9. Adolescente cuarentón
Carol mira a Daryl repitiéndose sus palabras mentalmente 'Yo no puedo olvidar lo que pasó' ¿Cómo responder a eso? Agacha la cabeza y se mira la muñeca donde lleva grabado el nombre de su niña, y que todos los años, en el día del aniversario de su muerte, parece quemarle recordándole el dolor que sintió.
—Deberías hacerlo —murmura —. Janet no te conviene, pero yo tampoco, tú quieres a una mujer joven con la que tener hijos y yo a un hombre con el que envejecer y nada más. Además, a mis óvulos no les quedan muchos años para caducar —dice con una triste sonrisa.
Daryl siente su corazón encogerse. Esperaba un 'yo tampoco' por su parte, o que lo frenase diciéndole que tiene novio, pero no eso.
Supone que tiene razón, que ni Janet ni ella están hechas para él, pero... la mira a los ojos, esos hermosos ojos azules capaces de hacerle la zancadilla y siente que está dispuesto a renunciar a su mayor sueño por estar con ella.
Ambos se quedan mirando al horizonte largo rato sin saber muy bien qué decir. Se hace un silencio sólo interrumpido por el canto de los grillos hasta que la voz de Carol que se alza sobre ellos.
—Ey... ¿Te apetece hacer algo de lo que posiblemente mañana te arrepientas? —propone mordiéndose el labio juguetona.
Odia esa tensión incómoda entre ellos, y de alguna forma tiene que romperla.
Daryl traga saliva, y un calor baja por su columna hasta parar en su entrepierna al escuchar esas palabras.
—Va... vale —acepta él sin ni siquiera preguntar lo que es. Puede que quiera depilarle con cera todo el cuerpo, robar en una gasolinera, montar toda la noche sobre su po...
—¡Un tatuaje a juego! —interrumpe Carol el hilo de sus sucios pensamientos —. Mira —le muestra la pantalla de su móvil —, Este es el recorrido que hicimos en nuestra primera ruta juntos.
Daryl mira lo que le muestra: Es la ruta que hicieron con sus desniveles y subidas que dibujan un patrón parecido al que haría un electrocardiograma marcando los latidos del corazón.
Daryl alza sus ojos buscando los de ella.
—¿Quieres que nos lo tatuemos?
Carol asiente, de repente se siente tímida.
—Sí, yo... me iré el próximo mes, y me gustaría tenerlo como recuerdo. Lo paso muy bien corriendo contigo —confiesa —.Si tú no te quieres tatuar no es necesario que...
—Sí quiero —interrumpe él. Sus palabras han salido con un sentimiento que parece que le ha pedido matrimonio —Yo también lo paso muy bien corriendo contigo.
Carol sonríe entusiasmada.
—¡Genial! Tengo un folla-amigo que nos puede tatuar ahora mismo ¡Vamos!
—¿Un folla qué? —pregunta, pero no obtiene respuesta, por lo que se baja lentamente del techo del coche y la sigue como si lo hubiese hipnotizado. Va a hacerse un tatuaje con una mujer que conoce de hace un par de semanas, un dibujo que estará en su piel el resto de su vida, pero no le importa, con gusto se lo hará por tal de verla feliz.
Merle camina por el pasillo recolocándose los testículos en los calzoncillos y dando un largo bostezo.
Sonríe al ver a Andrea preparándose el desayuno.
—Buenos días ¿Cómo está mi mujercita y su preciosa carga? —pregunta abrazándola por detrás posando sus manos sobre su vientre donde una nueva vida está creciendo.
Andrea echa la cabeza hacia atrás para posarla sobre el pecho de su marido y se deja mecer por él.
—Bien, por suerte aún no tengo síntomas, es demasiado pronto. Espero que no sea un embarazo tan malo como el de Sam —ruega ella, que se echa a temblar cuando recuerda los seis meses que se pasó con la cabeza metida en el WC por la cantidad de vómitos que tenía.
—Esperemos que así sea —dice plantando un beso sobre su cabeza.
Se aleja de ella para coger su taza del desayuno y la observa sin poder contener su sonrisa. Aún no se cree que de nuevo vaya a ser padre.
—Es increíble la puntería que tengo ¿Verdad?
Andrea chasquea la lengua.
—Ya, en cuanto nazca te vas a hacer la vasectomía.
Merle se lleva la mano al pecho como si le hubiese escupido el más ruin de los insultos.
—¿Quieres que le cierre la puerta a mis soldados?
Andrea ríe negando con la cabeza.
—Tus soldados ya han hecho demasiadas conquistas. O les cierras tú las puertas o cierro yo las piernas, tú verás —amenaza.
Merle asiente sonriente, en el fondo sabe que es lo mejor, cuatro hijos son más que suficiente, y la casa se les empieza a quedar pequeña.
Se sienta a la mesa y desayuna junto a su mujer, sonriéndole como el tonto enamorado que es.
Andrea mira el reloj, es temprano, los niños aún están dormidos, al igual que Tobin, Carol y Daryl, o eso cree hasta que la puerta de la entrada se abre y Carol y Daryl entran sonrientes a la casa.
Carol se va a su habitación sin ni siquiera fijarse en esos cuatro ojos que la observan interrogantes y Daryl entra a la cocina.
—Buenos días —saluda sentándose junto a su hermano y tomando una tostada.
Sonríe feliz sin poder evitarlo, le encanta pasar tiempo con Carol, aunque le duele su rechazo, pero prefiere no pensar en ello y disfrutar de cada segundo que pasa a su lado.
Andrea mira a Merle sin creérselo. No hace ni 24 horas que se fue Janet y ya han hecho algo.
—¿Se puede saber de dónde venís vosotros dos tan sonrientes?
Daryl se encoge de hombros.
—Hemos salido a correr —responde con la boca llena.
No es mentira, después de hacerse el tatuaje han decidido aprovechar la mañana tan buena y hacer algo de footing.
—¿A correr o a correros? —bromea Merle, ganándose una patada en la espinilla bajo la mesa por parte de su esposa —. ¿Qué haces mujer? ¿Acaso tú no lo crees también?
Daryl frunce el ceño.
—¿Se puede saber en qué mierda pensáis? Anoche salí al porche me encontré a Carol triste porque era el aniversario de la muerte de...
—Mierda —se lleva las manos a la frente Andrea. Ya ha pasado otro año.
—Nos habíamos olvidado —murmura Merle —Voy a... a la pastelería a por todo lo que tengan con chocolate, seguramente es lo único que querrá comer hoy.
Conoce a Carol de hace bastante tiempo, sabe que el aniversario de la muerte de su hija saca su lado más gris a flote, y el chocolate y mantener la mente ocupada es lo que le ayuda a sobrellevar ese día.
Se limpia la boca y marcha a vestirse antes de salir.
—Buenos días, Tobin —saluda al hombre que justo entra en la cocina.
—Buenos días —saluda a Daryl y a Andrea —, Carol está duchándose —informa —. A ver que tontería se le ocurre hacer este año.
Andrea asiente.
—Habrá que vigilarla.
Daryl arquea una ceja.
—¿Vigilarla por qué? —pregunta entre curioso y preocupado.
Tobin traga antes de hablar.
