6. El cuento de hadas
—Maldito Merle, me ha dado garrafón el muy hijo de... —murmura Carol que rueda perezosa por la cama hasta dejarse resbalar por el borde y sentarse en el suelo de la habitación, con la espalda apoyada en el colchón.
La cabeza le duele a rabiar ¿Tanto bebió anoche? Ha perdido la costumbre, eso le pasa. Lleva muchos años alejada de ese par que sacan su lado más alocado a la luz.
Mira alarmada a su alrededor a ver si reconoce la habitación o, como muchas veces le ha pasado en sus noches de desenfreno, se encuentra en la casa de un desconocido que le pareció de lo más atractivo en su momento y cuando lo ve por la mañana se pregunta si son de la misma especie.
—Menos mal —se tranquiliza al ver a Tobin dormido al otro lado.
Agarra a ciegas su teléfono móvil, la luz de alerta que le avisa de nuevas notificaciones parpadea sin cesar. Tiene mensajes de Whatsapp de las chicas quejándose de dolor de cabeza, otro de Aaron que le envía las fotografías de la noche anterior, y...
Sonríe sin poder controlarlo.
Tiene un mensaje de Daryl preguntándole que tal ha dormido.
Bien, el problema ha sido al despertar. Voy a matar a tu hermano.
Lee Daryl que dibuja una sonrisa idiota en su rostro mientras le devuelve el mensaje.
Hazlo.
Está en la cocina, preparándole el desayuno a su sobrina mientras Lilly está con Janet en la mesa del comedor hablando.
El sonido de la batidora eléctrica no le deja oír lo que dicen, pero le da igual, la imagen es preciosa. Cuanto desea algún día poder vivir esa escena con su propio hijo o hija, le da igual, pero le encantaría vivir la experiencia, aunque lo ve cada vez más lejana.
—¿Por qué comes alpiste? Eso es para los pájaros —pregunta Lilly.
Janet mira su teléfono para ver que tal tiene su agenda. Hoy tiene un día ajetreado, es domingo pero tiene que prepararlo todo para el lunes, no puede fallar nada.
—Son cereales —responde sin más —Y siéntate bien —ordena al ver que está sentada en la silla sobre sus rodillas. Está claro que Merle y Andrea no le enseñan modales, y menos protocolos.
Mierda, había olvidado la reunión del martes con los japoneses, aún no ha preparado las propuestas para ellos. Deberá llegarse a la tienda de abajo a por algo para cenar en su oficina, llegará tarde a casa, si llega.
Lilly arquea una ceja. Que cosas más raras come esa mujer, con lo buenos que están sus cereales de chocolate.
—Pues los cereales que yo como tienen un perro dibujado en la caja y... —roba un par de copos del tazón de Janet — y no saben a cartón -dice con cara de asco intentando despegar el trozo que se ha adherido a sus dientes.
—¡No hagas eso! ¡Es antihigiénico! —regaña, y se apresura a limpiar con una servilleta la zona del tazón donde la niña ha metido la mano. Lo que le faltaba, coger algún virus que la incapacite para trabajar durante unos días —Y eso que tu comes no es más que azúcar, te matará de diabetes.
Lilly se encoge de hombros.
—Moriré feliz.
—Ey ¿Cómo están mis chicas? —pregunta Daryl que entra al comedor con el desayuno de su sobrina en la mano: Un zumo de fruta natural y una tostada con crema de chocolate.
—Mira tía Janet como muero de 'diablitos' —dice cuando toma la tostada y se la lleva a la boca mientras la mira fijamente con aire triunfal.
Janet niega con la cabeza.
—Diabetes —corrige en un resoplido.
Que harta está ya de esa niña, y aún le esperan seis días más. Bendito sea su trabajo.
Recoge su iPad, lo introduce en el bolso y se pone en pie.
—Tengo que irme ya, cariño, no me esperes para cenar —anuncia antes de plantarle un casto beso en los labios.
Daryl gira el cuerpo en la silla para observar los movimientos de su mujer.
—¿Ya? ¿En domingo? ¿No puedes esperar un poco para desayunar juntos? O al menos...
No obtiene respuestas, ella agarra sus llaves y se va sin decir nada.
Deja caer sus hombros defraudado, esperaba pasar el día juntos, ir al parque, al centro comercial, quizás pisar la playa...
Iluso...
Mira a su sobrina que lo observa con un adorable bigote de chocolate sobre sus labios.
—Al fin solos —dice Lilly.
Sonríe. Cuanto quiere a ese bichejo.
—¿Qué quieres hacer hoy?
Lilly mira concentrada su tostada y traga antes de hablar.
—Me tienes que llevar con Michonne para ir al cine con ella y Judith.
Daryl se mesa la barba, ya lo había olvidado. Bueno, aprovechará para ir también al cine y ver esa remake de la famosa película de Stephen King que se acaba de estrenar.
Carol tamborilea con los dedos sobre su clavícula. Está pensativa, intentando localizar en el disco duro de su memoria qué narices iba a comprar en la tienda. Lleva varias porquerías en la cesta que se le han antojado, pero lo que necesita sigue sin venir a su mente.
Veamos... me levanté, fui a la cocina a desayunar, cogí la cafetera y...
—¡Café, joder! —exclama consiguiendo que toda la tienda la observe.
Mierda, si sobria ya era un desastre, con resaca...
Mira a su alrededor buscando donde está ubicado lo que quiere. Ese lugar es nuevo para ella.
No lo ve, pero localiza a una figura conocida a pocos metros de ella.
—Janet, hola —saluda extendiéndole la mano, pero la mujer no reacciona y la mira extrañada —. Soy Carol, nos conocimos ayer en la barbacoa —se ve obligada a explicar.
—Ah, tú... quizás si te quitaras el casco te habría reconocido —murmura, y vuelve a centrarse en comparar las dos ensaladas preparadas que tiene entre sus manos.
—Lo siento yo... —pelea con el cierre de seguridad del casco nerviosa hasta que logra quitárselo—Soy un desastre —ríe, y vuelve a extender la mano hacia la mujer.
Janet sonríe altanera.
—Ya veo.
Estrecha la mano de Carol y vuelve a lo suyo.
—¿Qué tal Lilly? ¿Pasó bien la noche? —pregunta interesada. Recuerda que Daryl le dijo que no podía beber porque tenía que cuidarla. Todo lo que pasó después es gradualmente más borroso.
—Bien, supongo —responde sin prestar atención.
Hoy cenará la ensalada caprese.
Deja la otra en la nevera y así... bueno no, mejor no. Se llevará las dos, por si mañana también tiene que trabajar hasta tarde, así no tendrá que volver a la tienda.
—¿Comprando el almuerzo para la familia? —pregunta intentando sacar alguna conversación con esa mujer. Es imposible.
—No, es mi cena, y... —mira hacia la cesta de Carol, llena de porquerías de calorías vacías —Y te recomiendo que tú también comas esto, la menopausia la tienes a la vuelta de la esquina y ya no será tan fácil quitarte los kilitos de más —recomienda.
Coge otra ensalada y la deposita en la cesta de esa mujer.
—Que tengas un buen día —se despide con aires de superioridad.
Carol la asesina con la mirada mientras la observa marcharse de allí, contoneando ese cuerpo perfecto de mujer que acaba de entrar en los treinta.
—Pues tu marido piensa con la polla cuando me ve —masculla entre dientes demasiado tarde, porque Janet no puede escucharla, pero sí la señora religiosa que está a su lado y que la mira con rostro alarmado y a punto de santiguarse.
—Con Dios hermana —la saluda alejándose de allí a toda prisa, olvidándose por completo del café.
Daryl mira sus entradas de cine.
IT
Hora: 17:45
Sala: 1
Fila:8 Butaca: 15
—Vaya mierda —murmura mientras se sienta.
