenta de quién es.
Lilly corre a sus brazos como si llevase meses sin verla.
Carol la alza para comérsela a besos.
—Hola, mi amor, ¿Qué haces aquí? —pregunta entre beso y beso.
—He venido con el tío Daryl a comprarme un gorro de piscina que no parezca un condón —responde ella con toda su inocencia.
Carol se echa a reír ¿Sabrá ella lo que es un condón? ¿Quién habrá sido el artífice de esa frase? Merle, seguro.
—¡Lilly! —vuelve a gritar Daryl cuando llega al pasillo por el que la ha visto meterse. Esa niña es puro nervio, menos mal que se sabe desenvolver sola, y no se asusta cuando pierde de vista a su familia. En Navidad estaban en unos grandes almacenes, se acercó a un guardia jurado y le dijo que si aparecía por allí una mujer histérica diciendo que había perdido a su hija le dijese que estaba en la sección de juguetes. Es única, a veces se pregunta si...
El corazón le da un vuelco.
—Carol —susurra para sí cuando la ve.
Está preciosa, con su sobrina en brazos, charlando animadamente y riendo, se respira amor entre ellas.
Se seca las manos en la tela del pantalón, no entiende porqué, pero de repente han empezado a sudarles de forma exagerada.
Camina hacia ellas lentamente, midiendo cada paso, y sin perder de vista el rostro de Carol.
Estudia mentalmente lo que va a decirle cuando llegue a ella, algo así como "¡Qué casualidad, otra vez tú!, casi parece que nos estamos siguiendo" pero al momento lo descarta, total, toda su elocuencia se va en cuanto sus miradas se cruzan. Como ahora...
—He... hey... — saluda torpemente cuando llega a ella.
—Hola, Daryl —devuelve el saludo en un susurro.
Daryl se siente enrojecer, que bien suena su nombre en sus labios.
Decide armarse de valor y soltar la frase que ha estado ensayando.
—Qué... qué casualidad, otra vez...
Ella deja a Lilly lentamente en el suelo, sin dejar de hacer contacto visual con él, atenta a lo que vaya a decir y de repente, todo el valor que sintió unos segundos atrás se evapora.
—¿Qué... qué haces aquí? —pregunta finalmente sin aire en sus pulmones, ha olvidado hasta como se respira.
—Oh, yo... os estaba siguiendo —se atreve a bromear haciendo reír a Lilly, y de paso a Daryl que esconde su tímida sonrisa entre sus mechones de cabello, cuando agacha la cabeza. No sabe porqué, pero le parece un gesto de lo más atractivo —. No, yo... he venido a comprarme un bañador o bikini para la piscina —informa, señalando sus opciones —, aunque aún no sé cual elegir, estoy en dudas, el bañador es...
—El bikini —interrumpe Daryl sin pensar —Te... te... —carraspea —te quedará mejor el bikini —se atreve a decir, sin entender de dónde ha salido ese valor. De su entrepierna seguramente, que sólo de imaginarla con esa prenda puesta ha tomado el control de la situación.
Dios, que sea sábado ya.
Carol se sonroja.
—¿De verdad lo crees? —pregunta mirándole a través de sus pestañas y mordiéndose el labio.
Daryl la observa ¿Sabe esa mujer lo sensual que está siendo ahora mismo?
—S...sí, combina con tus hermosos ojos —responde con una sonrisa seductora que rápidamente retira alarmado, ¿Qué ha sido eso? ¿Ha coqueteado con ella?
Carol mete un mechón tras su oreja con timidez, siente sus mejillas arder, no se esperaba ese piropo, y ahora se ha hecho un silencio entre ellos que, aunque parezca increíble, es de lo más agradable.
Lilly resopla.
Ya están otra vez mirándose y sonriendo como gilipollas.
—¡Tío Daryl, cómprame ya eso, no quiero ir con un condón en la cabeza! —refunfuña cansada.
Daryl despierta de su trance y mira a su alrededor, un par de compradores están mirándoles de forma interrogante, a saber lo que estarán pensando.
Mira a Carol y ambos rompen a reír.
Esa niña...
—¿Te... te veré esta noche? —pregunta luchando con los tirones que su sobrina le está dando para arrastrarlo a la sección de gorros.
—Claro, sí, a las nueve, estoy deseándolo —revela tímida —para ver a Sauron y eso —añade antes de que piense que se refiere a él. A quién si no...
—Sí, Sauron, él también está deseando verte —dice luchando porque no se note de quién habla cuando dice Sauron.
—¡VENGA YA! —Lo empuja Lilly por detrás haciéndole chocar con Carol, por suerte o desgracia, ella está abrazando su casco que ha impedido que sus pieles se rocen.
Daryl mira ese maldito elemento de seguridad y luego levanta la mirada hacia ella.
—Sí, he venido en mi moto, gracias por avisarme, soy un despiste con patas —murmura avergonzada.
Daryl sonríe, sí, es un precioso despiste con patas.
—¡O caminas o no respiro! —amenaza Lilly que coge aire profundamente e infla sus mofletes.
Carol sonríe.
—Será mejor que le hagas caso, se está poniendo colorada —dice mirando a la niña con ternura.
—Es una teatrera —ríe Daryl. Sabe que en unos segundos estará respirando disimuladamente.
Estira el brazo hacia el expositor en el que está el bikini celeste que Carol le enseñó, coge una talla S y se la entrega. No quiere alejarse de allí sin asegurarse antes de que compra esa prenda.
—Creo que esto es tuyo.
Carol se sonroja de nuevo y asiente. Supone que sí, ese bikini es suyo, combina con sus ¿cómo ha dicho? hermosos ojos.
Sonríe estúpidamente, y se alarma cuando se da cuenta de que Daryl sigue frente a ella.
—Nos vemos a la noche, Carol —se despide, con dificultad, le encantaría seguir hablando con ella, pero en su lugar se ve arrastrado por ese pequeño torbellino que tiene por sobrina.
Lilly mueve las piernas inquieta en el asiento trasero del coche.
Aún están en el aparcamiento del centro comercial, no sabe a qué espera su tío para arrancar, pero no le importa, está entretenida probándose su gorro de piscina color azul y unas gafas de natación además de comerse una granizada que su tío le ha comprado sin que tenga que insistirle ni poner cara de corderito degollado.
—Cuando llegue a casa voy a seguir viendo La Sirenita con papá —informa —¿Tú has visto La Sirenita, tío Daryl? —pregunta curiosa.
—¿Te refieres a la película de Disney? Sí, claro —responde distraído. Está pendiente de los aparcamientos para motos, ha localizado la moto de Carol, la cual de nuevo tiene las llaves puestas, por lo que vigila que nadie la robe hasta que su legítima dueña aparezca.
Menudo desastre de mujer. Es adorable. Piensa mientras da un sorbo a su granizado de limón.
—¿Recuerdas cuando están en la barca y casi se besan? pues papá dice que el príncipe la mira con cara de gilipollas porque está enamorado de ella y aún no lo sabe.
—Sí, supongo que sí —dice sin prestar mucha atención a lo que su sobrina está diciendo.
Aprieta con fuerza el volante, tensando todos sus músculos cuando ve a Carol acercarse a paso firme hasta su moto.
Lleva una bolsa en la mano, y odia que no sea transparente para poder ver el contenido de su interior.
La observa buscar las llaves en el interior de su bolso, revisar sus bolsillos, volver a buscar en el bolso... se empieza a poner nerviosa, Daryl está a punto de acercarse a ella y avisarla de dónde están las llaves, cuando la ve alzar la vista y fijarla sobre su moto, para segundos después poner los ojos en blanco y llevarse la mano a la frente, seguramente maldiciéndose por sus despistes.
Sonríe al ver como se ríe de ella misma, tiene una sonrisa preciosa, hace que se le ilumine todo el rostro.
—Tío Daryl, tú también miras a mi hada con cara de gilipollas —escupe Lilly haciendo que su tío también escupa el sorbo de limonada que estaba saboreando, y salpicando toda la luna del coche.
—¡Pe...pero que tonterías dices, Lilly! Yo... yo no hago eso —se ve en la necesidad de defenderse de ese ataque que no ha visto venir.
Activa los limpiaparabrisas para limpiar es cristal, sintiéndose idiota al momento al recordar que la mancha es en el interior.
Lilly ríe a carcajadas.
—¡Sí lo haces! ¡Te gusta mi hada! —dice con una sonrisa picarona.
—No, no me gusta —replica.
Limpia el cristal con un viejo pañuelo de papel que tenía en el bolsillo del pantalón y que no recuerda de cuando ni de que es.
Se queda congelado cuando ve como Carol se acomoda sobre la moto, se coloca el casco y arranca manejando el vehículo con pericia. Es perfecta.
—Sí te gusta, pero te pasa como al príncipe: que aún no lo sabes —dice Lilly, y esa frase llega a su oído como un eco lejano "aún no lo sabe".
—Ya estoy en casa —anuncia Carol al entrar por la puerta.
Tobin está justo donde lo dejó: sentado en su sillón, mirando un documental sobre la construcción de presas.
—¡Mira lo que me he comprado! —anuncia agitando el bikini frente a sus narices.
Tobin hace una mueca.
—¿A dónde piensas ir con eso? —pregunta retórico, mostrando su desaprobación.
—A la piscina —responde sin necesidad. Sabía que no le iba a hacer ninguna gracia esa prenda, pero le da igual.
—No puedes ponerte eso —se niega.
Carol arquea una ceja y se marcha de allí con la prenda en la mano sin decir nada más.
Tobin resopla, esa mujer parece que no se ve. Ya no tiene veinte años, debe vestir cosas acorde a su edad, al igual que hace él. Es por su bien, luego la gente habla.
—¡Tobin, ven, corre! —llama en un grito alarmado que hace que su pareja se levante de un salto del sillón y corra hacia de donde sale su voz.