—Porque en cada aniversario de la muerte de su hija se hace algo nuevo en el cuerpo. Por suerte la mayoría de las veces consigo disuadirla.
—El primer año se tatuó el nombre de Sophia —recuerda Andrea —, que eso no lo vimos mal, pero es que el siguiente se perforó un pezón, al tercer año el otro, al cuarto año otro tatuaje... y así hasta hoy. Luego, al día siguiente se arrepiente y nos echa en cara por que no la hemos detenido.
—Oh, vaya, no... no lo sabía —tartamudea Daryl escondiendo la mano bajo la mesa para que no vean el tatuaje recién hecho que luce en su muñeca. Se pregunta si Carol se arrepentirá de ese tatuaje o realmente le apetecía hacérselo.
Carol está sentada sobre los tablones del muelle mirando al horizonte dejando que la brisa acaricie su rostro.
Aún tiene el cabello húmedo tras la necesitada ducha y le gusta la sensación del aire soplando en su nuca.
No ha pasado por la cocina a desayunar. Ha salido del baño y se ha escabullido por la puerta de atrás para no ver a nadie. Le apetece estar sola con sus pensamientos.
Mira su nuevo tatuaje en su muñeca y sonríe. No pensaba que Daryl se fuera a animar a hacerse uno con ella, pero le agradece que aceptase. Quiere llevarse un recuerdo de él cuando el verano finalice, y quien sabe, quizás pueda volver otro año y salir a correr de nuevo con él, o podrían correrse y acabar de una vez con la maldita tensión sexual que hay entre ellos ¡No! no pueden hacer eso, Daryl merece estar con una mujer que lo colme de felicidad y cumpla su sueño de ser padre, y ella es feliz con Tobin.
—Soy feliz con Tobin —se repite en voz alta para convencerse.
Suspira, aún no se cree que Daryl le haya dicho que no puede olvidar lo que pasó. Una parte de ella deseó besarle y hacer el amor ahí mismo, pero por otro lado... sabe que no están destinados a estar juntos, su deseo es formar una familia y el de ella no morir sola. No funcionaría, lo único que se harían sería daño, o quizás deberían haberlo hecho, y una vez eliminado el deseo sexual ambo pensarían con más claridad, se darían cuenta de que no son compatibles o... que sí lo son.
Se pellizca el puente de la nariz intentando aliviar su frustración.
Unos pasos que hacen crujir los tablones de madera la sobresaltan.
—Tu novio me va a matar —saluda Daryl que se sienta a su lado.
Se ha preocupado cuando no ha ido a la cocina, pero Andrea le dijo que seguramente estaría aquí.
—Te he traído un donut de chocolate que compró Merle, dice que es tu favorito.
Carol sonríe. Quería estar sola, pero se da cuenta de que su compañía le resulta bastante grata. Se siente tan bien a su lado...
—Dios, amo a tu hermano —dice tomando el dulce que le ofrece —. A veces.
Merle la conoce, la pone de los nervios pero estuvo ahí cuando todo pasó, intentando ayudarla y pasar el trance, aunque fuese sacándola de sus casillas para que así olvidase un instante su drama.
Mira a Daryl que la observa fijamente con esos intensos ojos azules ante los que se siente desnuda y hacen que tenga que bajar la mirada.
—Los donuts de la pastelería de la señora Fredricksen son mis favoritos —comenta sin pensar, en un intento de que deje de mirarla de esa forma, o acabará arrancándole la camisa con los dientes.
Daryl esboza una media sonrisa.
—Lo tendré en cuenta —dice, y su corazón se acelera ante esa dulce sonrisa que ella dibuja, y esos ojos azules en los que ya se ahogado más de una vez.
—Oye... ¿Por qué dices que Tobin va a matarte? —pregunta con la boca llena al recordar lo que dijo nada más llegar.
Daryl tarda unos segundos en responder. Qué adorable está con ese carrillo hinchado.
—Porque te quiere vigilar para que hoy no te hagas ningún tatuaje o piercing nuevo, pero es tarde ya —responde señalándose la muñeca tatuada.
Carol se tapa la boca para reír. Ha estado a punto de escupir todo el donut.
Daryl arquea una ceja.
—¿Qué te hace tanta gracia? He contribuido en algo de lo que te arrepentirás mañana y que puede que me eches em cara, y no quiero conocer tu faceta enfadada, Caroline Suzanne Peletier.
Carol entrecierra los ojos asesinándole con la mirada.
—Vuelve a llamarme así y verás donde acaba el donut —bromea ella —. El tatuaje este pensaba hacérmelo sí o sí, no ha sido ningún arrebato, puedes estar tranquilo —dice con suavidad mirándolo a los ojos y agarrando su mano para transmitirle calma
Daryl siente su corazón arder cuando clava su mirada de esa manera en él, y su mano suave y pálida se posa sobre la suya enviándole una descarga que ella también debió sentir, porque rápidamente la retira y recoge sobre su regazo.
Se guarda un suspiro, es increíble lo que esa mujer es capaz de hacer con él.
—Y... y ¿Qué quieres que hagamos hoy? —pregunta queriendo decirle de forma muy torpe que lo tiene a su lado para lo que necesite y que estará ahí para que ese día se le pase rápido.
Carol se encoge de hombros y mira al horizonte.
—No lo sé, hoy necesito despejar mi mente, supongo que saldré a hacer una ruta larga, y quien sabe, quizás me bañe desnuda en el lago cuando anochezca ¿Me acompañas? —pregunta con una sonrisa.
Daryl la mira con la boca abierta intentando articular palabra ¿Se va a bañar desnuda? ¿En el lago? Su miembro se mueve en sus pantalones haciéndole saber que él también ha oído eso.
—Eemm... tú... yo... ¿Desnudos? —pregunta tan torpemente que ni él comprende la pregunta. La última palabra ha salido en un tono tan agudo que parece que lo han agarrado por los huevos.
Carol se siente enrojecer, y un calor tan intenso sube por su cuerpo que hasta termina de secarle el cabello. Joder, con gusto se bañaba desnuda con él.
—No... yo... yo... me he explicado mal. Me... me refiero a si me quieres acompañar de ruta.
Daryl desea meterse bajo el agua y no salir jamás ¿Cómo pudo pensar que quería bañarse con él? Varias horas atrás le dejó claro que entre ellos no va a haber nada y va él y se monta su propia película. Si es que es imbécil.
—Oh, ya, claro, de ruta. Pues... sí ¿Por qué no? Me apetece —acepta con gusto. Le encanta estar en compañía de ella.
Carol sonríe.
—Vale, pues... en cuanto almorcemos nos vamos ¿Vale? —dice poniéndose en pie.
Daryl la observa marchar, sólo de imaginar de nuevo ese culo metido en esas mallas tan ajustadas, él...
—No, joder —se queja cuando de nuevo tiene que luchar con una erección.
Se mete en el agua helada y se guarda una maldición mientras se espera que la erección baje, no puede entrar en casa así, y espera que nadie salga y lo vea ahí metido con su ropa de diario. Es un maldito adolescente a su lado.
—Tomamos aire por la nariz y lo soltamos lentamente por la boca —guía Andrea en la meditación.
—Dios, que aburrimiento —murmura Carol en un largo suspiro. Sabe que Andrea quiere entretenerla para que tenga la mente ocupada, pero así lo único que va a conseguir es que se duerma.