Le gusta estar en el centro de la sala que es la butaca 14, pero no, alguien se le adelantó y encima esa persona llega tarde, tendrá que levantarse para dejarlo pasar, seguramente le pisará, puede que tire sus palomitas... odia eso.
Se acomoda lo mejor que puede y da un sorbo a su refresco mientras visualiza los avances de los próximos estrenos.
—Joder, Tobin, te dije que íbamos a llegar tarde ¿Ves? ¡Ya están los tráilers!
Carol entra en la sala que ya se encuentra a oscuras y sólo es iluminada por la enorme pantalla del fondo.
No ve una mierda. Odia llegar con retraso.
Ilumina con su teléfono móvil las entradas.
IT
Hora: 17:45
Sala: 1
Fila:8 Butaca: 13 y 14
Agacha la cabeza y observa los números luminosos a los lados de cada escalón que indican en que fila se encuentra.
Fila 12, 11, 10, 9
—Es aquí —susurra —disculpe —dice con cada paso que da que obliga a los espectadores a levantarse. Odia molestar, y todo por culpa de Tobin, ni siquiera ha tenido tiempo de comprar algo para picar.
—Disculpe —dice una voz masculina que obliga a Daryl a levantarse.
Se guarda el resoplido que está a punto de salir de sus labios y se pone de pie, sosteniendo sus palomitas en alto para evitar que se las tiren como otras veces ha pasado.
Ese tío es un gigantón que le tapa toda la visión de la pantalla. Y entonces se da cuenta: Es Tobin, y por ende, la mujer que viene tras él es...
—Disculpe —susurra ella que pasa de espaldas por delante de él. Su trasero se frota contra su paquete y él no puede hacer más que agradecer que haya llegado tarde. Tiene la tentación de agarrarla por las caderas y atraerla hacia sí —No lo hago aposta, es que tengo el culo gordo —se disculpa al reconocer lo que está sintiendo contra sus nalgas.
Daryl se echa a reír ante su frase. Bendito culo gordo.
—No te preocupes —dice con su voz grave.
—¡Daryl! —grita sobresaltada al reconocer esa voz, y echa inconscientemente el culo más atrás golpeando a Daryl y haciendo que se le resbale el cartón con palomitas de las manos y estas caigan sobre su cabello gris y la cabeza del señor de delante —Lo siento yo...
Tobin resopla.
—Por dios, Carol ¿Tiene que dar el espectáculo allá dónde vaya? me avergüenzas —gruñe en un susurro —Perdonadla —se disculpa por ella.
Tira de su brazo para sacarla de delante de Daryl y terminar con esa bochornosa escena. A veces parece que tiene una hija en lugar de una novia.
Carol se sienta tímida en su asiento y comienza a retirarse palomitas del cabello. Por dios, cómo puede ser tan desastre... la ha jodido pero bien. Puede sentir a todo el cine observándola.
Daryl le sonríe con cariño. Ese idiota la ha hecho sentir mal. Si supiera que él ha estado encantado de ese roce.?. Le importa una mierda haberse quedado sin palomitas, de todos modos ahora tiene a su lado algo más interesante que comer, aunque sea un dulce prohibido por que ya tiene pareja, y... ¡ Y Por que él está casado! ¿Qué coño le pasa?
—Hola —la saluda llamando su atención —¿Estás bien?
Ella lo mira con ojos inocentes y él de nuevo se queda sin palabras. Y eso que están a oscuras, pero iluminan más que la pantalla.
—Te he dejado sin aperitivo —se culpa, y vuelve a agachar la cabeza avergonzada.
—No, que va —bromea él llevando la mano a su cabello para coger una de las palomitas y llevársela a la boca.
Ella se echa a reír con esa sonrisa preciosa que tiene y él se ve contagiado.
—¿Y Lilly? —pregunta animada cambiando de tema.
—Con Michonne y Judith en otra sala viendo una peli de dibujos animados.
—Qué bien, espero verla cuando salga de...
—Shhh por dios, cállate, Carol —chista Tobin.
—Luego hablamos —sonríe a Daryl antes de volverse hacia su novio y acomodarse sobre su brazo para ver la película. Es un gigantón gruñón.
Daryl lo maldice. ¿Qué coño le pasa a ese tío? Si por él fuera se pasaba toda la película hablando con ella, u otra cosa más divertida. Que le den por culo al puto payaso, ya lo vería otro día.
Da un sorbo a su refresco y se dispone a ver a la pesadilla de su infancia para no mirar a su sueño de adulto.
Carol mira a Tobin, se ha quedado dormido, siempre pasa igual, nunca pueden ver una película juntos, y luego no tiene a nadie con quien comentarla.
Resopla, se sienta recta en su asiento y lo deja roncar tranquilo.
Mira la película, no es que sea muy terrorífica al nivel de dejarla pegada al asiento temblando, temiendo mirar la pantalla y preguntándose como puede ser tan gilipollas de pagar para sufrir, pero ella es muy asustona, y al mínimo susto fácil...
—¡Ay Dios! —grita y se abraza al brazo de la persona que está a su lado cuando Pennywise aparece de la nada.
Daryl se sobresalta, no por la película, sino por la mujer que ahora entierra el rostro en su brazo y que ha hecho que casi se trague la pajita de su refresco.
La observa.
Está adorable así de aterrada, aferrada con fuerza a él, y sentir su respiración caliente contra su brazo es de lo más agradable.
—¿Estás bien? Susurra contra su cabeza. Huele bien, a palomitas.
Carol abre los ojos. Ese no es Tobin, ya decía ella que esos músculos no son de cobrador de seguros de decesos, son de un auténtico bombero.
—Lo siento, yo... te confundí con... no volverá a pasar —tartamudea nerviosa. Menuda tarde lleva, mejor haberse quedado en casa.
Daryl vuelve a sonreír aunque un tanto desilusionado. Se ha confundido, no lo ha abrazado por gusto, aunque eso es algo que ya intuía.
—No importa, puedes abrazarme si quieres —la tranquiliza, y reza para que no haya notado el ruego de su voz —O me puedes dar la mano para ayudarte a asimilar esos sustos —propone en un desesperado intento por mantenerla a su lado.
Carol mira la mano que le ofrece. Estaría encantada de enredar la suya en ella, pero no puede, no quiere que él esté incómodo, que la gente piense mal sólo por él querer ayudarla, además...
—Gracias, pero tengo a Tobin —musita con desgana y se gira hacia su pareja para volver a acomodarse sobre su brazo.
—Claro,Tobin —gruñe con retintín.
Traga saliva al ver como se abraza a él. No le gusta, le molesta y no sabe por qué ¿Qué coño hace ella con ese tío? No le pega nada. Ella es tan jovial y él... es un potus como dice Andrea.
Sacude la cabeza, ¿Qué más le da?
Suspira.
Echa de menos sostener la mano de una mujer en el cine ¿Cuándo fue la última vez que vio una película con Janet? Ni se acuerda.
Se centra en la película y procura dejar de pensar en ello.
La película termina, y Daryl sale sin mirar a Carol, odia verla intentando despertar a su pareja de forma tan cariñosa. Él le daría un puñetazo en el cielo de la boca por idiota. Maldito 'Bobin'.
Sale hasta la puerta de los aseos que es donde quedó con Michonne para recoger a su sobrina. Todas las personas de la sala acuden allí a vaciar sus vejigas llenas de refresco.
Mira la hora. Está tardando, ¿Por qué tarda tanto? Las pelis de dibujos animados no duran tanto...
Llama a Michonne.
No contesta, supone que su teléfono está en silencio aún.
En fin... irá al baño también a aprovechar el tiempo.
Por lo general le gustan los baños del cine, suelen estar limpios, al menos a esa hora de la tarde.
