7. Culpable
Daryl se lleva las manos a la cabeza ¿Acaba de cogerle el culo a Carol y decirle que le gusta?
—No, no, no, no —se repite.
Eso no puede estar pasando ¿Cómo va a mirarla ahora a los ojos? A lo mejor no quiere volver a verlo ¿En qué coño pensaba para tocarla? no, mejor preguntarse ¿En qué coño pensaba para invitarla a pasar la noche en su casa? ¡Janet podría haberla visto!
—¡Y tú bájate ya! —gruñe a su miembro que parece no haberse enterado de la gravedad de la situación.
Escucha a Lilly de vomitar en el piso de arriba.
—Mierda, la pizza —recuerda. Debió haberle hecho caso a Andrea y nada de eso habría pasado. Ni le habría tocado el culo a Carol, ni la habría invitado a cenar ni Lilly estaría poniendo el suelo de la habitación perdido.
—¡Daryl! ¡Por dios, que asco! —grita Janet.
Daryl se levanta apresuradamente y corre escaleras arriba.
Janet mira asustada su maravilloso suelo de mármol. El ácido del vómito se comerá todo el brillo.
—¿Acaso no sabes utilizar el baño? —pregunta enfadada.
Lilly la mira con gesto triste.
—Lo siento, tía Janet —se disculpa en un sollozo.
Sabe que la pizza le sienta mal, pero es que está tan deliciosa...
Daryl llega hasta ellas y mira a Lilly con su pijama todo lleno de vómito mirándole con los ojos llenos de lágrimas. Se siente tan culpable de que esté así...
—Oh, vaya... Ven aquí mi vida, vamos a cambiarte —dice con suavidad tomándola en sus brazos.
Janet resopla incrédula.
—¿En serio? ¿Eso es todo? ¿Has visto cómo está el suelo?
—Lo recogeré en cuanto le cambie el pijama.
—Se va a comer todo el brillo ¿Sabes el dinero que...
—¡Te he dicho que lo limpiaré en cuanto la cambie! ¡Hay prioridades y no es el puto suelo! —grita harto de tantas tonterías. Siempre igual, preocupándose por gilipolleces.
Ella no dice nada, sencillamente se marcha a trabajar.
—La tía Janet se ha enfadado conmigo —murmura Lilly metiendo un brazo en su pijama limpio —¿Y mi hada? —pregunta al recordar a Carol que ya no está.
Daryl sonríe, supone que despertó de madrugada y la vio durmiendo a su lado.
—Ya se fue.
—Jo... pues tengo que devolverle esto —se dirige hasta donde oculta las llaves de Carol y se las muestra a su tío.
Daryl la mira esperando explicaciones.
—Quería que durmiese contigo porque cuando los mayores duermen juntos se enamoran, pero no funcionó —explica su lógica.
Daryl toma las llaves y suspira.
—No vuelvas a hacer eso ¿Entendido? Ella está con Bo...Tobin y yo con Janet ¿Para qué quieres que estemos juntos.
Lilly se encoge de hombros.
—Es guapa, tiene una sonrisa muy bonita, me quiere y ella no me habría regañado por vomitar.
Y Daryl calla ¿Qué decir? Si lo más seguro es que sea verdad.
Carol llama a la puerta de su casa. Aún está nerviosa por lo que acaba de vivir ¡Le ha cogido el culo! ¡Daryl le ha cogido el culo y dicho que le gusta!
—Increíble —sonríe mordiéndose el labio en el recuerdo, y al momento se regaña ¿Cómo puede disfrutar de ello? ¡Está casado y ella ama a Tobin! No le puede gustar lo que él ha hecho. Quiere pensar que lo que siente es simple excitación por el tiempo que lleva sin sexo. Sí, será eso y nada más.
Lo que ahora teme es como mirar a Daryl a los ojos, ¿Qué decirle? ¿Debe pedirle perdón? no, en todo caso él que es quien le tocó el culo ¿Se arrepentirá de haberlo hecho? Espera que no, o mejor sí, o... ¡No sabe! Lo más sensato es que se arrepienta, tiene pareja, no puede ir por ahí tocando culos ajenos.
Sonríe como una idiota recordando la noche que le confesó lo de su erección. A lo mejor lleva deseando meterle mano desde ese día, y por eso...
Tobin abre la puerta.
—¿Dónde estabas? —pregunta en tono molesto.
—¿Qué dónde estaba? ¿Dónde estabas tú anoche? ¡He tenido que dormir con Lilly porque tú no me abrías —regaña con su dedo acusador.
—Y las llaves —pregunta Tobin, y el dedo acusador de Carol muere —. Las olvidaste de nuevo ¿Verdad?
—¡Calla! —gruñe a modo de respuesta y entra en casa.
Merle mira sus pies hundidos en la arena.
El día ha amanecido espléndido, no hay ni una sola nube en el cielo, hace calor y el mar se presenta en calma, por lo que han decidido pasar el día en la playa.
Mira a Andrea, tumbada al sol esperando volver a Georgia con un lindo bronceado.
—Te vas a achicharrar, cariño —avisa, pero ella le ignora descaradamente.
Las mujeres y su manía con ponerse morenas.
Mira hacia la orilla, la gente pasea despreocupada por ella luciendo tipo.
—Oye, podríamos montarnos un ménage à trois con alguno de estos —bromea en un intento de llamar su atención.
Andrea levanta la cabeza y mira hacia la orilla a través de sus gafas.
—Claro, pídeselo al muchacho de los auriculares.
Merle mira hacia el lugar.
—A ese no lo toco yo ni con un puntero láser ¡Es un tío! No digas tontería.
—Has empezado tú —sentencia.
Vuelve a tumbarse a merced de los rayos solares que doran su piel.
Merle pone los ojos en blanco y decide tumbarse a la sombra a descansar un rato. Si Andrea quiere pasarse el resto de su Luna de Miel con quemaduras solares allá ella, pero él prefiere prevenir.
Le gusta el sonido del mar y el murmullo de la gente, le relaja.
—Me pregunto qué tal habrá ido esa cena entre mi hermano y la pelirroja —comenta distraído —. A lo mej... ¡¿PERO QUÉ DEMONIOS?! —se levanta apresuradamente cuando siente como cae tierra sobre su cara. Andrea acaba de pasar por encima de él para rebuscar en su bolso —. ¿Qué haces? —pregunta cuando ve como se sienta junto a él con el teléfono móvil y mueve sus dedos hábiles por la pantalla.
—Llamar a Carol y ver que ha pasado —informa.
Hace una videollamada, necesita verle la cara para saber si le miente. No se fía un pelo de esos dos.
Merle resopla.
—¿Qué va a pasar? Que cenaron, ella se despistaría con algo y cada uno para su casa. Tampoco es algo que...
—Hola, Andrea —saluda con voz monótona Carol.
—¡OH DIOS, TE HAS FOLLADO A MI CUÑADO! —grita Andrea a la pantalla, llamando la atención de los turistas de alrededor.
Carol se alarma y corre a encerrarse al baño antes de que Tobin la oiga.
—¡¿QUÉ?! ¡No! ¿Por qué dices eso?
Andrea le lanza esa mirada que sus poderes de madre le han dado.
—Por tu cara ¿Qué has hecho? ¡Está casado!
—¡Qué no he hecho nada! Sólo... me caí sobre él...
—Ay Dios —se lleva las manos a la cabeza Andrea.
Merle ríe a carcajadas.
—¿Te caíste sobre su polla? Vamos pelirroja, te he visto currarte mejores excusas.
—Y dale... ¡Que me caí sobre él cuando intentaba coger mi bolso, se despertó, y... —mira hacia los lados pensando en si debe decirlo o no —y... me cogió el culo. Eso fue todo...
Andrea arquea una ceja interrogante.
—Te cogió el culo —repite —.Mi cuñado —.Mi cuñado te cogió el culo —intenta asimilar lo que le ha dicho. Le sorprende que Daryl haya hecho eso. Sabe que Carol le gusta, o le atrae al menos, pero está casado y lo de ser infiel no va con él, o eso cree.
—Sí, me dijo que le gustaba mi culo, y tras eso me fui.
—¿Seguro que te fuiste? —pregunta buscando algún ápice de mentira en su rostro.
Merle coge su teléfono y llama a Daryl mientras Carol le da explicaciones a Andrea.
Tiene que escuchar la versión de su hermano.
Hace una videollamada también, no para ver si le miente, sino para ver su cara de culpable.
—Hola Merle ¿Qué tal est...
—¿Le has cogido el culo a la pelirroja? ¡Qué tío!
Daryl abre mucho los ojos.
—¿Qué? ¿Cómo lo sabes? yo es que... ella... yo no... no quería —dice nervioso.
—Ya, le cogiste el culo sin querer...
—No, es que... —intenta pensar una excusa creíble —Yo... estaba dormido y la confundí con
Janet.
—¡¿Has oído eso, Andrea?! ¡El muy idiota confundió a Carol con Janet! —grita Merle mostrándole el teléfono a su esposa.
Daryl se congela cuando ve como Andrea tiene el teléfono en la mano y Carol aparece en la pantalla.
Mierda...
Carol sonríe con desgana. No lo entiende, pero le duele.
Se pensaba que era Janet... no es su culo el que le gusta, no sabía que era ella la que estaba sobre él, creía que era su preciosa y joven esposa.
Qué ilusa...
—Andrea, tengo que... te dejo, Tobin me llama, luego hablamos —se despide apresuradamente antes de que su vergüenza sea más que evidente.
Andrea mira el móvil arqueando una ceja, ¿Qué le pasa a esa?
—¡Mamá, el tío Daryl me dio pizza para cenar y he vomitado! —se chiva Lilly.
Andrea mira hacia el teléfono de Merle. Daryl intenta alejar a la niña de la pantalla.
—¡Joder Daryl, te lo dije! —gruñe, y él se defiende con un triste lo siento antes de colgar con la excusa de que tiene que dejar a Lilly con Anne antes de irse a trabajar.