Cambia de postura, lleva demasiado tiempo sentada.
—Yo también me aburro —se une Lilly —. Pon otra música mamá, esta parece de dentista.
Andrea sonríe.
Abre uno de los ojos para observar a su amiga.
—¿Qué haces? —pregunta al verla apoyada sobre sus codos y pies, arqueando su cuerpo en una V inversa y su cabeza casi tocando el suelo.
—El delfín, así se llama esta postura. Es buena para la espalda, mejora la digestión, elimina el dolor de cabeza, libera estrés e incluso es una postura genial para fo...
—¡Carol! — regaña antes de que termine la frase.
—Para fortalecer brazos y piernas, malpensada —gruñe —, aunque para lo que tú piensas también —añade ganándose un codazo por parte de su amiga.
Lilly se ríe.
—También es bueno para tirarse pedos —apunta la niña haciendo reír a las mujeres.
Daryl entra a la cocina, ya está listo para marcharse en cuanto Carol diga. Le ha costado elegir ropa, y se ha colocado la camisa que más se ciñe a su cuerpo marcando músculos. Se siente como un quinceañero intentando demostrar que es el macho alfa para que la chica que le gusta se fije en él. Patético...
—¿Te ayudo? —pregunta a su hermano que está atareado con el almuerzo. Desde que se ha enterado de que Andrea está otra vez embarazada parece que se está implicando más en las labores del hogar. A ver cuanto le dura ese cambio.
—Sí, claro ¿Puedes preparar la ensalada? Lávala muy bien, es importante para evitar la...
—Toxoplasmosis —interrumpe.
No será padre, ni habrá tenido que cuidar de una mujer embarazada, pero en lo que respecta a la teoría lo sabe todo del embarazo. Y todo porque a Janet se le retrasó una vez el período y él ya estaba celebrando ese embarazo y empapándose de sabiduría.
Suspira. Menudo iluso.
Toma el cuchillo que le ofrece su hermano y se dispone a trocear la lechuga, pero la risa de Carol llama su atención y no puede evitar buscarla con la mirada. Ama su risa.
Traga saliva cuando la localiza tirada en el suelo del salón. Está haciendo alarde de su flexibilidad haciendo complicadas posturas, colocando su cabeza en el suelo y elevando su precioso trasero, tumbándose bocarriba y abriendo sus piernas en un ángulo casi imposible... Todo ello hace que vuele su imaginación y se la imagine junto a él, en la cama, desnuda y...
—No, otra vez no —murmura alarmado mirando hacia su entrepierna.
Deja el cuchillo y sale de allí a toda prisa.
—¿A dónde vas? —pregunta Merle que se asoma al pasillo justo para ver como entra en el baño.
—¿Qué le pasa a ese idiota? —Arruga la nariz sin comprender nada. Ese hombre está cada día más raro.
Se acerca a la encimera para seguir con la ensalada, justo en el lugar en el que estaba Daryl y ve a Carol.
Sonríe divertido comprendiéndolo todo.
Daryl se moja la nuca al llegar al baño, como si eso fuera a arreglar algo ¿Qué narices le pasa hoy? ya es la segunda erección en lo que va de día y todo por culpa de esa mujer. Si se pone así con solo verla, el día que se acuesten no sabe como... ¿Pero qué gilipollez está pensando? ¡Nunca se van a acostar!
Se mira en el espejo y, como si su reflejo le hubiese hablado, asiente. Tendrá que descargar antes de salir de ruta para así olvidarse de ese problema entre sus piernas.
—¿Por qué te tengo que ayudar yo con la ensalada? —se queja Carol.
—Pues porque Andrea está embarazada y no quiero molestarla, mis hijos son unos desastres con los cuchillos y mi hermano se está masturbando en el baño.
Carol hace una mueca de asco.
—¿Pero por qué inventas, imbécil? ¿Y por qué no se lo pides a Tobin? Con lo bien que estaba yo haciendo yoga...
—Pues porque está dormido en el sofá —responde señalando hacia el lugar —. Enséñale las tetas o algo a ver si se despierta.
Carol resopla.
—Ojalá fuera tan fácil, empiezo a pensar que ya no soy atractiva, llevo tanto sin sexo que no puedo evitar mirar este pepino con otros ojos.
Merle le quita la hortaliza de la mano.
—¿Para qué me cuentas a mí esto? ¡Qué asco! Eso es conversación de chicas ¡Pela la zanahoria anda! —ordena dándosela, pero al momento se da cuenta de que también tiene forma fálica —. Mejor corta tomates.
Carol asiente y mira hacia su pareja mientras realiza esa tarea. Es increíble las horas que puede pasar dormido o sentado en un sillón, es tan tranquilo... a ella le da urticaria sólo de pensar en estar sentada más de quince minutos.
Merle la observa cortando en silencio y niega con la cabeza, que no es atractiva, dice, si supiera lo mal que lo pasa su hermano cada vez que la ve... Ojalá se dejen de tonterías y echen un polvo de una vez, ambos lo necesitan.
—¿Te gustó el donut? —pregunta para distraerla de sus pensamientos.
Carol asiente.
—Gracias —agradece sonriente.
Merle le devuelve un silencioso de nada.
—¿Lavaste los tomates? Ya sabes que...
—¡QUE SÍ, PESADO! —se desespera ante ese padre preocupado, y corre a meter los tomates bajo el agua en cuanto él se da la vuelta.
Daryl se sienta junto a Lilly mientras Carol está en la habitación con Tobin. No sabe que están haciendo y eso lo inquieta. Se supone que van a salir a correr, no cree que esté teniendo ahora sexo con él ¿O sí? ¿Qué le importa? ¡Pues sí le importa! Bueno, no le importa, le jode.
—¡Mira que chula esta! —lo saca Lilly de sus pensamientos.
Está haciendo pulseras de la amistad con ella. Tienen cuerdas de colores y caracolas para adornarlas.
—Me tienes que enseñar a hacer esa trenza —dice Daryl.
Lilly lo mira arrugando la nariz.
—Estarás ridículo con trenzas, tío Daryl.
—¡Para hacer pulseras! —dice rompiendo a reír.
—Dios, mi novio a veces parece mi padre —se queja Carol entrando al salón.
—¿Qué ha pasado ahora? —pregunta Andrea arrastrando las palabras.
—Nada, que no le gusta la ropa que voy a ponerme para salir a correr ¿Pues sabes qué? ¡Me la pienso poner! —grita para que llegue a oídos de Tobin.
—Di que sí, que nadie te diga como debes vestir —la anima Merle.
—¡No vas a entrar al paritorio disfrazado de Darth Vader! —le grita Andrea.
—Es mi última oportunidad en la vida para llamar a mi hijo Luke y decirle 'Luke, yo soy tu padre'.
—Por última vez, no se va a llamar Luke ¿Y si es niña qué?
Carol frunce el ceño, de repente siente que sobra en esa conversación.
Mira hacia el sofá donde Daryl la mira con una media sonrisa encantadora. Al menos él si parece hacerle caso.
—Hey, ¿Qué hacéis? —pregunta acercándose a ellos.
—Son pulseras de la amistad —informa Lilly mostrándole las cuatro que ya se ha colocado.