Aprecia los jabones que hay al fondo de los orinales, le gusta jugar a apuntar a ellos, es un poco infantil pero le ayuda a concentrarse en lo que hace y no mirar a los lados o sentirse observado por el tío que mea a su lado. Como ahora, que hasta le da sombra.
Mira de soslayo. Es el idiota de Tobin. Le preguntaría si le gustó la película pero se pasó la hora roncando.
Con esa mujer al lado él tampoco vería la película, pero no por dormir, sino porque no apartaría la vista de ella, ni las manos. Sería divertido meterlas dentro de su ropa interior, darle placer y ver como sufre por no poder gemir para no ser descubiertos ¡Concéntrate, Daryl! Está empezando a empalmarse y lo que le faltaba es que ese tío piense que es por él.
La sacude y la guarda en sus pantalones antes de que se ponga demasiado 'morcillona'.
Echa un vistazo furtivo al miembro de ese gigante y sonríe. Es verdad esa teoría de Merle de que cuanto más grande es un tío más pequeña la tienes.
Se lava las manos y sale de allí en el momento justo para encontrarse a Carol con Lilly y Judith en sus brazos y comiéndoselas a besos.
Que hermosa imagen.
—¡Tío Daryl! —grita Lilly.
—¡'Dadyl'! —grita con su media lengüeta Judith.
Carol se gira para ver a la persona que las niñas que tiene en sus brazos están saludando.
—Daryl —susurra sonriente.
Deja a las dos pequeñas en el suelo para que echen a correr hacia Daryl que las recibe con los brazos abiertos y bromea haciéndolas reír.
—Todos los niños lo adoran, es muy cariñoso con ellos —comenta Michonne a su lado.
Carol asiente sonriente. Se ve, será un buen padre algún día.
—Hey —saluda Daryl cuando llega a la altura de ellas —te llamé antes —informa a Michonne, haciendo un esfuerzo sobrehumano para mirarla a ella y no volver a perderse en los ojos de Carol.
Michonne coge a su niña en brazos.
—Ya, lo vi. Fuimos a por un helado para hacer tiempo.
Daryl asiente mostrando su comprensión.
Observa a Carol que mira hacia el baño de caballeros esperando que Tobin salga.
—¿Te... te gustó la peli? —pregunta sintiendo la necesidad de que lo mire a él.
Ella asiente.
—Sí, estuvo bien, aunque creo que la original era más terrorífica.
—O que éramos más niños —dice.
Carol sonríe.
—Sí, será eso.
Se miran unos largos segundos sin decir nada. ¿Qué decir? No saben de qué hablar, pero tampoco quieren separarse. Se sienten cómodos el uno al lado del otro, no importa que no crucen palabras.
—¿Sales a correr hoy? —rompe finalmente el silencio Daryl.
Niega con la cabeza.
—No, sabes que de noche no me gusta salir sola, saldré mañana por la mañana supongo —responde en un encogimiento de hombros.
Ahora que Daryl tiene que cuidar de Lilly tendrá que volver a asfixiarse bajo el sofocante sol de Georgia para mantenerse en forma y no darle el gusto a Janet de verla engordar.
Daryl asiente mordiéndose el labio. Odia dejarla sola.
—¡Michonne! —grita sobresaltando a la mujer que aún sigue a su lado —Michonne y Rick salen a correr por la tarde ¿Cierto? —dice como si no hubiese estado corriendo con ellos antes de que apareciese ella en su vida.
Michonne sonríe a Carol.
—Así es, si quieres venirte por mí encantada...
—Oh, pues sí, muchas gracias, aunque echaré de menos a Sauron —murmura mirando a Daryl fijamente a los ojos 'Te echaré de menos' es lo que realmente quiere decir.
Daryl traga saliva ante esa mirada.
—Y... y Sauron te echará de menos a ti —tartamudea él. 'Ya te estoy echando de menos' es lo que realmente quiere decirle.
Michonne mira a esos dos ¿Qué les pasa? ¿Por qué se miran así? ¿Recuerdan que ella sigue ahí? Hay una notable tensión no resuelta entre ellos, eso está claro.
—Bueno, pues yo me voy —se despide, pero duda que se hayan enterado.
Se aleja de allí con Judith en brazos mientras que envía un mensaje a Andrea.
—Ya podemos irnos —dice Tobin que pasa su brazo por el hombro de su pareja y la atrae hasta sí.
Carol se sobresalta, estaba tan perdida en la mirada profunda de ese hombre que ni se acordaba de dónde estaba.
Se despide de Daryl con un movimiento de manos que él devuelve.
Lilly los observa marchar.
—Si me das 20$ le pego un chicle en la calvorota al gigante verde ese —propone.
Mierda, ahora tiene que deshechizar a Carol también.
Daryl bufa, aunque no le parece tan mala idea. Pero no, tiene que dar buen ejemplo a su sobrina.
Daryl comienza a preparar la cena.
—¿Qué hay para cenar? —pregunta Lilly poniéndose de puntillas para llegar a la encimera y cotillear lo que se trae su tío entre manos.
—Sandwich de jamón y queso ¿Quieres uno o dos?
—Jo, yo quería pizza, me gustan tus pizzas —refunfuña.
—Ya lo sé, pero tu madre me pidió que no te diese pizza —se defiende él.
—Pero ella no nos verá, será nuestro secreto —propone mirándole de reojo con sonrisa pillina.
Daryl sonríe. Esa niña...
—No hay trato, señorita.
—¡Pues no respiro!
—Pues no respires, pero esto es lo que vas a cenar. Pero primero vamos a bañarte.
Lilly suelta el aire que estaba conteniendo.
—¿Tú me vas a ayudar a bañarme?
—Claro.
—Pero tú eres un hombre.
—¿Y?
—Que no quiero que veas lo que me dio la cigüeña.
Daryl carraspea una risa.
—Si ya te he visto antes. Te recuerdo que te he cambiado pañales.
—Ya, pero ya no soy un bebé, me tiene que bañar Janet.
Daryl se frota los ojos.
—Pues Janet no está, está trabajando.
—Pues llama a mi hada —propone con voz cantarina.
Traga saliva ¿A Carol?
—Yo... no puedo molestar a Carol para esas cosas —tartamudea procurando que no se note su nerviosismo.
—Pues la llamo yo —dice echando a correr.
—¿A dónde vas? —pregunta al verla subir las escaleras hasta la segunda planta.
—Desde la ventana de tu baño se ve su habitación —informa ella.
Daryl se echa a reír. Como si no lo supiera ya, con la de veces que ¡Oh Dios!
—¡No, espera!
Corre hasta el baño en busca de su sobrina que está subida sobre la tapa del WC y coge aire para gritar.
—¡HA...
—Vale, vale, la llamo —se precipita en tomarla en sus brazos antes de que la llame y Carol descubra que puede verla desde ahí y empiece a ser más discreta para su desgracia.
La niña se ríe.
—¿A que no sabías que desde aquí se ve su habitación? —dice Lilly que lo mira como si hubiese descubierto un tesoro. Sí que es un tesoro, pero no fue ella quien lo descubrió.
Ella intenta volver a subirse al WC para llegar a ver por la ventana de nuevo, pero Daryl la detiene y mira en un reproche silencioso.
Se sienta él sobre la tapa para evitar que Lilly vuelva a hacer tonterías. Toma el teléfono y marca su número.
Está un poco nervioso, nunca ha hablado con ella por teléfono.
Un toque, dos toques...
Mierda, acaba de llegar a la habitación, puede verla. Ha salido del baño en ropa interior para acudir a coger el teléfono.
Tres toques...
Menudo cuerpo tiene, se muere por terminar de desnudarla.
—¿Daryl? —dice una hermosa voz al otro lado.
