8. Olvídalo

Daryl despierta cuando los primeros rayos del sol se cuelan por las rendijas de la persiana y se lanzan directos a martillear su sien con fuerza provocándole un dolor agudo e insoportable.
—Madre mía, que resaca —resopla.
Se tapa el rostro con las manos unos eternos segundos y toma aire para encontrar las fuerzas necesarias para abrir los ojos.
—Qué demonios... —murmura desorientado.
Visualiza la estancia en la que se encuentra. No es su habitación, está en el salón, desnudo, vestido sólo con una toalla que supone que en un principió cubrió su desnudez pero que en algún momento de la noche perdió su función y ahora su miembro le saluda firme dándole los buenos días ¿Qué narices pasó anoche? Intenta hacer memoria:
Fue al partido de paintball, ganaron, lo celebraron, él se iba a marchar porque tenía que acompañar a Janet a una cena, pero Carol apareció con dos cervezas y...
—¡Joder! —se queja en voz alta cuando los recuerdos regresan.
Su propia voz taladra sus oídos, pero eso es lo que menos le preocupa.
¡Besó a Carol! ¡A Carol! ¿Cómo narices se le ocurrió hacer eso? ¿Y por qué no lo recuerda? Es decir, recuerda que la besó, pero no la sensación ¿A qué sabían sus labios? ¿Eran suaves? ¿Qué sintió al besarla?
Sacude la cabeza enfadado consigo mismo ¿Por qué coño le preocupa eso? ¿No es mejor así? Cuanto menos recuerde menos culpa sentirá, y además no puede evitar sentir un poco de miedo de que su mente acabe recordándolo todo ¿Y si resulta que fue el mejor beso de su vida? ¿Y si sintió cosas que no debía?
Cruza mentalmente los dedos para que sus recuerdos permanezcan tan turbios como ahora.
Agarra el teléfono móvil y mira la cantidad de mensajes de Whatsapp que hay. Aaron ha enviado fotos de ayer y comienza a mirarlas.
Va pasándolas una a una y no puede controlar el movimiento de sus dedos haciendo zoom en cada foto grupal para acercarse al rostro de Carol.
Sonríe inconscientemente como un idiota.
Está guapísima en todas, pero sobretodo en una en la que sale sólo ella posando para la cámara. Supone, por la cantidad de tierra que hay en su rostro, que es justo después de la victoria, y está intentando poner cara de mala.
—Imposible —susurra sonriente Daryl.
Con esos ojazos azules y esa mirada tierna puede parecer cualquier cosa menos mala.
Deja las fotos a un lado, son demasiadas, ya las verá luego, y sigue mirando los mensajes que se han enviado al grupo de paintball.
Tara ha adjuntado un comentario a una de las fotos.
Qué pegaditos los dos.
Y el resto de los chicos comentan enviando un emoji mirando hacia el lado y sonriendo sugerente.
Daryl decide ampliar la foto.
Son Carol y él sentados en el campo de paintball con una cerveza en la mano y sus rostros peligrosamente cerca. No recuerda que hubiesen estado tan cerca, ese nivel de intimidad es preocupante, apenas hay espacio entre su nariz y la de ella.
Sólo estábamos hablando, idiotas.
Escribe para defenderse, pero bien sabe él que se pasaron la noche coqueteando.
Le sorprende que Carol no haya dicho nada ¿Recordará lo que pasó? ¿Se sentirá culpable? ¿Ansiará repetir?
Entra en la conversación de Whatsapp de ella para ver su última hora de conexión y el corazón le da un vuelco.
—No, no, no, no, noooo —repite una y otra vez alarmado por lo que ve.
¡Le ha enviado una foto-pene! ¿En qué momento de la noche se le ocurrió que era buena idea mandarle una foto de su polla con la frase 'esto es culpa tuya'?
Respira alterado y el corazón acelerado al punto del infarto ¿Cómo puede ser tan idiota? Encima por lo que se aprecia en la foto parece verse restos de semen ¿Se masturbó pensando en ella? ¡Por Dios!
Se calma un poco cuando se da cuenta de que el doble check no aparece en azul ¡Aún no ha visto la foto!
—Bendito Whatsapp.
Elimina la fotografía y respira al fin.
Ahora sí puede ver que es lo que hablaron anoche, y para su sorpresa todos son mensajes de voz. Él siempre ha odiado ese método, pero ahí están, varios mensajes cortos que teme oír.

Hey, Daryl, te iba a escribir pero las letras bailan. Te quería decir que me lo he pasado muy bien hoy y que me gustaría repetir pero sin estar borrachos. Ya sabes..
02:27 a.m.

Sí lo sé, yo también deseo repetir.
02:29 a.m.

Tengo un moretón en el culo por tu culpa.
02:33 a.m.

Perdona, estaba en la ducha, enséñamelo.
02:45 a.m.

Y ese es el último mensaje, el cual Carol no ha leído, por lo que supone que se quedó dormida en el tiempo que él estuvo duchándose.
Decide borrar el mensaje también y dar por zanjado el tema de anoche.
—No vuelvo a beber en la vida —se miente.


Carol despierta con el ruido de la batidora perforando su cerebro, al menos eso siente.
Está bocabajo y un hilo de saliva sale de su boca. 'Una imagen de lo más sexy' piensa.
Siente una brisa recorrer su cuerpo ¿Está desnuda? ¿Qué hace desnuda?
Se lleva las manos a la cara pero algo duro choca contra su frente ¿Qué hace con el móvil en la mano?
Se anima a abrir los ojos y mira hacia su teléfono que...
Parpadea dos veces intentando comprender lo que la pantalla le muestra ¿Ese es su culo? ¿Le ha hecho una foto a su culo? ¿Para qué? o mejor dicho... ¿Para quién?
Se sienta de un salto en la cama y corre a abrir el Whatsapp buscando una conversación específica.

Tengo un moretón en el culo por tu culpa.
02:33 a.m.

Este mensaje fue eliminado.
Este mensaje fue eliminado.

—Vale... no pasa nada, no hiciste nada, sólo estuviste a punto de enviar UNA FOTO DE TU CULO ¿Cómo puedes ser tan gilipollas? —se regaña.
¿Y qué son esos mensajes eliminados? ¿Por qué? ¿Qué decía? ¿Por qué los borró?
Se pellizca el puente de la nariz intentando hacer memoria en ese despiste de mente que tiene. Jugó al paintball, ganaron, empezó a beber junto a Daryl y...
—Mierda —murmura negando con la cabeza.
Se besó con Daryl ¡Besó a Daryl!
—¿A ti que coño te pasa, Carol? —se regaña.
¿Y por qué narices la mayoría de sus ligues han sido estando borracha. Luego pasa lo que pasa, que lo recuerda todo a medias, como ahora. Y es una pena porque Daryl seguro que besa de escándalo...
Sacude la cabeza.
—Está casado y tienes novio, céntrate, Carol.
Entra en la conversación de Whatsapp. Acaba de ser bombardeada por cientos de fotos, pero no se centra en ninguna, va directa a la foto que Tara ha comentado y en la que Daryl ha añadido un 'estábamos hablando, idiotas'.
—Sí, hablando... —repite con cierto pesar.
¿Y si Daryl no recuerda nada? O peor ¿Y si lo recuerda todo? Dios, seguro que en los mensajes eliminados le decía que se arrepentía de ello, que estaba borracho, que no volverá a pasar, que lo mejor es dejar de verse, y luego los borró con la esperanza de que ella no recordase nada y así evitar tensiones. Sí, seguro que fue eso.
—No vuelvo a beber en la vida —ahoga las palabras contra su almohada.


Daryl se da una ducha rápida para despejar su mente, pero no funciona. El agua cayendo sobre su cabeza lo aísla de los sonidos del exterior y hace que le de aún más vueltas a lo que ocurrió anoche.
Lleva un buen rato con la cabeza gacha mirando, pero sin ver nada, como el agua resbala por sus mechones de cabello y caen al suelo.
Con cada hora que pasa va recordando pequeños fragmentos de lo que pasó. Recuerda la sonrisa pícara de ella, su mirada cargada de deseo, la necesidad que sintió en ese momento de besarla, el impulso que no pudo controlar, el sonido húmedo de sus labios chocando contra los suyos, la suavidad de su piel...
—No, ahora no —gruñe cuando su miembro aparece en su campo de visión. Parece que él recuerda aún más, como que si les hubiesen dejado cinco minutos más habría estado enterrado entre esas preciosas piernas.
Resopla, cierra el grifo y se anuda la toalla a la cintura con frustración.
Se mira en el espejo, siente como la palabra 'infiel' se está grabando a fuego en su frente, la culpabilidad le puede.
—Estás casado, capullo.
Agarra una toalla de mano y frota con rabia su cabello para eliminar toda la humedad y si puede la culpa. Sale del baño y sube las escaleras rumbo a su habitación dispuesto a demostrarse a si mismo cuanto ama a la mujer con la que está casado.
La observa en silencio. Está durmiendo plácidamente, acurrucada de una forma tan perfecta que parece que ha sido planeado, estudiado, probado y aceptado con anterioridad, como todo lo que ella hace. Más organizada y perfeccionista no puede ser, excepto para elegir marido, porque con menudo idiota desagradecido se ha casado.
Se tumba tras ella y acaricia su espalda con deseo al tiempo que besa su cuello y se acerca a su oído.
—Hey, siento mucho lo de anoche, mi amor ¿Qué puedo hacer para compensarte?
Ella se gira.
—Fuiste un auténtico cretino —increpa, pero a la vez le aparta con cariño un mechón de cabello húmedo que cae por su frente.
—Lo sé, no volverá a pasar, te lo juro —se acerca a sus labios en busca de un beso que sorprendentemente consigue, y profundiza en él en busca de más.
—Ve al grano, no puedo perder el tiempo —dice Janet cuando ve como se entretiene en caricias y besos en lugar de ir directamente al coito. Tiene cosas importantes que hacer ese día.
Daryl gruñe, odia sus prisas, en otro momento abortaría el plan, pero hoy necesita demostrarse que ama a su mujer, por lo que agarra un preservativo y lo coloca dispuesto a hacer el amor con la mujer que debe.


—Y yo que sé por qué te dije lo de mercancía defectuosa ¿Sabes la borrachera que llevaba? —se defiende Carol.
Está intentando a duras penas beberse el batido que le ha preparado Tobin.
Claro que recuerda por qué dijo eso, pero después de lo atento que es con ella y como intenta aliviar su resaca, no es plan decirle 'Eres mercancía defectuosa porque estar contigo es como estar casada con dios. Follo menos que una monja'.
Tobin sonríe comprensivo y le da un beso en la frente antes de marchar de allí.
Carol suspira. Se odia por lo que hizo. Tiene a ese hombre atento y cariñoso a su lado con el que tantas mujeres sueñan, y ella se lo paga intercambiando saliva con un bombero al cual conoce de hace nada y que encima está casado con una mujer joven y preciosa.
—Más idiota y no naces.
El sonido de notificación del Whatsapp llama su atención.
Es Andrea, debe de haber llegado ya al Aeropuerto. Que ganas de volver a verla.
'¿Qué te parece si pasamos esta semana en la casa del lago de mis padres? DI QUE SÍ'
Carol se muerde el labio pensativa.
La casa del lago... dios, le encanta esa casa. Siempre pasaba parte del verano allí con Andrea. Cuando era pequeña iban acompañadas de toda la familia Harrison que la acogían como a una hija más, pero cuando se convirtieron en unas adolescentes rebeldes y alocadas se escapaban cada dos por tres a ese lugar a llevar ligues, montar fiestas... Está segura de que Matthew fue concebido allí.
Le encantaría volver allí, pero... ¿Daryl también iría? Teme cruzarse con él, y a la vez lo anhela. Se siente como una adolescente enamorada que ha discutido con su amor pero que se muere por recibir un mensaje de él, y está tentada en escribirlo pero su orgullo le impide hacerlo.
Y hablando de mensajes... Mira el que le ha escrito Andrea.
Sus dedos bailan sobre el teclado del teléfono pensando la respuesta.