—¡Qué chulas! ¿Y no hay una para mí?
Daryl continúa sonriendo como un idiota hasta que Lilly lo golpea con el codo para que reaccione.
—¿Qué? ¡Ah, s...sí, sí, toma! —balbucea nervioso y agarra la primera pulsera que pilla.
Carol la agarra con dos dedos y se la coloca a la altura de los ojos para examinarla.
—Vaya... que diseño más... minimalista ¿no?
Daryl siente sus orejas arder cuando se da cuenta de que la supuesta pulsera está sin trenzar y sin adornar, no es más que un trozo de cuerda color marrón.
—Oh, mierda, yo... te he dado una que no...
—No, déjalo, me gusta, es diferente a las demás, me siento... ¡especial! —dice con una amable sonrisa al tiempo que se la empieza a anudar.
—Sí, especial —repite de una forma que parece imbécil. No puede dejar de mirarla mientras lucha por anudar ese trozo de cuerda con una sola mano, quiere ofrecerle ayuda, pero cuando su cerebro al fin le da la orden a su boca ya es demasiado tarde.
Ella se la muestra orgullosa.
—Te queda bien —dice con una sonrisa estúpida en su rostro.
—¡Ay dios! ¿Eso es un tatuaje? —exclama Andrea.
Carol mira su muñeca donde luce tanto pulsera como tatuaje y la esconde a su espalda.
—Voy a vestirme, en diez minutos nos vamos —dice a toda velocidad mientras marcha corriendo a la habitación.
—¡Carol! ¡Ven aquí! ¡CAROL! —grita, pero ella ya se ha ido. Mira a Daryl —¿Tú tienes algo que ver con esto? —lo interroga con la mirada.
—Yo... yo...
—El tío Daryl tiene otro igual —se chiva Lilly.
Daryl mira a su sobrina, y luego a su cuñada.
—Yo...
—¡Daryl! —exclama en una queja cansada.
—Nos lo hicimos anoche, yo no sabía nada de sus arrebatos, pero hoy se lo comenté y me dijo que igualmente se lo quería hacer.
Andrea entrecierra los ojos intentando atisbar alguna mentira en su confesión.
—¡Vamos, Daryl! —Escucha gritar a Carol desde la entrada.
—Me... me llama, tengo que... —dice pasando con cuidado por el lado de Andrea como si temiese que le fuera a atacar.
Carol sonríe cuando Daryl sale, pero su sonrisa se convierte en un gemido cuando él se quita la chaqueta y muestra una camiseta de tirantes que se ciñe a su cuerpo marcando cada uno de sus músculos.
—Madre mía —susurra casi inaudible.
Se cruza de brazos cuando siente como sus pezones se endurecen por la excitación. Espera que Daryl no lo haya notado.
—Mierda —gruñe entre dientes Daryl que aparta la mirada avergonzado. ¡Se ha dado cuenta de que le estaba mirando las tetas! Joder, es que esa camisa tiene un escote que... ¡No! No es culpa del escote, es él que es un pervertido.
Joder, espera que su miembro no haga de las suyas durante la caminata.
—Bu... bueno ¿A dónde quieres ir?
Carol lo mira de arriba a abajo. Si supiera a donde quiere ir...
—Po... Por aquí hay un sendero muy bonito que termina en un riachuelo y que tiene una arboleda en la que estaremos resguardados a la sombra mientras nos corremos ¡Corremos, mientras corremos!
Daryl asiente sin escuchar nada. Es increíble lo azules que se ven sus ojos bajo la luz del sol.
—¿Marcas tú el ritmo o lo hago yo? —pregunta Carol.
Daryl la mira de arriba a abajo. Con gusto la dejaba marcar el ritmo encima de él.
—Tú, pero... no seas mala.
Carol sonríe.
—Tranquilo, llevaré tu ritmo de abuelo. Vamos.
—¡Esperadnos! —grita Andrea que se presenta frente a ellos con toda la familia al completo, perro incluido —. Vamos con vosotros.
Daryl mira a Carol y luego mira a Andrea.
—Ah, que también venís
—Sí ¿Algún problema? —pregunta Merle cruzándose de brazos y mirándole con una media sonrisa en su rostro.
—No, no ninguno, pero es que... pensábamos ir corriendo —dice Carol.
Para un ratito que tienen para estar completamente solos... Bueno, quizás es mejor así.
—No importa, vosotros id corriendo, nosotros andando y ya nos encontramos allí —propone Andrea, que mira divertida a su amiga, sabe que no le ha hecho ninguna gracia su presencia, pero teniendo en cuenta que hoy estará un poco deprimida prefiere vigilarla de cerca, y más si va a estar en compañía de Daryl, vaya que acabe haciendo otra locura, aparte del tatuaje.
—Pero yo quiero ir corriendo —se queja Lilly.
—Y nosotros —añade Matthew.
Carol y Daryl cruzan miradas, sonríen y se encogen de hombros en un silencioso 'Qué le vamos a hacer'
—Vale, vale, quien quiera venir corriendo que lo haga. Carol marca el ritmo, no corras mucho, para que puedan seguirnos —pide Daryl guiñándole el ojo.
Carol asiente entendiendo lo que quiere.
—Está bien, vamos allá ¡Seguidme tortugas! —grita echando a correr.
—¡Tonto el último! —grita Lilly corriendo lo más rápido que sus piernas pueden.
—¡Ja, tonta! —grita Sam al pasar por su lado adelantándola y dejándola atrás.
—¡Eso no vale! ¡Tenéis las piernas más largas que yo! ¡Así no juego! ¡Mamá!
—¡Ven, cariño. No te preocupes, que tus hermanos ya mismo están aquí también! —la consuela Andrea haciéndole gestos para que vuelva con ellos —. ¿No decías que si se apuntaban los niños no iban a correr tanto? —pregunta entre diente a su marido.
—¿Y tú para qué me haces caso? ¿Cómo puede correr tanto esa pelirroja? ¡Parece un galgo! Al menos Sauron si sigue su ritmo.
—Oh, qué bien, el perro está con ello, ya me quedo más tranquila —dice sarcástica.
—No te alteres ¿Por qué te preocupa tanto que estén solos? ¡Qué follen! ¿Qué más da?
Andrea le da un codazo a su marido. Se morirá sin poder controlar esa boca sucia delante de los niños.
Daryl mira tras él, sus sobrinos hace tiempo que se han quedado atrás, el problema es que ahora también se está quedando él.
—¡Carol! ¡Frena un poco! —jadea.
Se detiene y se agarra sus rodillas intentando recuperar aire, aunque el aliento fétido de Sauron a sus pies no ayuda. Dios, menudo bombero de pacotilla está hecho.
Carol corre hacia él y se agacha a su lado.
—Ay, perdona Daryl, es que empiezo a correr y... ¿Estás bien? —pregunta tocando su hombro tan fuerte y trabajado que... sacude la cabeza para eliminar sus sucios pensamientos.
Daryl alza la vista encontrándose con el escote de Carol en primer plano, brillando por el sudor, con esos pechos tan... Abre mucho los ojos al notar lo que se empieza a mover en sus pantalones de nuevo.
Se incorpora a toda velocidad, pero su cabeza choca con algo.
—¡Auch! —se queja Carol.