Merle guarda el teléfono.
—¿Sabes que miente, verdad? En lo de que la confundió con Janet.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Pues porque Janet tiene culo carpeta, ya sabes, plano y Carol pues —dibuja en el aire una forma redondeada.
Andrea lo mira incrédula.
—¿Te dedicas a mirarle el culo a todo dios?
—¿Qué? no, no, sólo a todo aquello que tenga tetas —bromea ganándose un puñetazo juguetón en el hombro.
Carol
Últ. vez hoy a las 10:53
Daryl deja sus dedos flotando por el teclado preguntándose si enviarle un Whatsapp o no.
Se siente mal por haberla hecho sentir incómoda, y por haber mentido hoy.
Que la ha confundido con Janet. Puf, eso no hay quien se lo crea.
Sonríe, Carol gimió sobre él cuando apretó sus nalgas, y sonó tan sensual... Lástima que llevase puesto esos pantalones, porque llega a estar con un vestido y realmente podría haber sentido el tacto de su trasero bajo sus manos.
—Te estás poniendo colorado ¿Estás bien? —pregunta Tara mirándole a través de su café.
—¿Qué? ¿Eh? oh, yo... sí, estoy bien —responde nervioso recolocándose en el sillón intentando ocultar su erección. Desde que conoció a Carol ha vuelto a ser un quinceañero, empalmándose cada dos por tres. Ya sólo le falta correrse mientras duerme.
La sirena suena anunciando alguna algo rápido y lo envía. Que sea lo que Dios quiera.
—¡Es la junta, no consigo aflojarla! —gime Carol con la cabeza metida bajo el fregadero —¿Quieres hacer el favor de ayudarme? ¡Tobin! —grita desesperada.
—Sabes que no entiendo de esas cosas ¿No sería mejor llamar al casero?
Carol resopla.
—No voy a molestar a Anne para algo que puedo arreglar yo, sólo necesito que me ayudes a desenroscar esto, no tengo tanta fuerza —explica, pero Tobin continúa con la vista fija en el televisor.
Resopla, a veces su tranquilidad la desespera.
—Vamos, necesito a un hombre —intenta convencerlo poniendo voz sensual a ver si así sale a la luz su hombría.
—Llama al casero —le repite con voz cansada.
Empieza a pensar que en esos dos metros de hombre no hay hombría alguna.
Se rinde, sale de la cocina y entra a la habitación a cambiarse. En un principio se le olvidó cerrar la llave de paso, por lo que se ha puesto empapada.
Se llegará a la tarde a saludar a Anne, ver si necesita ayuda con los niños o si necesita algo, y de paso le contará lo de la avería.
La luz de su teléfono móvil le avisa de que tiene un mensaje de Whatsapp.
Lo lee.
'Siento lo de esta mañana'
¿Qué responderle? ¿La verdad? 'Yo no me arrepiento, a mí me encantó que me apretaras las nalgas, aún tengo tus dedos marcados y estoy deseando que lo vuelvas a hacer' No, no puede decirle eso, lo espantaría ¿Y si le dice que ella también se arrepiente? Eso es mentira. Mejor ser sincera a medias.
'Sé que lo sientes, no te preocupes, está todo bien'
Enviar.
Frunce el ceño mientras mira el mensaje enviado esperando ser leído ¿De verdad está todo bien? ¿Acaso no se rompió algo dentro de ella cuando dijo que la había confundido con Janet? Sacude la cabeza ¡Deja de pensar tonterías!
Daryl vuelve a casa de sus padres tras haber paseado a Sauron. Está cansado, el día ha sido duro, ni siquiera ha tenido tiempo de volver a escribirle a Carol, aunque se queda con la tranquilidad de que no hay problemas entre ellos.
—¿Qué? Eso no puede ser! ¡Haces trampa seguro! —se queja su sobrino Matthew.
—¿Pero qué dices? Lo que pasa es que eres un paquete, chaval —replica una voz que al instante reconoce.
Camina despacio, procurando no hacer ruido, quizás sean alucinaciones suyas, pero la forma que tiene Sauron de mover la cola y como reacciona la suya le hace pensar que está en lo cierto. Y efectivamente, es ella. Está de espaldas a él, sentada en el sofá jugando a la Xbox con Matthew
—¡Venga ya, ahí es dónde siempre me matan a mí! ¡Enséñame como lo haces! -pide Sam cuyos ojos se debaten entre mirar la pantalla o los dedos de Carol sobre el mando.
Carol se muerde el labio mientras pulsa botones dando los golpes finales a ese duro rival.
—¡Sí, soy la reina del apocalipsis! —exclama soltando los mandos y poniéndose de pie con los brazos en alto haciendo un ridículo baile victorioso.
Se gira sobre sí misma y se paraliza. Daryl la está mirando con los ojos muy abiertos.
¡Dios, que vergüenza! Seguro que su cara se ha tornado en mil tonos de rojo. Con lo sofisticada que es Janet y a ella siempre la pilla haciendo gilipolleces. Normal ¡Si es gilipollas!
—¡Tío Daryl, Carol ha vencido a Beta en el juego de The Walking Dead! —informa Matthew que aún no se lo cree. Llevaban meses intentando pasar ese nivel.
Daryl está a punto de decirle en algo, pero antes de que pueda evitarlo Carol es derribada por una sombra negra y desaparece tras el sofá.
—¡No, Sauron! —ríe Carol en el suelo —¿De dónde has salido tú? ¡Estate quieto! ¡Para! —grita entre risas intentando deshacerse de ese monstruo adorable.
Daryl tarda unos largos segundos en reaccionar. Carol tiene una risa encantadora.
—Mierda, lo siento —se disculpa agarrando a Sauron del collar para apartarlo y extenderle una mano a ella para ayudarla a levantarse.
Un escalofrío recorre la espina dorsal de ambos en cuanto hacen contacto.
La mira a los ojos una vez que está en pie, sin saber muy bien que decir, sólo desea volver a tocar ese firme trasero.
—Hey —es lo más elocuente que sale de sus labios —. A... así que... que has vencido a Beta —arranca al fin. No sabe por qué parece un puto tartajoso cuando habla con ella.
Carol asiente aún sintiéndose avergonzada porque la haya visto celebrar tan efusivamente su hazaña.
—Sí... —responde arrastrando la palabra mientras piensa algo más que decir que no sea 'Quiero tus manos sobre mi culo' —. De niña jugaba mucho en los recreativos, esos sí que eran juegos difíciles, no estos. Aunque la senda arcoíris del Mario Kart...
Daryl sonríe.
—Cierto, pero aún te falta Alpha —informa en un encogimiento de hombros.
Carol abre mucho los ojos y mira hacia los niños.
—¿Hay más villanos? ¿Por qué no me lo habéis dicho? ¡Y yo proclamándome vencedora!
Los adolescentes se echan a reír.
—Sí, pero a esta vamos a intentar matarla nosotros —dice Matthew.
—Si no lo conseguimos te llamamos —añade Sam, y se centran en la pantalla de nuevo.
Carol niega con la cabeza y pone los ojos en blanco.
Daryl la observa sonriente y enternecido por ver como se lleva con sus sobrinos. Ojalá algún día viese algo así por parte de Janet.
La mira de arriba a abajo inevitablemente.
—Yo también tenía esa camiseta de adolescente —menciona señalando hacia la camiseta de los Looney Tunes que lleva puesta.
Carol sonríe tímida y agacha la cabeza.
—Es... es que es tuya, Lilly me vomitó encima y tu madre me ofreció esta camiseta. Estoy esperando a que la mía salga de la secadora. Me he intentado negar, no quería molestarla, pero tu madre...
—Sí, es muy cabezota —dice casi sin voz. Toda su sangre se ha ido a su entrepierna ¡Lleva una camiseta suya! Vale que ahí ya no entra por mucho que se lo proponga, pero es su camiseta y la lleva puesta —.E... entonces... ¿Has visto a Lilly? —pregunta en un desesperado intento de 'desempalmarse'.
—Sí, está dormida, la pobrecilla está un poco apagada, no parece ni ella —sonríe con ternura. Le da tanta pena verla enferma —Daryl, si quieres puedo cuidarla yo mientras trabajas, así tu madre tiene menos trabajo.
Daryl sonríe.
—Te lo agradezco, pero no... no quiero molestar.
Carol niega rápido con la cabeza.
—No es molestia, me gustan los niños, además, Lilly y yo nos entendemos bien.
Daryl vuelve a sonreír. Le gustan los niños, se lleva bien con Lilly, Sam y Matthew, es divertida, inteligente y preciosa ¿Por qué cojones no quiso conocerla antes? Sacude la cabeza, él ama a Janet.
Anne entra en el salón.
—Aquí tienes muchacha, está calentita y todo —dice entregándole la camiseta.
—Muchas gracias, Anne. Voy a darle un último beso a Lilly y me voy.
—Claro, cielo —Anne observa a Carol entrar a la que fue la habitación de Merle y Daryl y sonríe—Esa chica es un encanto, ha bañado a Lilly y todo —susurra mirando a su hijo que tiene una expresión que jamás había visto antes en él.
—Sí, lo es —dice Daryl inmerso en sus pensamientos.
Camina despacio hasta su habitación y se queda en el umbral de la puerta, observando como una presencia invisible a Carol y Lilly.
—Siento haberte vomitado —murmura Lilly aún adormilada.
—Bueno... ¿Lo hiciste adrede? —Lilly niega —. Entonces no tienes que pedir perdón ¡Además, mira que camiseta más chula me ha dado tu abuela a cambio de la mía, creo que he salido ganando! —bromea haciendo reír a la niña, que la abraza con fuerza.
—Te quiero, hada.
Carol devuelve el abrazo.
—Yo también te quiero, sinvergüenza —dice devolviéndole el abrazo —Pero no me vuelvas a vomitar encima, que no quiero estropear mi nueva camiseta —bromea volviendo a hacerla reír.
Daryl entra lentamente en la habitación pretendiendo aparentar que no ha escuchado ni visto nada de esa hermosa escena.