Daryl observa desde la cama como Janet se viste. Acaba de hacer el amor con ella pero se siente aún peor que antes. Como... sucio.
Le ha costado mantener la erección, y ha tenido que tirar de su memoria para ello. Pensó en la primera vez que vio a su mujer, estaba tan guapa con el ceño fruncido hablando con uno de sus compañeros bomberos durante el peritaje del incendio en su empresa ; La primera vez que se besaron, la llevó a cenar a un lujoso restaurante y nada más salir por la puerta sus labios chocaron; La primera vez que hicieron el amor, ella acababa de cerrar un trato importante y la emoción y excitación de aquello hizo que acabasen en la cama; Aquella vez en el jacuzzi tras ella haberle robado el cliente a la empresa rival; La noche de bodas vestida con el conjunto sexy que el tanto amaba... Los ojos de Carol iluminando ese baño en el que se conocieron, su risa cada vez que Sauron la tira al suelo, esas bragas feas que llevaba cuando fue a entregarle las llaves, su cabeza sobre su hombro en el cine, sus hoyuelos de venus, el tacto de su culo en sus manos, la fantasía de ver sus piercings, ese beso...
Dios, el beso. Puede escuchar con claridad como gemía contra sus labios, puede oler esa mezcla de polvo del camino, sudor y perfume que desprendía su piel, puede saborear el alcohol de sus labios, pero sigue sin saber como fue la sensación de besarla.
—Me siento halagada, cariño, pero yo tengo cosas que hacer y tú tienes que ir a por tu sobrina para recoger a tu hermano y cuñada al aeropuerto —le recuerda Janet, que se ha percatado de como el miembro de su marido vuelve a erguirse al verla vestirse.
Daryl sale de su mundo ¡Lo había olvidado! Se levanta de un salto de la cama y corre a ponerse los pantalones. Deben de ser elásticos porque mientras esa dichosa polla no deje de pensar en Carol y se baje no hay forma de entrar en otros.


Andrea recoge su equipaje y camina ligera a la salida.
—¿Por qué tanta prisa? ¿No ves que no puedo correr más? Tengo los huevos escocidos de la arena de la playa —se queja Merle, que se rasca descaradamente sus testículos para horror de unas señoras.
—Merle, por dios —regaña abochornada —Vamos, tengo ganas de ver a mis niños.
—Van a seguir ahí si tardamos cinco minutos más, cariño.
Andrea ignora a ese cascarrabias escocido y corre a la puerta de salida.
—¡Mamá! —grita Lilly desde detrás de la barrera.
—Ay mi niña, cuantos has crecidos —la abraza.
—Sólo ha pasado una semana, sigue igual de gusana que cuando la abandonamos —bromea para provocar a su hija que le hace una burla como saludo.
Merle estrecha la mano de su hermano.
—¿Qué tal el partido de ayer? Ganamos? —pregunta interesado. Odió no poder participar y ver a Negan morder el polvo.
Daryl asiente deseando que su hermano no siga preguntando, pero su rostro interrogante le dice que no está satisfecho con su escueta respuesta.
—Aprovechamos la velocidad de Carol para que ella se encargase de robar la bandera y llevarla a nuestro campo, e incluso eliminó a un par de contrincantes, entre ellos Negan. Lo hizo muy bien,
Merle dibuja una amplia sonrisa en su rostro.
—¡Ja! ¡Esa es mi pelirroja! ¿Has oído, querida?
Daryl sonríe mientras Merle le cuenta a Andrea como Carol había disparado a Negan. Él también está orgulloso de ello, pero su mente ahora mismo está en otro lado: En ese beso que se dieron tras los neumáticos.
—¿Entonces vienes? —escucha preguntar a Andrea —. ¿Daryl?
Daryl sacude la cabeza.
—¿Qué? ¿Lo qué? perdona, no estaba...
—Que dice Merle que la próxima semana libras ¿Os venís a la casa del lago? Ya sabes, Janet y tú.
Daryl analiza la pregunta para entenderla. Su mente no está trabajando al 100% hoy.
—¿Al lago?
Ha estado alguna vez allí, es un buen sitio para hacer deporte al aire libre y despejar su mente de...
—¿Vienes o no? —se impacienta Merle —Di que sí, que como vayamos solos tendré que soportar a la pelirroja en Topless.
—¿Topless? —dice sin aire con una voz ridículamente aguda.
Se la imagina tumbada, los rayos del sol bronceando sus pechos y haciendo brillar los piercings de los pezones y...
—¿Entonces vienes o no? —se impacienta Merle.


Carol sale del coche y se apoya en la puerta para respirar el aire puro de la zona.
Finalmente, tras mucho meditarlo ha decidido ir a la casa del lago. Le gusta ese lugar, y aunque sabe que Daryl estará allí también no ha querido perder la oportunidad de volver a la casa que tan buenos recuerdos le trae, y... Qué demonios, también quiere verlo a él, aunque a la vez lo teme. No han compartido ni un solo whatsapp más allá de los que han enviado al grupo en el que están todos los de paintball.
Está nerviosa por volver a verlo, seguro que se sonroja en cuanto se crucen, ya que no para de darle vueltas a ese beso y de intentar recordarlo, cosa por la cual se odia, con el hombre tan perfecto que tiene a su lado...
—Joder, ya me picó un mosquito —se queja Tobin que corre a rebuscar entre sus posesiones el repelente de insectos.

Daryl agarra con fuerza el volante hasta el punto de poner los nudillos blancos. Está buscando el valor para salir del coche, pero no lo encuentra.
Ella está ahí, apoyada sobre su coche, con los ojos cerrados, las manos en los bolsillos y la brisa de verano peinando su cabello a su antojo. Tan hermosa...
—Daryl, cariño ¿Estás bien? —pregunta Janet —¿Es aquí, no? Justo donde está la señora con la que corres.
Daryl sólo tiene fuerzas para asentir.
'La señora con la que corres' sí... Y con la que también se corre trayéndola a sus pensamientos en la soledad o cuando hace el amor con su mujer.
Toma aire profundamente y abre la puerta del coche a la vez que Janet.
Observa a Carol, la cual mira hacia ellos cuando el sonido de la puerta cerrándose llega a sus oídos.
Su corazón se paraliza y no sabe qué hacer, qué decirle, cómo reaccionar, pero su cerebro ha decidido que lo mejor para romper el hielo es saludarla efusivamente agitando la mano como un gilipollas. Por suerte ella le devuelve el saludo acompañado de una sonrisa que lo derrite.

Matthew, Sam, Lilly, Andrea y Sauron salen en estampida del coche en busca de aire.
—¡Ha sido el perro! —grita Merle bajándose del coche.
—Sí, claro, el perro ¡No jodas, Merle! —gruñe Andrea que no puede contener una arcada
—Pues huele como tus pedos —acusa Lilly.
—¡Qué asco, dios! —se queja Matthew.
—¡Voy a potar! —avisa Sam.
Merle sonríe y niega con la cabeza mientras observa a su familia.
—¡Sois una panda de exagerados!

Daryl ríe ante tal escena y mira hacia su mujer para compartir su diversión, pero ella mira asqueada, por lo que su sonrisa se acaba borrando.
—Dios, han traído al perro —se queja ella —.Me debes una por aguantar esto.
Daryl se muerde la lengua para no hablar.
Le comentó lo de la escapada al lago a sabiendas de que no iba a querer ir, pero para su sorpresa ella se sentía culpable por lo que él le dijo la noche que llegó borracho del paintball. Eso de que ella jamás lo acompañaba a ningún lado, y pues... Ahí está, quejándose de todo, por suerte ella sólo estará tres días ¿Es mal marido por desear que pasen pronto?
Mira hacia Carol y sonríe. Como de costumbre Sauron le ha hecho un placaje y la ha tirado al suelo haciendo que se queje entre risas mientras el animal lame su cara.
—Perro con suerte —gruñe en voz alta, pero Janet no lo ha oído, está ocupada buscando algún sitio donde haya cobertura. Buena suerte en eso.

—¡No, para! ¡Sauron! ¡Por favor! —grita Carol.
Unas manos agarran al perro por el collar y lo apartan de ella.
—Gracias Matthew, eres un cielo.
Se pone en pie y sacude el polvo de su ropa holgada. Debería haberse puesto algo más sexy para ese reencuentro con Daryl.
Sacude la cabeza alarmada por sus absurdos pensamientos.
—Te hemos traído una cosa —anuncia Sam algo tímido.
Abre una bolsa y saca una camiseta negra con la frase 'La reina del apocalipsis' escrita en ella.
Carol la mira sonriente.
—¿Para mí? ¡Oh dios, me encanta! ¡Gracias! —agradece abrazándolos —.Esperad, que me la pruebo —dice haciendo el ademán de quitarse la camisa.
—¡¿Qué haces?! —grita Tobin que tira de su camiseta para abajo.
Carol tarda unos segundo en comprender qué narices la pasa a ese hombre.
—Ay es verdad, que me iba a poner el bikini bajo la ropa, pero ya lo había guardado, así que... no llevo ni sujetador —recuerda ella haciendo enmudecer a los niños y ganándose una regañina de Andrea. Sus hijos están en una edad donde sólo piensan en tetas.
Daryl observa a lo lejos la escena y niega con la cabeza.
—Me mata, esta mujer me mata —murmura.
Agarra las maleta y se encamina calle abajo con ellas.

El camino se estrecha por una vieja calle empedrada por la que no pueden pasar los coches y mucho menos rodar las ruedas de las maletas. Al fondo se vislumbra el lago que refleja los árboles que están a su alrededor como si de un espejo se tratase y un antiguo muelle de madera que da acceso al agua.
Andrea y Carol caminan delante guiando a los demás.
—¿Recuerdas lo que te gritaban los tíos cuando pasabas por aquí? —pregunta Andrea con ganas de molestarla —¿Cómo era? Ah, ya: ¡Peliroja, deja de menear las caderas que con ese culo vas llamando a todas las puertas!
Carol ríe sarcástica y la mira con odio. Nunca le gustaron esos 'piropos' y ella lo sabe.
—Oh mira, la casa de tu ex ¿Crees que seguirá viviendo aquí?
Andrea abre mucho los ojos cuando la ve acercarse a la puerta.
—¡No, Carol, ni se te ocurra!
Intenta agarrarla pero ella es más rápida.
Llama al timbre y echa a correr riendo traviesa como una niña pequeña. Así se lo pensará dos veces antes de burlarse de ella.
—¡Esta me las pagas, culo gordo! —grita Andrea enfadada.
—¿Andrea?
—Sha... Shane, hola...—saluda sin saber muy bien qué decir a ese hombre por el que ya no siente nada pero que sabe que sigue enamorado de ella.
Daryl ríe al ver la torpeza con la que Andrea se intenta deshacer de ese exnovio. Le encanta la relación de hermanas que tienen Carol y ella.
Mira a Merle que ha reducido el ritmo sólo por alargar esa situación incómoda que está teniendo su mujer. Sin duda está disfrutando con ello el muy capullo.
Mira hacia Carol, prácticamente ya se ha recorrido toda la calle y se encuentra junto al lago esperando a los demás sentada sobre su maleta.
Está preciosa.
Aún no sabe como hablar con ella. La ha saludado con la mano y ella le ha devuelto el saludo, supone que eso es un primer paso, pero aún no puede evitar sentirse nervioso: ¿Debe hablar de lo que pasó el sábado? ¿Ella querrá hablarlo? ¿Se acordará? Supone que sí y por eso ha estado tan esquiva como él estos últimos días, y posiblemente tenga las mismas dudas.
Suspira.
No sabe qué hacer, pero sí está seguro de que no quiere pasar toda la semana sin hablarle.