No le ha dado tiempo de apartarse y la cabeza de Daryl ha ido a dar con su boca haciendo que sus incisivos superiores choquen contra el interior de su labio inferior.
—Ay joder, mierda, ¿Estás bien? —pregunta tomando su rostro.
Acaricia su labio bajándolo un poco para dejar al descubierto la parte interna que muestra un hilo de sangre y un pequeño corte.
—No tienes nada, sólo un pequeño corte sin importancia —informa.
Debería dejarla ir, apartar las manos de su rostro y dejar de acariciar sus labios suaves y húmedos que tanto desea besar.
Alza la vista de ellos y se encuentra con esos ojos que tan nervioso lo ponen y que puede leer en ellos el deseo de un beso, pero... ya le dejó claro que entre ellos no hay ni habrá nada, así que lo más seguro es que esté leyendo mal esa mirada.
Retira sus manos.
—¿Se... seguimos? —tartamudea como de costumbre, pero ella no responde ¿Se habrá molestado?
Carol se queda unos eternos segundos mirándolo fijamente, con la boca aún entreabierta. Un escalofrío recorrió su espina dorsal cuando sintió su dedo pulgar dibujando el contorno de su labio, y cuando alzó la vista para mirarla sólo deseaba que la besara. ¿Cuánto hace que un hombre no acaricia sus labios? bastante tiempo, y eso que habla de los labios de su rostro, si hablase de los labios de...
—Sí, claro, vámonos —se apresura a decir antes de que su mente vuelva a tener esos malditos pensamientos prohibidos.
Daryl la observa correr. Es tan perfecta, tiene un cuerpo tan...
—No, joder, para —se regaña, y corre tras ella que se ríe ante su desesperación y el sonido de su risa hace que su corazón se acelera.
Logra alcanzarla y correr a la par que ella, mientras la mira de soslayo. Le encanta su perfil.
Andrea y Merle caminan lentamente disfrutando del paisaje.
Ya están en familia, como se esperaban sus hijos no han podido seguir el ritmo de Carol y Daryl.
Matthew y Sam caminan por delante haciéndose fotos y hablando de cierta consola nueva que quieren comprarse, mientras que Lilly corretea intentando cazar una mariposa.
—Estaba pensando que si el bebé es una niña podríamos llamarla Carol —comenta Andrea.
Merle niega en desaprobación.
—No, luego tendré que estar a cada rato aclarando a que Carol estoy llamando.
Andrea ríe sarcástica.
—Pero si tú no has llamado a Carol por su nombre en tu vida ¡Para ti siempre ha sido la Pelirroja!
—También es verdad. Está bien, pero espero que como recompensa el día que ella y mi hermano tengan hijos llamen a uno Merle.
Andrea frunce el ceño.
—No van a tener ningún hijo juntos. Ni se van a acostar ni Carol quiere tener hijos. Eso lo dejó muy claro tras la muerte de Sophia —dice apenada cuando los recuerdos de ese día llegan a ella.
Merle nota su cambio de ánimo, y por como se lleva las manos a su vientre sabe que no puede evitar sentir cierto miedo a que eso también le pase a su futuro bebé.
—Está bien, la llamaremos Carol, pero si es niño se llamará Luke.
—Y dale... que no pienso ponerle el nombre de un...
El móvil de Merle comienza a sonar.
—Mira, hablando de la pelirroja ¡Merle al habla! —Responde al teléfono, y escucha atentamente sonriendo divertido todo lo que Carol le dice —Aja... entiendo... ¿Y dónde estáis?... Sí, sé dónde es... Vale, no os mováis de ahí... ¡Qué no estoy bromeando, es una forma de hablar! ¡A qué no voy!... ¡Qué sí pesada, en veinte minutos estoy ahí!
Andrea espera impaciente a que su marido le diga qué ha hablado con Carol, pero él se limita a mirarla con una sonrisa divertida.
—¿Y?
—¿Te acuerdas de la zanja profunda que hay pasando las tierras de los Monroe y que más de una vez dijimos que como alguien vaya despistado se caería dentro? Pues... le tocó a nuestra despistada, y arrastró al alelado de mi hermano.
—¡Ay dios! ¿Y están bien?
—Sí, cayeron rodando por el terraplén y ahora están atrapados —responde con seriedad. Una seriedad que dura poco porque al momento se echa a reír —El pequeño Merle nacerá en nueve meses —bromea.
Andrea le golpea en el brazo.
—¡Ve a buscarlos ya!
—¡Vale, vale! Voy a por una cuerda, tú quédate aquí con los niños, no tardo.
—¡Papá, espera! —grita Lilly que corre hasta alcanzar a su padre y lo toma de la mano que le ofrece —¿Mi hada y el tío Daryl están bien?
—Sí, tranquila cielo, sólo están atrapados y muy juntitos. Ahora los voy a sacar.
—¿Y no puedes tardar un poquito? —propone Lilly —.Ya sabes... cuando la princesa y el príncipe están muy pegados acaban besando, como estuvieron a punto de hacer cuando estaban en el lago y los interrumpí sin querer.
Merle pone los ojos en blanco. Qué imaginación tiene esa niña.
—Vale, ya lo he llamado, no creo que tarde en venir —comenta Carol.
Mira hacia arriba en busca de algún saliente al que poder agarrarse, pero nada, hasta que no llegue Merle no podrán salir de ahí.
Se siente de lo más estúpida ¿Cómo se ha podido caer ahí? Y encima arrastrando a Daryl con ella.
Un placentero escalofrío recorre su espina dorsal al sentir la respiración de él contra su cabeza. Tan cerca...
Daryl traga saliva. Más le vale a su hermano aparecer pronto, porque estar metido en ese agujero tan estrecho con el trasero de Carol rozando su entrepierna hace que se le empiece a levantar algo.
Joder, si es que esas mallas tan ajustadas hacen que su imaginación vuele.
Ella se mueve de lado a lado suavemente, tarareando alguna canción desconocida, supone que para matar el tiempo mientras esperan, el problema es que con cada movimiento está acariciando inconscientemente su miembro con sus glúteos.
—Mierda —murmura Daryl deseando que la tierra se lo trague.
Carol se detiene cuando algo duro comienza a presionarse contra sus nalgas ¿Eso es...? Madre mía, y encima están tan pegados... ¿Debería sentirse mal porque eso la excite?
Daryl traga saliva antes de hablar. Ella se ha detenido, seguro que lo ha notado ¿Cómo no lo va a notar? Joder, debe de sentirse de lo más incómoda.
—Yo lo... lo siento mucho, no... no he po...podido controlarlo —tartamudea torpemente —Me alejaría, pero...
—Está bien, no importa —susurra Carol casi en un gemido que espera que él no haya notado. Si por ella fuera se quedaría así para siempre, pero es evidente que él está incómodo
—¿Y si me doy la vuelta? —propone.
Se gira lentamente con dificultad, no tiene mucho espacio para ello, y se coloca frente a él.
Daryl se ha olvidado de respirar. Sus caras se encuentran a escasos centímetros, sus narices se rozan, su pecho está pegado al de él, por lo que puede sentir sus pezones a través de esa tela, lo que hace que su miembro se presione con más fuerza bajo su ombligo.