—¡Tío Daryl! —dice animada Lilly, abrazándose a él.
—Hola, ¿Me has echado de menos?
—Pues no —responde sincera.
Carol se echa a reír ante tal respuesta y Daryl la mira fingiendo enfadarse. Lilly tiene razón, tiene una sonrisa preciosa.
—Es de mala educación reírse de las desgracias ajenas —dice aguantando su propia risa.
Carol se muerde el labio y asiente aún sonriente.
—Cierto, cierto, perdona —mira a Daryl, ambos se sonríen y como otras veces ha pasado se hace un silencio entre ellos que tensa el ambiente —Yo... tengo que irme, ya nos veremos —se despide pasando por su lado, despidiéndose con la mano al llegar a la puerta de la entrada —.¡Adiós, par de perdedores! —la escucha despedirse de los niños que le hacen una peineta entre risas mientras tienen la vista fija en su trasero.
Esa fijación que tienen todos los Dixon por unos buenos glúteos es preocupante.
Carol se despereza lentamente. Ha dormido bien, salir a correr le resulta muy relajante. Y Rick y Michonne son una grata compañía. Aunque echa de menos tener a su Adonis tatuado y con melena al viento a su lado.
Sacude la cabeza. Mejor así, que últimamente en lo único que piensa es en sus manos grandes apretando sus nalgas y su erección presionando contra su ¡Deja de pensar!
Se levanta de la cama y se encamina descalza hasta la cocina donde Tobin está desayunando.
—Buenos días —lo saluda en un bostezo.
Tobin la mira de arriba abajo. Está vestida con una camiseta de unos dibujos animados que no sabe de dónde ha sacado y que le llega hasta la mitad de los muslos.
—No andes descalza —le regaña. Odia esa maldita costumbre que tiene —¿Y no estarás en bragas? —pregunta al no visualizar pantalón alguno bajo esa enorme camisa.
Carol dibuja una media sonrisa y lo mira seductora.
—No listo, no llevo absolutamente nada. Na...Da...
—DIOS ¡AUCH! —se queja una voz bajo el fregadero que se golpea con la tubería al levantar la cabeza.
—¡Daryl! —grita ella avergonzada, e instintivamente junta las piernas y tira de la camisa hacia abajo intentando cubrirse torpemente.
—Jeje ¿Vas con el gato al aire, pelirroja? —pregunta otra voz.
—¿Merle? —se extraña. Se supone que ese idiota está de luna de miel.
—Yo... es que... —Daryl saca el teléfono y muestra a Merle en pantalla —Mi... mi madre me dijo que se te había estropeado el fregadero y... pues... vine. Bo...Tobin me abrió... y como mi hermano hizo esta chapuza de instalación... yo... lo llamé —se explica torpemente. Apenas puede pensar, la voz seductora con la que ha dicho la palabra 'nada' ha hecho que toda su sangre vaya a otro sitio ¡No hay nada bajo esa camisa y encima es SU camisa! ¡Su camiseta sobre su piel desnuda! Si hubiese estado así aquella mañana en su sofá... ¡Pensamientos traumáticos, pensamientos traumáticos!
—Oye hermanito, lánzame entre sus piernas para ver si aún tiene ese piercing —pide Merle por el simple placer de incomodarla.
—¡Que te jodan, Merle! —grita Daryl y finaliza la llamada. Ya le gustaría a él saber eso también —. Lo siento, mi hermano es... —mira a Carol, está con la boca entreabierta y sus enormes ojos abiertos de par en par mirándole fijamente —¿E... estás bien? —pregunta preocupado.
—Sí... yo es que... acabo de acordarme de algo —dice sin cambiar de expresión.
El idiota de Merle ha hecho que recuerde lo que habló con Daryl en la barbacoa y de la pregunta que él le hizo y ella jamás respondió.
Sacude la cabeza.
—Disculpa, tengo que... tengo que cambiarme. Ahora vuelvo —y huye de allí para encerrarse en la habitación.
Daryl la sigue con la mirada, con la absurda y preocupante esperanza de que esa camiseta se le levante.
—Perdónala, es muy despistada —La disculpa Tobin.
Daryl se encoge de hombro ¿Qué la disculpe? ¿Por qué? ¿Por hacerle fantasear con la idea de follar con ella sobre ese maldito fregadero? Ni siquiera la desnudaría, sólo le levantaría la camisa lo suficiente para descubrir sus pechos y... ¡Pensamientos traumáticos! ¡Pensamientos traumáticos!
—Entonces... ¿Ya está arreglado? —comenta Tobin.
Daryl gruñe algo que pretendía ser un sí. No entiende a ese tío ¿Cómo puede seguir ahí sentado tan tranquilo y sin inmutarse cuando su mujer le acaba de decir que está desnuda bajo esa camisa. Oh... si fuera él, le habría importado una mierda tener a un tío bajo el fregadero.
Aunque casi que prefiere que sea así, no soportaría la idea de que ellos dos estuviesen follando y él escuchando. Eso sí que es un pensamiento traumático ¿Qué coño dice? Le importa una mierda lo que hagan. Son pareja y mantienen relaciones, al igual que él con Janet.
—¿Tienes que hacer algo más? —vuelve a preguntar Tobin.
Daryl niega y comienza a recoger sus cosas, quizás el tío no sea tan idiota y está metiéndole prisas para que se vaya para así poder terminar de desnudar a su pareja.
Lo odia, tendría que haber mentido, haber fingido estar aún cambiando la puta junta, y así evitar ese coito, pero ya es demasiado tarde, o quizás...
—Ne... necesito hablar con Carol un momento ¿Podría llamarla, por favor? —pide intentando ocultar su sonrisa. Si Carol sale a hablar con él tendrá que vestirse y quizás, tras lo que le va a decir, su mente estará en otro lado y ya no le apetecerá acostarse con ese potus.
Tobin lo mira unos largos segundos y finalmente va en busca de ella.
Carol espera sentada en su cama, jugando nerviosa con sus dedos y moviendo las piernas inquieta. Está vestida, pero no se atreve a salir ¿Cómo narices se le ocurrió hablarle a Daryl de ese piercing? No... ahora recuerda, no fue ella, fue Merle ¡Ese imbécil! Y... y también comentó que Daryl tiene uno en...
—Carol, sal un momento —pide Tobin llamando a la puerta.
Toma aire para intentar tranquilizarse. Ya han pasado varios días desde la barbacoa, y ya le dijo a Daryl que no recordaba lo que hablaron, duda que quiera volver a sacar el tema.
Abre la puerta después de autoconvencerse
—Dime cariño.
—El hijo de la casera quiere hablar contigo.
—¿Conmigo? —pregunta sin voz, y camina despacio hasta la cocina dándole mil vueltas a que será lo que quiere decirle, pero teniendo en cuenta que Tobin está delante duda que sea sobre eso...
Ahí está, con la camisa remangada, húmeda, el cabello pegado a su frente por el sudor y esa mirada profunda que la hace querer abalanzarse sobre él como una loba en celo y arrancarle la ropa para montárselo sobre el fregadero.
Dios, si es que está de lo más atractivo. Parece el argumento de una película porno ochentera 'El fontanero y la esposa desatendida'.
Daryl la observa acercarse, sigue vestida con su camisa, sólo que ahora lleva un cortísimo pantalón bajo esta, lo que le da una ilusión de desnudez que sigue poniéndole nervioso.
'Pensamientos traumáticos, pensamientos traumáticos'
—Hey, ya... ya te arreglé el fregadero. Só... sólo era la junta —informa torpemente, olvidándose de lo que realmente quería decirle ¿Cómo puede estar tan sexy con esa maldita camiseta?
—Muchas gracias —agradece inquieta por la forma que tiene de mirarla ¿Y si le molesta que lleve esa prenda? —Tu... tu madre me dio la camiseta, me dijo que ya no la querías —intenta excusarse.
Daryl parpadea un par de veces para volver en sí.
—No, no, no hay problema. En esa camisa ya no entro ni partiéndome por la mitad —bromea, y el corazón le da un vuelco cuando Carol se muerde el labio decapitando su risa y le mira con dulzura ¿Puede ser más hermosa?
—Yo... te... te quería preguntar si podrías quedarte con Lilly. Tengo turno de noche y...
—Sí, claro, será un placer —interrumpe.
Daryl sonríe agradecido. Su madre está mayor para bregar con ese culo inquieto. Podría dejarla con Janet, sólo tiene que bañarla, darle la cena, dejar que vea un poco la tele y a dormir, pero duda que le haga mucha gracia hacerlo y a Lilly quedarse con ella, así que...
—Te... te la traeré a las ocho ¿vale? —comienza a recoger sus cosas con torpeza, de repente sus manos son de trapo —Nos... nos vemos -se despide saliendo por la puerta. En unas horas la volverá a ver.
—¿Entonces la dejas con esa señora? -pregunta Janet, que ya estaba recogiendo sus cosas para irse a su oficina y estar tranquila.
Daryl asiente mirándola con gesto duro, no le gusta que haya llamado a Carol señora, es sólo dos años mayor que él, y teniendo en cuenta que no está casada Janet es más señora que ella.
Janet comienza a vaciar su maletín.
—Pues genial, entonces trabajaré en casa —dice sonriente.
Daryl suspira pero no dice nada. Al creer que tendría que cuidar de Lilly esa noche su única opción fue contratar una niñera para ella poder irse a la oficina. Ni cuatro horas es capaz de estar con ella y él pretendiendo que con la presencia de la pequeña naciera su instinto maternal.
Iluso...
—Ya estoy —anuncia Lilly entrando al salón con su mochila.
Daryl sonríe, está de lo más emocionada con la idea de dormir en casa de Carol. Normal, él también lo estaría.
—¿Llevas el cepillo de dientes? ¿pijama? ¿bragas limpias? ¿ropa para mañana? ¿A Batman?
—¡Ay, Batman! —se golpea la frente al recordar a su muñeco olvidado sobre la cama.