—¿Qué ocurre? —pregunta con el corazón en un puño.
—Oh, dios, he podido ponérmelo, llama a la prensa —anuncia.
Lo mira orgullosa con las manos colocadas en las caderas, y luciendo ese bikini que le queda como un guante.
Tobin respira. por poco le da un ataque al corazón y lo único que ocurría era que...
—Madura de una vez —gruñe.
Le da la espalda y se marcha de allí.
Carol se mira al espejo un poco desilusionada, esa no era la reacción que esperaba conseguir, o tal vez sí, a quien pretende engañar. Tobin no es de esos hombres cuya sangre corre al momento a su entrepierna en cuanto la mujer que ama posa ante él semidesnuda.
Agarra su móvil y se fotografía para enviársela a Andrea.
—¡Mamá, papá! —grita Lilly nada más llegar a casa.
Andrea acude a su llamada, mientras Merle permanece sentado en el sofá, leyendo los posibles síntomas que puede tener tras haberse puesto la vacuna. Es un hipocondríaco.
—Pero bueno, que gorro más chulo te ha comprado el tío Daryl, y que churretes traes ¿Qué has comido? —pregunta limpiándole la comisura de los labios con una servilleta.
—Un granizado, pero déjame, que tengo que cagar. —informa ignorando la pregunta de su madre y echando a correr al baño.
Merle se ríe, sabe que su esposa odia que hable así.
—¡Lilly! —regaña Andrea —¿Qué te he dicho yo que tienes que decir en lugar de eso? —pregunta mirándola interrogante, con los brazos cruzados sobre el pecho esperando respuesta.
La niña pone los ojos en blanco, cansada.
—Que tengo que hacer de vientre —responde arrastrando las palabras. Odia esa frase, ni siquiera entiende qué significa exactamente.
Andrea asiente a modo de aprobación y la deja ir.
Se gira hacia Daryl y lo mira divertida.
—Esta niña, es igual que tu hermano —ríe.
—No hace falta que lo jures —secunda.
—Lo tomaré como un piropo —acepta Merle. Adora a su niña.
Andrea mira su teléfono móvil que acaba de vibrar en su bolsillo y pone los ojos en blanco al ver el mensaje.
—Hablando de piropos... ¿Qué le digo a esta mujer? —pregunta llamando la atención de su marido —Tobin le ha vuelto a decir que esa ropa no es para su edad —informa. Ese hombre es idiota.
—Trae para acá —pide Merle.
Agarra el teléfono de su mujer y pulsa para enviar un audio.
—Ey, pelirroja, dile a Tobin que se deje de tonterías, ya me gustaría a mí estar tan follable cuando llegue a tu edad.
—¡LA MADRE QUE...! ¡TRAE PARA ACÁ! —grita Andrea que le arrebata el teléfono a ese idiota que se descojona él solo por la tontería que acaba de decir.
Acto seguido recibe un audio el cual reproduce.
"Te recuerdo que eres más viejo que yo, capullo ¡Y deja de llamarme pelirroja!"
Y Merle se echa a reír, le encanta hacerle rabiar, al igual que hace con su hermano.
Daryl observa la escena en silencio.
Odia que Andrea no le haya mostrado esa foto a él, o quizás sea mejor así, que con los pantalones que lleva puesto sería imposible que oculte su erección. Está seguro de que Carol estará de lo más sexy con ese bikini, y el "Bobin" ese es idiota, que no tiene edad para bikinis dice, como si hubiese una edad límite para usarlos.
Espera que no se haya dejado influenciar por su opinión, y haga caso a su hermano, que a su burda manera la ha animado a que se lo ponga.
Daryl espera a Carol bajo la farola, acompañado de Sauron. Se le hace extraño que ella llegue más tarde que él, y teme que se haya olvidado de que han quedado para salir a correr, no le mandó ningún mensaje de confirmación o recordatorio, pero en el centro comercial le dijo que sí la vería esa noche, pero es tan despistada...
Los golpes de la cola de Sauron contra su pierna lo sacan de su trance. El animal está feliz, y él también, si tuviese cola también la movería. Retira lo dicho, sí tiene "cola" y se acaba de mover en el interior de sus pantalones cuando ve a Carol vestida con un top corto que deja al descubierto todo su vientre.
Dios, lo que daría por acariciar y besar esa piel firme que ¡Céntrate Daryl!
—Hola —saluda ella con sonrisa tímida al llegar a su altura.
—Gracias —balbucea él que no ha escuchado lo que ha dicho.
Carol mira a Daryl y arquea una ceja, ¿Acaba de decir gracias? ¿Por qué está tan tenso? ¿Y esa cara que está poniendo a qué viene? De repente toda la seguridad que traía de casa se ha ido.
Está enfadada con Tobin por el tema del bikini, y por joder ha decidido salir a correr con uno de esos tops que tanto odia para demostrar que nadie iba a alarmarse porque una mujer de cuarenta años vista así, pero viendo la cara de Daryl ahora se arrepiente, es cierto, ya no tiene edad para eso.
Daryl reacciona cuando ve como ella intenta cubrirse. Joder, si es que es un descarado, no ha dejado de mirarla fijamente desde que llegó, y eso ha debido incomodarla, pero es que... ese cuerpo... dios, Tobin es idiota.
—¿Marcas el ritmo? —consigue decir, esperanzado en que su sangre vuelva arriba cuando empiecen a correr, y reza para que ella no baje la cabeza y se percate del bulto en sus pantalones.
Carol asiente con la cabeza, un poco más relajada al ver que no le ha reprochado nada. Deja de acariciar a Sauron y se adelanta a él marcando el paso.
—Mierda, los hoyuelos de Venus —masculla Daryl.
Ahora no le parece tan buena idea que ella vaya por delante de él, ya se había olvidado de esos hoyuelos al final de su espalda que lo vuelven loco, y encima tiene ese maldito culo firme que lo hipnotiza.
Dios, será una ruta larga, y más con cierto amigo estorbando entre sus piernas que no le va a dejar correr en condiciones, y aunque lo consiguiese, lo correcto sería que se mantuviese tras ella, esa erección es más que notable.
—Baja de una vez —susurra a su miembro, como si fuese a obedecerle. Está tentado a vaciar la botella de agua en su entrepierna, a ver si el frío le quita las ganas de fiesta, pero descarta la idea, con la mala suerte que tiene seguro que la erección no se baja, y se pasará todo el recorrido con el arma cargada y una sospechosa mancha en sus pantalones que llamará la atención de los viandantes, o peor, de Carol.
Carol no entiende qué ocurre, ¿Por qué no sigue su ritmo? y que no diga que es porque ella va rápido, porque si fuera más lenta iría hacia atrás. Lo está haciendo aposta, no quiere estar a su lado, y en el fondo lo comprende, está incómodo por su look. Tendrá que darle la razón a Tobin.
Se detiene al finalizar el recorrido y tras varios minutos pensando, decide girarse hacia él.
—¿Estás bien? —pregunta.
Él parece fatigado, tiene las mejillas sonrojadas y los mechones de cabello se adhieren a su frente, pero ella ni siquiera ha sudado, ha llevado ritmo de principiante, hasta Sauron está como si nada y los mira con cara de ¿Eso es todo?
Daryl se apresura en entrelazar las manos a la altura de sus genitales.
—Ss... sí, sólo...no sé, creo que tengo las piernas cargadas de la noche anterior —miente. Es otra cosa la que tiene cargada.
Carol asiente queriendo creerle, al fin y al cabo está sudado, aunque también puede ser que se haya echado toda la botella de agua por encima de su cabeza.
—¿Nos vemos mañana? —pregunta ella.
De nuevo Daryl la mira fijamente y ella se ve obligada a abrazarse el abdomen en un esfuerzo por ocultarlo.
Daryl se percata del gesto. Otra vez está incomodándola con su mirada de cerdo pervertido.
—No yo... doblo turno hasta el sábado —responde.
A veces odia su trabajo, pero esas horas extras harán que tenga más días de vacaciones, más días para salir a correr con ella y volver a verla con ese ¡Deja de mirar!
Carol vuelve a asentir, no sabe como tomarse eso ¿Es verdad o una excusa barata para no volver a salir a correr con ella?
—Está bien, nos veremos el sábado, adiós Daryl —se despide de forma escueta.
Marcha a paso ligero hasta casa sin darle tiempo a Daryl de decir nada.
La observa alejarse, ha sido una despedida rara, muy seca, y lo entiende, se odia por haberla hecho sentir tan incómoda.
—Esto es por tu culpa —susurra a su entrepierna que ahora que ella se ha ido comienza a volver a su estado relajado.
Carol entra en casa, Tobin está dormido en el sofá.
Sonríe y al acerca a él.
—Tenías razón —susurra dándole un suave beso en la sien.
En el fondo su gigante gruñón sólo quiere protegerla, si le hubiese hecho caso se habría ahorrado ese mal trago con Daryl.
Mañana descambiará ese bikini y se comprará el espantoso bañador de abuela.
Y pensar que fue Daryl quien le dio el último empujón para que lo comprase... supone que se lo imaginó puesto sobre el cuerpo de su esposa y no sobre el de ella, sólo tenía que ver lo incómodo que ha estado al tenerla al lado con ese top.
Se mira al espejo.
—Dios, si es que estoy ridícula —gruñe antes de quitarse la prenda con rabia y entrar a la ducha.
Daryl recorre el pasillo de su casa y se para en seco al llegar al despacho de Janet.
—¿Qué es esto? —pregunta al ver a un hombre robusto y desconocido trasteando en la puerta de dicha habitación.
—Oh, hola cariño, le he pedido al conserje de mi padre que ponga cerradura a mi despacho, así me aseguro de que Lilly no entre en él cuando yo no esté, o mientras estoy trabajando o durmiendo —informa sonriente.