Carol lo mira a los ojos. Siente un calor y un deseo ahora mismo que no sabe si podrá controlarlo. Cierra las manos con fuerza manteniéndolas a cada lado de su cuerpo intentando controlar las ganas de bajarle los pantalones y agarrar ese mástil que la apunta insistente.
—Cre... creo que estábamos mejor antes —dice nerviosa, y se vuelve a girar a toda prisa.
Daryl asiente cuando ella ya no puede verlo. Sí, mejor así, mirarla a la cara tan de cerca y sentirla tan pegada a él hace que se excite aún más.
Él y su estúpida manía de no ponerse calzoncillos. Su entrepierna luce como una caseta de campaña. Su miembro se presiona contra la tela del pantalón de chándal y la punta se pierde entre las apretadas nalgas de Carol presionando contra la entrada al interior de los placeres, y siendo estrangulado por el interior de sus fuertes muslos.
Carol siente la punta del miembro de Daryl entre sus piernas. Roza suavemente sus genitales, pero sin llegar a tocar su punto de placer, por lo que echa el cuerpo un poco hacia delante, cambiando el ángulo y que su pene choque contra su clítoris.
Daryl mira al cielo rogándole a ese dios en el que no cree que le mande fuerzas para aguantar tal tentación. Se muere por bajarle esas mallas, sacar su polla del interior del pantalón del chándal y penetrarla rápido y duro como un animal.
Mira hacia el lado, cruza los brazos y mueve su cadera hacia adelante como si lo hubiese hecho sin querer y no estuviese buscando presionar su glande contra su clítoris lo máximo posible.
Carol se muerde el labio ¿Es consciente ese hombre de lo que está haciendo? Está presionando con tanta fuerza en el centro de su placer que hasta le duele. Un dolor delicioso.
Apoya la mano en el muro de tierra que tiene delante, raspando un poco con las uñas, como quien quiere cerciorarse de la estabilidad de la pared y no que la está utilizando como punto de apoyo para poder moverse de adelante a atrás lentamente.
Daryl gime. ¿Por qué hace eso? ¿No se da cuenta de lo que está provocando en él?
Empieza a tener calor, mucho calor, el aire es denso y el deseo demasiado fuerte. No puede evitarlo, necesita sentir más de ella y comienza a moverse también haciéndola gemir. ¿Ha escuchado bien? ¿La ha hecho gemir? Música para sus oídos.
Continúan así: Hacia adelante cuando ella retrocede, hacia atrás cuando ella avanza. Entrando y saliendo de entre sus muslos pero quedándose a las puertas de lo que realmente desean.
Es lento, muy sutil, casi parece que no están haciendo nada, que no son conscientes de ello, pero ambos saben que sí.
Daryl se atreve un poco más y avanza una de sus manos a la cadera de Carol, mientras que su otra mano está apoyada en la pared, sobre la de ella.
Carol gime, cierra los ojos y se concentra en la sensación de su miembro duro y potente golpeando con fuerza sobre su clítoris.
Siente el aliento de Daryl sobre su oreja, lo escucha gemir al igual que gime ella. Están tan cerca del clímax... Hace tanto que no...
Daryl no puede más, se agarra con fuerza con una de sus manos a la cadera de Carol y acelera el ritmo buscando terminar de una vez con esa tortura.
Ella se muerde la mano para no gemir, y él no puede evitar apretar ese firme trasero haciendo que se queje aún más.
Daryl siente la presión en sus testículos, Carol en su bajo vientre, están solo a un par de embestidas más para...
—¡Ey, par de idiotas! —llama Merle, lanzando una cuerda.
Carol y Daryl se enderezan como si se hubiesen quemado, y una vez que esa cuerda cae ante sus narices es cuando son conscientes de lo que acaba de pasar.
Ambos están petrificados, aún con la respiración acelerada preguntándose qué narices estaban haciendo y cómo van a volver a mirarse a la cara.
—¿Salís o qué? —grita Merle impaciente.
Carol sale de su trance y agarra la cuerda dispuesta a subir.
Daryl tiene el impulso de sujetarla por la cintura para ayudarla pero se frena en el último momento. demasiado roce han tenido ya.
—¿Hacía calor ahí dentro? —pregunta Merle al agarrar la mano de Carol y notar lo húmeda y resbaladiza que está.
Carol no habla, se limita a asegurarse de que todo está en orden: mochila intacta, camisa con un pequeño desgarro por la caída, pantalón con los dedos empolvados de Daryl sobre su trasero...
Se sacude. No quiere ni pensar en lo que ha pasado. Joder... ¿Cómo van a hablar con él ahora? se muere de vergüenza.
Daryl trepa por la cuerda despacio, tiene las manos muy sudadas y debe procurar no resbalar, porque como lo haga se quedará sin polla. Maldita erección que no se baja, y la última vez que se acostó con Janet hasta le costó mantenerla arriba, y ahora... Dios, ha estado a punto de correrse en sus pantalones. Y ella también. sonríe.
—Venga Darlina —Jadea Merle al hacer un esfuerzo para sacarlo de ahí.
Arquea una ceja al notar como su hermano le evita la mirada.
—¿Te ocurre algo? Te comportas como el día que te pillé zurrándote la sardina con... —y entonces mira hacia abajo —. ¡Oh vaya, pero si el pequeño Daryl está saludando ¿Qué estabais haciendo ahí dentro? —bromea Merle par horror de los implicados.
—¡Nada! —responden al unísono con un nerviosismo sospechoso que no pasa desapercibido para Merle.
—Estábamos muy pegados, no me podía alejar y... eso —intenta explicar Daryl.
Tampoco es tan raro, Merle comprenderá, es normal que eso se levante si tiene mucho roce, y más si es ese precioso trasero el que... ¡Para, Daryl!
—Ya... ¿y no se te ocurrió darte la vuelta? ya sabes, estar espalda con espalda.
Daryl abre mucho los ojos ¿Cómo narices no se le ocurrió? Le habría ahorrado todo ese mal trago. Bueno, mal trago ahora, porque hace diez minutos estaba disfrutando como nunca.
Mira a Carol, pero ella está de espaldas a él aferrada a su mochila, mirándola como si fuera la primera vez que la ve. Debe estar de lo más avergonzada, y él también debería.
—Debería —susurra para sí.
—Ey pelirroja ¿Estás bien? —pregunta Merle al notarla extrañamente callada.
—Sí —reacciona Carol que se niega a girarse para mirarlos —,Creo que me ha dado mucho el sol mientras estaba en ese agujero, y me duele la cabeza, mejor me voy a casa —se escusa y marcha de allí como alma que lleva el diablo. Necesita alejarse de Daryl y pensar en lo que ha pasado.
Daryl la observa marchar queriendo detenerla. Se supone que iban a hacer una ruta bonita y pasar la tarde para que Carol tuviese la mente ocupada y no pensase en Sophia, pero ahora... bueno, la mente ocupada sí la tendrá, seguro que le estará dando vueltas a lo que pasó como debería de estar haciendo él, pero en cambio está de lo más tranquilo, como si fuere lo más normal del mundo ir arrimando la cebolleta a culos ajenos.
—Oye ¿Esto no se baja o qué? —pregunta Merle dándole un toque a su miembro erecto.
—¡No toques! —gruñe Daryl llevando ambas manos a su entrepierna para protegerse.