Corre escaleras arriba en busca de él, bajo la atenta mirada de Daryl que sonríe ante su pequeño despiste.
—¿Seguro que puedes cuidar de esa niña? —duda Tobin —. Si te olvidas hasta de ti misma —añade conociendo los despistes de su pareja.
Carol lo mira con odio.
—Llevo más de diez años haciendo terapia a niños y no tan niños con discapacidad, creo que estoy lo suficiente preparada como para cuidar de ella —ataca. Será todo lo despistada que quiera, pero por alguna razón, cuando se trata de niños es la persona más responsable y atenta que existe.
Tobin se encoge de hombros.
—Si tú lo dices...
Llaman al timbre.
Carol se mira en el espejo del pasillo revisando que está correctamente vestida. Lleva pantalones, camiseta, está peinada, no tiene nada entre los dientes...
—¡Por dios, es una niña, no una cita! —regaña cansado Tobin, ha perdido la cuenta de la de veces que se ha mirado al espejo esa mujer.
Carol frunce el ceño. No es por Lilly precisamente por quien cuida tanto su look.
Abre la puerta.
—¡Hada! —grita la niña abrazándose a ella —Hoy ya no vomito —informa.
—Qué bien, todo un alivio para mis camisas —bromea.
Mira a Daryl que las observa con una dulce sonrisa y gesto nervioso.
—Estará bien, no te preocupes —lo tranquiliza por si, al igual que a Tobin, le inquieta que sus despistes afecten a la niña.
Daryl asiente mordiéndose el labio.
—Lo sé —musita —. Oye, esto... —mete la mano en el bolsillo —Esto creo que es tuyo.
—¡Mis llaves! —exclama emocionada. Las había buscado por todos lados y le daba un poco de corte pedirle otra copia a Anne —¿Me las dejé en tu casa, entonces?
Daryl mueve la cabeza de lado a lado.
—No exactamente, Lilly te las quitó.
Carol arquea una ceja y mira a Lilly en busca de una explicación.
—Es que... querías que durmieras con el tío Daryl, porque las personas que duermen juntas se enamoran — murmura cabizbaja, moviendo el pié apoyado sobre la punta del zapato.
Carol mira a Daryl sin saber muy bien qué decirle. Ojalá el amor fuese tan fácil ¿Pero qué más le da? ¡Ama a Tobin!
—Creo que le gustas más que Janet —dice él en un encogimiento de hombros.
Ella se aparta innecesariamente el cabello de la frente.
—Vaya ocurrencias que tienen los niños, como si tú no estuvieses felizmente casado con Janet —dice con una sonrisa tímida ocultando su verdadera expresión.
Daryl siente una punzada ¿Está felizmente casado? Esa es la impresión que da a la gente de su alrededor, así que supone que sí.
—Sí... y tú con Tobin —murmura.
Carol asiente jugando con sus manos.
—No estoy casada, pero sí, soy feliz -dice mirándole a los ojos con una suave sonrisa al pronunciar esa última palabra ¿Realmente es feliz? Sí, Tobin es un buen hombre, claro que es feliz —Muy feliz —repite para autoconvencerse.
Daryl le devuelve la sonrisa, sintiéndose mal por odiar esa felicidad suya.
Se miran unos largos segundos sin saber qué decir, pero preguntándose que es lo qué estará pasando por la cabeza del otro, sin saber que ambos piensan en lo mismo: en lo que pudo haber sido y no fue.
—Bueno, yo... tengo que irme a trabajar, se me va a hacer tarde. Pórtate bien, Lilly —pide tras darle un beso en la mejilla.
Carol cierra la puerta y se queda ahí parada un par de segundos más.
Lilly observa ¿Pero cómo no se dan cuenta de que se gustan? Qué idiotas.
—¡Los adultos sois unos complicados! —gruñe mientras se aleja de Carol, en busca de la que será su habitación.
Daryl descansa sobre el incómodo sofá de la sala de descanso. Por norma general las noches son aburridas, pero si llega un aviso lo más probable es que sea una emergencia grave. A esas horas hay pocos gatitos en árbol o idiotas que se niegan a crecer y se han quedado atrapados en un columpio infantil.
Abraham entra en la sala y cuelga un papel en el tablón de anuncios.
—¿Qué mierda es eso? —pregunta Tara, intentando leer sin levantarse del sofá.
—Es para la competición de Paintball contra los bomberos de la Estación Norte —informa, mientras escribe su propio nombre en la lista de participantes.
—Uy, con el asco que le tengo al Negan ese ¡Apúntame! —pide Tara negándose a levantarse del cómodo sofá.
Daryl alza la mano.
—Apúntame también. Lástima que este año no podamos contar con Sasha —murmura. Esa mujer tiene una puntería excelente.
Abraham asiente.
—Sí, quién le mandaría quedarse preñada.
—Es tu esposa —le recuerda Daryl, por si ha olvidado que tiene la mitad de culpa en ese embarazo.
—Si pueden seguir participando amistades podemos pedírselo a Michonne —propone Tara.
—O a Carol —susurra Daryl para sí, mientras recuerda que ella le contó que ocupó su lugar en una competición de Paintball años atrás.
Mira la hora en su teléfono. Lilly estará a punto de irse a dormir ¿Debería llamar a Carol? ¿Por qué no? Ahora tiene una buena excusa.
Marca su número y ya comienza a ponerse nervioso.
Un toque.
Seguro que empezará a tartamudear como un idiota.
Dos toques...
Carol habla con Andrea por teléfono. Le ha contado que está cuidando de Lilly, para tranquilidad de ella que no le gusta darle cargos de más a Anne, y que no se fía un pelo de Janet. Esa es capaz de entregarla en adopción por tal de no cuidarla.
—¿Qué tal por Brasil? Dame una buena noticia y dime que has cambiado al idiota de tu marido por un brasileño de glúteos apretados.
—¡Te estoy oyendo, pelirroja!
—En serio ¿Por qué siempre tiene que estar a tu lado cuando hablamos?
—Pues porque estamos de Luna de Miel y porque aún no he conseguido cambiarlo por un brasileño de glúteos apretados —bromea recibiendo un pellizco de parte de su marido —.Si tuviese un culito prieto a mi lado no estaría perdiendo el tiempo hablando contigo.
Carol se echa a reír.
—Ya me podrías traer a uno de esos como souvenir.
—¡Por dios! ¿Os estáis escuchando? ¡No somos trozos de carne! —finge ofenderse Merle.
Una nueva llamada en espera llama su atención.
—Os dejo parejita, que me llaman —y cuelga.
Su mirada se ilumina al ver el nombre de Daryl en pantalla.
—Hola, Daryl —saluda retocándose el cabello como si de una videollamada se tratase.
Daryl sonríe.
—Hey... —se queda sin voz. Lo sabía —Yo... quería saber cómo se está portando Lilly —dice con un tono que casi parece que le están agarrando de los huevos.
—Oh, pues muy bien. Me ha acompañado a hacer la compra, la he bañado, ha cenado y ahora... —para de hablar y agudiza el oído ¿está escuchando lo que cree que está escuchando? —¡MIERDA, MI VIBRADOR! —grita echando a correr móvil en mano —¡Lilly, no! —exclama al llegar al baño.
—¿No qué? —pregunta extrañada Lilly, con su cepillo eléctrico aún encendido.
Carol respira aliviada y sonríe.
—Nada cariño, pensé que... no importa, sigue cepillándote los dientes —cierra la puerta del baño y niega con la cabeza regañándose por su estupidez. Menos mal que nadie la ha visto. Y entonces mira su teléfono móvil en la mano, abre mucho los ojos y recuerda.
—¿Da...Daryl? —pregunta nerviosa. A lo mejor con suerte ha colgado.
—Sigo aquí. Debí decirte que tiene un cepillo eléctrico. Te habrías ahorrado este susto —se atreve a bromear. Como le gustaría estar ahí para ver los distintos tonos de rojo que toma su piel al avergonzarse.
Carol ríe sarcástica.
—¿Te estás riendo de mí? —bromea.
Daryl se muerde el labio.
—No, me río contigo. Tienes una risa muy...
—¡DARYL! ¿NO ESCUCHAS LA PUTA ALARMA? ¡MUEVE EL CULO! —regaña Tara.
Daryl se levanta de un salto ¿Cómo narices no ha oído la alarma?
—Carol, tengo que dejarte, mañana hablamos —se excusa apresuradamente —Te quiero —se escapa de sus labios, y abre los ojos alarmado ¿De verdad ha dicho eso? —A... a... Lilly. Dile te quiero a Lilly —se apresura en corregir. Y cuelga.
Carol se quita lentamente el teléfono de la oreja y mira su reflejo en el espejo. Tiene la mano en el pecho procurando calmar ese corazón que se aceleró como nunca había hecho al escuchar esas dos palabras y que se rompió de la forma más dolorosa cuando aclaró a quién iban dirigidas.
—Estúpida —se regaña.
Ese hombre tiene a una auténtica modelo a su lado, joven y atractiva ¿Cómo puede ser tan estúpida de pensar que iba a tener esos sentimientos tan intensos por ella? Y además... ¿Qué más le da? ¡Ama a Tobin!
Deja el teléfono en la mesita de noche y marcha al salón a decirle Te quiero a su pareja. Siente la necesidad de demostrar que es real que lo ama.
El teléfono Merle comienza a sonar.
—¿Pero qué cojones...? Son las ocho de la mañana ¿Qué quieres Darlina? —responde a la llamada aún con un ojo cerrado.
—Perdona, pensé que estarías despierto, acabo de terminar mi turno de noche ¿Sabes que dentro de dos días tenemos la guerra de paintball? —informa.
Merle se sienta en la cama.
—Mierda, contra Negan. Joder, y yo no estoy, me lo pierdo.
—Es preocupante que prefieras jugar con bolas de pinturas a estar en un paraíso con tu esposa.
—Yo no he dicho eso, pero sin mí estáis perdidos ¿A quién vais a poner en mi lugar?
—A Eugene.