Daryl asiente, no tiene ganas de discutir sobre ese absurdo tema, si ella considera necesario eso que lo haga, él tiene cosas más importantes de las que preocuparse.
Camina hasta el baño y mira por la ventana las hermosas vistas que tiene.
Carol está tumbada boca arriba en la cama, aún con la toalla enrollada alrededor de su cuerpo y con la mirada fija en el techo.
Le gustaría estar ahí, arrastrarse por la cama, besar sus piernas y retirar esa toalla lentamente para verla completamente desnuda y seguir besándola hasta hacerle un traje de saliva.
Su miembro reacciona a esas imágenes y eso hace que se alarme ¡Está casado! ¿A qué coño vienen esos pensamientos? Tiene que dejar de pensar con los genitales, por eso mismo ella se ha sentido incómoda esa noche.
Dios, ha sido un capullo.
Debería escribirle un Whatsapp para disculparse, ¿Pero qué decirle?
Pasea los dedos por el teclado del teléfono sin pulsar ninguna letra, meditando si la frase es del todo correcta.
"Siento lo de hoy"
Enviar.
No quiere explicar el porqué de esa disculpa, ella lo sabe tan bien como él.
La observa, ella coge a ciegas su móvil, lo mira perezosamente, y lo vuelve a dejarlo donde estaba sin prestarle más atención.
Daryl frunce el ceño ¿Qué acaba de pasar? ¿No quiere saber nada de él? ¿Tan malo ha sido su comportamiento? Seguramente sí.
Mira su teléfono, ni siquiera le sale el doble check en azul, no ha abierto el mensaje, sólo lo ha visto en la barra de notificación.
No sabe que hacer ahora ¿enviarle otro mensaje? ¿llamarla? ¿esperar? Quizás debería...
—¿Daryl? —llama Janet.
Él resopla.
—¡¿QUÉ?! —responde de tan mala gana que hasta él se sorprende —. Digo... ¿Qué quieres, cariño? —recula.
Abre la puerta para encontrarse con su mujer.
—Ven a ver como ha quedado la cerradura —pide.
Lo arrastra hasta la habitación y él se deja llevar sin oponer resistencia. Quizás tener que conversar sobre esa maldita cerradura le haga olvidarse de ese mensaje sin responder.
—Mira lo que me he comprado para la Luna de Miel —dice Andrea.
Saca una bolsa y le muestra a Carol un atrevido picardías negro.
Ella lo mira brevemente.
—Genial —murmura cabizbaja y vuelve a centrarse en remover el café.
Andrea se pellizca el puente de la nariz.
—Vale, se acabó, no te he invitado a desayunar para hablar con la pared ¿A ti que coño te pasa hoy? —pregunta con esa mirada dura de madre que tanto tiempo lleva practicando.
Llevan media hora en la cafetería y sólo le ha sacado monosílabos, parece que está desayunando con Janet.
Carol alza la vista.
—Tienes razón, perdona, es sólo que tengo la cabeza en otro lado, tengo que descambiar el bikini por otro que no...
—Uoh uoh uoh, para el carro ¿Cómo que descambiar el bikini? Si te queda estupendo ¿Estás tonta? ¿En serio vas a hacer caso a Tobin? Cariño, es un buen tío, pero tienes que reconocer que está chapado a la antigua, y no puedes permitir que te cambie.
—No es sólo Tobin, Andrea, es que... ya no tengo cuerpo ni edad para esas cosas.
Andrea entrecierra los ojos.
—Ya... mira cariño, he parido tres hijos, tengo estrías hasta en los codos, piel de naranja para prepararme veinte Gin tonic, las tetas tan caídas que voy golpeándolas con las rodillas mientras ando, y una grasa abdominal que no consigo eliminar ¿Y sabes que he hecho? Me he comprado este camisón sexy para seducir a mi marido, y el sábado luciré un bikini delante de todos ¿Si yo puedo por qué tú no? —dice casi sin respirar, y se cruza de brazos esperando la estúpida excusa que le dará.
Carol se lame los labios y fija la vista en ella.
Andrea está en lo cierto, además nunca le ha afectado el qué dirán ni los comentarios y miradas de desaprobación de su marido, ¿Por qué le afecta lo que piense Daryl? Que le den, se pondrá el maldito bikini.
Se echa a reír.
—Tienes razón, vuelve a enseñarme ese conjunto —pide con una sonrisa, y Andrea no tarda en volver a sacar esa fina lencería y colocarla sobre la mesa ante la vista de todos, le da igual.
Observa la prenda, pero su mente está en otro lado; Daryl anoche le envió un mensaje pidiéndole disculpas ¿Por qué se disculpaba? ¿Por no haber ido a su ritmo debido a las "piernas cargadas" o intentaba confesarle el verdadero motivo de su lentitud, que él sabe tan bien como ella cual es?
No sabe si hablarle...
Mejor no, si él tiene algo que explicar que se lo diga a la cara el día de la barbacoa, o que la busque, que su casa está a dos pasos de la de ella.
Daryl mira la conversación con Carol una y otra vez.
Ella aún no ha abierto el mensaje, pero se conectó hace una hora, es más que obvio que lo está ignorando a propósito, y él no sabe qué hacer.
—¿Has discutido con Janet? —pregunta Tara que se sienta frente a él en la sala de descanso.
Daryl la mira interrogante.
—Es lo que parece, estás ahí sentado con el móvil en la mano y cara de preocupación. ¿Tampoco se ha creído lo de doblar turno? Yo he tenido que enseñarle el cuadrante a Denise para que me creyera, encima que hago esto para tener más días libres para estar con ella... —masculla más pendiente de su propio teléfono que de la respuesta de Daryl.
¿Y si es eso? ¿Y si Carol tampoco le creyó? Puede que piense que lo del doble turno es sólo una excusa para no quedar?
La sirena que anuncia una emergencia comienza a sonar, y apenas le da tiempo a pensar más, lo mejor será que se explique el día de la barbacoa y así puede aclararlo todo de una vez.
Merle acuesta a Lilly en la cama, la cual lo mira rumiando una pregunta.
—Papá... ¿Las personas se equivocan al enamorarse?
Merle mira hacia la puerta queriendo huir y rezando para que Andrea aparezca por ese pasillo. ¿A qué viene esa pregunta? La última vez que contestó a algo de ese estilo se llevó una bronca monumental. Matthew le preguntó de dónde venían los niños ¿Qué quería Andrea que le dijera? ¿Que los traía la cigüeña?
—Responde —se impacienta Lilly.
Merle traga saliva.
—Pues... no sé, hija, supongo que sí, por eso la gente se divorcia o... Espera un momento... ¿Esta pregunta es por algo que le has escuchado decir a mamá? —pregunta alarmado. Se acaban de casar, ya están teniendo problemas y él sin saberlo. pero por suerte Lilly niega —¿A tus hermanos?
Vuelve a negar.
—Es algo que he visto —revela con sonrisa pillina.
Merle se sienta en la cama, de repente ha perdido todas las fuerzas de sus piernas. Dios, espera que no haya visto a Andrea con otro, o peor, a su abuela, no le interesa enfrentarse al divorcio de sus padres a sus cincuenta años.
—Vale... —coge aire y lo suelta lentamente preparándose para lo que su hija vaya a decirle — .¿Qué es lo que has visto?
—El tío Daryl mira a mi hada como el príncipe Eric mira a Ariel, pero está casado con Janet, que es como la bruja del mar, que todos nos hemos dado cuenta de que es mala menos él que cree que está enamorado porque está hechizado y cree que ella es el amor de su vida y hay que romper ese hechizo —se explica casi sin respirar.
Merle abre y cierra la boca varias veces buscando como responderle a su hija ¿Dónde está Andrea cuando la necesita?
Analiza todo lo que ha dicho a ver que puede sacar limpio de ahí y desviar el tema.
—Janet no es mala, hija —la defiende para su propia sorpresa.
—Sí lo es, es como Úrsula que tiene un disfraz de mujer guapa pero en el fondo es una mujer fea y mala.
Merle se frota los ojos. No sabe si es porque está cansado, por las dos cervezas que ha tomado en la cena o qué, pero comprende lo que su hija le está diciendo, pero no sabe cómo responderle.
—¿Me ayudas a deshechizar al tío Daryl? —pregunta ante su silencio.
Merle sonríe.
¿Cómo los amigos de Ariel hicieron por ella? —pregunta. Lilly asiente efusivamente —¿Y tú quién serás?
—¿Yo? el pececito Flounder que es el mejor amigo de Ariel.
—Ah... ¿Y yo el cangrejo Sebastián?
—No, tú la gaviota loca —ríe malvada, ganándose que su padre la castigue a cosquillas, y ella ríe y grita de forma histérica intentando huir de sus garras. Ama a papá.
El día amanece soleado, como es habitual en verano.
Will limpia la piscina meticulosamente, retirando hasta el más mínimo insecto que flote en esas aguas cristalinas.
Anne deja la casa impoluta como siempre hace cuando recibe visitas, y da órdenes como una auténtica sargento pidiéndole a sus nietos mayores, Matthew y Sam, que limpien el polvo en zonas donde ella por su altura no llega correctamente. Sus nietos son muy altos, y aún tienen que crecer. Los mira con orgullo, serán unos hombretones guapísimos.
Andrea prepara las mesas para todos los invitados; platos, cubiertos, servilletas...
—Vale, faltan cinco vasos —comenta tras contar por tercera vez las sillas que hay alrededor de la mesa.
—¿Cuántos vasos? —pregunta Merle, que carga con un enorme barril de cerveza.
—Cinco.
—Ja, por el culo te la hinco —ríe como un niño pequeño, contagiando a Lilly, que está a su lado sacando brillo a los cubiertos.
Andrea mira a su marido y frunce el ceño.
—¿Algún día dejarás de tener cinco años, Merle? —murmura para sí.
Llaman a la puerta.