Él está congelado. La sangre se ha ido a otro sitio ¿Cómo puede ser tan perfecta esa mujer?
—Habla, idiota —lo anima Lilly con un codazo. Ha escuchado perfectamente el eco de la voz de su Hada saliendo de ese teléfono.
—¿Daryl? ¿Estás ahí? —pregunta ella extrañada.
Supone que estará pensando que él la ha llamado sin querer y ya está a punto de colgar.
Se anima a hablar.
—Yo... Ho... Hola, ¿Me ayudas en la ducha? —pregunta con torpeza.
Silencio al otro lado.
Carol no sabe si le ha oído bien ¿Acaba de pedirle ayuda en la ducha? Uh, con gusto irá a enjabonarlo. Pero seguro que no se refiere a eso.
—¿Qué has dicho? Creo que no te escuché bien.
Daryl se frota los ojos.
Sí lo ha escuchado perfectamente. Es que su lengua se hizo un nudo.
—Trae pa' acá —gruñe Lilly, y le quita el teléfono de un manotazo.
—Hola Hada —saluda —necesito que vengas a bañarme, porque Janet no está y el tío Daryl es un hombre, no puede verme desnuda —explica con una claridad que avergüenza a Daryl ¿Por qué él no puede hablar así?
Carol sonríe. Así que era eso...
—Claro, mi vida. En cinco minutos estoy allí.
Lilly cuelga y mira a su tío.
—¿Ves como no era tan difícil?
Le entrega el teléfono y marcha a preparar su ropa de dormir.
Daryl se queda ahí pasmado con el teléfono en la mano, observando la gracia con la que ella coloca un veraniego y floreado vestido sobre su cuerpo.
—Me vas a matar —susurra.
Carol llama a la puerta. No preguntó la dirección, se olvidó por completo.
Sabe que vive en la calle de atrás, y esta es la tercera puerta a la que llama, y todo por no enviar un whatsapp preguntando el número. No quería hacer otra demostración gratuita de sus despistes y torpeza. Demasiado la ha cagado hoy.
—Yo abro —grita una voz infantil.
Carol sonríe aliviada. Es Lilly. Al fin.
La puerta se abre y a la niña se le ilumina la cara al verla.
—¡Hada! —grita y se abraza a ella como si llevase meses sin verla y no se hubiesen encontrado esa misma tarde.
Daryl observa desde el fondo del pasillo.
—Pasa, por favor —la invita a entrar a la que es su casa.
Carol da un paso al interior y mira a su alrededor. Es una casa bonita, limpia, y elegantemente decorada. Al estilo de Janet supone.
—Bueno, ¿A quién tengo que bañar? —pregunta sonriente.
Daryl está a punto de levantar la mano como un gilipollas. Se la imagina paseando sus manos por cada parte de su cuerpo y pierde la cabeza, pero por suerte Lilly grita un fuerte 'A mí' que lo saca de su ensimismamiento.
Lilly toma la mano de Carol y la arrastra hasta el baño principal.
—Mira, ya llené la bañera —informa mostrando el agua cristalina —Tú no entres, tío Daryl —ordena, y le cierra la puerta en las narices.
Daryl resopla y se queda ahí pasmado, agudizando el oído, intentando averiguar de qué hablan. Su sobrina es muy peligrosa. Y menos mal que la ventana de Carol sólo se ve desde el baño de su habitación que si no... Mierda ¿Y si aún así comenta algo? Pega el oído en la puerta y cruza los dedos para que esa sinvergüenza se comporte.
Carol enjabona el cabello de la niña con el champú infantil que supone que Daryl ha comprado para ella. Huele a albaricoques. Ella compró uno igual para Sophia. Nunca lo llegó a usar.
—¿Sabes? tu madre tenía el pelo como tú cuando niña —comenta ella concentrada en lo que está haciendo, intentando alejar los tristes recuerdos de su mente.
Lilliy cierra los ojos, le relaja mucho sentir el agua caer por su cabeza y que le toquen el pelo.
—Hada ¿Sabes que tengo novio? —confiesa —Bueno, él no sabe que es mi novio, pero lo es.
Carol se echa a reír.
—¿Y cómo puede ser eso? —pregunta para ver que nueva ocurrencia tiene.
—Pues que él me gusta y yo le gusto a él, pero nunca nos hemos preguntado si somos novios, pero lo somos.
Carol niega con la cabeza. Esa niña...
—Como tú y el tío Daryl —añade.
Abre mucho los ojos, ¿De donde ha sacado eso? Está a punto de preguntar pero su lengua decide que es mejor callar y cambiar de tema.
—Esto ya está —anuncia cerrando la llave de la ducha.
Coge una toalla y la extiende frente a Lilly.
—Vamos, cariño —la anima a salir del agua y la enrolla como un rollito de primavera.
—Me sé vestir sola —anuncia orgullosa, y agarra su ropa interior para demostrarlo.
Carol pasea la mirada por el baño ¿Dónde guardarán el secador de pelo?
Abre el mueble que está sobre el lavabo. Está lleno de productos de belleza perfectamente ordenados por categoría y limpios. Igualito que ella, que tiene un viejo estuche lleno de manchas para guardar el maquillaje. Se pasa media hora para encontrar el puto rímel que suele estar seco porque se le olvidó de cerrarlo y se derramó dentro, manchando todos los artículos.
Casi que le da miedo seguir abriendo muebles, con el desastre andante que es es capaz de tirar algo y liarla como siempre.
—¿Buscas esto? —pregunta Lilly apuntándole con el secador como si fuese una pistola.
Carol alza los brazos en señal de rendición.
Daryl espera tras la puerta. Está nervioso, teme las barbaridades que pueda soltar su sobrina por la boca. Es un peligro.
Ha dejado de escuchar el secador, por lo que supone que estarán a punto de salir y la espera se le está haciendo eterna.
Se muere por volver a ver a Carol, está... ¡No! ¿Qué dice? Sólo quiere ver a su sobrina, Carol le da igual, ella...
—Hola —la saluda torpemente cuando la ve salir del baño tras un halo de vapor.
—Hola de nuevo —sonríe ella —Ya está duchada y lista para cenar —informa.
Lilly sale del baño y corre a abrazarse a la pierna de su tío.
—Mu... muy bien, gracias —agradece.
Se miran largo rato en silencio sin saber qué decirse. Ya empieza a ser una costumbre en ellos.
—Yo... será mejor que me vaya —rompe el silencio Carol.
—Oh, sí claro, tú...
—Invítala a cenar, idiota —interrumpe Lilly la torpeza de su tío.
—¿Qué? Ya, si... emmm... ¿Quieres...
—Tengo la cena esperándome en casa, pero gracias por la invitación —miente, pero está viendo lo incómodo que se está sintiendo, no quiere que se vea obligado a invitarla a cenar.
—Oh, vale, pues ya...
—¿Y mañana?—salta Lilly —Mi tío hace unas pizzas deliciosas.
Daryl asesina a su sobrina con la mirada.
Carol se da cuenta de ello. No quiere invitarla, lo ve, pero su sobrina está siendo una bocazas.
—No, no importa Lilly, yo...
—¿No te gustan las pizzas? —pregunta Daryl. Desea invitarla a cenar mañana. Y si no le gustan las pizzas le preparará lo que desee, aunque jamás haya oído hablar de ese plato de comida y tenga que verse cientos de tutoriales en Youtube para prepararlo.
—Sí, mucho, pero no quiero molestar.
—No, no molestas, quiero invitarte a cenar, como agradecimiento por bañar a Lilly, por favor —ruega. autoconvenciéndose que es por eso.
Carol se lame los labios pensativa. ¿De verdad quiere invitarla a cenar? Parece que sí ¿Está mal cenar con él? No está segura, pero también estará Lilly, y de todos modos mañana puede que también tenga que bañar a Lilly...