Carol empieza a impacientarse.
—Un poco más lentos e irían hacia atrás —murmura para sí.
El único que ha podido seguir su ritmo ha sido Sauron que ahora descansa sentado a su lado y disfrutando de las caricias.
Sonríe al ver a Andrea despedirse de Shane y mirar hacia ella llamándola loca a base de gestos. Es lo que se merece por burlarse de ella, aunque como a Andrea le de por vengarse tiene las de perder, ya que ella tiene muchos más exnovios y ligues en ese pueblo que ella.
Entre eso y que compraba los preservativos y test de embarazo para prácticamente todas sus amigas, ya que a ellas le daban vergüenza, se ha ganado una fama de putón que ni metiéndose a a monja se librará de ella.
Mira a Daryl, el cual carga con su equipaje y el de su pareja ya que Janet tiene ambas manos ocupadas en su teléfono móvil.
Sus músculos de los brazos están en tensión pero él parece no notarlo, lo que hace que un placentero calor suba por su vientre y su mente se llene de recuerdos que debe olvidar.
Quiere hablar con él pero no sabe cómo hacerlo: ¿Debe ignorar lo que pasó el sábado o mejor hablarlo? ¿Qué recordará él? ¿Recordará que le dijo que sabía que estaba tocando su culo y no el de su mujer? ¿Recordará que hablaron de sexo? ¿Recordará que estuvieron a punto de hacerlo? ¿Recordará el beso?
Se pellizca el puente de la nariz con frustración. Nada de eso habría pasado si ella pensase con la cabeza y no con las hormonas.
—Necesito sexo —suspira mirando a Tobin que carga con dificultad con una maleta ayudándose de ambas manos.


20 minutos, lleva 20 minutos en esa casa y su hermano ya lo tiene moviendo muebles.
La casa es grande, pero hay que reorganizar las habitaciones para las tres parejas y los niños: Andrea y Merle se quedarán en la habitación de matrimonio, Carol y Tobin en la que era de Andrea y Amy, los niños se quedarán en el sofá-cama del salón y como Janet sólo estará un par de días Daryl y ella se quedarán en la habitación más pequeña que resulta que es la de Carol.
—A ver, cuidado —avisa Merle a su paso.
Él y Daryl van cargando con un colchón de matrimonio por el pasillo.
Tobin dice haberse lastimado con la maleta por lo que se ha librado; Janet está ocupada contestando a un e-mail de carácter urgente; Andrea está deshaciendo las maletas de su familia, Carol ha sido secuestrada por los niños y está en medio del salón con unas gafas de realidad virtual que la han sumergido en un apocalipsis zombie.
—¿En serio me tengo que cubrir con las tripas de esto? Qué asco.
—Sí, es para poder camuflarte entre ellos —explica Matthew.
Daryl sonríe ante la cara de asco que pone al tener que untarse esas tripas inexistentes. Que hermosa es.
—¡Mira por donde vas, Darlyna —se queja Merle.
Llevan el colchón hasta la habitación que será la suya y que era de Carol ¿Huele a ella o son sólo imaginaciones suyas?
—Vamos hermanito, nos hemos ganado una cerveza.
Daryl sigue a Merle hasta el salón donde Carol continúa haciendo movimientos extraños. No tiene ganas de alcohol. Después de lo que pasó la última noche que bebió lo último que desea es que se repita delante de Janet.
—Vale, ya utilicé el cohete pirotécnico para volar el depósito ¿Ahora qué?
—Tienes que caminar entre los muertos.
—¿En serio? Joder, vamos allá —toma aire con una preocupación exagerada. Sabe que nada es real, que está en medio del salón, pero mira a su izquierda, su derecha, adelante, atrás y sólo puede ver cadáveres putrefactos que la miran con cierto recelo. Parece tan real todo...
—No me comáis, no me comáis —murmura.
Merle la mira divertido. Da un sorbo a su cerveza, le entrega el botellín a su hermano y le hace gestos para que guarde silencio.
Daryl no entiende que ocurre, hasta que ve como acecha a Carol. Intenta detenerlo, pero...
—¡Gggrrr! —gruñe Merle al tiempo que pellizca la cintura de Carol.
—¡AH! —grita ella lanzando un derechazo que va a impactar a un rostro —.Me cago en tus muertos, Merle —gruñe quitándose las gafas, pero para su horror no ha sido el pómulo de ese idiota con el que ha impactado su puño.
—Auch —se queja Daryl cuyas lágrimas inundan sus ojos del dolor que acaba de sentir.
Escucha a su hermano reírse aunque al momento se calla y lo insulta por haber tirado las cervezas.
Carol desea que la tierra se la trague.
—¡Ay dios, Daryl! Yo..., lo siento, yo no... —lo toma del brazo y lo arrastra hasta la cocina —siéntate aquí, deja que vea.
Daryl siente las manos de Carol sobre su rostro acariciando la zona afectada. Es un tacto tan placentero que el dolor que siente ha ido a parar a sus pantalones. No, ahora no.
—¿Dónde está el hielo? Yo... Lo siento, es que... ¡Tu hermano es imbécil!
Daryl sonríe.
—En eso estamos de acuerdo.
Se siente mal por ella, y eso que el agredido es él. La ve tan preocupada rebuscando en ese congelador. Agachada, con ese culo que... ¡No, Daryl, no!
—Los guisantes tendrán que servir.
Los coloca cuidadosamente sobre la mejilla de Daryl y reza para que mañana no amanezca con un ojo morado.
—¿Mejor?
Daryl levanta la vista para encontrarse con los ojos de ella. Se supone que debe sentir frío, pero lo único que siente es calor, mucho calor.
Sus rostros están tan cerca... Ella está inclinada sobre él, con la mano apoyada sobre su muslo, demasiado cerca de su entrepierna y duda que sea consciente de ello.
Ambos abren mucho los ojos a la vez. Él porque siente como su miembro se abre camino por ese pantalón de chándal que lleva puesto, y ella porque ha notado como algo duro acaba de elevarse rozando su mano.
Daryl se levanta de un salto de la silla.
—¡E... Estoy mejor, gracias! —exclama, y huye de allí avergonzado.
Carol se queda ahí plantada sintiendo como su cuerpo arde de excitación.
Se muerde el labio y lleva la bolsa de guisantes a su pecho intentando apagar ese fuego.
Ese hombre va a matarla. Ojalá a Tobin se le levantara con tanta facilidad.

Daryl entra al baño y mira su miembro.
—No, joder no ¿Por qué me haces esto? —gruñe.
No podía haber elegido peor momento para vestir unos pantalones de chándal.
Ella lo ha notado. Dios...
Tuvo una erección mientras corrían, agarró su trasero, la besó... Debe de pensar que es un puto pervertido y él empieza a a plantearse que realmente lo sea.


Almuerzo ligero en casa y paseo por el zoológico. Ese ha sido el plan de Andrea para disgusto de los niños que querían ir a bañarse al lago.
Daryl camina junto a Janet que como siempre va pegada a su teléfono. Ni cuenta se ha dado del golpe en su mejilla. Mejor así, supone.
Mira a Carol haciéndose selfies con los niños, sonriendo y bromeando como una niña más. Le encanta ver lo bien que se lleva con ellos, como pasa de hablar de hadas y Batman con Lilly a videojuegos y películas de terror con Matthew y Sam.
Tobin camina a paso lento leyendo el folleto del zoológico sin prestar atención a la hermosa mujer que supone que ama.
No sabe qué hacen juntos, no hacen buena pareja.
—¡Ey Darlina, tu amigo Rick le hizo un bombo a Michonne! —anuncia Merle con la delicadeza que le caracteriza, agitando su teléfono.
—¿Qué? —Daryl saca su teléfono y mira la conversación del grupo de Whatsapp. Rick ha compartido una imagen en la que aparece junto a Michonne sujetando un predictor positivo.
Sonríe mientras les escribe una felicitación. No puede evitar sentir cierta envidia y desesperación, y más aún cuando sabe que cada vez que un compañero anuncia un embarazo siempre le sueltan la frase de '¿Y tú para cuando?'
Eso le gustaría saber a él.

Carol posa para el enésimo selfie que se hace con Lilly y sus hermanos.
Le viene bien despejar su mente y olvidar el incidente de la cocina. Sólo puede pensar en sexo desde entonces. Aunque ver animales apareándose tampoco ayuda.
Hace tiempo que no visita ese lugar, no desde que corto su relación con...
—¿Carol? —dice una voz a sus espaldas.
Carol asesina a Andrea con la mirada, sabía que ese repentino plan de ir al zoo era sospechoso. Se está vengando por lo de Shane.

Pone su más falsa sonrisa, gira sobre sus talones y...
—¡Ezekiel!—saluda animada y lo abraza —¡Qué de tiempo!
Él la mira de arriba abajo, sigue tan guapa como el día que la conoció.
—Sí, bastante tiempo, desde que saliste corriendo cuando te pedí matrimonio en el partido de béisbol.
Carol lo mira con una estúpida sonrisa congelada en su rostro sin saber qué decir y se hace un incómodo silencio que no sabe como romperlo.
—Ya... —chasquea la lengua —.Bueno... ¿Y qué es de tu vida? —pregunta en un desesperado intento por cambiar de conversación.
—Nada, sigo con mis animales, ya sabes ¿Y tú? No sabía que habías vuelto, te veo bien.
—Uhm no, no he vuelto, sólo estoy pasando unos días de vacaciones con estos idiotas —señala a Merle y Andrea —, y mi pareja —añade, por si se le ocurre intentar desenterrar lo que una vez hubo entre ellos.
—Ah, sí claro, tu pareja... —murmura mirando hacia donde ella señaló con anterioridad. Supone que es el hombre de cabello largo, hombros anchos y tatuajes. Sí, ese siempre fue su estilo. —.Bueno, pues me alegro de verte, Carol. Tengo que irme, Shiva tiene hambre —se despide con otro abrazo.
Carol se encamina hacia Andrea mientras lo observa marchar.
—Ay, que pena —suspira negando con la cabeza —,sigue teniendo ese culito de melocotón que tanto me gustaba —dice con pesar y mordiéndose el labio mientras esas atractivas posaderas se alejan de ella poco a poco hasta no ser más que una mancha borrosa en la lejanía. Es un tío atractivo, pero muy cargante.
—Empiezo a pensar que sólo saliste con él por su culo—dice Andrea.
—Nah, que va —Desmiente —, fue por ese pedazo de pollón que...
—¡Carol! —la detiene Andrea y señala con la cabeza hacia Lilly.
Carol entiende el gesto y se acerca para susurrarle al oído.
—Te lo juro, era igual de grande que mi brazo —señala desde su codo a su muñeca.
—Joder, vaya con Ezekiel... ¿entonces te habrás alegrado de este encuentro casual.
—Ya, casual... ¡Y YO A TI TE MATO! —da un empujón a Andrea que se echa a reír.
—Te lo debía por lo de Shane.

Daryl mira su propio trasero reflejado en el escaparate de la tienda de souvenirs. Debería hacer más ejercicios de glúteo para así tenerlos como los de ese tío por el que Carol está suspirando. Quizás podría preguntarle a ella que tabla de ejercicios realiza. Así al menos ya tendría algo de lo que hablar. O... o mejor no, puede que de esa forma traiga a su mente lo que pasó esa noche, en como le confesó que realmente es su culo el que le gusta y... y que se besaron.
—¿Daryl? —llama Janet al verlo ahí parado —.Vamos, cuanto más rápido vayamos antes saldremos de este asqueroso recinto.

—¡Hada, ven corre! ¡Mira un pollón de los que te gusta! —grita Lilly señalando hacia el recinto de las avestruces —. ¡Y estos son más grandes que tu brazo!
Andrea se lleva la mano al rostro ¡Las ha oído hablar!
Carol se echa a reír. Ama la inocencia de los niños.