—¡Yo abro! —grita Matthew, con esa voz de hombre que ya tiene.
—Will, cariño, amarra a Sauron a la caseta —pide Anne a su marido.
Sauron es un amor de perro, pero Janet no soporta que le eche las patas y esté alrededor de la mesa pidiendo comida, y puede que más gente piense como ella, por lo que prefiere prevenir, por mucho que le duela esos ojos tristes con los que la mira.
—Hola, ¿Ayudo en algo? —pregunta Daryl al llegar al jardín. Aún queda para la hora de la barbacoa, pero no tiene nada que hacer en casa, tras varios días con la mente ocupada en el trabajo, hoy que tiene libre sólo piensa en enviarle whatsapp a Carol, y quiere distraerse para evitar la tentación y dejar de darle vueltas a la cabeza.
Lilly corre hacia él, y su tío la coge en brazos.
—¡Tío Daryl, tío Daryl, di un número que termine en cinco! —pide entusiasmada.
Andrea asesina a su marido con la mirada, bonitas cosas le enseña a su hija.
Merle se encoge de hombros y ríe divertido, Lilly es una esponja.
Daryl piensa un instante su respuesta, no entiende a qué ha venido esa pregunta, pero viendo la risa de su hermano...
—Emm, quince.
—Por el cul... ¡Jo, eso no vale! ¡Mamá, el tío Daryl hace trampas! —se queja.
Patalea para que su tío la suelte y vuelve a doblar servilletas enfurruñada. Tendrá que buscar otra víctima
Anne se acerca a su hijo.
—Hola, cielo —lo abraza —¿No viene Janet? —pregunta más animada que extrañada.
—Vendrá luego, a la hora de la barbacoa —aclara—. ¿Voy haciendo algo? —pregunta mirando a todos en general.
—Podrías ir encendiendo la barbacoa, para que esté al punto cuando llegue la hora, que el vago de tu hermano prefiere perder el tiempo bebiendo cerveza —masculla Andrea.
—¿Tendré que asegurarme que la cerveza no está picada, no? —se defiende él, volviendo a llenarse otra jarra.
Daryl resopla.
—Lo que se pica es el vino, anormal —corrige arrebatándole la jarra y arrastrándolo hasta la barbacoa para que le ayude a encenderla.
Merle se echa a reír y le despeina el cabello con esa camaradería de hermanos que siempre han tenido.
—A ver que hacéis sin mí en el trabajo la próxima semana —dice Merle.
Abre el saco de carbón y vierte parte del contenido bajo la parrilla de la barbacoa.
Daryl bufa.
—Pues disfrutar de los ratos libres sin tener que aguantar tu quemada broma de la manguera —ríe.
Merle está a punto de darle un capón a su hermano, cuando escucha un móvil vibrar sobre la mesa.
—¡Andrea, te llama Carol —grita, y viendo que su mujer va a tardar en llegar decide responder la llamada —Hola, pelirroja —la saluda como lleva más de veinte años haciendo.
Daryl agarra la jarra de cerveza con fuerza al saber que es ella, no entiende por qué.
No puede oír lo que dice, pero sí escucha el el timbre de su voz, y no puede evitar sonreír como un idiota.
Debe de estar regañando a Merle por llamarla pelirroja, porque él lo único que hace es reírse y repetir esa palabra una y otra vez para enfurecerla.
—¡Ay, dame eso, imbécil! —gruñe Andrea arrebatándole el teléfono —. Dime, cariño, ¿Qué ocurre?—pregunta mientras le hace señales amenazantes a su marido. A veces ese hombre llega a ser insoportable.
Se aleja de allí, donde el calor de la barbacoa no es tan abrasante.
Daryl maldice ese gesto, quiere saber si le ha ocurrido algo.
Mira disimuladamente su teléfono, a ver si por casualidad le ha enviado algún mensaje y él no se ha enterado.
Suspira, no tiene nada, y se regaña por ser tan iluso.
—¿Esperando recibir noticias de Janet? —pregunta Will que golpea la espalda de su hijo a modo de saludo.
Daryl sale de su trance.
—¿Qué? Ah, oh... sí, Janet —balbucea de forma estúpida, pero su padre ni siquiera está mirando, un saltamontes acaba de caer a la piscina y ha corrido a su rescate.
Andrea se acerca a la barbacoa aún con el teléfono en la oreja.
—Ya, está bien, cariño, no importa, otra vez será, un beso —dice antes de colgar y dejar el teléfono donde estaba —¡Sam, hijo, quita un plato de la mesa!
Daryl sigue con la mirada a su sobrino que hace desaparecer a ese posible comensal de la mesa.
Se acerca a su cuñada.
—Ey, Andrea, que... ¿Le ha pasado algo a Carol? —pregunta intentando parecer lo más desinteresado posible.
Andrea no lo mira, está ocupada en colocar las hamacas de plástico alrededor de la piscina.
—¿A Carol? No, nada, es Tobin que no quiere venir, y ella ha preguntado si puede venir ya, por lo que en un rato estará aquí —informa con la cabeza en otro lado.
Juraría que el año pasado había más tumbonas. Va, da igual, si de todos modos la mayoría se tumba en el suelo sobre la toalla, excepto sus suegros que son mayores, Maggie y Sasha que están embarazadas, y Janet pues... porque es Janet
—Deja tu toalla sobre una tumbona para reservársela a tu mujer —pide a su cuñado, y marcha de allí a ocuparse de otra tarea.
Daryl no ha escuchado lo que ha dicho, toda capacidad de concentración se ha esfumado en cuanto ha escuchado que Carol ya está de camino y que viene sin el idiota de Tobin.
—¡¿Me ayudas con el fuego o qué?! —grita Merle a su hermano, que al instante camina hacia él casi dando saltos como un idiota fumado.
—Ey, ¿A dónde vais vosotros con eso? —regaña Andrea, interceptando a sus dos hijos mayores que portan unas gafas de natación y otras de sol.
—No ve... ni que llevásemos droga, sólo queremos bucear en la piscina y tumbarnos al sol —se excusa Sam.
Andrea ríe sarcástica.
—Ya, y de paso espiar a las chicas bajo el agua y poder mirar culos y tetas ocultando la mirada tras unas gafas de sol ¿Os creéis que nací ayer? Estoy casada con vuestro padre —gruñe Andrea, que no sigue regañándoles porque el timbre de la puerta acaba de sonar, por lo que marcha de allí con las gafas en la mano.
Sam y Matthew se alejan refunfuñando algo, pero su hermana pequeña los intercepta y les muestra sus gafas de bucear que el tío Daryl le compró unos días atrás.
—Veinte pavos y os dejo que utilicéis las mías —intenta hacer negocios.
Andrea abre la puerta, para encontrarse con Carol que la mira sonriente, vestida con un fresco vestido de playa color blanco, decorado con flecos en los extremos y que transparenta el bikini color celeste que lleva debajo.
Sonríe satisfecha de que no haya cedido a las tonterías de su marido, y menos mal, porque si llega a aparecer con un bañador no la habría dejado entrar por idiota.
Un coche toca el claxon tras ella y Carol se despide con la mano.
—¿Te ha traído Tobin? —pregunta curiosa, dejándola pasar.
—Qué menos, encima que no quiere acompañarme... luego vendrá a recogerme, así me podré emborrachar todo lo que quiera —explica mientras camina por el pasillo hasta el exterior.
Daryl se congela cuando la ve llegar al porche.
Está guapa, muy guapa, el vestido sólo cubre hasta la mitad de sus muslos, dejando sus piernas al descubierto, y el bikini es claramente visible bajo esa ropa. Se alegra de que su marido no la haya convencido de lo contrario, y se muere porque ese vestido blanco desaparezca de una vez y así volver a ver ese vientre firme y perfecto. ¡Concentración! se regaña al sentir como su sangre baja a su entrepierna, no quiere acabar como la última vez que corrieron juntos.
Le gustaría acercarse, saludarla, hablarle, explicarse, pero... no sabe como, ¿Qué decirle? "Lo siento por lo que pasó esa noche, te mentí, no tenía las piernas cargadas, lo que pasaba era que tenía una erección de caballo" no, no puede decirle eso...
La observa tímido, temiendo que sus miradas se crucen, quiere ser invisible para ella, y por otro se muere por estar a su lado.
—¡Ey pelirroja! —grita Merle para llamar la atención de Carol, y él se quiere morir cuando ella mira hacia ellos, le dedica una peineta a Merle, y a él una suave sonrisa que no sabe como interpretar.
—Ala, que bonito —exclama sorprendida al ver el enorme y hermoso patio trasero que tienen los padres de Merle.
Ella también vivía en una casa así cuando niña. La vendió cuando su madre falleció, para poder alejarse de los recuerdos y tener dinero para los estudios. Ahora se arrepiente.
—¡Hada! —corre Lilly a sus brazos.
Carol sonríe al escuchar su voz.
—Hola, preciosa, que bikini más bonito —comenta acariciando las estrellas de purpurina que sobresalen de sus tirantes —. La madre que te parió, qué fría estás —se queja cuando la estrecha contra ella y la nota empapada. Supone que ya se ha dado el primer baño del día.
Lilly la ignora.
—Hada, di un número que termine en cinco.
Andrea se frota los ojos, y mira a su marido que ríe divertido desde su posición. Lo va a matar.
Carol arquea una ceja ¿Qué pretende esa pequeñaja?
—No digas quince que se enfada —recomienda Daryl.
Se acerca lentamente a ella, bebiendo de su mirada, intentando leer sus pensamientos a través de ella, pero no ve nada, sólo un pozo de aguas cristalinas en los que de nuevo se está ahogando.
—Hola —saluda ella en un susurro, sintiéndose tímida por la forma tan profunda que tiene de mirarla a los ojos, supone que no quiere mirar más allá.