Merle se ríe.
—Y dime hermanito ¿Qué habría pasado si llego a llegar cinco minutos más tarde?
Daryl lo asesina con la mirada.
—¡Nada, imbécil, no estábamos haciendo nada! —se enfada como si su hermano hubiese dicho una barbaridad.
¿Qué habría pasado? pues que se habrían corrido y luego... luego estarían igual que ahora sin saber qué hacer ni qué decir.
Suspira.
Carol llega a la casa. Ha cogido por un sendero secundario para no tener que encontrarse con Andrea, porque entonces habría tenido que dar explicaciones de por qué vuelve tan pronto y eso es algo que prefiere evitar.
Entra en el baño y cierra la puerta tras ella. Necesita darse una larga y relajante ducha para despejar su mente y olvidarse de lo que ha pasado.
Se desnuda y se mete bajo el chorro del agua que la aísla de los sonidos del exterior. Siente un ardor sobre su rodilla que la hace mirar hacia abajo. Tiene un corte sangrante, no muy profundo, no necesita puntos, pero es doloroso. Tan concentrada estaba en la sensación de tener a Daryl tras ella en ese agujero que ni cuenta se había dado de la herida.
Cierra los ojos, aún puede sentir la punta de su pene presionándose entre sus nalgas, sus dedos sujetando su cintura, su otra mano sobre la suya, su respiración...
Gime en el recuerdo, y la necesidad de terminar lo que empezó en ese angosto lugar crece más y más.
Cierra el grifo, se envuelve en una toalla y da por finalizada esa larga ducha, tiene un plan mejor.
Camina decidida hasta su habitación donde Tobin está tumbado.
Se muerde el labio al verlo. Sí, a él pertenecen sus orgasmos, no a Daryl.
—Hola, cariño —ronronea arrastrándose por la cama hasta llegar a besar a su pareja.
—¿Qué haces? —pregunta Tobin intentando esquivar sus labios —. No te has secado bien, vas a mojar la cama —se queja al notar la humedad de su cuerpo —¿Tú no estabas corriendo?
—Deja de quejarte, tienes a una mujer desnuda y con ganas de sexo en tu cama —susurra contra su oído.
Intenta besarlo pero la esquiva, intenta acariciarle pero le retira la mano.
—Venga, estamos solos en casa —gime son dejar de insistir en besarle y tocarle.
—Que no... no me apetece, Carol. Para ¡Para, joder! —grita. Se zafa de ella y se levanta corriendo de la cama —¿Qué narices te pasa? Tienes ya una edad para hacer estas cosas —la mira horrorizado —. Desde luego haces unas tonterías cada vez que te acuerdas de tu hija muerta ¡Han pasado veinte años, supéralo! —escupe y sale de la habitación.
Los ojos de Carol se llenan de lágrimas al momento.
Se mira, vestida solo con una toalla. Si es que tiene razón, no tiene edad para esas tonterías.
Daryl entra en la habitación, cierra la puerta y suspira lárgamente.
Lleva toda la tarde sin ver a Carol, no ha salido de la habitación en toda la tarde, y ni a Andrea le ha abierto la puerta. Se siente fatal, si se hubiese estado quieto... es la única razón por la que se arrepiente de lo que ha pasado, porque por lo demás... Dios, recuerda perfectamente ese momento, aún puede sentir la tensión del cuerpo de Carol, estaba tan cerca como él.
Se quita la camisa y se tumba en la cama vestido sólo con unos calzoncillos bóxer.
Se queda boca arriba mirando al techo pensando en ese momento. Sabe que debería estar arrepentido, pero por alguna razón lo único que siente es necesidad de más. Necesita volver a sentir su cuerpo contra el suyo, su respiración acelerada, el tacto de su piel, sus gemidos...
Gruñe molesto, los calzoncillos empiezan a apretarle.
Decide coger el teléfono móvil y entretenerse para dejar de pensar en Carol.
—Vaya por dios —se queja cuando lo primero que encuentra en Facebook es una publicación de Matthew de una foto con Carol que se ha publicado simultáneamente en Instagram.
Está preciosa, pero que lástima que sólo se vea su rostro y no poder ver más de ella. Y entonces recuerda las fotografías íntimas de ella.
—No, Dary —se dice, pero sus manos parecen tener vida propia y ya está abriendo el cajón.
—Sólo voy a coger la que ya vi —se jura.
La toma a ciegas, no quiere arriesgarse a ver más, pero por suerte o por desgracia una segunda foto se ha pegado a la que quería coger y justo cae sobre sus piernas.
—Madre mía —gime al verla. La foto no es de hace mucho, ya que su cabello está del mismo tono, lo que al hace aún más interesante. Está en la playa, vestida con un bikini oscuro sentada sobre unas rocas.
Pone los ojos en blanco intentando calmarse ¡Sólo es una foto en bikini!
La mira más detenidamente; tiene el cabello empapado y los mechones resbalan por su rostro y hombros, está preciosa; baja un poco más, sus clavículas se marcan a través de su piel y no le puede parecer más sexy. Se muere por enterrar su rostro en su cuello y lamer cada gota de agua salada que resbala hasta su escote.
Gruñe excitado, mete la mano en el interior de sus bóxer y saca su miembro que se estaba asfixiando ahí dentro. No lo entiende, acaba de desfogarse en la ducha, pero ahí está otra vez.
Vuelve a centrarse en la foto, bajando por ella, imaginando que son sus manos y su boca las que recorren su cuerpo palmo a palmo, sin dejar ni un trozo de piel sin besar.
Le encanta como sus abdominales se marcan suavemente en su vientre, y esas caderas a las que unas horas atrás estuvo agarrado fuertemente, moviéndose detrás de ella, deseando penetrarla. Dios, se muere por hacerlo, besarla, desnudarla, acariciarla, jugar con cada uno de sus piercings, llevarla al límite, sentir su orgasmo y derramar su esperma en su interior.
—DIOS —gime cuando su clímax llega.
De repente la puerta se abre y una figura aparece en su habitación.
—¡Carol! —grita al verla e intenta torpemente ocultar ese desastre con lo primero que agarra.
Carol se queda unos segundos paralizada ¡Se ha equivocado de habitación!
—¡Oh dios, Daryl lo siento! —se disculpa saliendo de allí a toda velocidad.
Se siente arder y no sabe si por vergüenza o por excitación ¡Ha pillado a Daryl masturbándose! O corriéndose, mejor dicho, ha visto claramente como brotaba y luego ha intentado taparlo colocando una foto de ella encima.
Debería enfadarse con él por coger esas fotos privadas, pero lo único que siente es excitación.
—Madre mía —gime mordiéndose el labio y juntando las piernas para aliviar un poco ese ardor.
Daryl se lleva las manos al rostro y rápidamente las retira al sentirlas pringosas por el semen.
Se mira.
—Genial —gruñe al ver la foto de Carol pegada a su entrepierna. No sólo lo ha pillado masturbándose, sino que encima sabe que ha sido con su foto. Se acabó, si no se había dado cuenta de que es un puto pervertido seguro que ahora sí lo ha hecho. No querrá volver a hablarle en la vida.
—Mierda —se vuelve a llevar las manos al rostro y se regaña mentalmente cuando vuelve a restregarse su semen por la cara. Se lo merece por guarro.