La noche llega antes de lo que esperaban.
Janet está en su habitación escribiendo algo en su portátil, Tobin ya duerme, los niños juegan a la consola y Andrea, Merle, Carol y Daryl se disponen a ver fotos familiares antiguas.
—No me puedo creer que no queráis beber nada. Mejor para mí —dice Merle.
Se sienta en una silla junto a Andrea y mira la foto que tiene en la mano en la que aparecen él, Carol y Andrea en algún tipo de fiesta.
—Vaya... Qué viejos estamos, y tú siempre estorbando, pelirroja —bromea.
—Tú eras el que estorbaba, Merle —murmura sin molestarse en mirarle. Está atenta a cada foto que va encontrando en esa vieja caja de metal. Hay tantos recuerdos ahí: Fotografías de cuando eran niñas y pasaban los veranos en esa casa, de adolescentes con sus primeros novios, de jóvenes, paseando, de fiesta, bañándose en el lago, estudiando, dormidas... y alguna foto de ella embarazada que finge no ver. Por suerte ese idiota adorable de Merle se da cuenta de ello y las aparta de su vista.
Daryl mira las fotos, no sabe muy bien qué pinta ahí, ya que él no sale en ninguna, pero le gusta verlas. Es increíble la de años que hace que Merle conoce a Carol, la de fotos que tienen juntos, y él ignorando su existencia. Bueno, sí sabía que existía, pero jamás pensó que sería la mujer perfecta para él, siempre creyó que Merle quería encasquetarle a la 'amiga fea' para reírse de él, y además tenía la absurda idea de que se encontraría con el amor de su vida por sorpresa, que nadie se lo elegiría, y así fue, pero podría haber aparecido veinte años antes si hubiese escuchado a su hermano.
Sacude la cabeza y centra su atención en las fotos. Carol era una muñeca de niña, con su cabello pelirrojo y esos enormes ojos seguro que llamaba la atención allá donde iba. Habrían tenido unos hijos tan guapos... ¡No, olvídate de eso! Intenta centrarse, pero verla de adolescente, de joven compartiendo ratos con su hermano y Andrea lo único que le hace pensar es en todo lo que se ha perdido, y más cuando la ve abrazada a algún ex. Ese podía haber sido él.
Abre mucho los ojos cuando se percata de algo en una fotografía.
—E... este soy yo —tartamudea.
Merle bufa.
—Esa es la pelirroja en la playa.
—No, imbécil, el que está detrás de espalda, al fondo.
Carol mira donde apunta su dedo. Entre toda la multitud de gente se ve una cabeza y parte de una espalda en la que se distingue un tatuaje como el que tiene él.
—Eso es en California, en un...
—Campeonato de surf —termina Daryl la frase.
Ambos se miran a los ojos pensando exactamente lo mismo ¡Han coincidido! Han coincidido esa vez y puede que no sea la única ¿Por qué narices no se conocieron? Si uno de los dos se hubiese girado, si se hubiesen cruzado... pero no... estuvieron dos días viendo un campeonato de surf ignorando la existencia del otro.
—Oye pelirroja —interrumpe Merle acabando con el silencio que se ha hecho entre ellos —¿No había fotos tuyas en topless?
Carol dibuja una mueca.
—No listo, están todas en mi habitación ¡Y deja de llamarme pelirroja, pesado!
Daryl sostiene una nueva foto en la mano pero no la está mirando. Su mente está en otro lado: en su habitación, la cual es la de Carol ¡Hay fotos íntimas de ella! No, Daryl no, no está bien, no debes hacer eso, además ¿Para qué quiere verle las tetas? Puf, pues porque le gustan, pero no, no va a buscar esas fotos, y si por casualidad las encuentra no las mirará.
—Ala ¿Esa eres tú, mamá? —pregunta Matthew que ha entrado a la cocina a por algo de beber.
—Sí ¿A qué estaba guapa tu madre? —pregunta orgullosa de esa foto en la que tenía veinte años y vestía unos shorts y top que dejaba al descubierto su vientre plano.
—Sí, pero ahora parece que te has comido a la de la foto —se burla, y echa a correr esquivando la manzana de atrezzo que le lanza su madre.
—¡Por vuestra culpa! —grita.
Merle ríe.
—No le hagas caso, a mí me gustas así, jamona —intenta animarla.
Andrea ríe sarcástica.
—Yo puedo perder los kilos que me sobran, pero tú tu melena rizada nunca la recuperarás —devuelve ella mostrando una fotografía de él de joven luciendo un pelazo rubio y rizado.
—Que asco, como pasan los años...
Daryl se ríe.
—Creo que tengo en mi habitación una fotografía de Darlina con un solo huevo, voy a por ella.
Daryl echa a correr tras Merle.
—¡No, Merle no, esa foto no!
Carol ríe.
—Creo que he visto esa foto ¿No? —recuerda como Merle mostraba la fotografía de ese bebé desnudo y le decía 'Sal con él, aunque mi hermano tenga un sólo huevo funciona bien en la cama' Quizás si en lugar de mostrarle esa foto le hubiese enseñado una reciente...

Daryl entra en su habitación, cierra la puerta y se apoya en ella agotado. Le ha costado la misma vida arrebatarle la foto a su hermano. Ni de coña deja que le muestre a Carol esos genitales extraños que por suerte ya lucen normales.
Mira a su alrededor, en esa habitación dormía Carol, se imagina la de ligues que habrá metido ahí, la de veces que durmió desnuda en esa cama, que hizo el amor, que se masturbó... ¡No, deja de pensar en eso! ¿Qué coño le pasa? Tiene una mujer preciosa durmiendo ahí mismo y él pensando en otra.
Se sienta en la cama, abre la mesita de noche para guardar su teléfono y ¡Las fotos!
De repente ha comenzado a sudar. En el cajón hay un sobre medio abierto que contiene unas fotografías y que seguramente serán esas fotos de las que Merle hablaba.
—No, esto no está bien —susurra y cierra el cajón.
Se tumba en la cama, apaga la luz de la mesita, cierra los ojos, los abre, enciende la luz, se sienta en la cama y vuelve a abrir el cajón despacio, sacudiéndolo de lado a lado a ver si accidentalmente alguna fotografía sale del sobre.
Mierda, no ha habido suerte.
Una voz le dice que mire las fotos y otra que se detenga. Como en esos dibujos animados en los que un ángel y un demonio aparecen apoyados en el hombro del personaje.
¿Y si sólo mira una? Una y no más y así... ¡NO! No debe mirarlas, a Carol no le gustaría eso, pero... ¿Y si nunca se entera? Nadie lo sabrá, sólo él, lo único que hará será mirarla y... ¡Estás casado! No, no debe hacer eso, es como poner los cuernos, aunque... Es sólo topless ¿Se considera cuernos eso? Entonces le ha puesto los cuernos mil veces viendo Game of Thrones, y no olvidar que si Carol ha hecho topless es porque le da igual que la gente le vea las tetas.
—Vale, sólo una —se acaba auto-convenciendo.
Agarra la esquina de la primera de todas y tira despacio de ella para sacarla del sobre.
Mira a Janet, sigue dormida.
Saca finalmente la fotografía, le da la vuelta y... Es una foto velada ¿Será una señal? ¿El universo intenta decirle que pare? ¿Ese mismo universo que ha hecho que tarde veinte años en conocer a Carol?
—Esa no vale —murmura.
Repite el proceso, saca otra, le da la vuelta y...
—Joder —gime al tiempo que su miembro da espasmos liberando su esperma.
Abre mucho los ojos ¿Se ha corrido? ¿Se acaba de correr viendo una simple foto? y lo peor es que en la foto no sale nada. Es ella con unos treinta años, en la playa, tapándose los pechos con las manos y mordiéndose el labio seductora.
¿Así que eso es lo que aguantaría si alguna vez tuviese sexo con ella? ¿Una milésima de segundo? ¡Pues vaya bochorno!
Guarda la foto en el cajón y mira su entrepierna avergonzado. Tendrá que limpiar ese desastre.
Mira a Janet, plácidamente dormida, ajena al problema que tiene su marido en sus pantalones. Ahora se siente culpable, y preocupado. Le costó mantener la erección cuando hizo el amor con su pareja, tuvo que pensar en Carol para ello, en cambio, es ver una foto sugerente de dicha mujer y correrse al instante.
Se odia a sí mismo.


Carol camina por el pasillo enfadada. Se ha vestido con su mejor conjunto de lencería y la única respuesta que ha obtenido de su marido ha sido 'Tengo sueño' ¿En serio? ¿Ni vestida para matar consigue animar la cosa? Está claro que se está haciendo vieja.
Enciende la luz de la cocina.
—¡Joder, Andrea! —grita sobresaltada al ver a su amiga sentada en la oscuridad —¿Qué haces comiendo pepinillos? ¿Estás embarazada o qué?
Andrea traga antes de hablar.
—¿Y tú que coño haces en bragas? ¿Pretendes seducirme o qué?
Carol se mira.
—Mierda, había olvidado que sigo en ropa interior, sólo he venido a por un vaso de agua.
Andrea mira esa lencería que deja poco a la imaginación.
—Que conjunto más sexy ¿Has tenido una noche loca de sexo, o qué?
Carol bufa.
—Ojalá. Voy a tener un cartel luminoso con unas flechas que señalen directamente a mi entrepierna y que diga 'FÓLLAME' a ver si así Tobin me hace caso, aunque empiezo a pensar que ya no tengo edad para resultar atractiva.
Andrea pone los ojos en blanco. Ya le gustaría ella tener ese vientre plano que ella luce.
—No digas tonterías, mis hijos y los ancianos del parque te miran el culo.
Carol da un sorbo a su vaso de agua antes de responder a esa gilipollez.
—Oh, qué bien, así que mis opciones son: Adolescentes de hormonas revolucionadas y viejos devora viagras. Lo primero es delito y lo segundo casi necrofilia.
Andrea se echa a reír y vuelve a mirar a su amiga de arriba a abajo.
—¿En serio Tobin no te hace caso? ¡Por dios, si me entran ganas de follarte hasta a mí! —ríe. Tobin es imbécil.
—Si te digo que he estado a punto de montármelo yo sola en el baño —confiesa —y creo que es lo que acabaré haciendo esta noche para que se me pase el calentón.
Andrea suelta lo que estaba comiendo.
—Vale, esa imagen no era necesaria.
—Ya, supongo... Bueno, me voy ya, no vaya a ser que tus hijos se despierten y me vean así vestida, buenas noches.
Camina por el pasillo a oscuras y sonriendo al recordar la frase de Andrea.
—Adolescentes y viejos dice la muy hija de pu...
La puerta de una habitación se abre y una figura masculina emerge del interior.
—¡Daryl! —grita Carol que hace todo lo posible por cubrir su desnudez antes de salir corriendo.
Daryl se congela y su miembro arde en cuanto la ve. Ha sido un par de segundos, lo suficiente como para percatarse de que está semidesnuda y ver los piercings de sus pezones a través de su sujetador.
Dios... en que mal momento decidió ir al baño a limpiar esa mancha del pantalón. Bueno, al menos no se ha vuelto a correr.
—¿Daryl? —se despierta Janet. Le ha parecido oír un grito, pero debe haber sido un sueño —¿Estás bien? —pregunta al verlo parado en el umbral de la puerta de espaldas a ella.
Daryl gira el rostro hacia su mujer y Janet se alarma.
—¡Ay dios, estás sangrando!
—¿Qué? —pregunta sin comprender nada. Lo que hay en sus pantalones es semen, pero entonces siente algo caliente salir de su nariz.
Genial, empalmado y sangrando por la nariz por ver unos pezones por dos segundos. Por dios, se está convirtiendo en un adolescente ¿Qué le ha hecho esa mujer?
—Vo... voy al baño a limpiarme —se escabulle. Necesita limpiar la sangre, cambiarse de pantalones y poner remedio a esa erección, algo que no será muy complicado.
Carol se vuelve a meter en la cama.
—Mierda... —susurra.
Daryl la ha visto y se le ha levantado. Oh sí, lo ha visto claramente. Sonríe.
—Carol —murmura Tobin —. ¿Estás enfadada?
Carol piensa un instante. Estaba enfadada cuando salió de su habitación, pero ahora sólo puede pensar en lo que esconde ese adonis en sus pantalones. Menuda suerte tiene Janet.
—Pues claro que lo estoy, me pongo sexy para ti y no me haces ni puto caso, parece que ya no te gusto —gruñe.
—Sí me gustas, es que me estoy reservando para mañana.
—¿Para mañana? ¿Por qué? ¿Es cuando se alinean los planetas y al fin se te levanta?
—Es nuestro aniversario, tontorrona —le recuerda a ese despiste de mujer.
Carol se maldice por su mala cabeza ¡Es su aniversario! ese hombre está guardando su deseo para dárselo mañana por la noche. Y ella enfadada... dios, si es que es idiota.