Deja a Lilly en el suelo, ignorando lo que le ha pedido, sabe perfectamente la rima fácil que pretendía hacer.
—Te... ¿Te apetece una cerveza? —pregunta Daryl, ofreciéndole la jarra que tiene en la mano, pero ella lo mira extrañada —O... o quizás prefieras un refresco, también tenemos eso.
Carol sonríe con dulzura.
—Me gusta la cerveza, pero mejor si la jarra está llena.
Daryl mira esa maldita jarra vacía. Dios, es idiota.
—Claro, lo siento, espera —pide alejándose de ella rumbo al barril de cerveza.
Carol lo observa marchar, le da hasta ternura lo tímido que es a veces, o quizás aún se sienta incómodo ante su presencia.
Sacude la cabeza, no quiere pensar en ello, sólo quiere pasarlo bien.
Se acerca a Merle, que lucha por avivar el fuego.
—Ríndete, Merle, eso está muerto —se burla ella.
—Ten fe, pelirroja, verás que chuletones van a salir de aquí —defiende esa mierda de fuego que ha encendido y del que sólo quedan brasas. Sabe que tiene razón, pero no se la puede dar, ha atacado su hombría.
—Admítelo, lo tuyo es apagar llamas, no provocarlas.
—¡Merle, hijo, ayúdame a mover el sinfonier! —grita Anne desde el interior de la casa.
Merle frunce el ceño.
—¿Sinfo qué? ¿Qué coño es eso? —masculla.
Se limpia las manos sobre el delantal y se prepara para ir allí.
—Suena a mueble que pesa, ala campeón, ve ayudar, así bajas esos kilos de más —lo anima Carol dándole un par de palmadas en la espalda.
Él la asesina con la mirada.
—¿Qué dices, loca del coño? ¿Dónde ves tú kilos de más aquí? —pregunta.
Se levanta la camisa y muestra su abdomen.
—Esto es grasa, Merle —asegura, pellizcando la piel sobrante del costado.
—Eso es músculo —rebate en un gruñido, golpeándose el vientre con fuerza.
—Y una polla, estos son las cervezas que te has tomado hoy —bromea irritándolo.
—¿Qué cervezas ni que...
—¡Merle! —se impacienta Anne, que hace uso de su voz de madre autoritaria.
Carol se ríe al ver como marcha de allí como un niño asustado.
—Vete anda, ya vigilo yo esto, no vaya a ser que este poderoso fuego escape de nuestro control y provoquemos un incendio —dice sarcástica, y Merle le regala una peineta como respuesta.
Niega con la cabeza. Ese idiota...
Daryl observa la escena, guardando una cierta distancia, y no puede evitar sentirse celoso por la relación de amistad que tiene su hermano con Carol.
Cuanto le gustaría poder bromear así con ella, sin tropezarse con las palabras, tartamudear, sonrojarse y hacer el ridículo como la última noche que salieron a correr juntos.
Quizás con el paso de las semanas llegue a tener esa confianza con ella y pueda crecer una buena amistad ahí. Claro que... su hermano no tiene el problema de sentir atracción sexual por ella.
En fin...
Toma aire y se acerca a ella lentamente, disfrutando de como la suave brisa hace bailar los rizos plateados que se arremolinan en su nuca.
Carraspea al llegar a ella para no asustarla.
—A...aquí tienes —tartamudea extendiéndole la jarra de cerveza.
Carol se lo agradece con una suave sonrisa y da un breve sorbo dejando que el líquido refresque su garganta.
Observa como Daryl corre a reanimar ese fuego, eleva la parrilla, farfulla una maldición cagándose en el alma de su hermano y añade una nueva pastilla al fuego que prende al instante.
Ella sonríe "Tú sí que sabes encender fuegos" piensa decirle, pero se calla, no vaya a dar la impresión de que la frase va con segundas, cuando no es así, y se sienta más incómodo de lo que ya está.
Marcha al otro lado del jardín, donde Sauron demanda su atención.
—¿Qué haces aquí tan solito, señor oscuro? ¿No te dejan participar en la fiesta? —le habla con notable cariño.
Se agacha para estar a su altura y poder achuchar esa enorme cabeza que se esfuerza por intentar lamerle la cara. Es un amor, lo ha echado de menos esos días, y supone que seguirá así, sólo podrá verlo cuando visite a Anne, porque duda que Daryl quiera volver a salir a correr con ella. A saber que excusa pondrá ahora para no salir a correr juntos.
Daryl termina de avivar ese fuego, su hermano es un inútil, y vago, duda mucho que aún siga ayudando a su madre a mover muebles, estará en el sofá con el aire acondicionado y viendo el canal de deportes.
Él sí que vive bien.
—Esto ya está... encendido —informa, pero las últimas palabras mueren en su boca al darse cuenta de que Carol ya no está allí.
Joder, parece que está huyendo de él, y quizás sea así, se lo tiene bien merecido por pervertido.
La sigue con la mirada, está hablando con los invitados que van llegando, se ríe, gesticula, se mete el cabello tras la oreja... y a él todo eso le parece mágico.
Dios, tanto desear que llegase el sábado para estar con ella, y ahora la siente tan lejana... ¡Se acabó, eso no puede seguir así!
Decide acercarse ahora que parece que Lilly ha llamado la atención de los invitados,seguramente con la tontería del número cinco.
—Hey —la saluda al estar a su altura.
Ella lo observa expectante y él como siempre se ha olvidado de todo lo que iba a decir —, yo... yo quería discul¡JANET! —exclama nervioso al ver a su mujer aparecer tras Carol —Oh, eh, Janet, ella es Carol, mi compañera de footing, Carol, ella es Janet, mi esposa —las presenta en tiempo récord.
Carol sonríe a la hermosa mujer que tiene delante, de cerca es aún más hermosa y joven, con esa piel tostada carente de marcas de expresión.
—Encantada —saluda.
Se adelanta para darle dos besos, pero Janet le extiende la mano en su lugar, por lo que se limita a darle un formal y tenso apretón de manos.
Espera a que ella diga algo, pero sólo la observa de una forma que la pone nerviosa y que hace que tenga la necesidad de cubrir su cuerpo. Supone que intenta analizar si su matrimonio corre algún peligro con ella corriendo al lado de su marido. Puede estar tranquila, Daryl no tiene ningún interés sexual en ella, está más que comprobado.
—¡Janet, querida, has venido! —saluda Anne, interrumpiendo esa incómoda escena. Le estrecha la mano, como de costumbre, ya hace años que dejó de intentar abrazarla. Esa mujer es sosa a más no poder.
Mira a Carol y sonríe ampliamente, feliz de verla allí.
—Hola, cariño —la saluda estrechándola en un fuerte abrazo —Oh, esto es otra cosa —murmura sonriente al sentir como Carol le corresponde —¿Conoces a todos los invitados? —pregunta sin terminar de soltarla.
Carol niega.
—Casi, alguno se me ha escapado.
—Daryl, hijo, preséntaselos, yo me quedo con Janet, que hace tiempo que no hablamos —ordena sin dar opciones a llevarle la contraria.
Daryl observa a su madre marcharse, llevándose a Janet agarrada del brazo.
Mira a Carol, que se encoge de hombros esperando a que él de el siguiente paso, ¿Pero qué paso? Si él se acercó a ella para hablar, no para eso, pero quizás así pueda romper el hielo con ella. Busca entre sus amigos, a ver a cual de ellos no ha visto saludar, y por suerte, su respuesta entra por la puerta a pasos lentos e irritantes.
—Oh, Eugene —lo saluda llamando su atención —Carol, él es Eugene, Eugene, ella es Carol —los presenta sonriente sintiendo que ha hecho un buen trabajo.
—Encantada —se adelanta ella a darle dos besos, y él parece gruñir de forma extraña ante el contacto. Es un poco raro.
—Me acuerdo de ti de la boda, a veces tengo sueños eróticos contigo, nada pervertido —suelta con voz monótona, como si estuviese hablando del tiempo, y se marcha de allí sin decir más.
Daryl se quiere morir.
—¡Eugene! —se apresura en regañar y mira a Carol— Yo... yo... lo siento, él...
—Tranquilo, es agradable saber que soy sexualmente atractiva para alguien —interrumpe su torpe tartamudeo y marcha a sentarse a la mesa.
Daryl frunce el ceño ¿A qué ha venido eso? lo ha dicho con un retintín que parece que le está echando en cara algo ¿Pero qué? Como si su erección de los otros días no le hubiese dado pistas suficientes sobre lo atractiva que le resulta. Mierda, se dio cuenta de su erección y le molesta que no se haya atrevido a confesarle el verdadero motivo de su comportamiento de esa noche. Si ya lo sabe, no entiende porqué quiere escuchárselo decir ¿No se da cuenta de la vergüenza que le da admitirlo en voz alta?
La observa sentarse junto a Tara, con quien entabla una conversación al instante.
Suspira, está amigable con todo el mundo menos con él, y empieza a atar cabos de la raíz de su enfado.
Carol come tranquilamente el pincho de carne que Merle ha dejado sobre su plato. Casi se atraganta al verlo vestido con un delantal que simula el cuerpo semidesnudo de una mujer. Ese hombre no tiene vergüenza.
Mira a Carl, Sam y Matthew metidos en la piscina, y sonríe, si su hija estuviese viva quizás estaría ahí junto a ellos, aunque sería la mayor de todos.
Sasha y Maggie hablan sobre las molestias del embarazo. Siempre se ha dicho que un embarazo lleno de náuseas es un embarazo sano, supone que por eso el suyo no llegó a buen puerto, ella no tuvo un solo síntoma más allá de la ausencia del período. Desea que esos embarazos terminen con un final feliz.
Aaron le muestra la fotografía que acaba de hacerle, y oye, que sale de lo más favorecida, quizás luego la ponga como perfil de facebook, es un buen fotógrafo, y Eric un encanto de hombre.