—¿Eugene? ¡Pero si dudo que se atreva a salir de la trinchera! ¿No había nadie más a mi nivel?
—Relájate, es broma, te sustituye Eric.
—Ah, mejor... aunque le falta mi testosterona.
—Ya, bueno, y en lugar de Sasha había pensado que tal vez Carol... no sé... ¿Crees que sería buena opción.
Merle dibuja una media sonrisa.
—Bueno, su puntería no es muy allá, pero es bastante rápida, al menos el año que te sustituyó ni siquiera lograron alcanzarla. Que se ocupe ella de atrapar la bandera mientras los demás aniquiláis a esos idiotas.
Daryl asiente.
—Sí, eso haré.
—Oye Darlina, dime la verdad: No la confundiste con Janet ¿Cierto?
Daryl traga saliva ¿Tan mal miente?
—Po... por supuesto que la confundí ¿Qué hablas? Te dejo, tengo que dormir, en unas horas recojo a tu hija —y cuelga aún nervioso.
Como no tiene bastante al estar dándole vueltas a por qué le dijo te quiero, ahora su hermano le viene con eso.
Pues no, no la confundió con Janet, le cogió el culo porque es condenadamente atractiva y estaba tan dormido que no pensó con claridad ni era del todo consciente de lo que hacía. Como esas mañanas que se pone la ropa de diario encima del pijama.
Y anoche le dijo te quiero pues... por... por la costumbre de decírselo a Janet cuando le llama. Sólo eso y nada más.
—¡Tachán! —exclama Lilly sacando el Dos de diamantes de detrás de la oreja de Tobin.
—Qué bien ¿Has terminado ya? —pregunta cansado de cuidarla mientras Carol se viste.
—Eres muy aburrido —gruñe Lilly tras obtener esa reacción poco tan animada. Su hada se volvió loca buscando la carta que faltaba hasta debajo del sofá y se emocionó mucho cuando vio de dónde la sacaba, y cuando le mostró el truco al tío Daryl hasta le hizo cosquillas para ver si la tenía escondida en alguna parte de su cuerpo.
Llaman al timbre.
—¡Yo abro! —grita corriendo a abrir —¡Tío Daryl! ¡Le he hecho a mi hada lo del truco de cartas!
Daryl la toma en brazos.
—¿Ah sí? ¿Y qué tal? —pregunta quedándose mudo al instante cuando Carol se acerca a ellos.
—Oye Lilly, creo que me has dejado otra carta en la oreja —dice fingiendo sacarse el cuatro de corazones de la oreja.
Lilly mira a su tío con la boca abierta y este le devuelve el gesto. Es tan fácil emocionar a un niño...
—¿Se portó bien? —pregunta Daryl .
Carol asiente.
—Sí, muy bien. Si necesitas que vuelva a quedármela no hay problemas.
—No, no te preocupes. Se queda con Michonne. Tiene 'fiesta de pijama' con Judith —informa, a lo que la niña aplaude entusiasmada. Ya no se acordaba —.Pero sí que me gustaría pedirte algo. Verás... el... el sábado tenemos la guerra de paintball contra los Bomberos de la Estación Norte.
—¿Negan? —interrumpe Carol que se cruza de brazos atenta a lo que vaya a decirle.
—Sí, ese. Y... y nos falta un jugador para cubrir el puesto de Sasha, y... había pensado que como tú ya habías jugado antes pues...
—Cuenta conmigo. Tengo ganas de volver a humillar a ese imbécil que se pasó la partida llamándome 'zorrita roja' —dice con rabia. Le partía la boca si pudiera.
Daryl sonríe satisfecho. Él también se emociona con facilidad.
—Vale, pues... el sábado a las seis nos recoge un microbus en la parada y volveremos a casa de madrugada ¿De acuerdo?
Janet llega de trabajar. Necesita una ducha y cenar algo más que no sean ensaladas preparadas del supermercado.
—Hola cariño, ¿Qué tal el día? He hecho arroz tres delicias —informa Daryl dándole un suave beso, y sigue preparando sus cosas para irse a trabajar de nuevo en el turno de noche.
La observa deambular por la cocina para tomar un vaso de agua y una pastilla. Tantas horas entre papeles y ordenador acaban dándole dolor de cabeza, se la ve cansada.
—Deberías descansar un poco —propone Daryl, a lo que ella niega —¿Por qué no? Date un baño caliente, cena, y a la cama.
Vuelve a negar.
—Tengo que adelantar trabajo para tener el sábado libre y así poder irnos a la cena de empresa con mi equipo de trabajo para celebrar la captación de nuestro importante cliente.
—Mierda, la cena —recuerda Daryl —Tengo partido de paintball con los chicos.
Janet lo mira incrédula.
—¿En serio, Daryl? Sabes que esto es importante para mí, todos van a ir con sus parejas.
—Lo sé, lo sé. Mira, puedo irme en la moto en lugar de microbus, y volver cuando finalice el partido sobre las nueve y media ¿Vale? O si quieres podemos irnos en el coche, y así me ves competir —propone con una sonrisa.
Janet lo mira como si estuviese loco.
—¿Acompañarte? ¿Al campo? Antes muerta.
—Todos van a ir con sus parejas...
—¿Estás comparando? Yo voy a celebrar el cierre de un importante negocio con gente influyente, tú vas a disparar pintura con tus amigos que a la mínima se están emborrachando y diciendo obscenidades —dice enfadada, y marcha a la ducha.
Daryl suspira cansado de ser siempre el que da y que nunca recibe.
Mira su teléfono móvil y sonríe al ver el mensaje que ha recibido.
¿El microbús sale a las 6pm o am?
PM
Ups, cambiaré la alarma entonces.
Niega con la cabeza. Esa mujer...
Le diría de ir con su moto junto a él, pero posiblemente quiera a quedarse luego a comer y beber en el campo como siempre suelen hacer tras un partido, ganen o pierdan.
Aunque quizás... quiera acompañarle de paquete. Se llevará un segundo casco por si acaso.
Lilly baja las escaleras.
—¡Lista para mi fiesta de pijama! —anuncia feliz.
Sábado 06:00 P.M.
—¡A ver, recuento de idiotas! —grita Tara con una lista y bolígrafo en mano —Abraham, Eric, Glenn, Daryl, Magna, Yumiko, Carol y ... ¿Quién me falta?
—Pues la más idiota de todos: Tú —dice Daryl desde su moto.
Tara le hace una peineta.
Daryl observa a todos subir: Abraham con Sasha, Glenn con Maggie, Aaron con Eric, Magna con Yumiko, Tara con Denise... Todas con sus parejas.
—Ey, ¿No vienes en el microbus? —pregunta Carol extrañada.
Daryl la mira, lleva un pantalón de cargo marrón, una camiseta de tirantes que se ciñe a su cuerpo como una segunda piel y unas botas altas que le dan un aspecto de tía dura que hace que algo despierte entre sus piernas.
—No, te...tengo que volver antes para ir con Janet a una cena pero si quieres acompañarme... —muestra el segundo casco.
Carol sonríe.
—Espero que no conduzcas como una abuela —bromea acomodándose tras él.
Se agarra suavemente a su cintura y su corazón se acelera. Es una pena que lleve el casco y no pueda apoyar la cabeza sobre su ancha espalda.
Daryl se tensa, no había tenido en cuenta que ella lo iba a tener que tocar. Está tan cerca tras él... Ya podría acercarse un poco más y presionar sus pechos sobre su espalda.
Toma aire para concentrarse y acelera dejando el microbus atrás. No tienen que ir muy lejos, apenas tardarán diez minutos en llegar al campo de paintball, pero como van con la idea de emborracharse y estar allí hasta tarde prefieren no llevar el coche.
Carol se coloca correctamente la máscara y las protecciones. Son de Sasha por lo que como tienen más o menos la misma altura y complexión le sienta bien, está cómoda.
Están en la zona de reunión: una pequeña cabaña en la loma. Miran el mapa de la zona mientras Abraham explica como será el plan de ataque. Ella tiene que cruzar el campo completamente para robar la bandera del equipo contrario y cruzarlo de nuevo para llevarla hasta su zona antes de que el tiempo finalice.
Tara y Glenn protegerán la bandera, Magna y Abraham aniquilarán al enemigo y Daryl y Yumiko harán lo mismo, sólo que deberán cubrirle las espaldas a ella y entretener al contrincante para que pase desapercibida.
—Vale... —dice tomando aire cuando el silbato anuncia el inicio de la batalla.
Sabe quienes son sus contrincantes: Negan, Simon, Jiro, Gavin, Arat, Paula, Michelle y Molly. Aunque debajo de esas máscaras es difícil diferenciar quien es quién, excepto a Negan que lleva la banda roja de capitán en el brazo.
Cruza la primera zona del campo y llega a la primera trinchera, todos están ahí. y ese es el lugar por el que Tara y Glenn deberán moverse, sin perder de vista su propia bandera.
—Cuando os diga salimos —dice Abraham que asoma media cabeza sobre el cubo de paja —¡Ya! —grita.
Tara y Glenn disparan para despistar al enemigo mientras los demás avanzan cada uno por un lado, al igual que hace el equipo rival.
Carol mira escondida tras un barril de aluminio oxidado lleno de manchas de pintura. No consigue ver a nadie del enemigo, aún están lejos, pero sí puede ver a Magna frente a ella apuntando con su arma y disparando a algo que desde su posición no llega a ver.
—¡Muerto! —grita una voz masculina que abandona el campo con los brazos en alto y una mancha azul en el pecho. Es Gabin.
—¡Bien, Magna! —grita Carol revelando su posición y al instante unos disparos revotan contra el barril —Mierda —gruñe. Ahora deberá esperar a que se canse de disparar o que otro llame su atención para poder seguir avanzando.
Daryl vigila a Carol buscando de donde vienen los disparos que no le dejan salir de ahí.
—Te tengo hija de puta —susurra apuntando a la mujer que dispara escondida tras unas ruedas. Dispara, pero no consigue darle, aunque al menos ahora los disparos se dirigen a él.