Carol sale al exterior. La luna brilla con fuerza en el cielo iluminando el lago con una capa blanca que se mece suavemente al compás del viento.
Se acerca al muelle. siente las tablas húmedas bajo sus pies descalzos.
Se detiene al final del recorrido y se sienta al borde sumergiendo los pies en el agua.
Sonríe, le encanta la sensación.
Recuerda que hizo exactamente eso el día que se enteró de que estaba embarazada de Sophia. Pasó largo rato ahí sentada meditando sobre lo que iba a hacer y sin darse cuenta estaba sonriendo y acariciando su vientre mientras dibujaba en su mente su vida con su bebé.
—¿Qué hice mal? —pregunta mirando al cielo sabiendo que no obtendrá respuesta.
Tobin tiene razón: Han pasado veinte años. Debería tenerlo más que superado, pero no puede, sintió a su bebé durante nueve meses, escuchó su corazón, le dio un nombre, y sostuvo su cuerpo sin vida durante una hora ¿Cómo se supera eso? Su rostro está grabado a fuego en su memoria.
Tobin no la entiende. Joder, hasta Daryl que la conoce de hace nada la ha entendido.
Suspira.
Si se hubiesen conocido antes... ¡pues nada! porque él sueña con ser padre y ella no quiere tener hijos, no piensa arriesgarse a pasar por el mismo dolor.
—Hey...—saluda una tímida voz a su espalda.
Carol se gira. Ahí está él, sin saber cómo mirarla a la cara.
—Hola —devuelve el saludo Carol teniendo exactamente el mismo problema.
Daryl se queda tras ella, sin saber qué hacer, cambiando su peso de un pie a otro inquieto.
Iba a salir a fumar un cigarrillo para intentar olvidar el último incidente, pero la vio ahí sentada tan sola y vulnerable que tuvo que acercarse, a pesar de que no sabe si ella ahora mismo lo odia o...
—¿No... no te sientas? —pregunta Carol. Da un par de palmadas sobre el suelo invitándolo a su lado.
Daryl acepta silencioso la invitación se sienta sobre esos tablones húmedos y sumerge los pies en el agua.
—Normalmente la gente se quita los zapatos antes de mojarse los pies —apunta ella divertida.
—Ya, demasiado tarde —murmura avergonzado ¿Es que no puede dejar de hacer el ridículo? ¡Por favor, que acabe ya ese día!
—Sienta bien no ser la única despistada —ríe ella intentando quitarle tensión a esa charla.
Se mantienen en silencio son saber muy bien qué decir. Varias veces se ven tentados a hablar del buen tiempo que hace, pero optan por callar.
Ambos saben que hay una disculpa que declarar y no puede esperar más.
—Oye, yo... —hablan a la vez —. Vale tú primero —vuelven a hacerlo —. Está bien, yo.
Se echan a reír por lo absurdo que parece todo.
Daryl enmudece por enésima vez ante su sonrisa y Carol ante la forma que tiene de mirarla.
De nuevo silencio entre ellos, pero esta vez no es porque no saben qué decir, sino porque no necesitan decirse nada.
—Siento haber entrado en la habitación sin llamar. Me he pasado gran parte de mi vida durmiendo ahí, y por mi despiste olvidé que esa era tu habitación ahora. Pero al menos ya estamos en paz, que tú me has visto más de una vez en bragas.
Daryl ríe sarcástico.
—Oh sí, igualito es verte en ropa interior que pillarme haciendo... eso
—Bueno, también has visto mis fotos íntimas.
Daryl siente como hasta sus pestañas se vuelven rojas.
—Sobre eso... yo... quería darte esto —dice con una vergüenza absoluta cuando le extiende el sobre con las fotos —. Aléjalas de mí porque mi autocontrol es nulo. Lo siento mucho, sé que hice mal, eso es algo privado y yo... ¡Yo soy un cerdo! Te... te juro que sólo quería ver una, pero una segunda foto se pegó a ella y...¡Ah, la limpié! No hay manchas de... lo mío.
Carol sonríe, le da hasta pena ver lo avergonzado que está.
—Bueno, tú me has visto semidesnuda y mis fotos, yo te he visto masturbándote y una foto tuya con un solo huevo, considerémoslo un empate.
Daryl ríe. Es increíble con qué facilidad acaba co la tensión incómoda qie había entre ellos. Decide aprovechar.
—Oye, lo de esta tarde...
—No te tienes que disculpar Daryl, estábamos atrapados y... bueno, no puedes evitar que se levante —lo interrumpe apresurada Carol. No quiere pensar en ello. Ella ama a Tobin, eso no pasó.
—Pero pasó algo más que la erección —insiste él. No puede pretender que eso no pasó.
—No pasó nada, tú te dejaste llevar, eso es todo —dice con sequedad.
Daryl arquea una ceja.
—Y tú también.
—No, yo sólo me quedé ahí y...
—Te movías conmigo —le recuerda por si lo ha olvidado.
Carol le mira como si hubiese dicho una barbaridad
—¿Qué? No.
—Sí, te movías, gemías, te estaba gustando ¿Por qué lo niegas?
Carol respira hondo.
—No, Daryl. Mira, te perdono lo de esta tarde porque no puedes controlarlo y supongo que como con Janet la cosa no está muy bien llevas tiempo sin sexo y te pasa esto.
Daryl ríe incrédulo.
—A lo mejor quien debe perdonarte soy yo, que como tienes un novio al que le debes pedir cita para sexo estás falta de ello y te restregaste conmigo.
Carol no puede creer lo que oye.
—Bueno, al menos yo no estoy con alguien con quien no puedo cumplir el sueño de mi vida.
—No, tú estás con alguien que te trata o como a una niña pequeña a la que debe corregir constantemente o como a una vieja que debe vestir como una puritana —dice apuntándola con el dedo.
Carol golpea su mano para que deje de señalarla.
—Y tú con una mujer que sólo vive para el trabajo, que pasa más tiempo hablando con Siri que contigo. Le presta tanta atención al móvil que no se ha dado cuenta del hombre tan maravilloso que tiene a su lado, y encima lo único que tiene en común contigo es esa maldita alianza.
—¿Ah sí? Pues tú estás con un tío que no sabe valorarte. Tiene a su lado a una mujer divertida, inteligente, simpática, dulce, agradable, preciosa y condenadamente atractiva y lo único que hace es quejarse. Si yo fuera él me sentiría en hombre más afortunado del mundo, adoraría tus despistes, amaría cualquier ropa que te pusieras y ahora mismo te estaría haciendo el amor en este lago.
Ambos se miran con la respiración acelerada por todo lo que han dejado salir de su interior y, como si se hubiesen puesto de acuerdo, se besan.
Un beso necesitado y desordenado que hace que no puedan decidir donde poner sus manos, posándolas en todos los lugares del cuerpo del otro pero sin dejarlas un segundo quietas y derrochando una pasión desenfrenada.
—¡POR FIN! —grita tras ellos Lilly.
Hola, espero que os haya gustado el capítulo ^^ .
Esto se va a empezar a poner interesante aunque a Carol le cueste aceptarlo.
Perdonad mi tardanza, pero como os he dicho más de una vez mi trabajo me roba mucho tiempo.