—De acuerdo —se decide sin estar segura aún de haber hecho lo correcto—¿Mañana a la misma hora?
Daryl sonríe ampliamente y asiente, es incapaz de formular palabra.
—Pues... hasta mañana, Daryl —se despide sonriente.
Daryl se queda observándola marchar, es hipnótico como se mueve su vestido al compás de sus caderas. Lo que daría por meter la mano por debajo.
Aún está despidiéndole con la mano como un gilipollas, sin salir de su trance hasta que Lilly cierra la puerta de un portazo y lo saca de su trance.
¿Acaba de desear meter la mano bajo su falda? Sacude ma cabeza. Dios, está volviéndose loco.
—Mañana cenaré pizza, mañana cenaré pizza.—canturrea victoriosa.
Trota hasta la mesa a comerse con gusto su sándwich ante la atenta mirada de su tío que aún no se cree lo astuta que es.
Mañana tendrá que hacerle pizza para cenar y... ¡Oh Dios, Janet! Se alarma siendo ahora consciente de lo que acaba de hacer. Se ha olvidado de su esposa, puede que mañana sí esté para cenar y... ¿Y que hará? ¿Cancelar la cita? ¡No es una cita! ¿Cenar todos juntos? Janet no cena eso, y no sabe si le hará gracia que ella esté ahí ¿Pero que más da? Sólo quiere agradecerle lo que hace por Lilly, no debería enfadarse con ello... no está haciendo nada malo ¿Pero por qué le parece que sí?
Carol llega a casa, Tobin ya está dormido en su sillón.
Suspira, otra noche sin sexo, o que tendrá que utilizar su vibrador.
Camina hasta la cocina para prepararse algo para cenar, y los ojos se le iluminan: Tobin le ha dejado la cena preparada.
Si es que en el fondo es un amor.
Camina hasta el salón y le da un beso en la sien.
—Buenas noches mi gruñoncete. Te quiero.
Daryl despierta de madrugada al escuchar la ducha del baño principal abrirse.
Janet ha llegado.
Mira a su lado, Lilly está profundamente dormida. Ese torbellino...
Coge su móvil. Son las 03:15 de la madrugada.
—Madre mía, cuanto trabaja esta mujer —susurra para sí.
Se frota los ojos y se levanta de la cama para ver a su esposa. Quizás no haya cenado y quiere que le prepare algo.
—Hey —la saluda al verla salir de la ducha.
Ella tararea un 'hola' mientras se dirige hasta el espejo empañado y comienza a secar su cabello con la toalla.
Se coloca tras ella y besa su hombro desnudo.
—¿Qué tal el día?
—Bien, cansado.
—¿Quieres cenar algo?
—No, ya cené en el trabajo —responde concentrada en secar su cabello.
Es extraño, su secador no está justo en el ángulo en el que ella lo dejó. Cosas de Lilly supone. Maldita niña, es un caos.
Siente como su marido besa su cuello e intenta acariciar más allá de donde su toalla cubre.
—Hoy no, Daryl. Estoy cansada —lo detiene retirándole la mano del lugar y continúa con el secador.
Él se aparta, si ella no quiere no va a obligarla, aunque le jode, ya lleva mucho tiempo sin hacer el amor, supone que tendrá que esperar a que ella lo busque a él.
La mira unos segundos, es preciosa, debe de estar agradecido de estar casado con ella.
—Buenas noches, cariño, te quiero —se despide dándole un beso sobre la cabeza.
—La cama es realmente cómoda ¿Verdad? —comenta Merle.
Están en la suite del hotel. Tienen una habitación grande con Jacuzzi privado que está deseando probar.
Andrea no escucha, está ocupada mirando su teléfono.
—Vaya por dios, me he casado con mi cuñada —bromea Merle, pero su esposa sigue sin hacerle caso, y mira nerviosa el teléfono mordiéndose las uñas —¿Qué ocurre? ¿Están bien los niños? —pregunta preocupado.
Andrea reacciona cuando su marido pone la mano en su hombro.
—Mira lo que me dice Michonne.
Le entrega el móvil y él lee en voz alta.
—'¿Qué hay entre Carol y Daryl?' —mira a su mujer —Mierda ¿Qué han hecho estos dos?
Andrea le arrebata el teléfono alterada.
—Un día. Los hemos dejado solos un día, y seguro que ya han follado —masculla mientras mueve sus dedos ágiles por la pantalla del teléfono —Voy a hacer una videollamada.
—¿Qué? ¿Estás loca? Eso te va a salir por un ojo de la cara.
Merle intenta quitarle el teléfono pero ella lo esquiva.
—Me da igual, llama tú a tu hermano, así si están juntos los pillaremos.
—¿Y qué más da lo que hagan? Que follasen sería lo mejor que les podría pasar.
Andrea lo asesina con la mirada.
—Calla y llama —ordena.
Merle pone los ojos en blanco y obedece.
Un toque...
La va a matar en cuanto la vea.
Dos toques...
¡Veinte! Veinte años, han tenido para conocerse.
Tres toques...
Y tienen que juntarse ahora, si es que son...
—Hola, Andrea ¿Qué tal mi brasileña favorita?
—Quítate el teléfono de la oreja —dice ella con sequedad.
—¿Qué? Ah. Oh dios, que vieja estoy —se queja Carol al verse en la pantalla de su teléfono.
—Ya, lo que tu digas ¿Estás meando mientras hablas conmigo? —pregunta al reconocer dónde está sentada.
—¿Qué? No, que me has pillado a punto de entrar en la ducha —explica ella, enfocando sus piernas para que vea que aunque esté sentada en el WC no está haciendo nada. Tiene los pantalones subidos —Bueno, ¿Qué tal por Brasil? —pregunta moviendo los hombros en un torpe intento de imitar una samba.
Andrea analiza sus expresiones. No parece estar ocultando nada, suele ser un libro abierto. Siempre le pilla las mentiras, sobretodo las de líos de cama.
Respira aliviada y sonríe.
—Bien, con ganas de follarme hasta al Cristo Redentor. Madre mía que cuerpazos, tienen unos abdominales que podría lavar mi ropa interior a mano contra ellos —comenta sonriente, hasta que escucha a su marido hablar con Daryl.
—...Y que tías, no como las de Georgia que son capaces de sembrar el caos en Mordor —comenta Merle con su hermano que está en el centro comercial —Menos tú cariño, tú eres el orco más guapo de la horda —se ve en la situación de aclarar al notar como lo asesina con la mirada.
—Gracias cariño, muy romántico —agradece en tono sarcástico.
Merle mira el móvil de su mujer.
—¿Estás cagando, pelirroja? —pregunta a maldad a sabiendas de que su hermano lo escuchará.
—¡Otro! ¡Que no!
Merle se echa a reír. Le encanta hacerla rabiar.
—Mira con quién estoy hablando.
Acerca su teléfono al de su mujer y los deja pantalla contra pantalla.
Carol se siente enrojecer.
—Da... Daryl, hola, yo... —mierda Merle te voy a matar —Te juro que no estoy cagando —se atreve a pronunciar al fin —Es que he salido a correr con Michonne y Rick y me iba a duchar ahora.
Daryl asiente sonriente.
—Yo... yo estoy comprando los ingredientes para las pizzas —informa esperando que no se nota su nerviosismo por su cita ¡Qué no es una cita!
—Estoy deseando probarla.
—Y yo espero que te guste.
Y de nuevo silencio entre ellos, mirándose sonrientes y nerviosos sin saber qué más decir.
—Vale, se acabó la conversación que esto sale caro —rompe Merle la armonía y finaliza la llamada.
Andrea vuelve a tomar su teléfono.
—¿Vas a cenar con mi cuñado? —pregunta a toda velocidad.