Janet despierta temprano, es imposible dormir en esa cama de muelles. Echa de menos su viscoelástico, su cobertura, su wifi y su casa en general.
Entra a la cocina en busca de algo que desayunar.
—Buenos días —saluda Carol.
—Vaya, no te hacía por una persona madrugadora —comenta con cierto desagrado en su voz.
Carol sonríe amigable.
—Ya ves, hay que aprovechar el día. He hecho tortitas ¿Quieres?
Janet mira el plato que le muestra y hace una mueca de asco.
—¿Hidratos de carbono y grasas? no gracias, y tú tampoco deberías, ya tienes una edad.
Carol se muerde la lengua. Ya está otra vez metiéndose con su edad.
Toma aire y sonríe.
—Es el mejor momento para tomarlos, tienes todo el día para quemarlo —comenta, pero Janet la ignora conscientemente centrando su atención en su teléfono —. Aunque claro, si vas a estar todo el día sentada con el móvil poco vas a quemar —dispara.
Janet la mira con odio ¿Cómo se atreve?
—Tengo 32 años, no necesito tanto ejercicio para quemar calorías
—Ya, pero llegarás a mi edad —ataca de nuevo.
Ambas mujeres se miran fijamente como dos pistoleros a punto de batirse en duelo.
—¡Hada! ¡Buenos días! —saluda Lilly interrumpiendo ese tiroteo.
—¡Hola, Carol! —Saludan Matthew y Sam.
Carol no puede evitar sonreír. Los tres han ignorado a Janet.
—Buenos días ¿Habéis dormido bien? ¡He hecho tortitas!
—¡Genial! —Dicen al unísono.
Observa orgullosa como los niños se sientan a la mesa y comienzan a devorar las tortitas que ella con tanto amor ha hecho.
—¡Mira tíaJanet, voy a morir de diablitos! —se burla Lilly recordando lo que una vez le dijo.
Vierte el sirope directamente en su boca para molestar a su tía.
—Diabetes, y no seas maleducada —se incomoda ella.
Lilly mira con los mofletes inflados a Carol que no puede evitar reírse.
—¡Desayunad bien, que ahora nos vamos al lago! —les grita al tiempo que se dirige a la puerta de la cocina para ir a su habitación y ponerse el traje de baño.
—Auch —se queja al chocarse con un torso que sabe muy bien de quién es. Como para olvidarlo.
Daryl se tensa como de costumbre al sentirla tan cerca, y más cuando viste esa camiseta suya. Seguro que lleva debajo ese conjunto sexy de ayer. Dios...
—He... he... perdido la... la cuenta de las veces que nos hemos chocado —intenta bromear, pero sus nervios hacen que sea un desastre. Echa de menos estar borracho, así habla mejor con ella.
Carol ríe como una quinceañera, sintiéndose estúpida al momento.
—Sí... Yo... he... he hecho tortitas. Es... espero que te dejen alguna —informa señalando a los niños.
Se siente nerviosa al estar frente a a él, y más tras recordar esas dos erecciones que ha tenido en un mismo día delante de ella y que tanto la calientan.
Daryl muere ante su sonrisa tímida, intenta pronunciar un 'gracias' pero las palabras no le salen.
La observa desaparecer por el pasillo y se queda unos eternos segundos mirando a la nada mientras su mente fantasea con correr tras ella y encerrarse juntos en esa habitación ¡Deja de pensar en eso, cerdo infiel!
Entra en la cocina.
—Hola, mi amor, ¿Qué tal has dormido? —besa a Janet que musita algo apenas inteligible.
Se sienta a la mesa y extiende la mano para tomar una tortita.
—¿En serio vas a desayunar eso? —pregunta Janet molesta.
—Tengo todo el día para quemarlo, además las ha hecho Carol, no voy a hacerle el feo ¿Quieres? —ofrece sonriente, pero Janet dibuja una mueca de asco y su sonrisa se borra —Vamos a ir al lago ¿Te vienes, no?
Janet vuelve a hacer esa desagradable mueca.
—No voy a arriesgarme a que me muerda una sanguijuela.
Daryl pone los ojos en blancos.
—No hay sangui... Mira, como quieras, yo me voy a bañar —dice molesto.
No entiende para qué ha ido, siente que estorba, su presencia no le deja fantasear tranquilo. Aunque por otro lado... Mejor así, sino se habría pasado la noche mirando esas fotos.
Desayuna en silencio bromeando de vez en cuando con sus sobrinos y disfrutando de esas deliciosas tortitas.


Carol se dirige al salón en busca de Andrea después de haberse puesto el bikini.
—¿Qué haces? —pregunta al verla sentada en el suelo mientras el móvil reproduce música zen.
—Yoga, me lo ha recomendado Sasha, me ayuda a relajarme y aliviar tensiones.
Carol arquea una ceja.
—Yo para eso prefiero masturbarme.
Andrea suspira.
—Sí, yo también —acaba dándole la razón.
Levanta la vista para mirar a su amiga y se sorprende de la expresión de su rostro.
—¿Y esa sonrisa tan de mañana? ¿Has follado? ¡Con Tobin, espero!
Carol suspira exasperada.
—No, no he follado con nadie, pero esta noche sí, es nuestro aniversario y Tobin se estaba reservando para este día.
Andrea sonríe.
—Vaya... ¿Tendré que dormir con tapones esta noche? Recuerda que hay niños en casa.
—Lo sé, tranquila.
—¿Y cómo lo haréis? —pregunta interesada.
Carol mira hacia arriba pensativa.
—No lo sé, por un lado quiero que me empotre contra la pared, me arranque la ropa, y me embista duro y por otro quiero hacerlo lento, suave, con caricias, besos, preliminares y todo eso.
Andrea rompe a reír.
—Yo lo que quiero es que te des una ducha de agua fría ¡Me refiero a cómo vais a hacer para que no suenen los muelles de la cama! Ya sabes lo ruidosos que son.
Carol se congela un instante y finalmente se ve contagiada por la risa de Andrea.
Daryl aguarda en silencia tras la puerta, se dirigía al salón, pero se quedó paralizado tras oír a Carol hablar de masturbarse.
Se siente mal, siente una punzada en el pecho que no sabe como aliviar. Esta noche ella hará el amor con el simplón de Bobin y él lo envidia con todas sus fuerzas, desea ser él quien le haga el amor, lento o salvaje, como ella desee, pero no podrá dormir tranquilo sabiendo que en la habitación del al lado hay un hombre sobre ella adorando su cuerpo desnudo.
Sacude la cabeza ¿Qué más le da? Lo que él debería hacer es aprovechar para hacer el amor con su mujer y dejarse de tontería. Olvidarse de ella, del beso y de querer recordar lo que sintió.


Carol toma aire una vez que llega al muelle desde el cual de pequeña saltaba al lago o pescaba con Andrea durante largas horas.
Tantos recuerdos...
—¡Ay dios, que es eso! —grita llamando la atención de los niños que corren a su lado.
—¿Qué es? —pregunta Sam.
—Yo no veo nada —añade Matthew.
—¿En serio no veis nada? Está justo ahí, mirad son... son... ¡Dos perdedores empapados! —grita cuando los empuja y ríe a carcajadas.
Merle bufa.
—¿Pero cómo habéis podido caer en ese truco tan viejo? —pregunta acercándose lentamente a Carol haciendo el ademán de empujarla al lago, aunque ella lo esquiva, pero lo que no sabe es que pretendía entretenerla para desviar su atención y que no prestase atención a Lilly que corre con todas sus fuerzas y empuja a Carol cayendo ella detrás.
—¡Chúpate esa, pelirroja, de mi familia no se ríe nadie!

Andrea ríe viendo la escena desde el porche de la casa. Echaba de menos escuchar las risas y chapoteos en el lago en el que pasó su infancia.
—Carol se lleva bien con los niños —comenta Daryl apoyándose en la barandilla junto a su cuñada.
—Carol se lleva bien con todo el mundo —corrige ella.
Daryl asiente dándole la razón.
Mira hacia el lago. Ve a Carol ahí, rodeada de sus sobrinos, jugando con ellos a ver quien aguanta más la respiración bajo el agua, haciendo trampas, sacando la cabeza para respirar y volver a sumergirse, burlándose de ellos, montando a Lilly sobre sus hombros para que salte... Se tensa cuando ella sale del agua con elegancia con ese bikini deportivo que... que le recuerda que esta noche otro hombre tendrá la suerte de ver lo que hay bajo él.
Dios, debe de dejar de pensar en eso.
Andrea observa a Daryl que mira al horizonte con gesto serio, atento a Carol, inmerso en sus pensamientos, que ella intuye cuales son.
—Intenté presentártela —le recuerda.
Le da una palmada y lo deja allí montándose su propia película de familia feliz.
—Lo sé... —susurra Daryl cuando ella ya no puede oírle —Fui un imbécil. Toma aire y se dirige al muelle donde está Carol sentada con los pies sumergidos en el agua. No entiende de dónde ha sacado el valor para acercarse a ella, pero ahí está.
—Hola —la saluda, a lo que ella responde con una de sus dulces sonrisas —Las... las tortitas estaban deliciosas —se atreve a decir.
Odia y ama que le sonría así. Siempre le hace tartamudea como un idiota
—Gracias —dice ella tímida.
Mira de soslayo a ese hombre sin camisa que se sienta a su lado.
Debe guardarse el gemido que casi escapa de sus labios. Se muere por ser abrazada por esos musculosos brazos, que sus manos acaricien si cuerpo y... ¡Y nada! ¡Amas a Tobin!
—¿Janet no viene a bañarse? —pregunta para romper ese silencio cargado de tensión sexual, o eso le parece a ella.
—No, no quiere que se le enganche una sanguijuela, ya le he dicho que no hay, pero... —se encoge de hombros —. ¿Y Tobin?
—Nah, no le va estar bajo el sol —dice con desinterés. Ya está acostumbrada a la personalidad aburrida de ese hombre.
Se apoya sobre sus brazos y mira hacia arriba para sentir los rayos del sol sobre su rostro intentando relajarse y olvidarse de que tiene a ese Adonis a su lado vistiendo unas simples calzonetas, ¿Será consciente de lo que provoca en ella? Espera que una vez que tenga sexo se le pase ese interés que tiene en él, porque masturbarse no le ayuda a nada.
Daryl la mira disimuladamente. Cuando se estira, su bikini deja al descubierto partes de esos tatuajes que están escondidos para el resto del mundo y que su pareja tiene el privilegio de ver.
—¿Qui... quieres salir a correr esta noche? —pregunta queriendo alejarla de Bobin o al menos cansarla para que no tenga fuerzas para sexo.
Carol lo mira, el sol está sobre él, lo que le da un aspecto de dios griego que por alguna razón le pone muchísimo. ¡Céntrate!
—Me encantaría, pero tengo planes hoy con Tobin, es nuestro aniversario —rechaza. Lo mejor es que se quite el calentón que tiene encima antes de acercarse a él —. ¿Mañana?
Daryl asiente con pesar.
—Mañana —repite.
Mira hacia donde se encuentran sus sobrinos y finge estar pendiente de ellos, aunque su mente en lo único que piensa es en un plan para joder ese polvo.
Una sombra negra pasa entre ellos y se lanza al lago salpicando con fuerza.
—¡Sauron! —se quejan ambos entre risas.
Al animal le encanta el agua, y nada feliz alrededor de los niños como un tiburón que acecha a su presa.
—¡A comer! —grita la voz de Andrea, pero nadie hace caso, excepto Sauron que sale del con las mismas prisas con la que entró —. ¡Daryl Dixon, Matthew Alexander Dixon, Samuel Thomas Dixon, Lilly Anne Dixon, Caroline Suzanne Peletier, moved el culo hasta aquí!
—¡No me llames así! —gritan Carol, Matthew, Sam, y Lilly a la vez.
Daryl mira a Carol, está de lo más adorable con ese ceño fruncido dirigido a Andrea, por lo que se se anima a burlarse.
—Así que te llamas Suzanne...
—¡Ay cállate! —finge molestarse y lo empuja haciéndole caer al agua.
Se ríe. Espera a que salga pero no hay señales de vida. Resopla ¿Acaso se cree que es idiota?
—¿En serio, Daryl? Sal ya, no pienso picar en ese truco tan vie¡NO! —grita cuando una mano agarra su pierna y tira de ella hacia abajo.
Se sumerge en el agua unos segundos y sale al momento.
—Mierda, ya me había secado —se queja para diversión de Daryl —No ha tenido gracia, Daryl Dixon.
—Perdona Caroline Suzanne Peletier —se burla, a lo que Carol le salpica con fuerza y él se lo devuelve, por lo que al momento aquello se transforma en una guerra en la que sólo se puede ver agua salpicando y unas risas eclipsan el sonido del chapoteo.
Poco a poco las risas van bajando su intensidad, las aguas se calman y al fin pueden verse.
Se miran sonrientes, y un escalofrío recorre el cuerpo de ambos. Esas eran las risas que compartían aquella noche bajo la luz de la luna.
Guardan silencio, ambos quieren hablar pero no saben qué decir, o como decirlo.
Las gotas de agua resbalan por sus rostros, el sol les quema, y la tensión entre ellos es tan densa que podrían verse arrastrados al fondo del lago por ella.
Están muy cerca pero ninguno dice nada, no hacen ningún movimiento, sólo se miran, sonríen y respiran pesadamente con sus narices rozándose.
—Ahora es cuando os besáis —dice Lilly que se acerca nadando a ellos.
—¿Qué? no, nosotros, no estamos, eso no... —tartamudean los dos que se remueven inquietos en el agua como si se hubiesen olvidado de nadar.
—Pues en las películas es lo que ocurre —se encoge de hombros.
Se aleja de ellos sonriente, emocionada por lo que ha estado a punto de pasar, aunque la próxima vez que pase recordará no interrumpir, así la bruja será historia.
Daryl camina despacio hasta el porche de la casa manteniendo las distancias con Carol. No sabe que narices le pasa, pero en cuanto intenta abandonar esa absurda timidez que siente cuando está con ella, y comportarse como normalmente es, pierde la razón y se olvida de Janet, de Bobin y de toda su familia.
Carol se frota la cara ¿Qué coño está mal con ella? Un poco más y se lo acaba montando ahí en medio con él sin importarle que sea plena luz del día y haya niños delante.
Necesita sexo urgentemente.