Lilly está también en la piscina, siendo vigilada por sus abuelos que se ríen de todas las tonterías que hace su nieta.
Andrea está junto a Merle en la barbacoa vigilando los movimientos de su adorable manazas, comparten risas y alguna que otra mirada de amor que aún no termina de creerse, con lo mal que se llevaron el día que se conocieron.
Abraham anima a Glenn a beberse la jarra de cerveza de un trago, y el pobre hace todo lo posible por demostrar lo hombre que es.
Janet parece estar en otra dimensión, como si estuviese envuelta en una burbuja en la que sólo existe ella.
Ha intentado darle conversación, pero más allá de monosílabos y alguna frase cortante no ha obtenido más, por lo que ha desistido y ha vuelto a charlar con Tara y Denise, que sí parecen estar interesadas en saber de ella.
Daryl conversa con Rick, y de vez en cuando cruza miradas con ellas, sólo para retirarla al momento.
Se siente mal, no debió haberle dicho eso cuando le presentó a Eugene, ¿Qué culpa tiene él de que ella no le resulte atractiva? supone que por eso ahora está tan tímido con ella. Debería disculparse, pero más tarde, cuando se aleje de su esposa, si es que lo hace.
Judith se queja en los brazos de su madre, quiere ir a la piscina, pero ni Michonne ni Rick han terminado de comer.
—¿Quieres que la lleve yo? —se ofrece.
Le vendrá bien alejarse del tumulto, y quedarse en bikini mientras todos están aún entretenidos con la sobremesa o terminando de comer, así no sentirá tantos ojos encima.
—Ay sí, por favor, te lo agradecería mucho —agradece aliviada, haciendo el gesto de entregarle a Judith.
—A ver si se quiere venir conmigo ¿Te vienes a la piscina? —pregunta con voz cantarina, animando a la niña a que se eche a sus brazos, cosa que hace.
—A esta sinvergüenza si le hablas de piscina se iría con el mismísimo demonio —bromea Michonne.
Daryl acaba de descubrir que tanto Rick como Sasha ya conocían a Carol de antes, del equipo de Paintball. No, si al final él ha sido el último gato en enterarse de su existencia.
Su corazón se derrite lentamente cuando ve a Carol con Judith en brazos. La pequeña ríe de forma histérica cuando le hace pedorretas en la barriga tras quitarle la camisa y dejarla con su ropa de baño.
Está preciosa con ese bebé en brazos.
Sacude la cabeza, ¿pero qué le pasa?
La observa alejarse de allí y detenerse junto a la piscina, donde extiende la toalla, y comienza a quitarse su vestido de ¡Dios!
—¡Daryl! —se queja Janet, que se apresura en retirar su silla para no mojarse con la cerveza que su esposo acaba de derramar —. ¿Se puede saber que te pasa? —pregunta con cierto tono molesto.
—Yo... yo no... dios, lo siento —se disculpa torpemente, y se apresura en secar con servilletas el estropicio que ha hecho. Ya podría haberse derramado la cerveza sobre su ingle para que la sangre vuelva a su sitio.
Mira disimuladamente hacia la piscina, no sabe porqué, bueno, sí lo sabe, porque es masoquista, pero por suerte o desgracia ella ya está en el agua, y entre Lilly, Judith y los demás poco puede ver.
Joder, ¿Cómo puede ser tan sexy esa mujer? Ahora está preocupado, si ya la hizo sentir incómoda la noche que salieron a correr, hoy acabará poniéndole una denuncia por acoso. Será mejor que se mantenga alejado de ella, aunque le duela.
Andrea esparce lo que queda de carbón para que las brasas se vayan enfriando. La carne ha estado buena, y los invitados se lo han pasado bien, sólo queda que...
—¡Me cago en tus muertos a caballo, Merle! ¡Métete las manos en los huevos hijo de puta! —se queja cuando su marido toca su espalda con las manos heladas tras haber estado trasteando con el hielo —¿Por qué no le das el coñazo a otro? No sé, tira a Janet a la piscina o algo.
Merle bufa.
—Sí hombre, para que se reproduzca como los Gremlins. No gracias.
Miran hacia la piscina donde todos se han reunido, una veintena de toallas cubren el césped verde del jardín.
Glenn echa crema sobre la espalda de Maggie, Aaron hace algunas fotos, Sasha está sentada al borde de la piscina junto a Abraham y Michonne, Rick juega en el agua con Judith, Carol con Lilly, Matthew, Sam y Carl juegan en el césped con la pelota, Janet está sobre la tumbona con una enorme pamela en la cabeza y el móvil en la mano, y Daryl...
—¿Qué le pasa a tu hermano? —pregunta Andrea extrañada.
Está un poco alejado de todos, sentado en el césped, abrazando sus piernas, la barbilla sobre las rodillas y mirando hacia la piscina.
—Que Carol está buena —murmura Merle.
Andrea pone los ojos en blanco.
—Hablo en serio, Merle.
—Yo también ¿No te has dado cuenta de que no le ha quitado ojo desde que llegó? —pregunta. Parece increíble que sólo él se haya fijado en ello, aunque también es verdad que tras tener esa conversación con su hija ha estado más atento a su hermano para saber si su pequeñaja tenía razón, y a Lilly no le faltan motivos para sospechar que a Daryl le gusta Carol.
Andrea abre mucho los ojos.
—¿En serio lo dices? ¿Y Carol no se ha dado cuenta? —pregunta mirando hacia ella, que está entretenida lanzando a Lilly al agua una y otra vez.
—¿Te refieres a ese despiste con patas que aún lleva la etiqueta del bikini a la espalda? No, no se está enterando de nada, lo que me preocupa es que Janet se de cuenta —comenta.
Mira hacia su cuñada que no aparta la vista del móvil. Bah, no se habrá dado cuenta ni de la gente que tiene a su alrededor.
Lilly sale de la piscina y se acerca corriendo a Janet.
—Tía Janet, tía Ja...
—Échate hacia atrás Lilly, vas a mojar mi iPhone —pide empujándola un poco y secándose la mano en la toalla antes de volver a tocar su teléfono —¿Qué quieres?
—Di un número que termine en cinco —pide sin poder estarse quieta, deseando saltar a la piscina en cuanto Janet responda.
Andrea asesina de nuevo a Merle con la mirada, pero él no la mira, está atento a la respuesta, deseando que pique.
—El veinticinco, ¿Para qué...
—¡Ja, por el culo te la hinco! —grita, y salta a la piscina a toda velocidad, atragantándose con su propia risa.
Los invitados se echan a reír, incluido Merle, que se lleva un fuerte codazo por parte de su esposa como castigo por haberle enseñado eso a su hija, aunque en el fondo también está riendo.
—De verdad, esta niña necesita un psicólogo —gruñe Janet, lo suficientemente fuerte como para que todos lo oigan, y vuelve a centrarse en su teléfono.
—Lilly no necesita ningún psicólogo, es una niña normal —replica Carol, que impulsa por enésima vez a Lilly por encima de su cabeza.
—Bueno, tú tienes tu opinión y yo la mía —masculla Janet con aire autosuficiente.
—Ya, pero teniendo en cuenta que estudié psicología creo que mi opinión es más válida que la tuya —defiende Carol, atenta de impulsar a Lilly hacia el lugar adecuado, no vaya a golpearse con el borde u otra persona.
Merle se acerca al oído de su esposa.
—¿Eso es lo que nuestros hijos llaman un zasca, verdad? —pregunta regocijándose interiormente.
—Sí, ¿Y sabe que es lo mejor? que ni siquiera era intención de Carol meter ese zasca —sonríe satisfecha de que su amiga, inconscientemente, haya hecho callar a Janet.
Daryl observa desde la distancia, no escucha nada, como si estuviese bajo el agua, sólo mira a Carol, escondiendo la mirada tras sus gafas de sol, buscando como acercarse a ella, como explicarse, como disculparse, quiere estar a su lado, poder volver a salir a correr juntos como antes, sin que ella se sienta incómoda.
Lilly se acerca a él.
—¿No te quieres meter en la piscina conmigo? —pregunta con voz triste.
—No, mi vida, no me apetece bañarme —responde sin dejar de mirar hacia Carol, que finge dispararse a la cabeza cuando Merle le quita la etiqueta del bikini que colgaba a su espalda.
Sonríe, es muy divertida.
Lilly se sienta a su lado y mira hacia el mismo lado que él.
—Si quieres te presto mis gafas de bucear para que puedas seguir espiando a mi hada desde la piscina —ofrece.
A sus hermanos iba a cobrarles 20$, pero a su tío Daryl se las dejará gratis si las quiere, al fin y al cabo se las compró él.
Daryl la mira alarmado ¿Tan descarado estaba siendo que hasta su sobrina se ha dado cuenta de ello? Dios...
Mira a Janet con preocupación, esperando encontrarse una mirada de desaprobación, pero por suerte está con su teléfono ajena a todo lo que pasa a su alrededor.
—¿Quieres las gafas? —vuelve a ofrecérselas Lilly.
Daryl sonríe a ese adorable diablillo.
—No, pero creo que sí voy a bañarme en la piscina contigo —cambia de opinión.
Quizás el estar jugando con su sobrina le ayude a despejar su mente y poder divertirse.
Se quita la camiseta y camina con ella de la mano hasta el borde de la piscina, justo cuando Carol está saliendo de ella, y sus cuerpos chocan, porque por algún extraño capricho del universo siempre acaban chocando.
Su piel seca y caliente contrasta con la suya húmeda y fría haciendo que por su cuerpo recorra una agradable sensación.
Carol mira al hombre con el que ha chocado, madre mía ese torso desnudo y tatuado...
—Lo siento —se disculpa agachando cabeza y alejándose de la piscina lo más rápido que puede, antes de que su mente viaje por ese cuerpo tonificado y trazos de tinta.