—Venga, va, va, va —murmura agazapado protegiéndose del fuego enemigo mientras la ve moverse sigilosa pero rápida entre trincheras.
—¡Muerto! —grita Eric.
Abraham se frota los ojos, ahora son 7 contra 7. Hace señales a Magna para que lo siga en paralelo, buscando a ver quien de todos los del equipo contrario es el encargado de ir a por la bandera. No será Negan, él se encarga de aniquilar, tampoco Simon, tiene muy buena puntería, así que estará aniquilando o protegiendo al buscador, Gavin ha sido eliminado, Molly es lenta...
Un disparo lo alcanza en el hombro y otro disparo de Daryl elimina a este enemigo.
—¡Joder! ¡Muerto! —grita Abraham enfadado.
—¡Muerta! —grita Michelle, siendo asesinada de segundas con la mirada por Abraham.
Van 6-6.
Carol se arrastra entre los palés de madera colocados en vertical y mira entre tabla y tabla. Escucha disparos por todos lados, puede llegar a ver a Daryl, y un enemigo cerca de él del que no se ha percatado, oculto entre las flores.
No puede gritar, revelaría su posición de nuevo.
Agarra con firmeza su arma, la acomoda sobre las tablas, apunta y...
—Mira las flores, cabrón.
Dispara.
—¡Sí! —grita, y de nuevo disparos hacia ella de los que consigue escapar gracias a su rapidez.
—¡DEJA DE GRITAR, CAROL! —regaña Abraham desde el banquillo.
—¡Muerto! —grita Jiro visiblemente enfadado. Tenía a ese tío a tiro.
Daryl sonríe a Carol, aunque esta no puede verlo a través de la máscara, y duda que le esté mirando, sabe que la están acechando por todos lados. Aunque él es uno de ellos. Menudo culo le hace ese pantalón. Le hace no, que tiene ¡Concéntrate, Daryl!
—¡Muerto! —grita Glenn.
—¿Qué? ¡¿Pero quién cojones te ha disparado?! —grita Abraham, cuya vena del cuello empieza a hincharse. Es como un entrenador de fútbol estresado.
—¡Tara!
—¡Se me disparó el arma, lo siento!
—¿Cómo coño se te disparó el arma?
—Me distrajo el culo de aquella ¡Mírala! —señala hasta Carol que mira hacia atrás dándose por aludida.
Daryl sonríe.
—Como te entiendo, Tara —murmura para sí.
Carol jadea, moverse casi a rastras no es algo sencillo, pero al menos ya ve la maldita bandera y a Negan.
—Joder...
Se mantiene en esa posición, esperando que Yumiko y Daryl distraigan a quienes tiene frente a ellos.
—¡Muerta! —grita Tara —¡Ah, y tienen la bandera!
Magna gira sobre sí al oír esa información, odia que ese enemigo haya pasado por su lado sin haber notado su presencia. Se mantiene atenta agudizando el oído a la espera del más mínimo movimiento.
—¡Muerta! —grita Molly que ha sido alcanzado por Yumiko.
—¡Magna! —grita Abraham para avisarla, algo prohibido, pero de poco importa, le han dado.
—Joder ¡Muerta!
Negan sonríe desde su posición. Está todo muy igualado, con la diferencia de que ellos ya tienen la bandera. Sonríe, esa zorrita roja no es muy buena escondiéndose, puede ver su bota tras los neumáticos.
Hace señales a su compañera para que se acerque hasta allí.
Daryl hace recuento:de su equipo quedan Yumiko, Carol y él y del otro Negan, Paula y Arat.
—Tenemos que disparar, es la única forma de que Carol llegue hasta allí —propone Yumiko.
Daryl asiente.
—Vale, a la de tres: Una, dos...
Disparan al enemigo y estos le devuelven los disparos. Bolas de pintura rojas y azules se cruzan y mezclan dando un tono parecido al violeta.
—¡Muerta! —grita Arat con rabia mostrando una bota abandonada. Se ha arriesgado a salir de su escondite para nada.
Negan mira hacia el mástil donde debe estar la bandera.
—¡Zorra astuta! ¡Paula corre, tienen la bandera!
Daryl sonríe sorprendido ¿Tiene la bandera? ¿Cuando la ha cogido? Mira a Yumiko saboreando su victoria, pero su risa se borra al momento.
—¡Muerta!
Se ha quedado sólo para proteger a Carol, y ella...
—Hey —saluda una voz femenina a su lado que lo sobresalta.
—¡Joder, Carol por poco te disparo!
—¿Qué hacemos ahora? — Pregunta jadeante mostrando orgullosa la bandera.
—Ahora... lo tenemos jodido...Hay que matar a Negan o entretenerlo al menos, Paula tiene la bandera y ya estará a la mitad de camino... no lo sé.
Unos pasos se acercan a ellos. Debe de pensar rápido. 'Rapidez' eso necesita.
—¿Cómo de rápido puedes correr así? —pregunta mirando hacia su pie desnudo.
Carol sonríe y se quita la otra bota para poder estar correctamente equilibrada.
—Tú entretén a ese.
Daryl asiente silencioso. Agudiza el oído, calcula de dónde vienen los pasos y dispara.
—Joder ¡Puto Dixon! —grita Negan que se apresura a agazaparse, instante que Carol aprovecha para ganar terreno.
Se atreve a incorporarse para intentar alcanzar a esa zorra huidiza, pero una lluvia de bolas de pintura se lo impiden.
—¡Paula corre de una puta vez, imbécil! —ordena Negan. Él no puede disparar a Carol sin que Daryl se lo impida, pero Daryl tampoco puede disparar a Paula, todo depende de la velocidad de esas mujeres.
—¡Carol corre! —grita Daryl.
Escucha a los demás animarla, por lo que supone que no se está agazapando por ningún lado, está corriendo todo lo rápido que sus piernas le permiten. Espera que esté atenta a los movimientos de Paula, él puede con Negan, pero no puede estar pendiente de los dos, y llegará un momento en el que ambas mujeres se crucen.
Carol se mueve veloz entre los obstáculos. Tiene la vista fija en su objetivo, tiene que llegar.
De repente todo se vuelve a cámara lenta, ante ella aparece Paula apuntándole con su arma.
—¡Mierda! —grita. Se tira al suelo y rueda hasta cubrirse tras un muro de hormigón.
Se revisa, no le han dado pero se acabó la carrera, siente el fuego enemigo tras ella.
—Algún día tendrás que salir de ahí, pajarillo —gruñe Paula.
—Tú primero —dice mientras se mueve despacio alejándose de las botas que se escuchan, intentando recortar distancia con su meta, supone que al igual que está haciendo Paula.
—Ríndete, yo he recorrido tres cuartas partes del campo y tú aún vas por la mitad.
Carol asiente para sí. Mentira no es lo que dice, pero por lo que ha visto ella es más rápida. Puede correr en zigzag, será difícil de alcanzar, pero no imposible.
Escucha a Daryl disparar, aún está ocupado con Negan, él no puede cubrirle. El tiempo corre, no puede estar ahí eternamente.
Se levanta rápido, girándose al momento para disparar a Paula, obligarla a agacharse y así tener tiempo para tomar distancia.
—¡Será zorra! —grita Paula, que dispara varias veces sin éxito, se mueve muy rápido, cambia de dirección y finalmente se pierde tras la muralla de palés
—¡Pero corre! —grita Negan. Harto de que pierda el tiempo disparándole.
Daryl observa desde su escondite, controlando a Negan y siguiendo con la mirada a Carol que casi parece increíble lo que puede correr descalza.
—Vamos, mi amor —murmura para sí sorprendiéndose al instante de sus palabras ¿Qué mierda dice? Debe de tener una insolación por tanto tiempo al sol. Será eso.
—¡Paula! —grita Negan llamando su atención.
La mujer mira hasta su líder, que le señala hacia el fondo. Se gira, Carol ha abandonado la zona de obstáculo, está a escasos metros de la meta, pero no tiene nada con qué cubrirse. Sonríe, la tiene tan a tiro... levanta su arma sin dejar de correr, apunta a su espalda y resuena un disparo que... que no proviene de su arma, seguido de otro y otro. Tres disparos en cadena. Se miran. La mancha azul en la espalda de Paula indica que Daryl le ha disparado, la mancha roja en el brazo de Daryl proviene del arma de Negan, y el tercer disparo...
Negan se examina, está limpio, pero el disparo ha sonado cerca. Mira hasta Carol sólo para encontrarse con la muerte ante sus ojos. Una bola de pintura que esta vez si impacta contra su pecho.
—¡Eso por lo de zorra, capullo! —grita Carol sonriente alzando la bandera en la meta.
Se quita la máscara protectora, agradecida de sentir la brisa sobre su piel. Mira al frente encontrándose por sus compañeros que la rodean celebrando esa victoria.
Daryl corre hasta allí, tiene que cruzar todo el campo, dándose cuenta lo increíblemente rápido que lo ha hecho ella, y encima descalza.
Se abre paso entre la multitud y ella lo recibe con una sonrisa. La sonrisa más hermosa que ha visto en su vida.
La estrecha contra él, sintiendo todo su cuerpo entre sus brazos, es una sensación tan cálida...
Se separa lo suficiente como para poder mirarla a los ojos y siente el impulso imparable de besarla.
—Auch, que te chocas —se queja ella entre risas cuando la máscara protectora choca contra su nariz.
—Lo... lo siente, es que... no veo una mierda con esto —se excusa agradeciendo la existencia de esa barrera ¿Iba a besarla? No sabe en que mierda estaba pensando.
—¡Tú, zorra plateada! —grita Negan.
—Vaya, he subido de nivel, como los Pokemon's.
Negan se echa a reír.
—¡Tus botas! bien jugado —felicita estrechándole la mano —Hazme un favor y no vuelvas por aquí.
—Tranquilo hombretón, que ya me voy a celebrar nuestro triunfo y a emborracharme a tu salud —se burla dándole la espalda y se agacha para calzarse las botas.