Daryl se tumba en la cama junto a Janet.
No le gusta como ha ido el día. Carol y Tobin han estado de lo más acaramelados cada vez que se cruzaban, y el tiempo del lago no ha podido disfrutarlo porque Janet lo ha secuestrado para mostrarle en su portátil su último proyecto. Dos malditas horas mirando una pantalla escuchando a su mujer hablar orgullosa.
Le encanta que esté feliz con lo que hace, y la admira por lo lejos que ha llegado en tan poco tiempo, pero él quería estar en el exterior, con su familia y Carol.
Suspira, apaga la luz y cierra los ojos esperando a que el sueño llegue. Intenta dejar la mente en blanco, contar ovejas, recordar anécdotas absurdas, pero lo único que viene a su mente es Carol en la habitación de al lado haciendo el amor.
Gruñe frustrado ¿Qué coño le pasa? ¡Es su pareja! Puede hacer lo que quiera con él. Además él podría hacer lo mismo. Despertar a Janet y... Y nada porque no le apetece, no tiene ánimos para ello porque en su mente sólo existe un pensamiento ahora y no sabe cómo librarse de él.

Carol se acerca seductora a la cama donde Tobin espera.
Está vestida solo con un conjunto de lencería que, al igual que el que llevaba la noche anterior, deja ver su piel bajo la tela.
—Guau... —alaba él devorándola con la mirada.
Ella sonríe orgullosa de provocar eso en él y se arrastra por la cama hasta estar a la altura de los labios de su pareja dispuesta a besarlos.
Llaman a la puerta.
—¿En serio? —se queja frustrada.
—No abras.
—No, no le pienso abrir, seguro que es el imbécil de Merle que sabía que hoy follaba.
—¿Le has contado nuestros planes? —pregunta molesto y a la vez excitado por lo que ella está acariciando.
—me gusta compartir las cosas buenas que me pasan ¿Por dónde íbamos?
Reanuda lo que estaba empezando y... Vuelven a llamar.
—¿Carol? —dice una voz al otro lado.
—¿Daryl? —susurra extrañada. Es la última persona que esperaría que estuviese tras la puerta ¿Habrá pasado algo grabe? Se coloca una camiseta y un pantalón corto y se dirige a la puerta ante la atónita mirada de Tobin.
—¿No decías que no ibas a abrir?
Carol no responde, ya esta tirando de la manilla y se asoma discretamente por la puerta.
—Daryl, qué... ¿Qué ocurre?
—No... no encuentro a Sauron —tartamudea esperando que no se note su mentira —. I...iba a salir a... a buscarlo, y co... como te has convertido en su... su persona favorita y conoces la zona, había pensado que... que tal vez... podrías a... acompañarme —escupe al fin. Odia lo que le cuesta hablar con ella la mayoría de las veces.
Carol mira hacia atrás donde Tobin espera gesticulando un '¿'Qué ocurre?'.
Quiere volver a la cama, entregarse al placer, pero adora a ese chucho, y Daryl parece tan preocupado...
Daryl nota la duda en ella y al momento se arrepiente de esa ruin mentira ¿Por qué lo ha hecho? Como descubra que le ha mentido no volverá a hablarle en la vida.
—Ve... veo que estás ocupada, lo buscaré yo solo, tranquila. Buenas noches —se va.
—No, espera, iré contigo —dice en un impulso —Espera, me pongo los zapatos y salgo.
Daryl asiente agradecido, aunque no está del todo contento, tiene un sabor agridulce en la boca, está aliviado y a la vez se siente culpable. La escucha hablar con Tobin, no llega a entender lo que dice, pero supone que se está disculpando por dejarlo así.
—Venga, vamos —dice cerrando la puerta de su habitación.
Espera no tardar mucho y terminar lo que empezó.
—Es posible que se haya ido por detrás de la casa, hay una pequeña arboleda y suelen haber ardillas —piensa en voz alta caminando por delante de Daryl.
Él se mantiene detrás, con las manos en los bolsillos, caminando despacio, queriendo confesarle que todo es mentira, que puede volver con su marido, y a la vez pensando en más escusas para mantenerla a su lado toda la noche.


Caminan durante diez minutos, ella mirando atenta a cada lado, él mirándola solo a ella.
—¡Sauron! —grita Carol.
A saber dónde se ha metido ese perro, y ¿Por qué Daryl se mantiene tan atrás? ¿Habrá tenido otra erección? ¡No! mejor no pensar en eso.
—No puede haber ido muy lejos ¿Cuánto hace que no lo ves?
Daryl se encoge de hombros.
—No... no sé, salí fuera para darle un último paseo antes de irme a dormir y no estaba —miente descaradamente. Se siente mal, pero no quiere alejarla de él.
—¡Sauron! —vuelve a gritar Carol —Me estás jodiendo el polvo, grandullón —murmura para sí.
—¡Sauron! —grita Daryl sintiéndose estúpido, pero tiene que disimular.
El suelo cruje bajo sus pies conforme se van adentrando en la zona boscosa y cambian el albero por los helechos y arbustos.
Carol alumbra el camino con la linterna de su teléfono. Sólo ve árboles, y reza para que ningún bicho extraño se cruce en su camino, porque entonces también desaparecerá ella.
—Siento mucho si interrumpí algo —se atreve a hablar Daryl. Esperando así aliviar un poco la culpa que siente.
Carol le sonríe.
—Tranquilo... es solo que... hoy es mi aniversario con Tobin y él se ha estado reservando. Me da pena dejarlo así.
—¿Reservando? —pregunta fingiendo no saber de qué habla.
—Ya sabes, para el sexo.
—Ah —murmura haciéndola saber que comprende —Yo no necesito reservarme —piensa en voz alta sin darse cuenta, y Carol lo mira divertida para horror de él que sus mejillas arden.
—Normal, tienes una mujer preciosa a tu lado.
Daryl sonríe.
—Sí, es realmente hermosa —aprueba, aunque por suerte la mujer que camina junto a él no se ha dado cuenta de que se refería a ella. Para Janet tampoco tiene que reservarse, pero últimamente se le hace difícil a no ser que traiga a Carol a su mente.
Mueve la linterna de su teléfono por la zona alumbrando disimuladamente a Carol. Sus piernas, ese trasero que lo vuelve loco, su espalda, sus hombros, su cabello plateado... ¿Cómo puede ser tan perfecta? Y seguro que lleva lencería sexy bajo esa ropa. Lencería que ya debería yacer a los pies de la cama mientras ella retoza desnuda sobre su pareja, pero ahí está: En medio de una arboleda, a oscuras, con él, buscando a un perro que supuestamente ha desaparecido.
Podría aprovechar para hablar de lo que pasó aquella noche. O no, mejor no, no quiere hacerla sentir incómoda, a lo mejor quiere olvidarlo, o... o puede que tenga suerte y ella le apetezca continuar lo que dejaron a medias.
Dios, con gusto le arrancaría la ropa interior con los diente.
Sacude la cabeza ¡Por dios, estás casado! ¡Para ya! ¿Por qué narices no puede dejar de pensar en ello?
—¡Sauron! —vuelve a llamar ella, pero no hay señales de él —Deberíamos volver, puede que se haya ido para el pueblo, o esté ya en casa.
Daryl mira el reloj. Aunque parezca increíble ya ha pasado hora y media, más lo que le queda de vuelta... Sí, es posible que Tobin ya esté dormido.
No sabe si es porque ha estado sumido en sus sentimientos o porque se siente cómodo a su lado, pero el tiempo ha pasado volando.


Llegan hasta la puerta de casa, y de ahí girarán a la izquierda para subir al pueblo. Otro buen rato que pasará junto a ella.
—Espera, voy a coger una chaqueta antes de seguir.
Carol entra por la puerta y agarra una chaqueta, pero cuando se dispone a salir se encuentra con Merle quitándole la correa a Sauron.
—Hola, pelirroja ¿De dónde vienes? ¿Tú no deberías estar fo...
—¡ME HAS JODIDO EL POLVO, IMBÉCIL! —grita golpeándolo varias veces con la chaqueta y corre a su habitación con la esperanza de que aún esté en pie el plan.
Merle se frota la cabeza y mira extrañado hacia ella ¿Qué le pasa a esa loca del coño? Se da la vuelta encontrándose con su hermano.
—¿De dónde venís?
—De... de buscar a Sauron —responde Daryl queriendo que la tierra se lo trague.
—¿De buscar a... ¿Pues no te dije que iba a pasearlo?
—Ya... lo sé, se me olvidó. —miente.
Joder..., no debería estar pasando eso. Si Carol no hubiese querido parar por la chaqueta, o si él le hubiese ofrecido la suya...
Merle lo mira entrecerrando los ojos sin creerle y finalmente sonríe divertido y apenado por las cosas patéticas que hace su hermano.
—Querías dejar a la pelirroja sin follar ¿Verdad? —pregunta, y viendo la reacción nerviosa de su hermano sabe que ha acertado —Mil veces intenté presentártela, Darlina.
Daryl mira a su hermano alejarse, ya es la segunda vez escucha esa frase hoy, la cual hace que quiera viajar al pasado y hacerse reaccionar a hostias.


Carol desayuna desanimada. Cuando llegó a casa tras buscar a Sauron estuvo un buen rato intentando despertar a Tobin, pero por más que le susurró al oído, besó, acarició no consiguió nada. Incluso saltó en la cama a ver si con el sonido de los muelles se despertaba, pero nada...
Se quedó sin polvo, y todo por culpa de Merle.
Mira a Janet que desayuna esos cereales asquerosos. La envidia, seguro que Daryl la tiene bien servida de sexo. Todos los días, cada vez que se pueda. La acariciará con sus brazos fuertes, besará sus labios apasionadamente y le hará el amor haciéndola sentirse amada y deseada.
Bueno, aún tiene la esperanza de que a Tobin le apetezca hacerlo hoy.
Recoge los restos de su desayuno y sale de casa, tiene que hacer una compra urgente.