Daryl la agarra de la muñeca una milésima de segundo para finalmente dejarla ir ¿Para qué retenerla si aún no tiene claro lo que quiere decirle?
Entra a la piscina dispuesto a pasar un buen rato con su sobrina, la cual ya está pidiéndole que la lance una y otra vez.
—¿Esta noche me voy a dormir a tu casa? —pregunta Lilly con una sonrisa de oreja a oreja.
—Oh sí, en cuanto todo termine cogemos tus cosas y te vienes conmigo —responde Daryl, feliz de que a su sobrina le guste pasar tiempo con él.
—¿Y me harás pizza para cenar? —pregunta con sonrisa pillina. Le encanta la pizza casera del tío Daryl.
—Bueno, si tú...
—¡De pizza nada! —se entromete Andrea, que ha estado atenta a la conversación —le sienta fatal, se empacha y luego se pasa la noche lloriqueando porque le duele la barriga —se explica.
—Pues entonces... se aborta la pizza —recula Daryl mirando a su sobrina con pena.
—Jo —se queja enfadada y se cruza de brazos, pero su enfado no dura mucho, ya que Daryl la vuelve a lanzar y le arranca una carcajada.
Es tan fácil hacerla feliz, ojalá pudiese hacer lo mismo con Carol.
Lilly sale de la piscina a toda velocidad tras esa última zambullida.
—¿A dónde vas? —pregunta Daryl extrañado.
—¡A hacer el vientre ese! —explica en un grito que llena de orgullo a su madre —¡Y de paso cago! —añade.
Carol y Merle se echan a reír del gesto cansado de Andrea que ya no sabe como enriquecer el lenguaje de su hija.
Daryl sonríe con cariño ante la risa limpia y auténtica de Carol. No se cansa de ella, definitivamente esa es la curva más hermosa de su cuerpo.
Divisa movimiento por el rabillo del ojo y dirige la mirada hacia el lugar, para encontrarse con Janet recogiendo sus cosas.
Se acerca al borde de la piscina.
—Ey, cariño ¿Ya te vas? —pregunta.
Se impulsa para salir del agua y acercarse a su pareja.
—Sí, te dije que solo me quedaba un rato —explica.
Termina de doblar la toalla pulcramente, se coloca el vestido sobre su bikini seco, odia bañarse en las piscinas, son nidos de hongos, y tampoco le gusta tomar mucho el sol, así evita las manchas en la piel.
Emprende el paso hasta la salida sin despedirse de nadie.
Daryl la acompaña de cerca hasta la puerta.
—Te veo en un rato ¿Vale? —dice acercándose a ella para darle un casto beso.
Janet se encoge de hombros.
—Puede que no, si llegas tarde estaré durmiendo en mi despacho y estrenando el pestillo —dice con una sonrisa.
Recuerda perfectamente que Lilly pasará su primera noche en su casa, y ya está preparada para ello.
Entra en su coche y Daryl la observa marchar hasta que toma la esquina y deja de verla.
Vuelve al jardín y Sauron lo saluda con un lametón, sus sobrinos lo acaban de soltar.
El animal salta de alegría y corre hasta Carol a saludarla efusivamente deseoso de recibir caricias que sabe que ella con gusto le dará.
Sam lo llama y le muestra una pelota, captando toda su atención. Si hay algo que le guste más que los mimos es jugar con la pelota.
Carol alza la vista para seguir el recorrido del animal, y se encuentra accidentalmente con la de Daryl, que lo único que puede hacer es sonreír suavemente, pero ella no le devuelve la sonrisa.
Él coge aire, supone que ya va siendo hora de hablar con Carol.
Se acerca a ella lentamente, sus piernas tiemblan de nervios y lucha por mantener su mente lejos de pensamientos impuros. Está a un palmo de esa hermosa mujer que viste un simple bikini y su cuerpo aún está húmedo y brillante.
—Qué estás buscando? —pregunta al verla con la cabeza metida en su bolso y revolviéndolo todo.
—Mis gafas de sol —responde casi sin mirarlo —Juraría que las traje, pero no...
Daryl sonría con ternura, menudo despiste de mujer. Se agacha junto a ella y da un suave golpe al objeto que tiene sobre su cabeza para que caiga sobre su nariz.
Carol parpadea varias veces cuando su visión se oscurece, es idiota, estaban sobre su cabeza.
Mira a Daryl y se echa a reír de su propio despiste.
Él se sienta a su lado al sentir como un poco de esa tensión que había entre ellos se esfuma.
No hablan, se roban alguna mirada que otra y ya está, ninguno sabe que decir, pero el hecho de poder estar sentado juntos ya parece un logro.
—Pelirroja, ven aquí —llama Merle a Carol.
Ella lo mira con odio y se levanta farfullando una maldición para finalmente acercarse a él y coger las dos copas con algún brebaje alcohólico que le ofrece.
Daryl observa el cuerpo de Carol, es increíble lo pálido que es, que ni en esas horas al sol ha cogido color, es como si fuera de porcelana, sus pechos son preciosos, y el trozo de un tatuaje que no llega a verse del todo asoma sobre el seno derecho, además de otro tatuaje sobre el hueso de la ingle que tampoco llega a ver del todo, para ello debería desnudarla por completo, cosa que no pasará, al menos no en esa vida, quizás en otra sí pueda probar el sabor de su piel y descubrir esos dibujos oculto.
Sacude la cabeza, debe de dejar de pensar en eso.
Carol se acerca a él y le ofrece una de las copas.
—Oh, no gracias, tengo que conducir hasta casa —la rechaza muy a su pesar.
Ella se encoge de hombros y se sienta a su lado de nuevo, cosa que agradece, aunque también es cierto que su toalla está ahí.
—A mí viene a recogerme Tobin, puedes venirte conmigo si quieres, así no tendrás que conducir, sólo caminar hasta tu casa que está a dos pasos —ofrece ella, y le vuelve a extender la copa.
Está a punto de cogerla, pero recuerda algo.
—No, no puedo, tengo que llevarme a Lilly a casa, y no es plan cuidar de ella borracho o soportando una resaca —se explica.
Ella sonríe entendiendo perfectamente a lo que se refiere. Niños y resaca, no puede haber peor combinación.
—Pues las dos para mí —murmura.
Da el primer sorbo a ese brebaje que sabe a vodka con algo que no logra identificar.
Daryl la observa mirar al horizonte, sus ojos tienen el mismo azul cristalino que el agua de la piscina que se refleja en su iris, y las pecas sobre su nariz le dan un toque infantil adorable. Es preciosa.
—Carol, yo... quería pedirte disculpas —dice con un hilo de voz, temiendo mirarla. No sabe de donde ha sacado el valor pero ahora tiene que continuar —, fui un inmaduro y...
—Déjalo, Daryl —interrumpe Carol, que tampoco se atreve a mirarle —, fue mi culpa, no debí haber aparecido así vestida lo que realmente me molestó fue que me mintieras sobre el motivo de tu comportamiento —añade para finalizar.
Da otro sorbo a la copa, de repente tiene la boca seca, pero procura no beber mucho, sólo mojarse los labios, no quiere acabar borracha tan pronto.
—Ya, bueno... —carraspea Daryl antes de continuar —entiéndeme, es difícil confesar que no podía seguir tu ritmo por... por culpa de una erección.
Carol se atraganta con el alcohol y tose violentamente ¿Ha escuchado bien?
—¿Erección? —pregunta mirándolo incrédula. Él agacha cabeza intentando hacerse lo más pequeño posible —Pe... pero tú... tú no... ¿No te hice sentir incómodo? —pregunta intentando atar cabos.
Daryl sonríe nervioso.
—Incómodo no es precisamente la palabra —confiesa con timidez, sus orejas están ardiendo, y entonces se da cuenta de algo —Espera, tú... ¿Pensabas que me sentía incómodo porque... —pregunta esperando que ella termine la frase.
Dios, ella no tenía ni idea de su erección ¿A qué pensaba que se debía su comportamiento entonces?
—Pues porque iba vestida con ese top, tengo cuarenta años, y quizás te avergonzabas de que te viesen conmigo así vestida —revela.
Se siente idiota, y el pobre ha tenido que confesarle lo de su erección.
Dios... aunque tiene que admitir que ese dato ha hecho que se sienta de lo más excitada. ¿Así que ese Adonis que tiene sentada junto a ella la ve atractiva? O al menos, como dice Merle, follable.
Daryl ríe incrédulo ¿En serio pensaba que se avergonzaba de que vistiese un top? Por dios, podría disfrazarse de gallina y él seguiría viéndola sexy.
—Daryl, yo... lo siento, si hubiese sabido la verdad no...
—No me habrías escupido esa frase cuando te presenté a Eugene —interrumpe Daryl quitándole hierro al asunto y arrancándole una sonrisa —Entonces... ¿estamos bien? —pregunta con la inocencia de un niño pequeño que quiere hacer un nuevo amigo.
Carol asiente.
—Estamos bien ¿Salimos a correr mañana? —pregunta mordiéndose el labio.
Daryl se muere ante esa mirada.
—Me encantaría, pero tengo que cuidar de Lilly y no sé si Janet podrá estar con ella un par de horas. Te llamaré.
Carol asiente, lo entiende, y viendo la relación tan fría que tiene Janet con la pequeña...
—Oye, si necesitas ayuda con Lilly llámame y te echaré una mano —Se ofrece con gusto.
—Ye tomaré la palabra —sonríe agradecido pudiendo pensar sólo en que tendrá una excusa para volver a verla.
Andrea observa a Carol y Daryl desde la distancia.
—Merle, no podemos irnos a Brasil —murmura negando por la cabeza.
—¿Qué dices? ¿Por qué? —pregunta alarmado.
—Mira a esos dos, van a acabar follando. La química que tienen es más que palpable.
Merle se echa a reír.