Negan la observa relamiéndose.
—Menudo culo tienes para partir almendras —'piropea'.
Carol está a punto de responderle cuando siente un dolor lacerante en el trasero que hace que casi se caiga de boca ¿Acaba de dispararle?
—¡Eso duele, imbécil! —grita enfadada.
Negan ríe a carcajadas.
—Te juro que no he sido yo —asegura mostrando sus manos desarmadas.
Carol busca con la mirada al culpable hasta que se encuentra con Tara que aguanta la risa mientras señala a Daryl.
Daryl siente sus orejas arder.
—Yo es que... yo no sé... —balbucea mientras busca una excusa —se... se me disparó el arma, lo siento —se disculpa sin saber donde meterse, ojalá pudiese desaparecer del mapa ahora mismo.
No sabe que le ha pasado, ha sido verla agacharse de esa forma y todo su cuerpo se ha tensado al momento, con la mala suerte de que su dedo estaba sobre el gatillo y apuntando hacia ella.
Carol siente como toda su ira se desvanece. Pobrecillo, se ve que se siente culpable y que no quería hacer eso.
Está a punto de decir algo cuando Sasha la abraza por la espalda. Su avanzado embarazo ha hecho que tenga que ir al baño y abandonar el campo segundos antes de ese abrazo grupal, por lo que es ahora cuando la felicita.
—Has dejado bien alto mi reputación —felicita golpeando la protección del pecho que está impoluta. Ni una mancha de pintura.
—Vamos a celebrarlo —dice Abraham que se coloca entre las dos mujeres y las abraza por los hombros.
Carol sonríe.
—Oye... ¿Qué hemos ganado? —pregunta. Cuando participó la otra vez había un premio económico.
—La satisfacción de vencer al enemigo —responde orgulloso Abraham.
Carol ríe sarcástica.
—No, en serio ¿Qué hemos ganado? —pregunta, pero Abraham la mira haciéndole saber que no hay más —¿En serio? ¿Nada? ¿Voy a volver a casa llena de tierra, con el cuerpo dolorido y con un moratón en el culo por nada? ... Espero que al menos la cerveza sea buena —se conforma y se ríe contagiada por los demás a los que al parecer les ha hecho gracia su discurso cascarrabias.
Daryl observa sonriente desde detrás, le encanta verla reír.
—Te gusta —dice la voz de su conciencia. No espera, no es su conciencia, es Tara.
Mira hacia la mujer que le sonríe moviendo las cejas.
—Puff, no digas tonterías.
—Ya claro, tonterías, Don Tartamudo 'yo... yo... yo...' —imita el torpe balbuceo suyo cuando se dirige a Carol —Tiene un buen polvo ¿Eh? Deja de ponerte nervioso por pensar en ello. Fantasear no es infidelidad. Estás enamorado de tu esposa y sabes que si se te presentase la oportunidad de hacer esa fantasía realidad no la harías —intenta tranquilizarlo.
Daryl niega con la cabeza evitando seguir con la conversación. Cierto que no pasa nada por fantasear pero duda que desaprovechase la oportunidad si se presentase y eso le asusta.
Abraham coloca la carne en la barbacoa bajo la atenta mirada de Maggie y Sasha que le indican como quieren la carne.
—Más hecha, cariño.
—¿Qué dices? ¡Os la vais a cargar! Tiene que tener sangre para que esté jugosa.
—Tiene que estar muy hecha para que no nos contagiemos de toxoplasmosis y afecte a nuestros hijos.
—¿Toxo qué? Pues nada, marchando un par de filetes secos como el cartón para las futuras mamis.
Glenn revisa las bebidas.
—¿Hay algo sin alcohol para nuestras esposas?
—Sí, está todo en la nevera roja, hay cerveza sin, agua y refrescos. Yo preferiría beber orina antes que una cerveza sin alcohol, pero allá ellas.
—Pues a mí me gusta sin alcohol, y si es con limón mejor.
Abraham lo asesina con la mirada.
—Lo que acabas de decir es una blasfemia.
Tara charla animadamente con Yumiko, Magna, Aaron, Eric y Denise.
—Podríamos montar un aquelarre gay e ir homosexualizando gente por ahí—ríe.
—Ey, ¿Habéis visto a Daryl? —pregunta Carol con dos cervezas en la mano —. Lo estoy bus... —sus palabras mueren en sus labios cuando ve a Tara mover las manos frente a su cara de forma extraña —¿Qué haces? ¿Ya estás borracha?
—Eres lesbiana... —dice intentando hipnotizarla —, te gustan las mujeres... adoras comer co...
—¡Tara! —regaña Denise —Daryl está junto a la barrera de neumáticos.
—Gracias —agradece alejándose de allí. Están todos locos.
Tara mira con el ceño fruncido a sus compañeros.
—Con esos ánimos no vamos a homosexualizar a nadie —bromea.
Carol cruza el campo en busca de Daryl.
—Hey, ¿Qué haces aquí? —pregunta sentándose a su lado.
Daryl sonríe al verla y guarda su teléfono en el bolsillo.
—Hey, estaba hablando con mi madre para saber como se está portando Lilly. Está jugando con sus hermanos a la consola.
—Oh, espero que no me quite el puesto de reina del apocalipsis.
Daryl niega con la cabeza.
—Bueno, hoy también has sido la reina —murmura perdiéndose en esos ojos brillantes —Aunque... tuve que sacrificarme para ello.
—Bueno, yo vengué tu muerte al instante.
—Mentira, sólo lo mataste porque te llamó zorra.
Carol ríe divertida y le extiende una de las cervezas que lleva.
—Oh, yo no... no puedo, tengo que irme ya, Janet me está esperando y tengo que conducir —se excusa. Odia tener otros planes, le encantaría estar ahí, pero le dijo a su esposa que estaría en casa a las nueve.
—Vamos, sólo una, me la debes por dispararme en el culo —intenta convencerlo agitando la cerveza fría frente a él.
Daryl cede. Sólo una y nada más, además se siente culpable y con razón. Él disparó.
—Lo siento ¿Te duele?
—Nah, sólo un poco. Llevaré con orgullo mi herida de guerra. Eso sí, como la mancha de pintura no salga me compras un pantalón nuevo. Que entre Lilly con el vómito y tú con la pintura...
Él ríe y la mira de soslayo mientras da un sorbo a su cerveza.
Se mantienen ahí sentados hombro con hombro, observando hacia el horizonte como el cielo se torna naranja anunciando el atardecer.
Carol mira sus sombras alargadas proyectadas en el suelo, parece que están abrazados disfrutando de ese precioso paisaje como dos enamorados. Pero es sólo una ilusión.
Se lame los labios y mueve las piernas nerviosa, buscando el valor para decir en voz alta la pregunta que se hace mentalmente.
—Oye Daryl... —llama su atención casi en un susurro —¿Qué crees que habría pasado si nos hubiésemos conocido antes.
Daryl siente un escalofrío recorriendo su piel al escuchar esa pregunta o quizás sea por la brisa. No lo sabe.
Se muerde el labio y se encoge de hombros.
—No lo sé —responde, pero supone que ella espera escuchar algo más, por lo que toma aire, mira al frente para no hacer contacto visual con ella y que le ponga nervioso y habla —. Nos llevamos bien, tenemos cosas en común... Yo creo que nuestra relación habría salido adelante. Quizás habríamos tenido un par de escapadas para hacer deportes de aventura, habríamos salido al cine, de fiesta, a cenar... Creo que nos habríamos acabado enamorando. Nos habríamos casado y quien sabe... quizás ahora tendríamos que estar preocupándonos por un par de de hijos adolescentes en su etapa rebelde —dice con una sonrisa amplia y soñadora.
La mira a los ojos, y sus nervios vuelven, le está sonriendo dulcemente con los ojos brillantes con un halo naranja en su iris, como si hubiese atrapado el cielo en su interior.
—Habría estado bien —aprueba ella con un deje de nostalgia por algo que nunca ha existido.
—Muy bien —repite Daryl con la misma entonación.
Son dos idiotas que dejaron escapar esa vida por no haberse conocido antes y ahora sólo pueden imaginar lo que podría haber sido mientras beben cerveza y observan el ocaso.
Alcohol, alcohol y más alcohol. En eso se ha transformado la fiesta. Hace horas que se acabó la comida, pero no la bebida.
Las voces y risas de sus compañeros llegan a ellos como un agradable eco, pero Carol y Daryl no se han movido de ese lugar en toda la noche más que para cargar una nevera llena de cerveza y llevarlas a su rincón. Están cómodos ahí, los dos solos, sin los gritos y la música que no les permiten oír la voz del otro a no ser que la alcen.
La noche es cálida, como suele pasar en verano. Sopla una suave brisa, el ambiente huele a barbacoa, alcohol y árboles de eucalipto. El cielo está plagado de brillantes estrellas y de una enorme luna que brilla con fuerza enviando halos de plata que contornean el perfil de esos dos 'amigos' que hablan en la oscuridad.
Daryl mira a Carol con la sonrisa de un borracho que es consciente que lo está.
Llevan tanto tiempo charlando de tonterías y se han alejado tanto de la conversación inicial que se ha dejado una pregunta en el tintero.
—Oye, no me has dado tu versión —pregunta llamando la atención de Carol que arquea una ceja interrogante —¿Qué crees tú que habría pasado si nos hubiésemos conocido antes?
Carol lo mira de arriba a bajo y se muerde el labio juguetona. No sabe si es porque está borracha o por el tiempo que lleva sin sexo, pero sólo viene una respuesta a su mente.
—Habríamos follado, eso seguro —dice sonriente, dando un sorbo a su cerveza y mirando hacia el horizonte.
Daryl ríe. Esperaba una respuesta más trabajada, pero eso también le vale.
—¿Ah sí? ¿Cómo estás tan segura de eso? —pregunta sintiendo como el alcohol le da un valor que en condiciones normales no tiene. Aunque se ha empalmado igual que si estuviese sobrio.