—Sí, tengo que ir luego a bañar a tu hija, y él me invita a cenar en agradecimiento.
—¿Tú? ¿Y Janet?
—Vaya pregunta —murmura Merle.
Carol se encoge de hombros.
—Ni idea, ayer me encontré con ella y de forma sutil me llamó vieja y gorda. No sé que le habré hecho.
—Se estará vengando por el corte que le diste en la piscina —dice Merle
Carol arquea una ceja.
—¿Qué corte? ¿De qué habla ese imbécil?
—Cuando dijo que Lilly necesitaba un psicólogo —le recuerda Andrea.
Carol hace memoria.
—¡Ay, Dios! No me di cuenta, no... no era mi intención... mierda... —se frota los ojos. Menudo desastre está hecho —¿Debo disculparme?
—Ni se te ocurra, a ver si así deja de decir eso de mi niña.
—Niña de la que no te has acordado cuando he llamado a mi hermano —vuelve a meterse en la conversación Merle.
—¡¿Te quieres callar tú?! —le regaña Andrea. Qué le gusta poner el oído. Es un cotilla.
Carol se echa a reír.
—Cuanto amor se respira ahí —bromea —voy a ducharme, os dejo que os matéis o fabriquéis un bebé. Ya hablaremos.
Y cuelga.
Andrea frunce el ceño. Esos dos van a cenar juntos. No se fía de ellos, y menos viendo ese silencio que se ha hecho entre ellos antes, y eso que ha sido por teléfono. En persona no se podrá ni respirar por la tensión. Normal que Michonne sospeche de que hay algo entre esos dos.
—No es mala idea eso de fabricar bebés —susurra Merle en su oído
Ella entrecierra los ojos.
—Me has llamado orco —le recuerda.
—Vamos cariño, era una broma. Si ya sabes que eres la única para mí —dice con voz melosa a la vez que reparte besos por su hombro —sería capaz de bajarte la luna.
Andrea bufa.
—Si no bajas ni la basura. Anda, ponte el condón, idiota.
—De acuerdo, pero tú ponte ese camisón tan sexy con el te comería hasta los mocos.
Andrea hace una mueca de asco. El romanticismo no forma parte de ese hombre.
Tres vasos, servilletas ¿Comerá las pizzas con cuchillo y tenedor como Janet? ¿Preferirá agua, refresco o cerveza? ¿Con o sin alcohol? ¿Será alérgica a algo? ¿Cómo irá vestida hoy? Sacude la cabeza ¿Qué más le da como vaya vestida?
—Yo quiero la pizza con forma de corazón —pide Lilly que juega con la masa sobrante.
—No pienso hacerlas con forma de corazón, vaya que Carol piense que me gusta.
Lilly se encoge de hombros.
—¿Acaso es mentira? —comenta con naturalidad, concentrada en la construcción de un muñeco de masa.
Daryl traga saliva. Ese bichejo parece que le lee el pensamiento.
Janet no está en casa, de nuevo llegará tarde, y por alguna extraña razón se alegró de ello. Cuando está Carol, Janet le sobra, y eso le asusta.
Carol mira la ropa de su armario ¿Falda o pantalón? ¿Y un vestido? ¿O qué tal ese conjunto con el que le provocó una erección? Se muerde el labio al recordar su confesión. Menudo subidón de autoestima le dio.
Podría buscar algo parecido, tiene un top que... ¡NO! ¿Para qué narices quiere provocar eso en él?
Llaman a la puerta y los cubiertos resbalan de sus manos de lo sudadas que se han puesto de repente.
Ella ya ha llegado.
—¿Lilly? —llama a su sobrina con un hilo de voz, para que ella abra. Teme enfrentarse a la mujer que está tras esa puerta, porque sabe que en cuanto la abra se quedará sin palabras y hará el ridículo como siempre. ¿Para qué la invita a cenar si tanto la teme?
—¡Estoy haciendo el vientre ese! —grita desde el baño.
—Perfecto... —susurra.
Se acerca sigilosamente a la puerta y mira por la mirilla. Quizás si se prepara mentalmente para lo que va a ver no haga tanto el ridículo.
Vale, viste una camiseta color negro de tirantes anchos y cuello redondo. Puede lidiar con eso.
Toma aire y abre la puerta.
—E... e... está cagando —dice torpemente como el gilipollas al cuadrado que es.
Sí, podrá lidiar con esa camiseta y pantalones vaqueros, pero no con sus ojos.
Carol ladea la cabeza intentando comprender.
—¡Tío Daryl, la caca no se va! —grita Lilly.
Carol comprende al fin.
Ambos se miran un par de segundos y rompen a reír.
Esta niña... —susurra Daryl que siente como la tensión desaparece —. Entra, por favor, ponte cómoda, yo voy a... ya sabes... —dice nervioso, caminando de espaldas y señalando hacia el baño donde un señor mojón le espera.
Carol pasa tímida al interior y mira la estancia más detenidamente que ayer.
Hay títulos universitarios colgados en la pared, y una orla en la que le cuesta localizar y reconocer a Janet. No ha cambiado mucho, pero como sale sonriente le costó verla.
Sobre la mesa del recibidor hay una foto de boda. Ella está guapísima, y Daryl tiene el cabello corto y una barba más cuidada.
—Estás mejor ahora, hombretón —susurra para sí.
Janet viste un hermoso traje de novia que realza su figura, y por extraño que parezca no tiene el móvil en la mano.
Escucha la cisterna sonar.
—¡Se fue tío Daryl!
Se muerde el labio aguantando la risa. A saber lo que habrá liado esa niña.
Carol baña a Lilly que no para de repetir lo entusiasmada que está de comer pizza.
–Tengo un vecino que se llama Vincent que es un niño muy malo, muy malo y que a veces me tira del pelo —comenta Lilly mientras Carol enjabona su espalda.
—¿Y tú no haces nada?
—Me defiendo, y le pego, pero quiero insultarle y llamarle idiota, pero es sordo y no puedo. No me va a escuchar, y como no sé escribir... Le he pedido a mamá que me enseñe, pero no quiere.
Carol se muerde el labio pensativa.
—Mírame —pide, y en cuanto capta su atención le hace un gesto con las manos —Así se dice idiota.
Lilly abre mucho los ojos.
—¿Así? —imita el gesto.
Carol se echa a reír. Andrea la va a matar, pero bueno, los padres educan, los profesores enseñan y los familiares malcrían.
—Eso es, muy bien.
Lilly ríe a carcajadas e imita el gesto una otra vez para asegurarse de que lo memoriza.
—¡Qué bien! Se va enterar Vincent, y también se lo haré a Janet.
—¿Por qué vas a decirle eso a Janet? —pregunta interesada. Lo que le faltaba, que Lilly la llame idiota, le pregunte quién le enseñó eso y diga que su Hada. No quiere crear más conflicto entre ellas.
—Por que es idiota y no me quiere.
Carol le sonríe con ternura.
—Claro que te quiere, lo que pasa que... —piensa Carol —Que no es de ese tipo de personas que lo demuestran —menuda gilipollez acabo de decir.
Lilly niega.
—No, no me quiere, y tiene engañado al tío Daryl, pero yo voy a hacer que vea lo fea que es por dentro y así se deshechice y se enamore de ti —asegura con contundencia.
Carol niega con la cabeza. Esa niña...
Ojalá fuese simplemente un hechizo y... ¿Qué dice? ¡Ella quiere a Tobin!
Daryl mira la mesa. Está todo pulcramente colocado, y una humeante pizza familiar inunda la casa con un delicioso olor.
—Madre mía, qué buena pinta —alaba Carol que sale del baño junto a Lilly.
Daryl se sonroja y le hace una señal para que se siente frente a él ¿frente a él? ¿Será buena idea ver sus ojos cada vez que levante la vista? Mierda, se pondrá nervioso y hará el idiota seguro, pero ya es tarde para corregirse.