Daryl despierta sintiéndose tan mal como se durmió. Mira a su lado, Janet ya se levantó y estará desayunando.
Le costó coger el sueño, su corazón se partió anoche cuando escuchó la cama de Carol rechinar. Finalmente hizo el amor con su pareja. Tanta molestia, tanta vergüenza que pasó cuando se encontró con su hermano para nada.
Se frota los ojos intentando hacer desaparecer esos recuerdos.
Sale por la puerta y tropieza con alguien que sabe perfectamente quién es. Si es que parece que lo hacen adrede. Ya podrían haberse tropezado hace veinte años.
—Lo siento —se disculpa, y se agacha a ayudarla a recoger lo que llevaba en la mano, que para su sorpresa...
—Oh, ya... ya lo recoge yo. Gracias —agradece ella arrebatándolo a toda velocidad lo que él sostiene, pero es demasiado tarde, ya lo ha visto.
Daryl se queda ahí parado mirando como echa a correr y se encierra en el baño con ese test de embarazo.
¡Un test de embarazo! ¿Está embarazada?
—No, por favor —suplica a ese dios en el que no cree.

Carol cierra la puerta del baño y suspira.
—¿Lo tienes? —pregunta Andrea
—Me debes una ¿Sabes quienes estaban en la farmacia? La señora Evans y todo su aquelarre de brujas ¿Sabes la mirada que me han echado? Desde luego la fama de puta e irresponsable no me la quito ni... ¿Qué haces? —pregunta al ver a Andrea bajarse los pantalones.
—¿Tú qué crees?
—Dios... —se da la vuelta.
—No te quejes, que he perdido la cuenta de las veces que te sujetaba el pelo mientras vomitabas —mete el brazo entre sus piernas para colocar el predictor en posición —Dios, no debimos tener ese aquí te pillo aquí te mato el día que me vio probándome el vestido de novia.
Carol sonríe.
—No me puedo creer que puede que estés otra vez embarazada.
—Y yo no me puedo creer que tú no hayas tenido un solo susto en todos estos años. Con lo despistada que eres no sé como no se te olvida tomarte la pastilla.
—Mi teléfono me lo recuerda, y además Tobin está operado, así que... —se encoge de hombros.
—¿Y para qué narices tomas la pastilla entonces?
—Pues porque mi regla está más loca que yo y así la regulo.
Andrea se echa a reír. Deja el predictor sobre el lavabo y se sienta a esperar.
—Aquí pone que tenemos que esperar tres minutos para saber los resultados —lee Carol el prospecto
Andrea tamborilea con los dedos sobre el lavabo.
—Dios, no sé como se lo voy a decir a Merle si es positivo.
Carol arquea una ceja.
—¿En serio? ¡Es Merle! Seguro que alimenta su hombría y presume de sus supergenitales fabricadores de bebés.
Andrea ríe, y mira el predictor.
—Embarazada —confirma.


Daryl desayuna en silencio, pero su mente hace mucho ruido.
Embarazada, Carol está embarazada, y seguro que será un bebé precioso.
Se frota los ojos frustrado, odiándose por desear que ese predictor sea negativo ¿Por qué es así? A lo mejor ella estaba deseando quedar embarazada y un negativo la haría deprimirse, y más cuando perdió una niña hace años.
Quiere que ella sea feliz, pero quiere ser el padre de ese bebé ¡Qué idiota!
Su teléfono vibra sacándolo de sus pensamientos.
Sonríe.
—¿Quién es? —pregunta Janet.
—Es Aaron, lo han llamado de la agencia de adopciones, tienen a una niña para ellos. Tiene cuatro meses y se llama Gracie. Están de lo más emocionados.
—Qué locura —resopla Janet.
—¿A qué te refieres?
—A adoptar, no sabes quienes son sus padres, los genes que tienen, si serán feos...
Daryl frunce el ceño.
—¿Y? Cuando uno desea ser padre eso no importa. A mí no me importaría adoptar.
Janet ríe sarcástica.
—Conmigo no cuentes para ello.
—Y para tenerlos biológicos tampoco —murmura lo suficientemente alto para que Janet lo oiga, pero ella guarda silencio como respuesta.


Andrea sale al porche donde Merle está sentado vigilando a los niños que se están bañando en el lago. Lo cierto que es un padre maravilloso.
—Hey —lo saluda buscando sus labios para besarlos.
Se abraza a él y apoya la cabeza en su hombro disfrutando de la sensación de tenerlo cerca. Tantos años juntos y aún despierta esos agradables sentimientos.
—Estoy embarazada —revela.
Merle la mira con los ojos muy abiertos.
—¿Qué? —pregunta en tono de sorpresa —.Em... Emba... ¿Embarazada? ¡Oh, Dios eso es fantástico! —la abraza —. Seguro que fue el día del polvazo tras el sofá.. Si es que mis muchachos son unos soldados maravillosos —alaba sus genitales haciéndoles un saludo militar.
Andrea se ríe. Carol tenía razón.
En unos meses, si todo sale bien, serán uno más.
—Un bebé —susurra Merle aún sin creérselo —¡Oh, si es niña podemos ponerle el nombre de mi abuela, y si es niño William como mi padre.
—No pienso llamar a nuestra hija Roxanne, parece nombre de prostituta, y te recuerdo que Daryl quiere llamar a su hijo como vuestro padre.
—¡Mi hermano se morirá sin hijos!
—Eso no lo sabes.
—Vamos es Janet, esa mujer no tiene tiempo para hijos y mucho menos instinto maternal.
—Según tengo entendido ha congelado óvulos.
—Puff, esos óvulos salieron congelados.
Andrea ríe.
Ambos miran a sus hijos jugar en el agua y salpicar a Carol cuando pasa por su lado, a lo que ella responde lanzándoles lo que tiene en la mano, que por desgracia es su teléfono. Cosa de la que se da cuenta demasiado tarde.
—En el fondo me da pena mi hermano. Si el muy imbécil hubiese querido salir con la pelirroja ahora mismo en ese lago habría un par de niños rubios y despistados jugando con los nuestros. Tanto tiempo que ha tenido para conocerla y es ahora cuando se interesa por ella. Hasta le chafó el polvo que tenía planeado anoche.
—¿Que hizo qué? —se interesa ella —.Según Carol fuiste tú.
Merle niega con la cabeza, y explica lo que realmente pasó.
Andrea escucha atenta las palabras de su marido sin dar crédito a lo que dice.
—Tendremos que vigilar a estos dos de cerca.
—¿Para qué? ¿Para que no follen? Creo que eso es lo mejor que le puede pasar a ambos.
—Tienen pareja, Merle.
—¿Y? Carol está con un tío con el que tiene que coger cita para follar, y Daryl con una tía que vive para el trabajo. Además, no hay hijos de por medio a los que harían daño con la separación.
—Ellos son felices con sus parejas.
—No lo son, sólo creen serlo.
Andrea piensa replicarle pero calla. En el fondo sabe que su marido tiene razón.


Llega la hora del almuerzo, todos están sentados a la mesa.
Merle está deseando revelar la noticia, pero Andrea pellizca su muslo con fuerza recordándole que debe esperar a que todos hayan terminados de comer.
Daryl mira a Carol descaradamente. Embarazada, está embarazada.
Janet está con su teléfono. En unas horas se irá y quiere estar preparada para lo que encontrará en su regreso a la empresa.
Tobin lee el periódico.
Carol se asegura de que su móvil aún funciona, por suerte es acuático. No lo sabía.
—¿Por qué estáis todos tan callados? —dice Lilly que termina de comerse la rodaja de sandía.
—Andrea está embarazada —anuncia Merle que estaba deseando que su hija terminase de una vez.
—¿Qué? ¿Otra vez? ¡No! —se queja Matthew.
—¿Pero por qué no paráis? —pregunta Sam.
—¡Si es niña se llamará Hada y si es niño Batman! —exclama Lilly emocionada.
Sus hermanos se ríen.
—¡Eso no es un nombre!
—Sí lo es, hay un superhéroe que se llama así!
—No, se llama Bruce Wayne, idiota.
—¡Mentira! ¡Mamá, se están metiendo conmigo!
Janet pone los ojos en blanco y niega con la cabeza. No entiende como alguien puede querer tener tantos hijos. Y más con la edad que tiene ya Andrea.
—Ese era el predictor que viste esta mañana —aclara Carol a Daryl, no vaya a ser que piense que está embarazada. Puf, como si le importase si lo está.
Daryl sonríe aliviado. Ya se estaba imaginando a Carol y Andrea criando a sus hijos a la vez.
Dios, va a ser tío otra vez, y está de lo más emocionado. Supone que porque es la sensación más cercana a ser padre que puede experimentar.
—¿Tú no quieres tener más bebés, Hada? —pregunta Lilly.
Carol sonríe con dulzura. Es tan inocente que no es consciente de cuanto le duele esa pregunta.
—Tomo pastillas para evitarlo —responde sin saber muy bien si ha hecho bien.
—¿Y si no las tomas tienes bebés? —pregunta sorprendida, no sabía que las hadas funcionasen así.
—Bueno, también haría falta que me besase un hombre.
—¿Sólo besarte? ¿No tienes que follar?
—¡Lilly! —regaña Andrea —. ¿Dónde has escuchado esa palabra?
—Matthew y Sam.
—¡Mentirosa! —gritan al unísono los niños.
Daryl sonríe viendo esa absurda discusión.
Mira a Carol que luce sombría. Le debe doler mucho pensar en bebés cuando ella perdió uno de forma dramática.
Está a punto de preguntarse si está bien, pero Janet interrumpe.
—Me voy ya —anuncia.
Daryl la acompaña con la maleta hasta el coche junto a Lilly que se ha empeñado en seguirlos. De nuevo recorre esa calle estrecha hasta llegar al aparcamiento.
—Listo —informa cerrando el maletero.
—Gracias, cariño. Nos vemos en unos días.
—Sí. O...oye, cuando vuelva podríamos hablar sobre tener hijos. Quizás con suerte nuestro bebé se cría a la par del de Andrea.
Janet lo mira frunciendo el ceño y finalmente se echa a reír.
—No digas tonterías, anda —destruye su sueño —Te quiero —se despide una vez dentro del coche.
Daryl mueve suavemente su mano en un triste adiós. Cada vez ve más lejos la paternidad.
Lilly carraspea.
—Ahora que estamos solos, yo sé como puedes hacer para hacer un bebé.
Daryl arquea una ceja y espera curioso a oír la barbaridad que va a decir. Al menos se echará unas risas, le hace falta.
—Yo le robo a mi hada las pastillas y tú la besas —dice con una enorme sonrisa en su rostro sintiendo que ha tenido la mejor idea del mundo.
Daryl sonríe con ternura.
—No es tan fácil, vida mía. Además, yo con quien quiero tener un bebé es con Janet.
Lilly dibuja una mueca de asco.
—Pero si a ella no le gustan los bebés. Estás loco, tío Daryl.
Echa a correr rumbo a casa deseando volver a bañarse en el lago junto a su hada.
Daryl suspira. Lilly tiene razón ¿Por qué está empeñado en tener hijos con alguien a quien no le gustan los niños?
Camina despacio siguiendo el mismo camino que ha recorrido Lilly.
Carol está sentada al borde del muelle con la misma mirada triste que tenía minutos atrás. Piensa acercarse a hablar con ella, pero Lilly se le adelanta. No sabe qué le dice, pero le ha hecho reír, y eso es lo que importa.
Merle abraza a Andrea por detrás y lleva las manos a su vientre donde su futuro bebé se esta gestando.
Sonríe. Se alegra por ellos, aunque envidia y anhela ser él quien esté viviendo esa experiencia con la mujer que ama, que empieza a dudar de quién es.