—Pues porque yo soy de las que primero prueban la mercancía y luego veo si merece la pena comprarla o no —explica mirándolo con picardía
Daryl se lame los labios y mira fijamente a la hermosa mujer que tiene a su lado.
—¿Y... y crees que me habrías comprado? —tartamudea, no por nerviosismo, sino por excitación.
Carol se siente un poco nerviosa, y excitada a la vez. ¿De verdad están hablando de eso?
—Eres atractivo, te habría dejado que me la metieras hasta en el bolso. Ahora que folles bien o no es otra cosa.
Daryl la mira un poco ofendido ¿Está poniendo en duda su habilidad sexual?
—Te habría hecho todo lo que quisieras en la cama por tal de no dejarte escapar —añade devorando ese cuerpo con la mirada.
Carol siente como su cuerpo se calienta ante esos ojos que parecen estar desnudándola.
—¿Ah sí? ¿Todo lo que quisiera? —mira hacia arriba pensando en alguna perversión sexual —¿Habrías sabido manejarte con piercing en zonas delicadas? —pregunta mordiéndose el labio sensual y dibujando un círculo en el aire sobre sus pechos y su entrepierna.
Daryl abre mucho los ojos, y la boca se le hace agua ¡Aún los tiene!
Asiente suavemente como esos perros cabezones que que pusieron de moda años atrás y que algunos idiotas aún tienen en la parte trasera de sus coches.
—Sí... siempre me han gustado los piercings —verbaliza al fin con ayuda de la poca sangre que le llega a la cabeza.
Mueve las piernas para intentar ocultar su erección.
Carol lo mira fijamente con los ojos cargados de deseo.
—Pues que pena que no nos conociéramos antes. Yo estaba muy buena, no te habrías podido resistir —responde haciendo un movimiento sensual con los hombros.
—Sigues estando buena.
—Puf, ya claro —bufa ella incrédula.
—Lo digo de verdad.
—Que sí, que sí —se niega a creer.
Se deja caer hasta estar complatamente tumbada sobre el terreno y cierra los ojos. El alcohol le da sueño.
Daryl la observa. La camisa se le ha levantado ligeramente dejando al descubierto su vientre plano y atlético y el inicio de un tatuaje que baja por el hueso de la pelvis.
—No te miento—se esfuerza en convencerla.
Se deja caer junto a ella, apoyándose sobre su codo para poder observarla.
Menudas ganas tiene de besarla y hacerla suya, cosa que estando sobrio le asusta, pero ahora... Tara está muy equivocada, sí que aprovecharía la ocasión si pudiera, pero es difícil cuando ella ni siquiera le cree cuando le dice que es atractiva.
—Sabía que eras tú —confiesa, pero ella parece no entender —esa mañana en mi casa, sabía que eras tú, que estaba tocando tu culo y es cierto que me gusta. Aunque eso último ya deberías saberlo, por algo tuve esa inoportuna erección mientras corríamos —suelta casi sin pensar.
Espera paciente alguna reacción por su parte.
Carol abre los ojos y le sonríe interesada, aunque no lo parezca porque procura mantenerse en calma, el subidón de autoestima y de excitación roza todos los límites ¡Sabía que era ella! ¡Sabía que era su culo!
Él la mira un poco avergonzado, como si temiese que pensase que es un pervertido y saliese corriendo. Tiene que hacerle saber lo que realmente piensa.
—Sólo para que lo sepas: Si no tuviésemos pareja nos lo habríamos montado en ese sofá.
Daryl traga saliva. Sólo de imaginarse la escena su cuerpo tiembla de placer.
La observa ahí tumbada junto a él, con esa sonrisa tan dulce y esos ojos tan hermosos y brillantes. Es perfecta.
—Y... y si no tuviésemos pareja te besaría ahora mismo —se atreve a revelar.
Carol siente su corazón acelerarse, pero lo obliga a frenarse. No son más que tonterías de borracho y sabe que mañana él se arrepentirá de todo lo que está diciendo, debe pararle los pies y borrar esa posible confesión de la memoria de ambos, por mucho que le guste lo que acaba de decirle.
Se vuelve a sentar y Daryl imita el gesto, toma un par de cervezas, le entrega una a él y agita la suya frente a sus narices.
—¿Sabes que es lo bueno del alcohol? Que al día siguiente te olvidas de lo que has hecho esa noche, por lo que no puedes tener remordimientos. Así que...
Y Daryl la besa, la calla con un beso para sorpresa de ella que tarda unos eternos segundos en reaccionar, pero finalmente se deja llevar. Bueno, si el alcohol borra conversaciones también borrará besos.
Su piel se eriza cuando Daryl lleva su mano hasta su nuca para estrecharla más contra él y profundizar ese beso. Y joder, como besa. Sabe como utilizar la lengua, cosa que hace que su cuerpo se caliente al imaginar eses mismos movimientos pero con la cabeza metida entre sus piernas.
Daryl gime contra su boca, no ha probado mejor beso que ese en su vida. Sus pantalones empiezan a apretar al límite de doler, y sólo puede pensar en desnudarla para aliviar ese dolor.
Echa su cuerpo hacia adelante obligándola a tumbarse de nuevo.
Ella enreda sus manos entre sus mechones de cabello, acaricia sus hombros anchos, su torso... y él siente como su excitación crece ante ese toque.
Sus lenguas bailan una danza de pasión que conocen perfectamente, como si estuviesen hechas para estar unidas.
Daryl acaricia su cadera, su vientre... Tiene una piel tan suave...
Sus manos tiemblan cuando comienza a adentrarse bajo su camisa, llegando a tocar la costura de su sujetador y...
—¡Carol, Daryl! ¿Dónde puñetas estáis? ¡El microbus está aquí! —grita Sasha.
Daryl finaliza el beso de mala gana y la mira a los ojos. Es tan hermosa...
Carol se lame los labios aún saboreando ese beso tan breve pero intenso y le sonríe.
—Creo... que tendremos que terminar esto otro día —dice con pesar.
Daryl le devuelve la sonrisa y le da un último y rápido beso antes de ayudarla a levantarse para sorpresa de ella que le mira con la timidez de una adolescente.
—¿Dónde coño estabais? —pregunta Abraham tan borracho como ellos, una vez que toman asiento en el autobús.
—Follando, seguro —dice Tara.
—Casi... —susurra inaudible Carol, que aún siente su cuerpo arder por la excitación.
—Estábamos bebiendo y charlando tras los neumáticos —se apresura en explicar Daryl. Observa de soslayo a Carol que mira por la ventana para disimular su sonrisa —Sí, casi —repite en otro susurro él, para hacerle saber que la ha oído.
—¿Y tú no ibas a una cena con Janet? —pregunta extrañada Maggie
Daryl abre mucho los ojos. Mierda, la cena.
—Entrega de borrachos, aquí tiene la suya —dice Sasha dejando a Carol en la puerta de su casa.
—Hola, mi mercancía defectuosa —saluda ella a Tobin —. Me funcionaste muy bien al principio, pero duró poco. Lástima que no te pueda devolver.
Tobin la mira sin entender nada.
—Madre mía, como vienes, venga a la ducha, anda.
—¿No me felicitas ni nada? He ganado.
—¡Qué vas a ganar, si te han disparado en el culo!
Carol se echa a reír. Si él supiera lo que han estado a punto de dispararle.
—¿Tú sabes el ridículo que me has hecho pasar, Daryl? ¡Estaba sola! —grita enfadada Janet.
Daryl la mira pero no escucha, su mente aún está repasando el sabor de otros labios.
—¡Todos han preguntado por ti! ¡Te he llamado más de diez veces! ¿Qué estabas haciendo?
Daryl se encoge de hombros. Si ella supiera...
—Estaba hablando con Ca... cada uno de mis compañeros y... me olvidé... lo siento.
—¿Que lo sientes? ¡Prefieres estar con tus amigos que conmigo!
Daryl frunce el ceño, lo que le faltaba por oír.
—¿Pero tú te estás escuchando? ¡Eres tú la que no quieres estar conmigo! ¡Nunca quieres salir con mi grupo de amigos, no quieres ir a verme a las competiciones, te digo de salir en pareja y siempre estás ocupada! ¡Yo siempre te acompaño allá a dónde quieras ir, por muy aburrido que sea, y por una vez que me olvido me cae la bronca del siglo!
—¡Esto era muy importante para mí, Daryl, y tú no estabas!
Daryl suspira cansado, no tiene ganas de discutir.
—Si yo te enumerase las cosas importantes para mí en las que tú nunca has estado... —la mira negando con la cabeza esperando alguna reacción de culpa por parte de ella, pero no la obtiene —Me voy a dormir al sofá.
Janet abre mucho los ojos cuando lo ve dirigirse al salón oliendo a alcohol y lleno de polvo.
—¡No, no, en mi Cheslong no!
—Vaya por dios, que tiene nombre y todo... Pues nada, me voy a la ducha. Échame la bronca mañana.
Escucha como Janet le dice algo pero la ignora, no tiene ganas de discutir.
Mira su teléfono móvil y sonríe. Tiene un mensaje de voz de Carol.
'Hey, Daryl, te iba a escribir pero las letras bailan. Te quería decir que me lo he pasado muy bien hoy y que me gustaría repetir pero sin estar borrachos. Ya sabes..'
Daryl dibuja una media sonrisa seductora. Oh sí, sí que lo sabe, y su miembro también, por lo que deberá terminar en la ducha lo que empezó en ese campo bajo la luz de la luna.
Las horas pasan, el amanecer llega acompañado de una resaca de mil demonios y los recuerdos de un beso que el alcohol no ha podido borrar.
Hola, muchas gracias por leer, espero que os haya gustado el capítulo :)
Ya sé que siempre tiro del comodín de la borrachera para que la historia avance entre ellos, pero es que ahora mismo aún necesitan esa dosis de alcohol para atreverse a hablar de sus sentimientos, pero el hecho de que recuerden el beso será algo que influirá notablemente en su relación a partir de ahora.