—Es... espero que te guste, cu... cuidado que quema —dice nervioso ofreciéndole un trozo.
Carol musita un gracias.
Lilly baila en su silla con la pizza en la boca. Le encanta esa comida y más aún la cara de gilipollas enamorados que tienen los dos. Todo va acorde al plan para tener el cuento de hadas.
El móvil de Carol suena y entonces recuerda.
—Perdona, tengo que tomarme la pastilla antes de que se me olvide —informa, y comienza a buscarlas en ese desastre de bolso que tiene.
—¿Pastilla? ¿Estás enferma? —pregunta interesado. Mierda, está mala y aún así ha ido a su casa a bañar a Lilly y cenar con ellos.
—No, es para no oír las voces en mi cabeza que me piden que mate —responde con normalidad antes de llevarse la pastilla a la boca.
Daryl traga saliva. Era demasiado perfecta. Será verdad eso que dice su hermano de que las pelirrojas están todas locas.
Carol lo mira a través del vaso y rompe a reír al ver su rostro de absoluto terror.
—Es broma, Daryl. Es mi anticonceptiva.
Se hacen unos eternos segundos de silencio y finalmente Daryl ríe nervioso tras volver a respirar y niega con la cabeza mientras observa esa sonrisa perfecta y sincera que tiene.
—Vale, muy graciosa, me has pillado. No estoy muy acostumbrado a las bromas en esta casa.
Lilly se ríe también.
—Mira tío Daryl, esto es lo que eres —hace el gesto que su hada le enseñó poco antes.
Carol se lleva la mano a la frente. Mierda...
—¿Me has llamado idiota? —pregunta fingiendo enfadarse.
Carol abre mucho los ojos.
—¿Sabes lenguaje de signos?
Vaya, ese hombre es una caja de sorpresas
Daryl mueve la cabeza de lado a lado.
—Sólo se decir cuatro palabrotas que me enseñó Andrea y esto —hace un gesto con las manos mientras la mira fijamente a los ojos.
—Te quiero —lee Carol sintiéndose estúpidamente emocionada. Ni que se lo hubiese dicho a ella. ¿Y qué más le da si se lo dice a ella? ¡Está enamorada de Tobin!
—Sí —susurra sin aliento Daryl. Qué bonito suena escucharlo de sus labios. No se cansaría nunca de oírla decir esa palabra.
Sacude la cabeza ¡Ya tiene a alguien que le dice esa palabra!
Se miran de nuevo sin sabe qué decirse.
—¡Qué bien! ¡Ya sé decir Te quiero, también, se lo diré a mi novio: 'Te quiero, idiota'. Como mamá le dice a papá! —exclama Lilly, rompiendo ese silencio entre ellos.
Ambos se echan a reír y de nuevo la tensión vuelve a irse.
—La pizza está deliciosa —comenta ella.
Daryl sonríe agradecido y disfrutando de su agradable compañía en silencio, le gusta verla comer, saboreando la comida, sonriéndole y sin quejas tipo 'Le has puesto demasiado tomate' 'Tiene demasiados hidratos' 'Deberías añadir más verduras'... frases típicas de Janet.
Lilly mira los dibujos animados en la televisión del salón mientra los mayores recogen la mesa. Es lo bueno de ser una niña, que se libra de muchas tareas.
Daryl observa a Carol a su lado fregar los platos. Están tan cercas que sus brazos chocan de vez en cuando enviando una descarga eléctrica por todo su cuerpo. Es curioso ¿Ella tendrá la misma sensación?
—¿Qué tal te ha ido con Rick y Michonne? —pregunta intentando desviar la atención hacia otro lado.
Carol se encoge de hombros.
—Bien, no son rivales para mí —bromea —Tienen el mismo ritmo de abuelo que tienes tú —lo mira canalla esperando su reacción.
—Pfff —bufa él dándole un codazo juguetón en el hombro, haciéndola reír. Adora su risa, y le gusta que se tome la libertad de bromear con él, no la veía tan atrevida desde la barbacoa.
Y entonces recuerda.
—Hey, a...aún no contestaste a mi pregunta —se atreve a volver a sacar ese tema que quedó en el aire.
Carol arquea una ceja ¿Le ha preguntado algo? Dios, es que tiene la camisa mojada a la altura del abdomen y está concentrada en ver cuantos músculos se marcan.
—Lo siento, tengo una capacidad de atención reducida ¿Qué preguntaste?
Daryl cambia el peso de su cuerpo un poco nervioso.
—No, no ahora, me refiero a lo que hablamos en la barbacoa, justo antes de marcharte —intenta aclarar, pero por la cara que pone ella parece no recordar nada. Ahora se arrepiente de haber abierto la boca.
Carol hace memoria ¿De qué hablaron? ¿De su erección? No, no cree que se refiera a eso.
—Yo... creo que estaba demasiado borracha, lo siento, si puedes refrescarme la memoria tal vez yo...
—No, da igual —interrumpe —es una tontería sin importancia —finaliza la conversación.
Seguramente si hubiese estado sobria ese día no habría mencionado nada de esos piercings en partes íntimas de su cuerpo. Así que tendrá que quedarse con la duda, o aprovechar otro día que esté ebria, porque duda que vaya a tener otra manera de averiguarlo.
Continúa junto a ella, desviando la conversación a temas sin importancia, manteniéndola entretenida para que no intente indagar en la pregunta anterior.
Carol llega hasta la puerta de su casa, ha sido una cena agradable, ha estado cómoda y la pizza estaba deliciosa, aunque ha notado a Daryl un poco distante tras sacar el tema de esa pregunta sin responder que ella no recuerda ¿Qué narices sería?
Intenta pensar mientras rebusca en su bolso las malditas llaves.
—¿Dónde coño estáis? —masculla entre dientes.
Se agacha y vacía el contenido sobre el felpudo para buscar más detenidamente.
Anticonceptivas, teléfono móvil, pintalabios, tickets de compras acumulados, pañuelos de papel petrificados...
—¡Joder! —se queja al comprobar que se ha dejado las llaves en casa.
Llama a la puerta, quizás Tobin aún siga despierto.
Llama una vez...
Dos...
Tres...
Grita su nombre...
Una vez...
Dos...
Tres...
—Coño Tobin.
Mira alrededor de la casa en busca de alguna ventana abierta o algo por donde colarse, aunque tenga que trepar hasta el segundo piso.
Pero nada...
Mira la hora en el teléfono 00:30. Demasiado tarde para llamar a Anne para pedirle la copia de las llaves.
Recibe un whatsapp de Daryl.
¿Llegaste bien a casa?
Sonríe. Que atento es.
Sí, pero no puedo entrar, me olvidé las llaves y el dormilón de mi novio no me abre.
Escribe casi sin pensar, y nada más darle a enviar se da cuenta de lo que acaba de hacer. Seguro que ahora Daryl la...
Ven a mi casa, puedes dormir aquí. Puedes dormir con Lilly, yo me iré al sofá.
...La invitará a su casa.
No, te lo agradezco, Daryl, pero no quiero molestar. Dormiré en el porche. Total, con las noches tan calurosas que hacen...
De eso nada. No es molestia, insisto. Como no vengas iré a por ti. Te doy diez minutos.
Carol se muerde el labio y niega con la cabeza. Casi que se siente tentada a comprobar si de verdad iría a por ella, pero mejor no, vaya que alguien los vea y piensen que la está secuestrando o él está engañando a su pareja con ella. Puf, ¿Quién iba a pensar eso? Janet es guapísima, y ella... ha tenido años mejores.