Carol sale al porche de la casa y se enciende un cigarrillo. No suele fumar, pero esa noche, como todos los años, lo necesita.
La noche es demasiado cálida, no corre ni una pizca de brisa. Puede escuchar con claridad el canto de los grillos y el croar de alguna rana en e lago, además de el móvil de viento que hay colgado en el porche justo a su derecha.
Ha sido un día extraño, triste a pesar de la felicidad de Andrea y Merle.
Daryl la ha evitado todo el día, o eso le ha parecido, ni siquiera han salido a correr juntos como habían hablado. Pero lo cierto es que ella tampoco se molestó en buscarlo, aparte no le apetecía salir.
Ha pasado las horas jugando con los niños, lo cual agradece, porque así su mente se ha mantenido ocupada todo el día. Hasta ahora...
—No sabía que fumabas —dice una conocida voz a su espalda.
—¡Joder, Daryl! —se sobresalta.
Intenta inútilmente esconder el cigarro pero ya es demasiado tarde, lo ha visto.
—Yo... yo... no le digas nada a Tobin, por favor, sólo fumo cuando estoy triste.
Daryl sonríe suavemente.
—Descuida —dice mostrando que él está haciendo exactamente lo mismo —No se lo digas a Janet, yo sólo fumo cuando estoy disgustado.
Carol sonríe, hasta en eso se parecen...
Daryl ladea la cabeza cuando se da cuenta de la lágrima que resbala por su mejilla.
—Ey... ¿Estás bien? —pregunta dando un paso al frente dispuesto a limpiar esa lágrima, pero en el último momento recula —.¿Por... Por qué estás triste?
Carol se encoge de hombros e intenta mantener sus labios a raya para que no se tornen en una mueca de tristeza, pero es inútil.
Mira a los lados como si buscase la respuesta.
—Hoy, justo a esta hora habría sido su cumpleaños —siente una punzada en el corazón al decirlo en voz alta —.Sé que han pasado veinte años y que es una tontería que...
—No es una tontería —interrumpe.
Tiene que hacer un sobreesfuerzo para no lanzarse a abrazarla. La ve tan vulnerable, tan frágil.
Carol da otra calada intentando obtener las fuerzas para seguir hablando.
—Iba todo tan bien, estaba tan ilusionada, lo tenía todo listo para recibirla, pero a las 38 semanas dejó de moverse, ya no había latido, por lo que me provocaron el parto y... —toma aire para ahogar el sollozo —tuve que dar a luz a mi niña muerta. Era tan bonita —rompe a llorar.
Daryl no puede más, tiene que abrazarla, ella necesita que lo haga. Recorta la pequeña distancia que queda entre ellos y la estrecha con fuerza contra él. Jamás la ha tenido tan cerca, en cambio la tensión sexual es nula, en ese momento sólo quiere protegerla, ser su hombro sobre el que llorar, y quien haga desaparecer esas lágrimas.
Carol se deja abrazar y devuelve el abrazo, es agradable , se siente tan bien que los recuerdos de cuando salió del hospital con una cajita blanca con los restos de su bebé, cuando llegó a casa y vio esa habitación vacía o cuando puso en el periódico el anuncio más triste de la historia 'Regalo cuna de bebé. Sin usar', parecen doler menos.
Le gusta estar en sus brazos, se siente más segura que en los de su pareja, y eso le asusta. Su cabeza está pegada contra su pecho. Huele bien, y puede oír su corazón que late tan deprisa como el suyo ¿Estará sintiendo lo mismo?
Se aparta de él. No quiere hacerlo, pero quizás así deje de montarse películas en su cabeza.
Le mira a los ojos haciendo un esfuerzo por sonreír.
—¿Y tú por qué estás disgustado? —se anima a preguntar.
Daryl tarda en reaccionar. Aún no se ha recuperado de los sentimientos que ha experimentado en ese abrazo.
—Después de lo que me has contado lo mío me parece una tontería.
Carol sonríe.
—Vamos, tú me has escuchado a mí.
Se lame los labios mientras busca las palabras exactas.
—Es que... no sé —suspira —.Siento que mi matrimonio no va bien —revela al fin —. Siempre he tenido la ilusión de ser padre, veo a mis amigos y a mi hermano formar una familia y ampliarla, en cambio yo... —se frota los ojos frustrado —. Hace siete años que me casé y todo sigue igual. Lo peor es que siempre he sabido que Janet no quería tener hijos, pero estúpidamente pensé que podía cambiarla —baja la cabeza y se mira los pies —. En estos días he recibido la noticia de que mi amigo Rick volverá a ser padre, Aarón adoptará al fin una niña y mi hermano en unos meses tendrá a su cuarto hijo en brazos. Y... la verdad, siento muchísima envidia —suspira al final.
Mira a Carol esperando oír un consejo o que le abrace. Sí, un abrazo sería genial.
Carol se lame los labios antes de hablar.
—Si... si no eres feliz en tu matrimonio eso tiene fácil solución. Eres atractivo y buen hombre, encontrarás a la mujer ideal con la que formar una familia.
—Supongo —suspira sin esperanzas. Ya encontró a la mujer ideal, pero está enamorada de otro hombre.
Carol lee su rostro triste. Debe ser doloroso para él encontrar a una mujer preciosa pero que le hace sentir vacío. Seguro que será un padrazo algún día, pero no junto a Janet. Que se joda, ella se le pierde.
—Vamos, te invito a comer algo —dice dándole una palmada en el brazo.
Daryl mira su reloj.
—¿Comer? ¡Son las 02:30 de la madrugada!
—Las penas me dan hambre y no quiero sentirme gorda sola ¡Vamos, yo conduzco!
Daryl sonríe y camina tras ella sin pensar, viéndose arrastrado como si el vaivén de sus caderas lo hubiesen hechizado.


Daryl la observa comer patatas fritas con kétchup sentada en el asiento del conductor del coche con las piernas cruzadas 'a lo indio! y su menú resguardado en el centro
Han ido a un restaurante local de comida rápida, ha pedido para llevar y de ahí lo ha llevado a un descampado que parece el picadero donde él perdió la virginidad.
Durante todo el trayecto él ha estado en silencio, inmerso en sus pensamientos. Sopesando los pros y contras de dejar su relación con Janet. El problema es que los pros no son nada seguros. ¿Quién le asegura que encontrará a alguien con quien formar una familia? ¿Y si pasa el resto de su vida solo? ¿Y si acaba con alguien peor? No sabe que hacer.
Sonríe cuando ve a Carol limpiar con una patata frita el kétchup que ha caído sobre su pecho. Con gusto se habría ofrecido a lamer esa mancha. ¡No! ¡Deja de pensar en eso!
La mira rebuscar algo más en la bolsa.
—¿Cómo puedes comer tanto y no engordar? —pregunta sorprendido. Él ha comido media hamburguesa y ya está lleno.
Carol traga antes de hablar.
—Soy muy nerviosa, creo que quemo la comida antes de que llegue a mi estómago. Además hago bastante deporte.
Daryl asiente.
Mira el paisaje. El descampado está en una pequeña colina y desde ahí pueden ver todo el pueblo.
—Este sitio es bonito —dice.
Carol levanta la vista de la comida.
—Sí, aquí perdí mi virginidad. No en este coche, en otro, y no estaba en el interior, sino sobre el techo.
Daryl arquea una ceja intentando comprender esa revelación.
Carol se echa a reír al recordar algo.
—Dios, fue un puto desastre —continúa ella —El tío tardó media hora en ponerse el condón y luego no encontraba el agujero. Me moría de frío —se ríe en el recuerdo —¿Y tu primera vez cómo fue?
Daryl hace memoria, le sorprende su pregunta, pero no le incomoda.
—Pues... fui otro tío que tampoco sabía ponerse el condón y no encontraba el agujero —revela para diversión de ella que casi se atraganta con el refresco —¿Qué? Mi única referencia eran las revistas eróticas de mi hermano y en ninguna hablaban de preservativos y anatomía femenina.
Carol vuelve a reír, y él se ve contagiado por esa hermosa risa.
—Vale, tengo que preguntarlo ¿Cómo alguien acaba follando sobre el techo de un coche?
—Te lo enseñaré.
Se limpia las manos con una servilleta y sale del coche para escalar hasta el techo.
—¡Vamos! —lo llama.
Daryl traga saliva ¿Qué es lo que va a enseñarle? Sale lentamente y mira esa vieja camioneta dudando si soportará el peso de los dos.
Cruje y se tambalea con cada movimiento que hace, pero finalmente sube y se acomoda al lado de Carol.
—¿Ves aquella estructura de hierro? —pregunta ella señalando al horizonte —Ahí estaba la pantalla del cine de verano. Veníamos aquí, veíamos películas gratis, una cosa llevó a la otra... y tuve la experiencia sexual más desastrosa de mi vida. Bueno, mentira, la peor fue cuando le vomité a un tío encima.
Daryl intenta controlarse, pero al final dibuja una mueca de asco.
—No me puedo creer que hicieras eso —se ríe.
—Estaba muy borracha. Mi yo borracha es mi peor enemigo, me hace pasar tanta vergüenza... y hago tantas cosas de las que luego me arrepiento...
Daryl traga saliva y mira a Carol que le devuelve la mirada observándole como si hubiese leído sus pensamientas.
Lo que hicieron aquel sábado vuelve a sus recuerdos. Ambos estaban tan borrachos...
Miran al horizonte en silencio, siendo conscientes de lo que está pasando por la cabeza del otro y pasan así largos minutos hasta que Daryl no puede más. Hay algo que necesita saber.
—¿Te arrepientes? —pregunta con miedo a saber la respuesta.
El corazón de Carol se acelera ¿Qué responder a eso? Supone que la verdad.
Suspira y se encoge de hombros.
—No lo sé... no recuerdo muy bien lo que pasó —dice con sinceridad —. Por un lado quiero que mi mente se aclare y por otro me da miedo que lo haga.
Daryl asiente comprendiendo lo que dice.
—Me ocurre lo mismo. Puede que ese beso fuese una tontería de borrachos vacía sin importancia o...
—O puede que despertase sentimientos más fuertes que los que tenemos por nuestras parejas —termina ella la frase —Creo que es mejor olvidarlo —propone sin estar segura de ello.
—Sí... —responde Daryl sin saber si puede hacer eso.
De nuevo se hace un silencio entre ellos. Mira al frente viendo una película inexistente en ese viejo cine
Oye... —se anima a romper el silencio Carol —. Los mensajes de whatsapp que enviamos esa noche... eliminaste dos de ellos... ¿Qué decían?
Daryl se tapa la cara con las manos.
—Oh dios... —se avergüenza —.Te pedía que me mandases una foto de tu culo y te mandé una foto pene.
Carol rompe a reír al tiempo que un calor recorre su cuerpo. Le habría encantado ver esa foto.
—¡No! Yo estuve a punto de mandarte una foto de mi culo, pero me quedé dormida.
Daryl se une a sus risas. Habría amado ver ese culo.
—Somos imbéciles cuando nos emborrachamos. Te juro que no suelo enviar ese tipo de fotos —asegura antes de que piense que es un salido que se dedica a acosar mujeres con fotos de su polla.
—Ya, yo tampoco
Se miran compartiendo risas teniendo la luna y las estrellas como único testigos de esa complicidad tan única que hay entre ellos a pesar de conocerse de tan poco tiempo.
Carol ríe, pero su risa se borra cuando ve como la mira Daryl. Con sus ojos brillantes fijos en ella y una suave sonrisa en su rostro.
Daryl siente su corazón acelerado. Tiene una risa tan hermosa...
Dentro de un mes ella volverá a su hogar, quizás no vuelva a verla, pero sabe que recordará todo de ella, incluso aquello que no debe.
Carol lo mira interrogante esperando una respuesta a su silencio.
Respuesta que Daryl, después de armarse de valor, le da.
—Yo no puedo olvidar lo que pasó.


Hola, gracias por vuestra paciencia y por leer ;) Espero que os haya gustado el capítulo.
En el próximo veréis más de Lilly y de ellos pasando tiempo de ocio juntos.
Sé que tardo en actualizar pero mi tiempo libre es muy escaso y no siempre me apetece escribir, pero os aseguro que terminaré todos mis fics, aunque tarde mil años XD