—¿Palpable? Podría cortar esa tensión con un cuchillo y hacerme un sándwich de diez pisos —bromea—. Como mi hermano la siga mirando así la deja embarazada.
Andrea niega con la cabeza. Se alegra de que se lleven bien, y espera que esos dos tengan suficiente cabeza como para no hacer ninguna locura, no son niños pequeños, deberían saber donde está el límite, o no...
Si ese par de idiotas hubiesen querido conocerse hace diez años...
Las horas pasan entre chapuzones en la piscina, fotografías, risas, alcohol y buenos ratos.
No sabe si es porque la mayoría de los invitados están borrachos, porque los niños están dormidos o qué pero la conversación se ha tornado un poco subida de tono, y Daryl no sabe como sentirse, está demasiado sobrio como para participar en ciertas bromas.
—A las tías lo que os pasa es que hasta que no llegáis a cierta edad no sabéis lo que queréis —dice Merle, que se ha sentido atacado cuando Tara ha dicho que todos los hombres son iguales de capullos —Mirad a la pelirroja por ejemplo, se ha pasado la vida follándose al lobo feroz y ha acabado con un príncipe azul.
—¿Qué mierda dices, Merle? —intenta comprender Carol.
—Que estás con un tío que te conquista con flores cuando tú siempre has sido de salir con tíos que te empotran contra la pared sin molestarse en saber tu nombre —se explica.
La conoce de hace tantos años que conoce a todos y cada uno de sus ligues.
—Eso no es verdad ¿No recuerdas por ejemplo a... a... —Intenta hacer memoria entre rollos de una noche, relaciones cortas, desastrosas y otras que no sabe ni como clasificar —Ezekiel? —recuerda.
Merle arruga la nariz.
—¿El tío que hablaba raro? —pregunta.
Sí, lo recuerda, parecía buen tío, pero necesitaba un diccionario cada vez que hablaba con él, parecía un viajero en el tiempo o un personaje de una obra de teatro.
—Sí, ese, se me atragantaba todo cuando me llamaba princesa, pero tenía un culo que... —gesticula con las manos dibujando un trasero prominente digno de pellizcar, y entonces se da cuenta de que prácticamente es lo único que recuerda de él.
Mira a Daryl, que la observa un poco incrédulo por lo que acaba de escucharla decir. Es lo que tiene el alcohol, que le suelta la lengua.
Merle se echa a reír.
—Sí, ya veo lo que te gustaba de él, que te la metiese en el clítoris hasta dejarte exhausta —ríe, haciendo gestos fingiendo una penetración.
Andrea se lleva las manos a la cabeza, menuda barbaridad acaba de decir ese idiota.
—Merle, yo no sé que clase de clítoris tiene tu mujer, pero te aseguro que en el mío no entran cosas —bromea Carol que rompe a reír contagiando a todas las mujeres y hombres de su alrededor.
Tara se enfrenta a Merle
—¿Ves? eso es lo que os pasa a los tíos, por eso las lesbiana tenemos más éxito, no sabéis ni lo que es un clítoris, por lo no sabéis ni hacer un cunnilingus en condiciones —se burla irguiéndose cuan alta es.
—Estoy segura que en internet habrá hasta tutoriales sobre como se hace —dice Sasha.
—Voy a ver —se interesa Maggie, ante la mirada incrédula de Glenn.
Merle arquea una ceja, va a tener que salir en defensa de su sexo visto el silencio que hay entre el resto de hombres.
—No, no, a nosotros no nos echéis la culpa, lo que pasa que no os ponéis de acuerdo sobre que look ponerle a vuestro coño, y luego nos liáis —se defiende. Mira Andrea que le regaña con la mirada por ser tan malhablado —Me explico: Están las que no se depilan, y nos pasamos media hora buscando la entrada y escupiendo pelos; luego las que se dejan un corazón o una línea a medio afeitar, que os parecerá muy sexy, pero eso luego nos araña en la nariz cuando intentamos hacer nuestro trabajo y nos desconcentramos; luego estáis la que os depiláis todo ¡Benditas seáis! ; y luego, las locas del coño como la pelirroja esta —señala a Carol que ya está temiendo lo que va a revelar —que va y se pone un piercing ahí abajo ¿Qué coño pretendéis que hagamos con un piercing estorbando? —lanza la pregunta al aire.
De repente Carol siente cientos de ojos sobre ella. Quiere matar a Merle, y la mirada de odio que le está lanzando le debe de estar dando dolor de cabeza.
—¡Es verdad! —exclama Andrea al recordar la noche de borracheras en la que se le ocurrió esa locura —¿Aún lo tienes? ¿Y los de los pezones? —pregunta llevando una mano a sus pechos.
—¡No me toques las tetas! —exclama, dando un tortazo en esa mano intrusa.
"Eugene desnudo, Eugene desnudo, Eugene desnudo, Eugene desnudo" piensa Daryl una y otra vez intentando eliminar de su mente las imágenes que han llegado a ella. Oh, él si sabe perfectamente lo que haría con ese piercing, y si estuviese tan borracho como todos los invitados seguro que habría expuesto alguna de sus ideas, pero no lo está, por lo que procura mantener su erección oculta bajo su mochila.
—Te interesará saber que el idiota de mi hermano también tiene uno en la punta de la polla —escupe Merle que no puede evitar reírse de la mirada que le echa su hermano.
Carol mira a Daryl, esperando que desmienta o reafirme esa revelación, pero él la observa sin decir nada, mirándola de una forma que no sabe como descifrar.
—Yo me quiero hacer uno ¿Duele? —pregunta Tara, que lleva la conversación hacia otro lado, y lo que empezó siendo una discusión sobre sexo oral acaba en una sobre perforaciones, tatuajes, arrepentimientos, y muertes por infecciones.
Llega la madrugada, y con ella el fin de la barbacoa.
Daryl toma a su sobrina en sus brazos, y ella se acomoda sobre su hombro para seguir durmiendo.
Todos se despiden de Andrea y Merle dándoles un fuerte abrazo, deseándoles una feliz luna de miel, y poco a poco se van marchando.
Daryl se acerca a Carol, que espera en la puerta a que Tobin la recoja.
—Hey, si quieres te llevo yo —se ofrece.
No quiere dejarla sola de madrugada, y menos borracha.
Carol sonríe.
—No, gracias, vete tranquilo, Tobin vendrá en camino, además él no tiene teléfono móvil para que pueda llamarlo y decirle que me voy con otra persona —explica.
Daryl asiente.
—Entonces me quedaré contigo hasta que llegue.
—No te molestes, estaré bien, sé cuidarme sola —intenta disuadirlo.
—Seguro que sí, pero me quedo más tranquilo si me quedo —se explica.
Ella sonríe con cariño.
—Pero Lilly tiene que pesar, déjame que la sostenga yo un rato —se ofrece.
Extiende las manos esperando que se la entregue.
—No, descuida, cargo con cosas mucho más pesadas en el trabajo, ella no me supone ningún esfuerzo —dice la verdad.
Carol asiente, es lógico, es bombero, esos hombros anchos, y brazos fuertes y musculosos pueden con Lilly y más.
Acaricia el rostro de la pequeña.
—Es un angelito cuando duerme, parece hasta buena y todo —dice con una sonrisa.
Daryl se derrite ante el cariño que desprende su mirada cuando mira a Lilly.
Una suave brisa se cuela entre ellos y Daryl no puede perderse la forma que tienen sus pezones de erizarse, y entonces, recuerda cierta conversación un par de horas atrás.
—Oye... —se arma de valor —lo... lo que dijo mi hermano de... de los piercing es... ¿Es real? —pregunta sin atreverse a mirarla.
Ella lo mira sorprendida ¿Acaba de preguntarle lo que ella cree?
—¿Y lo tuyo es real? —pregunta mirándolo a través de sus pestañas con sonrisa guasona.
Daryl se sonroja notablemente y deja escapar un sonoro suspiro que pretendía ser una risa.
La mira a los ojos y asiente exhalando un suave sí que no llega a abandonar sus labios.
Ella sonríe ampliamente.
—Eso es interesante —ronronea con una sonrisa seductora que hace que algo se mueva en los pantalones de Daryl.
Él traga saliva nervioso por esa mirada salvaje y penetrante, y busca su propia voz.
—Te toca responder —pide sintiéndose nervioso por su posible respuesta.
Carol se muerde el labio.
Un coche frena junto a ellos y ella reconoce el sonido de ese motor, es Tobin.
Mira a Daryl a los ojos y separa los labios para dar una respuesta.
—Hasta mañana, Daryl —se despide en un susurro, y camina hacia atrás sin dejar de mirarle hasta que su cuerpo entra en el coche.
Daryl la observa marchar, y se queda paralizado unos largos minutos, esperando aún la respuesta que le ha sido negada.
Suspira ruidosamente.
—Tu hada me va a matar —susurra a Lilly, y se encamina a su coche, sin poder borrar la sonrisa estúpida que tiene en los labios.
Esa mujer es una caja de sorpresa.
Hola, de nuevo, tras mucho tiempo ausente aquí os traigo el nuevo capítulo de Llegaste tarde.
Estoy pasando por unos duros momentos familiares, mi hermano falleció tras una larga lucha contra una enfermedad, mi madre lo está pasando realmente mal, ha caído enferma y paso la mayor parte del tiempo cuidando de ella, por lo que, como supongo comprenderéis, apenas tengo tiempo de escribir, por lo que mis capítulos se retrasan más de lo normal, pero prometo seguir actualizando todas y cada una de mis historias.
Sé que tocaba actualizar Sólo una noche, pero no me encontraba con ánimos para ello, necesitaba enfocarme en algo más alegre, para animarme un poco, y por eso decidí actualizar esta antes.
Espero que os haya gustado el capítulo :)
En el próximo Lilly empezará a hacer de las suyas, para "deshechizar" a su tío y Daryl reclamará por obtener esa respuesta que le negó XD