Daryl mira por la mirilla impaciente, y nervioso a la vez. La ha invitado a quedarse en su casa ¿Qué pasará cuando Janet llegue? ¿Y si le da por entrar a su habitación y la ve? ¿Y si lo ve a él en el sofá? Dios, por qué no pensó en eso, puede que se esté jugando su matrimonio, pero por otro lado no podía dejarla dormir en la calle, ni siquiera pensó, fue leer su whatsapp y directamente invitarla a su casa.
Se tensa cuando visualiza su silueta acercándose a la puerta. Ya está ahí, toma aire y la abre antes de que llame y despierte a Lilly que está durmiendo en el salón.
—Hola —la saluda nervioso.
Carol lo mira tímida.
—Lo siento Daryl, soy un desastre.
Él sonríe, que ternura le da.
—No importa, para casos como este están los amigos —dice, pero por alguna razón le ha dolido la palabra amigos.
Caminan hasta el salón donde Lilly está durmiendo. Le hace señales para que guarde silencio.
—Mira, te he preparado ropa para dormir, es una camiseta que me regalaron, está sin estrenar y me queda enorme, y un cepillo de dientes nuevo, lo compré para Lilly pero ella se ha traído el suyo —le entrega las cosas y toma aire, ha hablado susurrando y casi sin respirar de los nervios que tiene.
Carol desdobla la camiseta que tiene el emblema de la casa Stark dibujado en gris sobre fondo negro y el lema 'Winter is coming'.
—Vaya, Juego de tronos —susurra mientras mira como le quedaría la camiseta puesta. Le llega a la altura de las rodillas.
—Sí, ¿También lo ves? —pregunta curioso. Ella asiente —¿Qué te pareció esta última temporada?
Carol mira de soslayo pensativa.
—Que con ese culo de melocotón yo también me tiraba a mi sobrino —bromea.
Daryl ríe nervioso al ver esa sonrisa de nuevo, es preciosa, y adora sus bromas.
—Vamos, te enseño la habitación.
Toma a Lilly en brazos e invita a Carol a pasar por delante de él para que suba las escaleras hasta la segunda planta. Observa descarado su cuerpo estilizado y ese precioso culo dentro de ese pantalón 'Tú sí que tienes un culo de melocotón' piensa.
Mete a Lilly en la cama, la arropa bien y acompaña a Carol hasta el baño.
—Este será tu baño esta noche —susurra —si necesitas algo más sólo tienes que decírmelo.
Carol sonríe agradecida.
—Muchas gracias, todo está... ¡Eh, mira, se ve mi habitación desde aquí! —se da cuenta, y se dirige hacia la ventana.
Daryl traga saliva.
—Oh, s...s...sí, ci...cierto...no... no me había fijado —disimula torpemente.
—Vaya, voy a tener que ser más discreta, suelo salir semidesnuda del baño —comenta, aunque sólo puede pensar en si ella lo verá a él también. La lástima que la ventana sea tan pequeña y alta y posiblemente sólo le muestre hasta sus hombros.
—Sí, lo sé —confiesa sin querer —Me refiero a que sé que tendrás que ser más discreta —intenta arreglarlo torpemente, pero ella parece no haberse dado cuenta de esa metedura de pata. Será mejor callar —.Bueno, yo... me voy abajo a dormir, te dejo que...
—Daryl, si lo prefieres duermo yo en el sofá, no me importa, soy más peque...
—No, quiero que duermas aquí, tranquila, buenas noches.
—Buenas noches, Daryl, gracias.
Lilly despierta de madrugada y mira a quién tiene a su lado.
Sonríe, es su Hada.
Su plan de quitarle las llaves de casa ha funcionado, pero el tío Daryl debía dejarla a ella en el salón, donde se quedó dormida y él dormir en la misma cama junto a su Hada. Eso es lo que hacen las parejas.
—La próxima vez lo conseguiré —susurra.
Besa la mejilla de Carol y se acurruca junto a ella.
Carol baja silenciosa y medio adormilada las escaleras con los zapatos en la mano. Sólo tiene que caminar hasta la puerta y marcharse sin despertar a nadie. Es fácil.
—Mierda, el bolso —susurra cuando está a escasos centímetros de la puerta —¿Dónde demonios lo dejé?
Recuerda que llegó, Daryl la condujo hasta el salón, le entregó la camiseta y el cepillo de dientes, ella dejó el bolso sobre el sofá para ver bien la camiseta y... ahí debe seguir.
—Genial, Carol, siempre complicando las cosas con tus despistes —se regaña en un bostezo.
Camina hasta el salón donde Daryl está dormido, sin camisa, vestido con un pantalón de chándal y sin ropa interior al parecer, sólo hay que ver la notable erección que se alza entre sus piernas.
—Hijo de mi vida —gime mordiéndose el labio ¿Cómo narices no vio eso cuando salieron a correr? Normal que no pudiese seguirle el ritmo ese día.
Sonríe al recordar que ella llegó a levantar esa herramienta sin tener que tocarla, sólo mostrando su cuerpo.
Sacude la cabeza para despejar los sucios pensamientos que cruzan su mente y se concentra en buscar su bolso.
Está tras la cabeza de Daryl, sobre uno de los brazos del sofá.
Toma aire. La tarea sería secilla si no estuviese medio dormida y no tuviese ese periscopio frente a ella distrayéndola.
Se acerca lentamente, pasando con cuidado entre el sofá y la mesa de café decorada con unas figuras de cristal que tienen pinta de costar un pastón. Procura no rozarlas, porque como rompa una va a tener que vender un riñón para pagarlas, porque seguro que Janet...
Un grito ahogado sale de sus labios cuando tropieza con la alfombra y cae sobre Daryl, que se despierta al instante.
Lo mira aterrada sin poder formular palabra ¿Qué pensará? Se alejaría, pero él en un acto reflejo la ha agarrado con fuerza y ahora no puede escapar.
Daryl mira adormilado a la mujer que tiene sobre él. Es como si le hubiese llovido del cielo. Dios, está guapísima recién levantada.
Están nariz contra nariz, peligrosamente cerca, pero no le importa.
Tiene sus delicadas manos apoyadas sobre su pecho desnudo. Son suaves le gusta la sensación.
Está a horcajadas sobre él, si no fuera por la ropa podría penetrarla sin problemas, su miembro está en posición chocando contra la entrada. Lástima que no lleve el vestido de la noche anterior, sería fácil eliminar esa barrera.
Se da cuenta de que inconscientemente sus manos se han posado sobre la curva de sus caderas, y está acariciando con el pulgar un palmo de su piel desnuda donde el pantalón no llega y la camisa no le cubre. Tiene una piel muy suave.
—Yo sólo quería coger mi bolso —susurra ella contra sus labios.
Se siente excitada al notar como la acaricia y como su erección crece y se presiona contra ella.
Si se deja caer un poco puede sentirla aún más.
—Cógelo —la anima en un gemido provocado por el movimiento de su cuerpo sobre su miembro. Dios, por qué no están desnudos. Con gusto le haría el amor sobre ese sofá.
Desvía sus manos hasta su trasero y pellizca sus nalgas.
—Me gusta tu culo —confiesa.
Carol gime ante la sensación ¿Cuanto tiempo hace que no la tocan así? Tobin no...
Y entonces reacciona ¡TOBIN! ¿QUÉ COÑO ESTÁN HACIENDO?
Coge su bolso y se aparta de él en un brusco movimiento.
—Yo... lo siento, yo no... esto está mal...tengo que irme —tartamudea muy nerviosa, y huye de allí sin atreverse a mirarle a los ojos.
Daryl la mira sin entender, hasta que termina de despertar al escucha la puerta de la entrada cerrarse y la de la habitación de Janet abrirse.
Abre mucho los ojos
¿QUÉ COÑO HA ESTADO A PUNTO DE PASAR?
Hola, no tengo mucho que decir sobre este capítulo, sólo que espero que os haya gustado :)
